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Extraterrestres babosos

UN EXTRATERRESTRE MUY BABOSO

Aprovechamos la historia que se puede leer más arriba, en este blog, para publicar esta nota sobre una de las “mejores pruebas” de la visita de extraterrestres de los últimos tiempos (según los ufólogos).

No cabe duda que algunos millonarios son realmente excéntricos. En los últimos años varios empresarios americanos han gastado parte de su fortuna en investigaciones OVNI. Están los ejemplos de Laurance S. Rockefeller o del magnate de Internet Joe Firmage.

El más reciente es Robert T. Bigelow, dueño de cadenas de hoteles, casinos y empresas aeronáuticas, quien en un alarde de falta de conciencia cívica ha derrochado algunos millones para investigar OVNIs, en lugar de aplicarlos para subsanar algunos problemas mundiales como el hambre y contaminación mundiales.

En fin, Bigelow creo el NIDS, National Institute for Discovery Science, un grupo dedicado a investigar los mejores casos ufológicos. Cuenta con expertos y asesores en todas las ciencias, y con recursos casi ilimitados. El director de investigaciones es John B. Alexander.

El NIDS se especializa en casos con efectos físicos que se puedan evaluar en el laboratorio o por métodos estadísticos. Se ha interesado por las mutilaciones de ganado y por los avistamientos de triángulos negros.

Uno de los casos investigados por el NIDS se inicio en California en septiembre del 2000. Ahí una familia estaba siendo asediada por extraterrestres. Dentro de la casa aparecían entidades del tipo “visitantes nocturnos”. Los “extraterrestres” pertenecían a diversas variedades. También se podían ver pequeños objetos voladores y numerosas luces anómalas. Se escuchaban ruidos misteriosos y había interferencias eléctricas. Dos miembros de la familia resultaron con lesiones.

Los psicólogos del NIDS se dieron a la tarea de someter a diversas pruebas a los miembros de la familia. No llegaron a resultados concluyentes.

Mientras corrían las pruebas, los fenómenos parecieron concentrarse en una de las habitaciones: la de los padres. Las extrañas criaturas parecían entrar y salir de la habitación a través del closet (como en Monsters Inc.). El padre decidió obtener evidencia física colocando papel de aluminio debajo de una toalla (¿?). La estrategia no dio los resultados esperados: no se encontraron huellas de los extraterrestres. Sin embargo se obtuvo algo mejor. Sobre la toalla apareció algo parecido a una garra o uña. Todo mundo supuso que pertenecía a los extraterrestres. Es más, se pensó que pertenecían a un mamífero ya que en su parte posterior se podían ver una especie de pelos

De inmediato los investigadores del NIDS sometieron la muestra biológica a diversos análisis. Se hicieron seis diferentes análisis y pruebas de ADN, usando todas las técnicas conocidas. Incluso se desarrollaron nuevas técnicas para este propósito específico. Los primeros resultados parecían corroborar la hipótesis de un origen extraterrestre, o por lo menos anómalo. El ADN encontrado no se parecía a nada conocido. Las secuencias de ADN no concordaban con las de especies conocidas en la Tierra.

La garra fue analizada por un herpetólogo da la Universidad de California Los Angeles, quien no la pudo identificar como perteneciente a un reptil.

El director de la sección de primates del Zoológico de San Diego supuso que podría tratarse de la uña de algún mono de Centro América.

Se le sometió a un análisis SEM-EDS con el que se comprobó que en efecto era un espécimen biológico.

Una muestra fue enviada a un laboratorio en Ontario, Canadá, especializado en la identificación de ADN degradado y viejo. Ahí concluyeron que la muestra estaba altamente contaminada con inhibidores.

Los moluscos secretan un fluido defensivo a través de sus glándulas hiperbranquiales. Los moluscos, particularmente los caracoles y las babosas, secretan una gruesa mucosa que contienen múltiples inhibidores de la mayoría de las enzimas comunes que son fundamentales para los análisis de biología molecular y ADN, incluyendo las enzimas de reacción en cadena de polimerasa y las usadas en los estándares de clonación molecular.

La evidencia finalmente apuntaba a una dirección consistente. El objeto era probablemente un molusco seco: una babosa o un caracol.

Se consultó con un experto en biología molecular de moluscos para preguntarle la forma en que se podía llevar a cabo un análisis de ADN en moluscos. Sus recomendaciones fueron:

La mayoría de los moluscos segregan mucha mucosidad. Esta mucosidad es un gran problema para el análisis molecular ya que inhibe la mayoría de las enzimas y une las proteínas indiscriminadamente. La solución que encontré es usar una centrifugación con cloruro de cesio y después una extracción con fenol. Obviamente se necesita una buena cantidad de material inicial (varios animales) para hacer esto. La extracción se conduce en presencia de heparina la cual parece prevenir la mucosa de la unión.

También usé nitrógeno líquido para congelar la babosa y luego poder molerla en un mortero, esto previene la formación de mucosa. La segunda opción se puede usar en la técnica CTAB, la cual fue desarrollada para la extracción de ADN de plantas, que también producen una alta contaminación con polisacáridos. Esto puede ayudar a eliminar algo de la mucosa y no requiere mucho material inicial.

Con estas indicaciones, fue necesario inventar una nueva reacción en cadena de la polimerasa (PCR), utilizando un nuevo conjunto de primarios oligonucleótidos, para resolver este enigma. Una vez que se hicieron los análisis se consultó con los investigadores del Museo de Historia Natural del condado de Los Angeles, quienes expusieron así sus resultados:

Después de analizar cuidadosamente las fotografías y los resultados de SEM-EDS, espectroscopia de absorción y análisis de ADN, tengo que concluir que el espécimen que me refiere en su carta del 28 del 2003 es un babosa común de California de la familia Limacidae.

Las fotografías son más que evidentes e ilustran claramente una babosa que ha sido deshidratada. Puedo reconocer todas las partes de la anatomía de una babosa, incluyendo el pie, el manto con crestas longitudinales, y la joroba dorsal en la que es visible un pneumostone. El cabello fijado a ella probablemente fue pegado al espécimen cuando estaba vivo y quedo unida permanentemente cuando la mucosa del molusco se solidificó.

La espectroscopia de absorción confirma la presencia de proteínas relacionadas al colágeno, que son los componentes principales de la epidermis de la babosa. Los resultados del análisis SEM-EDS muestran un alto contenido de elementos que se espera encontrar en los organismos vivos.

Una de las más fuertes evidencias que apunta a la identificación de una babosa es el análisis de ADN. Los resultados que me envió muestran una gran correlación a los datos de todos los moluscos almacenados en el Gene Bank. Por ejemplo, el BLAST de la secuencia genética 55 rARN muestra que esta secuencia es muy similar a la de un Arion rufus (la babosa europea común) y al Helix pomatia (el caracol común de los jardines, introducido en los Estados Unidos). La secuencia 18S muestra una alta afinidad de valores con muchos moluscos, incluyendo Limax maximus (la babosa gigante de los jardines, introducida en los Estados Unidos), Acusta despecta steboldii (un caracol japonés), y Cepaza nemoralis (un caracol europeo), y otras muchas especies. Ya que sólo se ha secuenciado y almacenado en el Gene Bank un pequeño número de especies de California, no es posible determinar de que especie se trata exactamente.

Ha sido un placer asistirlo en la identificación de este especie y no dude en contactarme si necesita mayor información.

Después de doce meses de investigación se concluyó que se trataba de un simple molusco, un gasterópodo típico de la clase de caracoles marinos de los que se encuentran en California.

Todo hace suponer que la “evidencia extraterrestre” fue sembrada, seguramente por los dueños de la casa. Pero a pesar de todo, los miembros del NIDS continúan investigando los fenómenos anómalos reportados por la familia californiana. Quizá tendríamos que cambiar el título de esta entrada, porque en realidad los tlaconetes (babosos) no son los extraterrestres, que no existen, sino los ufólogos.

REFERENCIAS

Anonimo, DNA Analysis of Alleged Extraterrestrial Claw, artículo en Internet, http://www.nidsci.org/news/dnaanalysis.html, Septiembre 23, 2003.

Anónimo, A Cautionary Tale. DNA Analysis of Alleged Extraterrestrial Biological Material: Anatomy of a Molecular Forensic Investigation, reporte en PDF

Los dinosaurios de Acámbaro (Primera parte)

¿SON LOS DINOSAURIOS DE ACÁMBARO LOS ANTECESORES EVOLUTIVOS DE LOS DINOSAURIOS DE ICA?

Dedicado a Diego Zúñiga Contreras[1]

 

Hace unos años escribí mi primer artículo sobre las figurillas de Acámbaro[2].Además colaboré en el guión y la realización de un programa especial para TV Azteca sobre el mismo tema[3]. Para mí el asunto había quedado olvidado, e incluso consideraba “extintos” a los “dinosaurios” de Acámbaro, pero el interés en estas figurillas ha resurgido debido a tres eventos que se han conjugado: las recientes visitas de un grupo de investigadores creacionistas[4]; la reedición del libro de Charles H. Hapgood[5]; y la apertura de un museo dedicado a estas figuritas[6]. Por lo tanto consideré hacer una nueva aproximación al tema, aportando argumentos que puedan actuar de contrapeso a esta nueva oleada de sensacionalismo.

Algunos escritores de temas paranormales[7] afirman que, en 1923, Waldemar Robert Ludwig Julsrud Walden[8] y el padre Fray José María Martínez fueron los codescubridores de la Cultura Chupícuaro. No he encontrado referencias al respecto[9], pero lo que sí sé es que Julsrud “descubriría” las famosas figurillas de Acámbaro en 1945.

Waldemar llegó a México a principios del siglo XX huyendo de los estragos de la Primera Guerra Mundial. Había nacido en Alemania en 1875. Muchos lo presentan como arqueólogo alemán, pero en realidad era un comerciante de ferretería aficionado a las antigüedades y al hipismo[10]. Su ferretería La Reina fue la más grande de Acámbaro y se encontraba ubicada en la esquina de las calles de Leona Vicario y Juárez, en la Plaza principal del pueblo. Julsrud era un hombre curioso interesado vivamente por las civilizaciones antiguas, especialmente en la Atlántida.

Una vez más la historia es la siguiente: a mediados de julio de 1945[11], durante la época de lluvias, Julsrud cabalgaba a los pies del cerro El Toro (2,500 metros sobre el nivel del mar), una colina que domina la villa de Acámbaro, en el Estado de Guanajuato, cuando observó algunos fragmentos de cerámica que las aguas habían puesto al descubierto. Al desmontar se dio cuenta que eran restos de vasijas y figuras de barro de una cultura distinta a la Chupícuaro.

De regreso a su casa ordenó a uno de sus peones, el albañil Odilón Tinajero, que fuera al sitio y desenterrara las piezas. El pozo estaba lleno de figuras de arcilla. Tinajero regresó con Julsurd empujando una carretilla con 38 piezas. Se dijo que eventualmente Tinajero, trabajando en El Toro y en otro cerro llamado El Chivo, logró desenterrar cerca de 37,000 piezas en un periodo de poco más de un año. Lo interesante de la colección es que ningún objeto está duplicado, no existen moldes y no hay dos piezas iguales. De éstas, sólo el 7 por ciento (2,600 piezas) muestran dinosaurios. Las más grandes tienen 1 metro de altura y las hay de lagartos con 1.5 de longitud.

Según Waldemar, las piezas fueron encontradas en diversas excavaciones. Estaban enterradas en grupos (20 a 40 objetos) a no más de 1.20 metros de profundidad. Todas las piezas fueron encontradas en un área no mayor a media hectárea. Datos interesantes que han pasado inadvertidos para los escritores de lo insólito.

Charles H. Hapgood menciona que Tinajero fue muy cuidadoso en la extracción de las piezas, no por sus conocimientos arqueológicos, sino porque el alemán le pagaba un peso por cada pieza completa (diez por las más grandes), pero el precio bajaba si estaban rotas. Las piezas que se llegaban a romper eran cuidadosamente pegadas. Robert Charroux escribe en El enigma de los andes:

“Las piezas encontradas rotas, o que se rompieran durante el transporte, deberían ser restauradas por los excavadores para ser cobradas, también, a un peso cada una”.

Eso de que Odilón y sus dos hijos fueran los mismos que tenían la obligación de restaurar las piezas despierta varias sospechas. Implica un conocimiento profundo de las técnicas del trabajo con piezas de cerámica, y la necesidad de contar con un horno. En aquel entonces un jornalero ganaba unos 10.00 pesos al mes ($ 10.31 era el salario mínimo mensual). Mantengamos esto en mente para un análisis posterior.

Dentro de la colección se encontraban seis cráneos humanos deformados. Otro más de un mamut. También se hallaron algunos dientes, que el doctor George Gaylord Simpson, paleontólogo americano del American Museum of Natural History, analizó en 1955, identificándolos como pertenecientes a un Equus conversidans Owen, un caballo desaparecido en el Pleistoceno. Según Simpson:

“Me parece probable que los reptiles en la colección, a pesar de su inicial y ocasional semejanza con los dinosaurios, está inspirada en reptiles vivos de Mezo América, tal como la iguana, los lagartos y esta fue la opinión del profesor Romer[12] de Harvard”

La colección incluye, además de los dinosaurios, máscaras, ídolos, piedras, jades, obsidianas, herramientas, utensilios, estatuas, figuras humanas e instrumentos musicales. Entre estos últimos sobresalen las flautas que no tienen agujeros, lo mismo que las pipas, que son completamente sólidas. Es como si hubiesen sido hechas sólo para exhibirse y no para ser usadas.

La colección llegó a ocupar 12 cuartos en la mansión de Julsrud: el vestíbulo, el comedor, las recámaras, la biblioteca… Llegó el momento en que Julsrud tuvo que dormir en la bañera para dejar espacio a las figuras.

A finales de 1950 un periodista americano, Lowel Harper, viajó a México y posteriormente publicó el primer reportaje sobre el asunto[13]. En su artículo afirma haber sido testigo de cómo Julsrud desenterró algunas piezas que se encontraban debajo de un maguey.

La revista Fate no tardaría en interesarse por la colección. En 1952 y 1953 se publicaron varios artículos del periodista freelance, de Los Angeles, William N. Russell[14][15]. El periodista declaró que las figuritas eran muy antiguas. Él fotografió varias que dijo fueron encontradas entre las raíces de los árboles.

LAS PRIMERAS INVESTIGACIONES OFICIALES

La primera investigación hecha por un arqueólogo profesional fue la del doctor Charles C. DiPeso[16], en 1952. DiPeso planteaba a sus directivos de la Amerind Fundation, que no se podía hablar de fraude tan sólo porque en la colección se encontraban figuras que representaban dinosaurios del Mesozoico, y que era necesario hacer una investigación en toda regla antes de descartar cualquier explicación. Esto contrasta con la declaración de Swift, quien dice que DiPeso iba con el único fin de desbaratar la colección de Julsrud.

Una de las pocas críticas que se le pueden hacer a DiPeso fue su falta de tiempo para completar la investigación. Pasó cuatro horas examinando la colección de Julsrud y en su artículo dijo que hizo un examen minucioso en donde no dejó “una sola mota de suciedad empacada en las grietas”. Esta declaración haría que sus críticos pusieran en tela de juicio sus conclusiones. Dennis Swift, por ejemplo, dijo que:

“DiPeso debió haber sido un arqueólogo biónico, llevando objetos a velocidades que exceden de las de Superman. Para alcanzar éste la labor hercúlea debió inspeccionar 133 objetos por minuto. En realidad le debió haber tomado varios días de desempacar la enorme jungla de piezas intactas, rotas y reparadas de las cajas”.

John H. Tierney hace la misma crítica[17].

Al día siguiente DiPeso se dirigió con Tinajero a El Toro para desenterrar piezas del tipo Julsrud. Encontraron algunos objetos de ese tipo, pero ninguno mostraba haber estado enterrado durante mucho tiempo. Según DiPeso, la familia de Tinajero fabricaba las figuritas durante “los meses de invierno, mientras no se laboraba la tierra”. El arqueólogo creía que los Tinajero obtenían sus ideas del cine local, las revistas, los periódicos y de los libros de la biblioteca, pero yo creo que eso no es verdad. Las ideas provenían del propio Julsrud y de la imaginación e inventiva del artista (Odilón).

La siguiente sería una constante en las declaraciones de Julsrud cada vez que se presentaba algún arqueólogo a investigar su colección. Según el alemán:

“El señor DiPeso me dijo que estaba completamente convencido de que mi descubrimiento era genuino. Él esperaba comprar cierta cantidad de piezas de origen tarasco para su museo”.

Aquí es importante señalar que DiPeso trató de comprar piezas de origen tarasco, pero no las piezas que mostraban dinosaurios. Lógicamente para su museo necesitaba piezas auténticas y no falsas figuras de dinosaurios. De igual forma, Julsrud no quiso vender sus piezas auténticas, pero envió a DiPeso con un vendedor de objetos prehispánicos. Este traficante le dijo a DiPeso que había otra familia, un hombre y sus tres hijos, que fabricaban figuras de cerámica del tipo Julsrud. Vivían cerca de la recién inaugurada Presa Solís, a unos 30 minutos de Acámbaro. Tenemos ahora, por lo menos, 7 artesanos que podían fabricar las piezas (Odilón y sus dos hijos y los cuatro integrantes de la familia que vivía cerca de la Presa Solís).

Según Swift ésa fue una mentira urdida por el traficante de antigüedades para que DiPeso no le comprara a Julsrud. Pero este argumento cae por su propio peso, ya que fue el mismo Julsrud el que no quiso vender y el que envió a DiPeso con el traficante.

Hapgood escribió que Francisco Aguilar Sánchez, Superintendente de la Planta Nacional de Irrigación Solís, le dijo:

“Sobre la base de 4 años de tener un íntimo conocimiento de los habitantes de esta área y de su actividad arqueológica, enfáticamente niego que exista tal tipo de producción cerámica en la vecindad”.

Incluso Swift afirma que el Presidente Municipal de Acámbaro, Juan Terrazas Carranza, emitió la declaración oficial No. 1109, el 23 de julio de 1952, refutando los alegatos de DiPeso.

“Esta presidencia, bajo mi dirección ordenó que fuese llevada a cabo una investigación sobre el asunto, y ha llegado a la conclusión de que en esta área municipal no existe ninguna persona que haga esta clase de objetos”.

No he leído el original de ese bando del Presidente Municipal de Acámbaro, si es que existe, pero me parece extemporáneo porque el reporte de DiPeso se hizo hasta abril de 1953[18]. Además, es contrario a la declaración de Julsrud en el sentido de que DiPeso lo había felicitado por su hallazgo.

La conclusión final de DiPeso fue:

“Nuestra investigación prueba de manera concluyente que las figuras no son prehistóricas y no fueron hechas por una raza prehistórica superior asociada con los dinosaurios”.

Por otra parte, Julsrud había comenzado a publicitar su hallazgo. Luego de publicar su libro, en 1947[19], se había comunicado con The New York Times, que no lo tomó en cuenta, y hasta con la BBC de Londres. Todos estos rumores, junto con las investigaciones de DiPeso y su artículo publicado en 1953, hicieron que los arqueólogos mexicanos finalmente se ocuparan del asunto. Los directivos del American Museum of Natural History se comunicaron con sus homólogos mexicanos y entre ambas instituciones se organizó una excavación, para 1954.

En aquel entonces el doctor Eduardo Noguera Auza era el director de Monumentos Prehispánicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Noguera dirigió la expedición que contaba entre sus miembros al ya mencionado doctor George Gaylord Simpson, y Raymond Barber, de Los Angeles County Museum, por parte de los americanos, y los doctores Rafael Orellana, Ponciano Salazar Ortegón y José Antonio Pompa y Pompa. Además estaba Don Carlos Perea, quien fuera el director del Museo de Arqueología de Acámbaro entre 1945 y 1946.

Se seleccionó un sitio de excavación en las faldas de El Toro y se procedió a remover la tierra de manera meticulosa. El lugar era una romería. Los vecinos del sitio, los alumnos de las escuelas y los miembros más prominentes del pueblo se reunieron alrededor del sitio de excavación. Se desenterraron diversos fragmentos de cerámica de Chupícuaro, que tenían trazas indudables de haber sido enterradas hacía mucho tiempo. También se desenterraron los dientes del caballo de la Edad de Hielo. Perea dijo que éstas eran las únicas excavaciones autorizadas, las de Julsrud nunca lo habían sido. También dijo que varios otros campesinos encontraron figuras similares, pero que dudaba de su autenticidad.

Nuevamente, al igual que lo que había pasado con DiPeso, según Julsrud, los arqueólogos le aseguraron que sus piezas eran auténticas. De acuerdo con la declaración de Julsrud, Noguera lo felicitó por el hallazgo, pero ésa es una versión difícil de creer, principalmente por lo que ocurriría tres semanas después. El reporte final, publicado casi un mes después de las excavaciones, indicaba que las figuras eran un fraude:

“Realmente a pesar de la aparente legalidad científica con que fueron encontrados estos objetos, éste es un caso de reproducción es decir falsificación, hecha en una época relativamente reciente. En mi opinión está hecha de tres tipos diferentes de objetos, unos son las figuras que pretenden ser reproducciones de animales extintos hace millones de años; posiblemente el falsificador de ellas se inspiró en algunos libros de paleontología que estaban en boga a finales del siglo pasado o al principio del presente”[20].

Los otros tipos de objetos a los que se refería Noguera eran los fragmentos de cerámica de la cultura Chupícuaro y los restos de animales y seres humanos, abundantes en la zona.

Según Swift, “Noguera se dio cuenta de que las figuras de dinosaurios tenían el problema de que podían arruinar su carrera profesional”. Pero, de ser cierta la colección, o de ser cierto que los seres humanos convivieron con los dinosaurios, eso lo convertiría en el arqueólogo más famoso del mundo, y más que arruinar su carrera, la habría catapultado.

Continuará…

Diversas fotografías de Waldemar Julsrud de su niñez, adolescencia y juventud. (Foto familia Julsrud).

Julsrud como soldado poco antes de la Primera Guerra Mundial. (Foto familia Julsrud).

Waldemar Julsrud antes de partir rumbo a México. (Fotos familia Julsrud)

Waldemar y su esposa en su casa de Acámbaro. (Foto familia Julsrud).

Era miembro del Club Alemán de equitación y logró acumular algunos premios. Incluso Porfirio Díaz presenció algunas de sus competencias. (Foto familia Julsrud).

Waldemar en la época de su “descubrimiento”. (Contactos Extraterrestres).

Waldemar se casó en México y compró una hacienda cerca de lo que hoy es el parque Los Azufres, en Michoacán. Posteriormente se mudaría a la ciudad de Acámbaro, Guanajuato. (Foto familia Julsrud).

Diversas fotografías del exterior e interior de su casa en Guanajuato. (Foto familia Julsrud).

Waldemar abrió una ferretería, La Reina, en Acámbaro. (Foto familia Julsrud).

La ferretería de Waldemar todavía continúa abierta. (Luis G. Durán).

Eduardo Noguera Auza (Instituto Nacional de Antropología e Historia).

El doctor Noguera en una de sus excavaciones en el Estado de Morelos.

El doctor José Antonio Pompa y Pompa.

Foto de las figuras de Acámbaro, cortesía Contactos Extraterrestres

Fotos de las figuras de Acámbaro INFO Journal

Fotos de las figuras de Acámbaro Harry Möller

Fotos de las figuras de Acámbaro Charles Hapgood.


[1] Agradezco su colaboración en la corrección de este texto. Sus críticas y comentarios ayudaron a mejorar la lectura del mismo.[2] Ruiz Noguez Luis, La extinción de los dinosaurios de Acámbaro. Primera parte, Duda. Lo increíble es la verdad, Año XXI, No. 1104, México, septiembre 15 de 1992, Págs. 24-25. Ruiz Noguez Luis, La extinción de los dinosaurios de Acámbaro. Segunda parte, Duda. Lo increíble es la verdad, Año XXI, No. 1105, México, septiembre 30 de 1992, Págs. 25. Ruiz Noguez Luis, Las misteriosas figurillas de Acámbaro, Perspectivas Ufológicas, No. 5, México, mayo de 1995, págs. 35-40. Ruiz Noguez Luis, Las misteriosas figurillas de Acámbaro, La Nave de los Locos, No. 20, Chile, enero del 2003, págs. 35-38.

[3] En Busca de lo Desconocido, dirigido por Juan Chía.

[4] Don R. Patton y Dennis Swift. El primero pertenece al Metroplex Institute of Origin Science (MIOS), una organización que trata de refutar la teoría de la evolución.

[5] Hapgood H. Charles, Mystery in Acambaro, An Account of the Ceramic Collection of the Late Waldemar Julsrud in Acambaro, Guanajuato, Mexico, edición del autor, impreso por Griswold Offset Printing, Inc. Brattlebaro, Vermont 1973. Hapgood es el mismo que investigó los portulanos de Piri Reis http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/los-portulanos-de-piri-reis-primera.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/los-portulanos-de-piri-reis-2.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/los-portulanos-de-piri-reis-3.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/los-portulanos-de-piri-reis-final.html

, y que también decía que Cristo estuvo en América.

[6] 28 de febrero del 2002. Su director es Miguel Huerta Huerta. Se encuentra en la calle 5 de febrero.

[7] Como Patton y Swift.

[8] Nacido en Bremen, Alemania el 16 de octubre de 1875 y muerto en León, Guanajuato el 30 de noviembre de 1964.

[9] Parece que esto es otro mito en torno a este asunto. Incluso el doctor Antonio Pompa y Pompa, director del Departamento Nacional de Archivos y Bibliotecas, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, que hizo excavaciones en el sitio, en compañía de otros arqueólogos y del mismo Julsrud, declaró: “En realidad le tomaron el pelo al señor Julsrud, un alemán que no conocía nuestras culturas prehispánicas y se impresionó por algunas figurillas que él mismo encontró y que, esas sí, eran auténticas. Las demás las hicieron los alfareros, quienes previamente las enterraban para que parecieran antiguas”. Es decir, el propio encargado de los archivos y bibliotecas del INAH, arqueólogo profesional, difícilmente podría decir, de ser cierto el descubrimiento de la cultura Chupícuaro por parte de Waldemar, que Julsrud era un ignorante de las culturas prehispánicas.

[10] Era miembro del Club Hípico Alemán.

[11] Curiosamente entre mayo de 1945 y mayo de 1949 se llevó a cabo el estudio más exhaustivo de la cultura Chupícuaro. Se hicieron cientos de excavaciones por parte del antecesor del INAH, en conjunto con los trabajos de la Comisión Nacional de Irrigación (CNI) que estaba construyendo la Presa Solís. A pesar de las enormes dimensiones de esta empresa arqueológica, y la remoción de toneladas de tierra, nunca se encontraron figuras del tipo Julsrud. En medio de toda esta vorágine, justo dos meses después de iniciada la empresa oficial, Julsrud hace su descubrimiento. Curioso, muy curioso.

[12] Se refiere al doctor A. S. Romer, profesor de zoología en la Universidad de Harvard, quien dijo que las figuras no correspondían a ninguna especie de dinosaurios conocida, y que los modelos eran, probablemente, lagartos actuales de la región.

[13] Harmer Lowell, Mexico finds give hint of lost world, Los Angeles Times, March 25, l951.

[14] Russell N. William, Did Man Tame the Dinosaurs?, Fate, March, 1952, pags. 20-27.

[15] Russell N. William, Report on Acambaro, Fate, June, 1953, pags. 31-35.

[16] Al doctor DiPeso no se le puede tachar de escéptico. Era una mente abierta e inquisitiva. Incluso se ocupó del mecanismo de Antikitera, al cual le dedicó un artículo en la famosa Scientific American.

[17] Tierney H. John, Pseudoscientific Attacks On Acambaro Artifacts. The Ceramic Technology of Intellectual Suppression, World Explorer Magazine, Vol. 1, No. 4, pags 52-61.

[18] DiPeso C. Charles, The Clay Figurines of Acambaro, Guanajuato, Mexico, American Antiquity, April 1953, pags. 388-389.

[19] Julsrud Waldemar, Enigmas del pasado, sin pie de imprenta, Acámbaro, Guanajuato, 1947

[20] El escritor David Hatcher Childress saca de contexto este párrafo y escribe: “El Dr. Eduardo Noguera, admitió “la aparente legalidad científica con la cual fueron encontrados estos objetos”. A pesar de la evidencia de sus propios ojos, sin embargo, oficialmente declaró que como los objetos eran de una naturaleza fantástica, debían ser un fraude hecho a Julsrud”.

Las caras de Hoagland

No sabemos si Richard C. Hoagland se atreva a sacar el libro escrito en coautoría con Michael Bara, “Dark Mission – Book One: The Secret History of the National Aeronautics and Space Administration”, que en caso de hacerlo sería bajo la firma de Feral House Books, ya que las recientes fotos de la zona de Cydonia no lo han dejado en una buena posición.

Pero de llegar a publicarlo sólo confirmaría que Hoagland vive en un mundo de pareidolias. Richard debería resignarse y comenzar a buscar un trabajo honrado.

http://www.enterprisemission.com/datashead.htm

Fotografía de una abducción

¡CAPTURADO! POR LA CÁMARA

Esta, realmente, no es una foto de extraterrestres, pero tiene que ver con ellos.

La foto pertenece a una de las varias series tomadas durante los famosos avistamientos de OVNIs en Canarias, y que investigadores como Ricardo Campo, Ballester Olmos o Manuel Borraz, entre otros, han demostrado, sin lugar a dudas, que se debieron al lanzamiento de misiles.

El giro de tuerca en este caso lo dio la ufóloga mexicana Chita Rodríguez, que en la década de los noventa dirigió la revista Reporte OVNI. Justo en el número 47 muestra la, hasta ese entonces, única fotografía de un secuestro OVNI en el momento de ocurrir.

Portada del número 47 de Reporte OVNI.

El documento sería impresionante sino fuera por varios factores: las fotos pertenecen a un misil lanzado desde el mar y la interpretación dada por Rodríguez es completamente ridícula.

El secuestrado lucha por escapar, pero al mismo tiempo, por no caer al vacío.

La ufóloga nos señala la figura del supuesto abducido. Se encuentra en la parte inferior del “OVNI”. Estos extraterrestres inconscientes, ni siquiera esperan a que el rayo suba por completo a los abducidos. De inmediato comienzan su viaje a Retículi.

Una vez más comprobamos que los ufólogos no tienen ni nociones de lo que es el ridículo, y lo que es peor, no respetan a sus lectores y piensan que son unos retrasados mentales que se creen todo.

REFERENCIAS

Dominique Juan Francisco, Un OVNI sembró el terror en España, en Reporte OVNI, No. 47, México, mayo de 1995, Págs. 30-32

¿Son los platos voladores simples moscas voladoras?

¿PLATOS VOLADORES O MOSCAS VOLADORAS?[1]

Dicen que los críticos son como gallinas que cacarean mientras las otras ponen. En ocasiones esta descripción es la adecuada pero, obviamente, hay otras en las que no. En mi papel de crítico de la ufología se me podría investir con esta descripción, sin embargo pienso que en este caso no es lo adecuado. Me explico. Tengo más de 25 años de investigar reportes de ovnis. En los primeros 10 yo fui un ferviente creyente de la hipótesis extraterrestres y publiqué diversos artículos no sólo en mi país, sino en el extranjero (Argentina, España, Puerto Rico…). Luego, a raíz del apoyo del director de la revista Contactos Extraterrestres, Héctor Chavarría, pude dedicarme por un tiempo a investigar los casos que llegaban a su redacción. Eso me dio la oportunidad de darme cuenta de que estaba equivocado y de que todos los casos de ovnis tienen una explicación racional que nada tiene que ver con naves interplanetarias[2]. A partir de ahí me convertí en un crítico del fenómeno[3] hasta llegar a ser un escéptico del mismo. Pero para que no me acusaran de cacarear mientras los demás ponían, escribí diversos artículos en las principales revistas ufológicas a nivel mundial y he publicado algunos libros. No solo eso. En el seno de la SOMIE (Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica) hemos descubierto la explicación a la mayoría de los casos clásicos mexicanos y algunos casos extranjeros, mismas que se han publicado en revistas especializadas. Además, he planteado algunas hipótesis de trabajo, como la presente, que explican algunas de las características de diversos reportes ovni. Esto ha conformado lo que Vicente Juan Ballester Olmos llamó Escuela Mexicana de Ufología. Una “escuela ufológica” que curiosamente no está conformada por ningún ufólogo sino por críticos y escépticos (el ya mencionado Chavarría, Héctor Escobar, Óscar García, y el tal Noguez).

No conozco ninguna hipótesis de trabajo formulada por ufólogo mexicano alguno que haya aportado algo a la ufología crédula. Existen, si, trabajos de gran valor en la ufología escéptica, pero todos realizados por los autores ya mencionados. El presente trabajo ha sido comentado y criticado en diverso círculos ufológicos del extranjero y por lo menos han dicho que “se trata de una hipótesis curiosa”. Con este trabajo no trato de explicar todo el fenómeno ovni. Tampoco es mi intención llegar a que lo comprendan los ufólogos, la mayoría de ellos sin el background necesario para ello. Lo que intento es acceder a los lectores, principalmente los jóvenes, para mostrarles que no todo son “portentosas naves extragalácticas”, y que la explicación a varios reportes de ovnis tal vez no esté muy lejos de nuestras narices.

PELUSITAS

A veces, objetos que existen en la superficie del ojo y dentro del humor vítreo pueden observarse como objetos distantes. Estos objetos toman varias formas. Pequeños puntos de suciedad pueden parecerse a globos de luz, y si un punto es iluminado por una luz exterior, puede aparecer como una luz grande e indefinida. Si este punto es visto frente a un cierto oscuro, puede ser bastante espectacular. Al flotar sobre la pupila del ojo, da la impresión de estar desplazándose. Muchos informes de objetos volantes no identificaos, descritos como platillos voladores, discos luminosos, puntos brillantes o collares de perlas, no son más que minúsculos capilares de sangre en la superficie de la retina del ojo, o pequeñísimos corpúsculos sólo visibles bajo condiciones especiales de iluminación.

Casi toda la gente ha visto estos pequeños puntos o líneas de basura o “pelusita” dentro de los ojos. La mayor parte del tiempo estos objetos pasan desapercibidos y sólo cuando se mira el cielo despejado se da uno cuenta de su presencia.

MOSCAS VOLADORAS NO IDENTIFICADAS: MOVNIS

Estos objetos son muy escurridizos y si uno trata de fijarlos, se “deslizan” escapándose, como si volaran, de ahí que se les diera el nombre de “Muscae Volitantes” o moscas voladoras[4].

Algunas veces las Muscae Volitantes permanecen fijas para el observador; esto puede ser muy molesto y sólo se corrige cuando el cerebro aprende a ignorarlas.

No hay que confundir las “Moscas Voladoras” con los “Fosfenos”[5]. Estos últimos son sensaciones visuales luminosas producidas por una causa distinta a la de la luz, por ejemplo una excitación mecánica de la retina (como friccionarse los párpados). Los fosfenos pueden verse también cuando se recibe un golpe en el oído, es decir, el clásico “quedarse viendo estrellitas”. Es por ello que los boxeadores tienen más oportunidades de ver fosfenos en su vida.

Según algunos oftalmólogos, la mayoría de las Moscas Voladoras son imperfecciones celulares del ojo. Otros médicos, como el doctor Francis Lefébure han investigado las llamadas “mezclas fosfénicas”.

Se ha especulado sobre el origen de las pinturas de Victor Vasarely. ¿Acaso no estamos presenciando la representación de fosfenos que, como fuegos de artificio, explotan en formas caprichosas en las telas del artista? El mismo Salvador Dalí dijo:

“Los fosfenos son reminiscencias de mi paraíso intrauterino perdido el día de mi nacimiento”.

Este fenómeno, que ha fascinado a niños y adultos, ha sido la fuente de inspiración para la creación de dispositivos que estimulan eléctricamente los párpados para producir ese “show biológico” de luces. De esa manera han aparecido en el mercado el Phosphotron, el Imagemaker y el Harmony, de gran éxito entre los cultores de la New Age.

Existe otro tipo de fosfenos, los así llamados Postfosfenos, los cuales son manchas luminosas de varios colores, donde comúnmente predomina el rojo. Estos han sido confundidos con ovnis y con otro fenómeno natural, del que hablamos en otro lugar. De cómo se producen estos fenómenos es de lo que nos ocuparemos en las siguientes líneas.

EL OJO

La luz entra en el ojo y pasa sucesivamente a través de varias capas: la córnea, el humor acuoso (fluido que llena la parte anterior del ojo), y el humor vítreo, que llena la cavidad el ojo. La luz estimula los Conos y Bastones, los cuales transforman la energía luminosa en impulsos nerviosos que se transmiten al cerebro.

En el centro de la retina existe un área amarilla llamada Mácula Lutea (Mancha Amarilla) y cerca de su centro se encuentra una pequeña depresión llamada Fovea Centralis (Agujero Central). La Fovea Centralis es el centro de la agudeza visual ya que contiene una gran cantidad de células (los bastones y los conos). Es en este agujero en donde el ojo enfoca el objeto a verse, y es también aquí en donde enfocamos a las Moscas Voladoras.

LA DIFRACCIÓN DE LA LUZ

El efecto óptico de difracción es el causante de muchos fenómenos naturales que pueden dar lugar a reportes de ovnis. Además de las Moscas Volantes producidas por difracción de la luz en pelusitas o fragmentos de polvo delante de nuestro ojo, existen otros fenómenos como los Halos y las Glorias[6], que son también producto de la difracción de la luz, esta vez por gotitas de agua y cristales de hielo. La pelusa, el agua y los cristales provocan que las ondas de luz formen un patrón de difracción.

LAS ONDAS

Hasta ahora hemos estado hablando de patrones de difracción y de ondas, pero ¿qué es una onda y qué un patrón de difracción?

En la figura 1 vemos la representación gráfica de una onda lineal armónica. En esta figura C representa las crestas, n los nodos y V los valles de las ondas transversales; A es la amplitud o máxima elongación de la onda; λ es la longitud de onda y representa la distancia entre dos crestas, dos valles o dos nodos.

Otros parámetros que no están representados en la figura 1 son: T o periodo, o sea el tiempo que tarda en efectuarse una oscilación completa; f o frecuencia, el número de oscilaciones completas por segundo, es decir, el inverso del periodo.

Notemos que la gráfica de la figura 1 es similar a la de la función trigonométrica seno, esto es, los nodos se encuentran a una distancia de n, en done n es un número entero.

Cuando dos ondas diferentes tienen sus nodos en un mismo punto, se dice que están en fase; y si los nodos se encuentran distanciados unos de otros, se dice que las ondas están desfasadas.

La superposición de las ondas, ya sea que estén en fase o desfasadas, da lugar al fenómeno llamado Interferencia (constructiva en el primer caso y destructiva en el segundo).

En la figura 2a se ve un caso de interferencia constructiva. Dos ondas en fase y de igual frecuencia, a y b, con diferente amplitud cada una, dan lugar a la formación de una nueva onda (c) con una amplitud mayor a las ondas que la originaron.

En la figura 2b se ve el caso de la interferencia destructiva. En esta figura se presenta un caso especial en el que las dos ondas, a y b, están desfasadas π grados y además tienen la misma amplitud; esto da como consecuencia que “desaparezca” todo movimiento ondulatorio (c).

PATRONES DE DIFRACCIÓN

Cuando un rayo de luz (onda electromagnética) pasa por un agujero de un objeto pequeño o alrededor de un objeto pequeño, puede producirse un patrón de difracción. Aquellas ondas que están en fase darán una zona brillante y aquellas que están desfasadas producirán una zona oscura.

En la figura 3 vemos un rayo de luz que pasa alrededor de una motita de polvo, como las que podemos tener en la superficie del ojo. La distancia que recorren las ondas a y a’ desde los puntos x hasta el punto A localizado en la retina, es la misma, por lo que las ondas llegan en fase y producen un “máximo de difracción de primer orden”.

Las ondas b y b’, en su camino de los puntos x a B están desfasadas π grados, por lo que producen interferencia destructiva, o sea, una región oscura.

Las ondas c y c’ están “desfasadas” 2π grados, es decir, vuelven a estar en fase, por lo que llegan al punto C y producen un “máximo de difracción de segundo orden”.

En los puntos D se debe observar otro mínimo o franja oscura y así sucesivamente.

En la parte superior de la figura 3 se ha dibujado el patrón ondulatorio de difracción resultante.

En la figura 4 vemos perpendicularmente el patrón de difracción producido por un pequeño grano de polvo que da como resultado la formación de una Mosca Voladora. Esto es lo que nuestros ojos verían al ser adecuadamente estimulados.

En la figura 5 tenemos el patrón de difracción producido por un “hilo de pelusa”. En este caso podemos ver algo parecido a una “nave nodriza” o por mejor decir, “Mosca Nodriza”.

Hay que apuntar el enorme parecido de estos dibujos con una de las fotografías de “amebas” voladoras del señor Trevor James Constable o con los dibujos aparecidos en un libro de Joseph Allen Hynek, de los objetos vistos en 1936 por Richard Keller. Sin embargo, con esto no quiero decir que una Mosca Voladora se pueda fotografiar, a menos que el objeto productor del patrón de difracción se encuentre sobre la lente o muy cerca de la cámara[7].

Los MOVNIs se ven como anillos concéntricos de zonas brillantes y oscuras, sin ningún color. Esto es así debido a que no hay una dispersión (descomposición) de la luz.

Esta hipótesis de trabajo de los MOVNIs no trata de explicar todos los reportes de ovnis, ni mucho menos. Es sólo una sugerencia para explicar algunos casos especiales de observaciones de objetos brillantes en el cielo, y tiene el mismo nivel de credibilidad que la hipótesis de aquel físico americano que afirmó que cuando un mesón cósmico atraviesa el humor vítreo del ojo, provoca la formación de unos 600 fotones o cuantos de luz, lo que produce la percepción de una especie de disco luminoso. Empero, la reproducibilidad de los fenómenos predichos por la hipótesis MOVNI es mayor que los predichos por la hipótesis de los mesones cósmicos. Todo el mundo puede llegara tener en un momento dado “basuritas” en el ojo, pero muy pocos tendrán el privilegio de que sus ojos sean atravesados por mesones que puedan interactuar con el humor vítreo y así puedan ver discos luminosos.

La próxima vez que vea un objeto brillante e el cielo, deténgase y piense si no se trata de un mesón que ha atravesado su ojo o de una simple Mosca Voladora No Identificada.

REFERENCIAS

Allen Hynek Joseph, El informe Hynek. La verdad sobre los platillos volantes, Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 1979.

Latapí Ortega Pablo, El poder de los fosfeno, Supermente, No. 21, México, 22 de mayo de 1979, Págs. 16-19.

Ruiz Noguez Luis, Una luz de esperanza, Vogue, No. 76, México, septiembre de 1986, Pág. 159.

Ruiz Noguez Luis, ¿Platos voladores o moscas voladoras?, Cuadernos de Ufología, Segunda Época, No. 6, Santander, España, septiembre de 1989, Págs. 87-90.

Ruiz Noguez Luis, ¿Son los platos voladores simples moscas voladoras?, Contacto Ovni, No. 22, El rincón del escéptico, México, octubre de 1996, Págs. 30-32.

ADDENDUM

En el 2001 los miembros del CIFEEEAC (Centro de Investigaciones de Fenómenos Extraterrestres, Espaciales y Extraordinarios A.C.), me invitaron a una de sus reuniones para discutir el famoso video del Worl Trade Center (el mismo de Barbara Sicuranza que se transmitió por SciFi). Estaban en la casa de Carlos Alberto Guzmán Rojas, director del CIFEEEAC, el capitán Alejandro Franz, de Alcione, Yohanan Diaz Vargas, de Realidad Punto Cero, César Buenrostro, Evidencias X, y el contactado Enrique Mercado Orue, autor de 28 horas a bordo de un ovni. César había hecho un análisis del video y había descubierto que gran parte del mismo estaba hecho en Photoshop. Por otra parte había hecho una recreación misma que iba a presentar en un programa matutino al que había sido invitado en compañía de Jaime Maussán. La intención era desmontarle el caso a Maussán. Querían que yo criticara el trabajo de César para poder encontrar sus puntos flacos que pudiera atacar el ufólogo de la televisión. Mi comentario fue que difícilmente iban a dejar que César hablara y mostrara su video.

Durante la velada el capitán Franz estuvo tratando de convencerme de la realidad de los ovnis. Me decía que yo era un buen investigador y que la ufología necesitaba de gente como yo, pero no tan escéptica. Debía reconsiderar mi actitud ante los ovnis. Las naves extraterrestres existían, no importando que yo no hubiera visto una. Al final me dijo “Bueno, no has visto ovnis, pero ¿crees en dios?” Cuando le respondí que no, la cara del capitán se transformó en un enorme signo de admiración. De esa manera terminó la conversación.

El capitán Alex Franz y yo continuamos teniendo una buena relación. Hay respeto mutuo, pero lo mismo que ocurre con los otros ufólogos aquí mencionados, no compartimos las mismas ideas.

El otro que estuvo más agresivo fue el contactado Enrique Mercado. Él estuvo criticando mi artículo sobre las Moscas Voladoras. Yo traté de ser cortés, principalmente porque estaba en casa de Carlos Guzmán de invitado. Pero tanta fue la insistencia de Mercado que en un momento le dije que tal vez el no tenía “Moscas Voladoras” en los ojos, pero que seguramente las tenía en el cerebro como para escribir un bodrio como 28 horas a bordo de un ovni y pensar que todo mundo se lo iba a tragar. Le pedí pruebas de su aventura, no cuentos ni invenciones. También le solicité que me explicara lo que había entendido sobre la difracción. Luego de algunos segundos de no obtener una respuesta le dije que eso confirmaba lo que había escrito: los ufólogos no tienen la capacidad de entender este tipo de cuestiones, mucho menos los contactados.


[1] Publicado en Cuadernos de Ufología, No. 6, 2ª Época, Santander, septiembre de 1989, Págs. 87-90.Contacto Ovni, No. 22, El rincón del escéptico, México, octubre de 1996, Págs. 30-32.

[2] El conocido escritor de ciencia ficción inglés Arthur C. Clarke escribió: “Los platillos nos han enseñado poco sobre la inteligencia extraterrestre, pero mucho sobre la estupidez humana”.

[3] Decía Bertrand Russell: “Sólo los imbéciles no cambian de parecer”.

[4] También conocidas como fenómenos entopticos o floaters.

[5] Del griego “Phós”, “Photós”, luz; y “Phaínein”, aparecer.

[6] Estos fenómenos tienen una fuerte ascendencia ufológica. El escritor, ufólogo, conspiranóico e ignorante Bruno Cardeñosa, afirmó que un fenómeno de difracción conocido como Espectro de Brocken o Gloria, era nada más y nada menos una nave extraterrestres en cuyo interior se podía ver a su tripulante. Cuando nosotros le señalamos su ignorancia en fenómenos atmosféricos, nos amenazó con demandarnos si no quitábamos nuestro artículo en la revista electrónica Perspectivas. Según parece, también es experto en derecho civil, penal e internacional (pregúntenselo a Pedro Amorós, quien ha sido beneficiario de la asesoría de Cardeñosa).

[7] Este párrafo confirma el poder de predicción de los escépticos pues pocos años después, con la introducción de las cámaras digitales, comenzarían a fotografiarse los famosos orbs.