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Adamski (3)

LAS HUELLAS DEL EXTRATERRESTRE

“Entonces él se encaminó hacia el disco y yo le seguí. Entonces llamó mi atención hacia las extrañas marcas que su calzado dejaba en el suelo, como si éstas fuesen algo importante. Después, el doctor Williamson sacó vaciados en yeso de aquellas huellas.

“El disco era un aparato más semejante a una campana que a un disco propiamente dicho. Estaba hecho de un material brillante, traslúcido. En su interior distinguí bultos que se movían. Pero no parecía ser de vidrio, sino de algún metal desconocido. El aparato no estaba posado en el suelo, sino flotando a unos 35 o 50 centímetros de altura. Reflejaba los rayos del sol como un diamante ahumado. La cúpula era oscura, sustentada por un anillo dentado. Estaba coronada por una bola, que en las fotos aparece como una anilla. Las portillas eran de un material bastante transparente y yo llegué a ver otro hermoso semblante a través de una de ellas, muy semejante al de mi interlocutor. Este me advirtió que no me aproximase mucho al aparato. Yo desobedecí y, cuando acerqué más el hombro derecho hacia la superficie del disco, mi brazo fue lanzado contra mi cuerpo con terrible fuerza. El venusino tomó una de las placas expuestas que yo había guardado en el bolsillo, y prometió que me volvería a ver. Le pregunté si podría entrar en el disco, y él me hizo comprender que algún día sería posible.

“Cuando el disco se elevó, noté que dos anillos de la parte inferior se movían en una dirección, mientras otros dos giraban en sentido contrario. Bajo el aparato estaba dispuesto en el tren de aterrizaje un trípode constituido por tres esferas metálicas. Luego, el “platillo” se alejó”.

Los “misteriosos” símbolos que dejó el extraterrestre serían otra de las pruebas presentadas por los seguidores de Adamski para apuntalar la veracidad de sus contactos. Tiempo después el investigador Marcel Homet afirmaría haber encontrado símbolos muy parecidos en Bolivia. Pero como señala Marc Hallet en su libro George Adamski:

“Contrariamente a lo que parece decir al comienzo, él leyó Flying Saucers have Landed antes de publicar su propio libro, y es totalmente increíble que él haya reunido, en un mismo dibujo, varios signos como los que publicó, y asegurara que los había encontrado en lugares distintos. La evidencia apunta a que trató de llamar la atención sobre su propio libro con un “misterio” creado por él mismo”.

HABLA EL PUBLICISTA PERSONAL DE ADAMSKI

En uno de los últimos números de la revista UFO Universe se publicó un artículo de quien fuera el publicista personal de Adamski, Harold Salkin. En ese artículo Salkin expone sus recuerdos de aquella época.

“Luego (del avistamiento) los seis testigos firmaron una declaración que atestiguaba la realidad del contacto. La historia del evento apareció en la Phoenix Gazette. Luego fue enviada a Clara Colcord John, de Washington, D.C.

“Clara era una ardiente devota de todo lo relacionado con lo que ella llamaba “la frontera del más allá”. Esta frase aparecía como encabezado de su boletín Little Listening Post, que enviaba a diversos periódicos, miembros del gobierno, etc. Ella estuvo casada por muchos años con el doctor Walton C. John, el Comisionado para la Educación de Estados Unidos. Su círculo de amigos incluía muchas personalidades de la política, en Washington, quienes se reunían regularmente en su casa para escuchar diversas conferencias. Muchos llegaban de incógnito a escuchar lo último sobre platillos voladores, esperando no ser reconocidos por sus superiores en el gobierno.

“Entre los muchos corresponsales de Clara estaba Desmond Leslie, sobrino de Winston Churchill, y una autoridad en las culturas antiguas y fanático de los ovnis. Clara le dio una copia del artículo sobre el contacto de Adamski. Al mismo tiempo escribió a Adamski para hacer un libro con su relato.

“Eventualmente Leslie y Adamski se reunieron en Washington. Decidieron colaborar en un libro titulado “Flying Saucers Have Landed”. El primer tercio del libro fue escrito por Leslie, y trataba de la historia de las visitas a la Tierra por naves alienígenas, tales como los “vimanas” de los textos de la India del 3,000 a.C. Estas eran pequeñas naves del tamaño de una canoa grande, que fueron observadas flotando sobre la India durante cientos de años.

“Las últimas dos terceras partes del libro –la sección de Adamski-, fueron las que se “robaron el show”, como escribió un cronista. La historia del contacto venusino en el desierto llevó al libro al número uno en las listas de best-seller de The New York Times, donde permaneció varias semanas.

“Adamski iba a Washington una vez al año, apareciendo básicamente ante la misma audiencia todas las veces. En 1963, aparentemente, cayó en la trampa en la que fueron capturados muchos de los contactados de los cincuenta y sesenta. Para mantener el “apetito” de sus seguidores, él (como los otros) estaba convencido de que debía proporcionarles un evento realmente espectacular. En el caso de Adamski fue el viaje a Saturno.

“Él llegó a casa de Clara John al mediodía, y tardó cinco horas en contar a un grupo de cinco personas su supuesto viaje en una nave espacial al planeta Saturno. Contó cómo había sido seleccionado por el Concejo Interplanetario para representar al planeta Tierra en un cónclave de doce embajadores planetarios. Él había sido escogido debido a sus actividades de contactismo con gente del espacio, por sus diversos escritos, etc.

“Cuando se le preguntaba directamente sobre el método del viaje y la vida de los habitantes de Saturno, parecía un tanto desubicado. La mayoría de sus escuchas no le creyeron, pero uno de ellos pensó que pudo haber tenido una proyección astral en lugar de un evento físico, dejando su cuerpo físico y proyectándose al espacio en su cuerpo astral.

“Pero Adamski no estaba de acuerdo, “No”, exclamó, “no son cosas síquicas: este traje que visto es el mismo que vestí en la nave espacial. Estos zapatos son los zapatos que traía. ¡Fue muy real, no astral!”.

“Esa misma tarde apareció ante una audiencia más grande contando la misma historia que había relatado en casa de Clara John. Aquellos que ya lo habían oído compararon sus notas más tarde, y estuvieron de acuerdo en que Adamski había dado entre seis y ocho detalles que contradecían sus declaraciones del mediodía. La mayoría de la audiencia de la tarde también parecía no estar convencida de su historia.

“Sus seguidores concluyeron más tarde que había sido una imprudencia haber contado esa historia sin ninguna evidencia que la soportara. Pero muy pronto ellos tendrían una desilusión mayor”.

DENTRO DE LOS PLATILLOS VOLADORES

Luego de su fenomenal éxito con Los platillos voladores han aterrizado, Adamski decide publicar un nuevo libro, esta vez en solitario. De esa manera nacería Dentro de los platillos voladores. En él nos cuenta sus experiencias con seres de Marte y de Saturno. Pero dejemos que sea el mismo Adamski quien nos cuente.

“… Uno medía 1.85 metros aproximadamente y parecía contar con unos treinta años de edad. Su cutis era rojizo y sus ojos –que contenían el destello característico de aquellos que gozan de la vida- eran de color café oscuro. Era su mirada extraordinariamente penetrante. Sus negros cabellos ondulados estaban cortados a la usanza nuestra. Vestía un traje café oscuro, pero no tenía sombrero.

“El hombre más pequeño parecía también más joven, y calculé su altura en 1.65 metros. Su rostro era redondo e infantil, su cutis pálido y sus ojos de un azul grisáceo. Sus cabellos también ondulados y cortados de manera normal, eran castaño claro. Vestía un traje gris e, igual que su compañero, carecía de sombrero. Fue el más pequeño el que pronunció mi nombre y sonrió.

“Él viene del planeta que ustedes llaman Marte, yo, del que conocen como Saturno… Somos lo que ustedes en la Tierra podrían llamar ‘contactos’”.

“… El objeto medía aproximadamente de cinco a seis metros de altura y tenía un gran parecido al platillo, o vehículo exploratorio, de mi primer encuentro, casi tres meses antes.

“Cuando nos detuvimos advertí a un hombre que se encontraba de pie junto a la brillante nave. Al descender del automóvil, mis compañeros emitieron saludos en voz alta. El hombre que se encontraba junto al vehículo exploratorio parecía estar trabajando con algo conectado a la nave.

“Caminamos hacia él, y con alegría pronto le reconocí: era mi amigo, mi primer contacto, el hombre de Venus.

“Su radiante sonrisa manifestaba que compartía mi felicidad por esta reunión. Una vez que intercambiamos saludos dijo: “Mientras descendíamos se rompió una pequeña parte de esta navecilla, por lo que la he reemplazado mientras lo esperábamos”.

“Le observé con curiosidad mientras vaciaba en la arena el contenido de un pequeño crisol.

“… En lugar de pedir información me agaché y toqué con cuidado lo que parecía ser una pequeña cantidad de metal derretido, que el venusino había desechado momentos antes. Pese a que todavía estaba caliente, no lo estaba tanto como para impedir que lo tomara. Con cuidado lo envolví en mi pañuelo, metiéndolo a continuación en uno de los bolsillos interiores de mi abrigo. Todavía conservo en mi poder esa pieza de metal”.

UN MUNDO DE FANTASÍA

Muchos de sus seguidores le pidieron que dejara que los científicos analizaran la muestra de metal, a fin de demostrar que su contacto había sido real. Adamski se negó durante mucho tiempo, pero llegó el momento en que se vio acorralado y no tuvo más remedio que mandar analizar su metal. Se trataba de escoria de fundición. Sin embargo, Adamski en una carta a Chralotte Blodget presenta los resultados de la siguiente forma:

“Por lo que respecta a la pequeña pieza de metal a que me refiero en el libro y que tú sostuviste en tu propia mano, no he querido someterla a análisis debido a una experiencia pasada. Hace algunos años mandé realizar el análisis químico de una pieza de aleación metálica que sabía a ciencia cierta que provenía de este planeta. Lo primero que se me ocurrió fue que se llevara a cabo tal análisis, por lo que se la entregué a un científico. La primera vez que le llamé para pedirle los resultados, el hombre se oía como si estuviera muy excitado; pero cuando lo vi más tarde en su laboratorio ya se había controlado (o alguien le había dicho que lo hiciera) y trató de no dar importancia al asunto. Cuando dijo que la aleación no tenía ningún metal que no fuese posible encontrar en cualquier depósito de chatarra, yo continué por supuesto presionándolo para que expresara científicamente lo que había encontrado. Fue entonces que concedió que había “pequeñas diferencias” entre esta aleación y las normales, pero añadió que podían deberse a alguna variación en el calor o algún “pequeño accidente” que no había notado al efectuar la aleación, por lo que era difícil duplicarlo”.

Habría que aclarar aquí que toda coincidencia y concordancia entre los relatos de Adamski y Billy Meier no tienen nada de casualidad[1].

Finalmente Adamski entregó esta muestra a Desmond Leslie quien a su vez dio el pedazo de metal para su análisis a George Ward, en ese entonces Ministro del Aire británico. La muestra demostró estar compuesta predominantemente de aluminio, combinado con trazas de otros elementos.

Otra cosa que llama la atención es el hecho de que todos los extraterrestres, sean de Venus o de Marte, tienen la misma apariencia física que los humanos, aunque todos los sobrepasan en belleza. La explicación, tal vez, ya la dio el mismo Antonio Ribera cuando escribió:

“El bello ser del espacio es el propio Adamski, idealizado. Es una proyección, una encarnación de los ideales de este filósofo pacifista con ribetes de vegetariano y teósofo. Su venusino es un Adamski, rubio como él, pero más joven, más bello y que predica la paz y el fin de la carrera de armamentos atómicos”.

Estas proyecciones y fantasías tendrían su más clara expresión en la escena del conclave interplanetario, donde le dieron una túnica, hecha de un material parecido a la seda, de un color azul violáceo que tenía bordada una rosa de extraordinaria belleza. Estaba situada sobre la manga, y le recordó la pasión de Cristo y la corona de espinas. No hay duda de que Adamski, al presentarse ante los doce miembros del Concejo Interplanetario, está asumiendo la figura de Cristo. Adamski es el moderno Cristo redentor y salvador de la humanidad contra las guerras nucleares. Adamski es Orthon, Cristo y el mismo Klaatu, de El día que paralizaron la Tierra.

EXTRATERRESTRES SIN NOMBRE

“Puedo Apuntar aquí –como bien podría hacerlo en cualquier otro momento de la narración-, que en ningún momento se me informó de los nombres de estos visitantes. Oportunamente se me indicó la razón de ello, pero no puedo explicarla aquí en detalle. Baste decir que no hay nada misterioso en esta situación, sino que ellos poseen un concepto enteramente diferente de los nombres que el nuestro.

“Aunque esta falta de especificación de nombres no ocasionó ninguna confusión en mis encuentros con estos nuevos amigos, me doy cuenta que ésta podría suscitarse entre los lectores, especialmente en la parte final de este libro en que se incrementa el número de contactos. Por lo tanto, ya que la gente de este planeta requiere del uso de algún tipo de nombres, habré de inventar algunos adecuados.

“Aunque debo dejar asentado que los nombres que emplearé para designar a estos nuevos amigos no son los correctos, quiero añadir que tengo buenas razones para haberlos elegido y que no carecen por completo de significado y relación con aquellos a quienes distinguiré por medio de ellos en las siguientes páginas.

“Al marciano lo llamaré Firkon y al saturnino Ramu; en tanto que el nombre que he escogido para el venusino es Orthon”.

El número de contactos y de seres espaciales no se limitaría a los anteriores. Pronto aparecerían Kalna, de Venus; Ilmuth, de Marte (ambas mujeres); Zuhl, de Saturno, etc.

En esta obra Adamski describe cuál es el supuesto aspecto de Venus y de la Luna. Echemos un vistazo a Venus.

“Al otro lado de la puerta había otra pintura más, una escena bucólica de colinas y montañas con un arroyo que corría por la campiña. Esta podría haber pasado todavía más fácilmente por una escena terrestre, excepto porque las granjas no estaban esparcidas por la campiña, sino que seguían también un plan circular”.

Y la Luna…

“Podía ver claros indicios de que, en el lado que vemos desde la Tierra debe haber existido alguna vez una gran cantidad de agua. Zuhl me dijo: “Todavía hay mucha agua al otro lado, así como otra tanta oculta a profundidad, dentro de las montañas de este lado”.

“… En algunos de estos sitios era perceptible algún pequeño brote de vegetación… Al estar viendo, un animalito corrió por el área que yo abarcaba. Pude ver que tenía cuatro extremidades y estaba cubierto de pelo, pero su velocidad me impidió identificarlo”.

LOS CONTACTOS APÓCRIFOS

Si los nombres de los seres extraterrestres que contactaron con Adamski no eran los que conocemos, luego entonces ¿dónde queda la veracidad de los posteriores contactados de todo el mundo que afirmaron haber establecido contacto con Orthon, por ejemplo?

¿Qué podemos decir del mismo Orthon que en el primer contacto es incapaz de pronunciar palabra alguna, mientras que tres meses después establece una larga y fluida conversación con Adamski?

En la novela de Ciencia Ficción de Adamski los extraterrestres no tienen nombre por lo que en los capítulos finales eso se vuelve un perfecto galimatías imposible de descifrar. Este error lo detectó la señora McGinnis y lo corrigió en la versión final.

Las descripciones de Venus, la Luna, Marte y Saturno son para desternillarse de risa. Adamski dijo que en la Luna vio colonias enteras de gente que vivía en su lado oscuro, el cual estaba cubierto de vegetación. Había extrañas ciudades en el interior de cúpulas transparentes. Por las calles de estas ciudades circulaban automóviles que, como los platillos, volaban a 30 centímetros sobre el suelo.

Nuestros conocimientos actuales muestran que en la Luna no hay ninguna de las maravillas que Adamski describió; que la vida en Venus es imposible pues en su superficie se alcanzan temperaturas capaces de fundir el plomo.

Adamski predice la existencia de doce planetas en el sistema solar. Algo que no se ha comprobado:

“Cada planeta –dijo- se mueve en coordinación con una serie de otros planetas en torno a lo que ustedes llamarían un sistema. En cada caso, hasta donde hemos aprendido por nuestros viajes, hay 12 planetas en un sistema. A más de esto, 12 de esos sistemas se unen en torno a un núcleo central comparable a nuestro Sol. Estos constituyen lo que algunos de sus científicos llaman un “universo isla”. Tenemos razón para creer que 12 de tales universos islas comprenden una vasta unidad en la casa de muchas mansiones del Padre… y así sucesivamente, sin final”.

Continuará…


[1] Ver Marcianitos verdes http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/06/la-historia-de-billy-meier-y-2.html

Adamski (2)

LOS “LOCOS DE LOS PLATILLOS”

Ya conocemos a tres de los siete integrantes de la expedición que establecería el primer contacto con los venusinos: las señoras Wells y McGinnis, y el propio Adamski, pero ¿quiénes eran los Williamson y los Bailey?

A ese par de matrimonios se les conocía como “Los locos de los platillos”, por su extraordinario interés en el tema. Habían leído todo lo existente sobre los OVNIs y afirmaban haber visto esos extraños objetos brillar en el cielo, tanto volando bajo como a gran altura. Viajaban frecuentemente al desierto con la esperanza de ver algún aterrizaje.

Luego oyeron hablar de Adamski y establecieron contacto con él para poder intercambiar experiencias. Eran, pues, las personas menos adecuadas como testigos imparciales para poder establecer si el contacto de Adamski con el venusino había sido cierto o no. Adamski escribe al respecto:

“Unos días más tarde, los Bailey y los Williamson vinieron juntos. Después de ser mis huéspedes durante dos días, me rogaron que les telefoneara la próxima vez que yo intentara establecer un contacto con los “platillos”.

“Les prometí avisarles, y el 18 de noviembre por la noche telefoneé al doctor Williamson para decirle que pensaba marchar al día siguiente a medianoche hacia Blythe (California), y quedamos en encontrarnos junto con los Bailey el jueves, día 20, por la mañana”.

Pasados los años, George Hunt Williamson se volvería también contactado y sacaría también fotografías de las “extrañas naves”. En compañía de Richard T. Miller, de Detroit, fundaría el Telonia Research Center, en Prescot, Arizona, en donde grabó un disco con la voz de una criatura del espacio.

Pero lo interesante es que Hunt Williamson escribiría en el boletín de la Asociación de la Hermandad Cósmica, que él nunca vio la nave exploradora y mucho menos al venusino, y que la nave madre que creyeron ver seguramente era sólo un blanco para maniobras antimisiles.

Aún más, Jerrold E. Barker, quien vivía en la casa de Alice Wells y que luego cobraría cierta popularidad al fotografiar una nave de tipo adamskiano (ver más adelante), declaró que justo antes de aquel 20 de noviembre, cuando supuestamente Adamski tuvo el encuentro con el venusino, el contactado le ordenó que comprara yeso para hacer moldes de impresiones, “por si en el futuro fuera necesario”.

Algo que también resulta extraño es que Adamski pidió a los presentes que firmaran una declaración jurada que dice:

“Yo, el infrascrito, indico solemnemente que he leído el relato adjunto del contacto personal entre George Adamski y un hombre de otro mundo, que llegó aquí en su platillo volador – “nave exploradora”. Y fui parte, y presencié el acontecimiento según la descripción adjunta”.

“LA ASTRONAVE ESTABA PARADA CASI ENCIMA DE MI CABEZA”

“En aquellos momentos tuve la exacta sensación de que entraría en contacto con los tripulantes de aquel aparato. Para los que aceptan los misterios del subconsciente, ninguna explicación es necesaria. Para los demás, cualquier explicación resultaría larga y tal vez inútil. Exclamé:

“¡De prisa, llévenme en el automóvil! ¡Aquel aparato está buscándome y yo no quiero hacerle esperar! ¡Tal vez el ‘disco’ no ande lejos, pero no quiere presentarse en donde mucha gente pueda verlo!”

“En el automóvil, guiado por Lucy, Albert y yo mirábamos hacia fuera siguiendo el aparato con la mirada. Recorrimos así casi un kilómetro, hasta salir de la carretera y andar un trecho por el desierto. Finalmente, el automóvil no pudo continuar. Cuando paramos comencé a sacar del auto mi equipo, que consistía en un telescopio de seis pulgadas, un trípode y una caja que contenía la cámara y los accesorios para el telescopio, las placas fotográficas y una pequeña “Kodak Brownie”. Instalamos el telescopio en una colina, con la mayor celeridad. El auto, guiado por Lucy, volvió en compañía de Albert para buscar a los demás. Yo les había dicho que me observasen desde cierta distancia.

“La astronave estaba parada casi encima de mi cabeza. Menos de cinco minutos después se produjo una claridad en el cielo y casi instantáneamente surgió un bello y pequeño aparato circular, que descendía silenciosamente en dirección de dos ondulaciones del terreno, que estaba a menos de un kilómetro. Cuando aterrizó, su parte superior quedó visible. Rápidamente, sin tener tiempo de enfocar bien, tiré las siete placas que poseía. De pronto vi a un hombre entre las dos ondulaciones del terreno. Me hacía señales para que me aproximase. Le obedecí y al llegar cerca, dos cosas me llamaron de pronto la atención: una era que sus ropas parecían muy extrañas, con pantalones semejantes a los de un esquiador; la otra, que sus cabellos eran largos y le caían sobre los hombros.

“Era más bajo que yo y aparentaba unos 28 años. En su presencia, yo sentía una extraña sensación, aunque su actitud y su expresión fuesen amistosas. Me tendió la mano, pero no estrechó la que yo le ofrecía. En vez de eso, con una sonrisa, se limitó a rozar la palma de mi mano con la suya. Yo me sentía como un niño ante un ser superior, lleno de comprensión y de amor. La piel de su mano era firme y elástica, pero delicada como la de un recién nacido. Tenía los dedos largos y aristocráticos. Con ropas apropiadas, aquel ser hubiera parecido una bella mujer terrestre. Más yo tengo la certeza de que era un hombre. Su cara estaba coronada por un cráneo voluminoso. Tenía los ojos tranquilos, de color ceniciento verdoso, ligeramente estrechados en su lado externo. Los pómulos eran más salientes que lo normal y su nariz también era más gruesa de lo corriente. La boca era de tamaño medio y, cuando sonreía, observé que poseía dientes blancos y perfectos. Su tez parecía como tostada por el Sol, pero era lisa y satinada. No presentaba ninguna señal de barba. Sus cabellos eran amarillentos, color de arena. Llevaba la cabeza descubierta. Su vestido parecía ser de una sola pieza, marrón, de un tejido muy fino, que caía en pliegues diferentes a los que producen los materiales que nosotros empleamos. Más que brillo, poseía una especie de radiación. No había en él ni botones, ni costuras, ni bolsillos, ni cremalleras. Llevaba una especie de faja o cinto, de un tono marrón dorado[1]. Los pantalones estaban sujetos en los tobillos por fajas semejantes. Llevaba unos zapatos rojizos, hechos de un material tan fino y leve, que yo advertía el movimiento de sus pies como si estuviese descalzo. Eran más botas que zapatos, con sendas ranuras en los lados externos”.

UNAS FOTOGRAFÍAS VELADAS

Una vez que reunió todo su material, Adamski pidió a sus amigos que se alejasen y empezó a montar su conjunto de cámara y telescopio. Adamski poseía dos telescopios, uno de 16 pulgadas, instalado en Palomar Garden’s y otro de 6 pulgadas, que podía montar al aire libre. Este último podía orientarse fácilmente en todas direcciones, y también ser desmontado de su base y trasladado a cualquier lugar, instalándolo en un trípode. Además, resultaba fácil instalar una cámara fotográfica en su ocular.

La cámara de Adamski era muy rudimentaria. Consistía simplemente de una caja, un obturador operado por medio de un bulbo y una pieza que se deslizaba en la parte trasera para sostener las placas. Su manejo era muy sencillo.

La cámara se ponía directamente sobre el ocular del telescopio, el cual servía de lente. Se trataba de una vieja Hagre-Dresden Graflex.

Nada más terminar de montar su equipo, observó un destello de sol en una superficie de acero y vio salir, entre las colinas cubiertas de maleza, una pequeña nave espacial que se posó en silencio a media milla de distancia, quedando parcialmente oculta por el terreno. Apresuradamente sacó siete fotografías, rezando para que la película captase claramente la imagen. Luego, usando una cámara Brownie, sacó otra cuando la nave parecía desaparecer de su vista. El resto de los negativos se echaron a perder cuando, según Adamski, se acercó al aparato. Esta sería la primera referencia del luego famoso efecto electromagnético tan socorrido por los ufólogos y tan útil para explicar algunos hechos embarazosos.

Existe un misterio aún más grande que las placas echadas a perder. ¿Por qué Adamski despachó a sus amigos y no quiso que estuvieran presentes durante el contacto? La respuesta la veremos más adelante.

En 1979 el ufólogo inglés Timothy Good entrevistó a Lucy McGinnis, y esta recordó esta historia de la siguiente forma:

“Ahí venía esta gran nave que parecía un dirigible. Y George dijo, rápido llévenme allí. Deseo ir e instalar el telescopio. Así que lo conduje con Al Bailey hasta donde él nos dijo que debíamos ir. Estuve mirando hacia fuera del coche y esa nave dio vuelta y nos siguió. Y él dijo, ¡para aquí! Paré, y él salió, y ese dirigible también paró –bastante más lejos. No podría juzgar muy bien a qué distancia estaba. Y él instaló el telescopio. Y después de que él instaló todo, dijo, ahora regresen”.

“Mi atención fue atraída por un flash en el cielo y casi instantáneamente un pequeño y hermoso artefacto apareció volando a través de una valle entre dos picos de montaña y se colocó silenciosamente sobre una de las ensenadas a media milla de mí. No bajó por completo por atrás de la cima, ya que la parte superior, o domo, permanecía sobre la cima. Con todo estaba en tal posición que podía ver la nave entera”.

Timothy le preguntó a Lucy si pudo ver el contacto:

“No podías ver muchos detalles por la lejanía, ellos estaban bastante lejos como para parecer postes de cerca. Pero estaban parados y hablaban el uno al otro, y los vimos dar vuelta e ir de nuevo a la nave. No vi que (Orthon) subiera a la nave. Y cuando se fue, parecía como una burbuja o una clase de luz brillante que se elevaba. Entonces George salió a la carretera y nos indicó que saliéramos. Nos dijo que él estuvo demasiado cerca y su brazo había cogido en la radiación del aparato. Y él sufrió por eso durante algún tiempo… Podías ver por donde habían caminado sobre la arena. No hay dudas sobre eso”.

“PACÍFICOS ESPÍAS INTERPLANETARIOS”

“Le pregunté de dónde venía. Él no pareció entenderme y yo repetí la pregunta. Movió la cabeza levemente en signo negativo. Entonces traté de formar en mi mente la imagen de un planeta, me concentré y señalé hacia arriba. Por su expresión vi que podríamos entendernos. Señalé al Sol, tracé una órbita en el aire y dije “Mercurio”. Tracé una órbita más amplia y dije “Venus”. Después tracé el tercer círculo, dije “Tierra”, e indiqué el suelo. Luego me llevé el índice al pecho y repetí indicando otra vez el suelo: “Tierra”. Él sonrió, apuntó al Sol, hizo un círculo en el aire, luego otro y se señaló así mismo. Yo le pregunté: “¿Venus?”.

“Sonriendo, él repitió la palabra que yo había pronunciado. Su voz era más aguda que la de un adulto, o mejor dicho, más fina, como la de un muchacho en la pubertad, y muy musical.

“Mediante gestos y cuadros mentales, le pregunté por qué había venido a la Tierra. De esta manera proseguimos nuestra conversación. Por lo que pude entender, su viaje no tenía fines agresivos. De nuestro planeta salían radiaciones muy fuertes, después de las explosiones de las bombas atómicas, y afectaban el espacio exterior. Me dio a entender que, si continuaban aquellas explosiones, terminaría por producirse una catástrofe en la Tierra. El viaje interplanetario se realizaba en el gran aparato alargado, desde el que se lanzaban los “discos” o navecillas de exploración. Algunas, las mayores, eran pilotadas. Otras, las pequeñas, eran gobernadas a distancia y llevaban aparatos de observación a bordo. Tanto las naves como los discos se movían aprovechando la fuerza magnética, según las leyes de atracción y repulsión. Pude también comprender que los habitantes de Venus están en un plano mucho más elevado de desarrollo, no sólo material, sino principalmente espiritual. Por decir, se hallan y viven más cerca del Creador que nosotros, los terrestres.

“También supe que las extrañas naves que se han visto en nuestro mundo no sólo provienen de Venus, sino también de otros planetas de nuestro sistema solar, y de otros sistemas planetarios. Entre estas civilizaciones son cosa normal los viajes por el espacio. ¿Y por qué no aterrizan en ciudades terrestres, para establecer un contacto oficial con nosotros? Él me hizo comprender que nuestra humanidad aún no está preparada para este contacto. Ellos no quieren verse obligados a luchar ni desean aportar el pánico ni una revolución total, para la cual la Tierra aún no está preparada. Una revolución en la Ciencia, en la Religión, en las costumbres, en todos los aspectos de la vida, que probablemente causaría un desequilibrio general. Supe, por otro lado, que hombres de la Tierra ya habían sido llevados voluntariamente a otros planetas. Y que no es raro que seres de otros planetas desciendan a la Tierra para estudiar mejor nuestras costumbres. Con ropas iguales a las nuestras, documentos perfectamente falsificados, cabellos cortados al estilo terrestre, en nuestras calles ya hay lo que podríamos llamar pacíficos espías interplanetarios. Por este motivo él no dejó que yo lo fotografiase.

“Aunque son bastante parecidos a nosotros, tienen algunos rasgos distintivos que pueden servir para identificarlos. Mi interlocutor del espacio añadió que muchos planetas están habitados por seres en todo semejantes a nosotros. Apenas varían en tamaño, en color de cabello y tez, del mismo modo como en la Tierra las razas también se diferencian. Sus naves del espacio también presentan diferencias de detalle, pero todas obedecen al mismo principio: la atracción y la repulsión, principio físico que ya conocían los egipcios de las pirámides”.

PLATILLOS VOLANTES AQUÍ Y AHORA

Por aquel entonces Frank Edwards era uno de los locutores más populares de la radio. Desde el inicio de la época de los platillos se había unido al mayor Donald Keyhoe en una cruzada en pro de la ufología. Era uno de los líderes indiscutibles de los ovnis gracias a haber escrito dos libros: Los platillos voladores, asunto serio; y Platillos volantes aquí y ahora. En este último hace algunas jugosas revelaciones respecto al asunto Adamski:

“George estableció las reglas básicas para los contactados, que éstos han seguido fielmente. Él fue el primero y demostró que se podía obtener sustanciosas ganancias traficando con historias relativas a contactos con seres de otros mundos. George comprendía instintivamente que todo debía ser un tanto nebuloso, y que los detalles serían desastrosos”.

Edwards nos dice que Adamski había registrado en 1949, justo cuatro años antes de sus supuestos contactos, una novela de ciencia ficción en la Biblioteca del Congreso, en Washington, con el título An Imaginary Trip to the Moon, Venus and Mars (Un viaje imaginario a la Luna, Venus y Marte), pero no llamó la atención de ningún editor. Una dama escritora, de la que Edwards no da el nombre pero que el antiguo seguidor belga de Adamski, Marc Hallet, informa que se trataba de Lucy McGinnis, quien según Hallet sería la verdadera autora de la obra (que en realidad fue registrada con el título Pioneers of Space. A Trip to the Moon, Mars and Venus), sí tuvo fe en la obra de Adamski. Edwards nos informa que esta dama:

“Hizo un trato con George para escribir de nuevo su epopeya; ella pondría la técnica narrativa, y él proporcionaría las fotografías de las naves espaciales.

“Esta dama sometió a mi consideración el original ultimado, para que le diera mi opinión, junto con un puñado de las más toscas fotografías de ovnis que había visto en muchos años. Le dije que prefería permanecer ajeno a todo aquello, y ella salió de mi despacho un tanto enojada”.

La obra se puede consultar en el catálogo de la Biblioteca del Congreso, http://catalog.loc.gov/cgi-bin/Pwebrecon.cgi?v3=1&ti=1,1&SEQ=20041122084836&Search_Arg=adamski&Search_Code=NAME_&PID=766&CNT=25&HC=2&SID=2

Tal vez el título original que utilizó Adamski fue el de An Imaginary… y así le fue presentado a Edwards. Pero McGinnis le dio un título más comercial (Pioneers of Space), lo rescribió y dejó el esqueleto de lo que posteriormente sería Inside The Space Ships, el segundo libro de Adamski. En este libro Adamski relata sus viajes dentro de los platos voladores e, incluso, dentro de las naves madre en forma de puro. Lucy McGinnis, secretaria de Adamski durante muchos años dijo esto sobre esos dos libros:

“A menudo me he preguntado sobre eso. El primer libro fue escrito definitivamente como ficción, y puede ser que haya sido su manera de iniciar el tema. Puede ser que haya sabido algo más, no lo se. Nunca me importó hasta el punto de hacer un trabajo sobre eso porque, ya sabes, yo habría podido hacer un trabajo sobre eso si no hubiera visto esas naves”.

En efecto, se supone que además de atestiguar el contacto de Desert Center, Lucy tuvo otro avistamiento en Palomar Terraces varios años más tarde. Ella describe este episodio de la siguiente forma:

“Una tarde estaba en mi cuarto descansando. No sé qué fecha era pero por alguna razón me levanté y salí. Al salir a la puerta, mire para arriba y ahí estaba esta gran cosa parecida a un platillo. Me sorprendí. Mientras miraba para arriba podía ver a través de él. No recuerdo cuánta gente vi, pero se movían alrededor. Parecía que tenían de ese tipo de trajes de esquí, sujetados alrededor del tobillo. Entonces comenzaron a irse repentinamente”.

Lucy también dijo que Adamski comenzó a contar una serie de historias ridículas a partir de los sesentas. Ella pensaba que se debía culpar a su enorme ego. Dijo que ella creía que el grupo original de extraterrestres lo había abandonado justo por esa razón. Ella también se sentía que él mentía sobre los viajes a Saturno y Venus por su ego, que se había desinflado seriamente cuando el grupo original lo abandonó.

También Lou Zinsstag pensaba que la historia de Saturno era una “experiencia mental”. Henk Hinfelaar, representante de Adamski en Nueva Zelandia, era igualmente escéptico. En 1979, Carol A. Honey escribió:

“En propias palabras de Adamski él “no salió de la luz” hasta muchos años después de sus contactos originales. Porque estoy interesado solamente en la verdad le dije a Adamski muchas veces que apoyaría solamente lo que se hubiera demostrado ser verdadero. Adamski me envió muchos manuscritos, la mayor parte de su biblioteca y casi todos sus archivos originales. Por varios años cada palabra publicada de Adamski pasó por mi máquina de escribir. Sus manuscritos inéditos siguen siendo inéditos porque en mi opinión estaban “saliéndose de la luz” y no eran compatibles con lo que sabía que era verdad. En varias ocasiones, Adamski produjo fotografías, artefactos, grabaciones, reportes de laboratorio, etc, que examiné de cerca. Por lo que se, ninguno se mostró al público o a la prensa, con todo que eran más convincentes que esas cosas que divulgó. Él afirmó que no iba a contar todo “y lo revelaría hasta su debido tiempo”. ¿Si hacía fraude en todas sus afirmaciones, por qué no reveló este material más fuerte? ¿Qué sucedió a estos artículos cuando él murió? George Adamski se reunió con hombres de otros planetas y sus fotografías eran genuinas. Más tarde sus contactos terminaron y él engañó al público antes de admitir que las fases iniciales del “programa” habían terminado”.

Sigamos con el relato de Edwards. En esta parte se ocupa de las fotografías de Adamski.

“Tal como aparecía en el libro, la fotografía había sido tomada un día en el que brillaban tres soles, o bien se trataba de un objeto pequeño iluminado por tres reflectores. Tras ocho años de pacientes investigaciones, llegué, finalmente, a la conclusión de que su “nave” espacial era en realidad el extremo superior de una aspiradora fabricada en 1937. Y dudo que se pueda viajar a través del espacio montado en una aspiradora”.

En este punto no estamos de acuerdo con la apreciación de Edwards. Los platillos voladores u ovnis han desplazado a la brujería y al espiritismo en el ánimo popular, por eso no resultaría tan raro que las brujas se hubieran modernizado y ya no viajen en escobas voladoras sino en aspiradoras voladoras.

“Adamski se comunicaba a menudo conmigo. Cuando era interrogado sobre el título de “profesor” que utilizaba, decía que se trataba sólo de un título honorario que le daban sus “alumnos” y que él nunca usaba. Por lo visto, George era un tanto olvidadizo, pues en las cartas que me enviaba firmaba siempre como “Profesor George Adamski”.

“George Adamski murió en 1963 (en realidad fue en 1965) de un ataque cardiaco. Por aquel tiempo se ofrecía enseñar a la gente cómo visitar los planetas Venus y Marte mediante autohipnósis… por cincuenta dólares”.

Continuará…


[1] Pedimos al lector que mantenga en mente esta descripción. Más adelante la necesitaremos.

El ovni del eclipse

Héctor Escobar comenzó a hacer ufología en la revista Contactos Extraterrestres, fue uno de los fundadores de la Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica (SOMIE) y uno de los editores de la revista Perspectivas Ufológicas, es autor del libro 500 años de OVNIs en México (publicado por Mina Editores). Su trabajo debe ser conocido por todo aquel que desee conocer a profundidad el “fenómeno OVNI” en México, entre otras cosas, realizó un análisis de las diferentes “oleadas” vividas en nuestro país, revisó los casos de aterrizaje, buscó los casos con alto grado de extrañeza y credibilidad, realizó el MEXCAT (catálogo que reúne 673 reportes que van de 1947 a 1994).

A continuación presento la primera parte del artículo que escribió sobre el supuesto OVNI del eclipse.

http://patillasdeasimov.blogspot.com/2006/11/el-director-de-cine-abel-salazar-se.html

Detector de extraterrestres

Una compañía japonesa creó este artilugio que se puede colgar al teléfono celular. El aparato parece un diminuto plato volador y sirve para detectar ovnis y extraterrestres.

Lo primero que debemos hacer es comprar uno de estos artilugios. Teniéndolo ya en la bolsa, o en el celular, debemos dirigir nuestros pasos a “zonas calientes” en donde se informa de avistamientos de ovni (Victoria, Argentina; Las Canarias, España; las azoteas de los vigilantes, México). Si no ves un ovni o un extraterrestre, no importa: seguro que el ovni está oculto, camuflajeado y el extraterrestre ha adoptado una forma humana. Oprime el botón y si el aparato hace un ruido como “Piko Piko…”, entonces es seguro que estas frente a una presencia alienígena.

Ahora lo que tienes que hacer es que el presunto extraterrestre coloque su dedo en el botón, mientras presionas el pedazo de metal en el dorso. Si el aparato hace un ruido como “¡Hyun! ¡Hyun!”, entonces estas frente a una de esas 142 especies de extraterrestres que han invadido nuestro planeta. Trata de atraparlo o por lo menos de sacarle una foto para enviársela, como prueba irrefutable, al ufólogo de tu confianza (si no confías en ninguno, no hay problema, te comprendemos).

http://www.ufo.tv/shop/index.html

Adamski (Primera parte)

CANTATA A DOS VOCES O ADAMSKI CONTRAPUNTEADO[1]

La mejor descripción del caso de George Adamski es la que apareció en 1954 en la revista carioca O Cruzeiro, hecha por Joao Martins. En ella se narran los primeros detalles de la historia y en la voz de Adamski se dice que

“Todo comenzó con la lluvia de meteoros que se batió sobre la región la noche del 9 de octubre de 1946. Hasta entonces, yo creía en la pluralidad de los mundos habitados, pero no había pensado en la posibilidad de los viajes planetarios; las distancias a vencer me parecían enormes. Durante la lluvia de meteoros, yo miraba al cielo, desde el Monte Palomar, como casi todo el mundo en el Sur de California. Cuando el espectáculo de las estrellas fugaces era más impresionante, vi a simple vista un gran aparato oscuro, parecido a un gigantesco dirigible. Estaba inmóvil en el cielo sobre las montañas, en dirección a la ciudad de San Diego. Pensé que era un aparato del gobierno que estaba observando desde gran altura, y con finalidades científicas, la lluvia de meteoros. Mientras lo miraba, levantó la punta hacia arriba y se trasladó rápidamente por el espacio, dejando una estela luminosa, la cual todavía fue visible durante unos cinco minutos. Me sorprendió oír después por la radio que un aparato en forma de cigarro, de origen desconocido, había sido visto por millares de personas en San Diego.

“Esto espoleó mi curiosidad y me dediqué a observar el cielo con más frecuencia. En el verano de 1947 empezaron a surgir las primeras noticias sobre discos voladores. Tuve que esperar hasta agosto de aquel mismo año para que mi paciencia fuera recompensada. Un viernes por la noche asistí al famoso “desfile” de bolas luminosas. Cruzaban el cielo de Este a Oeste, en fila india, en grupos de 32. Algunas paraban en el aire para dar la vuelta en dirección contraria. Cuando se detenían podíamos observar, yo y las cuatro personas que me acompañaban, que tenían una especie de anillo luminoso rodeando a un cuerpo central. En total contamos 184 de aquellos extraños objetos.

“Un día lluvioso de 1949, dos hombres que yo ya conocía, entraron en el restaurante. Se trataba de J. P. Maxfield y G. L. Bloom, ambos del Point Loma Navy Electronics Laboratory, próximo a San Diego. Estaban en compañía de otros dos hombres, desconocidos para mí, que vestían uniforme oficial. Conversamos un poco sobre los discos volantes y ellos me dijeron que iban al Observatorio para solicitar la cooperación de su plantilla de astrónomos en la observación de los objetos no identificados. Al mismo tiempo me pidieron mi ayuda, ya que con mis instrumentos pequeños tendría mayor facilidad de maniobrar que con los enormes instalados en Monte Palomar. Con mi telescopio de 6 pulgadas puedo apuntar como si se tratase de una escopeta para caza de patos en vuelo.

“Volví a ver al señor G. L. Bloom algún tiempo después, el día en que la radio anunció que un platillo se había estrellado cerca de la Ciudad de México[2]. Oímos el noticiario de las 4 p.m. de la KMPC, de Beverly Hills, California. El señor Bloom comentó: “No han dicho toda la verdad. Hubo bastante más que eso”.

“Para entonces yo ya había conseguido dos fotografías de objetos moviéndose por el espacio cuando observaba la Luna. Entregué estas fotos al señor Bloom”.

ADAMSKI, EL HOMBRE

Para algunos de sus biógrafos George Adamski nació en Polonia el 17 de abril de 1891, pero de acuerdo con un memorando de la oficina de gobierno de los EU, nació el 12 de marzo de 1883 en Aubride; Hungría. Sus padres emigraron a Estados Unidos en 1893. Creció en Dunquerque, un pueblo cercano a Buffalo, New York. Su educación formal se limitó sólo a la primaria. El escaso presupuesto familiar le hizo trabajar desde pequeño.

En su adolescencia se interesó por las doctrinas esotéricas y la filosofía oriental. En la biblioteca pública leyó varios libros y revistas sobre esos asuntos. Estaba especialmente familiarizado con las obras de Madame Elena Petrovna Blavatsky, iniciadora del Movimiento Teosófico, y con las de Alice Bailey, quien “canalizaba los conocimientos” del Gran Maestro de Sabiduría Djwal Khul, un adepto de la Escuela Transhimaláyica responsable en parte de la transmisión de La Doctrina Secreta a través de la Blavatsky. El polaco-húngaro se compenetró tanto con estas ideas que frecuentemente citaba trozos de estos escritos en sus propias obras sobre los platillos volantes o en sus conferencias.

Trabajó como vigilante y pintor en el Parque Nacional Yellowstone. De 1913 a 1919 sirvió en el Ejército de los Estados Unidos, en el 13° Batallón de Caballería, en la frontera con México. Esto es algo que frecuentemente se olvida, y es la razón por la cual fue enterrado en el cementerio de Arlington. Para esa fecha (1917) ya estaba casado con Mary A. Shimbersky, lo que no le impidió que se dedicara a vagabundear, tal vez debido a la sangre gitana que corría por sus venas.

Su primera conferencia la dio en 1921 en California, y fue sobre filosofía oriental. Adamski fundó el monasterio de la “Orden Real del Tíbet” en Laguna Beach en 1934, en donde enseñó las “Leyes universales” y “El cristianismo progresivo universal”.

Años después seguía dando conferencias, las mismas conferencias. Pero esta vez ya no eran los maestros lamas tibetanos quienes le transmitían sus enseñanzas, sino los “Hermanos del espacio”. El investigador belga Frank Boitte, publicó una copia de una página extraída de un boletín publicado por Adamski en los años treinta. Esta firmado “por profesor G. Adamski”. En la portadilla se puede leer The Royal Order of Tibet borrada y substituida por Space Brothers.

Una anécdota interesante y poco conocida es la que cuenta el también contactado y ufólogo Ray Stanford quien fuera antiguo seguidor de Adamski durante muchos años. Stanford afirma que en 1958, cuando él tenía 15 años, visitó Palomar Terraces con su hermano Rex Stanford. Una mañana Adamski comenzó a recordar el pasado:

“Durante la prohibición yo tenía la Real Orden del Tíbet. Era un frente. Escucha esto, yo podía hacer vino. Tú sabes, se suponía que para tener ceremonias religiosas, hacíamos vino para ellas y las autoridades no podían interferir con nuestra religión. Demonios, hice el suficiente vino para la mitad del sur de California. De hecho, muchachos, yo era el distribuidor más grande de los alrededores. Si no hubiera sido por ese hombre Roosevelt[3], no habría tenido que meterme en toda esta basura de los platillos.

“Ray, escucha. Yo no he tenido que salir al espacio para saber de las naves espaciales. Diablos, sabía sobre las naves espaciales y lo que había en ellas desde hace años… Pioneers of Space[4] te puede contar todo, justo como Inside the Spaceships. Todo lo que hice fue proyectar mi conciencia a los seres allá afuera y podía verlos y saber qué había en sus naves”.

El ufólogo inglés Timothy Good también habla sobre este asunto, pero da información adicional altamente interesante. Al igual que muchos abducidos modernos, Adamski afirmó en privado que sus contactos con extraterrestres comenzaron desde niño. Dijo que fue instruido en el Tibet para prepararlo para su misión de adulto. Con respecto a los contactos “mentales”, Good dice que Adamski, en una carta a uno de sus lectores de Los platillos volantes han aterrizado, que también había leído Pioneers y comentaba el gran parecido entre ambas obras, le explica:

“…físicamente no he entrado en contacto con ninguno de ellos, pero ya que has leído Pioneers of Space puedes ver cómo consigo mi información sobre esta gente y sus patrias”.

En 1930 se comenzó a interesar por la astronomía y leyó algo al respecto. Estos conocimientos y sus frecuentes lecturas de misticismo le sirvieron para dar clases y conferencias de “Filosofía y Ciencias Cósmicas”, a partir de 1939. Es por eso que se autotitula “filósofo y profesor”, títulos que seguirá usando en su etapa platillista.

Se establece en Laguna Beach y comienza transmitir sus conferencias por varias estaciones de radio. En 1940 se muda a Valley Center, a una especie de granja. Nuevamente, ese mismo año, cambia su residencia y se muda con su esposa y seguidores a Palomar Gardens, en la cuesta sur del Monte Palomar.

Escribe diversos artículos que le son publicados en revistas de California, lo que hace que se expanda su círculo de influencia. También escribe cuentos y novelas de ciencia ficción (que luego transformaría al relato de sus viajes espaciales y su encuentro con Orthon).

En 1944 con las ganancias de sus conferencias, clases y artículos, compra 20 acres de tierra justo a la mitad de la vertiente Sur del Monte Palomar, célebre por su telescopio de 5 metros, perteneciente al Observatorio de Hale. En ese lugar reunió en torno a él, a un grupo de estudiantes que iban a discutir sobre metafísica y filosofía.

La verdad sea dicha, Adamski no era un simple vendedor de salchichas, como han escrito algunos autores. Dentro de sus terrenos construyó un restaurante Palomar Garden’s (Palomar Terraces, Star Route, Valley Center, California) para dar servicio tanto a sus alumnos como a los miembros del California Institute of Technology que operaban el telescopio. Adamski era el gerente del restaurante, y tenía una pequeña escuela de filosofía.

Era de estatura media, cerca de 1.67 metros de altura, fuerte, cabellos entrecanos, maneras simples, inteligente, de palabra fácil y ojos tristes, negros, soñadores y ligeramente estrábicos. Se decía que con su labia era capaz de convencer al más incrédulo. Todas estas características le daban cierta ascendencia sobre las mujeres; poder que supo aprovechar y muy bien, como lo veremos a lo largo de estas páginas.

En su etapa platillista establecería otro tipo de contactos más mundanos con representantes del sexo débil: además de su esposa Mary A Shimbersky (muerta en 1954 y reencarnada en Venus), Adamski mantuvo relaciones con Alice K. Wells, Lucy McGinnis (Los Angeles), Madeleine Rodeffer (Maryland), Olga Orlik (Los Angeles), C. D. Pettit (Salt Lake City), Marha Ulrick (California), Melinda Aich (Hungría), Susanne Berthaud (Francia), May Morlet Flitcroft (Bruselas), Lou Zinsstag (Basilea), Cristina J. de Rueda (México), Edith Nicolaisen (Italia) Charlotte Blodget (California) Laura Mundo (EU), etcétera. Esta última escribiría las siguientes líneas que son una clara muestra de la fascinación que despertara Adamski en las mujeres.

“Adamski no sólo es un hombre atractivo y singular, sino que las finas facciones de su rostro reflejan su absoluta integridad”.

LAS PRIMERAS FOTOGRAFÍAS

“La historia de la caída en México se desmintió posteriormente, pero en 1951 yo supe que era verdadera.

“Volviendo a las fotos, en marzo de 1950 el reportero Samford Harrell, del San Diego Journal, difundió la historia. El Union y el Tribune también fueron a verme y yo les confirmé que había mandado las fotografías al Point Loma Navy Electronics Laboratory, para su análisis. Los periodistas fueron al laboratorio, donde negaron rotundamente haber recibido tales fotos. Esta negativa no me hizo perder la calma, pues conservaba los negativos; sólo había entregado copias al señor Bloom. Los periodistas pidieron información al Pentágono, donde también negaron todo conocimiento sobre las fotografías.

“Esto incrementó aún más mi interés por el asunto. Durante varios años, de día y de noche, en verano y en invierno, con frío o calor, me dediqué a observar los cielos. Los resultados que obtuve fueron fruto de la perseverancia. Hasta la primavera de 1951 no hice grandes progresos. Conseguí sólo algunas fotos de puntos luminosos en el espacio, que no convencían a nadie, a pesar que para ello había gastado más de doscientos clisés. Pero yo había ejercitado mis ojos y lo que había visto me daba la certeza de que en el cielo había objetos extraños que se movían como bajo un gobierno inteligente. En el verano de 1951 y el año 1952, los resultados fueron mucho mejores. Parecía haber más objetos en movimiento; era como si las naves del espacio se aproximasen con más frecuencia a la Tierra. Durante este tiempo, tomé más de quinientas placas y conseguí unas doce fotos de aparatos en forma de cigarro y de discos luminosos que aquellos parecían lanzar al espacio. Envié una colección de estas fotografías a Wright Patterson Air Force Base.

“El fotógrafo que revela mis fotografías y saca copias de ellas es el señor D. J. Detwiler, que vive en la ciudad de Carlsbad, casi a 65 kilómetros de distancia de donde vivo. Hay quien dice que mis fotografías son un truco publicitario para atraer turistas al restaurante; sería más sencillo y más barato hacer propaganda de otro modo. Llegan incluso a desvirtuar declaraciones mías: cuando digo que impresioné más de setecientas placas para conseguir apenas veinte fotografías, entienden que afirmo tener “más de setecientas fotos de discos voladores”… a decir verdad, creo que nadie ha invertido tanto tiempo, esfuerzo y dinero para conseguir tales resultados. Las fotos de discos que se han obtenido, fueron resultado de la casualidad. Además, ocupo un puesto privilegiado para realizar esta clase de observaciones. Desde aquí, a 1,000 metros de altura, tengo una vista amplia y clara en todas direcciones.

¿HOMBRES DE NEGRO?

Adamski poseía una personalidad megalómana. No sólo quería ser reconocido como el primer hombre en tener contacto con seres extraterrestres sino como el primero en haber visto platillos voladores. Si Kenneth Arnold había observado sus nueve discos el 24 de junio de 1947, él, Adamski, los había visto antes: el 9 de octubre de 1946.

Dos de sus más cercanos colaboradores y seguidores, Carol A. Honey, de Anaheim, y Lucy McGinnis, han escrito sobre el enorme ego de Adamski. Más adelante nos extenderemos sobre este punto.

George sentaría precedentes no sólo en la forma en que debían ser los contactados; también fue el origen de muchos mitos ovni, como el de las naves nodrizas en forma de puro.

Sobre todo lo anterior, Adamski era un mentiroso. No tuvo empacho en inventar una historia tan complicada como su contacto, mucho menos en crear dos personajes ficticios (Maxfield y Bloom) que iniciarían la saga de los Men in Black y el UFO Cover Up. Esta historia es falsa, nunca existieron esos dos personajes y mucho menos estaban en la nómina del Point Loma Navy Electronics Laboratory.

Adamski hizo correr el bulo en el San Diego Journal, Samford Harrell no se molestó en ver las fotografías (que nunca existieron), pero sus competidores del Union y el Tribune sí trataron de conseguirlas, cosa con la que no había contado Adamski. Si las fotos hubieran existido, Adamski hubiera podido proporcionar una copia a los periodistas ya que, como él afirmaba, contaba con los negativos originales. Pero las fotos no existían por eso nunca se llegaron a conocer.

Sin embargo esta experiencia sería rápidamente capitalizada por el contactado. Este tipo de errores no los volvería a repetir en el futuro, ¡tenía que prepararse con fotografías de platillos voladores para mostrarlas a los periodistas!

La anterior fue la razón de que en los laboratorios, sorprendidos, negaran la historia. Lo mismo ocurrió con el Pentágono y la Fuerza Aérea, quienes el 29 de marzo, a través del intermediario del Copley Press Leased Wire, de Washington, declararon que no sabían nada de dichas fotografías.

La historia había calado en la opinión pública. El 4 de abril el Tribune Sun de San Diego publicó un largo artículo con el título “¿Se ha extraviado o no? una fotografía, enviada por el astrónomo amateur George Adamski al Navy Electronics Laboratory, con el fin de saber si se trataba de una nave del espacio”.

Si la historia fuera cierta y los militares le hubieran robado sus fotografías, entonces no se entiende la actitud de Adamski de volver a enviar “una colección de estas fotografías al Wright Patterson Air Force Base”.

EL PRIMER ENCUENTRO

“En 1951 y en 1952 recibí muchas noticias acerca de aterrizajes de discos en los desiertos de California, a una distancia no muy grande de Monte Palomar. Siempre quise establecer un contacto directo con estos aparatos y descubrir de dónde venían y qué se proponían. Comencé a realizar excursiones por el desierto, invocando en mi ayuda a la suerte. Durante mucho tiempo no conseguí el éxito. Más, al final, llegó el momento. A las doce y media del jueves 20 de noviembre de 1952, en el desierto californiano, a 16 kilómetros de Desert Center, en dirección a Parker (Arizona), estuve por primera vez cara a cara con un ser de otro planeta. Veamos Los antecedentes de este hecho memorable.

“Pocos meses antes conocí a dos matrimonios, el señor Alfred C. Bailey y su señora Betty Bailey, de Winslow, Arizona; y el doctor George Hunt Williamson (Michel d’Obrenovic) y su esposa Betty Hunt Williamson, de Prescott, también Arizona. Los cuatro sentían el mismo interés que yo por los discos volantes. En noviembre organizamos una excursión. El día 20 salí rumbo al desierto en compañía de las señoras Alice K. Wells y Lucy McGinnis, la primera propietaria de Palomar Garden’s y la segunda mi secretaria. Encontramos a nuestros amigos en la carretera que pasaba cerca de una base aérea abandonada. Algo me impelía en esa dirección, una especie de intuición o presentimiento. Hace mucho tiempo que me he acostumbrado a seguir esta clase de impulsos subconscientes. Pasamos por Desert Center y tomamos a la derecha, por la carretera que iba a Parker. Después de recorrer cerca de 18 kilómetros, nos paramos para mirar a nuestro alrededor. Yo continuaba experimentando una extraña premonición, que me advertía que algo iba a acontecer. La región era de piedra volcánica sin vegetación. Eran las once de la mañana cuando nos detuvimos. Perdimos mucho tiempo andando de acá para allá y también mirando el cielo azul y sin nubes. Por último volvimos a los automóviles. Era mediodía y comimos un almuerzo frugal que Alice había traído. Pasó a gran altura un bimotor y lo acompañamos con la vista hasta que se perdió en la distancia. Fue poco después de esto cuando vimos el objeto. A mucha altura, silenciosa, plateada, surgió una nave alargada, como un hueso o un cigarro. Con los dos gemelos que habíamos traído, vimos que era anaranjada en toda la extensión de su parte superior. El doctor George Williamson, que había pertenecido a las Fuerzas Aéreas durante la Guerra, observó una marca oscura en el lado, como una insignia, pero totalmente distinta a todo cuanto él había visto en sus tiempos de militar.

Continuará…


[1] Una versión resumida de este artículo se publicó originalmente en la edición especial número 4 de Contacto OVNI, México 1994.[2] Ver la historia en Marcianitos verdes http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/el-primer-marcianito.html

[3] Roosvelt terminó con la prohibición, autorizando el consumo de alcohol.

[4] Se trata del primer libro de Adamski, una novelita de ficción cuyo título completo es Pioneers of Space. A Trip to the Moon, Mars and Venus, ver más adelante.