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Atención Maussan: ven a Superman en Rumanía

La policía investiga avistamiento de Superman

La policía está investigando después de que aldeanos en Rumania afirmaron haber visto una figura como Superman volando a través del cielo.

Casi 20 aldeanos, de Gemeni, condado de Mehedinti, afirman que el ovni usaba un traje azul brillante, justo como el de Superman.

Los oficiales de policía tomaron declaraciones escritas de todos los testigos y dicen que describieron la figura de la misma forma.

El policía local Ion Anuta dijo: “Hablamos con la gente de diversas edades que son todas ciudadanos confiables en nuestra aldea.

“Todos dicen que vieron a esta criatura extraña que voló sobre sus casas en su traje azul brillante. Veremos qué sucede después”.

El aldeano Constantin Toader, de 41 años, dijo: “Parecía Superman y volaba lento aproximadamente a 100 yardas sobre la tierra en una posición parada. Él no hizo ningún humo o sonido. Sólo cruzó el cielo”.

http://www.ananova.com/news/story/sm_2517321.html

LOS IDENTIFICADOS

Roberto Banchs

“Lo imaginario es, por cierto, irreal; pero es real en la medida en que obra y produce efecto. Y no cabe abrigar dudas de que obra y produce efectos, especia1nente en la época actual”.

Carl G. Jung

Con las debidas licencias

Esta es la primera entrega de una serie de artículos que hemos reunido bajo el título de Los Identificados, aludiendo al propósito que mueve nuestra investigación. La misma se inscribe dentro del proyecto que iniciáramos en 1981, tendiente a examinar -a través de informes de primera mano- las noticias concernientes a observa­ciones de ovnis junto a sus ocupantes, producidos en la Argentina. Los crite­rios de selección, aunque arbitrarios y nunca fáciles por delimitar, han sido debidamente enunciados en su oportunidad[1].

El proyecto se inició a partir de las dificultades suscitadas por los datos recopilados originalmente, faltantes o contradictorias hasta el hartazgo, según las diferentes e irreconciliables fuentes consultadas. Tras superar el nivel exploratorio, logró advertirse que casi el 40% de los casos reportados, jamás se había accedido a entrevistar a los testigos. De ese porcentual, pudo corroborarse que la mitad provenía de sujetos de existencia dudosa o anónima, mientras que de la restante nadie se ocupó de realizar las encuestas correspondientes, y en todos los casos se divulgaron extensamente a través de periódicos, boletines y libros. Vale decir que sólo el 60% de los encuentros habían sido investigados in-situ, pero como es obvio mediante procedimientos habi­tualmente dispares. A la vista, resulta improbable llegar a inferir cierto carácter de anomalía científica con tan paupérrimos elementos de prueba, obtenidos además bajo condiciones de control inexistentes.

A ese respecto, nuestra pretensión ha consistido en modificar drásticamente el cuadro de situación, procediendo a relevar el mayor conjunto de episodios argentinos de esta categoría, siguiendo un criterio unificado. Desde luego, para dicho emprendimiento tropezamos con varias dificultades prácticas: localizar a los presuntos testigos en los más recónditos lugares de la gran extensión territorial, trasladarse al lugar donde ocu­rrieron los hechos, y confrontar -cuando fuera preciso- los testimonios de las nuevas encuestas con las versiones anteriores.

De ahí que si no hay indicios fundados para considerar seriamente una hipótesis no clásica, y luego, datos comprobados para aceptarla, es injustificable la reformulación de nuestros actuales conocimientos científicos. Sin embargo, el problema merece ser estudiado y resuelto. Pero, para lograrlo, se debe propiciar la investigación rigurosa, tratando de agotar -al menos- todos los expedientes racionales de la ciencia. En ese sentido, adherimos al principio de parsimonia, o como también se le conoce, el rasero de Occam, según el cual, las entidades no deben multiplicarse innecesariamente. O sea que, cuando hay dos o más hipótesis compitiendo, se adoptará la más simple, la que contenga menor cantidad de elementos especulativos, la que ofrece mejor contrastabilidad, y que menos altere -y a la vez, la que más se adecue- a las teorías dominantes. Si bien estas condiciones no dan garantía absoluta de verdad, al margen de los debacles epistemológicos, animan el juicio crítico y la exi­gencia de autenticidad.

En relación a nuestro artículo citado en la referencia 1, el ufólogo belga Wim van Utrecht nos escribió: “Los soñadores no estarán contentos con sus hallazgos, pero para un investigador serio sólo la verdad importa”. Sin embargo, agrega: “Los ufologistas parecieran tener mayor dificultad para aceptar una explicación, que una declamación sensacional”. Más esperanzado, Julio Arcas -coeditor de CdU-, se refiere así a las conclusiones de un ‘ovnílogo etista’: “… creo más bien que eran producto de sus pocos años, estando en la ‘etapa mágica’ de la evolución ufo1ógica… El tiempo, sin duda, cambia muchos planteamientos apresurados”.

Mientras tanto, los primeros signos apuntados por van Utrecht no demoraron en apa­recer, rebatiendo desmesuradamente nuestra acción en publicaciones y congresos. También se ha observado la recelosa actitud de aquellos que optaron por no exponerse, evitan­do compartir la información. Los mismos que recirculan dicho material siempre dentro del círculo de adeptos, o de sus potenciales seguidores, mientras despotrican (por mo­da) contra las sectas platillistas. En casos más extremos, nos han tildado de “adversarios” (suponemos que por adverso a sus creencias), en tanto nuestras formulaciones o resultados no les fueren favorables. Al punto de rechazar enojosos el esclarecimiento ra­cional, y aceptar sin mayores reparos que los ovnis son, en realidad, “naves extrate­rrestres dirigidas”, “elementales”, “viajeros de mundos paralelos”, u otras especula­ciones parecidas. Se muestran refractarios a la sensatez y a la prudencia, convencidos de que esta postura casi delirante y de ficción no daña de modo alguno la pobre reputación que la ufolog1a apenas pudiere alcanzar, sin darse cuenta que esto va en detrimento de la actividad; en cambio, se ensañan contra los escépticos recalcitrantes, supuestos culpables del desinterés oficial, que no toma en serio el problema.

Desde luego, existe una franja también marginal, tocante con la credulidad a ultranza, donde se hallan los detractores de turno. Con igual frivolidad, se pasean de una vereda a otra, los caracteriza el oposicionismo y sólo atienden la información en contra de la posibilidad de un fenómeno genuino, por remota que pudiera ser. No suelen hacer investigación de campo, y rígida y cartesianamente se los oye decir: “No hay pruebas, luego, no existen”.

Muy a menudo nos encontramos también con los ovnílogos que establecen una suerte de relación endogámica con sus casos. Para éstos, cualquier cuestionamiento a la ve­racidad de un evento ovni, no es otra cosa que un cuestionamiento a su propia identi­dad con el objeto y al sistema de creencias. Tampoco alcanzan a discernir lo que constituye la etapa de investigación (o recopilación de datos), de su posterior análisis y evaluación (lo cual queda librado a la interpretación). Esto despierta sentimientos de perjuicio y reivindicatorios. Por eso debemos remarcar que la investigación puede ser una, en tanto sea conducida con objetividad, pero el disenso sólo puede aparecer en la interpretación de los hechos, conforme a los datos.

Un número más reducido de personas, en cambio, siguen atentos el desarrollo del fenómeno, y recuerdan permanentemente que las diversas comisiones de estudio arribaron a idéntico resultado: al menguado porcentaje de “no identificados” (donde estaría en juego la falacia del residuo). No obstante, desde nuestra perspectiva, reviste singular importancia la abrumadora cantidad de ca­sos satisfactoriamente “explicados” (entre un 80 y 95%, señalan), tendiente a determinar si se trata de un poderoso factor de ruido que acompañaría a las genuinas observaciones, o bien, si presentan la misma estructura (lo que podría equivaler a decir que no hay señal alguna). Dilucidado, sería quizá factible determinar la naturaleza del fenómeno.

Por lo pronto, alentamos nuestro deseo que la tarea emprendida tenga una buena recepción entre los ufólogos, y que la apertura mental de la que suelen jactarse disponga de la tolerancia suficiente para recibir los datos y conclusiones que se ofrecen a continuación.


[1] Banchs, Roberto E. “Los ovnis con ocupantes en Argentina”, en: Boletín CEFAI, Buenos Aires, Nro.13, 1989; Cuadernos de Ufología, Sevilla, Nro. 6, [email protected] Ep., septiembre 1989, ps. 38/41; Il Giornale del Misteri, Firenze, Nro.236, Giugno 1991, ps. 59/61; Orbiter, Reading, US, Nro.34, Jan/Feb 1992, ps. 5/9.

¿Extraterrestres o pareidolias en la Casa Blanca?

El jefe extraterrestre de Bush mira a escondidas a través de la ventana durante su discurso

Dos espectadores independientes, Jamais Cascio y Carolyn C. estaban viendo el canal de noticias de CNN y Fox News cuando creyeron observar algo inusual.

Cascio señaló este vídeo de CNN de Bush dando una charla sobre hipotecas. Dijo que “Sobre el hombro derecho de Bush se puede ver la figura de un extraterrestre”.

Carolyn informó de su descubrimiento al programa sobre fenómenos paranormales Coast To Coast: “El presidente Bush hablaba del mercado de casas. Creo que fue el 3 de septiembre de 2007 y noté un reflejo en la puerta de la Casa Blanca que mostraba un extraterrestre gris… Fox News también mostró esto al mismo tiempo.

http://www.cnn.com/video/#/video/politics/2007/08/31/bush.sots.mortgages.cnn