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Alfabetos extraterrestres

Alfabetos Extraterrestres

Kentaro Mori

La ilustración de al lado y la historia que cuenta son muy curiosas. Viene del libro japonés “Ume no Chiri” publicado en 1803. Una nave extranjera habría visto cerca del puerto de Haratono, ciudad de Ibaragi, este objeto extraño. De acuerdo con la descripción, la carcasa externa estaría hecha de hierro y de cristal, y las letras extrañas mostradas en el dibujo fueron vistas dentro de lo que parece ser una sonda extraterrestre.

¿Pero será lo mismo?

Una evidencia curiosa: las ‘extrañas’ letras mostradas, de hecho inexistentes tanto en el alfabeto japonés como en el chino, son muy parecidas a las letras y símbolos que de hecho existen en el japonés. En verdad, son solamente combinaciones de símbolos y letras presentes en el alfabeto japonés. Descomponiéndolas, todas son conocidas y comunes a los japoneses. Los autores de esta historia podrían haber usado algún jeroglífico, o por lo menos algo de árabe o de hebreo… sería menos evidente que fue inventado -que el japonés de comienzos del siglo XIX. Una pena, podría haber sido algo muy interesante.

En todos los supuestos casos de contactos donde se proporciona bastante información sobre los extraterrestres, esta información es siempre reveladora. Pero no reveladora de una cultura extraterrestre, y sí de la cultura y de la capacidad de fantasear de las personas que crearon tales historias.

A veces las personas consiguen crear una fantasía resonante de forma involuntaria, como parece ser el caso de los abducidos, siendo los Hill el ejemplo típico. Estas creaciones involuntarias sin embargo necesitan ser probadas (como lo son) en busca de información interesante, dependiendo siempre de los aspectos oníricos, donde las informaciones objetivas son escasas y las subjetivas abundantes. Viajar a mundos distantes, al futuro o por encima de la tierra es común, pero en ninguno de estos viajes es visto algo realmente único. Por el contrario, son vistos pasajes de películas B.

Ya en otros casos se descubrió que el autor de las historias creó deliberadamente fantasías complejas, y en éstas a veces podemos hallar información de alto nivel si el autor de las historias sabe como crearlas. Un ejemplo clásico es el bien versado autodidacto Jordán Peña, creador del mito que se transformó en culto, el ‘caso UMMO’. Peña admitió recientemente que inventó los Ummitas, y cuenta cómo se sorprendió cuando vio que otros continuaron e igualmente crearon sus propios fraudes para mantener el culto UMMO alrededor del mundo. El aspecto fascinante del ‘caso UMMO’ es que los supuestos Ummitas estarían proveyendo información extensa sobre su cultura, yendo de su filosofía hasta su física. Algunas cartas Ummitas contenían conceptos físicos avanzados, no solamente del conocimiento del interesado en física común, sino más apropiado para los ambientes académicos de la física teórica. Lo que demuestra que Jordán Peña era un autodidacto nada ignorante, y más competente que Robert Lazar y sus teorías físicamente espurias sobre el funcionamiento de las naves extraterrestres.

Para ilustrar la dificultad para crear una supuesta cultura alienígena creíble, vamos a abordar la idea de los alfabetos extraterrestres. Nadie inventa fácilmente un alfabeto de símbolos totalmente nuevo. Inténtelo por sí mismo: usted inevitablemente acabará creando algo similar a cierta cosa que usted mismo ya vio. Pero perciba una cosa: los jeroglíficos nada tiene que ver con el alfabeto romano, que nada tiene que ver con el chino, el árabe, el hebreo… Y mire que algunos de estos alfabetos algunas veces se cruzaron culturalmente, algunos tuvieron hasta el mismo origen, siendo que todos fueron creados por la misma especie, de dos manos con cinco dedos y un pulgar oponible.

Un alfabeto es el resultado de toda una comunidad de escribanos, que perfeccionan su uso sopesando tanto su practicidad como una lógica propia, y todo eso relacionándose con una cultura. Por ejemplo, los jeroglíficos (los que conocemos popularmente) son adecuados para ser grabados en la piedra para la posteridad, y también para mantener una elite de escribanos; el alfabeto hebreo está hecho para ser escrito con una pluma especial, así como el idioma chino, escrito con un pincel. Sin contar los detalles específicos de cada uno de estos alfabetos, únicos e interesantísimos.

Algunos jeroglíficos presentan cobras cortadas por la mitad. ¿Por qué? Porque se creía que los que los dibujos podrían tomar vida, y al dibujar una serpiente cortada por la mitad, esto prevendría que saltara al cuello de un lector incauto. En el hebreo, originalmente no se representaban las vocales. Hasta hoy, son representadas por los puntos después de las consonantes, algo casi binario. Todavía en el hebreo, borrando ciertas partes de una palabra, se puede transformar en otra totalmente opuesta. A su vez, el alfabeto chino, del cual el japonés fue derivado (copiado), tiene más de 50.000 letras. Sin embargo, todas se componen de menos de 10 trazos básicos. O sea, con menos de 10 ‘partes’ se crearon más de 50.000 combinaciones.

La lengua japonesa tiene tres alfabetos diferentes. Uno es de ideogramas, y dos son fonéticos. Uno de los fonéticos utiliza los mismos trazos básicos que los que componen los más de 50.000 ideogramas. El otro, más popular, fue hecho especialmente para facilitar la escritura con un pincel, y a primera vista parece un montón de remolinos ligados. Acaba pareciéndose a nuestra escritura cursiva. Y todo era originalmente escrito de arriba para abajo, de derecha a izquierda. Eso deriva del chino. ¿Por qué escribir de arriba a abajo? Se cree que fue porque se comenzó a escribirlo sobre tiras de bambú, que podían estar fijadas en el suelo. Ciertamente, es más fácil fijar una tira de bambú en el suelo y escribir en ella verticalmente que crear la placa típica occidental, donde escribimos horizontalmente.

Cada alfabeto humano esta lleno de estas curiosidades, o mejor, peculiaridades, y un simple conjunto de símbolos arrastra toda una cultura compleja detrás de si. Así, es difícil que alguien consiga inventar todo eso solo, o igual con la ayuda alguien. Aunque también no sea imposible.

Una vez entendido como es complejo un alfabeto y la dificultad que se presenta en la tarea de crear uno de la nada y atribuirlo a los aliens, es necesario percibir que todo este problema se podría solucionar de forma simple, por lo menos a los adeptos de la hipótesis extraterrestre. ¡Bastaría encontrar un alfabeto extraterrestre REAL! Un indicio tan simple si usted encuentra ETs que todavía utilizan una cierta forma de escritura, o sea, por lo menos un conjunto de símbolos REALMENTE extraños podría ser una cierta evidencia de razonable credibilidad por sí misma, justamente porque es tan difícil crear un alfabeto de la nada.

¡Pero ni eso! ¡Ni un fraude con este nivel de sofisticación! Que pena. Los lingüistas quedarían fascinados con un conjunto de símbolos realmente nuevo, desvinculado de todo lo que conocemos. Lo mismo siendo fruto de un fraude, sería algo interesante. ¡Pero ni eso!

 Como es típico en las seudo ciencias, los adeptos de la certeza extraterrestre frente a tales argumentos acaban creando alguna justificación cerrada en sí misma. Una de estas justificaciones sería la típica, apelando a la magia de los avances de la tecnología: “¡Sin embargo, los ETs son avanzados y no utilizan más alfabetos!”. Ciertamente, es posible. Pero es improbable. El famoso ensayo de Isaac Asimov “The Ancient and The Ultimate” (algo como “El antiguo y más moderno”) donde argumenta que un avanzadísimo sistema de almacenamiento y lectura de información es el bueno y viejo libro.

Podemos pensar que en un futuro distante no será más necesario saber leer para recibir informaciones, que serían inyectadas directamente en nuestros cerebros cuando lo deseáramos. ¿Pero si algún día llega a ser tan simple asimilar la información, por qué no asimilar fácilmente la propia información de aprender a leer? Después de todo, la lectura es una forma extremadamente poco dispendiosa y muy eficiente para la transmisión, el almacenamiento y la captación de información, y es difícil de imaginarse que alguna civilización simplemente decida ignorar su uso aunque esporádico.

La ausencia de descripción de alfabetos alienígenas convincentes hasta el momento es realmente decepcionante. Pero si la Ufología no nos da simples alfabetos, ¿podemos buscar transmisiones de radio, y quién sabe si encontremos algo? Llegamos finalmente al SETI, en esta discusión sobre la complejidad y extrañeza que una cultura alien debe tener.

Así como el alfabeto es una forma primitiva y al mismo tiempo eficiente de manipulación de la información, la radio es análoga. Muchos dicen ingenuamente que los ETs no utilizan más la radio. De hecho es bien posible que los ETs descubran medios más avanzados de transmisión y recepción de datos, pero la radio es, como el alfabeto, una forma primitiva y muy eficiente de transmisión. Por más avanzados que sean tecnológicamente los ETs, deben utilizar esporádicamente la radio, aunque sea en casos de emergencia. Más que eso, si ellos quisieran hacerse notar, la radio parece ser una forma muy buena para eso -y son justamente estos supuestos ‘faros galácticos’ los que el SETI está buscando.

¿Pero como sería una señal de radio captada por el SETI? Bien, como la TV al cabo ya es muy interesante ver los canales extranjeros en tiempo real y ver cómo nuestra “cadena Globo de televisión” es propia y única. Al final, hasta los mismos canales argentinos son ya totalmente diferentes. Mal podemos imaginar lo que sería asistir a algo como la “cadena Gris de televisión”…

Espero solamente que no tenga telenovelas.

El destello verde (2)

FÍSICA RECREATIVA

Conocí el destello verde gracias a los artículos de D. J. K. O’Connell y casi al mismo tiempo en la obras del físico soviético Yakov Perelman. En su Física Recreativa, Capítulo Octavo. Reflexión y refracción de la luz, Perelman explica de una forma entretenida este curioso fenómeno de la naturaleza:

“El rayo verde

““¿Ha presenciado usted alguna vez la puesta del Sol en el mar? Sí, indudablemente. ¿Y siguió al Sol hasta ese momento en que la parte superior de su disco toca la línea del horizonte y luego desaparece? Probablemente también. Pero, ¿se dio cuenta de un fenómeno que suele ocurrir en el momento en que el astro radiante lanza su último rayo, cuando el cielo está completamente despejado y transparente? Puede que no. Pues, no pierda la ocasión de presenciar este fenómeno. Sus ojos percibirán, no un rayo rojo, sino un rayo de maravilloso color verde, de un color, que no hay pintor que pueda reproducirlo en su paleta y que la propia naturaleza no ha repetido ni en los diversos tonos de las plantas, ni en el color más transparente de los mares”.

“Un comentario como éste, publicado en un periódico inglés, entusiasmó de tal forma a la joven protagonista de la novela de Julio Verne “El Rayo Verde”, que resolvió emprender una serie de viajes con el único fin de ver con sus propios ojos el mencionado rayo. La joven escocesa no consiguió, según la narración del novelista, observar este bello fenómeno de la naturaleza. No obstante, el rayo verde existe. El rayo verde no es una simple leyenda, a pesar de que con él guarden relación muchas historias legendarias. El rayo verde es un fenómeno que puede admirar todo aquel que tenga afición a la naturaleza, siempre que lo busque con suficiente paciencia.

“¿Por qué se produce el rayo verde?

“Para comprender la causa de este fenómeno hay que recordar cómo vemos los objetos cuando los miramos a través de un prisma de cristal. Hagamos, por ejemplo, el siguiente experimento: cojamos un prisma de cristal y, teniéndolo delante del ojo horizontalmente, con la parte ancha hacia abajo, miremos a través de él una hoja de papel blanco clavada en la pared. Notaremos, en primer lugar, que dicha hoja sube a una altura mucho mayor que la que ocupa en realidad, y, en segundo lugar, que tiene en su parte superior un borde violáceo azulado y en la parte inferior otro borde amarillo rojizo. La elevación depende de la refracción de la luz y los bordes coloreados, de la dispersión que produce el cristal, es decir, de la propiedad que tiene éste de refractar distintamente los rayos de colores distintos. Los rayos violeta y azules se refractan más que los restantes, por lo cual, el borde que vemos en la parte superior es violáceo azulado; los rayos rojos, por el contrario, son los que menos se refractan, por cuya razón vemos nuestra hoja de papel con un borde rojo en su parte inferior.

“Para en adelante comprender mejor, es conveniente detenernos un poco en el origen de estos bordes coloreados. El prisma descompone la luz blanca, procedente del papel, en todos los colores del espectro, produciendo una multitud de imágenes de dicha hoja de papel, situadas en el orden correspondiente a la refracción de los distintos colores, pero superpuestas parcialmente unas a otras. De la acción simultánea de estas imágenes coloreadas superpuestas, nuestro ojo recibe la sensación del color blanco (suma de los colores del espectro), pero por arriba y por abajo sobresalen los bordes de los colores que no se mezclan. Goethe, el insigne poeta y naturalista alemán del siglo XVIII, que hizo este experimento, pero que no comprendió su sentido, pensó, que acababa de descubrir la falsedad de la teoría de Newton sobre los colores, y escribió su propia “Ciencia de los Colores”, la cual está basada casi totalmente en ideas falsas. Es de suponer que nuestros lectores no repetirán los errores de este gran poeta y no esperarán que el prisma pinte para ellos, con nuevos colores, todos los objetos que les rodean.

“La atmósfera terrestre viene a ser para nuestros ojos algo así como un enorme prisma de aire, cuya base está dirigida hacia abajo. Cuando miramos al Sol en el horizonte, lo hacemos a través de este prisma gaseoso. El disco toma por su parte superior un borde de color azul y verde, y por la inferior otro, de color rojo y amarillo. Mientras el Sol se encuentra sobre el horizonte, la claridad de la luz del disco es tan intensa, que apaga estas zonas coloreadas e impide que las veamos. Pero en el momento de la salida y de la puesta del Sol, cuando casi todo el disco está oculto tras el horizonte, podemos ver el borde azul de su parte superior. Este borde es en realidad bicolor: su parte más alta está formada por una franja azul, y la más baja, por una celeste, resultado de la mezcla de rayos azules y verdes. Cuando el aire próximo al horizonte está completamente limpio y transparente, vemos el borde azul, o “rayo azul”. Pero con frecuencia, los rayos azules se dispersan en la atmósfera y queda solamente un borde verde; éste es precisamente el fenómeno del “rayo verde”. En la mayoría de los casos, la atmósfera está turbia, y dispersa, además de los rayos azules, los verdes. En este caso no se observa ningún borde y el Sol, al ponerse, semeja una esfera purpúrea.

“El astrónomo soviético G. Tijov, que consagró al “rayo verde” una investigación especial, nos comunica algunos indicios de la visibilidad de este fenómeno. “Si el Sol tiene color rojo al ponerse y es fácil de contemplar a simple vista, puede decirse con toda seguridad que no habrá rayo verde”. La causa es comprensible, porque el color rojo del disco solar indica que en la atmósfera se produce una gran dispersión de los rayos azules y verdes, es decir, de los que forman el borde superior del disco. “Por el contrario – continúa el astrónomo -, si el ordinario color blanquecino amarillento del Sol cambia poco y éste se pone resplandeciente (es decir, cuando la atmósfera absorbe poca luz. – Y.P.), es muy posible que se produzca el rayo verde. Pero en este caso tiene gran importancia que el horizonte forme una línea bien definida, sin desigualdades, ni bosques próximos, ni edificios, etc. Estas condiciones se dan preferentemente en el mar; he aquí por qué el rayo verde es bien conocido por los marinos”.

“Quedamos, pues, en que para ver el “rayo verde” hay que observar el Sol, en el momento de salir o de ponerse, cuando el cielo está muy despejado.

“En los países del sur, el cielo suele ser más transparente en el horizonte, que en los del norte, por lo cual es allí donde este fenómeno se observa con más frecuencia. Pero esto no quiere decir que en las latitudes medias se produzca tan raras veces como muchos creen y seguramente influidos por la novela de Julio Verne. Las búsquedas obstinadas del “rayo verde”, tarde o temprano, acaban viéndose coronadas por el éxito. Se han dado casos en que este bello fenómeno se ha podido contemplar con anteojo de larga vista. Dos astrónomos alsacianos describen una observación de este tipo de la forma siguiente:

“… En el último minuto precursor de la puesta del Sol, cuando, por consiguiente, aún se veía una parte apreciable de él, su disco, cuyos límites eran ondulados y móviles, pero bien definidos, estaban rodeados de un margen verde. Mientras el Sol no se puso por completo, este margen no se distinguía a simple vista. Solamente se hizo visible en el momento en que el Sol desapareció tras el horizonte. Si un fenómeno como éste se observa con un anteojo de suficiente aumento (aproximadamente de 100 veces), se puede seguir minuciosamente todo el transcurso del mismo: el margen verde comienza a notarse, por lo menos, 10 minutos antes de ponerse el Sol; este margen limita la parte superior del disco, mientras que en la inferior se observa un margen rojo. La anchura de este margen es muy pequeña al principio (de varios segundos de arco en total), pero después va aumentando a medida que se pone el Sol. A veces llega a alcanzar hasta medio minuto de arco. Sobre este margen verde suelen verse unas prominencias del mismo color, las cuales, al ir desapareciendo paulatinamente el Sol, parece que se deslizan por su orilla hasta llegar al punto más alto. Algunas veces, estas prominencias se separan del margen, brillan varios segundos aisladas de él y luego se apagan” (fig. 119).

“Generalmente, el fenómeno dura un par de segundos. Pero en circunstancias extraordinarias esta duración aumenta sensiblemente. Se ha registrado un caso en que el “rayo verde” se observó…¡durante más de 5 minutos! El Sol se ocultaba detrás de una lejana montaña, cuando un observador, que caminaba deprisa, vio como el margen verde del disco solar parecía deslizarse por la pendiente de aquélla (fig. 119).

“Es muy interesante la observación del “rayo verde” al salir el Sol, cuando su parte superior comienza a surgir de detrás del horizonte. Esto desmiente la versión de que el “rayo verde” no es más que una ilusión óptica, que se produce por cansancio del ojo con el brillo del Sol al ponerse.

“El Sol no es el único astro que lanza el “rayo verde”. Este fenómeno se ha podido observar también al ponerse Venus”.

Continuará…


Perelman Yakov, Física Recreativa. Libro 1, Editorial MIR, Moscú, 1975.

El destello verde (Primera parte)

EL DESTELLO VERDE

Cuando el Sol está cerca del horizonte se observan fenómenos jamás vistos a ninguna otra hora. Quizá el más espectacular sea el breve destello verde que puede verse a veces. Antes se suponía que era un fenómeno fisiológico, pero la fotografía en colores ha mostrado que tiene realidad física: su existencia puede explicarse mediante las leyes ordinarias de la óptica. El fenómeno depende no solo de las condiciones existentes cerca de la superficie, sino también de las de la alta atmósfera, y su conocimiento puede ser útil para la investigación de la última.

No hace falta ir a los trópicos para ver el destello verde: puede observarse en cualquier latitud sobre la tierra y sobre el mar. A veces es también visible a la salida del Sol. El destello no es necesariamente verde; puede ser azul o violeta. Lord Kelvin describió un destello azul que había observado en 1899 al salir el Sol sobre el Mont Blanc.

La primera descripción publicada del fenómeno es la de David Winstanley en 1873: “El rayo verde empieza en los vértices del segmento visible del Sol, y, cuando la puesta de éste es casi completa se extiende desde ambos vértices al segmento central, donde produce un destello momentáneo e intenso de luz visible al ojo desnudo”.

Winstanley cita una carta de James Prescott Joule, que describe sus propias observaciones y las anteriores de Joseph Baxendell.

La primera observación que he podido encontrar es de William Swan y data de 1865; al parecer vio desde Righi un relámpago deslumbrante color verde esmeralda sobre una montaña distante. Sin embargo, no publicó tal observación hasta 1883, quizá después de leer la novela de Julio Verne, Le rayon vert, aparecida en 1882 y que parece haber despertado interés general por esta materia. Por lo menos se ha escrito mucho desde entonces.

Las opiniones acerca de la naturaleza del destello verde han estado divididas. Muchos mantienen que es meramente un fenómeno subjetivo que resulta de la fatiga de la retina, de tal forma que se ve el color complementario después del deslumbramiento de los rayos rojizos del Sol al ocultarse. Es curioso que esta fue la opinión de William Swan después de hacer la observación mencionada arriba, aunque parece evidente que el destello verde a la salida del Sol no puede ser el resultado de la fatiga retinal; Swan lo achacó al color rojizo del cielo al amanecer.

TEORÍA DEL DESTELLO VERDE

Los principales factores que originan el destello son la dispersión y la absorción de la luz solar en la atmósfera de la Tierra. La velocidad de la luz disminuye al aumentar la densidad del aire, de tal forma que un rayo de luz es refractado en su paso a través de la atmósfera, a no ser que su origen esté justo en el cenit. El rayo se desvía hacia la vertical con relación a su dirección original; por tanto, el Sol o una estrella aparecen más altos en el cielo de lo que están en realidad. La refracción aumenta con la distancia al cenit y los rayos de longitud de onda más corta (violeta, azul y verde) se desvían más que los de longitud de onda más larga. El resultado neto es que la imagen de una estrella se descompone en un espectro, con el azul o verde encima y el rojo debajo, y la longitud del espectro aumenta al disminuir la altura.

Este efecto aparece muy claro cuando fotografiamos cuerpos estelares como el Sol o Venus cuando están cerca del horizonte: puede verse que los astros presentan un borde verde estrecho en la parte superior, y un borde rojo en la inferior, aunque esos bordes son difíciles de apreciar a simple vista la mayor parte de las veces.

El aire no sólo refracta la luz sino que también la absorbe. Al ponerse una estrella, su luz atraviesa un espesor de aire cada vez mayor. La absorción aumenta y la estrella aparece más débil. Sin embargo, la absorción no es uniforme en todo el espectro. Algunos constituyentes normales de la atmósfera, como el vapor de agua, el oxígeno y el ozono, absorben unas longitudes de onda más que otras. El resultado es que ciertos colores se debilitan más que otros al acercarse una estrella al horizonte.

A veces las bandas de absorción debidas al vapor de agua, llamadas a menudo bandas de Brewster, quien las descubrió, afectan los rayos naranja y amarillo, muy fuertemente. Al ponerse el Sol, la luz naranja y amarilla casi desaparece, de tal forma que hay un vacío en el espectro y una transición brusca del rojo o rojo-anaranjado, al verde.

Otro factor que influye en el destello es la dispersión de la luz solar por las moléculas de aire. Debido a esta dispersión, que es también la causa de que el cielo sea azul, los colores violeta y azul de la luz solar se debilitan más y más al acercarse el Sol al horizonte. Cuando el resto del Sol se ha ocultado ya detrás del horizonte, sólo queda una franja verde estrecha, pues el azul y el violeta ya no son visibles. En esas condiciones puede verse un destello verde en el último momento de la puesta. El destello puede incluso aparecer completamente separado del disco solar y flotar encima del horizonte cuando el Sol ya ha desaparecido. A grandes alturas y cuando el aire está muy claro, puede todavía verse el azul durante la puesta, y el destello puede ser verde azulado, azul, o, mucho más raramente, violeta.

El polvo y la niebla pueden producir una absorción general de la luz solar, así como una absorción selectiva o dispersión de longitudes de onda especiales. En general el polvo y la neblina hacen menos probable la aparición del destello verde, especialmente cuando el Sol está muy rojizo.

Por otra parte, ciertas condiciones pueden aumentar la intensidad o duración del destello y facilitar u observación. Cuando la temperatura del aire aumenta con la altura se forma en la atmósfera lo que se llama una capa de inversión, y en estas condiciones ocurren espejismos.

J. Evershed, a bordo de un barco en los trópicos, veía a menudo un destello verde brillante en el ocaso, y notó que en cada ocasión había un notable espejismo causado por una delgada capa de inversión cercana al mar:

“A la puesta del Sol el último segmento del disco que desaparecía fue… reflejado e invertid, dando lugar a una forma lenticular con los vértices levantados como un minuto por encima del horizonte. El destello verde ocurrió cuando los vértices bordeados de verde se fundieron en un todo brillante… Me parece evidente… que la capa de inversión intensifica grandemente el efecto de la dispersión ordinaria al añadir la luz de la imagen reflejada a la de la imagen directa en el momento de la puesta”.

La confirmación experimental del aumento de la intensidad del destello verde debido al espejismo ha sido dada por T. S. Jacobsen quien fotografió el espectro del destello verde y comparó la intensidad de su luz verde con la intensidad de la luz verde en el espectro del Sol cuando éste está en posición baja.

La duración del destello verde depende de la velocidad a la que sale o se pone el Sol, lo que depende de la estación del año. La anchura vertical del borde verde es de unos 10 segundos de arco, que en las latitudes medias sólo tarda una fracción de segundo en pasar debajo del horizonte. Las condiciones atmosféricas pueden aumentar la anchura del borde verde, con un aumento correspondiente de la duración del destello.

El Sol se pone más despacio y el destello verde dura más a medida que nos acercamos a los polos. En Hammerfest (79 ºN), en un periodo del año puede durar hasta 14 minutos: siete minutos mientras se oculta el Sol detrás del horizonte y otros siete minutos al orto que sigue inmediatamente a ese ocaso. El periodo es aún mayor cuando el Sol sigue, al salir o al ponerse, el perfil de una montaña.

M. Minnaert pudo mantener la observación del fenómeno desplazándose a lo largo de una pendiente a la velocidad apropiada. La duración más larga que se ha registrado es la comunicada por la expedición antártica del almirante Byrd en Little America (78 ºS), en 1929, cuando el Sol siguió el horizonte irregular de la barrera de hielo y se vio aparecer y desaparecer el destello verde durante 35 minutos. Había una fuerte inversión de temperatura cerca del hielo, lo que sin duda aumentó la intensidad.

INVERSIONES DE TEMPERATURA

Como se ha explicado más arriba, la refracción hace que el Sol aparezca más alto en el cielo, de lo que realmente está. En el ocaso, la imagen del Sol se levanta tanto, que el astro se ve cuando en realidad está ya debajo del horizonte; en otros términos, la refracción retrasa la puesta del Sol, de la misma manera que adelanta la salida.

La magnitud de la refracción varía con las condiciones atmosféricas: pude a veces ocurrir que la refracción sea apreciablemente mayor que la normal. En este caso, el ocaso, además de retrasarse, dura más que de ordinario y también aumenta la duración del destello.

Existen ejemplos de casos notables de refracción anormal. El más sorprendente es el comunicado por marinos holandeses en Nueva Zemlia en 1597: vieron el Sol durante catorce días cuando hubiera debido estar debajo del horizonte; la refracción era de más de 4 grados. Esta información fue estudiada por Kepler y otros, y muchos llegaron a la conclusión de que la observación era imposible y que debería haber alguna confusión en las fechas, debida a la reciente reforma gregoriana del calendario. Sin embargo, las observaciones eran muy correctas, como mostró en el siglo XX S. W. Visser, quien señala que Sir Ernest Shackleton notó un fenómeno semejante en el mar de Weddell, en su última expedición antártica en 1915.

El destello verde ha sido observado desde muchas partes de la tierra, pero es más probable verlo en los mares tropicales, o en montañas altas o en el aire claro de Egipto. Hay razones para suponer que había sido observado por los antiguos egipcios. Puede verse muy frecuentemente en Egipto a la puesta, y aún más fácilmente, a la salida del Sol, pues entonces el aire es especialmente claro y libre de polvo.

El destello verde es tan estrecho que está por debajo del poder de resolución del ojo humano; sólo se le puede ver a simple vista cuando ha desaparecido la mayor parte del disco solar. Es entonces cuando el destello verde, con su forma lenticular, permanece por un instante encima del horizonte.

Es mucho más fácil de ver si se utilizan binoculares o un telescopio pequeño, aunque, desde luego, hay que tener mucho cuidado para no dañarse los ojos al hacerlo. La razón de utilizar un instrumento óptico es aumentar el tamaño del destello verde. A menudo se puede ver bastante bien el destello verde con unos anteojos pequeños, incluso cuando no es visible a simple vista. Sin embargo, si se quiere distinguir los muchos detalles finos, tal como han sido fotografiados frecuentemente, es necesario tener un telescopio de distancia focal bastante grande.

Al inicio de las investigaciones muchos intentaron fotografiar en colores el fenómeno con una máquina de foco corto. Al fallar el intento, dedujeron que el fenómeno era subjetivo.

Puede utilizarse, entre el ocular o el ojo, un filtro neutro que reduzca la intensidad de la luz sin alterar el color.

Continuará…


Kelvin, Blue ray of sunrise over Mont Blanc, Nature, Vol. 60, 411, Lond., 1899.Winstanley David, Atmospheric Refraction and the last rays of the Setting Sun, Proc. Manchester Lit. Phil. Soc., Vol. 13, 1-4, 1873.

Swan William, Green sunlight, Nature, Vol. 29, 76, Lond., 1883.

La primera cita de Julio Verne al rayo verde la hizo en su, Les Indes Noires, Hetzel, Paris, 1877, Pág. 186 (Capítulo XVII, Un Lever de Soleil)

Algunos de los artículos publicados de 1884 a 1900:

Larrabee W. H., Green suns and red sunsets, Popular Science Monthly, Vol. 24, 598–606, 1884.

G. M. H., The Red Light round the Sun – The Sun Blue or Green at Setting, Nature, Vol. 30, 633, 1884.

A. de Rochas, Le rayon vert et l’équerre chromatique, La Nature, Vol. 13:2, No. 634, 366, 25 Jul., 1885.

Trève A., Sur le rayon vert, observé dans l’océan Indien, Comptes Rendus,. Vol. 101, 845–846, 1885.

Trève A., Le rayon vert, La Nature Vol. 13:2, No. 649, 366, 7 Nov., 1885.

Trève A., Essai d’une explication physiologique des couleurs complémentaires, Comptes Rendus,. Vol. 102, 984–985, 1886.

H. de Maubeuge, Sur le rayon vert, Comptes Rendus, Vol. 103, 1147–1148, 1886.

H. de Maubeuge, Le rayon vert, La Nature, Vol. 15:1, 46, 1886.

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Pellat J. S. H, Von der grünen Farbe des letzten Sonnenstrahles, Naturwiss. Rundschau, Vol. 3, 565, 1888.

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Fuegos fatuos (Final)

LUMINISCENCIA

In ilo tempore se conocían sustancias y animales que resplandecían en la oscuridad. Este fenómeno generó muchas supersticiones, pero al mismo tiempo despertaba curiosidad.

Como en tantas muchas otras cosas, fueron los chinos quienes mencionaron por primera vez la existencia de las luciérnagas y de algunos gusanos luminosos. En el Shih Ching (Libro de las Odas), de 1500 a 1000 a.C. se hace una descripción de estos animales.

“…Algunas cosas no arden por su naturaleza, ni tienen fuego de ningún tipo, aún así parecen producir luz”, escribió Aristóteles en su “De Coloribus”, refiriéndose a la luz que emitían ciertos peces en estado de descomposición.

Cristóbal Colón en su primer viaje vio luces extrañas:

“… y era como una candelita de cera que se alzaba y levantaba, lo cual a pocos le parecía ser indicio de tierra, pero el Almirante tuvo por cierto estar junto a tierra…”.

El primero en describir, en 1565, una solución acuosa extraída de la madera, que poseía un extraordinario color azul intenso fue el alquimista español Nicolás Monarde. Le dio el nombre de “lignum nephrilicum”. Casi un siglo después (1655), Athanasius Kircher, la estudió, en Alemania, y luego Francisco Grimaldi en Italia, Robert Boyle e Isaac Newton en Inglaterra. Los dos últimos, científicos ingleses, encontraron que, cuando la solución se iluminaba con luz blanca, se transmitía una luz amarilla, al mismo tiempo que se reflejaba la luz azul que todos podía ver. En 1852, otro inglés, George Stokes demostró que la solución absorbía cierta longitud de onda de la luz blanca, mientras que emitía una luz de mayor longitud de onda. Esta emisión desaparecía de forma instantánea cuando se apagaba la luz. El mismo fenómeno fue observado en los espatos minerales (fluorspar), por lo que Stokes acuñó el término de fluorescencia.

Años atrás, en 1603, ya se había observado cierto tipo de luminiscencia en sustancias como el sulfato de bario (barita natural). Vincenzo Cascariolo, de Bolonia, al calentar esta sal con carbono, logró producir una sustancia que emitía luz en la noche. Aparentemente se cargaba durante el día con la luz solar y luego, durante la noche, brillaba con cierta intensidad. Por eso la bautizó con el nombre de “lapis solaris” o piedra del Sol. Gulio Lagulla y Galileo Galilei se interesaron por el fenómeno, al que dieron el nombre de “spongia solis” o esponja solar, ya que según ellos la sustancia absorbía los rayos solares. En Grecia ya era conocida como “litosforo” o piedra productora de luz.

Tendrían que pasar algunos siglos para que el químico alemán Eilhard Wiedemann acuñara el término luminiscencia, que incluía los fenómenos de fluorescencia y fosforescencia. Se definió a la luminiscencia como todos los fenómenos luminosos no causados solamente por el aumento de la temperatura (incandescencia).

Hoy en día, la luminiscencia se entiende como el proceso por el cual un material genera radiación no térmica. Así, la luminiscencia es la emisión de luz por medios diferentes a la combustión y por eso ocurre a temperaturas más bajas que las requeridas por la combustión. Un ejemplo de luminiscencia es la luz, o brillo, emitido por el dial de un reloj luminoso.

Cuando ciertos materiales absorben varios tipos de energía, una parte de la energía se emite como luz. Este proceso tiene dos pasos:

1. La energía incidente hace que los electrones de los átomos del material absorbente se exciten y salten de las órbitas internas de los átomos a las órbitas exteriores.

2. Cuando los electrones “caen” de nuevo a su estado original, emiten un fotón de luz.

El intervalo entre los dos pasos puede ser corto (menos que 0,0001 segundos) o largo (muchas horas). Si el intervalo es corto, el proceso se llamaba fluorescencia; si el intervalo es largo, el proceso se llamaba fosforescencia. En ambos casos, la luz producida es casi siempre de menos energía, es decir, de longitud de onda más larga, que la luz excitante.

No existe realmente una frontera clara entre fosforescencia y fotoluminiscencia ya que empleando métodos finos se comprueba que ciertos minerales, a priori sólo fluorescentes, en realidad siguen dando luz fracciones de segundo después de haber sido separados de las fuentes excitadoras. Sin embargo, por convención, el término Fluorescencia se restringe a la luminiscencia causada por rayos ultravioleta (U.V.).

Existen muchas aplicaciones para estos fenómenos. Van desde los materiales con que se cubren las pantallas de los televisores, que brillan cuando son excitados por los rayos catódicos, a las lámparas fluorescentes y los aditivos de los detergentes blanqueadores que dan una sensación de mayor blancura.

Existen diversas variedades de luminiscencia en función de la energía responsable del fenómeno:

La Quimiluminiscencia es aquella luminiscencia en la que la energía es originada por reacciones químicas, como cuando el fósforo amarillo se oxida en aire, emitiendo una luminiscencia verde. Si la reacción química ocurre en un organismo viviente, tal como la luciérnaga o los peces abisales, el proceso se llamaba bioluminiscencia.

Bioluminiscencia. Emisión de luz por organismos vivientes, sin calor apreciable. La luz resulta de una reacción química de enzimas y ciertas otras sustancias en los organismos. Bacterias, algas, hongos y varios animales invertebrados tienen especies bioluminiscentes. Algunos peces de mares profundos están equipados con órganos que producen luminiscencia hacia la que se ve atraída la presa. La luz emitida por la luciérnaga hembra atrae al varón para el apareamiento.

Roentgenluminiscencia. Luminiscencia producida por rayos X de altas energías al bombardear ciertos materiales; un ejemplo es la incidencia de los rayos X en una pantalla fluoroscópica.

Triboluminiscencia. Luminiscencia que resulta del rompimiento, rascado o despedazamiento de ciertos materiales; la palabra viene del griego “tribo” que quiere decir frotar, fricción, y “luminizenz” o luminiscencia, consiste en la mayoría de los casos en descargas eléctricas que tienen lugar entre partes diferentes del sólido, cuando estas se separan por acciones mecánicas externas. Hay cristales moleculares, como el azúcar; que al ser triturados emiten luz visible. Del mismo género es la luminosidad azul que se produce al separar la cinta adhesiva (masking tape, o cinta “Scotch”). En ambos casos las cargas eléctricas se producen por la separación de las superficies. La emisión de luz ocurre por la descarga, sea directamente por fragmentos moleculares, sea por excitación de los gases atmosféricos en la vecindad de las superficies separadas. El resplandor azul obtenido al desenrollar las cintas adhesivas se debe a la excitación producida por las descargas eléctricas en las moléculas de nitrógeno del aire.

Se denomina Electroluminiscencia a aquella causada por corrientes eléctricas, o excitación de electrones. Tiene lugar cuando ocurren descargas eléctricas en presencia de gases enrarecidos o con vapores de ciertas sustancias. Pueden ser de dos tipos:

Catodoluminiscencia ocasionada por rayos de electrones, o rayos catódicos que se utilizan en las pantallas de diferentes tipos de dispositivos, como: televisores, computadoras, osciloscopios, radares, etc.

Anodoluminiscencia e ionoluminiscencia. Corresponden a la luminiscencia en ánodos debida a la acción de iones positivos sobre la sustancia. Fue descubierta por Goldstein en 1886.

Radioluminiscencia. Es la luminiscencia producida por la acción de los materiales radiactivos. Observada por primera vez por Pierre y Marie Curie en el elemento radio que obtuvieron a partir de pechblendas procedentes de Johanngeorgenstadt, Sajonia (Alemania).

Fotoluminiscencia. Es la creada cuando ciertos materiales son irradiados por luz visible, rayos X, rayos catódicos, ondas de radio o luz ultravioleta; un ejemplo es la fosforescencia de pinturas.

Sonoluminiscencia. Se ha observado en algunos líquidos orgánicos, es la luminiscencia producida por ondas sonoras de ultra altas frecuencias, o ultrasonidos.

La Termoluminiscencia es la capacidad de ciertos cuerpos de producir luz visible cuando son calentados a una temperatura por debajo del rojo. Este tipo de fenómeno fue observado en 1663 por Robert Boyle. No debe ser confundida con la incandescencia que ocurre a temperaturas más elevadas. En termoluminiscencia el calor no es la fuente primaria de energía sino el que aumenta la reacción. En realidad los materiales son de por sí fosforescentes, pero esta propiedad aumenta con el calor. La variedad de la fluorita llamada clorofana emite una radiación verde característica y otros minerales termoluminiscentes son la calcita, el apatito, la escapolita, la lepidolita y ciertos feldespatos.

FOX FIRE

Foxfire es un fenómeno natural que ocurre en el bosque, y es común observarlo durante la noche. Es causado por la bioluminiscencia de algunos hongos, y por lo regular se le encuentra en cortezas podridas, en donde crecen estos hongos.

La bioluminiscencia es un tipo especial de quimiluminiscencia en donde la reacción química se genera dentro de algunos seres vivos (bacterias, hongos, algas, insectos, peces, invertebrados…). Se produce por el repentino decaimiento de una molécula en un alto nivel de energía a uno más bajo, emitiendo fotones. Es una especie de fotosíntesis inversa. En la fotosíntesis, el organismo vivo captura luz y dióxido de carbono (CO2) para producir materiales orgánicos y emitir oxígeno. En la bioluminiscencia, se emite luz y CO2 por medio de la descomposición de material orgánico, usando oxígeno. Este tipo de luz es de baja intensidad y energía. Se produce por reacciones químicas (se han encontrado más de 50 diferentes tipos de reacciones) a temperatura ambiente y no genera calor. La bioluminiscencia más conocida es la producida por las luciérnagas.

Pero también varias especies producen esta bioluminiscencia. El Armillaria mellea (hongo de miel) es el más común. Esta especie en particular emite un destello azul verdoso. Otras especies emiten distintos colores, como el Omfalotus illudens, conocido en algunos lugares como Jack-o’-lantern, que emite un destello de color naranja; o el Panus stipicus, de color rojo.

El cuerpo fructífero de Armillaria es una zeta de color oro, que no es luminiscente, sólo su micelio y rhizomorphos lo son. Sigue patrones que van de las 7:30 p.m. a las 7:30 a.m., cuando deja de emitir luz. Este patrón no se ve afectado por la presencia o ausencia de luz solar.

Los hongos generan luz en dos etapas. La primera es recargándose de energía química a través de la respiración o un proceso fotosintético. Esta energía se almacena en ciertas moléculas. La segunda etapa es tomar esta molécula energetizada, llamada “luciferina” (del latín, “portadora de luz”), y combinarla con oxígeno en presencia de una enzima especial, llamada “luciferaza”, ATP (Adenosina Trifosfato). Esta reacción produce agua, luciferina en un nivel energético más bajo, y luz.

Al foxfire también se le conoce con el nombre de Faerie Fire (fuego de las hadas). Aparece en otoño, cuando comienza a enfriar. La temperatura óptima es de 25°C. Por arriba de los 30°C o por debajo de los 2°C disminuye la luminosidad.

Ya Aristóteles hablaba de este “fuego frío”. Plinio, el naturalista romano menciona los bosques de olivos luminosos. En 1780 se pensaba que el origen eran animales microscópicos que brillaban mientras se alimentaban de la madera podrida. Pero fue hasta 1800 que se encontró la relación entre la luminiscencia y minúsculos hongos. A mediados de ese siglo se encontró que dichos hongos requerían, para emitir su luz, la presencia de humedad y de oxígeno. A comienzos del Siglo XX se comenzó a reseñar todas las especies de hongos que producen el fenómeno. En la actualidad se conocen más de 40 especies de tales hongos, entre los que se encuentran los basidiomicetos.

En nuestros días es difícil ver esta maravilla de la naturaleza, especialmente debido a la polución luminosa de las ciudades. La intensidad de la luz del foxfire es muy débil. Para poder verlo es necesario estar en el bosque húmedo, en completa oscuridad y haber acostumbrado a nuestros ojos, durante 20 a 30 minutos, a dicha oscuridad. Evite usar cualquier tipo de luz. Solo utilice la de las estrellas. Un fotomultiplicador puede dar buenos resultados.

EL FUEGO DE LOS TONTOS

Olvidemos por un momento las hipótesis de Devereux y de Persinger y veamos otro enfoque de las luces fantasmas. Hemos Visto que algunos de estos fenómenos se pueden explicar si suponemos que son debidos al Foxfire o a otro tipo de luminiscencia, pero también existe otro fenómeno que puede explicar el enigma.

Los Fuegos Fatuos, del latín “Ignis fatuus”, son luminosidades misteriosas similares a flamas débiles que se ven en muy raras ocasiones de noche sobre el suelo. También se les conoce como “Fuochi fatui” o “lambenti” (en Italia); “Feu follet”, “Feux follets” (en Francia), “follets delfoe” (en Cataluña),“Marsh lights” (en Estados Unidos), etcétera.

Ignis fatuus, fuochi fatui, feu follet, follets delfoe o fuego fatuo, significa literalmente “el fuego de los tontos”. Se le conoce así porque cualquiera que los sigue es un tonto. En la antigüedad se le temía a este fenómeno porque se creía que era portador de malas noticias o que traía consigo a la muerte. Cualquier tonto que seguía la luz podía caer en un precipicio. Esas luces se les podían seguir pero nunca se les podía alcanzar.

Usualmente son luces pequeñas y aparecen cerca del suelo. Su principal característica es que se localizan en área determinadas muy específicas. Algunas veces las luces se separan en varias pequeñas unidades, o éstas se combinan para formar una mayor, o dos revolotean alrededor una de la otra, sin juntarse. Evitan los objetos y, frecuentemente, se alejan de los espectadores cuando estos intentan aproximarse. Los fuegos fatuos son principalmente de color amarillo, rojo o azul.

Los fuegos fatuos han dado origen a muchas supersticiones y leyendas. A veces aparecen en los pantanos, en los cementerios, en los depósitos de basura o en cualquier lugar donde hay animales o vegetales en putrefacción. Los fuegos fatuos están íntimamente relacionados con los cadáveres en descomposición y los cementerios.

En los pantanos es, preferentemente, el hidrógeno protocarbonado, metano, el que arde en una llama azulada poco brillante, pero nítidamente perceptible en la oscuridad. En los cementerios es el hidrógeno fosforado, fosfeno, que se inflama muy fácilmente en contacto con el aire.

Estos fuegos fatuos, cuando son movidos por una ligera brisa o son atraídos por las personas que pasan cerca, son horripilantes para la imaginación popular que los ha designado con muchísimos nombres, cada uno más supersticioso: candelas de los muertos, fuegos de los Elfos (genios o espíritus del aire, de la mitología escandinava), linterna del monje, almas en pena, etcétera.

Desde hace por lo menos doscientos años se les considera un fenómeno natural, debido al gas producido por la descomposición del material biológico en el suelo. Ya en 1730, Isaac Newton, en su “Escritos sobre óptica”, relacionó el gas de los pantanos, metano y otros gases debidos a la descomposición de la materia orgánica, con los ignis fatuus.

El metano (CH4) y otros gases de las marismas creados por los vegetales y animales en putrefacción suben en forma de burbuja a través de los pantanos, hasta la superficie, en donde se encienden y producen flamas y bolas de fuego que se mueven debido a la acción de las corrientes de aire. El metano no se enciende espontáneamente, pero en combinación con el fosfeno (PH3) si lo hace. El fosfeno es un compuesto que se enciende al entrar en contacto con el aire, lo que provoca que el metano, a su vez, se prenda.

En 1980 el Dr. Alan Mills del Departamento de Geología de la Universidad de Leicester inició una investigación sobre estos fuegos. No los pudo reproducir en el laboratorio, bajo condiciones controladas, usando metano, fosfeno y otras sustancias que se sospecha producen este fenómeno. Concluyó que el Will-o’-the-Wisp no es producto del gas de los pantanos.

Sin embargo, en 1993 los biólogos alemanes Günter Gassmann y Dieter Glindemann supusieron que la causa de ascensión natural del metano, gas de los pantanos, puede ser otro gas, el difosfano (P2H4), que se encuentra en el tracto digestivo de muchos animales y que se enciende espontáneamente cuando se encuentra con el aire. Como agente natural reductor capaz de transformar el fosfato alimenticio en difosfano se debe a la presencia de algunos microorganismos.

El difosfano hidratado posee una alta presión de vapor si se encuentra entre 20°C y -30°C, por lo que puede entrar en combustión al contacto con el aire, aún en pequeñas concentraciones. Estos se pueden ver en los así llamados “corpse candles” que se ven en los cementerios.

Burford J. R. y Bremmer, J. M., en 1972 no pudieron detectar fosfeno en muestras de mezclas de terreno con fosfato, a través de cromatografía de gases, pero en 1993, Glindemann sí encontró, por medio de cromatografía de gases, presencia de fosfeno (CAS. 7803-51-2, PH3, fosfano), Difosfino (P2H4, difosfano) en el gas de los pantanos, biogás, landfill gas, marsh gas, wetland sediment, y en el tracto intestinal de los mamíferos, en sus heces fecales y en el estiércol. Inclusive se le puede encontrar en algunos alimentos.

No hay que confundir el fosfeno con el fosgeno (COCl2, cloruro de carbonoxido, carbonildicloruro o bicloruro de ácido carbónico). Tampoco hay que confundir los ignis fatuus (fuegos fatuos), con los “ignis flatus” (los fuegos de las flatulencias).

El gas formado durante las primeras etapas de putrefacción es flamable. Eso lo comprobaron en su oportunidad los enterradores y los primeros anatomistas quienes, en los cadáveres ya hinchados, hacían diminutos orificios y luego acercaban una antorcha. De inmediato se formaban largas flamas azules que podían quemarse como pequeñas pipas por varios días antes de que el gas combustible se acabara.

El investigador forteano Phil Reeder, en 1986, puso en duda la explicación para los fuegos fatuos. Según él existen varios informes de gente que a tocado dichos fuegos y que no ha sentido calor alguno. Si se trata de flamas ¿cómo es posible que no desprendan calor? En efecto, se sabe de varios testimonios de testigos que hablan de luminosidades frías.

En estos casos no se puede tratar de combustión, sino de quimiluminiscencia –o fosforescencia- del fosfeno. A bajas concentraciones de oxígeno, el vapor de fósforo es luminiscente, y se puede formar fácilmente a través de la descomposición del difosfano.

Antiguamente en las morgues, cuando no se contaba con cámaras de refrigeración, se formaba el fosfeno, especialmente en los días calurosos, y se podía observar una ligera fosforescencia en los cuerpos. Este es el fenómeno que dio lugar a la leyenda de las “corpse lights”.

Conocido en lenguaje coloquial como grisú, el gas de los pantanos es producto de la habitual descomposición o de los fósiles orgánicos (el carbón, por ejemplo). De él se dice que ha entrado en ignición al producirse dentro del cuerpo humano. El doctor Stephen Power, del Royal Homeopathic Hospital, describe un caso curioso en The British Journal citando el caso de un paciente en el que el metano se había generado a causa de una úlcera duodenal. El paciente, un sacerdote, estaba apagando las velas después de un servicio religioso, cuando “en su aliento se prendió fuego”. Alarmado, pero sin haber sufrido lesiones, corrió a pedir consejo médico, y la curación de la úlcera terminó con la producción de metano.

Un técnico en medicina espacial supone que estos fenómenos pueden explicar varios casos de ovnis:

“Con los ovnis ocurre lo mismo que con las aureolas. Si el aire está quieto, el sudor vaporizado ascenderá alrededor del cuerpo hasta cierta altura y allí se mezclará con oxígeno. Esta reacción química puede generar también un proceso luminoso. Entonces el círculo luminoso sobre la cabeza semejará una aureola. Los ovnis son, por así decirlo, gigantescas aureolas formadas por el gas de los pantanos”.

Demin y sus colaboradores propusieron un mecanismo que involucra las propiedades semiconductoras de cuerpos minerales polimetálicos. Su idea involucra descargas eléctricas de las fallas geológicas que son amplificadas por la presencia de minerales semiconductores. Esta teoría conlleva la generación de ondas de ultrasonido y emisión de electrones, además de la luminiscencia, y sugiere que el fenómeno luminoso puede estar asociado con cuerpos minerales polimetálicos cerca de la superficie.

Algunos microbiólogos creen que el fenómeno de luminosidades frías lo causa una bacteria fosforescente. Pero la verdad, a ciencia cierta, nadie la sabe, pues nadie, hasta el momento, ha capturado, analizado o reproducido en el laboratorio un fuego fatuo, y la literatura científica sobre el asunto casi no existe. Sin embargo, en vista a lo que hemos visto hasta el momento, bien podríamos decir que algunos ovnis son El Fuego de los tontos.

Fuegos Fatuos (6)

FUEGOS FATUOS EN EL MUNDO

Existen varios sitios en donde se pueden ver estas luces. La lista siguiente en ningún modo es exhaustiva, pero da una idea de la magnitud del fenómeno.

AFRICA

Nigeria, en Kano.

Sudan, las “Blue Sparks” de Khartoum.

AMERICA DEL SUR

Argentina, en el cerro de las Animas, en Peralta.

Argentina, en el cerro del Uritorco.

Argentina, en Victoria.

Chile, el “Farol” o el “Carbunclo” o el “Alicanto”.

Colombia, el “automóvil fantasma” o el “carro fantasma de Carlos Bombita”, en Pueblo Nuevo, Ocaña.

Colombia, la “La candileja”, en Antioquia.

Colombia, la “La luz viajera”, en Casanave.

Colombia, la “Luz corredora”, en Cesar.

Cuba, la “Esfera candela” o “Luz de Yara”.

Nicaragua, en Quilali, vista desde 1945.

Perú, la “Luz del dinero”.

Venezuela, el “Relámpago de Catatumbo” o “La luz de Maracaibo” o el “Faro de Maracaibo”.

ASIA

China, en la montaña Wu T’ai.

India, las “Luces de Padubidri”, cerca de Mangalore, que se veían desde 1982.

India, los “Chota-admis”, de Darjeelin

Malasia, las “Penanggal”.

Mongolia, en el desierto del Gobi se las conoce como “fuegos del Diablo”.

Tailandia, en la Chance Island.

Tailandia, las “Nong Khai lights” o las “Luces Nekha” o los “Nagas”, en el pueblo de Nong Khai, sobre el río Mekong.

BRASIL

Amazonas, el “Cherrube”.

Bahía, el “Mboi-Tatá”

Alagoas, el “Jean Delafosse”

Itamaracá, el “Joao Galafuz”

Minas Gerais, el “Mboi-Tatá”

Rio de Janeiro, “Mae de Ouro” o “Mae do fogo”, se aparece desde hace más de 150 años.

Sao Paulo, el “Mboi-Tatá”.

Sao Paulo, la “Mae de ouro”, en Iporanga.

Sergipe, el “Jean de la Foice”

“Batatao” o “Boitatá”, en el nordeste.

CANADA

British Columbia, la “British Columbia Light”.

Ontario, la luz fantasma de Lake Simcoe, cerca de Brechin, al Norte de Toronto.

Ontario, en la isla de Scugog, distrito de Buffalo Basin.

Ontario, el “Ontario Ghost Road”.

Ontario, las “Ontario Lights”.

Saskatchewan, la “St. Louis Light”, en St. Louis.

Woodridge, Manitoba, Canadá, en el lago Simcoe.

en Buffalo Basin district, cerca de Beechy, se ven desde 1912.

ESPAÑA

Canarias, en las cumbres de Güimar.

Canarias, la “Luz de Leme”, en Concepción.

Canarias, la “Luz de Mafasca”, en Jandia, Fuente Ventura.

Canarias, la “Misteriosa luz de Martela”, en Granadilla de Abona, Tenerife.

Cataluña, en el monte Turó de I’Home.

Cataluña, en la montaña de Montserrat.

Cataluña, la “Misteriosa Llum”, de Barcelona.

Cataluña, las “Follets delfoe”, en Queralbs, Tregurá y Freixenet.

Galicia, en el Pico Sacro

Vizcaya, en el monte de Amboto

“diablos luminosos” que se da en Cádiz.

La “Luz Mala” toma el nombre de “Luces Populares” en España

ESTADOS UNIDOS

Alabama, las “Dancing Ghost Lights en el monte Oriflamme, Lamar, sobre la vieja carretera de Butterfield Stage, al sur del desierto de California, cerca del pueblo de Julian.

Alabama, en Lamar County, vistas desde 1895.

Alaska, en el Lago Iliamna.

Arizona, en Sedona.

Arkansas, la “Gurdon Ghost Light”, en Gurdon.

Arkansas, la “Rich Mountain Light”, de Mena.

Arkansas, las “Crossett Lights”, de Crosset.

California, las “Ridge Lights”.

Carolina del Norte, en Burke County.

Carolina del Norte, en Watauga County.

Carolina del Norte, las “Brown Mountain Lights”, en las Brown Mountain, cerca de Morgantown.

Carolina del Norte, las “lights of Summerville”, de Summerville.

Carolina del Norte, las “Maco Mountain Lights” o “Maco Station Light” o “The Maco Light”, en Wilmington.

Carolina del Sur, las “Bingham’s Light” de Dillon, en Summerville en el Sheep Island Road.

Colorado, en el cementerio de Silver Cliff.

Colorado, San Luis Valley, (Mysterious Valley).

Florida, la luz misteriosa de Maryland que apareció en 1952.

Florida, en Oviedo.

Georgia, la “Codgell Spooklight”, de Codgell.

Georgia, la “Surrency Spooklight” o “Surrency’s Ghost Lights”, en Surrency.

Hawaii, en el Parker Ranch de Waimea.

Illinois, la “Illinois Central Spook Light“.

Iowa, una luz que se vio en una granja de Warren County, desde 1874 hasta 1947.

Kentucky, la “Haldeman Light”, de Haldeman.

Kentucky, las “Sand Mountain Lights” o “Sand Mountain Ghost Lights”, de Sand Mountain.

Kentucky, Mount Sterling.

Louisiana, entre Gonzalez y Galvez.

Michigan, la “Michigan Light”.

Michigan, las “Paulding Lights” en Paulding, cerca de Watersmeet.

Minnesota, la “Old Brewery Hill Spook Light”.

Missouri, en Cedar County.

Missouri, en Farrenberg.

Missouri, en los Montes Ozarks.

Missouri, en Webster County, cerca de New Madrid.

Missouri, la “Hornet Light” o “The Hornet Spooklight” o “The three-state spooklight”, en Joplin, que se puede ver desde Missouri, Oklahoma y Kansas.

Missouri, la “Senath Light”, en Arbyrd.

Montana, las “Montana Lights”.

Nevada, las “Phantom lights”.

Nevada, cerca de McDermitt.

Nevada, en Nye County.

New Jersey, las “Wanaque Lights”, del lago Wanake.

New Jersey, las luces fantasmas de Jersey City

New Mexico, cerca del río Llano, Taos County.

New York, en el pantano de Cassadega.

New York, en Pine Bush.

North Dakota, en Cass County, vistas desde 1968.

Ohio, la “Oxford Light”, Oxford.

Ohio, las “Loudonville lights” o “Phantom lights”, de Loudonville.

Oklahoma, las “Cimarron County lights”, del condado de Cimarron.

Oklahoma, las “Oklahoma Panhandle Lights”.

Oklahoma, las “Sand Springs lights”, de Sand Springs.

Oregon, las “Blue mounrains lights”.

Oregon, en La Grande.

Pennsylvania, en Hansell Road, Bucks County

Tennessee, la “Chapel Hill Light”, en Chapel Hill, se aparece sobre una vía de ferrocarril.

Texas, el “will-o-the wisp of Esperanza”, que se ve desde 1941.

Texas, las “Anson Lights”, en Abilene.

Texas, las “Ghost lights of Bragg Road” o “Saratoga Light” o “Saratoga Ghost Light” o “Bragg Road” o “Big Thicket”, entre Saratoga y Bragg.

Texas, las “Wimberely Lights”, de Wimberely.

Texas, las “Marfa Lights” o “Marfa Mystery lights”, de Marfa.

Texas, en Presidio County.

Utah, en Uinta Basin.

Virginia, en Nansemond County.

Virginia, la “Belfast Ligth”, de Belfast.

Virginia, la “Cohoke Light”, en West Point..

Virginia, las “Suffolk lights”, de Suffolk, en el Jackson Road.

Washington, en la reservación India de Yakima.

Washington, en Tacoma.

Washington, la “Phantom Light of Ringold” o “Ringold ghost lights”, vistas cerca de Pasco.

Washington, la “Mount Adams Light”, en la reservación de Yuma.

Wisconsin, en los pantanos de Kenosha.

Wisconsin, en Racine.

Wyoming, en Newcastle, cerca de la famosa Devil’s Tower de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo.

“Maple Lake Ghost Light”, en Maple Lake.

Sobre el monte Baldo, en Lazer.

EUROPA

Al norte de Holanda.

Alemania la “Irrlichter” o “Irrlicht” o “luz loca”, dos minúsculas bolas corren como antorchas en Brieselanger, cerca de Berlín.

Francia la “Ronda-dos-Lutinos”.

Gracia, en el Monte Athos

INGLATERRA

Bleaklow, el “Dark lad” o “T’Owd lad”, en Woodhead.

Bleaklow, en el Fuerte Glossop.

Bleaklow, los “Devil’s Bonfires”, en Torside Castle.

Dartmoor,

Derbyshire la “Lantern Pike” o “Peggy with’ Lantern”, en Hayfield.

Derbyshire, en Shining Clough.

Derbyshire, la “Meg o’th’ Lantern Lane”, en el Río Derwent, cerca de Derby.

Derbyshire, las “Longdendale Lights” o “Devil’s Bonfires”, en High Peak.

Dervyshire, en Whitwell

Escocia, la “Fife light” o “Spunkie”.

Gales en 1904-1905.

Irlanda, la “Fermanagh Couny light”.

La “Cammeringham Light”, de Harpswell.

la “Watersmeet light”.

La ”St. Albans Light”.

Longnor en el río Dove,

Peak, South Yorkshire y North Nottinghamshire, el “Fiery drake”,

Peakland Spooklights.

Willoughton, en el condado de Lincoln.

ITALIA

Cravagliana

En Val d’Aosta, las “lumini”, “processioni dei morti”, luces atribuidas al demonio.

En Vipiteno, se le conoce como “Froscherle”, un pequeño fuego en un area pantanosa del Norte de Italia.

Lombardia, en Valceresio, se encuentra el llamado Hessdalen Italiano.

Montañas Sibillini, Luces extrañas.

Monte Bisalta, lugar sagrado en donde se ven OVNIs.

Monte Prela, cerca de Genoa.

Mount Bisalta, cerca de Mondovì.

Novara, al Norte de Italia.

Piedmont, Italia, una montaña sagrada.

Regio Emilia, en Cánolo di Correggio, que sus habitantes llamaban “La Patria”.

Sondrino, en las montañas de Caiolo y Berbenno.

También se les ha visto en La Spezia, Brescia, Vicenza, Aosta y Latina.

Trento, en Transacqua, se habla de la “luce burlona”.

Turín, al norte de Italia.

Valsesia

Valtellina, Berbenno.

Vercelli, una luz conocida como “s-ciarùn” que se vio en el valle de Mastallone, entre 1947 y 1950.

Voghera, Italia.

Veneto, la “Cabeza de caballo ardiente”, y el “Scarafaggio lucente”.

Verona, “Le lumere”.

Tronio, los “Cules”.

Cuneo, los “Cules”.

Novara, los “Cules”.

Belluno, la “Luce vagante”, de Livinallongo.

Milán, la “Cagnolitt”.

Perugia, en Morra.

Modena, en el cementerio Trentino di Banano.

En Luca, los “Lumetti” o “Luminotti” o “Folletti del lumicino” o “Cecco linterna”.

Liguria, el “Chiaro dei fichi mori”.

Oltrepo Pavese, en el cementerio de Tidone.

Emilia Romagna, la “Lamazze”, en Ferrara.

Emilia Romagna, la “Lumere”, en Rabean.

Emilia Romana, la “Piligreina”, en Forlí.

Emilia Romana, la “Pulo ‘una”, en Rimini.

MEDIO ORIENTE

en Petra las conocen como “Djinn” o “Djenum”.

Irak, en Ramadi.

MÉXICO

Coahuila, en Bella Rosita.

Durango, en Cevallos.

Estado de México, en Chalma.

Estado de México, en el cerro del Tenayo.

Estado de México, en Jorobas.

Guanajuato, en Mesa Ibarrilla.

Guanajuato, en Valle de Santiago.

Hidalgo, en el cerro del Xicuco.

Hidalgo, en El Chico.

Hidalgo, en Pachuca.

Michoacán, en el cerro de Colima.

Morelos, en el Tepozteco.

Puebla, en el Tetliyolotl.

Querétaro, en Peña Colorada.

OCEANIA

Australia, las “Min Min Lights”, en Store Route, cerca de Bourke, New South Wales.

Australia, las “Min Min Lights”, vistas en Boulia, New South Wales.

Australia, las “Min Min Lights“, en Queensland, en la estación de Alexandria.

Australia, las “Min Min Lights“, en Queensland, en Marebeea.

Australia, las “Quinn’s lights“, en Queensland.

Nueva Guinea, en Kabakada.