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Los cerdos asilvestrados de la Laguna de Términos

IMPACTO AMBIENTAL

Los cerdos asilvestrados de la Laguna de Términos[1]

Juan José Morales

Pocos mamíferos domésticos tienen mayor capacidad que el cerdo para ocupar nuevos territorios y formar poblaciones estables cuando escapan del control del hombre. Y pocos mamíferos asilvestrados —como se les denomina cuando de la vida en cautiverio pasan a la vida en libertad— pueden causar más daños al medio ambiente que el cerdo. Por eso ha causado cierta preocupación el descubrimiento de una población de cerdos asilvestrados en la zona de la Laguna de Términos, Campeche.

clip_image001Por primera vez se han descubierto en el sureste de México cerdos asilvestrados como los de la imagen, que en cambio son comunes desde hace tiempo en diversos lugares del norte y noroeste del país. Descienden de ejemplares domésticos que escaparon y a los biólogos les preocupa que si su número aumenta, comiencen a causar problemas ambientales, como ya está ocurriendo en España y Estados Unidos con este tipo de animales.

El hallazgo fue hecho de manera casual por investigadores de la Universidad Juárez de Tabasco, el Instituto de Ecología y el Área de Protección de Flora y Fauna de la Laguna de Términos, durante una investigación con cámaras-trampa para estudiar las poblaciones de jaguar en el área. Las imágenes mostraron cierta cantidad de cerdos, tanto adultos como crías, en tres sitios diferentes de una zona conocida como Selva La Montaña, de gran importancia ecológica porque en ella se han redescubierto poblaciones de especies que se creían extintas para la región, como el pecarí de labios blancos y el zopilote rey.

“En México —dicen los autores del estudio, que fue publicado recientemente en la Revista Mexicana de Biodiversidad—, se ha documentado la presencia de poblaciones de cerdos domésticos asilvestrados en algunas sierras del extremo sur de la península de Baja California, en el centro y este de Chihuahua, oeste de Coahuila, en el extremo norte de Nuevo León y al noroeste de Tamaulipas”, pero esta es la primera vez que se les encuentra en el sureste del país”.

Para estar plenamente seguros de que no se trataba de animales domésticos de los poblados de la zona que anduvieran errantes, se hizo una indagación entre los lugareños, quienes no reconocieron los cerdos que aparecían en las imágenes, y se instalaron cámaras en lugares próximos a las poblaciones, sin que en ningún caso se fotografiara cerdos. Siempre se les veía en sitios distantes. Quedó así comprobado que se trata de una población asilvestrada.

Hasta cierto punto, era de esperarse, pues —como señala el informe— “los cerdos domésticos asilvestrados y el jabalí europeo se encuentran entre las especies con mayores capacidades de invasión de nuevas áreas”. No se sabe, sin embargo, cuánto tiempo esos animales llevan establecidos en la zona, ni qué tan grande es su población.

Pero es urgente averiguarlo y determinar qué impacto ecológico pueden ocasionar. Ya en otros lugares se ha comprobado que los cerdos asilvestrados afectan tanto a la vegetación natural al hozar en busca de alimento y comer semillas y brotes tiernos, como a las poblaciones de otros animales, con los cuales compiten por los recursos o les pueden transmitir enfermedades.

“Es necesario —subraya el informe— realizar una evaluación del tamaño de la población de cerdos asilvestrados en la región, así como evaluar los efectos que ésta tiene en la biodiversidad local y en los cultivos. Con base en estos resultados, se deberá tomar la decisión del tipo de manejo adecuado para la especie, de tal forma que se limite su expansión en el área, así como los posibles daños”. En caso extremo, incluso habría que pensar en su erradicación.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 3 de abril de 2015

Bienvenido el Centro de Medicina Tropical

IMPACTO AMBIENTAL

Bienvenido el Centro de Medicina Tropical[1]

Juan José Morales

Hay noticias que resultan muy satisfactorias y trascendentales. Por ejemplo, que la Facultad de Medicina de la UNAM y el Hospital General de México Doctor Eduardo Liceaga, de la Secretaría de Salud, han unido esfuerzos para crear el Centro de Medicina Tropical, una institución única en el país, que se concentrará en la creación de nuevas técnicas de diagnóstico, hospitalización, atención médica ambulatoria, investigación básica, docencia y capacitación para médicos y promotores de la salud orientadas al tratamiento y prevención de las llamadas enfermedades tropicales. En particular, de las cinco más comunes y extendidos en México: dengue, paludismo, mal de Chagas, leishmaniasis y lepra. Y es que, aunque todas ellas son curables o prevenibles, todavía siguen siendo un azote para millones de mexicanos.

Pero antes de seguir adelante, debemos recordar algo que varias veces hemos comentado en esta columna: que las llamadas enfermedades tropicales en realidad no lo son, y de hecho cada vez lo son menos. Se les denominó así porque durante mucho tiempo se tuvo la idea de que eran consecuencia de los factores ambientales —humedad, altas temperaturas, abundancia de insectos, etc.— característicos del trópico. Pero también se han dado y siguen dándose, cada vez con mayor intensidad y frecuencia, en regiones templadas.

imageCarlos Justiniano Ribeiro das Chagas, científico brasileño, fue quien descubrió en 1909 la enfermedad que lleva su nombre, el parásito que la causa, la forma en que se transmite, las manifestaciones clínicas del padecimiento y su epidemiología. Obviamente, no trabajaba para ninguna gran empresa farmacéutica transnacional ni en algún gran hospital privado, sino en el Instituto Oswaldo Cruz de Río de Janeiro, una institución pública.

Más que enfermedades tropicales, deben considerarse enfermedades de la pobreza y el subdesarrollo, condiciones que determinan la falta de condiciones higiénicas y sanitarias y atención médica preventiva. Y justamente por eso, porque son enfermedades de gente pobre, a las grandes empresas farmacéuticas no les interesa desarrollar medicamentos o vacunas para erradicarlas.

Un buen ejemplo de ello es la leishmaniasis o úlcera del chiclero. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, es endémica en más de 82 países, 350 millones de personas están expuestas a contraerla, hay ahora más de 12 millones de casos y anualmente ocasiona 750 000 muertes. Y se trata de cifras muy conservadoras, pues hay numerosos casos no reportados y muchos enfermos que no manifiestan síntomas.

Otro caso parecido es el de la tripanosomiasis o mal de Chagas. Representa una amenaza para cien millones de personas en el mundo, hay ocho millones infectadas con ella —de las cuales 1.5 millones en Argentina y 1.8 millones en Bolivia—, es endémica en 21 naciones latinoamericanas, donde cobra doce mil vidas al año, y provoca más muertes que el paludismo. De hecho, mata a más gente que cualquier otra enfermedad ocasionada por parásitos.

Pero no hay razón para que así sea. El mal de Chagas es curable, aunque ello exige un largo tratamiento que puede prolongarse por años y requiere constancia y repetidas pruebas de laboratorio para verificar los resultados. Urge entonces desarrollar un método sencillo, barato y eficaz que permita determinar si ya se ha eliminado el parásito del organismo. Sólo así se podrá evitar que el paciente abandone prematuramente el tratamiento o que el médico siga aplicándolo por no tener seguridad de haberse logrado la curación.

En fin, podríamos seguir poniendo ejemplos, pero estos dos basta para ilustrar el punto que deseamos destacar: que para las grandes empresas farmacéuticas, las llamadas enfermedades tropicales —enfermedades de pobres— no son negocio y por ello no les interesa encontrar medios de erradicarlas. La solución tiene que surgir de las instituciones públicas, como lo son la UNAM y la Secretaría de Salud. Así que, bienvenido el Centro de Medicina Tropical.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 27 de marzo de 2015

Por sus obras lo conoceréis

ESCRUTINIO

Por sus obras lo conoceréis[1]

Juan José Morales

Sin duda El Niño Verde debe a estas alturas sentirse muy satisfecho de su obra: gracias a él, miles de familias se quedaron sin forma de ganarse la vida, decenas de empresas de espectáculos han quebrado, las autoridades tienen ante sí el insoluble problema de hacerse cargo de miles de animales exóticos, millones de mexicanos de clase media y baja se han visto privados de una de sus tradicionales formas de diversión y esparcimiento, y personas respetables y respetadas son ahora miradas como sádicos delincuentes torturadores de criaturas indefensas. Todo ello por la campaña del llamado partido verde —ese que ha sido repudiado por los auténticos partidos ecologistas de Europa— contra los espectáculos con animales, que ahora han sido prohibidos por ley en el Distrito Federal y diversos estados, inclusive Quintana Roo.

imageEstos son algunos de los miles de mexicanos que se han quedado sin empleo gracias al llamado partido verde y su mentirosa campaña sobre las torturas y la esclavitud a que supuestamente se somete a los animales en los circos. Y mientras distraía a la opinión pública, se aliaba al PRI y el PAN para aprobar aumentos de impuestos y entregar el petróleo.

En efecto, miles de artistas que en circos y otros lugares ofrecían espectáculos con perros, monos, caballos, tigres, cebras y demás animales adiestrados, ahora no pueden ejercer esa actividad, la única que muchos de ellos conocen, a la que se han dedicado toda su vida y en la cual no pocas veces invirtieron su patrimonio. Ahora, en plena crisis económica, imposibilitados de encontrar empleo por su edad, por no estar capacitados para desempeñar otro trabajo, o simplemente porque no hay empleos, enfrentan un sombrío futuro. Pero al Niño Verde la suerte de esos mexicanos, sus esposas y sus hijos, le importa un bledo. Ya cumplió su misión de servir al gobierno y al PRI distrayendo a los mexicanos con un asunto banal para que olvidaran los verdaderos problemas del país. Mientras se enternecían pensando en los pobres animalitos maltratados, PRI, PVEM y PAN aprobaban la entrega de los energéticos al capital extranjero, los gasolinazos y los aumentos de impuestos.

Los llamados domadores de animales —que propiamente hablando deben denominarse entrenadores o adiestradores—, no son los únicos lanzados al desempleo por el Niño Verde y su llamado partido. También miles de trabajadores de los circos han corrido igual suerte o están a punto de correrla porque ha disminuido la afluencia a ellos y no pocos han debido cerrar al caer en bancarrota.

Igualmente, como ya señalamos en otra ocasión, nadie sabe qué se hará con los miles de animales que ya no podrán ser exhibidos. Pero su suerte tampoco interesa en absoluto al verde infante.

Y aquí cabe subrayar que toda esa escandalosa campaña del Verde contra los espectáculos con animales fue una monumental mentira. Se basó en la premisa de que eran objeto de malos tratos, que se les torturaba, se les mataba de hambre, se les mantenía en pésimas condiciones higiénicas y sanitarias, y otras falsedades por el estilo. Esas mentiras incluso se apoyaban con desgarradoras imágenes de leones o tigres sucios, macilentos, desnutridos, roñosos, que apenas podían tenerse en pie. Pero, ¿alguien ha visto animales así en los circos? Obviamente, ningún domador o empresario los tendría. Al contrario, por propio interés del negocio, deben conservarse bien cuidados, sanos, robustos, vigorosos, limpios y saludables, para lo cual se les alimenta adecuadamente, son atendidos por veterinarios y se les mantiene en buenas condiciones higiénicas y sanitarias.

Pero ahora, gracias al llamado partido verde, no sólo miles de mexicanos trabajadores han sido lanzados al desempleo, sino además deben cargar con el estigma de que se les mire como crueles y despiadados verdugos de indefensos animales.

Como reza el dicho, Por sus obras los conoceréis. Así estamos conociendo al Niño Verde, su partido, y el abismo al que nos está llevando como sirviente del PRI y el PAN.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 18 de marzo de 2015

Arañas, sicarios y jóvenes sin futuro

ESCRUTINIO

Arañas, sicarios y jóvenes sin futuro[1]

Juan José Morales

Entre la correspondencia vía electrónica que he recibido últimamente, hay un mensaje que dio pie a este artículo: Fermín Arana, veracruzano, que me lee en la versión Internet de nuestro diario, comenta a propósito de mi artículo sobre la novela De Médico a Sicario del Dr. Edgardo Arredondo, que según leyó hace tiempo, hay un tipo de arañas a las cuales se llama sicarios, y pregunta de dónde proviene el nombre.

En efecto, tales arañas existen y a veces se les llama con el nombre común de sicarios. Los entomólogos las clasificaron en la familia de las sicáriidae o sicáridos, y hay un género denominado Sicarius, que significa precisamente sicario. No vamos a entrar en detalles biológicos. Lo que ahora nos interesa es el origen del término.

imageEn su reportaje “Sicario, un oficio sin futuro”, publicado en la revista MAN, Javier Arcenillas asegura que diariamente mueren en América Latina cerca de 200 personas a manos de los sicarios. Su investigación se centró principalmente en Guatemala, pero explica que tanto en ese país como en El Salvador, Honduras y México las bandas de narcotraficantes y otros criminales están reclutando a incontables jóvenes, incluidos menores de edad, atraídos por el dinero fácil.

La palabra sicario proviene del griego sikários, que a su vez deriva del latín sicarii y significa “portador de puñal”, pues en la antigüedad romana se denominaba sica a una daga corta.

Los sicarios originales eran miembros de una secta nacionalista judía que allá por los años 66 a 70 de nuestra era luchó contra el dominio del imperio romano en Palestina. Portaban una sica, que por su reducido tamaño era fácil de esconder. Lo llevaban entre las ropas, se acercaban a la persona que deseaban asesinar y la apuñalaban. Usualmente lo hacían mezclados entre una multitud, para que su acción pasara inadvertida.

Pronto los sicarios se convirtieron en terroristas que mataban no sólo funcionarios y soldados romanos, sino también a judíos que aceptaban de buen grado la dominación romana o no se plegaban a sus ideas. Se les considera responsables de una serie de atrocidades contra la población judía, para obligarla a participar en la revuelta contra los romanos. Finalmente, muchos de ellos terminaron dedicándose a matar gente por encargo, ya no por motivaciones políticas.

Actualmente el término sicario se aplica a aquellos asesinos que no actúan por razones emocionales o para cometer un robo, sino a cambio de un pago. Es decir, asesinos a sueldo. Los criminólogos Manuel Miranda Quiroz y Nallely Huerta González, de la Universidad Autónoma de Puebla, señalan que los sicarios pueden ser contratados por personas particulares, pero principalmente por organizaciones delictivas e incluso por instancias gubernamentales. Algunos son ex militares, ex policías y ex guerrilleros, pero en los últimos tiempos son sobre todo miembros de pandillas que se integran a organizaciones delictivas o cárteles de narcotraficantes.

Según datos de la Secretaría de Gobernación dados a conocer por Roberto Campa Cifrián, subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de esa dependencia gubernamental, en las cárceles mexicanas se encontraban recluidos el año pasado unos cinco mil jóvenes a los que se considera sicarios, acusados o sentenciados por delitos tales como homicidio, robo y secuestro.

Este es un problema cada vez mayor. Para cientos de miles de jóvenes sin futuro, carentes de posibilidades de estudio o de trabajo, o que sólo encuentran empleos temporales y mal pagados, resulta especialmente tentador convertirse en sicarios a cambio de cantidades de dinero que, aun siendo reducidas, representan mucho más de lo que pueden aspirar a ganar en el mercado laboral… si es que encuentran empleo.

En tanto no cambie el panorama social y económico, en México seguirán multiplicándose los sicarios, como sucedió hace tiempo en Colombia, donde niños menores de 15 años cometían homicidios a sangre fría por unos pocos miles de pesos. De hecho, ya estamos experimentando esa situación, como lo ilustra el célebre caso del El Ponchis, aquel niño de Cuernavaca que incluso participó en decapitaciones o el de 13 años que, según se informó en la edición de ayer de nuestro diario, fue detenido por la policía de Nuevo León en posesión de armas de grueso calibre y se sospecha que ha participado en varios asesinatos.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 17 de marzo de 2015

Poder y dinero contra libertad de expresión

IMPACTO AMBIENTAL

Poder y dinero contra libertad de expresión[1]

Juan José Morales

Se necesitaría ser en extremo ingenuo para no suponer que el despido de Carmen Aristegui, Daniel Lizárraga e Irving Huerta, periodistas de la empresa radiofónica MVS no está relacionado con el escandaloso asunto de La Casita Blanca, como bautizó la opinión pública a la opulenta mansión de la esposa del presidente Peña Nieto —en las fotos de cuyos lujosísimos interiores, dicho sea de paso, no se ve un librero ni por asomo—, residencia que supuestamente le fue vendida a muy buen precio y en cómodos abonos por la empresa constructora Higa, beneficiada con jugosos contratos gubernamentales por los regímenes del propio Peña Nieto, primero como gobernador del estado de México y luego como presidente de la República. Fue Aristegui quien dio a conocer el caso en su muy escuchado noticiario matutino, con base en la investigación realizada por Lizárraga y Huerta.

clip_image001Esta excelente caricatura que encontramos en el portal de Internet http://hazmeelchingadofavor.com/, resume muy bien lo ocurrido a Carmen Aristegui. En el fondo del asunto está el hecho de que, salvo unas pocas excepciones, los medios de comunicación no son propiedad de periodistas sino de empresarios que los manejan con un criterio puramente mercantil, lo cual incluye venderse al mejor postor o doblegarse ante el gobierno para proteger sus intereses en ese y otros negocios.

Lo que estos despidos evidentemente demuestran es que por parte de los gobiernos del PRI —no sólo el federal, sino también de diversos estados— existe la intención de silenciar toda voz crítica y a todo periodista independiente que con sus pesquisas pueda sacar a la luz trapitos sucios del gobierno y los altos funcionarios.

Como bien señaló la agencia Associated Press en una nota sobre el caso, “México ha tenido una historia de sumisión de algunos medios hacia el gobierno en turno”, y “el programa de Aristegui había sido un ejemplo de cómo la prensa se estaba volviendo más combativa e independiente”.

A eso le teme el gobierno de Peña Nieto. Tiene, no uno, sino muchos asuntos lo bastante turbios como como para tratar de que se mantengan lo más lejos posible del escrutinio público. Sobre todo ahora que se aproximan las elecciones intermedias y hay un creciente y generalizado descontento por la crisis económica y la corrupción. Nuevas denuncias del tipo de la mansión presidencial o de la residencia del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, también sospechosamente vendida por la misma empresa Higa, podrían afectar al PRI. Por eso ahora se refuerzan los controles sobre los medios de comunicación, no sólo desde el gobierno federal, sino también desde las gubernaturas de estados controlados por el PRI y su secuaz el Verde, como es el caso de Quintana Roo. Y no sólo se busca acallar voces críticas en diarios y revistas —todavía están fresco el recuerdo de la forma en que fue despedida de una estación de radio la excelente periodista Adriana Varillas—, sino incluso en medios marginales y de reducido impacto sobre la opinión pública, como ocurrió con Pedro Canché Herrera, el activista de Carrillo Puerto encarcelado bajo una ridícula acusación de sabotaje por sus críticas al gobernador a través de la Internet.

Peña Nieto y sus asesores parecen estar dispuestos a perder el poco prestigio que aún le quedara a su gobierno y a enfrentar la oleada de críticas que le acarrearía al gobierno el despido de Aristegui y sus colaboradores. En un hecho inusitado en México, miles de personas se congregaron espontáneamente ante las oficinas de MVS para protestar por el despido de los periodistas, y en Europa y Estados Unidos, el caso ha sido acogido por importantes periódicos de las más diversas tendencias que coinciden sin embargo en un punto: que se trata de una represalia por sus revelaciones. El prestigio —si es que algo le quedaba— de Peña Nieto se ha visto menoscabado más todavía.

Pero, insistimos, probablemente no se trata sólo de una venganza por haber exhibido la rampante corrupción del presidente y su grupo. Lo que muchos intuyen, es que Aristegui estaba investigando algún otro asunto igualmente espinoso —quizá más escandaloso que el de la casita blanca— y se decidió acallarla preventivamente.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 19 de marzo de 2015