Archivos de la categoría Divulgación científica

Las playas del Caribe, 23 años después

ESCRUTINIO

Las playas del Caribe, 23 años después[1]

Juan José Morales

En estos días estuve revisando los textos de algunos de mis libros, entre ellos la versión para niños y jóvenes de El Mar y sus Recursos, acerca de los mares que bañan a la península de Yucatán. Esta obra, además de información sobre cuestiones oceanográficas, la fauna marina, los arrecifes coralinos y otras cuestiones, contiene sugerencias de actividades que los lectores pueden realizar, entre ellas recorridos por la playa y las dunas costeras para identificar la flora, la fauna y los objetos que en ella pueden encontrarse.

Se les enseña cómo reconocer algunas de las principales especies de plantas que conforman la vegetación de dunas costeras. Por ejemplo, la riñonina, una rastrera de hermosas flores moradas, el lirio de playa, el tsakam —Nopalea gaumeri por nombre científico—, un nopal característico de las costas de la península, o el chit Thrinax radiata, una palma exclusiva de la zona costera gravemente amenazada de extinción.

Igualmente, con ilustraciones para facilitar la identificación, se les estimula para observar ciertos animales que pueden encontrarse en la zona de playa —que es diferente a la de duna—, como la solla o cangrejo ermitaño. el llamado cangrejo fantasma, que merodea principalmente de noche, y el mex o cangrejo bayoneta, también conocido como cacerolita de mar, un fósil viviente que habita tanto lagunas costeras como aguas marinas.

imageHace tres décadas, era común ver en las playas y las lagunas costeras del norte de Quintana Roo el cangrejo bayoneta Limulus polyphemus, llamado mex en maya. Hoy es una rareza, igual que muchas plantas y animales víctimas de un crecimiento urbano deficientemente planeado.

Otra actividad sugerida en el libro es la búsqueda de conchas, caracoles, esqueletos de erizos, esponjas y fragmentos de coral arrojados por el oleaje, y cómo reconocerlos y diferenciarlos, e incluso cómo identificar algunas de las especies más notables. Asimismo, el libro contiene indicaciones para observar y reconocer los principales tipos y especies de aves playeras y marinas.

En fin, el propósito era estimular la curiosidad y la capacidad de observación de niños y jóvenes, para que conocieran por sí mismos y de manera directa algunas de las características de la zona costera.

Ese libro lo escribí hace más de 20 años, en 1993, y fue publicado por la asociación científica Amigos de Sian Ka’an como parte de un programa de educación ambiental. Y si ahora hablo de él, es porque, al hojearlo, encontré que las actividades mencionadas se han vuelto prácticamente imposibles para la gran mayoría de los niños de Quintana Roo.

Por principio de cuentas, el acceso a las playas está ya casi totalmente vedado a quien no sea huésped de algún hotel, y las pocas — poquísimas— a las que aún es posible entrar, las llamadas playas públicas, han sido profundamente alteradas inclusive en su composición primigenia.

La blanca arena de finísimos granos que las constituía originalmente ha sido reemplazada por arena gruesa, traída de otros lugares para reponer la que se perdió por la erosión costera. Y la erosión, a su vez, fue resultado de la destrucción de las dunas costeras, arrasadas para construir hoteles, con las desastrosas consecuencias que ello tuvo. Y como ya no hay dunas costeras —o sólo en unos pocos lugares se conservan— es extremadamente difícil, por no decir imposible, que los niños puedan estudiarlas.

Todavía podrán encontrar cangrejos pequeños cangrejos ermitaños, pero es casi imposible que se topen con cangrejos bayoneta. Estos animales, antes abundantes, prácticamente han desaparecido en extensos tramos de la costa de Quintana Roo.

En fin, esta es la realidad con la que me encontré a sólo 23 años de haber escrito ese libro.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 12 de septiembre de 2016

¿Los “Círculos de las hadas” son sólo los “fantasmas” de los nidos de termitas?

¿Los “Círculos de las hadas” son sólo los “fantasmas” de los nidos de termitas?

Por Megan Gannon

8 de septiembre de 2016

fairy-circles-australiaCírculos de hadas (parches estériles rodeados de pastos) salpican esta zona desértica al sur de Kintore, en el Territorio del Norte de Australia. Credit: Airplane photo by Mike Gillam south of Kintore

El descubrimiento de los círculos de hadas en Australia a principios de este año apenas ha puesto a descansar la controversia sobre cómo se forman estas estructuras misteriosas.

Fairy circles” son manchas de suciedad regulares, que se repiten en los pastizales remotos que, cuando se ven desde arriba, se ven como anillos caprichosos que estaban dispersos a través de un paisaje. A pesar de su aspecto extravagante, los patrones han sido una fuente de debate científico serio por las últimas cuatro décadas. Mientras que algunos han argumentado que los patrones geométricos son obra de termitas, otros han postulado que los círculos se forman naturalmente como vegetación auto-organiza en competencia por la escasez de agua y otros nutrientes.

Anteriormente, estos parches se habían observado sólo en el sureste de África, sobre todo Namibia, pero en marzo, un grupo de investigadores anunció que habían identificado fairy circles en las imágenes de satélite y durante el trabajo de campo en el oeste de Australia. [See Stunning Photos of Fairy Circles in Australia]

Dirigido por el modelador ecológico Stephan Getzin del Centro Helmholtz para la Investigación Ambiental en Leipzig, Alemania, este equipo de investigación afirmó que su descubrimiento apoya la teoría de que los círculos de hadas eran un patrón causado por la competencia por el agua. De acuerdo con esta teoría, que se detalla en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) a principios de este año, los más grandes y más competitivas plantas de hierba ocupan la mayor parte del agua, dejando extinguir a sus vecinas más débiles. Con el tiempo, los parches estériles brotan, donde alguna vez crecieron las débiles, con una corteza dura, quemada por el sol de suelo que se dobla como una piscina de recogida de aguas pluviales. Las plantas sedientas entonces forman un círculo alrededor de esta corteza, maximizando su acceso a esta agua, y por lo tanto, nacen los círculos de hadas.

Pero ahora, un grupo separado de los investigadores en Australia se opone a estas reivindicaciones. En una refutación publicada en PNAS este mes, la ecologista Fiona Walsh, de la Commonwealth de Australia Ciencia y la Organización de Investigación Industrial (CSIRO) y sus colegas apuntan a las termitas como los culpables de estos círculos de hadas.

El equipo de Walsh dice que estos parches estériles son bastante comunes en las praderas secas de Australia Occidental en el Territorio del Norte. Usó palancas, que se clavaron en los centros de los círculos en cuatro lugares diferentes y encontró que todos tenían suelo de concreto y cámaras hechas por las termitas del género Drepanotermes. Sin embargo, no todos estos nidos de termitas, o termiteros, eran activos. Los científicos dijeron que el suelo en estos círculos puede llegar a estar tan endurecido por las termitas que los patrones pueden durar décadas después de que las colonias de termitas son abandonados, dejando atrás los “fantasmas de termiteros del pasado”.

“Estos nuevos datos australianos sugieren que una hipótesis de termitas para los círculos africanos… debe ser revisada, a pesar de ser rechazada por el equipo de Getzin”, dijo Walsh en un comunicado. También argumentó que el conocimiento local podría contribuir a la comprensión de los círculos, ya que los indígenas de Australia han atribuido siempre esos parches áridos del desierto a las termitas.

Debido a que estos lugares carecen de hierba espinosa llamada spinifex, las personas que viven en la región han incorporado estas áreas circulares planas en sus senderos y los han utilizado como salas de estar cómodas para hacer cosas como moler semillas, según dicen los investigadores en la refutación.

“Las personas mayores del desierto también barren los puntos duros circulares como un lugar para preparar alimentos y artefactos”, dijo Walsh en el comunicado. Walsh dijo que su colega Gladys Bidu, una mujer Karimarra y guardabosques, “reconoce estos puntos como una característica, sin duda, ‘normal’ hecha por las termitas – tan ubicuas para ella como senderos para cualquier habitante de la ciudad que también sabe que el cableado y las tuberías están bajo la pavimento.

En respuesta a la réplica, Getzin y sus colegas mantuvieron sus conclusiones originales. Aunque las termitas pueden causar manchas desnudas en los pastizales, los investigadores todavía no ven ninguna correlación con estos círculos y actividad de las termitas.

Como Walsh dijo a Alice Springs News: “Un proceso científico sano está en marcha, réplica y contrarréplica, pero aún no tenemos razón para dudar de nuestra conclusión”.

http://www.livescience.com/56001-did-termites-create-australian-fairy-circles.html

Un nuevo planeta aquí a tiro de piedra

IMPACTO AMBIENTAL

Un nuevo planeta aquí a tiro de piedra[1]

Juan José Morales

Fue hace sólo 20 años o poco más cuando los astrónomos comenzaron a detectar planetas que orbitan en torno a otras estrellas. A la fecha, han encontrado miles, de muy diverso tipo. Pero el más interesante, y que ha causado cierto revuelo en los últimos días, es sin duda uno recién descubierto casi podría decirse a tiro de piedra de la Tierra, por astrónomos del Observatorio del Sur de Europa. Se encuentra en la vecindad de Proxima Centauri, que como muchos lectores sin duda saben, es la estrella más cercana a nuestro planeta, a una distancia de sólo 4.24 años-luz.

imageEn esta representación artística se muestra al nuevo planeta Proxima b comparado con la Tierra. Por ser de tamaño similar y por hallarse en lo que los astrónomos denominan zona de habitabilidad de su sol, se baraja la posibilidad de que en él pueda haber agua y quizá formas de vida, aunque no necesariamente inteligente.

Y no sólo se trata del planeta más cercano al nuestro, sino que al parecer es muy semejante por su forma y está ubicado en lo que los astrónomos llaman zona de habitabilidad de su estrella. Es decir, ni tan cerca que las temperaturas en su superficie sean excesivamente altas, ni tan lejos que sea un congelador. En tales condiciones, podría haber agua en él. Y si hay agua, podría también haber vida.

Pero vayamos por partes. Proxima Centauri, no obstante su cercanía a nuestro planeta, no resulta visible más que con pequeños telescopios. Es de un tipo de estrellas que se conocen como enanas rojas, relativamente frías y con diámetro y masa menores que el Sol. Proxima Centauri mide sólo unos 200 mil kilómetros de diámetro, contra más de un millón de kilómetros el Sol. Esa estrella resulta así apenas 1.4 veces más grande que Júpiter, el mayor planeta de nuestro sistema solar.

En lo que respecta al planeta descubierto en sus cercanías —que ha sido denominado Proxima Centauri-b— los cálculos indican que es un poco mayor que la Tierra y dista siete millones de kilómetros de su estrella. O sea está cinco veces más cerca de ella que Mercurio del Sol y completa su órbita en 11.2 días.

Desde luego, puede parecer extraño que estando tan cerca de su estrella este planeta resulte habitable y no un infierno como Mercurio. La explicación estriba en la baja temperatura de Proxima Centauri, que es mucho menor que la del Sol. Por ello, en opinión de algunos astrónomos, las condiciones en la superficie de ese planeta podrían permitir la existencia de agua y de una atmósfera que facilite la existencia de vida. Pero otros no son tan optimistas. Las enanas rojas se caracterizan porque en ciertas etapas de su existencia tienen una fuerte actividad que las hace lanzar enormes torrentes de radiación y partículas.

Estrictamente hablando, en nuestro propio sistema solar hay tres planetas dentro de la zona de habitabilidad del Sol: Venus, la Tierra y Marte. Los tres pudieron haber tenido agua y una atmósfera rica en oxígeno, pero Venus y Marte las perdieron debido a la intensa actividad solar, y no sabemos si en alguna época hubo vida en ellos. Lo mismo pudo haber ocurrido en Proxima Centauri-b. En tal caso, ahora sería un planeta árido, con temperaturas del orden de 40 grados bajo cero.

En fin, por ahora sólo puede especularse acerca de la posible existencia de vida en ese planeta cercano a nuestro sistema solar. Se requieren observaciones detalladas para salir de dudas. Y eso no es fácil.

Hasta ahora no se le ha podido observar directamente —fue descubierto por medios indirectos— y los datos registrados apenas permiten sacar unas pocas conclusiones acerca de su tamaño y masa.

No hay, pues, que esperar pronto un anuncio espectacular sobre descubrimiento de vida en otro planeta.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 16 de septiembre de 2016

El makech: mito y realidad

IMPACTO AMBIENTAL

El makech: mito y realidad[1]

Juan José Morales

El makech o Zopherus chilensis como se le denomina en la nomenclatura científica, ese insecto que —generalmente adornado con piedras de fantasía— se utiliza como joya viviente, es tan característico de Yucatán que mucha gente cree que únicamente existe en esta región.

En realidad, como hemos señalado en esta columna, su área de distribución es muy amplia y se extiende desde el sur de Estados Unidos hasta Colombia y Venezuela. Pero es en tierras del Mayab, y concretamente en Yucatán, donde existe la costumbre de usarlo como adorno, y la que podría denominarse zona makechera —aquella donde se colecta la mayor parte de los ejemplares vendidos como curiosidad— comprende los municipios de Sotuta, Huhí, Xocchel, Kantunil, Tekit y Homún, en el centro del estado.

imageMakeches ornamentados con bisutería y listos para la venta. Algunos opinan que adherirles piedras de fantasía puede causarles daño, pero no se tienen pruebas concluyentes al respecto, aunque la autora del artículo que hoy mencionamos considera que es necesario estudiar a fondo el asunto para salir de dudas.

Pues bien, sobre el makech acaba de publicarse, en el número 124 de la revista Biodiversitas, de la Comisión Nacional para el Estudio de la Biodiversidad (Conabio), un artículo de la entomóloga María C. Rosano Hernández, en cual se refiere a los mitos que existen sobre este artrópodo.

Por ejemplo, que llega hasta cien años de edad, o que puede vivir sin comer. Incluso hay quienes aseguran que su nombre significa en maya “no come” (ma, no, kech comer), lo cual es pura invención. En maya, comer es janal, y k’eech significa poner de lado, torcer o desviar.

Lo cierto es que en promedio sólo llega a 2.2 años de edad —4.8 como máximo según se ha observado— y que, al igual que cualquier animal, requiere alimentación y adecuadas condiciones para subsistir.

Por ello, la autora subraya en su artículo que quienes adquieren un maquech deben proporcionarle los cuidados necesarios para que no muera en corto tiempo. “Para que los maqueches vivan sanos más de cuatro años —escribe—, se han sugerido condiciones estrictas de cuidado, limpieza, vigilancia y manutención.” Ellas —subraya la autora— son, principalmente las siguientes:

v No manosearlos y separarlos de la ropa con mucho cuidado para evitar que se le desprendan las uñas y los tarsos, o sea la parte posterior de la pata. Ambas son estructuras muy frágiles y sensibles a los tirones y jaloneos y los maqueches sí sienten dolor.

v En segundo lugar, mantenerlos en un contenedor amplio con ventilación, sin luz directa del sol.

v No ponerles madera resinosa ni tierra negra comprada a granel.

v Proporcionarle hongos frescos al menos una vez por semana y evitar que se pudran.

v Mantener húmeda la madera con agua purificada, no mineral.

v Evitar insecticidas, perfumes, barnices, humos, luces intensas y ruidos altos.

v Observarlos cada mañana y por la noche, y anotar su estado para detectar cualquier cambio en su comportamiento.

v Y por último: ¡quererlo mucho!

Hasta aquí las recomendaciones de la bióloga Rosano Hernández.

A ellas podríamos agregar una muy importante: jamás rociar insecticida en la habitación donde se encuentre el makech. A veces la gente olvida que se trata de un insecto y que esa sustancia le causará la muerte.

Termina la autora recomendando a quienes piensan comprar un makech, que si creen no poder cumplir con tales cuidados, mejor se abstengan de adquirirlo.

De modo, pues, que ya sabe usted qué responsabilidades deberá asumir si decide usar un makech como adorno o como curiosidad.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Sábado 3 de septiembre de 2016

El retorno del mamut lanudo

IMPACTO AMBIENTAL

El retorno del mamut lanudo[1]

Juan José Morales

Recrear animales extintos, como se hizo en la película Parque Jurásico, no es fantasía, sino algo que puede lograr la ciencia. No precisamente dinosaurios como en la cinta, sino especies desaparecidas hace sólo decenas, cientos o miles de años y de los cuales es posible obtener muestras de ADN que por razones fortuitas se hayan conservado en buenas condiciones.

Así lo considera la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la UICN, que incluso ha establecido ciertas reglas al respecto, y varios centros de investigación tienen en marcha proyectos al respecto.

Uno de los principales candidatos a la resurrección es el mamut lanudo, Mammuthus primigenius, un proboscidio que rondaba por las llanuras de Eurasia, Norteamérica y África y cuyos últimos ejemplares desaparecieron hace unos 3 600 años. También se está intentando recrear el lobo de Tasmania, Thylacinus cynocephalus, un lobo marsupial —no mamífero— que vivió en Australia y la isla de Tasmania y se extinguió hace un siglo. Y, entre los más recientemente extintos, el bucardo o cabra montés de los Pirineos, Capra pyrenaica pyrenaica, del que sólo hay registros hasta 2000, cuando se le declaró oficialmente extinto.

imageEl mamut lanudo, del cual se han encontrado restos en Norteamérica, Eurasia y África, se extinguió en tiempos muy recientes según todos los indicios debido a cambios en el climatras haber existido por cerca de cinco millones de años, en una época en que la temperatura global de la Tierra era mucho más baja que ahora.

Desde luego, el más espectacular de tales proyectos es el del mamut lanudo. Lo encabeza el Dr. George Church, un genetista de la universidad norteamericana de Harvard, quien utiliza genes tomados de células de restos de mamuts hallados en Siberia. El procedimiento consiste en insertarlos en células de elefante asiático Elephas maximus, que es el pariente aún existente más cercano a los mamuts. En la primera etapa de los trabajos, se han introducido los genes que determinan el tamaño de las orejas, la grasa subcutánea, y el largo y color del pelo del mamut, en células de la piel de elefantes.

Los resultados iniciales son prometedores, pero no hay que esperar que pronto veamos colosales mamuts lanudos pastando majestuosamente en las praderas. Hay todavía mucho por hacer. Si bien los genes se incorporaron a las células de elefante, este es tan sólo un primer paso en un largo proceso. Después habrá que encontrar la manera de hacer que a partir de esas células híbridas se desarrollen tejidos especializados, para comprobar si se obtienen las características físicas deseadas. Por ejemplo, si producen pelo del mismo color y textura que el del mamut.

Si se logra buen éxito, el siguiente paso sería cultivar las células híbridas en un útero artificial. Esto para evitar las objeciones y oposición de los animalistas al uso de un útero real, de una hembra de elefante. Si todo sale bien y se obtiene un híbrido mamut-elefante, habría aún qué observar si sobrevive. De ser así, será necesario todavía seguir incorporando genes del DNA de mamuts al genoma del elefante, hasta lograr un mamut hecho y derecho.

Como se ve, todo esto es bastante laborioso, complejo y —sobre todo— demandará mucho tiempo. No hay, pues, que ilusionarse con la idea de que en los próximos años podremos ver en zoológicos o parques naturales a aquellas bestias extintas. ¿Cuándo ocurrirá eso? Es difícil preverlo.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 5 de septiembre de 2016