Archivo de la categoría: Divulgación científica

Sol negro en Dinamarca

Sol negro en Dinamarca

Bjarne Winkler

Durante la primavera en Dinamarca, aproximadamente media hora antes de la puesta del sol, parvadas de más de un millón de estorninos europeos (sturnus vulgaris) salidos de todas partesse reunen en las increíbles formaciones mostradas en las fotos. Este fenómeno se llama Sol Negro (en Dinamarca), y se puede presenciar al inicio de la primavera en las marismas del occidente de Dinamarca, desde marzo hasta mediados de abril. Los estorninos emigran del sur y pasan el día en los prados recolectando alimento, y durmiendo en las cañas durante la noche. El mejor lugar para ver esta asombrosa danza aérea está en un lugar llamado “Tøndermarsken,” donde fueron tomadas estas fotografías (el 5 de abril de las 19.30 a las 20.30 hora local).

http://epod.usra.edu/archive/epodviewer.php3?oid=309856

Crean centellas en el laboratorio

Físicos generan una centella en el laboratorio.

Una centella como una nube de plasma es producida en una descarga subacuática. (Foto: D. Lange, IPP)

Los científicos en el grupo de estudio del Max-Planck-Institut für Plasmaphysik y de la Universidad Humboldt de Berlín han generado una centella en el laboratorio -o, para ser más exactos, una centella como una nube de plasma. Los físicos producen las bolas luminosas de plasma sobre una superficie de agua que dura casi medio segundo y de 10 a 20 centímetros de diámetro.

La centella se describe como un fenómeno luminoso que ocurre durante las tempestades. Es un misterio, sin embargo, cómo es que son visibles no como un breve flash, es decir apenas por microsegundos, sino que existen por varios segundos, es decir cientos de miles de veces lo que dura el destello del relámpago. Además personajes famosos tales como el filósofo romano Séneca, Plinio el viejo, Carlomagno y Enrique II de Inglaterra, y en épocas modernas los ganadores del premio Nóbel en física, Niels Bohr y Pjotr Kapitza, afirman haber observado este fenómeno.

Observadores menos famosos también divulgan encuentros inesperados con las centellas; el Internet ofrece más de un millón de entradas sobre el tema. Por otra parte, el fenómeno es tan raro que todavía no hay datos confiables disponibles. Por consiguiente, las dudosas tentativas de interpretación son tan desenfrenadas, que van de hoyos negros a mini explosiones nucleares y explicaciones esotéricas.

“Debido a esta incertidumbre se han hecho varios intentos para inducir el fenómeno bajo condiciones controladas en el laboratorio”, informa el profesor Gerd Fussmann líder del grupo de estudio de física de plasmas del IPP y la HUB en Berlín. Un grupo de investigación que ya tuvo éxito en producir plasmoides con microondas -bolas luminosas de plasma que consisten en un gas ionizado- que sería justo clasificar como centella. Un efecto similar es causado por chispas eléctricas conducidas por materiales orgánicos. Hace aproximadamente cuatro años un grupo de estudio en San Petersburg utilizó con éxito descargas eléctricas sobre superficies de agua para producir formaciones luminosas esféricas que se parecen mucho al fenómeno natural. Para él es probable que los destellos del relámpago y el agua deben interactuar cuando ocurre una centella.

Estimulado por los experimentos rusos, el grupo de estudio de física de plasmas en Berlín está conduciendo investigaciones en las cuales los plasmoides se producen sobre una superficie de agua que tienen tiempos de vida de cerca de 0.3 segundos y diámetros de 10 a 20 centímetros. Esto implica encender de una descarga corta de alto voltaje en un tanque de agua; cuando decae una bola de plasma emerge de la superficie.

Aparte del poderoso banco de capacitores necesarios para proveer energía, el dispositivo experimental es algo simple: Un vaso de cristal lleno con agua salada que contiene dos electrodos que sobresalen, uno de los cuales es aislado del agua circundante por un tubo de arcilla. Cuando se aplica un alto voltaje, una corriente de hasta 60 amperios atraviesa el agua por 0.15 segundos. La descarga sobre el agua permite a la corriente entrar en el tubo de arcilla, donde hace que el agua contenida allí se evapore. Después del pulso aparece un plasmoide luminoso que consiste en moléculas de agua ionizadas.

El aparato puede generar “centellas impresionantes” de todos los colores posibles cada cinco minutos. Profesor Fussmann: “Porqué los fenómenos luminosos ocurren no es del todo claro: Continúan siendo visibles por cerca de 300 milisegundos después de que se ha parado la corriente y se ha cortado la entrada de energía; sin embargo, realmente deberían durar tan sólo unos milisegundos a lo más. Además, el plasma brilla muy intensamente, aunque los plasmoides parecen ser algo fríos. Una hoja de papel colocada sobre ellos consigue ser levantada, pero no coge el fuego”.

Estos fenómenos físicos ahora desconcertantes deben ser clarificados en varias tesis. Esto reclama análisis sistemáticos de los procesos implicados -por ejemplo, por métodos espectroscópicos- y la comparación con las formulaciones teóricas existentes. “Aunque “la centella” no cabe directamente en el campo de investigación del IPP, viz. la investigación de plasmas extremadamente calientes, por ejemplo, es necesaria para una planta de energía de fusión”, establece el profesor Fussmann, “es también un asunto atractivo de la física de plasma con la cual los estudiantes pueden adquirir conocimiento de técnicas de medición y de teorías sofisticadas de un fenómeno natural interesante.”

Fuente: Max-Planck-Institut

http://www.physorg.com/news68812957.html

El dios del vino y su ilusión óptica

El mosaico recién encontrado es una ilusión óptica

John Hooper

Los arqueólogos que estudiaban un mosaico antiguo encontrado por los trabajadores que ponían un cable al sur de Roma se han asombrado al descubrir que es una ilusión óptica.

Visto de cierta forma es un viejo hombre calvo con barba, pero al darle vuelta es un joven lampiño.

Roberto Cereghino, funcionario arqueológico del gobierno, dijo al diario italiano Corriere della Sera que era “un trabajo muy hermoso, de gran significado”.

Dijo que parecía ser una pintura de Baco.

La doble cara esta rodeada por los objetos que fueron utilizados en las bacanales: un instrumento musical antiguo, el sistrum, un tazón con dos asas para beber, y una varita. El truco óptico del mosaico se puede ligar al hecho de que Baco era el dios del vino.

En África del norte se han encontrado mosaicos que contienen ilusiones ópticas, pero éste se piensa que es el primero descubierto en Italia.

La doble cabeza fue descubierta el mes pasado en un área industrial cerca de la ciudad de Pomezia. El mosaico ha sido removido de su sitio para su restauración, y hay planes para ponerlo en exhibición en Roma a finales de este año.

http://arts.guardian.co.uk/news/story/0,,1789631,00.html

Cuando se conozcan fotos de este mosaico las pondremos en Marcianitos verdes. Mientras tanto incluimos una ilusión óptica llamada “El convicto y el general”.

Burbujas aéreas luminosas

LOS OVNIS DEL ULISES CRIOLLO

José Vasconcelos (1881-1959)

Escritor, abogado, filósofo y educador mexicano nacido en Oaxaca. Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y en la de Jurisprudencia donde se recibió de abogado en 1907. Tomó parte activa en la Revolución de 1910, dentro del maderismo. Rector de la Universidad Nacional (1920-1921) y director del Ministerio de Instrucción Pública (1921-1924) desde donde impulsó la creación de la Secretaría de Educación Pública (1935).

Organizó la primera campaña de antianalfabetismo, las misiones culturales y las bibliotecas populares. Celebró la Primera Exposición del Libro en el Palacio de Minería, inició un amplio programa de publicaciones, y fomentó la pintura mural mexicana, ofreciendo contratos a pintores como Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Sequeiros y Roberto Montenegro, para que pintaran en edificios públicos. En 1924 renunció al Ministerio de Instrucción Pública por estar en desacuerdo con la elección del candidato Elías Calles a la presidencia. Regresó en 1928 y lanzó su candidatura a la Presidencia de la República. Su intento fracasó y volvió a exiliarse, viajando por Europa, Asia, América del Sur.

En 1940 regresó a México y se le nombró director de la Biblioteca de México. Fue miembro de numerosas agrupaciones culturales extranjeras y del país. Doctor Honoris Causa por las universidades Nacional de México y de Puerto Rico, Chile, Guatemala y El Salvador. Perteneció a la Academia Mexicana de la Lengua.

Escribió casi un ciento de libros, pero en los que se aprecia su vena “espiritualista” son: La revolución de la energía (los ciclos de la fuerza, el cambio y la existencia) (1924); Teoría de los 5 estados (1924); La raza cósmica (1925); Tratado de metafísica (1929). En La raza cósmica plantea una imagen espiritualista y dinámica del universo. Afirma que los latinoamericanos (la raza cósmica) son la fusión de lo mejor de las dos culturas. Su obra abarca filosofía, sociología, historia y literatura, destacando Prometeo vencedor (1916); Ulises Criollo (1936); La tormenta (1936); El desastre (1938); El proconsulado (1939); Apuntes para la historia de México, desde la conquista hasta la revolución (1943); El viento de Bagdad (1945).

José Vasconcelos tuvo una extraña visión en compañía de su padre y sus hermanos. No sabemos si fue una imagen “espiritualista”, una “alucinación colectiva” (como él mismo apuntó), o un fenómeno quimiluminiscente o triboluminiscente. Lo interesante es que el relato, afortunadamente, no cayó en manos de los ufólogos quienes rápidamente lo hubieran asimilado al fenómeno ovni.

LA VISIÓN DE VASCONCELOS

Regresábamos de un paseo. La mañana estaba luminosa y tibia. Leves gases de niebla borraban el confín y se esparcían por la llanura. Serían las once de la mañana y comenzaba a quemar el sol. Desde el puente contemplábamos la margen arenosa, manchada de grana y mezquites, cortada de arroyos secos…

De pronto, nacidos del seno humoso de ambiente, empezaron a brillar unos puntos de luz que, avanzando, ensanchándose, se tornaban en discos de vivísima coloración bermeja o dorada: con mi padre y mis hermanos éramos cinco para atestiguar el prodigio.

Al principio creíamos que se trataba de manchas producidas por el deslumbramiento del sol… Nos restregábamos los ojos, nos consultábamos y volvíamos a mirar. No cabía duda: los discos giraban, se hacían esferas de luz, se levantaban de la llanura y subían, se acercaban casi hasta el barandal donde nos apoyábamos…

Como trompo que zumbara en el aire, las esferas luminosas rasgaban el tenue vapor del ambiente. Hubiéramos dicho que la niebla misma se cristalizaba, se acrisolaba para engendrar forma, movimiento y color…

Asistíamos al nacimiento de “seres de luz”. Conmovidos comentábamos, emitíamos gritos de asombro, gozábamos como quien asiste a una revelación.

En tantos años de lecturas diversas no me he topado con una explicación del caso, ni siquiera con un relato semejante, y todavía no se si vimos algo que nace del concierto de las fuerzas físicas o padecimos una alucinación colectiva de las que estudian los psicólogos.

Esta visión de Vasconcelos es muy semejante a otros reportes de burbujas aéreas luminosas que han sido vistas en diversas partes del mundo. Veamos tan sólo cinco ejemplos.

Frank Wards y su padre, visitaban un viejo molino en una región rural de Georgia, USA, en 1938, cuando vieron materializarse una pequeña bola de luz azul, a la altura de su rodilla, que creció de pocos centímetros a medio metro. La siguieron por más de un kilómetro hasta que llegó a una cabaña de madera, entró por la puerta, voló en su interior y volvió a salir, para regresar al camino y recorrerlo todo a la inversa. Cuando llegó al punto en donde había aparecido, se esfumó. Ward logró escuchar cierto ruido como el de un transformador eléctrico.

Charles Fitshugh Talman, un meteorólogo del United States Weather Bureau, cuenta que una tarde de verano dos mujeres caminaban a lo largo del precipicio en Ringstead Bay, en la costa Sur de Inglaterra. El clima era bochornoso, y en la distancia ocasionalmente relampagueaban los rayos. Repentinamente vieron numerosos globos de luz, del tamaño de bolas de billar, que las rodeaban por todas partes. Era como si aparecieran de la misma atmósfera, moviéndose de arriba abajo. Algunos de los globos estuvieron a pocos centímetros de las mujeres, pero siempre eludían sus intentos de ser atrapadas. A un tiempo “miles aparentemente las envolvieron”. Finalmente desaparecieron.

En Bélgica, durante la segunda Guerra Mundial, un caporal canadiense relató lo siguiente:

“Hacia las 9 h 00, vi un globo luminoso que se dirigía del frente hacia atrás. Tenía un metro de diámetro, parecía estar dentro de una copa de humo y poseer una luz interna. Emitía una suave luz blanca. Estaba a unos 13 metros sobre el suelo y tenía una velocidad de unos 50 km/h y era totalmente silencioso. Visiblemente, no se movía con el viento sino más bien parecía guiado. Estaba sobre otro globo, y éste sobre otros. En total había cinco”.

Esta visión es muy semejante al relato de Nicolás Roerich por el número de objetos observados. Quien también observó varias lucecitas brillantes fue el filósofo alemán Johann Wolfgang von Goethe. En el tomo VI de Conversaciones con Goethe, la biografía de Goethe, narra una curiosa aparición que presenció a la edad de 16 años, en un lodazal, mientras se dirigía en carruaje desde Frankfurt a la Universidad de Lepzig una noche que amenazaba tormenta:

“… de repente, a un lado del camino, vi una especie de anfiteatro enormemente iluminado. En un espacio con forma de tubo había un sinfín de pequeñas lucecitas tan brillantes que dañaban la vista. Estas luces no eran fijas, ya que saltaban en todas direcciones, aunque había algunas que permanecían inmóviles”.

“Sentí mucho tener que abandonar aquel maravilloso espectáculo, que hubiera querido observar más de cerca, para continuar el viaje. Queda por saber si se trataba de un pandemónium de fuegos fatuos o una asamblea de criaturas luminosas; no podría decidir”.

Luego se enteró que en el lugar había existido una vieja cantera. ¿Eran fuegos fatuos como apuntó el filósofo? ¿Son estas visiones debidas a fenómenos de quimiluminiscencia o triboluminiscencia? ¿Acaso son centellas? Es difícil saberlo

REFERENCIAS

Acharius E., Account of an Extraordinary Meteoric Phenomenon, North American Review, 3:320, 1916. (Burbujas aéreas luminosas)

Anonimo, Un misterioso globo infuocato sorvola la provinciale di Filicaia, La Nazione Italiana (Lucca Edition), Florence, November 22, 1954, p. 2. (Refiere una luz esférica que se ve frecuentemente a ras del suelo en la villa de Tuscana, Italia)

Anonymous, Ball Lightning, Meteorological Magazine, vol. 57, 1922, p. 46 (Burbujas aéreas luminosas)

Anonymous, Ball Lightning, Scientific American, 57:53, 1887. (Burbujas aéreas luminosas)

Anonymous, Electrical Phenomena near Weymouth, Nature, 126:262, 1930. (Burbujas aéreas luminosas)

Anonymus, Spurious Daylight Observations of Leonids, Observatory, 23:68, 1900. (Burbujas aéreas luminosas)

Batchler Janet Newton, Seeing the Lights, Fate, August, 1986, p. 127. (Una serie de “bolas luminosas” vistas en el desierto de Mojave, California, in 1932)

Bonney A., Note on an Appereance of Luminous Bubbles in the Atmosphere, Quarterly Journal of the Royal Meteorological Society, 13:306, 1887. (Burbujas aéreas luminosas)

Dabaev Valery, The Ulan-Ude Lights, Fate, vol. 54, No. 5, May 2001. (Grupos de “bolas de luz” vistas en Siberia entre junio y diciembre de 1994)

Eaton H. S., Note on a Display of Globular Lightning at Ringstead Bay, Symon’s Monthly Meteorological Magazine, vol. 32, 1898, p. 127. (Burbujas aéreas luminosas)

Eaton H. S., Note on a Manifestation of Electricity at Ringstead Bay, Quarterly Journal of the Royal Meteorological Society, 13:305, 1887. (Burbujas aéreas luminosas)

Eckermann Joham Peter, Conversaciones con Goethe, UNAM , Colección Nuestros Clásicos, México, 2001, página 38. (Burbujas aéreas luminosas)

Ehlinger Kelly, Wimberley Lights, artículo en Internet 1999. (Tres pequeñas esferas vistas en Texas)

Marwick E. E., Curious Phenomenon, English Mechanic, 75:417, 1902. (Burbujas aéreas luminosas)

Poey M. A., Sur le passage d’une quantité considerable de globules lumineux, Comptes Rendus, 56:88, 1863. (Burbujas aéreas luminosas)

Smith-Gordon Lionel, Ball Lightning, Meteorological Magazine, vol. 57, 1922, p. 336 (Burbujas aéreas luminosas)

Swinnerton Henry U., Aerial Bubbles, Science, 21:136, 1893. (Burbujas aéreas luminosas)

Talman Charles Fitzhugh, Ball Lightning, American Mercury, vol. 26, 1932, p. 69. (Burbujas aéreas luminosas)

Vasconcelos José, Ulises Criollo, Ediciones Botas, México 1935, página 50. (Burbujas aéreas luminosas)

Diversas fotos de José Vasconcelos, desde su juventud hasta la vejez.

Libros escritos por Vasconcelos.

La biografía escrita por Joaquín Cárdenas Noriega.

Estos fueron los objetos observados por Nicolás Roerich. ¿Algo similar sería lo presenciado por la familia Vasconcelos?

Johann Wolfgang von Goethe

Los ovnis "químicos"

QUIMILUMINISCENCIA Y OTRAS HIPÓTESIS SOVIÉTICAS

“El fenómeno se debe a la formación de una zona de destello en la atmósfera, la así llamada zona QL (Quimiluminiscente) aumentada por la polución debida al óxido nitroso producido por las fábricas”.

Martinov Dmitriyev (1)

En la década de los cincuenta Freder von Holke afirmó que los ovnis eran reflejos producidos en el cielo por poderosos haces de ondas teleguiadas a través de cohetes de largo radio de acción.

“Tales ondas servirían, de manera intencional, como ‘rieles’ invisibles e impalpables, pero reales: desde su punto de partida serían, primero, proyectados hasta la ionosfera y luego reflejados por ella en dirección de tal o cual punto del planeta, disparados por medio de cálculos. Pero, al mismo tiempo, esas ondas ultracortas tendrían la propiedad de ionizar ciertos gases del aire y de esta manera serían fenómenos erráticos involuntarios que formarían las apariencias conocidas como platillos volantes. Habría pues, una base formada por un inmenso armazón, rígida, calculada, relativamente fija e invisible que, de vez en cuando, sería revelada por efectos inestables, imprevistos y visibles”.

En California, el profesor Motz, de la Universidad de Stanford, logró producir, al aire libre, un halo luminoso concentrando haces de ondas milimétricas en 1954.

El 25 de octubre de 1954 el Fígaro presentaba una hipótesis del físico francés D’Alton, según el cual los “platillos volantes no son más que un fenómeno puramente luminoso debido al encuentro de un haz de ondas ultracortas y de capas de aire ionizado”.

“Admitamos que los especialistas disponen de elementos suficientes para establecer auténticos transportadores de energía cuyo montaje y puntería no necesitarían más que algunos segundos con precisión que casi puede ser perfecta. Se sabe que los especialistas en ondas ultracortas han alcanzado la Luna con sus haces y que el mensaje les fue devuelto en el tiempo previsto. Los que algunos han hecho en nombre de la investigación desinteresada, otros podrían hacerlo no para alcanzar la Luna, sino para observar a sus vecinos y verificar la precisión y el tamaño de sus cables sin hilos que transportan energía. Les bastaría en caso de guerra, lanzar sus máquinas sobre esos cables para aniquilar al adversario”. (2)

A principios de 1977, el famoso químico y astrónomo ruso Dimitriyev Martinov, declaró a la agencia TASS:

“Los platillos voladores son fenómenos ópticos. En principio se trata de objetos brillantes que surcan el cielo y fueron divisados desde los más lejanos lugares del planeta. Hasta la Biblia hace constar la existencia de tales fenómenos. Lo que pasa es que son espejismos debidos a la refracción de la luz en cristales de hielo infinitamente pequeños o tenues capas de niebla. En ese sentido los platillos voladores son fenómenos reales, tan reales como el arco iris, los espejismos o la Aurora Boreal”.

A mediados de agosto de 1978 el doctor en Ciencias Químicas Martinov Dmitriyev publicó un artículo (1) en el que proponía la teoría de la “Zona Quimiluminiscente” para explicar los ovnis. El artículo discute algunos posibles efectos sobre la mente de los pilotos: alucinaciones; y sobre el equipo electrónico: disturbios en el radar.

“No está excluido que la aparición de los platillos pueda deberse a fenómenos de naturaleza terrestre: a formaciones quimiluminiscentes (FQL). La quimiluminiscencia es uno de los tipos de luminiscencia del aire, que surge a raíz de determinadas reacciones químicas. Las formaciones quimiluminiscentes pueden brillar o reflejar la radiación solar, trasladarse velozmente y en ciertos casos llegan incluso a estallar. La aparición de formaciones quimiluminiscentes en la atmósfera es un acontecimiento bastante común. En los laboratorios de la URSS se han reunido bastantes miles de testimonios y fotografías de estos fenómenos.

“Las formaciones quimiluminiscentes presentan características individuales, así como muchos rasgos comunes: aparecen en la atmósfera, pueden encenderse rápidamente y casi apagarse por un tiempo. En ciertos casos las formaciones quimiluminiscentes caen a la tierra y dejan tras sí cráteres o terrenos fundidos y objetos carbonizados, pero no se han encontrado nunca residuos de las propias formaciones quimiluminiscentes. Todo se evapora y se disipa en el aire. Han sido descritas por muchos pilotos, viajeros y navegantes famosos como Nikolái Roerich, Francis Chichester y Thor Heyerdahl y no son raros los casos en que se han observado decenas e incluso cientos de formaciones quimiluminiscentes a la vez.

“En la URSS más de una vez se han analizado las huellas dejadas por las formaciones quimiluminiscentes en las piezas de aviones deteriorados, en árboles y en el suelo, sin que se pudiera descubrir ningún elemento que no se encuentre en la atmósfera. Se estableció que están compuestos de átomos, moléculas y de iones de nitrógeno, oxígeno, ozono, carbono e hidrocarburos, partículas activadas y electrones.

“La intensidad de los destellos de radiación óptica en la zona quimiluminiscente alcanza 15 Cal/cm2 min; y la concentración de la materia quimiluminiscente llega a 50 mg/m3 de ozono y 25 mg/m3 de óxido de nitrógeno. Esto contribuye en gran medida a la intensidad de tales destellos.

“El peligro de operar aviones en las zonas quimiluminiscentes depende de su tamaño y concentración. Las zonas quimiluminiscentes no son peligrosas per se tanto en los rangos ópticos e infrarrojo. Sin embargo, pueden actuar como fuentes de radioemisión, lo cual afecta el funcionamiento de los aparatos electrónicos, especialmente en los equipos de radar. Además, todos los componentes de las zonas quimiluminiscentes son tóxicos y si están presentes en altas concentraciones pueden penetrar las cabinas de los aviones y afectar a la tripulación. El color es un buen indicador de la toxicidad de las zonas quimiluminiscentes: luces negras o azules indican la prevalencia de ozono y de átomos de oxígeno; los cuales son más tóxicos que el óxido o el dióxido de nitrógeno, cuyo color es rojo o naranja. Aún bajas intensidades en la zona quimiluminiscente pueden tener efectos narcóticos en la tripulación. Cuando un avión entra en la zona quimiluminiscente se percibe un olor irritante dentro de la cabina. A concentraciones muy altas de energía en la zona quimiluminiscente, la zona es capaz de producir explosiones similares a los relámpagos esféricos o centellas. El tamaño de la zona explosiva es relativamente pequeño, 1 a 1.5 metros. Los pilotos deberían mantener en mente la existencia de tales zonas; deberían conocer su apariencia, intensidad y olor inusual para evitar desastres. Finalmente deberían redoblar su atención ya que las zonas quimiluminiscentes no sólo pueden afectar su mente sino los aparatos de radar y equipo electrónico”.

Aunque Dmitriyev hace la distinción entre las formaciones quimiluminiscentes y los relámpagos esféricos o centellas, parece que su hipótesis mezcla estos fenómenos con los fuegos fatuos e incluso con otros de naturaleza óptica como los parhelia.

En enero de 1979 el doctor Vladimir V. Migulin, director del Instituto Soviético de Magnetismo Terrestre y miembro de la Academia de Ciencias de la URSS presentó una ponencia ante la misma en la cual atribuía el fenómeno ovni a “cambios físicos en la atmósfera superior”, probablemente de origen magnético. Posteriormente explicó, en un artículo aparecido en una revista francesa (3), cómo pueden canalizarse dentro de la atmósfera los electrones solares hacia un punto particular por una tormenta magnética (4).

Migulin reconoció que la Academia de Ciencias de la URSS:

”… clasifica, analiza y estudia todas las informaciones sobre fenómenos celestes observados sobre territorio soviético. Los casos esporádicos de fenómenos aéreos anormales vistos por varias personas, así como los llamados ‘encuentros cercanos con extraterrestres’, son más bien del dominio de la ciencia ficción y los estados de alucinación. Actualmente los científicos tratan de buscar testimonios objetivos y seguros que permitan construir los modelos físicos de la aparición de los ovnis. Podemos afirmar que en muchos casos los fenómenos observados dependen de las modificaciones que ocurren en las capas superiores de la atmósfera terrestre y, sobre todo, en la ionosfera, que se encuentra sometida a la actividad solar como a la actividad humana”.

A fines de 1979 la agencia TASS difundió el siguiente comunicado:

“Desde hace tiempo se ha formulado la hipótesis de que los discos o platillos voladores que se han podido observar en la atmósfera terrestre pueden ser el resultado de complicados movimientos de las masas de aire, al mezclarse con las partículas de polvo de otras materias. Estos movimientos podrían deberse a la heterogeneidad o diversa densidad de los estratos atmosféricos. Especialistas del Instituto de Oceanología de la URSS han reproducido las condiciones necesarias para la formación y persistencia de los discos durante un cierto periodo; y luego han reproducido esto en el laboratorio, observando cómo se formaba un platillo volador ante sus miradas atónitas. El proceso de formación de las acumulaciones naturales en forma de platillo puede ocurrir a diversas alturas: en los estratos más bajos de la atmósfera y en las partes más altas. Los platillos que nosotros vemos, comúnmente llamados ovnis, tienen su origen en los límites de los estratos atmosféricos a lo largo de los flancos de las cadenas montañosas”. (5)

G. I. Barenblatt, doctor en Física y Matemáticas, y A. Monin, miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de la URSS opinan (según el redactor de la revista Téjnika i Naúka) que los platillos se deben a determinados procesos que tienen lugar en la atmósfera y representan ciertas formaciones discoidales en movimiento. Afirman que los ovnis son el resultado de complejos fenómenos ópticos que se producen en la atmósfera a raíz de turbulencias particulares del aire. En la atmósfera se forman espontáneamente zonas de densidad constante que crean cuerpos semejantes a trompos que giran por su cuenta en esas masas aéreas. Estos trompos tienen el aspecto de discos, que tienen además la capacidad de captar polvillos difundidos en la atmósfera que, al acumularse suficientemente, hacen que el disco aéreo sea visible. (6)

Según la hipótesis de Barenblatt y Monin, la atmósfera de nuestro planeta se compone de diferentes capas de aire con igual densidad, que por lo general no presentan límites claros (7). Nunca se encuentra en estado de quietud absoluta: aparte de los vientos se observan en ella movimientos turbulentos del aire, y debido a la ausencia de límites precisos entre las capas, oscila todo el grueso del aire, creándose “islotes” de igual densidad, que contienen capas entremezcladas y presentan en un primer momento, contornos precisos que luego se comprimen bajo la acción de la presión externa.

Los experimentos realizados en el Instituto de Oceanología adjunto a la Academia de Ciencias de la URSS demostraron que, en la etapa inicial, esta compresión transcurre con gran rapidez volviéndose luego más lenta.

Así que se puede hablar con todo fundamento de zonas relativamente estables en la atmósfera, de forma semejante a un disco, cosa también comprobada por los experimentos de los científicos del Instituto de Oceanología.

Estas zonas pueden observarse debido a que están formadas no sólo de aire, sino también de polvo. Por lo general, la atmósfera siempre contiene cierta cantidad de polvo. Durante la calma, este cae en la tierra, pero si surgen corrientes de aire –y más aún torbellinos- el polvo se mantiene estable y hace que los discos sean visibles desde la tierra. En el crepúsculo pueden resplandecer vivamente, reflejando la luz del Sol poniente.

Los discos de polvo no sólo pueden trasladarse empujados por fuertes corrientes de aire, sino también acelerar bruscamente su movimiento durante los saltos de presión en la atmósfera. El número de ovnis sería entonces directamente proporcional al grado de contaminación del medio, lo que explica que estos fenómenos sean más frecuentes en nuestros días que en otras épocas. (8)

Barenblatt y Monin concluyen:

“Los ovnis que en el transcurso de decenios han alterado la imaginación de la gente, y algunas veces se hacen pasar por naves de otros planetas, pueden ser sólo acumulaciones de polvo o de agua en estado pulverizado”. (9)

REFERENCIAS

1. Dmitriyev Martinov, Aviation and Cosmonautics, agosto de 1978.

2. Carrouges Michel, Aparecen los marcianos, Editorial Pomaire, Barcelona, 1967.

3. Migulin V. Vladimir, Les phénoménes aerospatiaux non identifiés á l’étude, La Recherche, No. 102, Pág. 760, París, junio de 1979.

4. Oberg E. James, UFOs & Outer Space Mysteries. A Sympathetic Skeptic’s Report, Donning Norfolk/ Va. Beach, Págs. 167-168, 1982.

5. Gutiérrez Ch. Alonso, OVNIs en la URSS: declaraciones oficiales, DUDA, No. 624, Págs. 20-23, 15 de junio de 1983.

6. Ruiz Noguez Luis, Construcción de un modelo fotoquímico para una atmósfera de oxígeno, Tesis de licenciatura, Universidad Nacional Autónoma de México, 1984.

8. Anónimo, OVNIs o identificación sin careo, Sputnik, No. 6, Págs. 38-43, junio de 1981.

9. OVNInotas, Los OVNIs, sólo ilusión óptica, OVNIs. Todo se inició hace 33 años, No. 33, Págs. 4-5, septiembre de 1980.

Esferas de luz observadas por Nikolái Roerich.

Nikolái Roerich

Francis Chichester.

Thor Heyerdahl.

Vladimir V. Migulin.

G. I. Barenblatt.

A. Monin.