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El mensajero de Marte (Final)

De nuevo él me preguntó, tomando mi dibujo para hacerlo. Yo le entendí lentamente pero era evidente que me quería decir: “¿Esta lista tu gente para viajar a la Luna?”.

Respondí “si”, y asentí tratando de cualificar con mímica para mostrar que esto no será posible por algunos años. Entonces se mostró serio. Leyendo entre líneas no es difícil entender porque. Nuestros conocimientos sobre los vuelos espaciales y la posible visita a la Luna y otros planetas no estaba favorecida por los marcianos y venusinos. ¿Y quién puede censurarlos? Aún no hemos probado ser capaces de seguir las reglas de nuestro propio planeta y visitar otros y tal vez influenciarlos.

Aquí hay algo que tal vez sorprenda a los que han leído el libro de Adamski. Uno puede inferir, de su relato, que el venusino que lo contactó era un ser superhumano de infinita sabiduría que ciertamente no necesitaba preguntar cosas como “¿están preparando una guerra?” o “¿están listos para volar al espacio?” No tengo razones para cuestionar sus declaraciones, particularmente cuando él –y no yo- fue capaz de comunicarse telepáticamente y por lo tanto obtuvo mucha más información.

Existe una explicación más simple para las preguntas del marciano, y se me han ocurrido dos alternativas, o bien los venusinos son más avanzados que los marcianos o hay diferentes grados de inteligencia en Marte y Venus, exactamente como los hay en la Tierra, y el visitante de Adamski tenía más conocimientos que el mío. Creo que la segunda explicación es la más acertada. He establecido que hay un contacto cercano entre Venus y Marte, así que es muy probable que los avances científicos sean intercambiados para el bien común.

El marciano miró hacia arriba y me di cuenta que el tiempo estaba corriendo. Él tenía razones para no demorarse. Era vital que yo usara cada momento que me quedaba. Tomé mi cámara y la señalé y luego al platillo, que estaba a unos 20 metros. Él estuvo de acuerdo y tomé una serie de fotografías. Estaba oscureciendo, pero a pesar de la oscuridad pienso que estarán de acuerdo en que los resultados son razonablemente buenos. Tuve que seleccionar las mejores fotografías para incluirlas en este libro.

Recuerdo que Adamski preguntó si podía subir al platillo pero se le negó. Yo pregunté lo mismo y obtuve la misma respuesta. Fue bastante cortés pero muy definitivo. Caminé hacia el platillo (Debo añadir que el panel deslizante estaba arriba, así que no pude ver el interior; la carcasa no era transparente ni traslúcida), y busqué signos para ver si podía tocarlo con seguridad.

Él asintió. Entonces recordé que Adamski había tenido una mala experiencia, había tocado el cuerpo del platillo venusino y había recibido una fuerte descarga, por lo que su brazo se paralizó durante varias horas. Por lo tanto estaba un poco aprensivo pero me controlé y lo toqué rápidamente. Afortunadamente no hubo nada –ni una ligera descarga. En ese entonces no supe por qué, aunque la respuesta es obvia.

El platillo venusino nunca había aterrizado, permaneció volando a pocos metros del terreno, y por lo tanto sus motores estaban trabajando, aunque Adamski no menciona esto y aunque no hacía ningún ruido. El platillo marciano estaba sobre el terreno y sus motores estaban parados, así que Adamski recibió el “shock” y yo no. Parece razonable concluir que el cuerpo del platillo sólo es peligroso si se le toca cuando los motores están encendidos y esto de nuevo confirma que los motores son más o menos convencionales –al menos no algo tan obtuso como una fuente de poder mental.

Ciertamente el cuerpo del platillo se sentía extrañamente tibio. Esto puede, por supuesto, deberse a mi imaginación –yo esperaba una descarga- pero pienso que no enteramente. La respuesta puede ser que el platillo viajó a través del aire en su jornada hacia la Tierra y su carcasa exterior pudo calentarse por la fricción, por lo que le tomaría tiempo enfriarse.

Se me ocurrió otra cosa. Pregunté por qué algunos platillos hacen ruido y otros no. Traté de explicarle este punto pero tuve muchas dificultades. Finalmente lo conseguí y creo que su respuesta fue que los verdaderos platillos son virtualmente silentes –aparte del ligero zumbido provocado por su desplazamiento en el aire cuando bajan y el casi inaudible ronroneo de sus motores. Esto significa que los así llamados “platillos aulladores”, incluyendo varios enlistados por Leslie, no son platillos, probablemente sean meteoritos.

Era claro que mi tiempo se había acabado. El marciano había caminado hacia debajo de la colina, me apartó y se dirigió hacia el platillo. Obviamente tenía prisa. Repentinamente recordé que no le había fotografiado. Pensé que sería criminal perder tal oportunidad, así que, mientras él caminaba hacia la nave espacial me las arreglé para tomar una foto. Si no hubiera estado tan apresurado y hubiera sido mejor la luz, hubiera conseguido una fotografía más satisfactoria. Por otra parte, en mi tentativa de tomar un mayor ángulo de su perfil, erré en encuadrar también al platillo; pero aún así muestra algo de la prenda de una sola pieza que usaba el hombre espacial.

Siguió caminando. A lo lejos levantó su mano una vez más en el típico saludo terrícola con el que yo lo había recibido; yo hice lo mismo. El momento de la despedida había llegado y los cientos de preguntas que deseaba hacerle volaban en mi cabeza. Sentía que nunca más tendría la oportunidad de encontrar las respuestas.

Di unos pasos hacia delante, pero el marciano movió su cabeza y me hizo regresar. No tuve otra opción. La rampa se abrió; él saltó ágilmente dentro del platillo y el panel se cerró nuevamente, impidiéndome la vista y el tomar una fotografía del interior del platillo.

El zumbido comenzó de nuevo, de un modo más bajo que el de una mosca al volar. Lentamente el platillo se elevó en el aire, el domo giró lentamente y en silencio y gradualmente se elevó el maravilloso aparato –suavemente al principio, y luego, cuando alcanzó una altura de 35 metros, a una tremenda velocidad. Desapareció en los cielos dirigiéndose hacia el norte. Por un momento me quedé contemplando pero luego sólo observé unos cuantos pájaros y las nubes.

Miré mi reloj, eran las 4:25. La totalidad de aquella maravillosa entrevista se había hecho más o menos en media hora; aunque a mí me pareció de sólo pocos minutos desde que vi por primera vez el platillo volando sobre el mar grisáceo, pero en este corto periodo aprendí cosas que los científicos han tratado de conocer desde los días de Aristóteles.

Supongo que la reacción automática a una experiencia maravillosa es preguntarse si fue un sueño –aunque realmente haya ocurrido. No puedo decir que me pregunté esto. Después de todo, había ocurrido antes, por lo menos dos veces, la única cosa maravillosa desde mi punto de vista era haber tenido el privilegio de ser el testigo.

Examiné mi cámara. Admito que estaba partido en dos. Si las fotografías que había tomado resultaban ser buenas, creí que debía publicar la historia de lo ocurrido; sería un error guardármela (el Dr. Darbishire se enfrentó con el mismo problema, y llegó a la misma decisión –aunque por supuesto yo no sabía nada en ese tiempo). Por otra parte, ¿y si las fotografías eran malas…?

Aparentemente no había testigos. Creo que el platillo pudo haber sido visto desde Lossiemouth pero venía desde el mar y a baja altura. Para contar una historia como esta, sin el respaldo de las fotografías, era invitar a que me ridiculizaran en la escuela Clarke-Novell-Astronomer Royal. Pensé en esto antes de regresar a Lossiemouth y tomar una decisión. Si las fotografías eran buenas publicaría la historia completa y se la daría al mundo; si no lo eran les diría la verdad sólo a aquellos que hicieran buen uso de mis conocimientos especiales.

Entonces, cuando comencé a regresar a Lossiemouth vi a un hombre que se dirigía hacia mí. Cuando se aproximó logré reconocer al amigo que había tomado como pescador y que había visto en el pueblo hacía cerca de 3 horas.

Para mi sorpresa y alegría me dijo que había visto al platillo y los últimos instantes de mi entrevista con el ocupante. No era capaz de creer que se trataba efectivamente de un platillo –ya que estaba a 450 metros cuando lo vio- pero me contó, que desde su posición en una colina cercana lo había visto y por lo tanto llegó a la única conclusión posible.

Le pregunté su nombre y me dijo que era James Duncan, un pescador local. Estaba maravillado de la historia que le conté, y ya que él personalmente había visto parte de los eventos, estuvo de acuerdo en que lo llamara como testigo. Dijo no tener objeciones a esto. Así que tomándole la palabra, corté un pedazo de papel de mi cuaderno en el cual escribió su declaración. Con alguna ayuda mía él escribió:

“4:35, 18 de febrero de 1954”.

“Juro solemnemente que entre las 4:00 y las 4:15 PM del 18 de febrero de 1954 observé una conversación entre Cedric Allingham y un hombre que era el piloto de un platillo volador que aterrizó cerca de Lossiemouth en el condado de Moray. Después vi al piloto regresar al platillo que se elevó y se dirigió hacia el norte”.

“James Duncan. Firma”

(Una fotostática del papel original se reproduce como ilustración de este libro)

Mis fotografías eran la única evidencia concreta que podía ofrecer. No quise enviar el rollo a un químico o a un fotógrafo local y decidí esperar. Permanecí en el área durante la siguiente semana, esperando tener otro avistamiento del platillo pero no vi nada. Así que regresé a Londres.

Pasó una semana después de mi reunión con el marciano y antes que revelara el rollo, que oí por primera vez del platillo de Coniston. Las primeras noticias las obtuve de un periódico que compré en Edimburgo. Como dije antes intenté interrumpir mi viaje para llamar a los Darbishire; pero no lo hice –lamentablemente.

Por supuesto puedo estar equivocado en suponer que el platillo de Coniston y el de Lossiemouth eran uno y el mismo. Simplemente porque un aeroplano visto sobre Brighton y luego sobre Norwich no implica que sea la misma máquina. Pero creo que hay fuertes bases para sustentar mi creencia. Aquí en Inglaterra no tenemos observatorios como Palomar o bases de cohetes de prueba como White Sands, así que por lo menos los hombres espaciales no están interesados en nosotros como en los norteamericanos. Dudo mucho que los platillos que han sido vistos sobre las islas británicas sean genuinos. Cuando un platillo baja atrae la atención; y la nave espacial que visitó aquellas playas en febrero, pienso que era una nave de reconocimiento. Después de un largo periodo de que no se vieron platillos, parece increíble que nos visitaran dos en el espacio de tres días. Es por eso que pienso que el platillo de Stephen era el mismo que el mío. Nuestras descripciones y fotografías son, después de todo, muy parecidas, y en cualquier caso, si se pide describir un objeto corriente, tal como un automóvil ¿podrán dos tipos concordar en el más pequeño detalle?

Tan pronto como revelé los rollos, y obtuve lo que creo era un éxito como el de Adamski, supe que tenía que escribir este libro. La pregunta era: ¿debería hacer un anuncio preliminar o debería esperar hasta haber hecho mayores investigaciones y escribir el libro?

Supongo que moralmente debía haber hecho un anuncio, pero no lo hice porque quería presentar mi caso tan completo y de una forma tan desapasionada como fuera posible.

Le escribí a Adamski, pero ha pasado muy poco tiempo para recibir su respuesta. No obstante deseo ir a California, con la esperanza de reestablecer contacto con los platillos marcianos aunque creo que mis oportunidades de éxito son pocas. Espero reunirme con Adamski en Palomar[1].

He tratado de escribir estos acontecimientos tan fríamente como me es posible. No quiero que nadie piense que desprecio mi privilegio de ser el primer británico en hablar con un visitante de Marte; sin embargo nada ganamos con excitarnos y emocionarnos particularmente con esto (como yo he estado excitado más de una vez) ya que no hay nada intrínsecamente improbable en una visita marciana. ¿Qué habría sentido Julio César de haber visto un aeroplano? En primera instancia se debió haber alarmado. Si al pasar el tiempo ve más y más aeroplanos hasta que llegue a saber lo que son, dejará de sentir miedo. Esto es lo que pasará en el caso de los platillos.

Debo admitir sin embargo, que no puedo ocultar un sentimiento de orgullo de que esto me haya ocurrido a mí –aunque no haya hecho nada para merecer tal honor.

COMENTARIOS

Casi toda la comunidad ufológica británica cree que el caso del aterrizaje en Lossiemouth el 18 de febrero de 1954 es un fraude. Algunos creen que el perpetrador fue el jovial astrónomo amateur inglés Patrick Moore. Existen fuertes rumores de que el libro fue escrito por Moore, quien es una institución en Inglaterra, al estilo de Carl Sagan. Moore es un reconocido divulgador de la ciencia, reputado escéptico, escritor y periodista. Pero quizás una de las características por las que es más conocido es su afición a hacer bromas.

Moore, por ejemplo, esta involucrado con el caso del cráter de Charlton. Los medios de comunicación ingleses entrevistaron a un tal doctor Randall, quien dijo que el cráter fue formado por una nave espacial fuera de control de cerca de seiscientas toneladas, tripulada por 50 extraterrestres. Moore verificó las credenciales del doctor Randall entre los empleados de Woomera y encontró que no existía, exactamente como Cedric Allingham.

El 1 de abril de 1976 (april fool’s day) Moore anunció en Radio 2 de la BBC que a las 9:47 AM el planeta Plutón pasaría por detrás de Júpiter, “creando una fuerte atracción gravitacional que haría que mucha gente de la Tierra se sintiera más ligera”. Afirmó a sus escuchas que podrían experimentar esta sensación saltando en el aire en el momento justo del fenómeno.

El día del evento astronómico, la estación de radio recibió cientos de llamadas de escuchas que afirmaban haber experimentado esa sensación de ligereza. Una mujer dijo que ella y once de sus amigos, sentados en una mesa, se elevaron del suelo hasta llegar al tocar el techo.

Durante la oleada de Warminster, una serie de casos fraudulentos[2], Arthur Shuttlewood, recibió varios informes de avistamientos, incluyendo los mensajes de un tal Byron, quien le envió “documentos oficiales relacionados con el habla y la escritura de algunos de nuestros visitantes espaciales”. Los investigadores encontraron que se trataba de Bernard Byron.

Moore se refiere a Bernard Byron en Can you Speak Venusian, indicando que Byron fue el ultimo de los personajes que entrevistó para su serie de televisión One pair of eyes (que dio origen al libro Can you Speak Venusian). Byron aseguraba canalizar los mensajes de seres extraterrestres. Estos eran los mismos que presentó Shuttlewood en su libro.

Moore examinó los ejemplos de escritura alienígena que le envió Byron. Shuttlewood refiere que un experto del gobierno estuvo involucrado en la investigación (en realidad había sido Moore). Aún más, según Shuttlewood, los investigadores encontraron que la escritura no se asemejaba a ninguna de las conocidas en la Tierra, excepto a las “sagradas escrituras Boggah de los indios Abluti del Paraguay”. Los expertos no estaban seguros si era un lenguaje venusino o pertenecía al Krxyzcs del planeta Kruger 60b. Estaban escritos por una mano que tenía cinco meñiques. Pero otro experto disentía. Shuttlewood escribió:

“Un experto en astrofilología indicó que los Krxyzcs tienen cuatro meñiques y no cinco, como lo dedujo el primer doctor, junto con otros dos miembros parecidos a dedos, que por alguna razón mantienen extendidos cuando hablan con los hombres de la Tierra”.

Pero Shuttlewood, como buen ufólogo, se creyó todo, sin ponerse a reflexionar que no existen ningunos indios Abluti en Paraguay, y mucho menos unas sagradas escrituras Boggah; y que el los Krxyzcs son parientes de los Krabccs, del planeta Freddy 60a.

Cedric Allingham informaba a sus lectores que pronto se reuniría con Adamski. Tal vez el encuentro se llegó a dar finalmente en abril de 1959. En esa fecha George Adamski fue entrevistado por Patrick Moore en el programa de televisión Panorama de la BBC.

Sin embargo Moore continúa diciendo que él no escribió el libro de Allingham.

LA VERDAD DEL CASO ALLINGHAM

El libro de Cedric Allingham, Flying Saucers from mars, se publicó en 1955. Cuando el libro comenzó a tener cierto éxito, Allingham se negó a dar entrevistas. Se decía que estaba enfermo de tuberculosis, que estaba internado en una clínica de Suiza, y finalmente, que había muerto en 1956.

El investigador Christopher Allen, haciendo una verdadera labor detectivesca, descubrió la verdadera identidad de este contactado. Por principio de cuentas Allen revisó el estilo literario y encontró varias pistas fascinantes. También analizó las fotografías en donde aparecía Allingham y su telescopio. Se trataba de un aparato de 12 pulgadas de fabricación casera cuyo dueño y diseñador era precisamente Patrick Moore. Todas estas pistas lo llevaron a sospechar que la verdadera personalidad de Cedric Allingham era la de Moore, el astrónomo amateur más famoso en el mundo, y una de las mayores estrellas de televisión británicas de aquellos días[3].

Moore era considerado uno de los últimos grandes excéntricos ingleses. Frecuentemente ridiculizaba a los ovnis en muchos de sus libros. Escribió al menos dos libros satíricos en relación con los ovnis: ¿Puede hablar en venusino? y Cómo ganó Inglaterra la carrera espacial (cuyo coautor, irónicamente, fue el mismo Desmond Leslie, quien también había sido coautor de uno de los libros de Adamski). También escribió, curiosamente, un libro de divulgación científica sobre el planeta Marte.

No obstante de haber sido señalado como el responsable del fraude del platillo de Lossiemouth, Moore no hizo ningún esfuerzo en descubrir la verdad del caso en los debates que mencionaban la historia de Allingham.

Tiempo después la ufóloga británica Jenny Randles hizo sus propias investigaciones en torno a este asunto. Preguntó a los amigos y parientes de Moore si en verdad él había escrito y publicado las fotografías de los platillos marcianos. Todos ellos dijeron que sabían que Patrick Moore estaba involucrado en la creación de este fraude, pero no tenían idea del porque él nunca lo admitió.

Con estos datos Randles no tuvo más remedio que escribir al propio Moore en 1983, indicándole que ella no tenía intención alguna de publicar la historia si así se lo pedía Moore. La respuesta fue que Moore la demandaría si publicaba cualquier cosa sobre esa historia.

Tres años después Chris Allen, con la ayuda de Steuart Campbell y una computadora, llegaron a reunir las pruebas suficientes como para publicar la historia en las revistas ufológicas y en los periódicos. Por pura coincidencia Jenny Randles conducía un programa de radio para la BBC de Londres y había invitado a participar al propio Moore, sin saber que ese mismo día se publicaba la investigación de Allen y Campbell. Moore había aceptado la entrevista.

Cuando Randles leyó los periódicos se comunicó telefónicamente con Moore. Patrick mencionó los recientes “ataques a mi persona de un hombre loco que dice que yo escribí un libro de ovnis”. Jenny le dijo que ella había visto la evidencia, la había verificado con sus propios amigos (de Moore) y todos le habían confirmado que era cierta, pero que no diría nada ni le preguntaría al respecto en la entrevista que, por otra parte, no sería transmitida en vivo.

Moore estaba muy disgustado, gritó y colgó el teléfono. Se negó a aparecer en el programa diciendo que si salía hablando de ovnis su credibilidad, como divulgador de la Ciencia, se vería afectada. En su opinión todos los investigadores de ovnis eran unos locos.

Desde entonces esta historia se ha publicado en diversos medios ufológicos, aunque en México era totalmente desconocida, hasta ahora.

Pocos meses después Moore y Randles aparecieron en un programa de televisión debatiendo el tema de los ovnis. Nuevamente Moore negó hacer cualquier comentario sobre el asunto del platillo de Lossiemouth.

En 1986, según escribe la misma Jenny Randles en su libro The UFO Conspiracy, Moore reconoció implícitamente, durante una conversación con Allen y la propia Randles, haber inventado el relato. Lo curioso es que dos años después, en 1988, la misma ufóloga no menciona nada de esto en un artículo escrito por ella para la revista americana UFO Universe.

Al parecer, a Patrick Moore se le ocurrió inventar la historia porque esa mañana del 18 de febrero en que, supuestamente, ocurrió su avistamiento, los periódicos de Londres habían anunciado el caso de los primos Darbishire y habían publicado la fotografía del platillo volador con una crónica en la que se señalaba la similitud entre este platillo y la nave en la que viajaba el venusino que, supuestamente, se contactó con George Adamski[4]. Moore había leído el libro de Adamski y de hecho conocía al coautor, Desmond Leslie, por lo que decidió publicar una sátira del mismo, con evidentes errores científicos (como lo de los canales marcianos que en realidad no existen) para, posteriormente, poder burlarse de todos aquellos que creían en los platillos voladores. Sin embargo la broma se le escapó de las manos y cuando era necesario que se retractara, ya era demasiado tarde y le fue imposible.

El caso pasó así a la historia oficial de los ovnis y se formó una especie de culto en torno a él. No sería sino hasta muchos años después que otro ufólogo, Chris Allan, descubriera la verdad. Lo que no descubrió fue que Patrick Moore estuvo realmente en Marte, y contactó con los grises, como lo demuestra este video: http://www2.b3ta.com/patrickmoore/

REFERENCIAS

Allan Christopher & Campbell Steuart, Flying Saucer from Moore’s?, Magonia No. 23, July 1986.

Allingham Cedric, Flying Saucers from Mars, Frederick Muller Books Ltd, London 1956.

Bowen Charles, The humanoids, Henry Regnery Co., Chicago, Illinois, 1969, pags 14-15.

Dewey Steve & Ries John, Deconstructing Warminster, Chapter 10 (The Hoaxes, the Hoaxers, and the Hoaxed. The Confounding Problem of Patrick Moore), sin publicar, 1998-2002. http://www.stevedewey.pwp.blueyonder.co.uk/ufo/hoaxing.htm

Humphreys Geoffrey, Fooled by the Media, Contemporary Review, 4 January 1999; ver también http://www.museumofhoaxes.com/af_1976.html

Shuttlewood Arthur, Warnings From Flying Friends, pags 146-150.


[1] Desde que se recibieron las pruebas, he recibido una cordial invitación del señor Adamski para ir con él a su casa en las laderas de Monte Palomar. En una carta reciente, él escribió: “Nuestros hermanos de otros mundos se están moviendo a través de la atmósfera incrementando su número conforme pasa el tiempo”. (Nota original de Allingham).

[2] Ruiz Noguez Luis, El caso Simpson Warminster, Perspectivas Ufológicas No. 4, México, enero de 1995, pags. 70-72.

[3] Patrick Moore tenía un programa de televisión en el que trataba temas de divulgación científica. Ese programa duró poco más de treinta años. Por aquel entonces Moore era una verdadera personalidad en los medios de comunicación electrónicos. (Nota LRN)

[4] Ver marcianitos verdes http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/11/el-platillo-adamskiano-de-coniston.html

El mensajero de Marte (Primera parte)

EL MENSAJERO DE MARTE

Cedric Allingham

Cuando alguien decida un día que ha llegado el tiempo de escribir la historia de la comunicación interplanetaria desde sus inicios, no hay duda de que George Adamski ocupará un lugar importante en ella. ¡Cedric Allingham no lo hará! No tengo ninguna ilusión al respecto; creo que mi encuentro con el Platillo Marciano no tendrá ninguna oportunidad frente al de Adamski y tal vez el de Stephen Darbishire. En el mejor de los casos seré recordado como un científico aficionado que tuvo la buena fortuna de ser el primer británico en contactar con un hombre de otro planeta.

Cuando estaba en Escocia, poco después de la Navidad, a principios de este año (1954), los platillos no eran algo que me inquietara; ciertamente no tenía ni idea de un avistamiento, mucho menos de un contacto directo. Tenía que estar en Londres por asuntos de negocios durante varias semanas y mis pensamientos estaban en alejarme de las ciudades. Desde que tuve que estar durante dos años en un sanatorio durante la primera parte de la Guerra, yo me sentía más confortable fuera del humo y el bullicio de Londres.

Viviendo en mi camper y viajando a través de Inglaterra, llegué a la ciudad de Elgin. No tenía planes concretos, aparte de la idea de estudiar la vida de los pájaros[1]. Era mi intención dirigirme a Wick, a una parte más al norte de Escocia. Tal como ocurrieron las cosas llegué a Lossiemouth por una semana y regresé directamente a Londres, al Museo Británico.

La mañana del 18 de febrero me encontré paseando a lo largo de la costa, entre Lossiemouth y la distante Buckie. Estaba ensimismado en mis pensamientos sobre los pájaros. El área estaba poco poblada, y por un par de horas estuvo completamente sola. Entonces vi un hombre, caminando sólo en dirección opuesta a la mía. No estábamos tan cerca como para saludarnos, pero noté que estaba vestido como un pescador.

Fue cerca de 10 minutos después, a las 12:35, que vi por primera vez el platillo.

Para ser más precisos, lo oí primero. No era un sonido de un aparato, era un ruido que me hizo pensar en un gran pájaro. Volteé hacia arriba y sobre mí pude ver una manchita parecida a un pájaro. Sin embargo, cuando salgo a caminar siempre cargo una cámara y mis viejos, pero excelentes, binoculares Voigtlander. Rápidamente enfoqué los binoculares y maravillado observé lo que sólo podría ser un platillo volador.

Destellaba bajo el Sol, dando la impresión de estar hecho de metal. Debido a que el domo superior estaba inclinado, se distinguían claramente los engranajes esféricos del tren de aterrizaje. Ahora puedo entender muy bien cómo puede describirse como un “disco” si estaba colocado simétricamente apuntando su base hacia abajo. De su tamaño no soy capaz de dar ninguna conclusión; no creo que las estimaciones del tamaño, en observaciones distantes, sean de gran valor, a menos que se conozca perfectamente la distancia –en el caso de este platillo sería como hacer una adivinanza. Todo lo que puedo decir es que, si estaba cerca de los 1,600 metros, por la altitud de las nubes que estaban en aquel lugar del cielo, su tamaño sería comparable a la de un bombardero.

Me paralicé, y también mi cerebro, y comencé a moverme una vez más –primero lentamente, y luego más rápidamente, hacia el Norte y hacia arriba. Bajé mis binoculares y tomé tres fotografías. Sabía que era algo desesperado –sólo soy un fotógrafo aficionado y una cámara barata no puede hacer maravillas. Todo lo que podía esperar encontrar en el film eran pequeñas manchas. (Que, en efecto, en un caso fue exactamente lo que encontré; el platillo puede verse, pero sólo eso –el original está disponible para cualquiera que quiera verlo. Las otras dos se incluyen en las páginas de este libro).

Recuerdo que registré el tiempo, y seguí el objeto con mis binoculares hasta que desapareció entre las nubes que permanecían cubriendo la parte norte del cielo. Entonces hice un dibujo del aparato –que tendría más valor si fuera un buen dibujante.

Por al menos una hora permanecí en el mismo lugar observando el cielo con mis binoculares esperando ver algo más. Pero nada apareció. Finalmente me rendí, pensando en la oportunidad de haber visto el último de mis platillos voladores.

Debo decir que en ese tiempo no tenía conocimiento del platillo de Coniston que había sido visto por Stephen Darbishire. Probablemente fue reportado en los periódicos de la mañana, pero yo no lo había visto ya que no estaba interesado y sólo quería alejarme del bullicio de la vida citadina.

Originalmente decidí permanecer en la vecindad el mayor tiempo posible, y me senté a comer mi almuerzo. Ya no estaba interesado en los pájaros, lo único que quería era ver de nuevo el platillo –de ser posible de más cerca. Creo que experimenté el mismo sentimiento de Adamski y Stephen después de sus encuentros. Parece altamente improbable que la telepatía pueda tener cualquier valor para mí, es algo extraño para mi tipo de mentalidad. Por lo tanto no hice ningún intento de poner en blanco mi mente para poder captar cualquier clase de impulso mental.

Llegué a la conclusión de que si quería ver un platillo de nuevo, una mancha podría ser tan buena como otra; razoné que era probable que a cientos de millas de ahí, tal vez más allá de la atmósfera, estuviera el platillo. Por lo tanto continué mi camino a lo largo de la costa, lejos de Lossiemouth, manteniendo fija mi atención en el cielo.

Las nubes continuaban ahí pero había una gran porción de cielo azul, y todo era completamente normal tan lejos como podía ver. Comencé a pensar que el platillo había sido un truco de mi imaginación. Vi mi dibujo y no pude dejar de pensar en que realmente lo había visto.

Eran las 3:05 cuando vi de nuevo –más alto que la primera ocasión y moviéndose más rápidamente. Con mis binoculares sólo puede ver lo suficiente para asegurarme que era un platillo y no un globo meteorológico o cualquier otro tipo de aparato convencional. Ahora estaba muy excitado. Aún tengo en mi memoria la escena –pienso que lo puede ver a una distancia de alrededor de ¡1,500 metros! Entonces hice otro intento de fotografiarlo, pero esta foto no muestra su forma. Una vez más la nubes en movimiento bloquearon mi visión y cuando se movieron el platillo había desaparecido.

Comencé a pensar que tal vez tendría la oportunidad de tener contacto; las condiciones eran favorables. Los incidentes pasados parecían indicar que los hombres espaciales evitaban las áreas populosas. Cuando aterrizaban era lejos de pueblos y villas. El contacto de Adamski con el venusino fue en el desierto de California. Yo había supuesto que este platillo era venusino y, como descubrí posteriormente, estaba equivocado. Creo que era un error natural.

De nuevo esperé, lleno de esperanza, pero nuevamente fui defraudado. Esperé hasta las 3:20 y luego me retiré del lugar…

3:30… Las nubes parecen aclararse. Camino lentamente y observo. Cerca de las 3:40 regreso en dirección de Lossiemouth caminando lentamente. No tenía intención de dejar el área hasta ver algo más.

A las 3:45 –no recuerdo el tiempo exacto, pero no pueden ser más de pocos minutos después de que comencé a caminar en dirección opuesta- oí el extraño sonido de nuevo, y ahí, viniendo desde el mar, estaba el platillo. No había duda de sus intenciones. Iba a aterrizar. Cuando estaba a pocos metros de mi, claramente oí un zumbido que supuse sólo podía provenir del aparato. Era la confirmación de mi teoría de que los “platillos voladores” eran operados por medios más o menos convencionales –y no por control mental o algo parecido.

Estaba paralizado por la mancha: luego tomé mi cámara e hice un par de fotos en rápida sucesión, cuando el platillo estaba en su descenso final. Venía directamente hacia mí. El cuerpo metálico parecía brillar, y antes de aterrizar el platillo se mantuvo por un segundo o dos a unos 45 metros de donde estaba con un sonido suave pero audible. Esto era algo nuevo –el platillo de Adamski no aterrizó sino que permaneció sobrevolando a pocos metros de la superficie. No hay ninguna prueba de que el platillo de Darbishire haya tocado el suelo. Yo, por supuesto, no se si el platillo de Lossiemouth era ligeramente diferente de carácter del de Adamski.

Era indudablemente un aparato magnífico y su acabado, seguramente, causaría la envidia de nuestros fabricantes de aviones. Tenía cerca de 50 metros de diámetro y tal vez 18 metros de alto; la carcasa, la pared central y el domo superior parecían haber estado hechos de una sola lámina de metal –no pude detectar juntas ni pernos. No puedo decir de qué metal estaba hecho; su color lustre era parecido al del aluminio pulido (pero por supuesto debería ser mucho más robusto).

Había dos grupos visibles de “ojos de buey”, colocados de 3 en 3 a lo largo de la pared central sobre la que estaba un pequeño bisel. De la parte superior del domo se proyectaba una varilla vertical que me recordaba a un pararrayos. No puedo adivinar su función. El tren de aterrizaje esférico –en tres puntos justo bajo la base de la carcasa- parecía como si estuviera hecho de un material ligeramente rescilente similar en textura al caucho.

Adamski dijo de su primer contacto con un hombre espacial: “Me siento como un pequeño niño en la presencia de una gran sabiduría y mucho amor”. Yo no puedo decir que sentí lo mismo. Sabía que estaba a punto de reunirme con un ser de otro mundo, creí que este ser, quien fuera que fuese, debería tener mayores conocimientos científicos que el hombre más sabio de la Tierra. Pero yo mantuve una actitud calmada ante la experiencia.

Cuando me acerqué al platillo un panel deslizante salio de la parte inferior, y un hombre saltó hacia la tierra ligera y graciosamente. Cuando avanzó para reunirse conmigo, levanté mi brazo y saludé. El hizo lo mismo. Y entonces, por un momento, permanecimos quietos.

Era natural que hiciéramos eso. Él probablemente había visto otros terrícolas; yo nunca había visto un hombre del espacio. En lo esencial, sin embargo, nuestra apariencia era similar. Mi altura es de 5 pies 9.5 pulgadas y la suya era ligeramente mayor; yo podría decir que era de alrededor de 6 pies. Para los estándares terrestres podría decir que éramos de la misma edad (yo tengo 32), y su cabello, como el mío, era café y corto. Pero su piel tenía un color curioso, de un apiñonado profundo. Aún así, si hubiera estado vestido con ropa terrestre, dudo que hubiera tenido dificultad de pasar por un inglés. La única diferencia era que su frente era más alta que la de cualquier hombre que conozca.

Sin embargo, sus ropas eran completamente diferentes de las mías. En esos días de ciencia ficción, la mayoría de nosotros habíamos visto fotografías de trajes de una sola pieza que vestían los héroes mientras saltaban de un mundo a otro. Extrañamente, los escritores de ciencia ficción no estaban lejos de la verdad en este caso. El traje del hombre espacial cae dentro de estos parámetros. Lo cubre completamente desde su cuello hasta los pies, y sólo las manos están libres: no hay zapatos definidos; los pies están dentro del traje. El traje me recuerda algo muy similar a una malla –presumiblemente aislante y ciertamente flexible.

Hubo algo más que llamó mi atención –su nariz, o algo conectado con ella. Uno de los más serios problemas de los vuelos interplanetarios ha sido, si llegamos a otros mundos, cómo podremos respirar. Y cómo pueden respirar los seres de otros mundos que nos visitan. Venus, como sabemos, tiene una atmósfera básicamente de dióxido de carbono[2], mientras que el aire de Marte en su mayoría es nitrógeno y contiene una muy pequeña cantidad de oxígeno libre.

El hombre del espacio tenía un aditamento en su nariz que yo pensé estaba relacionado con la respiración. Parecía un pequeño tubo colocado en cada fosa nasal, pegados por una banda metálica del grosor de un cerillo. Noté que en todo el tiempo que estuvo en la atmósfera, respirando nuestra atmósfera rica en oxígeno, lo hacía a través de su nariz –nunca a través de su boca. Esto nos indica de modo obvio su función. El aditamento de la nariz era algo más o menos que un tipo avanzado de aparato respiratorio.

Las ideas comenzaron a fluir a mi cerebro. Aquí estaba, seguramente, una oportunidad dorada de encontrar algunos de los secretos de los platillos; era una oportunidad que probablemente no ocurriría de nuevo –al menos a mí. Estaba ansioso de no desperdiciar el tiempo preguntando trivialidades y perder la oportunidad de encontrar cosas de mayor interés, no sólo para mí sino para toda la gente que vive en este planeta. Rápidamente pensé en la entrevista de Adamski.

¿Qué era lo más esencial? Indudablemente saber de dónde venía este hombre. Señalé el cielo y tomé una actitud de pregunta. El hombre sonrió y asintió. Era una sonrisa placentera; él sonreía con sus ojos tanto como con sus labios- algo que puede decirse de pocos terrícolas de estos días.

Tomé mi libreta y dibujé un diagrama en ella. En el centro coloqué el Sol con rayos, para aclarar lo que quería decir. Rodeándolo dibujé 3 círculos, para representar las órbitas de Mercurio, Venus y la Tierra.

Señalé el tercer círculo y luego a mí. El asintió. Luego señalé el segundo círculo y lo señalé a él.

Para mi sorpresa, movió su cabeza.

¡No era de Venus! Señalé de nuevo y dije: “Venus”. Él repitió: “Venus”. Era la primera vez que oía su voz y no cabía duda que no era nativo de este planeta. Es difícil, sino imposible, explicar su tono, pero tenía una calidad líquida –no como de gorgoreo o de los antiguos hombres de las cavernas, sino de agua clara de una colina en primavera.

Por tercera vez apunté la órbita de Venus. Y por tercera vez el movió la cabeza.

Traté de nuevo. Fuera de la órbita de la Tierra dibujé un cuarto círculo para representar la órbita de Marte. Lo señalé y luego a él, y dije: “Marte”.

Él asintió. E inmediatamente comencé a entender porqué era diferente al visitante de Adamski –y porqué su platillo no era idéntico al de Adamski, aunque aparentemente construido con un patrón similar. El venía de un planeta diferente. Marte, también estaba habitado por seres que habían resuelto los problemas de los viajes interplanetarios.

Pero yo quería estar seguro de que él venía de Marte. Debido a su fuerte color bermejo, Marte siempre fue conocido como el planeta rojo. Mi pluma fuente tenía una tinta roja. La tomé de mi bolsillo y apunté el dibujo de la órbita marciana, y luego la pluma roja, y luego a él. Él entendió rápidamente. “Marte”, repitió después de mi.

¿Qué seguía? Obviamente era imposible descubrir todo lo que quería conocer haciendo signos y dibujando diagramas. Adamski, si leí correctamente su relato, conjuró a imágenes mentales, algo como una suerte de unión telepática con un visitante. Yo estaría maravillado si pudiera hacer lo mismo ya que tengo poca confianza en mi mismo. Era posible, pensé, que si el marciano tenía poderes telepáticos altamente desarrollados era capaz de recibir el mensaje. Decidí probar. Dibujé un platillo volador desplazándose desde Marte hasta la Tierra y pregunté mentalmente: “¿Por qué han venido aquí?”

Hubo una pausa y de nuevo nos miramos mutuamente. Hice otro esfuerzo e comunicación telepática concentrándome y mirándolo pidiéndole ayuda: era claro que mis esfuerzos no tenían éxito. Tuve un repentino deseo de reír. Señalé mis labios, luego mi cerebro, agité mi cabeza y sonreí.

El marciano me miró y luego también sonrió. Debe haber sido un espectáculo lúdico –¡hombres de diferentes planetas necesitados de ayuda en una solitaria parte de la costa escocesa sonriendo de sus esfuerzos para hacerse entender!

Estaba ansioso de hacerle entender que yo era un amigo. Y la única forma que se me ocurrió fue dándole un regalo y lo único que tenía para regalar era mi pluma fuente. Se la extendí haciéndole signos para que la tomara. Le tomó pocos segundos entender, entonces sonrió y levantó sus manos en lo que era un evidente gesto de gratitud. Entonces colocó cuidadosamente la pluma en la bolsa externa de su ropa.

Algo que siempre me había intrigado era la fuente de poder de los platillos. Tengo que repetirlo porque considero que éste punto es muy importante. Yo había oído un sonido sordo que parecía provenir de uno o varios motores; ahora era el momento de aclarar esto. Señalé el platillo a sólo pocos metros de ahí, y traté de imitar el sonido que había escuchado acompañándolo de mímica imitando un platillo en vuelo.

El marciano asintió y apuntó hacia arriba. “Marte”, dijo de nuevo en tono líquido.

Ahora deseaba conocer cómo trabajaban los motores. Dibujé un cohete en mi libreta, tan preciso como pude y se lo mostré.

Esto fue un gran obstáculo. Él trató de entenderme pero se equivocó. Yo hice otro dibujo pero siguió sin entenderme. Es por supuesto posible que los marcianos hayan dejado los cohetes ordinarios y por lo tanto hace mucho tiempo que los olvidaron. El poder atómico parecía una alternativa. Traté de dibujar una serie de puntos cada vez más pequeños y luego señalé el platillo. Pero de nueva cuenta no me hice entender.

Luego tuve otra idea, arranqué una hoja de mi libreta, señalé los motores del platillo –o más exactamente en donde imaginaba que debían estar los motores- y entonces rasgué la hoja de papel a la mitad, rompiéndola nuevamente a la mitad varias veces y haciendo pedacitos cada vez más pequeños. Yo quería explicar mi idea del átomo. Fallé, y como el marciano no tenía ni idea de lo que trataba de decir, tuve que resignarme a dejar esta cuestión sin resolver.

Estaba tratando de hacer otra serie de preguntas cuando repentinamente él me preguntó. No se por qué me sorprendí; obviamente debía haber muchas cosas que los marcianos no conocían acerca de la vida en la Tierra, pero yo había tomado la postura del entrevistador –me parecía que había muchas más cosas que yo tenía que aprender.

Es necesario decirlo; no pude entender sus palabras, pero sus gestos eran muy claros. Me preguntaba cuándo comenzaría otra guerra la gente de la Tierra.

¿Qué podía decir? Encogí los hombros, moví la cabeza y traté de darle una impresión general de que yo esperaba que no hubiera guerra, aunque no estaba seguro. Pareció entenderme y por un momento su cara se tornó seria.

Yo regresé a mi libreta. Ahora era tiempo de saber de los canales marcianos. Rápidamente dibujé Marte con sus áreas claras y oscuras y sus casquetes polares repitiendo continuamente la palabra “Marte”. Él lo examinó y asintió.

Luego dibujé una larga línea recta desde un área de vegetación a otra. La señalé y luego a él. Nuevamente asintió. Los canales por lo tanto eran artificiales.

Señalé el dibujo del canal y luego el mar. El miró dudoso y parecía imitar el encogimiento de hombros que hice cuando me preguntó sobre la posibilidad de guerra. Entonces señalé el canal y una porción de pasto cercano a donde estábamos. De nuevo encogió los hombros.

Dibujé un gran canal –una banda central negra con bandas pálidas en ambos lados. Señalé la banda central; luego el mar; luego las áreas sombreadas y luego el pasto. Yo deseaba que entendiera esta vez y asintió enfáticamente pronunciando varias palabras en su propia lengua. Claramente había acertado en la verdad. Los canales marcianos estaban hechos de una banda central de agua con vegetación a ambos lados. Más tarde me di cuenta que había olvidado preguntar si el agua era transportada por tubería, aunque esto me parezca que no es de vital importancia[3].

Así que Lowell estaba en lo cierto. Como muchos pioneros él sufrió muchas críticas. La verdad, sin embargo, siempre aparece al final.

Unas últimas palabras acerca del lenguaje marciano. El hombre espacial pronunció pocas de nuestras palabras cuando hablé con él –Venus, Marte, platillo, y quizás 2 o 3 más- con dificultad. Cuando traté de pronunciar una palabra marciana creo que tuve menos éxito. Nuestro alfabeto debe ser inadecuado para expresarnos en sus palabras fonéticamente.

El equivalente marciano para “si” es más corto. He tratado decenas de veces de escribirlo, pero me parece que cada una de ellas está más alejada de la verdad que su precedente. Uno de mis intentos fue “Qul-l”, pero cuando la pronunciaba de esta forma me pareció muy diferente a como la hablaba el marciano.

Guardaré mis esfuerzos para hablar algo acerca de Marte. Señalé mi dibujo del planeta rojo, luego el mar, y dije “agua”. El repitió la palabra. Traté de indicar que sabíamos que Marte era un mundo escaso de agua.

Después de varios intentos tuve éxito. El señaló el mar y luego el dibujo de Marte, movió la cabeza y después encogió los hombros. La impresión que tuve de esto fue: “No, no hay ningún mar en Marte, pero no nos importa”.

Después pensé que lo importante era lo siguiente: hace millones de años, cuando los marcianos estaban menos desarrollados que hoy, la evaporación del agua en todo el planeta era un problema muy serio para ellos, así que construyeron los canales para utilizar el remanente localizado en los casquetes polares. Entonces, a través del desarrollo científico, descubrieron cómo fabricar agua –o posiblemente de la misma manera que aprendieron a hacer madera sintética para reemplazar la naturaleza. También fue algo fácil para ellos construir los canales (entubados o no) e irrigar tanta tierra como les plazca. No tengo, por supuesto, duda de que el suministro de los polos tampoco les causó problemas. Esto es sólo una teoría pero creo que es básicamente cierta.

Repentinamente me di cuenta que no había preguntado la cuestión más vital de todas: ¿tenían los marcianos relaciones con los venusinos?

Regresé a mi dibujo de las órbitas planetarias, señalando la Tierra y luego Marte, indicando primero a mí mismo y luego a él. Él asintió. Luego señalé la órbita de Venus y al platillo. Cuando hice eso dije, “platillo”, y él repitió. Evidentemente él sabía que ese era nuestro nombre para su nave espacial.

Dije: “platillo”, señalándolo al momento de hablar.

El asintió de nuevo. Esto fue un paso adelante, pensé que era obvio que tanto los marcianos como los venusinos estaban más avanzados que nosotros científicamente así que probablemente estaban familiarizados entre ellos.

Señalé a Venus y luego a él, con mímica para representar el vuelo del platillo, con esto quería decir: ¿Has estado en Venus?, también lo dije verbalmente, y él pareció entender porque asintió y repitió la palabra que yo había tomado como “si”.

Señalé Mercurio y luego el platillo. El movió la cabeza confirmando lo que yo sospechaba –que Mercurio es un mundo inhabitado e inhabitable para cualquier tipo de vida.

Dibujé otro círculo alrededor de la Tierra e indiqué la Luna. Señalé sucesivamente las órbitas de Marte y Venus y luego al platillo repitiendo cada palabra cuando lo hacía, y luego el dibujo de la órbita de la Luna. Lo que quería dar a entender era: “¿Han aterrizado en la Luna los marcianos y los venusinos?”

Su respuesta necesita un poco de explicación. Tuve que redibujar el diagrama completo antes de que me entendiera, pero cuando lo hizo su respuesta fue un enfático “si”. Aquí hay otro punto interesante que aclarar. Me estaba metiendo en problemas en mis esfuerzos por preguntarle si ellos estaban visitando principalmente el lado oscuro de la Luna. Sin embargo creo que eventualmente me entendió y contestó afirmativamente aunque no estoy completamente seguro –y es por lo tanto una suposición mía y admito que puedo estar prejuiciado.

Continuará…


[1] Note la similitud entre las intenciones de Stephen Darbishire. Sin embargo, esto no es ninguna coincidencia. El interés de Stephen en los pájaros es probablemente un pasatiempo juvenil; mientras que yo he sido ornitólogo durante muchos años. (Nota de Allingham)[2] Es más exacto decir que las capas superiores de la atmósfera venusina están formadas de dióxido de carbono. Como no podemos ver las capas inferiores, entonces podría ser posible que hubiera ahí mucho oxígeno libre. Adamski no menciona que el hombre espacial de Venus vistiera nada como una mascarilla para respirar, así que debe suponerse que los venusinos no tienen dificultad de respirar nuestro aire. Debe recordarse que yo entonces aún no sabía que el platillo de Lossiemouth proviniera de Marte. (Nota de Allingham).

[3] Como las pérdidas por evaporación pueden ser colosales, considero que el agua debe de estar entubada. (Nota de Allingham).

El platillo adamskiano de Coniston

EL PLATILLO ADAMSKIANO DE CONISTON

A las 2:30 de la tarde del 15 de febrero de 1954 Stephen Darbishire, de 13 años, y su primo Adrian Myers, de 8, fotografiaron un objeto muy parecido a las naves adamskianas. Llevaban una cámara Kodak Brownie. Los niños consiguieron hacer dos fotografías. Estas serían las primeras fotografías de ovnis obtenidas en el Reino Unido

El ovni fue localizado sobre una colina llamada Old Man, en Cumbria, en las cercanías del lago Coniston, en el condado inglés de Lancashire.

La historia comienza la fría mañana de ese 15 de febrero. Stephen, que por ese entonces asistía a la Ulverston Grammar School, y su primo Adrian Meyer, subieron el Old Man armados con una cámara fotográfica Kodak comprada recientemente por su padre.

Según el ufólogo inglés Desmond Leslie (citado por Leonard Cramp) el joven experimentó “una sensación persistente” como si algo lo impulsara a ir a la cima de la colina detrás de su casa “… él no podía decir porqué; él sabía simplemente que tenía que ir”.

Los muchachos planeaban tomar fotos de pájaros y de otros animales que pudieran encontrar en el pequeño valle debajo del Old Man. Varios años después Stephen recordaba el acontecimiento:

“… mi primo y yo habíamos estado platicando sobre tomar fotos… (haciendo) trucos y varias otras cosas emocionantes con la cámara, imágenes dobles, fantasmas, saltando de tejados y esa clase de cosas…”

Según la historia contada por los muchachos en 1954 fue Adrian quien primero llamó la atención de Stephen sobre algo raro en el cielo en dirección de la montaña. Stephen estaba en ese momento mirando en la dirección opuesta, hacia el lago Coniston, cuando Adrian lo golpeó en la espalda y exclamó: “Mira ¿qué es eso?” señalando al cielo sobre Dow Crag. Stephen contaría al Lancashire Evening Post (18 de febrero de 1954), que:

“Aquel objeto parecía hecho de una materia vítrea y tenía una parte superior en forma de cúpula con ventanillas y tres pequeños abultamientos o esferas en su parte inferior, en la que aparecía también un punto oscuro central, con una forma semejante a un cono.

“El objeto relucía y era de un color plateado lechoso. Podrías decir que su contorno era de hecho muy liso y veías ventanillas a lo largo de la parte superior, y algo que parecía una portezuela en la tapa. Había tres bolas debajo y la parte central inferior era de un color más oscuro. Tomé la primera foto cuando se movía muy lentamente a unas tres o cuatrocientas yardas de distancia y entonces desapareció de mi vista pues había algo de maleza en el camino. Cuando volvió a estar visible tomé otra foto pero entonces repentinamente se elevó al cielo. Mientras estuvo arriba se inclinó y pude ver debajo más claramente. Había una cierta clase de sonido silbante pero pienso que era el viento.”

“Parecía artificial y en lo alto del mismo se veía con toda claridad una cúpula y varias ventanillas.

“El objeto estuvo inmóvil durante unos segundos, luego se dirigió hacia nosotros y pasó muy cerca de nuestras cabezas”.

Luego que el ovni desapareció, los niños se dirigieron corriendo a la casa de Stephen, la granja Little Arrow. Le relataron lo sucedido al doctor S. B. Darbishire, padre de Stephen, un médico general que se había retirado para vivir en la pequeña granja en Torver, en los alrededores del English Lake District, bajo el Old Man de Coniston (2.575 pies).

El doctor Darbishire estaba con la familia viendo televisión cuando los niños llegaron corriendo. Stephen recuerda que gritaban y decían que “habían visto algo extraño… pienso que utilicé las palabras ‘un platillo volador’ y por supuesto todos se rieron y dijeron ‘oh sí, Stephen, has estado haciendo tus trucos otra vez’”.

El padre de Stephen, según Desmond Leslie, “francamente no le creyó” pero hizo que su hijo se sentara, escribiera una declaración e hiciera un bosquejo de lo que había visto. No había pasado ni media hora del avistamiento. Stephen era un muchacho inteligente, creativo con gran talento artístico y rápidamente produjo algunos bosquejos a lápiz. En los dibujos se puede ver el clásico platillo Adamskiano. Hizo dos dibujos detallados de una “nave exploradora”, en la que se puede ver una torreta, tres ventanas y el tren de aterrizaje. Otros bosquejos presentan el aparato en diversos ángulos. Debajo de ellos Stephen escribió:

“Dibujado por Stephen Darbishire, de 13 años, de lo que él vio, hechos antes de que las dos fotografías del platillo volador hubieran sido reveladas”.

No muy convencido, el doctor Darbishire llevó la cámara con el fotógrafo local, llamado Pattison. Cuando la película fue devuelta el médico jubilado no podía creer lo que veían sus ojos. Las últimas dos tomas de la película mostraban un objeto borroso, en forma de platillo suspendido al parecer sobre unas hierbas. Se parecía mucho al ovni fotografiado por George Adamski. El doctor Darbishire decidió informar a la prensa.

Stephen informa: “Cuando regresé mi padre me saludó en el autobús a las 8 de la mañana y dijo ‘Rápido, entra’. Estaba muy agitado y dijo que algo así como que alguien del Daily Express y otros del Daily Mail llegarían en media hora. Antes de que lo supiera teníamos la mitad de la prensa mundial en el umbral”.

La historia y una reproducción de la fotografía más clara de Stephen, se publicó en la primera plana del Lancashire Evening Post de Preston en la edición del 26 de febrero de 1954.

LA PRIMERA FOTO OVNI EN EL REINO UNIDO

Los investigadores David Clarke y Andy Roberts dicen que los platos voladores llegaron a Inglaterra al final del verano de1950. Varios periódicos, entre ellos el Sunday Dispatch, y Sunday Express, comenzaron a publicar, en entregas, varios libros de ovnis americanos (Donald Keyhoe Flying Saucers are Real, Frank Scully Behind the Flying Saucers y Gerald Heard Riddle of the Flying Saucers). En el otoño de 1953 se publicó el libro de George Adamski y Desmond Leslie, Flying Saucers have Landed. La revista de Londres Illustrated publicó un reportaje titulado Happy Landings from Outer Space”, en su número del 3 de octubre. El artículo contenía una reproducción en blanco y negro de la fotografía de Adamski del 13 de diciembre de 1952, descrita como una “nave de reconocimiento” de 35 pies en diámetro, con 3 aberturas y 3 esferas de aterrizaje. También publicó la fotografía de una nave madre, y el dibujo de un hombre de Venus.

Tan sólo seis meses después de publicado el libro de Adamski, y cuatro más tarde de la publicación del artículo de Illustrated, Stephen Darbishire obtuvo su fotografía, casi pero no exactamente idéntica a la que había aparecido en la revista Illustrated. El ingeniero Leonard Cramp realizó proyecciones ortogonales y las comparó con las obtenidas de las fotos de Adamski. Prácticamente eran idénticas.

Según Desmond Leslie, Darbishire nunca había leído su libro Flying Saucers Have Landed, ni el reportaje de Illustrated, y no sabía nada sobre platillos voladores, pero Cramp dice que: “…él (Stephen Darbishire) admitió que había visto la fotografía del platillo de Adamski según lo publicado en Illustrated del 30 de septiembre 1953 (sic)”.

Y, si no sabía nada sobre platos voladores, ¿porqué utilizó la siguiente frase para describir el momento posterior a la toma de sus fotografías?: “… apenas había acabado el platillo volador subió hacia las nubes…” O ¿porqué escribió debajo de sus bocetos?: “Dibujado por Stephen Darbishire, de 13 años, de lo que él vio, hechos antes de que las dos fotografías del platillo volador hubieran sido reveladas”. Parecería que estaba muy familiarizado con el término “platillo volado”.

Ya desde su primera declaración afirmaba que había subido al Old Man para hacer fotos trucadas, pero hay una frase publicada en el libro de Cramp que despierta más sospechas. Se trata de la declaración que escribió Stephen a petición de su padre, el doctor Darbishire:

“… Adrian y yo estábamos abajo en un valle pequeño de la colina así que el primer plano de la foto se ve elevado debido a la posición en la que estábamos. Se ve alguna hierba debajo del platillo”.

No sólo vuelve a utilizar el término “platillo”, sino que describe unas fotografías que no ha visto. Recordemos que esta declaración se escribió media hora más tarde de haberse tomado las fotos, pero mucho antes de que fueran reveladas. ¿Cómo supo Stephen lo que se veía en la foto? Casi ningún ufólogo se dio cuenta de esto, sólo el redactor de Flying Saucer News.

Varios fotógrafos analizaron las fotografías, algunos de ellos sugirieron que la parte oscura que se ve abajo del platillo volador podría ser un clip o aditamentos utilizados para sostener un dibujo o una maqueta.

Según Stephen él había enfocado al infinito, pero el plato volador parece desenfocado. Los ufólogos argumentaron que “el fuelle de su pequeña cámara fotográfica no estaba completamente extendido”. Pero el mismo Desmond Leslie, que viajó a Coniston el 23 de febrero y fue huésped de la familia Darbishire por dos días, pudo experimentar con la cámara fotográfica en el lugar en donde las fotografías fueron tomadas. Tomó varias fotos usando diversas combinaciones de velocidad del obturador y ajustes del fuelle. Los resultados sugirieron que la cámara fotográfica de hecho estaba enfocada correctamente. Entonces Leslie sugirió que Stephen había movido el obturador por error durante la excitación del momento.

La foto más conocida es la primera. En la segunda foto, el objeto aparece parcialmente distorsionado en su lado derecho, como si los ángulos del aparato se hubieran doblado. Era un efecto que un escritor de Flying Saucer News explicó como el resultado de la capacidad de los ovnis de desformarse “antes de entrar en el hiperespacio, u otra dimensión.” Esta característica peculiar fue tomada por el ufólogo Timothy Good como evidencia para apoyar la autenticidad de la película de Silver Spring tomada por George Adamski en 1965. En la película la nave exploradora exhibe una distorsión similar de sus dimensiones.

Apenas cinco días después de que fueron tomadas las fotografías, el News Chronicle de Londres del 22 de marzo, informó que Stephen tuvo un segundo avistamiento, “de un objeto en forma de cigarro, otra vez cerca del Old Man”.

No sabemos porqué los ufólogos no sospecharon. En el primer avistamiento se había fotografiado la “nave exploradora” de Adamski, y en el segundo aparecía la nave nodriza. Justo las dos fotografías que habían aparecido en el Illustrated.

Durante muchos años la foto de Darbishire fue considerada como auténtica en los medios ufológicos. Entre las razones que esgrimían los ufólogos estaban:

– Fue tomada por un par de chicos que no tenían razones para mentir, y mucho menos tenían intereses monetarios. Leonard Cramp escribió: “No puede haber duda de que esta es una historia genuina. Los niños en general no van por ahí falsificando fotografías”.

– Era muy parecida al famoso platillo de Adamski (incluso se hicieron análisis isométricos). De tal forma que la foto de Darbishire demostraba la de Adamski, y viceversa (¿!).

Pero en febrero del 2001 el propio Stephen Darbishire haría una fuerte declaración:

“¿… cómo podría un muchacho de 13 decir una mentira? ¡Bien yo era un enorme mentiroso, crecí en una familia de clase media que era muy religiosa[1] y aprendí a mentir a la edad de un año! En retrospectiva, pienso que era simplemente una forma de llenar las necesidades de la gente, y de pagar las deudas”.

A finales de marzo de 1954 Stephen fue invitado a una convención de observadores de platillos, en Londres, en donde los delegados escudriñaron ampliaciones borrosas de su fotografía. Él recuerda cómo “todos se pusieron histéricos cuando uno de ellos dijo que veía una cara en una de las ventanillas”.

Clarke y Roberts dicen que “Fue durante esta visita a Londres en marzo de 1954, que Stephen y su padre fueron conducidos secretamente en un coche al palacio de Buckingham para reunirse con las secretarias privadas del duque de Edimburgo. Se dijo que la invitación vino del palacio vía Desmond Leslie que tenía contactos ‘del más alto nivel’. De hecho, el Sunday Dispatch ventiló la reunión poco después e informó que el príncipe Philip había leído sobre el avistamiento de Stephen en los periódicos “y deseaba saber más”.

“La visita de Stephen Darbishire al palacio de Buckingham fue sólo el principio de una serie de aventuras que lo condujeron a él y su familia a lo más profundo del extraño mundo del ‘culto a los platillos voladores’”.

En 2001, Stephen se preguntó: “¿Cómo me pude involucrar en esto, cómo pude sentarme con esta gente?” Estaba hastiado y declaró que sus fotos eran en realidad una falsificación. Deseaba vivir una vida normal. Ya en 1986, en una carta enviada a Timothy Good, Stephen le dijo que “… desesperado yo… dije que era una falsificación”. Pero en lugar de terminar con el asedio de los ufólogos: “Me contraatacaron, acusándome de trabajar con las ‘Fuerzas oscuras’… o acatar la ‘política’ de seguir las órdenes de un cierto departamento gubernamental secreto”.

Entonces volvió a decir que sus declaraciones sobre la falsedad de las fotos habían sido una broma: las fotos eran auténticas. Por años, Darbishire alternativamente ha dicho que su historia es auténtica, después la ha proclamado como una broma, y ha afirmado más adelante que la “broma” era en sí misma una broma. La declaración más reciente fue el 10 de septiembre del 2004. Stephen dijo que las fotos del platillo eran una broma colegial. Aseguró que cuando fue enfrentado a los medios nacionales, se aterrorizó y no confesó la verdad, y así continuó el engaño. Otro artista local, Julian Claxton, intentó reconstruir las fotos para mostrar cómo habían hecho la broma. Los periódicos publicaron la siguiente nota:

Será recreado el fraude del avistamiento OVNI

Un antiguo profesor de Ulverston acreditado de tomar la primera fotografía de Ovnis en Gran Bretaña ha revelado que fue una broma colegial.

En febrero de 1954 una foto de lo que parecía ser un OVNI flotando sobre Coniston, fue tomada por Stephen Darbishire de 14 años de edad, de Torver, y causó sensación a nivel nacional.

El adolescente declaró que había estado con su primo cuando fotografió un OVNI.

Ahora el Sr. Darbishire, un famoso artista de South Lakeland, de 63 años, dice que todo fue un fraude.

En ese entonces, al ser confrontado por los medios nacionales, se aterrorizó y dejó que continuara el engaño.

Hoy otro antiguo estudiante de Ulverston, el artista Julian Claxton, planea recrear la forma en cómo el Sr. Darbishire creó su famosa fotografía fraudulenta del OVNI.

Claxton iba a utilizar una caña de pescar, un marco de madera, y un objeto plateado en forma de ovni. Sin embargo, para el momento en que Claxton estaba listo con su “aparato extraterrestre”, el 8 de octubre, Darbishire había cambiado toda su historia otra vez, ahora afirmaba que la foto “definitivamente” no había sido falsificada:

El Old Man de Coniston recibirá artista ovni

Por Gazette News Desk

Un artista escalará al Old Man de Coniston mañana por la mañana (sábado) para revelar el curioso avistamiento de un objeto volador no identificado, informa Andy Bloxham.

Julian Claxton de Bristol dirigirá la caminata a Little Arrow Moor para reconstruir la primera fotografía de ovnis tomada en Gran Bretaña.

Usando una caña de pescar, un marco de madera y una forma plateada, él procurará reconstruir una foto tomada en febrero de 1954 por el adolescente Stephen Darbishire de Torver.

El Sr. Claxton dijo: “Lo que estoy intentando hacer es adaptar los varios métodos que me han sido sugeridos por personas, que van de expertos en ovnis a gente local, en cuanto a cómo Stephen Darbishire pudo haber hecho estas fotografías”.

El caso es discutido en la obra clásica de 1964 del NICAP, UFO Evidence, de Richard Hall. Durante años los ufólogos exhibieron las fotos como prueba no sólo de la existencia de los ovnis, en general, sino de la autenticidad del caso Adamski, en particular. Pero lo más probable es que Stephen Darbishire, que desde su más temprana edad había demostrado sus dotes artísticas, dibujó un ovni muy parecido al de Adamski, lo recortó y posteriormente lo fotografió fuera de foco sobre un pequeño promontorio.

REFERENCIAS

Clarke David & Roberts Andy, No kidding this time…my flying saucer photo is genuine! UFO photographic hoaxes and the story of Alex Birch and Stephen Darbishire, artículo en internet, http://www.flyingsaucery.com/brigantia/home.htm, febrero del 2004.

Evening Mail, 9 octubre 2004 – Now Mr Darbishire, a 63-year-old well-known South Lakeland artist, says it was all a hoax, artículo en internet, http://www.nwemail.co.uk/news/viewarticle.aspx?id=143262

Goldsmith Maurice, Happy Landings from Outer Space, Illustrated, London, October 3, 1953.

Good Timothy, Above Top Secret, Morrow (Quill), New York, 1987.

Good Timothy, Beyond Top Secret, Pan, London, 1996.

Leonard G. Cramp, Space, Gravity and the Flying saucer, T. Werner Laurie, Londres, 1957.

Página en internet, http://rr0.org/ufologie/enquete/dossier/Coniston/index.html

Página en internet, http://www.thisisthelakedistrict.co.uk/display.var.534272.0.0.php

Randles Jenny, UFO’`s and how to see them, Sterling Pub Co. Inc., London, 1993.

UFO Sightings, 1954-1956, Mysterious Britain

Waveney Girvan, Flying Saucers and Common Sense, Frederick Muller, Londres, 1955.

Zinsstag Lou & Good Timothy, George Adamski: The Untold Story, Ceti Bub, London, 1983.


[1] Eran Quakeros.

Ufología ¿Una ciencia? (Final)

EL OBJETO UFOLÓGICO PERMANENTE

UNA PRUEBA EXTRAODINARIA

El ufólogo mexicano Óscar García reflexionaba sobre la calidad de las pruebas ufológicas

“Nadie es conocedor de todo en este mundo y por lo tanto ante un avistamiento uno debe confesarse incapaz de determinar lo que se observa y humildemente decir: “no sé lo que es” y no decir que ese ovni es una Nave Extraterrestre… Aunque el hecho de que uno no sepa qué es lo que se está observando no quiere decir que no haya alguien que sí sepa de qué se trata… Un meteorólogo que no puede identificar un objeto que está avistando en el cielo no tiene porque ser infalible, como tampoco un piloto pues, por ejemplo, existe una cantidad de trastornos mentales que, en determinado caso, podrían producir alucinaciones, hay también espejismos y cosas por el estilo que su especialidad no abarca y ellos no tienen porqué conocer… Entonces, en el mundo y en la naturaleza y en nuestra mente ocurren una cantidad extraordinaria de fenómenos, es decir, de “cosas que ocurren”, y para decir que lo observado es un NO identificado primero el reporte debe pasar por todos estos filtros. Si el caso se mantiene inexplicado es eso: Un Inexplicado, un No Identificado; mas no una nave extraterrestre.

“Errores con las palabras

“Sin embargo es común creer que los ovnis son naves extraterrestres y eso es un error. Uno puede estar convencido de que los Objetos No Identificados son Naves Extraterrestres y puede decirlo (la libertad es de todos), pero debe antes aclarar que se trata únicamente de una creencia, de una cuestión personal de fe, mas no de un hecho. Uno puede decir “yo creo que ese caso reportado es una nave extraterrestre”, más no afirmar “es una nave extraterrestre”, porque la afirmación requiere de demostración y si quien afirma cree que sus “pruebas” son cosas tales como fotos o videos, se equivoca; porque esas “pruebas” de ningún modo son validas pues lo único que demuestran (en el caso de no ser trucadas) es que se ha filmado ALGO, un objeto que no se sabe qué es, y punto…

“…soy un ufólogo escéptico y un ufólogo es un investigador y un investigador debe solucionar casos y no, NO solucionarlos… Es como si a un detective le ovacionaran no resolver los casos… Por eso cada vez que encuentro una explicación satisfactoria a un reporte me siento sumamente contento, porque cumplí con mi trabajo de investigador, tal y como lo habría hecho Sherlock Holmes.

“Entonces el mejor modo de llamar a mi trabajo es como de “Ufología dubitativa o Escéptica”. Pero, ¿qué pasaría si un día obtuviera una prueba de que esos Objetos No Identificados son efectivamente Naves Extraterrestres? Lo diría, por supuesto. Pero claro que lo gritaría a mil voces y yo sería el primero en estar feliz en demostrarlo, porque el día que me convenza es porque voy a tener una PRUEBA que podrá demostrar mi afirmación, porque si no, no sería una prueba.

“Me explico. Como afirmar que los ovnis se pueden identificar como Naves Extraterrestres es algo sumamente extraordinario, mi prueba debe ser así de extraordinaria… Esta sería tan extraordinaria que nadie podría negarla.

“Sin embargo, en estos casi 50 años de ufología no hay nada, y por eso mi trabajo es identificar a los ovnis uno por uno, pues si es verdad que son naves extraterrestres, entonces es muy posible que algún día aparezca esa PRUEBA que tanto se busca.

“Mi amigo, Luis Ruiz Noguez, encontró el hilo negro y nombró a esa prueba perfecta “El Objeto Ufológico Permanente”

En casi 60 años de platos voladores sólo tenemos que echar un vistazo a los avances obtenidos en cualquier disciplina del quehacer humano. En los deportes constantemente se rompen las marcas. Los logros en las artes plásticas, en la literatura y en otras bellas artes son de inapreciable valor para la humanidad. Pero en donde el avance es más notorio es en el terreno científico y tecnológico. Veamos la medicina; escudriñemos la informática; observemos los adelantos de la física, la astronomía o la química. Hay un mundo de diferencia entre lo que eran hace sesenta años y lo que son hoy.

Ahora revisemos la ufología de la era platillista y comparémosla con la ufología roswelliana y abductóloga basada en videos de globovnis. Nada ha cambiado. Los ufólogos no han podido demostrar que estamos siendo visitados por civilizaciones de otros mundos. Viven empantanados en un mundo cuyo reloj se descompuso hace sesenta años. Parece que tendremos que esperar otros sesenta años, no para que los ufólogos presenten una sola prueba, sino para que la gente se de cuenta que ha sido engañada durante muchos años; se les ha visto la cara vendiéndoles libros, fotografías, videos y otras mercaderías ufológicas, que no constituyen ninguna prueba a favor de la hipótesis extraterrestre. Viven en un mundo en el que lo normal es lo extraordinario. Los aviones, globos y pájaros son ovnis, y si no, sólo hay que esperar un poco para que se alejen y filmarlos o fotografiarlos para que no se les pueda identificar y se conviertan así, en no identificados. Lo que buscan es hacer enigmas, no encontrarles respuestas o resolverlos.

Aunque no podemos afirmar que no estemos siendo visitados por seres de otros planetas conduciendo naves en forma de plato volador, sí podemos asegurar que la probabilidad de que esto sea cierto es muy baja. Efectivamente, hasta el momento no existe una sola prueba contundente de que los ovnis sean naves de otros planetas (o que sean zeroides, o vengan de mundos paralelos, o del interior de la tierra, o sean viajeros del tiempo, …) De existir tal prueba el fenómeno ovni dejaría de ser lo que es: un campo de cultivo y especulación para las hipótesis más delirantes y la fauna (ufólogos) más curiosa que existe en el planeta.

Pero, ¿qué o cuál sería la prueba ufológica perfecta? Sin duda el ovni mismo (la nave, si se prefiere), o los “marcianitos verdes”. Antes de ocuparnos de estas pruebas veamos lo que puede aportar la parapsicología.

EL PUNTO DE VISTA DE LA PARAPSICOLOGÍA

El recientemente fallecido John Beloff es uno de los pocos parapsicólogos respetables. Durante muchos años trató que la parapsicología fuera estudiada de forma académica utilizando medios científicos. A diferencia de Joseph B. Rhine nunca manipuló sus resultados para demostrar la existencia de los fenómenos Psi o PK. Antes bien, conociendo que el terreno era resbaladizo, propuso la búsqueda del fenómeno paranormal perfecto al que llamó Objeto Paranormal Permanente. La primera referencia al OPP se publicó en 1984 en la Parapsychology Review. La siguiente es la parte medular de ese artículo:

“Estrategias de investigación para tratar un fenómeno inestable

“El asunto que quiero abordar en este artículo es, qué opciones tenemos si el objetivo de repetibilidad de resultados es inalcanzable. Yo arguyo, contrario a algunos críticos que, aún si la repetibilidad es lo más deseado para una ciencia experimental, hay otras estrategias que podemos seguir. Además, ya que el prospecto de alcanzar la repetibilidad es aún remoto, la preocupación excesiva por esto puede generar desesperación; por lo tanto, se debe poner más atención en esas alternativas.

“Hay, primero, una débil sensación de que se puede confirmar un experimento o hipótesis o fenómeno simplemente si se confirma independientemente por al menos otro experimentador. Esto puede contrastarse con una fuerte sensación, que puede implicar que el experimento o hipótesis o fenómeno en cuestión es suficientemente robusto y suficientemente independiente para ser confirmado por cualquier investigador competente que adopte los procedimientos prescritos.

“Aún la forma limitada de repetibilidad que puede presentarse por la capacidad de un sujeto especial de producir fenómenos en una forma independiente y consistente continúa fuera de nuestro alcance. Sin embargo, es precisamente esta forma dura de repetibilidad a la que más abajo me referiré como repetibilidad estricta, la única que puede satisfacer nuestros criterios.

“Un carácter distintivo de la situación actual es que, no sólo carecemos del conocimiento de cómo se produce el fenómeno sino que ni siquiera conocemos la razón de nuestra ignorancia. ¿Es la cabal multiplicidad de factores que están involucrados en la producción de un efecto psi dado? ¿Es la razón por la cual nunca podemos reproducir la situación original en la cual el objeto se observó? ¿O hay, tal vez, alguna razón teórica fundamental por la que, en la naturaleza del caso, el fenómeno psi permanece elusivo e inestable? Si la explicación anterior es correcta, entonces la situación en parapsicología no es diferente de la que obtenemos en ciertas áreas de la sicología social, donde uno está tratando con el sutil comportamiento humano; uno debería estar contento en tales circunstancias si el efecto se nos muestra sólo ocasionalmente.

“Hay, al presente, un número de teorías que, si son válidas, pueden implicar que la repetibilidad estricta es una imposibilidad teórica. Por ejemplo, de acuerdo con la teoría observacional, la variable crítica en cualquier experimento psi es el observador y el evento crítico su observación de los resultados. Entonces es imposible aislar el fenómeno de sus observadores y, si se toma en cuenta la divergencia del problema, todos los subsecuentes observadores. Desde este punto de vista la repetibilidad estricta carece de significado.

¿Qué es lo que podemos hacer en ausencia de tal repetibilidad?

“Veamos primero por qué la repetibilidad es tan importante en cualquier ciencia experimental. Hay, esencialmente, dos razones. En primer lugar, cuando se reporta alguna nueva observación, la comunidad científica necesita saber si la nueva observación es confiable y no se debe a algún error del aparato o engaño y, naturalmente, mientras más extraordinaria es la observación, más necesitamos estar seguros. El método aprobado para obtener tal seguridad es tener corroboraciones independientes y mientras más mejor. Ya que el fenómeno psi es, por definición, extraordinario, son más necesarias tales corroboraciones independientes. En segundo lugar, siempre que se reporta una nueva observación en la literatura científica inmediatamente surgen preguntas sobre su naturaleza y explicación y se sugieren varias hipótesis que pueden dar luz sobre estas cuestiones. Pero estas cuestiones sólo pueden responderse y las hipótesis sólo pueden probarse si la observación se puede repetir bajo condiciones controlables. El problema es, por supuesto, que cuando nos enfrentamos con un fenómeno inestable esto no es posible. Esto es, más que nada, lo que ha atrasado el progreso en parapsicología.

“Estas, entonces, son las razones esenciales por las que la ciencia insiste en la repetibilidad; primero para probar que el fenómeno es real y, segundo, para avanzar en nuestro conocimiento de la naturaleza.

“El Objeto Paranormal Perfecto es aquel que no puede haber sido producido normalmente no importa qué tan ingenioso sea el falsificador y no importa cuál sea su origen. El único objeto de esta clase que conozco que cumple claramente con estas especificaciones es aquel que involucre una imposibilidad topológica y como ejemplo pueden ser dos eslabones interconectados sin costura. Además de ser sin costura es necesario estipular que la unión debe ser tal que a) no hayan sido construidos in situ o b) labradas en un solo bloque de material. Estas condiciones se cumplen si los anillos sin costura están hechos de materiales naturales tales como la madera o la piel; en el caso de la madera los anillos deberán estar hechos de diferentes maderas que no puedan ser labradas del mismo bloque.

“Se puede decir que el progreso en todas las ciencias empíricas viene a través de la prueba de hipótesis o, usando la expresión de Karl Popper, a través de conjeturas y refutaciones. La pregunta que debemos hacernos es si el progreso es posible aún si no podemos reproducir el fenómeno sobre el que estamos teorizando. Si la respuesta es no, entonces estamos en una situación desesperada. Sin embargo, existen varias ciencias puramente observacionales que sugieren que el progreso es posible aún en ausencia de experimentación. En tales campos como la astronomía, geología y climatología, uno nunca está en posición de producir el fenómeno que pueda probar la teoría. En su lugar, usamos los datos disponibles de las observaciones pasadas o esperamos por nuevas observaciones”.

Aunque Beloff lo llamó originalmente Objeto Paranormal Perfecto, posteriormente utilizó Objeto Paranormal Permanente. Con esto quería decir que esos objetos debían ser durables y trascender en el tiempo. A finales de siglo XIX diversos mediums, como los hermanos Davenport o Henry Slade presentaron “cadenas” cuyos eslabones estaban fabricados con maderas de distintos tipos. Sir Oliver Lodge declaró que no había pegamento ni juntas. Estos eran los Objetos Paranormales Perfectos a los que se refería Beloff. Pero cómo actualmente sólo se tienen fotografías de tales portentos, Beloff se dio cuenta que esos “Perfectos” deberían cambiarse a “Permanentes”, a fin de que todo estudioso en el futuro tuviera acceso a ellos

En su libro The Relentless Question: Reflections on the Paranormal, Beloff explica:

“Siendo palpables, objetos materiales mensurables, estos objetos pueden se analizados en laboratorios reconocidos por muchos investigadores, incluidos los escépticos, usando las ciencias duras –física y química.

“¿Existen el fenómeno psi y paranormal?

“Mi breve respuesta a esto es que no tengo ni la más mínima idea. Los investigadores psíquicos y parapsicológicos han tratado durante casi 140 años de construir una base científica para Psi. En el mejor de los casos, la situación continua siendo equívoca. En mi opinión los parapsicólogos primero deberían poner en orden su casa y luego invitar al resto de los científicos a inspeccionar sus mercancías.

“Aún si concedemos a los parpsicólogos su afirmación de que al menos han establecido la existencia de una anormalidad, tienen todavía gran camino por recorrer antes que puedan domesticar la anomalía y específicamente por lo menos algunas condiciones bajo las cuales tenemos una oportunidad razonable de observarlas. Si lo que dicen es correcto, entonces se están enfrentando con un fenómeno muy errático y elusivo. Sin embargo, no sabemos si en realidad se enfrentan con un solo fenómeno o varios fenómenos posiblemente no relacionados.

“Las ventajas peculiares de los PPOs son obvias. Su paranormalidad no depende de ningún testimonio de persona alguna en particular ni de las condiciones bajo las cuales fue producido. Pueden examinarse a placer, usando el equipo necesario, por muchos expertos que uno puede nombrar. Sin otra clara evidencia, fuerte o débil, la prueba es siempre aquella que clama paranormalidad; en el caso delos PPOs la demostración cae con el escéptico, si él puede refutarlo, entonces el objeto en cuestión es un artefacto normal”.

EL OBJETO UFOLÓGICO PERMANENTE

Hasta que conocí al crítico de la parapsicología, el mexicano César Tort, estas eran las conclusiones a las que había llegado en torno al estudio del fenómeno ovni:

La mayoría de las personas no mientes al afirmar que han visto un ovni, pero definitivamente no pueden afirmar que han visto una nave extraterrestre. La humanidad no es tan importante como para que seres de diversos planetas confluyan en la Tierra. No existe un caso ovni, bien investigado, que no tenga una explicación racional. Los ufólogos creyentes son los menos capacitados para investigar el fenómeno ovni. Por el contrario, si el ufólogo es crítico encontrará fácilmente la explicación a la mayoría de los casos ovni que se le presenten. Digo la mayoría porque hay un pequeño residuo que no tiene explicación per se, pues se trata de casos que ofrecen muy pocos datos al investigador. Dentro de esas explicaciones encontraremos las ya conocidas (que siempre han sido minimizadas por los ufólogos crédulos): fraudes, fenómenos atmosféricos inusuales, aviones y otros aparatos terrestres, confusiones, etc., que son el estímulo que ocasiona las visiones ovni, ampliamente estudiadas por los ufólogos de la corriente psicosociológica.

Luego entonces podemos decir que mientras que la probabilidad de que los reportes ovni tengan una explicación convencional y racional tiende a 1, la probabilidad de que las “hipótesis” (entre comillas puesto que no son verdaderas hipótesis desde el punto de vista científico) alternativas paranormales sean ciertas tiende a 0.

Hasta el día de hoy no existe una sola prueba, irrefutable, de la visita de naves extraterrestres. Los ufólogos crédulos no han podido, después de casi 60 años, dar una demostración contundente de que estamos siendo visitados por naves de otros mundos. Todo lo que hacen es reunir “pruebas” para reafirmar su “hipótesis” en la que creen, es decir, anécdotas que refuerzan su fe. Estas “pruebas” no han aportado nada al desarrollo del conocimiento humano y sólo han creado ilusiones y mundos para-lelos y para-anormales. Sin embargo han tenido más eco y publicidad en la mente del ciudadano común que los reclamos y advertencias de los verdaderos científicos. Tan es así que la palabra escéptico se ha convertido en un adjetivo peyorativo.

Nada extraordinario. A las mismas conclusiones habían llegado Donald Menzel, Philip Klass y otros críticos de la ufología. Pero César Tort me acercó a la literatura parapsicológica de corte académico. Me habló de los PPOs y me invitó a colaborar con él para tratar de dilucidar si las caras de Bélmez eran auténticos PPOs. Para César los únicos posibles candidatos a PPOs eran las citadas caras y el sudario de Turín. Este último resultó una falsificación y en cuanto a las caras, César y yo contribuimos en aclarar su origen.

Pero el concepto de PPOs me pareció extraordinario y lo tomé de la parapsicología para traerlo a la ufología. Como a los ufólogos hay que enseñarles con palitos, el Objeto Ufológico Permanente me pareció lo más adecuado para hacerles entender lo que era una prueba verdadera, y no los videos, las fotografías o los reatos de testigos. Un OUP es la nave extraterrestre y/o los “marcianitos verdes”.

Pero pedí mucho al considerar que los ufólogos entenderían el concepto. Cuando le mencioné a Maussán que las únicas pruebas válidas para la hipótesis extraterrestre serían los “marcianitos verdes” y la nave extraterrestre, me dijo que eso demostraba mis instintos asesinos: que yo quería ver muerto a un extraterrestre para poder aceptar su existencia. En realidad lo único que yo quería, y quiero, es una muestra de cabello, de saliva, de piel, de sangre o de cualquier otro elemento al que se le pueda hacer pruebas de ADN, que nos lleven a concluir que el propietario no es ninguna especie conocida en la Tierra. O un aparato cuya tecnología no corresponda a las conocidas en la Tierra. Pero debe ser Permanente, es decir, no los “marcianitos verdes” y platos voladores que se encuentran en el Hangar 18, en el Área 51 o en el sótano de Es Tontón Fredman, porque ninguno está accesible al publico en general para poder ser estudiado.

Lo interesante del concepto PPO es que es lo bastante elástico que se puede aplicar no sólo a la parapsicología, y ufología, sino a todas las demás pseudociencias. Puede postularse la existencia de un Objeto Criptozoológico Permanente, o de otro Objeto Forteano Permanente, o el más general Objeto Magufo Permanente. Dejamos a nuestros lectores que nos digan cuales serían estos objetos en las distintas disciplinas.

Los ufólogos actuales sólo se concentran en intrusiones alienígenas, abducidos y en colectar videos de luces en el cielo, que podrían ser cualquier cosa, desde globos, aviones, videos trucados, hasta “naves” de otros planetas. El problema consiste en explicarles que los OVIs u Objetos Voladores Identificados, constituyen algo más que basura, que son una realidad conceptual que deben y que deben ser admitidos como parte del problema. Aún más difícil es que lleguen a aceptar que los videos no constituyen en forma alguna prueba de naves extraterrestres, sino que caen en e campo de lo anecdótico.

Si los ufólogos realmente desean una aproximación científica de los ovnis, deben pasar de los videos y concentrarse en la prueba irrebatible: el Objeto Ufológico permanente.

Considero que va a pasar mucho tiempo para que los ufólogos presenten un OUP. Pero, ¿qué podrían hacer los ufólogos mientras llega esa preciada prueba? ¿Seguir filmando y fotografiando globos en el cielo? ¿Seguir dando conferencias? ¿Seguir escribiendo basura ufológica? ¿O hacer algo en realidad de provecho? Los que no se quieran alejar de su amada ufología pueden intentar nuevas rutas.

Hay un área en el campo de la ufología que se ha dejado de lado y poco se ha investigado. Aparte de estudiar reportes de ovnis, los ufólogos han investigado a los testigos, los abducidos y los contactados, pero creo que sería mucho más interesante estudiar a los mismos ufólogos: quiénes son, cómo son, qué piensan…

En esta ruta de investigación los mejor preparados son los psicólogos y los sociólogos. En México el licenciado Héctor Escobar está iniciando lo que, creemos, es el primer estudio del Fenómeno Ufólogo a nivel mundial. Ya veremos los resultados.

REFERENCIAS

Beloff John, Research strategies for dealing with unstable phenomena, Parapsychology Review, Vol. 15, No. 1, Parapsychology Foundation Inc., New York, Jan-Feb 1984, págs. 1-7.

Beloff John, The Relentless Question: Reflections on the Paranormal, McFarland, Jefferson, N. C., 1990.

Escobar Sotomayor Héctor, Sobre el nivel epistemológico de las hipótesis ovni, sin publicar.

García Óscar, El Objeto Ufológico Permanente, Contacto Ovni, No. 22, México, octubre de 1996, Págs. 22-25.

Hyman R., The Elusive Quarry: a Scientific Appraisal of Psychical Research, Prometheus Books, New York, 1989.

Ruiz Noguez Luis, La nueva ovnilogía, Duda, No. 1106, México, 14 de octubre de 1992. Pág. 22.

Tort J. Cesar & Ruiz Noguez Luis, Are The Faces of Bélmez Permanent Paranormal Objects?, Journal of the Society for Psychical Research, Vol. 59, No. 832, July 1993, págs. 161-171.

Tort J. Cesar, Will Permanent Paranormal Objects vindicate Parapsychology?, Journal of the Society for Psychical Research, Vol. 58, No. 824, March 1991, págs. 16-30.

Ufología ¿Una ciencia? (3)

EL OBJETO UFOLÓGICO PERMANENTE

¿Qué estudia la ufología? ¿Qué estudian los ufólogos? Estas no son preguntas triviales. Sin ninguna excepción todos los ufólogos que conozco, a los que les hice estas preguntas, dieron respuestas equivocadas. Algunos me veían como un bicho raro: “¿Mira lo que pregunta este escéptico? Pero si todo mundo sabe que lo que estudia la ufología son los ovnis”.

El problema es que ningún ufólogo tiene un ovni para estudiarlo. Lo que “estudian” son reportes de gente que dice haber visto ovnis. Esos reportes pueden ser verbales, escritos, fotografías o videos, supuestos restos de aterrizajes o registros en el radar. Todo menos un ovni. Y entrecomillo la palabra “estudian”, porque lo que realmente hacen los ovnílogos es coleccionar: coleccionar cualesquiera de esos reportes (informes, fotos o videos); coleccionar revistas de ovnis; recopilar libros sobre el tema; sumar kilómetros tras los ovnis; compilar entrevistas con los testigos; juntar dibujos de las “naves” y de los “extraterrestres”; reunir leyendas relacionadas con el tema.

Recuerdo que en una entrevista para la radio mexicana mencioné que ningún ufólogo era investigador, sólo coleccionista. Hubo quien llamó a la estación para retarme a debatir con él y que le demostrara que no había investigadores de ovnis y todos eran coleccionistas. Este ufólogo no entendía que los ovnis no poseen naturaleza ontológica y que, por lo tanto, no se pueden estudiar. Es decir, en palabras del psicólogo Héctor Escobar, “lo único que podría ser ovni sería lo que no es (no es planeta, no es fenómeno atmosférico, no es satélite, no es ave… así hasta el infinito), huelga insistir en lo absurdo de esta posibilidad”.

A una conclusión similar llegó Heriberto Janosh:

“Creo que lo único que podemos hacer con los casos no identificados es tratar de identificarlos, de lo contrario su importancia es nula.

“Con los IDENTIFICADOS sí podemos trabajar científicamente, por ejemplo planteando la siguiente hipótesis:

“Todos los casos en que los testigos afirman haber observado o registrado una nave espacial extraterrestre (NET) han sido explicados como confusiones con otros objetos que no eran NETs, fraudes o fantasías psico(pato)lógicas.

“Esta hipótesis es REFUTABLE (basta presentar pruebas de la aparición de una nave ET) y ha sido CONFIRMADA miles de veces”.

Escobar menciona que para desarrollar una epistemología de la ufología es necesario abordar los siguientes temas

a) definición del objeto de estudio de la ufología.

b) definición de una metodología para el estudio de dicho objeto.

c) caracterización de una teoría explicativa del fenómeno en cuestión.

En el asunto del objeto de estudio de la ufología Héctor nos explica que:

“El problema que enfrentamos aquí consiste en establecer una caracterización positiva de lo que sería un ovni. Tradicionalmente, el problema ha sido resuelto mediante una trampa lógica, se ha otorgado un significado a ovni que lo define en base a alguna hipótesis (naves extraterrestres, zeroides, etc.) y eliminado el criterio de necesidad empírica que requiere una definición operativa, se ha procedido a una amplísima serie de argumentos a favor de tal o cual hipótesis, es decir, se construyen castillos en el aire. Está todo el edificio, pero falta el cimiento (ontológico y empírico del mismo).

“Si definimos ovni como nave extraterrestre, ¡damos por supuesto la existencia de naves extraterrestres!, cosa que según sé, no ha podido demostrarse, pese a lo que diga uno que otro contactado. Este argumento es igual en todo tipo de explicaciones que consideren a los ovnis como entidades ontológicas.

“Es requisito en todo conocimiento que pretenda denostarse como científico, la presentación de un objeto sobre el cual ejecute su estudio. Esto no quiere decir, como podría leerse ingenuamente, la presentación de un ovni (que obviamente ya no sería tal sino una nave extraterrestre, o cualquier otra cosa por el estilo), sino una serie de elementos teóricos y factuales que permitan suponer la existencia de un fenómeno inexplicable en términos convencionales, y que por lo mismo requerirá del desarrollo de un marco teórico y conceptual en el cual sea posible su definición.

“Aquí, como se ve, hemos pasado de los ovnis (con toda la ambigüedad que implica la palabra), al concepto de un reporte ovni, en el cual los términos No Identificado, han adquirido un valor relativo en posición al valor absoluto que tenían en el marco de una ufología ingenua. El No Identificado lo es con respecto al testigo del avistamiento. Aquí aparece uno de los meollos del asunto, es decir, la posibilidad de identificación del reporte ovni para convertirlo en un ovi.

“El trabajo de la ufología seria empezará en este nivel: el estudio del reporte ovni para buscar su explicación. Nótese que aún seguimos careciendo propiamente de un objeto pues, si explicamos el reporte eliminaremos nuestro elemento en la categoría de fenómenos conocidos en donde serán objeto de estudio de ciencias ya establecidas (astronomía, meteorología, aeronáutica, etc.). La idea es pues, encontrar reportes que resistan toda explicación, y que de este modo, se constituirían en el objeto de estudio de una ciencia ufológica…

ACORRALANDO AL TESTIGO

Desconociendo las ideas teóricas de Escobar y Janosh, mi acercamiento a la investigación ufológica de campo era enfrentando al testigo, casi acorralándolo, para evitar o impedir que embelleciera o modificara su relato. Partía del hecho de que los testigos no dicen la verdad, lo cual contradecía todos los estándares ufológicos en los que los perseguidores de ovnis incluso se atrevían a afirmar la existencia de testigos de elite: pilotos, científicos, militares y otros. Desde mi punto de vista el testigo miente consciente o inconscientemente. En el primer caso tenemos a los fabuladores (esencialmente los contactados y la mayoría de los abducidos); en el segundo tenemos a los testigos que se enfrentan a un fenómeno natural o artificial que el testigo, en su ignorancia, asimila a la fenomenología ovni (entendiéndose esta como naves extraterrestres). En este caso, aunque el testigo no mienta descaradamente y diga “su verdad”, esta no se ajusta a la realidad de la naturaleza.

Tomaba (y tomo) la investigación ufológica como una especie de gimnasia mental. Se trata de resolver acertijos del tipo: en caso de que el testigo no sea un fabulador ¿qué fenómeno natural pudo haberlo engañado o confundido?; si el testigo es un mendaz incorregible ¿cómo fabricó su historia?

Esta no es una actitud anticientífica. Manuel Borraz lo explica de manera sencilla, con su habitual claridad de ideas:

“Es bien sabido que no todos tienen la misma idea de lo que constituye una prueba del origen no terrestre de los ovnis.

“Por ejemplo, los menos exigentes echan en cara a los escépticos que cuando se enfrentan a los casos más “sólidos” acaban recurriendo, por ejemplo, a:

“- sembrar sospechas de fraude, poniendo en duda la veracidad de los testimonios;

“- trocear los hechos y los avistamientos hasta hacerlos irreconocibles, proponiendo explicaciones sumamente improbables.

“Pero estos procedimientos no son ninguna aberración. Cuando se indaga con espíritu científico un asunto novedoso debe tenerse auténtico terror a que se cuelen lo que se conoce a veces como “falsos positivos”, en este caso, a dar por anómalos sucesos que no lo son. Se trata de un terror a dar pasos en falso, a dar por supuesto cosas que pueden resultar completamente falsas. Un terror, por otra parte, al que debe su buena salud el edificio de las teorías científicas. Frente a estos “falsos positivos”, la posibilidad de “falsos negativos” (en nuestro caso, las eventuales visitas de naves extraterrestres erróneamente “explicadas” como sucesos convencionales) puede quedar incluso en segundo plano. Esto marca de entrada la actitud con que se aborda el tema. Después viene el argumento razonable de que fraudes los ha habido y los habrá siempre, y seguro que algunos de ellos nos acechan entre los casos aparentemente más “difíciles”. Y otro argumento de peso: increíbles casualidades las ha habido y las habrá siempre, y seguro que algunas de ellas acaban dando vida a una insólita cadena de despropósitos que va a parar al cajón de sastre de las historias de ovnis. Es muy improbable que un piloto observe un lucero sin reconocerlo a la vez que se detecta por radar un eco espurio en la zona, pero si algo así ocurre –puede ocurrir- seguro que lo encontraremos recogido en un catálogo de avistamientos de ovnis. En definitiva, lo que se plantea el escéptico es: si hay algo auténtico detrás de alguno de estos casos, algún día nos encontraremos con uno en que tanto la posibilidad de un fraude, como las posibilidades de un cúmulo de coincidencias u otras explicaciones convencionales, aparecerán como claramente inverosímiles. Pero los más creyentes se preguntan si realmente hay algo que pueda convencer a un escéptico. ¿Aceptaría un escéptico la existencia de naves extraterrestres en nuestros cielos si se le suministrara un pedazo de aeronave o se le concediera una entrevista con uno de sus tripulantes? Los más creyentes se temen que no, y que eso de “dadme pruebas y os creeré” es un cuento chino. Y tienen bastante razón… No obstante, lo que no aciertan a comprender es que, a menos que su composición fuera realmente extraordinaria, pudiéndose demostrar su procedencia extraterrestre de origen no meteórico, un pedazo de metal que no se diferenciara de una pieza de lavadora nunca probaría nada. Ni aunque llevara grabados símbolos venusianos. Y un intercambio de impresiones con un tipo cuya única “rareza” fuera su aspecto nórdico u oriental, su atuendo de opereta espacial o su lengua incomprensible, tampoco sería convincente, salvo en caso de que pudiera procederse a exámenes médicos y genéticos con resultados demoledores, o el contacto aportara información “revolucionaria” e inequívocamente de origen no terrestre. Es decir, una muestra material o un contacto fugaz con el mismísimo comandante de las fuerzas intergalácticas no tienen por qué resultar necesariamente probatorios…”

“A priori uno piensa que un observador podría equivocarse durante un rato pero que acabaría reconociendo su error enseguida. Casos como éstos sugieren que no siempre es así. Habría ocasiones en que, por ejemplo, el observador no percibiría una luna tras un velo de nubes sino un objeto cercano sombrío como en Feignies, o no reconocería la luna lejana sino un artefacto luminoso que estaría siguiendo a su coche. Me parece que es un poco como lo que ocurre cuando se contemplan esos dibujos ambiguos que permiten una doble lectura (busto de joven/cara de vieja, cubos cóncavos/convexos,…), que se mencionan a veces al hablar de la psicología de la percepción. Uno puede estar todo el tiempo del mundo percibiendo los trazos de una manera hasta que alguien le llama la atención sobre la otra forma de “verlos”. Trasladado a los casos anteriores, resultaría que una “confusión” de larga duración sería perfectamente verosímil. Creo que éste es un aspecto fundamental en este tipo de observaciones.

“Lo de la psicología social lo mencionaba por la segunda parte del problema. Otro punto crucial. Suponiendo que un observador quede cautivado por su propia interpretación anómala de una luz en el cielo durante tanto tiempo, parece poco creíble que suceda lo mismo con dos o más observadores. Pero de nuevo los ejemplos sugieren lo contrario. A la hora de interpretarlo no creo que haya que recurrir a conceptos tan equívocos -y pasados de moda- como las “alucinaciones colectivas”. Posiblemente se trate de una especie de proceso de “contagio” psicológico. Las reacciones y/o los comentarios de un observador influyen en otro y los de éste en el primero, que puede ver reforzada su interpretación. Se va creando un consenso perceptivo. Me parece que es este juego de influencias y sugestiones mutuas el que podría hacer verosímil la existencia de “confusiones colectivas””.

EL MISTERIO CENTRAL

Luis R González Manzo llamaba la atención sobre un artículo publicado por Andy Roberts en el número 118 de Fortean Times, que tiene que ver con estos errores de percepción. Roberts decía, en la traducción de González:

“Han habido nuevas revelaciones sobre el enigma del bosque de Rendlesham. Declaraciones originales hechas por los testigos principales de los sucesos de Diciembre de 1980 sugieren que habrían visto (y malinterpretado) el faro de Orford Ness y el buque-faro de Shipwash. En lugar de un asombroso descubrimiento tenemos que el caso Rendlesham queda eliminado como evidencia de un encuentro exótico con un OVNI.

“Pero, ¿es tan simple? Muchos de aquellos que aceptan su caída se pavonearan de que se trató “sólo” o “simplemente” de una percepción errónea. Mientras tanto los creyentes pasarán al siguiente “gran caso”. ¿Que tan equivocados están? “Simple” o “sólo” son meras palabras que hacen muy mal servicio a estos recientes descubrimientos. Quizá el caso Rendlesham esté resuelto pero lo que de verdad ha revelado es el verdadero meollo, el misterio central, no sólo de la ufología sino de la gran mayoría de temas forteanos.

“Revisen la historia de la ufología y se encontrarán caso tras caso nacidos de percepciones erróneas (…) Demasiado a menudo, cuando la “verdad” sobre una de estas percepciones erróneas es revelada, el caso es rechazado y eliminado de cualquier posterior estudio. Pocos investigadores se cuestionan PORQUE una estrella puede “convertirse” en un OVNI para determinado testigo. O por qué un avión en un vuelo normal se convierte, por un momento nada más, en un OVNI

“(…) Los errores de percepción y su descendencia de “creencias” evidencian un raro tesoro, el poder de la imaginación humana y su habilidad para transformar lo ordinario en lo misterioso y lo mítico. Nuestra capacidad para atrapar este resbaladizo hecho convierte el multiverso en un lugar mucho más interesante”.

Alejandro Agostinelli se preguntaba sobre el “proceso cultural anterior y posterior del acto de percibir un estímulo súbitamente transformado en nave extraterrestre o en cualquier otro evento extraordinario. Lo que Roberts llama “el misterio central””. Y se respondía:

“La transformación de la percepción de un suceso “banal” en otro más elaborado (“ufológico”, “paranormal”, “mágico”, etc.) tiene que ver con procesos creativos que probablemente han sido mejor estudiados por áreas más cercanas a la investigación etnográfica, artística y literaria. ¡Y que seguramente pocos de nosotros conocemos! Otra excepción de esta afirmación es el análisis del trasvasamiento de flujos de conocimientos míticos provistos por la ciencia ficción (Kottmeyer, Mehéust et al) y los estudios comparados de mitos afines (me refiero al acto de cotejar el contenido simbólico de los relatos actuales con otros equivalentes generados en épocas anteriores).

“Ese “momento nada más” que menciona Roberts (el trance donde se produce la metamorfosis del estímulo original en otra cosa más compleja) no es “un momento y nada más”: aquí hay que incluir a lo que llamaría la ANTESALA DE LA EXPERIENCIA (la información disponible, la educación impartida, el contexto cultural del testigo, que influyen en la memoria activa del “momento”, y la POST-EXPERIENCIA (el intercambio con el contexto inmediato y remoto, desde la que aportaron otros testigos con los que ha compartido el evento hasta los comentarios de familiares, amigos y entrevistas de periodistas o ufólogos)”.

Ese “misterio central” de la ufología (y de los fenómenos paranormales) está constituido por aquellas percepciones erróneas de fenómenos u objetos comunes que son transformados posteriormente en naves extraterrestres, monstruos peludos, imágenes milagrosas y otros fenómenos paranormales, gracias o debido a una deformación cultural, muchas veces influenciada por los medios de comunicación. No se debería trivializar su importancia. Antes bien este debería ser el núcleo central del estudio de todos los fenómenos paranormales. Ya que no se pueden extraer patrones ni tendencias coherentes de los casos todavía inexplicados, debido a su diversidad, habrá que estudiar los explicados. Nuevamente Manuel Borraz nos advierte:

“Estoy de acuerdo en que a veces se ha enfocado de forma muy simplista esta categoría de casos, tan frecuentes, de las “confusiones”. Si se descubre que un testigo de la aparición de un ovni observó Venus, la explicación del caso no es el planeta Venus en sí mismo (millones de observadores debieron ver el planeta en la misma fecha sin que dieran lugar a ningún informe sobre ovnis…), sino fundamentalmente los procesos involucrados desde el punto de vista psicosocial (procesos perceptivos, del recuerdo, de la transmisión de la información, etc.) que, por desgracia, suelen obviarse o se tienen poco en cuenta. Tanto es así que algunos perciben el enfoque psicosocial como un insulto a la inteligencia de los testigos (como si se quisiera hacer creer que el testigo no sabe distinguir un ovni de un simple lucero) mientras otros llegan a pensar que lo que se está postulando en realidad son extravagantes alucinaciones de todo tipo. En la mayoría de los casos, no se trataría ni de lo uno ni de lo otro (¿por qué costará tanto la aceptación generalizada del enfoque psicosocial más elemental?).

“Sobre la misma cuestión puede notarse que la verdadera naturaleza de los estímulos, es decir, su identificación precisa en cada caso (astro, avión, etc.), es bastante irrelevante en el contexto del enfoque psicosocial. Incluso hay ocasiones en que estímulos distintos hubieran dado lugar seguramente a experiencias similares de observación de ovnis. No obstante, también hay que reconocer que esa identificación precisa es lo que permite legitimar dicho enfoque. Si no se hubiera conseguido la identificación del estímulo en ningún caso, deberíamos contentarnos con trabajar con una hipótesis psicosocial meramente especulativa, sin confirmación empírica.

“Volviendo al hilo de la discusión, si estaba de acuerdo en que hay que dar importancia a todo lo que rodea a las “percepciones erróneas”, en lo que ya no estoy tan de acuerdo es en darle una importancia desorbitada, pues por lo general, estamos hablando de procesos bastante triviales. Tampoco estoy de acuerdo en hablar a estas alturas de un “misterio central”, pues hay mucha información sobre dichos procesos y hace muchos años que se ha venido abordando el tema. A menudo parece que cualquier cosa que se comente sobre este asunto ya ha sido dicha antes y mejor… Por ejemplo, algo hay en el “informe Condon” de hace treinta años. Y habría trabajos en esta línea anteriores a la aparición de los platillos volantes, en relación a temas como el de las apariciones marianas… A Michel Monnerie se le reprochó hace veinte años el no haberse basado en trabajos previos de psicología a la hora de plantear su noción de “rêve-éveillé” (“sueño despierto” o “sueño a ojos abiertos”). Para contrarrestar estas críticas, en “Le Naufrage des Extra-terrestres”, su segundo libro, dio por referencia la obra “Les apparitions de Belgique”, del Dr. A. Ladon (Doin, 1937), un estudio sobre ciertas apariciones marianas belgas. Basándose en las conclusiones del Dr. Ladon, Monnerie reafirmaba que muchas visiones de ovnis proceden de lapsus perceptivos, alucinosis, ilusiones, ciertos estados crepusculares, etc. (Si alguien ha leído el libro de Ladon ya nos comentará algo al respecto).

“El enfoque psicosocial contempla fraudes e historias inventadas, observaciones de fenómenos conocidos pero inhabituales, “mal interpretaciones” de fenómenos convencionales, determinadas vivencias relacionadas con el sueño, etc. ¿Son estos recursos suficientes para interpretar hasta el último rincón de la casuística?

“Cuando comienzan las complicaciones es cuando nos detenemos en algún caso en que PODRIA ser necesario contemplar la existencia de algún fenómeno físico novedoso o poco conocido. Y se me ocurre un segundo campo en el que podría haber complicaciones. Me refiero a los casos en que, análogamente, PODRIA ser necesario contemplar la existencia de algunos procesos psicológicos novedosos o poco conocidos. Pero si llega el caso, pienso que lo prudente es comenzar pensando en posibles fenómenos mal conocidos -de los que ya habría precedentes antes de la era de los platillos volantes- antes que en fenómenos inéditos desconocidos…

“En cuanto a fenómenos físicos, hay que empezar citando al eterno candidato a “fenómeno respetable perfectamente comprendido”: el rayo en bola. Me temo que continuará así hasta que se elabore un modelo físico que permita reproducirlo y estudiarlo a fondo. Por lo demás, me da la impresión de que se abusó del rayo en bola en el siglo pasado, cuando estuvo de moda, y se ha abusado de él en la “era de Arnold”, utilizado a veces como cajón de sastre por escépticos y ufólogos racionalistas. Espero que algún día sepamos si de verdad existe el rayo en bola y cuáles son sus auténticas posibilidades y limitaciones.

“Más nebuloso veo lo de las “luces tectónicas” y lo de los fenómenos luminosos recurrentes que se manifestarían en lugares muy determinados.

“Sobre las primeras, si no recuerdo mal, los análisis de Persinger han recibido muchas críticas metodológicas. Ignoro si ha ido tomando nota con los años, si se ha hecho el sordo o si ha tirado la toalla. Sobre los segundos, un paseo virtual por el Proyecto Hessdalen me ha decepcionado enormemente. No sé si en otros ejemplos la evidencia es más sólida (me vienen a la cabeza las luces de Marfa o las de Yakima).

“También hay casos puntuales intrigantes. Pienso en un clásico francamente enigmático, los incidentes de Levelland de la noche del 2 al 3 de noviembre de 1957, con su profusión de presuntos “efectos electromagnéticos” y una gran cantidad de testigos (aparentemente) independientes. Hay quien lo considera el mejor o uno de los mejores casos de apariciones de ovnis (¡pero ojo, el caso es más bien la excepción y no la regla!). ¿Fenómeno meteorológico extraordinario? ¿Montaje fraudulento?…

“Para terminar, unas pinceladas sobre el otro apartado, el de posibles fenómenos psicológicos poco conocidos. Antes de lanzarnos a especular en este campo habría que tener datos fiables para poder decidir sobre ese conjunto de casos, generalmente de testigo único, en que las “percepciones erróneas” pueden descartarse, en que tampoco hay un contexto que nos remita a estados próximos al sueño, viéndonos en consecuencia abocados al dilema fraude o “algo” realmente raro (alucinaciones especiales, estados mentales poco conocidos, etc.). ¿Cuál sería el auténtico alcance de las fabulaciones puras y duras en este dominio? ¿Cuál el de la patología mental? ¿Es realmente necesario recurrir a hipotetizar “estados alterados de conciencia” transitorios o cosas por el estilo? Esas son, a mi juicio, cuestiones clave.

“Algunos autores (hemos de citar de nuevo a Persinger, entre otros) han especulado con que fenómenos electromagnéticos podrían inducir un estado transitorio inusual de actividad en el lóbulo temporal del cerebro (como un “microataque” epiléptico) generando vívidas alucinaciones. Con esta hipótesis se ha pretendido abordar un amplio abanico de experiencias anómalas (encuentros con ovnis, experiencias cercanas a la muerte, etc.). No hace mucho, en la sección de “Cartas al Editor” de la revista “Skeptical Inquirer” (sep./oct. 1998), un tal Clifford A. Pickover comentaba su teoría según la cual la epilepsia de lóbulo temporal (ELT) podría tener un papel tanto en el fenómeno de la abducción extraterrestre como en la experiencia religiosa (al respecto, había escrito el libro: “Strange Brains and Genius: The Secret Lives of Eccentric Scientist and Madmen”). Pero, ¿qué hay realmente de verificable en todo esto? ¿Hay algún experto en la sala…?

“También puede ser de interés señalar que Paul Devereux (cuyos puntos de vista son o eran afines a los de Persinger) se viene interesando de un tiempo a esta parte por los llamados “sueños lúcidos” y experiencias afines.

“Ya veremos si se produce algún progreso en estas áreas o si por el contrario todo irá a quedar en meras especulaciones”.

Continuará…