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Los dinosaurios de Acámbaro (Primera parte)

¿SON LOS DINOSAURIOS DE ACÁMBARO LOS ANTECESORES EVOLUTIVOS DE LOS DINOSAURIOS DE ICA?

Dedicado a Diego Zúñiga Contreras[1]

 

Hace unos años escribí mi primer artículo sobre las figurillas de Acámbaro[2].Además colaboré en el guión y la realización de un programa especial para TV Azteca sobre el mismo tema[3]. Para mí el asunto había quedado olvidado, e incluso consideraba “extintos” a los “dinosaurios” de Acámbaro, pero el interés en estas figurillas ha resurgido debido a tres eventos que se han conjugado: las recientes visitas de un grupo de investigadores creacionistas[4]; la reedición del libro de Charles H. Hapgood[5]; y la apertura de un museo dedicado a estas figuritas[6]. Por lo tanto consideré hacer una nueva aproximación al tema, aportando argumentos que puedan actuar de contrapeso a esta nueva oleada de sensacionalismo.

Algunos escritores de temas paranormales[7] afirman que, en 1923, Waldemar Robert Ludwig Julsrud Walden[8] y el padre Fray José María Martínez fueron los codescubridores de la Cultura Chupícuaro. No he encontrado referencias al respecto[9], pero lo que sí sé es que Julsrud “descubriría” las famosas figurillas de Acámbaro en 1945.

Waldemar llegó a México a principios del siglo XX huyendo de los estragos de la Primera Guerra Mundial. Había nacido en Alemania en 1875. Muchos lo presentan como arqueólogo alemán, pero en realidad era un comerciante de ferretería aficionado a las antigüedades y al hipismo[10]. Su ferretería La Reina fue la más grande de Acámbaro y se encontraba ubicada en la esquina de las calles de Leona Vicario y Juárez, en la Plaza principal del pueblo. Julsrud era un hombre curioso interesado vivamente por las civilizaciones antiguas, especialmente en la Atlántida.

Una vez más la historia es la siguiente: a mediados de julio de 1945[11], durante la época de lluvias, Julsrud cabalgaba a los pies del cerro El Toro (2,500 metros sobre el nivel del mar), una colina que domina la villa de Acámbaro, en el Estado de Guanajuato, cuando observó algunos fragmentos de cerámica que las aguas habían puesto al descubierto. Al desmontar se dio cuenta que eran restos de vasijas y figuras de barro de una cultura distinta a la Chupícuaro.

De regreso a su casa ordenó a uno de sus peones, el albañil Odilón Tinajero, que fuera al sitio y desenterrara las piezas. El pozo estaba lleno de figuras de arcilla. Tinajero regresó con Julsurd empujando una carretilla con 38 piezas. Se dijo que eventualmente Tinajero, trabajando en El Toro y en otro cerro llamado El Chivo, logró desenterrar cerca de 37,000 piezas en un periodo de poco más de un año. Lo interesante de la colección es que ningún objeto está duplicado, no existen moldes y no hay dos piezas iguales. De éstas, sólo el 7 por ciento (2,600 piezas) muestran dinosaurios. Las más grandes tienen 1 metro de altura y las hay de lagartos con 1.5 de longitud.

Según Waldemar, las piezas fueron encontradas en diversas excavaciones. Estaban enterradas en grupos (20 a 40 objetos) a no más de 1.20 metros de profundidad. Todas las piezas fueron encontradas en un área no mayor a media hectárea. Datos interesantes que han pasado inadvertidos para los escritores de lo insólito.

Charles H. Hapgood menciona que Tinajero fue muy cuidadoso en la extracción de las piezas, no por sus conocimientos arqueológicos, sino porque el alemán le pagaba un peso por cada pieza completa (diez por las más grandes), pero el precio bajaba si estaban rotas. Las piezas que se llegaban a romper eran cuidadosamente pegadas. Robert Charroux escribe en El enigma de los andes:

“Las piezas encontradas rotas, o que se rompieran durante el transporte, deberían ser restauradas por los excavadores para ser cobradas, también, a un peso cada una”.

Eso de que Odilón y sus dos hijos fueran los mismos que tenían la obligación de restaurar las piezas despierta varias sospechas. Implica un conocimiento profundo de las técnicas del trabajo con piezas de cerámica, y la necesidad de contar con un horno. En aquel entonces un jornalero ganaba unos 10.00 pesos al mes ($ 10.31 era el salario mínimo mensual). Mantengamos esto en mente para un análisis posterior.

Dentro de la colección se encontraban seis cráneos humanos deformados. Otro más de un mamut. También se hallaron algunos dientes, que el doctor George Gaylord Simpson, paleontólogo americano del American Museum of Natural History, analizó en 1955, identificándolos como pertenecientes a un Equus conversidans Owen, un caballo desaparecido en el Pleistoceno. Según Simpson:

“Me parece probable que los reptiles en la colección, a pesar de su inicial y ocasional semejanza con los dinosaurios, está inspirada en reptiles vivos de Mezo América, tal como la iguana, los lagartos y esta fue la opinión del profesor Romer[12] de Harvard”

La colección incluye, además de los dinosaurios, máscaras, ídolos, piedras, jades, obsidianas, herramientas, utensilios, estatuas, figuras humanas e instrumentos musicales. Entre estos últimos sobresalen las flautas que no tienen agujeros, lo mismo que las pipas, que son completamente sólidas. Es como si hubiesen sido hechas sólo para exhibirse y no para ser usadas.

La colección llegó a ocupar 12 cuartos en la mansión de Julsrud: el vestíbulo, el comedor, las recámaras, la biblioteca… Llegó el momento en que Julsrud tuvo que dormir en la bañera para dejar espacio a las figuras.

A finales de 1950 un periodista americano, Lowel Harper, viajó a México y posteriormente publicó el primer reportaje sobre el asunto[13]. En su artículo afirma haber sido testigo de cómo Julsrud desenterró algunas piezas que se encontraban debajo de un maguey.

La revista Fate no tardaría en interesarse por la colección. En 1952 y 1953 se publicaron varios artículos del periodista freelance, de Los Angeles, William N. Russell[14][15]. El periodista declaró que las figuritas eran muy antiguas. Él fotografió varias que dijo fueron encontradas entre las raíces de los árboles.

LAS PRIMERAS INVESTIGACIONES OFICIALES

La primera investigación hecha por un arqueólogo profesional fue la del doctor Charles C. DiPeso[16], en 1952. DiPeso planteaba a sus directivos de la Amerind Fundation, que no se podía hablar de fraude tan sólo porque en la colección se encontraban figuras que representaban dinosaurios del Mesozoico, y que era necesario hacer una investigación en toda regla antes de descartar cualquier explicación. Esto contrasta con la declaración de Swift, quien dice que DiPeso iba con el único fin de desbaratar la colección de Julsrud.

Una de las pocas críticas que se le pueden hacer a DiPeso fue su falta de tiempo para completar la investigación. Pasó cuatro horas examinando la colección de Julsrud y en su artículo dijo que hizo un examen minucioso en donde no dejó “una sola mota de suciedad empacada en las grietas”. Esta declaración haría que sus críticos pusieran en tela de juicio sus conclusiones. Dennis Swift, por ejemplo, dijo que:

“DiPeso debió haber sido un arqueólogo biónico, llevando objetos a velocidades que exceden de las de Superman. Para alcanzar éste la labor hercúlea debió inspeccionar 133 objetos por minuto. En realidad le debió haber tomado varios días de desempacar la enorme jungla de piezas intactas, rotas y reparadas de las cajas”.

John H. Tierney hace la misma crítica[17].

Al día siguiente DiPeso se dirigió con Tinajero a El Toro para desenterrar piezas del tipo Julsrud. Encontraron algunos objetos de ese tipo, pero ninguno mostraba haber estado enterrado durante mucho tiempo. Según DiPeso, la familia de Tinajero fabricaba las figuritas durante “los meses de invierno, mientras no se laboraba la tierra”. El arqueólogo creía que los Tinajero obtenían sus ideas del cine local, las revistas, los periódicos y de los libros de la biblioteca, pero yo creo que eso no es verdad. Las ideas provenían del propio Julsrud y de la imaginación e inventiva del artista (Odilón).

La siguiente sería una constante en las declaraciones de Julsrud cada vez que se presentaba algún arqueólogo a investigar su colección. Según el alemán:

“El señor DiPeso me dijo que estaba completamente convencido de que mi descubrimiento era genuino. Él esperaba comprar cierta cantidad de piezas de origen tarasco para su museo”.

Aquí es importante señalar que DiPeso trató de comprar piezas de origen tarasco, pero no las piezas que mostraban dinosaurios. Lógicamente para su museo necesitaba piezas auténticas y no falsas figuras de dinosaurios. De igual forma, Julsrud no quiso vender sus piezas auténticas, pero envió a DiPeso con un vendedor de objetos prehispánicos. Este traficante le dijo a DiPeso que había otra familia, un hombre y sus tres hijos, que fabricaban figuras de cerámica del tipo Julsrud. Vivían cerca de la recién inaugurada Presa Solís, a unos 30 minutos de Acámbaro. Tenemos ahora, por lo menos, 7 artesanos que podían fabricar las piezas (Odilón y sus dos hijos y los cuatro integrantes de la familia que vivía cerca de la Presa Solís).

Según Swift ésa fue una mentira urdida por el traficante de antigüedades para que DiPeso no le comprara a Julsrud. Pero este argumento cae por su propio peso, ya que fue el mismo Julsrud el que no quiso vender y el que envió a DiPeso con el traficante.

Hapgood escribió que Francisco Aguilar Sánchez, Superintendente de la Planta Nacional de Irrigación Solís, le dijo:

“Sobre la base de 4 años de tener un íntimo conocimiento de los habitantes de esta área y de su actividad arqueológica, enfáticamente niego que exista tal tipo de producción cerámica en la vecindad”.

Incluso Swift afirma que el Presidente Municipal de Acámbaro, Juan Terrazas Carranza, emitió la declaración oficial No. 1109, el 23 de julio de 1952, refutando los alegatos de DiPeso.

“Esta presidencia, bajo mi dirección ordenó que fuese llevada a cabo una investigación sobre el asunto, y ha llegado a la conclusión de que en esta área municipal no existe ninguna persona que haga esta clase de objetos”.

No he leído el original de ese bando del Presidente Municipal de Acámbaro, si es que existe, pero me parece extemporáneo porque el reporte de DiPeso se hizo hasta abril de 1953[18]. Además, es contrario a la declaración de Julsrud en el sentido de que DiPeso lo había felicitado por su hallazgo.

La conclusión final de DiPeso fue:

“Nuestra investigación prueba de manera concluyente que las figuras no son prehistóricas y no fueron hechas por una raza prehistórica superior asociada con los dinosaurios”.

Por otra parte, Julsrud había comenzado a publicitar su hallazgo. Luego de publicar su libro, en 1947[19], se había comunicado con The New York Times, que no lo tomó en cuenta, y hasta con la BBC de Londres. Todos estos rumores, junto con las investigaciones de DiPeso y su artículo publicado en 1953, hicieron que los arqueólogos mexicanos finalmente se ocuparan del asunto. Los directivos del American Museum of Natural History se comunicaron con sus homólogos mexicanos y entre ambas instituciones se organizó una excavación, para 1954.

En aquel entonces el doctor Eduardo Noguera Auza era el director de Monumentos Prehispánicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Noguera dirigió la expedición que contaba entre sus miembros al ya mencionado doctor George Gaylord Simpson, y Raymond Barber, de Los Angeles County Museum, por parte de los americanos, y los doctores Rafael Orellana, Ponciano Salazar Ortegón y José Antonio Pompa y Pompa. Además estaba Don Carlos Perea, quien fuera el director del Museo de Arqueología de Acámbaro entre 1945 y 1946.

Se seleccionó un sitio de excavación en las faldas de El Toro y se procedió a remover la tierra de manera meticulosa. El lugar era una romería. Los vecinos del sitio, los alumnos de las escuelas y los miembros más prominentes del pueblo se reunieron alrededor del sitio de excavación. Se desenterraron diversos fragmentos de cerámica de Chupícuaro, que tenían trazas indudables de haber sido enterradas hacía mucho tiempo. También se desenterraron los dientes del caballo de la Edad de Hielo. Perea dijo que éstas eran las únicas excavaciones autorizadas, las de Julsrud nunca lo habían sido. También dijo que varios otros campesinos encontraron figuras similares, pero que dudaba de su autenticidad.

Nuevamente, al igual que lo que había pasado con DiPeso, según Julsrud, los arqueólogos le aseguraron que sus piezas eran auténticas. De acuerdo con la declaración de Julsrud, Noguera lo felicitó por el hallazgo, pero ésa es una versión difícil de creer, principalmente por lo que ocurriría tres semanas después. El reporte final, publicado casi un mes después de las excavaciones, indicaba que las figuras eran un fraude:

“Realmente a pesar de la aparente legalidad científica con que fueron encontrados estos objetos, éste es un caso de reproducción es decir falsificación, hecha en una época relativamente reciente. En mi opinión está hecha de tres tipos diferentes de objetos, unos son las figuras que pretenden ser reproducciones de animales extintos hace millones de años; posiblemente el falsificador de ellas se inspiró en algunos libros de paleontología que estaban en boga a finales del siglo pasado o al principio del presente”[20].

Los otros tipos de objetos a los que se refería Noguera eran los fragmentos de cerámica de la cultura Chupícuaro y los restos de animales y seres humanos, abundantes en la zona.

Según Swift, “Noguera se dio cuenta de que las figuras de dinosaurios tenían el problema de que podían arruinar su carrera profesional”. Pero, de ser cierta la colección, o de ser cierto que los seres humanos convivieron con los dinosaurios, eso lo convertiría en el arqueólogo más famoso del mundo, y más que arruinar su carrera, la habría catapultado.

Continuará…

Diversas fotografías de Waldemar Julsrud de su niñez, adolescencia y juventud. (Foto familia Julsrud).

Julsrud como soldado poco antes de la Primera Guerra Mundial. (Foto familia Julsrud).

Waldemar Julsrud antes de partir rumbo a México. (Fotos familia Julsrud)

Waldemar y su esposa en su casa de Acámbaro. (Foto familia Julsrud).

Era miembro del Club Alemán de equitación y logró acumular algunos premios. Incluso Porfirio Díaz presenció algunas de sus competencias. (Foto familia Julsrud).

Waldemar en la época de su “descubrimiento”. (Contactos Extraterrestres).

Waldemar se casó en México y compró una hacienda cerca de lo que hoy es el parque Los Azufres, en Michoacán. Posteriormente se mudaría a la ciudad de Acámbaro, Guanajuato. (Foto familia Julsrud).

Diversas fotografías del exterior e interior de su casa en Guanajuato. (Foto familia Julsrud).

Waldemar abrió una ferretería, La Reina, en Acámbaro. (Foto familia Julsrud).

La ferretería de Waldemar todavía continúa abierta. (Luis G. Durán).

Eduardo Noguera Auza (Instituto Nacional de Antropología e Historia).

El doctor Noguera en una de sus excavaciones en el Estado de Morelos.

El doctor José Antonio Pompa y Pompa.

Foto de las figuras de Acámbaro, cortesía Contactos Extraterrestres

Fotos de las figuras de Acámbaro INFO Journal

Fotos de las figuras de Acámbaro Harry Möller

Fotos de las figuras de Acámbaro Charles Hapgood.


[1] Agradezco su colaboración en la corrección de este texto. Sus críticas y comentarios ayudaron a mejorar la lectura del mismo.[2] Ruiz Noguez Luis, La extinción de los dinosaurios de Acámbaro. Primera parte, Duda. Lo increíble es la verdad, Año XXI, No. 1104, México, septiembre 15 de 1992, Págs. 24-25. Ruiz Noguez Luis, La extinción de los dinosaurios de Acámbaro. Segunda parte, Duda. Lo increíble es la verdad, Año XXI, No. 1105, México, septiembre 30 de 1992, Págs. 25. Ruiz Noguez Luis, Las misteriosas figurillas de Acámbaro, Perspectivas Ufológicas, No. 5, México, mayo de 1995, págs. 35-40. Ruiz Noguez Luis, Las misteriosas figurillas de Acámbaro, La Nave de los Locos, No. 20, Chile, enero del 2003, págs. 35-38.

[3] En Busca de lo Desconocido, dirigido por Juan Chía.

[4] Don R. Patton y Dennis Swift. El primero pertenece al Metroplex Institute of Origin Science (MIOS), una organización que trata de refutar la teoría de la evolución.

[5] Hapgood H. Charles, Mystery in Acambaro, An Account of the Ceramic Collection of the Late Waldemar Julsrud in Acambaro, Guanajuato, Mexico, edición del autor, impreso por Griswold Offset Printing, Inc. Brattlebaro, Vermont 1973. Hapgood es el mismo que investigó los portulanos de Piri Reis http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/los-portulanos-de-piri-reis-primera.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/los-portulanos-de-piri-reis-2.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/los-portulanos-de-piri-reis-3.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/los-portulanos-de-piri-reis-final.html

, y que también decía que Cristo estuvo en América.

[6] 28 de febrero del 2002. Su director es Miguel Huerta Huerta. Se encuentra en la calle 5 de febrero.

[7] Como Patton y Swift.

[8] Nacido en Bremen, Alemania el 16 de octubre de 1875 y muerto en León, Guanajuato el 30 de noviembre de 1964.

[9] Parece que esto es otro mito en torno a este asunto. Incluso el doctor Antonio Pompa y Pompa, director del Departamento Nacional de Archivos y Bibliotecas, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, que hizo excavaciones en el sitio, en compañía de otros arqueólogos y del mismo Julsrud, declaró: “En realidad le tomaron el pelo al señor Julsrud, un alemán que no conocía nuestras culturas prehispánicas y se impresionó por algunas figurillas que él mismo encontró y que, esas sí, eran auténticas. Las demás las hicieron los alfareros, quienes previamente las enterraban para que parecieran antiguas”. Es decir, el propio encargado de los archivos y bibliotecas del INAH, arqueólogo profesional, difícilmente podría decir, de ser cierto el descubrimiento de la cultura Chupícuaro por parte de Waldemar, que Julsrud era un ignorante de las culturas prehispánicas.

[10] Era miembro del Club Hípico Alemán.

[11] Curiosamente entre mayo de 1945 y mayo de 1949 se llevó a cabo el estudio más exhaustivo de la cultura Chupícuaro. Se hicieron cientos de excavaciones por parte del antecesor del INAH, en conjunto con los trabajos de la Comisión Nacional de Irrigación (CNI) que estaba construyendo la Presa Solís. A pesar de las enormes dimensiones de esta empresa arqueológica, y la remoción de toneladas de tierra, nunca se encontraron figuras del tipo Julsrud. En medio de toda esta vorágine, justo dos meses después de iniciada la empresa oficial, Julsrud hace su descubrimiento. Curioso, muy curioso.

[12] Se refiere al doctor A. S. Romer, profesor de zoología en la Universidad de Harvard, quien dijo que las figuras no correspondían a ninguna especie de dinosaurios conocida, y que los modelos eran, probablemente, lagartos actuales de la región.

[13] Harmer Lowell, Mexico finds give hint of lost world, Los Angeles Times, March 25, l951.

[14] Russell N. William, Did Man Tame the Dinosaurs?, Fate, March, 1952, pags. 20-27.

[15] Russell N. William, Report on Acambaro, Fate, June, 1953, pags. 31-35.

[16] Al doctor DiPeso no se le puede tachar de escéptico. Era una mente abierta e inquisitiva. Incluso se ocupó del mecanismo de Antikitera, al cual le dedicó un artículo en la famosa Scientific American.

[17] Tierney H. John, Pseudoscientific Attacks On Acambaro Artifacts. The Ceramic Technology of Intellectual Suppression, World Explorer Magazine, Vol. 1, No. 4, pags 52-61.

[18] DiPeso C. Charles, The Clay Figurines of Acambaro, Guanajuato, Mexico, American Antiquity, April 1953, pags. 388-389.

[19] Julsrud Waldemar, Enigmas del pasado, sin pie de imprenta, Acámbaro, Guanajuato, 1947

[20] El escritor David Hatcher Childress saca de contexto este párrafo y escribe: “El Dr. Eduardo Noguera, admitió “la aparente legalidad científica con la cual fueron encontrados estos objetos”. A pesar de la evidencia de sus propios ojos, sin embargo, oficialmente declaró que como los objetos eran de una naturaleza fantástica, debían ser un fraude hecho a Julsrud”.

Nueva teoría sobre las centellas

Grandes (y pequeñas) bolas de fuego

Las centellas, por mucho tiempo desechadas como mito, podrían ser el resultado de los relámpagos y se han recreado en el laboratorio, dice Ricki Nabeshima

El 21 de octubre de 1638, una extraña oscuridad descendió sobre Widecombe, Dartmoor. En la iglesia de San Pancras unas 60 personas que asistían al servicio de la tarde, se refugiaban de la tempestad de truenos.

Según informes escritos se escuchó un trueno repentino y una “gran bola del fuego” atravesó la ventana. Parte del techo se quemó por la bola de fuego que voló a través de la iglesia, quemando a docenas de los testigos lanzándolos como muñecas de trapo, matando a cuatro. Entonces, con otro trueno, la bola de fuego desapareció sin dejar rastro.

Muchos consideran que éste es uno de los reportes más tempranos (y más dramáticos) de las centellas, un fenómeno raro que ha eludido la explicación científica por décadas. Descrito a menudo como “uno de los más grandes misterios sin resolver de la física”, no es ninguna sorpresa que las centellas han capturado la imaginación.

Sin embargo, en ausencia de explicación científica, se ha convertido en el dominio de abducidos y teóricos de la conspiración, lo que le ha dado cierto estigma dentro de la comunidad científica. Ciertamente hay científicos que son renuentes aceptar su existencia. Pero el número creciente de avistamientos, combinado con sus aparentes similitudes, sugiere que la centella es más que un mito.

Típicamente, los observadores describen una esfera luminosa pequeña (de alrededor de 1 pie) que flota un poco sobre la tierra durante algún tiempo (generalmente menos de un minuto). Casi todos los avistamientos ocurren durante el tiempo tempestuoso y terminan con la esfera que desaparece en una explosión violenta o que simplemente se desvanece.

Hay algunos informes de centellas que aparecen en o al lado de aviones -los “foo-fighters” observados por algunos pilotos de la Segunda Guerra Mundial se piensa que eran centellas que seguían a los aviones.

La mayoría de los testigos de centellas escapan ilesos, pero hay evidencia que sugiere que el contacto con el fenómeno puede quemar y matar.

No hay explicación científica riguroso probada para la centella, pero una de las más populares es la propuesta por el ingeniero químico John Abrahamson de Nueva Zelanda.

La teoría de Abrahamson explica la centella como una rara consecuencia del relámpago normal. Una descarga de relámpago en suelo “hace un agujero en la tierra, formando un canal muy caliente” que se enfría dejando un tubo, llamado fulgurita.

El suelo mismo contiene óxidos de silicio y carbón. Con la suficiente temperatura (3,000C) la mezcla de silicio-carbón se puede reducir a silicio elemental (un proceso que es de uso general en la industria para extraer el silicio puro de la arena).

El silicio es vaporizado por el calor del relámpago y lanzado hacia arriba de la tierra “como el humo de un fumador”. El vapor entonces se condensa en un polvo fino de “nanopartículas” que reaccionan lentamente con el oxígeno del aire.

Abrahamson propone que las nanopartículas forman una “red filamentaria” -una pelusa compuesta de minúsculos filamentos de silicio. Una combinación de fuerzas electrostáticas y corrientes de aire es entonces responsable de transformar esta “pelusa” en una esfera flotante que emite energía en forma de calor y luz.

La capa del óxido en cada uno de las partículas retrasa la reacción total, dando a las centellas una vida de hasta 30 segundos y terminando cuando se ha oxidado todo el silicio.

Los científicos israelíes han puesto la teoría en práctica. En febrero de este año los científicos de la universidad de Tel Aviv crearon lo que afirmaron era una centella en miniatura utilizando microondas de la alta energía que encendían en un substrato de cerámica.

Utilizaron las microondas para crear un “punto sobrecalentado” que perforaba el material. Esto crea una “gota caliente” que, aunque es de breve duración, se convierte en una convincente bola de fuego flotante.

Abrahamson continúa refinando su modelo y dice que ahora su ambición está en “probar sistemáticamente la teoría de partículas, usando situaciones experimentales más simples”.

http://www.telegraph.co.uk/connected/main.jhtml?xml=/connected/2006/10/10/eclight10.xml

Más información sobre las centellas en:

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/05/centellas-1.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/05/centellas-y-2.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/05/centellas-y-3.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/05/el-caso-de-la-centella-asesina.html

Bioluminiscencia

OTROS INSECTOS COMO OBJETOS VOLANTES NO IDENTIFICADOS

“Los fuegos fatuos, las antorchas, los chorros de llamas y otros fenómenos luminosos tienen el mismo carácter que los meteoritos que caen, de los cuales se diferencian sólo por sus dimensiones. También pueden tener su origen en evaporaciones densas y pesadas de las capas inferiores del aire, evaporaciones que emiten una luz fosforescente y a las que el viento les imprime movimiento y formas casuales… A veces, estos fenómenos no son meteoros, sino grandes enjambres de insectos luminosos, que vuelan a menudo de noche…”

Johann Elert Bode, astrónomo alemán (1823)

En 1976 Norton T. Novitt, ilustrador científico del US Geological Survey observó que durante los veinte años anteriores se habían visto muchos ovnis reluciendo en la oscuridad y recordó cierta noche, cuando contemplaba la Luna a través de un telescopio. Vio un punto brillante que se movía demasiado rápidamente para ser un satélite, seguido por otro punto también brillante. Ambos descendieron, y luego se pararon. Asombrado, descubrió que se trataba, simplemente, de un par de hormigas voladoras enamoradas que aterrizaron en la puerta de su garaje, a pocos metros de distancia.

Norton realizó un experimento. Tomó varias hormigas y las pegó en una pequeña pelota de ping-pong. Luego conectó la pelota a un generador electrostático. Al acumularse la electricidad estática, las hormigas empezaron a brillar. Norton descubrió que las hormigas debían tener algo de humedad para que pudieran brillar. Enunció la teoría de que si pasaran de una capa de aire cargada eléctricamente a otra, podrían crear una diferencia de potencial suficiente para hacerles entrar en “corona”, si todas las demás condiciones eran favorables. Aunque también las hormigas podrían adquirir dicha carga eléctrica frotándose entre si durante el vuelo.

El doctor Leonard Loeb, ex profesor de física de la Universidad de California dijo que las teorías de Novitt eran “interesantes, originales y tal vez ciertas”. Calculó que un enjambre, plenamente cargado, de treinta millones de hormigas voladoras, podrían brillar intermitentemente durante lapsos superiores a un segundo en condiciones desfavorables, o hasta casi un minuto en ambientes favorables.

Los estudios de Norton son, indudablemente, el antecedente de la hipótesis de Philip S. Callahan y Richard W. Mankin[1]. Estos investigadores mencionan a Loeb, pero no hacen ninguna referencia al trabajo de Norton Novitt.

En 1978 la revista Time publicó un comentario al artículo de Callahan y Mankin. La nota se titulaba “Esos brillantes objetos zumbantes pueden ser en realidad insectos” [2] y mencionaba que la oleada de ovnis en Uintah Basin, Utah, podría ser debida a enjambres de insectos voladores emitiendo una descarga en corona[3].

Desde los inicios de la “era de los platillos”, los primeros investigadores sospecharon una relación entre éstos y algunos animales, principalmente insectos. Edgard Sievers[4] citaba la hipótesis de Gerald Heard[5] de que se trataba de una especie de abeja marciana. La idea, francamente fantasiosa, aseguraba que los tripulantes de los platillos voladores eran abejas marcianas. Desconozco qué tanta influencia haya tenido Heard en los modernos reportes de extraterrestres de forma insectoide (mantis religiosa), pero podría asegurar que fue la inspiración del reportero mexicano de La Prensa, que inventó la historia de la “mosca dorada”, famosa durante la oleada de platos voladores de 1950. Se trataba de una mosca enfundada en una nave extraterrestre, una cápsula de color dorado, que provenía de Marte. No sólo los insectos abonaron la imaginación de aquellos primeros ufólogos (o platillólogos), también los arácnidos. Harold T. Wilkins[6] cita un relato sobre una caída (lluvia) de hilos que, afirma Wilkins, “deben provenir de arañas desconocidas”. Este, me parece, es el primer reporte de los posteriormente famosos “hilos de la virgen” o “cabellos de ángel”. Nuevamente la ufología tan cerca y tan lejos: reconocía el origen real de esas telarañas, pero en su imaginación las mandaba volar a regiones desconocidas.

Carl Gustav Jung también llegó a sospechar una relación entre los insectos y los platos voladores[7], pero desvió sus investigaciones hacia la teoría de los mandalas y el inconsciente colectivo. Jung escribió lo siguiente:

“Su trayectoria de vuelo describe ángulos tales que sólo un objeto sin peso podría describirlos. Se parece a la trayectoria que describe un insecto volador. Lo mismo que éste, el UFO se detiene de pronto sobre un objeto que le interesa por un tiempo más o menos prolongado, o bien vuela en círculo sobre el cual animado de curiosidad, para luego abandonar súbitamente el lugar como para buscar en vuelo zigzageante un nuevo objeto.

“Debo confesar que al leer las numerosas relaciones sobre UFOs se me ocurrió también a mí la idea de que el comportamiento característico de los UFOs recuerda sobre todo al de ciertos insectos. Y si se quiere especular sobre semejante posibilidad, existe ciertamente la posibilidad de que, en condiciones de vida diferentes, la naturaleza sea capaz de demostrar aún mejor su ‘sabiduría’ en una dirección diferente de la producción fisiológica de luz y otras parecidas, por ejemplo en la antigravitación”[8].

Las compañías eléctricas han descubierto que los enjambres de insectos posados en los cables conductores pueden perturbar la recepción por radio y televisión al producir electricidad estática (el famoso efecto electromagnético de los ovnis)[9] Según Philip Klass, editor de la revista Aviation Week and Space Technology, la descarga en corona tiene más probabilidades de producirse cuando las líneas de conducción eléctrica se hallan contaminadas de polvo, depósitos de sal o enjambres de insectos.

LUCIÉRNAGAS

Consideremos los extraños movimientos zigzagueantes de los insectos, agreguemos una fuente luminosa y obtendremos una luciérnaga.

Las luciérnagas pertenecen a la familia de los “lampíridos” y su nombre científico es Lampyris noctiluca. Nacen de un huevecillo escondido en la tierra que, en muchas especies, posee una ligera fosforescencia. Al cabo de tres semanas rompen los huevos unas larvas parecidas a la cochinilla de humedad. La larva de la luciérnaga es carnívora y muy voraz. Paraliza y luego devora a diversos animales, como los caracoles y las orugas. Muchas especies de luciérnagas emiten luz desde esta primera fase de vida. De unos puntitos situados en la parte inferior del abdomen, aflora un tenue resplandor parecido al que se entrevé por la mirilla de un horno. A estas larvas luminosas se las denomina “gusanos de luz”.

Las luciérnagas son en realidad escarabajos o coleópteros. Son animales de cuerpo alargado, de color oscuro, que a primera vista no parecen insectos; pero mirándolos atentamente se ve que tienen sus tres pares de patas y otros caracteres propios de ese grupo. Vista desde arriba, la adulta parece un insecto de tantos; suele tener un dorso rectangular de color pardo o negro, dos antenas móviles y segmentadas, seis patas y una cabeza que semeja el casco de un astronauta (aquí tenemos ya al “extraterrestre”). Pero si la ponemos patas arriba observaremos un detalle singular; el macho tiene toda la extremidad posterior del abdomen amarilla, mientras que la hembra sólo presenta una mancha de este color. De estas zonas procede la fosforescencia del insecto. En algunas especies la luminosidad la producen solamente las larvas o las hembras, pues estas conservan durante toda su vida el aspecto de larvas y la facultad de emitir luz, para atraer a los machos, pero no éstos. Los machos tienen alas y el aspecto de pequeños escarabajos; en verano, de noche, a hembra brilla entre las hierbas como una estrella que hubiera caído de los cielos.

Las luciérnagas producen luz por el lado inferior o ventral de los últimos anillos del abdomen; esa luz puede variar de intensidad, aumentando cuando se molesta un poco al animal, como ocurre al tomarlas para examinarlas. La luz se debe fundamentalmente a que el animal produce dentro de su cuerpo una sustancia que, al oxidarse, desprende luz. Si la luciérnaga se encuentra e peligro, como por ejemplo al caer atrapada en la tela de alguna araña, le brilla la cola intensamente. El estampido de un cohete o el fragor de un trueno puede ocasionar que todas las luciérnagas que pueblan un campo determinado se enciendan a la vez. Sin embargo, por regla general, sólo utilizan su señal luminosa para encontrar pareja.

El ciclo que rige su vida sexual empieza entre junio y agosto. Al anochecer sale de su escondite, levanta sus duros y resistentes élitros, despliega las largas y delicadas alas y con un ligero zumbido se lanza al aire en busca de pareja. Durante el vuelo mantiene el cuerpo con una inclinación de 45º y las patas traseras en alto, pegadas a los costados para que se pueda admirar perfectamente su vistosa panza.

Algunas especies emiten una señal que semeja una hilera de puntos luminosos en la noche; otras emiten destellos a intervalos irregulares. La Photinus pyralis, muy común en el Este de los Estados Unidos, traza en el aire una brillante “J” mayúscula o una figura parecida a una “V” irregular. Durante su lenta trayectoria tan accidentada como la de una montaña rusa, enciende su luz (que puede llegar a tener una potencia de 0.02 de bujía) al final del profundo descenso; la mantiene reluciendo al volver a remontar el vuelo, hasta llegar casi al punto más alto, y luego la apaga poco antes de iniciar un nuevo descenso en picado.

Mientras tanto la luciérnaga hembra espera en tierra, desde donde reconoce a los machos de su especie por la duración de sus destellos. Cuando ve al fin el ansiado rayo de luz, contesta emitiendo ella otro. Aunque la señal de la hembra brilla menos que la del macho, éste la distingue sin dificultad, porque sus ojos tienen más facetas y poseen mayor agudeza visual.

Las llamadas entre las luciérnagas de uno y otro sexo están tan estrictamente coordinadas y diferenciadas como el canto de las diversas clases de pájaros. La hembra de la especie Photinus ignitus espera cinco segundos y medio antes de contestar al macho con un corto destello en una noche relativamente fresca (cuanto más caluroso sea el tiempo, más rápido será el cambio de señales). Por el contrario, a la misma temperatura aproximadamente, la hembra Photinus collustrans sólo espera un segundo antes de encender su señal, que prolonga un segundo más.

Al Sur de la India y el Sureste de las Filipinas y Nueva Guinea se encuentran las luciérnagas sincronas. El órgano luminoso se localiza cerca de la parte final de su abdomen y es activado por señales originadas en el cerebro.

Pteroptyx malaccae, es la principal, luciérnaga sincronía de Tailandia. Se enciende aproximadamente cada medio segundo (exactamente su periodo es de 560 milisegundos cuando la temperatura ambiental es de 25ºC). Mientras que Pteroptyx cribellata de Nueva Guinea se enciende cada segundo a la misma temperatura[10].

COMUNICACIÓN

La luz es un medio de comunicación entre las luciérnagas. Dependiendo de la especie el periodo de encendido es de tres segundos, dos segundo, 500 milisegundos o 200 milisegundos que es el tiempo en el que el impulso nervioso viaja desde los ojos (al ver a otras luciérnagas) hasta el órgano luminoso.

Los nativos de Malasia usan las luciérnagas como marcas de navegación cuando viajan de noche.

Las observaciones del lejano oriente son diferentes de las americanas. El oriente se distinguen por el hecho de que ocurren comúnmente en ciertas áreas bien definidas e involucran un basto número de insectos, lo que no ocurre en América[11].

Durante los meses de julio, agosto y septiembre es posible ver en la noche toda la extensión de los ríos o canales iluminados por miríadas de insectos. Estas áreas se pueden extender cientos de metros o pueden estar confinadas en un árbol que se enciende y apaga con sorprendente regularidad. El periodo de estos destellos es de unos 120 por minuto. Reinking[12] informa que en otro distrito de Siam, el calphotia tiene un periodo de 105-109 veces por minuto.

Una de las cosas que más llama la atención es el hecho de que la sincronicidad esta confinada a localidades que bordean las corrientes, o en regiones saturadas de agua. Sir John Bowering[13] fue el primero que apuntó esto: “Tienen sus árboles favoritos”.

Alrededor de Bangkok es conocido comúnmente el desello sincrono de las luciérnagas confinadas en un árbol particular, el Tanlampoo de Siam (Sonneratia acida). Las raíces de este árbol están dentro del agua. Las hembras de la especie no tienen alas como es el caso de la mayoría de los Lampyridae americanos, no hay oportunidad de que se aproximen al árbol. No se han encontrado hembras ni en el árbol ni en su vecindad cuando se han hecho observaciones de sincronicidad.

Una de las teorías que se formularon para explicar el fenómeno es el efecto de ligeras corrientes de aire sobre la posición del cuerpo, debido a la ocurrencia de sincronismo sólo cuando los insectos están en descanso sobre algún árbol. Debido a las corrientes de aire el órgano luminoso del insecto puede quedar expuesto por un periodo de tiempo corto[14].

Otra fue la teoría de “simpatía”. De acuerdo a esta idea hay un insecto particular que regula los destellos como un director de orquesta.

El doctor Morrison, de la Universidad de Princenton encontró que era posible inhibir este fenómeno, iluminando a los insectos con una luz intensa por lo menos un minuto[15].

En el mediodía de Francia, y en algunos lugares de España, existe otro insecto luminoso, la Luciola, en el que tanto el macho como la hembra son luminosos y poseen alas. En las noches tranquilas del estío vuelan de un lado para otro produciendo un espectáculo maravilloso.

El más curioso de los insectos luminosos es el Piróforo o Cocuyo, grueso coleóptero de forma alargada que vive en los países cálidos de América. Se cuenta que los nativos lo utilizaban como linterna para guiarse por los aminos. Es tal su potencia luminosa que un solo animal de esos, colocado en una habitación, permite leer un libro durante la noche. Los conquistadores españoles se quedaron asombrados al pisar tierras americanas y ver estos insectos. Fernández de Oviedo dice de ellos:

“Durante la guerra de Haití, tanto los cristianos como los indios utilizaban estas luces para no distanciarse los unos de los otros; los indios, en particular, muy hábiles para capturar estos animales, se hacían collares con ellos cuando querían que durante la noche se les distinguiera a una legua, y aún más de distancia. Cuando los jefes guerreros ordenan marchas de noche por esta isla, el oficial, el capitán o la guardia que va delante sondeando la oscuridad, lleva sobre la cabeza un cocuyo y sirve de faro a toda l tropa que le sigue”.

El famoso naturalista Alejandro von Humboldt, mucho más recientemente, dice que vio utilizar como farol una especie de calabazas con agujeros, dentro de las que había metidos algunos cocuyos. Los viajeros fijan, a veces, piróforos sobre su calzado para evitar las serpientes.

En la Habana, Cuba, y en las regiones vecinas, las damas criollas utilizaban mucho para su adorno este singular insecto luminoso, empleándolo como una joya viviente. Se hacían con ellos collares de fuego y pendientes luminosos. Maurice Girard cuenta que las mujeres de La Habana cuidaban mucho estos cocuyos, y al regresar de los bailes les hacían tomar un buen baño, operación indispensable, y después los colocaban en pequeñas cajas donde los alimentaban con caña de azúcar.

“A menudo por un encantador capricho los colocaban sobre pliegues de sus blancos vestidos de muselina, que parece entonces reflejar los rayos plateados de la Luna, o bien los esconden entre sus bellos cabellos negros. Este peinado original tiene un resplandor mágico, que se armoniza perfectamente con la belleza bronceada y pálida de estas deliciosas mujeres. Una sesión de algunas horas, pasadas de este modo, fatiga a los pobres insectos y disminuye, o hace desaparecer su brillo. Pero se les sacude un poco y vuelven a brillar”.

El entomólogo americano Jaceck relata una costumbre que ha desaparecido: “En el Sureste de México cazan los cocuyos para venderlos, y emplean un método de captura muy interesante. Encienden la punta de una varita delgada, y, cogiéndola por el otro extremo, la hacen girar alrededor de la cabeza, de modo que el extremo hecho ascua brille en el aire. Esto atrae numerosos cocuyos, que son fáciles de coger con una redecilla de las que se emplean para cazar mariposas”[16].

Charles Darwin, refiriéndose a las moscas luminosas del Brasil, dice que en noches sombrías se pueden percibir a unos doscientos pasos la luz que proyectan.

“Es digno de notar que, en todos los animales fosforescentes que he podido observar, gusanos de luz, escarabajos brillantes y diferentes animales marinos (tales como crustáceos, medusas, nereidas, una corolaria del género Clytia y un tunicado del género Pyrosoma), la luz presenta un matiz verde bien definido. Todas las moscas luminosas de que me he podido apoderar aquí, pertenecientes a los Lampyridos (familia de la que forma parte el gusano inglés), y el mayor número de ejemplares correspondían a los Lampyris occidentalis. Este insecto, según gran número de observaciones hechas por mí, emite la luz más brillante cuando se irrita; en los intervalos, los anillos abdominales se oscurecen. La luz se produce casi instantáneamente en los anillos; sin embargo se percibe primero el anillo anterior. La materia brillante es fluida y muy adhesiva; ciertos puntos, donde la piel del animal había sido desgarrada, continuaban brillando y emitiendo un ligero centelleo, mientras que las partes sanas se ponían oscuras. Cuando el insecto es decapitado, continúa brillando, pero la luz no es tan intensa como era antes; si con la punta de la aguja se lleva a cabo una irritación local, siempre aumenta la intensidad de la luz. En un caso que me fue dado observar, los anillos conservaron su propiedad luminosa durante cerca de 24 horas después de la muerte del insecto. Estos hechos parecen probar que el animal posee solamente la facultad de extinguir durante cortos intervalos la luz que emite, pero que todos los otros instantes la emisión de luz es voluntaria. He encontrado en gran número, sobre húmedos pedregales, las larvas de esos lampíridos que, por su forma general, se parecen a las hembras del gusano luminoso de Inglaterra. Tales larvas no poseen más que un débil poder lumínico, muy al contrario de sus padres, simulan la muerte así que se les toca, o dejan de brillar; tampoco excita en ellos una nueva emisión de luz la irritación. Pude observar vivos durante algún tiempo muchos de ellos; su cola constituye un órgano muy singular, porque, por medio de una disposición muy ingeniosa, puede desempeñar e papel de chupador y de depósito de saliva o de otro líquido análogo. Muy a menudo les daba carne cruda; en tales casos invariablemente, yo podía observar que la extremidad de la cola se aplicaba a la boca par depositar una gota de fluido sobre la carne que el insecto se disponía a tragar. A pesar de una práctica constante, la cola no parece que encuentre con mucha facilidad la boca; por lo menos, la cola va a buscar primeramente el cuello, que al parecer le sirve de guía.

“Un escarabajo, el piróforo de pico de fuego (Pysophorus luminosus), es el insecto más común en los alrededores de Bahía. En este insecto, como en otros muchos que ya hemos citado, una irritación mecánica tiene como efecto intensificar la luz que emite. Cierto día me entretuve observando este insecto desde el punto de vista de la facultad que posee de dar saltos considerables, facultad que no me parece haya sido descrita perfectamente. Cuando el piróforo de pico de fuego se halla tumbado de espaldas y se dispone a saltar, echa hacia atrás la cabeza y el pecho, de tal forma que la espina pectoral se tiende y se apoya en el borde de su vaina. El insecto usa de toda su energía muscular, hasta que la espina pectoral se tiende como un resorte, y en ese momento reposa con el extremo de su cabeza y sus élitros. De pronto se deja ir, la cabeza y el tórax se levantan y, en consecuencia, la base de los élitros va achocar con tanta fuerza contra la superficie sobre la que él está situado, que rebota hasta la altura de una o dos pulgadas”[17].

BIOLUMINISCENCIA

La eficiencia de la luciérnaga es muy superior a los focos comunes de resistencia eléctrica, los cuales tienen sólo un 10% de eficiencia, mientras que la eficiencia de la luciérnaga es de 92% o 99%.

En 1880 el fisiólogo francés Raphael Dubóis logró extraer dos sustancias (la luciferina y la luciferaza) de una solución obtenida después de triturar los órganos luminosos de la luciérnaga. En 1942 el bioquímico William McElroy que ampliaba sus estudios en la Universidad de Princenton, identificó otro elemento esencial, el adenosina trifosfato ATP, y comprobó que esta sustancia actúa como fuente de energía, permitiendo a la luciérnaga renovar su luz continuamente. Si le faltara no podría emitir ni un solo destello[18].

Aún quedan varios misterios por resolver en torno a la luciérnaga. Por ejemplo, el del “interruptor” de que se vale el insecto. Durante muchos años, los científicos han creído que cuando la luciérnaga deseaba emitir luz se limitaba a abrir unas pequeñas válvulas de su sistema nervioso para que entrara oxígeno. Pero en la actualidad se sospecha que las extremidades nerviosas de la luciérnaga, y las de otros animales más desarrollados, segregan adrenalina. Esta sustancia despolariza las células luminosas, permitiendo que se mezclan la luciferina y la luciferaza, lo que produce el consiguiente destello.

En 1885-87 se observó que extractos de crudo preparados de luciérnagas de la India (Pyrophorus) y de almejas (Pholas), daban una reacción de emisión de luz cuando se mezclaban. Uno de los preparados era un extracto de agua fría conteniendo compuestos relativamente inestables al calo: luciferaza; el otro fue extraído de agua caliente conteniendo un compuesto relativamente estable al calor: luciferina: La reacción luminiscente que ocurre cuando soluciones de luciferina y luciferaza se mezclan a temperatura ambiente sugiere que todas las reacciones bioluminiscentes son reacciones de luciferina-luciferaza. Sin embargo, este argumento tan simple fue abandonado posteriormente. Un pequeño crustáceo que vive en el Mar del Japón (Cypridina hilgendorfii) y algunas bacterias bioluminiscentes no utilizan ninguno de estos compuestos.

El primer material sintético quimiluminiscente (1928) fue el luminol (5 amino 2, 3 dihidro 1, 4 ftalazinediona) que emite una luz azul como resultado de su oxidación.

La bioluminiscencia es un tipo especial de quimiluminiscencia catalizada por enzimas. La luz proporcionada por tales reacciones puede alcanzar el 100% de eficiencia, lo cual significa que cada molécula sin excepción se excita a un estado radiante.

La bioluminiscencia se desarrolla en una gran diversidad de organismo. Estos incluyen ciertas bacterias, hongos, radiolarios, esponjas, corales, flagelados, hidroides, mementeanos (gusanos marinos altamente coloridos), ctenophoros, crustáceos, almejas, caracoles, ciempiés, milpiés e insectos. La bioluminiscencia es una clase particular de quimiluminiscencia.

Probablemente el mejor conocido de todos los moluscos luminosos sea la almeja Pholas dactylus que era conocida desde la antigüedad. En griego Pholas significa “oculto en un hoyo”, que describe perfectamente el habito de este molusco de ocultarse dentro de las rocas. En 1887 el fisiólogo francés Raphael Dubois uso al Pholas en sus estudios pioneros sobre la bioluminiscencia. Dubois demostró que los extractos de agua fría de Pholas continúan emitiendo luz durante varios minutos. Encontró que después que ha cesado la emisión de luz, ésta puede restablecerse adicionando un segundo extracto obtenido al lavar almejas frescas en agua caliente y enfriando el jugo resultante. Dubois concluyó que había alguna sustancia en el extracto de agua caliente que era esencial para la emisión de luz y que no era afectada por el calor. El llamó a este material Luciferina y a la sustancia en el extracto de agua fría le llamó Luciferaza, indicando con el sufijo “asa” que tenía propiedades de una enzima. Las enzimas son catalizadores biológicos y son sensibles al calor.

Otro pionero en el campo de la bioluminiscencia fue E. Newton Harvey, de la Universidad de Princenton. Siguiendo las observaciones de Dubois, Harvey estableció definitivamente que la bioluminiscencia es un proceso enzimático. En un viaje a Japón encontró un crustáceo (Cypridina hilgendorfii) que es una fuente de luciferina y luciferaza. Cypridina es un pequeño crustáceo con dos valvas que cubren su cuerpo. Se encuentra tanto en agua dulce como en salada, pero sólo la forma marina es luminosa. Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados japoneses la usaban como fuente de luz haciéndola polvo y colocando este polvo en sus manos para leer los mapas en las noches oscuras[19]

Algunos “gusanos de fuego” (anélidos del orden Polychaeta) fueron los causantes del avistamiento de Colón. El 11 de octubre de 1492, Cristóbal Colón anotaba en su libro de viaje haber visto delante de las Bahamas, hacia las diez de la noche, unas misteriosas luces que él consideró una señal. Esta observación confundió durante siglos a los historiadores, y algunos quisieron ver ovnis en ella. Hace no muchos años, el biólogo marino inglés Robert Thomson Crawshay, resolvió el misterio: Colón había visto la iluminación marina de las luciérnagas atlánticas. Justo un día antes de la última fase de la Luna, millones de hembras de esta especie producen un destello fosforescente y claro, con el fin de atraer a los machos[20]

La relación entre la luminiscencia y las fases de la Luna esta magníficamente ilustrada en el anélido de Bermudas Odontosyllis enopla. Los gusanos de esta especie comienzan a multiplicarse 2 o 3 días después de la luna llena, apareciendo primeramente las hembras. Cada una de ellas nada en pequeños círculos en la superficie del agua emitiendo una luz verde. Este ritual invariablemente se inicia unos 55 o 56 minutos después de la puesta del Sol. Los círculos de luz atraen evidentemente a los gusanos machos que emiten destellos de luz al acercarse. Comúnmente varios machos convergen sobre una sola hembra y entonces el grupo comienza a girar en círculos mientras sus miembros descargan huevos y esperma dentro del agua. Las hembras tienen unos 35 milímetros de largo, mientras que los machos alcanzan los 70 milímetros.

Otros insectos luminosos son los “escarabajos golpeadores” (Elateridae), que en cierto sentido se parecen mucho a las luciérnagas. El insecto está decorado con manchas ovales verdes, una a cada lado de la parte frontal de su cuerpo. Debido a que estas manchas luminosas tienen la apariencia de faros de automóvil, estos insectos son conocidos en algunas regiones con el nombre de “autos pulga”.

Uno de los pocos seres que emiten dos tonos de luz es el escarabajo Phrixothrix de Centro y Sudamérica. La larva de estos insectos está decorada con 11 pares de manchas verdes a los lados de su cuerpo; en la cabeza tienen una mancha roja. En la noche, cuando “enciende” su cabeza, parece como un cigarro prendido. Cuando “enciende” sus luces verdes parece un ferrocarril con una luz roja en la parte frontal. Debido a esta particularidad se le conoce como “gusano ferrocarril”.

El Polinoe es otro gusano acuático que emite luz azul cuando se le toca. Algunos peces emiten nubes de un material luminoso con el fin de escapar de sus predadores.

Es un espectáculo maravilloso ver los gusanos luminosos que viven en las cavernas de Nueva Zelanda. La más famosa de estas cavernas esta en Waitomo, 200 millas al Norte de Wellington. Las paredes y techos de estas cavernas están cubiertos con ciertos de larvas luminosas.

Los seres humanos, como muchos insectos, son atraídos por la luz. Las luces en el cielo que fascina a muchos ufólogos, no necesariamente son naves de otros planetas.


[1] http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/10/insectos-como-objetos-volantes-no.html

[2] Anónimo, Los ovnis son insectos informan científicos de EU, Contactos Extraterrestres, No. 52, 27 de diciembre de 1978, Pág. 8.

[3] Anónimo, Platillos y polillas voladoras, Naturaleza, Vol. 10, No. 1, febrero de 1979, Pág. 6.

[4] Sievers Edgard, Flying Saucers Über Südafrika, Sagittarius-Verlag, Pretoria, Sudáfrica, 1955.

[5] Heard Gerald, Los platillos volantes, Editorial Correa, 1951.

[6] Wilkins T. Harold, Flying Saucers on the Moon, Arce, London, 1950.

[7] Jung Carl Gustav, Weltwoche, Zürich, 22. Jahrgang, No. 1078, 9 de julio de 1954, Pág.. 7.

[8] Jung Carl Gustav, Sobre cosas que se ven en el cielo, Editorial Sur, Buenos Aires, 1961.

[9] Edwards Frank, Platillos volantes aquí y ahora, Colección Realismo fantástico, Plaza & Janes, Barcelona, 1976.

[10] Buck John & Buck Elisabeth, Synchronous fireflies, Scientific American, Vol. 234, No. 5, mayo 1976, Pages. 74-79 y 82-85.

[11] Allard H. A., Science, Vol. 44, 1916, Pág. 710.

[12] Renking O. A., Science, Vol. 53, 1921, Pág.. 485.

[13] Bowering John, The Kingdom and people of Siam: with a narrative of the mission to that country in 1855, Vol. I, London, 1857, Pág.. 233.

[14] Morse F. J., Science, Vol. 44, 1916, págs. 169 y 387.

Gudger E. W., Science, Vol. 50, 1919, Pág. 188.

[15] Morrison T. F., Observations on the synchronous flashing of the fireflies in Siam, Science, 1929, Pág.. 400.

[16] Jaceck A., Los insectos y el hombre, Editorial Alameda S. A., México, 1955.

[17] Darwin Charles, El origen de las especies, Sarpe, Colección grandes pensadores, Madrid, 1984.

[18] Gannon Robert, Centinelas nocturnos, en El asombroso mundo de la naturaleza. Sus maravillas y misterios, Selecciones del Readers Digest, México, 1969.

[19] McElroy D. William & Saliger H. Howard, Biological luminescence, Scientific American, Vol. 207, No. 6, diciembre 1962, Pages.. 76-89.

[20] Anónimo, ¿Qué pasaría si la Tierra tuviese cinco lunas?, Muy interesante, No. 7, marzo 1985, Págs. 4-9.

Insectos como objetos volantes no identificados

INSECTOS COMO OBJETOS VOLANTES NO IDENTIFICADOS[1]

Philip S. Callahan & R. W. Mankin

Cinco especies de insectos se sometieron a los efectos de un elevado campo eléctrico. Estimulados de esta forma emitieron halos brillantes en diversos colores del espectro visible y del ultravioleta. Se postula que la actividad ovni observada sobre Uintah Basin (Utah) entre 1965 y 1968 pudo deberse, al menos en parte, a enormes enjambres de procesionarias del pino, “Choristoneura fumiferana” (Clemens), estimuladas para emitir al volar esta especie de fuego de San Elmo a través de importantes campos eléctricos causados por frentes de tormenta y por una gran cantidad de partículas flotando en la atmósfera. Existe una excelente correlación temporal y espacial entre los avistamientos nocturnos de ovnis entre 1965 y 1968 y las plagas de procesionarias. Se sugiere que el lograr establecer una correlación entre las observaciones nocturnas de ovnis a lo largo y ancho de Estados Unidos y Canadá, y las plagas de procesionarias puede ofrecer datos interesantes sobre las características de las migraciones nocturnas de insectos.

Introducción

El fuego de San Elmo es probablemente causante de más historias de fantasmas y aparecidos que cualquier otro fenómeno natural. Habitualmente el fuego de San Elmo aparece durante las tormentas en puntos prominentes como las torres de las iglesias, los mástiles de los veleros y con más frecuencia en las puntas de las alas y hélices de los aviones. Uno de los autores ha podido verlo alrededor de las alas de su avión cuando volaba sobre la parte norte de Hokkaido durante una tormenta de hielo. El fuego de San Elmo es una descarga de electricidad estática, normalmente con tonos rojos, púrpuras, verdes o azules.

El nombre de esta fantasmal descarga eléctrica es una corrupción del nombre italiano de San Elmo (San Erasmo en inglés). San Elmo, un obispo y mártir italiano del siglo cuarto, es el santo patrón de los marineros. Durante las grandes tormentas que se dan en el Mediterráneo, la aparición del fuego de San Elmo en la punta del mástil era considerada como un signo favorable por los marineros de aquellos lugares.

Nuestro interés por el fuego de San Elmo surgió al leer un reciente libro de Frank B Salisbury, fitofisiólogo y director del Departamento de Botánica de la Universidad de Utah[2]. Salisbury ha escrito un libro fascinante The Utah UFO Display: a Biologist´s Report. Como señala J. Allen Hynek, Director del Departamento de Astronomía de la Universidad del Noroeste, en el prólogo de dicho libro, “Es a la vez gratificante y refrescante encontrar un trabajo sobre el sugestivo tema de los ovnis realizado con el máximo rigor y metodología científica”. Esa fue también nuestra impresión al leer este fascinante, cuidado y razonado relato sobre el estudio que el doctor Salisbury realizó sobre una larga serie de avistamientos ovni que ocurrieron sobre la ciudad de Roosevelt en Uintah Basin, al nordeste de Utah.

Conforme uno de los autores avanzaba en la lectura del relato de estas observaciones nocturnas se le ocurrió que las descripciones recogidas por Salisbury eran bastante similares a las formaciones que adoptan en vuelo los insectos diurnos. El clásico libro de Johnson[3] sobre las migraciones de insectos contiene excelentes descripciones de la estructura y cohesión de los enjambres de insectos voladores.

Los párrafos siguientes son transcripciones de los relatos de los testigos presenciales. Recogidos por Salisbury en los 80 casos que consideró dignos de confianza[4]. Estas 80 observaciones tuvieron 260 testigos. En la página 23 de The Utah UFO Display leemos: “Corrieron a la calle a tiempo de ver un enorme objeto, plano en la parte inferior y con un cúpula en lo alto, flotando sobre la casa, casi como balanceándose sobre la misma. Era el doble de grande que la pequeña casita. Oyeron un zumbido y vieron luces que se encendían y se apagaban en la parte inferior del objeto, dando una impresión predominantemente roja, pero a veces verde o amarilla (20 septiembre 1966)”.

Página 51: “Así que continué y me detuve en lo alto de la colina observándolo, y el maldito siguió moviéndose, se detuvo como a mi misma altura tapándome el horizonte y allí estaba –no puede imaginarse cómo era-, flotó durante un minuto y luego siguió de nuevo casi en línea recta. Parecía cada vez más pequeño conforme se alejaba, pero antes de perderse de vista pude ver cómo algo caía del mismo (1 septiembre 1967)”.

Página 57: “Repentinamente esta gran bola de luz a aproximadamente doscientas yardas de distancia comenzó a moverse hacia mí. Parecía tener tres yardas de diámetro, haciéndose más grande, de color naranja. La luz comenzó a cambiar de color a un azul fluorescente y se colocó directamente sobre la camioneta (11 octubre 1967)”.

Página 71: “Así que detuvimos el coche y lo observamos. Empezó a descender muy lentamente, muy lentamente, como flotando y bajando cada vez más. Bajó hasta llegar a un, diría, cuarto de milla del suelo y entonces una luz salió del mismo y se perdió en el cielo, y la luz se veía como si estuviera junta. Era realmente brillante por un rato, luego se apagaba, y luego volvía a encenderse (Otoño 1966)”.

Las similitudes entre estas descripciones y los ruidos y formas de los enjambres de insectos es asombrosa.

De entrada parecería que un objeto volante luminoso, de brillantes colores y con cierto contorno regular, como debe ser un ovni, nunca podría tratarse de un enjambre de insectos nocturnos. Los bordes delimitados de las nubes de langosta están bien documentados por los entomólogos y, verdaderamente son contornos bien definidos. Como afirma Baron[5] “No importa las extrañas formas que puedan adoptar (los enjambres), las columnas y bandas que aparecen y desaparecen parecen estar gobernadas por la necesidad de mantenerse unidos”. Más adelante añade “Al contrario, el borde del enjambre es claramente visible, conforme grupo tras grupo, al llegar hasta él, cambia de dirección como obedeciendo alguna misteriosa orden y vuelven al cuerpo principal”. Muchos enjambres de diversos tipos de insectos muestran esta gran cohesión.

Obviamente, para que los enjambres nocturnos sean confundidos con ovnis debe haber algún mecanismo para “encender” los enjambres. Dado que el exoesqueleto es un dieléctrico[6] que rodea a un medio conductor (los fluidos internos del insecto) el fuego de San Elmo es una buena posibilidad. La física de las descargas nos permite considerar cada insecto como un pequeño punto o mecanismo concentrador para la descarga, como ocurre con las torres de las iglesias o los mástiles de un barco. Decidimos comprobar esta posibilidad en el laboratorio.

Métodos y materiales

Se escogieron cinco especies de insectos para los experimentos: Trichoplusia ni (Hübner), Noctuidae; Euthyrnhynchus floridanus (L.), Pentatomidae; Tylocerina nodosus (F.), Cerambycidae; Conotrachelus nenuphar (Herbst), Curculionidae; y Choristoneura fumiferana (Clemens). El curculio de la ciruela fue elegido por su pequeño tamaño y el gran cerambycido de cuernos por su enorme volumen. El pentatómido cazador tiene unas características protuberancias alargadas en sus élitros y parecía apropiado para probar las descargas emanadas de dichos puntos. El pulgón de la col y la procesionaria del pino fueron escogidos como representantes de los insectos nocturnos importantes para la agricultura y los bosques. Cinco especimenes de cuatro especies fueron utilizados, sólo había disponible un escarabajo cornudo. Se emplearon dos métodos distintos para producir el campo eléctrico. En uno de ellos un motor de corriente continua Molectron de alto voltaje producía un potencial (entre 0 y 20 kV) a través de un capacitor compuesto por dos electrodos de aluminio de 20 cm2 de superficie separados 1.9 cm. Los insectos se colocaban entre ambos electrodos pegándolos al extremo de unas pinzas con Duro rubber cement. En el segundo método se pegaba el insecto al extremo de una bobina Tesla de alta intensidad y frecuencia. El pegamento se depositaba sobre el extremo de tal forma que hubiera aproximadamente 1 cm de espesor adhesivo entre el insecto y el metal. Con ello se conseguía un perfecto aislamiento y se evitaba el contacto directo del espécimen con la bobina. También se obtenía un soporte dieléctrico para evitar la combustión ohmica del insecto. La bobina Tesla se puede ajustar para facilitar hasta 10 kV/cm. Las descargas aparecen normalmente a partir de 2-3 kV/cm. El término kV/cm representa el potencial de 1000 V entre dos placas paralelas con un centímetro de separación en una atmósfera normal. Todas las fotografías se tomaron a una distancia de 30 cm con una cámara Honeywell Pentax SPII provista de una gran lente de aumento y usando película Plus X o Kodachrome II.

Resultados

A unos 2.1 kV/cm todos los insectos (excepto el curculio) emitieron llamaradas de un brillante color blanco-azulado por distintos puntos de sus cuerpos, como la punta de las mandíbulas, los ovopositores, las antenas y las articulaciones de las patas. El curculio comenzó a centellear a 2.6 kV/cm. Ocasionalmente aparecían llamaradas rojas, verdes o anaranjadas en o cerca de los espiráculos. La exhibición era continua en los insectos colocados en la bobina Tesla e intermitente en aquellos colocados en el capacitor. Pequeñas variaciones en el voltaje de este último hacían que las luminiscencias fueran más frecuentes. Durante la estimulación en campos eléctricos, los insectos aparecen inicialmente bastante alterados, pero al cabo de unos pocos minutos se calmaban y no parecían sufrir ningún daño debido al elevado voltaje. Los distintos especimenes debidamente atendidos después de haber estado durante 2 horas en el campo eléctrico, vivieron por periodos normales. Trichoplusia ni sobrevivieron 5 a 7 días después de la exposición, y el curculio de la ciruela y los pentatómidos estaban vivos 2-4 semanas más tarde. Sin embargo, en la corriente continua del capacitor a veces resultaba muerto algún insecto al ser alcanzado por una chispa.

Los insectos muertos y secos no ofrecían luminiscencia. Sin embargo, si previamente eran sumergidos en agua unos minutos reaparecían las llamaradas. Después de secarse nuevamente desaparecía la luminiscencia.

Un fotómetro modelo Photovol 502M nos permite saber que un insecto del tamaño de un pentatómido, sujeto al campo de la bobina Tesla (unos 5-7 kV/cm) produce una densidad de flujo radiante de unos 3.75 μW/cm2 en el rango espectral 350 nm (luz negra o ultravioleta) a 450 nm (azul) a una distancia de 18 cm.

Comparación entre las condiciones de laboratorio y las naturales

El fulgor coloreado que rodea a un insecto volando en un intenso campo eléctrico es una descarga en corona similar al fuego de San Elmo[7]. Está relacionado también con la fotografía Kirlian[8]. Penning[9] y Loeb[10] ofrecen amplios detalles del mecanismo físico que interviene. La descarga proviene de las moléculas de gas que han sido excitadas para liberar electrones de alta energía al colisionar con una avalancha de electrones. Dicha avalancha es causada por el fuerte campo eléctrico que impulsa a los electrones desde las superficies desnudas y prominentes del insecto, donde las fuerzas que unen los iones a la superficie son más débiles. El predominio del color azulado indica que la mayoría de la radiación proviene del nitrógeno[11].

Una descarga en corona surge sólo desde un conductor. Los insectos vivos están compuestos de un excelente material dieléctrico (exoesqueleto) rodeando a un electrolito (los fluidos corporales) que encaja perfectamente dentro de los requisitos. En cambio, los insectos muertos y deshidratados, sin electrolito conductor, quedan fuera.

Para que se de una descarga en corona debe existir un fuerte campo eléctrico. La atmósfera, bajo ciertas condiciones climatológicas, produce voltaje más que suficiente para ello, a través de lo que se denominan procesos triboeléctricos (del griego tribo: frotar) y por los elevados campos eléctricos no uniformes que aparecen en los frentes de tormenta. Estudios realizados por Nasser y Loeb[12] y Loeb[13] indican que las descargas en corona desde un punto, surgen cuando la intensidad del campo eléctrico local alcanza 1.7-2.2 kV/cm. Estas condiciones se dan frecuentemente durante las tormentas. Cargas estáticas producidas por la fricción de partículas (condiciones triboeléctricas) alcanzan potenciales tremendos. Sutton[14] señala que el potencial total de un simple frente tormentoso puede alcanzar un máximo desde 200 millones a 1000 millones de voltios. Kamra[15] recoge un incidente debido a fenómenos triboeléctricos ocurridos mientras medía la electrificación de una tormenta de arena. En las cercanías de una tormenta aparecieron rápidos cambios en el gradiente de potencial de hasta 0.015 kV/cm, y cuando el viento rugía se levantaban chispas desde las dunas de arena. No hubo chispas cuando las tormentas estaban ausentes.

En un estudio de 6 años realizado por la Armada y la Marina americana sobre precipitaciones estáticas Gunn[16] encontró que los aviones originaban campos de hasta 0.45 kV/cm al volar entre nieve seca cristalizada, y de hasta 0.02 kV/cm volando entre los gases contaminados de una gran ciudad. Esto representa una apreciable fracción del campo necesario para una descarga en corona visible. Cerca de las tormentas el campo eléctrico medio promediaba unos 1.4 kV/cm y eran habituales campos de 2 kV/cm. Llegaron a obtenerse medidas de hasta 3.4 kV/cm. Los valores medidos son inferiores a los reales porque el avión usado durante las mediciones es conductor y distorsiona el campo natural. Una combinación de tormentas y de una alta densidad de polución (partículas) daría sin ninguna duda campos eléctricos muy superiores a los 1.7-2.2 kV/cm necesarios para una descarga en corona.

Así pues no existe ninguna duda de que, dadas las condiciones meteorológicas adecuadas, la naturaleza puede producir un campo eléctrico de intensidad suficiente como para “encender” insectos voladores.

Discusión

Nuestras investigaciones sobre el fuego de San Elmo en los insectos nos llevó a especular sobre las especies que podrían contribuir a la proliferación de avistamientos ovni en Uintah Basin. Dado que la intensidad de una descarga en corona es pequeña, sólo un gran enjambre de insectos sería visible de noche. A partir de nuestro estudio podemos estimar la distancia máxima a la que puede observarse un enjambre “encendido”. Ya que un único insecto con un brillo de 3.75 μW/cm2 era visible a 6 metros a través de un laboratorio casi a oscuras, por la ley del cuadrado inverso, un millar de insectos muy juntos sería visible a unos 180 metros. Mayores concentraciones serían visibles desde lugares más alejados.

El hecho de que las montañas situadas en el borde de Uintah Basin estén cubiertas de pinos Douglas, Pseudotsuga menziessi (Mirb.) Franco, nos llevó a sospechar que los vuelos nocturnos de la procesionaria del pino podrían ser los responsables de algunos de los avistamientos. Esta especie de insectos había sido ya citada como posible fuente de las luces nocturnas, mucho antes de que supiéramos que los enjambres de procesionarias llegan a formar nubes de 102 kilómetros de largo y 25 kilómetros de ancho, según informa el personal de radar del Servicio Meteorológico americano encargado del seguimiento de dichas plagas[17]. Las escamas de los lepidópteros son dieléctricas y almacenan grandes cargas de electricidad estática debido a mecanismos triboeléctricos. Una nube de procesionarias puede producir un considerable volumen de partículas cargadas.

Según Henson[18] los vuelos en masa de las procesionarias tienen lugar siempre en las últimas horas de la tarde o primeras horas de la noche. Y se distribuyen desde marzo a noviembre. Este es el mismo periodo en que ocurrieron la mayoría de las observaciones ovni[19]. Henson[20] afirma: “Los densos vuelos de las procesionarias son una respuesta a una intensidad luminosa decreciente, siendo el número de insectos en vuelo directamente proporcional a la disminución de intensidad luminosa. La reconstrucción de las condiciones meteorológicas durante dichos vuelos lleva a la conclusión de que los insectos eran impulsados por las corrientes convectivas que preceden normalmente a los frentes fríos”.

Henson señala que súbitas reducciones en la cantidad de luz y presión atmosférica originan grandes vuelos en masa de insectos. Concluye por tanto que son los frentes de tormenta los responsables de dichos vuelos masivos. En la vanguardia de cada frente de la tormenta existen fuertes corrientes que pueden llevar a los insectos y otras partículas flotantes hacia lo alto para ser después expulsados en la parte superior o los laterales de las nubes y depositados a varios kilómetros del lugar original. Lo que Henson describe para los vuelos masivos de procesionarias es un entorno ideal para que aparezca el fuego de San Elmo[21]. No existe ninguna razón para pensar que los insectos sujetos a estas tormentas resulten afectados, a no ser que resultasen golpeados por el hielo existente en las nubes[22].

Según Salisbury[23] el 88.75% de los avistamientos ovni tuvo lugar entre el verano de 1965 y el invierno de 1968. Más de la mitad de ese porcentaje ocurrieron durante el otoño. Decidimos escribir a Lawrence Stipe, del Servicio Forestal de los Estados Unidos en Ogden, Utah[24] para ver si 1965-68 fueron años de abundancia de procesionarias en las montañas de Utah.

El informe sobra las condiciones de los insectos en los bosques referidos a los parques nacionales de Fishlake y Ashley en las montañas Uintah, justo al norte de Roosevelt, una ciudad donde tuvieron lugar la mayoría de los avistamientos, indica “La procesionaria sigue infestando el pino Douglas, el pino blanco, y en menor grado, el pino subalpino y el abeto Engelman, en zonas del río Beaver y las montañas de los Mil Lagos. La plaga, aparecida por vez primera en 1964 cubriendo más de 20,000 acres, descendió hasta los 10,000 en 1965 y siguió descendiendo aún más en 1966, para estabilizarse a todo lo largo de 1967”. ¡La exhibición ovni de la Uintah Basin empezó en verano de 1965! En otras palabras, hubo grandes zonas afectadas por la procesionaria en los dos años anteriores al periodo principal de la exhibición ovni y un importante descenso a lo largo de dicho periodo. ¡La proliferación de ovnis tuvo lugar cuando serían de esperar migraciones en masa en esa zona!

Un análisis más detallado de los mapas sobre la plaga facilitados por el Servicio Forestal revela algunas asombrosas similitudes entre los lugares donde apareció la plaga y los lugares donde se conocen casos de ovnis de confianza. Por ejemplo, en la tabla de avistamientos preparada por Salisbury encontramos el siguiente: Fecha- 21 marzo 1968; Observador- Henry Wopsock, Whiterocks; Forma- Semiesférica; Hora- Noche; Duración- ?; Descripción- Flotó sobre la casa del testigo durante unos minutos. Los mapas del Servicio Forestal muestran dos importantes zonas desfoliadas descubiertas durante la observación aérea de 1968 en la zona del cañón Whiterocks-Red Pine a unas pocas millas de la ciudad de Whiterocks.

Las infestaciones en las Whiterocks se localizaban en la punta Oeste de las grandes zonas defoliadas descubiertas entre 1966 y 1968 en una línea imaginaria desde Roosvelt en dirección nordeste hasta una planta de fosfatos al Norte de Vergel. A lo largo de esta línea y ligeramente al Norte de los avistamientos ovni, ocurridos al pie de las laderas de las montañas se observaron en el reconocimiento aéreo de 1968 grandes puntos de infestación por procesionarias. A lo largo de las cumbres de las altas montañas de Uintah en el condado Daggett, aparecieron entre 1965 y 1968 varias zonas afectadas. La mayoría de los avistamientos ovni tuvieron lugar en una zona triangular entre Whiterocks, Vergel y Roosvelt en los ondulados campos al pie del macizo montañoso. Esta no sólo es la zona más populosa, y por tanto el lugar donde los avistamientos son más probables, sino también la zona donde existe mayor concentración de partículas en suspensión en la atmósfera. Dado que es una zona despejada, es muy probable que sea sobrevolada por enjambres de procesionarias durante sus vuelos nocturnos de dispersión. Aunque no poseemos datos meteorológicos sobre la zona, en las laderas de las montañas son muy habituales importantes cargas estáticas debidas a frentes tormentosos o a partículas en suspensión. Blais[25] describe cómo las procesionarias se elevan y vuelan durante sus migraciones aprovechando vientos convectivos.

Las descripciones facilitadas por los testigos sobre vuelos erráticos, las luces de colores parpadeantes y los zumbidos emitidos por las luces nocturnas en Uintah, contribuyen significativamente a hacernos creer que los enjambres de insectos son los responsables de algunas de las observaciones realizadas. Si los insectos son perturbados durante el vuelo, al atravesar un campo de alto voltaje, es muy posible que vuelen de forma errática, floten inmóviles, y se enciendan y apaguen conforme entran en el campo o tratan de salir del mismo. Es un hecho que los insectos de nuestro laboratorio emitían luces de varios colores y en particular, luz ultravioleta, y que dichas emisiones no tenían ningún efecto pernicioso sobre su vida. Incluso después de muertos seguían emitiendo hasta que se secaban. Un despliegue luminoso de este tipo contribuye sin lugar a dudas a que cualquier persona que lo observe crea estar viendo un ovni extraterrestre. Cualquiera que haya visitado una moderna discoteca puede imaginar muy bien la impresión que puede dar una discoteca flotando en el cielo nocturno.

No piense el lector que los autores no creen en la existencia de visitantes de otros mundos, eso no se deriva de nuestro artículo. Quizá existan. Pero no son la razón del presente informe. Un agrónomo puede preguntarse qué importa que algunos enjambres de insectos sean confundidos con ovnis. Debemos señalar que de acuerdo con el Informe Condon[26] La Fuerza Aérea de los Estados Unidos posee más de 30,000 avistamientos dignos de crédito almacenados en sus archivos. Un número significativo de los mismos son luces nocturnas. Si algún emprendedor investigador del Servicio Forestal pudiera seguir dichos datos, los avistamientos podrían aparecer como relacionados con plagas de procesionarias u otros insectos en Norteamérica. Es posible que así pudiéramos obtener datos significativos sobre la emigración de estos perjudiciales insectos. Las migraciones de los insectos nocturnos es uno de los fenómenos naturales menos conocidos, entonces ¿porqué no estudiar los ovnis como insectos?


[1] Callahan S. Philip & Mankin R. W., Insects as unidentified flying objects, Applied Optics, Vol. 17, No. 21, 1 november 1978, págs. 3355-3360.[2] F. B. Salisbury, The Utah UFO Display: A Biologist’s Report, Devin, Old Greenwich, Conn., 1974.[3] C. G. Johnson, Migration and Dispersal of Insects in Flight, Methuen, London, 1969.

[4] F. B. Salisbury, The Utah UFO Display: A Biologist’s Report, Devin, Old Greenwich, Conn., 1974.

[5] S. Baron, The Desert Locust, Scribner’s, New York, 1972, págs. 117.

[6] P. S. Callahan, Misc. Publ. Entomol. Soc. Am,. Vol. 5, 315, 1967.

[7] R. Golde, Lightning Protection, Edward Arnold, London, 1973.

[8] M. Toth, Galaxies of Life, S. Krippner, Ed., Gordon and Breach, New York, 1973.

[9] F. M. Penning, Electrical Discharges in Gases, Macmillan, New York, 1957.

[10] L. B. Loeb, Electrical Coronas, Their Basic Physical Mechanisms, California Press, Berkeley, 1965.

[11] L. B. Loeb, Electrical Coronas, Their Basic Physical Mechanisms, California Press, Berkeley, 1965.

[12] E. Nasser and L. Loeb, J. Appl. Phys., Vol. 34, 3340, 1963.

[13] L. B. Loeb, J. Appl. Phys., Vol. 19, 882, 1948.

[14] O. G. Sutton, The Challenge of the Atmosphere, Harper’s, New York, 1961.

[15] A. Kamra, Nature, Vol. 240, 143, 1972.

[16] R. Gunn, J. Appl. Phys., Vol. 19, 481, 1948.

[17] Battling the Budworm, Time 80, 28 abril 1975.

[18] W. R. Henson, Can. Entomol., Vol. 83, 240, 1951.

[19] F. B. Salisbury, The Utah UFO Display: A Biologist’s Report, Devin, Old Greenwich, Conn., 1974.

[20] W. R. Henson, Can. Entomol., Vol. 77, 7, 1945.

[21] L. B. Loeb, J. Appl. Phys., Vol. 19, 882, 1948.

[22] W. G. Wellington, Can. Entomol., Vol. 77, 7, 1945.

[23] F. B. Salisbury, The Utah UFO Display: A Biologist’s Report, Devin, Old Greenwich, Conn., 1974.

[24] « Forest Insect Conditions Report », Fishlake and Ashley National Forests, U.S. Forest Service, Utah, 1966.

[25] J. R. Blais, Can. Entomol. Vol. 85, 446, 1953.

[26] E. U. Condon, Scientific Study of Unidentified Flying Objects, D. S. Gillmore, Ed., Dutton, New York, 1969.

Fuego de San Elmo

FUEGOS DE SAN ELMO[1]

 

I boarded the Kings’ ship; now in the beak,

Now in the waist, the deck, in every cabin,

I flamed amazement; sometimes I’d divide

And burn in many places; on the topmast,

The yards and bowsprit, would I flame distinctly,

Then meet and join.”

“He abordado la nave del rey –dice Ariel en La Tempestad-, y ora sobre proa, ora en los costados, ora en cubierta, ora en las cámaras, por doquier he encendido el asombro. Tan pronto me dividía, y ardía entonces por aquí y por allá, y llameaba separadamente en el palo mayor, en el bauprés y en las vergas, como me reunía de nuevo juntando todas mis llamas…”

 

La Tempestad, Acto I, Escena 2[2]

 

San Elmo o San Erasmus (303 d. C.?, Formia, Italia) fue uno de los primeros obispos cristianos. Es el patrono de los marinos quienes lo asociaron románticamente al fuego de San Elmo (o San Telmo). Es uno de los mártires que constituye los “Catorce santos de ayuda”, un grupo de santos venerados conjuntamente en la Alemania medieval. Fue obispo de Formia (antigua Formiae) donde murió martirizado, probablemente durante la persecución de cristianos por el emperador Diocleciano. De acuerdo con el Papa San Gregorio I el Grande, sus reliquias están en la catedral de Formia. Después de que los sarracenos destruyeron Formia en el 842, el cuerpo de Erasmus fue transferido a Gaeta (Italia). Varios actos espurios han embellecido la leyenda. De acuerdo con esto, él fue obispo de Siria y resistió milagrosamente las torturas de Diocleciano en Líbano y después fue guiado por un ángel a Formia. Se le confunde con el sirio San Erasmus de Antioquia (25 de noviembre), aunque algunos proponen que es la misma persona.

San Rudolf escribió la biografía de San Elmo hacia el año 1130. En su “Vida de San Elmo”, escribe:

Una noche de gran tormenta, San Elmo se dirigió a visitar al Obispo de Auvergne, Ranco, quien se encontraba en cama por enfermedad. Los discípulos de Elmo le acompañaban en el camino, pero era tal la oscuridad, que prácticamente estaban imposibilitados de seguir adelante.

“Elmo comenzó a encender una vela, lo cual sorprendió a sus discípulos ¿Acaso pretendía San Elmo que tal vela permaneciera encendida enfrentando semejante noche torrencial?

“Pese a las dudas de sus acompañantes, la lluvia que caía a cántaros y las ráfagas de viento no pudieron apagar la vela, y San Elmo logró llegar a su destino.”

Debido a esta leyenda, San Elmo ha sido adoptado como patrono de los marinos del Mediterráneo, quienes han visto el destello que acompaña a la descarga en cepillo que aparece sobre los mástiles de los barcos durante las tormentas. Elmo es la corrupción italiana de Erasmus (a través de Ermo), otras derivaciones etimológicas incluyen Ramus, Eramus, Ermo, Elm, Elme y Telmo. Este último es en realidad el pseudónimo adoptado por Pedro González, el cual los marinos españoles y portugueses veneran como patrón. De aquí que en Portugal el fenómeno se conozca como “Luces de Pedro”. La fecha de veneración del santo es el 2 de junio. Este San Telmo es venerado en España, y especialmente en Sevilla. Nació en Astorga hacia 1190 y que murió en Tuy en 1246. Fue primero canónigo en Astorga para después ingresar en la orden dominica, donde destacó como predicador elocuente, sabiéndose que acompañó al rey Fernando III El Santo en sus conquistas. Se le representa en pinturas en donde el santo aparece en pie, revestido del hábito negro y blanco propio de los dominicos; lleva en su mano derecha una vela encendida, aludida a la luz que se considera como fuego de San Telmo, y en la izquierda una pequeña nave como símbolo de protección hacia los navegantes.

También se le ha llegado a conocer como San Nicolás y San Hermes, Corpusante o Corpus Santos.

Al fuego de San Telmo, fuego de San Elmo, feu Saint-Elme o St. Elmsfeur se le conocía con el nombre de Helena por los romanos, en el caso de que fuese una llama solitaria, y si la llama era doble, Cástor y Pólux. Creían que era el númen protector de Cástor y Pólux.

Séneca decía que eran estrellas que se posaban en los palos de los buques.

Julio César escribió en sus Comentarios de la guerra de las Galias:

“En el mes de febrero, alrededor de la segunda hora de la noche, apareció repentinamente una nube seguida de una tormenta de granizo, y en la misma noche las puntas de las lanzas de los soldados que pertenecían a la Quinta Legión, parecían estar en llamas”.

Francesco Antonio Pigafetta, quien acompañó a Magallanes en su expedición (1519-1522), relata con gran viveza, la aparición de este fenómeno en el transcurso del viaje. El cronista del viaje escribe, en su “Relazione in torno al primo viaggio di circumnavigazione, noticia del Mondo Nuevo con le figure dei Paesa scoperti”, lo siguiente:

Aparecía en más de una ocasión el cuerpo Santo, esto es, Santo Elmo, como otra luz entre las nuestras, sobre la noche oscurísima; y de tal esplendor cual antorcha ardiendo en la punta de la gabia (…) Cuando esa bendita luz determinaba irse, permanecíamos medio cuarto de hora todos ciegos, implorando misericordia y creyéndonos muertos ya”.

Cristobal Colón, en su segundo viaje reportó uno de estos avistamientos:

“(Una) flama fantasma que danzaba entre nuestros marinos y que luego se quedó quieta como una vela quemándose brillantemente sobre el mástil… Cuando aparecía no había peligro”.

Pocos años después Alvar Núñez Cabeza de Vaca sufrió tan fuerte impacto, al enfrentarse con uno de estos meteoros, que en su “Relación de los naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca”, escribió:

…más estábamos cerca de la muerte que de la vida (…) estuvimos pidiendo a Nuestro Señor misericordia y perdón de nuestros pecados”.

En una nota de Francis Bacon sobre los trabajos de Plinio, afirmaba:

“Si es uno sólo, pronostica una tormenta severa, que puede ser todavía más intensa si la bola de fuego no esta adherida al mástil, sino que rueda y danza sobre él. Si hay dos de ellas, en el momento en que la tormenta se ha incrementado, se puede tomar como un buen signo. Pero si hay tres, seguramente la tormenta será terrorífica”.

Charles Darwin escribió en una carta a J. S. Henslow que una noche cuando el Beagle estaba anclado en el estuario de Río de la Plata:

“Todo estaba en llamas, el cielo con sus relámpagos, el agua con sus partículas luminosas, y aún todos nuestros mástiles estaban coronados con una flama azul”.

La aparición del Fuego de San Elmo se consideraba como un buen presagio, ya que comúnmente aparecía cuando la tormenta estaba amainando. Por eso se interpretaba como el resultado de las plegarias de los marinos dirigidas al santo.

En su novela Moby Dick, Herman Melville hace decir a Ismael:

“Todos los palos y las vergas estaban coronados con un fuego pálido, y al tocarse, tres relámpagos con tres anillos estrechos de flamas blancas, en cada uno de los tres mástiles, se quemaban en el aire sulfuroso, como gigantescos ciros en el altar… juro que en todos mis viajes nunca había oído que el dedo flamígero de Dios hubiera caído sobre la nave…”

Además de los mástiles de los barcos se les ha visto en las chimeneas, las torres y campanarios de las iglesias, las copas de los árboles y las cumbres de las montañas. Incluso se ha reportado en los cuernos del ganado, saltando de cuerno a cuerno. En el siglo XII un grupo de soldados vio como una “estrella” caminaba sobre los cuernos de un toro que se encontraba en una colina en la que luego se fundaría la ciudad de Teruel. En el escudo de la ciudad aparece la imagen del toro y la luz, recordando su origen.

Al iniciar la era de la aviación, el Fuego de San Elmo se trasladó de la tierra y los mares hacia el cielo. Ahora aparecía en los extremos de las alas, en las hélices y las antenas de los aviones. Incluso alteraba las comunicaciones de radio (efecto electromagnético).

Usualmente es de color púrpura, azul, blanco-azulado o blanco. La “flama” no desprende calor y dura unos minutos y hasta horas, pues no se consume. Algunos creen que el relato bíblico de la zarza ardiente, que no se consumía, pudiera tener un origen en este fenómeno. Ocasionalmente se reporta un ruido eléctrico. Lo que me recuerda que Moisés creía que Dios se comunicaba con él a través de la zarza; lo mismo que los extraterrestres hacían con Shraver a través del zumbido de su máquina de soldar.

Cuando Benjamín Franklin inventó el pararrayos se dio cuenta queel fenómeno aparecía en la punta de esos aparatos:

“Lejos de la nube y silenciosamente, antes de que estalle, en la punta se puede ver una luz como el corpuzante de los marinos”.
En la novela San Elmo, escrita por Augusta Juana Evans, posteriormente a la Guerra Civil norteamericana, se narra la historia del santo. La novela fue tan popular que muchas poblaciones en los Estados Unidos fueron bautizadas con su nombre en Alabama, Tennessee, Georgia, California, Colorado, Illinois, Kentucky, Louisiana, Mississippi, Missouri, New York, Texas y Virginia. Augusta Evans era una firme antifeminista. En todas sus novelas, nunca fue más que una escritora mercenaria. Era tan superficial, moralista y pomposa que The New York Times se mofaba regularmente de ella, y una vez publicó una parodia de San Elmo, “San Twelmo”.

Estos “fuegos” han provocado también pánico y leyendas en la imaginación popular. Pueden ser vistos, a veces, sobre los mástiles y las vergas de los barcos, sobre las torres de las iglesias, inclusive sobre las copas de los árboles, en días de tormenta. Este fenómeno era muy acentuado en los veleros, que generalmente llevaban varios mástiles y mucho aparejo. La aparición de esta luminosidad en la oscuridad era de efectos sorprendentes para los supersticiosos marinos de antaño, que desconocían la causa del fenómeno.

Ciertas piezas de ropa, sobre todo las de nylon, acumulan electricidad estática en alguna cantidad; en la oscuridad produce una lluvia de chispas, por ejemplo al quitarse la ropa. A veces, estas ropas quedan rígidas o se mueven, pareciendo un “fantasma”, aún cuando estén colgadas de las perchas, por efectos de pequeñas descargas eléctricas”- según el padre Óscar González Quevedo[3].

Existe una evidente e íntima conexión entre el más inofensivo de estos fenómenos flamígeros y los Cozmozants (o cuerpos santos) de electricidad estática que juegan en torno a los extremos de los mástiles de los barcos en alta mar. Esta carga estática fue la responsable de la catástrofe del Hindenburg. Se piensa que uno de los depósitos de gas, lleno de hidrógeno, había comenzado a dejar escapar su contenido antes de llegar al punto de amarre de Lakehurst. En los cientos de metros cuadrados de la superficie del gigantesco dirigible alemán, se había formado una gran carga de electricidad estática a causa de la fricción con el aire. Una chispa, producto de esa carga, produjo la ignición del hidrógeno[4].

LA DESCARGA EN CORONA

El fuego de San Elmo es un tipo especial de descarga eléctrica, llamada Descarga en Corona, que puede ocurrir en los objetos cuando el campo eléctrico cerca de ellos se incrementa por alguna razón. La descarga es luminosa y puede estar acompañada de un sonido audible. La Corona Eléctrica es un efluvio que se produce alrededor de los conductores cilíndricos, cuando se encuentran sometidos a una gran diferencia de potencial con respecto del aire ambiente[5]. La carga atmosférica induce cargas en los mástiles y estructuras elevadas. El resultado es una luminosidad esférica notable alrededor de aquellos puntos.

Los fuegos de San Elmo son de forma ovalada, inmóvil, de tamaño entre 10 y 40 centímetros y de color blanco o azul[6].

El fenómeno ocurre en las puntas de los objetos en donde la fuerza de potencial alcanza valores de cientos de volts por centímetro. Cuando el potencial es superior a esos valores, la corriente empieza a fluir, de acuerdo con la ley de Ohm, por lo que no se podrá observar el fenómeno. En un día normal la fuerza del campo eléctrico en la atmósfera es de alrededor de 1 volt por centímetro. Al inicio de la formación de un cumulonimbus (nubes de tormenta), el campo se incrementa hasta unos 5 volts por centímetro, y justo entes de la descarga de un relámpago el valor se eleva a miles de volts por centímetro. De ahí que el Fuego de San Elmo sólo aparezca cuando el campo eléctrico es muy elevado, esto es, en la vecindad de las tormetas o tornados. Se ha reportado, por ejemplo, la presencia del fenómeno en navajas, cuchillos y otros objetos filosos durante la aparición de tornados[7].

Estos fuegos por lo regular se relacionan con la acción de los cristales de hielo, nieve o granizo. Las colisiones de los cristales de hielo en las nubes, su rompimiento e interacción con gotas de agua subenfriadas produce descargas eléctricas que causan estática en la radio y frecuentemente descargas luminosas. El movimiento de torbellinos de partículas de humo, nubes de humedad y cristales de hielo, provoca cambios en el potencial y puede afectar el campo magnético.

El efecto corona es una luminiscencia debida a la recombinación de átomos ionizados por elevados campos electrostáticos. Es susceptible de manifestarse en la proximidad de conductores de energía eléctrica de alta tensión (220,000 volts), cuando la separación de los conductores (de 3 centímetros de diámetro) es inferior a los 5 metros, y las condiciones atmosféricas le son propicias (altos índices de humedad).

La corriente eléctrica fluye de los puntos que tienen un potencial más elevado a los de menor potencial. Sin embargo, cuando el potencial eléctrico del campo es lo suficientemente elevado, los electrones de las moléculas con un mayor potencial, adquieren la energía suficiente para escapar de la molécula y pueden colisionar con otras, sin ser capturados. Cuando ocurren las colisiones entre estos electrones libres, las moléculas ionizadas y las moléculas no ionizadas del aire, se produce una luminosidad. Cuando estas colisiones están confinadas a un volumen pequeño, como lo es las puntas de los mástiles o de otros objetos, la luminosidad puede hacerse visible como un destello azul o blanco.

Cerca de las puntas que se proyectan en la atmósfera, las líneas de fuerza eléctrica se reflectan de su posición normal y tienden a concentrarse en la punta. Cerca de este punto, la fuerza del potencial de campo eléctrico es considerablemente mayor que la de sus alrededores. Esta es la razón por la cual funcionan los pararrayos. Cuando se encuentran puntos con una elevación considerable sobre terrenos planos, el campo eléctrico en la punta puede alcanzar los 200 volts por centímetro y formar un Fuego de San Elmo. También esta es la razón por la cual es sumamente peligroso cruzar un terreno plano en época de tormenta: el cuerpo se transforma en un pararrayos.

Philip J. Klass, quien ha publicado varios trabajos para tratar de explicar los avistamientos de ovnis[8], estudió la oleada de Exeter, New Hampshire y quedó impresionado por la cantidad de observaciones que informaban de objetos vistos cerca de líneas de alta tensión. Exeter está lo suficientemente cerca de la costa como para que se forme sal en los cables de alta tensión, lo que facilita los efectos de la descarga en corona, dando lugar a la aparición de bolas luminosas de gas ionizado sobre los transformadores y líneas de alta tensión[9].

ALGO DE INGENIERÍA ELÉCTRICA

La siguiente sección se la puede saltar aquel lector que no tenga conocimientos de física. Puede retomar la lectura después de la tabla de plasmas. Recomendamos que los que manejen algo de física y deseen comprender un poco más el mecanismo de formación de los fuegos de San Elmo, lean los siguientes párrafos.

Como se ha visto, si un voltaje entre un conductor en una línea de transmisión excede un valor crítico, se produce un sonido como de siseo en el lugar en donde aparece un destello alrededor del conductor (corona). El voltaje crítico depende del diámetro del conductor, la rugosidad de la superficie y su distancia a otros conductores. La corona se produce por la ionización intermitente del aire que rodea al conductor, produciendo ondas de alta frecuencia y provocando pérdidas de energía e interferencia en radios y televisores cercanos (¡He aquí el famoso efecto electromagnético!). La única forma práctica de minimizar la corona es incrementando el diámetro del conductor. Al nivel del mar, por ejemplo, es necesario un diámetro mínimo de una pulgada, para una línea de 230 KV; de 1.5 pulgadas para una de 330 KV y de 2.5 pulgadas para otra de 500 KV. Los tamaños se deben incrementar a mayores alturas[10].

Se prefiere al aluminio para líneas conductoras de voltaje extra-alto, a pesar de que su conductividad es menor que la del cobre. La mala conductividad del aluminio resulta ventajosa porque se requiere un gran diámetro (especialmente con un centro de acero) para altos voltajes.

Dijimos que para 500 KV el conductor debe ser de 2.5 pulgadas o más. Tales conductores pesan cerca de 6 kilogramos por metro, por lo que son difíciles de manufacturar, trasladar e instalar. Para subsanar estas dificultades se instalan dos o más cables (llamados subconductores) de diámetro mucho más pequeño, espaciados un pie o más, en lugar de un solo conductor. Este arreglo conocido como haz de conductores, hace decrecer la impedancia de la línea e incrementa la capacidad de carga eléctrica en un 25% o más.

En términos generales los fuegos de San Elmo son plasmas. Un plasma es una colección de cargas positivas y negativas de igual densidad que forman una distribución neutra de materia. Pueden existir en sólidos (como electrones excitados en metales), en líquidos (como sales disueltas en agua), pero es más común relacionarlos con los gases. Se cree que aproximadamente el 99% de la materia en el universo se encuentra en esta forma. Se considera como el cuarto estado de la materia. Es un medio conductor, en general compuesto de electrones e iones positivamente cargados. Las auroras, relámpagos y arcos eléctricos (de soldadura) son plasmas.

En general un plasma es una mezcla compleja de muchos tipos diferentes de partículas en movimiento térmico rápido. Las propiedades básicas del plasma son independientes de sus propiedades químicas y están determinadas en primer lugar por las leyes de conservación de energía y momentum y por la conducta de los electrones. Se usan métodos estadísticos para estudiar los plasmas. La densidad (η) y la temperatura cinética (T) son los parámetros básicos. El promedio de la energía cinética por partícula es de 1.5 veces la constante de Ludwig Boltzman por T, o sea 3/kT. La presión está definida por ηkT. En equilibrio termodinámico todas las temperaturas son la misma e (ignorando las interacciones de partículas) la suma de las presiones cinéticas es la fuerza por unidad de área en el continente. Se puede hacer una clasificación básica de plasmas en términos de densidad electrónica (ηe), temperatura electrónica (Te) y grado de ionización, o fracción de plasma ionizado.

Uno de los parámetros más importantes asociado con los plasmas es la longitud de Debye, un concepto similar al introducido en 1923 por los químicos Meter W. Debye y Walter K. F. Huckel[11] en su teoría de los electrolitos fuertes. En un plasma la longitud de Debye es la máxima distancia en la cual una gran diferencia en el número de cargas positivas y negativas puede ocurrir. Esta es una constante (h) que es igual a 69 (Tee)1/2 dada en metros. Para distancias mayores de h, existe una casi-neutralidad, pero para distancias menores, un ion positivo puede ejercer una fuerza sobre un electrón. Este fenómeno lleva a la definición cuantitativa del plasma: un gas ionizado es un plasma si la dimensión física del gas es mucho menor que h.

Cuando el plasma no está en equilibrio y, especialmente cuando tiene corrientes eléctricas (movimiento general de los electrones relativo a los iones positivos), la interacción de partículas dentro de la esfera que tiene un radio de Debye se explica mejor en términos de colisiones binarias equivalentes. Esto es, sí es posible sumar las muchas interacciones simultáneas entre las partículas dentro de tal esfera en tal forma que pueda representarse como una serie de eventos discretos solamente entre dos partículas. El número de tales eventos se llama “frecuencia de colisión”.

La frecuencia angular (Wp) de las oscilaciones del plasma es igual al promedio de la velocidad térmica del electrón por H o:

Wp = 56(ηe)1/2 (en radianes por segundo)

A temperaturas del orden de 1,000,000 °K, los átomos han sido despejados de todos sus electrones y pueden ocurrir reacciones nucleares.

Los plasmas pueden emitir Bremsstrahlung (radiación por frenado de electrones en colisiones elásticas). La potencia (energía por unidad de volumen) radiada es proporcional a la raíz cuadrada de Te.

Cuando un electrón es capturado por un ion positivo, emite un fotón (luz). Esto se llama Recombinación radiativa.

Como hemos dicho, el 99% de la materia en el Universo se encuentra en estado de plasma. Esto no es una exageración, puesto que el Universo se generó de una violenta explosión que inicialmente consistió en una “bola de fuego” de plasma de hidrógeno completamente ionizado.

En la siguiente Tabla podemos ver los diferentes tipos de plasmas que se encuentran en el Universo, junto con su densidad electrónica (ηe) y temperatura electrónica (Te).

PLASMA ηe (1/m3) Te (°K)
Sol    
Centro 1031 1.5 x 107
Fotosfera 1020 4,200
Cromosfera 1017 a 1020 5 x 105
Corona 1013 1.5 x 106
Viento solar (cercano a la Tierra) 5 x 106 4 x 105
     
Espacio Interestelar    
Regiones H II 106 104
Regiones H I 102 100 a 125
     
Espacio Intergaláctico 1 3
     
Tierra    
Magnetosfera exterior 107 a 106 104
Plasmosfera 1010 a 109 104
Ionosfera 1011 a 1012 250 a 3,000
     
Metales 1028 104

Continuará…

Portada de La tempestad en donde podemos ver a Ariel.

Varias representaciones de San Telmo. En este caso se trata del dominico Pedro González.

Busto de Diocleciano.

San Gregorio I El Grande.

Estatuas de Cástor y Polux en Roma.

Busto de Séneca.

Busto en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Julio César reportó haber observado Fuegos de San Elmo durante la guerra de las Galias.

Retrato de Magallanes en la Torre de Oro, Sevilla. El marino fue otro de los testigos del fenómeno eléctrico, durante su viaje de circunnavegación al mundo.

Museo de la Marina de Lisboa. Cristóbal Colón.

Alvar Núñez Cabeza de Vaca y un busto del marino.

Science Museum de Londres. Roger Bacon.

Dos dibujos de Plinio.

Charles Robert Darwin, en una fotografía de 1860. El naturalista inglés vio el fenómeno durante su famoso viaje en el Beagle

J. S. Henslow, corresponsal de Darwin.

Retrato de Herman Melville por A. W. Twitchell, 1847. En su famosa novela, Moby Dick, relata un episodio de corpo santo.

Otro retrato de Melville.

Probablemente en el origen de la ciudad de Teruel se encuentre un fenómeno del tipo de Fuego de San Telmo. Su escudo puede ser prueba de ello.

Dos dibujos del famoso experimento de Benjamín Franklin que daría lugar a la invención del pararrayos y a la posterior comprensión del Fuego de San Elmo como un fenómeno electromagnético.

El padre y parapsicólogo Óscar González Quevedo.

Explosión del Hindemburg provocada por la electricidad estática.

Philip Klass inició su carrera de escéptico profesional explicando los avistamientos de New Hampshire como producto del efecto corona sobre las líneas de alta tensión.

El famoso físico alemán Ludwig Boltzman.

Fotos de Fuegos de San Elmo en el laboratorio.


[1] Este artículo se publicó como Ruiz Noguez Luis, Fuegos de San Elmo, Cuadernos de Ufología, No. 9-10, 2da Época, Santander, sept.-dic. 1990, págs. 153-157.[2] Shakespeare William, Obras completas, La Tempestad. Planeta Agostini, 1990.[3] Quevedo González Óscar, ¿Qué es la parapsicología?, Colección Esquemas No. 98, Editorial Columbia, Séptima edición, Buenos Aires, 1973, páginas 50-51.

[4] Harrison Michel, Fuego en el cielo, Ediciones Martínez Roca, Colección Fontana Fantástica, Barcelona, 1980, páginas 49-50.

[5] Loeb B. Leonard, Electrical coronas. Their basic physical mechanisms, University of California Press, 1965.

[6] Robiou Lamarche Sebastián, Posibles ambigüedades sobre OVNIs, Stendek, Año IV, No. 13, junio 1973, páginas 18-21.

[7] Coffman A. John & Browne R. William, Corona chemistry, Scientific American, june, 1965.

[8] Klass J. Philip, Plasma theory may explain many UFOs, Aviation Week and Space Technology, Vol. 75, No. 23, 22 august de 1961, p. 52.

Klass J. Philip, Many UFOs are identified as plasmas, Aviation Week and Space Technology, Vol. 75, No. 23, 22 august 1961, p. 52.

Klass J. Philip, UFOs: Identified, Random House, New York, 1968.

Klass J. Philip, UFOs: Explained, Random House, New York, 1974.

Klass J. Philip, “letter”, Astronautics and aeronautics, October 1975, p. 4.

Klass J. Philip, UFOs. The public deceived, Prometheus Books, New York, 1983.

[9] Hourcade W. Milton, Fenómeno OVNI desafío a la Ciencia, Ediciones de la Plata, Colección Periodismo y Testimonio, Montevideo, 1978.

[10] Barthold L. O. & Pfeiffer H. G., High voltage transmissions, Scientific American, may, 1964.

[11] Debye W. Peter & Hückel K. F. Walter, Physikalische Zeitschrift, No. 24, 1923, p. 185 y 305.