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Las luces de los terremotos (y 4)

LA TTT ORIGINAL

En el mismo año en que Corliss publicó sus primeras recopilaciones de artículos aparecidos en revistas científicas, 1977, también se publicó el primer libro dedicado a la teoría geofísica de estos fenómenos: Space-Time Transients and inusual events, de Michael A. Persinger y Gyslaine Lafreniére. En ese estudio encontraban correlaciones entre la actividad sísmica y los OVNIs. Había nacido la Tectonic Strain Theory (TST) o Teoría de la Tensión Tectónica (TTT).

El mecanismo específico en el que originalmente pensó Persinger para explicar los OVNIs, fue una versión particular del efecto piezoeléctrico, que podía generar una columna electromagnética de algunas decenas de centímetros hasta cientos de metros de diámetro. El fuerte campo presente que recorría la columna produciría la ionización del aire creando el fenómeno luminoso a cierta altura del suelo. Esta era la primera versión de la TTT para los OVNIs.

El origen de las luces de los terremotos es, según la TTT, la tensión tectónica de bajo nivel que existe en ciertos puntos dentro de la corteza terrestre. Puede ocurrir que los campos electromagnéticos producidos por esta tensión crucen ciertas regiones durante el leve doblamiento de la geología local. Esto provocaría un temblor de intensidad pequeña o mediana en los puntos en donde la corteza cede un poco, es decir, en las fallas, mientras que en las partes más resistentes de la geología se forman poderosos campos electromagnéticos, que a veces dan por resultado la manifestación de fenómenos lumínicos. Las irregularidades del terreno, como pueden ser las mismas fallas, las masas de agua, los yacimientos de menas y otros, intensifican la aparición de esas luces. Los aficionados a los OVNIs saben, desde hace tiempo, que muchos avistamientos se dan alrededor de lagos, ríos, embalses de agua, minas y líneas de transmisión eléctrica. Los mecanismos exactos por los cuales tiene lugar todo esto son desconocidos hasta el momento, y pueden constituir campos nuevos de la geofísica. Los científicos podrían acercarse a la literatura ufológica, espulgar el trigo de la paja y extraer conclusiones interesantes.

La segunda parte de la investigación de Persinger fue el detectar los posibles efectos que tales campos electromagnéticos podían tener en los cerebros de los testigos. Esta investigación ha producido casi 150 artículos de Persinger publicados en Perceptual and Motor Skills.

Persinger declara en su libro que algunos fenómenos eléctricos generados por los sismos pueden ser muy intensos y durar mucho tiempo. Para ilustrar lo dicho, cita la pérdida o interrupción de la transmisión de radio durante una hora antes del terremoto de Hilo, en Hawai, el 26 de abril de 1973. Expresa que los experimentos en el laboratorio han mostrado que hay pequeñas corrientes eléctricas que en contacto con el cerebro pueden causar parálisis, pérdidas de conciencia y alucinaciones. Por lo tanto, los testigos que sufren la influencia de campos eléctricos transitorios causados por las presiones subterráneas, pueden tener alucinaciones, que para ellos sería un suceso “real”.

Los efectos de la proximidad de un efecto triboluminiscente puede afectar el funcionamiento del cerebro de los testigos. Persinger menciona que los campos electromagnéticos afectan las regiones de los lóbulos temporales del cerebro (entre las que está el hipocampo). Entre los efectos más notables están la perdida de la noción del tiempo, amnesia, visiones en estado de vigilia consciente, voces exteriorizadas, sensaciones corporales, especialmente en la zona genital, sensaciones de flotación, distorsiones en los recuerdos, etcétera. Los aficionados a los OVNIs podrán comprobar que muchos de estos fenómenos (prácticamente todos) se han reportado en los supuestos casos de abducción. Existe gran semejanza en los relatos de los abducidos, de episodios de viajes extracorporales y de encuentros cercanos con la muerte. Todos ellos son idénticos a los reportados, clínicamente por personas sanas y que no tenían relación alguna con OVNIs o con la literatura parapsicológica, en los experimentos de Persinger.

Además de los mecanismos que producen la piezoelectricidad, durante los terremotos se emiten ciertas cantidades de gas radón que puede producir efectos quimiluminiscentes. De ahí que concluya que las luces telúricas no están correlacionadas sólo con los terremotos sino con la misma actividad tectónica. Según el neurólogo los efectos energéticos tienden a acumularse y distribuirse a lo largo de las fallas. Esta acumulación de energía puede producir efectos en la corriente eléctrica, disturbios psiquiátricos leves, confusiones mentales, interferencia en los sistemas de comunicaciones, etcétera. Por otra parte, también pueden producir apariciones de “OVNIs” y otros fenómenos luminosos, generados por alucinaciones inducidas por las emisiones electromagnéticas sobre el lóbulo temporal. Incluso se podrían mostrar efectos “paranormales” e insólitos.

El doctor Persinger, psicólogo e investigador científico de la Universidad Laurentian, en Sudbury, Ontario (Canadá), junto con su ayudante Lafreniere, aplicó el análisis por computadora a una muestra constituida por 6,000 hechos paranormales (incluyendo OVNIs, serpientes marinas, luces fantasmas, big foot, etcétera). Sus resultados indicaron que la mayoría de estos casos tuvieron lugar sobre las líneas de falla o cerca de ellas. Persinger cree que el 85% de los avistamientos de OVNIs no son más que efectos electromagnéticos luminosos producidos por las líneas de falla geológicas.

“Cuando chocan las placas tectónicas presionan al cuarzo y a otros cristales en ciertas regiones y por breves periodos. Esto causa que los enlaces atómicos, al romperse, produzcan plasmas.

“Esta luminosidad rodeada por un intenso halo electromagnético llega a la superficie terrestre, y es vista por la gente.

“Ya que nuestras mentes son sensibles a los campos electromagnéticos, estos pueden producir alucinaciones (fantasmas, encuentros cercanos del tercer tipo, etc.)”.

En cuanto a la interferencia de los OVNIs sobre radios de onda corta, televisores, luces de los autos, etcétera, Persinger declara que se trata de columnas eléctricas ambulantes, que parten de los campos eléctricos transitorios, y someten a su influjo los campos más débiles asociados con estos aparatos.

Los fenómenos debidos a campos eléctricos transitorios pueden ocurrir en zonas de bajos niveles sísmicos. Debido a que las rocas cristalinas están ampliamente distribuidas por todas partes, existen puntos débiles en la corteza terrestre, aún en las áreas que no son proclives a los terremotos.

MÁS ALLÁ DE LA TTT

En 1973, Harley D. Rutledge, un profesor de física de la Universidad Estatal del Sureste de Missouri, organizó investigaciones de campo para investigar los avistamientos de supuestos OVNIs en los alrededores de Piedmont. Los resultados fueron publicados en 1981 en el libro Project Identification. Sus conclusiones eran muy similares a las de Persinger.

Rutledge visitó Piedmont y vio por sí mismo doce de las misteriosas luces celestes. Durante siete años continuó con sus investigaciones, con la ayuda de cuarenta científicos, ingenieros, estudiantes y personas fuera del ámbito universitario. Su equipo era más sofisticado y costoso que el que había utilizado Akers. Valuado en más de 40,000 dólares, se contaba con varios telescopios, un analizador espectral, un magnetómetro, un gravímetro, cámaras y otros instrumentos. Se hicieron 157 avistamientos de 178 luces, y se tomaron varias fotografías.

Paul Devereux continuó la línea trazada por Persinger y presentó sus trabajos en diversas publicaciones y congresos, como en el Tercer Congreso Internacional de la Asociación Británica para Investigaciones OVNI (BUFORA), en agosto de 1983. Devereux publicó su primer libro en 1982. Un año después la ufóloga británica Jenny Randles publicó su libro Pennine UFO Mystery, sobre los fenómenos luminosos vistos en esa cadena montañosa. Inspirados por esta obra y por el proyecto noruego de Hessdalen, en 1986, David Clarke y Andy Roberts iniciaron el Project Pennine.

Devereux realizó experiencias en el campo de la piezoelectricidad en Inglaterra. Encontró que la famosa área de Warminster tiene un subsuelo cruzado por muchas líneas de falla de la corteza y que en la oleada de Dyfed (Gales), un 30% de los casos se verificaron a una distancia menor a los 50 metros de una línea de falla (fault line). Algunos de sus hallazgos son los siguientes:

“En Gran Bretaña y en Escandinavia se han encontrado indicios parecidos. En Gran Bretaña se localizaron zonas de luz terrestre en algunas partes de la cadena Penina, alrededor de Burton Dassett, Warwickshire, alrededor de Helpston, Cambridgeshire, en Dartmoor, Devon, en algunas regiones de Gales, en lagos específicos de Escocia y en otros muchos lugares bien definidos. En la cadena Penina un pequeño grupo de investigación llamado Project Pennine, a cuya cabeza estaban David Clarke y Andy Roberts, han encontrado casos notables de fenómenos que ocurren en las mismas regiones desde hace generaciones. Se han observado bolas de luz en repetidas ocasiones y a veces, en un valle con fallas llamado Longdendale, en el que hay una cadena de embalses, ¡se ilumina toda la ladera de un promontorio! Se ha observado que la temperatura baja mucho coincidiendo con este último efecto lumínico. Los escasos habitantes de la cadena Penina son reacios a hablar de los fenómenos, pero es claro que los padres y los abuelos de los actuales agricultores y pastores también vieron las luces y que éstas despertaban en ellos un fuerte sentimiento de superstición y temor. Leyendas, topónimos y tradiciones también reflejan la existencia de luces en las zonas que se sabe que son afectadas por los fenómenos.

“En una de estas zonas, los agrestes páramos de los alrededores de Grassington, en Yorkshire, muchos agentes de policía han visto las luces durante sus patrullas nocturnas y se han tomado algunas fotografías extraordinarias. Clarke y Roberts han podido mostrar correlaciones entre los fenómenos lumínicos, las fallas y la actividad sísmica. En Gales, Devereux y sus colegas también han podido detectar correlación entre ciertas zonas de luz terrestre y parecidos factores geológicos, y en Escocia siete de los ocho lagos donde se producen fenómenos lumínicos se encuentran sobre fallas importantes, mientras que el octavo se ve afectado por fallas menores, de índole local. El material británico incluye los relatos de numerosos testigos presenciales que vieron luces surgidas directamente del suelo”.

Dan Mattsson han hecho un trabajo similar en Suecia. Ha identificado varias zonas de actividad de fenómenos lumínicos y ha comprobado la correlación entre la actividad sísmica, los yacimientos de menas de hierro, o de otro tipo, y las fallas.

En 1983 Devereux publicó otro libro, en colaboración con el geoquímico Paul McCartney, en el que desafiaba por completo a los ufólogos pro extraterrestres. En el libro se señalaban varias conexiones entre las fallas, epicentros sísmicos y los fenómenos aéreos luminosos en varios lugares de la Gran Bretaña. En septiembre de 1983 Devereux, McCartney y Don Robins, especialista de la química aplicada a la arqueología, suscitaron un debate a través de una artículo aparecido en New Scientist. En ese artículo incluían la teoría tradicional de la piezoelectricidad, pero, además, presentaban la triboluminiscencia y la termoluminiscencia como mecanismos posibles para la formación de las luces.

En 1986, John S. Derr se unió a Persinger para estudiar las luces que aparecían en la reservación india de Yakima, en el Estado de Washington. Guardabosques habían visto bolas naranja flotando sobre las rocas, así como pequeñas “bolas de ping-pong” de luces que saltaban los riscos. Este periodo de avistamientos también estuvo acompañado de nubes luminosas, lo que indicaba una atmósfera cargada, y de sonidos subterráneos, sugiriendo un tipo de asociación tectónica. Los guardabosques lograron fotografiar las luces y triangular su posición mediante el uso de la comunicación radial.

Derr, en colaboración con Greg Long escribió un libro sobre el asunto. Inicialmente constató que los fenómenos luminosos se daban tanto en las crestas de las colinas, como en derredor de las fallas. Derr introdujo una nueva variable, la consideración del rol de los líquidos en movimiento sobre la incidencia de las luces telúricas. Derr argumentaba que la presión sobre el agua la hacía fluir entre los capilares de la roca y eso producía un aumento en la intensidad del campo electromagnético que contribuía a las manifestaciones luminosas sobre el terreno. De esta manera, la lubricación de los estratos geológicos con el agua facilitaba el deslizamiento de los estratos en los puntos de falla y promovía los mecanismos generadores de las luces.

Otros casos importantes estudiados por Derr fueron Uintah, Utah, en medio de las ciudades de Vernal, Roosvelt y Duchesne. Luego, Persinger y Derr se ocuparon de los fenómenos de Colorado atribuyéndolos a la inyección de agua en las rocas de la zona de la ciudad de Derby. En este caso dedujeron que el presunto campo electromagnético estaba a unos 50-100 kilómetros a partir del epicentro.

CRITICAS A LA TEORIA TTT

En un artículo de 1989 el geólogo y ufólogo canadiense Chris Rutkowski, quien es un crítico de la hipótesis de Persinger, reexaminó la teoría TTT. En particular el caso de las luces fantasma. Citaba un detalle interesante en el caso canadiense de luces telúricas en Alberta y Manitota y se refería como la tentativa de aproximarse a estas fuentes luminosas fallaron regularmente porque estas se “apagaron” cuando se les acercaba. Había, entonces, que recurrir a una característica específica de estos fenómenos, que Rutkowski definió como LATER (Lights At The End of the Road, Luces al final del camino), por su tendencia en aparecer y mostrarse en el horizonte, al final de un camino.

El problema inherente de la TTT para las luces telúricas, según Rutkowski era parecido. La naturaleza de la energía producida por el roce de las tensiones no era clara. Las emisiones de radio registradas de repente en los terremotos resultaban débiles e inconstantes.

La idea de que los OVNIs pueden, en última instancia, revelarse como luces sísmicas (EQL) en las que la energía es confinada de manera particular en una zona limitada (mientras que la mayor parte de las luces sísmicas son en realidad descritas como destellos y luces poco definidas) fue criticada por Greg Long. Las diferencias entre el momento en que se verifica el temblor y las observaciones de las luces terrenas (EL) no son compatibles con el modelo actual de la teoría sobre la generación de las luces sísmicas. Además, el “radio de compresión” debido a la tensión tectónica no parece compatible con la claridad de las observaciones de los presuntos fenómenos aéreos insólitos muy alejados del centro de la tensión.

Para obviar esta objeción, Long, en 1988 había propuesto la localización de una región sísmicamente inactiva y, para convalidar la teoría, observar la existencia de Earth Lights (EL) (o de otros fenómenos aéreos insólitos) . Un último análisis, parece que, en la carencia de un mecanismo causal claro, las correlaciones de las observaciones OVNI y la energía tectónica descansan en gran parte únicamente en el tipo de estadística y no es directamente causal.

De las otras objeciones, Chris Rutkowski recordaba que el ufólogo francés Claude Maugé había presentado críticas sobre la significatividad de la base de datos usada por Persinger para construir la TTT, cosa que retomará en un artículo de poco éxito en 1990.

El ufólogo escéptico inglés Steuart Campbell ha sostenido que la solidez de las relaciones entre las observaciones OVNI y las fallas geológicas en Gran Bretaña de las que habla Devereux es del todo aleatoria y que sólo se sostiene en el hecho de que en las islas británicas existe un número elevado de discontinuidades de ese tipo.

Rutkowski ha hecho notar que no esta claro el medio a través del cual estas emisiones energéticas puedan superar grandes estratos de roca y manifestarse en la superficie en forma tan variada. Acepta que algunos tipos de roca pueden actuar como “transistores naturales”, aunque permanece la dificultad.

A partir de febrero de 1973, alrededor de Piedmont, Missouri se comenzó a reportar la presencia de extrañas luces de diversos colores, en coincidencia con repetidas interferencias de las emisiones televisivas y de interrupciones en la energía eléctrica. El jefe del departamento de física de la Universidad estatal del Sudeste de Missouri, el Dr. Harley D. Routledge tuvo algunas observaciones de estos objetos celestes por lo que, con algunos de sus colegas, inició una serie de campamentos de guardia en las colinas cercanas a la ciudad. Durante una serie largísima (157 semanas) y sistemática de tales campamentos logró captar 178 fotografías de “objetos anómalos” que cambiaban de dirección de forma abrupta, aceleraban o se quedaban estáticas. A través de una triangulación y gracias al avistamiento simultáneo de varios investigadores, Routledge pudo calcular la velocidad y concluyó que se podía excluir las explicaciones de faros de vehículos, espejismos, refracciones, aviones, meteoritos e incluso centellas. Se hicieron estudios de radar y se encontraron disturbios en las señales de radiofrecuencia gamma VHF. Una de las cosas más embarazosas que describe Rutledge fue el hecho de que, al menos, treinta y dos casos parecían responder a las acciones de los observadores. Las luces parecían reaccionar a los mensajes verbales, señales de radio o a los pensamientos de los experimentadores. Por lo que Routledge pensó que el fenómeno poseía una forma de inteligencia, respondiendo a la objeción de la ufóloga Jenny Randles que creía se trataba de un fenómeno natural hasta el momento desconocido, o al escéptico Steuart Campbell. También en los setenta, otro grupo de apasionados de los fenómenos anómalos, de New Jersey, denominado “Vestigia” efectuó diversos estudios de campo en la localidad de Washington Township, cercana a New Jersey. Observaron, fotografiaron e hicieron varias mediciones instrumentales de un pequeño globo de luz que en su interior parecía contener un núcleo similar a un proyectil. En el momento de la aparición de esa EL se elevaron las lecturas en un contador Geiger y cambio la resistividad mientras el fenómeno se posaba. En cuanto partía el grupo de investigadores volvía a ver el fenómeno sólo de una parte de la carretera, pero no de la otra parte, cosa que sugería que se trataba de una emisión fotónica unidireccional.

El doctor Michael A. Persinger, neuropsicólogo que se arriesgo a entrar al mundillo de la ufología y desafió a los ufólogos con su hipótesis TTT.

Jenny Randless, la ufóloga inglesa más famosa, estudió la oleada de OVNIs en la cadena de montañas Pennina, en Inglaterra, y luego publicó su libro The Pennine UFO Mystery.

Uno de los OVNIs observados durante la oleada de los Pennine. La foto fue obtenida por el señor Anthony Vaivods, en Wyke Woods, a las 9:30 de la noche del 15 de octubre de 1981, con una cámara Polaroid. Se trata de una exposición de varios segundos.

“La Curva del Diablo”, en la carretera B6105 en Longdendale, Pennines, Inglaterra. Sobre este punto corre una falla y se encuentra en una zona de gran actividad OVNI.

Un ejemplo del fenómeno LATER, o de luces al final del camino. En este caso dos fotografías de Paul A. Roales sobre la famosa Ruta 66.

Durante la oleada de OVNIs sobre la ciudad de Piedmont, Missouri, en 1973, el doctor Harley D. Routledge logró obtener varias fotografías de estas luces.

Según Dan Mattsson, las líneas Ley siguen las líneas de falla terrestre y sobre ellas se construyeron varios de los monumentos antiguos.

Paul Devereux ha viajado a diversos lugares, incluyendo México, en busca de las misteriosas luces. Aquí lo vemos en Australia investigando las luces Min Min.

Miembros del Project Pennine con Devereux, al fondo a la derecha.

Gráfico del magnetómetro durante la variación del campo magnético terrestre.

Devereux en el laboratorio de Persinger experimentando la estimulación del lóbulo temporal.

El 25 de marzo de 1905, en dos ocasiones se vieron emerger desde este valle, cercano a la capilla Llanfair, bolas de luz roja. La falla de Mochras corre directamente por debajo.

Erlin Strand preparando el equipo durante la expedición en busca de las luces Min Min.

Continuará… Vea también los siguientes enlaces
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-primera-parte/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-y-2/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-y-3/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-y-4/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/06/las-luces-de-los-terremotos-final/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/05/luces-de-los-terremotos/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/luces-de-los-terremotos-en-per/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/el-terremoto-de-per-y-las-luces-ssmicas/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/otro-video-de-las-luces-de-los-terremotos-en-per/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/transformadores-o-luces-de-los-terremotos/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/luces-rojas-en-el-terremoto-de-per/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/luces-elctricas-en-el-terremoto-de-per/

Las luces de los terremotos (y 3)

ALGUNAS HIPÓTESIS

A) La piezoelectricidad.

Algunos cristales dieléctricos, como el cuarzo, presentan una propiedad eléctrica peculiar: generan cúmulos de cargas eléctricas, de signos opuestos, en cado uno de sus ejes polares si son sometidos a compresión mecánica. Esta separación de cargas genera un campo eléctrico que permanece en tanto se mantenga la compresión. La intensidad del campo eléctrico de un solo cristal es prácticamente indetectable, pero la acción de una gran cantidad de cristales produce una gran intensidad que puede, incluso, superar el gradiente dieléctrico del medio en el que se encuentran y generar una descarga eléctrica con emisión de luz. Este mecanismo es el que algunos investigadores, como David Finkelstein, James Powell y R. Hill, presentan como responsable de las Luces de los Terremotos EQL (Earth Quake Lights).

El cuarzo es un elemento muy difundido en la corteza terrestre; el terremoto de Izu del 26 de noviembre de 1930 se produjo en una zona con alto contenido en cuarzo. En la elaboración de su teoría, Finkelstein y Powell calcularon que una onda sísmica con frecuencias comprendidas entre 1 a 10 Hz, pueden ejercer una presión de 30 a 300 bar, que a su vez puede generar un campo eléctrico en el medio de 500 a 5,000 V/cm. Para una distancia de media longitud de onda sísmica, se pueden obtener gradientes de potencial parecidos a los que generan los relámpagos en una tormenta atmosférica normal (5 x 107 a 5 x 108 V). De esta manera el fuerte campo eléctrico en la superficie puede generar las centellas, luces, y globos luminosos que se reportan en los terremotos.

El único punto débil de esta teoría es el hecho de que para soportar un gradiente de potencial tan elevado se necesita una resistividad del terreno extremadamente elevada (109 Ohm x metro), mientras que el valor real medido resulta ser de sólo 300 a 3,000 Ohm x metro. Esto ha hecho que se introduzcan nuevos parámetros para corregir la teoría y poder sostener su validez. Sin embargo, algo que le ha dado cierta validez a la teoría son las experiencias en laboratorio con varios tipos de roca.

En el terremoto de Tangshan, de 7.8 en la escala de Mercalli (M 7.8), del 28 de julio de 1976 se captaron extrañas interferencias en las comunicaciones de radio. También se han captado emisiones de RF (radiofrecuencia) en el rango de 106 Hz. (Mhz). El 31 de marzo de 1980, por ejemplo, se captaron señales en la banda ELF de 10 Hz a 81 KHz, durante 30 minutos antes del terremoto (M 7) en Tokio. La señal provenía de un lugar a 250 Km de distancia del receptor de radio y a una profundidad de 480 Km.

Uzi Nitsan, en 1977 demostró que todos los materiales que contienen minerales piezoeléctricos, como el cuarzo, granito y arena, si se someten a compresión, emiten señales de RF, lo que no ocurre con los materiales como el basalto, la obsidiana o las rocas calcáreas.

B) Campo eléctrico debido al contacto o separación de materiales rocosos.

Cuando dos tipos de rocas se ponen en contacto se genera un gradiente de tensión debido a la composición química distinta de los materiales, creando un cúmulo de carga eléctrica a lo largo de la superficie de contacto. Esta situación permanece en tanto no se retorne al equilibrio eléctrico al pasar los electrones de la zona con potencial mayor a la de menor. Esta separación momentánea de carga genera un campo eléctrico modesto, que en escala macroscópica, en el caso de un terremoto, puede producir un campo eléctrico de gran intensidad capaz de producir EQL. Una acción diametralmente opuesta, es decir, la separación instantánea de dos rocas, como la que ocurre en una zona de fractura, da origen a un gradiente de potencial a lo largo de la superficie de la rotura, dando lugar a un paso de electrones a través del proceso llamado “efecto túnel”.

C) Triboelectricidad y piroelectricidad

En su investigación Musya y Terada recogieron varios testimonios de luces observadas a lo largo de los flancos de la montaña, en concomitancia con las avalanchas. La causa era debida a la triboluminiscencia y la piroelectricidad.

La triboelectricidad es la propiedad de algunos materiales de electrizarse por fricción. La fricción genera calor y esto produce otro mecanismo: la piroelectricidad.

En este caso algunos cristales, como la turmalina se calientan produciendo una separación de cargas en las caras opuestas de su estructura. A gran escala esto produce valores de campo eléctrico elevados

D) Movimientos oscilatorios del aire al nivel del suelo.

James E. McDonald, el famoso ufólogo y geofísico de los sesenta, analizó varios casos de terremotos con presencia de luces, a finales de esa década, y llegó a la conclusión de que un posible mecanismo residía en la violenta perturbación que trasmite el suelo, durante un terremoto, a la masa de aire sobre él. Estas perturbaciones producen rápidos movimientos ascensionales, que son transportados con sus cargas eléctricas presentes. De esta separación tan rápida se crea un gradiente de tensión que puede formar luces sísmicas mediante el fenómeno de descarga reportados.

E) Descarga electroquímica luminiscente.

El químico Tributsch H., ha sugerido que las EQL y otros signos precursores pueden ser parte causados por un aumento en la carga electrostática de la atmósfera sobre la zona del epicentro (electricidad atmosférica). La causa de este aumento de carga libera cargas electroquímicas luminiscentes. El hecho de que los terremotos influencian el clima, aumentando la electricidad atmosférica, es cosa conocida de hace tiempo. El primero en reconocer esto fue el explorador y naturalista alemán Alexander von Humboldt en 1799 cuando fue sorprendido, en Cumana, Venezuela, por una serie de terremotos. Humboldt, durante el sismo, hizo una serie de mediciones meteorológicas (presión, temperatura, carga eléctrica atmosférica), llegando a determinar con un electrómetro, un considerable aumento en la electricidad en el aire, carga electrostática. A un mismo resultado llegó Vassalli Eandi, sismólogo italiano, durante el sismo piamontés de 1808. La hipótesis de Tributsch se funda en el hecho de que el cuarzo, de propiedades piezoeléctricas, es un mineral muy difundido en la corteza terrestre y en presencia de una onda de compresión, temblor, produce un gradiente de potencial elevadísimo. Los bajos valores de resistividad del terreno no pueden sostener esta separación de carga y hacen que la corriente eléctrica atraviese varios estratos de terreno.

La corteza terrestre no esta formada por completo de rocas compactas, uniformemente distribuidas, estas tienen fracturas y cavidades que pueden estar llenas de agua. La corriente eléctrica, atravesando estos sistemas complejos, estimula la aparición de dos fenómenos electroquímicos. El primero es el surgimiento de un proceso electrolítico del agua, con la separación de los dos elementos que la constituyen, y si la intensidad de la corriente lo permite, la emisión electrolítica de las sales eventualmente disueltas. El segundo proceso son las descargas electroquímicas luminiscentes. Si una celda electroquímica tiene uno de sus dos electrodos fuera de la superficie acuosa, dejando una sutil película de aire, entre el electrodo y el líquido continuará fluyendo la corriente manifestando un efecto luminiscente. En esta reacción lo que más interesa no es la luminiscencia en sí, sino el hecho de que la reacción es equiparable a un proceso electrolítico, que viene liberando radiación ionizante en el campo del ultravioleta y radiación de baja energía.

La condición para que se produzca este proceso es que entre los dos electrodos exista una diferencia de potencial de 500 a 800 Volt.

La corriente que discurre a través de la película de aire es de naturaleza iónica (los iones positivos del agua H+). Estos iones se aceleran por la diferencia de potencial presente entre el electrodo y la superficie acuosa, y cuando llegan a estar en contacto con el agua generan más, con el resultado final de la formación de una notable cantidad de iones positivos. El transporte de este proceso al interior de la corteza terrestre no resulta una operación errática; en efecto, el aumento del stress tectónico, en la zona del sismo, produce la formación de fracturas, prontamente llenadas con agua, siempre presente en el subsuelo. Ya que el aire y el agua se interpolan en la corteza terrestre y suponiendo que la corriente telúrica precedentemente examinada, se debe producir este efecto electroquímico. Los iones liberados se recombinan en parte en el subsuelo, pero otros lo hacen en el aire.

Este aumento de cargas libres eleva el gradiente dieléctrico del medio (aire), facilitando la formación de los fenómenos luminosos producidos por un mecanismo de descarga del tipo corona, fuegos de San Elmo y rayos.

F) Emisiones exoelectrónicas.

En 1986 Brian Brady y Glen Rowell condujeron una serie de experimentos que produjeron resultados inesperados. Para verificar la hipótesis de que las luminosidades se producen por la compresión de las masas rocosas, Brady y Rowell hicieron varios análisis espectrográficos en el visible y el infrarrojo. Esto permitiría determinar el tipo de proceso involucrado en la formación de estas luces. Hasta ese momento se consideraba el fenómeno de la piezoelectricidad; el calentamiento debido a la incandescencia de los materiales rocosos; la emisión de plasma por la fractura de las rocas produciendo la emisión de electrones o aerosoles ionizantes que, interactuando con los gases de la atmósfera emitían radiaciones visibles.

Por lo tanto un análisis espectrográfico podría verificar la validez de cualquiera de estas hipótesis. Cada una de las hipótesis propuestas podría generar un espectro óptico de características inconfundibles. La radiación óptica debida al calentamiento produce un espectro continuo en la región del visible similar al de un cuerpo negro colocado a la misma temperatura. Los procesos piezoeléctricos producen líneas continuas características de los elementos excitados. En el caso de la emisión luminosa fuese producida por un plasma, el análisis daría un espectro continuo, con la sobreposición de la línea de emisión causante de la interacción electromagnética en el interior del plasmoide. Y, finalmente, si la emisión fuese producida por la interacción de gas atmosférico y electrones emitidos por las rocas, se tendrían líneas espectrales típicas del gas excitado.

Brady y Powell eligieron sólo dos tipos de rocas para su experimento: basalto y granito. El primero no posee cristales piezoeléctricos, mientras que el segundo es muy rico en ellos. Se utilizó argón, helio y aire (todos ellos a presión atmosférica), agua y vacío. Los espectros obtenidos eran muy semejantes tanto con granito como con basalto. Es decir, el espectro era independiente del tipo de roca (piezoeléctrico o no) utilizado y las líneas espectrales eran las típicas del ambiente atmosférico en el que se efectuó el experimento. Ni espectro continuo, ni líneas de emisión debidas al plasma, sino líneas espectrales de argón, helio y de los gases contenidos en la atmósfera estándar. Se obtuvieron emisiones luminosas aunque en el granito inmerso en agua se formó el espectro del hidrógeno atómico. En el vacío (10-6 torr) el espectro que se obtuvo era menos claro, no aparecía una banda continua ni una línea reconocible del material probado. Comparando este espectro con el obtenido en un vacío menos intenso (10-3 torr), reconocieron que el espectro era el del aire. La conclusión de los investigadores fue que el fenómeno responsable de la luminiscencia, en este caso, era el bombardeo de los constituyentes atmosféricos con electrones emitidos por las rocas sujetas a compresión.

Otra conclusión fue que los conceptos fundamentales de que las EQL podían ser producidas en los terremotos de magnitud modesta y que las luces se podían manifestar en el agua, avalando el testimonio de los testigos en el mar.

G) Hipótesis de la fricción. Vaporización.

D. Lockner, M. Johnston y J. Byerlee estudiando los fenómenos geofísicos que se producen en la profundidad de la corteza terrestre en presencia de un terremoto, sugirieron una nueva hipótesis en 1983. Durante el terremoto en la zona focal se genera un calentamiento de las rocas causado por la presencia de un fuerte estado de compresión tectónica. En esta zona el agua presente se evapora formando cargas eléctricas libres mediante el bien conocido proceso Leonard.

En efecto, en presencia de una rápida evaporación o nebulización del agua, actúa una destrucción instantánea de la tensión superficial del líquido que contribuye a la aparición de cargas electrostáticas. Al mismo tiempo, el aporte de calor debido al encuentro de las masas tectónicas continúa elevando la temperatura, ocasionando una disminución de la resistividad eléctrica de las rocas sujetas a calentamiento. Este proceso produce un canal de alta conductividad en donde, al concentrarse las cargas liberadas, surgirá un fuerte campo eléctrico. Si el proceso se produce a una profundidad no muy grande, el campo generado modificará el gradiente eléctrico atmosférico estimulando la aparición de un fenómeno luminoso parecido a los relámpagos o a las descargas en corona.

H) Hipótesis electrocinética del agua (potencial 0)

Algunos investigadores japoneses refutaron la hipótesis piezoeléctrica para las EQL. Si se considera la formación un fuerte campo eléctrico, como la suma de simples campos piezoeléctricos, esto sólo se podría producir si en la estructura los cristales estuvieran alineados en la misma dirección. De otra manera, la orientación casual de los minerales puede anular esos campos. H. Mizutani e T. Ishido supusieron que el escurrimiento subterráneo del agua es la causa desencadenante de las luces sísmicas observadas en Matsushiro entre 1965 y 1967.

Poniendo en contacto dos materiales de naturaleza química diferente se puede crear un gradiente de potencial a lo largo de la superficie de contacto (debido a la acumulación de cargas positivas en un lado y negativas en el otro). El proceso se complica si uno de los dos compuestos resulta ser una solución acuosa (agua y sal) en movimiento. Aunque en este caso, luego de perder el contacto, se crea una barrera de potencial eléctrico, con una acumulación relativa de cargas de signo opuesto a lo largo y circundando la superficie. Suponiendo que la parte sólida posee un potencial negativo, en la solución acuosa se forma una separación de cargas H+ y OH, con la tendencia de los protones H+ a difundirse al interior del estrato sólido, mediante un proceso osmótico. Con este evento se forma un estrato de iones H+ firmemente vinculado a lo largo de las paredes de contacto. Considerando el hecho de que la solución electrolítica está en movimiento, y que algunas de las cargas están vinculadas a las paredes, las restantes (OH y parte de H+) con el correr del tiempo, forman una barrera de potencial (potencial 0) con un campo eléctrico relativo.

La intensidad de este campo depende de la concentración de las sustancias disueltas, del pH, de la presión y de la temperatura de la solución acuosa. Este proceso, transportado a gran escala podría explicar la aparición de las EQL en Matsushiro. El campo eléctrico resultante del escurrimiento en una fina red de poros y fracturas puede alcanzar valores de intensidad tales, que permiten la aparición de fenómenos luminosos atmosféricos (efecto corona y relámpagos).

I) El campo eléctrico y la aceleración de cargas atmosféricas.

Una de las últimas teorías propuestas es la del japonés M. Ikeya y S. Takaki en 1996. Según ellos la triboelectricidad, la piezoelectricidad y el proceso electrocinética del agua pueden generar sólo cargas electrostáticas transitorias. La intensidad del campo eléctrico producido por estos procesos no produce más que alcance valores para los cuales se manifiestan fenómenos luminosos mediante descargas como los efectos corona, centellas y fuegos de San Elmo. La hipótesis sugerida por los japoneses es que los procesos precedentes, como el piezoeléctrico, pueden intervenir en la creación de un campo eléctrico modulado a lo largo de la zona de la rotura (hipocentro). El campo tiene una característica de ser por impulsos, mientras los minerales piezoeléctricos son estimulados por la onda sísmica, determinan la aparición de cargas eléctricas momentáneas que se recombinan en periodos de tiempo pequeños, gracias a la baja resistividad del terreno. Esta secuencia de separaciones y recombinaciones de carga determinan el carácter de impulso del campo y la extensión de su esfera de influencia en la baja atmósfera, y le permite imprimir una aceleración a las partículas liberadas (electrones) que están normalmente presentes en una baja concentración (la densidad de carga es máxima al nivel de la ionosfera y disminuye con la altura).

Las cargas aceleradas de esta forma colisionan con las moléculas del gas atmosférico (oxígeno y nitrógeno) estimulando la emisión de fotones, en número tal, que es perceptible como EQL.

J) Fonoluminiscencia.

En varios testimonios de EQL hay reportes de estas luces vistas en el mar. Estos han obligado a los investigadores a proponer otros medios físicos que permitan la aparición en el mar. La fonoluminiscencia o sonoluminiscencia es un proceso en el que la conversión directa del sonido en luz. Este fenómeno no esta muy bien comprendido, fue descubierto por Frenzel y Schultes en 1934 cuando pudieron producir una bola luminosa estimulando el agua con una onda sonora. Una bola de aire inmersa en agua, cuando es estimulada por una onda sonora de alta frecuencia comienza un proceso de expansión y contracción de la bola. La superficie de la esfera implosiona hacia el centro a velocidad supersónica para después explotar a la dimensión original con una velocidad similar. El ritmo de estas pulsaciones es proporcional a la frecuencia utilizada. Una bola de aire puede pulsar regularmente unas 30,000 veces por segundo. Durante este proceso la temperatura interna de la bola alcanza valores superiores a los que se registran en la superficie del Sol, con emisión luminosa en la parte gamma y azul del ultravioleta. Johnston A. sugiere que durante un terremoto la onda de compresión (p, onda primaria) propagándose en el interior de la masa de agua, estimula la aparición de estas manifestaciones luminosas gracias al proceso ya indicado.

K) Quimiluminiscencia y combustión

En el Siglo XIX se pensó en la posibilidad de que los gases fueran la causa de estos fenómenos luminosos. Los investigadores reconocieron los reportes en donde se mencionaba olores nauseabundos como de azufre.

Entre los fenómenos implicados puede estar el de la quimiluminiscencia. Esta es una reacción química que manifiesta emisiones luminosas. El gas emanado de las profundidades, en contacto con el oxígeno, nitrógeno u ozono puede generar una reacción luminiscente. Lo que resulta difícil determinar es la naturaleza exacta de este gas. Peter Hedervari y Zoltan Noszticzius relacionaron estos fenómenos a los llamados Transient Lunar Phenomena o TLP, que son reportes de luces en la superficie de la luna que se han dado desde hace mucho tiempo. Existen más de 1,400 de estos reportes que permiten asegurar que no todos son debidos a errores, distorsiones del instrumento de observación u otras explicaciones. Es decir. El fenómeno existe y se distribuye en un área bien delimitada en el cráter de Aristarcos (330 casos), Platón (75) y Alphonsus (25). Después de las misiones Apollo, cuando se instaló una red de estudio sísmico, se observó que la Luna poseía una cierta actividad sísmica y que después de los lunamotos se registraba un aumento de TLP. Se supuso que durante los movimientos sísmicos se escapaban los gases presentes en el subsuelo lunar y producían esas luminosidades transitorias. Estas eran producto de una reacción quimiluminiscente estimulada por los rayos cósmicos.

T. Gold y S. Soter encontraron que en ciertos terremotos el metano sale de la superficie terrestre y se enciende en contacto con el aire.

El gas, una mezcla de dos tercios de metano y el resto dióxido de carbono, es producido por la descomposición y putrefacción de los vegetales y animales en un ambiente anaerobio.

LAS PRIMERAS INVESTIGACIONES SOBRE LAS LUCES TELÚRICAS

Aunque Devereux y otros autores afirman que John S. Derr hizo su aparición en el campo de las luces telúricas a mediados de los ochenta, la verdad es que no es cierto. Probablemente fue de los primeros geofísicos occidentales, junto con Byerly, Davison, Finkelstein y Powell, en ocuparse del asunto. Conozco por lo menos un artículo de 1973 en que Derr hace una revisión de las teorías con las que se contaba en ese momento.

Las primeras investigaciones sobre este fenómeno fueron las realizadas por Galli. Posteriormente, en el siglo pasado Terada y Musya llevaron a cabo sus investigaciones. Davison describió el fenómeno para la comunidad científica norteamericana en 1936 y 1937. Byerly escribió en su artículo de 1942:

“Después del temblor de enero de 1922, en el Norte de California, un testigo reportó un destello en el mar que, al principio, creyó que era un barco en llamas. Durante el temblor en octubre de 1926, en la Bahía de Monterey, un observador reportó un destello en el mar que parecía como un “transformador explotando”. En el terremoto del Condado de Humbolt, California, en 1932, un testigo dijo que “varios de mis amigos y yo vimos, al Este, lo que parecía ser relámpagos en bola viajando de la tierra al cielo. La noche era clara”. Se han hecho varios intentos en describir las luces de los terremotos como fenómenos secundarios, ya que no conocemos la fuente de tales luces en el fenómeno original del terremoto. En verdad, los movimientos de una falla podrían generar considerable calor, como ocurrió en el terremoto de Sonoro en 1897, en donde los árboles que estaban sobre la falla se chamuscaron. Pero esto difícilmente podría producir destellos en el cielo, particularmente sobre el océano. En los tiempos modernos, la prevalencia de las líneas eléctricas permite explicar muchas de estas observaciones como debidas a rupturas en tales líneas; pero muchas no se ajustan a esta hipótesis. Los deslizamientos en las montañas pueden generar mucho calor por fricción. En el temblor de Owens Valley de 1872, se produjeron varios incendios por dicha causa. En algunos casos las tormentas pueden coincidir con los temblores, y de esta manera los relámpagos pueden dar cuenta de los reportes de los destellos. Las luces en el mar se han atribuido a organismos marinos que, al excitarse por las vibraciones, emiten luz”.

Otro sismólogo japonés, Yutake Yasui ha estudiado algunas fotos de estas luces tomadas en la oleada de temblores en Matsushiro, Japón, de 1965 a 1967. De los 35 avistamientos y de las fotografías se eliminaron los fenómenos relacionados, como relámpagos distantes, meteoros, luz zodiacal, luces del crepúsculo y arcos en las líneas eléctricas. Sólo quedaron 18 casos sin explicar. Yasui concluyó que uno de estos fenómenos desconocidos son las luminiscencias sobre las montañas que duran de más de 10 segundos a pocos minutos y que se producen en las noches frías y calmas de invierno. El piensa que es un fenómeno eléctrico atmosférico, pero el mecanismo telúrico que lo dispara es desconocido. Existen cinco características en los fenómenos estudiados por Yasui:

1. El centro del cuerpo luminoso es una hemiesfera de diámetros que van de 20 a 200 metros. El cuerpo es blanco, pero las reflexiones sobre las nubes pueden ser de colores.

2. La luminiscencia sigue, por lo regular, al terremoto con una duración de 10 segundos a 2 minutos.

3. Las luminiscencias aparecen en áreas restringidas, ninguna de ellas en el epicentro. También aparecen en la cumbre de las montañas con rocas sin cuarzo-diorita.

4. A la luminiscencia le siguen ondas esféricas que son más fuertes en el rango de 10 a 20 KHz. La luminiscencia aparece con más frecuencia después que ha pasado un frente frío.

5. No existen indicaciones en los magnetómetros de los observatorios locales.

Yasui cree que la ionización en la atmósfera baja por lo regular se incrementa en el momento de los terremotos y es lo que causa los fenómenos luminosos en los lugares en donde el potencial eléctrico es grande.

En México sólo el doctor Cina Lomnitz Arosnfrau, que yo sepa, ha estudiado tangencialmente el fenómeno. Para él todos los fenómenos precursores a los terremotos (luces, sonidos, reacciones de los animales, etcétera), son causados por efectos electromagnéticos. Lomnitz reporta su propio caso en el temblor del 2 de agosto de 1968 en la ciudad de México. Un perro comenzó a tener una conducta inusual, al menos un minuto antes que se sintiera el temblor, con epicentro en las costas de Oaxaca. También recabó información de los fenómenos luminosos observados en el D.F. con ocasión del terremoto de 1957, con epicentro en las costas de Acapulco. Esto indica, según Lomnitz, que los efectos electromagnéticos durante los terremotos de magnitud 6.5, o mayores, se llegan a sentir a distancias de entre 3° y 4° del epicentro.

James E. McDonald en sus años mozos. Su interés en los OVNIs y su profesión le hicieron arribar al tema de las luces sísmicas. Probablemente si no se hubiera obnubilado por los OVNIs, habría hecho algunos descubrimientos interesantes en el campo de la Geofísica.

El famoso naturalista alemán, Fiedrich Heinrich Alexander, Barón de Humboldt.

Luces de Marfa.

Una de las pocas fotos conocidas de las luces de los terremotos.

Luces de la tierra.

Las luces de Hessdalen (Valle de Hess) son, actualmente, el fenómeno triboluminiscente más famoso del mundo. Se lleva años estudiándolo.

Las luces de los terremotos, como estas en una fotografía tomada durante los sismos en Matsushiro, Japón, en 1965-1967. La investigación de este tipo de fenómenos atmosféricos promete resolver muchos avistamientos OVNI.

El doctor Cinna Lomnitz Aronsfrau, en su cubículo del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Continuará… Vea también los siguientes enlaces
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-primera-parte/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-y-2/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-y-3/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-y-4/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/06/las-luces-de-los-terremotos-final/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/05/luces-de-los-terremotos/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/luces-de-los-terremotos-en-per/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/el-terremoto-de-per-y-las-luces-ssmicas/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/otro-video-de-las-luces-de-los-terremotos-en-per/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/transformadores-o-luces-de-los-terremotos/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/luces-rojas-en-el-terremoto-de-per/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/luces-elctricas-en-el-terremoto-de-per/

Las luces de los terremotos (y 2)

EN EL PAÍS DEL SOL NACIENTE

Japón es un sitio con gran actividad sísmica, y no es raro que una buena parte de los recursos económicos asignados a la investigación científica, se dediquen al estudio de los terremotos. El fenómeno en Japón es conocido desde la antigüedad. Un viejo haiku dice lo siguiente:

“La tierra le habla

suavemente a la montaña,

que tiembla

e ilumina el cielo”.

El geólogo japonés Kinkiti Musya mencionó que la mayoría de los objetos vistos durante los temblores tienen las siguientes formas: haz, columnas, bolas de fuego, pelotas, embudos y trompetas. La mayoría de estos fenómenos se ven en el epicentro del temblor. Bajo la luz de estos fenómenos se pueden ver los árboles y las casas sin necesidad de otra fuente de luz. Se calcula que tienen aproximadamente 1 x 108 CP (Candle Power) y pueden llegar a iluminar una región a 100 kilómetros de distancia.

Musya clasificó las luces de los terremotos en:

1. Iluminación instantánea e indefinida

a. relámpagos

b. chispas de luz

c. bandas delgadas de luz

2. masas móviles luminosas bien definidas

a. bolas de fuego (centellas)

b. columnas de fuego verticales

c. haz de fuego (horizontal y oblicuo)

d. chimeneas luminosas

3. Flamas y emanaciones brillantes

a. flamas

b. llamas pequeñas

c. múltiples chispas

d. vapor luminoso

4. Fosforescencia de nubes y cielo

a. luz difusa en el cielo

b. nubes luminosas

Torahiko Terada, quien investigó profundamente estos fenómenos hizo la siguiente descripción de ellos:

“Características del fenómeno.

“1.- Color e intensidad de la luz.

“La mayoría de las veces se reporta un azul pálido similar al de los relámpagos. Sin embargo, hay testigos que informan que el color era rojo o naranja parecido al de las chispas.

“Causas probables del fenómeno.

“a) Fuegos distantes. Durante los temblores se producen algunos incendios que podrían confundir a observadores distantes.

“b) Relámpagos. Es poco probable que ocurran los dos fenómenos al mismo tiempo (Temblor y tormenta).

“c) Chispas eléctricas. Corto circuitos. Esto no podría explicar porqué la mayoría de los reportes localizan el fenómeno sobre el epicentro del temblor. Tampoco explica la duración del fenómeno, ya que un corto circuito tiene una vida media corta. Y finalmente no explica todos los reportes que se dieron antes de que se utilizara la electricidad.

“d) Triboluminiscencia producida por deslices de terreno. No podría explicar la enorme intensidad de la luz observada.

“e) Movimiento del agua en la corteza terrestre. En el Proceedings of Imperial Academy, Volumen VI, Número 10, páginas 401-404, de 1930, se demuestra que el movimiento del agua a través de capas subterráneas conteniendo una cadena de canales capilares pueden, bajo condiciones favorables, producir una enorme diferencia de potencial en la atmósfera superior y excitar una descarga eléctrica luminosa en la misma.

“De acuerdo con Wiedemann, Quincke, Helmholtz y sus estudios de química de superficies, una diferencia de potencial llamada Stromungs-potential se establece entre dos extremos de un tubo capilar por el cual fluye un líquido bajo un gradiente de presión.

“Galli dice que una explicación sencilla fundada en el vapor de agua puede dar la explicación a estos fenómenos: «Este vapor, saliendo con suficiente presión por una fisura puede dar origen a una manifestación eléctrica parecida a la que se obtiene en el laboratorio con la máquina de Armstrong»”.

Ignacio Galli, el físico italiano al que hacía referencia Terada, tenía una impresionante colección de trabajos sobre este fenómeno y los relámpagos esféricos o centellas.

Uno de los eventos sísmicos que produjo mayor información, fue el sismo del 26 de noviembre de 1930 en la península de Edo (Izu). Musya recopiló más de 1500 testimonios. Envió 150 cuestionarios a las escuelas preparatorias y universidades pidiendo información sobre cualquier manifestación luminosa que se hubiese visto durante el terremoto. Al mismo tiempo, Terada reconstruyó el evento. Los fenómenos luminosos se observaron en un área vasta: 80 Km al Este, 110 Km al Nordeste y 70 Km al Oeste del epicentro. La distribución de los testimonios se correspondía a la distribución de la población y a la intensidad del sismo en esos lugares. De notable valor fueron los reportes de los guardas forestales de la torre de Sibaura (Tokio); la importancia fundamental estriba en que el fenómeno fue observado antes de la aparición del temblor (a las 4.03 de la mañana). El vigía de la torre notó, unos 6 segundos antes del temblor, una luz en dirección del Sur, que ascendió súbitamente al cielo al momento del sismo. Las observaciones restantes reportaron lámparas y fuegos de una duración increíblemente larga con respecto a las reportadas en otras ocasiones. Diversos testimonios reportaron la presencia de un cielo limpio y sin nubes (lo cual fue comprobado por la carta meteorológica consultada por Terada); al contrario de otros casos en los que se reportó algún banco de nubes. Sin embargo la vastedad de la zona que afecto el temblor puede permitir la coexistencia de varias condiciones meteorológicas. Se reportaron diversos casos de trabes y columnas luminosas observadas en distintos lugares. Algunos informaron de rayos luminosos emergiendo del suelo, tan intensos como los reflectores eléctricos. Se describieron algunas nubes luminosas, algunas de ellas tan brillantes como para permitir observar el más mínimo detalle de objetos a más de 250 metros de distancia.

El día anterior al terremoto, a las 4 p.m., varios pescadores de Siduura, observaron desde el mar un objeto luminoso esférico, que salió de la parte central del monte Wasidu, al oeste del monte Amago, y que se movió hacia el noroeste a gran velocidad.

Se vieron muchas bolas de fuego y nubes luminosas. También se vio una luz en forma de chimenea o parecida a una de las luces que actualmente se utilizan con motivos publicitarios. La mayor parte de los testigos vieron una luminosidad azul pálido o blanca, pero otros reportaron luces rojas y naranjas. Musya escribió al respecto:

“Las observaciones fueron tan abundantes y se hicieron tan cuidadosamente que no se pueden guardar dudas de la realidad del fenómeno y su conexión con el temblor. En la mayoría de ellos, el cielo brillaba como si fuera un relámpago en forma de hoja, y todos los observadores coinciden en afirmar que la duración de uno de esos destellos era mayor a la de los relámpagos normales. En un lugar localizado al Este de la bahía de Tokio, la luz parecía una banda auroral que divergía de un punto del horizonte. Se vieron en diferentes sitios haz y columnas de luz, varios observadores compararon dicho haz a los de un reflector. Otros describieron luces como bolas de fuego. Algunos declararon que las nubes se veían iluminadas o que un destello rojizo iluminaba el cielo. En Hakona-Mati, cerca del epicentro, y al Noroeste, se vio un flash de luz que aparecía un punto y luego en otro, y cuando el terremoto estaba en su clímax, al Suroeste apareció una columna de luz compacta, como si tuviera masa. De acuerdo con la mayoría de los observadores, el color de la luz era azul pálido o blanco, o como el del relámpago, pero otros vieron colores rojos y naranja. Se dijo que en Tokio la luz era tan brillante que los objetos en las habitaciones se podían ver fácilmente. En otro lugar, cerca de 50 kilómetros del epicentro, fue más brillante que la Luna llena…

“Las luces se vieron antes y después del terremoto, pero fueron más conspicuas durante el mismo. La dirección en que fueron vistas las luces, en general, apuntaban al epicentro, esto es, hacia la parte Norte de la península de Idu. Sin embargo también se vieron luces en otras direcciones, incluso en dirección del mar…

Durante el siguiente año Musya investigó otros fenómenos luminosos reportados en otros cuatro temblores. Los más numerosos fueron los del temblor del Sur de Hyga, en noviembre 2 de 1931. En este temblor se describieron las luces como un haz que salía de un punto en el horizonte, dándole al cielo nocturno una coloración azul.

Varios resplandores, de breve y mediana duración, se debieron a la ruptura de los cables eléctricos. Se dieron reportes en los que se informaba que los cortocircuitos produjeron tal intensidad de luz que se podía observar perfectamente el ambiente circundante. Algunos reportes se debieron, sin duda, a estas fallas eléctricas, pero otros, los que ocurrieron en zonas en donde no había electricidad no tienen esta explicación. La abundante casuística recopilada por Musya y Terada les llevó a concluir que, el proceso físico involucrado, era la triboluminiscencia. Esta teoría fue sometida a pruebas de laboratorio en las que se uso un aparato constituido por un disco metálico, de 5 mm de espesor, al que se le hacía girar rápidamente, mediante un motor eléctrico que trituraba diferentes tipos de rocas colocadas en su interior. Este instrumento simple y rudimentario produjo emisiones de luces en la superficie de contacto entre el disco y las rocas, confirmando la tesis de los investigadores.

Terada T., Hirata M. y Utigusaki T., del Instituto de Investigaciones Físico Químicas del Japón realizaron experimentos de triboluminiscencia para tratar de probar que éste es el origen de los fenómenos luminosos vistos durante los temblores.

Cuando se comprimen los cristales de ciertas sustancias (el azúcar, por ejemplo), se hacen visibles chispas y otros fenómenos luminiscentes. Íntimamente relacionado a esto está la luminiscencia azul tenue que se observa cuando se desenrolla una cinta adhesiva, y la luminiscencia exhibida cuando el bromato de estroncio, y algunas otras sales, se cristalizan en soluciones calientes. En todos estos casos se producen cargas positivas y negativas, por la separación mecánica de las superficies y durante el proceso de cristalización. La emisión de luz ocurre por descarga, tanto directamente por fragmentos moleculares, o vía excitación de la atmósfera en la vecindad de las superficies separadas: el resplandor azul proveniente de las cintas adhesivas es emitido por el N2 del aire que ha sido excitado por las descargas eléctricas.

Los movimientos de tierra producen tensiones en las rocas cristalinas por las cuales el efecto piezoeléctrico genera campos eléctricos de varios miles de volts por metro. Estos campos electromagnéticos se concentran en las áreas de más susceptibilidad, como lo son las líneas de falla. Teóricamente estos campos pueden crear la ionización de un bajo nivel de las moléculas de aire adyacentes a la columna eléctrica que se proyecta a través del terreno.

Otro proceso que podía dar cuenta de la fuerte intensidad del campo eléctrico es el flujo del agua a través de los microscópicos capilares de las rocas, debida a la presión de las ondas sísmicas. Este proceso produce destellos luminosos similares a los relámpagos.

UN FORTEANO CIENTÍFICO

William R. Corliss es la nueva imagen del forteanismo. A diferencia de su antecesor (Fort), Corliss tiene una excelente preparación académica y su estilo no es tan obtuso como el de “la foca del Bronx”. Se licenció en física, en 1950, en el Rensselaer Polytechnic Institute, y obtuvo una maestría en ciencias físicas por la Universidad de Colorado, en 1953. Trabajó en la industria espacial desarrollando proyectos de motores de propulsión. Luego se dedicó a escribir temas de divulgación científica que iban de la tecnología espacial, la astronomía, a la geofísica. Escribió para la Nacional Science Foundation, La National Aeronautics and Space Administration y la Energy Research and Development Administration. Pero no fue sino hasta 1974 que encontró su verdadera vocación. Fundó su Soucerbook Project, dedicado a recopilar notas aparecidas en la literatura científica de todo el mundo, en donde se da cuenta de anomalías en los campos de la astronomía, geología, biología, geofísica y arqueología.

En el campo de las luces de los terremotos, Corliss tiene un extenso abanico que mostrar. El siguiente es sólo un ejemplo aparecido en el Scientific American:

“El Dr. Walter Knoche, el director alemán del Servicio Meteorológico Chileno, inició una investigación del curioso fenómeno llamado “relámpago de calor” que frecuentemente se observa a lo largo de las cumbres de los Andes, y ocasionalmente es visible desde mar adentro. (En un caso el Dr. Knoche lo vio desde la Isla de Pascua, a 540 Km de las costas chilenas).

“Las tormentas con relámpagos son raras en Chile, y este hecho puede explicarse por la suposición de que los Andes actúan como gigantescos pararrayos, entre los cuales ocurren, a gran escala, descargas silentes desde las nubes. Las descargas visibles ocurren durante la estación cálida, desde finales de la primavera hasta el otoño, y parecen concentrarse sobre ciertos puntos. De acuerdo con el Dr. Knoche parecen estar confinadas a cierta región de los Andes, la Cordillera Real, en la costa. Vistas desde un punto favorable y cercano a su origen, se puede observar, a veces, un destello constante alrededor de las cumbres de las montañas, con arranques ocasionales, que frecuentemente simulan un haz de luz parecido a los reflectores, que se dirigen hacia el Oeste y se extienden sobre el océano. El color de la luz es amarillo pálido, y raramente rojizo.

“Un hecho sorprendente de estas descargas es que se amplifican durante los terremotos. En el momento del gran terremoto de agosto de 1906, a través del centro de Chile, el cielo entero parecía estar en llamas; nunca antes ni después había estado tan brillante. Los nativos consideran estas luces como reflexiones en el cielo de la lava en los cráteres de los volcanes; pero parece no haber duda de que se trata de descargas eléctricas.

“Se ha planeado hacer mediciones espectroscópicas de este fenómeno singular, y también, si es posible, medir el campo eléctrico de la atmósfera en los altos Andes donde parecen tener su origen. Posiblemente el resultado pueda conectar los “Relámpagos de los Andes” con una forma peculiar de aurora que ha sido observada por Lemstrom sobre las cumbres de las montañas”.

OVNIS Y LUCES TELÚRICAS

Al iniciar el siglo pasado, Charles Hoy Fort reportó que meteoros “extraños” aparecían durante los terremotos. Pero no fue sino hasta 1960 que el ufólogo americano John A. Keel, que se asoció la aparición de esas luces con las líneas de falla magnéticas y con la presencia de los terremotos. En 1967 el escritor americano Vincent H. Gaddis se ocupó del tema y escribió el primer libro dedicado por entero a las luces misteriosas: Mysterious fires and lights. El libro es sensacional, y mucho de ello se debe a las excelentes dotes de escritor de Gaddis, un asiduo colaborador de la revista Fate. Este escritor es, también, el primero que se ocupo y bautizó al famoso Triángulo de las Bermudas, y el mismo que difundió varios casos de “desapariciones misteriosas” como el de David Lang u Oliver Larch (casos espurios de los que nos ocupamos en otro lugar). El libro que nos ocupa va de la presentación de casos de foo fighters a los critters (los OVNIs como organismos vivientes), centellas, anomalías en la recepción de radar, fuegos fatuos, fuegos de San Elmo, centellas y otros fenómenos relacionados. Su habilidad con la pluma no le exime de haber generado mucho de los mitos actuales de los cultores de los fenómenos paranormales.

Pasó tan solo un año, y poco antes de aquel famoso mayo francés del 68, y sin conocer la obra de Gaddis, (aunque la de Keel, probablemente, fue el disparador para dar una vuelta de giro a la fallida hipótesis de Aime Michel y las ortotenias, y presentarla bajo un sustento geofísico), el ufólogo francés Ferdinand Lagarde, tras un análisis concienzudo de 86 casos de presuntos aterrizajes de OVNIs en territorio francés, durante la oleada de 1954, determinó que el 37% de ellos se situaban sobre fallas geológicas. Con esos datos trató de demostrar una relación entre los avistamientos de OVNI y las fallas geológicas. Según él había una correlación notable entre los aterrizajes OVNI y la vecindad de fallas geológicas. Su hipótesis fue que los fenómenos piezoeléctricos generaban fenómenos electromagnéticos.

El ingeniero español Félix Ares de Blas halló una correlación parecida entre OVNIs y zonas geomagnéticas. Un trabajo similar fue el que realizó el capitán Tomás Ramírez y Barbero, de Zamora, y posteriormente, David G. López y Félix Ares de Blas publicaron un artículo en donde apuntaban:

“Queremos mencionar aquí la circunstancia, ya apuntada por algunos investigadores, de que el número de observaciones OVNI se incrementa en las horas anteriores y posteriores a los movimientos sísmicos. En España tuvimos ocasión de comprobarlo, aunque de forma no demasiado significativa, con motivo del sismo del 28 de febrero de 1969, que afectó primordialmente a la zona sur de la Península”.

Sus resultados encontraron eco en

“… la Embajada de Japón, mediante la publicación de una noticia donde se decía que científicos de aquel país han comprobado que durante las horas anteriores a cualquier movimiento sísmico, se han detectado alteraciones en el campo magnético de la zona”.

Tomás Ramírez y Barberó encontró que el 34.4% de las observaciones de OVNIs se producen sobre líneas de falla. Más tarde, la mancuerna Ares-López obtuvo un coeficiente de correlación de Pearson de -0.069 para el total de sismos versus OVNIs, comprendidos entre los años 1950 y 1977 (inclusive). Estos autores anotan:

“Los resultados obtenidos en este capítulo parecen estar en contradicción. Por un lado se demuestra la inexistencia de correlación entre las distribuciones que a lo largo del tiempo han seguido las observaciones OVNI y la actividad sísmica. Por otro, en cambio, existen leves indicios de que las líneas de falla y zonas de mayor intensidad sísmica son las que detectan un porcentaje de casuística OVNI superior al esperable por azar.

“No obstante, el científico soviético Iván Zayanchkovski, en un artículo publicado recientemente por la revista Sputnik, escribe el siguiente párrafo:

“«Se ha descubierto que durante los temblores de tierra aumentan las corrientes eléctricas, que surgen de las entrañas de la tierra a causa de la deformación de las rocas. Con la descarga de poderosos campos eléctricos, corrientes de electrones se precipitan desde las profundidades del subsuelo hasta la atmósfera; en el cielo aparecen luminiscencias y resplandores. Así sucedió en la madrugada del 26 de abril de 1966 en Tashkent: varios segundos antes de la sacudida se pudo observar un gran resplandor sobre la ciudad.

“«Por consiguiente, al observar los cambios de concentración de electrones en la atmósfera se pueden predecir los terremotos unas horas antes de producirse»”.

Efectivamente, los servicios sismológicos soviéticos declararon, según la Revue France-URSS, No. 60:

“Algunos instantes antes del terremoto que sufrió tan dolorosamente Tashkent en 1966, el cielo se iluminó como si ardiera por encima de la ciudad.

“Esta visión de Apocalipsis ha sido explicada: las deformaciones que sufren las rocas son acompañadas de emisiones de electrones que recalientan las capas subterráneas, aceleran su ruptura y llega a la atmósfera provocando esa iluminación”.

Ignacio Darnaude, en un estudio de la casuística andaluza, señala la observación de objetos no identificados en diversas localidades, coincidiendo con el terremoto de intensidad IX registrado en la noche del 28 de febrero de 1969.

Parece ser que en 1975, Andrew Cork y Paul Devereux publicaron las investigaciones que habían hecho en Leicestershire, relacionando múltiples anomalías meteorológicas con la aparición de OVNIs. No he tenido acceso a ese trabajo.

Un año antes, William R. Corliss fundó su Sourcebook Project y en 1976 publicaría su primer libro y al año siguiente iniciaría su Science Frontiers. En varias de estas obras menciona fenómenos luminosos naturales, que podrían ser confundidos con OVNIs.

Hilary Evans publicó, en julio de 1982 en su revista de ufología The Probe Report, un largo artículo en el que proponía una nueva etiqueta para la serie de fenómenos que estamos estudiando: BOL (Balls of Lights). Decía que eran entidades naturales e inteligentes “proteiformes” (con la propiedad de cambiar de forma) que en general no siempre viven en el aire y que son originarios de nuestra atmósfera. Se les describe como bolas de luz. Para Evans eran la “verdadera llave del enigma de los OVNIs”, y por ello animó el “Project Bolide”, en donde la palabra era en realidad el acrónimo “Ball of Light Internacional Data Exchange”, un grupo informal de apasionados que se dedicó a recopilar bibliografía de procedencia dispersa y de difícil acceso. La coordinación del grupo estuvo a cargo del ufólogo del BUFORA Robert Moore

Henk Hinfellar, de Nueva Zelanda; Paul Norman, de Melbourne (Australia) y Stan Seers, director del Departamento de Investigaciones de OVNIs en Brisbane (Australia), basándose en observaciones de OVNIs y en ortotenias, llegaron a determinar la correspondencia de estos avistamientos con las líneas de fractura, o sea, las zonas ubicadas en los cinturones de fuego que bordean la costa Oeste de América, la costa Este de África, el Mediterráneo, el Norte de la India y la costa e islas del Japón y de Oceanía, que forman el famoso cinturón de fuego del Pacífico. Sus resultados fueron expuestos en un capítulo de UFOs around the World.

Las luces de los terremotos han sido reportadas con tanta frecuencia que el doctor John S. Derr, del Servicio Geológico de los Estados Unidos (US Geological Survey), ha dicho que su existencia no puede seguir siendo ignorada. Derr ha investigado la posible correlación entre los fenómenos luminosos vistos en la reservación india de Yakima, Washington y las líneas de falla. En los años setenta hubo una oleada de avistamientos OVNI en la reservación, bajo la forma de luz ígnea, efectos de resplandor y destellos y curiosas nubes luminiscentes. También eran frecuentes los ruidos sordos bajo tierra. Las luces fueron bien observadas por los testigos, y también se tomaron fotografías. Los fenómenos tendían a congregarse alrededor de Toppenish Ridge, cordillera de múltiples fallas que cruza serpenteando la reservación. Curiosamente, la reservación se encuentra en el flanco oriental de las montañas Cascada, cerca de donde Kenneth Arnold vio sus famosos platillos voladores en 1947.

Cuenta una leyenda de los indios Yakima que hace mucho tiempo, cuando murió un chaman o médico brujo que tenía los ojos rojos, un objeto del cielo bajó a la tierra y se llevó los restos del brujo. Esos objetos luminosos se continúan viendo hasta nuestros días en la reservación de más de medio millón de hectáreas.

Muchos de los informes modernos provienen de vigías forestales contra incendio. Sus reportes hacen referencia a luces nocturnas rojo anaranjadas o blancas, que se comportan de modo errático. Joseph Allen Hynek recabó fondos para poner al ingeniero David Akers al mando de un proyecto de investigación. Haciendo uso de cámaras de foto fija, una de ellas con una rejilla para analizar la longitud de onda de la luz, y otras de cine, Akers se preparó a partir hacia Yakima. Contaba, además con un magnetómetro, contador Geiger y aparatos para medir radiaciones infrarrojas y ultrasonidos. Su expedición comenzó el 19 de agosto de 1972 y duró dos semanas. Durante ese tiempo logró tomar varias fotografías pero no se pudo llegar a conclusión alguna.

Desde comienzos de 1950, la Oficina Nacional de Información Geográfica ha confeccionado mapas de todas las zonas de fallas magnéticas de los Estados Unidos. Según el ufólogo Eric Norman, existe una importante concentración de informes sobre OVNIs en aquellas áreas.

Otra región que estudiaron Derr y Persinger fue Uintah Basin, en el Nordeste de Utah. También esta zona experimentó una oleada OVNI en los años setenta. Una vez más se vieron bolas, huevos de luz y globos que parecían tener un lustre metálico. Los investigadores encontraron indicios convincentes de la veracidad de la hipótesis relativa a la tensión tectónica.

Ya el mismo doctor Edward U. Condon había encargado al físico Martin D. Altschuler que investigara una posible relación entre estas luces y el fenómeno OVNI. Sus resultados aparecen en la Sección 12 y 13 del Informe Condon. Altschuler escribió:

“La mañana del 14 de noviembre de 1963 comenzaron las erupciones volcánicas a unos 23 kilómetros de las costas de Islandia, en donde la profundidad del mar es de 130 metros. En tan sólo 10 días de creo una isla de 1 kilómetro de longitud y de 100 metros sobre el nivel del mar. Había nacido la isla de Surtsey.

“Las películas del fenómeno muestran nubes que se elevan verticalmente a una velocidad de 12 m/seg hasta una altura de 9 Km. Las nubes que se grabaron el 1 de diciembre mostraban luces intensas y continuas, presumiblemente debidas a la fricción entre las partículas de polvo y a los efectos eléctricos del azufre.

“Las mediciones del campo eléctrico que se hicieron desde aviones mostraban valores superiores a los 11,000 volt/m”.

Algunos de estos fenómenos luminosos eran parecidos a los mostrados en el Popocatépetl en sus días de mayor actividad, y que fueron presentados como OVNIs por el ufólogo de la televisión de todos conocido.

Ilustración de principios del siglo pasado que muestra el curioso fenómeno de “Las luces de los Andes”.

La “foca del Bronx”, Charles Hoy Fort, frente al inmenso tablero de damas de su invención.

John A Keel fue el primer ufólogo que relacionó las luces telúricas con los OVNIs.

Vincent Gaddis.

El primer libro de OVNIs que trató el tema de las luces telúricas: Mysterious fires and lights, de Vincent Gaddis.

William R. Corliss.

El primer libro de William R Corliss sobre curiosidades y anomalías naturales.

Aime Michel sería la inspiración para Ferdinad Lagarde, quien relacionó a los Misteriosos Objetos Celestes con las líneas de falla: las nuevas ortotenias.

Los cuatro ufólogos españoles que se interesaron en las luces telúricas, de izquierda a derecha: José Tomás Ramírez y Barberó, Ignacio Darnaude Rojas Marcos, David G. López y Félix Ares de Blas.

Paul Devereux es uno de los principales adalides de la hipótesis de las luces terrenas.

Uno de los investigadores de fenómenos forteanos más activo en nuestros días, el ingles Hilary Evans, fundador del Project Bolide.

Toppenish Ridge, a la izquierda, en la reservación india de Yakima, lugar de múltiples avistamientos OVNI en la década de los setenta. A la derecha, una de las fotos obtenidas por Ackers.

Más ejemplos de las luces de Yakima.

Arnold y sus nueve discos. ¿Fueron los platillos volantes de Arnold originados por luces sísmicas? Lo más probable es que no y que sólo exista una curiosa coincidencia entre ese avistamiento y el hecho de que esa región sea una zona de alta incidencia de luces sísmicas, debido a que se encuentra en una falla tectónica.

El ingeniero David Ackers realizó estudios en campo de las luces en la reservación de Yakima, apoyado económicamente por el doctor Hynek

Edward Condon ya pensaba, en la década de los sesenta, gracias a las investigaciones del doctor Martin D. Altschuler, que muchos de los reportes sobre supuestos OVNIs correspondían a luces telúricas o de origen natural. Continuará…

Vea también los siguientes enlaces
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-primera-parte/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-y-2/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-y-3/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-y-4/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/06/las-luces-de-los-terremotos-final/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/05/luces-de-los-terremotos/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/luces-de-los-terremotos-en-per/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/el-terremoto-de-per-y-las-luces-ssmicas/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/otro-video-de-las-luces-de-los-terremotos-en-per/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/transformadores-o-luces-de-los-terremotos/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/luces-rojas-en-el-terremoto-de-per/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/luces-elctricas-en-el-terremoto-de-per/

Las luces de los terremotos (Primera parte)

 

LUCES DE LOS TERREMOTOS

“Los Estremecimientos de nuestro planeta van acompañados de fenómenos relacionados con la electricidad atmosférica. Cuando tiene lugar un fuerte terremoto, éste, muy a menudo, va acompañado de tormentas bajo el cielo despejado. Con frecuencia, se observa una luminiscencia enigmática con estallido retardado de relámpagos. Se ha observado también esferas claras y largas franjas similares a una aurora boreal, aunque no ha habido tormenta en aquel momento”.

Vladímir Mézentsev

Helmut Tributsch, citando a H. Bonnet, menciona que tal vez la primera referencia a las luces sísmicas es la siguiente que proviene del Antiguo Egipto:

“Abriendo grietas en el monte y produciendo lluvia y luces, un terremoto acompañó el renacimiento del rey”.

Cayo Plinio Secundo, el Viejo (23 a 79 d.C.), historiador romano, escribió en su Naturae Historiarum, sobre un evento luminoso durante el terremoto de Modena, en el 89 a.C.:

“Como se puede leer en los libros sagrados de los etruscos, hace tiempo, bajo el consulado de Marzio e Sesto Giulio, durante un terremoto en la zona modense, se verificó un avistamiento muy singular. En efecto, dos montañas se confrontaron, descuartizándose y retrocediendo con gran fragor, mientras a plena luz del día, a la vista de muchos caballeros romanos, de sus sirvientes y de otros viandantes que se encontraban sobre la vía Emilia, en medio de ese lugar se vieron en el cielo flamas y humo. Lo que quedaba a su paso fue destruido: todas las casas y murieron muchos animales que ahí se encontraban”.

También menciona unos Clipei Ardentes o escudos llameantes que se vieron en el cielo nocturno durante el terremoto general que derribó el enorme Coloso de Rodas, una de las siete maravillas del mundo antiguo, en el año 224 a.C.

Una de las primeras descripciones del fenómeno fue dada por el estoico Publius Cornelius Tacitus (Tacito), quien en su Annalium describió que en el terremoto de la ciudad de Achaian, en 373 a.C. fueron vistas unas luces. Cita el terremoto del 17 d.C. que destruyó 13 ciudades del Asia Menor, bajo el consulado de Cecilio y Pomponio. Se vieron flamas inmensas al momento del terremoto.

Las crónicas japonesas describen efectos luminosos durante los terremotos. En el año 869 d.C. en Mutu, al Norte del Japón, durante un terremoto se vio recorrer el cielo una luz de intensidad fluctuante. En el terremoto de Kamamura del 1257 se observaron flamas azules, que emergían de las fisuras abiertas en el terreno y luego se arrastraban por el suelo. Se mencionan objetos luminosos voladores en el terremoto de Yedo (Tokio), durante el invierno de 1672. Se vio volar una bola de fuego, parecida a una linterna de papel, en el cielo, hacia el Este. En el sismo de Tosa del 1689 se vieron numerosas bolas de fuego, en forma de ruedas, volando en todas direcciones.

En una crónica de Antonio Ghiselli se dice que la noche del 20 al 21 de julio de 1399, Bologna fue presa de un terremoto que produjo grandes daños. En ese mismo momento se vio “una trabe de luz ardiente”.

En Ferrara, las noche del 16 y 18 de noviembre de 1570 se registraron varios sismos. El segundo fue muy intenso. Se mencionan ruidos subterráneos y globos en el cielo, elevación de las aguas del Po, y emisión de un humo denso.

Más enigmático fue lo ocurrido la segunda mitad de febrero del 1600 en Arequipa, Perú. En palabras de Ignazio Galli:

“El 18 de febrero de 1600 comenzó una violenta erupción del volcán Hayna-Putina, a 70 kilómetros de Arequipa. Un día después, el padre Martino Del Río se enteró por una carta de los misioneros que presenciaron el hecho, que se vieron muchos globos de fuego en torno a la ciudad, uno de los cuales, muy grande, saltó de la iglesia del monasterio y se fue por su calle, en donde desapareció esparciendo una luz similar a aquella del candil de la entrada, mientras una fuerte temblor abatió muchas casas”.

La tarde del 11 de febrero de 1692, los campesinos que vivían a las afueras de Alari, Sicilia, creyeron que la villa se había incendiado. Todas las casas parecían envueltas en llamas. El fenómeno duró poco más de un cuarto de hora. Los campesinos que se acercaron a auxiliar, encontraron que todo era una especie de ilusión. Horas después ocurrió el terremoto. Tres meses después, el 15 de mayo, dos horas antes de la puesta del sol, la atmósfera se aclaró de manera extraordinaria, y luego el cielo pareció estallar en llamas, sin relámpagos ni truenos. En Siracusa aparecieron dos arcos de colores extremadamente brillantes, y un tercero con sus extremidades invertidas, sin que en el cielo existiera ni una sola nube.
El 17 de junio del mismo año, le toco el turno a Jamaica. Se escucharon estruendos pavorosos en Port Royal y se vieron luces de formas indefinidas.
En el caso del Gran Terremoto de Genroku, del 31 de diciembre de 1730 en Tokaido, se reportaron “cuerpos” luminosos y “aire” luminoso durante las noches que precedieron al sismo. Después, se observo una especie de hoja o de lámina con una luminosidad parecida a la de los relámpagos, ¡durante 20 días¡, aún cuando no había ninguna nube en el cielo.
El terremoto de Londres, en 1749, también exhibió fuertes síntomas de una acción eléctrica. El Dr. Stephen Hales escuchó fuertes ruidos que terminaban en explosiones, que fueron atribuidas al escape del fluido de la torre de la iglesia de St. Martin’s-in-the-Fields. Casi un siglo después, en 1842, el cielo de Cowrie, Perthshire se iluminó de tal manera, antes de la madrugada, que los pájaros de los árboles eran fáciles de distinguir.

El 1 de noviembre de 1755 la ciudad de Lisboa casi desapareció del mapa a consecuencia de los temblores y maremotos que la azotaron. Murieron miles de personas. El fenómeno atrajo la atención de estudiosos de la talla de Emmanuel Kant (1724-1804), quien con el tiempo publicaría sus resultados en donde menciona que, mientras Lisboa era arrasada, el agua de los manantiales, lagos y ríos de lugares a gran distancia de la ciudad portuguesa (Suiza, Suecia, Noruega) fueron sacudidas de una forma más intensa que la que produce una tempestad, a pesar de que el día era calmo y tranquilo. El agua del lago Neuchatel y la del Meiningen rebasaron sus niveles naturales. En Gemenos, Provenza, el agua de un manantial se transformó en lodo y luego se tiño de rojo.

Kant también encontró reportes de fenómenos luminosos que se observaron poco antes del terremoto. En Taum, Irlanda, apareció un fenómeno luminoso, de forma de bandera, sobre el mar, del cual se propagó una luz deslumbrante, seguida de un movimiento sísmico. Kant escribió:

“No puedo dejar de mencionar el hecho de que en aquel tremendo Día de Todos los Santos, en Augsburg, se dejó caer la calamidad y las agujas magnéticas se agitaron desordenadamente. Ya Boyle se refirió a que en, Nápoles, después de un terremoto, se verificó un hecho análogo. Conocemos poco de la naturaleza oculta del magnetismo para poder explicar el origen de tal fenómeno”.

Se dijo que durante la noche que precedió al terremoto de Kyoto, en agosto de 1830, se vio un fenómeno luminoso en todo el cielo; a veces, la iluminación que se emitía hacia el suelo era comparable en brillo al de un día soleado. Uno de los reportes del Sismo de Shinano de 1847 dice:
“Bajo el cielo oscuro, apareció una nube ardiente en dirección del monte Izuna. Se le vio hacer giros y luego desaparecer. Inmediatamente después se escuchó un tremendo fragor, seguido por varios temblores”.
El reverendo J. H. Murria mencionó fenómenos eléctricos en la costa Este de Sur América, en el mismo momento del terremoto de 1868.

Exactamente a las 21:10 del 25 de diciembre de 1884 un terremoto azotó Andalucía, en España. En Rubite y Vélez de Benaudalla se vieron “auroras boreales”. En Granada el cielo se tiño de rojo y duró así durante mucho tiempo. En Niguelas, al mismo tiempo del terremoto, se vieron luces rojas en el campanario y en la alcaldía. En Murchas, Periana y Zafarraya se vieron nubes luminosas que, incluso, se dividieron dirigiéndose al este y al oeste, siguiendo la propagación del terremoto. En el terreno se formaron fracturas de las que salieron columnas de fuego, luces fosforescentes y pequeñas bolas de fuego.

La comisión que se instauró para investigar el fenómeno publicó un estudio titulado: Terremotos de Andalucía. Informe de la Comisión nombrada para su estudio. Madrid 1885”, en la que se puede leer:

“Respecto a la aparición de flamas o fuegos fatuos, que son cosa frecuente en los grandes terremotos, las ruedas luminosas, las columnas de gas y vapor, la iluminación del espacio, no ya como globos, sino como auroras boreales o luces fosforescentes, tienen una explicación sencilla cuando se acepta la teoría geodinámica, fundada principalmente en el vapor de agua. Esto es, en efecto, si el agua sale a la presión suficiente por las fisuras, puede dar origen a una manifestación eléctrica, como se obtiene artificialmente en el laboratorio de física con la máquina de Armstrong… Respecto a los otros fenómenos, debidos a la electricidad atmosférica, se comprende bien que, si ésta se acumula, puede presentar todos o casi todos: por esta razón, no sólo se vieron luces eléctricas, de las cuales ya habíamos hablado a propósito del gas comprimido, además se observaron auroras boreales en Rubite y Vélez de Benaudalla. Y para que no quedara ningún vacío en este cuadro de fenómenos, en Orgiva se observó la aparición de un bólido o globo de fuego: este es el único fenómeno que no se explica con la teoría del vapor de agua o de gas, que circulando por la tierra producen una gran presión, cerca de su ‘salida’”.

El naturalista De Montessus De Ballore menciona luces vistas en el cielo durante el terremoto de Valparaíso el 16 de agosto de 1916.

La tarde del 23 de julio de 1885, a las ocho en punto, J. B. A. Watt se dirigía a su casa en Midlothian, England, cuando a unos 10 metros de él, sobre la calle apareció, repentinamente un objeto luminoso que se dirigió hacia él haciendo movimientos sinuosos, a una velocidad de aproximadamente 50 kilómetros por hora. En cierto momento el objeto pareció envolver a Watt y sus acompañantes.
“Mi mano izquierda experimentó la misma sensación que si hubiera recibido una descarga eléctrica de una batería galvánica. Tres minutos después escuchamos un tronido, pero, aunque esperamos algún tiempo, no vimos ningún relámpago”.
Uno de sus acompañantes, el jardinero, describió así lo que vio:
“Pensé que era una nube de polvo centellando sobre la avenida, y antes de que pudiera pensar en cómo era posible que eso ocurriera si no había trazas de viento, vi que el fenómeno cubrió a mis tres acompañantes dentro de una luz brillante”.
Otro de los testigos dijo que vio lo que parecía ser una nube luminosa corriendo por la avenida en un movimiento ondulante. Cuando alcanzó a los testigos, rozando el suelo, atravesó el cuerpo de dos de ellos y emitió una especie de destello en sus hombros. Todo ocurrió en dos o tres segundos. El día había sido muy caluroso y había alcanzado los 27°C a la sombra.
Posteriormente el jardinero proporcionó otros datos. La nube, inicialmente, parecía tener una altura de 1.20 metros, y conforme se iba acercando a los testigos, fue creciendo.
En el terremoto de Kwanto del 1 de septiembre de 1923, un miembro del equipo del Observatorio Central Meteorológico vio una especie de bola de fuego estacionada en el cielo.

Varios de estos reportes provienen de los anales del Dai Nihon Jishin Shiryo (Comité Imperial para la Investigación de los Terremotos), que fue publicado por vez primera en 1904. De estos testimonios Kinkiti Musya (Instituto de Investigación de los Terremotos de la Universidad de Tokio) extrapoló que todos los temblores estaban asociados a fenómenos luminosos, aunque en ocasiones no se les reportara debido a la ausencia de testigos. Torahiko Terada (1878-1935), de la misma Universidad, facultad y grupo de investigación, comparó la casuística nipona con la del resto del mundo, concluyendo que en cualquier parte del mundo, durante los terremotos, se manifiestan fenómenos luminosos. Terada afirmó que ese era un fenómeno recurrente.

En la parte central de Chipre se vio un enorme y brillante destello, la mañana del 20 de enero de 1941. Nicosia Hodja, quien estaba en un minarete en su rezo matutino, pudo observar el fenómeno. Dijo que primero escucho un gran ruido y creyó que se trataba del impacto de un proyectil y que, incluso, le hizo pensar en la posible caída del minarete. Posteriormente vio un relámpago globular de color rojo, moviéndose lentamente hacia el Este. El ruido desapareció lentamente.

Una gran emisión de luz de terremotos hizo la noche día sobre la República de Malgasy, en la costa sureste de África, el 30 de julio de 1977. Bolas de fuego brillantes cruzaron los aires, como grandes relámpagos esféricos. Media hora más tarde, un terremoto sacudió la isla. Se habían visto unas señales similares en los cielos de China, en el año anterior. Los geólogos mexicanos que visitaban la China, dijeron que el cielo nocturno “brillaba como de día”, poco antes del terremoto de Tangshán.

SIGNOS QUE PRECEDEN A LOS TERREMOTOS

Recientemente los científicos han descubierto que cantidades excesivas de gas radiactivo radón, son vertidas en la atmósfera antes de algunos terremotos. El gas se produce dentro de las rocas por el decaimiento radiactivo del radio. Las grietas que forman la presión antes de un temblor, hacen que grandes cantidades de radón se escapen a la atmósfera, y así ayudan a indicar la inminencia de los terremotos.

El campo magnético de la Tierra también puede predecir la proximidad de un gran temblor. La primera vez que se descubrió esto fue en el siglo pasado. El campo se puso muy débil antes del severo terremoto de Tokio de 1923, y luego recobró su intensidad normal.

El comportamiento anómalo de los animales antes de los terremotos no es una leyenda popular que no tenga fundamento.

Los animales pueden comportarse de una manera extraña antes de un temblor. Hay muchas historias sobre perros y gatos que condujeron a sus dueños fuera de la casa sólo unos minutos antes de ocurrir un terremoto que destruyó la misma. Si estas historias son ciertas, los animales deben haber sentido el rumor de muy baja frecuencia (inaudible para los humanos) que precede los terremoto, o pudieron haber olido el gas radón que se vierte a la atmósfera por las vibraciones, y salieron afuera por instinto, para evitar ser aplastados con la caída de la casa. Es posible que los perros y los gatos puedan oír el grave rumor de las rocas que chocan entre sí debajo de la tierra, y las serpientes quizás puedan sentir las débiles vibraciones en su cuerpo, a tiempo para salir huyendo y evitar así ser enterradas vivas en sus madrigueras, al desmoronarse estas.

En la revista inglesa Nature se planteo la posibilidad de que la electricidad que hay en la atmósfera puede tener algo que ver con esto. En un artículo aparecido en dicha revista se sugirió que los terremotos podrían cambiar, de alguna manera, las cargas eléctricas de la atmósfera (los experimentadores del siglo XIX notaron más electricidad en la atmósfera antes y durante los terremotos) que podría inquietar a los animales.

La electricidad atmosférica podría, también, explicar uno de los fenómenos más raros relacionado con los temblores, la Luz de los Terremotos o Sismoluminiscencia.

Esta luz es un raro resplandor que se ve, a veces, en el cielo antes o durante los temblores. La luz puede ser de cualquier color. Puede aparecer en forma de un resplandor suave y difuso, como el de la aurora, o puede ser tan refulgente como los fuegos artificiales.

El experto en temblores Dr. Valentín Ulomov, de la entonces URSS, creía que estas luces eran algo parecido a los relámpagos. Sospechaba que la tierra emite, de alguna manera, electrones antes de un terremoto. Estos electrones, al interactuar con las partículas del aire, hacen resplandecer el cielo.

Esta teoría se relaciona estrechamente con las viejas leyendas sobre los “tiempos de terremoto”. Las nieblas y ciertas nubes raras fueron en su tiempo tomadas como señales de advertencia de temblores.

Las partículas cargadas de electricidad estática en el aire, pueden crear nubes y neblinas donde el aire tenga una humedad menor del 100%. Así que, si las nubes y las nieblas aparecen en una atmósfera relativamente seca, cerca de una falla activa, quizás esté en camino un terremoto.

Estas nubes han dado origen a muchos reportes de OVNIs en California. En la década de los ochenta se les utilizó para predecir terremotos.

Lu Dajiong, presidente de la Sociedad de Nubes Terremoteras (sic), de Pekín, afirma que los terremotos se pueden predecir si se estudia con detenimiento las nubes. La sociedad cuenta con 100 miembros y fue capaz de predecir el terremoto del 7 de noviembre de 1983 en Shandong (Este de China), de 5.9 en la escala de Richter.

Ocurren otros fenómenos durante los temblores: la presión exprime el agua de la roca y eleva así los niveles freáticos cercanos; la roca se vuelve más resistente a las corrientes eléctricas; y se libera mayor cantidad del gas radón.

Poco antes del sismo, el agua se filtra de nuevo en las grietas minúsculas y todo vuelve a la normalidad. El regreso del agua también debilita la roca dilatada a lo largo de la falla y produce multitud de pequeños temblores previos, que rápidamente crecen. Esos temblores cesan de repente. La tierra adopta una siniestra quietud hasta que, de repente, la falla se divide en una ruptura gigantesca, los lados vibran convulsivamente, pasan al lado o por encima el uno del otro y sacuden la tierra. Suele haber choques posteriores, casi tan violentos como los primeros.

Los chinos, que han registrado esos fenómenos desde hace 3,000 años, sostienen que poco antes de un terremoto grande las ratas huyen de los edificios y los caballos y los cerdos corren espantados de un lado al otro. Creen que los animales sienten las vibraciones, oyen sonidos, huelen el radón y sienten cambios en los campos eléctricos, que los humanos no pueden percibir.

Los chinos lograron su mayor triunfo en el arte de predecir terremotos en 1975. Diez mil sismólogos profesionales, ayudados por unos 100,000 aficionados, estuvieron alertas a los síntomas de temblores en 5,000 lugares distintos. En los alrededores de la ciudad de Haicheng, en Manchuria, notaron ligeros cambios en la inclinación del suelo y en la conductividad eléctrica, variaciones en los niveles de radón en el agua de pozo y un rápido aumento de sacudidas ligeras. Cuando el 4 de febrero esos temblores terminaron repentinamente, las autoridades ordenaron la evacuación de la ciudad. Cinco horas y media después, Haicheng fue estremecida por un sismo que destruyó, o causó grandes daños al 90% de las estructuras de la ciudad.

Esta proeza indujo a algunos geólogos a anunciar, ufanos, que la predicción de los terremotos era ya un hecho. Pero su optimismo resultó prematuro. Dieciocho meses después ocurrió, sin advertencia, el gran terremoto de Tangshán, con un saldo de 750,000 muertos. De 31 predicciones hechas en China en un periodo de dos años, 18 fueron exactas, 7 dudosas y 6 erróneas por completo.

Posterior a los temblores, también se pueden producir fenómenos todavía más raros. El 6 de mayo de 1976 hubo un temblor en Friuli, Italia, en el que perecieron unas mil personas. Posteriormente varios pescadores afirmaron que bancos de peces morían en los ríos de la región y que sus cuerpos se descomponían con extraordinaria rapidez. Otros testimonios señalan que las hojas de los árboles se cubrían por la mañana de una sustancia viscosa que desaparecía misteriosamente durante la jornada.

En Japón se ha reportado la aparición de una misteriosa niebla que anuncia el arribo de un terremoto. Se observa a lo largo de los flancos de las montañas, llega desde el mar o puede oscurecer e impedir las labores en el interior de las minas. Los japoneses la conocen con el nombre de “Chiki”, que traducido literalmente significa “el aire de la tierra”. El químico italiano Helmut Tributsch ha estudiado el fenómeno. Desde el punto de vista meteorológico la niebla es el resultado de la condensación del vapor de agua en los estratos inferiores de la atmósfera terrestre. Estas minúsculas gotitas de agua en suspensión se forman cuando están presentes núcleos de condensación en torno a los que se coagulan las moléculas de vapor; ocurre si la temperatura del aire asciende a un valor específico, bajo el punto de rocío. El aire enfriándose no determina sólo un abatimiento de su propia temperatura, sino una contracción en el volumen ocupado por su propia masa, esto produce un aumento de la cantidad de vapor por unidad de volumen alcanzando contracciones a valores próximos al 100% de humedad, el aire se vuelve saturado e inicia el proceso de condensación, por lo tanto el punto de rocío no es un valor constante, sino que varía en función de la cantidad de vapor presente.

Tributsch observó que las cargas electrostáticas permiten la condensación del vapor de agua, aunque no se haya alcanzado la saturación. Es decir, este proceso, en conjunto con el posible aumento de los iones presentes en la baja atmósfera puede producir la particular neblina que antecede a los eventos sísmicos.

LAS LUCCI TELLURICHE Y GALLI

Probablemente el primer científico que investigo las luces que aparecían (o se reportaban) durante los terremotos, fue el sacerdote italiano Ignazio Galli. Este sacerdote, nacido en Velletri en 1841 y muerto en Roma el 10 de febrero de 1920, fue, durante 45 años, profesor de ciencias naturales de la preparatoria de Velletri. En esa escuela, en 1883, instaló un observatorio meteorológico en el palacio comunitario.

Alentado por Arcanuelo Secchi, se interesó en los fenómenos de la electricidad atmosférica y recolectó cientos de reportes de toda la geografía italiana. Su mayor interés se enfocó en la sismología, geofísica, meteorología y óptica atmosférica. Fue el primer investigador en Italia en interesarse en las centellas. También incursionó en el campo de la botánica e incluso en el de la música.

En el campo sismológico concentró su atención en el estudio, diseño y construcción de nuevos instrumentos sísmicos, por lo que fue premiado con la medalla de oro de la Esposizione Nazionale di Torino, en 1884.

El hecho de ser sacerdote le permitió acceder a los archivos eclesiásticos, de donde extrajo testimonios de varios misioneros, diseminados en todo el mundo, sobre los fenómenos luminosos que ocurrían durante los terremotos. A Ignazio Galli se le debe el primer catálogo que relaciona los fenómenos luminosos con los terremotos.

La primera exposición de sus investigaciones la hizo en el Congresso dei Naturalista Italiani de Milan, en 1907. Su obra cumbre sobre el fenómeno de las luces de los terremotos se publicó en 1910 con el título Raccolta e classificazione dei fenomeni luminosi osservati nei terremoto.

En el seno de la comunidad científica italiana se desató una disputa en torno a si los fenómenos reportados por Galli eran reales y merecían ser estudiados o eran cuentos sin fundamento. El profesor Agamennone G., tomó partido por Galli, pero atribuyó las luces a causas múltiples: fuegos en lontananza causados por incendios forestales, relámpagos, lámparas, daños en las líneas eléctricas y telegráficas, fenómenos inexistentes debido al estado de shock de los testigos que sufrieron los terremotos. Agamennone relata el caso sucedido en el terremoto de Bisignano el 3 de diciembre de 1887. Después del evento se vio una columna luminosa, pero después de estudiar el caso encontró que sólo había un testigo, por lo que se dudó de su testimonio. Sin embargo, uno de los casos mejor documentados por Galli fue el del sismo del 8 de septiembre de 1905, en el que se contó con varios testigos. Agamennone visitó el sitio, pero las noticias fueron totalmente insuficientes y discordantes, por lo que la objetividad del fenómeno se puso en duda.

El profesor Luigi Bombicci, en su artículo, en donde comprende y amplía el contenido del libro del profesor Bianconi (Storia naturale dei terreni ardenti, dei vulcani fangosi, delle sorgenti infiammabili, dei pozzi idropirici, e di altri fenomeni geologici operati dal gas idrogene e dell’origine di esso gas), estudió los casos del territorio emiliano romagnolo y sus zonas limítrofes y reporta casos ocurridos en ausencia de terremotos. Los fenómenos iban de las explosiones de gas (grisú) en las minas de Bisano y luego en el valle del Idice, a las emanaciones gaseosas que produjeron una flama de tres metros en el valle del Reno, a la centella vista en abril de 1879 en Grecia (Lizzano en Belvedere), los fuegos de Pietramala y de Abrigazo producidos por la combustión de gases del subsuelo.

En la obra de Galli se informa de 148 casos ocurridos en todo el mundo (principalmente en Italia y Europa) distribuidos desde el año 89 a.C. hasta 1910 de la siguiente forma:

9 casos hasta el siglo X

4 de los siglos X al XV

4 en el siglo XVI

15 en el siglo XVII

37 en el siglo XVIII

74 en el siglo XIX

5 en el siglo XX

Galli dividió sus luces en cuatro categorías:

a) Luces y resplandores que desaparecen instantáneamente. Son luces difusas de corta duración que iluminan repentinamente el cielo, sin dar posibilidad de determinar su punto de origen. Sus colores van del blanco al rojo, pasando por el rosa. Conforman el 80% de la muestra de Galli.

b) Luces difusas y nubes luminiscentes que persistían durante algún tiempo. La luminiscencia de las nubes se ha intentado explicar como debida a la difusión/refracción de la luz solar de las partículas de polvo y vapor producidos durante el terremoto. En dos casos ocurridos en Filipinas (el 4 de marzo de 1862 y el 18 de junio de 1878), el padre Saderra Maso reportó la presencia de nubes con una coloración rosa, durante los terremotos.

c) Flamas y nieblas luminiscentes. Luces observadas casi a nivel del suelo que, incluso, penetran en las habitaciones en el momento de los sismos. Probablemente se deban a la combustión de gases liberados durante el terremoto. Se han reportado olores de compuestos bituminosos (petróleo), anhídrido sulfuroso y otros.

d) Formas estructurales con capacidad de movimiento y con tiempos de vida apreciables (globos, columnas, trabes y trompetas luminosas). Estos objetos se pueden mover muy lentamente o a velocidades increíbles en forma rectilínea o un zigzag.

Galli creía que los reportes de columna y de trabes luminosas eran el mismo fenómeno reportado por observadores en posiciones diferentes.

En algunos de estos reportes se habló de sonidos como los producidos por el viento. Esto le sugirió a Galli la idea de que el fenómeno era debido al gas que, en condiciones de calma, producía las columnas y, en condiciones de torbellino, formaba las trompetas. Pero esta explicación no se puede aplicar, por ejemplo, al caso del terremoto de Palermo en 1726, en el que las columnas se vieron sobre la superficie del agua por un tiempo considerable, y luego desaparecieron precipitándose en ella.

La noche del 20 al 21 de julio de 1399, en concomitancia con el temblor, apareció en el cielo una gran trabe luminosa que provocó gran inquietud en la población de Bologna. De mayor envergadura fue el fenómeno observado el 26 de julio de 1805 en el terremoto que convulsionó Campania y el Molise; similar a una trabe, fue vista elevarse en la zona de Bojano, sobrevolar todo el territorio de Isernia, en donde se precipito contra un muro de refuerzo produciendo un hueco de 16 por 8 palmos (4 por 2 metros). El día siguiente, en la zona de San Giorgio (Benevento) se observó en el cielo una trabe muy luminosa, de unos 25 metros de largo por 0.25 de diámetro, que viajaba a gran velocidad y que se disolvió en colores cambiantes. El 22 de marzo de 1821, en el momento mismo del sismo que azotó Umbria, se vio una columna de fuego sobre Cannara, luego se observó otra (¿o la misma?) sobrevolar la ciudad de Rieti, en el lago Cantalice. En Calabria, la noche del 24 al 25 de abril de 1836, muchos animales mostraron signos de inquietud y el mar se puso, repentinamente, agitado y tempestuoso; en la localidad de Calopezzati apareció una trabe en el momento de la sacudida.

Los globos luminosos se han visto surgir de la tierra, del mar y del mismo cielo. Se mueven en línea recta o zigzagueando.

El 16 de enero de 1780 uno de los miembros de la academia de Bologna vio salir del suelo un globo blanco de unos 1.20 m de diámetro, el cual voló al ras del suelo de su habitación y al alejarse emitió un fuerte silbido. No menos espectacular fue lo que ocurrió cerca de San Severino en donde un enorme globo de fuego pasó por sobre un olmo y desecó la mayor parte de las hojas para luego dirigirse a un establo que era usado como bodega de lino y heno incendiándolo por completo y dañado otras construcciones en la vecindad. En el mismo caso, la campana de la única iglesia del castillo Cessapalombo fue golpeada por un globo luminoso que dañó la estructura del muro y produjo un hueco circular en la cúpula. No tuvo mejor suerte la torre del campanario de la Collegiata, cerca de San Ginesio, en donde un globo luminoso elevó una pesada estructura metálica. Se dice que encima de la torre había una estructura de hierro compuesta de 4 columnas pegadas en arco en cuyo centro estaba una pelota de cobre y una cruz con una banderola de unos 3 metros de altura. La estructura entera pesaba unos 4 “quintali” y estaba empotrada en los muros hasta una profundidad de 1.5 metros. Al momento de la sacudida, del campanario cayeron varias partes de la torre, calcinadas, al pie de la misma; pero la estructura metálica cayó 6 metros más allá, hacia el centro de la plaza. Los testigos observaron un globo que acompañó la estructura hasta el suelo, pero que no llegó a tocar el suelo.

Helmuth Tributsch

Publius Cornelius Tacitus (55 a 120 d.C.)

El sismólogo y sacerdote italiano Ignazio Galli.

El doctor Stephen Hales.

El naturalista De Montessus De Ballore.

Grabado en madera del terremoto de Lisboa, ocurrido el día de todos los santos de 1755. En varios episodios sísmicos se ha podido observar luces y destellos en el cielo.

Emmanuel Kant en un grabado del Siglo XVIII.

Robert Boyle (1627-1691) fue el primer químico que rompió con la tradición alquimista.

Un timbre conmemorativo con la imagen de uno de los mejores físicos que ha dado el Japón, Torahiko Terada.

Reportes de luces de los terremotos, como esta, fue lo que estudió el padre Galli.

Entre 1965 y 1967 se dieron una serie de terremotos en la región japonesa de Matsushiro. En esa época se logró tomar varias fotografías de diversas luces sísmicas y fenómenos asociados. Entre ellas ésta de la misteriosa neblina llamada “Chiki”.

Escena de la devastación en Tangshan, China del 28 de julio de 1976 (3:45 de la madrugada). En 23 segundos murieron entre 750,000 y un millón de personas, convirtiéndolo en el terremoto más mortífero de los últimos siglos.

Continuará…

Vea también los siguientes enlaces
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-primera-parte/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-y-2/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-y-3/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/05/las-luces-de-los-terremotos-y-4/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/06/las-luces-de-los-terremotos-final/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/05/luces-de-los-terremotos/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/luces-de-los-terremotos-en-per/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/el-terremoto-de-per-y-las-luces-ssmicas/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/otro-video-de-las-luces-de-los-terremotos-en-per/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/transformadores-o-luces-de-los-terremotos/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/luces-rojas-en-el-terremoto-de-per/
http://marcianitosverdes.haaan.com/2007/08/luces-elctricas-en-el-terremoto-de-per/

El caso de la centella asesina

CENTELLAS EN EL DESIERTO DE LOS LEONES

Muchos de mis allegados conocen mi interés por las centellas (los mal llamados rayos en bola). Incluso uno de los primeros artículos que publiqué en Cuadernos de Ufología se refería a este asunto. Lo que pocos saben es el origen de ese interés. El caso que voy a narrar resulta espectacular, y de haber caído en las garras de algún ufólogo, se hubiera convertido en un caso clásico de la ufología.

No recuerdo si fue en 1973 o 74, durante una visita a un lugar cercano a la Ciudad de México, llamado Desierto de los Leones(1), que me enteré de un curioso y fatal caso de centellas (o si se quiere, OVNIs).

El Desierto de los Leones es una zona de coníferas y densa vegetación al poniente de la Ciudad de México. Zona “pulmón” de la ciudad, muy visitada por los citadinos para hacer días de campo. Precisamente en un día de campo, acompañado por varios amigos de la preparatoria, fue que me enteré del caso.

El día resultó ser agradable hasta que, por la tarde, comenzó a llover. Era una verdadera tormenta. Alguien sugirió refugiarnos en una de las ermitas del lugar(2). Varios de nosotros, e incluso miembros de familias que hacían picnic, siguieron esta idea.

Dentro de una de esas ermitas nos acomodamos unas 15 a 20 personas. Luego llegó un vecino del lugar. Se trataba de un hombre de unos 60 años, de aspecto humilde: un campesino. Nos dijo que saliéramos de ahí pues ese era un lugar peligroso durante las tormentas.

Obviamente nadie le hizo caso, pues no nos queríamos mojar, y sabíamos que era mucho más peligroso estar bajo los árboles expuestos a los rayos.

El hombre, del que no tuve la precaución de tomar sus datos (por la inexperiencia de la juventud), nos contó una historia fantástica. El relato de la misma lo extraigo de mi memoria, y por lo mismo puede presentar muchas inexactitudes.

LA HISTORIA DEL CAMPESINO

“En 1950 –inició su relato el anciano-, cuando en México se hablaba mucho de los platillos voladores(3), ocurrieron los sucesos que les voy a comentar.

“No recuerdo la fecha exacta pero era época de lluvias (entre julio y octubre). Un grupo de excursionistas, como ustedes, vino a visitar el Desierto. En la tarde comenzó a llover y varios de ellos se metieron en la ermita para atajarse del agua.

“Pasaron los minutos, cuando de pronto, en el cielo apareció un platillo volador. La gente de los periódicos hablaba de marcianitos verdes(4), pero nunca me imaginé que pudieran ser tan pequeños. Al menos los “marcianos” que tripulaban ese platillo, ya que el mismo era una bola de no más de medio metro de diámetro.

“Para que los “marcianos” pudieran entrar en ese platillo, deberían tener no más de 10 centímetros de alto.

Alguien preguntó al anciano si había visto a los “marcianos”.

“No. De haberlos visto, no los vi. Sólo digo que si esa cosa estaba habitada, los tripulantes debieron ser mucho más pequeños que un enano.

“El caso es que el platillo volador tenía una forma de bola luminosa, como de una pelota de fútbol, sólo que más grande”.

Yo no se si los demás le estaban creyendo al anciano, pero yo estaba fascinado con su relato. Era el momento y la situación adecuada para contar historias de misterio. Además, en esa época yo era un fanático de los OVNIs y creía, sin reflexionar, todo lo que me contaban al respecto. Hacía 4 o 5 años que me había iniciado en estos temas, a finales de la primaria, y mi odómetro apenas marcaba unos 4,323.3526 kilómetros tras los OVNIs. Por cierto que Séneca decía:

“Se el primero en callar si quieres que los demás callen”.

Y Oscar Wilde apuntaba:

“El cínico conoce el precio de todas las cosas y el valor de ninguna”.

¿Qué tiene que ver esto con lo que decíamos? Nada, pero son dos recursos indispensables con los que tiene que contar un ufólogo: el odómetro en los zapatos, que le indique cuantos kilómetros ha “pateado” detrás de los OVNIs; y un libro de “citas citables” para intercalar 3 o 4 en cada página del reporte.

“El platillo – continuó con su relato el campesino-, comenzó a descender desde la copa de los árboles. Volaba de una forma imposible de describir: como suspendido, como flotando, como un fantasma. No hacía ruido, o por lo menos yo no lo escuché. Sin embargo, otros dijeron que sonaba como un avispero. Tal vez fue la lluvia y la lejanía lo que me impidió escuchar el zumbido.

“Digo que comenzó a bajar muy lentamente. Todos lo veíamos atónitos. Era más brillante que el Sol, pero muy blanco, de una blancura cegadora. Cuando llegó a no más de un metro del suelo, se paro en seco, comenzó a vibrar y … (el campesino hizo una pausa en su relato y trago saliva) … ocurrió algo que no me puedo explicar”.

Todos abrimos los ojos y, estoy seguro, hicimos un movimiento como acercándonos al anciano, para poder escuchar mejor. No podía decir que se escuchaba el silencio, porque afuera estaba lloviendo y se oían los relámpagos, pero yo sí sentía mi pulso.

“El platillo estaba vibrando cuando se partió en dos. No … Se dividió en dos. No. Quiero decir que era algo como un fantasma que se separa en dos, pero que sigue teniendo la misma forma. El hecho es que el platillo se duplicó, permaneciendo con sus mismas dimensiones. Pero inmediatamente que se dividió, uno de los platillos se dirigió a toda velocidad hacia la ermita y el otro partió en sentido contrario.

“Fue entonces cuando ocurrió la explosión que quemó a esas personas. Murieron electrocutados. En la confusión, y debido a la enorme luminosidad que desprendió la explosión, no vimos hacia dónde se fue el platillo.

“Alguien llamó a la Cruz Roja, y también vino la policía. De acuerdo con las noticias que aparecieron a los pocos días, los jóvenes habían sido electrocutados por un rayo. Pero eso no es cierto, yo estuve ahí y les puedo asegurar que fue un platillo volador el que los mató”.

Poco más o menos esas fueron las palabras de aquel anciano. Por lo menos es lo que recuerdo.

Tiempo después me dedicaría a revisar, uno por uno, todos los periódicos capitalinos de aquella época (1950). Aunque encontré una enorme cantidad de reportes de OVNIs (más bien de platillos voladores o “platívolos”), no descubrí ni una sola nota sobre “el platívolo asesino del desierto de los Leones”. Tiempo después, sabría la razón.

¿COINCIDENCIAS?

Antes de continuar con el relato de este caso, creo que es el momento adecuado para apuntar que el periodista francés Girardin decía que

“La libertad es como el movimiento: no se define, se demuestra”.

Publio Siro sentenció:

“El malo se hace pésimo cuando finge ser bueno”.

Cumplida esta obligación, continuamos con la historia.

Todos mis amigos saben que yo no creo en las coincidencias. “Veo en el azar uno de los alias de Dios”. Existe una fuerza interior, una “fuerza que parece guiar mis pensamientos”.

Poco antes de terminar la carrera de ingeniero químico, ingresé al Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México. La intención era hacer mi servicio social, mi tesis y dedicarme a la investigación en dicho instituto.

En el Departamento de Radiación Solar, al que estaba adscrito, se acostumbraba organizar seminarios todos los lunes, a fin de que los miembros del mismo pudieran presentar los avances de sus investigaciones. Aquí hablaban todos, desde el director del departamento, hasta el último becario. Era común invitar a investigadores de otras áreas, para escuchar sus pláticas.

Una de mis pocas intervenciones se basó en una serie de trabajos sobre las centellas que habíamos venido preparando desde hacía tiempo. Antes de presentarla se me informó que iba a estar presente el Dr. Manuel Cerrillo, quizá el mejor experto mexicano sobre el asunto.

Recuerdo que el día de mi plática me levanté temprano; me dirigí a la Universidad y ordené las últimas ecuaciones para el cálculo de la energía generada por una centella. Al poco tiempo la sala de juntas estaba llena. Con algunos pequeños tropiezos (según yo), expuse mi tema. Uno de los investigadores del departamento indicó algunos errores en mis ecuaciones, que posteriormente serían corregidos. Al final se rompieron los formulismos académicos y escuchamos al doctor Cerrillo platicarnos sus experiencias con las centellas. Comentó algunos casos y de pronto, habló del suceso del Desierto de los Leones. Lógicamente aquí no se mencionó ningún plato volador ni marcianitos.

En términos generales la historia era la misma que me había contado el campesino. Es muy probable que el anciano fuera uno de los varios testigos que había entrevistado el doctor Cerrillo, luego de los fatídicos sucesos. Sin embargo la fecha no correspondía. Según el doctor Cerrillo esto había ocurrido en 1943 y no en 1950. Al insistir sobre este punto, me dijo que estaba completamente seguro, ya que poco después de sus entrevistas había elaborado un modelo que publicó en una revista científica(5) de la época.

Como es lógico ese mismo día busque la referencia y, efectivamente, ahí estaba. La centella del Desierto de los Leones había ocurrido en 1943. Lo anterior implicaba varias cosas: que el anciano se había equivocado en la fecha, y que el paso del tiempo había hecho que adornara su relato, introduciendo elementos ajenos al mismo, como el asunto de los platos voladores. No podían haber sido platos voladores por el simple hecho de que estos (con ese nombre) aparecieron hasta cuatro años después. En 1943 nadie hablaba de platos voladores, y por lo tanto el anciano, en el momento del avistamiento, seguro que no se puso a pensar en el tamaño de los tripulantes. Esto, seguramente, fue algo que adoptó tiempo después bajo la influencia de los medios periodísticos.

Antes de continuar con el modelo del doctor Cerrillo creemos que es el momento adecuado para introducir nuestras citas.

“Las tres cuartas partes de nuestros males proceden del pensamiento”

Anatole France

“El que se precia de ser algo, jamás menosprecia a los demás”.

Goethe

Le doy gracias a Benítez por ser mi fuente de inspiración, y por ahorrarme la compra de un libro de “citas citables”. Y ya que hablo de J.J., comulgo con él en aquello de “¿Existe la casualidad? ¿No será que alguien mueve los hilos?” O qué puede pensar el lector sobre las siguientes “casualidades”.

Nunca hubiera descubierto la explicación a este caso si:

No hubiera estudiado ingeniería química; no hubiera hecho mi tesis sobre el ozono; no hubiera ingresado al Instituto de Geofísica; no me hubiera interesado en las centellas; no se hubieran hecho los seminarios los lunes; no hubieran invitado al doctor Cerrillo; no me hubiera levantado temprano; si se hubiera muerto el doctor Cerrillo (en mi caso, ni pensarlo, toco madera, perdón, ya descubrí que no soy tan escéptico); si se hubieran cancelado los seminarios; si me hubiera enfermado; si se hubiera incendiado el instituto; si hubiera jugado la selección nacional; si…

En fin “cuando uno vive sucesos como éstos ¿a qué conclusiones puede llegar? La lógica se desmorona. Y los mil ensayos para racionalizar lo acaecido terminan reducidos a cenizas. Ante hechos así, aferrarse al clavo de la lógica no es de hombres sensatos o comedidos; sino de necios” (JJ dixit)

No creo que nadie pueda negar argumentos tan claros; o por lo menos les va a ser muy difícil convencernos, a JJ y a mí, de lo contrario.

EL MODELO DE CERRILLO

Como ya expusimos más arriba, el doctor Cerrillo, que por aquel entonces trabajaba en el Departamento Electromagnético de la Comisión Impulsora y Coordinadora de la Investigación Científica, estudió más de 30 observaciones de centellas, entre los años 1942 y 1943, entre ellas la del Desierto DE los Leones, encontrando que:

“Las paredes y techos son de mampostería y están cubiertos por una lama, que al estar empapada por la lluvia, son relativamente buenos conductores”.

“Lo anterior hace que la explicación de la centella no sea muy adecuada ya que no se puede encontrar campos electromagnéticos en el interior de cavidades cerradas con paredes de tipo conductor (jaula de Faraday)”.

Pero, antes de ver cómo resolvió este problema el doctor Cerrillo, enlistemos algunas de las características que él encontró para las centellas:

  1. La mayoría se presentan en lugares montañosos.
  1. Hay casos en cuartos aislados de mampostería o adobe.
  1. Se observan bolas luminosas, de contornos bien definidos y no chispas ni arcos eléctricos.
  1. Dichas bolas se mueven y “siguen a cada persona”.
  1. Hay confusión en precisar si son silenciosas o van acompañadas de ruidos intensos o de explosiones, puesto que para un mismo caso hay datos contradictorios.
  1. En el mismo recinto, unas personas mueren electrocutadas y otras, cerca de las primeras, resultan ilesas.
  1. Ningún informante sintió el más leve choque eléctrico.
  1. “Entran por puertas y ventanas”.
  1. El fenómeno es de rara ocurrencia, puesto que son contadas las personas que lo han visto.

Cerrillo considera que las centellas son formadas por una resonancia electromagnética en una cavidad. El tiempo de este fenómeno, calculado por la teoría, es corto, debido principalmente a una absorción en el aire ionizado. Los cálculos de Cerrillo indican que:

“La gran concentración de la energía en algunas regiones, indica que las luces son muy intensas: por su rapidez, (quizás algunos microsegundos) no se observan, fisiológicamente, como de extraordinaria intensidad, debido a que la excitación de los nervios ópticos se efectúa en tiempos pequeñísimos. Este efecto es bien conocido por las personas que tienen experiencia con lámparas de fotografía ultra-rápida.

“La persistencia de luces muy intensas, de muy corta duración, puede llegar a 1 o 2 segundos.

“Esta persistencia es la causa de que estas bolas se muevan, y única explicación posible de que “sigan a observadores colocados en puntos diferentes”.

Cerrillo deriva una serie de ecuaciones que predicen que la región luminosa, para el modo 110, se debe observar en el eje vertical y central del cuarto, siempre que el recinto esté vacío. Para otros modos las luces se repartirían con regularidad a lo largo de la habitación. Es decir, el fenómeno sería más frecuente mientras mayor sea el tamaño del recinto (una frecuencia natural más baja).

“Rayos con impulso monotónico, tienen un espectro de frecuencia cuyos máximos están del lado de las bajas frecuencias y por lo tanto no excitan resonancia…

Cerrillo considera las centellas como fenómenos muy raros, que requieren de una intensidad de corriente alta, y una baja energía promedio.

“Por tratarse de fenómenos de muy alta frecuencia, no deben sentirse choques eléctricos… la energía se concentra en lugares descritos por las ecuaciones… en los planos donde las concentraciones son máximas son peligrosas, e inofensivas alrededor de los planos donde la energía es constantemente nula. La separación de estos planos de máxima y mínima es de unos cuantos decímetros.

“Aparece aquí la primera objeción: Tómese un tramo de un plano vertical (modo 110) donde la concentración de la energía sea máxima. Necesariamente esta energía es menor que la total de la cavidad. Supóngase, no obstante, que ahí se concentrara momentáneamente la energía total. Para el recinto de 10 m x 5 m el volumen es de 250 m3. Tomando ahora una energía inicial de 10 joules por metro cúbico, la concentración máxima posible será de 2500 joules, es decir, 0.6 Kg caloría, resultando pues difícil justificar la carbonización de personas.

“La observación insólita, quizás se puede explicar, suponiendo que una descarga exterior excite la cavidad. Aunque la diferencia en tiempo entre la descarga y la iniciación de las luces internas es del orden de décimos de micro segundo, la persistencia en la retina de las intensas luces exteriores, puede producir la sensación de la entrada del fenómeno de afuera hacia dentro(6).

Cerrillo predice la existencia de centellas negras, o de centellas que no se pueden ver.

“La resonancia electromagnética puede ocurrir sin que los gradientes internos sobrepasen el de ruptura del aire. Pueden estar muy cerca de la ionización pero no alcanzarla. Entonces, es conducente preguntar, cuál sería el comportamiento de estas centellas oscuras:

“1. El amortiguamiento de las oscilaciones sería menos pronunciado.

“2. Necesitándose menores energías iniciales, es probable que éstas se produjeran más frecuentemente.

“3. Si dentro de la cavidad se colocan pequeño tubos de cristal con gases a baja presión, con electrodos hacia el exterior y colocados verticalmente, se podrían iluminar con gradientes tan pequeños que permitieran detectar el fenómeno, aun cuando tuviera muy poca intensidad.

ALGUNAS REFLEXIONES FINALES

El modelo de Cerrillo explica varios casos que no llegó a conocer en su momento. Centellas difusas u oscuras; testigos que afirman haber tocado las centellas sin sentir absolutamente nada; testigos que murieron por descarga eléctrica al tocar otras centellas.

Un caso particular fue el que ocurrió a mediados de los ochenta en la Ciudad de Cruz Azul, en el Estado de Hidalgo. Un joven pastor cuidaba su rebaño de ovejas cuando observó una “pelota de luz”. El muchacho se le ocurrió patearla y la centella explotó matándolo junto a dos de sus animales.

Regresando al avistamiento del Desierto de los Leones quisiera hacer algunas puntualizaciones. El piso de las ermitas es de madera. Las paredes son de piedra pero tienen filtraciones. En época de lluvia las paredes se humedecen por completo y se forma lama (que ya fue observada por el doctor Cerrillo). Las paredes se vuelven conductoras. El piso es no conductor. ¿Qué pasaría a las personas que se cubren de la lluvia dentro de estas ermitas? ¿Qué pasa con las que se recargan en las paredes? ¿Qué ocurre con las que permanecen en medio de la habitación sin tocar las partes conductoras? Agreguemos un rayo…

Será esa la explicación del porqué varios de los protagonistas de esta historia murieron electrocutados y calcinados, mientras que otros vivieron para contarlo. En cualquier caso, no deseo hacer el experimento conmigo como conejillo de indias.

Varias fotos de centellas producidas por los doctores Sergei Emelin y Alexei Pirozerski del Instituto de Investigaciones Científicas (Radiofísica y Física), de la Universidad Estatal de San Petersburgo.

Daños producidos por una centella que entró al interior de un departamento.

Foto de una supuesta centella reflejada en una ventana.

Esta foto muestra las centellas producidas por los doctores Sergei Emelin y Alexei Pirozerski del Instituto de Investigaciones Científicas (Radiofísica y Física), de la Universidad Estatal de San Petersburgo.

Efectos luminosos producidos por centellas de laboratorio.

Este relámpago generó una centella después de desaparecer.

Cúmulo de centellas fotografiadas por un testigo al que sólo se le identifica como Bruce.

Werner Burger, de Montafon, tomó esta fotografía en 1978.

Centella filmada en Australia. Medía poco más de 100 metros de diámetro y duró unos 5 minutos. Fue estudiada por John Abrahamson de la Universidad de Canterbury, Nueva Zelanda.

Centella producida por un corto eléctrico en las terminales de un generador cercano a una catarata, tomada por A. Nelson. De W. Brand, Der Kugelblitz, Probleme der Kosmischen Physik, II/III, H. Grand, Hamburg, 1923.

Centella formada cerca de un generador eléctrico. De W. Brand, Der Kugelblitz, Probleme del Kosmischen Physik, II/III, H. Grand, Hamburg, 1923.

El señor M. R. Lyons, de Inglaterra, fotografió este objeto que se hallaba suspendido sobre su jardín. De N. Charman, Ball Lightning Photographed, New Scientist, Vol. 69, 1976, pág. 444.

Centella que permaneció estática mientras se producían otros relámpagos. De O. Prochnow, Zur Blitzforschung, Physik. Zeit., Vol. 31, 1930, Pág. 335.

Foto tomada en 1938 en el interior de una capilla en Kerizinen, Brittany, Francia.

Centella dentro del zoológico de Bastle, Suiza. Foto de 1907.

Chester H. Heath, de Georgia tomó estas dos fotos en una reserva India, utilizando una cámara Polaroid. En caso de no ser un fraude o una falla en la película, serían una excelentes fotos de centellas.

Secuencia fotográfica de una centella obtenida en Japón.

Plasma en vórtice.

Varias fotos de Ptjr Davidovich Kapitza, incluyendo una durante su estancia en el Ej´rcito rojo.

Portada del libro de Mark Stenhoff.

Recuento de varios casos de centellas en un periódico sueco.

Una centella que cayó sobre una casa en Paris.

(1) El sitio hace honor a su nombre, no en el sentido de que sea un desierto, sino que está desierto de leones.

(2) En ese sitio existe un convento rodeado de 12 ermitas en las que se encerraban a meditar los monjes.

(3) Eso es cierto. Ver los artículos y el libro de Héctor Escobar y mis notas al respecto.

(4) Y eso que aún no había nacido este blog.

(5) Cerrillo Manuel, Sobre las posibles interpretaciones electromagnéticas del fenómeno de las centellas, Anuario de la Comisión Impulsora y Coordinadora de la Investigación Científica, Vol. 1, México, 1943, págs. 151-178.

(6) Se refiere al caso del desierto de los Leones.