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Luz Zodiacal

LA LUZ ZODIACAL

Uno de los fenómenos que mayormente suscitaba el terror supersticioso de los antiguos egipcios consistía en una pirámide de luz que aparecía en el oriente durante las últimas horas que precedían la aparición del crepúsculo matutino en el otoño, y en el occidente después de la puesta de Sol, durante la primavera. Es ésta la Luz Zodiacal. Debido a que se la puede observar claramente sólo entre el Trópico de Cáncer y el de Capricornio, en el zodiaco, en momentos apropiados y en posición perpendicular al horizonte, el fenómeno permaneció desconocido para los astrónomos europeos hasta el siglo XVII.

La luz zodiacal puede verse después del crepúsculo vespertino antes del amanecer, cuando el Sol está a más de 18° debajo del horizonte. Se ve como un cono de luz sobre el horizonte occidental (después del ocaso) o el oriental (antes de la salida del Sol), que se extiende a lo largo del zodiaco. El cono es más brillante cerca de la base donde tiene unos 25° de anchura, y desaparece gradualmente al aumentar la distancia al horizonte. Su brillo cerca de éste es semejante al de la vía láctea, y en un cielo bastante despejado puede seguírsele a lo largo de un círculo máximo de 90° de longitud. Al girar la Tierra el cono permanece fijo con respecto al Sol y desaparece gradualmente debajo del horizonte hasta que sólo permanecen durante unas horas después del ocaso unos vestigios muy débiles. En la madrugada se repite el fenómeno en el orden inverso en el horizonte oriental; la luz zodiacal se va intensificando más al aparecer sobre el horizonte las partes más brillantes, hasta que de nuevo alcanza máxima intensidad cuando el Sol está 18° por debajo del horizonte. Después el cielo ilumina el amanecer y, al poco tiempo, no puede distinguirse ya la luz zodiacal.

Hay referencias ocasionales a observaciones realizadas en Europa durante los siglos XVII y XVIII. Sin embargo, el primer estudio sistemático fue realizado por Jean Dominique Cassini en el Observatorio de París en 1683. Cassini continuó sus observaciones hasta 1693. Comprendió que la luz zodiacal mantiene una orientación constante en el espacio, pero supuso equivocadamente que es simétrica respecto al plano del ecuador solar. Su eje de simetría es en realidad muy cercano al de la eclíptica –es decir, la continuación en el cielo del plano de la órbita de la Tierra- pero como el ángulo entre estos dos planos nunca es mayor a 7°, este error es fácilmente explicable en aquellas observaciones preliminares.

La mejor vista se obtiene evidentemente cuando la eclíptica esta cerca de la vertical respecto al horizonte, pues entonces pueden verse las partes más brillantes cerca del Sol; esto ocurre en las latitudes boreales al atardecer en la primavera y al amanecer en el otoño. En las latitudes australes se la ve mejor al amanecer en la primavera y al atardecer en el otoño.

Evidentemente, el norte de Europa no es un lugar conveniente para observar la luz zodiacal, porque aquí la eclíptica esta siempre lejos de la vertical. En la estación más apropiada y en buenas condiciones meteorológicas puede distinguirse en Inglaterra, e incluso tan al norte como Escocia; pero un estudio serio requiere un lugar de observación en los trópicos donde la eclíptica puede estar vertical al horizonte. Cuando ese lugar está también a gran altura, por ejemplo por encima de 4,500 metros, donde la atmósfera puede ser excepcionalmente clara, el fenómeno adquiere extraordinaria brillantez. En los Andes puede observarse cuando el Sol está solamente 12° debajo del horizonte.

ORIGEN

Cassini estaba convencido de que la luz zodiacal tenía su origen en el espacio interplanetario y no en las regiones más elevadas de la atmósfera terrestre, debido a la ausencia de un paralaje apreciable. Sugirió que procedía de una nebulosa que rodea al Sol, relacionada físicamente con éste, con el que gira. Parte de esta teoría se basa en la idea equivocada de que el plano de simetría de la luz zodiacal coincide con el plano del ecuador solar, pero Laplace la contradijo diciendo que si la nube gira con el Sol, la fuerza centrífuga rompería las partes que se encuentran más allá de la órbita del planeta Mercurio.

Durante muchos siglos se desconoció el origen de la luz zodiacal. Ahora se sabe que es una extensión de la corona solar y es debida a la dispersión de la luz por partículas de polvo y electrones que se encuentran entre el Sol y la Tierra: dentro de ¼° del limbo solar, la luz se debe principalmente a la llamada dispersión de Thomson de la luz solar por electrones libres, mientras que más afuera predomina la dispersión de las partículas de polvo interplanetario. Esta división de la luz en dos partes fue establecida por vez primera por W. Grotrian en 1934, quien las llamó componentes K y F respectivamente. El polvo que origina la componente F no puede existir cerca del Sol porque la radiación solar lo vaporizaría. Por tanto esta componente de la corona solar es debida, más que a una gran dispersión, que es lo que origina la luz zodiacal, a una pequeña dispersión por polvo alejado del Sol y relativamente cercano al observador, aunque todavía en el espacio interplanetario. Van Allen y van de Hulst sugirieron que el proceso de dispersión no es otra cosa que la difracción por pequeñas partículas de polvo de manera que la corona F es análoga a las coronas que a veces aparecen rodeando al Sol y a la Luna cuando se los ve a través de nubes tenues.

OVNIS DEL ZODIACO

En la literatura ufológica se encuentran varios casos que pueden ser explicados como observaciones de luz zodiacal.

El 15 de julio de 1979, en la madrugada, se vio una luz muy intensa sobre Portugal. Un avión de las Líneas Aéreas Portuguesas, en el momento de hacer su despegue rumbo a Copenhague, fue iluminado por “un resplandor azulado muy fuerte que también iluminó el aeropuerto”. Pilotos de otras seis aeronaves también informaron del fenómeno.

Al día siguiente, también de madrugada, un potente resplandor plateado fue visto en el poblado de Valencia de Alcántara, España. El fenómeno duró unos siete segundos y fue observado por los asistentes a la fiesta de San Cristóbal que se celebraba en la plaza de la ciudad.

El 19 de abril de 1981 apareció en los diarios la noticia de un extraño resplandor azul observado en Miami, Florida, aproximadamente a las siete de la tarde. El resplandor iluminó toda la península. Algunos testigos informaron que la luz era semejante a “el despegue de un cohete Saturno”.

Se tiene constancia escrita de que por lo menos dos testigos observaron un fenómeno similar a los descritos anteriormente. Los testigos eran el señor William Noble (astrónomo aficionado) y el señor W. K. Bradgate. El suceso ocurrió el 29 de agosto de 1883. El primero observó el fenómeno sobre los cielos de Sussex y el segundo sobre la ciudad de Liverpool. Ambos relatos aparecieron en la revista Knowledge.

Noble escribió:

“¿Puede alguno de los lectores ofrecer una explicación para un curioso fenómeno que presencié a las 10:35 p.m. del martes 29 de agosto? Salía de mi observatorio cuando observé una luz brillante en el horizonte, cerca de las Pléyades. Al comienzo, pensé que se trataba del Sol que emergía, pero inmediatamente recordé que éste no saldría hasta dentro de unas horas. Mientras observaba, la luz se hacía más y más brillante. Percibí que trazaba algo así como una iluminación hacia arriba, efecto que trato de reproducir en el bosquejo que acompaña esta nota. Como verán, algunas nubes en forma de cúmulo aparecen en la distancia, cerca del horizonte y lo cruzan.

Por un momento, imaginé que estaba presenciando la aparición de un nuevo y radiante cometa. Pero luego vi que la cola desaparecía y lo que podía ser el núcleo se esfumaba. Después pensé que tal vez un granero o cobertizo de alguna casa lejana estaba incendiándose y regresé a mi observatorio a fin de buscar un telescopio de 7.62 centímetros que utilizo para mirar el paisaje. Antes que pudiera entrar, sin embargo, todo vestigio de iluminación había desaparecido súbitamente. Luego de esperar en vano durante algún tiempo me dirigí finalmente a mi hogar. He realizado una detenida investigación para establecer si hubo un incendio en esta región de Sussex en la noche mencionada, pero no sucedió nada similar”.

Por su parte Bradgate informaba:

“El notable fenómeno que el señor Noble describió en el número 98 de Knowledge, fue también visto por mí en Liverpool, el 29 de agosto a las 12:40 de la noche. Acababa de mirar hacia Saturno cuando vi un cono de luz brillante más o menos a 7° por encima del horizonte; el largo total del cono era de aproximadamente 5°. El ápex o núcleo tenía tal grado de concentración, que pensé se trataba de Júpiter. Dirigí mi telescopio (de 50 milímetros de abertura), con un aumento de 30, hacia el punto donde el ápex debía encontrarse (lo tapaba en ese momento una nube), con la esperanza de poder penetrar el misterio pero me fue imposible ya que la nube era demasiado densa. Dirigí entonces el telescopio a lo largo del gran eje del cono y la luz tenía un resplandor parecido al de la Luna hasta que desapareció por completo, después de haber sido visible durante trece minutos. Continué observando la parte del cielo donde la luz desapareció con la esperanza de que reapareciera, pero tuve que abandonar la empresa, ya que un grueso banco de nubes impedía toda observación ulterior. Pudo haber sido una especie de aurora boreal, ya que la zona en donde el fenómeno apareció estaba a 67° al Este del Norte, pero es un poco difícil”.

EL APAGÓN DE CUERNAVACA

También en México se ha tenido este tipo de confusiones. La más famosa fue la que se dio durante una serie de apagones en la ciudad de Cuernavaca y que contribuiría a construir la leyenda del Efecto Electromagnético de los ovnis. Esa noche se presentaron tres apagones, el primero de ellos a las 23:15, el segundo a la 1:30 y el último a las 3:05 de la madrugada.

Casi todos los diarios de la ciudad de México reportaron el avistamiento. En el periódico Ultimas Noticias del 24 de septiembre apareció esta nota:

“Cuernavaca, Mor., 23 de septiembre. Un extraño fenómeno nunca visto antes se observó anoche aquí en tres ocasiones: la energía eléctrica se suspendió sin causa justificada y cuando la ciudad estaba en tinieblas, una intensa luz que primero fue plateada y luego se tronó rojiza, iluminó el cielo de la ciudad.

“La primera ocasión sucedió a las 23:15 horas de ayer, y fue presenciada por centenares de personas. El señor Joaquín Díaz González, presidente del Club de Leones de esta ciudad, el licenciado Emilio Riva Palacio, gobernador del Estado, el licenciado Valentín López González, presidente municipal de aquí, y el general Rafael Enrique Vega, jefe de la 24ª zona militar, lo explican así:

“De pronto la luz se apagó. El cielo parecía normal, pero a los pocos segundos se fue iluminando por una intensa luz plateada, cuyo centro era cegador. Esa luz poco a poco se fue tornando rojiza, hasta que desapareció y entonces volvió la energía eléctrica.

“En el Club de Leones se efectuaba una cena en honor del licenciado Cristóbal Zepeda, Gerente General del Banco de Comercio, y ésta no fue suspendida por causa del apagón debido a que la gran sala fue iluminada por el extraño fenómeno.

“Todos los ahí presentes pudieron apreciar lo que ocurría.

“El Gobernador, el Presidente Municipal y el Jefe de la Zona Militar, junto con otras personas, salían de una sala cinematográfica donde se ofrecía una proyección privada, la que se suspendió por la falta de energía eléctrica. Cuando se encontraban fuera de la sala, vieron la luz blanquecina que iluminaba el firmamento.

“El resplandor cubría el cielo de poniente a sur sobre el valle de Cuernavaca.

“La mayoría de las personas que vieron el fenómeno dijeron que posiblemente sería una flotilla de ‘platos voladores’ que descendieron demasiado.

“El ingeniero Felipe Rivera, que estaba en su granja, al norte de Cuernavaca, dijo que había podido ver el centro de la iluminación la cual era más intensa en ese sitio. ‘Era un núcleo muy luminoso y grande’, explicó”.

Hay que hacer notar que en ningún momento se menciona la aparición de ‘platillos voladores’, sólo se supuso que “posiblemente sería una flotilla de ‘platos voladores’ que descendieron demasiado”. Nunca se mencionó la aparición de huellas por lo que la explicación de un aterrizaje masivo de ‘platos voladores’ es demasiado aventurada. Las fallas de servicio eléctrico no tuvieron relación con lo observado.

REFERENCIAS

Anónimo, ¿Qué iluminó el cielo de Liverpool?, Contactos Extraterrestres, Sección Archivo Secreto, No. 84, página 25, 19 de marzo de 1980.

Anónimo, La extraña luz que llegaba del cielo, Contactos Extraterrestres, Sección Archivo Secreto, No. 78, página 24, 26 de diciembre de 1979.

Blackwell D. E., La luz zodiacal, Endeavour, Vol. 19, No. 73, páginas 14-19, 1960.

Blackwell D. E., The Zodiacal light, Scientific American, 293, páginas 54-63, 1960.

Ibarra Fortino, Platos voladores en Cuernavaca, Ultimas Noticias, México, 24 de septiembre de 1965.

Ruiz Noguez Luis, Luz zodiacal, Cuadernos de Ufología, No. 11, 2da época, Santander, España, páginas 88-92, 1991.

Sullivan Walter, Asalto a lo desconocido, Libreros Mexicanos Unidos, México, 1963.

Jean Dominique Cassini.

La luz Zodiacal es esa luminosidad que se extiende en forma de cono a lo largo del zodiaco. Los objetos luminosos son planetas. En la foto de abajo se puede observar a Venus.

Curiosamente la fotografía que se usó como propaganda para la película de Spielberg, Encuentros Cercanos del tercer Tipo, nos recuerda mucho a la Luz Zodiacal.

Dibujo de Noble del fenómeno observado por él en 1883

Así fue como dibujó W. K. Bradgate el fenómeno que vio desde Liverpool.

William Noble

Vuelve Perspectivas

Perspectivas

La prestigiosa revista electrónica Perspectivas vuelve a estar accesible, ahora desde esta misma web.

Perspectivas, editada por Kentaro Mori (Brasil), Luis Ruiz Noguez (México) y Diego Zúñiga (Chile), fue una verdadera enciclopedia cósmica, donde los casos vinculados a la ufología, las ciencias misteriosas, lo insólito y las historias más estrambóticas de la naturaleza se reunían para salir a flote, con buen humor y desde una perspectiva (de ahí el nombre) distinta. Con una calidad poco común, sus artículos, gracias a la cortesía de sus editores con la Fundación Anomalía, pueden desde ahora volver a consultarse en la red.

http://www.anomalia.org/perspectivas/index.html

Arenas luminiscentes y destello verde

Eventos naturales raros fotografiados en la costa de Oregon

Oregon -Sucedió en dos puntos geográficamente divergentes en la costa de Oregon- y sucedió en dos diferentes reinos del mundo científico.

Una mujer en la playa capturó una fotografía del fenómeno de las arenas que brillan intensamente, y un hombre en Newport obtuvo una foto del “destello verde” en la puesta del sol -ambos eventos raros en esta región. Los dos han dado mucho de que hablar, para la industria del turismo de las costas de Oregon, con acontecimientos tan singulares e impares que caen en lo paranormal.

Lea el artículo completo en: http://www.beachconnection.net/news/rare0806_1933.htm

Conozca más de las arenas y mareas luminiscentes en http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/08/las-mareas-rojas-y-luminiscentes.html

Profesor de física camina sobre fuego

Por Corey Binns Especial para LiveScience

El profesor de física David Willey no utiliza tiza y fórmulas para inculcar el interés de sus estudiantes en la termodinámica.

Él camina sobre el fuego.

“Nada consigue la atención de un estudiante como la posibilidad de que pueda matarse”, dijo Willey, ganador de este año del premio del presidente para la excelencia en la enseñanza en la Universidad de Pittsburgh en Johnstown.

En realidad, Willey ni siquiera suda, gracias a las características aislantes de la madera y un paso rápido. Y él no está solo.

El ritual de caminar en el fuego ha existido por miles de años. Los primeros reportes de esta práctica datan de 1200 B.C. Alrededor del mundo, de Grecia a China, se realizan estas caminatas en rituales de curación, iniciación, y fe. En los Estados Unidos, la caminata sobre fuego se ha hecho popular en seminarios de negocios para las corporaciones así como un supuesto remedio alternativo de salud.

Brujería en la madera

Los científicos en los años 30 buscaron primero explicaciones de porqué los participantes del ritual permanecían sin quemarse. El Consejo para la Investigación Física de la Universidad de Londres encontró que la brujería estaba en la madera, más que en la fe religiosa y los poderes sobrenaturales.

Las pistas para caminar sobre fuego tradicionales se hacen de madera, se dejan quemar hasta reducirse a carbones. Los carbones pueden alcanzar temperaturas altas. La mayoría de las caminatas sobre fuego ocurren cuando los carbones tienen unos 1.000 grados Fahrenheit (unos 540 grados centígrados).

Willey registró una vez a alguien que caminaba en carbones de 1.800 grados (1000 centígrados).

La gente sobrevive porque solamente una pequeña cantidad se transfiere de los brillantes carbones a la planta de sus pies.

“Aun cuando está ardiendo, la madera es un mal conductor”, dijo Willey.

La conducción es el camino que toma el calor para viajar de un material al siguiente. Las moléculas que vibran de un material caliente chocan con las moléculas más tranquilas de un objeto más fresco, y transfieren energía. La baja conductividad térmica de la madera significa que el calor permanece atrapado en los carbones, transfiriendo poco calor a los pies.

Una capa de cenizas en la parte superior de la llameante vereda ayuda a aislar más el calor de los carbones.

Los que caminan sobre el fuego eligen no marchar sobre el acero ardiente por una buena razón. Con los altos niveles de conductividad, la mayoría de los metales harían las trayectorias dolorosas.

No se necesitan pies fríos

Mantener un paso rápido también evita las ampollas

Mientras que un pie camina sobre los candentes carbones, el otro tiene oportunidad de enfriarse mientras está levantado en el aire. La capa protectora de piel muerta en las plantas de los pies y los callos agregan una protección adicional.

Aún cuando nadie debe intentar hacer esto sin el entrenamiento apropiado de un caminante de fuego experimentado, cualquier persona sana puede caminar sobre el fuego, mientras no sea demasiado caliente, según Willey. Es una cuestión de pararse en la línea de inicio con valor y de entrenar tu cerebro para conseguir que tu pie de el primer paso.

http://www.livescience.com/othernews/060814_mm_firewalker.html

Las mareas rojas y luminiscentes

MAREA ROJA

Por siglos nadie pudo explicarla satisfactoriamente. Los antiguos griegos la atribuían a la furia de Neptuno. En la Edad media se hablaba de una “purgación” de los lechos marinos. Algunos naturalistas estimaban que era el resultado de influencias lunares. Otros hablaban de silenciosas erupciones volcánicas, y no faltó el químico despistado que tratara de resolver el enigma con base en confusas explicaciones sobre sustancias químicas venenosas producidas bajo el efecto del fuego central en las entrañas del planeta.

La marea roja es un raro fenómeno que da un tinte sanguinolento a las aguas, en las que comienzan a flotar incontables peces muertos, que luego las olas arrojan a la playa. Del mar emanan vapores invisibles que causan escozor en los ojos y la nariz. Al inhalarlos, arde la garganta, la respiración se vuelve difícil, se sufre accesos de tos y, en ocasiones, la piel comienza a irritarse.

También conocida como Hemotalasia (de las palabras de origen griego hemos, hematos, sangre; y thalasos, mar), debido a que las aguas adoptan un tinte rojizo. En México se le conoce como Agua amarga o Agují. Ese mismo nombre se utiliza en Cuba, además de Tingui. En Perú es el Aguaje; Huirihue o Virigüe en Chile; El Turbio, en Venezuela; Purga do mar, en España (Galicia); Eau Rouges, en Francia; l’acqua rossa, en Italia; red tides o red waters, en Inglaterra; Akashisho, en Japón…

Es el resultado de la multiplicación desorbitada de minúsculos habitantes de las aguas. Se trata, principalmente, de microalgas y otros microorganismos del fitoplancton, entre los que podemos mencionar a los dinoflagelados. En 1957 se descubrió que uno de los causantes era el Gymnodium brevis, que mide apenas de dos a tres milésimas de milímetro, pero que es capaz de reproducirse en cantidades prodigiosas, a tal grado que puede llegar a hacer espesa el agua: como si fuera sangre.

Es un dinoflagelado que posee finísimos apéndices, los cuales le sirven como órganos de locomoción. No es un animal ya que contiene elementos clorofílicos como los de las plantas. Tampoco es un vegetal, puesto que tiene una movilidad típica de los miembros del reino animal. Es más bien un organismo de transición entre lo vegetal y lo animal; aunque algunos científicos prefieren considerarlo como un alga microscópica.

Uno de sus pigmentos clorofílicos, la xantofila, ocasiona la peculiar coloración de las aguas. La xantofila es la que en otoño da a las hojas de los árboles, de las altas latitudes, sus característicos colores anaranjados, amarillos y rojizos. En el caso de los dinoflagelados, cuando su concentración en el agua es muy elevada, le imparten un tono pardo, amarillento, rojizo y aún rojo intenso.

Normalmente el número de estos diminutos organismos en un litro de agua marina es muy pequeño; del orden de unas docenas, o si acaso centenares de ejemplares por litro. Hasta mil se considera una concentración baja, que no implica ningún riesgo para los demás organismos. Pero cuando alcanza cifras del orden de 100,000 o más; la situación se torna peligrosa. Al llegar a cuarto de millón por litro, el agua adquiere el color típico de los mares de sangre y comienza la mortandad de peces y otros animales. Mueren de asfixia porque los dinoflagelados, con su intensa actividad biológica, consumen grandes cantidades de oxígeno y empobrecen las aguas. Mueren también envenenados ya que los dinoflagelados producen ciertas toxinas que afectan al sistema nervioso y desquician la actividad de músculos y membranas.

A ese aumento exagerado en la población de estos microorganismos se le conoce como florecimiento, floraciones algales o “bloom”. Ocurre principalmente en la superficie del agua, y su espesor va de pocos centímetros hasta unos 100 metros. Por lo común, el fenómeno abarca extensiones reducidas, de unas cuantas hectáreas, o a lo sumo, de unos kilómetros cuadrados.

Existen otros microorganismos, como las algas unicelulares o coloniales, las diatomeas, protozoos ciliados e incluso algunas larvas de invertebrados que imparten otras tonalidades al agua. Los colores pueden ser: amarillo, anaranjado, azul, café, marrón, pardo, rosa, verde. Esas tonalidades se deben a los distintos pigmentos que poseen esos organismos.

En el caso de aguas dulces son las algas azules o cianofíceas, las verdes o clorofíceas y las flageladas, como las euglenas y también las diatomeas las que producen diferentes coloraciones. Para que estos microorganismos se puedan desarrollar es necesario que no exista mucha corriente. Son entonces los lagos, lagunas y charcas permanentes los hogares de estos microorganismos.

En Argentina la diatomea Asterionella japonica produce una coloración marrón, llamada “yodo”, que es utilizada como bronceador. No todas las floraciones son peligrosas para el ser humano, pero algunas pueden llegar a ser letales.

La marea roja aparece con frecuencia en varias partes del mundo y la mortandad ha llamado la atención en la costa del sureste de la India, suroeste de África, sur de California, Florida, Perú, sureste de Asia, Indonesia, Polinesia y Japón.

HEMOTALASIA EN EL MAR ROJO

El naturalista inglés Charles Darwin tuvo oportunidad de ver en dos ocasiones este fenómeno. La primera en 1835 en Concepción al Norte de Chile, y meses más tarde al Sur de Valparaíso. En su diario de viaje (1839) escribió que el agua “rebullía de pequeños organismos, que se movían en todas direcciones y a menudo estallaban…”. Estos microorganismos fueron identificados como Mesodinium rubrum.

Pero tal vez la primera descripción de una marea roja se encuentre en la Biblia. En Éxodo 7:20 a 7:21 se dice:

“Y todo el agua que estaba en el Nilo se convirtió en sangre. Y los peces que estaban el Nilo murieron, y el Nilo se tornó contaminado, tal que los egipcios no podían beber el agua del Nilo”.

Según algunos autores, el Mar Rojo recibió ese nombre por que las hemotalasias son muy frecuentes en sus aguas.

Es hasta la primera mitad del siglo XX cuando se comienza a estudiar la hemotalasia. Myrtle Elizabeth Johnson y Harry Snook escribieron el primer libro sobre los animales de las costas en 1927 y en él hacen una breve referencia a las mareas rojas, que en esos días se les llamaba “aguas rojas”:

“Cuando aparece una gran cantidad de ciertos dinoflagelados a menudo vemos parches de “agua roja” en el día y exhibiciones luminosas que las acompañan durante la noche. Muchos animales marinos son capaces de producir luz pero estos protozoarios son la causa de la fosforescencia difusa vista frecuentemente en los rompeolas durante el verano y a comienzos de otoño. Esta luminiscencia es con frecuencia espectacular y hermosa cuando se le ve en una noche oscura. Los peces en el agua brillan con una luz azul verde cuando nadan en los alrededores, y la estela de un barco se convierte en un largo rastro de luz tenue. La resaca se ilumina brillantemente y si uno camina sobre la arena mojada, repentinamente aparecen y desaparecen puntos chispeantes de luz a varios pies a la redonda. Sacudiendo un poco de agua en una botella, se pueden producir repentinos destellos brillantes, porque los animales brillan de manera intensa momentáneamente cuando son agitados en vez de emitir una luz continua. Mientras que muchas especies de dinoflagelados son luminosas cuando son estimuladas, los más importantes en esta costa son Gonyaulax polyedra Stein y Prorocentrum micans Ehrenberg. Los dinoflagelados se llaman así porque generalmente están provistos de dos flagelos, o diminutos “látigos”, que usan en su locomoción. Algunas clases de dinoflagelados producen una coloración verde amarillenta en el agua que, como agua roja, por la noche emite luz cuando se le molesta. Las consecuencias de brotes extensos de agua roja son el decaimiento de un inconcebible número de cuerpos microscópicos arrojados sobre la playa, causando olores muy ofensivos y envenenando el agua lo suficiente como para matar a animales como pepinos de mar, cangrejos, e incluso peces, con el resultado que sus cuerpos cubren las playas e incrementa la peste”.

Ahora se sabe que las floraciones se deben a diversos factores, como la temperatura, salinidad, pH, luminosidad, corrientes oceánicas e, incluso, la contaminación debida al ser humano. En la literatura científica se le conoce como Florecimientos Algales Nocivos (FAN).

Aparentemente, esas mismas toxinas arrastradas por el viento causan las bien conocidas reacciones de irritación nasal y farínguea, accesos espasmódicos de tos, erupciones cutáneas y dificultades respiratorias que bien conocen quienes han estado en las proximidades de un área severamente afectada por la marea roja. Las sustancias despedidas por los dinoflagelados también parecen actuar químicamente sobre ciertos metales.

Por lo común el fenómeno abarca extensiones reducidas, de unas cantas hectáreas o a lo sumo de unos kilómetros cuadrados. Estos episodios aislados son los que por lo general se presentan en las costas del Golfo de México, particularmente en las proximidades de la Florida y en la península de Yucatán, Tabasco y Veracruz.

BIOLUMINISCENCIA

Pero existe una particularidad aún más extraordinaria de las hemotalasias: pueden emitir luz.

El enigma de los “Mares de fuego” presentó un misterio para los pescadores y marinos durante siglos. Es un resplandor que se ve en la estela de las embarcaciones cuando navegan por aguas tropicales. Ya desde el tiempo de los griegos se conocían espeluznantes relatos sobre regiones en las que las aguas chisporroteaban y llameaban amenazando con reducir a cenizas la madera del casco de la embarcación.

El supuesto fuego no es producto de la combustión de ningún material sino la luminiscencia debida a la presencia de una gran cantidad de dinoflagelados que emiten luz cuando son molestados.

Estos organismos, que deben su nombre a que se impulsan moviendo una larga y delgada cola en forma de látigo o flagelo, miden sólo unas cinco centésimas de milímetro. Se les puede encontrar en muchos lugares de los mares tropicales. Son organismos unicelulares que se desarrollan en las bahías cerradas y en las estaciones favorables logran proporcionar una coloración al agua misma y producen suficiente luz para dar al agua un aspecto realmente fantasmal, como si se encendiera.

Diversos ufólogos apuntaban a la posible existencia de bases submarinas de ovnis. Morris Karl Jessup, Harold T. Wilkins, Antonio Ribera e incluso Charles Hoy Fort hablaban de misteriosas ruedas luminosas que se habían visto flotando en el mar. Está el caso del buque de guerra británico Vulture, que el 15 de mayo de 1879 cuando navegaba por el golfo Pérsico, cuya tripulación observó unas “enormes ruedas giratorias” que emitían pulsaciones luminosas. El capitán escribió en el libro de bitácora:

“Estas ondas luminosas iban desde la superficie hasta gran profundidad bajo el agua”.

Los marinos vieron por lo menos dos de estas ruedas luminosas, una hacia el Este que giraba en una dirección, y otra hacia el Oeste, que lo hacia en dirección contraria. El Vulture pasó sobre una de estas ruedas. Poco antes del anochecer la tripulación había observado zonas recubiertas con una sustancia flotante descrita como “fresa de aspecto oleoso”.

Fort menciona que en el mes de mayo de 1880 la tripulación del buque de vapor inglés Patna, nuevamente en el golfo Pérsico, vio otra enorme rueda luminosa giratoria, cuyos radios parecían rozar el barco y medían unos 200 a 300 metros.

En 1960, el 8 de enero, otro buque británico, el Corinthio, que había partido de Londres con destino a Wellington, encontró una misteriosa sustancia flotando sobre el mar. Su color era como el de la miel y su consistencia viscosa. Era como una seda que se rompía en trozos al ser tocada por la hélice. La sustancia cubría todo el horizonte alrededor de la embarcación. El suceso ocurrió a unas 880 millas de la isla Pitcairn.

Y no eran exageraciones ni cuentos de marinos. En efecto, los dinoflagelados pertenecen al phylum llamado Pyrrophyta, que significa “planta de fuego” y coloquialmente se les conoce como “linternas vivientes” del mar. Estos microorganismos emiten luz en la oscuridad.

En América hay cinco bahías famosas por sus “fuegos”: tres en Puerto Rico, una en Jamaica y una en las Bahamas. Una de las más espectaculares es la de Bahía Oyster, cerca de Falmouth, en la costa norte de Jamaica; otra está al Sur de Puerto Rico, en Bahía Fosforescente, cercana al puertecillo pesquero de La Parguera. Las dos bahías están habitadas por los dinoflagelados Pyrodinium bahamense, que en español podría traducirse como “fuego giratorio de las Bahamas”. Su concentración es inmensa: unos 185,000 en cada litro de agua.

Los dinoflagelados de esta especie tienen como peculiaridad el que solamente emiten luz de noche. No importa cuánto se agite el agua durante el día, en las horas diurnas no emitirán luz. Pero por la noche basta la más leve excitación para que produzcan sus característicos destellos. Mediante algunos experimentos se comprobó que el Pyrodinium bahamense sólo se “enciende” durante las horas correspondientes a la noche, aunque se le mantenga en la oscuridad total todo el tiempo. Con esto queda demostrado que los dinoflagelados tienen una especie de reloj biológico que les indica cuándo es de día y cuando de noche.

El investigador mexicano Javier Corro escribía hace algunos años:

“La Bahía Fosforescente de Puerto Rico funciona como una trampa natural que retiene a los dinoflagelados y favorece su multiplicación. Es bastante pequeña –mide unos 800 metros en su parte más ancha- y su estrecha boca permite sólo una reducida comunicación con el mar. Esta rodeada de espesos manglares que aportan a las aguas de la bahía una gran masa de nutrientes, formando un verdadero caldo de cultivo en el cual prosperan los microorganismos.

“Además, el clima de la región es relativamente seco. Los vientos cargados de humedad que llegan desde el Noreste son atajados por una alta barrera montañosa antes de llegar a la zona de La Parguera, y en la bahía caen sólo unos 750 milímetros de lluvia al año contra 2,500 en las montañas próximas. Con tan escasa lluvia hay poco aporte de agua dulce a la bahía, lo que hace que las condiciones físicas y químicas del agua se mantengan casi constantes a lo largo de todo el año. Estas condiciones estables hacen que la concentración de dinoflagelados permanezca también casi sin variación.

“Desafortunadamente, las bahías de fuego corren el peligro de convertirse sólo en recuerdo. La de Nassau, en las Bahamas, perdió su brillo cuando su boca fue ensanchada artificialmente para permitir el paso de embarcaciones mayores. Al mejorar la comunicación con el mar, el lugar dejó de ser estanque natural para los dinoflagelados y el fenómeno nunca volvió a ocurrir. De las tres en Puerto Rico, dos ya han sido seriamente afectadas por la contaminación del agua y otros factores negativos que provocaron mortandad masiva de los microorganismos luminiscentes, y ya sólo conservan una parte de su luminosidad. La única que puede considerarse relativamente a salvo es la Bahía Fosforescente. Pero los científicos le dan poca vida. Temen que pronto corra la misma suerte de las demás”.

Existen varias especies con esta propiedad bioluminiscente, pero el género contiene muchas especies bioluminescentes tales como G. Catenata, G. Digitale, G. Hyalina, G. polygramma, G. sphaeroidea, y G. spinifera. Unos pocos dinoflagelados en un frasco con de agua de mar pueden funcionar como una linterna. Esta fosforescencia se llama bioluminiscencia, que es luz producida en un organismo por medio de una reacción química. Los dinoflagelados son las únicas algas conocidas que tienen esta excentricidad especial.

En las costas del Pacífico el culpable es el Gonyaulax polyhedra, un dinoflagelado luminoso, que tiende a agruparse en círculos de algunas centenas de metros de diámetro, y que bien podría explicar algunos avistamientos de OSNIS fosforescentes.

La luz es de un color azul verde, cayendo en el espectro de luz entre las longitudes de onda de 474 y 476. En el Gonyaulax los destellos son rojos de entre 630 y 690.

El mecanismo de emisión de luz comprende dos etapas, una física y la otra química

La primera parte es puramente física. La membrana vacuolar se hiperpolariza manteniendo un voltaje más negativo con respecto a su entorno. Luego ese potencial expulsa los iones de hidrógeno de unas bolsillas externas de la membrana vacuolar, en las que se encuentra una enzima llamada luciferaza. Esta acción reduce el pH. En estas condiciones ácidas, la luciferina se suelta de su proteína y se activa. La luciferaza cataliza la oxidación de la luciferina, dando por resultado una luz y un producto intermedio llamado oxyluciferina. Se debe proporcionar energía en la forma de ATP para regenerar la luciferina.

La bioluminiscencia de los dinoflagelados se produce en la noche. Es un fenómeno cíclico, un reloj biológico perteneciente a los llamados ritmos circadianos. Ese reloj se puede alterar artificialmente. Se puede “entrenar” a los dinoflagelados para que emitan su luz a diferentes horas del día.

Se piensa que ese ritmo circadiano es una adaptación evolutiva que permite a los dinoflagelados anticipar la salida del Sol y migrar en una columna de agua para subir a la superficie tan pronto como la luz esté disponible para comenzar a la fotosíntesis.

Pero los dinoflagelados no siempre brillan. La bioluminiscencia de los dinoflagelados se puede producir por tres causas:

Estimulación mecánica. Fuerzas de corte o cisalladura, tales como las causadas por el movimiento del agua, de la estela de un barco, de un pez nadando o de una ola que se rompe, deforman la membrana de la célula de los dinoflagelados, lo que produce un destello corto de aproximadamente 1/100 un segundo de fotones 10^8.

Estímulo químico. La reducción del pH de su medio externo agregando ácido puede hacer que algunos dinoflagelados brillen intensa y continuamente.

Estímulo de la temperatura. Algunas especies de dinoflagelados, tal como G. polyhedra, pueden brillar intensamente si baja la temperatura.

El brillo lo utilizan como una especie de alarma sobre la posible presencia de predadores potenciales. Al encenderse, los dinoflagelados señalan la posición de su supuesto atacante. Los microorganismos se ponen en movimiento; la luz puede asustar al depredador y los más pequeños, incluso, pueden quedar tostados.

Los dinoflagelados luminosos han dado lugar a varios reportes sobre sus características, el más antiguo que conozco es este reporte aparecido en una revista mexicana de 1836:

“El autor de la relación de un Viaje a Siam y a la Conchinchina (Mr. Finlayson) explica así la causa de este magnífico y singular espectáculo que presentan los mares de la India, durante la noche: ‘En muchos golfos, y singularmente en la rada de la Isla del Príncipe de Gales, los cuerpos que producen esta fosforescencia se encuentran en tanta abundancia, que se puede distinguir fácilmente un navío a la distancia de algunas leguas. La luz que resulta no es menos viva que la de un hacha, y parece saltar del seno de las olas surcadas por el timón, o batidas por los remos. Durante el día hemos notado que las olas eran de un color verduzco, semejante al de la capa vegetal que se ve comúnmente en la superficie de los estanques o ciénagas; y habiendo recogido una gran cantidad de esta agua, nos aseguramos de que el color que la distingue de día, y la claridad fosfórica con que brilla de noche, eran debidos a la presencia de la misma sustancia. Las causas de este fenómeno luminoso, varían en diversos puntos del Océano. Sabemos que el pez de mar cuando está muerto, comunica a la olas una claridad del mismo género, y nos hemos certificado de ello arrojando a la mar un pez que matamos. Se distribuye este hecho al desove, así como a la putrefacción de las materias animales. En la experiencia que hemos practicado, observamos que la claridad de que se trata, provenía del movimiento impreso a un montón inmenso de moléculas viscosas, del grueso de una cabeza de alfiler. Tomada el agua n el hueco de la mano, se les veía moverse con una extrema rapidez, por espacio de uno o dos segundos, y cuando volvían a entrar en su estado de inercia, no daban ya ninguna luz’”[1].

En el 2005 se logró captar esa luminosidad desde el espacio exterior mediante fotografías con satélites artificiales.

La marea roja y la marea fosforescente han generado muchos mitos. Mitos que comenzamos a desentrañar en este nuevo milenio.

REFERENCIAS

Anónimo, La marea roja: efecto natural del ecosistema marino, Información Científica y Tecnológica, Vol. I, No. 5, págs. 5-8, México, septiembre 15 de 1979.

Corro Javier, Fosforescencia de la mar, Información Científica y Tecnológica, Vol. 6, No. 97, pág. 53, México, octubre de 1984.

McElroy D. William & Saliger H. Howard, Biological “luminescence”, Scientific American, Vol. 207, No. 6, págs. 76-89, diciembre de 1962.

Morales Juan José, Mitos y leyendas del mar, Editorial Posada, Colección OMNIA, México, 1984.

Shimizu Y., Dinoflagelate toxins, en Paul J. Schever (editor), Marine Natural products: Chemical and Biological Perspectives, Vol I., págs. 1-42, Academic Press, New York, 1978.

Página en Internet, http://www.mbari.org/staff/conn/botany/dinos/alimon/biolumin.htm

Gymnodium brevis

Gonyaulax polyhedra

Gonyaulax polyhedra

Gonyaulax polyhedra

Gonyaulax polyhedra

Gonyaulax polyhedra de día

Gonyaulax polyhedra de noche

Gonyaulax polyhedra de día

Gonyaulax polyhedra de noche

Marea roja

Marea roja en Corea del Sur

Marea roja en La Joya, California

Marea roja en Hong Kong

“Laguna de sangre” en Valle de Santiago

Dibujos de “círculos de fuego” vistos por los marinos del siglo XIX

Ondularía

Marea fosforescente en playas brasileñas

Marea fosforescente vista desde el espacio


[1] El Mosaico Mexicano, Tomo I, No. 6, México, 15 de diciembre de 1836.