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Ciudad sin biblioteca y playas con sargazo

ESCRUTINIO

Ciudad sin biblioteca y playas con sargazo[1]

Juan José Morales

Puede parecer increíble que una ciudad de casi un cuarto de millón de habitantes, capital de estado por añadidura, carezca de una biblioteca pública. Pero desde hace más de nueve meses, Chetumal, capital de Quintana Roo, sede de los poderes del estado y de importantes centros de educación media superior y superior, se encuentra en tal situación.

Quienes desean utilizar el acervo de la Biblioteca Pública Central Lic. Javier Rojo Gómez, encuentran que está “cerrada por remodelación hasta nuevo aviso”, según el aviso oficial. Pero no hay tal remodelación. Ni siquiera reparaciones. El acceso del público al edificio y los servicios que ahí se prestan fueron suspendidos a raíz del derrumbe parcial del techo en octubre del año pasado, y la subsecretaría de Cultura, de la cual depende la biblioteca, optó por dejarla abandonada para que el próximo gobierno atienda el asunto.

imageBiblioteca Pública Central de Chetumal. Tiene menos de 40 años de construida, pero se dice que ya llegó al fin de su vida útil y habrá que demolerla. Uno se pregunta cuándo llegaron al fin de su vida útil edificios mucho más antiguos, como el Palacio Nacional o la Escuela de Minería. Lo que ocurre con la biblioteca es que no se le dio el adecuado mantenimiento, sin que se sepa a qué bolsillos fue a dar el dinero destinado a tal fin.

La explicación oficial es que el desplome fue consecuencia de intensas lluvias ocasionadas por una onda tropical. Pero ondas tropicales y fuertes precipitaciones pluviales las hay todo el tiempo en Chetumal, y no por eso se andan cayendo los techos por todas partes. Lo que ocurrió —según fuentes dignas de crédito del interior del gobierno estatal— fue que no se le dio el mantenimiento apropiado al edificio, no obstante que el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) envió fondos para tal fin. El dinero se esfumó —como ocurrió con el de otras partidas presupuestales—, pasaron los años, y finalmente…

Como justificación, las autoridades alegaron que lo mismo — desplomes de techos y otros daños— ocurrieron en el Hospital General, la Secretaría del Trabajo y algunas otras dependencias del gobierno estatal.

Pero tal explicación implica que tampoco en esas instalaciones se hicieron los necesarios trabajos de mantenimiento. Las cosas, por lo demás, no pararon ahí. Cajas de libros enviados a la Javier Rojo Gómez por Conaculta como parte de sus programas de mejoramiento del acervo de las bibliotecas públicas, fueron reetiquetadas con el lema del gobierno estatal y canalizadas a otras bibliotecas como si fueran adquisiciones del gobierno estatal. Ello —hay que subrayarlo— va contra de la normatividad oficial, ya que las aportaciones de libros de Conaculta tienen un destino específico y no pueden ser manejadas a criterio de los gobiernos estatales o municipales.

El caso de la biblioteca resulta hasta cierto punto simbólico como muestra del desinterés por la cultura, rayano con el desdén, manifestado por Roberto Borge Angulo durante los casi seis años que ha estado al frente del gobierno. Pero no es único. De manera semejante han desaparecido cientos o miles de millones de pesos de otras partidas presupuestales, como el impuesto al hospedaje o los recursos económicos destinados a la limpieza de sargazo en las playas.

Sobre esto último, el presidente de la Asociación de Hoteles de Cancún y Puerto Morelos, Carlos Gosselin Maurel, declaró a un medio de prensa que como el gobierno saliente “se llevó todo el dinero… no hay recursos para atender” la invasión de sargazo que ahora se presenta.

En justicia, sin embargo, debemos aclarar que el gobierno de Borge no se llevó todo. Sólo la mitad. En efecto, según Gosselin, el gobierno federal entregó al estatal 150 millones de pesos para atender la recolección del sargazo. De ellos se gastaron 80, así que sólo han desaparecido 70 millones de esa partida presupuestal.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 16 de agosto de 2016

Maremotos, huracanes y manglares

IMPACTO AMBIENTAL

Maremotos, huracanes y manglares[1]

Juan José Morales

En las costas de la península de Yucatán no estamos expuestos a sufrir el embate de un maremoto o tsunami, como el que en marzo de 2011 devastó un amplio sector del litoral de Japón, dejando una estela de 20 mil muertos. Pero, en cambio, año con año estamos expuestos a tormentas tropicales y huracanes, que pueden impactar las zonas costeras con violento oleaje y —sobre todo— la llamada marea de tempestad, que puede superar cinco metros de altura sobre el nivel medio del mar.

La semejanza entre la península de Yucatán y el archipiélago japonés, pues, estriba en que en ambos casos se requiere una eficiente protección contra el embate de las aguas marinas.

imageEnormes y sólidos muros como este, que en algunos casos sobrepasan los diez metros de altura, están siendo construidos a lo largo de las costas japonesas como defensa contra maremotos. Pero se ha visto que los bosques costeros pueden reducir las pérdidas humanas y materiales tanto o más eficientemente que tales moles de concreto, que impiden la vista del mar y tras las cuales la gente se siente aprisionada.

Con tal fin, en Japón se ha iniciado un ambicioso y costoso proyecto de construcción de barreras de concreto para proteger de maremotos la región de Tohoku, que en menos de 80 años —de 1933 a 2011— ha sido arrasada por tres de tales fenómenos. Las obras, que durarán diez años, comprenden diversos tipos de muros y otras estructuras con alturas superiores a cinco metros e incluso a diez metros en algunos casos.

Por supuesto, serán muy costosas: 255 mil millones de dólares en total. Pero lo que puede interesarnos de todo esto, es que, según los estudios previos sobre los efectos de los maremotos de 1896, 1933, 1960 y 2011, los bosques costeros pueden dar una protección comparable a la de las barreras antitsunami, al amortiguar y disipar el impacto de las grandes olas.

Por supuesto, los bosques cuestan menos —muchísimo menos— que las moles de concreto, que no son precisamente amigables con el paisaje. Además, la vegetación contribuye a eliminar los llamados gases de invernadero, como el dióxido de carbono, que contribuyen al calentamiento global y el cambio climático. Y una tercera ventaja de los bosques como defensa contra tsunamis, es —dicen los autores del estudio— que su presencia en la vecindad inmediata de la costa limita la construcción de viviendas, almacenes y otros edificios en sitios especialmente vulnerables. En cambio, las barreras de concreto estimulan la construcción en esos lugares al brindar una sensación de protección y seguridad.

Como decíamos al principio, en el Caribe y el Golfo de México no tenemos maremotos, pero sí tormentas y huracanes, que representan un peligro parecido aunque menor. Y, como protección natural, tenemos bosques costeros: los manglares. Porque no debe olvidarse que los manglares son eso: bosques.

Pero, con miope visión, sucesivos gobiernos han permitido e incluso propiciado y alentado la paulatina destrucción de los manglares a lo largo de las costas peninsulares, especialmente en las zonas turísticas de Quintana Roo. En otras palabras: estamos destruyendo una eficiente protección contra los desastres naturales característicos de esta zona.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 12 de agosto de 2016

¿Quién le pone el cascabel a su gato?

IMPACTO AMBIENTAL

¿Quién le pone el cascabel a su gato?[1]

Juan José Morales

Si puede hablarse de una seria amenaza para las aves silvestres en pueblos y ciudades, sin duda la constituyen los gatos. Estudios realizados hace algunos años en Estados Unidos y Europa —pero cuyos resultados son aplicables prácticamente a cualquier lugar del mundo— indican que esos felinos causan más muertes de pájaros y otros pequeños animales que cualquier otro factor, como atropellamientos por vehículos, choques contra vidrios de ventanas, etc.

Según las estimaciones de un estudio publicado en la revista científica Nature, tan sólo en Estados Unidos —donde hay 84 millones de gatos domésticos, sin contar los callejeros y los ferales, que viven en el campo— esos en apariencia inofensivos animales matan entre 1 700 y 3 400 millones de aves y entre 6 900 y 20 700 millones de pequeños mamíferos.

Se calcula que cada gato casero mata entre cuatro y 18 pájaros al año y de ocho a 21 pequeños mamíferos.

Por su parte, los gatos callejeros —cuyo número en Estados Unidos no ha podido ser determinado pero oscila entre 30 y 80 millones según diversas estimaciones— cobran una cantidad mucho mayor de presas: entre 23 y 46 pájaros y entre 129 y 338 pequeños mamíferos.

Desde luego, no se puede pedir a los gatos que no hagan tal cosa. El instinto de cazador está en sus genes. Y no se limita a perseguir y atrapar ratones, sino a cualquier pequeño animal. Y es por ese instinto de cazador que a menudo los gatos domésticos llegan muy ufanos a casa y depositan un pajarillo, una lagartija o un ratón a los pies de su amo, como si con ello quisieran demostrarle que no han perdido sus habilidades.

imageDe nada sirve regañar o castigar a un gato que amablemente llega y deposita a los pies del amo un pájaro que haya atrapado. Sólo se sentirá desconcertado y frustrado ante la falta de reconocimiento a sus habilidades de cazador, un comportamiento instintivo. Si se quiere evitar que deprede animales silvestres, basta ponerle un cascabel al cuello.

El peligro que representan los gatos para la fauna silvestre es muy grande especialmente en ciertas islas donde los que fueron introducidos —y muchos de los cuales se volvieron ferales— han causado la extinción de más de 30 especies de aves marinas. Esas aves sólo habitan las islas, donde estaban a salvo de depredadores. Pero la presencia de los gatos cambió la situación y se convirtieron en presas fáciles, ya que usualmente anidan en el suelo.

Es muy difícil evitar que un gato doméstico se escabulla de la casa y pase algún tiempo merodeando por el vecindario. Y no se le puede suprimir su instinto de cazador. Pero hay dos buenas maneras de reducir el peligro que representan para la fauna silvestre: la primera consiste en proporcionarle un juguete con el cual se divierta como si estuviera cazando.

Los mejores son los de tipo caña de pescar, que consisten en una vara con un hilo del cual pende un pequeño pedazo de tela y que se agita para que lo persiga y trate de atraparlo. Desde luego, hay que dejar que algunas veces tenga éxito.

La segunda, muy importante, es ponerle un cascabel atado al cuello. El sonido del mismo advertirá del peligro a los pájaros a los cuales se aproxime y así podrán escapar. Es algo muy sencillo, pero con eso se podrá salvar la vida a miles de pájaros, que ya bastantes problemas enfrentan en las ciudades como para además ser presa de un gato. Y además, así se protege a los propios gatos, que no pocas veces resultan heridos por los picotazos y arañazos defensivos de los animales sobre los cuales se lanzan.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 8 de agosto abril de 2016

Nueva arma contra la libertad de prensa

ESCRUTINIO

Nueva arma contra la libertad de prensa[1]

Juan José Morales

No parece casual que, con muy poco tiempo de diferencia, la periodista Carmen Aristegui y el politólogo y articulista Sergio Aguayo hayan sido objeto de sendas demandas por “daño moral”. La primera, por parte de Joaquín Vargas, magnate de la radio y la televisión de paga. El segundo, por Humberto Moreira, ex gobernador de Coahuila.

Decimos que no parece casual sino más bien parte de una nueva estrategia para acosar, atemorizar y silenciar a los periodistas, mediante acciones judiciales que los obliguen a destinar tiempo, dinero y esfuerzo a defenderse. En esta forma, no sólo los distraen de sus actividades periodísticas y por ende los limitan en sus investigaciones, sino que los hacen gastar sumas que pueden llegar a ser cuantiosas en abogados y trámites judiciales. Sus acusadores —o acosadores, si así se prefiere—, en cambio, no tienen problema en ese aspecto. Pues lo que les sobra son dinero, abogados e influencias políticas suficientes para torcer la justicia en su favor. Lo que gastan en el juicio resulta pecata minuta dados sus cuantiosos recursos económicos, amén de que lo manejan como gastos de sus empresas y así pueden incluso deducirlo de impuestos.

Tal parece que, tratándose de periodistas famosos, se ha optado por no asesinarlos como ocurre —particularmente en Veracruz— con los reporteros de periódicos locales, ni encarcelarlos bajo burdos cargos como hizo el gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge, con Pedro Canché. Matarlos desataría un escándalo. Pero demandarlos por “daño moral” es a fin de cuentas lo que podría llamarse una forma suave de represión. Y es que, como señala Sergio Aguayo, “un número creciente de gobiernos encuentran formas de evadir sus compromisos y persiguen legal y/o ilegalmente a los defensores y periodistas independientes y combativos.”

imageVargas, magnate de la radiodifusión, con Peña Nieto. La relación entre ambos es muy cordial y a ello se atribuye el cese de Carmen Aristegui de la cadena radiofónica propiedad de Vargas a raíz de sus revelaciones sobre la ahora famosa Casita Blanca.

La demanda de Vargas contra Carmen Aristegui tiene el mismo albo color que la famosa Casa Blanca de Peña Nieto, pues se funda en el hecho de que ella escribió el prólogo de un libro sobre ese asunto publicado por la editorial Random House, contra la cual también va dirigida la demanda. Vargas pretende, además de una compensación económica por el supuesto daño moral que le han causado lo que califica de falsedades contenidas en el prólogo, que éste sea eliminado del libro.

Pero para muchos, la verdadera razón está en la inquina que le guarda Peña Nieto por sus revelaciones sobre la susodicha mansión, que desataron un escándalo ya que la compañía constructora de la misma era una empresa ampliamente favorecida con contratos por Peña Nieto tanto cuando fue gobernador del estado de México, como en la actualidad, desde la presidencia de la República.

Un factor adicional es el hecho de que Carmen está por iniciar un nuevo programa radiofónico por Internet, y la demanda se ha interpretado como una presión para hacerla desistir de ello.

En el caso de Aguayo, se pregunta éste si Moreira pretende llevarlo ante los tribunales porque está coordinando una investigación desde El Colegio de México sobre la matanza ocurrida en 2011 en la población de Allende, Coahuila, donde más de 300 personas —hombres, mujeres, niños y ancianos— fueron secuestrados y presumiblemente asesinados, pues nunca se supo más de ellos, y sus viviendas arrasadas por los asaltantes.

En fin, los periodistas tenemos pendiente ahora sobre nuestras cabezas, como espada de Damocles, una nueva arma contra la libertad de expresión: las demandas por daño moral.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 2 de agosto de 2016

El cumpleaños de un parque modelo

IMPACTO AMBIENTAL

El cumpleaños de un parque modelo[1]

Juan José Morales

El pasado 19 de julio hubo un cumpleaños muy especial: el del Parque Nacional Costa Occidental de Isla Mujeres, Punta Cancún y Punta Nizuc. Ese día se cumplieron 20 años de la expedición del decreto presidencial que dio existencia jurídica a esa área natural protegida. Y vale la pena hablar de ella, pues tiene características muy especiales.

En primer lugar, porque está enclavada en una zona de intensa actividad turística y sirvió para dar cobertura legal a la flora, la fauna y los ecosistemas marinos, que estaban sometidos a fuertes y peligrosas presiones derivadas del propio desarrollo turístico. En segundo lugar, porque la elaboración de su plan de manejo no se hizo desde un escritorio en alguna oficina burocrática, sino con la participación de científicos, pescadores, hoteleros, prestadores de servicios turísticos en general y otros grupos a los que de una u otra manera afectaba o beneficiaba la creación de esa ANP. En tercer lugar, porque para administrar los recursos generados por los derechos cobrados a los visitantes, se creó un fideicomiso que permitió transparentar y hacer más eficiente su manejo, aunque después se anuló esa forma de operar y ahora lo recaudado va a dar a esa especie de agujero negro que es la Secretaría de Hacienda.

Por esas y otras razones, este parque marino —así le llamaremos en forma abreviada para no tener que repetir su largo nombre— ha sido un modelo de protección de nuestros recursos naturales mediante una adecuada combinación de salvaguarda y aprovechamiento sustentable.

imageEl parque está dividido en los tres sectores o polígonos que se muestran en el mapa, lo cual complica las labores de inspección, vigilancia y atención a la flora y la fauna. Además, el personal del parque tiene bajo su cuidado el área natural protegida Manglares de Nichupté, en la laguna del mismo nombre.

A lo largo de esos 20 años de vida, el parque marino ha cumplido muy eficientemente su función, gracias al trabajo responsable y esforzado de sus sucesivos directores y del resto del personal que lo tiene a su cuidado. Ello a pesar de la limitación de medios de trabajo y recursos económicos.

El parque —hay que recalcarlo— está situado en el extremo norte del llamado Arrecife Mesoamericano o Gran Arrecife Maya, que se extiende desde Cancún hasta Belice y Honduras y constituye la segunda barrera de arrecifes coralinos más larga del mundo después de la de Australia. Pero en la zona de Cancún es justamente donde tiene su menor anchura y desarrollo, lo cual la hace muy vulnerable al exceso de visitantes. Por eso, inteligentemente, para reducir la presión sobre las delicadas y sensibles formaciones de coral —que pueden morir si un buzo descuidado las manosea o arroja arena sobre ellas—, se decidió instalar otros atractivos submarinos para quienes practican el buceo o el snorkel.

Así fue como, en coordinación con los prestadores de servicios turísticos, se hundieron embarcaciones en desuso, que resultan un imán para muchos buzos, especialmente por la gran cantidad de peces que en ellos se refugian, y porque sobre ellas han crecido corales, esponjas, algas, moluscos y otros organismos marinos de llamativas formas y colores.

Igualmente, se creó el Museo Subacuático, con cientos de esculturas de figuras humanas tamaño natural o mayor, que pronto alcanzó fama internacional. Con tales atractivos adicionales, ha sido posible vedar temporalmente al buceo, para que se recuperen, formaciones de coral que habían sido dañadas por el exceso de visitantes o los huracanes.

En fin, es mucho lo que hay que decir sobre el Parque Nacional Costa Occidental de Isla Mujeres, Punta Cancún y Punta Nizuc, pero el espacio de esta columna es poco, de modo que sólo resta señalar el lado negativo: la situación de escasez de recursos económicos, material y equipo con que opera —agravada en los últimos tiempos por drásticos recortes presupuestales— y que impide a su esforzado personal cumplir mejor sus tareas.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 25 de julio de 2016