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Zombis ¿Muertos vivientes o drogados permanentes?

ZOMBIS ¿MUERTOS VIVIENTES O DROGADOS PERMANENTES?[1]

Por siglos ha pervivido la leyenda de los zombis o muertos vivientes, y hace apenas unos años se contabilizaron más de un centenar de hechiceros creadores de zombis en Nueva York. ¿Realmente existen, o son una especie de autómatas movidos por poderosísimas drogas? He aquí la respuesta.

A principios del siglo XIX, Moreau de Saint-Mery escribió la primera monografía del vudú y en ella adoptó la ortografía Vandoux y propuso una teoría para explicar el origen de esta secta. Según él, la palabra vudú se deriva del nombre de un hereje: Valdesius. Los seguidores de Valdesius, los valdenses, adquirieron tal poderío en la Edad media que llegaron a convertirse en un fuerte dolor de cabeza para la iglesia romana. Su nombre se convirtió en sinónimo de brujería, y a la esencia fundamental de la hechicería se le nombró Vaudoisie.

Sin embargo, la hipótesis de Moreau no era correcta. Investigaciones posteriores determinaron que el nombre del culto, así como el culto mismo, son de origen africano. El Vudú procede del reino de Dahomey, África, de donde partieron numerosas caravanas de esclavos rumbo a América. Según Robert W. Pelton, el culto y las concepciones religiosas de estos africanos tuvieron un mayor arraigo en la isla de Haití.


Alfred Métraux, antropólogo que vivió varios años en Haití estudiando el fenómeno, asienta en su obra Vudú, que la traducción más exacta de la palabra es “Ser todopoderoso y sobrenatural”.


PROLIFERACIÓN DE UN RITO

Aunque las creencias y prácticas mágicas del vudú se hallan sobre todo concentradas en la isla de Haití, se difundieron también en los Estados Unidos, Francia y Canadá. Esto se debió a diversos factores, entre los que se encuentran, la cercanía geográfica, el idioma y el comercio de esclavos. El primer centro vudú de los Estados Unidos se fundó en el siglo XVIII, en Louisiana. El rito se extendió a Georgia y Carolina del Sur, y luego a Norte, a los ghettos y barrios humildes de las grandes ciudades industriales.

En 1978 Hugh J. B. Cassidy, jefe de policía del Distrito 77 de Nueva York, calculaba que en Brooklyn, en la zona Bedford-Stuyvesant, había 30 Houmfors (templos) secretos, y ejercían no menos de cien Houngans y Mambos (sacerdotes y sacerdotisas). Estudios recientes revelan que, sólo en Haití, hay más de tres millones y medio de seguidores del vudú.

Este arraigo a la religión vudú por parte del pueblo haitiano no pasó inadvertido para el difunto dictador Francois Duvalier, alias “Papa Doc”. Numerosos artículos periodísticos afirmaban que Duvalier recurrió a la cara oscura del vudú para mantener el dominio sobre ciertos estratos de la sociedad haitiana. Los creyentes del vudú lo consideraban como el Supremo Houngan, y él utilizaba hábilmente este hecho y la ignorancia de sus “súbditos”. Poseía una siniestra policía secreta: tipos salvajes, enmascarados por las gafas oscuras que jamás se quitaban en público, lo cual les daba un aspecto más sombrío. Eran los Tonton Macoutes, que algunos consideraban como magos, y otros como zombis.


¿QUÉ O QUIÉNES SON?

De acuerdo con la tradición haitiana, los zombis son aquellas desafortunadas criaturas que han sido regresadas de la muerte por brujos diabólicos, llamados Bocors, y mantenidos como esclavos. Los zombis son explotados por sus dueños y se reconocen por sus ojos vidriosos, su voz nasal y su aire ausente.


“Un zombi permanece en la misteriosa zona entre la vida y la muerte –dice Métraux-. Se mueven, comen, oyen a los que les hablan, y aún hablan, pero no tienen memoria y conocimiento de su condición”.

Para salvarlos de su destino, los supersticiosos ancianos creen que se les debe “matar” nuevamente, cortándoles la garganta.

Se dice que los zombis son seres tranquilos mientras no comen sal; si llegan a probarla reparan en su condición de esclavos y su ira es incontenible. Matan a su dueño y destruyen sus pertenencias; luego regresan a su tumba.

El escritor americano William H. Seabrook describe así su encuentro con un zombi durante su visita a Haití en 1923:


“Los ojos eran lo peor. No se trataba de mi imaginación. Eran verdaderamente los ojos de un muerto, no unos ojos ciegos , sino abiertos, que miraban hacia un punto indeterminado, sin ver. Toda la cara era algo horrible. Era hueca, como si nada tuviera por detrás. No sólo parecía inexpresiva, sino también incapaz de la menor expresión. En ocasiones previas ya había visto en Haití un montón de cosas fuera de la experiencia normal y en ese instante nauseabundo, casi de pánico, pensé, o mejor sentí: ‘¡Cielo santo!, tal vez estas cosas sean ciertas…’”

La historia más conocida de Seabrook es aquella que dice que ocurrió en el verano de 1918. Aquel verano había sido uno de los mejores para el campo. Se rompieron todos los records de producción de azúcar. Las fincas necesitaban de mano de obra para poder recoger la cosecha.

Una de las plantaciones, pertenecientes a la Haitian-American Sugar Corporation (HASCO), recibió la visita de un grupo de hombres aparentemente desnutridos dirigidos por un capataz llamado Ti Joseph. Dijo que venían de un lugar cercano a la frontera con República Dominicana, un pueblo aislado. Sus muchachos nunca habían salido fuera del pueblo, por lo que se encontraban un tanto nerviosos y deseaban trabajar lejos de los demás campesinos. Se ponía sus servicios a la disposición de los dueños de la finca.

Como el trabajo era mucho y los brazos eran pocos. Los dueños de la plantación aceptaron contratar a los trabajadores. No se arrepintieron. La cuadrilla de Ti Joseph fue la que cosechó la mayor cantidad de caña, sin que se les notara el cansancio. Al final del día se retiraron a sus cabañas a comer y a descansar. La misma rutina la seguirían hasta el domingo. Ese día, Ti Joseph cobró por el trabajo y se dirigió a los bares de la ciudad de Port-au-Prince.

Una de las mujeres de los capataces se dio cuenta que los demás trabajadores se habían quedado en la cabaña. Le pareció que eso no era justo y fue para invitarlos al festival de la iglesia. Al llegar a la feria les dio a cada uno de ellos una bolsa con donas y otra con cacahuates. Cuando comenzaron a comer los cacahuates salados sufrieron una transformación extraordinaria. Comenzaron a llorar y a gritar jalándose el cabello. Pronto corrieron en diversas direcciones.

Días más tarde llegaron a sus casas y fueron reconocidos por sus parientes. Todos habían muerto meses atrás y habían sido enterrados.

Todas estas historias son interesantes como cuentos de terror, pero, ¿existen o no los zombis? Las opiniones están divididas. Los que no reconocen su existencia, sostienen que en la isla, sobre todo en el interior de Haití, hay retrasados mentales, seres que no hablan, o que temen a la gente. A esos, los campesinos los llaman zombis. En cada anormal, en cada loco, en cada ser solitario, los campesinos y supersticiosos ven a un zombi. Otros se preguntan qué puede ganarse si se convierte en zombis a los muertos. ¿Ahorrarse el salario que tendría que pagar a un vivo? Aunque los jornales son bajos en ese país, ese ahorro representan una verdadera diferencia económica.

En cierto sentido tienen razón los escépticos: la imaginación popular es tan grande que convierte a los locos y retrasados mentales en zombis. Sin embargo, para quienes sí creen en ellos, éstos forman parte de la realidad de los poderes de los brujos vudú. No obstante, es probable que muchos de los relatos de supuestos zombis puedan ser originados por observaciones de retrasados mentales ocultos por sus familias. Tal vez, por pena, los declaran muertos mientras los ocultan de la sociedad. Algún descuido hace que escapen, muchos años después, y son identificados como “muertos vivientes”. Así ocurrió en un caso que relata Alfred Metraux. Le presentaron una zombi, pero al día siguiente fue identificada como una joven retrasada mental que se había fugado de su casa, donde sus padres, por lo general, la tenían encerrada bajo llave.

Lo mimo pensaba Seabrook. Su conclusión, luego de meses de estudio, era que los zombis que había visto sólo eran “pobres seres mentalmente débiles, idiotas, forzados a trabajar en el campo”.

Metraux cuenta historias similares a las de Seabrook. Una de ellas dice que una joven que rechazó las proposiciones de un bocor fue amenazada por el brujo. La joven, como era de esperar, enfermó y murió. Por alguna razón que se desconoce, la enterraron en un ataúd muy pequeño, por lo que tuvo que ser doblada del cuello. Al ejercer fuerza para meter el cuerpo en el ataúd, una de las velas cayó dentro y le quemó el pie. Años más tarde la gente aseguró haber visto a la muchacha. Era perfectamente reconocible por su encorvamiento y por el pie quemado. Se dijo que el bocor la había convertido en zombi y la tenía en calidad de amante y criada.

El antropólogo británico Francis Huxley relata una historia que a su vez le contó un cura católico. En 1959 se encontró un zombi vagando por el pueblo. Entre varios ciudadanos lo llevaron a la comisaría, pero la policía estaba tan aterrada que decidieron ponerlo en la calle nuevamente. Alguien sugirió darle agua con sal. El zombi pudo, al fin, decir su nombre. Buscaron a su tía, que vivía cerca de la comisaría. La mujer lo identificó plenamente y dijo que había sido enterrado cuatro años atrás. El zombi reveló el nombre del brujo que lo había mantenido cautivo y dijo que había más como él en la plantación. Se trataba de un bocor muy poderoso. La policía se limitó a enviar una nota ofreciéndole la devolución de su zombi.

Dos días más tarde encontraron al zombi. Esta vez definitivamente muerto. Al fin se decidió ir por el brujo, pero no lo encontraron, ni a su mujer, ni al resto de los zombis.

Otra historia más. Un hombre rico se detuvo muy cerca de un almacén debido a una ponchadura de llanta. Pasó un anciano y le invitó un café mientras esperaban a un amigo para que les ayudara a cambiar el neumático. Mientras tomaban café, el viejo le dijo que era un bocor. Su invitado mostró de manera educada su escepticismo. Ante esto el brujo le miró inquisitivamente y le preguntó si había conocido al señor Célestin, que había muerto seis meses antes. El hombre rico dijo que casualmente eran amigos entrañables. “¿Le gustaría verle?” murmuró el brujo. Entre asombrado y curioso, el invitado asintió levemente con la cabeza. El anciano restalló su látigo seis veces y se abrió una puerta. Con pasos torpes, mirada perdida y en actitud sumisa entró Célestin. El hombre rico le adelantó su taza de café, pero el brujo se interpuso. Le explicó que era muy peligroso dar a una persona muerta algo en la propia mano. Ordenó que se retirara el zombi y luego le explicó que otro brujo se lo había vendido por 12 dólares.


PARA FABRICAR UN ZOMBI

Los que creen en ellos han elaborado inclusive interpretaciones acerca de su creación. Según ellos, muchas personas ávidas de riqueza, honores, salud o éxito, solicitan un favor de un brujo bocor. Este puede exigirles a cambio su espíritu. Si el creyente acepta las reglas establecidas por el bocor, el mago comienza su trabajo. Pasa el tiempo, y una noche el brujo llega hasta la cabaña de su “cliente”. Viene montado en su jumento, pero dando la cara ala grupa. Desciende, arrima su boca a cualquier grieta y aspira el alma del desgraciado, encerrándola en un cobi (una botella con tapón de rosca). El infortunado cae en una especie de trance y no tarda en fallecer. Al día siguiente sus parientes lo encuentran muerto y, luego de velarlo, lo entierran. Después, el hechicero acude al cementerio e invoca a los Loas o dioses principales, mayormente al Barón Samedi (el demonio) y lanza un grito de exhorto al cadáver. Hace que sus ayudantes lo desentierren. Pronuncia el nombre de la víctima y, puesto que el brujo tiene su alma, la persona muerta tiene que levantar la cabeza en señal de respuesta. Al hacerlo, el bocor pasa momentáneamente por debajo de la nariz la botella con su alma. El muerto se reanima. Rápidamente los ayudantes le amarran las muñecas. Lo suben sobre el asno y el brujo se lo lleva en ancas hasta su choza, mientras sus ayudantes se quedan a cerrar cuidadosamente la tumba. El brujo debe pasar por la casa de su víctima para asegurarse que éste nunca más reconozca el camino. Al llegar a su destino, el bocor le da una droga para revivirlo. Al volver a la vida, el “muerto” da sus primeros vacilantes pasos como si fuera un robot. El zombi comerá, hablará, escuchará, caminará y verá, pero carecerá de recuerdos y no tendrá conciencia de su estado.

Otros compran a los brujos un baka (literalmente “punto caliente”), loa maligno o alma zombi que se compromete, bajo ciertas reglas y condiciones que establece el bocor, a servir a quien lo adquiere. Por lo regular las condiciones del baka consisten en exigir a su dueño constantes víctimas humanas para saciar su apetito, de preferencia los parientes o amigos del comprador. Finalmente, después de cierto número de años, establecido en el contrato, el bocor se apodera del alma del comprador y lo convierte en zombi para seguir el mismo proceso.

La palabra baka también designa a los espíritus malignos que merodean por los bosques y poblados bajo la apariencia de diversos animales y monstruos desconocidos.

Los haitianos adoptan diversas precauciones para no ser convertidos en zombis. Los que tienen recursos entierran a su muertos bajo una sólida obra de albañilería. Otro lo hacen en u patio trasero o cerca de un camino muy transitado. La mayoría montan guardia continua en el cementerio hasta estar seguros de que el cuerpo se ha descompuesto. Los más drásticos “matan” de nuevo al cadáver. Hay quien coloca un puñal en el ataúd para que sea el propio muerto el que se defienda al momento en que llega el bocor. También les llenan la boca con tierra y les cosen los labios para que no puedan responder al brujo cuando les llama por su nombre.


¿REALMENTE MUEREN?

En su artículo Voodoo Death, el fisiólogo de la Universidad de Harvard, Walter B. Cannon, describe el proceso por medio del cual un creyente en el vudú puede, si se cree víctima de un hechizo, hacerse morir de miedo a sí mismo. El shock autoinducido, que paraliza la circulación y determina que los órganos vitales dejen de funcionar, faltos de oxígeno, puede ser provocado simplemente, según el doctor Cannon, por el “funesto poder de la imaginación obrando a través de un terror desenfrenado”.

En este caso sí se obtiene la muerte, no por los poderes de un muñeco vudú o de un brujo bocor, sino por el mismo poder de la autosugestión. Pero ¿qué ocurre en el caso de los zombis?

Ciertos estudios afirman que en realidad el paciente no muere. Es víctima de alguna droga vegetal proporcionada por el brujo, que lo deja en estado de catalepsia, que, como sabemos, hace pensar a los presentes que la víctima ha fallecido. De modo que, para evitar la descomposición del cadáver, los entierros ocurren a las pocas horas del fallecimiento de las personas. Si en realidad no se trata de una muerte real, sino de un estado de catalepsia, esa noche el brujo sacará a la víctima de su tumba. La revivirá usando otras drogas y apelando a ciertas raíces que afectan los centros nerviosos y el cerebro, los dejará sin voluntad. A partir de entonces será como un autómata pero no un zombi (muerto vivo).

Adamson, un especialista americano, afirmó haber descubierto un alcaloide extraído de la planta Kingo-liola, que produce unos efectos fisiológicos de muerte aparente. Otros vegetales (principalmente los del género solanácea, como la Branched calalve), provocan un brusco descenso del ritmo cardiaco, temperatura y otras funciones fisiológicas, sin llegar a provocar la muerte, dejando en ese estado cataléptico o de letargo a quien ingiere su pulpa macerada y filtrada.

Dice el siquiatra español Jiménez Del Oso: “Podríamos imaginar que la víctima así tratada sufra un deterioro neurofisiológico grave, convirtiéndose en un ser al que puede sometérsele mediante sugestión u otras artimañas”.


UNA EXPLICACIÓN: LAS DROGAS

Fue el doctor canadiense, de origen haitiano, Emerson Lamarque Douyon quien supuso que el fenómeno de los zombis tenía un fondo de verdad. No se trataba de actos de brujería ni de verdaderos “muertos vivientes”, sino de los efectos de algunas drogas.


“Estoy completamente convencido de que lo zombis existen –declaró el doctor Douyon-. Sé que existen porque los he visto con mis propios ojos. Nos estamos enfrentando con individuos de carne y hueso que han caído en un estado de muerte aparente producido por drogas. Se les ha declarado muertos y han sido inhumados. Luego son exhumados y reanimados por hechiceros vudú quienes les administran drogas”.

El doctor Douyon ha pasado los últimos 25 años denunciando fraudes parapsicológicos. Pasó una temporada de 18 meses en Haití estudiando el fenómeno zombi y el culto vudú mientras tenía a su cargo la dirección del Centro Psiquiátrico de la Clínica Médica Albert Schweitser de Port-au-Prince. Logró reunir tres zombis en su clínica: dos hombres y una mujer. Encontró rastros de seis drogas vegetales en su sangre.


“Esas drogas producen un estado cataléptico con el que su pulso y su presión sanguínea son casi imperceptibles. Sin embargo, permiten la oxigenación del cerebro impidiendo así que se produzcan lesiones mientras son enterrados”.

Los futuros zombis, una vez declarados muertos y sepultados públicamente, son exhumados por el hechicero vudú que les suministró la droga. Los brujos logran esclavizar a estas gentes por el resto de sus vidas, manteniéndolos en un estado de idiotez, agregando pequeñas cantidades de la misma droga, como parte de su dieta diaria. Se han dado casos, sin embargo, en que los zombis han logrado escapar del embrujo y volver a su vida normal. Estos casos los veremos más adelante.

En un principio Douyon desconocía la naturaleza exacta de la droga, aunque sospechaba que era extraída de algunas flores de la familia de la Datura. Para comprobar su hipótesis, Douyon inyectó una poción de un extracto de esta planta a perros y ratones. Detectó un descenso notorio en sus signos vitales y actividad motora. Los animales pierden su vivacidad y entran a un estado comatoso que dura unas tres o seis horas, dependiendo de la dosis inyectada. Una vez pasado este tiempo, los animales sujetos al experimento se recuperaron totalmente.

Continuará…


[1] Publicado originalmente en Ruiz Noguez Luis, Los zombies. ¿Muertos vivientes o drogados permanentes?, Revista de Geografía Universal, Año II, Vol. 20, No. 3, México, septiembre de 1985, Págs. 273-288.

Los extraterrestres de Beckjord

LOS EXTRATERRESTRES DE BECKJORD

De vez en cuando eBay, la agencia de subastas por Internet, nos da grandes sorpresas. A finales del 2003 apareció una extraña oferta: vendían “9 fotografías auténticas de extraterrestres” en el módico precio de un millón de dólares: una bicoca.

Además, el vendedor Jon-Erick Beckjord, ofrecía el envío gratis. Eso sí, sólo dentro del territorio de los Estados Unidos.

Por si esto fuera poco, se comprometía a ceder los derechos de autor de las fotografías al comprador.

No sólo eso. Como si fuera una oferta de esas que se anuncian por televisión, añadía los servicios de su laboratorio fotográfico para autentificar las fotografías.

Si aún no estaba convencido, Beckjord incluía una carta de un laboratorio fotográfico independiente que afirmaba que las fotos no habían sido trucadas, ni fueron modificadas con photoshop.

Para concluir la oferta anexaba otra carta de un zoólogo que declaraba que las entidades que aparecían en las fotos no eran de ninguna manera animales de la Tierra.

¡Toda una oferta! De haberse enterado Jaime Maussán, hubiera pedido dos para llevar.

El anuncio en eBay decía:

Fotos extraterrestres: Las primeras y genuinas.

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¿Vendedor de este artículo?: Firme para conocer sus datos.

Oferta inicial: US $ 1,000,000.00

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Aug-23-03 20:45:06 PDT

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Localidad: San Francisco, CA, Estados Unidos.

Información del vendedor: Beckjord (15*).

Taza de retroalimentación: 15

Retroalimentación positiva: 100%

Registrado: Mar-28-99 en Estados Unidos

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Edad: 1940

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Región/País: Norteamérica

Tema: Animales-Vida salvaje

Dimensión más grande: 6” – 12”

Marco: Sin marco

Lo incomprensible fue que, a pesar de que eBay recibió 1866 visitas, nadie se animó a comprar las fotos.

¿Quién era este Beckjord? ¿Qué mostraban sus fotos?

DE CRIPTOZOÓLOGO A UFÓLOGO

Erick Beckjord es un personaje muy conocido en el mundo de la criptozoología. Por años se ha dedicado a investigar y tratar de probar la existencia del Bigfoot en el territorio americano. Para ello implemento diversos proyectos: Grendle, Bigfoot y Sasquatch Research Project (en realidad simples acampadas en busca del bigfoot). Sus centros de operaciones estaban en Seattle y Bellingham, en el estado de Washington.

En 1978 entró en contacto con Judy Grant, una dama del área de la bahía de San Francisco, quien decía poseer una foto de un bigfoot rubio. Beckjord había escuchado en el programa radiofónico del locutor Dr Don que la señora Grant había tomado esa fotografía en un lugar de El Dorado National Forest.

Erick se puso en contacto con la señora Grant y acordó trasladarse de Bellingham, su hogar de residencia, a San Francisco, para ver la foto e ir a investigar el área para buscar y fotografiar el bigfoot.

La señora Grant había tomado varias fotos de sus vacaciones con una cámara de formato 110 de $ 40.00. En una de ellas aparecía una gran figura del otro lado de una charca. Ella nunca vio nada cuando estuvo de acampada. Pero al regresar a su casa y revelar sus fotos, varios de sus amigos creyeron ver la figura de un bigfoot de cabello rubio.

El o la bigfoot rubio era de color marrón y estaba a unos 40 metros de la cámara, del otro lado de la cañada.

La foto fue tomada justo en la madrugada, cuando los rayos del sol caían sobre la arboleda pintándola de tintes dorados y rojizos. El sol estaba a espaldas de la fotógrafa. ¿Será este bigfoot una simple formación de la maleza?

Pero para Beckjord eso no es así. Según el criptozoólogo la fotografía muestra un verdadero sasquatch ¡con todo y cría!

Erick ve una pequeño sasquatch en el hombro de la bigfoot (porque para él se trata de una hembra), y un bigfoot adolescente (12 años, según Beckjord) al lado de su madre.

Estas otras figuras tampoco fueron vistas por la señora Grant, ni por sus amigos que analizaron las fotografías. Sería Beckjord el que las “descubriría”.

Grant y Beckjord se dirigieron a El Dorado National Forest, para investigar el sitio en donde se habían tomado las fotos. A la mañana siguiente se internaron en el bosque para buscar huellas. Al regresar encontraron que la camioneta pickup tenía la puerta trasera abierta, pero no habían robado nada: todo estaba en su lugar.

Nuevamente se internaron en el bosque, esta vez llevando la camioneta. Llegaron al sitio en donde la señora Grant había tomado su foto, 30 días antes. Midieron el árbol utilizando como escala una rama que aparecía en la foto. La altura que calcularon al bigfoot era de ¡3 metros!

Beckjord bautizó a esta figura con el nombre de Connie. Dijo que además de ella y de sus crías había un sasquatch macho: Thom.

Durante la noche escucharon ruidos de pisadas sobre la hierba y aullidos, que no eran de coyote. Las pisadas llegaban hasta el campamento, pero nadie pudo ver de qué se trataba.

Al día siguiente subieron la montaña y encontraron unas extrañas formaciones: 6 a 8 pilas de bellotas, cada una de 1 a 1.2 metros de alto, que difícilmente pudieron hacer las ardillas o los osos.

Al bajar de la montaña escucharon que algo los seguía, pero no pudieron ver de qué se trataba. El crujir de las hojas era claro. Cuando caminaban, la cosa caminaba con ellos; y se detenía, cuando paraban la marcha. Al llegar al campamento dejaron de escuchar esos pasos. La cosa se había marchado.

Nuevamente por la noche escucharon los aullidos y el ruido de las hojas cerca del campamento.

Al día siguiente abandonaron el sitio y regresaron a San Francisco.

Beckjord tomó varias fotos del área y las llevó, junto con la de la señora Grant, a su amigo Alan Gilliespie, quien hizo unas ampliaciones en las instalaciones del JPL en Pasadera. Encontró que los realces en blanco y negro de la cabeza eran muy raros. Estaban como retorcidos y parecían tener dos caras traslapadas que compartían un ojo. Según él, pueden ver unos grandes dientes caninos, y hay por lo menos tres niños sobre la criatura adulta, uno aproximadamente de 12 años, agarrando el cuerpo; y dos más jóvenes en la parte posterior y en los hombros del adulto.

¿Por qué tantos pies grandes? Beckjord responde:

“Bueno, ellos viajan en familia o grupos tribales, como los gorilas, chimpancés y babuinos, o los humanos. Así que ustedes están viendo las fotografías de una gran familia o clan. ¿Por qué no?”

En las fotos tomadas por Erick Beckjord encontraron otros humanoides. Ahí estaban, por ejemplo, Peter-g, quien fue fotografiado a la derecha de Igor y su amiga.

Estas fotos fueron tomadas con una cámara Minolta de 35 mm, con una lente de 50 mm y utilizando una película Panatomic X, blanco y negro, Asa 125.

Igor y su compañera Linda muestran grandes ojos almendrados. Su cara es triangular, de cabeza plana y boca delgada. Están de frente, mirando la cámara. Aparecen en las fotos 3, 4 y 5 y se mueven ligeramente en cada una de ellas. Están a un lado de un árbol de sequoia de unos 65 centímetros de diámetro. Los niños se encontraban a la derecha de los humanoides.

Beckjord nos informa que al año siguiente (1979), organizó otra expedición para investigar el área. Esta vez le acompañaba su novia Susy Adams, de Seattle. Erick dice que pasaron un buen tiempo nadando desnudos en la charca, pero esa no era la razón principal para hacerse acompañar por Susy. Beckjord asegura que las mujeres y los niños atraen a los pies grandes.

La expedición fue cubierta por la prensa local. Beckjord llevaba, entre otras cosas, una cámara de 16 mm y cámaras de foto fija de 35 mm (Hollywood), una cámara Polaroid de 120, y mucha cinta de audio.

La cámara de 16 mm no funcionaba bien y continuamente se atascaba. Los expedicionarios no utilizaron la cámara de película de 35 mm ya que su rollo era muy costoso. Pero las fotos polaroid mostraron algunas imágenes extrañas al otro lado de las rocas, que vieron a simple vista. No así en las fotos infrarrojas de Susy y Erick.

Pronto fueron apareciendo más y más figuras. En una foto, con cámara de 35 mm y película blanco y negro, en donde aparecen unos niños pescando aparece otro personaje. Este se encontraba a unos 70 metros de distancia, según Beckjord, y no fue apreciado a ojo desnudo. Se trata de Carl. Es un ser que se mueve. En las fotos 27 y 28 aparece de perfil y tres cuartos. El movimiento de cabeza es en la dirección de los niños que estaban pescando. Tiene unos grandes ojos negros. Su cabeza es plana. Se le forma una leve sonrisa y tiene una especie de puente sobre la nariz.

En otra foto tomada a 70 metros de distancia y con una lente común, apareció otro humanoide al que bautizaron Roderick. Beckjord encuentra cierto parecido con el dibujo del bigfoot descrito por Thomas E. Smith en junio de 1972, en Cascade Mountains, Oregon.

En la mancha ampliada, Erick ve “cejas y grandes globos oculares, una gran nariz, con las fosas nasales en forma de raya, quijada larga, pero sin barbilla, cabeza plana, sin frente, con cantos supraorbitales”. El humanoide tiene “dientes, y una franja de pelo sobre la cabeza. Hay un globo ocular muy oscuro en la otra cuenca ocular. El cuerpo permanece oculto por la hierba”.

Roderick, nuevamente según Beckjord, tiene las mismas fosas nasales largas, cabeza plana, sin frente, cuencas oculares profundas, cejas pobladas y quijada extendida y colmillos traslapados que el pie grande visto por Smith.

La entidad Roderick se encontró en la foto 3. Estaba entre los arbustos, entre las entidades 1 y 2 y el agua. Beckjord dice que también aparece en las fotos 4 y 5.

Si vemos la ampliación de la foto y luego la comparamos con un dibujo del propio Beckjord, nos damos cuenta que esa figura (y todas las demás) están sólo en su imaginación. Son simples pareidolias.

Pero aquí no acaba la historia. En 1981 Erick Beckjord regresó al lugar acompañado de tres amigos (“recientemente divorciados”, informa Erick). Uno era un rastreador profesional de pumas, quien dijo que sus perros se negaron a seguir una huella de bigfoot.

Beckjord y sus compañeros acamparon por toda una semana. Escucharon los mismos aullidos y las pisadas en la hojarasca. Pero lo mejor es que lograron fotografiar una figura muy parecida a Roderick: Peter-b.

Nuevamente hay que ver las ampliaciones y el dibujo de Beckjord para “identificar” al humanoide. Pero otra vez se trata de una pareidolia.

Parece que Beckjord estuvo buscando imágenes en cualquier parte de sus fotos. Hay una foto en su sitio web en donde aparece el criptozoólogo en el mismo lugar en donde estaba el pie grande que fotografió la señora Grant.

En una piedra que se encuentra a la izquierda de la foto, aparece señalada una figura que, probablemente Beckjord identificó como la de un sasquatch. Pero como es más que evidente que se trata de una simple muesca en la roca, el criptozoólogo no abundó en ello.

En la misma expedición de 1981 se tomó la foto de otro supuesto humanoide, bautizado como Dmitri.

Este individuo se escondía detrás de un árbol muerto a la salida de la charca, y cerca de 45 metros a la izquierda de donde estuvieron las entidades 1-4 de 1979.

Beckjord describe esta nueva figura:

“La cabeza de esta entidad es plana. Posee dos ojos, una nariz larga, una quijada prognata y una boca levemente abierta. No hay frente. Es algo como una cruza entre babuino y lobo. Tiene algunos rasgos de las entidades 1 a 4. ¿Será el bigfoot una mezcla entre babuino, lobo, humano y mono?”

Algunas de las imágenes Beckjord y Grant estuvieron en exhibición en el UFO, Bigfoot, Loch Ness Monster and Crop Circles Museum, de San Francisco, entre 1997 y 1998.

Jon-Erick Beckjord habla de diecisiete criaturas sin clasificar fotografiadas en sus campamentos en las altas montañas.

Dejamos al final una foto de Susy Adams, que Beckjord dice fue tomada en 1980. En ninguna parte de su web menciona una expedición hecha en 1980. Afirma que Susy lo acompañó en su expedición de 1979. Es importante aclarar estas fechas porque Erick muestra la siguiente fotografía con el siguiente pie de foto:

“Susy Adams posando cerca de la mancha en 1980. En el mismo árbol. Hay otras entidades a su alrededor, pero ella no las ve”.

Beckjord abunda en lo siguiente:

“Algunos ven otra entidad sobre su brazo derecho. Otros dicen apreciar uno más al lado izquierdo de su cabeza”.

Según el criptozoólogo, la foto de Susy fue tomada con un telefoto.

Pero ¿por qué es tan importante esta foto? Porque en ella aparecen dos piedras al lado del árbol. Esas piedras son las que Beckjord confunde con los “extraterrestres” Igor y Linda. No hay duda de que la foto fue tomada en 1979 y no en 1980 como dice Erick. Compare la ampliación en donde está Igor con esta foto de Susy. Hay una rama de un arbusto que cubre parcialmente la parte inferior del árbol. Esta rama es la misma que aparece en la foto de Igor y Linda, aunque la perspectiva es un poco diferente. La probabilidad de que un arbusto haya crecido de una manera idéntica en dos años distintos, es prácticamente cero.

La conclusión es que Beckjord estaba viendo “extraterrestres” y “pies grandes” en las manchas y sombras de los árboles. No creo que alguien se crea estas fotos. ¿Se lo cree Beckjord? ¿Quizás Maussán?

REFERENCIAS

Beckjord Jon-Erik, Beckjord’s Genuine Alien Head Photo, articulo en Internet, 25 de noviembre del 2003, http://www.beckjord.com/bigfoottribephotos/index.html

Ver también:

http://www.beckjord.com/bigfootphjotosbybeckjord

http://www.beckjord.com/firstalienphotos/

http://www.coasttocoastam.com/gen/page254.html

La oferta en eBay se podìa consultar en:

http://cgi.ebay.com/ws/eBayISAPI.dll?ViewItem&item=3237766352&category=14895

Este es Igor, una de las entidades fotografiadas por Erick Beckjord.

La foto de Judy Grant con el bigfoot reflejado en la charca.

Ampliación de la foto. Los “cabellos rubios” parecen ser ramas de los árboles.

Beckjord pintó de rojo la silueta de la cara del bebé bigfoot.

Beckjord ve dos caras en una misma cabeza.

Según Beckjord esta es una ampliación digital en donde se ve la hembra Connie, el bebé Autumn y el adolescente Bobbie.

Esta es la fotografía de Igor. En la parte de atrás se puede ver su amiga. Haga un esfuerzo por identificarlo antes de que le mostremos su ubicación.

No se preocupe si no identificó al segundo humanoide. Aquí está el dibujo de Beckjord en donde aparecen Igor y su amiga.

Cabeza y torso de una criatura, “primate/homínido” con dos jóvenes sobre su pecho, según Beckjord. Foto tomada en la misma área de la charca.

La Sierra Ponds Expedition de 1979, del Project Bigfoot. Foto de un periódico.

Las fotos 27 y 28 en donde aparece Carl. En la parte inferior, la interpretación de Beckjord.

Roderick aparece ocultándose tras la arboleda.

Roderick señalado con una flecha.

Dibujo de Thomas E. Smith del sasquatch que vio en junio de 1972.

Ampliación de Roderick. El recorte de la figura lo hizo el mismo Beckjord.

Dibujo de Erick Beckjord que muestra la cabeza de Roderick.

Jon-Erik Beckjord en el mismo sito en donde apareció en bigfoot de la señora Grant. Foto tomada en su viaje de 1981.

Peter-b en negativo Peter-b en positivo Dibujo de Peter-b

Dmitri señalado con una flecha. Parece que la “cara” está sobre una piedra.

Foto del Bigfoot enseñando su “pilín”

Fotos del “Bigfoot” hechas por una pareja del Área de la Bahía de San Francisco, durante su viaje de campamento del 27 de septiembre. 100% serio. La “mejor foto desde la película del Bigfoot de 1967”.

(Estas no son bromas ni falsificaciones. Ningún Photoshop, sólo fotos tomadas de una película de 35 mm.)

Después de imprimir y realzar su calidad, finalmente ahora se puede mostrar una foto del Bigfoot tomada el 9/27/06 durante una expedición a CA.

http://www.beckjord.com/bigfoot/septexpedition.html

Erik Beckjord es un criptozoólogo estrafalario que hace algunos años intentó vender unas fotografías de supuestos Bigfeet y de extraterrestres por un millón de dólares. Acá se puede ver una muestra de sus fotografías.

http://www.beckjord.com/bigfootphotosbybeckjord/

El caso de los “Ovnis gigantes”

Por Marcos González (Agrupación Canopus – Chile)

Uno de los episodios ovni que mayor impacto tuvo en la opinión pública durante el último tiempo fue el de los denominados “Ovnis gigantes”; estructuras colosales de origen desconocido que se aproximaron a la Tierra y que lograron ser captadas por los sensores de algunos satélites GOES.

Los más fervorosos partidarios de los ovnis y de las visitas extraterrestres, aquéllos que nunca han dado un paso atrás en su creencia, vieron con desbordante entusiasmo cómo se cumplían satisfactoriamente sus dos supremas expectativas. La primera de ellas, la obtención de La Evidencia Definitiva. Aquélla por la que habían esperado más de 50 años. Una prueba sólida e irrefutable que obligaría a la retractación incluso del más escéptico de los científicos. Por otro lado, las impresionantes dimensiones de estas naves espaciales y la magnitud de los hechos, sin precedentes en el historial ovni, parecían simbolizar el punto cúlmine de un acercamiento gradual entre “ellos” y nosotros. El contacto masivo con inteligencias extraterrestres parecía entonces inminente.

Lea el artículo completo en

http://www.iiee.cl/reportajes_ovnis_gigantes.htm