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Los niños salvajes (32)

RO CHOM H’PNGIENG

En 1988 Ro Chom H’pngieng, que en ese entonces tenía 8 años, estaba con su hermana más joven Ro Chom Noeung reuniendo sus búfalos en el borde de la selva en la lejana provincia de Rattanakiri, al norte de Camboya, a 350 kilómetros de la capital Phnom Penh, en las montañas cercanas a la frontera con Vietnam.

No se sabe cómo desaparecieron, pero esa fue la última vez que se les vio. Su padre pensó que los animales las habían matado.

Diecinueve años después, el sábado 13 de enero del 2007, un aldeano notó que faltaba algo de su alimento en su caja de almuerzo que había dejado en un árbol, cerca de su casa. Creyendo que era un animal, decidió atrapar al ladrón. Estacó el área y puso una trampa.

Recibió una fuerte impresión al ver una chica desnuda saliendo de la selva. Entonces llamó a otros aldeanos para que le ayudaran a atraparla. Estaba asquerosa, con el pelo largo, grasoso. Caminaba como un animal, gruñía y estaba muy asustada.

El jefe de la policía provincial Chea Bunthoeun dijo a Associated Press: “Él vio un ser humano desnudo, que parecía una persona de la selva, metiéndose furtivamente para robar su arroz”.

Mao San, jefe de la policía del distrito de Oyadao dijo que la mujer era “mitad-humana y mitad-animal” y que no podía hablar ninguna lengua inteligible.

Los rumores de que unos leñadores habían atrapado a una mujer desnuda llegaron a la aldea del policía de 45 años Ksor Lou y éste decidió viajar a la aldea de Rattanakiri para echar un vistazo.

“Cuando la vi, estaba desnuda y caminaba encorvada hacia adelante como un mono, exactamente como un mono. Tenía los huesos flacos.

“Ella estaba tomando los granos de arroz de la tierra para comer”.

Para su asombro la reconoció inmediatamente como su hija por una cicatriz en el brazo derecho, exactamente igual a una que su hija perdida había recibido con un cuchillo, debido a un accidente, antes de que desapareciera. Eso le convenció de que era su hija. Además, insistió, la joven se parecía a su esposa Ro Chom Soy.

La mujer estaba muerta de hambre, con el pelo llegándole debajo de la cintura hasta las piernas y un cuerpo ennegrecido por la suciedad.

“Se veía terrible, pero a pesar de todo eso, ella es mi niña.

“Estaba tomando los granos de arroz de la tierra para comer. Sus ojos eran rojos como los ojos de los tigres”.

Ksor Lou no es el único miembro de la familia que afirmó que Ro Chom H’pngieng había vuelto. Su hermano Ro Chom Khamphi, de 25 años, dijo que en el momento en que ella llegó a su casa con Ksor Lou fue a tomar su brazo derecho para comprobar si había una cicatriz. Eso le convenció que la mujer de la selva es su hermana.

“Vi la cicatriz enseguida y supe que ella es mi hermana. Entonces comencé a llorar. Ésa es la prueba. La recuerdo muy claramente -lo digo, porque fui yo quién causó la lesión”.

Sin embargo, a pesar de cierta semejanza física y de las cicatrices, la evidencia realmente es pobre, por lo que la policía planeaba enviar a la mujer a un hospital para un chequeo médico y un análisis de sangre. Ksor Lou y su esposa acordaron hacer una prueba de ADN para ver si empata con el de ella, y probar así si es o no su hija perdida.

Por otro lado, ya que la mujer no hablaba ninguna lengua inteligible, o que los aldeano pudieran entender, la comunicación con ella fue virtualmente imposible. Su larga ausencia y años pasados en la selva dejaron muchas preguntas por contestar y la falta de comunicación no ayudó a solucionar ninguno de los misterios que rodearon su desaparición por casi dos décadas.

La comunicación se limitaba a un lenguaje de signos y señales. Cuando tenía hambre o necesitaba ir al baño se acariciaba el estómago, y cuando tenía sed señalaba su boca. Sólo sabía decir tres palabras: dolor de estómago, padre y madre. Sin embargo gritaba o gruñía cuando alguien se le acercaba, incluso sus padres.

Pero Ro Chom Soy, la madre de 50 años, estaba alegre de ver a la que consideraba su hija perdida.

“Ella es realmente mi hija, soy muy feliz”, dijo, agregando que la mujer mostraba las marcas que reconocieron ella y su marido. Estaba desnuda y no podía hablar ninguna lengua inteligible, pero indiscutiblemente, insistió, ella era su hija perdida Ro Chom H’pngieng.

El reencuentro fue feliz para los padres, pero al parecer no para la hija. Le fue muy difícil reajustarse a la vida normal en la sociedad humana. Rechazaba usar ropas o bañarse. No quería comer con los palillos y prefería arrastrarse en lugar de caminar como los seres humanos. Intentó varias veces escaparse de nuevo a la selva.

Comía como un animal, “quizá es la forma en que lo hacía en la selva”, pero sólo aceptaba carne o fruta y rechazaba tocar el arroz o la avena, tal vez porque recordaba la forma en que la atraparon.

“Desafortunadamente, ella continúa gritando y desea ir de nuevo a la selva. No está acostumbrada a vivir con humanos. Tuvimos que vestirla. No es fácil pero la vida la está esperando”, dijo Ksor Lou.

Una semana después de ser encontrada apareció calmada, vistiendo una blusa larga, blanca de cuello alto y una falda azul, impresa con flores, para la prensa mundial. Pero Ksor Lou dijo que el día anterior se había quitado las ropas y parecía lista para volver a la selva. Quería abandonar la minúscula choza de madera en donde viven 12 personas de la familia de Ksor Lou.

Dijo que la familia se las arregló para detenerla y la llevó a un templo budista próximo donde un monje la bendijo con agua bendita, en un intento por expeler cualquier espíritu malvado que la pudo haber poseído.

Para los miembros del grupo étnico minoritario Jrai, de las colinas de Phnong -quiénes tradicionalmente son animistas que veneran la naturaleza en lugar de tener una religión organizada- el movimiento era inusual. Ellos creían que los espíritus malvados del bosque todavía poseían a la muchacha.

Muchos aldeanos creían que fue llevada como un sacrificio para los dioses de la selva quienes la devolvieron por sus propias razones. Por eso la llevaron con los sacerdotes budistas para limpiarla de los espíritus malvados. El jefe de la policía del distrito Mao San dijo: “Están rezando para que los espíritus de la selva terminen con la muchacha y permitan que ella permanezca aquí”.

“No adoramos ninguna religión, sino que tomamos el consejo de algunos viejos Khmer (etnia camboyana) para bendecir el agua y sacar las almas malvadas de su cuerpo”, dijo Ksor Lou, su hija a su lado, estaba inmóvil como una piedra.

Mientras tanto Ro Chom H’pngieng se la pasaba sentada o acostada en el piso, durmiendo o mirando fijamente con sus ojos vidriosos a los visitantes que iban a Gawk a la casa sucia, desvencijada de Ksor Lou. Le ha tomó el gusto a la colección familiar de videos y al karaoke.

“Ve fijamente ese vídeo sin pestañear. A ella le gusta mucho”, dijo su padre.

“Si no está durmiendo, sólo se sienta y echa un vistazo a la izquierda a la derecha, a la izquierda a la derecha”.

Pero no todos los vecinos se alegraron con el regreso de Ro Chom H’pngieng. Algunos expresaron su escepticismo de que la mujer pudiera sobrevivir por sí misma en la selva y dijeron que al parecer la encontraron con su pelo cortado recientemente.

“Si ella estuvo en la selva por 19 años, ¿porqué tenía el pelo corto? Debería haber sido largo a menos que alguien le cortara su pelo en la selva”.

En realidad le cortaron el pelo a la altura de los hombros después de bañarla para traerla a la aldea. Otra vecina, Cheat Ki, una comerciante de la aldea está muy asustada.

“Te juro… que cuando ella me miraba, no me atreví a mirarla y tuve que voltear mi cara.

“Estaba tan asustada. Asustada por los espíritus malvados que pudieron haber venido con ella. En la noche antes de que fuéramos a dormir, después de verla, les dije a mis niños que cerraran la puerta por el miedo de que cierto mal pudiera venir a estrangularnos”.

Y es que poco después de la captura de Ro Chom H’pngieng emergieron informes de un misterioso hombre desnudo, de cabellos largos, que había sido visto en su compañía, pero se escurrió cuando intentaron atraparlo. Según estos informes, cuando la atraparon, ella habría estado con un compañero, que estaba armado con un machete.

Ro Chom Chanthy, la hermana más joven, dijo el diario Cambodia Daily que los aldeanos estaban asustados por el “hombre salvaje”. Ella dijo: “Él tenía una espada larga y los aldeanos no pudieron capturarlo. Tenía tatuajes e hizo sus ojos muy grandes, por lo que los aldeanos estaban muy asustados”.

Como Ro Chom H’pngieng tenía marcas en su brazo, posiblemente por estar atada con una cuerda, algunos pensaron que ella pudo haber sido secuestrada y mantenida por años como esclava. Además, decían, su aspecto es el de una joven sana en lugar de una demacrada por haber pasado 19 años en la selva.

La región es una de las más alejadas de Camboya, hogar de las tribus de la minoría étnica, y tiene una larga historia de leyendas de gente que vive en el bosque, incluyendo hombres salvajes. La selva también proporciona abrigo a los refugiados del Khmer Rouge y de la guerra civil que siguieron a su caída.

Cuando la joven mujer desapareció la región estaba cubierta con bosques densos pero en los últimos años ha sido constantemente reducida para las plantaciones de anacardo y caucho, conduciendo a la especulación de que el hogar del “hombre salvaje” se está reduciendo y quizás lo esta forzando hacer incursiones para robar.

Algunos aldeanos pidieron que las autoridades tomen cartas en el asunto. Afirmaron que Ro Chom H’pngieng podría estar traumatizada por lo que ella describe como alguien de “ojos tristes” (aunque nadie aclaró cómo es que Ro Chom H’pngieng pudo describir eso, si no sabía hablar). La policía en el área respondió al caso con pasmo. El señor Mao, jefe de la policía del distrito, dijo a los aldeanos que podían buscar al hombre salvaje si deseaban a pero que no había planes para una búsqueda en la selva por parte de la policía.

Un criptozoólogo dijo: “¿Me estoy preguntando, si esta mujer fue secuestrada durante 18 años por el Nguoi Rung la gente salvaje de la selva vietnamita?”

Pero hay otra teoría que dice que las marcas en su muñeca son el resultado de años de estar atada, práctica común entre los aldeanos campesinos para hacer frente a la gente mentalmente enferma. Lo cual coincidiría con aquellos que dicen que fue llevada como un sacrificio para los dioses de la selva: una forma de deshacerse de una enferma mental.

A partir de aquí la familia comenzó a cerrar filas. Retiraron el permiso de tomar muestras de ADN para confirmar la identidad de la mujer, dijeron que querían que los dejen solos para compensar el tiempo perdido. Mao San, jefe de la policía del distrito de Oyadao ordenó a sus hombres proporcionar protección a la familia contra los curiosos. La policía colocó un cordón alrededor de su aislado hogar, en un esfuerzo de mantener a raya a los vecinos curiosos y los medios de comunicación mundiales.

Una gran cantidad de personas viajaron para verla y dejar sus donativos. Algunos sugirieron exhibirla en una jaula y llevar a los curiosos para que la vieran. Pen Bonnar, paladín de los derechos humanos ampliamente respetado en Camboya, llegó para determinar las necesidades de la mujer e intentar resolver los muchos rompecabezas que rodean su historia. Adhoc, una ONG establecida en la provincia, prometió conseguir ayuda psicológica para la mujer.

Guy De Launey, de la BBC en Phnom Penh, dijo que había otras posibilidades para su identidad.

Dijo que los miembros de las tribus vietnamitas de las colinas se cruzan a menudo a Camboya a través de las selvas. Muchos buscan asilo de la persecución religiosa y evitan el contacto con las autoridades.

En diciembre del 2004, cuatro familias en la misma provincia, que fue entrecruzada por las trayectorias de la marcha de Ho Chi Minh durante la guerra de Vietnam, emergieron después de 25 años de huir a la selva de la invasión vietnamita de 1979 del Khmer Rouge. Tal vez los “hombres salvajes” y la misma Ro Chom H’pngieng pertenezcan a estos grupos de refugiados.

La ayuda psicológica llegó del otro lado del mundo. El psicólogo español Héctor Rifá profesor de la Universidad de Oviedo y miembro de Psicólogos sin Fronteras, viajó al remoto pueblo de Oyadaw para asistir a los supuestos padres en la rehabilitación de la niña salvaje.

Rifá es experto en Metodología Observacional aplicada a los pueblos indígenas del país asiático. La primera indicación de Rifá fue ordenar que no la apartaran de su familia ni la internaran en un hospital.

“Habría sido muy negativo para ella y para quienes la van a tratar después. Tras tanto tiempo alejada de la vida en comunidad, es preferible observar cómo se comporta en un entorno familiar, como es el de su poblado, que en la fría habitación de un hospital y en una ciudad cuyo idioma no entiende”.

Coincide con él el psicólogo peruano David Jáuregui. “La mujer debe pasar por dos etapas. Primero debe recibir un buen diagnóstico que descarte si tiene un cuadro deficitario mental y permita ver las alteraciones que existen en los campos biológico, social y psicológico. Después, según los problemas que tenga, debe pasar por un tratamiento en el cual la familia debe cumplir un rol muy importante y por lo tanto no se le debe alejar de ella”, precisó Jáuregui a El Comercio.

El método de Rifá, al parecer, dió los primeros resultados. La joven comenzó a sonreír a comer con más regularidad y a comenzar a decir algunas palabras. Esto se logró con el uso de objetos familiares y un trato cariñoso. El psicólogo español empleó osos de peluche, espejos y música para que Ro Chom H’pngieng exprese sus emociones.

Para el filósofo español Fernando Savater “Es la hermana de Mowgli. En la imaginación, todos hemos sido niños salvajes en una época, la infancia, en que existíamos sólo nosotros y un exterior terrible, el mundo adulto. Todos hemos tenido que ser traídos del salvajismo a la civilización, de la oscuridad a la luz. Una reflexión básica que inspiran casos como el de esa chica camboyana o el del niño de Aveyron, del que hizo esa película sensacional Truffaut y del que por cierto hay un libro con prólogo de Ferlosio, es que la humanidad es una cosa que nos dan los demás, no es un mecanismo automático. En el útero social se produce nuestro segundo nacimiento, el que nos otorga verdaderamente carta de naturaleza humana. Los niños perdidos o arrojados fuera de la sociedad no pueden hacerse humanos, pierden la posibilidad de construirse un mundo, todo lo más un nicho ecológico”.

De lo que no hay pista es del destino de la segunda hija, Ro Chom Noeung, que tenía seis años cuando desapareció el mismo día. Su padre dijo que había creído que ambas habían sido devoradas por los animales salvajes en el bosque y hace mucho tiempo que las había dado por muertas.

Hace unas semanas Ro Chom H’pngieng escapó nuevamente a la selva.

Continuará…

Los niños salvajes (31)

Stuart Baker reportó haber visto al “niño leopardo de Dihungi” en 1915. Su informe apareció en The Journal of the Bomabay Natural History Society. Decía que el niño, de unos 5 años de edad, había vivido por lo menos tres años con los leopardos.

Su madre trabajaba en el campo cosechando arroz en el pueblo de Dihungi, cuando el niño fue raptado por una leopardo. Tres años después un cazador mató a la leopardo y encontró a dos cachorros junto con un niño que corría rápidamente a gatas.

El niño fue identificado por sus padres. Cuando lo vio Baker aún no había aprendido a caminar correctamente y presentaba un agudo sentido del olfato. Atrapaba a las gallinas, las despedazaba y se las comía crudas.

Cinco años después, en 1920, también en la India encontraron un “niño pantera”.

Poco antes de 1940 del los bosques de Liberia salió una niña que se supuso fue criada por chimpancés. Caminaba a gatas, podía subir fácilmente a los árboles y su comida favorita eran los plátanos. Se le llamó Assicia (Selvática). Nunca aprendió a hablar.

Tsila Marcus es una niña salvaje producto del holocausto. Nació en 1939 en Rovno, Polonia. Sus padres fueron Batya Fuchs y Shchane Marcus.

Poco después de nacer la familia se mudó a Koretz. Hasta ahí los alcanzaron los alemanes. Su padre Batya y su hermana, Bella, fueron asesinados. La madre fue enviada a un campo de concentración en donde fue asignada para trabajar como contadora del regimiento.

Logró escapar y se llevó a la niña a Rovno en busca de sus parientes. Al llegar encontró que todos habían sido asesinados (más de 8,000 judíos de la región). Los sobrevivientes fueron encerrados en un gueto.

Nuevamente Tsila y su madre se las arreglaron para escapar. La madre se reunió con los partisanos y dejó a la niña con unos campesinos, pero éstos, temiendo por su vida, huyeron dejando a la niña en el bosque.

Tsila vivió en el bosque durante seis semanas alimentándose de flores y semillas. Finalmente fue encontrada por los partisanos y llevada con su madre. La niña, que para ese entonces tenía unos cinco años, se había hecho muda, tenía musgo en el cabello y estaba desnutrida.

Imiyati, un niño de 12 años de Sumatra, Indonesia, fue encontrado en 1983 en un pantano. Parece que el niño se había perdido desde 1977 junto con su hermana y otros tres niños cuando salieron de pesca.

Sus familiares los buscaron durante meses pero finalmente se dieron por vencidos pensando que se habían ahogado.

Cuando encontraron a Imiyati parecía no tener más de 10 años. No sabía hablar y no reía ni lloraba.

La India es una fuente inagotable de niños salvajes. Una de las historias más recientes ocurrió el 4 de mayo de 2001 cuando fue encontrado Sudam Pradhana, un joven de 24 años que había vivido 11 de ellos en la selva.

Sudam se había perdido en la selva de Labangi en Agul, Orissa, a la edad de 13 años. Había nacido en Bargania, Orissa y sus padres fueron un hombre llamado Gautam y Shaibala. Era parcialmente sordo y nunca fue a la escuela.

Cuando lo encontraron era incapaz de hablar y sólo hacía sonidos incomprensibles. La gente de Bargania decía que había sido protegido por la diosa Panirusuni, pero se cree que tal vez fue criado por una tribu de nómadas llamada Mallar, que viven en el bosque.

Marek, un hombre de 44 años, y Malgorzata de Stare Babice, Polonia, tuvieron una hija a la que llamaron Marta. Tenía un ligero retraso mental pero aún así decidieron encerrarla en una jaula de un metro cuadrado por 1.20 de altura que colocaron en el jardín de la parte posterior de la casa.

Marta tenía otros tres hermanos a los que se les trataba normalmente, pero ella nunca fue a la escuela o recibió cuidados médicos.

Fue encontrada en estas condiciones cuando tenía 6 años. Estaba medio desnuda, desnutrida y cubierta de moretones. No se podía parar y no hablaba correctamente.

Ionut Capraru sobrevivió cerca de una semana en un bosque de Rumania hasta que fue encontrado el 18 de junio del 2005. Al parecer se alimentó de bayas silvestres y agua del río.

Continuará…

Los niños salvajes (30)

OTROS “NIÑOS-ANIMALES”

Bernard Heuvelmans ha prestado especial atención a los relatos que hablan de niños criados por avestruces, leones, gacelas y osos. En Sri Lanka varios cazadores observaron a una adolescente entre una manada de búfalos.

Sudam Pradhana de la aldea de Bargania en Orissa, India, nunca fue a la escuela local y disfrutaba cuidar las vacas y trabajar en los campos. En abril de 1990, cuando tenía 13 años, se metió a la selva de Labingi en el distrito de Angul, a 30 kilómetros de su aldea, con su primo Abhay, más viejo que él, buscando un gran palo para hacer un arado. Abhay dijo a Sudam que descansara cerca de una choza mientras él iba en busca de agua. Cuando volvió, Sudam se había ido. Durante varios días, los padres y vecinos de Sudam lo buscaron sin éxito. Su padre Gautam Pradhan nunca divulgó su desaparición y, al igual que su mujer Shaibala, mantuvo la esperanza de que regresara tarde o temprano – y lo hizo.

El 4 de mayo de 2001, Gayachand Muduli y el Deb Muduli de la aldea vecina de Gadtaras, recogiendo leña en el bosque, encontraron una criatura salvaje con las uñas y el pelo largos. Estaba comiendo mangos debajo de un árbol. “Vestía pantalones rotos y llevaba una bolsa de plástico vacía. Había pulpa de mango por todas partes de su barbilla”, dijo Gayachand. “No hizo ningún intento de escapar al vernos”.

Lo llevaron de nuevo a Garatarasa donde lo identificaron como Sudam debido a las cicatrices en su cráneo y pies. “Él ahora se comporta como un animal y cubre su cuerpo con hojas”, dijo el aldeano. Responde a las preguntas con la mirada fija en blanco y lucha por pronunciar una palabra o dos en Oriya. Tiene grandes marcas blancas en su piel, como si hubiera combatido con la fauna salvaje. “Mi hijo ha vuelto a casa después de 11 años debido a la bendición de dios”, dijo su padre Gautam Pradhan.

Ganesh Pradhan, el jefe de la policía en Bantala, sugirió que Sudam pudo haber pasado los últimos 11 años en compañía de la tribu nómada de Mallar recolectores de miel que viven en lo profundo de la selva. “También es posible que fuera a través del bosque con los aldeanos del distrito de Cuttack o de Phulbani al otro lado”, dijo. “Después de haber vagado durante mucho tiempo pudo haber encontrado su camino dentro del bosque”.

En octubre de 2001, un niño de 16 meses de edad se perdió en Irán y fue encontrado en la guarida de osos tres días más tarde, sano y salvo. Se pensó que el bebé había sido amamantado por una madre osa.

En el 2006 encontraron un muchacho en Uzbekistán después de vivir ocho años como animal. Fue encontrado en la región montañosa de Uzbekistán ocho años después de que fue reportado como desaparecido en 1998, dijeron los fiscales locales.

“El muchacho actúa como un animal salvaje. Le teme a todo, no puede hablar y solamente gruñe”, dijeron los fiscales, agregando que fue encontrado por trabajadores constructores de caminos.

Los expertos identificaron al muchacho después de estudiar las fotografías que databan de 1998. Sus padres reconocieron al muchacho, señalándolo entre de varios otros adolescentes en una fila.

Los fiscales dijeron que devolverían al muchacho a su familia después de un curso de la rehabilitación.

“Le están enseñando a hablar y a vivir entre la gente. Los expertos también están intentando descubrir dónde estuvo y cómo sobrevivió todos estos años”, dijeron los fiscales.

No está claro en donde habría podido vivir el muchacho en el bosque denso del Asia Central en una región densamente poblada de Samarcanda.

Continuará…

Los niños salvajes (29)

LOS NIÑOS PERRO

Ivan Mishukov vivió con una manada de perros salvajes en Retova, al oeste de Moscú, después de escapar del hogar a la edad de cuatro años en 1996. La madre se había unido a un alcohólico que lo golpeaba.

Ivan pedía limosna en las calles y se hizo amigo de los perros a los que les daba los desechos de sus alimentos. Los perros protegían al muchacho de otros mendigos y lo mantenían caliente en invierno, en donde las temperaturas solían bajar hasta -30ºC. En 1998 la policía intentó atraparlo, pero los perros lo impidieron. Después de tres intentos, finalmente lo atraparon después de poner un narcótico en las sobras de comida que les dio un restaurante.

Pasó un corto periodo de tiempo en un orfanato de Reutov. Actualmente Ivan tiene 15 y va a la escuela.

En 1999 en Mirny, Ucrania, fue encontrado Edik, un niño de 4 años de edad que había permanecido 2 años confinado. Su madre era alcohólica. Edik tenía una hermana que fue recogida por los vecinos, pero el niño fue abandonado en un departamento donde tuvo que convivir con perros.

Los servicios de seguridad social se hicieron cargo. Cuando cumplió 6 años había alcanzado el nivel de un niño de 3. Como muchos otros niños salvajes, a Edik no le gustaba vestirse y comía en el suelo, como los perros.

Algo similar le ocurrió al niño chileno Axel Rivas.

El 16 de junio del 2001 fue rescatado del mar mientras intentaba escaparse de la policía. No era la primera vez que se escapaba. Su madre lo tuvo a la edad de 16 años. Sus padres lo maltrataban y terminaron por abandonarlo a la edad de cinco años. Fue internado en un centro de atención a menores en Chillancito, cerca de Concepción, en donde permaneció hasta los ocho años. Pero en el orfanato tampoco era bien tratado. En 1998 Alex escapó y vivió con una jauría de 15 perros callejeros en una cueva en las cercanías del puerto de Talcahuano, Chile.

La gente local lo conocía como “el niño perro” y gruñía a cualquier ser humano que intentaba acercarse. Lo describieron como extremadamente violento, subalimentado, hiperactivo e inarticulado. Se había roto los dientes delanteros y tenía una mejilla marcada con una cicatriz.

Se alimentaba de lo que encontraba en los botes de basura y de la leche de una perra que había dado a luz recientemente. Aquella tarde del 16 de junio la policía fue a atraparlo, y él intentó escapar tirándose al mar. Estaba asqueroso. Con los dientes podridos por su alimentación y por las drogas

Mientras lo llevaban al centro de menores, les dijo a sus captores “Déjenme ir, los perros son mi familia, por favor, déjenme volver con ellos”.

Fue llevado al Servicio Nacional de Menores (SENAME), dirigido por Delia Delgatto Reyes. “Muestra signos de depresión, es agresivo y no habla mucho, aunque sabe hablar”, dijo Delgatto.

Constantemente se escapaba del orfanato, sólo para ser atrapado de nueva cuenta. La última vez que se supo que se había escapado fue el 14 de noviembre del 2001. Al día de hoy desconozco su paradero

A principios de febrero del 2002 atraparon otro niño salvaje que vivía en la región de Brasov de Transylvania, Rumania. Se llamaba Traian Caldarar, tenía siete años, y había huido del violento novio de su madre.

Fue descubierto por el pastor Manolescu Ioan, una noche que se le descompuso su coche y no tuvo más remedio que caminar a casa a través de sus terrenos en la sombra de las montañas de Fagaras. A las 6 am vio un niño desnudo, salvaje que vivía en una caja de cartón cubierta con una hoja de plástico. Estaba comiendo los restos de un perro muerto. Manolescu reportó su hallazgo a la policía, que más adelante capturó al muchacho.

Se creyó que había vivido solo en el bosque por años, pero los doctores pensaron que debía haber tenido cierta protección; quizás se había unido a algunos de los muchos perros salvajes en la región. Tenía el tamaño de un niño normal de tres-cuatro años, pero sus dientes de leche delanteros faltantes apuntaban a una edad de siete. Tenía raquitismo, anemia, el vientre dilatado, estaba medio hambriento, y tenía congelados sus pies y piernas. Su cara y cabeza estaban marcadas con cicatrices.

Comió lo que le dieron, pero no reconoció la fruta. No estaba entrenado para ir al baño. El personal del hospital en Fargas lo llamó Mowgli, por el personaje del libro de la selva de Kipling.

El doctor Mircea Florea dijo: “Fue encontrado en una posición animal y sus movimientos eran como los de los animales. Los hechos demuestran que no creció en un medio ambiente social. Se agita mucho cuando no tiene comida. Siempre está buscando algo para comer todo el tiempo. Se duerme después de comer”.

La enfermera principal de la sala de niños dijo: “Él sólo conoce dos palabras – ‘mamá’ y ‘comida’ – y es muy feliz en su dormitorio en el hospital mientras haya alimento allí. Tiene el pelo oscuro y ojos oscuros y una vez que se le lavó y cortó el pelo parecía realmente presentable, pero tiende a caminar como un chimpancé más bien que verticalmente e intenta dormir debajo de su cama y no en ella. Pero si tiene un poco de alimento en su mano él es más agradable”.

Alrededor de una semana después de su captura, fue identificado como Traian Caldarar, perdido tres años atrás a la edad de cuatro. Después de ser reeducado en un orfanato en Brasov, en abril de ese año se le reunió con su madre Lina Caldarar, de 23 años, en la lejana aldea de Vistea de Jos, a menos de once kilómetros de donde lo encontraron en febrero. “Amaba a mi hijo, pero tenía un marido violento que me pegaba”, dijo.

Traian Ciurar, de 24 años, el padre del muchacho, se casó con la señorita Caldarar bajo la ley gitana. Cuando ella huyó de nuevo con su familia para escapar de la crueldad de su marido, él evitó que ella se llevara a su hijo. Ella cree que el niño huyó por la misma razón. “Estaba loca pero no había nada que pudiera hacer”, dijo ella. “Esperaba que quizás otra familia lo hubiera adoptado”.

Traian parece estar en rehabilitación, pero todavía no está entrenado para estar en casa. “Alguien necesita vigilarlo porque es fácil que se lastime”, dijo su madre. “Él todavía no puede identificar los peligros en la calle. Como un perrito inexperto, cruza la calle, sin importar si vienen coches.

Prateep Chumnoon fue alejado de su abuela en el 2003. La señora, de 60 años de edad, lo dejaba al cuidado de un perro mientras iba a trabajar. Los vecinos avisaron a las autoridades cuando el niño comenzó a ladrar.

La abuela, Prateep y el perro vivían en un cuarto en la provincia de Nakhon Si Thammarat, al Sur de Tailandia. El niño sólo tenía un año cuando fue ingresado en un orfanato.

El 6 de abril del 2004, cuando apenas tenía dos años, fue encontrado muerto dentro de un contenedor plástico de la lavandería. Se desconocen las causas de su muerte.

Un caso similar ocurrió en Baspalovskaya, un pueblo alejado y perdido de Siberia, en la región de Altai, donde viven tan pocos habitantes, que ninguno de los escasos vecinos notó que la casa más remota había sido abandonada. Ahí vivían Andrei Tolstyk con su madre y su padre inválido y alcohólico. También tenían un viejo perro guardián.

Andrei nació con problemas del habla y auditivos, y según las autoridades esa fue la razón por la que sus padres lo abandonaron a los tres meses de nacer. Primero se fue su madre y al poco tiempo el padre también abandonó la casa. Ignorado por todos, sólo quedó allí el bebé y el viejo perro guardián, que se las fue ingeniando para ayudar al cachorro humano a crecer y alimentarse. Andrei forjó, según se informa, un enlace cercano con el único ser vivo, el perro protector de la familia, que le ayudó de alguna manera a sobrevivir y a criarse.

Pasaron siete años para que las autoridades se dieran cuenta que el hijo de los Tolstyk no asistía a la escuela local. Se envía unos asistentes sociales los cuales descubren en abril del 2004 que la casa está vacía y sólo la habitaba el niño y el perro: “Corría a gatas y gruñía. Al principio pensaron que jugaba pero la casa está a millas de cualquier lugar y es poco más que una ruina, y él estaba realmente sucio y desnudo, así que se dieron cuenta que algo estaba mal. Cuando se acercaron les gruñó e intentó morderlos cuando iquisieron alejarlo del viejo perro”.

Los investigadores dedujeron que Andrei tuvo una única posibilidad para subsistir: el perro guardián de la casa se las arregló para darle alimentos. Cuando lo encontraron se comportaba como un perro: caminaba en cuatro patas, olisqueaba los alimentos no sabía hablar, era hosco con la gente y comportamiento salvaje en general.

Fue llevado a un orfanato en una ciudad próxima. El personal del orfanato declaró a la agencia de noticias rusa RIA-Novosti que al comienzo tenía miedo de la gente, se comportaba con agresividad y erráticamente. Finalmente pudieron comunicarse mediante gestos y usando el lenguaje básico de signos. Dos semanas después de su llegada comenzó a caminar en dos piernas y a dominar el arte de comer con una cuchara, de hacer su propia cama y de jugar con una pelota.

Los demás niños, asustados, lo miraban recelosos y lo apodaron el “niño salvaje”. Pero las autoridades lo animaron a relacionarse con otros niños. Andrei logró algo espectacular, aunque paulatino: trabó amistad con una pequeña niña del orfanato comunicándose a señas.

Actualmente los doctores, los pediatras y los psicólogos están intentando resolver si se le puede enseñar comportamiento humano normal. Si la respuesta es sí lo transferirán a otro hogar de niños; si es no, le enviarán a un colegio especializado de internos. Paralelamente lo someterán a investigaciones para determinar cómo se desarrollan aspectos del conocimiento humano, como el lenguaje.

La policía buscó a sus padres para enfrentarlos a cargos de negligencia. Hasta el momento no han aparecido.

En Kenia los bebés no deseados – debido a relaciones fallidas o pobreza extrema – son abandonados en medio de la selva. Así le ocurrió a Ángel un bebé que fue abandonado por su madre a las dos semanas de vida.

El 6 de mayo del 2005 dos niños que jugaban en una zona cercana a su casa, a las afueras de Nairobi, escucharon el llanto de un bebé. Fueron con su madre y luego salieron a buscar al bebé.

Mary Adhiambo dijo a The Daily Nation que dos de sus hijos le contaron que podían oír a un bebé llorando pero no podían encontrarlo. “Los seguí y buscamos alrededor de nuestra propiedad y en un terreno próximo”.

“Vi mi perra, Mkombozi, que he tenido por cinco años, descansando y cuidando a sus perritos recién nacidos. Al lado estaba el bebé que descansaba en un paño negro rasgado, dentro de una bolsa de plástico. Tomé al bebé en mis brazos y lo llevé a la casa”.

Entonces la dueña de la perra le dio un poco de leche y lo limpió antes de avisar a sus vecinos. Uno de ellos llevó al bebé a una comisaría de policía próxima y de ahí al Hospital Nacional Kenyatta.

Los doctores encontraron gusanos en su cordón umbilical, pero una portavoz del hospital dijo que el bebé respondía bien al tratamiento en vista de que le habían dejado afuera en el frío. Se conjeturó que habían dejado al bebé, en un bosque próximo, dos días antes de ser descubierto. De ahí lo trajo la perra cargando la bolsa de plástico por el camino principal de Ngong.

El personal del hospital le puso el nombre de Ángel y dijo a la prensa que los miembros del público habían comenzado a donar ropas y leche de bebé.

El caso recibió una enorme cobertura de los medios. Aunque algunos expresaron escepticismo sobre el informe. Pero parece que esto es mucho más que una leyenda. Tal vez el instinto materno hizo que la perra recogiera otro cachorro que estaba llorando en medio del campo Y es que a veces entre los animales un niño encuentra el cariño que ni en su casa puede encontrar.

El último caso documentado en Rusia es el de Ramzia Tukmatullina, “la niña perro de Rusia”.

De nueva cuenta la historia se repite. La madre de Ramzia era alcohólica y la abandonó en la calle. Pronto una manada de perros se hizo cargo. Los vecinos, en lugar de tomar al niño, simplemente la llamaron Naida, un nombre común para los perros en Rusia.

La niña creció con los perros durante 6 años. Finalmente el 14 de julio del 2005, cuando Ramzia tenía 14 años, las autoridades se hicieron cargo.

Los primeros tres años de su vida, Ahmed Yassine los pasó con su tía materna Khadija, pero como esta mujer no se ocupaba de ella, la niña fue dejada a cargo de Zahra G., que resultó todavía peor. Los siguientes tres años la confinó en un cuarto con cuatro perros y treinta gatos.

Ahmed, una niña de Marruecos, sólo sabía decir “kelb” (perro), cuando la rescataron el 4 de junio del 2006. Estaba a punto de morir debido a la inanición.

Hay otros casos de niños criados por perros en las Filipinas (1982), Alemania (1988), Oklahoma (1989), Inglaterra (1992), Hungría (1994), Rumania (1994), e Italia (1994).

Continuará…