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Los dinosaurios de Acámbaro (Final)

ACÁMBARO Y SUS “DINOSAURIOS”

La ciudad de Acámbaro se encuentra situada en el sureste del estado de Guanajuato, a mil 945 metros sobre el nivel del mar y a tan sólo 291 kilómetros de la ciudad de México. A sus pies se extiende un valle que estuvo inundado por un lago hasta hace unos 600 años. En esa época el río Lerma logró abrirse camino, drenó el lago y se formó un valle muy fértil.

En lengua tarasca Acámbaro significa “Lugar de magueyes” o “Lugar en donde crecen los magueyes”. La ciudad fue fundada el 19 de septiembre de 1526 por Don Nicolás de San Luis Montañés (un indio purépecha evangelizado), con el nombre de San Francisco de Acámbaro.

La población ha alcanzado notoriedad a nivel nacional a causa del exquisito pan que producen sus habitantes. Este pan es tan sabroso que se le conoce sencillamente como el “pan de Acámbaro”, y tiene muchas variedades como son las famosas acambarinas, el pan de huevo y el pan de leche. Parece ser que la tradición del pan surge después que quedaron obsoletos los hornos de las ladrilleras como los de San Miguel. Los artesanos tuvieron que cambiar la aplicación de sus hornos y en lugar de fabricar ladrillos y cerámica comenzaron a hacer pan. Luego, aquello de que en Acámbaro no existen hornos es un mito. Hay una buena cantidad de hornos de todo tipo. El nativo de la región tiene una antigua tradición cultural en la fabricación de figuras de barro cocido, que van de ollas a figuras antropomorfas o de animales. Odilón Tinajero seguramente tenía los conocimientos y las herramientas para hacer las figuras.

¿Que no existe una sola figura repetida y que Tinajero no tenía la capacidad de hacer esos diseños?, tal vez. Pero si vemos los actuales alebrijes[1], de los que se han fabricado no miles sino millones de piezas diferentes, podremos captar la creatividad artística de los artesanos mexicanos. Si bien es cierto que las ideas originales seguramente provinieron de Julsrud, lo demás salió de la mente de estos artistas. Eso explica, también, por qué sólo algunas figuras de dinosaurio representan figuras reales de animales que existieron hace millones de años.

Según Patton[2] y Swift, se han identificado muchos dinosaurios: Braquiosaurio, Dimetrodonte, Diplodocus, Estegosaurio, Gorgosaurio, Ictiornis, Iguanodonte, Leviatán, Maiasaurio, Monoclonius, Ornitolestes, Paleococincus, Plesiosaurio, Podokosaurio, Pteradononte, Rhamphorynchus, Rinocephalia, Strathiomimus, Tiranosaurio Rex, Tiranosaurio, Trachodon, Triceratops, y otros tantos aún sin identificar.

Pero para los escépticos sólo hay un verdadero dinosaurio, el apatosaurus (brontosauros), y todos los demás que quedan sin identificar son criaturas de fantasía, que seguramente nunca existieron. Las culturas antiguas hicieron toda clase de monstruos como el Leviatán de siete cabezas. Los egipcios colocaron toda clase de cabezas de animales sobre cuerpos humanos. Diferentes partes de animales se mezclaron para formar nuevos como la Esfinge.

Los escépticos no están tan equivocados porque la gran mayoría de los “dinosaurios” sólo tienen patas traseras: no existen las extremidades superiores. ¿Acaso son especies aún sin descubrir? Otras figuras muestran animales cuyas bocas son mucho más grandes que todo el cuerpo completo. Darius Plumford[3] ha encontrado una figurita que se parece a Dino, la mascota de Los Picapiedra. ¿Otra especie por descubrir? También tenemos seres demoníacos con cuernos: el diablo, cuyos restos fósiles seguramente se encontraran en los siglos por venir. También está el Bigfoot y otras criaturas acuáticas monstruosas, raras mezclas de animales con humanos, y muchas otras creaciones increíbles.

Una de las obsesiones de Julsrud, de la que nos habló Luis G. Durán en 1989, y de la que por pudor no quisimos mencionar en nuestros artículos, ya ha sido notada por otros autores. Algunas piezas muestran a los dinosaurios comiéndose a los humanos, pero otras muestran relaciones zoofílicas entre estas especies. A las figuritas le llamaban “la colección del loco”. Dicen que la familia lo resintió y prefirió no hablar más del asunto y dejar guardadas las figurillas.

Las mismas ideas de Julsrud sobre los continentes desaparecidos como la Atlántida, son fuente de otras figurillas. En la colección hay representaciones de negros, orientales y caucásicos barbados, lo mismo que motivos egipcios, sumerios y otras antiguas civilizaciones, que nunca tuvieron relaciones entre sí.

Decíamos que Julsrud pagaba un peso por las piezas pequeñas y hasta diez pesos por las más grandes. Según Patton, un peso por cada figurilla “resulta un precio irrisorio”[4]. Supongamos un precio promedio de dos pesos por pieza, lo que no es exagerado. Un campesino tendría que hacer unas cinco al mes piezas para ganar el salario mínimo de la época del presidente Ávila Camacho[5]. Hay que considerar que ese salario era para la ciudad, en el campo difícilmente se alcanzaba, aún en la época de cosecha.

Un buen artesano puede hacer unas 20 piezas diarias[6]. Considerando que la familia de Odilón Tinajero estaba constituida por él, su esposa y tres hijos. Esta sola familia podía fabricar casi 31,300 piezas por año. Pero no eran los únicos. Harry Möller, el editor de la revista México Desconocido, comentaba en 1977 que:

“… la gran mayoría le fueron entregadas por los vecinos del lugar, quienes decían encontrarlas en los cerros. Se dice que Julsrud estaba ya obsesionado por aumentar su colección y empezó a pagar uno o dos pesos por cada figura que le consiguieran; es indudable que algunos encontraron allí un modus vivendi”.

Es decir, Tinajero no era el único que comerciaba con las figurillas, por lo que podríamos suponer que las 37,000 piezas bien pudieron haber sido fabricadas en el plazo de no más de dos años, aún considerando una cuota de 10 piezas diarias por artesano.

Pero ni siquiera es necesario hacer 10 piezas de cerámica diaria por artesano. Muchas de las piezas de la colección tienen el estilo de la cerámica de Chupícuaro (800 a.C. a 200 d.C.). Varias de ellas, indudablemente pertenecen a esta cultura anterior a los tarascos (1000 d.C.). Otras piezas de la colección son puntas de flecha fabricadas de obsidiana, cuentas, conchas, huesos[7], dientes de caballo de la edad del hielo, fragmentos de cerámica y piedras. Incluso el mismo Patton, sin darse cuenta que eso iba en contra de sus conclusiones, señaló:

“Otra consideración que frecuentemente es ignorada en el debate de la autenticidad de estas piezas es que muchos de ellos están hechos de roca dura y no de cerámica. Estos objetos de piedra muestran todos los efectos de la erosión y los objetos de piedra son del mismo estilo que la cerámica y el factor de la erosión es imposible de falsificar”.

Aproximadamente una tercera parte de la colección está formada por este tipo de piezas. Dicho de otra forma, sólo unas 24,500 piezas son verdaderas figuras de barro (no pertenecientes a la cultura Chupícuaro), y de ellas sólo un diez por ciento muestra dinosaurios.

PRUEBAS EN CONTRA DE LAS FIGURILLAS

Los principales argumentos que se pueden exponer en contra de la veracidad de las figurillas de Acámbaro son:

a) La ausencia de pátina y la acumulación de sales de la tierra es inexplicable.

b) No existe un precedente para la casi perfecta preservación de piezas tan delicadas después de haber sido enterradas.

c) Los objetos no parecen pertenecer a ninguna cultura conocida.

d) Nunca antes en la historia de la arqueología se habían encontrado tantas piezas en un área tan pequeña.

e) La presencia de dinosaurios conviviendo con humanos.

El argumento (a) es justo lo contrario a la prueba (1) de los que sostienen la veracidad de las figurillas. Veremos este argumento. Continuaremos analizando las pruebas 1 a 5 de los creacionistas y regresaremos a los argumentos (b) a (c).

En general las piezas parecen nuevas, recién salidas del horno. No hay suciedad incrustada, sólo partículas de la misma arcilla con la que fueron fabricadas. El color del material va de café medio hasta un café oscuro. La manipulación de las mismas las ensucia muy fácilmente oscureciendo la arcilla.

Este punto preocupaba mucho a Patton y Swift, por lo que agradecieron el comentario de Herrerón, quien les dijo que entre él y Julsrud limpiaron los objetos que habían desenterrado en una de sus expediciones. Pero la cosa no es tan simple. Sabemos que Waldemar tenía conocimientos arqueológicos elementales. Es más que posible que supiera que las piezas antiguas necesitan cierto tratamiento y éste no incluye el lavado para eliminar la pátina. Julsrud sabría que eso le restaría puntos a su colección. Para los comerciantes de antigüedades es pecado mortal el eliminar la pátina.

Por otra parte, sin echar mano de los poderes de Superman, el lavar 37,000 piezas le debió consumir todos los días, durante dos años. Julsrud debió desatender todas sus actividades (su ferretería, la convivencia con su familia, el trato con sus vecinos…) con el único fin de hacer que unas piezas antiguas se vieran “como nuevas”.

Prueba 2 de los creacionistas.

Considero que, aunque no imposible, si sería muy difícil que Tinajero, solo, fabricara todas las piezas. Pero ya he apuntado que su familia (5 individuos) pudo haber fabricado buena parte de la colección. Recordemos que Tinajero era albañil. En particular, era fabricante de ladrillos y tenía un horno. Además, parece que no fue el único. Hay datos que apuntan a la existencia de varias familias dedicadas a la fabricación de este tipo de figurillas.

Los creacionistas señalan la finura artística de las figuras. No niego la creatividad, muy similar a la de los fabricantes de alebrijes, pero si comparo las figuras tipo Julsrud, con la alfarería de la cultura Chupícuaro, la diferencia es más que notable. La factura de las primeras denota un trabajo rápido y, en cierto sentido, burdo. La calidad de las segundas, el colorido, los detalles, la finura del terminado, incluso los materiales de construcción implican manos artesanas mejor calificadas y un trabajo más dedicado.

Con todo y que en teoría (de los creacionistas) las figuras de Julsrud son muchísimo más antiguas que las de la cultura Chupícuaro, éstas últimas se ven con más antigüedad.

Prueba 3 de los creacionistas.

Hemos mencionado que el área era, desde tiempos inmemorables, una zona dedicada a la fabricación de alfarería. Los hornos son abundantes. Actualmente se les utiliza para la fabricación de pan. Incluso gente que dio su testimonio indica que Tinajero fabricaba sus propios ladrillos, por lo que no sería raro deducir que contaba con un horno.

La prueba 4: falta de combustibles

No es necesaria tan enorme cantidad de combustible (“toneladas y toneladas”). Las ladrilleras, por ejemplo, generan una producción considerable de piezas sin consumir grandes cantidades de madera.

Las panaderías de Acámbaro, aún antes de consumir gas, abastecían el mercado local e incluso el nacional con sus productos. Lógicamente no necesitaron talar árboles. Existen muchos otros combustibles alternos que fueron utilizados en su momento: carbón, maguey, bostas, cañas… Además, Acámbaro no es un pueblo aislado. El comercio con otras regiones del país le puede suministrar los combustibles.

Testigos de las excavaciones. Prueba 5.

A los doce testigos que mencionan Patton y Swift se les puede sumar otros más: DiPeso, Hapgood, Gardner, Tinajero y Luis Durán. Muchos de ellos estaban relacionados con Waldemar, otros no. Pero el presenciar el desentierro de piezas tipo Julsrud no las valida. Los testigos que sabían, pudieron callar y ocultar el fraude. Los demás pudieron ser víctimas de un engaño.

Por otra parte, exceptuando a DiPeso, ningún arqueólogo profesional vio desenterrar, o lo hizo él mismo, alguna figura del tipo Julsrud. DiPeso estuvo presente en un desentierro, pero declaró que era un fraude. La comisión investigadora de 1954, organizada por el INAH, estaba integrada por arqueólogos experimentados en culturas prehispánicas (Noguera, Orellana, Salazar, Pompa, Perea, Simpson y Barber). No encontraron una sola figura de dinosaurios.

Previo al “descubrimiento” de Julsrud, debido a los trabajos de la Presa Solís, los más famosos arqueólogos mexicanos (Rubín, Piña, Arriaga, Estrada, Porter y Obregón) estuvieron trabajando en la zona. No encontraron piezas tipo Julsrud, a pesar de que las excavaciones no se limitaron a simples pozos: la maquinaria pesada removió grandes cantidades de terreno.

Patton y Swift demostraron su ingenuidad al creer la historia de Ernesto Navarrete, el policía federal. Difícilmente en México los policías son enviados a Scotland Yard a estudiar, mucho menos un policía perteneciente a un pueblo del interior. Navarrete pertenecía al destacamento del Municipio de Celaya, nada tenía que hacer en otro municipio, el de Acámbaro. La historia del contrabando de armas en Laredo, Texas, suena a película de acción. No hay una “Prisión Federal de la Ciudad de México”, al menos con ese nombre. Luis Mota difícilmente aceptaría unas piezas del tipo Julsrud, en custodia, por diversas razones: estaba convencido de la falsedad de las mismas y las rechazaba por completo; no era Alcalde de Acámbaro, sino director del Museo Arqueológico; las piezas de Julsrud no se guardaban en el museo, sino en el DIF.

Patton y Swift no saben que en México, desafortunadamente, la palabra de un policía judicial o federal no es muy de fiar.

Argumento (b): No existe un precedente para la casi perfecta preservación de piezas tan delicadas después de haber sido enterradas.

Las piezas de cerámica son muy delicadas. En México hay un refrán que dice: “Pareces jarrito de Tlaquepaque”. Y se refiere a que con cualquier movimiento se rompen. La gran mayoría de las piezas de la colección Julsrud son pequeñas de unos 10 a 20 centímetros de altura; pero las hay tan grandes como 2 metros. Considero increíble que piezas de barro pudieran permanecer intactas, enterradas, durante tanto tiempo. Yo tengo una pieza de las más pequeñas (11 centímetros) y a pesar del cuidado con que la trato, la cola ya se rompió.

c) Los objetos no parecen pertenecer a ninguna cultura conocida.

Las piezas de tipo Julsrud (dinosaurios y algunas figuras antropomorfas) no tienen parangón con culturas conocidas. Otras piezas de la colección pertenecen a las culturas Chupícuaro y Tarasco o Purépecha. Pero las cerámicas de dinosaurios son únicas de Acámbaro[8]. Las figuras antropomorfas muestran personajes de diversos tipos de razas y culturas. El artesano hizo un burdo trabajo de imitación de figuras egipcias, asirias y de otras partes del mundo.

d) Nunca antes en la historia de la arqueología se habían encontrado tantas piezas en un área tan pequeña.

En las excavaciones arqueológicas se pueden encontrar diversas herramientas y utensilios enterrados en los complejos arquitectónicos. Los objetos se encuentran diseminados y en ocasiones se pueden hallar varios en un solo punto. En los lugares que se utilizaron como cocinas, por ejemplo, se pueden encontrar platos, jarros, vasos y otros de uso común.

Pero en el caso de las figuras de Acámbaro, los desentierros mostraban cientos de piezas, sin relación alguna (pipas, dinosaurios, conchas, alfarería, cuentas, jarras…) en un solo hueco o pozo. Como si se hubiera enterrado a propósito. En este sentido, Julsrud o el que hizo el fraude, no tomó la precaución de diseminar las piezas. ¿Acaso fue flojera de hacer un mayor trabajo de enterrar una pieza aquí y otra allá?

e) La presencia de dinosaurios conviviendo con humanos.

Éste es el principal argumento en contra de las figuritas de Acámbaro. La extinción de los dinosaurios fue hace 65 millones de años y el ser humano apareció hace tan solo 3 millones de años. En el caso particular de Acámbaro, el sitio no existía hasta hace unos 25 millones de años. ¿Cómo pudieron vivir dinosaurios en un lugar que apareció 40 millones de años después de su extinción?

Los fabricantes de las figurillas no se dieron cuenta de otro enorme error de 89 millones de años. Las piezas muestran dinosaurios de la era Mesozoica, que se divide en los periodos Triásico (225 millones de años), Jurásico (190 millones de años) y Cretácico (136 millones de años). En ese tiempo aparecieron y desaparecieron diversas especies. Los dinosaurios no convivieron con los seres humanos, incluso no convivieron con otras especies de dinosaurios. Es una tontería el que en la colección aparezcan dinosaurios del cretácico conviviendo con otros del jurásico o del triásico.

Ya no en Acámbaro, en México en general, no existieron la mayoría de las especies mostradas en las figuritas.

El caso extremo de lo ridículo es creer que los dinosaurios no sólo convivieron con los seres humanos, sino que mantuvieron unas relaciones más íntimas (sexuales) con ellos. Ya me imagino a Patton, en el caso de que hubiera vivido en aquella época, tratando de hacerle arrumacos a una hembra de Gigantosauros, un enorme carnívoro de más de 15 metros de alto. El que los creacionistas crean este tipo de historias explica el porqué creen que el mundo fue creado hace poco más de 4,000 años, en tan sólo seis días.

La única pieza que pudiera ser auténtica es la que muestra a Dino: el único dinosaurio que convivió con los seres humanos (de caricatura).

Esta pieza de la colección de Julsrud muestra dos dinosaurios grabados en una piedra. La técnica es similar a la utilizada en algunas piedras de Ica. La fotografía de abajo, adjudicada erróneamente al museo de Ica, muestra otro animal hecho con la misma técnica. ¿Pruebas del plagio de un fraude?

Uno de nuestros artículos[9] ponía en el tapete de discusión la posibilidad de que las figuras de Ica hubiesen tenido un origen en los dinosaurios de Acámbaro. Luis Durán, uno de los principales colaboradores de Julsrud, nos comentó de la presencia de un doctor peruano, un tal Javier Cabrales, que bien podría ser el mismo Javier Cabrera Darquea. Al paso de los años vemos que Cabrera Darquea las menciona en su libro, lo que podría confirmar nuestra hipótesis ya que estas piezas, las de Acámbaro, no son tan conocidas. Sin embargo, en principio la “tecnología” para fabricar los cantos rodados de Ica parece ser diferente a la forma en que se hicieron las piezas de cerámica de Acámbaro. No obstante, con la nueva exhibición de las figuras de Acámbaro aparecieron unas piedras labradas en el más puro estilo Cabrera. Por otra parte, una fotografía adjudicada al museo de Ica, y que muestra un “dinosaurio” de gran pico y cuatro patas, pertenece en realidad a la colección de Julsrud. ¿Cabrera copió el fraude de Acámbaro? Parece que esta opción es la más cercana a la realidad. Pero eso es otra historia, y el inicio de una nueva investigación en ese sentido.

BIBLIOGRAFÍA


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Hapgood H. Charles, Mystery In Acambaro. Did Dinosaurs Survive Until Recently?, introdución de David Hatcher Childress, December 15, 2000, 256 paginas.

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Ruiz Noguez Luis, Las misteriosas figurillas de Acámbaro, Perspectivas Ufológicas, Año 2, No. 5, México, mayo de 1995, Págs. 35-40. Se volvió a publicar en La Nave de los Locos, Año 3, No. 20, Chile, enero del 2003, Págs. 35-38.

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Swift Dennis, The Dinosaurs of Acambaro. Initial Report, Artículo en internet, http://www.omniology.com/3-Ceramic-Dinos.html

Tierney H. John, Pseudoscientific Attacks On Acambaro Artifacts. The Ceramic Technology of Intellectual Suppression, World Explorer Magazine, Vol. 1, No. 4, pag. 52-61.

OTROS SITIOS EN INTERNET

http://www.acambaro.gob.mx/

http://www.bible.ca/tracks/tracks-acambaro.htm

El creador de los alebrijes http://www.angelfire.com/md/alebrijes/spanish.html

Museo Waldemar Julsrud http://www.waldemar.julsrud.us.tt/

En 1989 un ufólogo argentino y quien esto escribe estuvimos en las bodegas del Palacio Municipal de Acámbaro. Nos pusieron un vigilante: un policía que no tenía AK-47 (no siquiera pistola). ¿Patton y Swift tenían cara de delincuentes, o simplemente exageraron en su relato?

Durante años las figurillas estuvieron guardadas en cajas. Este es el aspecto de las bodegas del DIF de Acámbaro en 1989. (Fotos Noguez).

El ufólogo argentino Alejandro Chionetti. (Fotos Noguez).

Alejandro Chionetti y el autor de estas líneas. (Foto Noguez).

El autor admirando al antepasado del pájaro loco. (Foto Noguez).

Todas estas fotografías fueron tomadas en 1989. Nunca pensamos que no nos dejarían sacar las piezas. No se utilizó flash y el contraluz contribuyó a que salieran muy oscuras. Con las actuales técnicas se ha logrado aclarar, pero a cambio pierden en nitidez.

Muchas de las figuras presentan una forma extraña. Para Chionetti esta parecía al extraterrestre de Hopkinsville ¿?. (Foto Noguez).

Piezas de pretendido arte egipcio y de otras culturas de Europa y África. (Fotos Noguez).

La “Venus de Acámbaro. (Foto Noguez).

En sus páginas de Internet se puede ver a Patton posando con esta pieza. En 1992 informábamos que era la más grande que habíamos visto en la bodega del DIF. Indudablemente es una de las mejores de la colección. (Foto Noguez).

Todo un mundo de nuevas especies de dinosaurios por “descubrir”. (Foto Noguez).

Y también “nuevas” razas de indígenas. (Foto Noguez).

Dinosaurio con “espinas dérmicas” y pico de …¿?… Nueva especie por descubrir. (Foto Noguez).

¿El antepasado de la jirafa? ¿Saben los zoólogos si quedan restos de esas “espinas dérmicas” en las jirafas actuales? (Foto Noguez).

Un dinosaurio lucha por su vida con un humano. ¿Lograrán los dinosaurios de Acámbaro sobrevivir? (Foto Noguez).

Algunos ejemplos de alebrijes. Una muestra de la creatividad de los artesanos mexicanos.

Foto Mystery in Acambaro.

Estas escenas zoofílicas deberían ser motivo de excomunión para Patton y Swift ¡Cómo se atreven a mostrar estas figuras! Harían más dinero en el mercado pornográfico y no en una sociedad bíblica. (Fotografías de Patton).


[1] Monstruos policromos fabricados de cerámica y de papel mache.[2] Patton hace su comparación utilizando el libro de Robert Bakker, Dinosaur Heresies (1986).

[3] En su página muestra varias figuritas manteniendo relaciones zoofílicas.

[4] Patton dice que se pagaba unos doce centavos de dólar por pieza; pero también en la paridad esta equivocado. En el sexenio de Ávila Camacho la paridad era de 4.85 pesos por dólar. Es decir, el precio real por figurita era de veintiún centavos de dólar.

[5] 10.31 pesos al mes.

[6] De manera organizada la producción de ollas, por ejemplo, es de casi 100 unidades por día.

[7] Harry Möller mostró a los arqueólogos del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) un cráneo deformado, con una amatista incrustada. La pieza fue considerada un fraude porque ninguna cultura prehispánica utilizaba la amatista de esa manera.

[8] Las piedras de Ica, que yo considero tuvieron un origen intelectual en la colección de Julsrud, no son de cerámica. Javier Cabrera Darquea, en su libro El mensaje de las piedras, Capítulo El Misterio de Ocucaje, se refiere a las figuras de Acámbaro. Es decir, hay pruebas de que las conocía. En la colección de Julsrud existen unos cantos rodados que fueron labrados para mostrar figuras de dinosaurios. La misma técnica que se utilizó años después en Ica.

[9] Ruiz Noguez Luis, La extinción de los dinosaurios de Acámbaro. Segunda parte, Duda. Lo increíble es la verdad, Año XXI, No. 1105, México, septiembre 30 de 1992, Págs. 25.

Museo de National Geographic

BIZARRE BEASTS: Past and Present

Dele un vistazo personalmente a algunas de las criaturas más extrañas que han habitado la tierra. Lleno de auténticos moldes de esqueletos, fósiles que se pueden tocar, y modelos realistas, esta exhibición realista e interactiva explora el cómo y el porqué los animales se adaptan a los ambientes cambiantes. Lo más sobresaliente incluye un rompecabezas de huesos de dinosaurio y una sala donde los visitantes pueden hacer moldes de cuatro impresiones de fósiles para llevar a casa.

http://www.nationalgeographic.com/museum/exhibitions/bizarrebeasts.html

Los dinosaurios de Acámbaro (2)

LAS INVESTIGACIONES NO OFICIALES

La fama de los dinosaurios de Acámbaro llegaría a oídos de otro investigador de lo insólito, Charles H. Hapgood, profesor de Historia y Antropología del Keene State Collage de la University of New Hampshire, que luego adquiriría cierta notoriedad por su estudio de los mapas de Piri Reis[1] y otros temas paranormales[2].

En 1955 pasó algunos días en Acámbaro y condujo una investigación de la colección. Los escritores Patton, Swift y Childress mencionan estas investigaciones cometiendo varios errores. En primer lugar dicen que en 1955 Hapgood estuvo acompañado por Earle Stanley Gardner, el famoso escritor de la novela y luego serie de televisión Perry Mason[3]. Pero Gardner lo acompañó hasta su segunda expedición, de 1968[4].

Según Hapgood, excavó varios sitios en tierras vírgenes y encontró muchas piezas de figuras de cerámica del tipo Julsrud.

Le dijeron que en la hacienda del coronel Muzquiz se habían encontrado piezas de cerámica de la cultura tarasca y un gran cráneo, posiblemente de mamut, sobre una gran piedra plana. Hapgood volvió a escarbar en el lugar, intentando localizar la piedra, pero no lo consiguió. En su lugar halló una escalera que se hundía en el suelo y que estaba tan obstruida por restos volcánicos que sus medios no le permitieron liberarla.

Alguien le dijo que un tal Ferro vendía figuras de barro del tipo Julsrud en San Miguel Allende. Las piezas habían sido recuperadas en las cercanías de las pirámides de San Miguel[5]. Hapgood dice que Ferro recuperó unas cinco mil figuritas.

En 1968 Charles Hapgood regresó a Acámbaro acompañado de Earle Stanley Gardner, criminólogo[6], abogado y antiguo procurador distrital de la ciudad de Los Angeles, California.

Como existía la sospecha que era el mismo Waldemar Julsrud el creador intelectual de las figurillas, Gardner y Hapgood diseñaron un experimento tratando de refutar esta hipótesis. Decidieron excavar en el piso de la estación de policía, un local construido en 1930.

Encontraron 43 figuras, dice Swift, que incluían dinosaurios. Pero también dice que:

“Ya que esta casa fue construida 25 años antes de que Julsrud llegara a México, esto lo exoneraba y eliminaba la teoría del fraude y negaba los reportes de DiPeso y Noguera en todos sus puntos importantes”.

Y a su vez Patton remacha con:

“Excavaron en el suelo de la estación de policía, construida 25 años antes de que Julsrud emigrara de Alemania”.

Si la casa fue construida en 1930, 25 años antes de que Julsrud llegara a México (Swift) o saliera de Alemania (Patton), entonces Julsrud llegó a México o salió de Alemania en 1955: 10 años después de haber hecho su descubrimiento. Es decir, o bien Julsrud había hecho un descubrimiento más importante que el de las figurillas (el viaje en el tiempo, lo que explicaría, incluso, la convivencia entre dinosaurios y humanos) o Patton y Swift (al igual que Childress) no saben sumar. La navaja de Ocam nos dice que lo más probable es lo segundo.

Además, estos mismos autores nos informan que Waldemar descubrió la cultura Chupícuaro en 1923, es decir, 22 años antes de descubrir las figuras de dinosaurios; 32 años antes de llegar a México; 42 años después de salir de Alemania; 52 años después de descubrir la máquina del tiempo; 62 años después de haber muerto; 72 años, o los que quieran, antes de que Swift, Childress y Patton aprendieran a sumar.

Aceptamos que estos son errores de los escritores citados, pero no de Hapgood. Aceptamos que esos errores no invalidan los siguientes argumentos del historiador de New Hampshire, pero hay algo que nos hace dudar de ellos. Según Andrija Puharich, el famoso parapsicólogo que apoyaba a Uri Geller, Charles Laughead (Charles Hapgood), le dijo que mantenía una comunicación telepática con seres del espacio:

“En una de estas sesiones, nuestra atención se concentró en la historia de la llegada a la Tierra de hombres procedentes del espacio exterior en tiempos muy remotos. Su aterrizaje tuvo lugar en una pequeña isla próxima a la de Pascua, llamada Mangareva. Nos dijeron después que las figurillas de barro de Acámbaro, México, iban a corroborar ciertas claves de la historia de estos primitivos viajeros espaciales. Nos indicaron que buscásemos una localidad para seguir estudiando e investigando en México y, como era natural, venimos en nuestro viaje de exploración a visitar la “biblioteca” de figurillas de Acámbaro”.

Gardner escribió en su libro Host with the big hat, que:

“… es absoluta y positivamente fuera de toda duda pensar que los artefactos que vimos hubiesen sido plantados”[7].

RESULTADOS DE LA DATACIÓN

Se hicieron tres pruebas de carbono catorce en las muestras, de las 43 figurillas, que Hapgood encontró en el subsuelo de la estación de policía. La empresa encargada de los análisis fue Laboratory of Isotopes Incorporated, de Westwood, New Jersey. Gardner corrió con los gastos.

El método del carbono catorce recién se estaba desarrollando. Los resultados fueron los siguientes[8]:

Muestra

Resultado

1

(I – 3842) 3590 +/- 100 (1640 a. C.)

2

(I – 4015) 6480 +/- 170 (4530 a. C.)

3

(I – 4031) 3060 +/- 120 (1110 a. C.)

Cuatro años después se hicieron 18 pruebas de termoluminiscencia en la University of Pennsylvania. Esta vez el que financió las pruebas fue Arthur M. Young, inventor del helicóptero Bell. Young envió dos de estas figuras al doctor Froelich Rainey, director del Pennsylvania Museum for Thermoluminescent Dating. Young le preguntó sobre la exactitud del método y Rainey le contestó:

“… Hoy después de haber tenido años de experimentación tanto aquí como en el laboratorio de Oxford, no tenemos duda sobre la fiabilidad del método termoluminiscente. Podemos tener errores por arriba del 5-10% en la datación absoluta, pero no nos preocupamos de los errores inesperados que puedan poner todo el sistema en duda. También debo apuntar, que estamos preocupados por la extraordinaria antigüedad de estas figuras, que Mark Han, de nuestro laboratorio hizo 18 corridas con cada una de las cuatro muestras. Es decir, existe una gran cantidad de investigación en estas piezas particulares”.

El resultado obtenido era de 2,500 años a. C. Pero para las figuras de dinosaurios se encontraron fechas de 30 a 100 años de antigüedad. Los creacionistas dicen que en los laboratorios Masca (Pennsylvania) hicieron trampa, pero la trampa la habían hecho ellos al enviar muestras de cerámica Chupícuaro. Nada mejor se podía esperar de quien producía experimentos tan sofisticados como los que menciona Hapgood en su manuscrito Reports from Acambaro:

“Los investigadores patrocinados por la Arthur M. Young’s Foundation, seleccionaron figuritas con los ojos más diabólicos y las colocaron en cajas con ratones. La cola de los ratones se volvió negra y luego cayó. Los ratones murieron al poco tiempo, después de sólo una noche de exposición”.

Y siguieron haciendo trampa. John Tierney, quien durante décadas ha dado conferencias sobre las figuras de Acámbaro, y colaboró con Hapgood, y el finado William N. Russell, envió otros dos fragmentos de cerámica al doctor Victor J. Bortolet, Director de Investigaciones del Daybreak Nucleari Archaeometrics Laboratory Services, para su datado. El doctor Bortolet determinó un límite superior de 2000 años de antigüedad.

Tierney entregó otras muestras a la Ohio State University. Ahí, fueron analizadas por el doctor J. O. Everhart, Director del Departamento de Ingeniería Cerámica, el doctor Earle R Caley, el químico arqueólogo más respetado del mundo, y el doctor Ernest G. Ehlers, mineralogista del departamento de geología de la universidad.

Según Tierney los resultados indicaban que las figurillas no eran un fraude, pero hasta el momento no han emitido un juicio ni reporte alguno, por lo que queda en entredicho la afirmación de Tierney. Este personaje acusó a la Smithsonian Institution y a otras autoridades arqueológicas de conducir una campaña de desinformación contra este descubrimiento. El Smithsoniano había declarado que la colección era un elaborado fraude. Según Tierney, los documentos sobre Acámbaro que se guardaban en esa institución han desaparecido, y ni utilizando el Freedom of Information Act, Tierney ha podido recuperarlos[9].

Tengo la sospecha que en todas estas pruebas de datación efectuadas por estos investigadores de lo insólito, se enviaron fragmentos de la cultura Chupícuaro y por eso los datos caen alrededor del año cero. La datación de la cerámica con carbono catorce no muestra la fecha de fabricación de los objetos. Hapgood no indica cuales fueron las muestras que envió para ser fechadas (¿pertenecían a la cultura Chupícuaro?, ¿eran figuras de dinosaurios?). En ese entonces la técnica aún estaba en desarrollo y se necesitaban varios gramos de una sustancia orgánica (no de una pieza de arcilla), para ser datados. Yo supondría que Hapgood envió fragmentos de huesos que seguramente nada tenían que ver con las figuras de dinosaurios.

Además, entre los creacionistas se toma en consideración las fechas de 1640 a. C. y 1110 a. C., pero pasan de largo de la más antigua 4530 a. C. ¿será porque el mundo se creo en el 4400 a. C., según los creacionistas?

PRUEBAS A FAVOR DE LAS FIGURILLAS

Además de los datos del carbono catorce y la termoluminiscencia, que en lugar de apoyar refutan la antigüedad de las figurillas de Acámbaro, sus proponentes aportan las siguientes pruebas.

1. Presencia de pátina y suciedad debida al tiempo.

Según Patton y Swift, “existen muchos testigos que vieron a Julsrud desenterrar las piezas de cerámica y confirman que los artefactos tenían pátina y suciedad”.

“En el proceso de manipulación de estas piezas, los autores han observado piezas que aún contienen suciedad dentro de los orificios e incluso algo de pátina sobre su superficie”.

Se dice que Hapgood asistió al descubrimiento de varias de estas figuras en condiciones tales que resultaba imposible haberlas enterrado hace 25 años, por lo menos. Una de las principales críticas de DiPeso era que en las figurillas no se observaba evidencia de haber estado enterrada o la pátina de la antigüedad. En realidad las figuras sólo tenían el matiz grisáceo proporcionado por el humo de cocción en un horno a menos de 500ºC. Ivan T Sanderson, el ufólogo y criptozoólogo, certificó la existencia de incrustaciones de tierra y arena y lo que parecían marcas de raíces. El mismo Sanderson dijo estar maravillado de la presencia de un Braquiosaurio, casi totalmente desconocido para el público por aquellos años.

“Esta figura es una cerámica negro pulido muy delicada. Es de aproximadamente unos 30 centímetros de alto. El asunto es que se trata de una representación perfecta de un braquiosaurio, conocido sólo en el Este de África y Norte América. Se han escrito sólo algunas líneas sobre el esqueleto en la literatura, pero sólo he visto una reconstrucción. Es exactamente como ésta”.

2. Imposibilidad de que un artesano pudiera fabricar las piezas

Justo esa variedad y belleza es lo que aducen como prueba que ningún campesino podría ser capaz de fabricarla con tal destreza y finura artística. Sólo una persona de gran cultura paleontológica, dicen, pudo conocer estas raras formas de vida. Tinajero cursó hasta el cuarto grado escolar y difícilmente podía leer o escribir (pero sí sabía sumar perfectamente, lo que no hacen sus críticos). No obstante, parece que hubo un grupo de artesanos, Tinajero entre ellos, que hacía estas figuras.

3. Necesidad de un horno

Para fabricar las figurillas de cerámica es necesario un horno abierto trabajando por largos periodos, incluso sin apagarse por días. Se dice que Odilón no tenía horno. Se afirma que nadie vio humo de las características intrínsecas a un horno abierto. No obstante se sabe que Tinajero y sus hijos restauraban las piezas que se habían fracturado. Otros artesanos, que vivían cerca de la Presa Solís, a unos 30 minutos de Acámbaro, fabricaban piezas al estilo Julsrud.

El profesor de secundaria Ramón Rivera afirma haber hecho una serie de entrevistas preguntando a los lugareños si sabían de la existencia de tales hornos, o de alguien que hubiera fabricado las figuritas de cerámica. Según sus resultados eso es imposible actualmente. La zona de Acámbaro era conocida por su alfarería policroma, perteneciente a la cultura Chupícuaro. Estos antiguos habitantes de la región poseían hornos. Actualmente el famoso pan de Acámbaro se fabrica en los antiguos hornos que los escritores de lo insólito fueron incapaces de ver.

4. Falta de combustibles

Acámbaro es actualmente un área seca y árida relativamente escasa de árboles. Para hacer las figuritas se debieron necesitar toneladas y toneladas de madera. Pero eso no era así a principios del siglo XX. Es más, toda la zona que rodea Acámbaro está llena de bosques frondosos.

5. Personas ajenas a Julsrud han desenterrado figuras del mismo tipo

Una de las principales críticas era que sólo Julsrud o sus allegados habían desenterrado figuritas de dinosaurios. Patton y Swift mencionan otros testigos.

Entre los testigos relacionados con Julsrud se encuentran su hijo, Carlos Julsrud (finado) y su nieto, Carlos Julsrud II (actualmente vive en León, Guanajuato), quienes afirmaron en su momento haber desenterrado figuras en compañía de su antecesor. Está también el contador Porfirio Martínez Espinosa, quien dijo que en su juventud desenterró figuritas al lado de Waldemar. Se menciona a don Carlos Perea, antiguo director del Museo de Arqueología de Acámbaro, de quien ya hemos hablado. Y finalmente, al médico Juan Antonio Villa Herrerón.

Martínez Espinosa llevó a Patton y Swift a El Chivo y les mostró el lugar en donde, años atrás, desenterró cientos de figuritas.

Herrerón dijo haber acompañado en dos ocasiones a Waldemar. Fueron al cerro El Chivo, cerca del lago, y en un terreno cubierto de hierbas y cactos, desenterraron cientos de piezas de alfarería, incluyendo algunos dinosaurios. Llenaron dos bolsas y cargaron el burro para regresar. Según él, el sitio en donde excavaron no estaba suelto. Esto ocurrió en la semana santa de 1951. Al regresar a la casa él y Waldemar se dedicaron a limpiar las figuritas.

Herrerón les dijo a los investigadores que a finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, en México nadie conocía de dinosaurios. No existía información al respecto ni en revistas, diarios o películas. Lo que es cierto. También les dijo que el único esqueleto conocido era el de un brontosauro que se encontraba en la estación ferroviaria de Chupa (¿?), en la ciudad de México. También habló de que entre los dinosaurios de Julsrud se encontraban varios que tenían “espinas por toda la espalda”. Ésta era una prueba irrefutable para Swift y Patton porque no fue sino hasta 1922 que Stephen Czerkas dio a conocer esta particularidad en la anatomía de ciertos dinosaurios: las espinas dérmicas.

Fuera de estos personajes relacionados con Julsrud, Patton y Swift encontraron al mayor Altamirano, quien fuera el Jefe de la Policía de Acámbaro cuando Hapgood y Gardner excavaron en su estación en 1968. Según Altamirano ningún artesano local fabricaba las figuritas.

Otro policía, Ernesto Navarrete Marines, quien en los ochenta fue comandante de la Policía Federal del Municipio de Celaya, y que había sido entrenado en Scotland Yard, informó que en 1987 supo que un grupo de sospechosos estaban excavando en el cerro El Chivo, y que los objetos prehistóricos que encontraban eran llevados a Laredo, Texas, para canjearlos por armas en el mercado negro. Navarrete logró capturar a Jaime Aguirre y Raúl Hernández con más de 3,300 figuritas, entre las que pudo observar 9 de dinosaurios.

Ambos delitos, tráfico de armas y de piezas arqueológicas, son delitos federales. Se supone que Aguirre y Hernández fueron juzgados, declarados culpables y actualmente purgan una condena en la “prisión federal de la Ciudad de México” (sic). Las piezas de cerámica fueron entregadas al doctor Luis Mota Maciel quien era el Alcalde de Acámbaro[10]. Según Patton, si las piezas hubiesen sido falsas, los contrabandistas no hubiesen tenido que purgar esa condena.

Esta historia continuará…

Charles Hapgood en una de sus visitas a Acámbaro. (Mystery in Acambaro).

El mayor Altamirano, Jefe de la Policía de Acámbaro y dos de sus subalternos en una fotografía de la época de las excavaciones de Hapgood. (Municipio de Acámbaro)

Croquis del libro de Hapgood que muestra un corte de la estación de policía en donde se encontraron 43 piezas. (Mystery in Acambaro).

Carlos Julsrud le explicó a Gardner que él mismo acompañó en diversas ocasiones a su padre para desenterrar la cerámica. (Mystery in Acambaro).

Stanley Gardner, Hapgood y Carlos Julsrud (hijo de Waldemar) durante la segunda visita de Hapgood. (Mystery in Acambaro).

El famoso Earle Stanley Gardner, creador de Perry Mason.

Portada del libro de Stanley Gardner.

Perry Mason.

Info Journal.

Representación del Equus conversidans owen, un caballo del tamaño de un perro. (Scientific American)

Escenas de la construcción de la Presa Solís. Miles de toneladas de tierra fueron removidas. No se encontró una sola figura tipo Julsrud. (Municipio de Acámbaro).

Durante la construcción de la Presa Solís se encontraron diversos fragmentos de cerámica de la cultura Chupícuaro. (INAH).

Arthur M. Young (Arthur M. Young’s Foundation).

David Childress Hatcher, un ufólogo, criptozoólogo, astroarqueólogo, parapsicólogo, forteano… que prologó la nueva edición del libro de Hapgood, y que sostiene que los dinosaurios de Acámbaro son auténticos. (World Explorer Magazine).

La colección muestra dinosaurios, pero estos sólo representan un 6% o 7% del total de figuras. Otros motivos son figuras de supuesto arte egipcio, africano, asirio; platos, jarras, flautas y pipas, como las que se ven en esta foto y en las siguientes. (Contactos Extraterrestres).

A la derecha Don R. Patton y primer plano, Dennis Swift (fotografías de Patton).

Swift entrevistando al doctor José Antonio Villa Herrejón (fotografías de Patton).

Ernesto Navarrete Martínez (fotografías de Patton).

Patton y Porfirio Martínez Espinosa (fotografías de Patton).

Carlos Julsrud II al lado de la tumba de su abuelo.

Carlos Perea y Patton (fotografías de Patton).


[1] Hapgood H. Charles, Maps of the Ancient Sea Kings, 1966.[2] Hapgood H. Charles, Earth’s Shifting Crust, 1958, reeditado en 1970 con el título The Path of the Pole.

[3] Patton escribe: “Un año después, en 1955, Charles Hapgood visitó Acámbaro. Le acompañaba Gardner, antiguo abogado de Distrito en la Ciudad de Los Angeles, California y creador de Perry Mason”.

[4] Por su parte Childress escribe: “Después de dos expediciones al sitio en 1955 y 1968, el profesor Charles Hapgood, un profesor de historia y antropología de la University of New Hampshire, grabó los resultados de sus 18 años de investigación de Acámbaro en un libro de edición privada intitulado Mystery in Acámbaro”. Cosas tan elementales como una suma son de difícil manejo para los escritores de temas paranormales (de 1955 a 1968 no hay 18 años).

[5] Cuando escribí por primera vez sobre los dinosaurios de Acámbaro, me preguntaba sobre las supuestas pirámides de San Miguel Allende, cuya existencia desconozco. Pero ahora creo que todo se debe a una confusión de Hapgood. En 1949 las aguas de la Presa Solís cubrieron entre otros muchos pueblos, el de San Miguel, conocido como “Las ladrilleras”, en donde había unas pirámides en mal estado y en donde la gente continuaba una tradición milenaria de fabricar adobes y ladrillos en sus hornos.

[6] Patólogo forense, dice Patton, en otro de sus lapsus.

[7] Gardner Stanley Earle, Host with the big hat, página 234.

[8] Taylor and Berger, American Antiquity, Vol. 33, No. 3, 1968.

[9] Esto suena a historia de coverup ufológico.

[10] Patton escribe “Luis Moto”, un error, y también las fechas de (1978 a 1979), pero esto seguramente es otro error porque la historia que cuenta Navarrete ocurrió, supuestamente, en 1987. Lo más probable es que las fechas sean (1987 a 1989), pero aquí también se presenta otro problema. En ese entonces el doctor Luis Mota era el director del Museo de Acámbaro. En abril de 1989 yo hablé con él al respecto de la colección Julsrud. No me dijo nada de este cargamento confiscado, ni de que él también fuera el Alcalde de Acámbaro. Es más, Álex Chionetti y yo tratamos de contactar con el alcalde para que nos diera permiso de ver la colección, y claramente no era Luis Mota. El doctor Mota fue alcalde en el trienio de 1983 a 1985.

Otro extraterrestre capturado en video

ET atrapado en film – Entidad Humanoide se asoma en una casa en la Columbia Británica Canadá

NewswireToday

“Prueba real, crítica de comunicación transdimensional… fantásticas imágenes de caras de grises… “¡Las observaciones más asombrosas de un ovni registradas en película!” Dr. Ron Milione, Research and Development, TAPS (The Atlantic Paranormal Society)

¡Es un gran placer para EcceNova hacer pública la evidencia fotográfica ET más intrigante y convincente hasta la fecha! Como suplemento a Eye to the Sky: A Paranormal Odyssey (31 Oct de 2006), que relata las experiencias de Paula Thorneycroft con entidades no humanas, The Face of Our Future?: Extraterrestrial Snapshots (31 Oct de 2006) revela algunas de las mejores imágenes tomadas de una película de 30 minutos, filmada por la autora, durante las dos noches que cubren el 1 de julio de 2006.

Se captó una nave pulsante que exhibía perfiles en colores brillantes en forma de jeroglíficos durante su desmaterialización y rematerialización. Aparecía a veces como niebla, a veces como un objeto orgánico, y en otras ocasiones, parecía ser un aparato estructurado. Un pequeño “gris” volaba, con lo que parecía ser un pequeño motor a sus espaldas, a unos 400-500 ft sobre una vivienda rural. Close-up revelan que el que ser giró su cara hacia el espectador y, en cierto momento, levantó un brazo.

El pequeño ser, de aproximadamente 3-4 ft de alto, parece mutar, creando formas que están iluminadas por una fuente de luz separada, para revelar caras muy humanoides, cambiando de estilo de “infantil” a adulto a “extraterrestre”. Luego se transforma y regresa a un aparato estructurado.

Las primeras imágenes se publicarán en el número de noviembre de la UFO Magazine.

Estas imágenes corroboran muchos relatos de testigos de seres no humanos de grandes ojos que visitan nuestro planeta.

El suplemento al color de 16 páginas incluye un diagrama esquemático del área de avistamiento y una discusión sucinta de las imágenes.

EcceNova – editores de Paranormal Research and Eyewitness Testimony.

Otros títulos incluyen: ¿Están los ET aquí?; Efecto secundario: Testamento de un Contactee; y la aclamada Trilogía de Fátima

http://www.newswiretoday.com/news/9706/

Si desea ver algunos de los ovnis filmados por la señora Thorneycroft, vayan a la siguiente página y verán lo que nos espera en esas “impactantes” imágenes que se darán a conocer el próximo 31 de octubre.

http://www.jerrypippin.com/UFO_Files_paula_thorneycroft.htm