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Detector de extraterrestres

Una compañía japonesa creó este artilugio que se puede colgar al teléfono celular. El aparato parece un diminuto plato volador y sirve para detectar ovnis y extraterrestres.

Lo primero que debemos hacer es comprar uno de estos artilugios. Teniéndolo ya en la bolsa, o en el celular, debemos dirigir nuestros pasos a “zonas calientes” en donde se informa de avistamientos de ovni (Victoria, Argentina; Las Canarias, España; las azoteas de los vigilantes, México). Si no ves un ovni o un extraterrestre, no importa: seguro que el ovni está oculto, camuflajeado y el extraterrestre ha adoptado una forma humana. Oprime el botón y si el aparato hace un ruido como “Piko Piko…”, entonces es seguro que estas frente a una presencia alienígena.

Ahora lo que tienes que hacer es que el presunto extraterrestre coloque su dedo en el botón, mientras presionas el pedazo de metal en el dorso. Si el aparato hace un ruido como “¡Hyun! ¡Hyun!”, entonces estas frente a una de esas 142 especies de extraterrestres que han invadido nuestro planeta. Trata de atraparlo o por lo menos de sacarle una foto para enviársela, como prueba irrefutable, al ufólogo de tu confianza (si no confías en ninguno, no hay problema, te comprendemos).

http://www.ufo.tv/shop/index.html

Adamski (Primera parte)

CANTATA A DOS VOCES O ADAMSKI CONTRAPUNTEADO[1]

La mejor descripción del caso de George Adamski es la que apareció en 1954 en la revista carioca O Cruzeiro, hecha por Joao Martins. En ella se narran los primeros detalles de la historia y en la voz de Adamski se dice que

“Todo comenzó con la lluvia de meteoros que se batió sobre la región la noche del 9 de octubre de 1946. Hasta entonces, yo creía en la pluralidad de los mundos habitados, pero no había pensado en la posibilidad de los viajes planetarios; las distancias a vencer me parecían enormes. Durante la lluvia de meteoros, yo miraba al cielo, desde el Monte Palomar, como casi todo el mundo en el Sur de California. Cuando el espectáculo de las estrellas fugaces era más impresionante, vi a simple vista un gran aparato oscuro, parecido a un gigantesco dirigible. Estaba inmóvil en el cielo sobre las montañas, en dirección a la ciudad de San Diego. Pensé que era un aparato del gobierno que estaba observando desde gran altura, y con finalidades científicas, la lluvia de meteoros. Mientras lo miraba, levantó la punta hacia arriba y se trasladó rápidamente por el espacio, dejando una estela luminosa, la cual todavía fue visible durante unos cinco minutos. Me sorprendió oír después por la radio que un aparato en forma de cigarro, de origen desconocido, había sido visto por millares de personas en San Diego.

“Esto espoleó mi curiosidad y me dediqué a observar el cielo con más frecuencia. En el verano de 1947 empezaron a surgir las primeras noticias sobre discos voladores. Tuve que esperar hasta agosto de aquel mismo año para que mi paciencia fuera recompensada. Un viernes por la noche asistí al famoso “desfile” de bolas luminosas. Cruzaban el cielo de Este a Oeste, en fila india, en grupos de 32. Algunas paraban en el aire para dar la vuelta en dirección contraria. Cuando se detenían podíamos observar, yo y las cuatro personas que me acompañaban, que tenían una especie de anillo luminoso rodeando a un cuerpo central. En total contamos 184 de aquellos extraños objetos.

“Un día lluvioso de 1949, dos hombres que yo ya conocía, entraron en el restaurante. Se trataba de J. P. Maxfield y G. L. Bloom, ambos del Point Loma Navy Electronics Laboratory, próximo a San Diego. Estaban en compañía de otros dos hombres, desconocidos para mí, que vestían uniforme oficial. Conversamos un poco sobre los discos volantes y ellos me dijeron que iban al Observatorio para solicitar la cooperación de su plantilla de astrónomos en la observación de los objetos no identificados. Al mismo tiempo me pidieron mi ayuda, ya que con mis instrumentos pequeños tendría mayor facilidad de maniobrar que con los enormes instalados en Monte Palomar. Con mi telescopio de 6 pulgadas puedo apuntar como si se tratase de una escopeta para caza de patos en vuelo.

“Volví a ver al señor G. L. Bloom algún tiempo después, el día en que la radio anunció que un platillo se había estrellado cerca de la Ciudad de México[2]. Oímos el noticiario de las 4 p.m. de la KMPC, de Beverly Hills, California. El señor Bloom comentó: “No han dicho toda la verdad. Hubo bastante más que eso”.

“Para entonces yo ya había conseguido dos fotografías de objetos moviéndose por el espacio cuando observaba la Luna. Entregué estas fotos al señor Bloom”.

ADAMSKI, EL HOMBRE

Para algunos de sus biógrafos George Adamski nació en Polonia el 17 de abril de 1891, pero de acuerdo con un memorando de la oficina de gobierno de los EU, nació el 12 de marzo de 1883 en Aubride; Hungría. Sus padres emigraron a Estados Unidos en 1893. Creció en Dunquerque, un pueblo cercano a Buffalo, New York. Su educación formal se limitó sólo a la primaria. El escaso presupuesto familiar le hizo trabajar desde pequeño.

En su adolescencia se interesó por las doctrinas esotéricas y la filosofía oriental. En la biblioteca pública leyó varios libros y revistas sobre esos asuntos. Estaba especialmente familiarizado con las obras de Madame Elena Petrovna Blavatsky, iniciadora del Movimiento Teosófico, y con las de Alice Bailey, quien “canalizaba los conocimientos” del Gran Maestro de Sabiduría Djwal Khul, un adepto de la Escuela Transhimaláyica responsable en parte de la transmisión de La Doctrina Secreta a través de la Blavatsky. El polaco-húngaro se compenetró tanto con estas ideas que frecuentemente citaba trozos de estos escritos en sus propias obras sobre los platillos volantes o en sus conferencias.

Trabajó como vigilante y pintor en el Parque Nacional Yellowstone. De 1913 a 1919 sirvió en el Ejército de los Estados Unidos, en el 13° Batallón de Caballería, en la frontera con México. Esto es algo que frecuentemente se olvida, y es la razón por la cual fue enterrado en el cementerio de Arlington. Para esa fecha (1917) ya estaba casado con Mary A. Shimbersky, lo que no le impidió que se dedicara a vagabundear, tal vez debido a la sangre gitana que corría por sus venas.

Su primera conferencia la dio en 1921 en California, y fue sobre filosofía oriental. Adamski fundó el monasterio de la “Orden Real del Tíbet” en Laguna Beach en 1934, en donde enseñó las “Leyes universales” y “El cristianismo progresivo universal”.

Años después seguía dando conferencias, las mismas conferencias. Pero esta vez ya no eran los maestros lamas tibetanos quienes le transmitían sus enseñanzas, sino los “Hermanos del espacio”. El investigador belga Frank Boitte, publicó una copia de una página extraída de un boletín publicado por Adamski en los años treinta. Esta firmado “por profesor G. Adamski”. En la portadilla se puede leer The Royal Order of Tibet borrada y substituida por Space Brothers.

Una anécdota interesante y poco conocida es la que cuenta el también contactado y ufólogo Ray Stanford quien fuera antiguo seguidor de Adamski durante muchos años. Stanford afirma que en 1958, cuando él tenía 15 años, visitó Palomar Terraces con su hermano Rex Stanford. Una mañana Adamski comenzó a recordar el pasado:

“Durante la prohibición yo tenía la Real Orden del Tíbet. Era un frente. Escucha esto, yo podía hacer vino. Tú sabes, se suponía que para tener ceremonias religiosas, hacíamos vino para ellas y las autoridades no podían interferir con nuestra religión. Demonios, hice el suficiente vino para la mitad del sur de California. De hecho, muchachos, yo era el distribuidor más grande de los alrededores. Si no hubiera sido por ese hombre Roosevelt[3], no habría tenido que meterme en toda esta basura de los platillos.

“Ray, escucha. Yo no he tenido que salir al espacio para saber de las naves espaciales. Diablos, sabía sobre las naves espaciales y lo que había en ellas desde hace años… Pioneers of Space[4] te puede contar todo, justo como Inside the Spaceships. Todo lo que hice fue proyectar mi conciencia a los seres allá afuera y podía verlos y saber qué había en sus naves”.

El ufólogo inglés Timothy Good también habla sobre este asunto, pero da información adicional altamente interesante. Al igual que muchos abducidos modernos, Adamski afirmó en privado que sus contactos con extraterrestres comenzaron desde niño. Dijo que fue instruido en el Tibet para prepararlo para su misión de adulto. Con respecto a los contactos “mentales”, Good dice que Adamski, en una carta a uno de sus lectores de Los platillos volantes han aterrizado, que también había leído Pioneers y comentaba el gran parecido entre ambas obras, le explica:

“…físicamente no he entrado en contacto con ninguno de ellos, pero ya que has leído Pioneers of Space puedes ver cómo consigo mi información sobre esta gente y sus patrias”.

En 1930 se comenzó a interesar por la astronomía y leyó algo al respecto. Estos conocimientos y sus frecuentes lecturas de misticismo le sirvieron para dar clases y conferencias de “Filosofía y Ciencias Cósmicas”, a partir de 1939. Es por eso que se autotitula “filósofo y profesor”, títulos que seguirá usando en su etapa platillista.

Se establece en Laguna Beach y comienza transmitir sus conferencias por varias estaciones de radio. En 1940 se muda a Valley Center, a una especie de granja. Nuevamente, ese mismo año, cambia su residencia y se muda con su esposa y seguidores a Palomar Gardens, en la cuesta sur del Monte Palomar.

Escribe diversos artículos que le son publicados en revistas de California, lo que hace que se expanda su círculo de influencia. También escribe cuentos y novelas de ciencia ficción (que luego transformaría al relato de sus viajes espaciales y su encuentro con Orthon).

En 1944 con las ganancias de sus conferencias, clases y artículos, compra 20 acres de tierra justo a la mitad de la vertiente Sur del Monte Palomar, célebre por su telescopio de 5 metros, perteneciente al Observatorio de Hale. En ese lugar reunió en torno a él, a un grupo de estudiantes que iban a discutir sobre metafísica y filosofía.

La verdad sea dicha, Adamski no era un simple vendedor de salchichas, como han escrito algunos autores. Dentro de sus terrenos construyó un restaurante Palomar Garden’s (Palomar Terraces, Star Route, Valley Center, California) para dar servicio tanto a sus alumnos como a los miembros del California Institute of Technology que operaban el telescopio. Adamski era el gerente del restaurante, y tenía una pequeña escuela de filosofía.

Era de estatura media, cerca de 1.67 metros de altura, fuerte, cabellos entrecanos, maneras simples, inteligente, de palabra fácil y ojos tristes, negros, soñadores y ligeramente estrábicos. Se decía que con su labia era capaz de convencer al más incrédulo. Todas estas características le daban cierta ascendencia sobre las mujeres; poder que supo aprovechar y muy bien, como lo veremos a lo largo de estas páginas.

En su etapa platillista establecería otro tipo de contactos más mundanos con representantes del sexo débil: además de su esposa Mary A Shimbersky (muerta en 1954 y reencarnada en Venus), Adamski mantuvo relaciones con Alice K. Wells, Lucy McGinnis (Los Angeles), Madeleine Rodeffer (Maryland), Olga Orlik (Los Angeles), C. D. Pettit (Salt Lake City), Marha Ulrick (California), Melinda Aich (Hungría), Susanne Berthaud (Francia), May Morlet Flitcroft (Bruselas), Lou Zinsstag (Basilea), Cristina J. de Rueda (México), Edith Nicolaisen (Italia) Charlotte Blodget (California) Laura Mundo (EU), etcétera. Esta última escribiría las siguientes líneas que son una clara muestra de la fascinación que despertara Adamski en las mujeres.

“Adamski no sólo es un hombre atractivo y singular, sino que las finas facciones de su rostro reflejan su absoluta integridad”.

LAS PRIMERAS FOTOGRAFÍAS

“La historia de la caída en México se desmintió posteriormente, pero en 1951 yo supe que era verdadera.

“Volviendo a las fotos, en marzo de 1950 el reportero Samford Harrell, del San Diego Journal, difundió la historia. El Union y el Tribune también fueron a verme y yo les confirmé que había mandado las fotografías al Point Loma Navy Electronics Laboratory, para su análisis. Los periodistas fueron al laboratorio, donde negaron rotundamente haber recibido tales fotos. Esta negativa no me hizo perder la calma, pues conservaba los negativos; sólo había entregado copias al señor Bloom. Los periodistas pidieron información al Pentágono, donde también negaron todo conocimiento sobre las fotografías.

“Esto incrementó aún más mi interés por el asunto. Durante varios años, de día y de noche, en verano y en invierno, con frío o calor, me dediqué a observar los cielos. Los resultados que obtuve fueron fruto de la perseverancia. Hasta la primavera de 1951 no hice grandes progresos. Conseguí sólo algunas fotos de puntos luminosos en el espacio, que no convencían a nadie, a pesar que para ello había gastado más de doscientos clisés. Pero yo había ejercitado mis ojos y lo que había visto me daba la certeza de que en el cielo había objetos extraños que se movían como bajo un gobierno inteligente. En el verano de 1951 y el año 1952, los resultados fueron mucho mejores. Parecía haber más objetos en movimiento; era como si las naves del espacio se aproximasen con más frecuencia a la Tierra. Durante este tiempo, tomé más de quinientas placas y conseguí unas doce fotos de aparatos en forma de cigarro y de discos luminosos que aquellos parecían lanzar al espacio. Envié una colección de estas fotografías a Wright Patterson Air Force Base.

“El fotógrafo que revela mis fotografías y saca copias de ellas es el señor D. J. Detwiler, que vive en la ciudad de Carlsbad, casi a 65 kilómetros de distancia de donde vivo. Hay quien dice que mis fotografías son un truco publicitario para atraer turistas al restaurante; sería más sencillo y más barato hacer propaganda de otro modo. Llegan incluso a desvirtuar declaraciones mías: cuando digo que impresioné más de setecientas placas para conseguir apenas veinte fotografías, entienden que afirmo tener “más de setecientas fotos de discos voladores”… a decir verdad, creo que nadie ha invertido tanto tiempo, esfuerzo y dinero para conseguir tales resultados. Las fotos de discos que se han obtenido, fueron resultado de la casualidad. Además, ocupo un puesto privilegiado para realizar esta clase de observaciones. Desde aquí, a 1,000 metros de altura, tengo una vista amplia y clara en todas direcciones.

¿HOMBRES DE NEGRO?

Adamski poseía una personalidad megalómana. No sólo quería ser reconocido como el primer hombre en tener contacto con seres extraterrestres sino como el primero en haber visto platillos voladores. Si Kenneth Arnold había observado sus nueve discos el 24 de junio de 1947, él, Adamski, los había visto antes: el 9 de octubre de 1946.

Dos de sus más cercanos colaboradores y seguidores, Carol A. Honey, de Anaheim, y Lucy McGinnis, han escrito sobre el enorme ego de Adamski. Más adelante nos extenderemos sobre este punto.

George sentaría precedentes no sólo en la forma en que debían ser los contactados; también fue el origen de muchos mitos ovni, como el de las naves nodrizas en forma de puro.

Sobre todo lo anterior, Adamski era un mentiroso. No tuvo empacho en inventar una historia tan complicada como su contacto, mucho menos en crear dos personajes ficticios (Maxfield y Bloom) que iniciarían la saga de los Men in Black y el UFO Cover Up. Esta historia es falsa, nunca existieron esos dos personajes y mucho menos estaban en la nómina del Point Loma Navy Electronics Laboratory.

Adamski hizo correr el bulo en el San Diego Journal, Samford Harrell no se molestó en ver las fotografías (que nunca existieron), pero sus competidores del Union y el Tribune sí trataron de conseguirlas, cosa con la que no había contado Adamski. Si las fotos hubieran existido, Adamski hubiera podido proporcionar una copia a los periodistas ya que, como él afirmaba, contaba con los negativos originales. Pero las fotos no existían por eso nunca se llegaron a conocer.

Sin embargo esta experiencia sería rápidamente capitalizada por el contactado. Este tipo de errores no los volvería a repetir en el futuro, ¡tenía que prepararse con fotografías de platillos voladores para mostrarlas a los periodistas!

La anterior fue la razón de que en los laboratorios, sorprendidos, negaran la historia. Lo mismo ocurrió con el Pentágono y la Fuerza Aérea, quienes el 29 de marzo, a través del intermediario del Copley Press Leased Wire, de Washington, declararon que no sabían nada de dichas fotografías.

La historia había calado en la opinión pública. El 4 de abril el Tribune Sun de San Diego publicó un largo artículo con el título “¿Se ha extraviado o no? una fotografía, enviada por el astrónomo amateur George Adamski al Navy Electronics Laboratory, con el fin de saber si se trataba de una nave del espacio”.

Si la historia fuera cierta y los militares le hubieran robado sus fotografías, entonces no se entiende la actitud de Adamski de volver a enviar “una colección de estas fotografías al Wright Patterson Air Force Base”.

EL PRIMER ENCUENTRO

“En 1951 y en 1952 recibí muchas noticias acerca de aterrizajes de discos en los desiertos de California, a una distancia no muy grande de Monte Palomar. Siempre quise establecer un contacto directo con estos aparatos y descubrir de dónde venían y qué se proponían. Comencé a realizar excursiones por el desierto, invocando en mi ayuda a la suerte. Durante mucho tiempo no conseguí el éxito. Más, al final, llegó el momento. A las doce y media del jueves 20 de noviembre de 1952, en el desierto californiano, a 16 kilómetros de Desert Center, en dirección a Parker (Arizona), estuve por primera vez cara a cara con un ser de otro planeta. Veamos Los antecedentes de este hecho memorable.

“Pocos meses antes conocí a dos matrimonios, el señor Alfred C. Bailey y su señora Betty Bailey, de Winslow, Arizona; y el doctor George Hunt Williamson (Michel d’Obrenovic) y su esposa Betty Hunt Williamson, de Prescott, también Arizona. Los cuatro sentían el mismo interés que yo por los discos volantes. En noviembre organizamos una excursión. El día 20 salí rumbo al desierto en compañía de las señoras Alice K. Wells y Lucy McGinnis, la primera propietaria de Palomar Garden’s y la segunda mi secretaria. Encontramos a nuestros amigos en la carretera que pasaba cerca de una base aérea abandonada. Algo me impelía en esa dirección, una especie de intuición o presentimiento. Hace mucho tiempo que me he acostumbrado a seguir esta clase de impulsos subconscientes. Pasamos por Desert Center y tomamos a la derecha, por la carretera que iba a Parker. Después de recorrer cerca de 18 kilómetros, nos paramos para mirar a nuestro alrededor. Yo continuaba experimentando una extraña premonición, que me advertía que algo iba a acontecer. La región era de piedra volcánica sin vegetación. Eran las once de la mañana cuando nos detuvimos. Perdimos mucho tiempo andando de acá para allá y también mirando el cielo azul y sin nubes. Por último volvimos a los automóviles. Era mediodía y comimos un almuerzo frugal que Alice había traído. Pasó a gran altura un bimotor y lo acompañamos con la vista hasta que se perdió en la distancia. Fue poco después de esto cuando vimos el objeto. A mucha altura, silenciosa, plateada, surgió una nave alargada, como un hueso o un cigarro. Con los dos gemelos que habíamos traído, vimos que era anaranjada en toda la extensión de su parte superior. El doctor George Williamson, que había pertenecido a las Fuerzas Aéreas durante la Guerra, observó una marca oscura en el lado, como una insignia, pero totalmente distinta a todo cuanto él había visto en sus tiempos de militar.

Continuará…


[1] Una versión resumida de este artículo se publicó originalmente en la edición especial número 4 de Contacto OVNI, México 1994.[2] Ver la historia en Marcianitos verdes http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/el-primer-marcianito.html

[3] Roosvelt terminó con la prohibición, autorizando el consumo de alcohol.

[4] Se trata del primer libro de Adamski, una novelita de ficción cuyo título completo es Pioneers of Space. A Trip to the Moon, Mars and Venus, ver más adelante.

Museo ET

Nueva exhibición sobre la “ciencia de los extraterrestres”

La película de la “Autopsia extraterrestre” parte de la colección

MIAMI -Una nueva exhibición sobre la ciencia de la vida extraterrestre ha aterrizado en un museo de Miami.

La película de la “autopsia extraterrestre” es parte de la exhibición en el Museo de Ciencia y Planetario de Miami, junto con otras figuras de extraterrestres de películas populares de ciencia ficción.

Hay también módulos de trabajos manuales e interactivos donde los visitantes pueden explorar la posibilidad de la existencia de extraterrestres verdaderos en nuestro Sistema Solar.

El Web site de la exhibición ofrece tips de cómo derrotar a un extraterrestre y cómo sobrevivir una invasión extraterrestre.

La exhibición estará en el museo hasta mayo.

http://www.miamisci.org/www/exhibits/soa/index.html

Y yo me pregunto si esto es ciencia.

El mensajero de Marte (Final)

De nuevo él me preguntó, tomando mi dibujo para hacerlo. Yo le entendí lentamente pero era evidente que me quería decir: “¿Esta lista tu gente para viajar a la Luna?”.

Respondí “si”, y asentí tratando de cualificar con mímica para mostrar que esto no será posible por algunos años. Entonces se mostró serio. Leyendo entre líneas no es difícil entender porque. Nuestros conocimientos sobre los vuelos espaciales y la posible visita a la Luna y otros planetas no estaba favorecida por los marcianos y venusinos. ¿Y quién puede censurarlos? Aún no hemos probado ser capaces de seguir las reglas de nuestro propio planeta y visitar otros y tal vez influenciarlos.

Aquí hay algo que tal vez sorprenda a los que han leído el libro de Adamski. Uno puede inferir, de su relato, que el venusino que lo contactó era un ser superhumano de infinita sabiduría que ciertamente no necesitaba preguntar cosas como “¿están preparando una guerra?” o “¿están listos para volar al espacio?” No tengo razones para cuestionar sus declaraciones, particularmente cuando él –y no yo- fue capaz de comunicarse telepáticamente y por lo tanto obtuvo mucha más información.

Existe una explicación más simple para las preguntas del marciano, y se me han ocurrido dos alternativas, o bien los venusinos son más avanzados que los marcianos o hay diferentes grados de inteligencia en Marte y Venus, exactamente como los hay en la Tierra, y el visitante de Adamski tenía más conocimientos que el mío. Creo que la segunda explicación es la más acertada. He establecido que hay un contacto cercano entre Venus y Marte, así que es muy probable que los avances científicos sean intercambiados para el bien común.

El marciano miró hacia arriba y me di cuenta que el tiempo estaba corriendo. Él tenía razones para no demorarse. Era vital que yo usara cada momento que me quedaba. Tomé mi cámara y la señalé y luego al platillo, que estaba a unos 20 metros. Él estuvo de acuerdo y tomé una serie de fotografías. Estaba oscureciendo, pero a pesar de la oscuridad pienso que estarán de acuerdo en que los resultados son razonablemente buenos. Tuve que seleccionar las mejores fotografías para incluirlas en este libro.

Recuerdo que Adamski preguntó si podía subir al platillo pero se le negó. Yo pregunté lo mismo y obtuve la misma respuesta. Fue bastante cortés pero muy definitivo. Caminé hacia el platillo (Debo añadir que el panel deslizante estaba arriba, así que no pude ver el interior; la carcasa no era transparente ni traslúcida), y busqué signos para ver si podía tocarlo con seguridad.

Él asintió. Entonces recordé que Adamski había tenido una mala experiencia, había tocado el cuerpo del platillo venusino y había recibido una fuerte descarga, por lo que su brazo se paralizó durante varias horas. Por lo tanto estaba un poco aprensivo pero me controlé y lo toqué rápidamente. Afortunadamente no hubo nada –ni una ligera descarga. En ese entonces no supe por qué, aunque la respuesta es obvia.

El platillo venusino nunca había aterrizado, permaneció volando a pocos metros del terreno, y por lo tanto sus motores estaban trabajando, aunque Adamski no menciona esto y aunque no hacía ningún ruido. El platillo marciano estaba sobre el terreno y sus motores estaban parados, así que Adamski recibió el “shock” y yo no. Parece razonable concluir que el cuerpo del platillo sólo es peligroso si se le toca cuando los motores están encendidos y esto de nuevo confirma que los motores son más o menos convencionales –al menos no algo tan obtuso como una fuente de poder mental.

Ciertamente el cuerpo del platillo se sentía extrañamente tibio. Esto puede, por supuesto, deberse a mi imaginación –yo esperaba una descarga- pero pienso que no enteramente. La respuesta puede ser que el platillo viajó a través del aire en su jornada hacia la Tierra y su carcasa exterior pudo calentarse por la fricción, por lo que le tomaría tiempo enfriarse.

Se me ocurrió otra cosa. Pregunté por qué algunos platillos hacen ruido y otros no. Traté de explicarle este punto pero tuve muchas dificultades. Finalmente lo conseguí y creo que su respuesta fue que los verdaderos platillos son virtualmente silentes –aparte del ligero zumbido provocado por su desplazamiento en el aire cuando bajan y el casi inaudible ronroneo de sus motores. Esto significa que los así llamados “platillos aulladores”, incluyendo varios enlistados por Leslie, no son platillos, probablemente sean meteoritos.

Era claro que mi tiempo se había acabado. El marciano había caminado hacia debajo de la colina, me apartó y se dirigió hacia el platillo. Obviamente tenía prisa. Repentinamente recordé que no le había fotografiado. Pensé que sería criminal perder tal oportunidad, así que, mientras él caminaba hacia la nave espacial me las arreglé para tomar una foto. Si no hubiera estado tan apresurado y hubiera sido mejor la luz, hubiera conseguido una fotografía más satisfactoria. Por otra parte, en mi tentativa de tomar un mayor ángulo de su perfil, erré en encuadrar también al platillo; pero aún así muestra algo de la prenda de una sola pieza que usaba el hombre espacial.

Siguió caminando. A lo lejos levantó su mano una vez más en el típico saludo terrícola con el que yo lo había recibido; yo hice lo mismo. El momento de la despedida había llegado y los cientos de preguntas que deseaba hacerle volaban en mi cabeza. Sentía que nunca más tendría la oportunidad de encontrar las respuestas.

Di unos pasos hacia delante, pero el marciano movió su cabeza y me hizo regresar. No tuve otra opción. La rampa se abrió; él saltó ágilmente dentro del platillo y el panel se cerró nuevamente, impidiéndome la vista y el tomar una fotografía del interior del platillo.

El zumbido comenzó de nuevo, de un modo más bajo que el de una mosca al volar. Lentamente el platillo se elevó en el aire, el domo giró lentamente y en silencio y gradualmente se elevó el maravilloso aparato –suavemente al principio, y luego, cuando alcanzó una altura de 35 metros, a una tremenda velocidad. Desapareció en los cielos dirigiéndose hacia el norte. Por un momento me quedé contemplando pero luego sólo observé unos cuantos pájaros y las nubes.

Miré mi reloj, eran las 4:25. La totalidad de aquella maravillosa entrevista se había hecho más o menos en media hora; aunque a mí me pareció de sólo pocos minutos desde que vi por primera vez el platillo volando sobre el mar grisáceo, pero en este corto periodo aprendí cosas que los científicos han tratado de conocer desde los días de Aristóteles.

Supongo que la reacción automática a una experiencia maravillosa es preguntarse si fue un sueño –aunque realmente haya ocurrido. No puedo decir que me pregunté esto. Después de todo, había ocurrido antes, por lo menos dos veces, la única cosa maravillosa desde mi punto de vista era haber tenido el privilegio de ser el testigo.

Examiné mi cámara. Admito que estaba partido en dos. Si las fotografías que había tomado resultaban ser buenas, creí que debía publicar la historia de lo ocurrido; sería un error guardármela (el Dr. Darbishire se enfrentó con el mismo problema, y llegó a la misma decisión –aunque por supuesto yo no sabía nada en ese tiempo). Por otra parte, ¿y si las fotografías eran malas…?

Aparentemente no había testigos. Creo que el platillo pudo haber sido visto desde Lossiemouth pero venía desde el mar y a baja altura. Para contar una historia como esta, sin el respaldo de las fotografías, era invitar a que me ridiculizaran en la escuela Clarke-Novell-Astronomer Royal. Pensé en esto antes de regresar a Lossiemouth y tomar una decisión. Si las fotografías eran buenas publicaría la historia completa y se la daría al mundo; si no lo eran les diría la verdad sólo a aquellos que hicieran buen uso de mis conocimientos especiales.

Entonces, cuando comencé a regresar a Lossiemouth vi a un hombre que se dirigía hacia mí. Cuando se aproximó logré reconocer al amigo que había tomado como pescador y que había visto en el pueblo hacía cerca de 3 horas.

Para mi sorpresa y alegría me dijo que había visto al platillo y los últimos instantes de mi entrevista con el ocupante. No era capaz de creer que se trataba efectivamente de un platillo –ya que estaba a 450 metros cuando lo vio- pero me contó, que desde su posición en una colina cercana lo había visto y por lo tanto llegó a la única conclusión posible.

Le pregunté su nombre y me dijo que era James Duncan, un pescador local. Estaba maravillado de la historia que le conté, y ya que él personalmente había visto parte de los eventos, estuvo de acuerdo en que lo llamara como testigo. Dijo no tener objeciones a esto. Así que tomándole la palabra, corté un pedazo de papel de mi cuaderno en el cual escribió su declaración. Con alguna ayuda mía él escribió:

“4:35, 18 de febrero de 1954”.

“Juro solemnemente que entre las 4:00 y las 4:15 PM del 18 de febrero de 1954 observé una conversación entre Cedric Allingham y un hombre que era el piloto de un platillo volador que aterrizó cerca de Lossiemouth en el condado de Moray. Después vi al piloto regresar al platillo que se elevó y se dirigió hacia el norte”.

“James Duncan. Firma”

(Una fotostática del papel original se reproduce como ilustración de este libro)

Mis fotografías eran la única evidencia concreta que podía ofrecer. No quise enviar el rollo a un químico o a un fotógrafo local y decidí esperar. Permanecí en el área durante la siguiente semana, esperando tener otro avistamiento del platillo pero no vi nada. Así que regresé a Londres.

Pasó una semana después de mi reunión con el marciano y antes que revelara el rollo, que oí por primera vez del platillo de Coniston. Las primeras noticias las obtuve de un periódico que compré en Edimburgo. Como dije antes intenté interrumpir mi viaje para llamar a los Darbishire; pero no lo hice –lamentablemente.

Por supuesto puedo estar equivocado en suponer que el platillo de Coniston y el de Lossiemouth eran uno y el mismo. Simplemente porque un aeroplano visto sobre Brighton y luego sobre Norwich no implica que sea la misma máquina. Pero creo que hay fuertes bases para sustentar mi creencia. Aquí en Inglaterra no tenemos observatorios como Palomar o bases de cohetes de prueba como White Sands, así que por lo menos los hombres espaciales no están interesados en nosotros como en los norteamericanos. Dudo mucho que los platillos que han sido vistos sobre las islas británicas sean genuinos. Cuando un platillo baja atrae la atención; y la nave espacial que visitó aquellas playas en febrero, pienso que era una nave de reconocimiento. Después de un largo periodo de que no se vieron platillos, parece increíble que nos visitaran dos en el espacio de tres días. Es por eso que pienso que el platillo de Stephen era el mismo que el mío. Nuestras descripciones y fotografías son, después de todo, muy parecidas, y en cualquier caso, si se pide describir un objeto corriente, tal como un automóvil ¿podrán dos tipos concordar en el más pequeño detalle?

Tan pronto como revelé los rollos, y obtuve lo que creo era un éxito como el de Adamski, supe que tenía que escribir este libro. La pregunta era: ¿debería hacer un anuncio preliminar o debería esperar hasta haber hecho mayores investigaciones y escribir el libro?

Supongo que moralmente debía haber hecho un anuncio, pero no lo hice porque quería presentar mi caso tan completo y de una forma tan desapasionada como fuera posible.

Le escribí a Adamski, pero ha pasado muy poco tiempo para recibir su respuesta. No obstante deseo ir a California, con la esperanza de reestablecer contacto con los platillos marcianos aunque creo que mis oportunidades de éxito son pocas. Espero reunirme con Adamski en Palomar[1].

He tratado de escribir estos acontecimientos tan fríamente como me es posible. No quiero que nadie piense que desprecio mi privilegio de ser el primer británico en hablar con un visitante de Marte; sin embargo nada ganamos con excitarnos y emocionarnos particularmente con esto (como yo he estado excitado más de una vez) ya que no hay nada intrínsecamente improbable en una visita marciana. ¿Qué habría sentido Julio César de haber visto un aeroplano? En primera instancia se debió haber alarmado. Si al pasar el tiempo ve más y más aeroplanos hasta que llegue a saber lo que son, dejará de sentir miedo. Esto es lo que pasará en el caso de los platillos.

Debo admitir sin embargo, que no puedo ocultar un sentimiento de orgullo de que esto me haya ocurrido a mí –aunque no haya hecho nada para merecer tal honor.

COMENTARIOS

Casi toda la comunidad ufológica británica cree que el caso del aterrizaje en Lossiemouth el 18 de febrero de 1954 es un fraude. Algunos creen que el perpetrador fue el jovial astrónomo amateur inglés Patrick Moore. Existen fuertes rumores de que el libro fue escrito por Moore, quien es una institución en Inglaterra, al estilo de Carl Sagan. Moore es un reconocido divulgador de la ciencia, reputado escéptico, escritor y periodista. Pero quizás una de las características por las que es más conocido es su afición a hacer bromas.

Moore, por ejemplo, esta involucrado con el caso del cráter de Charlton. Los medios de comunicación ingleses entrevistaron a un tal doctor Randall, quien dijo que el cráter fue formado por una nave espacial fuera de control de cerca de seiscientas toneladas, tripulada por 50 extraterrestres. Moore verificó las credenciales del doctor Randall entre los empleados de Woomera y encontró que no existía, exactamente como Cedric Allingham.

El 1 de abril de 1976 (april fool’s day) Moore anunció en Radio 2 de la BBC que a las 9:47 AM el planeta Plutón pasaría por detrás de Júpiter, “creando una fuerte atracción gravitacional que haría que mucha gente de la Tierra se sintiera más ligera”. Afirmó a sus escuchas que podrían experimentar esta sensación saltando en el aire en el momento justo del fenómeno.

El día del evento astronómico, la estación de radio recibió cientos de llamadas de escuchas que afirmaban haber experimentado esa sensación de ligereza. Una mujer dijo que ella y once de sus amigos, sentados en una mesa, se elevaron del suelo hasta llegar al tocar el techo.

Durante la oleada de Warminster, una serie de casos fraudulentos[2], Arthur Shuttlewood, recibió varios informes de avistamientos, incluyendo los mensajes de un tal Byron, quien le envió “documentos oficiales relacionados con el habla y la escritura de algunos de nuestros visitantes espaciales”. Los investigadores encontraron que se trataba de Bernard Byron.

Moore se refiere a Bernard Byron en Can you Speak Venusian, indicando que Byron fue el ultimo de los personajes que entrevistó para su serie de televisión One pair of eyes (que dio origen al libro Can you Speak Venusian). Byron aseguraba canalizar los mensajes de seres extraterrestres. Estos eran los mismos que presentó Shuttlewood en su libro.

Moore examinó los ejemplos de escritura alienígena que le envió Byron. Shuttlewood refiere que un experto del gobierno estuvo involucrado en la investigación (en realidad había sido Moore). Aún más, según Shuttlewood, los investigadores encontraron que la escritura no se asemejaba a ninguna de las conocidas en la Tierra, excepto a las “sagradas escrituras Boggah de los indios Abluti del Paraguay”. Los expertos no estaban seguros si era un lenguaje venusino o pertenecía al Krxyzcs del planeta Kruger 60b. Estaban escritos por una mano que tenía cinco meñiques. Pero otro experto disentía. Shuttlewood escribió:

“Un experto en astrofilología indicó que los Krxyzcs tienen cuatro meñiques y no cinco, como lo dedujo el primer doctor, junto con otros dos miembros parecidos a dedos, que por alguna razón mantienen extendidos cuando hablan con los hombres de la Tierra”.

Pero Shuttlewood, como buen ufólogo, se creyó todo, sin ponerse a reflexionar que no existen ningunos indios Abluti en Paraguay, y mucho menos unas sagradas escrituras Boggah; y que el los Krxyzcs son parientes de los Krabccs, del planeta Freddy 60a.

Cedric Allingham informaba a sus lectores que pronto se reuniría con Adamski. Tal vez el encuentro se llegó a dar finalmente en abril de 1959. En esa fecha George Adamski fue entrevistado por Patrick Moore en el programa de televisión Panorama de la BBC.

Sin embargo Moore continúa diciendo que él no escribió el libro de Allingham.

LA VERDAD DEL CASO ALLINGHAM

El libro de Cedric Allingham, Flying Saucers from mars, se publicó en 1955. Cuando el libro comenzó a tener cierto éxito, Allingham se negó a dar entrevistas. Se decía que estaba enfermo de tuberculosis, que estaba internado en una clínica de Suiza, y finalmente, que había muerto en 1956.

El investigador Christopher Allen, haciendo una verdadera labor detectivesca, descubrió la verdadera identidad de este contactado. Por principio de cuentas Allen revisó el estilo literario y encontró varias pistas fascinantes. También analizó las fotografías en donde aparecía Allingham y su telescopio. Se trataba de un aparato de 12 pulgadas de fabricación casera cuyo dueño y diseñador era precisamente Patrick Moore. Todas estas pistas lo llevaron a sospechar que la verdadera personalidad de Cedric Allingham era la de Moore, el astrónomo amateur más famoso en el mundo, y una de las mayores estrellas de televisión británicas de aquellos días[3].

Moore era considerado uno de los últimos grandes excéntricos ingleses. Frecuentemente ridiculizaba a los ovnis en muchos de sus libros. Escribió al menos dos libros satíricos en relación con los ovnis: ¿Puede hablar en venusino? y Cómo ganó Inglaterra la carrera espacial (cuyo coautor, irónicamente, fue el mismo Desmond Leslie, quien también había sido coautor de uno de los libros de Adamski). También escribió, curiosamente, un libro de divulgación científica sobre el planeta Marte.

No obstante de haber sido señalado como el responsable del fraude del platillo de Lossiemouth, Moore no hizo ningún esfuerzo en descubrir la verdad del caso en los debates que mencionaban la historia de Allingham.

Tiempo después la ufóloga británica Jenny Randles hizo sus propias investigaciones en torno a este asunto. Preguntó a los amigos y parientes de Moore si en verdad él había escrito y publicado las fotografías de los platillos marcianos. Todos ellos dijeron que sabían que Patrick Moore estaba involucrado en la creación de este fraude, pero no tenían idea del porque él nunca lo admitió.

Con estos datos Randles no tuvo más remedio que escribir al propio Moore en 1983, indicándole que ella no tenía intención alguna de publicar la historia si así se lo pedía Moore. La respuesta fue que Moore la demandaría si publicaba cualquier cosa sobre esa historia.

Tres años después Chris Allen, con la ayuda de Steuart Campbell y una computadora, llegaron a reunir las pruebas suficientes como para publicar la historia en las revistas ufológicas y en los periódicos. Por pura coincidencia Jenny Randles conducía un programa de radio para la BBC de Londres y había invitado a participar al propio Moore, sin saber que ese mismo día se publicaba la investigación de Allen y Campbell. Moore había aceptado la entrevista.

Cuando Randles leyó los periódicos se comunicó telefónicamente con Moore. Patrick mencionó los recientes “ataques a mi persona de un hombre loco que dice que yo escribí un libro de ovnis”. Jenny le dijo que ella había visto la evidencia, la había verificado con sus propios amigos (de Moore) y todos le habían confirmado que era cierta, pero que no diría nada ni le preguntaría al respecto en la entrevista que, por otra parte, no sería transmitida en vivo.

Moore estaba muy disgustado, gritó y colgó el teléfono. Se negó a aparecer en el programa diciendo que si salía hablando de ovnis su credibilidad, como divulgador de la Ciencia, se vería afectada. En su opinión todos los investigadores de ovnis eran unos locos.

Desde entonces esta historia se ha publicado en diversos medios ufológicos, aunque en México era totalmente desconocida, hasta ahora.

Pocos meses después Moore y Randles aparecieron en un programa de televisión debatiendo el tema de los ovnis. Nuevamente Moore negó hacer cualquier comentario sobre el asunto del platillo de Lossiemouth.

En 1986, según escribe la misma Jenny Randles en su libro The UFO Conspiracy, Moore reconoció implícitamente, durante una conversación con Allen y la propia Randles, haber inventado el relato. Lo curioso es que dos años después, en 1988, la misma ufóloga no menciona nada de esto en un artículo escrito por ella para la revista americana UFO Universe.

Al parecer, a Patrick Moore se le ocurrió inventar la historia porque esa mañana del 18 de febrero en que, supuestamente, ocurrió su avistamiento, los periódicos de Londres habían anunciado el caso de los primos Darbishire y habían publicado la fotografía del platillo volador con una crónica en la que se señalaba la similitud entre este platillo y la nave en la que viajaba el venusino que, supuestamente, se contactó con George Adamski[4]. Moore había leído el libro de Adamski y de hecho conocía al coautor, Desmond Leslie, por lo que decidió publicar una sátira del mismo, con evidentes errores científicos (como lo de los canales marcianos que en realidad no existen) para, posteriormente, poder burlarse de todos aquellos que creían en los platillos voladores. Sin embargo la broma se le escapó de las manos y cuando era necesario que se retractara, ya era demasiado tarde y le fue imposible.

El caso pasó así a la historia oficial de los ovnis y se formó una especie de culto en torno a él. No sería sino hasta muchos años después que otro ufólogo, Chris Allan, descubriera la verdad. Lo que no descubrió fue que Patrick Moore estuvo realmente en Marte, y contactó con los grises, como lo demuestra este video: http://www2.b3ta.com/patrickmoore/

REFERENCIAS

Allan Christopher & Campbell Steuart, Flying Saucer from Moore’s?, Magonia No. 23, July 1986.

Allingham Cedric, Flying Saucers from Mars, Frederick Muller Books Ltd, London 1956.

Bowen Charles, The humanoids, Henry Regnery Co., Chicago, Illinois, 1969, pags 14-15.

Dewey Steve & Ries John, Deconstructing Warminster, Chapter 10 (The Hoaxes, the Hoaxers, and the Hoaxed. The Confounding Problem of Patrick Moore), sin publicar, 1998-2002. http://www.stevedewey.pwp.blueyonder.co.uk/ufo/hoaxing.htm

Humphreys Geoffrey, Fooled by the Media, Contemporary Review, 4 January 1999; ver también http://www.museumofhoaxes.com/af_1976.html

Shuttlewood Arthur, Warnings From Flying Friends, pags 146-150.


[1] Desde que se recibieron las pruebas, he recibido una cordial invitación del señor Adamski para ir con él a su casa en las laderas de Monte Palomar. En una carta reciente, él escribió: “Nuestros hermanos de otros mundos se están moviendo a través de la atmósfera incrementando su número conforme pasa el tiempo”. (Nota original de Allingham).

[2] Ruiz Noguez Luis, El caso Simpson Warminster, Perspectivas Ufológicas No. 4, México, enero de 1995, pags. 70-72.

[3] Patrick Moore tenía un programa de televisión en el que trataba temas de divulgación científica. Ese programa duró poco más de treinta años. Por aquel entonces Moore era una verdadera personalidad en los medios de comunicación electrónicos. (Nota LRN)

[4] Ver marcianitos verdes http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/11/el-platillo-adamskiano-de-coniston.html