Archivo de la categoría: Divulgación científica

¿Son los platos voladores simples moscas voladoras?

¿PLATOS VOLADORES O MOSCAS VOLADORAS?[1]

Dicen que los críticos son como gallinas que cacarean mientras las otras ponen. En ocasiones esta descripción es la adecuada pero, obviamente, hay otras en las que no. En mi papel de crítico de la ufología se me podría investir con esta descripción, sin embargo pienso que en este caso no es lo adecuado. Me explico. Tengo más de 25 años de investigar reportes de ovnis. En los primeros 10 yo fui un ferviente creyente de la hipótesis extraterrestres y publiqué diversos artículos no sólo en mi país, sino en el extranjero (Argentina, España, Puerto Rico…). Luego, a raíz del apoyo del director de la revista Contactos Extraterrestres, Héctor Chavarría, pude dedicarme por un tiempo a investigar los casos que llegaban a su redacción. Eso me dio la oportunidad de darme cuenta de que estaba equivocado y de que todos los casos de ovnis tienen una explicación racional que nada tiene que ver con naves interplanetarias[2]. A partir de ahí me convertí en un crítico del fenómeno[3] hasta llegar a ser un escéptico del mismo. Pero para que no me acusaran de cacarear mientras los demás ponían, escribí diversos artículos en las principales revistas ufológicas a nivel mundial y he publicado algunos libros. No solo eso. En el seno de la SOMIE (Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica) hemos descubierto la explicación a la mayoría de los casos clásicos mexicanos y algunos casos extranjeros, mismas que se han publicado en revistas especializadas. Además, he planteado algunas hipótesis de trabajo, como la presente, que explican algunas de las características de diversos reportes ovni. Esto ha conformado lo que Vicente Juan Ballester Olmos llamó Escuela Mexicana de Ufología. Una “escuela ufológica” que curiosamente no está conformada por ningún ufólogo sino por críticos y escépticos (el ya mencionado Chavarría, Héctor Escobar, Óscar García, y el tal Noguez).

No conozco ninguna hipótesis de trabajo formulada por ufólogo mexicano alguno que haya aportado algo a la ufología crédula. Existen, si, trabajos de gran valor en la ufología escéptica, pero todos realizados por los autores ya mencionados. El presente trabajo ha sido comentado y criticado en diverso círculos ufológicos del extranjero y por lo menos han dicho que “se trata de una hipótesis curiosa”. Con este trabajo no trato de explicar todo el fenómeno ovni. Tampoco es mi intención llegar a que lo comprendan los ufólogos, la mayoría de ellos sin el background necesario para ello. Lo que intento es acceder a los lectores, principalmente los jóvenes, para mostrarles que no todo son “portentosas naves extragalácticas”, y que la explicación a varios reportes de ovnis tal vez no esté muy lejos de nuestras narices.

PELUSITAS

A veces, objetos que existen en la superficie del ojo y dentro del humor vítreo pueden observarse como objetos distantes. Estos objetos toman varias formas. Pequeños puntos de suciedad pueden parecerse a globos de luz, y si un punto es iluminado por una luz exterior, puede aparecer como una luz grande e indefinida. Si este punto es visto frente a un cierto oscuro, puede ser bastante espectacular. Al flotar sobre la pupila del ojo, da la impresión de estar desplazándose. Muchos informes de objetos volantes no identificaos, descritos como platillos voladores, discos luminosos, puntos brillantes o collares de perlas, no son más que minúsculos capilares de sangre en la superficie de la retina del ojo, o pequeñísimos corpúsculos sólo visibles bajo condiciones especiales de iluminación.

Casi toda la gente ha visto estos pequeños puntos o líneas de basura o “pelusita” dentro de los ojos. La mayor parte del tiempo estos objetos pasan desapercibidos y sólo cuando se mira el cielo despejado se da uno cuenta de su presencia.

MOSCAS VOLADORAS NO IDENTIFICADAS: MOVNIS

Estos objetos son muy escurridizos y si uno trata de fijarlos, se “deslizan” escapándose, como si volaran, de ahí que se les diera el nombre de “Muscae Volitantes” o moscas voladoras[4].

Algunas veces las Muscae Volitantes permanecen fijas para el observador; esto puede ser muy molesto y sólo se corrige cuando el cerebro aprende a ignorarlas.

No hay que confundir las “Moscas Voladoras” con los “Fosfenos”[5]. Estos últimos son sensaciones visuales luminosas producidas por una causa distinta a la de la luz, por ejemplo una excitación mecánica de la retina (como friccionarse los párpados). Los fosfenos pueden verse también cuando se recibe un golpe en el oído, es decir, el clásico “quedarse viendo estrellitas”. Es por ello que los boxeadores tienen más oportunidades de ver fosfenos en su vida.

Según algunos oftalmólogos, la mayoría de las Moscas Voladoras son imperfecciones celulares del ojo. Otros médicos, como el doctor Francis Lefébure han investigado las llamadas “mezclas fosfénicas”.

Se ha especulado sobre el origen de las pinturas de Victor Vasarely. ¿Acaso no estamos presenciando la representación de fosfenos que, como fuegos de artificio, explotan en formas caprichosas en las telas del artista? El mismo Salvador Dalí dijo:

“Los fosfenos son reminiscencias de mi paraíso intrauterino perdido el día de mi nacimiento”.

Este fenómeno, que ha fascinado a niños y adultos, ha sido la fuente de inspiración para la creación de dispositivos que estimulan eléctricamente los párpados para producir ese “show biológico” de luces. De esa manera han aparecido en el mercado el Phosphotron, el Imagemaker y el Harmony, de gran éxito entre los cultores de la New Age.

Existe otro tipo de fosfenos, los así llamados Postfosfenos, los cuales son manchas luminosas de varios colores, donde comúnmente predomina el rojo. Estos han sido confundidos con ovnis y con otro fenómeno natural, del que hablamos en otro lugar. De cómo se producen estos fenómenos es de lo que nos ocuparemos en las siguientes líneas.

EL OJO

La luz entra en el ojo y pasa sucesivamente a través de varias capas: la córnea, el humor acuoso (fluido que llena la parte anterior del ojo), y el humor vítreo, que llena la cavidad el ojo. La luz estimula los Conos y Bastones, los cuales transforman la energía luminosa en impulsos nerviosos que se transmiten al cerebro.

En el centro de la retina existe un área amarilla llamada Mácula Lutea (Mancha Amarilla) y cerca de su centro se encuentra una pequeña depresión llamada Fovea Centralis (Agujero Central). La Fovea Centralis es el centro de la agudeza visual ya que contiene una gran cantidad de células (los bastones y los conos). Es en este agujero en donde el ojo enfoca el objeto a verse, y es también aquí en donde enfocamos a las Moscas Voladoras.

LA DIFRACCIÓN DE LA LUZ

El efecto óptico de difracción es el causante de muchos fenómenos naturales que pueden dar lugar a reportes de ovnis. Además de las Moscas Volantes producidas por difracción de la luz en pelusitas o fragmentos de polvo delante de nuestro ojo, existen otros fenómenos como los Halos y las Glorias[6], que son también producto de la difracción de la luz, esta vez por gotitas de agua y cristales de hielo. La pelusa, el agua y los cristales provocan que las ondas de luz formen un patrón de difracción.

LAS ONDAS

Hasta ahora hemos estado hablando de patrones de difracción y de ondas, pero ¿qué es una onda y qué un patrón de difracción?

En la figura 1 vemos la representación gráfica de una onda lineal armónica. En esta figura C representa las crestas, n los nodos y V los valles de las ondas transversales; A es la amplitud o máxima elongación de la onda; λ es la longitud de onda y representa la distancia entre dos crestas, dos valles o dos nodos.

Otros parámetros que no están representados en la figura 1 son: T o periodo, o sea el tiempo que tarda en efectuarse una oscilación completa; f o frecuencia, el número de oscilaciones completas por segundo, es decir, el inverso del periodo.

Notemos que la gráfica de la figura 1 es similar a la de la función trigonométrica seno, esto es, los nodos se encuentran a una distancia de n, en done n es un número entero.

Cuando dos ondas diferentes tienen sus nodos en un mismo punto, se dice que están en fase; y si los nodos se encuentran distanciados unos de otros, se dice que las ondas están desfasadas.

La superposición de las ondas, ya sea que estén en fase o desfasadas, da lugar al fenómeno llamado Interferencia (constructiva en el primer caso y destructiva en el segundo).

En la figura 2a se ve un caso de interferencia constructiva. Dos ondas en fase y de igual frecuencia, a y b, con diferente amplitud cada una, dan lugar a la formación de una nueva onda (c) con una amplitud mayor a las ondas que la originaron.

En la figura 2b se ve el caso de la interferencia destructiva. En esta figura se presenta un caso especial en el que las dos ondas, a y b, están desfasadas π grados y además tienen la misma amplitud; esto da como consecuencia que “desaparezca” todo movimiento ondulatorio (c).

PATRONES DE DIFRACCIÓN

Cuando un rayo de luz (onda electromagnética) pasa por un agujero de un objeto pequeño o alrededor de un objeto pequeño, puede producirse un patrón de difracción. Aquellas ondas que están en fase darán una zona brillante y aquellas que están desfasadas producirán una zona oscura.

En la figura 3 vemos un rayo de luz que pasa alrededor de una motita de polvo, como las que podemos tener en la superficie del ojo. La distancia que recorren las ondas a y a’ desde los puntos x hasta el punto A localizado en la retina, es la misma, por lo que las ondas llegan en fase y producen un “máximo de difracción de primer orden”.

Las ondas b y b’, en su camino de los puntos x a B están desfasadas π grados, por lo que producen interferencia destructiva, o sea, una región oscura.

Las ondas c y c’ están “desfasadas” 2π grados, es decir, vuelven a estar en fase, por lo que llegan al punto C y producen un “máximo de difracción de segundo orden”.

En los puntos D se debe observar otro mínimo o franja oscura y así sucesivamente.

En la parte superior de la figura 3 se ha dibujado el patrón ondulatorio de difracción resultante.

En la figura 4 vemos perpendicularmente el patrón de difracción producido por un pequeño grano de polvo que da como resultado la formación de una Mosca Voladora. Esto es lo que nuestros ojos verían al ser adecuadamente estimulados.

En la figura 5 tenemos el patrón de difracción producido por un “hilo de pelusa”. En este caso podemos ver algo parecido a una “nave nodriza” o por mejor decir, “Mosca Nodriza”.

Hay que apuntar el enorme parecido de estos dibujos con una de las fotografías de “amebas” voladoras del señor Trevor James Constable o con los dibujos aparecidos en un libro de Joseph Allen Hynek, de los objetos vistos en 1936 por Richard Keller. Sin embargo, con esto no quiero decir que una Mosca Voladora se pueda fotografiar, a menos que el objeto productor del patrón de difracción se encuentre sobre la lente o muy cerca de la cámara[7].

Los MOVNIs se ven como anillos concéntricos de zonas brillantes y oscuras, sin ningún color. Esto es así debido a que no hay una dispersión (descomposición) de la luz.

Esta hipótesis de trabajo de los MOVNIs no trata de explicar todos los reportes de ovnis, ni mucho menos. Es sólo una sugerencia para explicar algunos casos especiales de observaciones de objetos brillantes en el cielo, y tiene el mismo nivel de credibilidad que la hipótesis de aquel físico americano que afirmó que cuando un mesón cósmico atraviesa el humor vítreo del ojo, provoca la formación de unos 600 fotones o cuantos de luz, lo que produce la percepción de una especie de disco luminoso. Empero, la reproducibilidad de los fenómenos predichos por la hipótesis MOVNI es mayor que los predichos por la hipótesis de los mesones cósmicos. Todo el mundo puede llegara tener en un momento dado “basuritas” en el ojo, pero muy pocos tendrán el privilegio de que sus ojos sean atravesados por mesones que puedan interactuar con el humor vítreo y así puedan ver discos luminosos.

La próxima vez que vea un objeto brillante e el cielo, deténgase y piense si no se trata de un mesón que ha atravesado su ojo o de una simple Mosca Voladora No Identificada.

REFERENCIAS

Allen Hynek Joseph, El informe Hynek. La verdad sobre los platillos volantes, Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 1979.

Latapí Ortega Pablo, El poder de los fosfeno, Supermente, No. 21, México, 22 de mayo de 1979, Págs. 16-19.

Ruiz Noguez Luis, Una luz de esperanza, Vogue, No. 76, México, septiembre de 1986, Pág. 159.

Ruiz Noguez Luis, ¿Platos voladores o moscas voladoras?, Cuadernos de Ufología, Segunda Época, No. 6, Santander, España, septiembre de 1989, Págs. 87-90.

Ruiz Noguez Luis, ¿Son los platos voladores simples moscas voladoras?, Contacto Ovni, No. 22, El rincón del escéptico, México, octubre de 1996, Págs. 30-32.

ADDENDUM

En el 2001 los miembros del CIFEEEAC (Centro de Investigaciones de Fenómenos Extraterrestres, Espaciales y Extraordinarios A.C.), me invitaron a una de sus reuniones para discutir el famoso video del Worl Trade Center (el mismo de Barbara Sicuranza que se transmitió por SciFi). Estaban en la casa de Carlos Alberto Guzmán Rojas, director del CIFEEEAC, el capitán Alejandro Franz, de Alcione, Yohanan Diaz Vargas, de Realidad Punto Cero, César Buenrostro, Evidencias X, y el contactado Enrique Mercado Orue, autor de 28 horas a bordo de un ovni. César había hecho un análisis del video y había descubierto que gran parte del mismo estaba hecho en Photoshop. Por otra parte había hecho una recreación misma que iba a presentar en un programa matutino al que había sido invitado en compañía de Jaime Maussán. La intención era desmontarle el caso a Maussán. Querían que yo criticara el trabajo de César para poder encontrar sus puntos flacos que pudiera atacar el ufólogo de la televisión. Mi comentario fue que difícilmente iban a dejar que César hablara y mostrara su video.

Durante la velada el capitán Franz estuvo tratando de convencerme de la realidad de los ovnis. Me decía que yo era un buen investigador y que la ufología necesitaba de gente como yo, pero no tan escéptica. Debía reconsiderar mi actitud ante los ovnis. Las naves extraterrestres existían, no importando que yo no hubiera visto una. Al final me dijo “Bueno, no has visto ovnis, pero ¿crees en dios?” Cuando le respondí que no, la cara del capitán se transformó en un enorme signo de admiración. De esa manera terminó la conversación.

El capitán Alex Franz y yo continuamos teniendo una buena relación. Hay respeto mutuo, pero lo mismo que ocurre con los otros ufólogos aquí mencionados, no compartimos las mismas ideas.

El otro que estuvo más agresivo fue el contactado Enrique Mercado. Él estuvo criticando mi artículo sobre las Moscas Voladoras. Yo traté de ser cortés, principalmente porque estaba en casa de Carlos Guzmán de invitado. Pero tanta fue la insistencia de Mercado que en un momento le dije que tal vez el no tenía “Moscas Voladoras” en los ojos, pero que seguramente las tenía en el cerebro como para escribir un bodrio como 28 horas a bordo de un ovni y pensar que todo mundo se lo iba a tragar. Le pedí pruebas de su aventura, no cuentos ni invenciones. También le solicité que me explicara lo que había entendido sobre la difracción. Luego de algunos segundos de no obtener una respuesta le dije que eso confirmaba lo que había escrito: los ufólogos no tienen la capacidad de entender este tipo de cuestiones, mucho menos los contactados.


[1] Publicado en Cuadernos de Ufología, No. 6, 2ª Época, Santander, septiembre de 1989, Págs. 87-90.Contacto Ovni, No. 22, El rincón del escéptico, México, octubre de 1996, Págs. 30-32.

[2] El conocido escritor de ciencia ficción inglés Arthur C. Clarke escribió: “Los platillos nos han enseñado poco sobre la inteligencia extraterrestre, pero mucho sobre la estupidez humana”.

[3] Decía Bertrand Russell: “Sólo los imbéciles no cambian de parecer”.

[4] También conocidas como fenómenos entopticos o floaters.

[5] Del griego “Phós”, “Photós”, luz; y “Phaínein”, aparecer.

[6] Estos fenómenos tienen una fuerte ascendencia ufológica. El escritor, ufólogo, conspiranóico e ignorante Bruno Cardeñosa, afirmó que un fenómeno de difracción conocido como Espectro de Brocken o Gloria, era nada más y nada menos una nave extraterrestres en cuyo interior se podía ver a su tripulante. Cuando nosotros le señalamos su ignorancia en fenómenos atmosféricos, nos amenazó con demandarnos si no quitábamos nuestro artículo en la revista electrónica Perspectivas. Según parece, también es experto en derecho civil, penal e internacional (pregúntenselo a Pedro Amorós, quien ha sido beneficiario de la asesoría de Cardeñosa).

[7] Este párrafo confirma el poder de predicción de los escépticos pues pocos años después, con la introducción de las cámaras digitales, comenzarían a fotografiarse los famosos orbs.

Semillas como objetos volantes no identificados

SEMILLAS COMO OBJETOS VOLANTES NO IDENTIFICADOS

Otras posibles fuentes de confusión de ovnis incluyen una amplia variedad de objetos. Algunos de ellos son los objetos llevados por el viento. Un curioso incidente de este tipo fue presenciado por el cónsul de los Estados Unidos en Mérida, Yucatán (México). En el informe a la Fuerza Aérea se puede leer lo siguiente:

“Alrededor de las 2 de la tarde del pasado domingo, observé un objeto brillante, plateado, tipo disco, que flotaba en el cielo azul y despejado, casi directamente por encima, viajando en una dirección nordeste. Creí que el objeto era un platillo volante y estaba a punto de correr hacia la casa a buscar mi cámara, cuando verifiqué que el objeto estaba por debajo del nivel de algunos buitres maniobrando a una gran altura. Esto me probó que el objeto tipo disco, era considerablemente más pequeño que un buitre. Durante el periodo de dos horas vi un total de tres de estos objetos, todos ellos yendo en la misma dirección, pero a veces pareciendo que estaban parados. Más tarde encontré uno de estos “discos” en mi césped delantero. Era una semilla encerrada en una masa esponjosa de fibra sedosa. Si no hubiera sido por los pájaros y por mi curiosidad, sin duda que habría informado que había visto varios “discos volantes”. Adjunto el “disco volante” que he capturado en mi jardín”[1].

Muchas semillas y frutos están provistos de mechones formados por pelitos (como los vilanos del diente de león, del tragopón y del algodón), los cuales actúan de forma semejante a los paracaídas, o de unos planos sustentadores, en forma de retoños, salientes, etcétera. Estos planeadores vegetales pueden observare en las coníferas, arces, olmos, abedules, carpe, tilos, en muchas umbelíferas y en un sinfín más de plantas.

En el libro Vida de las plantas[2], de Kerner von Marilaun, leemos sobre esto lo siguiente:

“Los días de Sol, cuando hace viento, las corrientes verticales de aire elevan a considerable altura multitud de semillas, pero una vez que el Sol se pone, éstas vuelven a caer generalmente en lugares próximos. La importancia de estos vuelos reside en que sirven, no tanto para propagar las plantas a zonas más amplias, como para arraigarlas en las cornisas y en las grietas de las abruptas laderas y en los tajos de las montañas rocosas, sitios a los que las semillas no podrían llegar de otra forma. Las corrientes horizontales de las masas de aire pueden transportar las semillas y los frutos que planean, a distancias considerablemente grandes.

“Algunas plantas tienen las semillas unidas a las alas o a los paracaídas únicamente durante el vuelo. Las semillas del onopordon, por ejemplo, vuelan tranquilamente por el aire, pero en cuanto se encuentran con un obstáculo, se desprenden de su paracaídas y caen al suelo. Este hecho explica por qué el onopordon crece con tanta frecuencia a lo largo de paredes y vallas. En otros casos, la semilla permanece unida a su paracaídas”.

Los planeadores de las plantas son, en muchos sentidos, más perfectos que los fabricados por el hombre. En comparación con su propio peso, pueden levantar mucho más carga. Además, estos aeroplanos vegetales se caracterizan por su estabilización automática. Si, por ejemplo, se invierte una semilla de jazmín de la India (Jazminum sambac), ella misma vuelve a colocarse con su lado convexo hacia abajo, y si esta misma semilla encuentra un obstáculo, no pierde el equilibrio ni se cae, sino que desciende suavemente.

OVNIS NATURALES

También los pájaros pueden ser fuentes de confusión. Allan Hendry, el director de investigaciones del CUFOS, informaba a sus lectores: “La gente habla de fuentes puntuales en formación volando en forma errática y reflejando la luz de la Luna o de las ciudades”[3].

Fueron los pájaros el origen de varios de los casos más famosos de ovnis: están las luces de Lubbock, Texas; la película de Nick Mariana, tomada en Great Falls, Montana. Se sospecha que incluso el caso que dio origen a todo el mito, el avistamiento de Kenneth Arnold, fue originado por una bandada de pelícanos. Hay muchos más.

Los arácnidos junto con pequeñísimos insectos que, arrastrados por corrientes horizontales, pueden recorrer enormes distancias constituyen lo que se ha denominado “plankton aéreo”. Todos estos son posibles fuentes de reportes de objetos volantes no identificados.

¿Estamos exagerando y estirando más de la cuenta las explicaciones para los informes de ovnis? En realidad no. Durante una época la revista mexicana Reporte Ovni publicó una serie de fotos extraídas de las más diversas fuentes, como anuncios publicitarios o fotografías de vacaciones. Todo aquel registro fotográfico que mostrara una mancha de revelado, mota, fallo de la impresión o basura en la fotografía, era interpretado como el registro fotográfico de un ovni. Más recientemente las famosas fotos de “ovnis fortuitos” en las que podemos ver objetos lanzados al aire (piedras, corchos, balones) o pájaros en vuelo e insectos. Todas son tomadas por los ufólogos como fotografías de naves de otros planetas. Y qué decir de las fotografías de aviones, globos y caballos voladores relinchando. Los mismos rods que no son más que insectos tomados por medios digitales por lo cual sufren de distorsiones. Y, finalmente, los orbs: motas de polvo, humo, correas de las cámaras y cualquier otro objeto cercano a la lente que refleja el flash de las cámaras. Todos, sin ningún espíritu crítico, se asimilan a la fenomenología extraterrestre. En la mayor parte de los casos tal vez se deban a confusión de los testigos o a ignorancia de lo que se observa o se fotografía; pero un número creciente son engaños o autoengaños con el único fin de “demostrar” la existencia de naves extraterrestres surcando nuestros cielos.


[1] Kaiser Faber Andreas, Ovnis: El archivo de la CIA. Documentos y memorandos, ATE, Barcelona, 19880.[2] Marilaun von Kerner, The Natural History of Plants, Their Forms, Growth, Reproduction, and Distribution, Blackie & son, ltd., London, 1884.[3] Hendry Allan, The UFO Handbook, Doubleday & Company, Inc., New York, 1974, pág. 53.

Ciencia contra séances

Ciencia contra Séances

Por Elisha Sauers

El reflejo Ideomotor

Ray Hyman, profesor de sicología en la universidad de Oregon, conoce cada detalle sobre cómo la aguja triangular de Ouija aparentemente se desliza a través del tablero sin ser empujado intencionalmente por los que juegan. Es llamado el efecto ideomotor, y es el principio ampliamente aceptado por el cual la comunidad científica explica la rabdomancia y, por supuesto, la Ouija. El efecto Ideomotor se refiere al fenómeno psicológico por el cual la gente se mueve inconscientemente, especialmente cuando afirma que los movimientos fueron inducidos por una fuente sobrenatural en la que cree.

“Nuestros músculos se comportarán inconscientemente de acuerdo con una expectativa implantada,” escribe Hyman en un número de The Scientific Review of Alternative Medicine. “Lo qué hace que este hecho simple sea tan importante es que no estamos enterados que nosotros somos la fuente de la acción resultante. Esta carencia de cualquier sentido de volición es común en muchas acciones diarias.”

Para probar su punto, Hyman creó un experimento con sus estudiantes de la universidad que usaban las varillas rabdomantes. Rabdomancia es un término para describir las prácticas en las cuales alguna gente utiliza varillas de metal en forma de Y para encontrar agua, metales o gemas preciosas ocultas debajo de la tierra.

Él les explicó que debían sostener las varillas paralelas en cada uno de sus manos mientras caminaban alrededor de un cuarto. Hyman mostró cómo trabajaban, y cuando él llegó cierto punto en el cuarto, él cruzó sus barras. “Quizás aquí hay una tubería de agua debajo del piso”, les dice.

Cuando tocó el turno de los estudiantes, todas sus varillas se cruzaron en el mismo punto en que habían visto que se cruzaron las de Hyman.

Entonces él hizo la misma prueba con un segundo, y diferente grupo de estudiantes, sólo que esta vez, él cruzó sus varillas en un punto distinto del cuarto. Esta vez, cada estudiante cruzó sus varillas apenas llegó al punto que Hyman había mostrado la segunda vez.

“Para la mayoría de los estudiantes la experiencia es misteriosa,” dice. “Insisten que no están haciendo nada para que ocurra (el movimiento)”.

Para leer el artículo completo pinche aquí:

http://www.idsnews.com/news/story1_modify.php?id=38317

Nueva teoría sobre las centellas

Grandes (y pequeñas) bolas de fuego

Las centellas, por mucho tiempo desechadas como mito, podrían ser el resultado de los relámpagos y se han recreado en el laboratorio, dice Ricki Nabeshima

El 21 de octubre de 1638, una extraña oscuridad descendió sobre Widecombe, Dartmoor. En la iglesia de San Pancras unas 60 personas que asistían al servicio de la tarde, se refugiaban de la tempestad de truenos.

Según informes escritos se escuchó un trueno repentino y una “gran bola del fuego” atravesó la ventana. Parte del techo se quemó por la bola de fuego que voló a través de la iglesia, quemando a docenas de los testigos lanzándolos como muñecas de trapo, matando a cuatro. Entonces, con otro trueno, la bola de fuego desapareció sin dejar rastro.

Muchos consideran que éste es uno de los reportes más tempranos (y más dramáticos) de las centellas, un fenómeno raro que ha eludido la explicación científica por décadas. Descrito a menudo como “uno de los más grandes misterios sin resolver de la física”, no es ninguna sorpresa que las centellas han capturado la imaginación.

Sin embargo, en ausencia de explicación científica, se ha convertido en el dominio de abducidos y teóricos de la conspiración, lo que le ha dado cierto estigma dentro de la comunidad científica. Ciertamente hay científicos que son renuentes aceptar su existencia. Pero el número creciente de avistamientos, combinado con sus aparentes similitudes, sugiere que la centella es más que un mito.

Típicamente, los observadores describen una esfera luminosa pequeña (de alrededor de 1 pie) que flota un poco sobre la tierra durante algún tiempo (generalmente menos de un minuto). Casi todos los avistamientos ocurren durante el tiempo tempestuoso y terminan con la esfera que desaparece en una explosión violenta o que simplemente se desvanece.

Hay algunos informes de centellas que aparecen en o al lado de aviones -los “foo-fighters” observados por algunos pilotos de la Segunda Guerra Mundial se piensa que eran centellas que seguían a los aviones.

La mayoría de los testigos de centellas escapan ilesos, pero hay evidencia que sugiere que el contacto con el fenómeno puede quemar y matar.

No hay explicación científica riguroso probada para la centella, pero una de las más populares es la propuesta por el ingeniero químico John Abrahamson de Nueva Zelanda.

La teoría de Abrahamson explica la centella como una rara consecuencia del relámpago normal. Una descarga de relámpago en suelo “hace un agujero en la tierra, formando un canal muy caliente” que se enfría dejando un tubo, llamado fulgurita.

El suelo mismo contiene óxidos de silicio y carbón. Con la suficiente temperatura (3,000C) la mezcla de silicio-carbón se puede reducir a silicio elemental (un proceso que es de uso general en la industria para extraer el silicio puro de la arena).

El silicio es vaporizado por el calor del relámpago y lanzado hacia arriba de la tierra “como el humo de un fumador”. El vapor entonces se condensa en un polvo fino de “nanopartículas” que reaccionan lentamente con el oxígeno del aire.

Abrahamson propone que las nanopartículas forman una “red filamentaria” -una pelusa compuesta de minúsculos filamentos de silicio. Una combinación de fuerzas electrostáticas y corrientes de aire es entonces responsable de transformar esta “pelusa” en una esfera flotante que emite energía en forma de calor y luz.

La capa del óxido en cada uno de las partículas retrasa la reacción total, dando a las centellas una vida de hasta 30 segundos y terminando cuando se ha oxidado todo el silicio.

Los científicos israelíes han puesto la teoría en práctica. En febrero de este año los científicos de la universidad de Tel Aviv crearon lo que afirmaron era una centella en miniatura utilizando microondas de la alta energía que encendían en un substrato de cerámica.

Utilizaron las microondas para crear un “punto sobrecalentado” que perforaba el material. Esto crea una “gota caliente” que, aunque es de breve duración, se convierte en una convincente bola de fuego flotante.

Abrahamson continúa refinando su modelo y dice que ahora su ambición está en “probar sistemáticamente la teoría de partículas, usando situaciones experimentales más simples”.

http://www.telegraph.co.uk/connected/main.jhtml?xml=/connected/2006/10/10/eclight10.xml

Más información sobre las centellas en:

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/05/centellas-1.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/05/centellas-y-2.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/05/centellas-y-3.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/05/el-caso-de-la-centella-asesina.html

Bioluminiscencia

OTROS INSECTOS COMO OBJETOS VOLANTES NO IDENTIFICADOS

“Los fuegos fatuos, las antorchas, los chorros de llamas y otros fenómenos luminosos tienen el mismo carácter que los meteoritos que caen, de los cuales se diferencian sólo por sus dimensiones. También pueden tener su origen en evaporaciones densas y pesadas de las capas inferiores del aire, evaporaciones que emiten una luz fosforescente y a las que el viento les imprime movimiento y formas casuales… A veces, estos fenómenos no son meteoros, sino grandes enjambres de insectos luminosos, que vuelan a menudo de noche…”

Johann Elert Bode, astrónomo alemán (1823)

En 1976 Norton T. Novitt, ilustrador científico del US Geological Survey observó que durante los veinte años anteriores se habían visto muchos ovnis reluciendo en la oscuridad y recordó cierta noche, cuando contemplaba la Luna a través de un telescopio. Vio un punto brillante que se movía demasiado rápidamente para ser un satélite, seguido por otro punto también brillante. Ambos descendieron, y luego se pararon. Asombrado, descubrió que se trataba, simplemente, de un par de hormigas voladoras enamoradas que aterrizaron en la puerta de su garaje, a pocos metros de distancia.

Norton realizó un experimento. Tomó varias hormigas y las pegó en una pequeña pelota de ping-pong. Luego conectó la pelota a un generador electrostático. Al acumularse la electricidad estática, las hormigas empezaron a brillar. Norton descubrió que las hormigas debían tener algo de humedad para que pudieran brillar. Enunció la teoría de que si pasaran de una capa de aire cargada eléctricamente a otra, podrían crear una diferencia de potencial suficiente para hacerles entrar en “corona”, si todas las demás condiciones eran favorables. Aunque también las hormigas podrían adquirir dicha carga eléctrica frotándose entre si durante el vuelo.

El doctor Leonard Loeb, ex profesor de física de la Universidad de California dijo que las teorías de Novitt eran “interesantes, originales y tal vez ciertas”. Calculó que un enjambre, plenamente cargado, de treinta millones de hormigas voladoras, podrían brillar intermitentemente durante lapsos superiores a un segundo en condiciones desfavorables, o hasta casi un minuto en ambientes favorables.

Los estudios de Norton son, indudablemente, el antecedente de la hipótesis de Philip S. Callahan y Richard W. Mankin[1]. Estos investigadores mencionan a Loeb, pero no hacen ninguna referencia al trabajo de Norton Novitt.

En 1978 la revista Time publicó un comentario al artículo de Callahan y Mankin. La nota se titulaba “Esos brillantes objetos zumbantes pueden ser en realidad insectos” [2] y mencionaba que la oleada de ovnis en Uintah Basin, Utah, podría ser debida a enjambres de insectos voladores emitiendo una descarga en corona[3].

Desde los inicios de la “era de los platillos”, los primeros investigadores sospecharon una relación entre éstos y algunos animales, principalmente insectos. Edgard Sievers[4] citaba la hipótesis de Gerald Heard[5] de que se trataba de una especie de abeja marciana. La idea, francamente fantasiosa, aseguraba que los tripulantes de los platillos voladores eran abejas marcianas. Desconozco qué tanta influencia haya tenido Heard en los modernos reportes de extraterrestres de forma insectoide (mantis religiosa), pero podría asegurar que fue la inspiración del reportero mexicano de La Prensa, que inventó la historia de la “mosca dorada”, famosa durante la oleada de platos voladores de 1950. Se trataba de una mosca enfundada en una nave extraterrestre, una cápsula de color dorado, que provenía de Marte. No sólo los insectos abonaron la imaginación de aquellos primeros ufólogos (o platillólogos), también los arácnidos. Harold T. Wilkins[6] cita un relato sobre una caída (lluvia) de hilos que, afirma Wilkins, “deben provenir de arañas desconocidas”. Este, me parece, es el primer reporte de los posteriormente famosos “hilos de la virgen” o “cabellos de ángel”. Nuevamente la ufología tan cerca y tan lejos: reconocía el origen real de esas telarañas, pero en su imaginación las mandaba volar a regiones desconocidas.

Carl Gustav Jung también llegó a sospechar una relación entre los insectos y los platos voladores[7], pero desvió sus investigaciones hacia la teoría de los mandalas y el inconsciente colectivo. Jung escribió lo siguiente:

“Su trayectoria de vuelo describe ángulos tales que sólo un objeto sin peso podría describirlos. Se parece a la trayectoria que describe un insecto volador. Lo mismo que éste, el UFO se detiene de pronto sobre un objeto que le interesa por un tiempo más o menos prolongado, o bien vuela en círculo sobre el cual animado de curiosidad, para luego abandonar súbitamente el lugar como para buscar en vuelo zigzageante un nuevo objeto.

“Debo confesar que al leer las numerosas relaciones sobre UFOs se me ocurrió también a mí la idea de que el comportamiento característico de los UFOs recuerda sobre todo al de ciertos insectos. Y si se quiere especular sobre semejante posibilidad, existe ciertamente la posibilidad de que, en condiciones de vida diferentes, la naturaleza sea capaz de demostrar aún mejor su ‘sabiduría’ en una dirección diferente de la producción fisiológica de luz y otras parecidas, por ejemplo en la antigravitación”[8].

Las compañías eléctricas han descubierto que los enjambres de insectos posados en los cables conductores pueden perturbar la recepción por radio y televisión al producir electricidad estática (el famoso efecto electromagnético de los ovnis)[9] Según Philip Klass, editor de la revista Aviation Week and Space Technology, la descarga en corona tiene más probabilidades de producirse cuando las líneas de conducción eléctrica se hallan contaminadas de polvo, depósitos de sal o enjambres de insectos.

LUCIÉRNAGAS

Consideremos los extraños movimientos zigzagueantes de los insectos, agreguemos una fuente luminosa y obtendremos una luciérnaga.

Las luciérnagas pertenecen a la familia de los “lampíridos” y su nombre científico es Lampyris noctiluca. Nacen de un huevecillo escondido en la tierra que, en muchas especies, posee una ligera fosforescencia. Al cabo de tres semanas rompen los huevos unas larvas parecidas a la cochinilla de humedad. La larva de la luciérnaga es carnívora y muy voraz. Paraliza y luego devora a diversos animales, como los caracoles y las orugas. Muchas especies de luciérnagas emiten luz desde esta primera fase de vida. De unos puntitos situados en la parte inferior del abdomen, aflora un tenue resplandor parecido al que se entrevé por la mirilla de un horno. A estas larvas luminosas se las denomina “gusanos de luz”.

Las luciérnagas son en realidad escarabajos o coleópteros. Son animales de cuerpo alargado, de color oscuro, que a primera vista no parecen insectos; pero mirándolos atentamente se ve que tienen sus tres pares de patas y otros caracteres propios de ese grupo. Vista desde arriba, la adulta parece un insecto de tantos; suele tener un dorso rectangular de color pardo o negro, dos antenas móviles y segmentadas, seis patas y una cabeza que semeja el casco de un astronauta (aquí tenemos ya al “extraterrestre”). Pero si la ponemos patas arriba observaremos un detalle singular; el macho tiene toda la extremidad posterior del abdomen amarilla, mientras que la hembra sólo presenta una mancha de este color. De estas zonas procede la fosforescencia del insecto. En algunas especies la luminosidad la producen solamente las larvas o las hembras, pues estas conservan durante toda su vida el aspecto de larvas y la facultad de emitir luz, para atraer a los machos, pero no éstos. Los machos tienen alas y el aspecto de pequeños escarabajos; en verano, de noche, a hembra brilla entre las hierbas como una estrella que hubiera caído de los cielos.

Las luciérnagas producen luz por el lado inferior o ventral de los últimos anillos del abdomen; esa luz puede variar de intensidad, aumentando cuando se molesta un poco al animal, como ocurre al tomarlas para examinarlas. La luz se debe fundamentalmente a que el animal produce dentro de su cuerpo una sustancia que, al oxidarse, desprende luz. Si la luciérnaga se encuentra e peligro, como por ejemplo al caer atrapada en la tela de alguna araña, le brilla la cola intensamente. El estampido de un cohete o el fragor de un trueno puede ocasionar que todas las luciérnagas que pueblan un campo determinado se enciendan a la vez. Sin embargo, por regla general, sólo utilizan su señal luminosa para encontrar pareja.

El ciclo que rige su vida sexual empieza entre junio y agosto. Al anochecer sale de su escondite, levanta sus duros y resistentes élitros, despliega las largas y delicadas alas y con un ligero zumbido se lanza al aire en busca de pareja. Durante el vuelo mantiene el cuerpo con una inclinación de 45º y las patas traseras en alto, pegadas a los costados para que se pueda admirar perfectamente su vistosa panza.

Algunas especies emiten una señal que semeja una hilera de puntos luminosos en la noche; otras emiten destellos a intervalos irregulares. La Photinus pyralis, muy común en el Este de los Estados Unidos, traza en el aire una brillante “J” mayúscula o una figura parecida a una “V” irregular. Durante su lenta trayectoria tan accidentada como la de una montaña rusa, enciende su luz (que puede llegar a tener una potencia de 0.02 de bujía) al final del profundo descenso; la mantiene reluciendo al volver a remontar el vuelo, hasta llegar casi al punto más alto, y luego la apaga poco antes de iniciar un nuevo descenso en picado.

Mientras tanto la luciérnaga hembra espera en tierra, desde donde reconoce a los machos de su especie por la duración de sus destellos. Cuando ve al fin el ansiado rayo de luz, contesta emitiendo ella otro. Aunque la señal de la hembra brilla menos que la del macho, éste la distingue sin dificultad, porque sus ojos tienen más facetas y poseen mayor agudeza visual.

Las llamadas entre las luciérnagas de uno y otro sexo están tan estrictamente coordinadas y diferenciadas como el canto de las diversas clases de pájaros. La hembra de la especie Photinus ignitus espera cinco segundos y medio antes de contestar al macho con un corto destello en una noche relativamente fresca (cuanto más caluroso sea el tiempo, más rápido será el cambio de señales). Por el contrario, a la misma temperatura aproximadamente, la hembra Photinus collustrans sólo espera un segundo antes de encender su señal, que prolonga un segundo más.

Al Sur de la India y el Sureste de las Filipinas y Nueva Guinea se encuentran las luciérnagas sincronas. El órgano luminoso se localiza cerca de la parte final de su abdomen y es activado por señales originadas en el cerebro.

Pteroptyx malaccae, es la principal, luciérnaga sincronía de Tailandia. Se enciende aproximadamente cada medio segundo (exactamente su periodo es de 560 milisegundos cuando la temperatura ambiental es de 25ºC). Mientras que Pteroptyx cribellata de Nueva Guinea se enciende cada segundo a la misma temperatura[10].

COMUNICACIÓN

La luz es un medio de comunicación entre las luciérnagas. Dependiendo de la especie el periodo de encendido es de tres segundos, dos segundo, 500 milisegundos o 200 milisegundos que es el tiempo en el que el impulso nervioso viaja desde los ojos (al ver a otras luciérnagas) hasta el órgano luminoso.

Los nativos de Malasia usan las luciérnagas como marcas de navegación cuando viajan de noche.

Las observaciones del lejano oriente son diferentes de las americanas. El oriente se distinguen por el hecho de que ocurren comúnmente en ciertas áreas bien definidas e involucran un basto número de insectos, lo que no ocurre en América[11].

Durante los meses de julio, agosto y septiembre es posible ver en la noche toda la extensión de los ríos o canales iluminados por miríadas de insectos. Estas áreas se pueden extender cientos de metros o pueden estar confinadas en un árbol que se enciende y apaga con sorprendente regularidad. El periodo de estos destellos es de unos 120 por minuto. Reinking[12] informa que en otro distrito de Siam, el calphotia tiene un periodo de 105-109 veces por minuto.

Una de las cosas que más llama la atención es el hecho de que la sincronicidad esta confinada a localidades que bordean las corrientes, o en regiones saturadas de agua. Sir John Bowering[13] fue el primero que apuntó esto: “Tienen sus árboles favoritos”.

Alrededor de Bangkok es conocido comúnmente el desello sincrono de las luciérnagas confinadas en un árbol particular, el Tanlampoo de Siam (Sonneratia acida). Las raíces de este árbol están dentro del agua. Las hembras de la especie no tienen alas como es el caso de la mayoría de los Lampyridae americanos, no hay oportunidad de que se aproximen al árbol. No se han encontrado hembras ni en el árbol ni en su vecindad cuando se han hecho observaciones de sincronicidad.

Una de las teorías que se formularon para explicar el fenómeno es el efecto de ligeras corrientes de aire sobre la posición del cuerpo, debido a la ocurrencia de sincronismo sólo cuando los insectos están en descanso sobre algún árbol. Debido a las corrientes de aire el órgano luminoso del insecto puede quedar expuesto por un periodo de tiempo corto[14].

Otra fue la teoría de “simpatía”. De acuerdo a esta idea hay un insecto particular que regula los destellos como un director de orquesta.

El doctor Morrison, de la Universidad de Princenton encontró que era posible inhibir este fenómeno, iluminando a los insectos con una luz intensa por lo menos un minuto[15].

En el mediodía de Francia, y en algunos lugares de España, existe otro insecto luminoso, la Luciola, en el que tanto el macho como la hembra son luminosos y poseen alas. En las noches tranquilas del estío vuelan de un lado para otro produciendo un espectáculo maravilloso.

El más curioso de los insectos luminosos es el Piróforo o Cocuyo, grueso coleóptero de forma alargada que vive en los países cálidos de América. Se cuenta que los nativos lo utilizaban como linterna para guiarse por los aminos. Es tal su potencia luminosa que un solo animal de esos, colocado en una habitación, permite leer un libro durante la noche. Los conquistadores españoles se quedaron asombrados al pisar tierras americanas y ver estos insectos. Fernández de Oviedo dice de ellos:

“Durante la guerra de Haití, tanto los cristianos como los indios utilizaban estas luces para no distanciarse los unos de los otros; los indios, en particular, muy hábiles para capturar estos animales, se hacían collares con ellos cuando querían que durante la noche se les distinguiera a una legua, y aún más de distancia. Cuando los jefes guerreros ordenan marchas de noche por esta isla, el oficial, el capitán o la guardia que va delante sondeando la oscuridad, lleva sobre la cabeza un cocuyo y sirve de faro a toda l tropa que le sigue”.

El famoso naturalista Alejandro von Humboldt, mucho más recientemente, dice que vio utilizar como farol una especie de calabazas con agujeros, dentro de las que había metidos algunos cocuyos. Los viajeros fijan, a veces, piróforos sobre su calzado para evitar las serpientes.

En la Habana, Cuba, y en las regiones vecinas, las damas criollas utilizaban mucho para su adorno este singular insecto luminoso, empleándolo como una joya viviente. Se hacían con ellos collares de fuego y pendientes luminosos. Maurice Girard cuenta que las mujeres de La Habana cuidaban mucho estos cocuyos, y al regresar de los bailes les hacían tomar un buen baño, operación indispensable, y después los colocaban en pequeñas cajas donde los alimentaban con caña de azúcar.

“A menudo por un encantador capricho los colocaban sobre pliegues de sus blancos vestidos de muselina, que parece entonces reflejar los rayos plateados de la Luna, o bien los esconden entre sus bellos cabellos negros. Este peinado original tiene un resplandor mágico, que se armoniza perfectamente con la belleza bronceada y pálida de estas deliciosas mujeres. Una sesión de algunas horas, pasadas de este modo, fatiga a los pobres insectos y disminuye, o hace desaparecer su brillo. Pero se les sacude un poco y vuelven a brillar”.

El entomólogo americano Jaceck relata una costumbre que ha desaparecido: “En el Sureste de México cazan los cocuyos para venderlos, y emplean un método de captura muy interesante. Encienden la punta de una varita delgada, y, cogiéndola por el otro extremo, la hacen girar alrededor de la cabeza, de modo que el extremo hecho ascua brille en el aire. Esto atrae numerosos cocuyos, que son fáciles de coger con una redecilla de las que se emplean para cazar mariposas”[16].

Charles Darwin, refiriéndose a las moscas luminosas del Brasil, dice que en noches sombrías se pueden percibir a unos doscientos pasos la luz que proyectan.

“Es digno de notar que, en todos los animales fosforescentes que he podido observar, gusanos de luz, escarabajos brillantes y diferentes animales marinos (tales como crustáceos, medusas, nereidas, una corolaria del género Clytia y un tunicado del género Pyrosoma), la luz presenta un matiz verde bien definido. Todas las moscas luminosas de que me he podido apoderar aquí, pertenecientes a los Lampyridos (familia de la que forma parte el gusano inglés), y el mayor número de ejemplares correspondían a los Lampyris occidentalis. Este insecto, según gran número de observaciones hechas por mí, emite la luz más brillante cuando se irrita; en los intervalos, los anillos abdominales se oscurecen. La luz se produce casi instantáneamente en los anillos; sin embargo se percibe primero el anillo anterior. La materia brillante es fluida y muy adhesiva; ciertos puntos, donde la piel del animal había sido desgarrada, continuaban brillando y emitiendo un ligero centelleo, mientras que las partes sanas se ponían oscuras. Cuando el insecto es decapitado, continúa brillando, pero la luz no es tan intensa como era antes; si con la punta de la aguja se lleva a cabo una irritación local, siempre aumenta la intensidad de la luz. En un caso que me fue dado observar, los anillos conservaron su propiedad luminosa durante cerca de 24 horas después de la muerte del insecto. Estos hechos parecen probar que el animal posee solamente la facultad de extinguir durante cortos intervalos la luz que emite, pero que todos los otros instantes la emisión de luz es voluntaria. He encontrado en gran número, sobre húmedos pedregales, las larvas de esos lampíridos que, por su forma general, se parecen a las hembras del gusano luminoso de Inglaterra. Tales larvas no poseen más que un débil poder lumínico, muy al contrario de sus padres, simulan la muerte así que se les toca, o dejan de brillar; tampoco excita en ellos una nueva emisión de luz la irritación. Pude observar vivos durante algún tiempo muchos de ellos; su cola constituye un órgano muy singular, porque, por medio de una disposición muy ingeniosa, puede desempeñar e papel de chupador y de depósito de saliva o de otro líquido análogo. Muy a menudo les daba carne cruda; en tales casos invariablemente, yo podía observar que la extremidad de la cola se aplicaba a la boca par depositar una gota de fluido sobre la carne que el insecto se disponía a tragar. A pesar de una práctica constante, la cola no parece que encuentre con mucha facilidad la boca; por lo menos, la cola va a buscar primeramente el cuello, que al parecer le sirve de guía.

“Un escarabajo, el piróforo de pico de fuego (Pysophorus luminosus), es el insecto más común en los alrededores de Bahía. En este insecto, como en otros muchos que ya hemos citado, una irritación mecánica tiene como efecto intensificar la luz que emite. Cierto día me entretuve observando este insecto desde el punto de vista de la facultad que posee de dar saltos considerables, facultad que no me parece haya sido descrita perfectamente. Cuando el piróforo de pico de fuego se halla tumbado de espaldas y se dispone a saltar, echa hacia atrás la cabeza y el pecho, de tal forma que la espina pectoral se tiende y se apoya en el borde de su vaina. El insecto usa de toda su energía muscular, hasta que la espina pectoral se tiende como un resorte, y en ese momento reposa con el extremo de su cabeza y sus élitros. De pronto se deja ir, la cabeza y el tórax se levantan y, en consecuencia, la base de los élitros va achocar con tanta fuerza contra la superficie sobre la que él está situado, que rebota hasta la altura de una o dos pulgadas”[17].

BIOLUMINISCENCIA

La eficiencia de la luciérnaga es muy superior a los focos comunes de resistencia eléctrica, los cuales tienen sólo un 10% de eficiencia, mientras que la eficiencia de la luciérnaga es de 92% o 99%.

En 1880 el fisiólogo francés Raphael Dubóis logró extraer dos sustancias (la luciferina y la luciferaza) de una solución obtenida después de triturar los órganos luminosos de la luciérnaga. En 1942 el bioquímico William McElroy que ampliaba sus estudios en la Universidad de Princenton, identificó otro elemento esencial, el adenosina trifosfato ATP, y comprobó que esta sustancia actúa como fuente de energía, permitiendo a la luciérnaga renovar su luz continuamente. Si le faltara no podría emitir ni un solo destello[18].

Aún quedan varios misterios por resolver en torno a la luciérnaga. Por ejemplo, el del “interruptor” de que se vale el insecto. Durante muchos años, los científicos han creído que cuando la luciérnaga deseaba emitir luz se limitaba a abrir unas pequeñas válvulas de su sistema nervioso para que entrara oxígeno. Pero en la actualidad se sospecha que las extremidades nerviosas de la luciérnaga, y las de otros animales más desarrollados, segregan adrenalina. Esta sustancia despolariza las células luminosas, permitiendo que se mezclan la luciferina y la luciferaza, lo que produce el consiguiente destello.

En 1885-87 se observó que extractos de crudo preparados de luciérnagas de la India (Pyrophorus) y de almejas (Pholas), daban una reacción de emisión de luz cuando se mezclaban. Uno de los preparados era un extracto de agua fría conteniendo compuestos relativamente inestables al calo: luciferaza; el otro fue extraído de agua caliente conteniendo un compuesto relativamente estable al calor: luciferina: La reacción luminiscente que ocurre cuando soluciones de luciferina y luciferaza se mezclan a temperatura ambiente sugiere que todas las reacciones bioluminiscentes son reacciones de luciferina-luciferaza. Sin embargo, este argumento tan simple fue abandonado posteriormente. Un pequeño crustáceo que vive en el Mar del Japón (Cypridina hilgendorfii) y algunas bacterias bioluminiscentes no utilizan ninguno de estos compuestos.

El primer material sintético quimiluminiscente (1928) fue el luminol (5 amino 2, 3 dihidro 1, 4 ftalazinediona) que emite una luz azul como resultado de su oxidación.

La bioluminiscencia es un tipo especial de quimiluminiscencia catalizada por enzimas. La luz proporcionada por tales reacciones puede alcanzar el 100% de eficiencia, lo cual significa que cada molécula sin excepción se excita a un estado radiante.

La bioluminiscencia se desarrolla en una gran diversidad de organismo. Estos incluyen ciertas bacterias, hongos, radiolarios, esponjas, corales, flagelados, hidroides, mementeanos (gusanos marinos altamente coloridos), ctenophoros, crustáceos, almejas, caracoles, ciempiés, milpiés e insectos. La bioluminiscencia es una clase particular de quimiluminiscencia.

Probablemente el mejor conocido de todos los moluscos luminosos sea la almeja Pholas dactylus que era conocida desde la antigüedad. En griego Pholas significa “oculto en un hoyo”, que describe perfectamente el habito de este molusco de ocultarse dentro de las rocas. En 1887 el fisiólogo francés Raphael Dubois uso al Pholas en sus estudios pioneros sobre la bioluminiscencia. Dubois demostró que los extractos de agua fría de Pholas continúan emitiendo luz durante varios minutos. Encontró que después que ha cesado la emisión de luz, ésta puede restablecerse adicionando un segundo extracto obtenido al lavar almejas frescas en agua caliente y enfriando el jugo resultante. Dubois concluyó que había alguna sustancia en el extracto de agua caliente que era esencial para la emisión de luz y que no era afectada por el calor. El llamó a este material Luciferina y a la sustancia en el extracto de agua fría le llamó Luciferaza, indicando con el sufijo “asa” que tenía propiedades de una enzima. Las enzimas son catalizadores biológicos y son sensibles al calor.

Otro pionero en el campo de la bioluminiscencia fue E. Newton Harvey, de la Universidad de Princenton. Siguiendo las observaciones de Dubois, Harvey estableció definitivamente que la bioluminiscencia es un proceso enzimático. En un viaje a Japón encontró un crustáceo (Cypridina hilgendorfii) que es una fuente de luciferina y luciferaza. Cypridina es un pequeño crustáceo con dos valvas que cubren su cuerpo. Se encuentra tanto en agua dulce como en salada, pero sólo la forma marina es luminosa. Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados japoneses la usaban como fuente de luz haciéndola polvo y colocando este polvo en sus manos para leer los mapas en las noches oscuras[19]

Algunos “gusanos de fuego” (anélidos del orden Polychaeta) fueron los causantes del avistamiento de Colón. El 11 de octubre de 1492, Cristóbal Colón anotaba en su libro de viaje haber visto delante de las Bahamas, hacia las diez de la noche, unas misteriosas luces que él consideró una señal. Esta observación confundió durante siglos a los historiadores, y algunos quisieron ver ovnis en ella. Hace no muchos años, el biólogo marino inglés Robert Thomson Crawshay, resolvió el misterio: Colón había visto la iluminación marina de las luciérnagas atlánticas. Justo un día antes de la última fase de la Luna, millones de hembras de esta especie producen un destello fosforescente y claro, con el fin de atraer a los machos[20]

La relación entre la luminiscencia y las fases de la Luna esta magníficamente ilustrada en el anélido de Bermudas Odontosyllis enopla. Los gusanos de esta especie comienzan a multiplicarse 2 o 3 días después de la luna llena, apareciendo primeramente las hembras. Cada una de ellas nada en pequeños círculos en la superficie del agua emitiendo una luz verde. Este ritual invariablemente se inicia unos 55 o 56 minutos después de la puesta del Sol. Los círculos de luz atraen evidentemente a los gusanos machos que emiten destellos de luz al acercarse. Comúnmente varios machos convergen sobre una sola hembra y entonces el grupo comienza a girar en círculos mientras sus miembros descargan huevos y esperma dentro del agua. Las hembras tienen unos 35 milímetros de largo, mientras que los machos alcanzan los 70 milímetros.

Otros insectos luminosos son los “escarabajos golpeadores” (Elateridae), que en cierto sentido se parecen mucho a las luciérnagas. El insecto está decorado con manchas ovales verdes, una a cada lado de la parte frontal de su cuerpo. Debido a que estas manchas luminosas tienen la apariencia de faros de automóvil, estos insectos son conocidos en algunas regiones con el nombre de “autos pulga”.

Uno de los pocos seres que emiten dos tonos de luz es el escarabajo Phrixothrix de Centro y Sudamérica. La larva de estos insectos está decorada con 11 pares de manchas verdes a los lados de su cuerpo; en la cabeza tienen una mancha roja. En la noche, cuando “enciende” su cabeza, parece como un cigarro prendido. Cuando “enciende” sus luces verdes parece un ferrocarril con una luz roja en la parte frontal. Debido a esta particularidad se le conoce como “gusano ferrocarril”.

El Polinoe es otro gusano acuático que emite luz azul cuando se le toca. Algunos peces emiten nubes de un material luminoso con el fin de escapar de sus predadores.

Es un espectáculo maravilloso ver los gusanos luminosos que viven en las cavernas de Nueva Zelanda. La más famosa de estas cavernas esta en Waitomo, 200 millas al Norte de Wellington. Las paredes y techos de estas cavernas están cubiertos con ciertos de larvas luminosas.

Los seres humanos, como muchos insectos, son atraídos por la luz. Las luces en el cielo que fascina a muchos ufólogos, no necesariamente son naves de otros planetas.


[1] http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/10/insectos-como-objetos-volantes-no.html

[2] Anónimo, Los ovnis son insectos informan científicos de EU, Contactos Extraterrestres, No. 52, 27 de diciembre de 1978, Pág. 8.

[3] Anónimo, Platillos y polillas voladoras, Naturaleza, Vol. 10, No. 1, febrero de 1979, Pág. 6.

[4] Sievers Edgard, Flying Saucers Über Südafrika, Sagittarius-Verlag, Pretoria, Sudáfrica, 1955.

[5] Heard Gerald, Los platillos volantes, Editorial Correa, 1951.

[6] Wilkins T. Harold, Flying Saucers on the Moon, Arce, London, 1950.

[7] Jung Carl Gustav, Weltwoche, Zürich, 22. Jahrgang, No. 1078, 9 de julio de 1954, Pág.. 7.

[8] Jung Carl Gustav, Sobre cosas que se ven en el cielo, Editorial Sur, Buenos Aires, 1961.

[9] Edwards Frank, Platillos volantes aquí y ahora, Colección Realismo fantástico, Plaza & Janes, Barcelona, 1976.

[10] Buck John & Buck Elisabeth, Synchronous fireflies, Scientific American, Vol. 234, No. 5, mayo 1976, Pages. 74-79 y 82-85.

[11] Allard H. A., Science, Vol. 44, 1916, Pág. 710.

[12] Renking O. A., Science, Vol. 53, 1921, Pág.. 485.

[13] Bowering John, The Kingdom and people of Siam: with a narrative of the mission to that country in 1855, Vol. I, London, 1857, Pág.. 233.

[14] Morse F. J., Science, Vol. 44, 1916, págs. 169 y 387.

Gudger E. W., Science, Vol. 50, 1919, Pág. 188.

[15] Morrison T. F., Observations on the synchronous flashing of the fireflies in Siam, Science, 1929, Pág.. 400.

[16] Jaceck A., Los insectos y el hombre, Editorial Alameda S. A., México, 1955.

[17] Darwin Charles, El origen de las especies, Sarpe, Colección grandes pensadores, Madrid, 1984.

[18] Gannon Robert, Centinelas nocturnos, en El asombroso mundo de la naturaleza. Sus maravillas y misterios, Selecciones del Readers Digest, México, 1969.

[19] McElroy D. William & Saliger H. Howard, Biological luminescence, Scientific American, Vol. 207, No. 6, diciembre 1962, Pages.. 76-89.

[20] Anónimo, ¿Qué pasaría si la Tierra tuviese cinco lunas?, Muy interesante, No. 7, marzo 1985, Págs. 4-9.