Aplicando lo aprendido

APLICANDO LO APRENDIDO

Todos quienes investigamos el tema de los ovnis utilizando una metodología científica hemos aprendido muchas cosas en todos estos años. Una de las principales, sin duda, es la de saber lo falible que es el testimonio de testigos oculares. No obstante ello pocos son los que han podido encontrar una utilidad práctica a tales saberes, además de la explicación de casos supuestamente paranormales. Una de estas excepciones es Manuel Borraz Aymerich.

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http://espacioexterior.blogspot.com/2006/11/aplicando-lo-aprendido.html

Meteoritos

METEORITOS[1]

“No puede ser un meteoro porque no caía hacia la Tierra”

Testigo de la trayectoria de un meteoro perteneciente a las Líridas

La palabra meteoro se refería originalmente a cualquier fenómeno o aparición inusual en la atmósfera. Estos fenómenos atmosféricos podían ser de varios tipos: Aéreos, como los vientos; Acuosos, como la lluvia y la nieve; Luminosos, como el arco iris, el parhelio; y Eléctricos, como el rayo y el fuego de San Telmo.

En la actualidad a una partícula moviéndose en el espacio exterior se le llama Meteoroide, y a la estela luminosa que éste produce al desintegrarse por fricción en la atmósfera superior se le llama Meteoro, y si la partícula es lo bastante grande como para llegar a la superficie de la Tierra, se le llama Meteorito. El meteoroide es un cuerpo sólido de tamaño variable y de origen interplanetario. El meteoroide se convierte en meteoro al entrar en la atmósfera de la Tierra. Su velocidad estimada oscila entre los 12 y 72 kilómetros por segundo. Pueden verse a distancias de hasta 650 kilómetros debido a que se localizan desde alturas de hasta 100 kilómetros. Su duración típica es de 1 a 15 segundos, aunque hay casos excepcionales que llegan a durar más[2]. La definición moderna dice que el meteoroide debe tener un tamaño entre 100 μm y 10 m. Cualquier objeto más pequeño que esto es considerado polvo interplanetario, mientras que los objetos mayores a este rango son asteroides.

Se llama Bólido o Bola de Fuego a un meteoro con luminosidad igual o mayor que la de Venus, y cuya magnitud puede ser en ciertos casos de –13. Su cola es típicamente muy larga, y aunque su coloración depende siempre de las sustancias que le integran, no es difícil que abunde en amarillos y naranjas. Sus colores pueden variar de celeste, blanco y amarillo verdoso a rojo. Algunas veces los bólidos se parten en pedazos. Algunos poseen cola y otros no. Podemos decir que cualquier meteoro cuya brillantez sea mayor a –3 se le denomina bólido.

Los meteoritos son meteoroides de gran tamaño que, al atravesar la atmósfera se volatilizan sólo parcialmente, llegando a caer sobre la Tierra, de lo que se desprende que su masa debe ser superior a los 5 kilogramos, pues de lo contrario se desintegrarían totalmente antes de alcanzar la superficie. Normalmente hacen explosión a cierta altura, disgregándose en numerosos pedazos. Esta explosión acarrea la producción de un fuerte ruido, consecuencia de la velocidad supersónica de los meteoritos, que se oye como un potente trueno en una vasta región. Sus velocidades son considerables, pudiendo alcanzar los 300 Km/seg, y sus trayectorias aparecen como rectilíneas para los testigos, a lo sumo, algo parabólicas. Las trayectorias irregulares reportadas en algunos avistamientos se deben a su forma irregular. Se estima que durante un año llegan a caer 2,000 meteoritos a la Tierra[3].

En un reporte titulado Long enduring meteor trains and fireball orbits, escrito por Charles P. Oliver, profesor emérito de astronomía de la Universidad de Pennsylvania, se determinó que de los 33,000 meteoros observados por el profesor Guno Hoffmeister del Observatorio de Sonneburg, Alemania, sólo 42, o uno de cada 786, posee cola que persiste 10 segundos o más, La American Meteor Society indica una razón de 1 a 750 y se calcula la existencia de un bólido por cada 258 meteoros. Se calcula que caen dentro de la atmósfera terrestre un promedio de 2,400 meteoros que son fácilmente vistos a ojo desnudo, en un intervalo de 24 horas.

La mayoría de las estrellas fugaces son producida por partículas no más grandes que un grano de arena; su brillantez es parecida a la de la estrella polar. Los bólidos son producidos por pedazos de materia del tamaño de un cacahuate.

Si atendemos a su composición química los meteoritos pueden dividirse en:

a) Sideritas (con 98% de metal) formadas por una aleación de hierro-níquel.

b) Siderolitos (con un 50% de metal y un 50% de silicatos), compuestos principalmente por ferroniquel y silicatos (olivino y pirosceno).

c) Aerolitos (o piedras meteóricas) que son los meteoritos más frecuentes y abundantes y están formados en gran parte por silicatos. Poseen un alto porcentaje de silicio, magnesio y calcio, aunque se han encontrado trazas de otros elementos como el cobre.

d) Tectitas, compuestas por vidrio rico en sílice.

Existen varias teorías para explicar el origen de los meteoritos. Se cree que se originaron por la explosión de un cuerpo celeste en el sistema solar. Este cuerpo tenía una composición similar a la de la Tierra. Esto se ha comprobado debido a la similitud entre la composición química y mineralógica de los meteoritos y las rocas eruptivas básicas y ultrabásicas. También se les conoce como meteorolitos o piedras meteóricas.

Es probable que muchos de ellos sean restos de cometas o asteroides. Su constitución en términos medios es de: 72% de hierro, 10% de oxígeno, 6% de níquel, 5% de silicio, 4% de manganeso, y el resto trazas de otros elementos[4].

Se tornan luminiscentes por rozamiento con la atmósfera a una altitud de 90-95 kilómetros.

Todos los días caen sobre la Tierra tres o más meteoritos que pesan cada uno 9 kilogramos –en promedio-. Se cree que un meteorito que pesa 4,000 toneladas por lo menos, se incrusta en nuestro planeta cada 100 año. Comas Solá refiere la aparición de un bólido, l 15 de mayo de 1933, que fue perceptible en toda Cataluña, y a cuya bola luminosa se le calculó un tamaño de unos 90 metros de diámetro[5]. Cerca de 40,000 toneladas de material meteorítico cae sobre la Tierra cada día, la mayoría en forma de fino polvo.

Pueden durar de uno a 20 segundos. El 79% dura menos de 10 segundos. Pueden existir meteoros que duren más de 20 segundos, pero son muy raros. Los deshechos de satélites artificiales han durado más de dos minutos[6].

El color verde de algunos meteoros puede provenir del cobre o del magnesio. Se cree que algunos “cometoides” o pedazos de cometa conteniendo nitrógeno congelado, son los responsables de los meteoros verdes vistos en Nuevo México en la década de los cincuenta del siglo pasado, y que fueron confundidos con ovnis. El nitrógeno vaporizado puede producir el color verde[7].

La luminosidad no depende del tamaño del meteoro. Un fragmento pequeño como un grano de arena puede producir una gran luminosidad.

Algunos producen sonido y otros no. La mayoría se vaporizan silentemente. De los que explotan se ha dicho que su sonido es como el tronar de cañones.

La recuperación de fragmentos meteóricos es un evento sumamente raro, aún cuando la caída ocurra en el día y sobre una zona densamente poblada. Esto se debe a la difícil determinación de las direcciones y distancias. En 50 años (de 1898 a 1948) sólo se recuperaron 48 fragmentos en los Estados Unidos, y sólo 8 fueron de avistamientos nocturnos. La recuperación depende de muchos factores: el número de testigos, la exactitud de las estimaciones de la distancia y dirección, el tamaño de los meteoritos, la paciencia de los investigadores, los fondos para la búsqueda, y lo más importante, la suerte.

La frase que sirve de epígrafe a este capítulo es muy común en los reportes de avistamientos de meteoros (confundidos con ovnis), y constituye una falsa apreciación. La trayectoria depende de nuestra línea de visión. Es decir, el meteoro puede adoptar cualquier dirección y ángulo, incluyendo el “ascenso”, dependiendo de nuestro punto de visión. El ángulo aparente de la trayectoria del meteoro visto por un observador, depende de la distancia y de la dirección relativa entre el objeto y el observador. Cuando el meteoro viaja paralelo a la línea visual del observador, parecerá más lento que si pasa a ángulos rectos con esta línea.

La mayoría de los meteoros son visibles cuando alcanzan una altura de 90 o 100 kilómetros. Se ha reportado que algunos cambian de curso después de explotar. En realidad lo que ocurre es que los testigos ven la nube de humo que deja el meteoro y que adopta formas caprichosas. El 12 de enero de 1947 se vio explotar un meteoro sobre Puerto Rico. La estela que dejó fue fotografiada unos 20 minutos después que desapareció el meteoro.

Los meteoros siempre han despertado temor y curiosidad en todas las épocas y culturas. Ya en 1702 Luis González Solano imprimió una breve disertación Phenomeno examinado, discurso del aparecido metheoro, donde daba cuenta de un espectacular evento celeste que cubrió de luminosidad la ciudad de México, a las 8 de la noche del 26 de febrero de ese año[8].

Según José Ortega en sus Apostólicos afanes de la Compañía de Jesús, escritos por un padre de la misma sagrada religión de su provincia de México[9], los indios de Nayarit creían que los meteoritos, a los que llaman Merit (hombres que morían violentamente), venían a espantarles.

Los meteoros tienden a agruparse, en tiempo y espacio, en lo que se conoce como Lluvia de Estrellas. La mayoría de estas lluvias de estrellas se deben a que la tierra atraviesa una zona en donde probablemente explotó un cometa, por ejemplo, las Perséidas, que son fragmentos del cometa 1862 III y han aparecido por más de 1,200 años; y las Leonidas, que son restos del cometa Temple (1866 I). Estas últimas tuvieron un marcado incremento cada 33 años durante casi un milenio (de 902 d. C. A 1866). Su aparición en 1833 fue la más espectacular. La gente decía que las “estrellas estaban cayendo como si fuesen ladrillos o nieve”. En 1899 casi ya no se les vio debido a que pasaron cerca de Júpiter. Desde entonces las Leonidas casi han desparecido.

Las cercanías de un cometa produce en ocasiones una lluvia de estrellas, tal como ocurrió el 27 de noviembre de 1885 cuando el cometa Biela pasó cerca de la Tierra. Se contaron en una sola noche más de 75,000 meteoros.

Los meteoritos miembros de un particular enjambre poseen una velocidad característica. Las Perséidas, por ejemplo, tienen una velocidad de 60 Km/seg, mientras que las Gemínidas tienen una de 35 Km/seg.

Existen otras diferencias marcadas en los enjambres. Las Táuridas son estructuras rígidas que muestran poca tendencia a romperse en vuelo y por lo regular alcanzan la Tierra. Las Gemínidas son muy densas, mientras que las Dracónidas son frágiles y de baja densidad.

La mayoría de los meteoros no llega a la tierra pues están compuestos de gases congelados que rápidamente se vaporizan en contacto con la atmósfera y no dejan fragmentos detectables.

Durante los meses de enero y febrero ocurren 4 lluvias de estrellas. Las principales son las Cuadrántidas, cuya radiante se encuentra en la constelación de Bootes (El Boyero), que junto con Hércules y Draco (El Dragón), constituían la constelación de Quadrantis Muralis (El Cuadrante de Pared). Su máximo se da del 3 al 6 de enero y su velocidad media es de 41.5 Km/seg. Estas son numerosas, débiles, con trazos delgados y muy azules. Provienen del cometa Ceplecha. Se vieron durante más de 100 años.

Marzo es el único mes que no tiene lluvias de estrellas importantes; solamente 3 muy débiles.

De las 9 lluvias que aparecen en abril, únicamente las Líridas, cuya radiante está en la constelación de Lyra y Hércules, se ven al suroeste de Vega (α Lyrae). Pertenecen a los restos del cometa Thatcher (1861) y penetran a nuestra atmósfera con una velocidad media de 47 Km/seg dejando estelas cortas y brillantes tras de si. Su máximo ocurre el 21-22 de abril y tienen una duración aproximada de 4 días. Se pueden contar 8 destellos por hora, aproximadamente. Se les ha visto durante más de 2,500 años.

De las 4 lluvias de estrellas de mayo las más importantes son las η Acuáridas que tienen un máximo entre el 3 y el 7 de mayo. Su radiante esta cerca de la estrella η Acuarii (de ahí su nombre). Dejan estelas muy brillantes, a veces amarillas. Se derivan del cometa Halley y penetran a la atmósfera terrestre a una velocidad de 67 Km/seg. Se desplazan continuamente hacia el Noreste.

En junio se pueden ver 13 lluvias de estrellas. Las principales son las Líridas del 15 de junio, con radiante al Sur de vega, y con velocidades de 31 Km/seg, y estelas persistentes.

Entre julio y agosto tenemos un total de 10 lluvias de estrellas. Las más importantes son las Perséidas que presentan su máximo la noche del 11-12 de agosto. Nacen entre la constelación de Perseus y Casiopea y penetran a nuestra atmósfera con velocidades de 60 Km/seg. Dejan estelas persistentes y se cuentan hasta 100 por hora. Son conocidas también como “Lágrimas de San Lorenzo”.

San Lorenzo fue un sacerdote católico que después de martirizado, fue quemado vivo sobre una parrilla, el 10 de agosto del año 258. Sus reliquias se conservan en su Basílica en Roma.

Las Perséidas con radiante al Norte de Perseus tienen su origen en el cometa Swift-Tuttle (1862 III). Dieron la clave en 1866 a Schiaparelli, quien reconoció las lluvias de estrellas como remanentes de cometas. Sus trazos son de varios colores y duran algunos segundos. Se les ha visto durante más de 1,200 años.

En julio se pueden ver las δ Aquáridas (del 14 de julio al 19 de agosto) y las ι Aquáridas (del 16 de julio al 25 de agosto). Ambas con un máximo el 30 de julio.

Las α Capricórnidas de agosto 1 al 21, con máximo el 17 de agosto, son residuos del cometa 1948 n.

Finalmente, en agosto se pueden ver las Cygnidas, del 9 al 22 y con un máximo el 17.

De las 11 lluvias que ocurren en septiembre y octubre, las más importantes son las Dracónidas y las Oriónidas, ambas en octubre. Las primeras tienen su radiante en la cabeza del Dragón, cerca de la estrella Vega de Lira y siguen la misma dirección que el movimiento orbital de la Tierra. Su máxima frecuencia es el 9-10 de octubre. Estos meteoritos son lentos (21 Km/seg), frágiles y se fragmentan fácilmente. Provienen del cometa Giacobini-Zinner y se han contado hasta 7,200 trazos por hora en 1946. Las Oriónidas con su radiante cerca de Betelgese, en la constelación de Orión, tienen su máximo los días 20 y 21. Conviene observarlas en la madrugada una vez puesta la Luna. Son muy rápidas (67 Km/seg). Las hay de varios colores; provienen del cometa Halley, igual que las η Acuáridas y dejan estelas tras de si de una duración de 1 o 2 segundos. Aunque su frecuencia es sólo de 25 a 50 por hora, sin duda es una lluvia espectacular.

En septiembre se pueden ver las Táuridas, con una duración desde el 15 de septiembre al 2 de diciembre. Son producto del cometa Encke (1957 c) y su máximo ocurre el 12 de noviembre.

De las 16 lluvias de noviembre-diciembre, las más importantes son las Biélidas, las Leonidas, las Gemínidas y las Úrsides. Las primeras tienen su máximo el 14 de noviembre y se derivan del famoso cometa de Biela que se partió en dos en 1845; sus velocidades son de 16 a 25 Km/seg, siendo las más lentas y presentando estelas rojizas.

Se sabe que el 17 de noviembre de 1950 hubo una extraordinaria lluvia de estrellas y cayeron varios meteoritos metálicos en la zona de Mazapil, en el estado de Zacatecas. Estos meteoritos eran restos de las Biélidas.

Las Leonidas, son las más rápidas de todas las lluvia de estrellas (71 Km/seg, en promedio). Su máximo ocurre el 16-17 de noviembre a las 22 horas. Debido a su velocidad jamás llegan a la Tierra. Su color es verdoso o azulado y dejan estelas con persistencia de hasta varios minutos. En 1964 se contaron más de 500,000 por hora. Derivan del cometa Temple-Tuttle (1866 I), con periodo de 33 años. Se les ha observado desde el año 902 d. C.

Las Gemínidas, cuya radiante está al Noroeste de Castor, la principal estrella de la constelación de Géminis, tienen su máximo el 13-14 de diciembre y entran a nuestra atmósfera con velocidades entre 33 y 37 Km/seg. Llegan a la Tierra lateralmente. No se conoce el cometa que las originó. Dejan estelas blanco amarillento o anaranjadas, poco visibles. Se han contado de 40 a 50 meteoros por hora.

El último enjambre importante durante el año son las Ursides. Su radiante se localiza en la Osa Mayor. Su velocidad es de 33 Km/seg y se derivan del cometa Temple (1939 X). Tienen su máximo el 22 de diciembre en la madrugada.

Los meteoritos pueden ser confundidos, y se les ha confundido, con ovnis. Jean-Claude Pecker, tras la caída de un meteorito en suelo galo, conminó a través de la prensa, a los lectores a que le refirieran cómo habían visto aquél fenómeno celeste: Pecker no comunicó en aquel primer momento el origen natural del fenómeno. Para su asombro, no tardó en recibir reportes y declaraciones sobre naves discoidales con ventanillas iluminadas. Pecker cree que esto se debió a que en aquellos días se habían proyectado un par de películas por la televisión sobre el tema de los ovnis, por lo que la gente estaba sensibilizada sobre el tema ufológico y de ahí procedí el mecanismo que estimuló la fantasía de los comunicantes de Pecker.

Cualquier persona que se dedique a investigar los reportes sobre ovnis debe estar familiarizado con las características y propiedades de estos fenómenos atmosféricos; debe saber localizarlos en el tiempo y en el espacio, para lo cual resulta de gran ayuda el uso de mapas celestes para los diferentes días el año.

Los meteoritos podrían funcionar también como productores, indirectos, de reportes ovni. Los investigadores del Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona proponen que, puesto que la estela de un meteorito entrando en la atmósfera terrestre es un plasma, y puesto que un meteorito forma un flujo de estela sumamente turbulento, quizás movimientos vorticales en la frontera de dicha estela pudieran expeler masas giratorias de plasma incandescente que descenderían a la atmósfera más baja y fueran considerados como ovnis[10].

Ya sean productores directos o indirectos de reportes de ovni, lo meteoritos deben tomarse en cuenta en el estudio de este evasivo fenómeno.

REFERENCIAS

Abell George O., Exploration of the Universe, Holt, Rinehart and Winston, New York, 1982.

Adell Sabates Alberto, Manual del ufólogo, Editorial 7 ½, Barcelona, 1979, Págs. 111-114.

Beech, M., Steel, D. I., On the Definition of the Term Meteoroid, Quarterly Journal of the Royal Astronomical Society, Vol. 36, No. 3, September 1995, Págs. 281–284.

Comas Solá J., Astronomía, Editorial Ramón Sopena, S. A., Barcelona, 1965.

Hendry Allan, The UFO Handbook, Doubleday & Company, Inc., New York, 1979, Págs. 41-43.

Klass Philip J., The other side of the Coyne encounter, Fate, diciembre 1978, Pág. 79.

McDonald E. James, UFO. An International Scientific Problem, Conferencia pronunciada el 12 de marzo de 1968 en el Simposio de Astronáutica del Instituto Canadiense de Aeronáutica y del Espacio, Montreal, Canadá.

Menzel H. Donald & Boyd Lyle G., The World of Flying Saucers. A Scientific Examination of a Major Myth of the Space Age, Doubleday & Company, Inc., New York, 1963, Pág. 89.

Menzel H. Donald & Taves H. Ernest, The UFO Enigma. The definitive explanation of the UFO Phenomenon, Doubleday & Company, Inc., New York, 1977, Págs. 143-145.

Ortega José, Apostólicos afanes de la Compañía de Jesús, escritos por un padre de la misma sagrada religión de su provincia de México Pablo Nadal Impresor, Barcelona, 1754.

Robey D. H., An hypothesis on the slow moving green fireballs, Journal of the British Interplanetary Society, Vol. 17, Londres, 1959-1960, Págs. 398-411.

Tacker J. Lawrence, Flying Saucers and the U. S. Air Force, D. van Nostrand Company, Inc., Princenton, N. J., 1960.

Trabulse Elías, Historia de la Ciencia en México, Siglo XVI, Tomo I, CONACYT/Fondo de Cultura Económica, México, 1983.


[1] Este artículo se publicó en: Ruiz Noguez Luis, Meteoritos, Cuadernos de Ufología, No. 12, 2º Época, Santander, 1992, Págs. 93-97.[2] Abell George O., Exploration of the Universe, Holt, Rinehart and Winston, New York, 1982.

[3] Comas Solá J., Astronomía, Editorial Ramón Sopena, S. A., Barcelona, 1965.

[4] Adell Sabates Alberto, Manual del ufólogo, Editorial 7 ½, Barcelona, 1979, Págs. 111-114.

[5] Comas Solá J., Op. Cit.

[6] Hendry Allan, The UFO Handbook, Doubleday & Company, Inc., New York, 1979, Págs. 41-43.

[7] Robey D. H., An hypothesis on the slow moving green fireballs, Journal of the British Interplanetary Society, Vol. 17, Londres, 1959-1960, Págs. 398-411.

[8] Trabulse Elías, Historia de la Ciencia en México, Siglo XVI, Tomo I, CONACYT/Fondo de Cultura Económica, México, 1983.

[9] Ortega José, Apostólicos afanes de la Compañía de Jesús, escritos por un padre de la misma sagrada religión de su provincia de México Pablo Nadal Impresor, Barcelona, 1754.

[10] Ribera Antonio y Vignati Alejandro, Ovnis. El último desafío, Cielosur Editora S. A. C. I., Buenos Aires, 1980.

El ovni de Black River Falls

57 años después se revela como fraude el misterio del platillo volador de Black River Falls

Por Autumn Grooms

La Crosse Tribune

Black River Falls, Wis. –

Casi seis décadas después, Bob Huntley sigue siendo renuente a hablar de la broma extraterrestre que hizo, en 1947, a la gente de Black River Falls.

“Sólo estaba tratando de hacer un poco más excitante el verano”, explicó la semana pasada en una entrevista telefónica desde su hogar en Lexington, Virginia.

Nunca pensé que se convirtiera en un caso federal.

Pero cuando un platillo volador bastante realista aterrizó en un campo de juegos, eso es justo en lo que se convirtió.

La Civil Air Patrol voló desde Milwaukee para hacer una inspección.

El FBI se interesó.

“Fue entonces cuando me asusté”, dijo Huntley, de 76 años, después de declinar inicialmente ser entrevistado por el La Crosse Tribune.

Su historia se descubrió recientemente cuando envió anónimamente una carta al periódico en la que detallaba los pormenores.

Ver el fraude del 10 de julio de 1947 en la página A-6.

“Por supuesto que fue un fraude, pero sus perpetradores han permanecido anónimos durante unos 57 años”, escribió el abogado John McDonald del La Crosse. “Pienso aclarar lo mejor posible el misterio, para dar el crédito debido a quienes crearon el platillo”.

Así que pensando que había dejado todo en el olvido del tiempo, Huntley compartió sus recuerdos de la historia del platillo volador.

Él tenía 17 años por ese entonces. Pasó la primera parte del mes trabajando en la carpintería de su abuelo y en la tienda de pinturas de Black River Falls.

El exterior del platillo fue hecho con un tablero, y el interior de madera de balsa, con un motor hecho con viejas piezas de varios motores, y un bulbo fotoeléctrico de un viejo proyector de películas.

Con la ayuda de tres amigos –Bud Bowler y sus primos John y Dan McDonald– Huntley “estrelló” el platillo en un lugar en donde estaba seguro que lo notarían. El platillo medía 15,5 pulgadas de diámetro, 4 pulgadas de altura y pesaba una libra y media.

Fue el finado Sigurd Hanson, quien era el electricista de la ciudad de Black River Falls, quien descubrió el platillo en la hierba del parque de atracciones del condado de Jackson cuando él, George Dickie y Aleck Gundreson instalaban la iluminación en campo de béisbol, según una vieja edición del Tribune.

La noche anterior, Huntley y el grupo de jóvenes habían utilizado palas para cavar una pista de aterrizaje para el platillo.

“Tuvimos que escoger un lugar en donde sabíamos que el disco sería encontrado, y sabíamos que habría un juego de pelota programado para la siguiente tarde”, dijo Huntley.

“Entonces resultó que Sig Hanson tenía que hacer algún tipo de trabajo (en el parque)”.

“Él era un fino caballero, y estoy muy apenado por las molestias que le debo haber creado”, agregó Huntley. “Un muchacho de 17 años no piensa en estos términos”.

Mientras la ciudad se preguntaba sobre el platillo volador, crecían los rumores. El Tribune publicó una edición especial sobre el descubrimiento, el 11 de julio de 1947, anunciando, “Se encontró un platillo volador en Black River Grounds”.

McDonald dijo que tuvo “MIEDO, con mayúsculas”, y eso lo condujo guardar silencio sobre el incidente durante todos estos años.

Huntley agregó. “No quería ser arrestado por el FBI o ser encarcelado por el ejército o por otros”.

McDonald dijo que le vino la idea de confesar cuando limpiaba su garaje y encontró algunos recuerdos. Entre los artículos estaba la edición del Tribune del domingo, 13 de julio de 1997, con el encabezado, “Black River Falls se jacta de poseer un ‘misterio’ de 50 años”.

La historia contaba cómo el platillo era un fraude que nadie había podido explicar. Había especulación en torno a quién estaba detrás del fraude, y se incluían los nombres de Sig Hanson y su hijo, Jim, quien estudiaba ingeniería eléctrica en la UCLA y estaba en casa ese verano a la hora en que se descubrió el platillo volador.

“Pienso que (Huntley) debería tener todo el crédito”, dijo McDonald la semana pasada.

¿La razón para hacer el fraude?

“Fue sólo para dar un poco de diversión a un pueblo pequeño”, dijo Huntley. “Originalmente pensé que lo encontrarían los muchachos al día siguiente”.

Huntley dijo que el platillo fue llevado a la Universidad de Minnesota, en donde se le colocó en un túnel de viento y demostró tener características aerodinámicas excelentes.

“¡Pero los funcionarios no tuvieron ninguna duda y descubrieron rápidamente que no era del espacio exterior!, La madera de la balsa pudo también haber sido una pista”.

“Lo último que oí”, dijo, “fue que terminó en los terrenos de prueba del ejército en algún lugar de Nebraska, quizá en Omaha. Eso fue lo último que oí del platillo”.

http://www.lacrossetribune.com/articles/2004/10/10/news/00lead.txt

Las fotos corresponden a la obra “Crash Landed Flying Saucer”, que pertenece al Programa de Arte en Lugares Públicos y se encuentra en el parque Arroyo de la ciudad de Davis, California.

Resultados de los análisis a los jenglots

Encuentran cabello humano en los 3 jenglot

Por Masami Mustaza

Se ha confirmado que es humano el pelo en los tres jenglots que se exhiben en el Asian Arts Museum, Universiti Malaya.

Éste es el resultado de un estudio de 10 semanas con pruebas de morfología y de ADN hechos por los expertos forenses de la Universiti Sains Malasia, doctora Zafarina Zainuddin y S. Paneerchelvam, en las muestras del pelo de las tres criaturas.

El informe – preparado por la doctora Zafarina -revela que el pelo es de origen humano, basado en la secuencia de nucleótidos de su ADN mitocondrial.

El informe también sugiere que el pelo en los tres jenglots pertenecía a la misma persona o individuos con lazos de sangre del lado materno.

La copia del informe, firmada por la doctora Zafarina, fue presentada por el grupo paranormal Seekers en una rueda de prensa ayer.

También indica que los individuos eran de la región asiática, lo más probablemente de Indonesia en donde los jenglots fueron adquiridos por un hombre local, Bukhari Abdullah.

Similar a los que fueron exhibidos en el Pameran Misteri, Jin, Hantu dan Keranda at Muzium Sultan Alam Shah, se encontraron varios filamentos de pelo con tinte que fueron implantados al revés.

Cuando se le contactó, la doctora Zafarina dijo que no podrían analizar huesos de los jenglots pues sus estructuras corporales se podrían romper en el proceso.

“Tampoco podíamos probar la piel ya que está demasiado seca,” dijo.

“Así, no podemos conseguir resultados de ADN de calidad”.

“Además, se pudieron haber utilizado productos químicos para preservar los especimenes que habrían destruido cualquier ADN en el tejido fino de la piel”.

El fundador y director de investigaciones de los Seekers, Syed Abdullah Al-Attas, dijo: “Hay tribus en Indonesia que fabrican jenglots y los adoran para proteger sus hogares y plantaciones.”

Syed Abdullah, también conocido como “Uncle”, agrega que se usaron artículos específicos para construir los jenglots determinado por las exploraciones con rayos X que mostraron que sus miembros fueron unidos con clavos y alambre.

“Algunos de sus huesos son barras de metal”, dijo, agregando que una de las manos de los jenglots eran patas de pollo.

Dijo que los Seekers están montando una exposición de tres meses llamada Tabir Misteri a partir del 1 de diciembre para exhibir especimenes sobrenaturales.

Dijo que durante la exposición, los jenglots serían colocados bajo cámaras de vigilancia para determinar si están vivos.

http://www.mmail.com.my/Current_News/mm/Friday/Hotnews/20061110095727/Article/index_html