Archivo de la categoría: Ovnis

Detector de extraterrestres

Una compañía japonesa creó este artilugio que se puede colgar al teléfono celular. El aparato parece un diminuto plato volador y sirve para detectar ovnis y extraterrestres.

Lo primero que debemos hacer es comprar uno de estos artilugios. Teniéndolo ya en la bolsa, o en el celular, debemos dirigir nuestros pasos a “zonas calientes” en donde se informa de avistamientos de ovni (Victoria, Argentina; Las Canarias, España; las azoteas de los vigilantes, México). Si no ves un ovni o un extraterrestre, no importa: seguro que el ovni está oculto, camuflajeado y el extraterrestre ha adoptado una forma humana. Oprime el botón y si el aparato hace un ruido como “Piko Piko…”, entonces es seguro que estas frente a una presencia alienígena.

Ahora lo que tienes que hacer es que el presunto extraterrestre coloque su dedo en el botón, mientras presionas el pedazo de metal en el dorso. Si el aparato hace un ruido como “¡Hyun! ¡Hyun!”, entonces estas frente a una de esas 142 especies de extraterrestres que han invadido nuestro planeta. Trata de atraparlo o por lo menos de sacarle una foto para enviársela, como prueba irrefutable, al ufólogo de tu confianza (si no confías en ninguno, no hay problema, te comprendemos).

http://www.ufo.tv/shop/index.html

Adamski (Primera parte)

CANTATA A DOS VOCES O ADAMSKI CONTRAPUNTEADO[1]

La mejor descripción del caso de George Adamski es la que apareció en 1954 en la revista carioca O Cruzeiro, hecha por Joao Martins. En ella se narran los primeros detalles de la historia y en la voz de Adamski se dice que

“Todo comenzó con la lluvia de meteoros que se batió sobre la región la noche del 9 de octubre de 1946. Hasta entonces, yo creía en la pluralidad de los mundos habitados, pero no había pensado en la posibilidad de los viajes planetarios; las distancias a vencer me parecían enormes. Durante la lluvia de meteoros, yo miraba al cielo, desde el Monte Palomar, como casi todo el mundo en el Sur de California. Cuando el espectáculo de las estrellas fugaces era más impresionante, vi a simple vista un gran aparato oscuro, parecido a un gigantesco dirigible. Estaba inmóvil en el cielo sobre las montañas, en dirección a la ciudad de San Diego. Pensé que era un aparato del gobierno que estaba observando desde gran altura, y con finalidades científicas, la lluvia de meteoros. Mientras lo miraba, levantó la punta hacia arriba y se trasladó rápidamente por el espacio, dejando una estela luminosa, la cual todavía fue visible durante unos cinco minutos. Me sorprendió oír después por la radio que un aparato en forma de cigarro, de origen desconocido, había sido visto por millares de personas en San Diego.

“Esto espoleó mi curiosidad y me dediqué a observar el cielo con más frecuencia. En el verano de 1947 empezaron a surgir las primeras noticias sobre discos voladores. Tuve que esperar hasta agosto de aquel mismo año para que mi paciencia fuera recompensada. Un viernes por la noche asistí al famoso “desfile” de bolas luminosas. Cruzaban el cielo de Este a Oeste, en fila india, en grupos de 32. Algunas paraban en el aire para dar la vuelta en dirección contraria. Cuando se detenían podíamos observar, yo y las cuatro personas que me acompañaban, que tenían una especie de anillo luminoso rodeando a un cuerpo central. En total contamos 184 de aquellos extraños objetos.

“Un día lluvioso de 1949, dos hombres que yo ya conocía, entraron en el restaurante. Se trataba de J. P. Maxfield y G. L. Bloom, ambos del Point Loma Navy Electronics Laboratory, próximo a San Diego. Estaban en compañía de otros dos hombres, desconocidos para mí, que vestían uniforme oficial. Conversamos un poco sobre los discos volantes y ellos me dijeron que iban al Observatorio para solicitar la cooperación de su plantilla de astrónomos en la observación de los objetos no identificados. Al mismo tiempo me pidieron mi ayuda, ya que con mis instrumentos pequeños tendría mayor facilidad de maniobrar que con los enormes instalados en Monte Palomar. Con mi telescopio de 6 pulgadas puedo apuntar como si se tratase de una escopeta para caza de patos en vuelo.

“Volví a ver al señor G. L. Bloom algún tiempo después, el día en que la radio anunció que un platillo se había estrellado cerca de la Ciudad de México[2]. Oímos el noticiario de las 4 p.m. de la KMPC, de Beverly Hills, California. El señor Bloom comentó: “No han dicho toda la verdad. Hubo bastante más que eso”.

“Para entonces yo ya había conseguido dos fotografías de objetos moviéndose por el espacio cuando observaba la Luna. Entregué estas fotos al señor Bloom”.

ADAMSKI, EL HOMBRE

Para algunos de sus biógrafos George Adamski nació en Polonia el 17 de abril de 1891, pero de acuerdo con un memorando de la oficina de gobierno de los EU, nació el 12 de marzo de 1883 en Aubride; Hungría. Sus padres emigraron a Estados Unidos en 1893. Creció en Dunquerque, un pueblo cercano a Buffalo, New York. Su educación formal se limitó sólo a la primaria. El escaso presupuesto familiar le hizo trabajar desde pequeño.

En su adolescencia se interesó por las doctrinas esotéricas y la filosofía oriental. En la biblioteca pública leyó varios libros y revistas sobre esos asuntos. Estaba especialmente familiarizado con las obras de Madame Elena Petrovna Blavatsky, iniciadora del Movimiento Teosófico, y con las de Alice Bailey, quien “canalizaba los conocimientos” del Gran Maestro de Sabiduría Djwal Khul, un adepto de la Escuela Transhimaláyica responsable en parte de la transmisión de La Doctrina Secreta a través de la Blavatsky. El polaco-húngaro se compenetró tanto con estas ideas que frecuentemente citaba trozos de estos escritos en sus propias obras sobre los platillos volantes o en sus conferencias.

Trabajó como vigilante y pintor en el Parque Nacional Yellowstone. De 1913 a 1919 sirvió en el Ejército de los Estados Unidos, en el 13° Batallón de Caballería, en la frontera con México. Esto es algo que frecuentemente se olvida, y es la razón por la cual fue enterrado en el cementerio de Arlington. Para esa fecha (1917) ya estaba casado con Mary A. Shimbersky, lo que no le impidió que se dedicara a vagabundear, tal vez debido a la sangre gitana que corría por sus venas.

Su primera conferencia la dio en 1921 en California, y fue sobre filosofía oriental. Adamski fundó el monasterio de la “Orden Real del Tíbet” en Laguna Beach en 1934, en donde enseñó las “Leyes universales” y “El cristianismo progresivo universal”.

Años después seguía dando conferencias, las mismas conferencias. Pero esta vez ya no eran los maestros lamas tibetanos quienes le transmitían sus enseñanzas, sino los “Hermanos del espacio”. El investigador belga Frank Boitte, publicó una copia de una página extraída de un boletín publicado por Adamski en los años treinta. Esta firmado “por profesor G. Adamski”. En la portadilla se puede leer The Royal Order of Tibet borrada y substituida por Space Brothers.

Una anécdota interesante y poco conocida es la que cuenta el también contactado y ufólogo Ray Stanford quien fuera antiguo seguidor de Adamski durante muchos años. Stanford afirma que en 1958, cuando él tenía 15 años, visitó Palomar Terraces con su hermano Rex Stanford. Una mañana Adamski comenzó a recordar el pasado:

“Durante la prohibición yo tenía la Real Orden del Tíbet. Era un frente. Escucha esto, yo podía hacer vino. Tú sabes, se suponía que para tener ceremonias religiosas, hacíamos vino para ellas y las autoridades no podían interferir con nuestra religión. Demonios, hice el suficiente vino para la mitad del sur de California. De hecho, muchachos, yo era el distribuidor más grande de los alrededores. Si no hubiera sido por ese hombre Roosevelt[3], no habría tenido que meterme en toda esta basura de los platillos.

“Ray, escucha. Yo no he tenido que salir al espacio para saber de las naves espaciales. Diablos, sabía sobre las naves espaciales y lo que había en ellas desde hace años… Pioneers of Space[4] te puede contar todo, justo como Inside the Spaceships. Todo lo que hice fue proyectar mi conciencia a los seres allá afuera y podía verlos y saber qué había en sus naves”.

El ufólogo inglés Timothy Good también habla sobre este asunto, pero da información adicional altamente interesante. Al igual que muchos abducidos modernos, Adamski afirmó en privado que sus contactos con extraterrestres comenzaron desde niño. Dijo que fue instruido en el Tibet para prepararlo para su misión de adulto. Con respecto a los contactos “mentales”, Good dice que Adamski, en una carta a uno de sus lectores de Los platillos volantes han aterrizado, que también había leído Pioneers y comentaba el gran parecido entre ambas obras, le explica:

“…físicamente no he entrado en contacto con ninguno de ellos, pero ya que has leído Pioneers of Space puedes ver cómo consigo mi información sobre esta gente y sus patrias”.

En 1930 se comenzó a interesar por la astronomía y leyó algo al respecto. Estos conocimientos y sus frecuentes lecturas de misticismo le sirvieron para dar clases y conferencias de “Filosofía y Ciencias Cósmicas”, a partir de 1939. Es por eso que se autotitula “filósofo y profesor”, títulos que seguirá usando en su etapa platillista.

Se establece en Laguna Beach y comienza transmitir sus conferencias por varias estaciones de radio. En 1940 se muda a Valley Center, a una especie de granja. Nuevamente, ese mismo año, cambia su residencia y se muda con su esposa y seguidores a Palomar Gardens, en la cuesta sur del Monte Palomar.

Escribe diversos artículos que le son publicados en revistas de California, lo que hace que se expanda su círculo de influencia. También escribe cuentos y novelas de ciencia ficción (que luego transformaría al relato de sus viajes espaciales y su encuentro con Orthon).

En 1944 con las ganancias de sus conferencias, clases y artículos, compra 20 acres de tierra justo a la mitad de la vertiente Sur del Monte Palomar, célebre por su telescopio de 5 metros, perteneciente al Observatorio de Hale. En ese lugar reunió en torno a él, a un grupo de estudiantes que iban a discutir sobre metafísica y filosofía.

La verdad sea dicha, Adamski no era un simple vendedor de salchichas, como han escrito algunos autores. Dentro de sus terrenos construyó un restaurante Palomar Garden’s (Palomar Terraces, Star Route, Valley Center, California) para dar servicio tanto a sus alumnos como a los miembros del California Institute of Technology que operaban el telescopio. Adamski era el gerente del restaurante, y tenía una pequeña escuela de filosofía.

Era de estatura media, cerca de 1.67 metros de altura, fuerte, cabellos entrecanos, maneras simples, inteligente, de palabra fácil y ojos tristes, negros, soñadores y ligeramente estrábicos. Se decía que con su labia era capaz de convencer al más incrédulo. Todas estas características le daban cierta ascendencia sobre las mujeres; poder que supo aprovechar y muy bien, como lo veremos a lo largo de estas páginas.

En su etapa platillista establecería otro tipo de contactos más mundanos con representantes del sexo débil: además de su esposa Mary A Shimbersky (muerta en 1954 y reencarnada en Venus), Adamski mantuvo relaciones con Alice K. Wells, Lucy McGinnis (Los Angeles), Madeleine Rodeffer (Maryland), Olga Orlik (Los Angeles), C. D. Pettit (Salt Lake City), Marha Ulrick (California), Melinda Aich (Hungría), Susanne Berthaud (Francia), May Morlet Flitcroft (Bruselas), Lou Zinsstag (Basilea), Cristina J. de Rueda (México), Edith Nicolaisen (Italia) Charlotte Blodget (California) Laura Mundo (EU), etcétera. Esta última escribiría las siguientes líneas que son una clara muestra de la fascinación que despertara Adamski en las mujeres.

“Adamski no sólo es un hombre atractivo y singular, sino que las finas facciones de su rostro reflejan su absoluta integridad”.

LAS PRIMERAS FOTOGRAFÍAS

“La historia de la caída en México se desmintió posteriormente, pero en 1951 yo supe que era verdadera.

“Volviendo a las fotos, en marzo de 1950 el reportero Samford Harrell, del San Diego Journal, difundió la historia. El Union y el Tribune también fueron a verme y yo les confirmé que había mandado las fotografías al Point Loma Navy Electronics Laboratory, para su análisis. Los periodistas fueron al laboratorio, donde negaron rotundamente haber recibido tales fotos. Esta negativa no me hizo perder la calma, pues conservaba los negativos; sólo había entregado copias al señor Bloom. Los periodistas pidieron información al Pentágono, donde también negaron todo conocimiento sobre las fotografías.

“Esto incrementó aún más mi interés por el asunto. Durante varios años, de día y de noche, en verano y en invierno, con frío o calor, me dediqué a observar los cielos. Los resultados que obtuve fueron fruto de la perseverancia. Hasta la primavera de 1951 no hice grandes progresos. Conseguí sólo algunas fotos de puntos luminosos en el espacio, que no convencían a nadie, a pesar que para ello había gastado más de doscientos clisés. Pero yo había ejercitado mis ojos y lo que había visto me daba la certeza de que en el cielo había objetos extraños que se movían como bajo un gobierno inteligente. En el verano de 1951 y el año 1952, los resultados fueron mucho mejores. Parecía haber más objetos en movimiento; era como si las naves del espacio se aproximasen con más frecuencia a la Tierra. Durante este tiempo, tomé más de quinientas placas y conseguí unas doce fotos de aparatos en forma de cigarro y de discos luminosos que aquellos parecían lanzar al espacio. Envié una colección de estas fotografías a Wright Patterson Air Force Base.

“El fotógrafo que revela mis fotografías y saca copias de ellas es el señor D. J. Detwiler, que vive en la ciudad de Carlsbad, casi a 65 kilómetros de distancia de donde vivo. Hay quien dice que mis fotografías son un truco publicitario para atraer turistas al restaurante; sería más sencillo y más barato hacer propaganda de otro modo. Llegan incluso a desvirtuar declaraciones mías: cuando digo que impresioné más de setecientas placas para conseguir apenas veinte fotografías, entienden que afirmo tener “más de setecientas fotos de discos voladores”… a decir verdad, creo que nadie ha invertido tanto tiempo, esfuerzo y dinero para conseguir tales resultados. Las fotos de discos que se han obtenido, fueron resultado de la casualidad. Además, ocupo un puesto privilegiado para realizar esta clase de observaciones. Desde aquí, a 1,000 metros de altura, tengo una vista amplia y clara en todas direcciones.

¿HOMBRES DE NEGRO?

Adamski poseía una personalidad megalómana. No sólo quería ser reconocido como el primer hombre en tener contacto con seres extraterrestres sino como el primero en haber visto platillos voladores. Si Kenneth Arnold había observado sus nueve discos el 24 de junio de 1947, él, Adamski, los había visto antes: el 9 de octubre de 1946.

Dos de sus más cercanos colaboradores y seguidores, Carol A. Honey, de Anaheim, y Lucy McGinnis, han escrito sobre el enorme ego de Adamski. Más adelante nos extenderemos sobre este punto.

George sentaría precedentes no sólo en la forma en que debían ser los contactados; también fue el origen de muchos mitos ovni, como el de las naves nodrizas en forma de puro.

Sobre todo lo anterior, Adamski era un mentiroso. No tuvo empacho en inventar una historia tan complicada como su contacto, mucho menos en crear dos personajes ficticios (Maxfield y Bloom) que iniciarían la saga de los Men in Black y el UFO Cover Up. Esta historia es falsa, nunca existieron esos dos personajes y mucho menos estaban en la nómina del Point Loma Navy Electronics Laboratory.

Adamski hizo correr el bulo en el San Diego Journal, Samford Harrell no se molestó en ver las fotografías (que nunca existieron), pero sus competidores del Union y el Tribune sí trataron de conseguirlas, cosa con la que no había contado Adamski. Si las fotos hubieran existido, Adamski hubiera podido proporcionar una copia a los periodistas ya que, como él afirmaba, contaba con los negativos originales. Pero las fotos no existían por eso nunca se llegaron a conocer.

Sin embargo esta experiencia sería rápidamente capitalizada por el contactado. Este tipo de errores no los volvería a repetir en el futuro, ¡tenía que prepararse con fotografías de platillos voladores para mostrarlas a los periodistas!

La anterior fue la razón de que en los laboratorios, sorprendidos, negaran la historia. Lo mismo ocurrió con el Pentágono y la Fuerza Aérea, quienes el 29 de marzo, a través del intermediario del Copley Press Leased Wire, de Washington, declararon que no sabían nada de dichas fotografías.

La historia había calado en la opinión pública. El 4 de abril el Tribune Sun de San Diego publicó un largo artículo con el título “¿Se ha extraviado o no? una fotografía, enviada por el astrónomo amateur George Adamski al Navy Electronics Laboratory, con el fin de saber si se trataba de una nave del espacio”.

Si la historia fuera cierta y los militares le hubieran robado sus fotografías, entonces no se entiende la actitud de Adamski de volver a enviar “una colección de estas fotografías al Wright Patterson Air Force Base”.

EL PRIMER ENCUENTRO

“En 1951 y en 1952 recibí muchas noticias acerca de aterrizajes de discos en los desiertos de California, a una distancia no muy grande de Monte Palomar. Siempre quise establecer un contacto directo con estos aparatos y descubrir de dónde venían y qué se proponían. Comencé a realizar excursiones por el desierto, invocando en mi ayuda a la suerte. Durante mucho tiempo no conseguí el éxito. Más, al final, llegó el momento. A las doce y media del jueves 20 de noviembre de 1952, en el desierto californiano, a 16 kilómetros de Desert Center, en dirección a Parker (Arizona), estuve por primera vez cara a cara con un ser de otro planeta. Veamos Los antecedentes de este hecho memorable.

“Pocos meses antes conocí a dos matrimonios, el señor Alfred C. Bailey y su señora Betty Bailey, de Winslow, Arizona; y el doctor George Hunt Williamson (Michel d’Obrenovic) y su esposa Betty Hunt Williamson, de Prescott, también Arizona. Los cuatro sentían el mismo interés que yo por los discos volantes. En noviembre organizamos una excursión. El día 20 salí rumbo al desierto en compañía de las señoras Alice K. Wells y Lucy McGinnis, la primera propietaria de Palomar Garden’s y la segunda mi secretaria. Encontramos a nuestros amigos en la carretera que pasaba cerca de una base aérea abandonada. Algo me impelía en esa dirección, una especie de intuición o presentimiento. Hace mucho tiempo que me he acostumbrado a seguir esta clase de impulsos subconscientes. Pasamos por Desert Center y tomamos a la derecha, por la carretera que iba a Parker. Después de recorrer cerca de 18 kilómetros, nos paramos para mirar a nuestro alrededor. Yo continuaba experimentando una extraña premonición, que me advertía que algo iba a acontecer. La región era de piedra volcánica sin vegetación. Eran las once de la mañana cuando nos detuvimos. Perdimos mucho tiempo andando de acá para allá y también mirando el cielo azul y sin nubes. Por último volvimos a los automóviles. Era mediodía y comimos un almuerzo frugal que Alice había traído. Pasó a gran altura un bimotor y lo acompañamos con la vista hasta que se perdió en la distancia. Fue poco después de esto cuando vimos el objeto. A mucha altura, silenciosa, plateada, surgió una nave alargada, como un hueso o un cigarro. Con los dos gemelos que habíamos traído, vimos que era anaranjada en toda la extensión de su parte superior. El doctor George Williamson, que había pertenecido a las Fuerzas Aéreas durante la Guerra, observó una marca oscura en el lado, como una insignia, pero totalmente distinta a todo cuanto él había visto en sus tiempos de militar.

Continuará…


[1] Una versión resumida de este artículo se publicó originalmente en la edición especial número 4 de Contacto OVNI, México 1994.[2] Ver la historia en Marcianitos verdes http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/el-primer-marcianito.html

[3] Roosvelt terminó con la prohibición, autorizando el consumo de alcohol.

[4] Se trata del primer libro de Adamski, una novelita de ficción cuyo título completo es Pioneers of Space. A Trip to the Moon, Mars and Venus, ver más adelante.

El mensajero de Marte (Final)

De nuevo él me preguntó, tomando mi dibujo para hacerlo. Yo le entendí lentamente pero era evidente que me quería decir: “¿Esta lista tu gente para viajar a la Luna?”.

Respondí “si”, y asentí tratando de cualificar con mímica para mostrar que esto no será posible por algunos años. Entonces se mostró serio. Leyendo entre líneas no es difícil entender porque. Nuestros conocimientos sobre los vuelos espaciales y la posible visita a la Luna y otros planetas no estaba favorecida por los marcianos y venusinos. ¿Y quién puede censurarlos? Aún no hemos probado ser capaces de seguir las reglas de nuestro propio planeta y visitar otros y tal vez influenciarlos.

Aquí hay algo que tal vez sorprenda a los que han leído el libro de Adamski. Uno puede inferir, de su relato, que el venusino que lo contactó era un ser superhumano de infinita sabiduría que ciertamente no necesitaba preguntar cosas como “¿están preparando una guerra?” o “¿están listos para volar al espacio?” No tengo razones para cuestionar sus declaraciones, particularmente cuando él –y no yo- fue capaz de comunicarse telepáticamente y por lo tanto obtuvo mucha más información.

Existe una explicación más simple para las preguntas del marciano, y se me han ocurrido dos alternativas, o bien los venusinos son más avanzados que los marcianos o hay diferentes grados de inteligencia en Marte y Venus, exactamente como los hay en la Tierra, y el visitante de Adamski tenía más conocimientos que el mío. Creo que la segunda explicación es la más acertada. He establecido que hay un contacto cercano entre Venus y Marte, así que es muy probable que los avances científicos sean intercambiados para el bien común.

El marciano miró hacia arriba y me di cuenta que el tiempo estaba corriendo. Él tenía razones para no demorarse. Era vital que yo usara cada momento que me quedaba. Tomé mi cámara y la señalé y luego al platillo, que estaba a unos 20 metros. Él estuvo de acuerdo y tomé una serie de fotografías. Estaba oscureciendo, pero a pesar de la oscuridad pienso que estarán de acuerdo en que los resultados son razonablemente buenos. Tuve que seleccionar las mejores fotografías para incluirlas en este libro.

Recuerdo que Adamski preguntó si podía subir al platillo pero se le negó. Yo pregunté lo mismo y obtuve la misma respuesta. Fue bastante cortés pero muy definitivo. Caminé hacia el platillo (Debo añadir que el panel deslizante estaba arriba, así que no pude ver el interior; la carcasa no era transparente ni traslúcida), y busqué signos para ver si podía tocarlo con seguridad.

Él asintió. Entonces recordé que Adamski había tenido una mala experiencia, había tocado el cuerpo del platillo venusino y había recibido una fuerte descarga, por lo que su brazo se paralizó durante varias horas. Por lo tanto estaba un poco aprensivo pero me controlé y lo toqué rápidamente. Afortunadamente no hubo nada –ni una ligera descarga. En ese entonces no supe por qué, aunque la respuesta es obvia.

El platillo venusino nunca había aterrizado, permaneció volando a pocos metros del terreno, y por lo tanto sus motores estaban trabajando, aunque Adamski no menciona esto y aunque no hacía ningún ruido. El platillo marciano estaba sobre el terreno y sus motores estaban parados, así que Adamski recibió el “shock” y yo no. Parece razonable concluir que el cuerpo del platillo sólo es peligroso si se le toca cuando los motores están encendidos y esto de nuevo confirma que los motores son más o menos convencionales –al menos no algo tan obtuso como una fuente de poder mental.

Ciertamente el cuerpo del platillo se sentía extrañamente tibio. Esto puede, por supuesto, deberse a mi imaginación –yo esperaba una descarga- pero pienso que no enteramente. La respuesta puede ser que el platillo viajó a través del aire en su jornada hacia la Tierra y su carcasa exterior pudo calentarse por la fricción, por lo que le tomaría tiempo enfriarse.

Se me ocurrió otra cosa. Pregunté por qué algunos platillos hacen ruido y otros no. Traté de explicarle este punto pero tuve muchas dificultades. Finalmente lo conseguí y creo que su respuesta fue que los verdaderos platillos son virtualmente silentes –aparte del ligero zumbido provocado por su desplazamiento en el aire cuando bajan y el casi inaudible ronroneo de sus motores. Esto significa que los así llamados “platillos aulladores”, incluyendo varios enlistados por Leslie, no son platillos, probablemente sean meteoritos.

Era claro que mi tiempo se había acabado. El marciano había caminado hacia debajo de la colina, me apartó y se dirigió hacia el platillo. Obviamente tenía prisa. Repentinamente recordé que no le había fotografiado. Pensé que sería criminal perder tal oportunidad, así que, mientras él caminaba hacia la nave espacial me las arreglé para tomar una foto. Si no hubiera estado tan apresurado y hubiera sido mejor la luz, hubiera conseguido una fotografía más satisfactoria. Por otra parte, en mi tentativa de tomar un mayor ángulo de su perfil, erré en encuadrar también al platillo; pero aún así muestra algo de la prenda de una sola pieza que usaba el hombre espacial.

Siguió caminando. A lo lejos levantó su mano una vez más en el típico saludo terrícola con el que yo lo había recibido; yo hice lo mismo. El momento de la despedida había llegado y los cientos de preguntas que deseaba hacerle volaban en mi cabeza. Sentía que nunca más tendría la oportunidad de encontrar las respuestas.

Di unos pasos hacia delante, pero el marciano movió su cabeza y me hizo regresar. No tuve otra opción. La rampa se abrió; él saltó ágilmente dentro del platillo y el panel se cerró nuevamente, impidiéndome la vista y el tomar una fotografía del interior del platillo.

El zumbido comenzó de nuevo, de un modo más bajo que el de una mosca al volar. Lentamente el platillo se elevó en el aire, el domo giró lentamente y en silencio y gradualmente se elevó el maravilloso aparato –suavemente al principio, y luego, cuando alcanzó una altura de 35 metros, a una tremenda velocidad. Desapareció en los cielos dirigiéndose hacia el norte. Por un momento me quedé contemplando pero luego sólo observé unos cuantos pájaros y las nubes.

Miré mi reloj, eran las 4:25. La totalidad de aquella maravillosa entrevista se había hecho más o menos en media hora; aunque a mí me pareció de sólo pocos minutos desde que vi por primera vez el platillo volando sobre el mar grisáceo, pero en este corto periodo aprendí cosas que los científicos han tratado de conocer desde los días de Aristóteles.

Supongo que la reacción automática a una experiencia maravillosa es preguntarse si fue un sueño –aunque realmente haya ocurrido. No puedo decir que me pregunté esto. Después de todo, había ocurrido antes, por lo menos dos veces, la única cosa maravillosa desde mi punto de vista era haber tenido el privilegio de ser el testigo.

Examiné mi cámara. Admito que estaba partido en dos. Si las fotografías que había tomado resultaban ser buenas, creí que debía publicar la historia de lo ocurrido; sería un error guardármela (el Dr. Darbishire se enfrentó con el mismo problema, y llegó a la misma decisión –aunque por supuesto yo no sabía nada en ese tiempo). Por otra parte, ¿y si las fotografías eran malas…?

Aparentemente no había testigos. Creo que el platillo pudo haber sido visto desde Lossiemouth pero venía desde el mar y a baja altura. Para contar una historia como esta, sin el respaldo de las fotografías, era invitar a que me ridiculizaran en la escuela Clarke-Novell-Astronomer Royal. Pensé en esto antes de regresar a Lossiemouth y tomar una decisión. Si las fotografías eran buenas publicaría la historia completa y se la daría al mundo; si no lo eran les diría la verdad sólo a aquellos que hicieran buen uso de mis conocimientos especiales.

Entonces, cuando comencé a regresar a Lossiemouth vi a un hombre que se dirigía hacia mí. Cuando se aproximó logré reconocer al amigo que había tomado como pescador y que había visto en el pueblo hacía cerca de 3 horas.

Para mi sorpresa y alegría me dijo que había visto al platillo y los últimos instantes de mi entrevista con el ocupante. No era capaz de creer que se trataba efectivamente de un platillo –ya que estaba a 450 metros cuando lo vio- pero me contó, que desde su posición en una colina cercana lo había visto y por lo tanto llegó a la única conclusión posible.

Le pregunté su nombre y me dijo que era James Duncan, un pescador local. Estaba maravillado de la historia que le conté, y ya que él personalmente había visto parte de los eventos, estuvo de acuerdo en que lo llamara como testigo. Dijo no tener objeciones a esto. Así que tomándole la palabra, corté un pedazo de papel de mi cuaderno en el cual escribió su declaración. Con alguna ayuda mía él escribió:

“4:35, 18 de febrero de 1954”.

“Juro solemnemente que entre las 4:00 y las 4:15 PM del 18 de febrero de 1954 observé una conversación entre Cedric Allingham y un hombre que era el piloto de un platillo volador que aterrizó cerca de Lossiemouth en el condado de Moray. Después vi al piloto regresar al platillo que se elevó y se dirigió hacia el norte”.

“James Duncan. Firma”

(Una fotostática del papel original se reproduce como ilustración de este libro)

Mis fotografías eran la única evidencia concreta que podía ofrecer. No quise enviar el rollo a un químico o a un fotógrafo local y decidí esperar. Permanecí en el área durante la siguiente semana, esperando tener otro avistamiento del platillo pero no vi nada. Así que regresé a Londres.

Pasó una semana después de mi reunión con el marciano y antes que revelara el rollo, que oí por primera vez del platillo de Coniston. Las primeras noticias las obtuve de un periódico que compré en Edimburgo. Como dije antes intenté interrumpir mi viaje para llamar a los Darbishire; pero no lo hice –lamentablemente.

Por supuesto puedo estar equivocado en suponer que el platillo de Coniston y el de Lossiemouth eran uno y el mismo. Simplemente porque un aeroplano visto sobre Brighton y luego sobre Norwich no implica que sea la misma máquina. Pero creo que hay fuertes bases para sustentar mi creencia. Aquí en Inglaterra no tenemos observatorios como Palomar o bases de cohetes de prueba como White Sands, así que por lo menos los hombres espaciales no están interesados en nosotros como en los norteamericanos. Dudo mucho que los platillos que han sido vistos sobre las islas británicas sean genuinos. Cuando un platillo baja atrae la atención; y la nave espacial que visitó aquellas playas en febrero, pienso que era una nave de reconocimiento. Después de un largo periodo de que no se vieron platillos, parece increíble que nos visitaran dos en el espacio de tres días. Es por eso que pienso que el platillo de Stephen era el mismo que el mío. Nuestras descripciones y fotografías son, después de todo, muy parecidas, y en cualquier caso, si se pide describir un objeto corriente, tal como un automóvil ¿podrán dos tipos concordar en el más pequeño detalle?

Tan pronto como revelé los rollos, y obtuve lo que creo era un éxito como el de Adamski, supe que tenía que escribir este libro. La pregunta era: ¿debería hacer un anuncio preliminar o debería esperar hasta haber hecho mayores investigaciones y escribir el libro?

Supongo que moralmente debía haber hecho un anuncio, pero no lo hice porque quería presentar mi caso tan completo y de una forma tan desapasionada como fuera posible.

Le escribí a Adamski, pero ha pasado muy poco tiempo para recibir su respuesta. No obstante deseo ir a California, con la esperanza de reestablecer contacto con los platillos marcianos aunque creo que mis oportunidades de éxito son pocas. Espero reunirme con Adamski en Palomar[1].

He tratado de escribir estos acontecimientos tan fríamente como me es posible. No quiero que nadie piense que desprecio mi privilegio de ser el primer británico en hablar con un visitante de Marte; sin embargo nada ganamos con excitarnos y emocionarnos particularmente con esto (como yo he estado excitado más de una vez) ya que no hay nada intrínsecamente improbable en una visita marciana. ¿Qué habría sentido Julio César de haber visto un aeroplano? En primera instancia se debió haber alarmado. Si al pasar el tiempo ve más y más aeroplanos hasta que llegue a saber lo que son, dejará de sentir miedo. Esto es lo que pasará en el caso de los platillos.

Debo admitir sin embargo, que no puedo ocultar un sentimiento de orgullo de que esto me haya ocurrido a mí –aunque no haya hecho nada para merecer tal honor.

COMENTARIOS

Casi toda la comunidad ufológica británica cree que el caso del aterrizaje en Lossiemouth el 18 de febrero de 1954 es un fraude. Algunos creen que el perpetrador fue el jovial astrónomo amateur inglés Patrick Moore. Existen fuertes rumores de que el libro fue escrito por Moore, quien es una institución en Inglaterra, al estilo de Carl Sagan. Moore es un reconocido divulgador de la ciencia, reputado escéptico, escritor y periodista. Pero quizás una de las características por las que es más conocido es su afición a hacer bromas.

Moore, por ejemplo, esta involucrado con el caso del cráter de Charlton. Los medios de comunicación ingleses entrevistaron a un tal doctor Randall, quien dijo que el cráter fue formado por una nave espacial fuera de control de cerca de seiscientas toneladas, tripulada por 50 extraterrestres. Moore verificó las credenciales del doctor Randall entre los empleados de Woomera y encontró que no existía, exactamente como Cedric Allingham.

El 1 de abril de 1976 (april fool’s day) Moore anunció en Radio 2 de la BBC que a las 9:47 AM el planeta Plutón pasaría por detrás de Júpiter, “creando una fuerte atracción gravitacional que haría que mucha gente de la Tierra se sintiera más ligera”. Afirmó a sus escuchas que podrían experimentar esta sensación saltando en el aire en el momento justo del fenómeno.

El día del evento astronómico, la estación de radio recibió cientos de llamadas de escuchas que afirmaban haber experimentado esa sensación de ligereza. Una mujer dijo que ella y once de sus amigos, sentados en una mesa, se elevaron del suelo hasta llegar al tocar el techo.

Durante la oleada de Warminster, una serie de casos fraudulentos[2], Arthur Shuttlewood, recibió varios informes de avistamientos, incluyendo los mensajes de un tal Byron, quien le envió “documentos oficiales relacionados con el habla y la escritura de algunos de nuestros visitantes espaciales”. Los investigadores encontraron que se trataba de Bernard Byron.

Moore se refiere a Bernard Byron en Can you Speak Venusian, indicando que Byron fue el ultimo de los personajes que entrevistó para su serie de televisión One pair of eyes (que dio origen al libro Can you Speak Venusian). Byron aseguraba canalizar los mensajes de seres extraterrestres. Estos eran los mismos que presentó Shuttlewood en su libro.

Moore examinó los ejemplos de escritura alienígena que le envió Byron. Shuttlewood refiere que un experto del gobierno estuvo involucrado en la investigación (en realidad había sido Moore). Aún más, según Shuttlewood, los investigadores encontraron que la escritura no se asemejaba a ninguna de las conocidas en la Tierra, excepto a las “sagradas escrituras Boggah de los indios Abluti del Paraguay”. Los expertos no estaban seguros si era un lenguaje venusino o pertenecía al Krxyzcs del planeta Kruger 60b. Estaban escritos por una mano que tenía cinco meñiques. Pero otro experto disentía. Shuttlewood escribió:

“Un experto en astrofilología indicó que los Krxyzcs tienen cuatro meñiques y no cinco, como lo dedujo el primer doctor, junto con otros dos miembros parecidos a dedos, que por alguna razón mantienen extendidos cuando hablan con los hombres de la Tierra”.

Pero Shuttlewood, como buen ufólogo, se creyó todo, sin ponerse a reflexionar que no existen ningunos indios Abluti en Paraguay, y mucho menos unas sagradas escrituras Boggah; y que el los Krxyzcs son parientes de los Krabccs, del planeta Freddy 60a.

Cedric Allingham informaba a sus lectores que pronto se reuniría con Adamski. Tal vez el encuentro se llegó a dar finalmente en abril de 1959. En esa fecha George Adamski fue entrevistado por Patrick Moore en el programa de televisión Panorama de la BBC.

Sin embargo Moore continúa diciendo que él no escribió el libro de Allingham.

LA VERDAD DEL CASO ALLINGHAM

El libro de Cedric Allingham, Flying Saucers from mars, se publicó en 1955. Cuando el libro comenzó a tener cierto éxito, Allingham se negó a dar entrevistas. Se decía que estaba enfermo de tuberculosis, que estaba internado en una clínica de Suiza, y finalmente, que había muerto en 1956.

El investigador Christopher Allen, haciendo una verdadera labor detectivesca, descubrió la verdadera identidad de este contactado. Por principio de cuentas Allen revisó el estilo literario y encontró varias pistas fascinantes. También analizó las fotografías en donde aparecía Allingham y su telescopio. Se trataba de un aparato de 12 pulgadas de fabricación casera cuyo dueño y diseñador era precisamente Patrick Moore. Todas estas pistas lo llevaron a sospechar que la verdadera personalidad de Cedric Allingham era la de Moore, el astrónomo amateur más famoso en el mundo, y una de las mayores estrellas de televisión británicas de aquellos días[3].

Moore era considerado uno de los últimos grandes excéntricos ingleses. Frecuentemente ridiculizaba a los ovnis en muchos de sus libros. Escribió al menos dos libros satíricos en relación con los ovnis: ¿Puede hablar en venusino? y Cómo ganó Inglaterra la carrera espacial (cuyo coautor, irónicamente, fue el mismo Desmond Leslie, quien también había sido coautor de uno de los libros de Adamski). También escribió, curiosamente, un libro de divulgación científica sobre el planeta Marte.

No obstante de haber sido señalado como el responsable del fraude del platillo de Lossiemouth, Moore no hizo ningún esfuerzo en descubrir la verdad del caso en los debates que mencionaban la historia de Allingham.

Tiempo después la ufóloga británica Jenny Randles hizo sus propias investigaciones en torno a este asunto. Preguntó a los amigos y parientes de Moore si en verdad él había escrito y publicado las fotografías de los platillos marcianos. Todos ellos dijeron que sabían que Patrick Moore estaba involucrado en la creación de este fraude, pero no tenían idea del porque él nunca lo admitió.

Con estos datos Randles no tuvo más remedio que escribir al propio Moore en 1983, indicándole que ella no tenía intención alguna de publicar la historia si así se lo pedía Moore. La respuesta fue que Moore la demandaría si publicaba cualquier cosa sobre esa historia.

Tres años después Chris Allen, con la ayuda de Steuart Campbell y una computadora, llegaron a reunir las pruebas suficientes como para publicar la historia en las revistas ufológicas y en los periódicos. Por pura coincidencia Jenny Randles conducía un programa de radio para la BBC de Londres y había invitado a participar al propio Moore, sin saber que ese mismo día se publicaba la investigación de Allen y Campbell. Moore había aceptado la entrevista.

Cuando Randles leyó los periódicos se comunicó telefónicamente con Moore. Patrick mencionó los recientes “ataques a mi persona de un hombre loco que dice que yo escribí un libro de ovnis”. Jenny le dijo que ella había visto la evidencia, la había verificado con sus propios amigos (de Moore) y todos le habían confirmado que era cierta, pero que no diría nada ni le preguntaría al respecto en la entrevista que, por otra parte, no sería transmitida en vivo.

Moore estaba muy disgustado, gritó y colgó el teléfono. Se negó a aparecer en el programa diciendo que si salía hablando de ovnis su credibilidad, como divulgador de la Ciencia, se vería afectada. En su opinión todos los investigadores de ovnis eran unos locos.

Desde entonces esta historia se ha publicado en diversos medios ufológicos, aunque en México era totalmente desconocida, hasta ahora.

Pocos meses después Moore y Randles aparecieron en un programa de televisión debatiendo el tema de los ovnis. Nuevamente Moore negó hacer cualquier comentario sobre el asunto del platillo de Lossiemouth.

En 1986, según escribe la misma Jenny Randles en su libro The UFO Conspiracy, Moore reconoció implícitamente, durante una conversación con Allen y la propia Randles, haber inventado el relato. Lo curioso es que dos años después, en 1988, la misma ufóloga no menciona nada de esto en un artículo escrito por ella para la revista americana UFO Universe.

Al parecer, a Patrick Moore se le ocurrió inventar la historia porque esa mañana del 18 de febrero en que, supuestamente, ocurrió su avistamiento, los periódicos de Londres habían anunciado el caso de los primos Darbishire y habían publicado la fotografía del platillo volador con una crónica en la que se señalaba la similitud entre este platillo y la nave en la que viajaba el venusino que, supuestamente, se contactó con George Adamski[4]. Moore había leído el libro de Adamski y de hecho conocía al coautor, Desmond Leslie, por lo que decidió publicar una sátira del mismo, con evidentes errores científicos (como lo de los canales marcianos que en realidad no existen) para, posteriormente, poder burlarse de todos aquellos que creían en los platillos voladores. Sin embargo la broma se le escapó de las manos y cuando era necesario que se retractara, ya era demasiado tarde y le fue imposible.

El caso pasó así a la historia oficial de los ovnis y se formó una especie de culto en torno a él. No sería sino hasta muchos años después que otro ufólogo, Chris Allan, descubriera la verdad. Lo que no descubrió fue que Patrick Moore estuvo realmente en Marte, y contactó con los grises, como lo demuestra este video: http://www2.b3ta.com/patrickmoore/

REFERENCIAS

Allan Christopher & Campbell Steuart, Flying Saucer from Moore’s?, Magonia No. 23, July 1986.

Allingham Cedric, Flying Saucers from Mars, Frederick Muller Books Ltd, London 1956.

Bowen Charles, The humanoids, Henry Regnery Co., Chicago, Illinois, 1969, pags 14-15.

Dewey Steve & Ries John, Deconstructing Warminster, Chapter 10 (The Hoaxes, the Hoaxers, and the Hoaxed. The Confounding Problem of Patrick Moore), sin publicar, 1998-2002. http://www.stevedewey.pwp.blueyonder.co.uk/ufo/hoaxing.htm

Humphreys Geoffrey, Fooled by the Media, Contemporary Review, 4 January 1999; ver también http://www.museumofhoaxes.com/af_1976.html

Shuttlewood Arthur, Warnings From Flying Friends, pags 146-150.


[1] Desde que se recibieron las pruebas, he recibido una cordial invitación del señor Adamski para ir con él a su casa en las laderas de Monte Palomar. En una carta reciente, él escribió: “Nuestros hermanos de otros mundos se están moviendo a través de la atmósfera incrementando su número conforme pasa el tiempo”. (Nota original de Allingham).

[2] Ruiz Noguez Luis, El caso Simpson Warminster, Perspectivas Ufológicas No. 4, México, enero de 1995, pags. 70-72.

[3] Patrick Moore tenía un programa de televisión en el que trataba temas de divulgación científica. Ese programa duró poco más de treinta años. Por aquel entonces Moore era una verdadera personalidad en los medios de comunicación electrónicos. (Nota LRN)

[4] Ver marcianitos verdes http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/11/el-platillo-adamskiano-de-coniston.html

El mensajero de Marte (Primera parte)

EL MENSAJERO DE MARTE

Cedric Allingham

Cuando alguien decida un día que ha llegado el tiempo de escribir la historia de la comunicación interplanetaria desde sus inicios, no hay duda de que George Adamski ocupará un lugar importante en ella. ¡Cedric Allingham no lo hará! No tengo ninguna ilusión al respecto; creo que mi encuentro con el Platillo Marciano no tendrá ninguna oportunidad frente al de Adamski y tal vez el de Stephen Darbishire. En el mejor de los casos seré recordado como un científico aficionado que tuvo la buena fortuna de ser el primer británico en contactar con un hombre de otro planeta.

Cuando estaba en Escocia, poco después de la Navidad, a principios de este año (1954), los platillos no eran algo que me inquietara; ciertamente no tenía ni idea de un avistamiento, mucho menos de un contacto directo. Tenía que estar en Londres por asuntos de negocios durante varias semanas y mis pensamientos estaban en alejarme de las ciudades. Desde que tuve que estar durante dos años en un sanatorio durante la primera parte de la Guerra, yo me sentía más confortable fuera del humo y el bullicio de Londres.

Viviendo en mi camper y viajando a través de Inglaterra, llegué a la ciudad de Elgin. No tenía planes concretos, aparte de la idea de estudiar la vida de los pájaros[1]. Era mi intención dirigirme a Wick, a una parte más al norte de Escocia. Tal como ocurrieron las cosas llegué a Lossiemouth por una semana y regresé directamente a Londres, al Museo Británico.

La mañana del 18 de febrero me encontré paseando a lo largo de la costa, entre Lossiemouth y la distante Buckie. Estaba ensimismado en mis pensamientos sobre los pájaros. El área estaba poco poblada, y por un par de horas estuvo completamente sola. Entonces vi un hombre, caminando sólo en dirección opuesta a la mía. No estábamos tan cerca como para saludarnos, pero noté que estaba vestido como un pescador.

Fue cerca de 10 minutos después, a las 12:35, que vi por primera vez el platillo.

Para ser más precisos, lo oí primero. No era un sonido de un aparato, era un ruido que me hizo pensar en un gran pájaro. Volteé hacia arriba y sobre mí pude ver una manchita parecida a un pájaro. Sin embargo, cuando salgo a caminar siempre cargo una cámara y mis viejos, pero excelentes, binoculares Voigtlander. Rápidamente enfoqué los binoculares y maravillado observé lo que sólo podría ser un platillo volador.

Destellaba bajo el Sol, dando la impresión de estar hecho de metal. Debido a que el domo superior estaba inclinado, se distinguían claramente los engranajes esféricos del tren de aterrizaje. Ahora puedo entender muy bien cómo puede describirse como un “disco” si estaba colocado simétricamente apuntando su base hacia abajo. De su tamaño no soy capaz de dar ninguna conclusión; no creo que las estimaciones del tamaño, en observaciones distantes, sean de gran valor, a menos que se conozca perfectamente la distancia –en el caso de este platillo sería como hacer una adivinanza. Todo lo que puedo decir es que, si estaba cerca de los 1,600 metros, por la altitud de las nubes que estaban en aquel lugar del cielo, su tamaño sería comparable a la de un bombardero.

Me paralicé, y también mi cerebro, y comencé a moverme una vez más –primero lentamente, y luego más rápidamente, hacia el Norte y hacia arriba. Bajé mis binoculares y tomé tres fotografías. Sabía que era algo desesperado –sólo soy un fotógrafo aficionado y una cámara barata no puede hacer maravillas. Todo lo que podía esperar encontrar en el film eran pequeñas manchas. (Que, en efecto, en un caso fue exactamente lo que encontré; el platillo puede verse, pero sólo eso –el original está disponible para cualquiera que quiera verlo. Las otras dos se incluyen en las páginas de este libro).

Recuerdo que registré el tiempo, y seguí el objeto con mis binoculares hasta que desapareció entre las nubes que permanecían cubriendo la parte norte del cielo. Entonces hice un dibujo del aparato –que tendría más valor si fuera un buen dibujante.

Por al menos una hora permanecí en el mismo lugar observando el cielo con mis binoculares esperando ver algo más. Pero nada apareció. Finalmente me rendí, pensando en la oportunidad de haber visto el último de mis platillos voladores.

Debo decir que en ese tiempo no tenía conocimiento del platillo de Coniston que había sido visto por Stephen Darbishire. Probablemente fue reportado en los periódicos de la mañana, pero yo no lo había visto ya que no estaba interesado y sólo quería alejarme del bullicio de la vida citadina.

Originalmente decidí permanecer en la vecindad el mayor tiempo posible, y me senté a comer mi almuerzo. Ya no estaba interesado en los pájaros, lo único que quería era ver de nuevo el platillo –de ser posible de más cerca. Creo que experimenté el mismo sentimiento de Adamski y Stephen después de sus encuentros. Parece altamente improbable que la telepatía pueda tener cualquier valor para mí, es algo extraño para mi tipo de mentalidad. Por lo tanto no hice ningún intento de poner en blanco mi mente para poder captar cualquier clase de impulso mental.

Llegué a la conclusión de que si quería ver un platillo de nuevo, una mancha podría ser tan buena como otra; razoné que era probable que a cientos de millas de ahí, tal vez más allá de la atmósfera, estuviera el platillo. Por lo tanto continué mi camino a lo largo de la costa, lejos de Lossiemouth, manteniendo fija mi atención en el cielo.

Las nubes continuaban ahí pero había una gran porción de cielo azul, y todo era completamente normal tan lejos como podía ver. Comencé a pensar que el platillo había sido un truco de mi imaginación. Vi mi dibujo y no pude dejar de pensar en que realmente lo había visto.

Eran las 3:05 cuando vi de nuevo –más alto que la primera ocasión y moviéndose más rápidamente. Con mis binoculares sólo puede ver lo suficiente para asegurarme que era un platillo y no un globo meteorológico o cualquier otro tipo de aparato convencional. Ahora estaba muy excitado. Aún tengo en mi memoria la escena –pienso que lo puede ver a una distancia de alrededor de ¡1,500 metros! Entonces hice otro intento de fotografiarlo, pero esta foto no muestra su forma. Una vez más la nubes en movimiento bloquearon mi visión y cuando se movieron el platillo había desaparecido.

Comencé a pensar que tal vez tendría la oportunidad de tener contacto; las condiciones eran favorables. Los incidentes pasados parecían indicar que los hombres espaciales evitaban las áreas populosas. Cuando aterrizaban era lejos de pueblos y villas. El contacto de Adamski con el venusino fue en el desierto de California. Yo había supuesto que este platillo era venusino y, como descubrí posteriormente, estaba equivocado. Creo que era un error natural.

De nuevo esperé, lleno de esperanza, pero nuevamente fui defraudado. Esperé hasta las 3:20 y luego me retiré del lugar…

3:30… Las nubes parecen aclararse. Camino lentamente y observo. Cerca de las 3:40 regreso en dirección de Lossiemouth caminando lentamente. No tenía intención de dejar el área hasta ver algo más.

A las 3:45 –no recuerdo el tiempo exacto, pero no pueden ser más de pocos minutos después de que comencé a caminar en dirección opuesta- oí el extraño sonido de nuevo, y ahí, viniendo desde el mar, estaba el platillo. No había duda de sus intenciones. Iba a aterrizar. Cuando estaba a pocos metros de mi, claramente oí un zumbido que supuse sólo podía provenir del aparato. Era la confirmación de mi teoría de que los “platillos voladores” eran operados por medios más o menos convencionales –y no por control mental o algo parecido.

Estaba paralizado por la mancha: luego tomé mi cámara e hice un par de fotos en rápida sucesión, cuando el platillo estaba en su descenso final. Venía directamente hacia mí. El cuerpo metálico parecía brillar, y antes de aterrizar el platillo se mantuvo por un segundo o dos a unos 45 metros de donde estaba con un sonido suave pero audible. Esto era algo nuevo –el platillo de Adamski no aterrizó sino que permaneció sobrevolando a pocos metros de la superficie. No hay ninguna prueba de que el platillo de Darbishire haya tocado el suelo. Yo, por supuesto, no se si el platillo de Lossiemouth era ligeramente diferente de carácter del de Adamski.

Era indudablemente un aparato magnífico y su acabado, seguramente, causaría la envidia de nuestros fabricantes de aviones. Tenía cerca de 50 metros de diámetro y tal vez 18 metros de alto; la carcasa, la pared central y el domo superior parecían haber estado hechos de una sola lámina de metal –no pude detectar juntas ni pernos. No puedo decir de qué metal estaba hecho; su color lustre era parecido al del aluminio pulido (pero por supuesto debería ser mucho más robusto).

Había dos grupos visibles de “ojos de buey”, colocados de 3 en 3 a lo largo de la pared central sobre la que estaba un pequeño bisel. De la parte superior del domo se proyectaba una varilla vertical que me recordaba a un pararrayos. No puedo adivinar su función. El tren de aterrizaje esférico –en tres puntos justo bajo la base de la carcasa- parecía como si estuviera hecho de un material ligeramente rescilente similar en textura al caucho.

Adamski dijo de su primer contacto con un hombre espacial: “Me siento como un pequeño niño en la presencia de una gran sabiduría y mucho amor”. Yo no puedo decir que sentí lo mismo. Sabía que estaba a punto de reunirme con un ser de otro mundo, creí que este ser, quien fuera que fuese, debería tener mayores conocimientos científicos que el hombre más sabio de la Tierra. Pero yo mantuve una actitud calmada ante la experiencia.

Cuando me acerqué al platillo un panel deslizante salio de la parte inferior, y un hombre saltó hacia la tierra ligera y graciosamente. Cuando avanzó para reunirse conmigo, levanté mi brazo y saludé. El hizo lo mismo. Y entonces, por un momento, permanecimos quietos.

Era natural que hiciéramos eso. Él probablemente había visto otros terrícolas; yo nunca había visto un hombre del espacio. En lo esencial, sin embargo, nuestra apariencia era similar. Mi altura es de 5 pies 9.5 pulgadas y la suya era ligeramente mayor; yo podría decir que era de alrededor de 6 pies. Para los estándares terrestres podría decir que éramos de la misma edad (yo tengo 32), y su cabello, como el mío, era café y corto. Pero su piel tenía un color curioso, de un apiñonado profundo. Aún así, si hubiera estado vestido con ropa terrestre, dudo que hubiera tenido dificultad de pasar por un inglés. La única diferencia era que su frente era más alta que la de cualquier hombre que conozca.

Sin embargo, sus ropas eran completamente diferentes de las mías. En esos días de ciencia ficción, la mayoría de nosotros habíamos visto fotografías de trajes de una sola pieza que vestían los héroes mientras saltaban de un mundo a otro. Extrañamente, los escritores de ciencia ficción no estaban lejos de la verdad en este caso. El traje del hombre espacial cae dentro de estos parámetros. Lo cubre completamente desde su cuello hasta los pies, y sólo las manos están libres: no hay zapatos definidos; los pies están dentro del traje. El traje me recuerda algo muy similar a una malla –presumiblemente aislante y ciertamente flexible.

Hubo algo más que llamó mi atención –su nariz, o algo conectado con ella. Uno de los más serios problemas de los vuelos interplanetarios ha sido, si llegamos a otros mundos, cómo podremos respirar. Y cómo pueden respirar los seres de otros mundos que nos visitan. Venus, como sabemos, tiene una atmósfera básicamente de dióxido de carbono[2], mientras que el aire de Marte en su mayoría es nitrógeno y contiene una muy pequeña cantidad de oxígeno libre.

El hombre del espacio tenía un aditamento en su nariz que yo pensé estaba relacionado con la respiración. Parecía un pequeño tubo colocado en cada fosa nasal, pegados por una banda metálica del grosor de un cerillo. Noté que en todo el tiempo que estuvo en la atmósfera, respirando nuestra atmósfera rica en oxígeno, lo hacía a través de su nariz –nunca a través de su boca. Esto nos indica de modo obvio su función. El aditamento de la nariz era algo más o menos que un tipo avanzado de aparato respiratorio.

Las ideas comenzaron a fluir a mi cerebro. Aquí estaba, seguramente, una oportunidad dorada de encontrar algunos de los secretos de los platillos; era una oportunidad que probablemente no ocurriría de nuevo –al menos a mí. Estaba ansioso de no desperdiciar el tiempo preguntando trivialidades y perder la oportunidad de encontrar cosas de mayor interés, no sólo para mí sino para toda la gente que vive en este planeta. Rápidamente pensé en la entrevista de Adamski.

¿Qué era lo más esencial? Indudablemente saber de dónde venía este hombre. Señalé el cielo y tomé una actitud de pregunta. El hombre sonrió y asintió. Era una sonrisa placentera; él sonreía con sus ojos tanto como con sus labios- algo que puede decirse de pocos terrícolas de estos días.

Tomé mi libreta y dibujé un diagrama en ella. En el centro coloqué el Sol con rayos, para aclarar lo que quería decir. Rodeándolo dibujé 3 círculos, para representar las órbitas de Mercurio, Venus y la Tierra.

Señalé el tercer círculo y luego a mí. El asintió. Luego señalé el segundo círculo y lo señalé a él.

Para mi sorpresa, movió su cabeza.

¡No era de Venus! Señalé de nuevo y dije: “Venus”. Él repitió: “Venus”. Era la primera vez que oía su voz y no cabía duda que no era nativo de este planeta. Es difícil, sino imposible, explicar su tono, pero tenía una calidad líquida –no como de gorgoreo o de los antiguos hombres de las cavernas, sino de agua clara de una colina en primavera.

Por tercera vez apunté la órbita de Venus. Y por tercera vez el movió la cabeza.

Traté de nuevo. Fuera de la órbita de la Tierra dibujé un cuarto círculo para representar la órbita de Marte. Lo señalé y luego a él, y dije: “Marte”.

Él asintió. E inmediatamente comencé a entender porqué era diferente al visitante de Adamski –y porqué su platillo no era idéntico al de Adamski, aunque aparentemente construido con un patrón similar. El venía de un planeta diferente. Marte, también estaba habitado por seres que habían resuelto los problemas de los viajes interplanetarios.

Pero yo quería estar seguro de que él venía de Marte. Debido a su fuerte color bermejo, Marte siempre fue conocido como el planeta rojo. Mi pluma fuente tenía una tinta roja. La tomé de mi bolsillo y apunté el dibujo de la órbita marciana, y luego la pluma roja, y luego a él. Él entendió rápidamente. “Marte”, repitió después de mi.

¿Qué seguía? Obviamente era imposible descubrir todo lo que quería conocer haciendo signos y dibujando diagramas. Adamski, si leí correctamente su relato, conjuró a imágenes mentales, algo como una suerte de unión telepática con un visitante. Yo estaría maravillado si pudiera hacer lo mismo ya que tengo poca confianza en mi mismo. Era posible, pensé, que si el marciano tenía poderes telepáticos altamente desarrollados era capaz de recibir el mensaje. Decidí probar. Dibujé un platillo volador desplazándose desde Marte hasta la Tierra y pregunté mentalmente: “¿Por qué han venido aquí?”

Hubo una pausa y de nuevo nos miramos mutuamente. Hice otro esfuerzo e comunicación telepática concentrándome y mirándolo pidiéndole ayuda: era claro que mis esfuerzos no tenían éxito. Tuve un repentino deseo de reír. Señalé mis labios, luego mi cerebro, agité mi cabeza y sonreí.

El marciano me miró y luego también sonrió. Debe haber sido un espectáculo lúdico –¡hombres de diferentes planetas necesitados de ayuda en una solitaria parte de la costa escocesa sonriendo de sus esfuerzos para hacerse entender!

Estaba ansioso de hacerle entender que yo era un amigo. Y la única forma que se me ocurrió fue dándole un regalo y lo único que tenía para regalar era mi pluma fuente. Se la extendí haciéndole signos para que la tomara. Le tomó pocos segundos entender, entonces sonrió y levantó sus manos en lo que era un evidente gesto de gratitud. Entonces colocó cuidadosamente la pluma en la bolsa externa de su ropa.

Algo que siempre me había intrigado era la fuente de poder de los platillos. Tengo que repetirlo porque considero que éste punto es muy importante. Yo había oído un sonido sordo que parecía provenir de uno o varios motores; ahora era el momento de aclarar esto. Señalé el platillo a sólo pocos metros de ahí, y traté de imitar el sonido que había escuchado acompañándolo de mímica imitando un platillo en vuelo.

El marciano asintió y apuntó hacia arriba. “Marte”, dijo de nuevo en tono líquido.

Ahora deseaba conocer cómo trabajaban los motores. Dibujé un cohete en mi libreta, tan preciso como pude y se lo mostré.

Esto fue un gran obstáculo. Él trató de entenderme pero se equivocó. Yo hice otro dibujo pero siguió sin entenderme. Es por supuesto posible que los marcianos hayan dejado los cohetes ordinarios y por lo tanto hace mucho tiempo que los olvidaron. El poder atómico parecía una alternativa. Traté de dibujar una serie de puntos cada vez más pequeños y luego señalé el platillo. Pero de nueva cuenta no me hice entender.

Luego tuve otra idea, arranqué una hoja de mi libreta, señalé los motores del platillo –o más exactamente en donde imaginaba que debían estar los motores- y entonces rasgué la hoja de papel a la mitad, rompiéndola nuevamente a la mitad varias veces y haciendo pedacitos cada vez más pequeños. Yo quería explicar mi idea del átomo. Fallé, y como el marciano no tenía ni idea de lo que trataba de decir, tuve que resignarme a dejar esta cuestión sin resolver.

Estaba tratando de hacer otra serie de preguntas cuando repentinamente él me preguntó. No se por qué me sorprendí; obviamente debía haber muchas cosas que los marcianos no conocían acerca de la vida en la Tierra, pero yo había tomado la postura del entrevistador –me parecía que había muchas más cosas que yo tenía que aprender.

Es necesario decirlo; no pude entender sus palabras, pero sus gestos eran muy claros. Me preguntaba cuándo comenzaría otra guerra la gente de la Tierra.

¿Qué podía decir? Encogí los hombros, moví la cabeza y traté de darle una impresión general de que yo esperaba que no hubiera guerra, aunque no estaba seguro. Pareció entenderme y por un momento su cara se tornó seria.

Yo regresé a mi libreta. Ahora era tiempo de saber de los canales marcianos. Rápidamente dibujé Marte con sus áreas claras y oscuras y sus casquetes polares repitiendo continuamente la palabra “Marte”. Él lo examinó y asintió.

Luego dibujé una larga línea recta desde un área de vegetación a otra. La señalé y luego a él. Nuevamente asintió. Los canales por lo tanto eran artificiales.

Señalé el dibujo del canal y luego el mar. El miró dudoso y parecía imitar el encogimiento de hombros que hice cuando me preguntó sobre la posibilidad de guerra. Entonces señalé el canal y una porción de pasto cercano a donde estábamos. De nuevo encogió los hombros.

Dibujé un gran canal –una banda central negra con bandas pálidas en ambos lados. Señalé la banda central; luego el mar; luego las áreas sombreadas y luego el pasto. Yo deseaba que entendiera esta vez y asintió enfáticamente pronunciando varias palabras en su propia lengua. Claramente había acertado en la verdad. Los canales marcianos estaban hechos de una banda central de agua con vegetación a ambos lados. Más tarde me di cuenta que había olvidado preguntar si el agua era transportada por tubería, aunque esto me parezca que no es de vital importancia[3].

Así que Lowell estaba en lo cierto. Como muchos pioneros él sufrió muchas críticas. La verdad, sin embargo, siempre aparece al final.

Unas últimas palabras acerca del lenguaje marciano. El hombre espacial pronunció pocas de nuestras palabras cuando hablé con él –Venus, Marte, platillo, y quizás 2 o 3 más- con dificultad. Cuando traté de pronunciar una palabra marciana creo que tuve menos éxito. Nuestro alfabeto debe ser inadecuado para expresarnos en sus palabras fonéticamente.

El equivalente marciano para “si” es más corto. He tratado decenas de veces de escribirlo, pero me parece que cada una de ellas está más alejada de la verdad que su precedente. Uno de mis intentos fue “Qul-l”, pero cuando la pronunciaba de esta forma me pareció muy diferente a como la hablaba el marciano.

Guardaré mis esfuerzos para hablar algo acerca de Marte. Señalé mi dibujo del planeta rojo, luego el mar, y dije “agua”. El repitió la palabra. Traté de indicar que sabíamos que Marte era un mundo escaso de agua.

Después de varios intentos tuve éxito. El señaló el mar y luego el dibujo de Marte, movió la cabeza y después encogió los hombros. La impresión que tuve de esto fue: “No, no hay ningún mar en Marte, pero no nos importa”.

Después pensé que lo importante era lo siguiente: hace millones de años, cuando los marcianos estaban menos desarrollados que hoy, la evaporación del agua en todo el planeta era un problema muy serio para ellos, así que construyeron los canales para utilizar el remanente localizado en los casquetes polares. Entonces, a través del desarrollo científico, descubrieron cómo fabricar agua –o posiblemente de la misma manera que aprendieron a hacer madera sintética para reemplazar la naturaleza. También fue algo fácil para ellos construir los canales (entubados o no) e irrigar tanta tierra como les plazca. No tengo, por supuesto, duda de que el suministro de los polos tampoco les causó problemas. Esto es sólo una teoría pero creo que es básicamente cierta.

Repentinamente me di cuenta que no había preguntado la cuestión más vital de todas: ¿tenían los marcianos relaciones con los venusinos?

Regresé a mi dibujo de las órbitas planetarias, señalando la Tierra y luego Marte, indicando primero a mí mismo y luego a él. Él asintió. Luego señalé la órbita de Venus y al platillo. Cuando hice eso dije, “platillo”, y él repitió. Evidentemente él sabía que ese era nuestro nombre para su nave espacial.

Dije: “platillo”, señalándolo al momento de hablar.

El asintió de nuevo. Esto fue un paso adelante, pensé que era obvio que tanto los marcianos como los venusinos estaban más avanzados que nosotros científicamente así que probablemente estaban familiarizados entre ellos.

Señalé a Venus y luego a él, con mímica para representar el vuelo del platillo, con esto quería decir: ¿Has estado en Venus?, también lo dije verbalmente, y él pareció entender porque asintió y repitió la palabra que yo había tomado como “si”.

Señalé Mercurio y luego el platillo. El movió la cabeza confirmando lo que yo sospechaba –que Mercurio es un mundo inhabitado e inhabitable para cualquier tipo de vida.

Dibujé otro círculo alrededor de la Tierra e indiqué la Luna. Señalé sucesivamente las órbitas de Marte y Venus y luego al platillo repitiendo cada palabra cuando lo hacía, y luego el dibujo de la órbita de la Luna. Lo que quería dar a entender era: “¿Han aterrizado en la Luna los marcianos y los venusinos?”

Su respuesta necesita un poco de explicación. Tuve que redibujar el diagrama completo antes de que me entendiera, pero cuando lo hizo su respuesta fue un enfático “si”. Aquí hay otro punto interesante que aclarar. Me estaba metiendo en problemas en mis esfuerzos por preguntarle si ellos estaban visitando principalmente el lado oscuro de la Luna. Sin embargo creo que eventualmente me entendió y contestó afirmativamente aunque no estoy completamente seguro –y es por lo tanto una suposición mía y admito que puedo estar prejuiciado.

Continuará…


[1] Note la similitud entre las intenciones de Stephen Darbishire. Sin embargo, esto no es ninguna coincidencia. El interés de Stephen en los pájaros es probablemente un pasatiempo juvenil; mientras que yo he sido ornitólogo durante muchos años. (Nota de Allingham)[2] Es más exacto decir que las capas superiores de la atmósfera venusina están formadas de dióxido de carbono. Como no podemos ver las capas inferiores, entonces podría ser posible que hubiera ahí mucho oxígeno libre. Adamski no menciona que el hombre espacial de Venus vistiera nada como una mascarilla para respirar, así que debe suponerse que los venusinos no tienen dificultad de respirar nuestro aire. Debe recordarse que yo entonces aún no sabía que el platillo de Lossiemouth proviniera de Marte. (Nota de Allingham).

[3] Como las pérdidas por evaporación pueden ser colosales, considero que el agua debe de estar entubada. (Nota de Allingham).

El platillo adamskiano de Coniston

EL PLATILLO ADAMSKIANO DE CONISTON

A las 2:30 de la tarde del 15 de febrero de 1954 Stephen Darbishire, de 13 años, y su primo Adrian Myers, de 8, fotografiaron un objeto muy parecido a las naves adamskianas. Llevaban una cámara Kodak Brownie. Los niños consiguieron hacer dos fotografías. Estas serían las primeras fotografías de ovnis obtenidas en el Reino Unido

El ovni fue localizado sobre una colina llamada Old Man, en Cumbria, en las cercanías del lago Coniston, en el condado inglés de Lancashire.

La historia comienza la fría mañana de ese 15 de febrero. Stephen, que por ese entonces asistía a la Ulverston Grammar School, y su primo Adrian Meyer, subieron el Old Man armados con una cámara fotográfica Kodak comprada recientemente por su padre.

Según el ufólogo inglés Desmond Leslie (citado por Leonard Cramp) el joven experimentó “una sensación persistente” como si algo lo impulsara a ir a la cima de la colina detrás de su casa “… él no podía decir porqué; él sabía simplemente que tenía que ir”.

Los muchachos planeaban tomar fotos de pájaros y de otros animales que pudieran encontrar en el pequeño valle debajo del Old Man. Varios años después Stephen recordaba el acontecimiento:

“… mi primo y yo habíamos estado platicando sobre tomar fotos… (haciendo) trucos y varias otras cosas emocionantes con la cámara, imágenes dobles, fantasmas, saltando de tejados y esa clase de cosas…”

Según la historia contada por los muchachos en 1954 fue Adrian quien primero llamó la atención de Stephen sobre algo raro en el cielo en dirección de la montaña. Stephen estaba en ese momento mirando en la dirección opuesta, hacia el lago Coniston, cuando Adrian lo golpeó en la espalda y exclamó: “Mira ¿qué es eso?” señalando al cielo sobre Dow Crag. Stephen contaría al Lancashire Evening Post (18 de febrero de 1954), que:

“Aquel objeto parecía hecho de una materia vítrea y tenía una parte superior en forma de cúpula con ventanillas y tres pequeños abultamientos o esferas en su parte inferior, en la que aparecía también un punto oscuro central, con una forma semejante a un cono.

“El objeto relucía y era de un color plateado lechoso. Podrías decir que su contorno era de hecho muy liso y veías ventanillas a lo largo de la parte superior, y algo que parecía una portezuela en la tapa. Había tres bolas debajo y la parte central inferior era de un color más oscuro. Tomé la primera foto cuando se movía muy lentamente a unas tres o cuatrocientas yardas de distancia y entonces desapareció de mi vista pues había algo de maleza en el camino. Cuando volvió a estar visible tomé otra foto pero entonces repentinamente se elevó al cielo. Mientras estuvo arriba se inclinó y pude ver debajo más claramente. Había una cierta clase de sonido silbante pero pienso que era el viento.”

“Parecía artificial y en lo alto del mismo se veía con toda claridad una cúpula y varias ventanillas.

“El objeto estuvo inmóvil durante unos segundos, luego se dirigió hacia nosotros y pasó muy cerca de nuestras cabezas”.

Luego que el ovni desapareció, los niños se dirigieron corriendo a la casa de Stephen, la granja Little Arrow. Le relataron lo sucedido al doctor S. B. Darbishire, padre de Stephen, un médico general que se había retirado para vivir en la pequeña granja en Torver, en los alrededores del English Lake District, bajo el Old Man de Coniston (2.575 pies).

El doctor Darbishire estaba con la familia viendo televisión cuando los niños llegaron corriendo. Stephen recuerda que gritaban y decían que “habían visto algo extraño… pienso que utilicé las palabras ‘un platillo volador’ y por supuesto todos se rieron y dijeron ‘oh sí, Stephen, has estado haciendo tus trucos otra vez’”.

El padre de Stephen, según Desmond Leslie, “francamente no le creyó” pero hizo que su hijo se sentara, escribiera una declaración e hiciera un bosquejo de lo que había visto. No había pasado ni media hora del avistamiento. Stephen era un muchacho inteligente, creativo con gran talento artístico y rápidamente produjo algunos bosquejos a lápiz. En los dibujos se puede ver el clásico platillo Adamskiano. Hizo dos dibujos detallados de una “nave exploradora”, en la que se puede ver una torreta, tres ventanas y el tren de aterrizaje. Otros bosquejos presentan el aparato en diversos ángulos. Debajo de ellos Stephen escribió:

“Dibujado por Stephen Darbishire, de 13 años, de lo que él vio, hechos antes de que las dos fotografías del platillo volador hubieran sido reveladas”.

No muy convencido, el doctor Darbishire llevó la cámara con el fotógrafo local, llamado Pattison. Cuando la película fue devuelta el médico jubilado no podía creer lo que veían sus ojos. Las últimas dos tomas de la película mostraban un objeto borroso, en forma de platillo suspendido al parecer sobre unas hierbas. Se parecía mucho al ovni fotografiado por George Adamski. El doctor Darbishire decidió informar a la prensa.

Stephen informa: “Cuando regresé mi padre me saludó en el autobús a las 8 de la mañana y dijo ‘Rápido, entra’. Estaba muy agitado y dijo que algo así como que alguien del Daily Express y otros del Daily Mail llegarían en media hora. Antes de que lo supiera teníamos la mitad de la prensa mundial en el umbral”.

La historia y una reproducción de la fotografía más clara de Stephen, se publicó en la primera plana del Lancashire Evening Post de Preston en la edición del 26 de febrero de 1954.

LA PRIMERA FOTO OVNI EN EL REINO UNIDO

Los investigadores David Clarke y Andy Roberts dicen que los platos voladores llegaron a Inglaterra al final del verano de1950. Varios periódicos, entre ellos el Sunday Dispatch, y Sunday Express, comenzaron a publicar, en entregas, varios libros de ovnis americanos (Donald Keyhoe Flying Saucers are Real, Frank Scully Behind the Flying Saucers y Gerald Heard Riddle of the Flying Saucers). En el otoño de 1953 se publicó el libro de George Adamski y Desmond Leslie, Flying Saucers have Landed. La revista de Londres Illustrated publicó un reportaje titulado Happy Landings from Outer Space”, en su número del 3 de octubre. El artículo contenía una reproducción en blanco y negro de la fotografía de Adamski del 13 de diciembre de 1952, descrita como una “nave de reconocimiento” de 35 pies en diámetro, con 3 aberturas y 3 esferas de aterrizaje. También publicó la fotografía de una nave madre, y el dibujo de un hombre de Venus.

Tan sólo seis meses después de publicado el libro de Adamski, y cuatro más tarde de la publicación del artículo de Illustrated, Stephen Darbishire obtuvo su fotografía, casi pero no exactamente idéntica a la que había aparecido en la revista Illustrated. El ingeniero Leonard Cramp realizó proyecciones ortogonales y las comparó con las obtenidas de las fotos de Adamski. Prácticamente eran idénticas.

Según Desmond Leslie, Darbishire nunca había leído su libro Flying Saucers Have Landed, ni el reportaje de Illustrated, y no sabía nada sobre platillos voladores, pero Cramp dice que: “…él (Stephen Darbishire) admitió que había visto la fotografía del platillo de Adamski según lo publicado en Illustrated del 30 de septiembre 1953 (sic)”.

Y, si no sabía nada sobre platos voladores, ¿porqué utilizó la siguiente frase para describir el momento posterior a la toma de sus fotografías?: “… apenas había acabado el platillo volador subió hacia las nubes…” O ¿porqué escribió debajo de sus bocetos?: “Dibujado por Stephen Darbishire, de 13 años, de lo que él vio, hechos antes de que las dos fotografías del platillo volador hubieran sido reveladas”. Parecería que estaba muy familiarizado con el término “platillo volado”.

Ya desde su primera declaración afirmaba que había subido al Old Man para hacer fotos trucadas, pero hay una frase publicada en el libro de Cramp que despierta más sospechas. Se trata de la declaración que escribió Stephen a petición de su padre, el doctor Darbishire:

“… Adrian y yo estábamos abajo en un valle pequeño de la colina así que el primer plano de la foto se ve elevado debido a la posición en la que estábamos. Se ve alguna hierba debajo del platillo”.

No sólo vuelve a utilizar el término “platillo”, sino que describe unas fotografías que no ha visto. Recordemos que esta declaración se escribió media hora más tarde de haberse tomado las fotos, pero mucho antes de que fueran reveladas. ¿Cómo supo Stephen lo que se veía en la foto? Casi ningún ufólogo se dio cuenta de esto, sólo el redactor de Flying Saucer News.

Varios fotógrafos analizaron las fotografías, algunos de ellos sugirieron que la parte oscura que se ve abajo del platillo volador podría ser un clip o aditamentos utilizados para sostener un dibujo o una maqueta.

Según Stephen él había enfocado al infinito, pero el plato volador parece desenfocado. Los ufólogos argumentaron que “el fuelle de su pequeña cámara fotográfica no estaba completamente extendido”. Pero el mismo Desmond Leslie, que viajó a Coniston el 23 de febrero y fue huésped de la familia Darbishire por dos días, pudo experimentar con la cámara fotográfica en el lugar en donde las fotografías fueron tomadas. Tomó varias fotos usando diversas combinaciones de velocidad del obturador y ajustes del fuelle. Los resultados sugirieron que la cámara fotográfica de hecho estaba enfocada correctamente. Entonces Leslie sugirió que Stephen había movido el obturador por error durante la excitación del momento.

La foto más conocida es la primera. En la segunda foto, el objeto aparece parcialmente distorsionado en su lado derecho, como si los ángulos del aparato se hubieran doblado. Era un efecto que un escritor de Flying Saucer News explicó como el resultado de la capacidad de los ovnis de desformarse “antes de entrar en el hiperespacio, u otra dimensión.” Esta característica peculiar fue tomada por el ufólogo Timothy Good como evidencia para apoyar la autenticidad de la película de Silver Spring tomada por George Adamski en 1965. En la película la nave exploradora exhibe una distorsión similar de sus dimensiones.

Apenas cinco días después de que fueron tomadas las fotografías, el News Chronicle de Londres del 22 de marzo, informó que Stephen tuvo un segundo avistamiento, “de un objeto en forma de cigarro, otra vez cerca del Old Man”.

No sabemos porqué los ufólogos no sospecharon. En el primer avistamiento se había fotografiado la “nave exploradora” de Adamski, y en el segundo aparecía la nave nodriza. Justo las dos fotografías que habían aparecido en el Illustrated.

Durante muchos años la foto de Darbishire fue considerada como auténtica en los medios ufológicos. Entre las razones que esgrimían los ufólogos estaban:

– Fue tomada por un par de chicos que no tenían razones para mentir, y mucho menos tenían intereses monetarios. Leonard Cramp escribió: “No puede haber duda de que esta es una historia genuina. Los niños en general no van por ahí falsificando fotografías”.

– Era muy parecida al famoso platillo de Adamski (incluso se hicieron análisis isométricos). De tal forma que la foto de Darbishire demostraba la de Adamski, y viceversa (¿!).

Pero en febrero del 2001 el propio Stephen Darbishire haría una fuerte declaración:

“¿… cómo podría un muchacho de 13 decir una mentira? ¡Bien yo era un enorme mentiroso, crecí en una familia de clase media que era muy religiosa[1] y aprendí a mentir a la edad de un año! En retrospectiva, pienso que era simplemente una forma de llenar las necesidades de la gente, y de pagar las deudas”.

A finales de marzo de 1954 Stephen fue invitado a una convención de observadores de platillos, en Londres, en donde los delegados escudriñaron ampliaciones borrosas de su fotografía. Él recuerda cómo “todos se pusieron histéricos cuando uno de ellos dijo que veía una cara en una de las ventanillas”.

Clarke y Roberts dicen que “Fue durante esta visita a Londres en marzo de 1954, que Stephen y su padre fueron conducidos secretamente en un coche al palacio de Buckingham para reunirse con las secretarias privadas del duque de Edimburgo. Se dijo que la invitación vino del palacio vía Desmond Leslie que tenía contactos ‘del más alto nivel’. De hecho, el Sunday Dispatch ventiló la reunión poco después e informó que el príncipe Philip había leído sobre el avistamiento de Stephen en los periódicos “y deseaba saber más”.

“La visita de Stephen Darbishire al palacio de Buckingham fue sólo el principio de una serie de aventuras que lo condujeron a él y su familia a lo más profundo del extraño mundo del ‘culto a los platillos voladores’”.

En 2001, Stephen se preguntó: “¿Cómo me pude involucrar en esto, cómo pude sentarme con esta gente?” Estaba hastiado y declaró que sus fotos eran en realidad una falsificación. Deseaba vivir una vida normal. Ya en 1986, en una carta enviada a Timothy Good, Stephen le dijo que “… desesperado yo… dije que era una falsificación”. Pero en lugar de terminar con el asedio de los ufólogos: “Me contraatacaron, acusándome de trabajar con las ‘Fuerzas oscuras’… o acatar la ‘política’ de seguir las órdenes de un cierto departamento gubernamental secreto”.

Entonces volvió a decir que sus declaraciones sobre la falsedad de las fotos habían sido una broma: las fotos eran auténticas. Por años, Darbishire alternativamente ha dicho que su historia es auténtica, después la ha proclamado como una broma, y ha afirmado más adelante que la “broma” era en sí misma una broma. La declaración más reciente fue el 10 de septiembre del 2004. Stephen dijo que las fotos del platillo eran una broma colegial. Aseguró que cuando fue enfrentado a los medios nacionales, se aterrorizó y no confesó la verdad, y así continuó el engaño. Otro artista local, Julian Claxton, intentó reconstruir las fotos para mostrar cómo habían hecho la broma. Los periódicos publicaron la siguiente nota:

Será recreado el fraude del avistamiento OVNI

Un antiguo profesor de Ulverston acreditado de tomar la primera fotografía de Ovnis en Gran Bretaña ha revelado que fue una broma colegial.

En febrero de 1954 una foto de lo que parecía ser un OVNI flotando sobre Coniston, fue tomada por Stephen Darbishire de 14 años de edad, de Torver, y causó sensación a nivel nacional.

El adolescente declaró que había estado con su primo cuando fotografió un OVNI.

Ahora el Sr. Darbishire, un famoso artista de South Lakeland, de 63 años, dice que todo fue un fraude.

En ese entonces, al ser confrontado por los medios nacionales, se aterrorizó y dejó que continuara el engaño.

Hoy otro antiguo estudiante de Ulverston, el artista Julian Claxton, planea recrear la forma en cómo el Sr. Darbishire creó su famosa fotografía fraudulenta del OVNI.

Claxton iba a utilizar una caña de pescar, un marco de madera, y un objeto plateado en forma de ovni. Sin embargo, para el momento en que Claxton estaba listo con su “aparato extraterrestre”, el 8 de octubre, Darbishire había cambiado toda su historia otra vez, ahora afirmaba que la foto “definitivamente” no había sido falsificada:

El Old Man de Coniston recibirá artista ovni

Por Gazette News Desk

Un artista escalará al Old Man de Coniston mañana por la mañana (sábado) para revelar el curioso avistamiento de un objeto volador no identificado, informa Andy Bloxham.

Julian Claxton de Bristol dirigirá la caminata a Little Arrow Moor para reconstruir la primera fotografía de ovnis tomada en Gran Bretaña.

Usando una caña de pescar, un marco de madera y una forma plateada, él procurará reconstruir una foto tomada en febrero de 1954 por el adolescente Stephen Darbishire de Torver.

El Sr. Claxton dijo: “Lo que estoy intentando hacer es adaptar los varios métodos que me han sido sugeridos por personas, que van de expertos en ovnis a gente local, en cuanto a cómo Stephen Darbishire pudo haber hecho estas fotografías”.

El caso es discutido en la obra clásica de 1964 del NICAP, UFO Evidence, de Richard Hall. Durante años los ufólogos exhibieron las fotos como prueba no sólo de la existencia de los ovnis, en general, sino de la autenticidad del caso Adamski, en particular. Pero lo más probable es que Stephen Darbishire, que desde su más temprana edad había demostrado sus dotes artísticas, dibujó un ovni muy parecido al de Adamski, lo recortó y posteriormente lo fotografió fuera de foco sobre un pequeño promontorio.

REFERENCIAS

Clarke David & Roberts Andy, No kidding this time…my flying saucer photo is genuine! UFO photographic hoaxes and the story of Alex Birch and Stephen Darbishire, artículo en internet, http://www.flyingsaucery.com/brigantia/home.htm, febrero del 2004.

Evening Mail, 9 octubre 2004 – Now Mr Darbishire, a 63-year-old well-known South Lakeland artist, says it was all a hoax, artículo en internet, http://www.nwemail.co.uk/news/viewarticle.aspx?id=143262

Goldsmith Maurice, Happy Landings from Outer Space, Illustrated, London, October 3, 1953.

Good Timothy, Above Top Secret, Morrow (Quill), New York, 1987.

Good Timothy, Beyond Top Secret, Pan, London, 1996.

Leonard G. Cramp, Space, Gravity and the Flying saucer, T. Werner Laurie, Londres, 1957.

Página en internet, http://rr0.org/ufologie/enquete/dossier/Coniston/index.html

Página en internet, http://www.thisisthelakedistrict.co.uk/display.var.534272.0.0.php

Randles Jenny, UFO’`s and how to see them, Sterling Pub Co. Inc., London, 1993.

UFO Sightings, 1954-1956, Mysterious Britain

Waveney Girvan, Flying Saucers and Common Sense, Frederick Muller, Londres, 1955.

Zinsstag Lou & Good Timothy, George Adamski: The Untold Story, Ceti Bub, London, 1983.


[1] Eran Quakeros.