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Un agradecimiento y un asunto preocupante

ESCRUTINIO

Un agradecimiento y un asunto preocupante[1]

Juan José Morales

La publicación de esta columna, que viene apareciendo en las páginas de POR ESTO! desde hace once años, estuvo a punto de llegar a su fin abruptamente la semana pasada por fallecimiento de quien la escribe. Ello, empero, no sucedió gracias a la gran capacidad profesional y la destreza del Dr. Alejandro Díaz Cabañas, jefe del equipo médico en cuyas manos estuve durante la intervención a que fui sometido en el Centro Médico de Alta Especialidad “Ignacio García Téllez” del Seguro Social en Mérida.

La intervención fue una angioplastia, que consiste en introducir a lo largo de las arterias, desde la ingle hasta el corazón, un catéter —un delgado tubo flexible— para despejar obstrucciones de vasos sanguíneos que impiden el libre flujo de sangre, y luego instalar una malla o redecilla, llamada stent en inglés, que al expandirse mantiene ensanchada la arteria así tratada.

clip_image002El dibujo de la izquierda muestra cómo se realiza una angioplastia, introduciendo desde la ingle un catéter que llega hasta el corazón. A la derecha pueden verse las principales arterias del corazón, que pueden ser libradas de obstrucciones con este procedimiento. Las maniobras, como es de suponer, resultan muy delicadas y deben ser muy precisas.

Las angioplastias son ya hasta cierto punto rutinarias, pero delicadas y no exentas de dificultades. En mi caso, su complejidad se debía a la ubicación y características del tramo de arteria obstruida. Pero el Dr. Díaz pudo realizarla exitosamente. Ya terminada, sin embargo, y cuando —según el protocolo de la intervención— introdujo un catéter para verificar con ultrasonido el diámetro de la arteria, sobrevino la complicación: el catéter se rompió y un fragmento del mismo quedó en el interior, amenazando dañar al corazón.

Tras intentar infructuosamente extraerlo, y cuando parecía que ya nada podía hacerse —con las consecuencias que es fácil imaginar— el Dr. Díaz ideó la solución que me permite escribir este relato: dirigió el fragmento hasta una rama de la arteria principal que se encuentra obstruida desde hace tiempo y ya no es funcional, lo introdujo en esa especie de callejón sin salida, y lo confinó mediante un stent que bloquea la entrada. Así el fragmento quedó inmovilizado y su portador —o sea yo— libre de riesgo inmediato.

Desde luego, por todo lo anterior estoy profundamente agradecido al Dr. Díaz y su equipo y desde estas páginas quiero manifestarlo, así como hacer un público reconocimiento a su preparación, experiencia, pericia e ingenio.

Pero hay un detalle que quiero subrayar: el problema no se debió al personal médico ni al moderno equipo del IMSS, sino a la calidad del material empleado en la angioplastia; es decir, al catéter.

Según pude saber posteriormente —aunque sin datos precisos respecto a número y fechas— mi caso no fue único. Se dice que ha habido otros similares en los últimos tiempos, al parecer porque el fabricante entregó una partida de tales elementos que resultaron defectuosos, o porque ahora son suministrados por un fabricante distinto.

De ser cierto eso —y todo indica que lo es—, se trata de algo extremadamente grave. Se estaría poniendo en peligro la salud y la vida de los pacientes y sometiendo a los médicos a inaceptables condiciones de tensión nerviosa al hacerlos trabajar con materiales que pueden ocasionar complicaciones. Peor aún: se les expone a ver dañada su reputación profesional en caso de que se los familiares de pacientes que fallezcan por las circunstancias mencionadas atribuyan la muerte a negligencia, descuido, error o torpeza del médico. Esto sin contar las consecuencias emocionales que puede acarrearle el fallecimiento de un paciente mientras lo atiende.

Creo que el problema exige una investigación inmediata, por parte de un comité médico imparcial, que incluya a personas ajenas al IMSS, y que se realice en condiciones de total confidencialidad, para que el personal administrativo, auxiliar, médico y de todo tipo de la institución pueda informar con entera libertad sobre este asunto que, repetimos, nos parece de extrema gravedad.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 5 de junio de 2013

Los colores vergonzantes del PRI

ESCRUTINIO

Los colores vergonzantes del PRI[1]

Juan José Morales

Que en Cancún el electorado tiene una marcada tendencia antipriísta, es algo evidente desde hace muchos años. Se ha manifestado tanto en las elecciones federales como en los resultados de tres comicios municipales en los que el PRI perdió la presidencia, más otro en el que a todas luces también la perdió pero una no muy clara decisión del consejo electoral le dio el triunfo. Hubo incluso ocasión en que las cuatro diputaciones locales correspondientes a la ciudad fueron ganadas por la oposición.

clip_image002Sólo blanco y verde destacan en los pendones y anuncios espectaculares del PRI en Cancún. El rojo —que durante los últimos años fue su color distintivo— está ahora ausente, en una evidente maniobra sicológica para que sus candidatos no sean identificados con ese partido, que no es precisamente muy querido en esta ciudad.

Fue gracias a ese sentimiento antipriísta que en las elecciones de 2011 triunfó la coalición encabezada por el PRD y el PAN. El ayuntamiento surgido de esa unión, presidido por el perredista Julián Ricalde Magaña, ha sido uno de los mejores en la historia de Cancún, por no decir el mejor. Logró entre otras cosas, resolver añejos problemas, como el de la recolección de basura o el de los baches que parecían eternos, puso un alto al monstruoso endeudamiento de las finanzas municipales —incluso logró reducir ligeramente la deuda— y sin pedir prestado un solo centavo y a pesar de la escasez de recursos económicos —precisamente debida a la deuda—, realizó importantes obras públicas y mejoró la infraestructura ya existente. Pudo también reducir la corrupción, aunque —por supuesto—, aún falta mucho por hacer para erradicar ese mal que estuvo floreciendo y enraizando a lo largo de muchas administraciones municipales, y acabó con el jugoso negocio de la especulación inmobiliaria al amparo de cambios de usos de suelo.

Pues bien, ahora el PRI y el gobierno del estado —con pleno apoyo del gobierno de Peña Nieto— están echando toda la carne al asador, y todo el dinero del erario público, para, según sus palabras, “rescatar” Cancún. Pero como que la gente no olvida sus mañas y recuerda aquellos tiempos de corrupción rampante, pésimas obras públicas a precios inflados, turbios negocios y pillaje de los bienes y las arcas municipales. Saben que el PRI, el partido tricolor, no despierta precisamente simpatías entre los votantes sino más bien lo contrario. Por ello ahora tratan de ocultar sus tradicionales colores.

Si se observa la publicidad del candidato priísta a la alcaldía, Paul Carrillo, se advertirá que la totalidad de la inmensa cantidad de carteles que cuelgan prácticamente de cada poste y arbotante de la ciudad, son de color blanco o verde. Blanco neutro, y verde para destacar su relación con el llamado Partido Verde, que aún engaña a mucha gente con su disfraz ecologista, y ha sido por más de una década aliado incondicional del PRI.

El rojo, que durante los últimos años fue usado masivamente por el PRI, no aparece en la publicidad priísta, y el emblema del partido ocupa sólo un pequeño espacio en los carteles. Lo que se destaca son el nombre y la imagen del candidato, que se repiten una y otra vez, hasta la náusea, poste tras poste y arbotante tras arbotante.

Evidentemente, todo esto es parte de una estrategia sicológica de mercadotecnia que busca —como se dije en el argot de los especialistas— “vender” la imagen del candidato, a través de la repetición machacona de su nombre y su rostro. Su relación con el PRI queda en un plano muy secundario, casi oculta. De este modo, se busca que en el momento de cruzar la boleta, el elector crea estar votando, no por el PRI, sino por una persona que incluso puede parecer ajena a ese partido.

Quizá en la última etapa de la campaña el rojo empiece a aparecer en la publicidad priísta, pero no es del todo seguro. Por lo pronto, se manejan solamente los que podríamos llamar colores vergonzantes del PRI, colores con los que se intenta suavizar en la mente de los votantes la perspectiva de que su vuelta al poder.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 4 de junio de 2013

Un caso de censura político-religiosa

ESCRUTINIO

Un caso de censura político-religiosa[1]

Juan José Morales

Más vale tarde que nunca. Por diversas razones, no habíamos podido ocuparnos de un reciente caso de censura político-religiosa que afectó, no sólo a un prestigiado periodista, sino a los millones de personas que tenemos derecho a recibir información objetiva, independiente, fundamentada y confiable, sobre diversos temas.

Nos referimos a la cancelación del programa “Religiones del Mundo”, que durante 18 años mantuvo en las estaciones del grupo radiofónico Radio Centro el periodista Bernardo Barranco, y que se había ganado un nutrido auditorio por la calidad de sus informaciones, análisis y comentarios.

Como su nombre indica, el programa era de naturaleza ecuménica. Es decir, se refería a todas las religiones, sin referirse en particular a ninguna, ya fuere en favor o en contra, y siempre hablando de ellas con respeto, objetividad e imparcialidad. Y sobre todo, con amplios conocimientos sobre el tema.

clip_image001Bernardo Barranco. La censura de que fue objeto por presiones del alto clero significa un ataque más a la libertad de expresión y una manifestación del control de los grandes empresarios sobre los medios de comunicación.

Pero súbitamente, el pasado mes de abril, el programa desapareció del aire por órdenes de Carlos Aguirre, propietario de Radio Centro. El pretexto fue que Barranco había participado en un programa de la periodista Carmen Aristegui en otra estación y con ello rompió el compromiso de exclusividad que tenía con Radio Centro. Tal exclusividad, sin embargo, no está estipulada en ningún documento, y en los muchos años que “Religiones del Mundo” se mantuvo al aire, su conductor también intervino en al menos otros 69 programas, sin que ello le causara problemas.

En realidad, según el propio Barranco —y su opinión la comparten muchos periodistas— la anulación del programa fue resultado de las presiones de poderosos sectores del alto clero, concretamente los Legionarios de Cristo, el Opus Dei y la Arquidiócesis Primada de México, a quienes incomodaban sus bien documentados y agudos análisis y comentarios y el hecho de que en el programa diera voz a los dirigentes de otras religiones y de sectores, como Católicas por el Derecho a Decidir, que disienten de la política oficial de la Iglesia.

Las presiones de los Legionarios habían venido dejándose sentir por mucho tiempo, pues Barranco fue uno de los periodistas que desde un principio denunciaron las inmoralidades de Marcial Maciel, el corrupto y pederasta fundador de esa congregación, y la protección de que gozaba por parte de los demás dirigentes de la Legión. Pero el acoso se intensificó y llegó al clímax cuando —en vísperas de la elección de papa— Barranco comentó que el arzobispo primado de México, Norberto Rivera, a quien se mencionaba como “papable”, no podría llegar al cargo porque formaba parte de la “docena sucia” de cardenales acusados de proteger a curas pederastas.

Así, finalmente, su excelente y muy escuchado programa fue borrado de la programación de Radio Centro.

Este caso de censura por presiones eclesiásticas me recuerda la ofensiva que los Legionarios de Cristo lanzaron hace años contra la revista Contenido —de la cual fui miembro fundador y en la cual escribía yo en ese entonces— por haber sido la primera publicación mexicana de gran circulación que en un extenso reportaje denunció a Maciel. Como represalia por ello, y a petición de ese siniestro individuo —muy influyente en los medios políticos y económicos— grandes empresas que se anunciaban en Contenido cancelaron su publicidad y pusieron a la revista en graves aprietos económicos.

Por cierto, como detalle curioso, vale la pena comentar que el reportaje fue ilustrado con gran una foto de Maciel en la portada, y al verla en los puestos de periódicos, uno de los varios hijos que tuvo con diversas mujeres y ante los cuales usaba otras identidades, descubrió cómo se llamaba y que clase de individuo era realmente su padre.

Maciel y su banda no lograron destruir a Contenido en aquella ocasión. Y dudo mucho que puedan causar mayor daño a Bernardo Barranco. Tiene una capacidad profesional y un prestigio demasiado sólidos y bien cimentados para que actos de censura como este le hagan mella.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 28 de mayo de 2013

Elecciones y la deuda pública de Quintana Roo

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Elecciones y la deuda pública de Quintana Roo[1]

Juan José Morales

Hay varias razones por las que el gobernador de Quintana Roo está poniendo tanto empeño en que en las próximas elecciones locales el PRI no sólo se haga nuevamente de la presidencia municipal de Cancún, sino que obtenga mayoría en el congreso local.

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Antes de que el lector se pregunte qué relación hay entre las finanzas de Quintana Roo y estas nenas de muy buen ver, le diremos que son parte de las porristas del equipo de futbol americano Vaqueros de Dallas, y que el gobierno del estado —pese a la crisis por que atraviesa— pagó 300 mil dólares para que pasaran diez días en Cozumel, so pretexto de “fomentar el turismo”.

En el caso de la alcaldía, por ejemplo, dominar el ayuntamiento de ese centro turístico es indispensable para dar luz verde al proyecto del Dragon Mart y para poder continuar aquel gran negocio que durante muchos años fue el cambio de usos de suelo y que permitió enriquecerse a empresarios y políticos coludidos con ellos. El procedimiento era muy simple: se compraban a muy bajo precio terrenos catalogados como forestales y, tras los sobornos de rigor, el ayuntamiento autorizaba un cambio de uso del suelo para permitir su urbanización, su valor se multiplicaba varias veces y podían fraccionarse y venderse con enormes ganancias. Pero el actual ayuntamiento, encabezado por Julián Ricalde del PRD, frenó ese turbio negocio. En el curso de toda su gestión, no ha permitido un solo cambio de uso de suelo, sin que ello —por cierto— impida el desarrollo de la ciudad.

En lo que toca al congreso, una mayoría de diputados es también indispensable para seguir encubriendo y solapando la gravísima situación económica por la que atraviesan las finanzas públicas de Quintana Roo, y cuya manifestación más notoria es la monstruosa deuda pública.

Nadie sabe a ciencia cierta a cuánto asciende —precisamente porque, al tener mayoría en el congreso— tanto el anterior gobernador, Félix González Canto, como el actual, Roberto Borge Martín, han podido enmascararla convenientemente. Se manejan, sin embargo, cifras de entre 20 mil y 25 mil millones de pesos, con lo cual Quintana Roo sería uno de los estados más endeudados del país.

Todo ello es consecuencia de un verdadero despilfarro de recursos públicos, torpes manejos, obras realizadas a costos inflados y los exorbitantes gastos hechos para apoyar la campaña electoral de Peña Nieto… gastos que —dicho sea de paso— no resultaron muy efectivos, pues en Quintana Roo el candidato más votado no fue el hombre del copete sino López Obrador. A agravar la situación contribuyeron los desaciertos y errores administrativos del gobierno estatal. Se habla de importantes partidas federales que se perdieron al no haber sido ejercidas oportunamente por ineptitud o falta de planificación. Y no fueron minucias, sino al menos 240 millones de pesos, según se dice.

Una de las maneras como se ha podido ocultar la magnitud de la deuda, consiste en contratar créditos a corto plazo, que pueden ocultarse al no requerir discusión en el congreso. Otra, es simplemente demorar pagos a proveedores de bienes y servicios, inclusive los numerosos periódicos, revistas y otros medios de comunicación de mínima circulación o influencia que viven de los subsidios gubernamentales o “convenios publicitarios”, como discretamente se les denomina. Es más: hasta los ancianos que reciben un exiguo apoyo económico a través del limitadísimo programa de apoyo a “los abuelitos” totalmente desamparados, se quejan de retrasos de meses en sus ministraciones.

Tan crítica es la situación, que ya se habla de una fuerte inyección económica por parte del gobierno federal justo antes de la jornada electoral del próximo 7 de julio, a fin de solventar deudas a corto plazo, simular estabilidad económica ante los electores, y —sobre todo— calmar a los medios de comunicación, necesarios para apoyar a los candidatos del PRI.

Eso sería, empero, sólo un paliativo. Se requiere un rescate financiero, una especie de PRIbaproa. Pero En los mentideros políticos se comenta que ello está condicionado a los resultados electorales. Si nuevamente fueren adversos al PRI, se dejaría a su suerte a Borge, por ya no ser útil para el gobierno federal y su partido. O bien, de todas maneras se resolvería el problema de la deuda pero el gobernador tendría que dejar el cargo.

Ciertas o no estas versiones, el hecho es que —como ya señalamos en esta columna— el gobierno de Quintana Roo está echando mano de todos los trucos del repertorio mapachil para asegurarse un triunfo electoral al estilo calderonista. Es decir, “haiga sido como haiga sido”.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 21 de mayo de 2013.

Una variante del cuento del gato y el ratón

IMPACTO AMBIENTAL

Una variante del cuento del gato y el ratón[1]

Juan José Morales

Puede parecer extraño que una organización consagrada a la protección y conservación de la flora y la fauna mantenga un proyecto destinado a erradicar animales. Sobre todo si lo hace como parte de un programa de restauración ecológica. Pero en la Reserva de la Biósfera de Banco Chinchorro —el gran arrecife anular situado frente a la costa sur de Quintana Roo—, se ha dado esa aparente incongruencia. La agrupación científica conservacionista Amigos de Sian Ka’an, está apoyando el combate a dos especies de animales del lugar. Y, por contradictorio que se antoje, esa medida resulta benéfica para el medio ambiente.

Los tales animales son la rata negra y el gato feral. Ambos fueron introducidos a los pequeños cayos o islotes del arrecife donde los pescadores establecen sus campamentos para la captura de langosta y pescado. Y ambos constituyen una amenaza para la fauna nativa del lugar, por lo cual resulta urgente acabar con ellos.

clip_image001Un gato feral en Cayo Norte, uno de los tres pequeños islotes del arrecife de Banco Chinchorro. Introducidos para combatir una invasión de ratas, estos felinos formaron una población feral —es decir, sin contacto con los seres humanos— y al desarrollar su instinto de cazadores se han convertido en una seria amenaza para las especies nativas.

La rata negra — Rattus rattus en la clasificación zoológica— es bien conocida como una especie terriblemente dañina, que no sólo destruye, deteriora o contamina alimentos y toda clase de productos, sino también transmite enfermedades, de las cuales la más famosa es la peste bubónica. Llegó a Chinchorro de la misma manera que se ha propagado por todo el mundo: de manera furtiva, como polizón a bordo de buques. Concretamente, de las embarcaciones de los pescadores. Gracias a su elevada capacidad reproductiva, no tardó en sentar sus reales en el lugar y no sólo se convirtió en un problema para los propios pescadores —a quienes daña o destruye sus abastecimientos y sus aparejos de pesca—, sino que comenzó a atacar a las lagartijas, las aves y otros animales nativos, según pudo comprobarse al examinar los restos de alimento hallados en el estómago de ratas capturadas durante la campaña de erradicación.

Estos roedores no fueron el único problema de fauna exótica en el Banco Chinchorro. Preocupados por la proliferación de ratas, los pescadores decidieron llevar gatos para combatirlas. Así se introdujo —ya no accidental sino deliberadamente— la segunda especie invasora, el Felis silvestris catus. Pero, aunque a los gatos se les considera animales domésticos por excelencia, también se convirtieron en un problema para el medio ambiente natural.

Algunos de ellos comenzaron a vivir lejos de los campamentos, tuvieron descendencia y así surgió una población de gatos ferales. Es decir, gatos que sin ser propiamente silvestres o salvajes, han crecido sin contacto con el ser humano, lo eluden y a menudo reaccionan agresivamente cuando alguien se les acerca.

Esos gatos ferales, desde luego, tratan de obtener alimento. Y para ello, además de incursionar ocasionalmente en los campamentos, cazan animales nativos. Al estudiar el contenido estomacal de estos felinos, se encontraron restos de geckos y lagartijas, patas y plumas de aves, huevos de ave sin desarrollar y, desde luego, restos de ratas. Todo esto demuestra que como cazadores, los gatos son muy eficientes y constituyen una seria amenaza para la fauna nativa.

Tanto la rata negra como el aparentemente inofensivo gato feral se encuentran en la lista de las 100 especies exóticas más dañinas del mundo elaborada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Representan —dicen los científicos— un grave peligro para aquellos ecosistemas en los cuales se introducen. Sobre todo en las islas, y particularmente en las de muy pequeño tamaño, como son los cayos o islotes de Banco Chinchorro. Por eso, aunque parezca incongruente, es necesario acabar con ellos en esos lugares.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 20 de mayo de 2013.