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Deja vu

Deja vu “recreado en laboratorio”

Los científicos creen que han encontrado una manera de sondear el fenómeno misterioso de sentir que ya has visto algo antes -deja vu.

Los investigadores del Leeds Memory Group dicen que de alguna manera han reconstruido la sensación en el laboratorio usando hipnosis.

El New Scientist reporta que los investigadores esperan que su trabajo aclare el funcionamiento fundamental de la memoria humana.

Se estima que un 97% de la población mundial han experimentado el deja vu.

En algunos casos severos puede llegar al punto de causar depresión y algunas víctimas han sido medicadas con antipsicóticos.

Sin embargo, los expertos sospechan que mucha gente que experimenta la sensación esta poco dispuesta a discutirla con su doctor.

Proceso de dos etapas

Se piensa que son dos los procesos dominantes que ocurren cuando alguien reconoce un objeto o una escena familiar.

Primero, el cerebro busca a través de rastros de la memoria para ver si el contenido de esa escena se ha observado antes.

Si hay algo, entonces una parte separada del cerebro identifica la escena o el objeto como familiar.

En el deja vu, este segundo proceso puede ocurrir por error, de modo que una sensación de familiaridad sea accionada por un nuevo objeto o escena.

El equipo de Leeds trabajó para crear una sensación de deja vu entre voluntarios en un laboratorio.

Utilizaron hipnosis para accionar solamente la segunda parte del proceso del reconocimiento -esperando crear un sentido de familiaridad sobre algo que una persona no había visto antes.

Los investigadores mostraron a los voluntarios 24 palabras comunes, entonces los hipnotizaron y les dijeron que cuando se les presentara después una palabra en un marco rojo, sintieran que la palabra era familiar, aunque no sabrían cuándo la vieron por última vez.

Los marcos verdes les harían pensar que la palabra pertenecía a la lista original de 24.

Sensación peculiar

Después de salir de la hipnosis, se les mostró a los voluntarios una serie de palabras en marcos de varios colores, incluyendo algunas que no estaban en las 24 originales y que fueron enmarcadas en rojo o verde.

De las 18 personas estudiadas hasta ahora, 10 reportaron una sensación peculiar cuando vieron nuevas palabras en marcos rojos y cinco dijeron que se sentía definitivamente como el deja vu.

El investigador Akira O’Connor presentó los resultados a una conferencia internacional sobre memoria en Sydney, Australia.

Él dijo a New Scientist: “Esto nos dice que es posible disociar experimentalmente estos dos procesos, lo que es realmente importante para establecer que son de hecho distintos”.

Algunas personas con epilepsia temporal del lóbulo reportan frecuentes deja vu.

Y trabajos previos en Francia han encontrado que partes del lóbulo temporal estimuladas eléctricamente pueden accionar una sensación de familiaridad con cualquier persona que se encuentre.

El profesor Alan Brown, experto en deja vu de la Universidad Metodista del Sur en Dallas, dice: “Usar la sugestión hipnótica para estimular, o simular, una experiencia de deja vu podría ser potencialmente una manera muy fructuosa de explorar este fenómeno”.

“No tengo muchos detalles sobre el proyecto de Leeds pero por lo que se parece ciertamente ser el trabajo sólido con un resultado intrigante.”

http://news.bbc.co.uk/1/hi/health/5194382.stm

Escépticos y verdaderos creyentes

La navaja de Occam

En la introducción a mi libro Skeptics and True Believers, definí dos marcos de mente:

Los escépticos son niños de la Revolución Científica y de la Ilustración. Siempre están un poco perdidos en la vastedad del cosmos, pero confían en la capacidad de la mente humana de darle sentido al mundo. Aceptan el desarrollo natural de la verdad, y están dispuestos a vivir con una medida de incertidumbre. Su mundo se colorea en tonos de gris. Tienden a ser socialmente optimistas, creativos y confían en el progreso. Ya que comulgan con lo que predican, los escépticos son tolerantes de la diversidad cultural y religiosa. Están más interesadas en refinar sus propias opiniones que en ganar otros prosélitos. Si son teístas, luchan con su dios en una lucha continua de la fe. Frecuentemente están plagados de dudas personales y son propensos a la depresión.

Los verdaderos creyentes confían menos en que los seres humanos puedan clasificar cosas por sí mismos. Buscan ayuda del exterior -de dios, de los espíritus o de extraterrestres. Su mundo es blanco y negro. Buscan verdades simples y ciertas, proporcionadas por una fuente que sea más confiable que la mente humana. Los verdaderos creyentes prefieren un universo proporcionado a la escala humana. La diversidad los repele, se confortan con los dogmas y respetan a la autoridad. Los verdaderos creyentes se distinguen por su manera de ofrecer (a veces administrar fuertemente) sus verdades a otras, convencidos de lo correcto de su causa. Probablemente son “renacidos”, redimidos por la fe, apocalíptica. Aunque generalmente son pesimistas del estado de este mundo, confían en que hay algo mejor más allá del sepulcro.

Fui cuidadoso de precisar que incluso Jesús pudo ser llamado un escéptico (“¿Dios míos, dios mío, por qué me has abandonado?”), y que los científicos que están invenciblemente seguros de la autoridad de su ciencia pueden ser contados como verdaderos creyentes.

Aunque los científicos individuales puedan ser creyentes verdaderos, la ciencia puede prosperar solamente en una atmósfera de escepticismo. La ciencia es ampliable; cada verdad se lleva a cabo tentativamente, sujeta a cambios. Como Einstein dijo una vez, la herramienta más importante del científico es el cesto de basura.

Así que -Escépticos y verdaderos creyentes: Una generalización, por supuesto, pero (pienso como escribí en el libro) útil.

Mientras estemos generalizando, puede ser que también nos dividamos en Occamistas o Anti-Occamistas.

Déjeme explicar.

Guillermo de Occam (c. 1285-1347) fue un fraile y filósofo franciscano ingles, de la aldea de Occam en Surrey, educado en Londres y Oxford, que predicó y enseño por toda Europa. Él es mejor conocido actualmente como el autor de la Navaja de Occam, el principio de parsimonia filosófico: Nunca suponer una explicación compleja cuando es suficiente una explicación más simple.

Occam seguro no fue el primero en enunciar este principio, pero a él se le ha asignado el crédito, y él utilizó ciertamente el principio con gran ventaja, eliminando algunos aditamentos superfluos de la filosofía y de la teología de su tiempo -un ejercicio que le ganó la excomunión de la iglesia a la que sirvió.

La navaja de Occam es un principio básico de la ciencia moderna. Newton la puso esta manera: “No debemos admitir más causas de las cosas naturales que las que son tanto ciertas y suficientes para explicar su apariencia”. Y Einstein dijo: “La gran meta de la ciencia… es cubrir el mayor número posible de hechos empíricos por deducciones lógicas del menor número posible de hipótesis o de axiomas”. Simplicidad. Parsimonia.

Alguien alguna vez citó a Shakespeare al filósofo W.V.O. Quine: “Hay más cosas en cielo y la tierra que las que has soñado en tu filosofía”. La observación significaba en términos burdos, una clase de “Sí, ¿ y qué sabes tú?” A lo qué Quine se dice que respondió: “Tal vez, pero lo único que me preocupa es que no haya más cosas en mi filosofía de las que existen en cielo y en la tierra”. Quine era un Occamista.

Por otra parte, he oído que en un episodio de los X-Files, Fox Mulder desecha la navaja de Occam retitulándola el Principio de Occam del Pensamiento No Imaginativo. Dejemos que florezcan las miles de flores paranormales y pseudoscientíficas. Mulder es un Anti-Occamista.

El Occamista no busca milagros o lo paranormal cuando es suficiente una explicación natural. Y cuándo ninguna explicación natural se presenta (como, por ejemplo, “¿Cuál es la fuente de la singularidad que se convirtió en el Big bang?”) el Occamista está preparado para decir “no sé”. Admitir nuestra ignorancia de la prodigalidad de la creación no es la misma cosa que llenar nuestra ignorancia con una plétora de dioses, espíritus, extraterrestres, auras, milagros, resonancias mórficas, influencias astrales, etc. de nuestra propia invención.

Y así aprendemos del pobre fraile de Occam vestido con hábitos cafés y sandalias, que era un campeón de la humildad intelectual.

La navaja de Occam, aplicada sabiamente, ha probado ser un camino real al conocimiento práctico, confiable del mundo. Desde la época de Galileo, y especialmente desde la Ilustración, ha sido la base para nuestra salud, crecimiento y felicidad general. La navaja de Occam es nuestra más poderosa herramienta en la batalla contra los demonios más oscuros de la distensión sectaria, del triunfalismo religioso y de la superstición pseudoscientifica.

http://www.sciencemusings.com/2006/07/occams-razor.html

Obituario de John Beloff

Jhon Beloff

El científico que le dio un estatus académico a la parapsicología

Stephen Braude

The Guardian

El psicólogo John Beloff, que murió a los 86 años, fue más conocido por iniciar y consolidar el estudio académico de la parapsicología en Gran Bretaña. Nacido y educado en Londres, fue el hijo de inmigrantes judíos rusos que se establecieron cerca de Hampstead Heath. Fue el cuarto de cinco hijos, uno de sus hermanos mayores, Max (que luego obtendría el título de Lord) Beloff, fue el primer vice canciller de la universidad de Buckingham.

Continúa en

http://www.guardian.co.uk/obituaries/story/0,,1811996,00.html

John Beloff fue el creador del concepto del Objeto Paranormal Permanente.

El Chupacabras (Primera parte)

EL CHUPACABRAS O EL FRANKENSTEIN DE LOS MEDIOS[1]

Hace algunos días los editores de esta revista solicitaron mi opinión sobre el tema tan de moda y polémico del chupacabras. Escribir un artículo sobre un tema que no es de mi especialidad (aunque tampoco de la especialidad de nadie, hasta el momento), a muy poco tiempo de haberse desatado la “oleada” de avistamientos del chupacabras, y sin tener tiempo de analizar y reflexionar sobre el asunto, en definitiva no es mi forma de operar. En general no lo es de ningún escéptico o crítico del fenómeno ovni. En un principio me negué a dar mi opinión de forma tan precipitada. Además de las razones ya expuestas había otras: el tema no me parecía interesante (tan sólo una serpiente de verano, como se le conoce en el argot periodístico), y porque estaba enfrascado en otros proyectos ufológicos de mayor importancia. No obstante el tema se convirtió en un lugar común de toda conversación de sobremesa. Era la moda y la comidilla de todos los días. Periódicos, revistas, radio y televisión se ocuparon de difundir día y noche noticias sobre el fenómeno. El problema era que la mayoría de estas noticias eran de corte amarillista y en lugar de informar estaban creando una psicosis en la población mexicana. No podíamos quedarnos de brazos cruzados, necesitábamos proporcionar algo de cordura (si es que podíamos hallarla) a todo este galimatías.

CONJUNCIÓN DE MITOS

En la Edad Media todo buen europeo creía en brujas. De hecho aquellos que eran incrédulos corrían el riesgo de ser quemados en la hoguera por herejes. En el siglo pasado la literatura gótica diseminó el mito del vampiro. Mito que germinó en una época y en un público de escasa cultura. Con la llegada del cine la historia de los vampiros se vulgarizó y eso hizo que perdiera parte de su misticismo. La gente, por lo menos en México, dejó de creer en esas historias cuando veía El Santo o a Blue Demon luchar con unos vampiros ridículos y risibles. En otras partes del mundo se le perdió el miedo a los vampiros cuando se supo que existía una enfermedad, la protoporfiria, cuyos síntomas podían explicar el vampirismo. También se supo que el Drácula histórico, Vlad Tepes, aunque tenía un afán desmedido por los empalamientos, no poseía colmillos puntiagudos y mucho menos succionaba la sangre de sus víctimas.

Considero que en la actualidad sólo pocas personas siguen creyendo en la existencia de un conde de Transilvania que por las noches, ayudado de su capa, vuela hasta una joven doncella para succionarle la sangre a través de sus dos colmillos hiperdesarrollados. El problema es que el vampiro real, el animal, aunque está munido de esos colmillos, no los usa como popotes para chupar la sangre; su utilidad es producir una herida a través de la cual manará la sangre que posteriormente lamerán. Sólo algunas víboras, como la de cascabel, poseen colmillos huecos, pero estas tampoco los usan como popotes para chupar. Su función es inyectar el veneno con el cual paralizan a sus víctimas.

Si el mito de los vampiros es considerado actualmente sólo eso, podemos decir que se trata de un mito en decadencia. En el caso de los ovnis no ocurre lo mismo. En las décadas de los cincuentas, sesentas y setentas, el porcentaje de personas que creía en los ovnis, según algunas encuestas de la Gallup, era cercano al 20%. Hoy ha crecido gracias a la influencia de los medios de comunicación, y es muy probable que sea superior al 50%.

GÉNESIS

El origen de este nuevo mito no se encuentra como muchos han dicho en la pequeña isla de Puerto Rico. Hay que remontarnos al Estado de Colorado, más precisamente a Alamosa, en donde en 1967 apareció mutilado el famoso caballo que ha pasado a la litera­tura ufológica con el nombre de Snippy. Como de este caso nos ocuparemos en otro artículo, saltaremos hasta la década de los setentas. Durante esos años en varios estados de la Unión Americana se dieron diversos casos de animales mutilados, espe­cialmente reses, por supuestas entidades extraterrestres.

Desde los primeros reportes que se estudiaron científicamente se pudo encontrar una explicación racional a este fenómeno. Esta explicación nunca fue tomada en cuenta por los medios de comunicación, especialmente por las revistas ufológicas. Veamos algunos de los primeros estudios.

La señora Nancy H. Owen, antropóloga del Departamento de Antropología de la Universidad de Arkansas, en Fayetteville, recibió en 1978 una subvención de la Arkansas Endowment for the Humanities (AEH) para llevar a cabo la conducción de un estudio sobre las mutilaciones que se producían en Arkansas. Su estudio se limitó al condado de Benton. La AEH solicitó públicamente al gobernador de Arkansas la creación de una comisión investigadora, y el gobernador pidió que fuera personal de la Universidad de Arkansas quien hiciera el estudio. Algunos de sus descubrimientos fueron:

– Por lo menos en un caso, los análisis hechos por un toxicólogo funcionario del estado sobre una muestra de líquido pericardial (serosidad segregada por el pericardio), denuncia la presencia de mezcalina, una droga alucinógena extraída del peyotl o peyote, planta cactácea de origen mexicano. En la página 196 de su informe, Kenneth M. Rommel había señalado la presencia de hippies acampando en el sector concerniente a este caso.

– Se encontró que un policía falsificó los informes para hacer más enigmáticos los sucesos.

– Los veterinarios del estado jamás hicieron mención a lesiones de carácter quirúrgico en sus informes de autopsia. Sólo los ganaderos mencionaban esos “cortes quirúrgicos”.

El Dr. James R. Stewart, sociólogo del Department of Social Behavior de la Universidad de Dakota del Sur, en Vermillion, hizo en 1975 un estudio sobre las mutilaciones de ganado producidas en ese estado en 1974. Lo actualizó en abril de 1980, para ser publicado en el informe de Kenneth Rommel. Stewart dijo que sólo dos veterinarios se habían involucrado en el estudio de las mutilaciones.

De entre los primeros estudios y necropsias practicadas a estos animales se encontró que las muertes habían sido debidas a coyotes (Canis latrans). El patólogo que hizo las autopsias informó que estos animales son capaces de hacer cortes lisos y netos como los que haría un cuchillo afilado. En otro caso el veterinario informó que la muerte fue debida a un zorro colorado (Vulpes fulva).

En el informe de la Universidad de Dakota del Sur, página 247, encontramos la carta de un director de laboratorio de ciencia animal dependiente de la universidad, que dice:

“En cada caso, pudimos establecer que las partes faltantes fueron llevadas por animales depredadores…

“Somos conscientes que en ningún caso pudimos demostrar que las partes faltantes hubieran sido quitadas por un ser humano…

“Es cierto que el animal depredador, cuando desgarra o quita una piel, deja los bordes muy similares a los que pudiera haber hecho un instrumento quirúrgico…

“En todos los casos pudimos establecer la evidencia que los animales depredadores tenían que ver en los restos faltantes de animales muertos de alguna causa natural…”

Rommel utilizó los informes de Owen y Stewart y publicó un reporte de 279 páginas. En él habla de los necrófagos, animales que se alimentan de carroña. En la página 34, por ejemplo, menciona el caso de un cuervo observado en Manitoba, Canadá, que despedazó un reptil al que le quitó el hígado “de una manera sumamente prolija, sin tocar lo demás. Sólo la piel estaba agujereada en la región del hígado. ¿Cómo hizo este cuervo un trabajo de cirugía con tanta precisión?, es un misterio”.

Rommel llega a la conclusión de que todo tiene una causa natural, ya sean depredadores, actividad humana (sectas, hippies, bromistas, etc.), muertes de los animales por causas naturales y abusos de la publicidad en los medios de comunicación que crearon una histeria en el público.

En un artículo del ufólogo francés Jean Sider, traducido por los ufólogos argentinos José Luis Di Rosa y Graciela Iliev, encontramos más información al respecto. Veamos sólo tres ejemplos:

En 1983 se dio una serie de mutilaciones en caballos. Los animales eran siempre machos a los que se les había cortado el pene, con abundancia de sangre. Se trataba de actos cometidos por un maníaco sexual que había sido visto por varias personas corriendo tras un alazán cuchillo en mano.

Los científicos de la Universidad de Brookins afirmaron que los animales depredadores eran los únicos culpables de las mutilaciones.

El Colegio de Medicina Veterinaria de la Universidad de Colorado, en Fort Collins, realizó 19 autopsias entre julio de 1975 a enero de 1976. Nueve casos fueron atribuidos a la acción de un instrumento cortante y los diez restantes concernían a animales muertos por causas naturales.

De lo anterior podemos concluir que las tan famosas mutilaciones de animales que se dieron (y se siguen dando) en los Estados Unidos tienen una explicación natural.

Ahora bien, la relación con los ovnis y este fenómeno fue casi exclusivamente circunscrito al territorio de los Estados Unidos. Se conocen muy pocos casos en otros lugares del mundo, y sólo Puerto Rico, estado libre asociado, no presentó ningún caso de mutilación de animales. Pero esto pronto se remediaría. Los puertorriqueños no eran ciudadanos americanos de segunda y también ellos tenían el derecho a que sus animales fueran mutilados.

EL VAMPIRO DE MOCA

Y eso ocurrió por vez primera el 25 de febrero de 1975 en el pueblo de Moca. Fue el diario El Vocero quien difundió ampliamente los casos y bautiza al depredador con el nombre de “El vampiro de Moca”. Surge entonces la creencia popular de que son “murciélagos vampiro” los causantes de las muertes de los animales. En todos los casos hay ciertos patrones:

– Las heridas parecen ser producidas por una especie de punzón o instrumento punzo cortante, que destruye a su paso los órganos vitales. En el caso de las aves tiene un diámetro de alrededor de 6.4 milímetros, y en el de las cabras de más de 25.4 milímetros.

‑ La localización de la herida variaba, aunque en su mayoría era en el cuello o el pecho del animal.

‑ Todos los casos ocurrieron por la noche, preferiblemente en horas de la madrugada.

Los miembros de la Comisión de Agricultura del Senado y la Comandancia de la Policía especularon que el causante fuera un ser humano desequilibrado o una secta satánica.

Sobre esta última hipótesis el mismo Allan Hynek escribió:

“La prensa ha especulado que los OVNIs son en alguna forma responsables de las mutilaciones de ganado que han estado sucediendo en algunas áreas de los Estados Unidos. No existe ningún informe documentado en el que la observación de un OVNI esté directamente conectada con una mutilación de ganado. Se ha investigado sobre el problema y a través de un informe gubernamental confidencial, se ha descubierto que un “culto satánico” es responsable de algunas de las mutilaciones. El informe debe permanecer confidencial, ya que no se han realizado arrestos en todos los casos y las fuentes de información deben ser protegidas. Debería hacerse notar que, a menudo, en reses que se dijo habían sido “mutiladas” se encontró, después de la autopsia, que habían muerto por causas naturales y fueron víctimas de otros animales depredadores”.

El Vampiro de Moca no volvió a hacer de las suyas sino hasta casi veinte años después. En diciembre de 1994 se recibieron los primeros reportes desde el pueblo de Orocovis y Corozal, en el centro de la isla de Puerto Rico, y posteriormente en Canovanas (costa norte), Fajardo y Gurabo (este) y Naranjito (centro). También se le ha visto en Lajas y Bellavista en Ponce.

En esta ocasión los periodistas utilizaron un nombre con mayor penetración en la población: Chupacabras. Era la primera vez que se utilizaba tal apelativo. Y el éxito no se hizo esperar, pronto todos en la isla hablaban de ese “animal”.

No obstante en los primeros reportes los testigos no se ponían de acuerdo en la descripción. Se hablaba de criaturas con estaturas que iban de 0.90 a 1.80 metros. Los brazos eran descritos como largas pinzas de cangrejo, o brazos pequeños con manos palmeadas de tres dedos. Algunos decían que la cabeza era redonda, pero otros afirmaban que era alargada, en forma de pera. De acuerdo con unos testigos las piernas del ser eran parecidas a las de los reptiles, pero otros afirmaban que se parecían más a las de las cabras. El Chupacabras tenía los ojos grandes y rojos, y una especie de escamas puntiagudas en su espalda que parecen membranas que cambian de color del azul al verde, rojo, púrpura, etc. Otros le habían visto el cuerpo completamente cubierto de pelo negro.

Tampoco había concordancia en la forma de moverse. Se decía que era capaz de correr muy rápidamente y trepar árboles y saltar más de 6 metros. Y por otro lado se afirmaba que tenía las patas atrofiadas; y era incapaz de caminar, mucho menos de correr, por lo que se desplazaba volando.

Luego, conforme fue pasando el tiempo y el pueblo de Puerto Rico fue conociendo más descripciones de Chupacabras, los periodistas publicaron algunos bocetos y estos fueron tomados como modelo para futuros testimonios. Una vez puestos de acuerdo, todas las descripciones a partir de ahí fueron las mismas. Esto mismo está ocurriendo en México, como se verá más adelante.

El sensacionalismo se apoderó de los medios de comunicación:

‑ Se dijo que se habían capturado dos especimenes de Chupacabras, los días 6 y 7 de noviembre de 1995. Uno de ellos en el pueblo de San Lorenzo y el otro en el Parque Nacional El Yunque. Ambos estaban vivos y se supone que fueron llevados a los Estados Unidos por personal militar perfectamente entrenado.

‑ Los periódicos de Puerto Rico lanzaron la teoría de que los Chupacabras eran extraterrestres que habían creado el virus del SIDA para destruir la raza humana y conquistar el planeta Tierra.

‑ Se afirmó que se trataba de manipulaciones genéticas altamente sofisticadas.

¡ENIGMA!

Uno de los casos más sensacionales fue el del policía que el 1 de octubre de 1995 disparó sobre un Chupacabras que volaba sobre Campo Rico en Canovanas. Dos días después se vio, tal vez, el mismo ser cuando saltaba sobre una cerca fabricada con malla ciclónica. Los hechos ocurrieron a las 9:00 de la noche, y en la cerca y en un árbol cercano se encontraron rastros de sangre que fueron enviados a un laboratorio.

En los análisis se encontró que se trataba de sangre humana tipo A con Rh positivo. La sangre estaba contaminada con detritus o heces fecales que contenían bacterias E. Coli, gusanos y otros parásitos, además de células vegetales. Era más que probable que se tratara de los restos dejados por un isleño con una fuerte infección intestinal.

‑ Las heridas dejadas en los animales eran pequeños hoyos de 6.4 a 12.8 milímetros de diámetro, que se presentaban a veces en pares o en formación triangular sobre los cuellos y mandíbulas de las víctimas. Parecían hechos con picahielo o con otra herramienta punzo cortante.

Las autoridades médicas tam­bién dieron su opinión. El Director de la División de Servicios Veterinarios del Departamento de Agricultura de Puerto Rico, el señor Héctor García declaró que:

“Pueden ser perros ya que las pequeñas punciones que se observan en los cuellos de las víctimas son similares a las producidas por la mordedura de los canes”.

Otro veterinario, Ángel Luis Santana, de la Clínica Veterinaria Gardenville, en San Juan, informó que:

“Pueden ser seres humanos que pertenecen a sectas religio­sas. También podrían ser anima­les o hasta tipos que desean burlarse de la credibilidad de las per­sonas”.

Las teorías que se barajaron iban desde el ataque de jaurías de perros salvajes, mandriles o animales exóticos introducidos ilegalmente a la isla, hasta ritos relacionados con la santería, un culto de origen africano que incluye el sacrificio de diversos animales hasta desangrarlos.

A este respecto hay que hacer notar que el área del Caribe es la cuna de diversas religiones, como la santería, el macumba, el vudú, el candomble, etc., todas ellas relacionadas con sacrificios de animales, principalmente cabras. No es difícil pensar que los primeros casos se pueden asimilar a este tipo de ritos y que posteriormente, debido a la psicosis generada por los medios de comunicación, cualquier supuesta “anomalía” entre los hatos (ataques de depredadores, muertes naturales, bromas macabras, revanchas y venganzas, etc.) se le achacara al chupacabras. ¿Chi lo sa?

El hecho es que hasta ese momento el fenómeno Chupacabras era únicamente local de Puerto Rico. Sin embargo eso no iba a durar mucho. A finales de 1995 el programa amarillista Inside Edition, de la televisión americana, realizó un reportaje sobre el Chupacabras. Los periodistas americanos se burlaron y trataron de ridiculizar la situación. No obstante poco después otros programas hicieron sus propia investigaciones: Hard Copy, Encounters, Ocurrió Así y Primer Impacto.

No era de extrañar que poco después de que los programas fueron transmitidos desde Florida se presentaran los primeros reportes del Chupacabras en la América continental, precisamente en Florida. Luego los reportes se extenderían en otros países del continente: Venezuela, Guatemala, Colombia, Honduras, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Estados Unidos, y finalmente México.

¿Qué tienen en común estos países? Todos ellos tienen costas en el Mar Caribe, en donde precisamente se encuentra localizada la isla de Puerto Rico. Todos ellos tienen un fuerte intercambio cultural, comercial y turístico con la isla. Y a todos estos países llega la señal de esos programas amarillistas. ¿Por qué no se han reportado Chupacabras en El Salvador o en Belice? Tal vez porque el primer país sólo tiene costas en el Pacífico y en el segundo existe la barrera del idioma.

Si bien no ha sido el ufólogo Jorge J. Martín quien ha inventado el mito del chupacabras, sí ha sido quien más lo ha difundido no sólo en Puerto Rico, sino en diversas partes del mundo. Martín es bien conocido por impulsar diversos fraudes ufológicos como el de Majestic 12, las fotografías trucadas de Amaury Ribera, el pájaro serpiente de Gurabo, las fotografías del extraterrestre momificado, etc.

¿ORIGEN ETIMOLÓGICO?

¿Existe un origen etimológico en la palabra chupacabras?

Algunos hacen remontar su origen a tiempos bíblicos. Hablan de que este animal ya fue descrito en el Apocalipsis de San Juan. En realidad en ese libro no se menciona nada sobre el asunto, como tampoco en el resto de la Biblia. Sin embargo, en el libro de Isaías (en la parte apocalíptica del mismo) se menciona a un monstruo femenino llamado Lilith[2], que en algunas versiones de la Biblia se ha traducido como Chotacabras (ojo, no es Chupacabras). En efecto Isaías describe el fin del viejo orden y la llegada de un mundo nuevo e ideal. En Isaías 34.11 se dice:

“Se adueñarán de ella (de la Tierra) el pelícano y el erizo, la lechuza (Lilith o el Chotacabras) y el cuervo morarán en ella; y se extenderá sobre ella cordel de destrucción, y niveles de asolamiento”.

La palabra hebrea que se traduce aquí como lechuza es Lilith y es el nombre que se le daba al monstruo de la noche. Esta palabra también se traduce como fantasma que espanta de noche y chotacabras. Se deriva de Lilitu, nombre que se le daba en la mitología babilónica, que a su vez proviene de la palabra semítica para la “noche”.

La oscuridad siempre ha asustado al hombre, quien en su imaginación la ha poblado de seres monstruosos y de ruidos extraños. El hombre moderno ha olvidado un poco todo este miedo por las sombras nocturnas debido al uso de la luz artificial. Aunque no todos olvidan sus viejos atavismos: ahí tenemos por ejemplo a los ufólogos que siguen encontrando monstruos en la noche.

Lilith, en la tradición rabínica, fue la primera esposa de Adán, mucho antes de que Eva fuera creada. Adán no pudo soportar a Lilith porque ésta era demasiado astuta (o tal vez ella no lo pudo soportar porque era demasiado aburrido), y ese fue el motivo de su separación. Ella se transformó en un demonio de la noche que, de acuerdo con ciertas leyendas, se alió con la serpiente para hacer pecar a Adán y Eva.

Isaías, capítulo 34, versículo 14, dice:

“Las fieras del desierto se encontrarán con las hienas, y la cabra salvaje gritará a su compañero; la lechuza también tendrá allí morada, y hallará para sí reposo”.

Chotacabras es el nombre común que se les da a diversas aves de la familia caprimúlgido, del orden caprimulgiformes. El chotacabras gris (Caprimulgus europaeus) mide unos 25 centímetros y presenta una coloración parda y manchada de gris que les permite camuflarse perfectamente en el terreno; tiene el pico muy corto, pero puede abrir mucho las fauces. Durante el día permanecen posadas en las ramas en la dirección de éstas; despliega su actividad durante la noche persiguiendo mariposas nocturnas; no construyen ninguna clase de nido, y depositan los huevos en el suelo. Se les encuentra en diversas partes de América, inclusive en Puerto Rico. La chotacabras parda (Caprimulgus rupicollis), algo mayor, presenta un collar rojizo en el cuello y es de distribución más meridional. Se caracteriza por presentar la abertura bucal muy ancha, ojos grandes, pies de reducido tamaño y cola larga. El plumaje es muy abundante, con coloraciones miméticas. En general son nocturnas y poseen gran maniobrabilidad cuando persigue a sus presas. El plumaje suave de las alas le permite un vuelo silencioso.

Una antigua leyenda indica que el chotacabras mamaba la leche de las cabras. Una versión del origen de esta leyenda dice que el chotacabras puede abrir la boca de manera tan amplia que podría mamar de las ubres de las vacas y las cabras. Otra, tal vez la más acertada, afirma que el nombre se debe a que el animal produce un sonido similar al de una cabra mamando. De hecho la palabra choto o chota se le da a la cría de la cabra mientras mama. Se trata de una voz onomatopéyica del sonido que producen estos animales al mamar.

Los periodistas puertorriqueños no se complicaron la vida con todas estas etimologías y simplemente cambiaron el “chota” por “chupa” y de ahí nació el Chupacabras.

Hay un detalle más. El pájaro serpiente de Gurabo[3], del que hablamos más arriba, fue otro de los fraudes que impulsó J. J. Martín. En sus revistas publicó una fotografía del animal. La fotografía representa ni más ni menos que una chotacabras gris y la descripción que de ella da la testigo que lo encontró también se ajusta a la de un chotacabras. El único detalle que no concuerda con la morfología de este animal son los dos “colmillos” tipo víbora de cascabel que, muy probablemente como se dijo, son un par de espolones de gallo incrustados en la boca del animal.

En México, en especial en el Sureste, también existen viejas tradiciones de animales mitológicos nocturnos que podríamos emparentar con la leyenda del Chotacabras. Está, por ejemplo, el Kakasbal que volaba por la noche alimentándose de los animales. El Uay Cen, que era el nagual de un brujo que tomaba la forma de un felino pequeño y se introducía por las noches en las casas para extraer la sangre de los que estaban durmiendo. Y el Huaychivo de las leyendas mayas.

Continuará…

Snippy es el primer caso conocido de una mutilación de animal relacionada con ovnis.

Las dueñas de la yegua muestran al alguacil los restos mutilados del animal.

Interpretación del dibujante de una revista de platos voladores del supuesto ataque a Snippy.

Diversas fotografías de ganado mutilado. Note que las partes arrancadas son principalmente las más suaves: los ojos, los belfos. Esto nos remite a los recientes ataques del chupacabras en Argentina achacados al ratón hocicudo.

Los Marcianitos Verdes mutilando una vaca.

Copia de un informe de Kenneth Rommel al FBI.

Respuesta del FBI a Kenneth Rommel.

El informe Rommel.

Perro atacado por el vampiro de Moca.

Jorge Martín entrevistando a un veterinario en un caso de mutilación de animales.

El pájaro serpiente de Gurabo y diversas fotografías de chotacabras. La identificación es completa, lo que demuestra el fraude ufológico.


[1] Artículos publicados originalmente en Contacto ovni números 21 (octubre de 1996, Pág. 4-9) y 22 (octubre de 1996, Págs. 4-9). Utilizo aquí la versión completa que fue editada para su publicación

[2] Pronto publicaremos una trabajo sobre este personaje tan interesante.

[3] También ya tenemos preparado un artículo sobre este caso.

No es cierto. Aunque usted no lo crea

EL ATAUD DE CHARLES COGHLAN

No está muy claro cuando nació Charles Francis Coghlan. Mientras algunos autores[1] afirman que fue en 1814, otros aclaran que fue en 1841[2][3]. Sin embargo, la fecha más probable es esta última. Tampoco se ha establecido, sin lugar a dudas, el sitio de nacimiento. Dwight Whalen dice que fue en París, mientras que Richard Winer, Vincent Gaddis, Tom Slemen[4] y Frank Edwards[5], apuntan a que fue en la isla Príncipe Eduardo. Para la leyenda lo más conveniente es la isla Príncipe Eduardo.

Su padre fue John Coghlan, unos dicen que era un rico inmigrante irlandés que vivía en Príncipe Eduardo, en las costas al Este de Canadá. Otros afirman que eran pobres, por lo que sus estudios primarios sólo los pudo hacer gracias a un subsidio del gobierno.

El hecho es que, tiempo después, Charles partió a estudiar a Inglaterra. Entre parientes y amigos (o gracias a la fortuna del padre) se reunió el dinero suficiente para enviarlo a estudiar leyes. Se graduó con honores pero desilusionó a su padre cuando decidió convertirse en actor profesional.

La leyenda afirma que cuando salió de su hogar, dijo, dirigiéndose a sus parientes:

“Si un día consigo la fama y la gloria en los escenarios, regresaré a ésta, mi ciudad natal, por muchos que sean los obstáculos que pudieran impedírmelo. Dios me devolverá a mi tierra”.

Pero esto se contrapone con el altercado que tuvo con su padre debido a su decisión de convertirse en actor. El anciano sentenció que en caso de que Charles no dejara sus ambiciones en el teatro, se debería olvidar de su herencia. Charles declaró que entonces él nunca más regresaría a Príncipe Eduardo.

EL ACTOR

De carácter extrovertido, de fácil palabra, Coghlan poseía una habilidad dramática excepcional. Sus estudios teatrales los realizó en París y Bristol. Su primera aparición la hizo en Londres en 1860 y se convirtió en el primer actor de la compañía Prince of Wales. A la edad de 19 años debutaba en los escenarios londinenses. Poseía una naturalidad y espontaneidad que pronto lo convertirían en figura prominente del espectáculo. Fácilmente se hizo de un lugar en los escenarios.

La carrera de Coghlan fue muy exitosa. Su fama como actor y su físico (alto, de pelo negro y de facciones viriles) atraían a las mujeres. Se dice que siempre estaba envuelto en algún escándalo amoroso. Le llamaban “el hipnotizador de mujeres” y corrían chismes sobre la cantidad de mujeres que se habían cruzado en su vida.

A los veintisiete años cosechaba aplausos de la crítica mundial al interpretar a Shakespeare. Trabajó con los más notables artistas de la época: Sir Johnston Forbes Robertson, Lillie Langtry, Minnie Maddern Fiske, Harrison Grey Fiske, Ellen Ferry Beatrice (Ellen Alice, como se llamaba realmente), Kate Ferry, Madge Robertson, George Rignold, y William Rignold, entre otros.

Su fama atravesó el Atlántico. Regresó a América en 1876. En la ciudad de Nueva York realizó varias representaciones. Actuó para la compañía de Augustus Daly, y luego para la Union Square durante la larga temporada de The Celebrated Case. Formó su propia compañía, Royal Theater Company, que se especializaba en los dramas de Shakespeare. Se presentó en Broadway y en el medio Oeste americano. Hizo papeles secundarios para la su hermana Rose Coghlan y para las señoras Langtry y Fiske, y en 1898 produjo la versión de Kean de Dumas, llamada The Royal Box, que estelarizaría con gran éxito hasta el final de sus días.

LA PREDICCIÓN

Se decía que Coghlan era demasiado supersticioso y regularmente visitaba a los adivinos y astrólogos. Un día Coghlan visitó una gitana que le vaticinó:

“Charles, serás muy famoso, pero tendrás una muerte a la altura de tu fama. No descansarás hasta que hayas retornado al lugar de tu nacimiento”.

Charles se impresionó por esta predicción y constantemente la relataba a sus amigos.

Según Winer, esta gitana o algún otro vidente le hizo esta otra predicción:

“No vivirás para ver el siglo XX. Serás enterrado en una ciudad del Sur, pero una gran tempestad se abatirá sobre esa ciudad y tus restos serán arrojados al mar”.

En noviembre de 1899 la compañía de Coghlan representaba Hamlet en Galveston, Texas. El 27 de ese mes, poco antes de un llamado a escena (o en medio del escenario, según Slemen), Coghlan se quejó de un malestar y al poco tiempo murió.

Al siguiente día los restos de Coghlan fueron colocados en un ataúd de madera de ciprés forrado de plomo, y fue enterrado en el cementerio de Galveston. El ataúd fue puesto en una cripta de granito.

Dos años después, el 27 de agosto de 1900, una de las tempestades tropicales más terribles, se gestaba en el Océano Atlántico. Al llegar al Caribe era todo un huracán, el peor que haya azotado las costas de los Estados Unidos. Los vientos eran de más de 350 kilómetros por hora. La presión bajó hasta 27.64 pulgadas.

El huracán llegó a Galveston el 8 de septiembre. Más de 6,000 personas perdieron la vida. Algunos suben el conteo de víctimas hasta 8,000. Se calcula que cerca de la sexta parte de la población de Galveston murió en la inundación. Los cuerpos eran recogidos en carretas para ser arrojados al mar. Cuatro mil casas fueron reducidas a despojos de madera, ladrillo y lodo. Las aguas del mar subieron casi siete metros. Los daños superaron los treinta millones de dólares.

Las aguas arrastraron hacia el mar no solo los restos de edificios, árboles y personas, sino que también llegaron al cementerio destruyendo criptas y desenterrando los muertos. Los cadáveres de gente fallecida hacía mucho tiempo se mezclaron con los muertos hacía poco y con los que había generado el huracán. Los ataúdes se hacían pedazos por la violencia de las aguas y sus restos fueron arrastrados hacia el golfo de México.

A la mañana siguiente las autoridades observaron que varios ataúdes habían sido arrastrados al mar. Uno de esos ataúdes arrancados por el huracán contenía los restos mortales de Coghlan. Los autores de libros de misterio creen que las aguas lo llevaron al Sudeste, arrastrado por la corriente occidental y la corriente del Golfo, cuya velocidad es de 120 kilómetros por día.

EL ATAUD FLOTANTE

En 1906, según Winer sin apuntar la fecha exacta, el Sky Plover encontró algo aterrador. La tripulación había terminado la comida del mediodía, cuando el vigía anunció:

“¡Naufragio! ¡Dos puntos proa babor!”

La tripulación oteo el horizonte y diez minutos después, los asombrados marinos vieron, en lugar de restos de naufragio, ¡varios ataúdes!

En efecto, eran cuatro ataúdes cubiertos de coral, conchuela, barnaclas, lama y otras protuberancias marinas. ¿Se trataba de los restos arrancados del cementerio de Galveston? Nunca lo sabremos pues según Winer los miembros del Sky Plover se negaron subir a bordo tan macabro hallazgo.

Pero, por otra parte, parece que esta es otra parte inventada de la leyenda. Nunca existió ninguna embarcación llamada Sky Plover.

Edwards, Gaddis y Winer afirman que la corriente del Golfo de México llevó el sarcófago hasta las cercanías de Terranova. Allí fue sacado de la corriente por una galerna. Luego flotó sin rumbo frente a la costa oriental del Canadá, hasta que en octubre de 1908, ocho años y un mes después de que el huracán azotara Galveston, llegó a las cercanías de la isla Príncipe Eduardo. Varios pescadores de la isla habían echado sus redes en el Golfo de San Lorenzo, cuando de pronto notaron una caja oblonga, cubierta con barnaclas, que flotaba en el agua, muy cerca de la isla.

Los marineros la amarraron a sus botes y la remolcaron a tierra. La caja estaba cubierta de moluscos marinos y escaramujos. Se le quitó la gruesa capa de conchas y deposiciones de las barnaclas, descubriendo que se trataba de un ataúd con una placa de plata en la cubierta que decía:

“Charles Francis Coghlan. Nacido en el año 1841. Muerto en 1899”.

A unos cuantos kilómetros se encontraba la aldea en donde había nacido y crecido el actor. Los restos fueron sepultados cerca de la iglesia donde había sido bautizado. Charles Francis Coghlan, al fin, había regresado a casa.

Bueno, eso es por lo menos lo que cuenta la leyenda, pero ¿Qué hay de cierto en todo esto?

¡AUNQUE USTED NO LO CREA!

Coghlan se casó en 1893, a la edad de 52 años, con Kuche Beveridge. Compró una residencia de verano en una granja de Fortune Bay, en la isla Príncipe Eduardo, donde poco después nacería su hija, Gertrude Coghlan.

El actor había “regresado” a la isla en vida y no como dicen los escritores, muerto y conducido por un ataúd.

Gertrude había casado con Augustus Pitou, promotor y actor que tiempo atrás había sido representante del propio Charles. Ambos habían gastado una fortuna en la búsqueda de los restos de su padre.

Consultó con los amigos de su padre, como Harrison Grey Fiske quien fuera el editor de teatro del New York Mirror; crítico y escritor notable, que también había producido las puestas en escena más notables del siglo XIX en Nueva York; propietario y editor del Dramatic Mirror[6]. Contrató detectives en Bayside, Long Island, en donde vivía la pareja, pero todo fue inútil. No se encontró ni la más pequeña pista.

El 15 de septiembre de 1927, la señora Coghlan leía Evening Post. Al final de su lectura se dirigió a la sección de Robert L. Ripley, Believe it or not! Su sorpresa fue mayúscula al ver que la nota principal[7] se refería a su padre:

“Charles Coghlan regresó a casa. El murió en 1897 y fue enterrado en Galveston. Cuando un trágico diluvio arrastró su ataúd hacia el mar y la Corriente del Golfo lo llevó, alrededor de la Florida, y después hacia el Norte, hasta la costa de la isla Príncipe Eduardo -a 2,000 millas de distancia-, donde había nacido”[8].

El corazón de Gertrude latió con fuerza. Si bien era cierto que Ripley estaba equivocado en dos cosas (Coghlan había nacido en París y su muerte ocurrió en 1899), tal vez el ataúd de su padre, finalmente, había sido encontrado.

La señora de Pitou se comunicó a la redacción del Evening Post. El editor la puso en contacto con Ripley. El dibujante afirmaba que aquellos datos procedían de la biografía de Lillie Langtry[9] y las memorias de Sir Johnston Forbes Robertson[10].

Gertrude sabía que esos dos actores habían trabajado con su padre, por lo que de inmediato compró un ejemplar de cada libro para leerlo.

En realidad en la autobiografía de la señora Langtry, The Days I Knew (Los días que conocí), se dice que el ataúd de Coghlan fue barrido hacia el mar, pero no se menciona el posterior hallazgo del ataúd, en la isla Príncipe Eduardo. El primero en mencionar este dato es Johnston Forbes en A player under three reigns (Un actor en tres reinos), en donde escribe:

“He hablado de Coghlan y sus actuaciones, pero me han contado un hecho curioso acerca del final de este excelente actor que debo hacer constar. Después de actuar en Romeo y Julieta, se comprometió para una obrita en el teatro Shaftesbury, que no tuvo mucho éxito. Retornó a América y nunca volvió a Inglaterra. Creo que al año siguiente murió en Galveston. Poco después de su entierro, azotó una violenta tormenta del Golfo, y las aguas barrieron su ataúd, entre otros, hacia el mar. La Corriente del Golfo lo arrastró alrededor de la Florida y por la costa Este, 1,500 millas, hasta isla Príncipe Eduardo, arrojándolo a la costa, no lejos de su casa”.

RASTREANDO UN ATAÚD

El Evening Post recibió una carta de Gertrude Coghlan:

“Por favor, verifique esta información. Si supiéramos que hay algo de cierto en esa versión, comenzaríamos de inmediato una búsqueda en la isla Príncipe Eduardo”.

El periódico se comunicó con Robertson, quien por cable contestó desde Londres:

“Me apena mucho no poder contestar categóricamente su mensaje. No recuerdo el conducto por el que me enteré de la suerte del cadáver de mi amigo; lo único que se es que quien propaló la noticia es una persona de toda mi confianza. En realidad creo que dos personas me contaron la historia. Realmente es chocante que este mito evidente haya sido incluido en mi libro. Supongo que su hija ha consultado a George Tyler, quien fue el agente de Coghlan por algún tiempo”.

Inmediatamente la señora Pitou y el Post se comunicaron con Tyler.

“He oído la historia del ataúd de Coghlan no una, sino varias veces. Amigos cercanos de él me han dicho que apareció en la isla Príncipe Eduardo. Fue arrojado por el mar a la costa, en Fortune Bridge. Recuerdo que una vez, hace años, cuando mencioné que había sido encontrado en la playa de Galveston, alguien me corrigió –no me acuerdo quién-, y me dijo que había sido llevado por la Corriente del Golfo hasta la isla canadiense. Me lo han dicho varias personas en quienes tengo confianza”.

Poco más se pudo averiguar en ese entonces. La leyenda continuó y pasó a ser un clásico de lo insólito, a pesar de que todo indicaba que era un fraude. Charles Coghlan no había nacido en la isla Príncipe Eduardo, aunque había comprado una propiedad en Fortune Bay, en donde está el Fortune Bridge que menciona la leyenda. Algunos mencionan que el ataúd se encontró, poco después del huracán, muy cerca de Galveston. ¿Cómo pudo flotar un ataúd recubierto con placas de plomo? Una placa de plata sobre el ataúd resulta muy ostentosa, aún para un actor de fama. ¿Inventó Robertson la historia, y luego que vio que su broma había llegado demasiado lejos (hasta la hija de Coghlan), trató de escurrir el bulto?

La historia del ataúd de Charles Coghlan se menciona en uno de los coros de The Dog Beneath the Skin. Otra mención se hizo en 1934 en The Chase (1934). Se puede leer una versión abreviada, en la página 178 de Players: 1928-1938, editada por Edward Mendelson en 1988.

CASI UN HOMÓNIMO

Años después saldrían a la luz nuevos datos que darían un giro a la historia.

El 10 de junio de 1965 The Guardian publicó el artículo Pintoresca y fantástica historieta del cadáver de Coghlan, firmado por Neil A. Matheson, quien había entrevistado al doctor A. A. “Gus” MacDonald, de 91 años por aquel entonces. El médico declaró al periodista que tanto él –que había practicado la medicina en Fortune Bay en 1908, cuando supuestamente se encontró el ataúd de Coghlan-, como la demás gente del pueblo, sabían que la historia era puro invento. Nadie conocía ninguna tumba de Charles Coghlan en esa sección de la provincia.

Por su parte la señora Beatrice Johnston, de Fortune Bay, calificó la historia de “pura patraña”.

Matheson concluía su artículo así:

“Lo único cierto acerca de la leyenda, hasta donde he podido averiguar, es lo concerniente al cementerio que fue barrido por las aguas en Galveston”.

Por las mismas fechas en que desapareció el ataúd de Coghlan, murió el también actor de teatro Charles P. Flockton, en Los Angeles, California (1904). De acuerdo con The Guardian de Charlottetown, del 5 de octubre de 1950, el último deseo de Flockton había sido que su cuerpo fuera cremado y que sus cenizas fueran enterradas en su casa de Cabo Abell, en Fortune Bay, isla Príncipe Eduardo. Todo esto se cumplió y los restos de Flockton descansan actualmente bajo un monumento de piedra.

Parece que en el asunto esta involucrado una confusión de nombres. Charles Coghlan y Charles Flockton suenan parecidos. Los dos eran actores con propiedades en Fortune Bay, y los dos murieron alrededor del año en que ocurrió la tragedia de Galveston.

Recientes investigaciones apuntan a esta hipótesis[11][12].

La historia del ataúd de Coghlan fue tomada por Albert A. Brandt para la revista Fate[13] y es probable que esa haya sido la fuente de Edwards. Posteriormente Gaddis la incluyó en su libro, de donde la tomó Winer, quien además inventó el caso del Sky Plover. La historia de los ataúdes flotantes es apócrifa. No se conoce de la existencia de ningún Sky Plover, se sabe que un Sky Dove se hundió en 1908, pero no se recuerda que haya tenido un encuentro con ataúdes en el mar.

Los escritores de temas paranormales constantemente reciclan sus mentiras, por lo que dudo mucho que a esta historia la podamos meter en un ataúd para enterrarla. Continuará flotando por años en el mar de las leyendas.

BIBLIOGRAFÍA

Anonym, Drama at Abell’s Cape, The Island Magazine, Spring/Summer, Canada, 1979.

Anonym, The Charles P. Flockton Comedy Company, The Island Magazine, Spring/Summer, Canada, 1982.

Barret Andre, Les Premiers Reporters Photographes, 1848-1914, Paris, 1977.

Brandt A. Albert, The man who came home, Fate, June 1952.

Edwards Frank, Strange world, Lyle Stuart, New York, 1959.

Gaddis Vincent, Verdaderos misterios del mar, Editorial Diana, México, 1974, pág. 57.

Langtry Lillie, The Days I Knew,

Ripley L. Robert, Believe it or not!, Evening Post, September 15, 1927.

Ripley L. Robert, The Omnibus Relieve It or Not!, Stanley Paul, London, sin fecha.

Robertson Forbes Johnston, A player under three reigns, Little, Brown & Co., Boston, 1925.

Slemen Tom, The coffin came home. Charles Coghlan, Artículo en Internet, 2001.

Whalen Dwight, Charles Coghlan nunca volvió a casa, Destino, Volumen 1, Número 4, Florida, 1979, pág. 30.

Winer Richard, Nuevos casos en el Triángulo de las Bermudas, ATE, Barcelona, 1977, pág. 75.

Charles Francis Coghlan.

Lillie Langtry.

Minnie Maddern Fiske.

Ellen Terry Beatrice.

En primer plano, de barba blanca., Harrison Grey Fiske.

Cartel de la obra The Royal Box.

Diversos aspectos de la destrucción dejada por el huracán de 1900.

La ciudad quedó en ruinas.

El huracán destruyó y arrasó casi por completo la ciudad de Galveston.

Cuando bajaron las aguas, la destrucción era más que evidente. El mar fue la fosa común para cientos de las víctimas del huracán.

Cartel de The Privateer, en la producción de Morrison.

El actor inglés Sir Johnston Forbes Robertson.

Fotografía de Charles P. Flockton, en la época en que murió Charles Coghlan.


[1] Gaddis Vincent, Verdaderos misterios del mar, Editorial Diana, México, 1974, pág. 57.[2] Whalen Dwight, Charles Coghlan nunca volvió a casa, Destino, Volumen 1, Número 4, Florida, 1979, pág. 30.

[3] Winer Richard, Nuevos casos en el Triángulo de las Bermudas, ATE, Barcelona, 1977, pág. 75.

[4] Slemen Tom, The coffin came home. Charles Coghlan, Artículo en Internet, 2001.

[5] Edwards Frank, Strange world, Lyle Stuart, New York, 1959.

[6] Barret Andre, Les Premiers Reporters Photographes, 1848-1914, Paris, 1977.

[7] Ripley L. Robert, Believe it or not!, Evening Post, September 15, 1927.

[8] En una de las colecciones de los libros de Ripley, Ripley L. Robert, The Omnibus Relieve It or Not!, Stanley Paul, London, sin fecha, se proporciona esta información adicional:

“El actor Charles Coghlan fue enterrado en Galveston, Texas, en 1897. Después de un huracán y un diluvio que azotó el sitio en 1900, su ataúd fue arrastrado al mar y llevado por la Corriente del Golfo por más de 2,000 millas, bordeando Florida, hasta la isla Príncipe Eduardo, en donde había nacido el actor”.

[9] Langtry Lillie, The Days I Knew,

[10] Robertson Forbes Johnston, A player under three reigns, Little, Brown & Co., Boston, 1925.

[11] Anonym, The Charles P. Flockton Comedy Company, The Island Magazine, Spring/Summer, Canada, 1982.

[12] Anonym, Drama at Abell’s Cape, The Island Magazine, Spring/Summer, Canada, 1979.

[13] Brandt A. Albert, The man who came home, Fate, June, 1952.