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Un mapa que pudo haber llevado a Colón a América por fin está siendo descifrado

Un mapa que pudo haber llevado Colón a América por fin está siendo descifrado

Kelsey Campbell-Dollaghan

12/06/15

1294444377759260711La principal manera en que compartimos las ideas de hoy es internet. En el siglo 15, fue la cartografía. Y ahora, los investigadores de Yale nos están dando una visión de uno de los mapas más influyentes de la historia – partes del cual, hasta ahora, habían estado demasiado deterioradas y envejecidas para leer.

Henricus Martellus no es un nombre que reconozcas a menos que estés interesado en un mapa de la historia, pero jugó un papel en algunos de los eventos más importantes del mundo moderno temprano, gracias a un mapa que dibujó en 1491. Mostraba al mundo como Europa lo entendía, y los académicos han teorizado desde hace tiempo que le dio Colón la información que necesitaba para encontrar el Nuevo Mundo (también puede haberlo informado mal sobre la ubicación de Japón, hoy conocida como las Bahamas).

Que un mapa pueda sobrevivir 500 años – 524 años, para ser exactos -, es bastante sorprendente. Pero gran parte del texto en el mapa de 6 pies de ancho se ha perdido para la historia gracias al desgaste. Desde que el mapa llegó a Yale en la década de 1960, los investigadores han tratado de descifrar cientos de palabras y formas que estaban demasiado desvanecidas para leer:

1294444377874756903Es sólo en el último año que han tenido éxito – gracias a mejoras en imágenes multiespectrales. Ayer en Yale News, Michael Cummings explicó cómo la tecnología ha revelado cientos de nuevas palabras que parecían perdidas para siempre. En su historia, explica cómo un equipo de la Universidad de Yale está utilizando imágenes multiespectrales para ver a través de la antigua bruma: El proceso de captura de imágenes del mapa a las 12 diferentes frecuencias de luz que, cuando se procesa mediante algoritmos de formación de imágenes, revelan palabras y figuras que nuestros ojos no ven.

Cummings tuvo la amabilidad de enviar las versiones de mayor resolución de nuevos detalles de los mapas, algunas de los cuales encontrarás a continuación. Lee la historia completa aquí.

“Animales diferente a los nuestros”

Como explica Cummings, muchos de los pasajes de texto en el mapa describen no sólo las poblaciones locales, sino también a la fauna local de las regiones en todo el mundo, a veces levantadas de Los viajes de Marco Polo. Por ejemplo, el siguiente pasaje está advirtiendo de una criatura monstruosa que hoy se conoce como la orca, que Yale dice que Martellus describió como “un monstruo marino que es como el sol cuando brilla, cuya forma difícilmente se puede describir, excepto que su piel es suave y su cuerpo enorme”.

1294444377922387751Otro advierte de “grandes desiertos en los que hay leones, leopardos grandes y muchos otros animales diferentes de los nuestros:”

1294444377990569255Fuentes etíopes

¿Otro detalle interesante revelado por el análisis multiespectral? La forma en que Martellus representa África se basa realmente en fuentes africanas. Según Cummings, el camino a África dibujado en el mapa en realidad procedía de Etiopía – específicamente -, “tres delegados etíopes en el Concilio de Florencia en 1441”. El consejo fue llamado por el Papa – quien invitó a los delegados etíopes, proporcionando información sobre cómo se formó el continente africano.

1294444378238032935Linaje de un Mapa

Una vez más, la cartografía fue una herramienta de gran importancia durante la era de los descubrimientos. El mapa de Martellus se basó en los demás antes que él, y su mapa llegó a influir en cómo otros cartógrafos representaron el nuevo mundo. Las imágenes multiespectrales creadas por Yale nos dan un vistazo a ese patrimonio – las palabras recién descubiertas incluyen algunas compartidas con un mapa más tardío, por Martin Waldseemüller en 1507, lo que sugiere que Waldseemüller pudo haber utilizado este mapa para dibujar el suyo.

1294444378284471335En realidad ya hemos escrito sobre el mapa de Waldseemüller: Fue la primera representación cartográfica conocida de América como un continente. Por supuesto, América en su siglo 16 se ve muy diferente de la nuestra. “América” es una península larga y delgada que parece extenderse desde Nueva Escocia a Florida. Más allá de eso, ni Waldseemüller ni Martellus podían conocer.

Se necesitaría mucho más tiempo para averiguar lo que existía en el parche en blanco del mapa e incluso para nosotros para averiguar qué pensaban que podría existir allí.

Imágenes cortesía de Yale News.

http://gizmodo.com/a-map-that-may-have-led-columbus-to-america-is-finally-1710979580

Deforestación y atole con el dedo

IMPACTO AMBIENTAL

Deforestación y atole con el dedo[1]

Juan José Morales

Si hemos de creer las cifras oficiales, en México el ritmo de deforestación ha disminuido drásticamente durante los últimos años. En ello coinciden tanto la Comisión Nacional Forestal (Conafor) como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la presidencia de la República. Pero la realidad parece ser muy distinta, a juzgar por un artículo científico publicado recientemente en la revista Madera y Bosques, del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático.

clip_image001Las discrepancias entre los informes oficiales sobre deforestación y los estudios académicos son mayúsculas. Más todavía: ni siquiera las distintas dependencias de gobierno coinciden en sus cifras. Así, según la Semarnat y la FAO, anualmente se deforestan 250 mil hectáreas, la propia Semarnat, habla de más de 337 mil, y la Conafor afirma que sólo se pierden 235 mil.

El estudio, realizado por varios investigadores del propio Inecol, el INEGI, el Instituto de Geografía de la UNAM y la Facultad de Geografía de la Universidad de La Habana, señala que la tasa de deforestación sigue siendo mucho más elevada de lo que aseguran los informes oficiales. Anualmente, dicen los autores del trabajo, México pierde más de medio millón de hectáreas de selvas y bosques.

Según el optimista panorama que vienen describiendo desde hace años la Conafor y la Semarnat, la tasa anual de deforestación se redujo drásticamente en los últimos años en comparación con periodos anteriores. Así, en el Programa Sectorial de Medio Ambiente y Recursos Naturales del sexenio 2007-12 se dice que la pérdida anual de bosques y selvas fue de 260 000 hectáreas durante el periodo 2000-05. Esto representaría una considerable reducción respecto a las 348 000 hectáreas que se perdían cada año en el periodo 1990-2000.

Igualmente, en el más reciente informe sobre el particular publicado por la Presidencia de la República, se asegura que la tasa de deforestación en 2011 y 2012 fue de 155 000 hectáreas anuales en promedio.

Sin embargo, dicen los investigadores, al realizar un análisis más minucioso de los datos presentados por la Conafor y la Semarnat, se encontró que se contabiliza como selvas, bosques y otros tipos de vegetación forestal en proceso de recuperación, toda la superficie etiquetada como vegetación secundaria. El truco consiste en considerar que toda esa vegetación se halla en terrenos que habían sido deforestados y en los cuales está restableciéndose la cobertura vegetal original.

Pero no es así. Añade el artículo que “algunos estudios han mostrado que las áreas con vegetación secundaria en México, más que derivar de zonas sin vegetación aparente, agrícolas o pecuarias, son el resultado de la alteración de la vegetación primaria o de bosques secundarios, por lo que están más relacionadas con procesos de degradación de la vegetación forestal que de recuperación de la misma.”

Dicen categóricamente los autores que “la deforestación en México no ha disminuido, en contraste con lo que indican las cifras oficiales más recientes. En todo caso, se ha estabilizado alrededor de 500 000 hectáreas anuales”.

Esa manipulación de cifras, señalan los autores del estudio, comenzó en 2006, con la publicación por parte de la Semarnat de La gestión ambiental en México. Desde entonces, añaden, ha sido práctica recurrente de las autoridades restar las hectáreas correspondientes a vegetación secundaria del total de las hectáreas deforestadas. Así, en un año en que se perdieron más de 523 mil hectáreas, la cifra pudo reducirse a sólo 337 mil mediante esa triquiñuela.

Otro truco aritmético es que la Conafor, dicen, contabiliza como bosques o selvas cualquier área forestal con un mínimo de 10% de cobertura vegetal. Evidentemente, se trata de una masa forestal profundamente alterada.

En fin, esta es la triste realidad de la deforestación en México. Si bien ha disminuido un poquitín, sigue siendo extremadamente grave, y las autoridades nos están dando atole con el dedo al manipular las cifras.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 19 de junio de 2015

La cizalladura o cortante vertical y los huracanes

IMPACTO AMBIENTAL

La cizalladura o cortante vertical y los huracanes[1]

Juan José Morales

A sólo dos semanas de iniciada la temporada de huracanes 2015, ya tuvimos nuestra primera perturbación. No un huracán; ni siquiera una tormenta tropical, sino tan sólo un disturbio caracterizado por copiosas lluvias y fuertes vientos.

Pero lo que por ahora nos interesa de este asunto es la información que proporcionó el Centro Hidrometeorológico Regional de la Comisión Nacional del Agua en la Península de Yucatán sobre el riesgo de que esta depresión tropical se convierta en huracán. Porque no hay que olvidar que el embrión de un huracán es precisamente una depresión, o sea una zona de baja presión donde el aire se eleva y hacia la cual afluyen vientos de los alrededores.

clip_image001Imagen de satélite, difundida por el Servicio Meteorológico Nacional, de la extensa perturbación causante de los aguaceros y los fuertes vientos que desde el sábado azotaron a Quintana Roo y Yucatán. Aunque en los últimos dos días no hubo condiciones para que se transformara en ciclón, las probabilidades aumentarán a medida que el fenómeno se desplace sobre el Golfo de México, según las estimaciones del SMN.

Las posibilidades de desarrollo ciclónico son bajas por el momento —dice la información oficial sobre esta perturbación que ha afectado a la península— ya que se encuentra sobre un área de fuertes vientos en altura, lo que impide su fortalecimiento.

Al respecto, en mi libro Los huracanes en la península de Yucatán, en el capítulo correspondiente a su formación, puede leerse que entre las condiciones necesarias para la génesis de un huracán es muy importante —además de una considerable reserva de calor en las aguas del océano y una baja temperatura en la alta atmósfera—, que se dé un factor que los meteorólogos llaman cizalladura o cortante vertical.

Estos términos se refieren a la diferencia en la velocidad y dirección de los vientos que soplan a baja altitud respecto a los de las alturas. La cizalladura debe ser relativamente débil. Es decir, no debe haber un cambio muy acentuado de velocidad del viento con la altura. En ambas zonas —al nivel del mar y en la alta atmósfera— los vientos deben ser de velocidad y dirección similares. Si la diferencia es de más de 30 kilómetros por hora entre los de la baja atmósfera y los que soplan a ocho o diez kilómetros de altitud, se trastoca la circulación del aire en torno a la zona de baja presión, un ciclón en formación se desorganiza, y si ya está formado se debilita e incluso puede desintegrarse.

Por otro lado, en las informaciones del Servicio Meteorológico Nacional de la Comisión Nacional del Agua se mencionan tres ondas tropicales que se mueven en dirección a la península. Una relativamente cercana, ya en el Caribe, otra que se aproxima a él y la tercera todavía distante, sobre el Atlántico.

“Las ondas tropicales —señalo también en mi libro— son áreas de baja presión de forma alargada, o vaguadas como se dice en meteorología. Se encuentran sobrepuestas a los vientos alisios, por lo cual se desplazan hacia el oeste, más o menos cinco grados por día. En ellas se registra un flujo ondulante de aire, se forman inestabilidades atmosféricas y hay grandes acumulaciones de nubes que usualmente provocan chubascos, copiosas lluvias y tormentas eléctricas. En el Atlántico tropical y el Caribe se desarrollan especialmente entre mayo y noviembre, que es la temporada de huracanes. Una onda tropical es, por así decir, la “semilla” de un huracán. Pero no en todos los casos. La mayoría de ellas simplemente se desvanecen después de ocasionar a su paso lo que comúnmente se denomina mal tiempo, o sea nublados, aguaceros y vientos más.” En los próximos días sabremos cómo evolucionarán las tres que acabamos de mencionar.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 15 de junio de 2015

El huétl, “algo que te pica y no lo ves”

IMPACTO AMBIENTAL

El huétl, “algo que te pica y no lo ves”[1]

Juan José Morales

Un lector de Playa del Carmen me pide precisar si los pequeños mosquitos llamados chaquistes o jejenes resultan peligrosos porque transmitan enfermedades o simplemente molestos por sus picaduras.

Por principio de cuentas, le diremos que aunque a los chaquistes usualmente se les considera mosquitos, no lo son. Se trata de moscas diminutas, que los biólogos denominan flebotominos. De apenas dos y medio milímetros de largo con las alas densamente cubiertas de pelillos y una proboscis o “trompa” en forma de aguijón muy delgado y tan largo como el resto del cuerpo. Por su pequeño tamaño, en maya se les conoce como huétl, que puede traducirse como “algo que te pica y no lo ves”, por alusión a su reducido tamaño.

clip_image002Este es el chaquiste o jején. En algunas publicaciones se le denomina mosquita de la arena por traducción de su nombre común en inglés, sand flies, el cual deriva del hecho de que se reproduce en terrenos arenosos y húmedos. En maya se le conoce como huétl. Hay en el mundo más de 700 especies, de las cuales en México se han identificado unas 40, en su gran mayoría del género Lutzomyia.

Si se les toma por mosquitos muy pequeños es porque las hembras pican, ya que —al igual que las de los mosquitos— necesitan sangre para obtener ciertas sustancias que les permiten producir sus huevos. Además, lo hacen repetidamente. Eso, sumado a que por su extrema pequeñez pasan a través de los mosquiteros ordinarios, las convierte en un verdadero tormento ahí donde abundan. De ahí el dicho popular mexicano “Le cayó el chaquiste”, cuando alguien se ve acosado y en una situación especialmente molesta.

En cuanto a si constituyen un peligro, la respuesta es sí. Estos insectos son transmisores de la leishmaniasis, una enfermedad de la que en otras ocasiones hemos hablado en esta columna, causada por ciertos protozoarios del género Leishmania, que ocurre en una veintena de estados en México, particularmente en el sureste, es endémica en más de 82 países, donde 350 millones de personas están expuestas a contraerla, cada año se registran más de 12 millones de nuevos casos y anualmente ocasiona 750 000 muertes en todo el mundo.

A la leishmaniasis se le conoce popularmente en México como úlcera del chiclero o lepra de la montaña porque durante el siglo pasado, cuando Quintana Roo y el sur de Campeche se hallaban casi despoblados y prácticamente no había más actividades productivas que el corte de maderas preciosas y la extracción de chicle, ese padecimiento afectaba sobre todo a los chicleros, trabajadores dedicados a extraer el látex del árbol de zapote que es la base para la manufactura de chicle natural, los cuales pasaban meses en plena selva —la montaña, como se le llamaba—, constantemente expuestos a la picadura de estos insectos. Lo de úlcera es porque en su forma más común se manifiesta en la piel, donde produce ulceraciones y nódulos persistentes, muy molestos y dolorosos. Pero hay también una variedad de tipo visceral, que ataca el bazo, el hígado y otros órganos internos y puede ser mortal, y otra más que afecta las mucosas.

Queda, pues, servido nuestro amigo lector. Y esperamos que el chaquiste sea clemente con él.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 12 de junio de 2015