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¿Los marcianitos verdes sueñan con ovejas verdes?

Ovejas “extraterrestres” atraen la atención

Un rebaño de ovejas “extraterrestres” se ha convertido en una atracción local en una aldea rumana después de que todas las 250 se volvieron verdes en la noche.

El dueño de las ovejas, en la aldea de Arsa del condado de Constanta, llamó al veterinario para ver qué estaba mal con sus animales.

Los vecinos se reunieron para ver la extraña vista mientras el veterinario local tomaba muestras de la lana de las ovejas y descubría que todas habían sido tratadas con una solución de piedra caliza.

El pastor dijo que él utilizó la solución para ayudar a algunos animales a librarse de una enfermedad de la piel.

El pastor Cristinel Florea dijo: “Algunas de mis ovejas se enfermaron hace un año, tenían una clase de erupción en su piel.

“Intenté toda clase de tratamientos pero nada parecía funcionar. Decidí utilizar piedra caliza y ahora todas mis ovejas parecen extraterrestres”.

El veterinario Grigore Mertoiu dijo: “Todos se desconcertaron al principio pero luego el dueño nos dijo que él utilizó piedra caliza para tratar sus ovejas.

“Todos los pobres animales se volvieron verdes durante la noche porque era una poco fría y durmieron muy cerca”.

http://www.ananova.com/news/story/sm_2529529.html?menu=news.quirkies

Los niños salvajes (18)

LOS SESENTAS

El niño macaco de Teherán, de 14 años, fue encontrado en 1961.

En 1962, según un informe, los geólogos encontraron a niño de unos siete años que corría con una manada de lobos en una región del desierto de Turkmenistan, en el Asia central, al Sur de Rusia. Los hombres lanzaron una red sobre el muchacho, pero los lobos acometieron para protegerlo, rasgando la red. Al final, todos los lobos fueron asesinados. El niño mordió a uno de sus captores.

Cuatro años antes se había perdido un niño, llamado Djuma (niño salvaje), al que le habían enseñado a pronunciar algunas palabras. Contó a los antropólogos que su familia fue asesinada en una purga política y que su madre se acostó sobre él para protegerlo. Luego escapó y se unió a una manada de lobos. También contó cómo cabalgaba en el lomo de su madre lobo cuando iban de caza, y más tarde aprendió a correr en cuatro patas. Lo cuidaron en el Hospital Republicano en Ashkhabad y fue hasta años después que se acostumbró a dormir en una cama. En un informe de noticias de 1991, se decía que todavía se arrastraba en cuatro patas, comiendo solo carne cruda, y mordiendo cuando esta enojado. En ese entonces el doctor Rufat Kazirbaev, jefe de investigación psiquiátrica en el hospital, dudaba que perdiera sus modales de lobo.

France Press, del 24 de mayo de 1963, reportó a Yves Cheneau de Saint-Brévin, de 7 años, 1963. Se trata de un niño que creció confinado. Su madrastra lo encerró en el sótano de su casa, pero fue descubierto 18 meses más tarde por uno de sus tíos, quien dio aviso a la policía.

EN EL SAHARA OCCIDENTAL

En septiembre de 1961, el poeta, antropólogo, geólogo y explorador francés (de la región vasca), Jean-Claude Auger (alias Jean-Claude Armen), viajaba solo a través del Sahara español (Río de Oro) cuando se reunió con algunos nómadas de la tribu Nemadi, que le informaron sobre un niño salvaje que vivía a unos días de viaje.

Siguiendo la dirección indicada por los nómadas. Descubrió desde lejos, en el horizonte, un niño desnudo. Era “una forma humana desnuda… esbelta y con largo pelo negro, corriendo con saltos enormes entre una larga cabalgata de gacelas blancas”.

Todos los animales, incluyendo el muchacho, corrieron al percibir el olor de Armen. Durante días el explorador intentó acercarse al muchacho, pero siempre obtenía el mismo resultado: la manada corría a refugiarse. Auger encontró un oasis pequeño de arbustos de espinas y palmas datileras y esperó la manada. Tres días más tarde, su paciencia fue recompensada: apareció la manada, pero al darse cuenta de su presencia volvieron a escapar.

Finalmente recordó aquello de “la música amansa a las bestias”. Comenzó a tocar una pequeña galoubet (flauta berebere) y el método pareció dar resultados. El primero en acercarse fue un pequeño cervatillo. Poco a poco fue perdiendo el miedo. Llegó hasta Armen, lo olfateó y lamió sus manos. Instintivamente el explorador lamió el lomo del cervatillo, pensando que era un tipo de saludo. Luego vino una gacela hembra, seguida del macho líder de la manada. En todos los casos hubo olfateos y lamidas. Finalmente se acercó el chico y siguió el mismo protocolo. Mostró “sus ojos animados, oscuros, en forma de almendra y una expresión agradable, abierta… parecía tener cerca de 10 años; sus tobillos son desproporcionadamente gruesos y obviamente poderosos, sus músculos son firmes y temblorosos; una cicatriz, donde un pedazo de carne se debe haber rasgado del brazo, y algunas incisiones profundas mezcladas con rasguños ligeros (¿los arbustos de espinas o las marcas de viejas luchas?) forman un tatuaje extraño”.

Durante quince días siguió esta rutina hasta ganarse la confianza de los animales. Comprobó que el niño se había adaptado totalmente a la vida del rebaño. Iba desnudo sin resentir, aparentemente, los cambios de temperatura. Podía correr muy rápido y mantenerse con las gacelas, desplazándose tanto cuadrúpeda como bípedamente. La adaptación llegaba hasta el punto de olisquear y lamer a las gacelas como hacían estas entre sí. La adaptación era tan notable que Armen se preguntaba:

“¿Cómo pudo un niño atrasado, aún “ayudado” por los animales, seguir existiendo en un medio tan duro como el desierto?”

Armen cuenta en su libro El niño salvaje del desierto, que estuvo con él varias veces. Pastaba en la hierba, extraía raíces, y parecía ser aceptado a fondo por las gacelas como miembro de la manada. En sus huellas se podía apreciar que “el peso descansa sobre la parte delantera del pie y apenas deja impresión en la arena, lo que revela una rara flexibilidad”.

Habitualmente crispaba sus músculos, cuero cabelludo, nariz y oídos, como el resto de la manada, en respuesta al ruido más leve. Incluso en el sueño más profundo parecía constantemente alerta, levantando su cabeza con los ruidos inusuales, aunque débiles, y oliendo alrededor de él como las gacelas.

El lenguaje de las gacelas no se limitaba a olfateos y lamidas. Había murmullos, rumores, resoplos y otros sonidos. También se comunicaban moviendo la cabeza, las orejas, el rabo y las pezuñas. El muchacho actuaba como cualquier otra gacela. Estiraba el cuello para olfatear; comía hojas y hierba sin utilizar las manos; olfateaba los rastros de orina y estiércol; crispaba los vellos y levantaba las cejas y orejas ante el más leve ruido. Otros signos le era imposible reproducirlos: algunos sonidos o los movimientos de la cola, que trataba de imitar colocando la mano en esa posición y moviendo los dedos. Por el contrario el joven, a diferencia de las gacelas, podía trepar a los árboles.

Auger describe cómo aprendió gradualmente a descifrar el significado de cada gesto y movimiento de las gacelas, que el muchacho compartía con la manada. Había un código complejo para indicar la distancia de las fuentes de alimento; y la interacción social con intercambios de lamidas y olisqueos. Todos los miembros lo olfateaban, pasaban sus morros entre sus cabellos e incluso le tironeaban con sus dientes. El niño estaba plenamente integrado al rebaño. Comía raíces del desierto con sus dientes, abría las ventanas de su nariz como las gacelas. Parecía ser herbívoro aparte de comer lagartos o gusanos ocasionales cuando no había plantas. El borde de sus dientes era plano como los de un animal herbívoro.

Había una gacela, una hembra mayor, que parecía tener una particular predilección por el niño. Quizá se trataba de la madre adoptiva.

El muchacho emitía una clase de grito mudo desde la parte posterior de su garganta con su boca cerrada, también pronunciaba una palabra: kal (khah), que al parecer significaba piedra o roca.

Como el muchacho de vez en cuando asumía un paso vertical, Auger supuso era hijo de un Nemadi, una tribu nómada, y que pudo haberse perdido durante alguno de los traslados o lo habían abandonado aproximadamente a los siete u ocho meses, cuando ya había aprendido a estar parado. Los nemadis son conocidos por su habilidad para correr rápido. Los niños comienzan a caminar a muy temprana edad. De esa manera se podía explicar que pudiera caminar como los humanos.

Armen comprobó que el niño sentía verdadero terror por el fuego, como las gacelas, y cuando oía tocar una flauta, su mirada se perdía y quedaba inmóvil. La música fue el medio que utilizó el profesor Armen para ganarse la confianza del niño.

Así pasó dos meses con la manada y ya que el muchacho parecía feliz, Armen lo dejó con su familia de gacelas, sin tomar ninguna fotografía para protegerlo de la interferencia humana, según dijo. El contacto de Armen con la manada fue intermitente. Tres años después en 1963, en su segunda visita, el explorador encontró que el chico había escalado en el rango del rebaño. Ahora ocupaba una segunda posición inmediatamente después del macho líder. Parece que la “madre sustituta” ya había muerto. En esta ocasión Armen tomó algunas fotografías.

En esta segunda visita, Auger volvió con un capitán del Cercle Militaire Française d’El Aioudj-Idjil y su ayuda de campo, guardando su distancia para evitar espantar la manada. La curiosidad los superó y el capitán no se contentó con sólo mirar, eventualmente y persiguieron al muchacho en un jeep para ver qué tan rápidamente podía correr. Esto lo asustó, aunque alcanzó una velocidad de 54 kilómetros por hora, con saltos continuos de cerca de 4 metros.

Sus perseguidores no pudieron continuar a través del terreno áspero, y la manada desapareció mientras que el jeep sufría una ponchadura. En 1966 los soldados americanos de la base de la OTAN en Villa Cisneros, intentaron atrapar al muchacho con una red suspendida de un helicóptero, pero fracasaron. Lo mismo ocurrió en junio y julio de 1970.

En 1971, al publicarse el libro de Armen en Inglaterra, The Daily Mirror envió uno de sus periodistas al Sahara para verificar la historia de primera mano. En su edición del 1 de febrero mencionaba que el niño que se desplazaba a saltos entre una manda de gacelas y que nunca fue capturado.

PARA HACERSE AMIGO DE LAS GACELAS

¿Cómo pudo el niño tener éxito en volverse animal con los animales? ¿Cómo dos especies aprendieron a comunicarse una con la otra y a comprender los significados de la otra, considerando que nacieron con diferentes medios de comunicación?

El etnólogo Vitus B. Dröscher describe un “truco” para hacerse amigo de los rebaños de cebras y antílopes (y que tal vez funcione con las gacelas):

“En las últimas horas del atardecer se coloca en una tienda de campaña móvil, “una roca caminante”, que poco a poco se desliza hasta colocarse en medio del rebaño. Por la noche, cuando ya reina la oscuridad, se sale de la tienda de campaña y se sitúa entre los animales que duermen. Al día siguiente, cuando el rebaño despierta, ya es uno de ellos. Quien ha dormido con las cebras y los antílopes demostró ya que no es un enemigo y, por lo tanto, se acepta su compañía.

“El investigador tiene que prestar atención a no quedar dormido a la salida del Sol, cuando despierta el resto del rebaño, pues si siguiera durmiendo sería despertado con una buena coz, cariñosa, de algún miembro del rebaño, que en realidad sería el equivalente de despertar cariñoso de un amigo a otro, que vendría a decir: “¡Venga, despierta! Ahora vamos todos a beber y a desayunar, y te podría pasar algo malo si te quedas aquí solo”. Pero una coz así, que nada representaría para una cebra, podría resultar muy dolorosa para el débil ser humano”.

Es más que probable que esa coz “cariñosa” fuese mortal para un bebé de un año. Podríamos conceder que, de alguna “extraña” manera, el niño encontrado por Armen apareció un buen día en medio del rebaño de gacelas y que por ello fue aceptado por los animales; pero lo difícil es aceptar que haya sobrevivido despertando puntualmente todas las mañanas para seguir al rebaño.

También podríamos aceptar que los lobos lleguen a alimentar con carne a un bebe, pero sería más que difícil que éste se alimente de hojas y pasto. Finalmente, las fotografías que mostró Armen presentan a un niño básicamente europeo (¿francés?) y no a un descendiente de africanos que se mueven en caravanas. El caso es altamente sospechoso y más bien parece haber sido inventado por Armen para vender su libro, tomando como base la historia, también ficticia, del niño gacela de Siria.

Continuará…

La estatua de Memnon

LA ESTATUA DE MEMNON

Luis Ruiz Noguez

Emparentado con el fenómeno de las arenas cantarinas podemos mencionar el curioso efecto sonoro producido por la, así llamada, estatua de Memnón (Μέμνων). Dicha estatua emitía sonidos semejantes a los producidos por las cuerdas de una lira, cuando caían sobre ella los rayos del Sol naciente.

Fue el faraón Amenofis III (1391 – 1353 a. C.), de la dinastía 18, quien mandó construir dos gigantescas estatuas de piedra de 23 metros de altura. Ambos colosos representaban la figura del faraón y resguardaban la entrada a su templo mortuorio en Tebas.

Los antiguos egipcios llamaban a la estatua del sur “Rey de reyes”. Posteriormente se les dio el nombre de “Shammy” y “Tammy”, que podría ser una corrupción de las palabras árabes para “izquierda” y “derecha”. Hoy las conocen como “el-Colossat” o “es-Salamat”.

Las estatuas se fabricaron con cuarcita proveniente de canteras de Giza y Gebel es-Silsileh. La estatua del norte representa a Amenofis III, con su madre, Mutememwia; la del sur es el mismo Amenofis con su esposa, Tiy y una de sus hijas.

Una gran inundación destruyó por completo el templo. Luego, sus piedras se usaron como cantera para otros templos. Los expoliadores fueron principalmente Merenptah y su hijo Ramses II.

MITOLOGÍA GRIEGA

Pero ¿qué tiene que ver un mítico héroe de la literatura griega (Memnón) con estas construcciones egipcias? No es necesario acudir a la carambola de tres bandas Grecia – Atlántida – Egipto, para explicar este asunto. La respuesta proviene de la mitología griega reinterpretada por los romanos.

Todo tiene un origen en los mundanos deseos sexuales de los dioses griegos. Afrodita maldijo a Eos (Aurora) y la condenó a tener un deseo constante por los mortales jóvenes. La ninfomanía de Aurora fue descubierta por Zeus, quien le arrebató a su amante en turno: Ganímedes. Aurora se tuvo que consolar con Tithonus, a quien secuestró y llevó a Etiopía[1]. A cambio de Ganímedes, Aurora pidió para Tithonus la inmortalidad, pero se olvidó de solicitar la eterna juventud[2] por lo que, al pasar el tiempo, Tithonus se fue haciendo cada vez más viejo canoso y encogido. Su voz se hizo chillona, y cuando Eos se cansó de cuidarlo lo encerró en su dormitorio, donde se convirtió en una cigarra. Lo peor de todo fue cuando Tithonus perdió la fuerza en su pene: Aurora dejó de interesarse en él.

Cuando Tithonus era todavía potente, engendró a Emathión. Este reinó en Arabia, probablemente la que en aquel entonces se llamaba Etiopía. Algunas versiones indican que Hércules, a su regreso del Jardín de las Hespérides, mató a Emathión porque trató de impedir que se llevara las manzanas de oro. Otras dicen que el enfrentamiento tuvo lugar cuando Hércules se disponía a embarcar en la copa del Sol para dirigirse hacia el Este, a la región del Caucazo.

Una tradición atribuye a Emathión la paternidad de Romo, uno de los fundadores de Roma. Pero la mayor parte de los autores no están de acuerdo con esto último.

Hércules, después de matar a Emathión, confió su reino a Memnón, hermano de aquel y también hijo de Aurora y Tithonus.

Memnón construyó su palacio en Ecbatana con piedras blancas y relucientes, recubiertas con oro. Invadió Egipto y luego el Oriente (Persia), llegando hasta la ciudad de Susa, no lejos del río Tigris, en donde construyó las murallas.

Cuando los griegos invadieron Troya, Memnón se embarcó con su ejército, y se dirigió a la ciudad sitiada para ayudar en contra de los invasores aqueos. Ahí no tuvo buena fortuna: encontró la muerte en manos de Aquiles.

Se dice que a su muerte todos sus soldados desaparecieron, convirtiéndose en pájaros. Al ser quemado en su pira funeraria, el propio cuerpo de Memnón se convirtió en cientos de pájaros, los cuales se mataron unos a otros. Estos pájaros, llamados Memnónidas, año con año regresan a la tumba de Memnón, que se encuentra sobre una colina a la salida del rió Aesepus, que nace de las montañas de Ida. Pero tros dicen que Memnón fue enterrado en Paltas, en la costa de Siria, frente a la isla de Chipre.

Su muerte fue y sigue siendo llorada por Aurora, por eso todas las mañanas aparece el rocío. Escribe Alberto Siliotti:

“Los antiguos griegos buscaron una explicación en la leyenda escrita por Homero, sobre Memnón, el hijo de Eos y Titon, quien fue muerto por Aquiles y reapareció en Tebas como estatua, y cada mañana se lamenta al observar como se eleva por los cielos su madre”

Un último favor pidió Aurora a Zeus: la inmortalidad para su hijo. Memnón no fue destruido y llega del Oriente, de donde nace el sol. Tanto en Susa como en Tebas existen templos en su honor. En palabras de George W. Cox:

“Eos, la madre de Memnón, aclara el cielo todas las mañanas para que su hijo se eleve y acompañe al sol en su diario curso por el cielo”.

AMENOFIS SE TRANSFORMA Y NACE MEMNÓN

Aunque son dos las estatuas, originalmente se comenzó a hablar de “la” estatua de Memnón o “del” Coloso de Memnón. Técnicamente sólo la estatua de la derecha, la que da al norte, es la que originalmente se conocía como Coloso de Memnón.

Se ha sugerido que la estatua servía para propósitos astronómicos o que formaba parte de un rito perteneciente al culto del Sol. Pero la realidad es que “las” estatuas de Amenofis no tenían otra función que la de resguardar la entrada a su tumba. El sonido que emitía la estatua del norte no se conocía en tiempos de Amenofis. Su origen es más reciente.

Posteriormente, ganó terreno la creencia de que la estatua fue mutilada por Cambises (600 – 559 a.C.), en el siglo VI antes de nuestra era.

En el terremoto del 27 d. C., se dañó la estatua del norte. Se formó una cuarteadura que comenzó a emitir una nota musical al amanecer. La fisura recorría la estatua y durante la mañana, al aumentar la temperatura y la humedad, cuando la piedra era calentada por los rayos del Sol se podía oír, según unos, un escalofriante gemido, y según otros, un sonido parecido al de una campana.

Acudía mucha gente a presenciar el extraño fenómeno. Los viajeros romanos buscaron una explicación en la mitología y comenzaron a decir que era la estatua de Memnón, hijo de Aurora, la diosa del amanecer. Muchos venían desde lejos a escuchar los sonidos, incluyendo el Emperador Publio Elio Adriano (76 – 138 d. C.), en el 130 d. C. Los visitantes tenían que pasar varios días al pie del coloso para poder escuchar las notas. En algunos días no se oía nada.

El “arte” de los graffiteros no es un invento moderno. En la base, los pies y las piernas de los colosos, aquellos viajeros de los primeros siglos, dejaron su huella en numerosas inscripciones en griego. Los graffitos nos informan de la visita de personajes muy importantes, incluyendo emperadores romanos y gobernantes de Egipto. Algunos conservan la fecha. La inscripción más antigua data del reinado de Nerón César Druso Germánico (37 – 68 d. C.) a mediados del siglo I, y la última de Septimus Severus (193 – 210 d. C.), quien hizo reparar la estatua. La mayoría de los visitantes, no daban para más y escribieron en prosa, pero otros se arriesgaron con los versos. Entre estos últimos estaban Asklepiodotos (100 – 50 a. C.) y Julia Balbilla Philopappus ( -130 d.C.) poetisa de la Corte.

Cuando el emperador romano Septimus Severus, hizo reparar la estatua de Memnón, en el 199 d. C., la silenció para siempre.

LAS CRÓNICAS DE LOS ANTIGUOS

Estrabón Amaseia (63 – 21 a. C.) fue el primero en mencionar el sonido. Afirmó que él mismo lo escuchó, dijo que emitía un solo sonido y que éste se convertía en un sacudimiento terrestre, aunque no hay huella de que tal cosa ocurriera.

Según Décimo Junio Juvenal[3] (60 – 128 d. C.), Memnón producía muchos sonidos diferentes. En su Sátira número 15 escribió:

“Todo el mundo , Volusius Bithynicus, sabe que los monstruos eran objeto de reverencia y locura supersticiosa en Egipto. En unos distritos se adoraba a los cocodrilos, en otros reverenciaban al ibis serpenteante. También el mono de larga cola era un ser sagrado; su imagen dorada reluce en donde los mágicos acordes del mutilado Memnón hacen música, y en donde yacen las ruinas de la antigua Tebas con todos sus cientos de puertas. En cierta región todo un pueblo rendía culto a los gatos, en otra a los peces del río, y en otra más a los perros sabuesos; aunque Diana la cazadora no tenía un solo templo. Pero para el vulgar puerro o los dientes crujientes de cebolla, eso era una abominación. Los devotos, en efecto, deben ser gente que piensa que tales deidades crecen como coles de Bruselas en sus hortalizas”.

En el siglo I, Gaio Plinio Cecilio Secondo, el joven (61 – 113 d. C.) se refiere a ella y Publius Cornelius Tacitus (55 – 120 d. C.), su contemporáneo, habla de:

“Memnón, un coloso de piedra que produce, al ser tocado por los rayos solares, un sonido vocal”.

Cuando Pausanias (115 – 180 d. C.) vio la estatua en el siglo II, la cabeza y la mitad del cuerpo había caído por tierra, y la parte inferior seguía en un posición sedente. Pausanias la describe como la estatua del Sol, añadiendo que los tebanos le daban el nombre de Famenofes. Otros le llamaban Sesostris.

“Todas las mañanas, al alba –escribe Pausanias-, emitía sonidos que uno podría comparar como los de un acorde de arpa o de lira”.

“La estatua de Memnón –escribió Lucius Flavius Philostratus (160 – 249)- está esculpida en piedra negra y representa a un joven imberbe cuyo rostro se encuentra dirigido hacia el Sol naciente, con los pies juntos de acuerdo con el estilo arcaico de escultura correspondiente al período de Dédalo, y con las manos aplanadas sobre los brazos de la silla, porque se encuentra sentado como si estuviera a punto de levantarse (4 o 5 palabras griegas intraducibles) la intención de sus ojos y boca son como las de alguien que está hablando; decían que no era tan maravilloso, porque parecían no hacer nada, pero cuando era tocado por el primer rayo del Sol, emitía un sonido tan pronto como dicho rayo alcanzaba sus labios, y parecía elevar jubilosamente sus ojos fulgurantes hacia la luz, como un hombre que se asolea”.

Con el tiempo, la imaginación de los crédulos convirtió el ruido que emitía la estatua en sonidos musicales, e incluso en versos oraculares, tal como se encuentra registrado en una inscripción griega hecha sobre una piedra de la estatua.

Los sonidos que producía fueron atribuidos a una combinación de palancas que se dilataban bajo el calor de los rayos solares, liberando así una serie de lengüetas que vibraban. Muchos pensaron que se trataba de un aparato inventado por los sacerdotes egipcios. Athanasius Kircher (1601 – 1680) fue más allá y sugirió que dentro de la estatua podía haber estado realmente oculto un clavicordio.

Posiblemente nunca se confirme el mecanismo productor de sonidos, pero es muy probable que tenga un origen natural. La fisura que se formó en el terremoto del 27, se llenaba con aire. Los rayos solares, al calentar la estatua, dilataban estos gases y los hacían fluir por una pequeña rendija que llegaba hasta la boca produciendo así el sonido antes descrito. Esta hipótesis se ve confirmada por un fenómeno similar que fue observado por Alejandro de Humboldt (1769 – 1859) en su viaje a través de América. El explorador alemán encontró rocas que emitían sonidos musicales al salir el Sol, debido al aire que escapaba a través de sus muchas hendeduras.

BIBLIOGRAFÍA

Cox W. George, An Introduction to the Science of Comparative Mythology and Folklore, Singing Tree Press, Detroit, 1968.

Graves Robert, Los mitos griegos I y II, Alianza Editorial, Madrid, 1983.

Holland R., The Voice of Memnon, Edinburgh Review, July 1886.

Juvenal Décimo Junio, Sátiras, (XV, 5), Alianza Editorial, Madrid, 1996.

Letronne, J. A. La statue vocale de Memnon considérée dans ses rapports avec l’Égypte et la Grèce (= MMAF). Paris, 1833, Neuauflage, 1981.

Ovidio, Metamorfosis, Alianza Editorial, Madrid, 1995, XIII, 576 y siguientes.

Pausanias, Descripción de Grecia, Editorial Gredos, Madrid. Colección Biblioteca Clásica.(Nº 196), (I, 42, 3).

Siliotti Alberto, Guide to the Valley of the Kings, Barnes and Noble, New York, 1997, pag. 122.

Tácitus Publius Cornelius, Anales, Estudio preliminar de Francisco Montes de Oca. Editorial Porrúa, Col. S. C. 291, México, 1983, (Anales, Libro 2, 61).

Virgilio, Eneida, Editorial Limusa, México, 1997, IV, 584 y siguientes.

Existe una versión en PDF en la página de Micromegas.


[1] No a la Etiopía de África. La leyenda se refiere a un lugar en el Oriente.

[2] Selene se cuidó mucho de cometer este error y consiguió la juventud perpetua para Edimon.

[3] Autor de la famosa “Mens sana in corpore sano”

Piedras cantantes

Piedras cantantes

Por J. M. Sinclair

Todavía de pie después de casi 3,400 años, dos estatuas del antiguo faraón egipcio Amenofis III sobre un templo que ya no existe. Se llaman los Colosos de Memnon y actualmente permanecen como las atracciones turísticas arqueológicas más importantes de Egipto. En su tiempo, sin embargo, eran más notables por el sonido que hacían al amanecer, más bien que como monumentos a un faraón muerto. El historiador griego Estrabon escribió en el primer siglo a.C. de un gran terremoto que sacudió Egipto y dañó las estatuas. Particularmente menciona que el coloso del norte se partió por la mitad. Poco después, cada día al amanecer, las misteriosas estatuas comenzaron a “cantar” emitiendo un audible, y al parecer sonoro, ronquido.

Las estatuas cantantes tomaron el mundo del imperio romano como una tormenta. Se decía que las estatuas eran oráculos que podían predecir el futuro, y un flujo de romanos se reunió en Egipto para oír el famoso canto. Incluso varios de los emperadores de Roma visitaron para ver la maravilla, pero en el 199 d.C. las estatuas dejaron de cantar tan inexplicablemente como habían comenzaron dos siglos antes. El emperador en ese entonces, Septimius Severus, temiendo que los dioses estuvieran enojados, pidió que las estatuas fueran vueltas a montar y restauradas. Sin embargo, nunca volvieron a cantar.

Las teorías se extienden de rocío que se evapora a un cierto tipo de oscilación o de vibración de la piedra arenisca misma que causaba el canto, pero ninguna parece explicar porqué el sonido paró tan precipitadamente. En este día, aun cuando las estatuas todavía existen, ellas son totalmente silenciosas.

Es inverosímil que Amenofis deseara estatuas cantantes, en la mayor parte de la primera mitad de su existencia, no cantaron. Pero parece que sus contrapartes Mayas pudieron haber deseado justo eso. La gran pirámide del El Castillo en Chichen Itza cerca de la turística ciudad de Cancún en México se conoce desde hace mucho, pero recientemente se ha demostrado y se ha estudiado, que tiene la extraña característica de poder producir el sonido de un pájaro que gorjea cuando alguien aplaude mientras está parado en la base de la pirámide. Si uno camina sobre los escalones de la pirámide, el eco de sus pasos suena como lluvia que cae.

Los escépticos indican que los mayas probablemente no habría podido predecir exactamente qué sonidos haría la pirámide, aún si la diseñaron intencionalmente para hacer eso. Sin embargo, parece un poco sospechoso que produzca un sonido similar al pájaro Quetzal de México que era considerado sagrado por los mayas, y produjera el sonido de la lluvia, el dios que también era comprensiblemente importante. El científico belga Nico Declercq y su equipo de la Universidad de Gante han establecido que la fuente del sonido, tal como una palmada o un paso, determina que sonido se escuchará en respuesta. En efecto el sonido de respuesta varía principalmente por el sonido hecho por el oyente.

Esto deja abierta la posibilidad de que se hicieron varios sonidos para producir un arsenal de efectos de la pirámide. Uno puede imaginar a los sacerdotes mayas asombrar a la población reunida mientras producían los imposibles ruidos, que sólo se habrían podido interpretar como sobrenaturales por los que no conocían el secreto. Solamente la experimentación y el estudio cuidadoso revelarán todos los sonidos potenciales que los mayas pudieron haber producido con la pirámide, y puede ser que incluso sea interesante descubrir lo que puede producir al repetir sonidos más modernos, tales como un sierras de cadena o una grabación de música.

Es sorprendente pensar que fenómenos al parecer naturales podían asombrar el mundo romano tan fuertemente como lo hicieron los Colosos de Memnon. Aún más asombroso pensar en los antiguos arquitectos mayas construyeron intencionalmente una pirámide para tener un eco de una forma alterada, si es que lo hicieron. Eso sería difícil incluso para los estándares de hoy. Afortunadamente, a diferencia de muchas de las maravillas del mundo antiguo, los Colosos y El Castillo todavía se pueden visitar, y escuchar hasta este día.

http://theparanormalreport.com/singing-stones-2.html

Me suena a que el fenómeno de El Castillo se debe a una pareidolia auditiva, y es claro que los residentes van a buscar un sonido por ellos conocido: el agua o el quetzal. Pero sería hermoso pensar que nuestros antepasados tuvieron los conocimientos y tecnología para realizar esa proeza tecnológica. ¿Quién sabe?

Si desea saber más sobre el fenómeno de los Colosos de Memnon y las arenas cantarinas, no deje de visitar el enlace de arriba y Arenas cantarinas

Los niños salvajes (17)

RAMU

La historia de Ramu, el “niño-lobo” de la India, es similar. En 1954 un obrero ferroviario, al echar casualmente un vistazo a un vagón que se encontraba en una vía muerta del ferrocarril de tercera clase, tropezó con un niño de mirada “completamente bestial” que jugaba en compañía de tres cachorros de lobo.

Los sucesos ocurrieron el 17 de enero de 1954 cerca de la ciudad de Laknau o Lucknow, estado de Uttar Pradesh, al norte de la India. El niño, de unos 10-12 años, no comprendía el habla, probablemente era retrasado mental. Era incapaz de andar sobre sus dos piernas, lo hacía con las rodillas y las manos, por lo que sus rodillas y las palmas de las manos estaban cubiertas de sólidas acrecencias callosas. Tenía los miembros deformados. Estaba totalmente desnudo. Su cuerpo está cubierto con cicatrices hechas, aparentemente por espinas y ramas agudas. En la nuca tenía unas cicatrices parecidas a las que dejan los colmillos de un perro. No hablaba, sólo articulaba sonidos no humanos, y se comportaba de manera agresiva. Los dientes los tenía deformes: puntiagudos y saliéndole de la boca. Comía frutas y carne cruda arrebatándola con sus dientes, lamía la leche de un plato y masticaba los huesos. Para dormir se arrinconaba en una esquina y protegía su cabeza como habitualmente hacen los lobos.

Fue llevado al Hospital de Balramphur en Laknau, a 400 kilómetros de la capital, donde recibió atención médica, pero también fue expuesto al público. La noticia causó verdadera sensación y se extendió por toda la ciudad, llegando a rebasar las fronteras de la India. Atrajo multitudes, aunque los boletos costaban algunos annas. Más de 12,000 lo visitaron durante las primeras dos semanas que Ramu estuvo “en exhibición” en el patio del hospital. Las 800 rupias ganadas fueron a una caridad, que por cierto, no cubría el caso de Ramu.

En el periódico The Hindu, del 10 de febrero de 1954 podemos leer:

“El “Niño lobo” de 7 años, que había estado internado en el Hospital de Balramhpur Hospital desde el 17 de enero, ha encontrado a sus padres. Se dice que pertenece a la comunidad Khatick y vivió en Lucknow. Según ellos, Ramu, como se conoce a este niño, fue raptado por un lobo mientras dormía en el regazo de su madre una noche hace seis años. Se hicieron esfuerzos desesperados para encontrarlo, y finalmente se creyó que había muerto. Una visita al Hospital de Balramphur después de los reportes de la prensa llevó al reconocimiento del “Niño lobo” por sus padres, quienes lo identificaron por una marca sobre su sien y una mancha azulosa en su muslo derecho”.

En efecto, en medio de toda esta confusión, un pobre vendedor de frutas, llamado Prasad, se presentó con su esposa en el hospital donde se cuidaba al niño y pidió que se lo mostraran.

Ocho años atrás había desaparecido su hijo y, según él, lo más probable era que lo hubiera raptado un lobo, cuando la madre con el hijo dormían en el patio, en una estera.

“Si éste es mi hijo”, indicó Prasad, “debe tener en la sien una pequeña cicatriz”.

Y efectivamente, el niño poseía esa marca. Ramu le fue entregado a su padre. Pare ese entonces ya le había tomado el gusto al pan y los vegetales cocidos.

Pero Ramu no estaba interesado en la compañía de los seres humanos y particularmente les temía a los adultos, pero cuando fue llevado al zoológico se vio particularmente agitado cuando vio a los lobos. En una visita al zoológico no quiso alejarse de la jaula de los lobos y mordió a sus cuidadores que intentaron arrastrarlo. Esto, junto con el hecho de que Ramu lamía la leche del plato, desgarraba su comida y era feliz royendo huesos por horas, sugirió a los doctores que había crecido entre lobos y por eso le llamaron el Segundo niño lobo de Lucknow.

Un reporte proveniente de Nueva Delhi relata otra historia parecida:

“Ramu fue dejado a una distancia de doscientos metros de la entrada a la foresta. Apenas se hubieren alejado quienes lo cuidaban, el niño, que no habla, comenzó a gatear rápidamente hacia los primeros árboles, donde empezó a aullar. No tardaron mucho en contestarle no uno, sino muchos aullidos similares desde el fondo de la selva. Ante esta respuesta Ramu mostró una agitación singular y comenzó a girar sobre sí mismo para detenerse luego y repetir el llamado. Fue entonces cuando se asomó el largo hocico de un lobo oscuro que se acercó al niño pausadamente. (…). Ramu restregó sus labios contra el hocico del animal, que era en realidad una loba. Los cuidadores trataron de atrapar a la bestia pero ésta, tras intentar en vano subirse a un árbol, se perdió a la carrera entre el espeso monte”.

Tiempo después, a la muerte de sus padres, Ramu fue internado en un asilo para indigentes. Ahí fue estudiado durante 15 años por un grupo de médicos y especialistas de toda la India y de otras partes del mundo. Nunca aprendió más de cuarenta palabras y sus avances fueron bastantes limitados. Se sentía intimidado por la presencia humana. Prefería la compañía de los animales.

Los periódicos reportaron que murió el 20 de abril de 1968.

Según datos estadísticos de la misma India, existen registrados 31 casos de niños salvajes, de los cuales 29 pudieron sobrevivir a las dificultades de la selva con la simpatía y cariño de los animales que los amamantaron.

Continuará…