Archivo de la categoría: Forteanismo

Los niños salvajes (30)

OTROS “NIÑOS-ANIMALES”

Bernard Heuvelmans ha prestado especial atención a los relatos que hablan de niños criados por avestruces, leones, gacelas y osos. En Sri Lanka varios cazadores observaron a una adolescente entre una manada de búfalos.

Sudam Pradhana de la aldea de Bargania en Orissa, India, nunca fue a la escuela local y disfrutaba cuidar las vacas y trabajar en los campos. En abril de 1990, cuando tenía 13 años, se metió a la selva de Labingi en el distrito de Angul, a 30 kilómetros de su aldea, con su primo Abhay, más viejo que él, buscando un gran palo para hacer un arado. Abhay dijo a Sudam que descansara cerca de una choza mientras él iba en busca de agua. Cuando volvió, Sudam se había ido. Durante varios días, los padres y vecinos de Sudam lo buscaron sin éxito. Su padre Gautam Pradhan nunca divulgó su desaparición y, al igual que su mujer Shaibala, mantuvo la esperanza de que regresara tarde o temprano – y lo hizo.

El 4 de mayo de 2001, Gayachand Muduli y el Deb Muduli de la aldea vecina de Gadtaras, recogiendo leña en el bosque, encontraron una criatura salvaje con las uñas y el pelo largos. Estaba comiendo mangos debajo de un árbol. “Vestía pantalones rotos y llevaba una bolsa de plástico vacía. Había pulpa de mango por todas partes de su barbilla”, dijo Gayachand. “No hizo ningún intento de escapar al vernos”.

Lo llevaron de nuevo a Garatarasa donde lo identificaron como Sudam debido a las cicatrices en su cráneo y pies. “Él ahora se comporta como un animal y cubre su cuerpo con hojas”, dijo el aldeano. Responde a las preguntas con la mirada fija en blanco y lucha por pronunciar una palabra o dos en Oriya. Tiene grandes marcas blancas en su piel, como si hubiera combatido con la fauna salvaje. “Mi hijo ha vuelto a casa después de 11 años debido a la bendición de dios”, dijo su padre Gautam Pradhan.

Ganesh Pradhan, el jefe de la policía en Bantala, sugirió que Sudam pudo haber pasado los últimos 11 años en compañía de la tribu nómada de Mallar recolectores de miel que viven en lo profundo de la selva. “También es posible que fuera a través del bosque con los aldeanos del distrito de Cuttack o de Phulbani al otro lado”, dijo. “Después de haber vagado durante mucho tiempo pudo haber encontrado su camino dentro del bosque”.

En octubre de 2001, un niño de 16 meses de edad se perdió en Irán y fue encontrado en la guarida de osos tres días más tarde, sano y salvo. Se pensó que el bebé había sido amamantado por una madre osa.

En el 2006 encontraron un muchacho en Uzbekistán después de vivir ocho años como animal. Fue encontrado en la región montañosa de Uzbekistán ocho años después de que fue reportado como desaparecido en 1998, dijeron los fiscales locales.

“El muchacho actúa como un animal salvaje. Le teme a todo, no puede hablar y solamente gruñe”, dijeron los fiscales, agregando que fue encontrado por trabajadores constructores de caminos.

Los expertos identificaron al muchacho después de estudiar las fotografías que databan de 1998. Sus padres reconocieron al muchacho, señalándolo entre de varios otros adolescentes en una fila.

Los fiscales dijeron que devolverían al muchacho a su familia después de un curso de la rehabilitación.

“Le están enseñando a hablar y a vivir entre la gente. Los expertos también están intentando descubrir dónde estuvo y cómo sobrevivió todos estos años”, dijeron los fiscales.

No está claro en donde habría podido vivir el muchacho en el bosque denso del Asia Central en una región densamente poblada de Samarcanda.

Continuará…

Los niños salvajes (29)

LOS NIÑOS PERRO

Ivan Mishukov vivió con una manada de perros salvajes en Retova, al oeste de Moscú, después de escapar del hogar a la edad de cuatro años en 1996. La madre se había unido a un alcohólico que lo golpeaba.

Ivan pedía limosna en las calles y se hizo amigo de los perros a los que les daba los desechos de sus alimentos. Los perros protegían al muchacho de otros mendigos y lo mantenían caliente en invierno, en donde las temperaturas solían bajar hasta -30ºC. En 1998 la policía intentó atraparlo, pero los perros lo impidieron. Después de tres intentos, finalmente lo atraparon después de poner un narcótico en las sobras de comida que les dio un restaurante.

Pasó un corto periodo de tiempo en un orfanato de Reutov. Actualmente Ivan tiene 15 y va a la escuela.

En 1999 en Mirny, Ucrania, fue encontrado Edik, un niño de 4 años de edad que había permanecido 2 años confinado. Su madre era alcohólica. Edik tenía una hermana que fue recogida por los vecinos, pero el niño fue abandonado en un departamento donde tuvo que convivir con perros.

Los servicios de seguridad social se hicieron cargo. Cuando cumplió 6 años había alcanzado el nivel de un niño de 3. Como muchos otros niños salvajes, a Edik no le gustaba vestirse y comía en el suelo, como los perros.

Algo similar le ocurrió al niño chileno Axel Rivas.

El 16 de junio del 2001 fue rescatado del mar mientras intentaba escaparse de la policía. No era la primera vez que se escapaba. Su madre lo tuvo a la edad de 16 años. Sus padres lo maltrataban y terminaron por abandonarlo a la edad de cinco años. Fue internado en un centro de atención a menores en Chillancito, cerca de Concepción, en donde permaneció hasta los ocho años. Pero en el orfanato tampoco era bien tratado. En 1998 Alex escapó y vivió con una jauría de 15 perros callejeros en una cueva en las cercanías del puerto de Talcahuano, Chile.

La gente local lo conocía como “el niño perro” y gruñía a cualquier ser humano que intentaba acercarse. Lo describieron como extremadamente violento, subalimentado, hiperactivo e inarticulado. Se había roto los dientes delanteros y tenía una mejilla marcada con una cicatriz.

Se alimentaba de lo que encontraba en los botes de basura y de la leche de una perra que había dado a luz recientemente. Aquella tarde del 16 de junio la policía fue a atraparlo, y él intentó escapar tirándose al mar. Estaba asqueroso. Con los dientes podridos por su alimentación y por las drogas

Mientras lo llevaban al centro de menores, les dijo a sus captores “Déjenme ir, los perros son mi familia, por favor, déjenme volver con ellos”.

Fue llevado al Servicio Nacional de Menores (SENAME), dirigido por Delia Delgatto Reyes. “Muestra signos de depresión, es agresivo y no habla mucho, aunque sabe hablar”, dijo Delgatto.

Constantemente se escapaba del orfanato, sólo para ser atrapado de nueva cuenta. La última vez que se supo que se había escapado fue el 14 de noviembre del 2001. Al día de hoy desconozco su paradero

A principios de febrero del 2002 atraparon otro niño salvaje que vivía en la región de Brasov de Transylvania, Rumania. Se llamaba Traian Caldarar, tenía siete años, y había huido del violento novio de su madre.

Fue descubierto por el pastor Manolescu Ioan, una noche que se le descompuso su coche y no tuvo más remedio que caminar a casa a través de sus terrenos en la sombra de las montañas de Fagaras. A las 6 am vio un niño desnudo, salvaje que vivía en una caja de cartón cubierta con una hoja de plástico. Estaba comiendo los restos de un perro muerto. Manolescu reportó su hallazgo a la policía, que más adelante capturó al muchacho.

Se creyó que había vivido solo en el bosque por años, pero los doctores pensaron que debía haber tenido cierta protección; quizás se había unido a algunos de los muchos perros salvajes en la región. Tenía el tamaño de un niño normal de tres-cuatro años, pero sus dientes de leche delanteros faltantes apuntaban a una edad de siete. Tenía raquitismo, anemia, el vientre dilatado, estaba medio hambriento, y tenía congelados sus pies y piernas. Su cara y cabeza estaban marcadas con cicatrices.

Comió lo que le dieron, pero no reconoció la fruta. No estaba entrenado para ir al baño. El personal del hospital en Fargas lo llamó Mowgli, por el personaje del libro de la selva de Kipling.

El doctor Mircea Florea dijo: “Fue encontrado en una posición animal y sus movimientos eran como los de los animales. Los hechos demuestran que no creció en un medio ambiente social. Se agita mucho cuando no tiene comida. Siempre está buscando algo para comer todo el tiempo. Se duerme después de comer”.

La enfermera principal de la sala de niños dijo: “Él sólo conoce dos palabras – ‘mamá’ y ‘comida’ – y es muy feliz en su dormitorio en el hospital mientras haya alimento allí. Tiene el pelo oscuro y ojos oscuros y una vez que se le lavó y cortó el pelo parecía realmente presentable, pero tiende a caminar como un chimpancé más bien que verticalmente e intenta dormir debajo de su cama y no en ella. Pero si tiene un poco de alimento en su mano él es más agradable”.

Alrededor de una semana después de su captura, fue identificado como Traian Caldarar, perdido tres años atrás a la edad de cuatro. Después de ser reeducado en un orfanato en Brasov, en abril de ese año se le reunió con su madre Lina Caldarar, de 23 años, en la lejana aldea de Vistea de Jos, a menos de once kilómetros de donde lo encontraron en febrero. “Amaba a mi hijo, pero tenía un marido violento que me pegaba”, dijo.

Traian Ciurar, de 24 años, el padre del muchacho, se casó con la señorita Caldarar bajo la ley gitana. Cuando ella huyó de nuevo con su familia para escapar de la crueldad de su marido, él evitó que ella se llevara a su hijo. Ella cree que el niño huyó por la misma razón. “Estaba loca pero no había nada que pudiera hacer”, dijo ella. “Esperaba que quizás otra familia lo hubiera adoptado”.

Traian parece estar en rehabilitación, pero todavía no está entrenado para estar en casa. “Alguien necesita vigilarlo porque es fácil que se lastime”, dijo su madre. “Él todavía no puede identificar los peligros en la calle. Como un perrito inexperto, cruza la calle, sin importar si vienen coches.

Prateep Chumnoon fue alejado de su abuela en el 2003. La señora, de 60 años de edad, lo dejaba al cuidado de un perro mientras iba a trabajar. Los vecinos avisaron a las autoridades cuando el niño comenzó a ladrar.

La abuela, Prateep y el perro vivían en un cuarto en la provincia de Nakhon Si Thammarat, al Sur de Tailandia. El niño sólo tenía un año cuando fue ingresado en un orfanato.

El 6 de abril del 2004, cuando apenas tenía dos años, fue encontrado muerto dentro de un contenedor plástico de la lavandería. Se desconocen las causas de su muerte.

Un caso similar ocurrió en Baspalovskaya, un pueblo alejado y perdido de Siberia, en la región de Altai, donde viven tan pocos habitantes, que ninguno de los escasos vecinos notó que la casa más remota había sido abandonada. Ahí vivían Andrei Tolstyk con su madre y su padre inválido y alcohólico. También tenían un viejo perro guardián.

Andrei nació con problemas del habla y auditivos, y según las autoridades esa fue la razón por la que sus padres lo abandonaron a los tres meses de nacer. Primero se fue su madre y al poco tiempo el padre también abandonó la casa. Ignorado por todos, sólo quedó allí el bebé y el viejo perro guardián, que se las fue ingeniando para ayudar al cachorro humano a crecer y alimentarse. Andrei forjó, según se informa, un enlace cercano con el único ser vivo, el perro protector de la familia, que le ayudó de alguna manera a sobrevivir y a criarse.

Pasaron siete años para que las autoridades se dieran cuenta que el hijo de los Tolstyk no asistía a la escuela local. Se envía unos asistentes sociales los cuales descubren en abril del 2004 que la casa está vacía y sólo la habitaba el niño y el perro: “Corría a gatas y gruñía. Al principio pensaron que jugaba pero la casa está a millas de cualquier lugar y es poco más que una ruina, y él estaba realmente sucio y desnudo, así que se dieron cuenta que algo estaba mal. Cuando se acercaron les gruñó e intentó morderlos cuando iquisieron alejarlo del viejo perro”.

Los investigadores dedujeron que Andrei tuvo una única posibilidad para subsistir: el perro guardián de la casa se las arregló para darle alimentos. Cuando lo encontraron se comportaba como un perro: caminaba en cuatro patas, olisqueaba los alimentos no sabía hablar, era hosco con la gente y comportamiento salvaje en general.

Fue llevado a un orfanato en una ciudad próxima. El personal del orfanato declaró a la agencia de noticias rusa RIA-Novosti que al comienzo tenía miedo de la gente, se comportaba con agresividad y erráticamente. Finalmente pudieron comunicarse mediante gestos y usando el lenguaje básico de signos. Dos semanas después de su llegada comenzó a caminar en dos piernas y a dominar el arte de comer con una cuchara, de hacer su propia cama y de jugar con una pelota.

Los demás niños, asustados, lo miraban recelosos y lo apodaron el “niño salvaje”. Pero las autoridades lo animaron a relacionarse con otros niños. Andrei logró algo espectacular, aunque paulatino: trabó amistad con una pequeña niña del orfanato comunicándose a señas.

Actualmente los doctores, los pediatras y los psicólogos están intentando resolver si se le puede enseñar comportamiento humano normal. Si la respuesta es sí lo transferirán a otro hogar de niños; si es no, le enviarán a un colegio especializado de internos. Paralelamente lo someterán a investigaciones para determinar cómo se desarrollan aspectos del conocimiento humano, como el lenguaje.

La policía buscó a sus padres para enfrentarlos a cargos de negligencia. Hasta el momento no han aparecido.

En Kenia los bebés no deseados – debido a relaciones fallidas o pobreza extrema – son abandonados en medio de la selva. Así le ocurrió a Ángel un bebé que fue abandonado por su madre a las dos semanas de vida.

El 6 de mayo del 2005 dos niños que jugaban en una zona cercana a su casa, a las afueras de Nairobi, escucharon el llanto de un bebé. Fueron con su madre y luego salieron a buscar al bebé.

Mary Adhiambo dijo a The Daily Nation que dos de sus hijos le contaron que podían oír a un bebé llorando pero no podían encontrarlo. “Los seguí y buscamos alrededor de nuestra propiedad y en un terreno próximo”.

“Vi mi perra, Mkombozi, que he tenido por cinco años, descansando y cuidando a sus perritos recién nacidos. Al lado estaba el bebé que descansaba en un paño negro rasgado, dentro de una bolsa de plástico. Tomé al bebé en mis brazos y lo llevé a la casa”.

Entonces la dueña de la perra le dio un poco de leche y lo limpió antes de avisar a sus vecinos. Uno de ellos llevó al bebé a una comisaría de policía próxima y de ahí al Hospital Nacional Kenyatta.

Los doctores encontraron gusanos en su cordón umbilical, pero una portavoz del hospital dijo que el bebé respondía bien al tratamiento en vista de que le habían dejado afuera en el frío. Se conjeturó que habían dejado al bebé, en un bosque próximo, dos días antes de ser descubierto. De ahí lo trajo la perra cargando la bolsa de plástico por el camino principal de Ngong.

El personal del hospital le puso el nombre de Ángel y dijo a la prensa que los miembros del público habían comenzado a donar ropas y leche de bebé.

El caso recibió una enorme cobertura de los medios. Aunque algunos expresaron escepticismo sobre el informe. Pero parece que esto es mucho más que una leyenda. Tal vez el instinto materno hizo que la perra recogiera otro cachorro que estaba llorando en medio del campo Y es que a veces entre los animales un niño encuentra el cariño que ni en su casa puede encontrar.

El último caso documentado en Rusia es el de Ramzia Tukmatullina, “la niña perro de Rusia”.

De nueva cuenta la historia se repite. La madre de Ramzia era alcohólica y la abandonó en la calle. Pronto una manada de perros se hizo cargo. Los vecinos, en lugar de tomar al niño, simplemente la llamaron Naida, un nombre común para los perros en Rusia.

La niña creció con los perros durante 6 años. Finalmente el 14 de julio del 2005, cuando Ramzia tenía 14 años, las autoridades se hicieron cargo.

Los primeros tres años de su vida, Ahmed Yassine los pasó con su tía materna Khadija, pero como esta mujer no se ocupaba de ella, la niña fue dejada a cargo de Zahra G., que resultó todavía peor. Los siguientes tres años la confinó en un cuarto con cuatro perros y treinta gatos.

Ahmed, una niña de Marruecos, sólo sabía decir “kelb” (perro), cuando la rescataron el 4 de junio del 2006. Estaba a punto de morir debido a la inanición.

Hay otros casos de niños criados por perros en las Filipinas (1982), Alemania (1988), Oklahoma (1989), Inglaterra (1992), Hungría (1994), Rumania (1994), e Italia (1994).

Continuará…

Los niños salvajes (28)

LA MANZANA

Otro caso de abuso infantil, esta vez generado por el fanatismo y las normas religiosas, es el de las niñas gemelas Zahra y Massoumeh Naderi. Su padre, un anciano de 65 años sin empleo, llamado Ghorban Ali Naderi aplicó la ley musulmana de una forma cruel y estúpida. Mantuvo a estas niñas iraníes alejadas de todo contacto con cualquier otro ser humano. Incluso él mismo, la madre y otros familiares no tenían acceso a las niñas, mucho menos los vecinos.

Ghorban era un hombre estricto y religioso que estaba preocupado por su honor y no deseaba que sus hijas estuvieran expuestas a las pecaminosas influencias del mundo exterior mientras él estaba fuera de la casa. Su esposa, una mujer ciega, estaba de acuerdo y entre ambos decidieron mantener encerradas a las niñas en un cuarto de tres por cuatro metros. Las niñas crecieron tras las rejas y paredes de una casa pobre de Teherán, sin bañarse sin aprender a caminar correctamente y emitiendo solamente gruñidos inarticulados.

Durante años nadie se dio cuenta de esta atrocidad. Pero luego, en 1997 cuando las niñas tenían unos 10 años de edad, unos vecinos dieron parte a las autoridades, a la Dirección de Asuntos Sociales, la dramática situación en la que se encontraban las dos hermanas gemelas, encerradas por su padre desde su nacimiento, y las niñas, al fin, pudieron ser rescatadas. Eran una piltrafa. Apestaban, no podían caminar y emitían gruñidos y otros ruidos sólo comprensibles entre ellas.

La trabajadora social examinó la situación y se enfrentó a los padres que aseguraban protegerlas así del mundo exterior: esa fue la opción que tomaron para mantenerlas seguras del mundo, alejadas del ojo masculino. La asistente social advirtió a los padres que tomaría a las muchachas bajo su cuidado si sus circunstancias no mejoraban. Se permitió que el matrimonio conservara la custodia a condición de que quitaran las rejas y candados de su puerta delantera.

Cuando la trabajadora social volvió, las encontró de nuevo inmovilizadas por su padre. Ghorban se quejó, lloró e insistió inútilmente en que no había hecho otra cosa que cumplir con el mandato de lo que le enseñó la tradición. Para apoyar sus palabras sacó un vetusto libro de Consejos para los Padres que inspiró literalmente su política hogareña. En el libro se podía leer: “La mujer es una flor que se marchita al sol y la mirada de los hombres es ese sol”.

Eventualmente ocurrió una inversión de papeles: mientras que las niñas consiguieron salir a la calle e interaccionar con otros niños, Ghorban fue forzado a permanecer en casa tras las rejas de la puerta.

La noticia apareció en todos los diarios y la televisión de Irán. Después de conocer sobre esta tragedia, la hija del director de cine iraní Mohsen Makhmalbaf, Samira Makhmalbaf, una joven de 17 años, se comenzó a interesar en el destino y futuro de las gemelas.

Samira Makhmalbaf entró en contacto con la familia y consiguió que actuaran en una especie de documental basado en sus vidas: La Manzana. Aunque escrita por su padre y con el trabajo de la madre (Marziyeh Meshkini) como asistente de director, La manzana es una pequeña obra de arte ganadora de varios premios: Premio del público del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, así como también el de la OCIC, que nuclea a los críticos internacionales; el trofeo Sutherland para la mejor opera prima en el festival de películas de Londres; y obtuvo buenas críticas en el festival de películas de Nueva York y en Cannes 98.

La manzana relata el encuentro de las dos gemelas con el mundo exterior. El momento en que quedan libres, atraviesan el umbral, y se enfrentan a un nuevo mundo totalmente desconocido para ellas en donde todo las sorprende. Juntas, descubren lo que hay más allá de la puerta de su casa y se relacionan con otros niños.

También se le da voz al padre, quien insiste en decir que obedece a los preceptos tradicionales. No entiende porqué se le ha presentado como un monstruo. Se siente desconcertado y herido.

Esporádicamente aparece la silueta de la madre cuyo rostro jamás podrá verse, cubierto perpetuamente con el chador, maldice a la trabajadora social ante la impotencia de su ceguera.

Samira abordó la historia de las niñas en el intervalo que va desde su retorno al hogar (luego de un breve período de atención médica) y la disolución del sistema de encierro en que consistía la totalidad de su mundo.

Se asiste a la humanización de las hermanas con un regocijo que no puede dejar de trasladarse al espectador. En una entrevista Mohsen Makhmalbaf declaró: “Como ves en la película, estas dos muchachas al principio de la película parecen animales. Sólo hacen sonidos igual que los animales. Filmamos esto en 11 días, y durante estos 11 días, cambiaron más que durante esos 11 años, sólo debido a tener contacto con nosotros”.

La “actuación” de las dos niñas es simplemente mágica. Su pureza e inocencia se ve en su comportamiento natural y genuinamente encantador vistos tan raramente en las películas. Zahra y Massoumeh ejecutan ante cámara la ínfima articulación de las escasas palabras que han aprendido. Aun cuando son liberadas, las muchachas no pueden inicialmente funcionar en un mundo del que no tienen ningún concepto y regresan al único lugar que les es familiar: su patio trasero. Pero poco a poco se van integrando. El encuentro con otros chicos o un animal, el simple hecho de cruzar la calle, de alejarse de la cuadra de casa o ir a comprar a algún negocio asume las formas del asombro propias de la infancia. Su sentido de descubrimiento en las calles diarias de Teherán se colorea con un temor encantador por los placeres simples. El sabor del helado, el encuentro con una cabra, las interacciones con los vendedores y los potenciales amigos dan lugar a situaciones cómicas y profundamente humanas.

Ficha técnica

Título original: Sib

Dirección: Samira Makhmalbaf

Guión: Mohsen Makhmalbaf y Samira Makhmalbaf

Fotografía: Mohamad Ahmadi y Ebrahim Ghafori

Música: Philippe Sarde

Producción ejecutiva: Iraj Sarbaz

Montaje: Mohsen Makhmalbaf

Intérpretes: Massoumeh Naderi (Massoumeh), Zahra Naderi (Zahra), Ghorban Ali Naderi (el padre), Azizeh Mohamadi (la madre), Zahra Saghrisaz (la asistente social).

Año 1998

Nacionalidad Irán

Estreno 26-11-98

Género Drama

Duración 85 m

Continuará…

Los niños salvajes (27)

OXANA MALAYA

Oxana Malaya nació en 1983 en una granja de la aldea de Novaya Blagoveschenka, en Ucrania. Sus padres eran alcohólicos que constantemente discutían y gritaban. Su madre la golpeaba y ella se orinaba por el terror. Una noche, cuando Oxana tenía tres años, sus padres completamente borrachos la dejaron en el exterior. “Se olvidaron totalmente de mí”, cuenta a los 23 años. Ella se arrastró a un cobertizo en donde guardaban perros.

Pasó el tiempo y nadie se preocupó en buscarla. Es más, parecía que no habían notado su desaparición. Oxana permaneció donde había calor y alimento. Los perros la adoptaron como una más de la jauría y compartían con ella los restos de comida y la carne cruda.

Poco a poco fue perdiendo su humanidad. Olvidó el lenguaje, adoptó la forma de caminar de los perros y aprendió a sobrevivir entre los animales. Al parecer se acercaba a las casas con sus amigos perros para conseguir alimento, pero los humanos ya no eran más de su especie.

Cinco años después un vecino reportó un niño que vivía con los perros callejeros. Cuando la encontraron, en la edad de ocho años, en 1991, Oxana apenas podía hablar y se comportaba exactamente como un perro. Su caso es idéntico a los anteriores: jadeaba, olía la comida antes de comerla, andaba a cuatro patas, enseñaba los dientes al sentirse cercada, ladraba y gruñía. Bebía el agua directamente de las charcas con la lengua. Cuando se mojaba sacudía la cabeza y el cuello para librarse de las gotitas, exactamente como lo hacen los perros. En el 2001 el Discovery Channel emitió un documental sobre Oxana. “La niña perro” vivía en una clínica para discapacitados mentales. Aunque en la clínica la enseñaron a caminar verticalmente, a comer con las manos y a comunicarse como un humano, seguía mostrando su extraño comportamiento canino. Estas características hicieron que tuviera su primera desilusión sentimental. Cuando ella le contó a su novio lo que había ocurrido en su vida y le mostró que todavía era capaz de gimotear, ladrar y correr a cuatro patas, el chico se asustó y nunca más volvió con ella.

Oxana pudo aprender a hablar otra vez porque ella ya tenía cierto discurso infantil antes de que la abandonaran. Los expertos están de acuerdo en que a menos que un niño aprenda hablar a la edad de cinco años, el cerebro pierde su ventana de oportunidad de adquirir un lenguaje, una característica que define a los seres humanos.

Cinco años después del programa de Discovery Channel, la televisora británica Channel Four contrató a la psicóloga británica y experta en niños salvajes, Lyn Fry, para dirigir otro documental sobre Oxana. Deseaban ver si se había integrado a la vida de la comunidad. El documental, Feral Children, de 48 minutos, se centra en Oxana pero presenta otros casos de niños ferales y ahonda sobre la función del lenguaje humano en la construcción de la identidad.

“Esperaba alguien mucho menos humano”, dijo la psicóloga Fry. “Había oído historias de que no era muy cooperativa, que era inepta socialmente, pero ella hizo todo lo que le pedí.


“Su lenguaje es raro. Habla de corrido y llanamente como si fuera una orden. No hay cadencia o ritmo o música en su discurso, ni ninguna inflexión o tono. Pero ella tiene sentido del humor. Le gusta ser el centro de atención, hacer que la gente se ría. Muestra una habilidad que sorprende cuando consideras su pasado.

“Ella me impresionó mucho. Cuando le regalé algunos animales de madera de juguete que habíamos utilizado en pruebas, ella me lo agradeció. Superficialmente, nunca sabrías que ella fue una mujer criada por los perros.

“Como un perro con un hueso, su primer instinto es ocultar cualquier cosa que le dan”.

La cosa más rara es cuán poca atención pone a su mascota. “A veces, lo empuja lejos”, dice la señora Fry. “Esta mucho más orientada a la gente”. Pero es feliz mirando las vacas en la granja insalubre de la clínica de Baraboy, fuera de Odessa. “Era sucio, terriblemente reducido y primitivo” dice Fry, “pero en términos ucranianos, muy deseable”.

Sus cuidadores son buena gente con los mejores intereses, aunque no hay terapia como tal. Oxana está haciendo cosas en las que ella es buena.

Después de una serie de pruebas cognoscitivas, Fry concluyó que Oxana tiene la capacidad mental de un niño de seis años. Puede contar pero no sumar. No puede leer o deletrear su nombre correctamente. Tiene dificultades de aprendizaje, pero no es autista. Ella está orgullosa de su enorme reloj con sus numerosos tonos – pero no puede decir la hora.

Tiene solamente 1.52 metros de altura pero cuando juega con sus amigos, hay un aire palpable de amenaza y de fuerza bruta.

La escena inicial del documental muestra a Oxana a cuatro patas y ladrando. Lisa Plasco, productora ejecutiva, dijo: “La han educado lejos de todos esos aspectos de su pasado. Pero en privado, pienso que ella puede (ladrar). El nivel de sonido se puede haber realzado en la película, pero ella hizo ciertamente esos ruidos”.

En la película, Oxana se ve sin coordinación. Cuando camina, se nota su extraño paso tambaleante, el movimiento de los hombros, el intermitente escudriñar y los dientes deformes. Ella dice que todavía va al bosque cuando está trastornada. Uno se puede preguntar qué voz utiliza cuando va allí: animal o humana.

En el documental, al igual que sus amigos presentes, pero desde la distancia, presenciamos la reunión de Oxana con su padre y su hermana (de la madre no se sabe nada). Plasco informa: “Sabíamos que ella deseaba mucho reunirse con él y eso nos facilitó la escena pero no la orquestamos”.

Fry estaba ansiosa por la manera que la reunión fue conducida: “Pienso que era una buena idea para ellos reunirse pero una manera muy aventurada. Sentía que cualquier cosa podría suceder. Habría podido separarlos permanentemente. Era muy tenso. Allí necesitaba alguien a su lado, tomando su mano”.

Oxana estaba parada frente a su padre y hermanastra, Nina, con la que ella nunca se había reunido. Caminó lentamente hacia ella, sin hablar. Oxana rompe el silencio. “Hola”, dice ella. “He venido”, contesta su padre. “Te agradezco que hayas venido. Quisiera que me vieras ordeñar las vacas”. Nina comienza a sollozar y Oxana la abraza.

Oxana tiene una noción romántica de volver a vivir con su pobre padre, pero es dudoso que eso suceda. Es poco probable que Oxana deje la institución ya que carece de las habilidades para sobrevivir. Según Fry: “Ella no tiene las habilidades sociales o personales. Ella ha tenido novios pero no tiene la capacidad de formar relaciones a largo plazo o de entender el dar y tomar. Es una persona muy vulnerable y esa institución no le ha enseñado a protegerse del exterior”.

Continuará…

Los niños salvajes (26)

JOHN DE LOS MONOS

En una fecha no determinada de 1991, una joven mujer llamada Milly Sebba, al estar juntando leña en la selva, vio un niño pequeño, desnudo, de unos cinco o seis años, en medio de una banda de monos africanos. La mujer dio aviso a los aldeanos y pronto se organizaron para dar alcance al grupo de monos y atrapar al muchacho.

Lograron arrinconarlo en la cima de un árbol. Se dice que los monos presentaron una lucha feroz, protegiendo a uno de sus miembros. El niño, aterrorizado, les lanzó palos. Finalmente lograron atraparlo y lo llevaron a la aldea. Estaba en tales condiciones que, si no lo hubieran atrapado, seguramente hubiera muerto a los pocos días. En la aldea le dieron de comer una sopa caliente que le hizo daño: estuvo enfermo durante tres días. Debido a la diarrea expulsó una solitaria de unos 122 centímetros de largo.

Uno de los aldeanos lo identificó como John Ssebunya, que había desaparecido y al que se le creía muerto, después de que su padre asesinara a su madre en 1988, cuando él tendría unos tres o cuatro años. El padre tenía antecedentes violentos y era alcohólico. Muchos pensaron que el niño había huido de su violento padre, pensando que sería la siguiente víctima. Pero otros supusieron que el padre lo había abandonado en la selva porque lo creyó muerto.

John dice recordar vagamente que un grupo de monos se le acercó con curiosidad. Eran tímidos y precavidos. Poco a poco se fueron acostumbrando al niño y le ofrecieron comida: raíces, frutas, bayas, nueces, papas dulces y kasava. A las dos semanas parecía que lo habían aceptado como miembro periférico de su grupo. John viajaba con ellos en busca de alimento. En su lenguaje entrecortado recuerda: “Subía a un árbol. No dormía muy bien. Cabeza abajo y cola en el aire”.

No está claro qué tipo de monos adoptaron a John. Se habla de monos grises, monos verdes, monos de Vervet (Cercopithecus æthiops); otros dicen que eran monos blancos y negros de Colobus (Colobus guereza). Sólo se sabe que eran cinco monos, dos de ellos más jóvenes.

Pero otros, como el productor y director de la BBC, James Cutler (The Boy who Lived with Monkeys), son más escépticos. Según Cutler los monos suelen robar más comida que la que pueden comer. Son desordenados al comer y dejan caer mucho alimento desde los árboles. John pudo haber tomado este alimento que caía al suelo. Pero a favor de la historia de John está el hecho de que los monos de Brevet son de las pocas especies de mamíferos que viven en grupos sociales y que llegan a aceptar y tolerar individuos de otras especies.

La primatóloga, doctora Debbie Cox, del Uganda Wildlife and Education Centre de Entebbe, tuvo oportunidad de estudiar la interrelación de John con un grupo de Cercopithicus aethiops y declaró que en su experiencia John era capaz de comunicarse con los monos de una manera que ella nunca había visto. Ella estima que para aprender el complejo lenguaje corporal y de sonidos de los monos, John debió haber pasado, como dice, algunos años conviviendo con ellos.

Para ese entonces el padre de John ya había regresado a la aldea. Pertenecía a uno de los bandos en conflicto en la guerra civil que había cobrado muchas vidas en Uganda. El hombre no quiso hacerse cargo del muchacho salvaje. Algunas semanas más tarde lo encontraron muerto, una víctima más de la guerra civil.

John fue enviado al Orfanato Cristiano de Kamuzinda, en Masaka, a 160 kilómetros de Kampala, capital de Uganda. Fue estudiado por expertos, que se convencieron de que era un niño salvaje genuino. El niño tenía muchas heridas, cicatrices, y mucho pelo. Sus rodillas eran casi blancas de caminar sobre ellas. Sus uñas eran muy largas y retorcidas. Cuando dejó el grupo de monos evitaba el contacto visual y se acercaba de lado con las palmas abiertas, a la manera simia clásica. Tenía un extraño paso ladeado y echaba los labios hacia atrás cuando sonería. Saludaba a la gente con un poderoso abrazo, de la manera que los monos se saludan. Sin embargo, aprendió a guiñar los ojos, algo que un mono no puede hacer.

Los directores del orfanato Paul y Molly Wasswa, decidieron adoptarlo. Le enseñaron a hablar y a adoptar las costumbres humanas: comer en un plato y dormir en una cama. Como parte de su terapia y enseñanza religiosa se le enseñó a cantar salmos, descubriéndose que tenía una voz muy fina.

Los Wasswa también dirigen A.F.R.I.C.A. (Association for Relief and Instruction of Children in Africa), y dentro de esta asociación promueven el Pearl of Africa Children’s Choir.

En 1998 Hillary Cook, una dentista de 56 años, de Sheffield, Yorkshire del sur, viajó a Uganda para ofrecer tratamiento dental a una de las etnias más pobres del mundo. Ahí encontró a los Wasswa y escuchó a John. A su regreso a Inglaterra organizó una serie de conciertos en las iglesias de Merseyside, Glasgow, Sheffield, Londres y País de Gales, en un tour de tres semanas.

Los conciertos comenzaron el 6 de octubre de 1999 y los periódicos de Inglaterra los anunciaban así:

“Un muchacho huérfano criado por los monos en la selva africana ha llegado a Gran Bretaña para cantar en un coro de niños”.

Entrevistada, la señora Cook dijo:

“Él no se ve diferente a los otros niños del coro, pero la suya es una historia verdaderamente notable. Si no hubiera sido por la intervención de los monos él ciertamente estaría muerto.

“Él es un muchacho tímido y todavía habla lentamente pero cuando canta tiene la voz más maravillosa”.

Fue todo un éxito y la BBC decidió filmar un documental sobre la vida de John (Living Proof). Los productores del programa y un antropólogo volvieron con John a África y lo llevaron con una banda de monos para ver cómo se comportaba. Se dieron cuenta que él sigue siendo un feroz protector de los monos y todavía parece ser capaz de comunicarse con ellos. El documental fue transmitido el 13 de octubre de 1999, en plena gira de John.

Actualmente John vive en el pueblo de Kabonge, cerca de Bombo, al Norte de Kampala. El caso de John es uno de los que trata Michael Newton en su libro Savage Girls and Wild Boys.

BELLO

En 1996, los cazadores encontraron a un muchacho de cerca de dos años, viviendo con una familia de chimpancés en la selva de Falgore, a 145 kilómetros al sur de Kano en Nigeria. Fue llevado al hogar de niños de Tudun Maliki Torrey en Kano, donde el personal lo llamó Bello. Se pensó que era el hijo de los Fulani, gente nómada que viajaba a través de la región. Inhabilitado mental y físicamente, con una frente deforme, un hombro derecho inclinado y un enorme pecho, sus padres lo abandonaron probablemente debido a sus discapacidades. Tales abandonos de niños lisiados son comunes entre los Fulani, pastores que viajan grandes distancias a través de la región africana del oeste de Sahel. En la mayoría de los casos los niños mueren, pero este niño parece haber sido adoptado por los chimpancés.

“No sabemos exactamente cuánto tiempo habría estado con los chimpancés”, dijo Abba Isa Muhammad, oficial del bienestar casero del niño. “Basados en los rasgos que exhibe, estimamos que lo adoptaron cuando él no tenía más de seis meses y fue cuidado por un chimpancé que oficio de enfermera”.

En abril de 2002, cuando tenía cerca de ocho años, apenas había alcanzado el tamaño y el peso de un niño de cuatro años. Cuando lo llevaron al hogar, caminaba como un chimpancé, moviéndose en sus piernas pero arrastrando los brazos en la tierra. Al principio estaba muy agitado, rompía y lanzaba cosas. En la noche saltaba de cama en cama en el dormitorio, molestando a los otros niños. No podía hablar. En la actualidad está mucho más tranquilo. Aunque todavía salta como chimpancé, golpea constantemente su cabeza con las manos ahuecadas, y no habla pero hace ruidos como los chimpancés. Vive en la casa Tudun Maliki Torrey, en Kano, dirigida por Abba Isa Muhammad.

Continuará…