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El "corpus teórico" de Maussan

Recientemente vi la presentación de Jaime Maussan y Santiago Yturria en el International UFO Congress de Nevada (aquí se puede ver un video de esta presentación).

Para ser honesto no puedo decir que no haya nada nuevo. Es cierto que siguen presentando sus videos de globovnis (globos y pájaros volando a gran altitud), a los que llaman “flotillas de ovnis”. Muchas de estas “flotillas” filmadas por Arturo Robles Gil, al que presentan como “uno de los vigilantes más respetado” (¿respetado? ¿por quién?, ni los propios vigilantes le tienen confianza pues conocen de todos sus trucos). También siguen con el mismo rollo de los cropcircles y las supuestas profecías mayas.

Pero además de ofrecer la misma basura de siempre, ahora la envuelven en el cuerpo de una “teoría” que han ido construyendo en varias etapas.

En primer lugar están hablando de “puertas dimensionales”, “portales”, “vórtices dimensionales”, “agujeros de gusano” o “agujeros de gusano dimensionales”. Muestran algunos videos, como el obtenido por las cámaras de seguridad colocadas en las calles de Ramos Arizpe, Coahuila. De inmediato aclaran que “no son aberraciones de las lentes” (que es de hecho de lo que se trata). Alguien les ha de haber dicho de esto, (alguno de sus técnicos pues ninguno de los dos tienen la capacidad ni los conocimientos suficientes) pero ellos no podían desperdiciar este material y se colocan como expertos afirmando que aquí no se presenta una aberración de las lentes.

Muestran, también, varias fotos enviadas a Yturria desde Inglaterra. Dos de estas fotos fueron tomadas en Sussex y muestran, sin duda, los famosos “globos de cantoya” o globos de aire caliente de los que hemos dado noticia en este blog.

Jimmy y Tiago mezclan todo en un cocktail indigesto, y así dicen que la aberración de lentes y los globos de aire caliente representan un nuevo fenómeno en la ufología. Afirman que se trata de nueva tecnología utilizada por los marcianitos verdes (bueno, eso de los marcianitos lo digo yo, ya que ninguno de los susodichos se atreve a mencionar nada que tenga que ver con el tal Noguez). Según ellos “esta nueva tecnología, de alguna manera dobla el espacio-tiempo”.

En una extraña carambola a ene bandas, a partir de las fotos de Sussex y el video de Ramos Arizpe, relacionan México con Inglaterra y continúan con el supuesto vínculo entre los cropcircles (de Inglaterra) y las profecías de los mayas (de México). La “relación” es “clara”: en Inglaterra los marcianitos verdes nos muestran “signos en la tierra” (los cropcircles), pero en México los mismos marcianitos, que continúan siendo verdes, nos presentan “signos en el cielo” (las flotillas de globovnis).

Años atrás había iniciado la moda de “humanoides voladores”. Entre los primeros en filmarlos estuvo Salvador Guerrero, que no se quería quedar a tras de Gil en las preferencias de Maussan. Por ello comenzó a filmar globos con las figuras de Bob Esponja y Buzz Lightyear. No, no es algo que yo digo, es algo que me contaron los mismos maussanitas (vigilantes) en un congreso de platos voladores.

Pues bien, ahora han aparecido otros camarógrafos como Horacio Roquet, que por lo menos tiene dos videos de humanoides voladores en su currículum (con lo difícil que es ver platos voladores y éste ya filmó dos humanoides voladores) y me parece que la maestra de primaria Ana Cid también ha filmado algunos “marcianitos voladores”. ¿Ridículo? Bueno, a estos vigilantes no parece que les importe.

Cuando hace años publiqué una nota sobre “marcianitos voladores”, en la que mencionaba los recortes presupuestales que habían sufrido los proyectos de exploración de los marcianitos (ya no enviaban platos voladores sino burbujas espaciales con las cabezas de los tripulantes), no me imaginaba que la recesión en Marte, y en Zeta Ridículi, estaban imparables. Ahora ya no les alcanza ni para esas burbujas espaciales.

Pero no hay problema. Los marcianitos verdes han descubierto una nueva tecnología: ya no necesitan de platos voladores ni de burbujas espaciales. Ahora envían a sus “astronautas” directamente a través de, sí, lo adivinaron: ¡portales dimensionales!

¿Pruebas? Los videos y las fotos de los mismos “portales”; los videos de los marcianitos voladores; los videos de ¡brujas voladoras! (como la que dice Jimmy que atacó a un policía en Monterrey); y no podía faltar el video del caballo volador.

¿Qué esto es poco? Esperen, no subestimen la estupidez de los ufólogos. También está el marcianito de Yucatán “aparecido de ninguna parte” (¿viajando a través de un agujero de gusano?).

Ya lo dijo el superfísico de Maussan, Jorge Herrero: en el lugar hay una distorsión del espacio-tiempo, un vortex que se abre y se cierra. La radiación estaba en el lugar, en el espacio, flotando, como un agujero. Jaime explica que en el sitio encontraron “radiaciones de alta y baja frecuencia” (¿me podrían explicar qué es una radiación de alta frecuencia? ¿hay radiaciones de frecuencia media o de frecuencia modulada?)

Según Herrero la radiación es mayor que la que se encuentra en Chernobyl. Pero no se preocupen, no hay que movilizar a la población. Herrero dice que esa radiación no resulta dañina.

Después de todos esos videos de humanoides, brujas y caballos voladores ¿qué podría ser tan grandioso para dejarlo como la cereza del pastel? ¿Qué les parece unos ángeles y una virgen voladora?

El mundo de Jimmy Mouse y Tribilín no le pide nada al de los hermanos Grimm. Ahora nos presentan el video de otro vigilante con escenas de ángeles bailando en medio del cielo. Y de los autores del Caballo Volador, la nueva película: La Madonna de los globitos.

Aquí pueden ver una versión de este video sin los molestos logotipos del programa de Mouse. Y acá la sorprendente investigación del Capitán Ventosa sobre el video del caballo volador, y la Madonna que fue mandada construir por el propio Antonio Urzi y Sibilla Sabrina (los testigos de Jimmy) y cuya factura de 5,500.00 euros nunca pagaron.

Estos ufólogos son verdaderamente patéticos.

Fraudes ovni en América Latina del siglo XIX

De meteoritos y Marcianos: Fraudes ovni en la América Latina del siglo Diecinueve

Por Christopher Conway

Como Fox Mulder de los X-Files, “deseo creer”. Pero no es una cosa fácil. Tome, por ejemplo la peculiar historia del siglo diecinueve, de un fraude ovni en Latinoamerica que involucra un meteorito, un marciano y extraños artefactos evocadores de una mitología más contemporánea de los ovnis.

Los entusiastas de los ovnis han sabido durante mucho tiempo sobre la oleada de las naves aéreas de 1896 y 1897 (y aquí), cuando los periódicos del oeste y medio oeste fueron llenados de historias dramáticas de los habitantes de la ciudad y del país observando ovnis de lento movimiento y sus excéntricos pilotos (que parecían ser humanos y de maneras extrañamente mundanas, no extraterrestres). Algunos periodistas entonces creían que estos visitantes eran de Marte. De hecho, H.G. Wells publicó su novela seminal sobre una invasión marciana, La guerra de los mundos, casi al mismo tiempo, en 1897. Más recientemente, otros han argumentado que estos dirigibles eran las primeras máquinas voladoras pilotadas por inventores humanos de pensamiento adelantado (ver también aquí) que nunca tomaron el crédito de la oleada ovni. No soy ningún experto en el asunto (¿podemos hablar de expertos en esta materia?) pero mi opinión es que los fenómenos de la nave aérea eran una clase de carta en cadena periodística que atrapó la imaginación de los redactores y se dispersó como fuego salvaje con poca o nada de base en la realidad. Al menos, esta es una suposición razonable si consideramos un fraude muy interesante de ovnis en el siglo diecinueve en América Latina.

¿Por dónde comenzar? Por años, como erudito de literatura, he estado leyendo periódicos mexicanos del siglo diecinueve. Amo trabajar con tales periódicos porque están llenos de materias al azar: anuncios de cremas de afeitar o pomadas, cartas furiosas, espantosos asesinatos y otros crímenes. Cavar en estos viejos periódicos es realmente como cavar a través de un almacén antiguo. Puedes buscar X, pero aparecerá A, B, C, D, E… etc. Ya que estoy interesado en astronomía, los artículos sobre meteoritos, cometas y otros fenómenos aéreos han captado mi atención. Por ejemplo, está la historia de 1880 sobre un meteorito del tamaño de la Luna que iluminó todo con su estela en enero de 1880 y la historia de 1896 acerca de dos niños que murieron en una casa que fue golpeada por un meteorito. En julio de 1871, el periódico El Siglo XIX republicó un artículo corto firmado por E. L. Abogado del periódico El Ferrocarril, indicando que el 21 de julio un fenómeno “muy curioso” fue observado en el cielo de la noche: un meteorito azulado en la forma de un cometa pequeño fue visto haciendo arcos al sureste mientras dejaba una luz y un rastro luminiscente.

A veces también aparecen en estas páginas peculiares fenómenos aéreos, pero en mi experiencia, refiriéndose sobre todo a otros países. El gran terremoto de 1842 en Haití, según El Siglo XIX, fue precedido por un extraordinario meteorito que se movía hacia el Este sobre Puerto-Au-Prínce. Me pregunto si esto está confirmado por registros históricos. En un extracto de Le Courier des E-Unis (¿un periódico en lengua francesa publicado en los E.U.?), sabemos que la Luna se hizo roja sobre Fort Leavenworth, Missouri en junio de 1843, una cruz negra apareció en su cara y se vieron arco iris circundándola. En un artículo de 1873 acerca de sucesos extraños en Haití, el autor discute sobre las maravillas de la ciencia y nos cuenta sobre la bola de electricidad inteligente, felina, que voló alrededor de un sastre francés, yendo de esta manera antes de subir a través de una chimenea y estallar, y el extraño meteorito que cayó en Wisconsin para permanecer suspendido sobre la tierra y después volar hacia arriba otra vez.

Suficientes digresiones. El artículo del ovni que atrapó mi atención fue titulado Enorme Aerolito (Enormous Meteor) y publicado en noviembre de 1878 en El Siglo XIX. Es una pieza corta, no más de diez líneas, indicando que, había sido encontrado en América Central, un meteorito hueco conteniendo un ánfora y un pequeño cuerpo humano cubierto. Escribí las palabras claves en Google y, por coincidencia tropecé con una fascinante entrada de blog titulada “Ovni caído en Carcarañá”, del blog Otras Alternativas, que pertenece a un programa de radio fuera de la ciudad de Rosario, Argentina. Al parecer, y tristemente (aunque no se porqué me sorprendo), el artículo fue tomado sin ceremonia, sin atribución, de un anterior articulo de Fabio Picasso publicado en 2004 en el Web site de Revista Investigación. (¿Por qué la gente hace eso? Es muy triste.) De todos modos, Picasso hace un buen trabajo de documentar su investigación de archivo. Veamos algunos puntos sobresalientes de lo que él dice.

En 1877, apareció un artículo en un periódico de Rosario llamado La Capital titulado ¡Eureka, Eureka! En él, un hombre que se llama “A. Serarg” informa haber venido de la ciudad de Carcarañá por motivos de salud y el “colosal” descubrimiento de un meteorito negro en un campo. Medía más de cien pies de longitud y casi cien de diámetro (las medidas exactas estaban dadas en varas, 45 de longitud y 30 de diámetro, y estoy calculando cerca de 3 pies por vara que es más o menos correcto según he podido investigar). El señor Serarg consigue a un geólogo, el señor David, a un hombre llamado señor Paxton, y a un campesino local llamado Jesús Villegas para volver con ellos al meteorito. Los hombres logran romper el exterior del meteorito negro y descubrir un compartimiento dentro del meteorito. En esta cámara, remetido en una esquina, encuentran un ánfora hecha de metal plateado, perforada con muchos diminutos agujeros y conteniendo extrañas inscripciones. Descubren otro compartimiento en el cual encuentran un cuerpo pequeño, extraño, cubierto, de una persona calva con una cara plana, una boca pequeña con catorce dientes y un pequeño trompo o protuberancia para la nariz. Cerca localizan una pieza de plata que contiene una foto de un rinoceronte, de una palmera, de nuestro sol y de nuestros planetas del Sistema Solar. Lo curioso es que a Marte se le da prominencia en esta foto elemental, infantil, estableciendo que el meteorito o el artefacto era de origen marciano, el cuerpo de un habitante de ese planeta y el mensaje divino que dios no sólo había poblado la tierra sino también otros planetas. Wow. ¡Una caída de Roswell en la Argentina de 1878! ¿Podría ser verdadero?

Pero Picasso es un detective asombrosamente bueno. No resumiré todas sus labores aquí pero déjenme contar la parte más importante. Picasso descubrió que esta historia se originó en Francia en 1874 y viajó a la Argentina tres años más tarde, apareciendo en el periódico de Rosario ya mencionado La Capital. En su encarnación francesa, la historia del marciano, es idéntica a la que apareció en La Capital, con excepción de que el incidente ocurre en ¡los Estados Unidos! Un año más tarde, en el verano de 1878, la historia viaja de la Argentina a México, en donde aparece en el periódico titulado El Defensor de la Constitución, del Estado de Zacatecas. Esta versión, que no he visto, al parecer localiza el incidente en Carcarañá, así que parece que los redactores oyeron hablar de él de alguna manera de La Capital. Varios meses más tarde, otra versión aparece en México, el cuento que encontré en la edición de otoño de El Siglo XIX, pero esta vez colocan el cuento en alguna parte de América Central. Es casi como si alguien hubiera recordado leer el artículo de Zacatecas y hubiera decidido que Carcarañá estaba en América Central y no en Argentina. O tal vez otra vez, la historia del marciano también apareció quizá en un periódico de América Central. Sea como fuere, la versión de centroamericana de la historia volvió a la Argentina en 1879, donde aparece en el periódico El Constitucional de Mendoza. Gracias al trabajo detectivesco de Picasso, y nueva evidencia de El Siglo XIX, está claro que el marciano latinoamericano era sólo un cuento.

Hay algunos informadores nativos de Carcarañá que recuerdan haber oído sobre una “lluvia de fuego” o un meteorito que cayo cerca del pueblo de sus antepasados. Pero nadie parece recordar mucho más, y definitivamente nada sobre una momia pequeña de Marte. Parecería que la historia más lógica sería que alguien inventó la historia del marciano y la plantó en el periódico La Capital, y de alguna manera, a propósito o no, encontró nuevas encarnaciones en México.

Sería precipitado generalizar demasiado sobre las lecciones que podemos aprender de este caso, pero no es difícil pensar sobre las formas en que los periódicos reciclaron noticias no fiables e inventaron otras en el siglo diecinueve. Las naves aéreas de 1896-1897 no eran quizá nada más que un cuento. Desearía que fueran algo verdadero, para ser honesto, porque “deseo creer”. Pero, hecho o ficción, constituyen uno de los capítulos más interesantes de la historia de los ovnis, junto con el marciano latinoamericano de Carcarañá.

http://drconway.wordpress.com/2007/05/16/of-meteors-and-martians-ufo-hoaxing-in-nineteenth-century-latin-america/

Agradezco al doctor Conway su autorización para traducir y publicar este trabajo.

Independiente de Fabio Picasso, y muchos años antes que él, el psicólogo Héctor Escobar ya me platicaba de este engaño allá en los noventa, cuando hacíamos la revista Perspectivas Ufológicas. En ese caso no le presté atención porque estaba metido en otros rollos ufológicos, pero ahora me gustaría publicar su versión. ¿Estás por ahí Héctor?

Trancas, Tucumán: El Informe Final (2)

Por Roberto Enrique Banchs

TESTIMONIO DE NALLIBE, YOLANDA MORENO EBAICH:

Nació: Trancas, Pcia de Tucumán, 30 octubre 1925.

Estudios: Profesora de inglés; y de corte y confección.

El día había transcurrido normalmente. Pasadas las 21 horas los integrantes de la familia Moreno se encontraban acostándose; algunos leían, descansaban y acomodaban a los niños.

En cierto momento, la doméstica Dora Martina Guzmán apareció en las habitaciones exclamando muy temerosa –tal es su personalidad- que había unas luces afuera cuyo origen desconocía, aunque supone que estarían buscando a alguien. Yolanda cree que podría tratarse de un ómnibus de la empresa donde se desempeña su hermano Antonio, pero ya hacía un par de horas que pasó el último, y le resta importancia al episodio.

Dora lloraba en la cocina e insistía con sus observaciones. Finalmente, Yolanda decide salir de la habitación y dirigirse por detrás de la vivienda pensando que por algún problema hubieron venido a buscar a su hermano, ausente en esos momentos. La puerta del frente se encontraba cerrada siempre por seguridad. Entonces miró hacia las vías distantes unos 200 m, notando la presencia de dos luces.

Se veía entre medio de ellas cruzar unos cuerpos de aspecto humano (11, 12 o 14). Pensó que eran operarios de la cuadrilla ferroviaria, que estarían reparando algún desperfecto vial, de noche, para evitar accidentes. Luego descartó esta posibilidad, sin saber porqué. La noche estaba muy oscura, no había Luna visible y la temperatura cálida.

“Yo he visto bultos de personas que se cruzaban –dice-, las observé durante más de diez minutos, cuando la muchacha me pidió ir a ver las luces en la vía; caminaban permanentemente, eran como personas normales que las ve a 200 metros. Pensaba que transitaban observando las vías, porque se veía movimiento entre ellas, un andar algo lento sin dificultad”. Alertados por Yolanda, todos pudieron ser testigos de las siluetas.

Habían empezado a transpirar y a toser “como si un humito de azufre nos ahogara”, dice. Afuera escuchaba un “ruido raro, como de un taller, así se escuchaba de los aparatos”, afirma Yolanda. Aunque antes que se hiciera de noche, había empezado a escuchar un sonido semejante a una zedilla oscilante que le llamó la atención, pero como entonces se hablaba de nuevos aviones, pensó que de eso se trataba.

Volvió a la casa y regresó con Dora provista de una linterna grande y un revolver 38 largo (n: el detalle del arma no aparece en ninguna de las versiones de la época, que solo citan la linterna). Jolié también había salido, pero regresó con miedo pensando que irían a secuestrar a los niños.

Cuando salieron enfocó con linterna y al instante, se sintió enceguecida por las luces. Pero “ningún daño nos han hecho”, aclara. “Cuando alcancé a ver el vehículo y apunté con mi linterna, quedé ciega. Ya no podía caminar porque estaba enceguecida”. Este aparato situado a unos 6 u 8 metros, tenía una suerte de ‘torre’ cilíndrica y domo. Parecía no tocar tierra y daba la impresión de tener forma redonda con ventanas, expulsando un vapor que desde el suelo lo tapaba. “Lo grave es que yo le veía remaches”, nos dice Yolanda. “Remaches, remaches. Hecho por humanos que uno dice”. Ningún detalle más pudo observar.

Respecto a las siluetas humanas, más distantes, señala: “Las dejé de ver cuando nos han enceguecido. ¡Qué vamos a ver ya, con los reflectores en los ojos, con la desesperación de todos…!”, exclama.

“Yo también tambaleé al prender la luz y enceguecerme, he tambaleado, como si tuviera un poder; puse la mano en el suelo y me levanté, sin alcanzar a caerme. Dora daba cada grito que pudo haberse revolcado, pero no sé lo que le pasó a ella. No iba a atenderla, yo quería atender a los marcianos”.

Enceguecida y tambaleante retornó al interior de la vivienda. Fue entonces cuando se levantaron todos. Su padre Antonio quería salir, pero Jolié y Argentina se esforzaron para disuadirlo. Su madre, Teresa, miraba enceguecida a través de la ventana. La luz daba la impresión de atravesar puertas y paredes. Se trataba de una luz sin amplitud, de aproximadamente un metro de diámetro.

Provenía de todos los objetos. “La luz era muy blanca –indica-, encegueciendo de tanta claridad. No se apreciaban otras coloraciones. Era una flota impresionante, más de siete. Tres próximos a la casa y cuatro en las vías, según alcancé a contar. Era tal la cantidad de luces que quizás había más; tanta iluminación que enceguecía, no se podía ver”.

Nallibe continúa con su exposición: “La temperatura aumentó un poquito. No se si será por los nervios o por la venida de los ‘platos voladores’ (…), pero los niños se despertaron por los gritos, la bulla, lloraban y transpiraban al igual que los adultos. Así que sería algo que ocurría realmente en el ambiente”.

Un estado de nervios colectivo se había apoderado de las cinco mujeres. Inclusive, Argentina “le pegó un sopapo a Jolié, algo así, ella sintió un golpe en el rostro; de lo que gritaba le han dado una bofetada”. Mientras tanto, Argentina decía: ‘¡Me van a llevar los marcianos al bebé!’; tenía miedo y lloraba por su hija Victita. “Pero ninguna –dice Yolanda- hemos tenido miedo, la verdad. Si hemos vuelto sin llegar al aparato fue por nuestros padres. Ninguno hemos tenido miedo”.

“Yo enfrentaba a mis hermanas me pedían que no saliera (…). Mi madre lloraba y el papá viejito (n: fallecieron en 1977 y 1965, respectivamente), pedían que no saliéramos. Y mis hermanas llorando recriminándome por mis padres. Pero estaban acá, en la propia casa: en la esquina del jardín, en el gallinero, en la esquina del cerco, en las vías”.

Yolanda expresa su extrañeza porque Dora aparece con el rostro enrojecido, a diferencia de los demás. “¿Será porque ella tenía miedo?”, se responde a modo de pregunta. No obstante, Yolanda le aplica una pomada para quemaduras (‘Pancután’). Según Yolanda, la doméstica no fue, al parecer, trasladada en ningún momento al hospital.

Como en varias partes del mundo se hablaba de platos voladores, se dieron cuenta que de eso se trataba.

Al disponer irse, todos los aparatos habrían procedido a encender sus reflectores, dando vuelta sobre sí mismos y dirigiéndose al cerro medina (situado a unos 20-25 Km hacia el este). “Sin dar vuelta el vehículo, los reflectores hicieron un giro y alumbraron todo”, nos refiere Yolanda. “Unas dos horas hemos estado observando el cerro iluminado como una ciudad a lo lejos; como una luz de un vehículo que se va”.

Los artefactos se marcharon en el mismo momento, “como si fuera ordenado por alguien. Alguien mandaba ahí. Se nota –sostiene Yolanda- que uno solo dominaba todo; cuando giró el que estaba al lado de la casa, todos se han movilizado. Han levantado vuelo y seguido en forma rasante todos juntos, pues, imagínese que los cables del ferrocarril Belgrano (que corren paralelos a las vías) apenas los habrían rozado, porque no había nada cortado. El ruido ya no se sentía tampoco”.

Luego se halló “una ceniza blanca”, donde estaban los aparatos. Yolanda reconoce que, pese a tener ciertas cualidades parapsíquicas, no intuyó la presencia de aquel fenómeno, ni tuvo sueños alegóricos relacionados con su experiencia.

Consultada sobre sus impresiones acerca de lo observado ese 21 de octubre, señala: “Aunque vea yo remaches en las ventanas, es que no son personas de acá, por la precisión del aparato, modo de desplazarse y mantenerse suspendido, marcas, tenga la seguridad que son de otro planeta”.

En una modesta vivienda ubicada detrás de los galpones de la finca, se encontraba el peón Huanca (fallecido en 1986). Sus hijos habían salido. Uno de ellos, ‘Cucha’, es quien debía llegar en camioneta. Según Yolanda, su padre también observó el fenómeno, pero le manifestó su deseo de no declarar. Junto con el jardinero José Acosta se levantaron ante los gritos de las mujeres, pero afirma que no han salido por temor.

EL TESTIMONIO DE ARGENTINA DE JESÚS MORENO DE CHAVEZ

Nació: Trancas, Pcia. De Tucumán, 10 junio 1929.

Estudios: Magisterio. Cursó el primer año de Derecho, y abandonó.

Aquel 21 de octubre había viajado de Rosario a San Miguel de Tucumán, y desde allí lo hizo hasta Trancas. Le acompañaban sus dos pequeñas hijas Victoria y Nancy, estando grávida de su tercera niña, Cristina.

Llegó muy cansada, cenaron a temprana hora algo liviano, y se recostó a leer unas revistas, mientras sus hijas dormían en la misma habitación. De pronto, apareció Dora requiriéndola para ver lo que estaba pasando, pero no le hizo caso, pues estaba interesada en su lectura y cansada. Pero ella insistía, ingresando reiteradas veces en la habitación, a lo que Argentina le respondió que se marchara, pues iría a despertar a sus padres, quienes dormían profundamente desde hacía más de una hora. Dora le explica entonces que Yolanda no sabe qué están haciendo en las vías.

“Yo pensé que iba a ver gente y que habría un vehículo del ferrocarril, porque eso me había dicho Dora: ‘Ahí hay gente que va y viene por las luces de la vía’, dijo. Y le pregunté, ¿cuántas personas?: ‘¡Ah, muchísimas personas –dice Dora-, son como doscientos que van y vienen!, y cree la niña Yolanda que están levantando las vías, haciendo sabotaje’. Ella veía sólo las siluetas –continúa Argentina-, sin poder apreciar detalle alguno; entonces recién me preocupé y me levanté”.

Cuando lo hizo, según la testigo, tanto su hermana como la doméstica se habían ido a sus respectivos dormitorios. Dio la vuelta por detrás de la casa, y al salir observó un fenómeno que no pudo comprender. Muy asustada retrocedió sin dar las espaldas hasta quedar a resguardo y entró corriendo a los gritos. Despertó a sus padres, y alertó a todos diciendo estar rodeada de platos voladores. “¡Oh, Dios mío!, estos son OVNIs, me asusté mucho, quédense todos tranquilos y quietos, nadie salga porque estamos rodeados de platos voladores, les digo”.

Se trata de cinco luces que estaban sobre la tierra. “No sé si estaban apoyados o qué, pero estaban ahí”, señala.

“Cuando salí y me volví, vi uno solo. Pero cuando fui a buscar a mi pare noté que había cinco. Uno al frente, otro estaba para tras en el monte y había tres sobre las vías. Vale decir tres juntos y uno. Ya tras de la casa en el monte, el quinto, que alcancé a ver cuando fui a buscar a mi padre. Ese tiene que haber estado en el aire”.

Argentina muestra curiosidad por la intensa oscuridad de la noche, tenebrosa, sin Luna ni viento, ni humedad. “Había una tranquilidad impresionante”.

Durante unos momentos permanecieron en el interior de la finca, hasta que salió el padre hasta el portón, pero su hija tras él, le tomó firmemente de la mano, mientras observaba con mayor atención, y le pidió regresar, pues tenía angina de pecho: “No papi, no sabemos qué es eso, ¿si son de otro planeta?… no sabemos si son buenos o malos, le dije, volvamos por favor”, y su padre atendió sus ruegos y razones.

Al ingresar nuevamente, Argentina cerró todas las puertas y ventanas, permaneciendo allí, expectantes de lo que ocurría. A través de los postigos observaban el desarrollo de las acciones.

Argentina tuvo la impresión de que había algo descompuesto, pues se escuchaba por momentos una suerte de golpeteo (un ‘trac… tac…’). Sostiene la testigo que “era un ruido como de una máquina, un sonido suave: ‘trun-ca-tr’; era como una cosa que daba vueltas, algo así. ¡Era el de una máquina que estaba en funcionamiento! No era ensordecedor y solamente lo hacía el aparato que estaba cerca. No lo hacían los otros, de los que sólo se veían las luces”. Argentina intenta precisar: “Eran luces grandes que se veían de lejos. Luces nada más, blancas”.

En cierto momento Yolanda salió con la doméstica y desde un artefacto situado más próximo a la vivienda, fueron encandiladas sorpresivamente, recibiendo “un golpe de luz”. Ahí se volvieron corriendo y no salieron. Tenía las luces apagadas y sólo se advertía la forma de unas ventanas de apariencia cuadrangular, oscuras en su interior. No se podía observar si tenía algún tipo de anillo que lo rodeare, u otros colores. “Lo que sí vi –dice la testigo-, era una especie de fuego que uno prende, que arde. De a ratos lo veía y de a ratos no. Eso sí, llegué a ver más llama en los que estaban más distantes”, afirma resueltamente.

“Lo que yo vi –prosigue la testigo- era un aparato. Ahora podría ser un aparato de acá también, pero me dio miedo porque dije: ‘¡qué aparato raro está ahí!, ¿quién está usando ese aparato? No sabemos quiénes son”.

Sin embargo, Argentina no sabe precisar la forma que tendría ese artefacto cercano, porque era tanto el vapor blanco que arrojaba por abajo y de a ratos una llama, que no permitía distinguirlo. Lo que notaba estando fuera –insiste- fue “ese ruido como una máquina suave, como un motor; como algo que daba vueltas en aquel momento (‘chiqui-chiqui-chi’, algo así)”, sin lograr acertar con su onomatopeya, aunque advertido por todos los azorados testigos.

Al preguntarle si podría tratarse de un artefacto de manufactura terrestre, Argentina Moreno respondió: “… Puede ser. Se ve que era un elemento material. ¡Podría ser!, es muy factible”.

Cuando la luz las envolvió, Dora exclamó: ‘¡Hay, me quemaron!’, llevándose las manos al rostro. Argentina se asustó, creyendo que efectivamente la habían quemado y le pidió que retirara sus manos para inspeccionar qué tenía, pero la doméstica se negaba y Argentina debió retirárselas. “Entonces le pregunté: ‘¿Me mirás bien, me mirás a mí, sí?, ¿pues qué te pasa?’ ‘Nada’, me responde. ¡Es que el calor le hizo asustar! Se ve que la luz daba mucho calor. Cuando ellos enfocaban se nota que esa luz producía un calor impresionante”. Esto parece haber sido corroborado por su hermana Yolanda. Argentina también afirma que Dora no fue tumbada por la luz, ni tampoco atendida en el hospital por presuntas quemaduras, como indica una versión, aunque había quedado vivamente impresionada.

En esas circunstancias, ninguno de los perros que solían andar sueltos por los patios, en la galería, ladró. Es más, no recuerda haberlos visto. Pero sí escuchó a un animal (vacuno o caballar) que se inquietó, así como las aves del corral, en particular las gallinas, que se despertaron y empezaron a cacarear cuando desde el aparato más cercano se dirigió un haz de luz blanca, sin bifurcación y de unos dos metros de diámetro, hacia el corral. Cuando retiraron la luz, no se las escuchó más. Fue un haz directo, instantáneo, que se mantuvo un rato alumbrando.

“Todas lo vimos, porque estuvimos por las ventanas observando a través del vidrio, ¡y no sé de dónde salió que atravesaban las paredes! ¡No!, no es cierto. Nunca las atravesó”.

RB- Pero, ¿Entonces no se iluminó el interior de la casa, como se dijo?, preguntamos.

AM- “Ah, por supuesto, se aclaró cuando vimos eso. El haz de luz fue impresionante. Nosotros teníamos las ventanas vidriadas y por ahí estuvimos observando. De a ratos alumbraban. Será para saber si habían…, es cuando resolví que cerraran todo, los postigos. ¡Todo! Pero nunca la luz traspasó las paredes. El calor sí”.

Después la familia continuó atisbando, y saliendo, pero Argentina se fue a su dormitorio y de a ratos, entreabriendo las ventanas, observaba el fenómeno esperando que se retirara.

Aunque ese día no había sido caluroso, la temperatura resultó agradable. En cambio, durante el prolongado avistaje –según relata- parece haber sido muy elevada, pues las criaturas estaban transpiradas. Argentina reconoce no haberse percatado por sí misma del aumento térmico, debido a su estado de nervios y temor que la embargaba, pero lo advirtió al ver que los pequeños transpiraban profusamente. Les secaba las cabezas y les mudaba de ropa, cuando sus hermanas exclamaron: ‘¡Bueno, se han ido!’ Les pidió entonces que se quedaran tranquilas, pues ya no tenían porqué temer. Los niños habían dejado de transpirar y continuaron durmiendo apaciblemente. Algo que la testigo no pudo hacer durante una semana después del acontecimiento.

Desde que vio el reloj hasta que desaparecieron pasaron 40 minutos, aunque supone que pudieron haber estado desde hacía más tiempo. No sabe cómo se alejaron, porque simplemente no los observó, pero pudo comprobar que después “quedó todo tranquilo, nos tranquilizamos todos y así pasó”.

Una vez que se marcharon, Jolié, Nallibe y Dora decidieron salir en dirección a las vías, notando una suerte de ligera neblina, flotando baja en el lugar y un olor raro en el ambiente. Menos animada, Argentina dispuso permanecer en la casa, al cuidado de sus padres y niños, mientras que en los fondos de la finca, dos familias de peones que habitan allí dicen no haber visto ni escuchado nada.

“Lo que vi me impactó muchísimo –nos comenta Argentina-, y ahí nació mi curiosidad por saber qué pasa con esto. Y me preocupa mucho. Como yo lo he mirado en ese momento, dije ‘ese aparato está hecho acá, y de alguna potencia’. Cuando lo vi pensé que nos podía pasar algo porque habíamos visto un aparato de alguna potencia extranjera, que nos podría causar daño, a la familia[1]. Eso pensé primero. Después me puse a analizar y cómo esa luz, y cómo el calor, y porqué esa noche estaba tan tenebrosa, y porqué no vinieron otra noche clara. Y así empecé a analizar esas cosas…” También reconoce haber leído por ese entonces de otras experiencias similares ocurridas en el país (por ejemplo, el caso de Monte Maíz, Cba., el 11/12 de ese mismo mes) y en el extranjero.

“Todos quedamos de acuerdo en no contarlo a nadie –señala-, porque era una cosa muy rara. Mi hermana ‘Porota’ (por Jolié) envió por la mañana un telegrama, alegando que tenía miedo de dormirse. Hizo un telegrama por ferrocarril a mi hermano, el abogado (Antonio), que estaba en Tucumán. El ferrocarril lo pasó –como es su modalidad- de estación en estación. Cuando el telegrama llegó a la ciudad, medio mundo ya conocía la noticia. ¡Mi hermano se enteró antes que le llegara el telegrama a su casa! Supe que iría a tener problemas, y así fue. Además, nunca perdonaré que nuestros maridos, hasta el día de hoy, se mostraran escépticos de lo que vimos”.

Continuará…


[1] Deseosa de contárnoslo, agrega: “Si ve el libro de denuncias sobre OVNIs, va a ver el caso de una señora que dice haber sido secuestrada y la dejaron en un cementerio, paraguaya creo que era. ¿Sabe cómo se llama?: Yo me acuerdo por la sigla “A.M.”, y dije Argentina Moreno. ¡Me buscaban a mí, se han equivocado! Bueno, me encierro en la oración”. La testigo se refiere a Adela Martínez de Pascucci, Quilmas (2 julio 1968).

Trancas, Tucumán: El Informe Final (Primera parte)

TRANCAS, TUCUMÁN: EL INFORME FINAL[1]

Roberto Enrique Banchs

El 21 de octubre de 1963, en hora de la tarde, el centro de atracción para el periodismo argentino lo constituía la visita a Buenos Aires de Werner von Braun, genio indiscutible que permitió a los norteamericanos pisar por vez primera la Luna y lanzar naves no tripuladas hacia la inmensidad del espacio. A las 19:30 horas comenzó su conferencia de prensa. Las preguntas de los periodistas llevaron al hombre de ciencia por distintos campos relacionados con su especialidad, hasta que –casi irreverentemente-, se le requirió la opinión sobre los “platos voladores”: “Yo nunca he visto ninguno, aún que las muchas noticias que he leído sobre ellos no me han impresionado tanto como para creer en su existencia…”, sostuvo.

A menos de dos horas de esas declaraciones y a unos 1,400 kilómetros, en Villa de Trancas, provincia de Tucumán, se producía uno de los hitos más importantes en la historia de los no identificados. Se trataba de un episodio que ha sido considerado como “un caso inatacable (y) una prueba irrefutable” dentro del voluminoso y extraño legajo de los OVNIs. “Quizás –también se ha dicho- uno de los hechos más excepcionales del historial del problema OVNI”, debido a la cantidad y calidad testimonial, la prolongada visualización y el hallazgo de residuos físicos en el área, constituyendo “la más poderosa evidencia” a favor de los fenómenos inusuales. Desde entonces, el caso Trancas se convirtió en “el superclásico de la ufología mundial”.

El presente informe consiste en un detenido y pormenorizado análisis de la investigación iniciada en septiembre de 1971 y retomada en profundidad en mayo de 1987, a través de numerosísimas entrevistas y cuidadosos diligenciamientos. Para tal propósito, ha sido preciso confrontar los testimonios actuales con los ofrecidos en aquella época, a través de la primera versión ofrecida por los periodistas de La Gaceta, de Tucumán, Arturo Álvarez Sosa y Ventura Murga, seguida por las del escritor Eduardo A. Azcuy unos días después, el capitán de fragata Omar R. Pagani al año siguiente, y la de Oscar A. Galíndez lograda a siete años de producido el episodio.

Asimismo recurrimos a documentos no susceptibles a deformación alguna, como los registros meteorológicos que nos suministró para esa hora y lugar la Fuerza Aérea, el informe del análisis químico de la Universidad de Tucumán, la compulsa histórica de los diarios de la época referidos a acontecimientos simultáneos a la observación de Trancas, especificaciones técnicas de la Secretaría de Guerra, y otros de carácter objetivo. Todo esto para disponer de datos confiables y fácilmente verificables.

Habida cuenta del inesperado giro que deparó la investigación, procedimos a publicar algunos artículos preliminares en Italia, España y Argentina[2]. Previendo que su contenido iría a generar una agitada polémica, el italiano Pier L. Sani señaló: “Los iluminados de siempre amarán creer, de salvar a cualquier costo el ‘misterio’ de Trancas”, mientras que el belga Wim van Utrecht nos advierte: “Los soñadores no estarán contentos con sus hallazgos, pero para un investigador serio sólo la verdad importa (…); noto que los ufologistas parecieran tener mayor dificultad en aceptar una explicación, que una vocinglería sensacional”. Los acontecimientos lo demostraron.

UNA SÍNTESIS DEL CASO TRANCAS

El lunes 21 de octubre de 1963, Argentina (28) y Jolié (21) Moreno llegaron con sus pequeños hijos Victoria, Nancy y Guillermo, de Rosario, provincia de Santa Fe –donde residían- a San Miguel de Tucumán, y de ahí hasta la finca “Santa Teresa” en Villa de Trancas, donde se reunirían con sus padres, Antonio (72) y Teresa (63), y su otra hermana, Yolanda (30). Un motivo de esta visita era que sus maridos, ambos oficiales del ejército, debían participar en unas importantes maniobras militares previstas para esos días, y en la madrugada partirían en tren desde Tucumán a Salta, pasando por Trancas.

Cenaron muy temprano y exhaustos por el viaje, todos se fueron a descansar a sus habitaciones. Cerca de las 21 horas, la doméstica Dora Guzmán (15), que se hallaba en los fondos de la vivienda, aparece una y otra vez insistiendo en que veía luces sobre el terraplén del ferrocarril, situado a 200 metros al frente de la finca. Los padres dormían, mientras que Argentina seguía atenta a su lectura, Jolié le restó importancia –pues debía darle el biberón a Guillermo, de 4 meses-, y Yolanda (Nallibe) al escucharla pensó que sería un ómnibus. Finalmente, persuade a las hermanas para verificar las ‘luces raras’ que estaba viendo. Se trataba de un conjunto de cinco luces, distantes entre sí a no menos de 100 m, tres al frente y dos un poco más al norte (noreste). Se encendían y apagaban con cierta intermitencia, arrojando haces lumínicos en distintas direcciones, iluminando incluso la finca (vivienda, gallinero). No tenían forma discernible, presentando el aspecto de focos de luz. Las asustadas mujeres sospecharon que podría tratarse de un accidente ferroviario (es frecuente que el tren se lleve por delante algún vacuno), o que podría ser una escuadrilla de operarios reparando las vías, pues a unos 500 m, o más, hacia el norte, visualizaron unas siluetas humanas desplazándose en torno a los reflectores.

El temor fue mayúsculo cuando Yolanda arriesga la posibilidad que podrían ser guerrilleros haciendo un sabotaje (levantando las vías, o colocando una bomba), recordando los episodios de la incipiente guerrilla rural de Taco Ralo, al sur de Tucumán, hacia fines de 1962. Es que los maridos de Argentina y Jolié pasarían por allí en cuestión de horas en un tren militar y, además, ellas se encontraban solas, su padre enfermo y sus pequeños hijos desprotegidos. En busca de otra explicación, una de las hermanas recordó haber leído que en varias partes del mundo se habían visto platos voladores, y especialmente el caso del camionero Douglas (quien días antes –en Monte Maíz- había visto un aparato con varios seres que lo habrían quemado con un fino haz de luz), sugiriendo la posibilidad que fueran esas naves.

Entre corridas y encierros, decidieron salir para observar mejor, cuando ven una tenue luminosidad verdosa y pensando que era la camioneta conducida por un peón que trabaja en la finca, van hacia la tranquera.

De pronto, a unos 8 metros de ellas, se encendió una luz que las encandiló, pudiendo notar por un instante, que había un aparato de unos 8 x 3 m, provisto de una torreta, y con gajos y grandes remaches dispuestos en su superficie. El impacto fue tal, que Yolanda trastabilló, tropezó, y en segundos estaban refugiadas nuevamente en la casa. La doméstica, de 15 años, entró exclamando que la habían quemado, pero Argentina y Yolanda comprobaron que sólo estaba asustada. A estas alturas todos estaban levantados. El padre intentando salir, era retenido presa de nervios por sus hijas, pues se hallaba enfermo. Con las puertas trancadas, desde la ventana (los postigos cerrados y por veces entreabiertos), atisbaban el fenómeno. Una de las jóvenes mujeres creyó que los haces de luz atravesaban las paredes, pero otra sostuvo que lo hacían a través de las rendijas. La misma creyó que los haces se extendían y retraían a voluntad, pero resultó que por momentos lo hacían a ras del suelo.

La situación era desesperante. La madre oraba, la doméstica lloraba, las hermanas gritaban y corrían de una habitación a otra, siguiendo las alternativas. Los testigos notaron el ambiente pesado, caluroso. Ese objeto más cercano (‘F’) emitía un ruido de máquina en funcionamiento, pero ya sólo veían de él un espeso y creciente vapor y unas luces, que parecían recortar seis ventanas, impidiéndoles apreciar si se hallaba suspendido a corta altura o posado en tierra (con posterioridad se encontraron allí los vegetales presuntamente aplastados).

Transcurrieron 40 minutos, hasta que el objeto ‘F’ –que parecía comandar las acciones- se desplazó hacia el este y los demás siempre en forma rasante hicieron lo mismo, hasta desaparecer en dirección de las Sierras de Medina, distantes a 20-25 Km.

Luego, corrieron hacia los vecinos para enterarlos del acontecimiento, pero son muy pocos los que vieron algo. El vecino lindero Francisco Tropiano alcanzó a ver pasadas las 22 muy iluminado el sector este del lugar, al frente de su finca.

Nadie durmió esa noche en lo de Moreno. Por la mañana Jolié fue a la estación ferroviaria rogando enviar un telegrama a su hermano Antonio (h), que vive en S.M. de Tucumán, a raíz del episodio. Cuando este recibió el mensaje –debido al procedimiento-, ya lo sabía gran cantidad de personas. Incluido el periodismo, que pronto se hizo presente. Luego, se solicitó la intervención de la policía, labrando un acta, custodiando el lugar durante días sin novedades, y requiriendo al Instituto de Ingeniería Química de la Universidad de Tucumán que examinara el polvillo blanco hallado en el sitio donde fueron observadas las luces, resultando ser carbonato de calcio con impurezas de carbonato de potasio.

Hasta aquí, una apretada síntesis del clamoroso encuentro. A fin de dar precisión al episodio, seguidamente, incluimos las respectivas versiones de las hermanas Moreno.

TESTIMONIO DE JOLIÉ DEL VALLE MORENO DE COLOTTI:

Nació: Trancas, provincia de Tucumán, 17 abril 1940.

Estudios: Secundarios en el Colegio Sagrado Corazón hasta 3er. Año, luego Liceo de Señoritas R. Escalada de S.M.

Jolié había decidido con su hermana Argentina ir a descansar unos días al campo, a la finca ‘Santa Teresa’, que sus padres poseen en la localidad tucumana de Trancas, al norte de la provincia. Así que viajó desde Rosario, SF, donde estaba residiendo, junto con su hermana, los dos pequeños hijos de ésta y el suyo, Guillermo, de apenas cuatro meses. Arribaron a S.M. de Tucumán el día 21, y desde allí se trasladaron en automóvil, en compañía de sus padres –Antonio Moreno (72) y Teresa Kairuz de Moreno (63)- a la citada finca.

Al atardecer no les fue posible poner en funcionamiento el equipo de luz, pues el motor a gasoil del tambo (instalado cinco años antes) se encontraba averiado, y ninguna conocía el sistema. Cenaron temprano y se fueron a descansar, después de un día agotador, cada uno con su lámpara para leer un rato antes de dormir. Sin embargo, Jolié debía quedar despierta porque su hijo tenía que tomar el biberón a las 21 horas.

Momentos después, aparece la mucama Dora Guzmán diciendo que no iría a lavar la vajilla esa noche porque tenía miedo. Su otra hermana, Yolanda (Nallibe Moreno), le inquiere cómo era posible si se ha criado en el campo, a lo que Dora le replica afirmando que hay luces raras. Pero nadie le dio importancia. Unos 20 minutos después regresó decidida a dejar la cocina como estaba y manifestando su deseo de irse a dormir a las habitaciones de las hermanas Moreno, porque tenía miedo. En tales circunstancias, Jolié opta por salir a ver qué pasa, pero nada ocurre. De modo que entra a la vivienda, prepara y le da el biberón a su bebé, quien continúa durmiendo. Al momento Dora retorna desesperada, expresando que las luces eran ahora mucho más intensas. Nuevamente se levantó tomando un abrigo con la intención de permanecer un rato fuera y ver qué ocurría en las vías del ferrocarril, las cuales estaban rodeadas de moreras y gran cantidad de arbustos.

Era una noche algo fresca y sumamente oscura. No veía nada inusual, cuando de pronto advierte sobre las vías como un tubo de luz fluorescente por donde transitan “personas”. A la distancia sólo nota las siluetas de gente que camina, siluetas de semejanza humana. Diez o veinte. “Parecía gente que caminaba a paso normal, simplemente. Era como ver gente maniobrando en algo, caminando, a 200 metros, justo al frente, como si se desplazara dentro de la luz; se veían siluetas nada más”, afirma Jolié.

Piensa de inmediato que esas eran las luces vistas por Dora, pero la doméstica le expresa que había visto otras. “No, esa es la cuadrilla del ferrocarril –le responde Jolié-, debe ser que alguna vaca que atropelló el tren esté siendo sacad de las vías”.

Creyendo una cosa así, regresan a la casa y le comenta a Yolanda la novedad, quien desea salir muy dispuesta a unírseles y comprobar lo que ocurría. Yolanda se ve entonces sorprendida por la potencia de la luz de la supuesta cuadrilla del ferrocarril, pero resuelve regresar en silencio, pues sus padres dormían, y pedirle a Argentina que cuidara de su niño, porque querían ir hasta las vías pensando que se trataba de un accidente.

Argentina les ruega que no vayan, convencida que se trata de un sabotaje y que estarían colocando algún explosivo en las vías. A raíz de ello, Yolanda (Nallibe) sacó un Colt 38 que tenía debajo de la cama y una linterna, saliendo al patio con la intención de dirigirse por el camino de acceso a la finca, donde hay un portón.

Cuando las tres se fueron aproximando, notaron una luz verdosa que pensaron se trataría de la luz de posición de la camioneta pick-up que tenía la familia, conducida por un peón, Huanta, y que empleaba para llevar los elementos rurales al pueblo. Dora dice: “Ahí está Huanta, le voy a abrir el portón”. Casi al decir eso, estaban sobre la tranquera. Nallibe enciende la linterna en dirección a la misma para abrirla, cuando advierten que la camioneta no era tal. La respuesta que se obtiene al pulsar la linterna es un haz de luz, que supone sería sólido, porque tiene la sensación que las voltea como un chorro de agua, arrojándolas al suelo. La doméstica, que estaba más adelantada dispuesta a abrir la tranquera, o portón, siente repentinamente una quemazón en el rostro.

Jolié señala: “Nosotras lo único que alcanzamos a ver en ese momento fue la parte de arriba del aparato, metálico, con gajos remachados, dándome la impresión que era un remache hecho por el hombre, es decir, por las manos humanas. Y de abajo no se podía ver absolutamente nada porque salía niebla, como un humo”.

El aparato descrito por Jolié daba la sensación de balancearse casi a ras del suelo, aunque no se veía nada debido a la abundante niebla, tanta que impregnaron los árboles de un fino polvillo.

Más adelante insiste: “Tenía 6 gajos y 6 tirantes. Esa fue mi primera impresión. Hecho por la mano del hombre. Los distinguimos cuando encendimos la luz. Después lo vimos más. En esa fracción de segundos fue cuando vimos los gajos”.

La reacción de las mujeres no se hizo esperar. Salieron corriendo, introduciéndose en la casa donde estaba Argentina, la segundogénita, quien a los gritos alertó estar rodeados de ‘platos voladores’. Fue entonces cuando desde el interior pudieron notar en el aparato una suerte de serpentina de colores (verde, anaranjado, rojo), a modo de muchas ventanillas, girando velozmente. La testigo calcula que tendría unos 8 o 10 m de diámetro con forma de sopera invertida, aunque lo único que se veía eran las luces y la niebla.

Siguiendo el relato de Jolié, este aparato estuvo allí lanzando haces de luz hacia la casa, sin darse cuenta cómo las lámparas que tenían encendidas iluminaron con tanta intensidad el interior de la vivienda. “Todos los objetos tenían su haz de luz, todos iluminaban como si fueran reflectores que necesitaban analizar la casa como si una inteligencia los estuviera dirigiendo”, a decir de Jolié.

Otro detalle observado a través de la ventana es que de los aparatos que estaban sobre las vías, fueron lanzadas dos luces por el camino de acceso a la casa, como inspeccionando las tejas. El carácter de las luces era cilíndrico y paralelo, sin penumbras. Fue avanzando hacia la casa, demorando en llegar. “Era una luz dirigida por seres inteligentes, como si una gran ‘aspirina’ avanzara y llegara hasta cierto lugar. Yo llegué a tocarla y querer tomarla, porque era como un tubo”, pero se replegó en ese momento sin sentir nada en especial.

La testigo no puede precisar la cantidad de tubos de luz que salía de cada objeto, que están presenciando. Estaba desesperada y sus hijas, aterradas, corrían por las habitaciones. La desesperación del padre, Antonio, por querer abrir la puerta y lanzarse hacia uno de los aparatos, pese a su robustez, era impedida por su familia.

Cuando se puso en movimiento la máquina que se hallaba en el jardín, a pocos metros de la casa, en la oscuridad, lanzó un haz de luz que hizo un giro de 180 grados, dando la impresión de haber sido “una señal de ajuste de cinco aparatos que estaban sobre la vía”.

El pequeño ‘Güilli’ y los niños de Argentina habían transpirado profusamente, sin despertarse. Hacía un calor insoportable dentro de la casa.

Se percibía un leve zumbido, pero con el barullo y la desesperación, no se escuchaba.

Luego de aquel giro del haz luminoso, empezaron a desplazarse todos juntos. “Se alejaron –dice Jolié- respetando los accidentes del terreno, su geografía, en forma rasante”, hasta perderse hacia las Sierras de Medina, situadas al frente de la finca, quedando un fuerte resplandor en el cielo.

Como las Sierras son muy altas –deduce-, han tenido que elevarse para sobrepasar esa zona, pero siempre en vuelo rasante.

En ese momento, detrás de la casa, hacia la zona donde hay montes (esto es, en dirección aproximada a San Pedro de Colalao), salió otro aparato más que no había visto hasta entonces, alejándose por un camino lateral a la finca, paulatinamente, iluminando el terreno.

Notó que su hermana Nallibe (Yolanda) tenía los cabellos impregnados de una suerte de niebla blanca que le resultó extraña. Luego de lo ocurrido fue a buscar al vecino Acosta, pues su casa está muy cerca de las vías, pero estaba profundamente dormido, al igual que sus perros. Empero, alcanzó a notar el ambiente iluminado.

Posteriormente Jolié pudo comprobar, al igual que los demás, la existencia de algunos residuos, como bolitas que se deshacían en forma de cenizas al presionarlas suavemente.

Al día siguiente, muy temprano, estuvieron periodistas del diario La Gaceta, de Tucumán. Según Jolié, quien avisó fue la médica René Vera de Kairuz (ya fallecida, y familiar de las nombradas), del Hospital de Trancas, quien habría visto pasar sobre esa localidad un conjunto numeroso de luces. Fue precisamente ella quien, al otro día, atendió en primer lugar a Dora de las presuntas quemaduras. Su tío, esposo de la médica Vera de Kairuz, luego de una inspección ocular opinó que se trataba de una alergia mutante con una componente nerviosa.


[1] Este artículo fue publicado originalmente en Los Identificados. Casuística ovni con ocupantes en Argentina, N° VI, Buenos Aires, marzo de 1994, páginas 1-27.

[2] Ver: Il Giornale dei Misteri, Firenze, IT. (Nro. 218, dic, 1989; Nro. 231, ene. 1991; y Nro. 255, ene. 1993), Cuadernos de Ufología, Santander, ESP. (Nro. 14, 2ª. Época, 1993), e Investigando, El Palomar, ARG. (Nro. 41, nov. 1992).

Texto y fotos propiedad de Roberto Enrique Banchs. Prohibida la reproducción. Agradecemos al doctor Banchs su autorización para publicar este artículo.

Materia oscura y extraterrestres

Prueba irrefutable que diría Maussán.

Note que el testigo muestra una actitud serena y despreocupada.

Como es normal, lleva una cámara de video para ir al baño, cuando repentinamente aparece un marcianito (casi verde), que intenta atraparlo.

A un lado podemos ver un hoyo negro y materia obscura. Todo esto material que podría ser investigado por el superfísico de Maussi o por el mismo Gordolfo Garrido.

 ¿Serán estos los “agujeros de gusano” o “vórtices dimensionales” por donde salen los marcianitos voladores de Santiago Yturria?