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El “Pájaro serpiente” de Puerto Rico

QUETZALCÓATL EN PUERTO RICO

Comenzamos mal. Jorge J. Martín es la fuente de esta historia. Martín es un famoso ufólogo de Puerto Rico, conocido en el mundillo de los platillos voladores por difundir y apoyar historias sensacionalistas y falsas de ovnis, como el caso de las fotografías de Amaury Ribera, el de Majestic 12, el Informe Matrix y otros.

En el número 24 de la revista ¡Enigma!, que dirigía Martín, se presentaba el caso de una “extraña” ave con colmillos de serpiente. El pájaro había sido encontrado una noche de finales de abril de 1989 por el esposo y el cuñado de la señora María Ortiz Hernández, en un sector del barrio Jaguas, mientras pescaban. No se si finalmente se dieron los nombres de estas dos personas. En el artículo original de Martín no se daban estos datos.

Repentinamente los hombres escucharon un aullido fuerte. Tomaron sus linternas e iluminaron hacia el lugar de donde provenía el ruido. Asombrados vieron un extraño pájaro parado en la rama de un árbol a punto de volar en picada en contra de ellos. Lo extraordinario del pájaro era que mostraba dos enormes colmillos como los de una serpiente. Sin embargo, al ser iluminado por las linternas, el pájaro quedó inmóvil y cayó del árbol. Momento que aprovecharon los pescadores para atraparlo.

La noticia fue publicada por el periódico El Vocero, de Puerto Rico, en donde se informaba que incluso el alcalde de Gurabo, el señor Ramón García Caraballo, un agente de la Oficina del Gobernador, de la Defensa Civil de Gurabo, representantes de la Fortaleza y de diversas agencias gubernamentales habían ido a ver el animal. No se indicó si habían sido visitas oficiales o por mera curiosidad particular.

Se dijo que el animal tenía ojos que brillaban por la noche “como brazas de fuego, rojos como la sangre”. El periódico afirmó que la hermana de María Ortíz era pastora de la Iglesia Pentecostal, y que había dicho que el pájaro era el anticristo. Ante esta declaración María, molesta, indicó;

“¡Eso no es verdad y el periódico tiene que aclararlo, porque si no lo hace lo vamos a demandar!”

La descripción del animal, según María, era esta:

“Aquello era como del tamaño de una gallina pequeña y era como un pichón, como si fuese jovencito todavía. La cabeza no tenía muchas plumas y la piel parecía como la de los sapos, medio como de culebra… rugosa. En la boca tenía dos piquitos chiquititos nada más y del cuello para abajo tenía plumas. Tenía dos patitas chiquititas. Aullaba como un perro, hacía un ruido feo… y era bravo. Solamente a mí no me tiraba. Yo lo tenía en una jaula con una piedra encima para que no pudiese salirse”.

En las fotografías a color del animal se aprecia otra cosa. El pájaro tiene plumas a todo lo largo de su cuerpo, inclusive en la cabeza.

“Los colmillos esos, los dientes, no se le habían visto después de que me lo trajeron. Al otro día por la noche tarde fue que aquello abrió la boca y le salieron los colmillos. Aquí vino un biólogo que me lo quería comprar, me quería dar $ 1,500.00 por él. Ese biólogo examinó el pájaro y dijo que se parecía en algo a un chotacabras o guabairo de esos, pero que no era nada de eso, que era algo extraño. Cuando lo examinó notó que en el cielo de la boca, arriba, tenía dos rotitos… uno a cada lado… y me dijo que aquello tenía que sacar algo o echar algo por allí, que estuviese pendiente. Entonces más tarde por la noche abre la boca y vemos que saca esos colmillos. Todos nos asustamos y gritamos. Le metimos un palo en la boca y no podía cerrarla y los colmillos no podían echarse pa atrás. Así lo llevamos a retratar a Quality Photo y todos lo vieron, el alcalde y todo el mundo. De Salud Ambiental aquí vinieron y le tiraron muchas fotos y ahora nadie sabe dónde están esas fotos. Si no fuese porque le tiramos unas fotos en Quality Photo, aquí en Gurabo, no tendríamos pruebas del pájaro y los dientes”.

CHOTACABRAS

Nunca se dio el nombre de tan importante personaje en este caso: el biólogo, por lo que esa parte de la historia no se puede confirmar. De lo que se deduce por las fotos, el animal no debería ser tan bravo pues con sólo un dedo en el pico se le controla muy bien. Parece que está muerto, o por lo menos eso es lo que aparenta en la foto. Está rígido, sin un movimiento aparente, y no por el hecho de ser una foto sino por la aparente falta de elasticidad de las alas.

“Como decían que aquello tenía que ser un chotacabras le dimos para que comiese cosas que según la gente esos animales comían; lagartijos, insectos… y nada. Sólo cuando le di pedazos de bistec crudo frescos fue que comió, que se los tragaba enseguida, nada más”.

Chotacabras es el nombre común que se les da a diversas aves de la familia caprimúlgido, del orden caprimulgiformes. El chotacabras gris (Caprimulgus europaeus) mide unos 25 centímetros y presenta una coloración parda y manchada de gris que les permite camuflarse perfectamente en el terreno; tiene el pico corto, pero puede abrir mucho las fauces. Durante el día permanecen posados en las ramas en la dirección de éstas; despliega su actividad durante la noche persiguiendo mariposas nocturnas; no construyen ninguna clase de nido, y depositan los huevos en el suelo. Se les encuentra en diversas partes de América, inclusive en Puerto Rico. La chotacabras parda (Caprimulgus rupicollis), algo mayor, presenta un collar rojizo en el cuello y es de distribución más meridional. Se caracteriza por presentar la abertura bucal muy ancha, ojos grandes, pies de reducido tamaño y cola larga. El plumaje es muy abundante, con coloraciones miméticas. En general son nocturnas.

La fotografía representa ni más ni menos que una chotacabras gris y la descripción que de ella da María también se ajusta a la de un chotacabras. El único detalle que no concuerda con la morfología de este animal son los dos “colmillos” tipo víbora de cascabel que, muy probablemente sean, como se dijo, un par de espolones de gallo incrustados en la boca del animal.

“El biólogo sacó una muestra del tejido de adentro de la parte de debajo de la boca del pájaro, que cuando el alcalde vino vio que todavía brotaba sangre por ahí, para hacerle unas pruebas, analizarlo y ver qué encontraba y me dijo que después me llamaba y me decía qué encontraba. Al otro día me llamó bien nervioso y me dijo que no quería saber nada más de eso, que ese animal tenía que ser un aborto de la naturaleza, una mutación o algo así o producto de algún experimento genético de alto nivel que alguien bien arriba está haciendo, porque dijo que cuando hizo las pruebas con el tejido, que las repitió varias veces porque no podía creer los resultados, encontró que aquello no tenía casi tejido de ave ni de lagarto, sino que parecía ser tejido humano. Estaba bien nervioso… y dijo que él no quería meterse en eso, que ya la cosa era fuera de lo normal y él no quería meterse en problemas”.

Esta no es la actitud de ningún científico. Al contrario, acicateado por el extraño comportamiento de la muestra, debió haber seguido con la investigación. Por otra parte no creo que esta declaración sea de María, más bien se parece a la forma de decir y de redactar del propio J. J. Martín y de sus ideas conspiranóicas. María, por lo que se ve en la foto, debe ser un ama de casa de escaso nivel económico y cultural, cuyo lenguaje distaría mucho del que aquí se expone.

SE DESCUBRE EL FRAUDE

Finalmente un policía que visitó la casa dijo que eso no podía existir. Acto seguido tomó el pájaro y le arrancó los colmillos. Se trataba de espuelas de gallos. Al enterarse de lo anterior, el Departamento de Recursos Naturales publicó una carta abierta en la prensa negando todo, diciendo que el asunto era falso y afirmando que el pájaro era un miembro de la especie del llamado Guabairo, una especie protegida, por lo que se advertía al público que la captura de esos animales estaba penalizada por ley, y que cualquiera que capturara uno de esos pájaros sería procesado. Al animal de María Ortíz se le había mutilado agregándole unos espolones de gallo en la boca.

Luego de esto, y seguramente temiendo las represalias del Departamento de Recursos Naturales, María Ortíz hizo “desaparecer” al pajarraco. Según ella llevaba al animal a la alcaldía (sin razón aparente, o por lo menos ella no supo explicar el por qué), cuando unos policías que estaban en una camioneta Van negra la detuvieron y le preguntaron si ella era la dueña del extraño animal y que si podían verlo (¿cómo sabían que llevaba el pájaro? La historia está muy forzada en este punto).

Cuando ella les pasó la caja en donde llevaba el pájaro, el de la ventanilla derecha la tomó, mientras que el otro arrancaba el auto a gran velocidad.

“Por poco me arrancan el brazo –dijo María- . Después fui al cuartel, pero allí dicen que ellos no saben nada y que no era gente de ellos. Ahora nadie sabe quienes eran esos tipos y se han dedicado a decir que todo es mentira y que nosotros fabricamos eso. Pero hay una muchacha que trabaja en la alcaldía que vio todo y vio a los tipos esos y sabe que lo del pájaro es verdad, pero cuando se puso a decirlo empezaron a presionarla y me dijo que ya no iba hablar de eso, pero que si se hacía una verdadera investigación del asunto ella me respaldaba, porque sabía que era verdad. Esa muchacha es una que llaman La Cana. A todos los que vimos eso nos están presionando y nos dicen que si seguimos hablando de eso nos van a meter presos, que eso conlleva cinco años de cárcel y qué sé yo. A mi no me mete miedo nadie porque yo sé lo que vi y sé que es verdad, y por decir la verdad no se mete a nadie preso. Eso sí, a los policías que vieron eso los han trasladado para que no podamos hablar con ellos y nos dan un montón de excusas… y a los de salud ambiental los han trasladado también o “se han ido de viaje” nos dicen. Aquí quieren esconder algo y no sé por qué. Pero alguien esconde algo. A lo mejor no quieren que el público se alarme, pero yo creo que es algo más… y bien grande. Lo que es injusto es que quieran venir a tratarnos como mentirosos a nosotros que somos personas serias”.

Se supone que Martín hizo una “verdadera investigación del asunto” y sin embargo “La Cana” no apoyó las declaraciones de María. ¿Se trata de otro testigo falso? ¿Qué intereses podría tener el gobierno de Puerto Rico para ocultar este caso sin importancia? ¿Por qué iban a trasladar al personal policiaco y burocrático por un simple pajarraco?

“Nosotros no estamos locos y sabemos lo que vimos y esto en su momento se va a saber todo y lo que es va a sorprender a mucha gente aquí y como siga la campaña esa de que nosotros fabricamos eso vamos a demandar a los que estén diciéndolo porque habemos más de 25 personas que somos testigos de que ese animal existe. Que quieran ahora ocultarlo es otra cosa, pero que a nosotros nos quieran desprestigiar porque eso no es cierto no se lo acepto a nadie”.

Recientemente se informó que vecino de María, Agustín Morales, dijo que también había encontrado otro ejemplar y que lo tuvo en su casa durante tres meses, el tiempo que tardó en curarse la herida en un ala. La criatura únicamente comía trozos de pescado crudo y aullaba. Pero esto nunca se conoció en aquella época y muchos dicen que se trata del mismo caso y que sólo es una confusión de nombres.

Nunca se dio a conocer ni uno solo de los nombres de los 25 testigos de los que hablaba Martín, es más, ni el nombre del marido, ni el del cuñado de María, los testigos principales, quienes encontraron al animal.

En México se cambió la versión y se dijo que fue el propio alcalde quien ordenó que confiscaran al pájaro ya que “podía hacer negocio cobrando por exhibirlo, por lo que abusó de su autoridad y mandó a dos policías para que confiscaran el animal”.

Aunque esta versión pudiera estar más cercana a la verdad, nada de eso ocurrió. Tan es así que nunca más se supo del extraño Quetzalcoatl de Puerto Rico. Sólo en una revista española se le mencionó, pero nunca se dijo que se trataba del cuerpo mutilado de un chotacabras.

REFERENCIAS

Del Amo Freixedo Magdalena, ¿Qué está pasando en Puerto Rico?, en Espacio Tiempo, No. 6, Madrid, agosto de 1991, págs. 8-21.

Escorza Vicente, ¡Se capturó viva una “Quetzalcoatl”, serpiente emplumada que, se creía, nunca había existido, en Semanario de lo Insólito, No. 223, México, abril de 1996, págs. 30-31.

Martín J. Jorge, Continúa el misterio del pájaro-serpiente de Gurabo, en ¡Enigma!, No. 24, Puerto Rico, 1989, págs. 3-9 y 22.

Ruiz Noguez Luis, La garra extraterrestre y el ejemplar de “Quetzalcóatl”, en 100 fotos de extraterrestres, Corporativo Mina, México, 1996, Págs. 24-27.

Jorge J. Martín

Víctimas del “vampiro de Moca”.

María Ortiz Hernández

Agustín Morales

El Quetzalcóatl puertorriqueño.

Chotacabras

El plato volador de Aztec

Antes de ser extraditado a los Estados Unidos, Gary McKinnon se apresura a sacar la información que obtuvo en los sitios internet de los militares.

El documento filtrado por McKinnon demuestra la veracidad de la historia contada por Frank Scully, en su Behind the flying saucers, y más recientemente por William Steinman y Wendelle Stevens, en UFO crash at Aztec.

La foto muestra el plato volador caído en Aztec, Nuevo Mexico, así como a los técnicos de la NASA que se apresuran a recuperar los restos, antes de que los marcianitos verdes se los lleven. Al fondo podemos observar la famosa pirámide de Marte en Texashuácan.

El chupacabras en Argentina

(RECORTES DE PRENSA)

“VISIONES MUTILADAS” DE LA REALIDAD

Vacas muertas, periodismo y alienación. De cómo se construye una oleada… de lo que sea y el papel del crítico informado sobre lo paranormal.

Por Alejandro Agostinelli

Argentina, mayo de 2002. La oleada de “mutilaciones de ganado” había madurado. Nadie, empezando por los organismos oficiales, explicaba las causas de ese aluvión de denuncias extrañas. Era el momento en que los diversos actores sociales peleaban por establecer su definición del problema. Los juegos de palabras oscilaban entre el asombro silencioso, la retórica vacua y profusión de citas al conocimiento popular.

“Presa de la prensa”, la imaginación se había apoderado de las reflexiones de los argentinos. La mayoría de los medios, como cada vez que navegan en aguas desconocidas, explotaban la ausencia de respuestas oficiales impulsando el estado de perplejidad social. Cuando no del disparate. El novel ufólogo Francisco Fazio, por ejemplo, entró “por la puerta grande” de la pantalla chica pontificando sobre el “chupacabras”, depredador invisible prestamente incorporado al catálogo de la zoología fantástica rural. Así, Fazio alternaba con otro ufólogo, el veterano actor Fabio Zerpa, uno de los responsables de haber encendido la mecha relacionando las primeras historias de reses tullidas con cuentos de “enanito orejudos” en el interior del país. El “escepticismo militante”, representado por el efímero Christian Sanz, repartía spam a los medios quejándose de que “nadie lo invitaba” a decir que todo aquello eran “tonterías” cuya explicación “es más sencilla de lo que creen”[1]. Tan simple no debía ser: en sus mails decía más bien poco y nada sobre las posibles causas de la oleada. Pronto, Sanz iba a convertirse en otro ejemplo de que la arrogancia puede ser pariente cercana de la pereza, pero también hija de la deshonestidad intelectual[2].

Lo cierto es que, a diario, se difundían nuevas historias e interpretaciones, casi todas aportando un grado más al clima de confusión general. Por entonces, entrevistado por el noticiero de Azul TV, describí la leyenda del chupacabras como una mitología importada de los EE.UU. y Puerto Rico y señalé que “la experiencia sugiere no descartar la participación de animales depredadores o carroñeros”.

¿Creer o saber?

En mi fuero íntimo estaba (casi) seguro de que aquella hipótesis iba a confirmarse. Pero, honrando el “casi”, dije “no descartar”. En esta salvedad aparentemente menor yace un asunto que, con el permiso del lector, no relegaré a una nota al pie. Porque se refiere al papel crucial que juega la “experiencia” (entendida como suma de conocimientos teóricos y prácticos sobre un tema dado) en la evaluación temprana de sucesos extraordinarios.

Quiero decir: no me siento especialmente orgulloso por haber anticipado las conclusiones del informe que dos meses después iba a presentar el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA).

Entonces, como ahora, era consciente de que la prudencia se debe anteponer a la soberbia del que “cree saber”. Es que, muchas veces, la especialidad nos expone al riesgo de introducir sesgos, desinformar y hasta desviar el curso de una investigación. ¿Exageraciones? Ojalá: transladar conclusiones remotas o ajenas a un escenario nuevo se parece más a una cornisa que a un atajo: adelantarse puede propiciar conclusiones falsas o crear estados de opinión injustificados.

No hace falta dar ejemplos “paranormales”: ahí están los incriminados por la prensa antes de que se pronuncien los fiscales (promoviendo un público “concientizado” en tal o cual dirección que “presiona”); los rumores que derrumban economías o destruyen carreras; los estigmatizados por portación de cara, apellido o carnet… Intento decir que -cuando “creemos saber”- no sólo nos debería importar reducir el (casi inevitable) margen de error sino la responsabilidad ética de evitar dar un mal ejemplo educativo.

El (d)efecto de la memoria

Esta preocupación por el uso de “conclusiones de archivo” es un asunto al que tarde o temprano nos enfrentamos todos los periodistas que tratamos de escapar a la fuerza de la costumbre. Naturalmente, es innegable que la “experiencia” sirve para obtener una perspectiva más profunda (y a la larga más precisa) de la actualidad. Pero eso no significa perder de vista que “creer saber” -y asegurarlo sin atenuantes- puede teñir el análisis con los prejuicios que la misma “experiencia” nos presta. Es decir: si bien la especialización nos permite otear más allá del horizonte plano de la noticia cruda, transferir conclusiones del pasado a fenómenos actuales puede ser precipitado. La sociedad, los grupos de interés y el mismo vértigo de los medios continuamente nos obligan a informar contra reloj. Es por esta razón que extremar el rigor informativo debe privar sobre la primicia.

¿Qué nos enseña la historia? Que “lo paranormal” (en su sentido amplio) sigue ciclos de actividad imprevisibles pero cuyo contenido (la casuística, el anecdotario) tiende a acomodarse a un marco de creencias preexistente, las cuales son “recortadas” culturalmente por los medios. A este efecto paradojal alguien (no recuerdo quién) le llamó efecto bucle: los medios le imprimen a la noticia (y a los relatos que ellas contienen) un perfil, un sentido y una identidad propios porque… los mismos medios son los que definen las características del problema del cual se ocupan y se encargan de potenciar.

Evidentemente, la utilidad de la memoria y, sobre todo, la capacidad para elaborar los datos que ella nos proporciona, son asuntos que están fuera de discusión. Pero rescatar experiencias pasadas, por ejemplo, no nos inmuniza de moldear las novedades en arreglo a los antecedentes. Además, si en ocasiones anteriores las causas de fenómenos semejantes -en principio tan “inexplicados” como los presentes- acabaron siendo individualizadas, la tentación de “anticipar el veredicto” se vuelve difícil de resistir.

¡Otra vez vacas!

El conocimiento nos contagia de cierto sentimiento de urgencia. “Decir primero” halaga a la vanidad. Y seguir el impulso más “empírico” que “escéptico” de la primicia nos puede alejar de la tensión a la objetividad que todo comunicador debería pretender. Y ejercer un sano escepticismo, recordémoslo, implica no pronunciarse a priori. Por eso, cuando la prensa comenzó a cubrir el caso de las “vacas mutiladas”, esa tentación tenía un nombre: Informe Rommel. En efecto, la investigación que había realizado en 1979 el agente retirado del FBI Kenneth M. Rommel en los Estados Unidos parecía iluminar el camino. Al cabo de analizar 27 casos de “mutilaciones de ganado”, Rommel atribuyó al efecto combinado de los medios de difusión, la influencia social de “expertos” y a la acción de diferentes depredadores la génesis, formación y extensión de la oleada[3].

¿Estábamos ante una reedición de aquel fenómeno? Quizá, aunque sólo estábamos seguros de algo: la oleada de “ganado despanzurrado” se presentaba en la Argentina post debacle del nuevo milenio, no en el dorado veranito texano de los ’70, y el SENASA no era la NASA. Dos meses antes de la oleada, la TV había difundido a una horda de pobladores hambrientos tumbando un camión con reses en las afueras de Rosario y poco antes, a fines de diciembre de 2001, la gente había salido a la calle, cacerola en mano, a derribar a un gobierno dormido en medio de la crisis más brutal de la historia reciente. Así, el misterio rural criollo aparecía rodeado por una aureola de extravagancia latina. Posiblemente, en la remake local de aquella loca epidemia ganadera (que entonces, como ahora, se anclaba en clisés ufológicos) podrían incidir causas cualitativamente diferentes. La aplicación automática de las conclusiones de Rommel ¿forzaría el hallazgo de “patrones comunes” en la oleada argentina o… los propiciaría?

Sin hilar tan fino, el show de arranque era casi copia fiel: las primeras noticias aparecieron vinculadas con informes sobre visiones de “enanos” misteriosos de la mano de Zerpa, el más conocido amplificador local de la creencia en ETs “abductores de vacas” y los portavoces fueron veterinarios influidos por la perplejidad alienígena del mismo “profesor”. Los medios, por su parte, forjaban a diario un “retrato tipo” (que a la vez era un “criterio de selección”) para establecer una “categoría” de animal mutilado[4].

Pero. ¿acaso esos personajes, con los medios, eran los únicos responsables?

En realidad, el espectáculo más surrealista no lo dio la fauna de opinators televisivos sino los propios expertos en sanidad animal: en el curso de tres meses de agitación mediática, los funcionarios del SENASA arriesgaron por su cuenta al menos cuatro explicaciones diferentes antes de presentar su “informe final”. Algunos, como el veterinario Alejandro Martínez, infundieron temores sin fundamento advirtiendo sobre la presencia de cierta clase de “cuatrerismo tecno” ostentando el termocauterio (una barra metálica afilada y caliente utilizada para cauterizar las heridas) * para argumentar que los cortes que presentaba el ganado muerto podían ser causados por “cualquier organización”[5]; otros, como el patólogo Ernesto Odriozola, titular de Diagnóstico de Sanidad Animal del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Balcarce, apostó a “la acción de algún loquito ya que “aquí está claro que todo fue provocado por alguien”[6]; y el doctor Bernardo Cané, presidente del SENASA, no sólo señaló que había “indicios preliminares de algún tipo de acción humana” sino que descartó la actividad de “otros animales carroñeros”, atribuyéndola a alguna clase de práctica esotérica[7].

Las andanzas del súper ratón

Por esos días, el denominador común era el asombro: aquellos malolientes cadáveres vacunos con sus panzas henchidas de gases presentaban “cortes netos, quirúrgicos” que aparecían “lejos de las rutas” y “sin signos evidentes” de haber recibido tarascones de carroñeros. Pero, semanas después, los mismos científicos que habían diseminado suposiciones contradictorias iban a cambiar diametralmente de parecer: el 1° de julio de 2002 la “oleada” ya no había sido provocada por sectas satánicas, veterinarios desquiciados o estudiantes contratados para probar virus de diseño en campos librados a la buena de Dios. Ese día, el presidente del SENASA (sí, el mismo Cané que había hablado de “esoteristas” envueltos en el asunto), dio una conferencia de prensa en la cual, no sin burlarse de “los marcianos, el pombero y otras tradiciones rurales argentinas”, presentó las conclusiones a las que llegaron los doctores Alejandro Soraci, Ofelia Tapia y Ernesto Odriozola, de la Universidad Nacional del Centro: el protagonista de las enigmáticas “mutilaciones” era, ante todo, un roedor del género Oxymycterus, el llamado “hocicudo rojizo”. El ratón ahora estaba entre los sospechosos de infligir los raros cortes al ganado, muerto por causas naturales. Si bien el informe del SENASA citaba el accionar de zorros, peludos y otros carroñeros “activos a causa de cambios en el ecosistema regional”, el funcionario centró su charla en el roedor, sirviendo en bandeja los titulares del día siguiente. La noticia se había “reinventado”: previo recorte mediático de una realidad más compleja, el “misterio” de las vacas mutiladas era reemplazado por unos poco conocidos ratones rojos que invadieron las pampas argentinas asestando dentelladas “perfectas” ¿Qué credibilidad se le podía dar a esta (convengamos, razonable) explicación, propuesta por los mismos que poco antes habían defendido que tales cortes sólo podrían haber sido causados el hombre?

La explicación que faltó

Hasta fines de agosto se habían registrado más de 200 casos, en casi tres meses y a lo largo de diez provincias del país, desde el Chaco hasta la Patagonia[8]. En su informe a la prensa, el SENASA (basado en 20 necropsias de otros tantos animales recogidos en quince fincas de diferentes partidos bonaerenses), concluyó que el ganado murió a causa de “neumonías, desnutrición, enfermedades metabólicas o infecciosas de altísima incidencia en época invernal”. El misterio, entonces, se reducía a la mitad: las “vacas mutiladas” ya estaban muertas. “Alguien” (difícilmente “alien”), se había hecho la panzada. La correlación entre mortalidad y estación del año no es un dato menor si, como se repitió 2003, las denuncias aumentan en invierno. De igual modo, que los tejidos afectados fueran los que estaban a la vista (el “mutilador” no completaba la faena volcando al animal de lado) revelaba otra cosa: el predador no lleva a su presa a platos voladores ni a laboratorios clandestinos, sino que cena “in situ”.

El SENASA quiso sacarse de encima un fenómeno que había ganado estatus mitológico presentando un informe de dos carillas y un video del ratón hocicudo en acción, devorando carne cuando se lo creía insectívoro. ¿Estos elementos alcanzaban para satisfacer la demanda de una explicación científica? No, y de hecho el argumento convenció a pocos. ¿Por qué? Tal vez, porque faltó plantear una hipótesis psicosocial que no sólo permitiera explicar la proliferación de casos sino responder otras dudas, que aún acosan a muchos veterinarios y productores agropecuarios, a saber: ¿Por qué esos “experimentados hombres de campo” están tan seguros de que esos “cortes” difieren de los causados por otros predadores? ¿Por qué afirman que “antes esto no pasaba”?

A propósito de estos asuntos pendientes -sobre los que se deberá rendir cuenta en cualquier explicación definitiva- se me ocurrió oportuno recordar la llamada “epidemia de los parabrisas picados” de Seattle[9]. Cuando en 1954 la prensa norteamericana informó que los vecinos de esa ciudad habían detectado “pequeñas mordeduras” en los parabrisas de sus coches, en el curso de la oleada abundaron hipótesis sensacionalistas. El gobierno le encargó estudiar el caso a la Universidad de Washington y se determinó que esas marcas siempre estuvieron ahí: los vecinos habían puesto atención en un detalle en el que nunca antes habían reparado. Habían sido causadas por el reiterado “picoteo” de asfalto que saltaba en la ruta. Las partículas asfálticas de Seattle fueron el “ratón hocicudo” de las pampas argentinas. La explicación psicosocial –un caso percepción selectiva moldeada por un estereotipo provisto por los medios– fue más poderosa que la técnica.

Pasó medio siglo de la extraña fiebre de los parabrisas: la manía desapareció para siempre. Aunque, pensándolo bien, su fantasma nunca se fue del todo. Ya nadie se asusta en Seattle si descubre a su parabrisas picado. Pero seguimos siendo presas de aquel viejo espectro todos aquellos que, al tropezar con nuevas leyendas, somos espectadores -o presentamos- “visiones mutiladas” de la realidad.


[1] Sanz, Christian. “Vacas mutiladas – Indignación”/ “A los medios: Ref: Vacas mutiladas / programas Memoria y Va por vos…”. Email a los medios del 21-06-02.

[2] Sanz aún no había sido expulsado de la ASALUP, acusado de plagios reiterados y de falsificar pruebas.

[3] Ver Operation Animal Mutilation Project, http://www.parascope.com/articles/0597/romindex.htm

[4] Según este “retrato tipo”, los animales debían haber sido despojados de sus órganos o partes blandas (labios, lengua piel y músculos de la mandíbula, ojos, orejas, colas, glándula mamaria y genitales); aquellos cuya piel faltante presentaba bordes nítidos, circulares o con ángulos precisos; ausencia de sangre en algunos casos; inexistencia de rastros humanos en las cercanías y, por último, la presencia de animales evitando acercarse al cadáver.

[5] Kollman, Raúl: “Unas heridas bien terrenales”, diario Página/12, Buenos Aires, 20 de junio 2002.

[6] Diario La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 23 de junio de 2002.

[7] Diario Clarín el 22 de junio de 2002.

[8] Agostinelli, Alejandro : Vague de mutilations animales en Argentine, VSD Hors Série N° 5, Oct. 2002, pp. 56-61. Ed. GS Presse Com., Francia; traducido en español como “Vacas mutiladas y chupacabras en la ruta del ‘ratón hocicudo’”; en Dios! 20-05-03 (http://www.dios.com.ar/paginas/grupos/2-enigmas/fenomenos.htm). Ver también de Morales, Rubén O. “¡Todo por tu culpa, hocicudo rojizo!”, Mitos del Milenio, Editorial N° 6, julio de 2002 http://www.advance.com.ar/usuarios/moralesr.

[9] Agostinelli, Alejandro: “El extraño caso de la epidemia de parabrisas picados de Seattle” en Dios ! 20-05-03 (http://www.dios.com.ar/paginas/grupos/2-enigmas/fenomenos.htm)
También ver Bartholomew, Robert; “The Seattle Windshield Pitting Epidemic: A Famous Mass Delusion of the Twentieth Century” (http://www.eskimo.com/~pierres/windshield.html).

* En una versión anterior confundí el termocauterio con un rifle de aire comprimido para tirar dardos tranquilizantes. Le agradezco al lector Julio Salas por salvar el error. / Alejandro Agostinelli

Ovnis y bengalas

Susto ovni

¡Falsa alarma! Los fanáticos de los ovnis pueden colgar los prismáticos y cerrar los archivos X… por el momento.

Ayer (Miércoles) The Star divulgó cómo el lector Malcolm Rotchell y su desconcertada familia observó una extraña luz a través del horizonte de Rotherham poco después de la tormenta eléctrica en el área la tarde del domingo.

La brillante bola anaranjada “voló” sobre su hogar en Spring Croft, Kimberworth Park, y cayó a plomo a la tierra después de volar en dirección de Swinton.

Malcolm pensó que el fenómeno habría podido ser una centella, un fuego artificial o aún extraterrestres.

Pero el trabajador del Concejo de Rótterdam David Barker dijo: “Vivo en Kimberworth Park y vi el supuesto ovni. ¡Era definitivamente una luz de bengala! Era el tipo de fuego del ejército en el cielo para iluminar la tierra. Tampoco ascendió tan alto”.

“Realmente no veo cómo alguna persona podría confundirla con cualquier otra cosa. Fue hacia arriba como una luz de bengala, moviéndose lentamente hacia abajo como una bengala hasta apagarse. No era ciertamente una centella.

“Para ser justos, las bengalas han sido confundidas con ovnis en el pasado. Hubo un gran flap en Arizona en los años 90 en donde una ciudad entera observó “ovnis” aterrizar en una montaña, sólo para descubrir un par de días después que eran maniobras del ejército”.

Paul Williams, de Greasbrough, también vio la luz. Él dijo: “Cuando la vi, no pensé otra cosa que eso era una luz de bengala de una señal de socorro.

“Fue hacia arriba bastante rápido entonces pareció planear por un tiempo. Era anaranjada, como dijo el testigo, y entró en la dirección en que él la vio. También se ajusta a la fecha. Era definitivamente una bengala”.

http://www.barnsleytoday.co.uk/ViewArticle2.aspx?sectionid=86&articleid=1611354

El caso de Arizona es el del supuesto ovni gigante que fue filmado por varios testigos, en Phoenix, el 13 de marzo de 1997. (nota del tal Noguez)

El chupacabras (Fin del capítulo mexicano)

CHUPACABRAS DEL DOMINIO PÚBLICO

Todo mundo conoce la gran capacidad del mexicano para asimilar a su forma de vida los nuevos modelos y patrones culturales que le son imbuidos por la televisión. El caso del chupacabras no ha sido la excepción.

Actualmente se venden camisetas con el retrato hablado del chupacabras. En Sinaloa se habla de chupacervezas, chupatacos y chupacamisetas. Habría que ver si Tutsi Pop no saca una nueva versión de su paleta Chupa-Pop (Chupacabras-Pop o Chupa-Popcabras). Hasta tenemos un peleador de lucha libre llamado el Chupacabras. Se le han dedicado corridos y se le escriben poemas. Uno de estos se debe a la pluma de Héctor Kiev:

“Una bestia sanguinaria

ha causado gran revuelo.

Traemos los mexicanos

Los ánimos por el suelo.

“Ha aparecido hace poco

causando terrible mal,

por los campos mexicanos

un sanguinario animal.

“¿Cómo es?, no se le conoce,

pero esta bestia asesina

a sus víctimas las deja

sin gota de hemoglobina.

“Es de apetito insaciable,

su fiereza es sin igual.

Dicen que tiene una forma

De Luzbel o de Belial.

“Por la manera en que mata

con saña y sin compasión,

debe tener una fuerza

igual que la de Sansón.

“Son decenas de animales,

si es que los cuentos son ciertos,

que destrozados, sin sangre,

han aparecido muertos.

“Chupa sangre, le han llamado,

por los datos registrados.

Con horas de diferencia

Mata en diversos estados.

“Comentan que es orejón,

que sus patas son deformes

y que además de pelón,

tiene unas garras enormes.

“Nada más a una criatura

recuerdo así señalada,

por cierto a nuestro país

lo trató de la patada.

“Pero no puede ser él.

Por más que causó terror,

Pues se encuentra en las Bahamas,

Irlanda o por Nueva York.

“¿Será algún enviado suyo?

Pudiera estar confundido,

Si bien existe un francés

De tipo muy parecido.

“Tal vez un gobernador

es quien actúa sin clemencia,

si bien el más sanguinario

hoy se encuentra con licencia.

“Bartlett sí no puede ser

el que arma tanto borlote.

Ese ya no chupa sangre,

Anda comiendo camote.

“Sócrates no puede ser

aunque lo traten de pillo,

ya que ese, si algo chupó

fue en la presa de ‘El Cuchillo’.

“¿Otto Granados, Chirinos…?

No son de bestialidades,

Si bien tienen en u haber

Muy horribles amistades.

“Por otro lado, la bestia,

la que causa tanto mal,

chupa sangre de borregos;

¿será líder sindical?

“El que viene a mi memoria,

líder de varios ayeres,

en verdad ya está muy viejo

para tales menesteres.

“Ya no está para esos trotes

ni pa’ transitar veredas.

Sería el único maloso

Que usara silla de ruedas.

“Además no es de uñas largas,

teniendo periodos varios.

Otros con puestos menores

Ya son multimillonarios.

“Existe uno, ha chupado

la sangre de mucha gente.

Si yo tuviera razón

Bien pudiera ser regente.

“El actual ha fastidiado

al pobre capitalino,

mostrando el terrible grado

al que nos lleva el destino.

“Más impuestos al predial,

impuestos a la gasolina,

sin saber esos dineros

a qué rubro se destinan.

“Pero este no es orejón

no tiene ojos de chamuco.

Si bien pa’ estar en el cargo

Se sabe uno que otro truco.

“Difícil de averiguar.

‘Súper Barrio’, no lo creo.

El demonio ‘chupacabras’,

Es malo, más no es tan feo.

“Si políticos chupara

si se dieran esos brotes,

ya no sería ‘chupacabras’.

Gaviota, chupacabrones”.

En Miami se patentó el sándwich chupacabras. En los Estados Unidos ya hay un videojuego. Y en Puerto Rico se le compuso una salsa. Esta es parte de la letra:

“La cabra es lo de menos (la, la, la, la, la)

El chupacabras es bueno (la, la, la, la, la, la)

Alegre y divertido.

Es un bandido simpaticón.

“La yegua y el caballo

Son parte del rebaño

Y si los dejara afuera

y el chupacabras se los chupa”.

También en México se han escrito corridos y salsas para el chupacabras. Este es un corrido que se comienza a escuchar en Tamaulipas:

“El Barretal está triste

La gente no vive en paz

Porque llegó el chupacabras

Viene dispuesto a atacar.

“Venido de Puerto Rico

A Tamaulipas llegó

Matando muchos borregos

Así es como comenzó

“Decían que eran unos perros

Porque querían ocultar

Que el chupasangre llegaba

Y ya empezaba a matar.

“Pues ahora sí mi Goyo

ya no te podrán culpar

tus perros no han atacado

pues fue un extraño animal.

“Lo que grabaste comprueba

que perros no pueden ser

porque chuparon la sangre

y no quisieron comer.

“El carnicero está triste

porque en la vaca encontró

el bebé del chupasangre

y el pueblo ya se alarmó.

“La gente no come carne

la barbacoa se quedó

y el pobre del carnicero

ya su negocio quebró.

“En Victoria, Tamaulipas.

El Expreso publicó

Que a grabar el chupacabras

Telemundo ya llegó.

“Cuídense muy bien señores

amigos de la región

pues a esa cuadra maldita

el chupacabras llegó”.

Pero a pesar de toda esta algarabía existe zozobra, temor y desinformación. Esto se debe a que ciertos comunicadores han perdido la brújula, por decirlo eufemísticamente. Uno de ellos[1] dio el siguiente consejo:

“La explicación debe ser muy seria, decir que son perros es bastante irresponsable”.

No veo en donde está lo irresponsable al dar cuenta de los resultados que se están obteniendo de las autopsias. Sin embargo este mismo comunicador[2] dijo:

“Es un animal inteligente que debe haber tenido una evolución bastante larga.

“No creo que existan registros de sucesos como estos en nuestro país o en otros de América Latina.

“Hemos visto que, desafortunadamente, ha empezado a atacar a los seres humanos. Creo que el animal se confundió con la señora[3] dado que ella estaba en cuclillas, de tal forma que creyó que era un animal más pequeño y la atacó. Sin embargo, esto bien podría apuntarnos la posibilidad de que ataque a seres humanos más pequeños”.

¿Quién es el que hace comentarios irresponsables? Esta declaración bien podría haber generado una casería de brujas en la que varios de los involucrados hubieran salido lastimados. A este respecto habría que anteponer las declaraciones de Rodolfo Díaz Fonseca, Vicario General de la Diócesis de Culiacán, Sinaloa, quien indicó:

“En lugar de atemorizar, lo que debieron hacer es una investigación científica, ya que se pueden crear confusiones que resultarían muy lamentables”.

Tuvo más cordura que “el ufólogo de la televisión” una de las “brujas” de la santería. Silvia Téllez, una de las pocas Apeterbi de Orulla (sacerdotisa de la religión Yoruba), quien dijo:

“El caso debe resolverlo la Ciencia. Y toca a la Ciencia porque estamos en pleno Siglo XX, donde la gente ya no cae tan fácilmente en los engaños de los supuestos brujos, de falsos espiritistas y magos ‘balines[4]’… La Ciencia no tardará en descubrir de qué se trata en realidad, como lo hizo cuando apareció aquella rata gigante en Ixtapalapa[5]”.

El único ufólogo que hizo una declaración razonable fue el señor Pedro Ferriz Santacruz, lo cual no es de extrañar ya que tiene años en estos asuntos y su nivel cultural está muy por encima de aquellos que ahora desean tomar su lugar. Don Pedro dijo:

“¿Qué evidencias existen, quién ha visto al chupacabras, por qué no hay fotografías, dónde están las víctimas, en qué sustentan la hipótesis, por que no se maneja con seriedad este asunto?”

El maestro en sociología por la Universidad Iberoamericana, Mauricio Saez dijo que el concepto chupacabras es muy acertado, porque ese vocablo conecta directamente con diferentes lenguajes que utiliza la sociedad.

“Chupa es una palabra de fácil identificación con el lenguaje de los albures[6], con el lenguaje que utilizamos para hablar de vampiros y también cuando queremos expresar otras formas de hablar: es metafórico. Decir que chupa, es como decir que roba. La ‘chupacabramanía’ es una forma social de expoliación que explota el imaginario popular”.

Indicó que la difusión que se ha dado en los medios a este término “no es gratuita; es una manera de inducir a la población a que construya un enemigo banal que pague por las penurias por las que pasa el pueblo. No quiero decir que es una estrategia deliberada del gobierno, aunque no lo dudaría”.

El uso del fenómeno ovni como factor de distracción popular ha sido estudiado en otras partes de América. Está Argentina, Uruguay y Brasil con una rica casuística ufológica durante la época de las dictaduras. También México, en los mejores años del PRI, tuvo sus oleadas ovni que bien pudieron estar apoyadas por los medios de propaganda del gobierno. Nuestros gobernantes nos pueden manipular a tal grado que nos permiten vernos como estúpidos. Es una cosa patética: somos muy manipulables. No hay más que ver las reacciones a las declaraciones de Maussán, por ejemplo, que promueven la cultura del miedo y propicia conductas equivocadas, como la matanza de murciélagos y de mamíferos.

En el caso particular del chupacabras su enorme éxito en México obedece a una reacción de la gente ante la aguda crisis económica, política y social que aqueja al país. La conseja popular dice que en nuestro país sólo hay dos alternativas: o se es cabrón o se es pendejo. Bajo esta óptica ser un macho cabrio resulta ser un halago: es el todopoderoso dueño del harén. Alguien más poderoso que se puede chingar al macho cabrio o es un ser de otro planeta o es el propio sistema del cual somos víctimas: el gobierno, el narcotráfico, la crisis, los Estados Unidos… De ahí a identificar al chupacabras con los políticos (Carlos Salinas de Gortari). De ahí también el tributo pagado a los narcotraficantes en forma de corridos, y los mismos corridos compuestos para el chupacabras. Indudablemente los estados Unidos también tienen la culpa: el chupacabras es producto de experimentos secretos. Finalmente el chupacabras es tan poderoso como la crisis: no se le puede matar, como no hemos podido cambiar el sistema que tanto nos ha empobrecido.

Cerramos este artículo con una reflexión del doctor Ramírez.

“Lo preocupante en este momento es que la población sea engañada y que se lleguen a contaminar también las mentes pensantes del país”.

DEUDA DE AGRADECIMIENTO

Deseo hacer público mi agradecimiento al ufólogo argentino José Luis Di Rosa por todo el material que puso a mi disposición para la realización de este trabajo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Aguilar Grimaldo Roberto, “A los borregos les falta médula y sangre, como si se las succionaran”, Quehacer Político, No. 767, México, 20 de mayo de 1996, Pág.. 15-18.

Aguilar Grimaldo Roberto, Bautizan a deforme feto de vaca como “el hijo del chupacabras”, Quehacer Político, No. 767, México, 20 de mayo de 1996, Pág..19-20.

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FIN DEL CHUPACABRAS EN MÉXICO

Jaime Maussán. ¿Realmente cree en el chupacabras o se trata meramente de una manipulación comercial? Cualquier respuesta afirmativa nos da la altura de este ufólogo.

Libros sobre el chupacabras: Night of the chupacabras.

Maqueta del chupacabras en un museo.

Caricaturas de corte política con el chupacabras y Carlos Salínas como tema principal.

Juguetes del chupacabras.

Discos con canciones dedicadas al chupcabras.

Los productores mexicanos y americanos se han subido al la ola del chupacabras y han filmado varias películas con el tema.

El chupacabras sobre el ring.


[1] En el artículo original se me impidió decir que se trataba de Jaime Maussán, porque en ese entonces colaboraba con la revista que publicó el artículo. Por una cuestión sentimental (recuerdos de aquella época) hoy tampoco voy a decir que se trata de Jaime Maussán.

[2] Vuelvo a insistir que no mencionaré que se trata de Maussán.

[3] Se refiere al caso de Teodora Ayala.

[4] Magos “chafas” o de mala calidad. ¿Hay de otro tipo?

[5] En realidad se trataba de un tlacuache.

[6] El doble sentido de las palabras que se utiliza en México.