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Ufología ¿Una ciencia? (3)

EL OBJETO UFOLÓGICO PERMANENTE

¿Qué estudia la ufología? ¿Qué estudian los ufólogos? Estas no son preguntas triviales. Sin ninguna excepción todos los ufólogos que conozco, a los que les hice estas preguntas, dieron respuestas equivocadas. Algunos me veían como un bicho raro: “¿Mira lo que pregunta este escéptico? Pero si todo mundo sabe que lo que estudia la ufología son los ovnis”.

El problema es que ningún ufólogo tiene un ovni para estudiarlo. Lo que “estudian” son reportes de gente que dice haber visto ovnis. Esos reportes pueden ser verbales, escritos, fotografías o videos, supuestos restos de aterrizajes o registros en el radar. Todo menos un ovni. Y entrecomillo la palabra “estudian”, porque lo que realmente hacen los ovnílogos es coleccionar: coleccionar cualesquiera de esos reportes (informes, fotos o videos); coleccionar revistas de ovnis; recopilar libros sobre el tema; sumar kilómetros tras los ovnis; compilar entrevistas con los testigos; juntar dibujos de las “naves” y de los “extraterrestres”; reunir leyendas relacionadas con el tema.

Recuerdo que en una entrevista para la radio mexicana mencioné que ningún ufólogo era investigador, sólo coleccionista. Hubo quien llamó a la estación para retarme a debatir con él y que le demostrara que no había investigadores de ovnis y todos eran coleccionistas. Este ufólogo no entendía que los ovnis no poseen naturaleza ontológica y que, por lo tanto, no se pueden estudiar. Es decir, en palabras del psicólogo Héctor Escobar, “lo único que podría ser ovni sería lo que no es (no es planeta, no es fenómeno atmosférico, no es satélite, no es ave… así hasta el infinito), huelga insistir en lo absurdo de esta posibilidad”.

A una conclusión similar llegó Heriberto Janosh:

“Creo que lo único que podemos hacer con los casos no identificados es tratar de identificarlos, de lo contrario su importancia es nula.

“Con los IDENTIFICADOS sí podemos trabajar científicamente, por ejemplo planteando la siguiente hipótesis:

“Todos los casos en que los testigos afirman haber observado o registrado una nave espacial extraterrestre (NET) han sido explicados como confusiones con otros objetos que no eran NETs, fraudes o fantasías psico(pato)lógicas.

“Esta hipótesis es REFUTABLE (basta presentar pruebas de la aparición de una nave ET) y ha sido CONFIRMADA miles de veces”.

Escobar menciona que para desarrollar una epistemología de la ufología es necesario abordar los siguientes temas

a) definición del objeto de estudio de la ufología.

b) definición de una metodología para el estudio de dicho objeto.

c) caracterización de una teoría explicativa del fenómeno en cuestión.

En el asunto del objeto de estudio de la ufología Héctor nos explica que:

“El problema que enfrentamos aquí consiste en establecer una caracterización positiva de lo que sería un ovni. Tradicionalmente, el problema ha sido resuelto mediante una trampa lógica, se ha otorgado un significado a ovni que lo define en base a alguna hipótesis (naves extraterrestres, zeroides, etc.) y eliminado el criterio de necesidad empírica que requiere una definición operativa, se ha procedido a una amplísima serie de argumentos a favor de tal o cual hipótesis, es decir, se construyen castillos en el aire. Está todo el edificio, pero falta el cimiento (ontológico y empírico del mismo).

“Si definimos ovni como nave extraterrestre, ¡damos por supuesto la existencia de naves extraterrestres!, cosa que según sé, no ha podido demostrarse, pese a lo que diga uno que otro contactado. Este argumento es igual en todo tipo de explicaciones que consideren a los ovnis como entidades ontológicas.

“Es requisito en todo conocimiento que pretenda denostarse como científico, la presentación de un objeto sobre el cual ejecute su estudio. Esto no quiere decir, como podría leerse ingenuamente, la presentación de un ovni (que obviamente ya no sería tal sino una nave extraterrestre, o cualquier otra cosa por el estilo), sino una serie de elementos teóricos y factuales que permitan suponer la existencia de un fenómeno inexplicable en términos convencionales, y que por lo mismo requerirá del desarrollo de un marco teórico y conceptual en el cual sea posible su definición.

“Aquí, como se ve, hemos pasado de los ovnis (con toda la ambigüedad que implica la palabra), al concepto de un reporte ovni, en el cual los términos No Identificado, han adquirido un valor relativo en posición al valor absoluto que tenían en el marco de una ufología ingenua. El No Identificado lo es con respecto al testigo del avistamiento. Aquí aparece uno de los meollos del asunto, es decir, la posibilidad de identificación del reporte ovni para convertirlo en un ovi.

“El trabajo de la ufología seria empezará en este nivel: el estudio del reporte ovni para buscar su explicación. Nótese que aún seguimos careciendo propiamente de un objeto pues, si explicamos el reporte eliminaremos nuestro elemento en la categoría de fenómenos conocidos en donde serán objeto de estudio de ciencias ya establecidas (astronomía, meteorología, aeronáutica, etc.). La idea es pues, encontrar reportes que resistan toda explicación, y que de este modo, se constituirían en el objeto de estudio de una ciencia ufológica…

ACORRALANDO AL TESTIGO

Desconociendo las ideas teóricas de Escobar y Janosh, mi acercamiento a la investigación ufológica de campo era enfrentando al testigo, casi acorralándolo, para evitar o impedir que embelleciera o modificara su relato. Partía del hecho de que los testigos no dicen la verdad, lo cual contradecía todos los estándares ufológicos en los que los perseguidores de ovnis incluso se atrevían a afirmar la existencia de testigos de elite: pilotos, científicos, militares y otros. Desde mi punto de vista el testigo miente consciente o inconscientemente. En el primer caso tenemos a los fabuladores (esencialmente los contactados y la mayoría de los abducidos); en el segundo tenemos a los testigos que se enfrentan a un fenómeno natural o artificial que el testigo, en su ignorancia, asimila a la fenomenología ovni (entendiéndose esta como naves extraterrestres). En este caso, aunque el testigo no mienta descaradamente y diga “su verdad”, esta no se ajusta a la realidad de la naturaleza.

Tomaba (y tomo) la investigación ufológica como una especie de gimnasia mental. Se trata de resolver acertijos del tipo: en caso de que el testigo no sea un fabulador ¿qué fenómeno natural pudo haberlo engañado o confundido?; si el testigo es un mendaz incorregible ¿cómo fabricó su historia?

Esta no es una actitud anticientífica. Manuel Borraz lo explica de manera sencilla, con su habitual claridad de ideas:

“Es bien sabido que no todos tienen la misma idea de lo que constituye una prueba del origen no terrestre de los ovnis.

“Por ejemplo, los menos exigentes echan en cara a los escépticos que cuando se enfrentan a los casos más “sólidos” acaban recurriendo, por ejemplo, a:

“- sembrar sospechas de fraude, poniendo en duda la veracidad de los testimonios;

“- trocear los hechos y los avistamientos hasta hacerlos irreconocibles, proponiendo explicaciones sumamente improbables.

“Pero estos procedimientos no son ninguna aberración. Cuando se indaga con espíritu científico un asunto novedoso debe tenerse auténtico terror a que se cuelen lo que se conoce a veces como “falsos positivos”, en este caso, a dar por anómalos sucesos que no lo son. Se trata de un terror a dar pasos en falso, a dar por supuesto cosas que pueden resultar completamente falsas. Un terror, por otra parte, al que debe su buena salud el edificio de las teorías científicas. Frente a estos “falsos positivos”, la posibilidad de “falsos negativos” (en nuestro caso, las eventuales visitas de naves extraterrestres erróneamente “explicadas” como sucesos convencionales) puede quedar incluso en segundo plano. Esto marca de entrada la actitud con que se aborda el tema. Después viene el argumento razonable de que fraudes los ha habido y los habrá siempre, y seguro que algunos de ellos nos acechan entre los casos aparentemente más “difíciles”. Y otro argumento de peso: increíbles casualidades las ha habido y las habrá siempre, y seguro que algunas de ellas acaban dando vida a una insólita cadena de despropósitos que va a parar al cajón de sastre de las historias de ovnis. Es muy improbable que un piloto observe un lucero sin reconocerlo a la vez que se detecta por radar un eco espurio en la zona, pero si algo así ocurre –puede ocurrir- seguro que lo encontraremos recogido en un catálogo de avistamientos de ovnis. En definitiva, lo que se plantea el escéptico es: si hay algo auténtico detrás de alguno de estos casos, algún día nos encontraremos con uno en que tanto la posibilidad de un fraude, como las posibilidades de un cúmulo de coincidencias u otras explicaciones convencionales, aparecerán como claramente inverosímiles. Pero los más creyentes se preguntan si realmente hay algo que pueda convencer a un escéptico. ¿Aceptaría un escéptico la existencia de naves extraterrestres en nuestros cielos si se le suministrara un pedazo de aeronave o se le concediera una entrevista con uno de sus tripulantes? Los más creyentes se temen que no, y que eso de “dadme pruebas y os creeré” es un cuento chino. Y tienen bastante razón… No obstante, lo que no aciertan a comprender es que, a menos que su composición fuera realmente extraordinaria, pudiéndose demostrar su procedencia extraterrestre de origen no meteórico, un pedazo de metal que no se diferenciara de una pieza de lavadora nunca probaría nada. Ni aunque llevara grabados símbolos venusianos. Y un intercambio de impresiones con un tipo cuya única “rareza” fuera su aspecto nórdico u oriental, su atuendo de opereta espacial o su lengua incomprensible, tampoco sería convincente, salvo en caso de que pudiera procederse a exámenes médicos y genéticos con resultados demoledores, o el contacto aportara información “revolucionaria” e inequívocamente de origen no terrestre. Es decir, una muestra material o un contacto fugaz con el mismísimo comandante de las fuerzas intergalácticas no tienen por qué resultar necesariamente probatorios…”

“A priori uno piensa que un observador podría equivocarse durante un rato pero que acabaría reconociendo su error enseguida. Casos como éstos sugieren que no siempre es así. Habría ocasiones en que, por ejemplo, el observador no percibiría una luna tras un velo de nubes sino un objeto cercano sombrío como en Feignies, o no reconocería la luna lejana sino un artefacto luminoso que estaría siguiendo a su coche. Me parece que es un poco como lo que ocurre cuando se contemplan esos dibujos ambiguos que permiten una doble lectura (busto de joven/cara de vieja, cubos cóncavos/convexos,…), que se mencionan a veces al hablar de la psicología de la percepción. Uno puede estar todo el tiempo del mundo percibiendo los trazos de una manera hasta que alguien le llama la atención sobre la otra forma de “verlos”. Trasladado a los casos anteriores, resultaría que una “confusión” de larga duración sería perfectamente verosímil. Creo que éste es un aspecto fundamental en este tipo de observaciones.

“Lo de la psicología social lo mencionaba por la segunda parte del problema. Otro punto crucial. Suponiendo que un observador quede cautivado por su propia interpretación anómala de una luz en el cielo durante tanto tiempo, parece poco creíble que suceda lo mismo con dos o más observadores. Pero de nuevo los ejemplos sugieren lo contrario. A la hora de interpretarlo no creo que haya que recurrir a conceptos tan equívocos -y pasados de moda- como las “alucinaciones colectivas”. Posiblemente se trate de una especie de proceso de “contagio” psicológico. Las reacciones y/o los comentarios de un observador influyen en otro y los de éste en el primero, que puede ver reforzada su interpretación. Se va creando un consenso perceptivo. Me parece que es este juego de influencias y sugestiones mutuas el que podría hacer verosímil la existencia de “confusiones colectivas””.

EL MISTERIO CENTRAL

Luis R González Manzo llamaba la atención sobre un artículo publicado por Andy Roberts en el número 118 de Fortean Times, que tiene que ver con estos errores de percepción. Roberts decía, en la traducción de González:

“Han habido nuevas revelaciones sobre el enigma del bosque de Rendlesham. Declaraciones originales hechas por los testigos principales de los sucesos de Diciembre de 1980 sugieren que habrían visto (y malinterpretado) el faro de Orford Ness y el buque-faro de Shipwash. En lugar de un asombroso descubrimiento tenemos que el caso Rendlesham queda eliminado como evidencia de un encuentro exótico con un OVNI.

“Pero, ¿es tan simple? Muchos de aquellos que aceptan su caída se pavonearan de que se trató “sólo” o “simplemente” de una percepción errónea. Mientras tanto los creyentes pasarán al siguiente “gran caso”. ¿Que tan equivocados están? “Simple” o “sólo” son meras palabras que hacen muy mal servicio a estos recientes descubrimientos. Quizá el caso Rendlesham esté resuelto pero lo que de verdad ha revelado es el verdadero meollo, el misterio central, no sólo de la ufología sino de la gran mayoría de temas forteanos.

“Revisen la historia de la ufología y se encontrarán caso tras caso nacidos de percepciones erróneas (…) Demasiado a menudo, cuando la “verdad” sobre una de estas percepciones erróneas es revelada, el caso es rechazado y eliminado de cualquier posterior estudio. Pocos investigadores se cuestionan PORQUE una estrella puede “convertirse” en un OVNI para determinado testigo. O por qué un avión en un vuelo normal se convierte, por un momento nada más, en un OVNI

“(…) Los errores de percepción y su descendencia de “creencias” evidencian un raro tesoro, el poder de la imaginación humana y su habilidad para transformar lo ordinario en lo misterioso y lo mítico. Nuestra capacidad para atrapar este resbaladizo hecho convierte el multiverso en un lugar mucho más interesante”.

Alejandro Agostinelli se preguntaba sobre el “proceso cultural anterior y posterior del acto de percibir un estímulo súbitamente transformado en nave extraterrestre o en cualquier otro evento extraordinario. Lo que Roberts llama “el misterio central””. Y se respondía:

“La transformación de la percepción de un suceso “banal” en otro más elaborado (“ufológico”, “paranormal”, “mágico”, etc.) tiene que ver con procesos creativos que probablemente han sido mejor estudiados por áreas más cercanas a la investigación etnográfica, artística y literaria. ¡Y que seguramente pocos de nosotros conocemos! Otra excepción de esta afirmación es el análisis del trasvasamiento de flujos de conocimientos míticos provistos por la ciencia ficción (Kottmeyer, Mehéust et al) y los estudios comparados de mitos afines (me refiero al acto de cotejar el contenido simbólico de los relatos actuales con otros equivalentes generados en épocas anteriores).

“Ese “momento nada más” que menciona Roberts (el trance donde se produce la metamorfosis del estímulo original en otra cosa más compleja) no es “un momento y nada más”: aquí hay que incluir a lo que llamaría la ANTESALA DE LA EXPERIENCIA (la información disponible, la educación impartida, el contexto cultural del testigo, que influyen en la memoria activa del “momento”, y la POST-EXPERIENCIA (el intercambio con el contexto inmediato y remoto, desde la que aportaron otros testigos con los que ha compartido el evento hasta los comentarios de familiares, amigos y entrevistas de periodistas o ufólogos)”.

Ese “misterio central” de la ufología (y de los fenómenos paranormales) está constituido por aquellas percepciones erróneas de fenómenos u objetos comunes que son transformados posteriormente en naves extraterrestres, monstruos peludos, imágenes milagrosas y otros fenómenos paranormales, gracias o debido a una deformación cultural, muchas veces influenciada por los medios de comunicación. No se debería trivializar su importancia. Antes bien este debería ser el núcleo central del estudio de todos los fenómenos paranormales. Ya que no se pueden extraer patrones ni tendencias coherentes de los casos todavía inexplicados, debido a su diversidad, habrá que estudiar los explicados. Nuevamente Manuel Borraz nos advierte:

“Estoy de acuerdo en que a veces se ha enfocado de forma muy simplista esta categoría de casos, tan frecuentes, de las “confusiones”. Si se descubre que un testigo de la aparición de un ovni observó Venus, la explicación del caso no es el planeta Venus en sí mismo (millones de observadores debieron ver el planeta en la misma fecha sin que dieran lugar a ningún informe sobre ovnis…), sino fundamentalmente los procesos involucrados desde el punto de vista psicosocial (procesos perceptivos, del recuerdo, de la transmisión de la información, etc.) que, por desgracia, suelen obviarse o se tienen poco en cuenta. Tanto es así que algunos perciben el enfoque psicosocial como un insulto a la inteligencia de los testigos (como si se quisiera hacer creer que el testigo no sabe distinguir un ovni de un simple lucero) mientras otros llegan a pensar que lo que se está postulando en realidad son extravagantes alucinaciones de todo tipo. En la mayoría de los casos, no se trataría ni de lo uno ni de lo otro (¿por qué costará tanto la aceptación generalizada del enfoque psicosocial más elemental?).

“Sobre la misma cuestión puede notarse que la verdadera naturaleza de los estímulos, es decir, su identificación precisa en cada caso (astro, avión, etc.), es bastante irrelevante en el contexto del enfoque psicosocial. Incluso hay ocasiones en que estímulos distintos hubieran dado lugar seguramente a experiencias similares de observación de ovnis. No obstante, también hay que reconocer que esa identificación precisa es lo que permite legitimar dicho enfoque. Si no se hubiera conseguido la identificación del estímulo en ningún caso, deberíamos contentarnos con trabajar con una hipótesis psicosocial meramente especulativa, sin confirmación empírica.

“Volviendo al hilo de la discusión, si estaba de acuerdo en que hay que dar importancia a todo lo que rodea a las “percepciones erróneas”, en lo que ya no estoy tan de acuerdo es en darle una importancia desorbitada, pues por lo general, estamos hablando de procesos bastante triviales. Tampoco estoy de acuerdo en hablar a estas alturas de un “misterio central”, pues hay mucha información sobre dichos procesos y hace muchos años que se ha venido abordando el tema. A menudo parece que cualquier cosa que se comente sobre este asunto ya ha sido dicha antes y mejor… Por ejemplo, algo hay en el “informe Condon” de hace treinta años. Y habría trabajos en esta línea anteriores a la aparición de los platillos volantes, en relación a temas como el de las apariciones marianas… A Michel Monnerie se le reprochó hace veinte años el no haberse basado en trabajos previos de psicología a la hora de plantear su noción de “rêve-éveillé” (“sueño despierto” o “sueño a ojos abiertos”). Para contrarrestar estas críticas, en “Le Naufrage des Extra-terrestres”, su segundo libro, dio por referencia la obra “Les apparitions de Belgique”, del Dr. A. Ladon (Doin, 1937), un estudio sobre ciertas apariciones marianas belgas. Basándose en las conclusiones del Dr. Ladon, Monnerie reafirmaba que muchas visiones de ovnis proceden de lapsus perceptivos, alucinosis, ilusiones, ciertos estados crepusculares, etc. (Si alguien ha leído el libro de Ladon ya nos comentará algo al respecto).

“El enfoque psicosocial contempla fraudes e historias inventadas, observaciones de fenómenos conocidos pero inhabituales, “mal interpretaciones” de fenómenos convencionales, determinadas vivencias relacionadas con el sueño, etc. ¿Son estos recursos suficientes para interpretar hasta el último rincón de la casuística?

“Cuando comienzan las complicaciones es cuando nos detenemos en algún caso en que PODRIA ser necesario contemplar la existencia de algún fenómeno físico novedoso o poco conocido. Y se me ocurre un segundo campo en el que podría haber complicaciones. Me refiero a los casos en que, análogamente, PODRIA ser necesario contemplar la existencia de algunos procesos psicológicos novedosos o poco conocidos. Pero si llega el caso, pienso que lo prudente es comenzar pensando en posibles fenómenos mal conocidos -de los que ya habría precedentes antes de la era de los platillos volantes- antes que en fenómenos inéditos desconocidos…

“En cuanto a fenómenos físicos, hay que empezar citando al eterno candidato a “fenómeno respetable perfectamente comprendido”: el rayo en bola. Me temo que continuará así hasta que se elabore un modelo físico que permita reproducirlo y estudiarlo a fondo. Por lo demás, me da la impresión de que se abusó del rayo en bola en el siglo pasado, cuando estuvo de moda, y se ha abusado de él en la “era de Arnold”, utilizado a veces como cajón de sastre por escépticos y ufólogos racionalistas. Espero que algún día sepamos si de verdad existe el rayo en bola y cuáles son sus auténticas posibilidades y limitaciones.

“Más nebuloso veo lo de las “luces tectónicas” y lo de los fenómenos luminosos recurrentes que se manifestarían en lugares muy determinados.

“Sobre las primeras, si no recuerdo mal, los análisis de Persinger han recibido muchas críticas metodológicas. Ignoro si ha ido tomando nota con los años, si se ha hecho el sordo o si ha tirado la toalla. Sobre los segundos, un paseo virtual por el Proyecto Hessdalen me ha decepcionado enormemente. No sé si en otros ejemplos la evidencia es más sólida (me vienen a la cabeza las luces de Marfa o las de Yakima).

“También hay casos puntuales intrigantes. Pienso en un clásico francamente enigmático, los incidentes de Levelland de la noche del 2 al 3 de noviembre de 1957, con su profusión de presuntos “efectos electromagnéticos” y una gran cantidad de testigos (aparentemente) independientes. Hay quien lo considera el mejor o uno de los mejores casos de apariciones de ovnis (¡pero ojo, el caso es más bien la excepción y no la regla!). ¿Fenómeno meteorológico extraordinario? ¿Montaje fraudulento?…

“Para terminar, unas pinceladas sobre el otro apartado, el de posibles fenómenos psicológicos poco conocidos. Antes de lanzarnos a especular en este campo habría que tener datos fiables para poder decidir sobre ese conjunto de casos, generalmente de testigo único, en que las “percepciones erróneas” pueden descartarse, en que tampoco hay un contexto que nos remita a estados próximos al sueño, viéndonos en consecuencia abocados al dilema fraude o “algo” realmente raro (alucinaciones especiales, estados mentales poco conocidos, etc.). ¿Cuál sería el auténtico alcance de las fabulaciones puras y duras en este dominio? ¿Cuál el de la patología mental? ¿Es realmente necesario recurrir a hipotetizar “estados alterados de conciencia” transitorios o cosas por el estilo? Esas son, a mi juicio, cuestiones clave.

“Algunos autores (hemos de citar de nuevo a Persinger, entre otros) han especulado con que fenómenos electromagnéticos podrían inducir un estado transitorio inusual de actividad en el lóbulo temporal del cerebro (como un “microataque” epiléptico) generando vívidas alucinaciones. Con esta hipótesis se ha pretendido abordar un amplio abanico de experiencias anómalas (encuentros con ovnis, experiencias cercanas a la muerte, etc.). No hace mucho, en la sección de “Cartas al Editor” de la revista “Skeptical Inquirer” (sep./oct. 1998), un tal Clifford A. Pickover comentaba su teoría según la cual la epilepsia de lóbulo temporal (ELT) podría tener un papel tanto en el fenómeno de la abducción extraterrestre como en la experiencia religiosa (al respecto, había escrito el libro: “Strange Brains and Genius: The Secret Lives of Eccentric Scientist and Madmen”). Pero, ¿qué hay realmente de verificable en todo esto? ¿Hay algún experto en la sala…?

“También puede ser de interés señalar que Paul Devereux (cuyos puntos de vista son o eran afines a los de Persinger) se viene interesando de un tiempo a esta parte por los llamados “sueños lúcidos” y experiencias afines.

“Ya veremos si se produce algún progreso en estas áreas o si por el contrario todo irá a quedar en meras especulaciones”.

Continuará…

Nuevo libro de Sagan

From Scientific American
Sagan, writing from beyond the grave (actually his new book, The Varieties of Scientific Experience, is an edited version of his 1985 Gifford Lectures), asks why, if God created the universe, he left the evidence so scant. He might have embedded Maxwell’s equations in Egyptian hieroglyphs. The Ten Commandments might have been engraved on the moon. “Or why not a hundred- kilometer crucifix in Earth orbit?… Why should God be so clear in the Bible and so obscure in the world?” He laments what he calls a “retreat from Copernicus,” a loss of nerve, an emotional regression to the idea that humanity must occupy center stage. Both Gingerich and Collins, along with most every reconciler of science and religion, invoke the anthropic principle: that the values of certain physical constants such as the charge of the electron appear to be “fine-tuned” to produce a universe hospitable to the rise of conscious, worshipful life. But the universe is not all that hospitable-try leaving Earth without a space suit. Life took billions of years to take root on this planet, and it is an open question whether it made it anywhere else. To us carboniferous creatures, the dials may seem miraculously tweaked, but different physical laws might have led to universes harboring equally awe-filled forms of energy, cooking up anthropic arguments of their own.

Cae otro ovni en Roswell (en la calle de Roswell)

Objeto caído no identificado de Roswell

Xspot

Un objeto caído no identificado asustó a los residentes de Roswell recientemente. “Salió del cielo nocturno, aterrizó al sur de Moline. Jody bajó de su tractor, no podía creer lo que había visto”, dijo un residente. Seguro era algo que nadie había visto antes.

Roswell es una avenida en Chino, una calle arriba de donde -y aquí es donde las cosas se ponen aún más interesantes- un cobertizo se incendió al mismo tiempo que el objeto volante, supuestamente, se estrelló en la tierra.

Por lo menos eso es lo que docenas de personas pensaron ver, cuando entraron en contacto con el Departamento del Sheriff del Condado de San Bernardino para informar que un objeto volante no identificado había aterrizado o se había estrellado en el pueblo.

El avistamiento fue reportado por los residentes y los conductores como cercano a la autopista 71 y más allá de la autopista 210.

Primero, fue visto un objeto que caía. Luego, el incendio. “Alguien dijo a uno de los bomberos que vio el desplome de un avión”, dijo el capitán Kim Johnson de la estación 65 del cuerpo de bomberos de Chino, cuya unidad fue llamada cuando un cobertizo en la cuadra 13.000 de la calle de Cozzens estalló en llamas.

“Hay mucha gente que está convencida de que algo salió del cielo –y que había algo inexplicable, una luz que caía del cielo”, dijo Johnson.

Después del avistamiento, el departamento del sheriff recibió varias llamadas telefónicas, dijo Johnson. Un helicóptero fue enviado para revisar el área para saber si había un avión caído, pero no se encontró ningún avión.

“Alguien llamó para decir que vieron fuego (en el cielo)”, dijo Debra Holman, del Departamento del Sheriff del Condado de San Bernardino. “Pensamos al principio que era un transformador pero sigue siendo indeterminado.”

El Departamento del Sheriff todavía está investigando el incidente, dijo Holman. Todos los aviones fueron contados en el aeropuerto internacional de Ontario, y no se detectó ningún objeto volante no identificado por el radar en la noche, dijo Maria Tesoro-Fermín, portavoz del aeropuerto.

El miércoles, el cobertizo en la parte posterior de la casa abandonada de la calle de Cozzens estaba en ruinas. La madera calcinada crujía y se sacudía al viento mientras que la vecina Gary Hering trabajaba en su RV.

“No oí nada”, dijo Hering. “Ni una explosión, nada. Mi hijo y su esposa vieron el fuego en el cobertizo. Todo lo que vi eran llamas”.

Es un misterio, sí, pero es uno que todos piensan que tiene que ver con algo grande, dijo otro vecino, Gary Matulik, quien estaba en casa cuando comenzó el incendio.

“No oí nada”, dijo Matulik. “Incluso no sabía que hubo un fuego aquí ayer por la noche”. Pero algunos eligieron no hablar del objeto extraño que los fascinó y aterrorizó la noche anterior.

“Mi primo dijo que él vio una estrella fugaz”, dijo un hombre joven que vive en la avenida de Roswell. El primo del hombre joven lo negó.

Los investigadores de incendios pasaron el día siguiente en el cobertizo, buscando la causa del fuego. “Puede haber una explicación simple”, dijo Johnson. “Pero ¿quién sabe?”

Desde 1967, se han reportado avistamientos ovni en el Inland Valley de vez en cuando. Fueron vistas bolas de luz sobre Diamond Bar, al sur de Pomona y Claremont en 1967. En 1974 un flash inexplicado dejó perplejos a los residentes de Azusa. Y en 1966, los residentes de Claremont dijeron que un avistamiento ovni era realmente solo una bolsa de plástico.

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Ufología ¿Una ciencia? (2)

Hola a todos:

Comento algunas cosas del artículo de Luis Ruiz que nos hizo llegar Óscar García. Como Luis no está conectado a la lista tal vez Óscar quiera comentar algo. (Por cierto, ¿por qué no invitamos a Luis Ruiz a Anomalist?).

En primer lugar creo que, salvo que alguien opine lo contrario, cualquiera de nosotros suscribiría al cien por cien lo que afirma Luis Ruiz en su artículo; pero todo ello, sin restarle mérito, ya estaba dicho o sabido. Quiero decir que son esas las coordenadas desde las que la mayoría de nosotros intentamos pensar el fenómeno ovni. Ese es nuestro status quo de la cuestión de los ovnis. Otros “ufólogos” se dedican en cambio a idear nuevas tipologías de humanoides o a afirmar que cuando escribe sobre Jesucristo se siente “dirigido”, se supone que por Dios mismo (¿por quién si no?): nuestro inefable JJ Benítez.

Luis Ruiz.- “La “falacia del residuo” se basa en el argumento de Joseph Allen Hynek de que aún cuando el 95% de los reportes de OVNIs se deben en realidad a OVIs (Objetos Volantes Identificados), queda un remanente del 5% que seguramente sí son OVNIs (en México ese residuo es del 100%. Todos los casos reportados son tomados por los ufólogos como verdaderos OVNIs)”.

Esto es sociología de la ufología de México. Creo que se podría decir lo mismo del Perú. Estamos acostumbrados a noticias en los medios especializados de España referidas a frecuentes “oleadas” de ovnis en Sudamérica…

Luis Ruiz.- “La tesis de la ufología es una acusación contra la capacidad de la Ciencia contemporánea para explicar el universo. Las reglas de la Ciencia son claras: los alegatos extraordinarios requieren pruebas extraordinarias. Por lo tanto la ufología tiene que probar dicha acusación con pruebas contundentes. Mientras no lo haga, el modelo actual de la realidad, el Método Científico, seguirá siendo válido y los argumentos de la ufología simples sofismas y patrañas. Pero esto no lo comprenden los ufólogos. Para ellos la simple existencia de casos no resueltos es una supuesta prueba de la necesidad de modificar la Ciencia moderna”.

La primera frase es contundente (y cierta), pero creo que se puede hacer una interpretación de ella. Está claro que los ufólogos menos racionalistas intentan “desafiar” a la ciencia actual, pero me resisto a creer que por una incompetencia para entender el método científico o por puros intereses económicos (en algunos casos seguro). Muchos ufólogos crédulos no son estúpidos, por tanto no puede tratarse de una simple incapacidad para darse cuenta de que “hechos extraordinarios requieres pruebas extraordinarias”: la causa es sociológica. Pasa lo mismo que con las pseudociencias en general. Benveniste con la homeopatía ha sometido voluntariamente a controles rigurosos sus ideas y afirmaciones; no ha podido probar nada, pero ha sabido reconducirlas y ponerlas a salvo, a la espera de nuevos controles. Y aún Benveniste es un caso anómalo dentro de las pseudociencias: lo habitual es que no se desee someter a controles las afirmaciones extraordinarias; las reglas del método científico establecidas históricamente son lo de menos para el creyente en todos estos hechos extraordinarios, pero no es que se trate de un estúpido o de un zote incapaz de comprenderlas y aplicarlas: es que no le importa, no las necesita para dar el visto bueno a su creencia, le basta con que le cuadren en sus ideas previas. El movimiento escéptico mundial (expresión que no me gusta demasiado pero que la uso porque se está imponiendo entre las asociaciones escépticas) no parece haber comprendido esto del todo: se siguen pidiendo pruebas y demostraciones (y es bueno pedirlas, no obstante), pero no nos damos cuenta de que al creyente no le hacen falta. Sociológicamente la ciencia es percibida como algo amenazante, o como algo que nos oculta la verdad sobre esta particular intuición nuestra (me pongo en el papel de un creyente convencido en los ovnis); ¡qué más me da a mi que no haya sido contrastada según el método científico! A los ufólogos les importa bien poco Popper… El panorama no es tal extremista como lo he presentado: de hecho los ufólogos de preocupan de presentar “pruebas” en forma de fotos, vídeos, trocitos de sustancias “extrañas” y los propios testimonios humanos. Para ellos son pruebas válidas. Pero lo que sustentan es una creencia, igual que la creencia en el poder curativo de una reliquia sagrada fortalece la creencia en unos seres superiores. Esto sería una “prueba” de la existencia se esos seres superiores. Para nosotros se trata más bien de efectuar interpretaciones, y no tanto seguir constatando la indigencia de la ufología como ciencia.

Saludos.

Ricardo Campo.


Me adhiero a las matizaciones que hace Ricardo Campo sobre el texto de Luis Ruiz. Creo que soy una persona poco sospechosa de suscribir la HET o cualquier otra tesis irracionalista (si no estáis de acuerdo en esto, decídmelo y sin ningún problema os desconectaré para siempre de la lista >:-)), pero me cuesta mucho tragar sin reparos un comentario como el de Luis Ruiz que para mí peca de partir de bases fisicalistas para juzgar un asunto que en absoluto las posee y que es más una cuestión sociológica -pero tampoco exclusivamente- que otra cosa, de ahí la incongruencia que le veo. Desde este punto de vista -y aprovechando cobardemente que Ignacio no nos lee- apunto también que estas consideraciones me hacen dudar sobre la rotunda negativa que algunos enarbolan respecto a las posibilidades de la ufología como ciencia. Entendida, aclaro, como estudio del hecho sociológico que representa la interpretación en clave platillista de estímulos no identificados, no como el análisis fisicalista de supuestas naves extraterrestres.

Matías Morey


Considero excelente el artículo de Luis Ruiz por 2 razones fundamentales:

1) No anda con medias tintas o ambigüedades.

2) Es contundente y directo al discurso que se suele presentar en los medios.

No encuentro ninguna incongruencia (como acusa Matías), por el contrario, los aspectos sociológicos están contemplados y el punto central está perfectamente definido. Tampoco sé qué nuevas interpretaciones sociológicas, psicológicas o psico-sociales se van a poder aportar y que no se hayan dicho en cuestiones de psico o socio de la creencia y/o religión. Tampoco entiendo la acusación gratuita de “fisicalista”, cuando en la lista se siguen analizando y desmenuzando casos.

Ricardo Campo comenta: “En primer lugar creo que, salvo que alguien opine lo contrario, cualquiera de nosotros suscribiría al cien por cien lo que afirma Luis Ruiz en su artículo; pero todo ello, sin restarle mérito, ya estaba dicho o sabido. Quiero decir que son esas las coordenadas desde las que la mayoría de nosotros intentamos pensar el fenómeno ovni. Ese es nuestro status quo de la cuestión de los ovnis.”

¿En qué quedamos? Está todo dicho y sabido pero se siguen desmenuzando casos, ¿para qué? Si ya conocen el final, ¿qué nueva interpretación sociológica (y que no se haya dicho) van a aportar?

Continúa Ricardo Campo: “El movimiento escéptico mundial (expresión que no me gusta demasiado pero que la uso porque se está imponiendo entre las asociaciones escépticas) no parece haber comprendido esto del todo: se siguen pidiendo pruebas y demostraciones (y es bueno pedirlas, no obstante), pero no nos damos cuenta de que al creyente no le hacen falta.”

El M.E.M. la tiene más clara que vos Ricardito, la simbiosis creyentes-escépticos se nutren mutuamente (no podía ser de otra manera). La interpretación psico-sociológica que puedas hacer, necesita un paso previo que es precisamente contra-argumentar contra un discurso “fisicalista” que te presentará el ufólogo creyente. ¿Que al creyente no le hacen falta pruebas y demostraciones? FALSO. Las quieren, las necesitan y se muerden los codos porque no las consiguen. Vos también colaborás (aunque temas reconocerlo) para que se muerdan los codos. El discurso ambiguo y tembloroso (que no es el que maneja precisamente Luis Ruiz) es el que más les alimenta -a los creyentes- la esperanza de encontrar la prueba definitiva. Cuando se enfrentan a un discurso frontal, claro y sin pelos en la lengua, terminan reconociendo (cayendo) su credo, y ahí es cuando le diremos GRACIAS y ahora sí pueden ir a rezar a la iglesia. Es como tú dices, esto pasa en todas las pseudociencias. La tarea de los M.E.M. es ponerlos en su sagrado lugar (y es de donde no deberían salir disfrazados). El objetivo de los M.E.M. no son los creyentes (de ellos sólo se nutre) sino los dudosos y curiosos (también hay grados) que puedan ser presa del engaño y/o autoengaño y finalmente terminen sumándose a la manada.

Conclusión: menos matizaciones-ambigüedades-contradicciones-nies, y más claridad y definiciones.

Hasta pronto,

Enrique Márquez


Gracias por sus comentarios sobre el texto de Luis, supongo que de algo sirvió meterme a esta lista, ya los estoy viendo discutir (y como tengo un espíritu profundamente morboso -y a mucha honra- no saben cómo me divierto). Seguro Luis se pondrá feliz por sus comentarios. Ya casi lo convenzo de que le entre a este cybermundo abstracto…

Sobre sus comentarios pienso que tanto Matías como Enrique y Ricardo tienen razón, es cierto que en algunos sentidos el discurso es “fisicalista” porque argumenta de una forma técnica dejando a un lado lo social. Sin embargo no pierde de vista lo filosófico y cita a Popper y acepta que las respuestas científicas no son verdades. ¿Cómo creer que lo que creemos tiene algo que ver con lo que las cosas son? La realidad está ahí pero es inalcanzable para los hombres. La misma idea de que pueden existir otros seres con vida que viajan desde otros planetas son conceptos humanos. El concepto “viaje” es humano ¿Por qué habrían de viajar otros seres si semejante concepto no entra en su estructura de supuesto pensamiento? Igual y el pensamiento estructurado a nuestra manera no tiene que ver nada con los posibles “pensamientos” de otros seres. Con una “razón” de otro orden ¿por qué lo lógico en la mente de otro animal tendría que ser lógico..? Creo que el egoísmo del hombre (ese del que se habla siempre) está más bien en seguir pensando que hay otras cosas que corresponden a su condición humana… Todo por no querer aceptar que la “razón” adquirida por el hombre es un accidente difícilmente duplicable que corresponde a millones de factores de este planeta (incluyendo lo social e histórico). Siquiera creo que haya algo mínimo parecido al pensamiento tal y como lo entendemos (por no decir pensamiento humano) en el cosmos. Eso sí es ser escéptico.

Oscar.


Enrique Márquez escribió:

>Considero excelente el artículo de Luis Ruiz por 2 razones fundamentales:

>1) No anda con medias tintas o ambigüedades.

No, ni yo tampoco, ni Anomalist. Lo que pasa es esto no es una escuela rígida de pensamiento: cada uno tiene el suyo. Libérrimos que somos…

>2) Es contundente y directo al discurso que se suele presentar en los medios.

Estupendo.

>No encuentro ninguna incongruencia (como acusa Matías), por el contrario, los aspectos sociológicos están contemplados y el punto central está perfectamente definido.

Los aspectos sociológicos en el texto de Ruiz se deducen: no son explícitos.

>Tampoco sé qué nuevas interpretaciones sociológicas, psicológicas o psico-sociales se van a poder aportar y que no se hayan dicho en cuestiones de psico o socio de la creencia y/o religión.

Bien, esa es la puerta que deja abierta Matías Morey. Yo también tiendo a pensar que las ciencias humanas académicas puedan dar cuenta de la creencia ovni, es decir, que, como dice un refrán español, “para este viaje no nos hacían falta estas alforjas”, donde el “viaje” son los ovnis, y las “alforjas” la ufología como ciencia de nuevo cuño que habría que inventar para estudiar el objeto “ovni”. Esto es lo que piensa también Cabria y por eso bromeaba Morey con que “aprovechando que Nacho no nos oye…”. Bueno, tampoco sé con exactitud si Morey piensa que la ufología puede aportar algo DESDE DENTRO al conocimiento de la creencia ovni, tal vez piense que la creencia necesite alguna aproximación novedosa o específica, aunque no sea determinante, y que sea la ufología la que esté en condiciones de hacerlo, por su ya antigua relación con el “objeto de estudio”. A mí no me escandaliza que lo piense; probablemente me obligue a pensar más sobre mis opiniones…

>Tampoco entiendo la acusación gratuita de “fisicalista”, cuando en la lista se siguen analizando y desmenuzando casos.

Una cosa no quita la otra. Libertad de enfoque se llama eso. O complementariedad.

>Ricardo Campo comenta: “En primer lugar creo que, salvo que alguien opine lo contrario, cualquiera de nosotros suscribiría al cien por cien lo que afirma Luis Ruiz en su artículo; pero todo ello, sin restarle mérito, ya estaba dicho o sabido. Quiero decir que son esas las coordenadas desde las que la mayoría de nosotros intentamos pensar el fenómeno ovni. Ese es nuestro status quo de la cuestión de los ovnis.” ¿En qué quedamos ? Está todo dicho y sabido pero se siguen desmenuzando casos, ¿para qué? Si ya conocen el final, ¿qué nueva interpretación sociológica (y que no se haya dicho) van a aportar?

Lo que pasa es que yo no tengo compartimentos estancos en mi aproximación al fenómeno ovni. Cualquier cosa que sirva para hacer luz me parece interesante, Borraz, Cabria, qué más da… La gente sigue reportando observaciones de apariencia anómala: suficiente para que el interesado se aplique a ellas. La leyenda se reconvierte, se agregan motivos, evoluciona, está viva, ¿quieres más motivos? Yo no conozco el final de esto.

>Continúa Ricardo Campo: “El movimiento escéptico mundial (expresión que no me gusta demasiado pero que la uso porque se está imponiendo entre las asociaciones escépticas) no parece haber comprendido esto del todo: se siguen pidiendo pruebas y demostraciones (y es bueno pedirlas, no obstante), pero no nos damos cuenta de que al creyente no le hacen falta.” El M.E.M. la tiene más clara que vos Ricardito,

Pues me alegro un montón… la simbiosis creyentes-escépticos se nutren mutuamente (no podía ser de otra manera). La interpretación psico-sociológica que puedas hacer, necesita un paso previo que es precisamente contra-argumentar contra un discurso “fisicalista” que te presentará el ufólogo creyente.

Bien, pero no nos quedamos ahí… vamos a esa hermenéutica de los ovnis…

>¿Que al creyente no le hacen falta pruebas y demostraciones ? FALSO.

No sé si leíste del todo mis comentarios al artículo de Ruiz: allí dije que sí necesita pruebas y demostraciones, pero NO DEL MISMO TIPO que en la investigación científica. Claro, estrictamente no son pruebas válidas en absoluto, pero ELLOS LAS LLAMAN PRUEBAS; así de “contaminados” están por el discurso cientifista, X-DD al que usan cuando les beneficia (las especulaciones SETI por ejemplo).

Las quieren, las necesitan y se muerden los codos porque no las consiguen. Vos también colaborás (aunque temas reconocerlo) para que se muerdan los codos.

No si yo no temo reconocerlo. Además tengo experiencia en listas de creyentes que me morderían a mí en vez de a sus codos si pudieran…

>El discurso ambiguo y tembloroso (que no es el que maneja precisamente Luis Ruiz) es el que más les alimenta -a los creyentes- la esperanza de encontrar la prueba definitiva.

¿De quién hablas? Por lo menos mi discurso no es ambiguo ni tembloroso. Lo que pasa es que no creo en el Movimiento Escéptico Internacional (¡lo que me cuesta escribir estas palabras con mayúscula inicial!). Mi escepticismo es previo a la constitución de ningún concilio del pensamiento correcto: no deseo que nadie se lo apropie. Me molesta fundamentalmente la tomadura de pelo a los crédulos por parte de los “Maussanes”, “Beníteces” y “Zerpas” que pululan por ahí. Por lo demás considero al artículo de Ruiz reduccionista, lo cual no es ni malo ni bueno, ES, desde mi punto de vista, pero eso no lo invalida por supuesto. Estamos ante una leyenda (y la posibilidad de fenómenos extraños o poco conocidos para la ciencia, como por ejemplo los sprites y rayos en bola; esto se ha dicho tantas veces que ya me empieza a cansar tener que repetirlo una vez más…) que no se REDUCE a una pseudo-ciencia que no ha sido capaz de convertirse en ciencia.

>Cuando se enfrentan a un discurso frontal, claro y sin pelos en la lengua, terminan reconociendo (cayendo) su credo, y ahí es cuando le diremos GRACIAS y ahora sí pueden ir a rezar a la iglesia.

Esto no lo entiendo.

>Es como tú dices, esto pasa en todas las pseudociencias. La tarea de los M.E.M. es ponerlos en su sagrado lugar (y es de donde no deberían salir disfrazados).

Eso díselo a Benítez… Sólo le falta ponerse una bata blanca cuando habla de ovnis.

>El objetivo de los M.E.M. no son los creyentes (de ellos sólo se nutre) sino los dudosos y curiosos (también hay grados) que puedan ser presa del engaño y/o autoengaño y finalmente terminen sumándose a la manada. Conclusión: menos matizaciones-ambigüedades-contradicciones-nies, y más claridad y definiciones.

No he visto ni una sola ambigüedad en lo escrito por mí (así de chulo soy ;-)) ni en lo escrito por Morey. Y en cuanto a las matizaciones y las contradicciones HABRÁ TODAS LAS QUE SE CONSIDEREN OPORTUNAS, ETERNAMENTE Y POR SIEMPRE, PORQUE CREO QUE NO HAY SENTIDO, QUE ALGÚN DIOS CREÓ EL MUNDO Y SE RETIRÓ, QUE LA HISTORIA NO TIENE FINAL, QUE NO HAY NINGÚN ESPEJO EN EL QUE SE REFLEJE NUESTRA RAZÓN DE FORMA PURA, QUE ESTO NO ALIMENTA EN ABSOLUTO LAS CREENCIAS MÁS IRRACIONALES, Y QUE, FUNDAMENTALMENTE, CREO EN EL REALISMO HEROICO, O SEA, QUE EL SER HUMANO ES UN SER INACABADO, Y POR TANTO, LLENO DE MATICES CONTRADICCIONES. Y si mi amigo Alejandro Borgo cree que esto es pura poesía (de la mala, claro)… pues está en su derecho 🙂 Enrique: el debate es lo único que nos mantiene vivos: no veas blandura donde otros expresan simples opiniones pero de forma tan contundente como puede ser la tuya.

Saludos cordiales.

Ricardo Campo.

La virgen de la pepita

Matrimonio ve a la Virgen Maria y a Jesús en pepita de oro

Pepita encontrada en el desierto de Arizona

Sun City, Ariz. – Una búsqueda de oro en el desierto de Arizona se ha transformado en inspiración y al mismo tiempo en algo valioso.

Burton Klatt, de Sun City, por años ha estado cavando por el material amarillo y tiene exhibidores de las pepitas que él ha encontrado.

Sin embargo, la que consiguió más atención es una pepita que dice tiene la forma de la Virgen Maria sosteniendo al niño Jesús.

Al principio, pensó que se parecía a un caballo. Su esposa fue la que vio la santa imagen.

La familia amplió la imagen en papel y vio a la Madonna y al niño más claramente. “Puedes ver la nariz y los ojos”, dijo Burton Klatt.

La pepita pesa menos de una onza y es más pequeña que un BB. Los Klatts dijeron que ha sido popular entre su familia y amigos cercanos. Pero después de guardarla por un año, la pareja decidió compartirla con otros.

“No veo cómo otras personas puedan pensar que estamos locos, porque pueden verla”, dijo Carole Klatt.

Ninguno de los Klatts afirman ser muy religiosos, pero dijeron que la pieza ha alentado su espiritualidad.

“No éramos religiosos antes”, dijo Burton Klatt. “Soy un creyente, pero esto ayuda más”.

http://www.nbc4.tv/news/10289619/detail.html