Archivo de la categoría: Extraterrestres

Colchas marcianas

Alien, Monsters & Martian Fabric Squares

Ya sé, ¿qué tipo de mente retorcida y enferma puede venir con algo así como extraterrestres y monstruos en un frasco? En realidad, ¡se trata de mi hijo! Durante años ha estado fascinado con todo sobre el espacio. Un día estábamos pensando sobre los edredones con figuras de tarros de bichos y tratando de pensar en otras cosas que pudieran ir en un frasco. (Me refiero a lo que pueda ser creíble, ¿verdad?) Lo que decidió es que sería algo así como un científico loco. Así que, traté de hacer 25 impresiones, para hacerle esta colcha. Mientras estaba buscando estos tejidos, me llegaron unos pocos más. Él realmente necesita una gran colcha. Así que comencé mi búsqueda de 36 telas. ¡Ahora, puedo ofrecer 41 telas! Yo sólo pude obtener algunos bits de varias impresiones, pero el resto está aquí, ¡y te lo ofrezco! Siempre estoy buscando más, ¡así que revisa de nuevo!

Para pedir 6 x 7 pulgadas cuadradas para tu colcha con frascos de extraterrestres, sólo tienes que hacer clic sobre la imagen. Si quieres ahorrar un poco de dinero y no quieres preocuparte de los tejidos que recibas, basta con acceder a nuestra Bug Jar Quilt Kit page en la que podrás elegir entre diferentes carpetas de colchas. Te enviaremos una selección aleatoria de la categoría de tu elección. Te garantizamos que no tendrás ningún duplicado por cada 25 cuadrados que selecciones. (Dos kits) En más de 2 kits, haremos todo lo posible para asegurarnos de que no existan duplicados, pero no lo garantizamos.

Nota: Debido a lo caro y raro de las telas de Marvin el marciano, no será incluido en el kit. Estos cuadrados de tela deben adquirirse por separado. Lamentamos las molestias.

http://www.snowflake-designs.com/Alien%20and%20Monster%20Fabric%20Squares.htm

Quilmes, (BA): Raptada por un plato

QUILMES, BA: RAPTADA POR UN PLATO

Dr. Roberto Banchs

Protagonista de “un fabuloso episodio en el que realidad y ficción se entremezclan por igual”, una vecina de Quilmes (localidad situada a 20 km de la ciudad de Buenos Aires), aseguró haber viajado en un plato volador. El hecho habría ocurrido el martes 2 de julio de 1968, Y su relato fue conocido en las ediciones matutina y vespertina del popular diario Crónica, de Buenos Aires, del 4 de julio. En la primera se refiere al carácter serio y excelente concepto que goza en el vecindario, incluyendo unas breves declaraciones de su médico de cabecera. Al día siguiente, será el diario El Sol, de Quilmes, el que transcribirá -en medio de la repercusión pública- el extenso testimonio de la viajera espacial, Alejandra Martínez de Pascucci:

Alejandra Martínez desde el umbral de su casa.

“El martes a la noche, había salido a ver a una amiga, la señora Hildegard Saudner. A eso de las ocho y media de la noche ya volvía a la casa[1]. Como siempre, venía cami­nando cuando al llegar a la esquina de Alvear y Saavedra, me puse fuera de sí, como a­traída por una fuerza magnética. No podía resistirme a nada. Sabía que no era yo, y que algo me estaba pasando, como si me influenciaran. No podía gritar ni hablar. Esta­ba dura, inmovilizada, pero no perdí el conocimiento. De pronto vi una luz que me encegueció, y después no puedo explicar cómo, me encontré a bordo de un aparato, que sin duda era un plato volador, por las ventanillas. Adentro todo era blanco, de una limpieza total, con ventanillas, que despedían toda clase de colores.

Esquina de su casa, allí Alejandra Martínez fue enceguecida por una potente luz.

“Un silencio total. Lo que sí sentí, fue cuando comenzamos a e­levarnos del suelo. Yo me encon­traba como fuera de mí, no respondía. Sólo me acuerdo que pensé en mis hijos y dije ‘¿Y mis hijos?’. No puedo precisar si pensé, o di­je algo, pero estaba dura…

“Adentro del plato se adver­tía un calor tremendo; creo que si continuaba allí me asaba. Esta pulsera de oro que tengo me quemaba, se había puesto rara, diría quemante”.

Cuando se le preguntó sobre el diámetro del aparato, dijo: “y debería ser de unos tres metros y medio. Aunque no puedo precisar nada con exactitud. Imagínese mi estado, mi desesperación, porque yo no sé qué podría haber pasado conmigo. Lo que sí siempre traté de ponerme calma, y serena, por­ que ya perdida por perdida… no tenía otro remedio”.

Domicilio de la testigo, adonde se dirigía.

Pero quizá donde el relato se torna cada vez más fantástico es con respecto a los tripulantes de la extraña nave: “Cuando el a­parato tomó altura, vi a dos personas que indudablemente no eran de nuestra Tierra. Tenían un aspecto luminoso. No puedo describir con perfección porque todo el ambiente dentro de la nave era destellante, casi enceguecía. Uno de los desconocidos medía más de dos metros, mucho más, y el otro también era alto, pero no tanto como el primero. Por la forma de comportarse se advertía la superioridad del mayor sobre el otro. Hasta tuve la sensación que uno podría ser el varón y el otro la mujer. Eso lo intuyen sólo las mujeres como yo. Ellos hablaban o algo así, se hacían señas, movían la cabeza, pe­ro no pude advertirles la cara. Francamente no pude. No sabía decir si eran rubios o morochos, pero me parecían que no eran de aquí. El único movimiento que hacían era pi­sar (caminaban como con un defecto) una especie de botón que se encontraba en el medio del plato, en el suelo. Con eso movían el aparato. No me dijeron nada ni vi nada más. Siempre con el miedo que tenía trataba de no perder el dominio sobre mí misma. Después como había sido absorbida por el aparato, fui arrojada. Esto no se explicar muy bien, lo que sí me acuerdo es que me arrojaron sobre la tierra. Caí en el cementerio de Ezpeleta (NdR: distante a unos 4 km). Y allí también sufrí un terrible miedo, mirando tantas cruces. Ahora quiero contar, como es de mala la gente, cuando uno necesita auxilio. A los vecinos del cementerio acudí diciendo que quería volver a la casa. Pero nadie me llevó el apunte. Me trataron como si estuviera loca. Después conseguí un taxi que me trajo a casa, pero no me cobró. Me olvidaba decirles que los tripulantes despedían desde las manos y pies, luces como si tuvieran focos”.

Regreso macabro. Entrada del cementerio de Ezpeleta.

Habla entonces -para El Sol- el hijo mayor, Carlos Atilio Pascucci, de 17 años, un joven rubio, bastante aplomado según el diario. “Cuando llegó mi mamá, me ocurrió al­go muy extraño. Yo estaba con algunos amigos en la casa, y todos escuchamos el ruido de un zumbido, pero no de un taxi. Pero no se qué pasó y no salí. Algo muy extraño. Yo también creo que el taxista no era tal. ¿Cómo no va a querer cobrar un viaje de Ezpeleta hasta aquí? También usted sabe que apenas mamá bajó del auto, se quemó el foco del alumbrado público, y antes otros dos más en la esquina donde, según dice, el ovni la raptó. Además en la esquina está un agujero de unos veinte centímetros de diámetro, y unos 30 de profundidad. El pasto también quedó chamuscado. Eso no había antes. Ahora con la lluvia no se puede ver bien…”.

A pesar del generoso espacio que destina el periódico de Quilmes al relato aluci­nante de la presunta viajera, señalando que lo hace con mucha convicción y sin aparente contradicción, aunque se la nota muy sensibilizada, la redacción del diario se muestra cauto en sus impresiones, dejando que “el lector opine como quiera”, y finaliza con un comentario de la testigo, a modo de copete de una de sus fotografías: “¡Claro que viajé en un plato volador! ¡Esa es la pura verdad! ¿Para qué mentir? (l).

LA INVESTIGACION

La inclusión de una síntesis del caso en un boletín del CEFAI (2) impulsó la rein­vestigación del mismo por parte de algunos ufólogos, que no dudaron en descalificar la probidad de Alejandra Martínez de Pascucci[2] (3).

Cuadra de su casa en dirección a la luz que encegueció a la testigo.

En octubre de 1986 fuimos a Quilmes con el fin de realizar una comprobación personal en el lugar de los hechos. Para entonces, la testigo se había mudado de su casa en la calle Alvear al 200, una zona densamente poblada con viviendas de una y dos plantas.

En cambio, aún residían muchos vecinos que mantenían indeleble el recuerdo del episo­dio y las peripecias de su eventual protagonista. Su vecina lindera, Delia Weber, nos dice sin tapujos apenas iniciada la charla: “¡Noo! Fue todo mentira. Interésense, pero de alguien que esté más…, vayan a donde vieron de verdad. Para mí estaba borracha y crearon un… Miren, ahí vive una señora, pregúntenle también a ese señor allá -señalando a un hombre mayor, a la vista-. Ella bebe mucho, ¿qué perso­na tomada no ve cosas?”. El vecino se acerca al notar que lo marcaban. “¿Qué se sabe del plato volador de Alejandra, se acuerda?”, le interroga la mujer: “Que es un boleto (cuento) más grande que una casa; que no había nada -responde-. Parece difícil que el plato volador se haya posado, allá, en la esquina. Y las marcas que había eran, sí, de fuego, pero no de un ovni. ¡Pero qué! Es un pedacito de tierra, acá nomás, en la esquina (NdR: Efectivamente, se trata de un pequeño lote urbano ubicado en la esquina de Alvear y Saavedra). Y después, el muchacho que hizo venir todo eso -del periodismo- era muy jaranero. Ella decía cualquier cosa, ¡bah!, hablaba y hablaba. Fue una cosa como cualquiera, pero cuando supe quién era la que hablaba, ni le llevé el apunte. En el vecindario, ninguno. Nadie. Tampoco nadie vio algo esa noche, absolutamente nada; nada hasta el otro día en que empezaron a venir de los diarios, televisión.

“Mi nombre es Raúl Jamargo y le digo: no creo. Más conociéndola a ella, y yo la conocí. Le daba por cualquier cosa, tomaba mucho. A ella no le creo nada, y menos lo que contó. Y después conocí al muchacho que hizo venir todo, no me acuerdo su nombre… pasaron muchos años, él le tomó el pelo, le hizo promoción para el otro chico que quería entrar en televisión. El más chico, cantaba, bah, hacía la mímica. Era el menor, Carlitos, el otro era Miguel. Quería entrar en televisión. La mujer era buena, pero tenía la desgracia; por eso lo del plato nadie se lo creyó”.

Amplio descampado, lindero al cementerio, donde Alejadra Martínez fue dejada por el plato volador.

Interviene nuevamente la vecina Delia Weber: “Dicen que los chicos habían quemado con fuego (el baldío). Fue toda una tramoya (enredo, embuste) que armaron. Porque jus­tamente el chico quería entrar en televisión Para cantar. Y entonces hicieron todo un globo. Además, un muchacho que le gustaba embromar llamó a Crónica. Pasa que la mujer tomaba mucho. Ahora mismo, van y a lo mejor la encuentran borracha y mascando tabaco, y les va a decir cualquier cosa. Acá la estimaban. El marido es un buen hombre, los chi­cos también”.

Otra vecina, Olga Koljivrat, pasa a nuestro lado y es participada al diálogo. “Mi­re -dice-, todo eso fue, todo en vano. No era nada cierto. Ella tomaba y se inventaba cosas. Ella quería meter a un hijo… Ella quería estar en la trenza, entrar en televisión para poder hacer entrar al chico. ¡Y finalmente entró! Estuvo haciendo imitación un tiempo, en Sábados Circulares de N. Mancera. Nadie vio nada. Son todos cuentos de ella. Ahora tiene los hijos grandes, solteros, viviendo en la casa, y las mellicitas que (tuvo después) ya son señoritas. Ella siempre inventaba, inventaba cosas… Con eso del ovni vinieron muchos periodistas. Al último, le dije: ‘Mire señora, son todos cuentos’. Como a los dos años, su hijo le comentó a un muchacho amigo, que es también de mi sobrina: ¡No! Si son grupos (Arg. lunf.: embuste, mentira), si fuimos yo con mi mamá, y quemamos, para entrar en la trenza de la televisión”.

Era fácil advertir de qué manera la imagen de la testigo propendía a la increduli­dad general. Como ha sido señalado, por supuesto que la constatación de estos rumores no constituye una prueba irreducible de que haya urdido un fraude, pues, con frecuencia la vecindad suele juzgar sin razón o con excesivo rigor a quienes alborotan su condominio. Al menos, la soltura de palabras y la firmeza de los argumentos respecto de la pobre mujer, francamente nos sorprendió. A fin de cuentas, sólo veníamos a investigar un caso.

Alejandra Martínez de Pascucci, no quiere hablar.

Con la indicación de los vecinos, rápidamente localizamos el nuevo domicilio de doña Alejandra, a trescientos metros del anterior. Sin transponer el umbral, nos atiende con actitud recelosa, de sospecha o temor. Al conocer el motivo de nuestra visita, se negó a hablar y continuó repitiendo su negativa durante treinta segundos, mientras permanecíamos expectantes frente a ella: “Nooo, no, no, no”. Por ingenua que parezca la pregunta, ¿qué nos quería decir la testigo? Finalmente, precipitó una respuesta menos ambigua: “No, no. Eso del plato volador fue todo mentira mía, eso”. Su reparo inicial se convirtió en negar la verdad de su historia.

Luego de su respuesta y, quizás, ante nuestra mirada de asombro, reafirmó: “Sí, eso sí”. Atenta a lo que ocurría en el interior de su casa, agrega: “Ahora yo ando bien, gracias a Dios. Hace treinta y cuatro años que vivo en el barrio; en esos momentos yo tendría como 40 años, 39 o 40” (NdR: Según Crónica tenía 47, y para El Sol, 42). Y justificando su presura por ir al dentista, rehuyendo del tema que nos convocaba, no sería necesario insistir o ahondar sobre lo que estaba dicho.

No, no. Eso del plato volador fue todo mentira mía, dice doña Alejandra.

Aún así, podría sospecharse que Alejandra Martínez de Pascucci recurrió a una artimaña para desembarazarse de una incómoda situación, pero el cúmulo de evidencias testimoniales y comprobaciones se han descargado para mellar la porción de realidad que el caso pudiere tener.

REFERENCIAS

(1) El Sol, Quilmes, 5 julio 1968, ps. 1, 8/9.

(2) Banchs, Roberto. “Segundo Anexo del libro Los ovnis y sus ocupantes”, en Boletín CEFAI, n° 10, Buenos Aires, 1980, ps. 1/2.

(3) Chionetti, Alejandro y A. Agostinelli, “El ‘rapto’ de Quilmes: La componente etílica”, en UFO Press, VI: 19, Buenos Aires, enero-marzo 1984, ps. 27/30.

● Otras referencias sobre el episodio, citadas en Banchs case references, de Richard W. Heiden:

– Crónica, Buenos Aires, edic. mat. y vesp., 4 julio 1968. Una edición (no especifica cuál) es citada en: Flying Saucer Review, London, 14:5, sep.-oct. 1968, p. 28; reimpresa en:

– Charles Bowen, ed., Encounter Cases from F1ying Saucer Review, A Signet Book, Dec. Number 5, september-october 1969, Maidstone, p. 54.

– UFO Chronicle, Vigo Village, Kent, England, 1:1, dec. 1968, p. 17 (muy breve, no ref., fecha 3 julio).

– Saucer Scoop, 4:1, April 1969, p. 6, citando UFO Chronicle.

– Boletim SBEDV, Río de Janeiro, n° 42-44.

– Hector P. Anganuzzi, Historia de los platos voladores en la Argentina, Plus Ultra, Bs. As., 1976, ps.157/158.


[1] Curiosamente, a esa hora concluía la serie Hechizada, por canal 11, una de las cuatro emisoras de TV local.

[2] La exitosa encuesta llevada a cabo en septiembre de 1981 por A. Chionetti y A. Agostinelli, mórbidamente titulada, presentaba -empero- algunas insuficiencias a la postre importantes, ya que no habían podido grabar las declaraciones de la testigo y olvidaron pedir el nombre a los vecinos consultados.

El Spirit fotografía una marcianita verde

¿Vida en Marte? Fantásticas fotografías de la sonda espacial de la Nasa revelan misteriosa figura en el Planeta Rojo

Por Beth Hale – 22 de Enero de 2008

Posada sobre una roca, posiblemente esta esperando un autobús.

Pero si es así, es posible que tenga una espera terriblemente larga.

Esta foto, que notablemente parece como una figura femenina con el brazo extendido, se tomó en Marte.

Tal vez no sorprenda que haya generado mucho revuelo en Internet con afirmaciones de que realmente existe vida en el planeta rojo.

Otros pueden sentir que simplemente es una ilusión óptica causada por un paisaje.

La imagen fue una de las muchas enviadas a la Tierra por el Spirit, un vehículo de exploración marciana de la Nasa que aterrizó allí hace cuatro años.

Inspecciones iniciales no revelaron nada inusual, pero un examen más detenido por astrónomos aficionados ha arrojado esta imagen intrigante.

Como un entusiasta puso en un sitio web: “Estas imágenes son sorprendentes. No podía creer a mis ojos cuando vi lo que parece ser una extraterrestre corriendo en Marte”.

Otro, haciendo a un lado el cinismo acerca de la apariencia un tanto petrea de la “extraterrestre”, escribió: “Si me muestran otra foto de una roca en Marte, o la Tierra, que parezca naturalmente como ésta, lo reconsideraré”.

Diga queso: La misteriosa imagen fue tomada por el Spirit, un vehículo explorador de la Nasa.

Un tercer comentarista, que podría haberse acercado a la opinión de la mayoría, dijo: “Ah, el ojo humano puede ser engañado tan fácilmente”.

http://www.dailymail.co.uk/pages/live/articles/news/news.html?in_article_id=509693&in_page_id=1770

Villa Nueva (Mza): A la persecución de un ovni

VILLA NUEVA (Mza): A LA PERSECUCIÓN DE UN OVNI

Dr. Roberto Banchs

Soplaba un viento fresco y el cielo se hallaba estrellado en la apacible madrugada del 24 de julio de 1978, cuando la misma adquirió gran vivacidad para un taxista, su pasajero y varias personas más que, alternativamente, observaron el desplazamiento de un singular fenómeno en el cielo de Mendoza.

El suceso ocurrió poco después de las 3 de la mañana, cuando Carlos William Brandi -un joven de 19 años, empleado- telefonea al servicio radiomóvil solicitando un taxi para que lo traslade desde Las Heras hasta su domicilio en Guaymallén. Aldo Modesto Nievas, chofer de 21 años de edad y cuatro de servicio en la compañía, recibe la indi­cación de la central y acude a donde se encontraba Brandi, quien minutos más tarde a­bordaría el vehículo Peugeot 404 gasolero, modelo 1974.

Aldo Modesto Nievas y Carlos William Brandi en un congreso de ovnilogía en Mendoza.

A las 3,30 horas, hallándose en la intersección del carril Godoy Cruz y la calle Mitre, en las cercanías de la estación del Ferrocarril General Belgrano, en San José, vieron un objeto de luminosidad blanca que se desplazaba a unos 500 metros de altura. Nievas pregunta qué podría ser, luego le resta atención y continúan por su camino, hasta que advierten que esa luz sigue en la dirección que ellos llevaban.

Brandi le propuso entonces seguir al extraño objeto, conviniendo hacerse cargo del gasto que demandaren los kilómetros demás, pero igualmente intrigado, el chofer Nievas decide detener el reloj del taxi y juntos lanzarse a la aventura sugerida por su compañero de viaje.

De inmediato la novedad le fue comunicada a la central de radiotaxis con señal de prioridad absoluta (utilizada sólo en casos excepcionales), solicitando verifiquen lo observado al operador de turno Leonardo Argañaraz, quien informó de la misma a los o­tros conductores en mensaje abierto, indicándoles que se dirijan al encuentro con su colega. Prontamente se dio aviso a la policía. Mientras tanto, Nievas dejó el canal de transmisión abierto y relataba todo lo que iba ocurriendo a los demás vehículos de la compañía -unos 80- que circulaban esa noche.

El objeto, que por momentos adquiría la forma de un hongo gigante, aparecía al principio como una luz algo débil, semejante a las luces altas de un automóvil, pero pasados cinco minutos, se hizo tan intensa que -según Brandi – continuamente sacaba parte de su cuerpo fuera de la ventanilla, le dañaba la vista por algunos segundos, pero no pudiendo evitar contemplarla.

Los azorados testigos declaran que por instantes el elemento aéreo se hacía inobservable -quizá por algunos árboles interpuestos, o por reducir su altura angular, en su opinión-, en particular, en el carril Godoy Cruz y su intersección con la calle Murialdo, donde hay una estación de servicio. Pero el ovni continuó su vuelo y siendo observado atentamente, ya no sólo por los dos jóvenes, sino también por el personal de la compañía, que subió a la torre de la central de taxis.

Croquis del ovni según Aldo Nievas.

Nievas reconoce durante la entrevista que mantuvimos aproximadamente un año después del espectacular episodio, haber pensado que podría tratarse de un avión que efectuaba vuelos rasantes -como se dijo-, pero a medida que avanzaba, se convencía de que esa posibilidad era cada vez más remota. Luego de andar unos kilómetros y persuadido de que estaban frente a algún elemento desconocido, tuvo la ocurrencia de intentar una suerte de comunicación con el ovni mediante guiños y cambios de luces, mientras su pa­sajero moviera con intermitencia una perilla de los indicadores del taxi, de luces ro­jas y amarilla.

Según afirman, el aparato pareció detectarlo, adelantándose al auto y deteniéndose a unos 700 metros de distancia. Al darle alcance, la luz blanca que tenía en su parte superior se extinguió y queda con cuatro luces rojas de posición, ubicadas en su borde también superior. Advierten que el ovni tendría unos 10 metros de diámetro y 5 o 6 de altura. Los entusiasmados testigos continúan con las señas, y el objeto reanuda su marcha en zigzag sobre el camino, despidiendo luces. “Viendo el velocímetro del auto, que marcaba 95-100 km/h, el objeto siempre iba delante nuestro -sostiene el conductor­- así que iría a esa velocidad; incluso cuando zigzagueaba no reducía nunca su marcha”.

El ignoto objeto se cruzaba de un lado a otro y volvía en dirección a la carrete­ra. Se detuvo próximo a una estación de servicio -donde había sido inobservado por un momento-, hasta el instante en que llegan con el taxi, para salir nuevamente a la ruta. Entra a un barrio y vuelve a salir otra vez, siempre en silencio y siguiendo el trazado vial. Al llegar a una curva se mueve en paulatino descenso a la par del vehículo por el lado izquierdo, y se detiene después de realizar unos 2 km de trayecto.

“Ya no éramos los únicos que vivíamos tan tremenda experiencia -dice Nievas-, ya que en el barrio Santa Ana, dos personas que esperaban un ómnibus fueron alertadas por nosotros para que miraran el recorrido de esa fuente luminosa. Una señora, presa de pánico, se tomó de un árbol y gritaba asustada. Lo único que nos dijo, llorando, fue que no la siguiéramos, que la dejáramos…”. Infelizmente, estos testigos no pudieron ser localizados.

El ovni variaba constantemente su sentido, andando en zigzag, pero manteniendo la dirección este. Cuando Nievas y Brandi se hallaban en proximidades del autocine Broadway, tuvieron el último contacto y precisamente allí fue el epílogo de una iniciativa que los llevó a seguir esa rara luminosidad, a través de varios kilómetros por un ca­rril empedrado, arbolado y con distanciadas viviendas, en una zona densamente indus­trial.

Fue en aquel punto en que se detiene el ovni, al llegar los testigos a la intersección de los caminos que unen Corralitos con Rodeo de la Cruz, al instante en que las luces del Peugeot gasolero se apagan y la radio -que comenzó entrecortando su transmisión y emitir un sonido- dejó definitivamente de funcionar, al igual que el motor del automóvil, pero abruptamente, rodando apenas unos metros debido a una pendiente que le permitió al conductor arrimarlo a la banquina.

Representación gráfica de la escena.

En esas circunstancias el ovni comenzó a desplazarse hacia los testigos. El pasajero Brandi, sumamente alterado, atinó a salir presuroso del vehículo y correr, cayéndo­se al suelo en repetidas ocasiones y refugiarse detrás de una casa, la única existente en el lugar. En cambio, al conductor Nievas no le fue posible reaccionar, manteniéndose durante unos minutos en estática posición frente al volante afectado de una pará1isis en las piernas, hasta que logró con cierto esfuerzo salir del taxi al encuentro del otro joven que estaba escondido a unos 35 metros, junto a un canal.

Resulta ilustrativo reproducir la respuesta de Aldo Nievas sobre las causas de su momentánea parálisis: “Fue por la emoción de lo que estaba viendo, por lo que se esta­ba produciendo que no me dejaba. Las piernas prácticamente las sentía, pero no las podía mover. Cuando bajé del auto y volví a ver que la nave seguía, que todavía no se había alejado, ya después perdí, digamos…, me tomó una crisis de nervios, de desesperación, de no poder decir nada, de no poder comunicarle a los demás lo que estaba vien­do, de no poder… Yo nunca imaginé que me iba a pasar algo así; pero siempre creí en la existencia de esos aparatos, pues los adelantos de la ciencia me daban la pauta de que verdaderamente existían…”.

UNAS SILUETAS DE SEMEJANZA HUMANA

El objeto se había acercado cada vez más, hasta una distancia de 100 m y a una altitud de 80 metros. Entonces Nievas podía observar que tenía unos grandes ventanales, a través de los cuales logró distinguir durante unos 5 minutos unas siluetas de semejanza humana, muy altas y esbeltas (“No sé si era por los vidrios del aparato que distorsionaba la imagen de las figuras, pero no veía nada más, hasta que pude reaccio­nar”).

Los ocupantes del ovni fueron descriptos en detalle de la siguiente manera: “En la cabeza parecían llevar una capucha, como la usada por los buzos, pero más alargada. Eran 4 sombras iguales, con trajes pegados al cuerpo, altos y delgados, anchos de tórax, brazos y piernas largas, pero bien conformados. Se apreciaba que una de las figuras estaba frente a un tablero, era el que controlaba la nave, que se mantenía inmóvil en el aire sin ha­cer ningún ruido, y cuyo interior estaba iluminado por una tenue luminosidad blanca. Las figuras adentro pude ver las cuando se acercó la nave -agrega Nievas-, se desplazaban rápido, una detrás de otra. En esos momentos había quedado paralizado. Quería saber más, Pero a los ocupantes los veía nítidamente. Veía los ventanales, veía a la gente que caminaba adentro. Pensaba que me iban a hacer daño, que se venían contra el auto, que algo me iba a pasar: eso es lo que sentía, pero nunca pensé que estaba muy preparado para tener una comunicación. Algo. Sentí entonces mucho miedo, aunque cuando salí y corrí hacia atrás continué observándolos. Mi impre­sión era como si estuviera en una sala de operaciones, y están los practicantes arriba que lo ven, andando de un lado a otro; eso era lo que ellos hacían, mirando por encima del automóvil”.

Croquis de los ocupantes según Aldo Nievas.

Después de efectuar su máximo acercamiento a los testigos, el ovni retornó a su posición original -hacia el oeste-, aprovechando los aterrorizados Nievas y Brandi para regresar al auto, el que imprevistamente arrancó sólo y sin problemas, a la par de restablecerse sus luces, pero con tanta violencia, que se rompió la lamparilla del interior y las de la radio, señala el chofer.

De pronto, el objeto volvió a detenerse en el aire y cuando varios testigos esta­ban mirándolo desde lugares algo más distantes, advirtieron que produjo un fogonazo blanco y una sorda y no muy intensa detonación (“un boom, o algo así”), perdiéndose de vista.

SHOCK NERVIOSO

Aunque algo aturdido, fue en el instante de la explosión en que Nievas dice haber perdido casi completamente el sentido. “Estaba caminando ahí -nos refiere con dificultad- y me iba hacia el auto desvaneciendo. Hubo un momento en que despegó, con la explosión que hizo, yo quise volver al auto, y ahí no esperaron (los compañeros) y me llevaron al hospital. No sé por qué perdí la conciencia. Iba camino al auto… me dijeron que había pegado contra el auto, pero yo no sentí nada, no tenía golpe alguno después. Más tarde desperté en el Hospital Central de Mendoza, donde me habían aplicado calmantes y sujetado. Me hallaba en un estado permanente de sobresaltos en la ca­ma, recordaba todo lo que había pasado. Les dije a los médicos que no me iban a dejar internado, pero me respondieron que así debía ser, pues estaba muy alterado. Mi insistencia fue vana y debí permanecer hasta pasadas las 10,30 horas”.

En otro pasaje de su exposición nos aclara: “Cuando vuelvo al auto sentí una reacción y me apoderó un estado de nervios, desvaneciéndome. Me contaron que detrás de mí venían los muchachos, pero no podían ver bien la nave, sino simplemente la luz. Y vieron que después se vino para el centro de Mendoza y que tras una explosión desapareció”.

Los empleados del radiotaxi que lo acompañaron al hospital y que presenciaron una luz han sido, entre otros, J. Sánchez, Freire y J. González. No obstante, en su búsqueda iban varios taxis -tres de ellos fueron quienes los encontraron- y un auto particular con dos personas en su interior y un trabajador municipal que también fue testigo. Sin embargo, las familias Lisanti y Sotile, que viven en carril Godoy Cruz 7968, kilómetro 14, afirmaron no haber escuchado nada anormal, a excepción de los persistentes ladridos de su perra boxer, pasadas las 4 de la mañana. A esa hora, Brandi había transitado por allí en su carrera desesperada buscando refugio. Visiblemente aturdido, Nievas no recuerda haber visto animales y Brandi señala que al retornar durante el día al lugar donde había estado escondido, el animal no lo dejaba entrar a la finca.

Al abandonar el taxi, Brandi había extraviado su reloj pulsera, hallándolo enton­ces detenido a las 4,11 horas, en el lugar de los hechos. Al parecer, el reloj que llevaba Nievas también quedó detenido, a las 4,04, cuando se produjo el paro del mo­tor y el circuito eléctrico.

Como consecuencia de lo sucedido, Aldo Nievas continuó en constante estado nervioso durante varias semanas, al igual que su eventual compañero de viaje, viéndose obligado a abandonar momentáneamente su oficio de chofer, y de manera definitiva el de taxista.

EL COMUNICADO DE LA IV BRIGADA AÉREA

A pesar del espectacular relato de Aldo Nievas y Carlos Brandi, los comentarios suscitados por la versión del ovni avistado en la ciudad de Mendoza y sus alrededores, quedarían desvirtuados por un comunicado de la IV Brigada Aérea, con asiento en El Plu­merillo, al revelar que las luces detectadas esa madrugada correspondieron a varios aviones militares que realizaban un ejercicio de vuelo. El comunicado expresa textualmente lo siguiente:

“Lo avistado en la madrugada de hoy (lunes 24) son aviones de la unidad que efectuaban ejercicios nocturnos, y las luces detectadas por la población corresponden a los reflectores de las máquinas que se utilizan para los aterrizajes. Esos reflectores son usados para tomar las cabeceras de pistas y, en el caso aludido, la cabecera norte de la pista de El Plumerillo, que precisamente enfrenta a la zona donde los aviones fueron avistados por los testigos”.

Como es sabido, resulta excepcional que los organismos militares salgan al cruce de versiones acerca de la presunta aparición de ovnis en nuestro cielo, aún cuando se hallan involucrados elementos de sus propias fuerzas. La respuesta en este caso quizá se deba a la proverbial cantidad de testigos que avistaron extrañas luces durante esa madrugada en la ciudad de Mendoza. Y, a no dudarlo, a la actitud decididamente receptiva de sus autoridades que -pese para algunos- ofrecieron una explicación.

La misma, en términos generales, es satisfactoria. Sin embargo, es preciso notar ciertas diferencias -no insoslayables, y habituales- con el fenómeno aquí descrito. Entre los aspectos más estables del testimonio (es decir, menos propensos a deformaciones) surge que durante los casi 40 minutos de observación, se hace referencia a un único ovni, y no a varios como indica el comunicado; además, su carácter silen­cioso, el comportamiento por veces errático, y el aspecto desusado que mostraba en las fases más próximas el fenómeno. Hallándose los aviones en el sector y durante tan prolongado período (lo cual no ha sido precisado), llama la atención que los dos testigos no hayan advertido la presencia de tales aparatos. ¿No fueron notados, con­fundieron un avión, o acaso las aeronaves se hallaban en otra región más distante como para ser vistas? De aceptar fielmente el testimonio de los jóvenes testigos, en cuanto a los rasgos más estables, aparecen discordancias notorias.

Esto nos impulsa a ahondar en la investigación. En tal sentido, nuestras sospe­chas sobre la fiabilidad de lo descrito, especialmente por Nievas, se orientan en dirección de la sugestiva riqueza de detalles aportados por éste, testigo principal del episodio. Es decir, en aquellos datos que pueden suponerse los mejores indicios de su naturaleza anómala o desconocida, sostenida en una imagen no reconocida por los demás testigos (pese a creer que las condiciones de observación le hayan sido más favorables). ¿Trató acaso de engañarnos? Intentaremos dilucidar este interrogante.

ANALISIS DE LOS TESTIMONIOS

La primera hipótesis es que la experiencia previa, el concepto ya establecido de la forma clásica de un ovni, hizo que el testigo viera la forma que su expe­riencia le dictara. Nievas ha visto un fenómeno no identificado y es allí donde han reaccionado sus mecanismos psicológicos. Interpretado de esta manera, el concepto global de lo observado resulta una creación de la conciencia, y no de la realidad percibida. De ahí que, como cada consciencia es individual, no todos vemos lo mismo. Cada cual conformará dentro de sí aquello percibido (seleccionando y añadiendo elementos), de acuerdo a sus experiencias, intereses, formación, personalidad, y circunstancias. Un factor condicionante que pudiere haber operado en la conciencia de los testigos, es que -según versiones periodísticas-, “a esa hora ya había cobrado conocimiento de que algunos colegas habían informado a la central de radiota­xis que raras luminosidades eran avistadas en el cielo mendocino”. Esta noticia que parece haber sido conocida por Nievas y Brandi antes de su propia experiencia, facilitó la disposición de enfrentarse a la rara luminosidad, con la categoría de ovni. La convicción previa de que los mismos son naves extraterrestres le denotaría que lo observado momentos después estaba efectivamente tripulado.

Con esa creencia, la vívida impresión sufrida al sentirse virtualmente atrapado (al pasar de improviso, de seguidor a perseguido al bloquear su actividad motora, desde su automóvil hasta sus piernas, etc.) le hizo perder por un instante su conciencia racional, dejando emerger sus contenidos psíquicos latentes, fuertemente emocionales (no tiene una clara idea dónde se encuentra, pierde relación con el medio -no escucha el ladrido de la perra, después no hallaría a su acompañante-, mostrando un evidente cuadro confusional); desencadenando una fuerte crisis nerviosa con la pérdida de sus sentidos. En ese estado, Aldo Modesto Nievas se constituye en el único testigo que afirma haber distinguido a un centenar de metros abundantes detalles del interior del objeto.

La segunda hipótesis probable es que la versión de los ocupantes sostenida por Aldo Nievas, fue agregada deliberadamente al relato original (referido sólo al obje­to), con el propósito de reforzar el carácter anómalo del fenómeno avistado, una vez abierta la duda por el comunicado tranquilizador de la aeronáutica.

En otras palabras, los testigos habrían observado un fenómeno inusual, pero al ser puesta en juicio la naturaleza del mismo, Nievas incluyó elementos más fantásti­cos dentro de su propia visión persuadido de que mantendría así la condición anómala que habría experimentado, y no caer en ridículo.

Nota gráfica de varios objetos captada por el cronista Alfredo Yanzón.

Conviene señalar que Carlos W. Brandi atestiguó que al detenerse el objeto, los operadores de la central de taxis se comunicaron con la Fuerza Aérea avisando de lo ocurrido, pero en respuesta se les dijo que se trataba de aviones que efectuaban vue­los rasantes. Inclusive, el fotógrafo Alfredo Yanzón, del diario Mendoza, registró a las 4 horas desde la terraza de un edificio ubicado en la calle Rodríguez, la presencia de varias luces atribuidas a dichos aviones, y reproducidas junto a los testimo­nios de los jóvenes. No obstante lo dicho por Brandi, el chofer Nievas omite en cam­bio, en todas sus extensas declaraciones, estos datos de gran importancia y no deja de comentar -salvando cualquier duda- que “al principio creí que se trataba de un avión, ya que en la zona es muy frecuente ver máquinas haciendo maniobras a escasa altura para tomar la cabecera de la pista del aeropuerto de El Plumerillo, pero a medida que avanzaba ese objeto hacia el este, me convencía que dicha posibilidad era cada vez más improbable”.

Las declaraciones de Nievas y Brandi fueron publicadas con amplitud en los días siguientes, acompañadas por lo general del comunicado de la IV Brigada Aérea. Lo que llama la atención es que no se hace referencia alguna sobre los ocupantes vistos en detalle por el conductor Nievas, dato que no hu­biera escapado al periodismo (1), indicando por el contrario que el ovni tenía la forma de hongo y que apenas “creíamos ver que en su parte inferior tenía ventanillas o algo similar” (Mendoza, 25 jul 1978).

Nada más sostendría Nievas. Luego del comunicado la situación cambia y en adelante dice haber distinguido en el interior del objeto y a través de unos ventanales, un tablero de control y cuatro esbeltas figuras vestidas con un ajustado buzo negro, moviéndose de un lado a otro (!).

Pese a ser un rasgo muy singular para no ser mencionado, pensamos que podría tratarse de una simple omisión si no fuera por la cadena de indicios que surgen de nues­tra investigación testimonial, avalando esta hipótesis. Parece significativo que en nuestra requisitoria Aldo Nievas haya declarado lo siguiente: “Brandi detrás de la casa pudo observar también a las figuras porque el ventanal del objeto era redondo y notó inclusive que las mismas giraban en el aparato”. Sin embargo, su acompañante Car­los Brandi ha asegurado que “el objeto parecía estar rodeado de enormes ventanas que hacían las veces de paredes, separadas en tramos y por superficies vidriosas. A través de esas ventanas, llegaba a divisar apenas una especie de humo, como si fuera una botella llena de humo”, negando haber podido apreciar más detalles, como sería la presen­cia de ocupantes.

Otro de los hechos discordantes se advierte al cotejar su primer testimonio público y el emanado en nuestra encuesta, lo cual pasa a vigorizar la hipótesis del refuerzo de prueba (en rigor, es una pseudo-prueba, pues la versión de los humanoides sería un argumento a favor del carácter extraño del fenómeno, pero no de su presumible autenticidad) empleado por el testigo principal, quien indicó que la radio volvió a funcionar tras alejarse el ovni, restableciéndose la comunicación. En cambio, con posterioridad, nos expresó que las lámparas del equipo se partieron súbitamente al restablecerse la corriente, debiendo ser reparado por completo.

El episodio presenta otros aspectos indefinidos, como las circunstancias en que el chofer se desmayó y ocurrió la detonación, la falta de identidad de las presuntas tres personas que aguardaban un ómnibus en el trayecto del taxi, etc.

Después de todo, es en el estado de shock profundo que entra Aldo Modesto Nievas -próximo al desmayo-, la circunstancia precisa en que afirma haber observado con bastante nitidez y detalle lo que ocurría en el interior del ovni. En tales condiciones y de acuerdo a lo que se desprende del examen del caso, resulta muy improbable admitir la versión de los ocupantes, conforme a la realidad descripta.

REFERENCIAS

(1) Mendoza, Mendoza, 25 julio 1978; La Nación, Buenos Aires, 25 julio 1978; La Razón, Buenos Aires, 25 ju­lio 1978; La Prensa, Buenos Aires, 26 julio 1978; La Semana, rev., Buenos Aires, n° 92, 2 agosto 1978, Cuarta Dimensión Anuario 1982, Buenos Aires, ps.76178; UFO Press, Buenos Aires, IV, n° 13, octubre 1979, ps.15/16.