Críptidos de verdad

Una bola gelatinosa misteriosa ha desconcertado y fascinado a los investigadores después que el fotógrafo submarino Rudolf Svensen la fotografió mientras buceaba en la boca del fiordo Matre en Hordaland, Noruega occidental.

El 1 de octubre Rudolf y su hermano Erling estaban buceando cuando él vio el extraño objeto.

“Era de unos 50-70 centímetros (19.5-27.5 pulgadas) de diámetro y parecía una enorme pelota de playa. Era transparente pero tenía una especie de cuerda gruesa, roja en el centro. Era un pedacito de ciencia-ficción”, contó Svensen al web site del periódico Bergens Tidende.

Los Svensens contactaron al profesor asociado Torleiv Brattegard de la universidad de Bergen, y fueron notificados otros expertos para intentar solucionar el misterio.

Brattegard se convenció que el objeto era orgánico, y posiblemente una especie desconocida en Noruega.

“Puede ser un animal, los restos de algas, algo que ha estado vivo, o una acumulación misteriosa de microorganismos”, fueron algunas de las teorías iniciales de Brattegard.

El viernes Brattegard dijo a NRK (radiodifusora de Noruega) que el misterio pudo haber sido solucionado.

Su colega Arne Fjellheim, que trabaja en el Museo Stavanger, dijo a Brattegard que el organismo se asemeja a una fotografía de Nueva Zelandia que él había visto. Un profesor experto en zoología y calamares de Nueva Zelandia lo corroboró por email -la peculiar bola gelatinosa era un gran saco de huevos de calamar.

“El saco gelatinoso contiene varios huevos fertilizados. Esto no es común verlo, porque los calamares son algunos de los animales más inaccesibles que se conocen”, dijo Fjellheim a iBergen.no.

Fjellheim dijo a Aftenposten.no que los calamares se encuentran en tales números a lo largo de la costa noruega que son capturados comercialmente, y utilizados sobre todo como cebo. A pesar de esto, se sabe extremadamente poco sobre su biología.

http://www.aftenposten.no/english/local/article1511398.ece

Vampiros (Primera parte)

VAMPIROS

Las leyendas de vampirismo, como las de licantropía, se fundan en temores ancestrales y en pocos hechos concretos. Esos temores comprenden el miedo patológico a ser enterrado vivo o el miedo a que los suicidas, que por este hecho fueron excomulgados y enterrados sin los ritos de rigor, regresen de su tumba.

Las tradiciones sobre los vampiros varían de región en región y, en ocasiones, se confunden con las leyendas de los hombres-lobo. Al igual que éstos, los vampiros tienen el poder de metamorfosearse, siendo capaces de transformarse en animales. Originalmente se transformaban en búhos, gatos, perros y principalmente lobos. En muchos cuentos, los vampiros, no sólo se transforman en lobos sino que dirigen manadas de estos animales, tal como en el caso del conde Drácula que tuvo una manada de lobos a su mando.

Para algunos, los vampiros son muertos a los que se les ha introducido un espíritu maligno. Poseen poderes hipnóticos y son capaces de poner a su víctima en trance, como si durmiera. Para otros, se trata de espectros de excomulgados que se aparecen en la noche. Para sustentarse necesitan alimentarse del más vital de los líquidos: la sangre.

Para librarse de la funesta influencia de los vampiros, el único método eficaz es desenterrar el cuerpo del espectro, hundirle una estaca en el corazón, y quemar los restos ensangrentados del cadáver hasta reducirlos a cenizas, después de haber recitado sobre él algunas oraciones.

Parece ser que la palabra “vampiro” es de origen húngaro (vampir) y que se incorporó a la lengua inglesa en 1743.

En toda Europa central existen tradiciones sobre los vampiros. En Polonia se les llama “Upiros”. Los griegos los conocen como “Brucolacos” o “Vroucolaques”. León Allatius escribía en el siglo XVI sobre estos monstruos asegurando que si un brucolaco llama a una persona y ésta contesta, muere al cabo de algunos días. Paul Ricaut, que viajó por Levante en el siglo XVII, añade que los turcos temen tanto como los griegos a los brucolacos. Los rumanos hablan de los muertos que abandonan su tumba para chupar sangre y los designan con los nombres de “Strigoiu” y “Moroiu”. Los romanos los llamaban “Striges” y los describían como unas aves nocturnas que robaban niños y les chupaban la sangre. Más tarde se dio este nombre a las brujas que, durante la noche, hacían uso de sus maleficios. Estas Striges son las mismas “Empusas” de los griegos.

Petronio (siglo I) en El Satiricón pone las siguientes palabras en boca de Trimalción:

“En el tiempo en que todavía tenía pelo largo, pues desde niño llevé vida de sibarita, se murió el favorito de mi amo, por Hércules, una alhaja de chiquillo, perfecto en todo. Estaba su pobre madre llorándolo, y todos nosotros con ella acompañándola en su duelo, cuando de pronto, las estriges se pusieron a aullar de manera inimaginable; hubiérase dicho que se trataba de un perro persiguiendo a una libre. A la sazón vivía con nosotros un tipo de Capadocia, grandote, de muchas agallas que no tenía miedo a nada ni a nadie y que tenía fuerza para levantar en vilo a un buey enfurecido. Nuestro hombre desenvainó la espada al oír los aullidos y, después de liarse el manto al brazo izquierdo, salió como un rayo y atravesó a la primera bruja que halló al paso, como por aquí (salva me sea esta parte). Oímos un gemido angustioso; pero, si he de decir verdad, a las estriges no las vimos. Nuestro mozo volvió a la habitación y se dejó caer sobre un lecho. Tenía todo su cuerpo amoratado, como si le hubiesen apaleado, y era que le había tocado la mano maléfica. Nosotros cerramos bien la puerta y volvimos nuevamente a nuestra triste misión; pero, cuando la madre, en un transporte de dolor, fue a abrazar el cuerpo de su hijo, sólo halló un muñeco relleno de paja. No tenía corazón, ni entrañas, ni nada. Las brujas habían robado a la pobre criatura y habían puesto en su lugar aquel monigote de paja. Por favor, debéis creerme, hay mujeres sabihondas, hay hechiceras nocturnas, que ponen boca abajo lo que está boca arriba. En cuanto a nuestro capadocio, después de este suceso nunca más recobró su color normal; es más, poco después moría como un loco furioso”[1].

Fuera de Europa existen tradiciones vampirescas, como la de las brujas mexicanas que se “chupan a los niños”. Del otro lado del mundo, los habitantes de la pequeña isla de Cagayan Sulu, en el archipiélago de las Filipinas, hablan de los berbalangos[2]. También en la literatura árabe encontramos vampiros llamados Golos, Gul, Algol o Lamias. En Las mil y una noches[3] (episodio correspondiente a la noche 538) se cuenta cómo un algol con apariencia de carnero blanco, trata de devorar a la hermosa Dalal. La desdichada invoca a una santa musulmana, quien envía en su ayuda a una genio, que acepta salvarla a cambio de un beso. Esta extraña historia de vampirismo y lesbianismo termina cuando la genio mata al algol de un puntapié en los testículos.

EL MURCIÉLAGO VAMPIRO

Como decíamos más arriba, los vampiros tenían el poder de metamorfosearse en animales. Lo curioso es que no fue sino hasta principios del siglo XX en que se habló de transformaciones a murciélago. La razón era que no fue sino hasta ese entonces cuando algunos centroeuropeos oyeron historias de un mamífero que habitaba las selvas de América. Era un murciélago pequeño y feo, que por las noches se posaba sobre el ganado que dormía, en los borregos o en los hombres, y les chupaba la sangre, y luego se retiraba a las cuevas y lugares oscuros del bosque para descansar y digerir lo comido. La coincidencia con las leyendas era muy buena para dejarla pasar. A ese murciélago se le bautizó como vampiro y las leyendas se ajustaron para que de desde ese entonces en adelante los vampiros se transformaran en murciélago-vampiro.

Los murciélagos-vampiro son mamíferos del orden quiróptero, familias desmodóntidos y filostomáticos. Los verdaderos vampiros pertenecen a la primera familia. Son murciélagos de pequeña talla, sin cola, que viven exclusivamente en América. Están provistos de un par de incisivos que utilizan para practicar pequeños cortes sin producir dolor. Lamen la sangre de la herida (no la succionan por los colmillos como dice la leyenda) y pueden transmitir gérmenes patógenos. Comprenden algunas especies de los géneros Desmodus y Diphylla. El más común es el Desmodus rotundus, de 7 centímetros de longitud, que vive desde México hasta Argentina.

Impropiamente, también se denomina vampiros a otras especies de la familia de los filostomátidos, como el “vampiro espectro” (Vampyrus spectrum) y el “vampiro de hierro (Phyllostomus hastatus), de gran tamaño, aspecto repulsivo y alimentación frugívora, distribuidos por América del Sur.

La costumbre de alimentarse con sangre no es exclusiva de los vampiros. El doctor Hans Banziger, entomólogo suizo que trabajó en Malasia, descubrió una mariposa nocturna que pica la piel y chupa la sangre. Es la Calyptra eustriga que se alimenta con la sangre de búfalos, ciervos, tapires y antílopes que habitan Malasia[4]. Finalmente están las pulgas, piojos, mosquitos, jejenes y otros animales que se alimentan de sangre.

LOS VAMPIROS EN LA LITERATURA

Además de las referencias del Satiricón y Las mil y una noches, existen varias alusiones a los vampiros en diversas obras. Varios autores les han dedicado algunas páginas.

William de Newburgh en su “Historia Rerum Anglicarum” nos cuenta que en 1196, durante el reinado de Ricardo I, apareció un vampiro en el condado de Buckingham:

“Un cierto hombre que murió de muerte natural, estuvo bajo el cuidado de su esposa y recibió las atenciones de su entierro en la víspera del día de la Ascensión”[5].

El vampiro estuvo atormentando a su esposa tratándole de morder el cuello.

“Habiendo sido rechazado por su esposa, procedió de la misma manea para molestar a sus hermanos que vivían en el mismo pueblo”.

Tampoco esta ocasión tuvo suerte. Sus hermanos lo corrieron a palos. San Hugo, obispo de Lincoln, al enterarse de los sucesos escribió una cédula de absolución, misma que le envió al archidiácono Stephen, ordenándole colocarla sobre el pecho del difunto. Hecho esto, el vampiro no volvió a aparecer.

Dos años después, en 1198, ocurrió un hecho similar en el pueblo de Berwick a orillas del río Tweed, en el extremo Norte de Inglaterra. Un hombre que en vida había sido tan malvado como rico se había convertido en vampiro. Atacó a varias mujeres antes de que su cuerpo fuera exhumado, cortado en pedazos y quemado.

La epidemia de peste que azotó al pueblo fue atribuida a la destrucción del vampiro quien así se vengaba de sus enemigos.

Los brotes de peste, crímenes en masa no resueltos y otros sucesos similares, eran a menudo atribuidos a una invasión de vampiros.

Dom Agustín Calmet, benedictino del siglo de las luces que murió en 1757, que era un conocido comentarista de las Sagradas Escrituras, publicó en 1734, en Leipzig, un “Tratado sobre la mordedura y absorción de sangre de los muertos de las tumbas”, al que le siguió su “Traité sur les apparitions des spirits et sur les vampires” y “Vampires de la Hongrie et de ses alentours” y la “Dissertation sur les apparitions des esprits et sur les vampires et revenants”, publicado en dos volúmenes en 1746.[6].

Unos cuarenta años antes, en 1706 Karl F. von Schertz publicó “Magia Póstuma”, en Olmütz. “De masticatione mortuorum in tumulis” (Sobre los muertos que comen en sus tumbas) se debe a la pluma de Miguel Raufft (siglo XVIII).

“Los vampiros –escribía en 1733 John Heinrich Zopftsalen de sus tumbas de noche, atacan a las personas que duermen tranquilamente en sus lechos, les chupan la sangre y los destruyen”.

Otras obras famosas sobre vampiros son la novela de Sheridan Le Fanu, “Carmilla” y las novelas por entregas de Thomas Preskett Prest, “El valle de los vampiros” y principalmente el bestseller “Varney el vampiro o festín de sangre” (868 páginas llenas de truculencias), publicada en 1847.

BRAM STOKER

Ese año de 1847 es muy importante dentro de la historia de los vampiros, pues no solo se publicó la novela de Prest, sino que fue el año del nacimiento del escritor irlandés Bram Stoker, a quien se debe la mayor divulgación de la leyenda de los vampiros a través de su novela “Drácula”.

El origen de la novela fue la amistad entre Stoker y el profesor húngaro Arminius Vambery, de la Universidad de Budapest. Vambery contó a Stoker todo cuanto sabía sobre las leyendas de los vampiros que abundan en los Balcanes. Le contó también sobre el príncipe Vlad Tepes apodado “Draculya” que había vivido en el siglo XV en Transilvania. Este Tepes fue tan famoso por su crueldad que casi todas las historias de vampiros surgieron a partir de él.

Los relatos que le contara Vambery hicieron que Stoker se interesara cada vez más en la historia, folklore, geografía y supersticiones de Transilvania. Se convirtió en un asiduo visitante del Museo Británico en busca de mayor información.

Stoker estaba tan empapado de las leyendas y tradiciones válacas que una noche, después de haber comido mucho, tuvo una terrible pesadilla producto de una mala digestión. En esa pesadilla se reproducían los aspectos generales de lo que más tarde sería la novela. Al despertar sólo tuvo que ordenar sus pensamientos para escribir el clásico y escalofriante libro de Drácula.

El más famoso de los relatos de vampiros fue publicado en 1897. Su autor murió en 1922. De acuerdo con la leyenda, la última palabra que Stoker pronunció fue “Strigoiu”, vampiro en rumano.

EL DRÁCULA HISTÓRICO

Perdido en el corazón de los cárpatos rumanos, el castillo del conde Drácula, en Transilvania, sobre el valle del río Argo, a 160 kilómetros de Bucares, despierta temores y aviva las supersticiones. Allí, en la ciudad de Sighisoara (Scassburg) nació en 1431, Vlad Tepes, segundo hijo de Vlad II “Dracul” (dragón), rey de Valaquia desde 1436, luego de liderar una violenta revuelta[7].

La madre de Vlad Tepes fue la hija del rey de Moldova. Vlad II debía pagar tributo tanto a cristianos como a musulmanes. Por un lado estaba el rey de Hungría, Ladislas Posthumus, y el voivoda de Transilvania (Juan Hunyadi), y por el otro el sultán Murad II. En 1442 los trucos invadieron Transilvania y Vlad II permaneció neutral. Al termino de la guerra los húngaros lo acusaron de traición y lo expulsaron de Valaquia. Vlad II pidió apoyo a los turcos para recuperar su territorio. Luego de ser reinstalado tuvo que pagar un alto precio: debía enviar diversos contingentes de jóvenes para que pasaran a formar parte de las tropas de jenízaros de Murad II, y entregar como rehenes a sus dos hijos: Vlad y Radu Tepes. Fue así como su padre lo entregó a los turcos como tributo, y fueron ellos quienes enseñaron al niño todas las técnicas de la tortura[8].

En 1444 Ladislas decide reunir todas sus fuerzas para expulsar a los turcos de Europa. Le ordena a Vlad II que prepare sus ejércitos. Como sus hijos aún se encontraban en Adrianópolis, en poder de los musulmanes, Vlad II envía a su primogénito Mircea Tepes, mientras él permanece en su castillo. La empresa resulta en fracaso y Hunyadi acusa a Vlad y Mircea de los resultados. Los boyardos (nobles rumanos) derrocan a Vlad y lo ejecutan junto a su hijo Mircea. Sube al trono el voivoda Vadislao II, apoyado por Hunyadi. Los musulmanes quisieron imponer a Vlad Tepes “Draculea” o “Draculya” (hijo de Drácula o hijo del Dragón), apoyándolo para que recuperara el trono; pero Draculya huyó y se dirigió a Hungría para pedirle ayuda al rey Ladislas. Mientras tanto, Vadislao II, comienza a tener una política de acercamiento a los turcos, por lo que Ladislas apoya a Draculya para que recupere el trono de su padre. A la muerte de Hunyadi, durante la batalla de Belgrado, en 1456, Draculya, que entonces tiene 25 años, llega finalmente al trono de Valaquia.

Su primer acto público consistió en ofrecer un banquete a los boyardos. Se dice que estando en los postres los mandó empalar para colgarlos después alrededor del castillo de Trigoviste. Con eso evitaba cualquier futura disputa al trono. Desde entonces se le apodó como “El Empalador”.

El empalamiento consistía en atravesar los cuerpos de las víctimas en diferentes partes, principalmente el corazón. Lo que también era común era forzar a que las víctimas abrieran las piernas, con la ayuda de caballos, para poder empalarlos. Vlad sentía una morbosa atracción por los moribundos. Atravesaba con una estaca a sus enemigos para torturarlos hasta morir.

Guy de Bechtel y Jean-Claude Carrière escriben sobre este asunto[9]:

“Hizo cortar en trozos a los prisioneros, hervir juntos a madres e hijos… Practicó todas las torturas clásicas de su tiempo: hacer que los caballos tiraran de los miembros de las víctimas, cremarlas, privarlas de agua, poner sal en sus heridas, arrancarles las uñas…”

Hubo varios levantamientos en contra del tirano. Uno de ellos fue dirigido por Dan III (Dan-Ciul), pero el mismo Draculya lo decapitó y la aldea de Almas, que había sido el refugio de Dan, fue borrada del mapa y todos sus habitantes empalados.

En una ocasión, cuando varios embajadores turcos lo visitaron y se negaron a quitarse el turbante como señal de respeto; Draculya ordenó a sus soldados que clavaran los sombreros en las cabezas de los turcos para que jamás se los pudieran quitar.

Trató de reunir a todos los gitanos que vivían en sus dominios. Logró capturar a trescientos. Seleccionó a tres y los asó vivos. A los demás les dio a escoger entre comérselos o enrolarse en su ejército.

En otra ocasión invitó a todos los enfermos y pobres de su feudo a un banquete únicamente para prenderle fuego al comedor con ellos en el interior. De esa manera se aseguraba la erradicación total de la pobreza en su reino.

Tal era el terror que su pueblo tenía por Vlad III que una taza de oro que mandó colocar en la plaza central de Tagorviste, nunca fue ni siquiera tacada durante el periodo de su reinado.

Otra anécdota muy parecida cuenta que un vendedor trashumante, conociendo la fama de honestos de los habitantes de Tagorviste, dejó sin descargar su carreta. Al día siguiente descubrió que le faltaban 150 ducados. Rápidamente fue a poner su queja con Draculya. El Empalador le ofreció su castillo para que pasara la noche, mientras se hacían las investigaciones. Mandó anunciar que, en caso de que no aparecieran los 150 ducados arrasaría con todo el pueblo y empalaría a todos sus habitantes.

Por otro lado ordenó a uno de sus sirvientes que colocara 150 ducados en el carro de mercancías. Al día siguiente el vendedor encontró dos bultos con 150 ducados cada uno. Lo informó a Vlad III, quien ya había capturado al ladrón y se disponía a empalarlo. Cuando ya estaba en la estaca, se lo señaló al vendedor y le dijo que de no haber informado sobre la cantidad extra, en ese mismo momento estaría haciéndole compañía al ladrón.

Después de la victoria de Brasov, mandó empalar a docenas de nobles de la ciudad. Luego ordenó un banquete en medio del bosque de empalados. Uno de los boyardos invitados a la comida se tapaba la nariz para no inhalar el repulsivo olor. Vlad III pensó que esa era una delicadeza inadmisible en un militar, por lo que ordenó se le empalara en una estaca más alta, donde no llegaran los olores.

Se cuenta que a lo largo de seis leguas había constantemente dos hileras de estacas con húngaros, moldavos y válacos. Era el llamado “bosque de los empalados”. Draculya acostumbraba comer en medio del “bosque”[10]. Esta escena fue inmortalizada en un grabado alemán del siglo XVI.

EL REINADO DE DRACULYA

Cierta vez que vio en sus campos a uno de sus súbditos que vestía un caftán que le quedaba muy corto, ordenó traer al campesino y a su mujer. A ella le recriminó el no atender bien a su marido; aunque él le dijo que estaba contento con el trabajo de su esposa, Vlad III la mandó empalar mientras le proporcionaba otra mujer, no sin antes aclararle que debía ser más diligente o de lo contrario sufriría la misma suerte que su antecesora.

Vlad Tepes, además de todos sus otros “atributos”, era misógino. Empalaba a las mujeres adúlteras, no sin antes amputarles los senos y los genitales. Si las mujeres tenían hijos, éstos acompañaban a sus madres: no quería tener problemas de venganzas en el futuro. Desconozco si tenía algún castigo para los hombres adúlteros. Tal vez porqué él mismo era un adúltero. Tenía una amante en las afueras de Targoviste. No se sabe qué motivo a esta mujer a decirle que esperaba un hijo suyo. Draculya envió a las comadronas para que la revisaran. No encontraron ningún síntoma de embarazo. Entonces el propio Draculya tomó un cuchillo y se lo introdujo desde la vagina hasta la parte superior del pecho para cerciorarse del embarazo. Al no encontrar nada, dejó a la pobre mujer gritando de agonía.

En 1462 un poderoso ejército turco fue testigo de una de las más feroces carnicerías de Draculya. Más de veinte mil súbditos fueron empalados ante sus atónitos ojos. Era su mayor prueba de crueldad y sadismo. En una crónica contemporánea podemos leer:

“El ejército del sultán se encontró con un inmenso campo de estacas, muy largo y muy ancho, en el que podían verse unos veinte mil cuerpos empalados de hombres, mujeres y niños”.

Se calcula que Draculya mató a unas cien mil personas durante su reinado de terror[11]. Cuando Matías Corvino, hijo de Hunyadi, subió al trono de Hungría, Vlad solicitó su ayuda para combatir a los turcos. Envió una carta y un paquete. En la carta dirigida a Matías, Vlad III escribe:

“He matado a hombres y mujeres, a viejos y jóvenes, desde Oblucitza y Novoselo, donde el Danubio entra en el mar, hasta Samovit y Ghigen. Hemos matado a 23,884 turcos y búlgaros, sin contar aquellos a los que quemamos en sus casas, o cuyas cabezas no fueron cortadas por nuestros soldados…; 1,350 en Novoselo, 6,840 en Silistria, 343 en Orsova, 840 en Vectrem, 630 en Tutrakan, 210 en Marotim, 6,414 en Giurgiu, 343 en Turnu, 410 en Sistov, 1,138 en Nicópilis, 1,460 en Rahovo…”

En el paquete se encontraban varias cabezas, narices y orejas, de turcos asesinados por sus tropas. Era la prueba de lo que afirmaba.

A la muerte de su esposa, Draculya se casó con la hermana de Corvino. En 1476 su hermano Radu se alió a los turcos para tratar de arrebatarle el trono, pero fue asesinado por los húngaros. Vlad se enfrento al sultán Mehmet II. Dice una crónica de Eslavonia que durante una batalla a las afueras de Bucarest:

“Su ejército había hecho una carnicería con las tropas turcas. Draculya se dirigió al campo de batalla para ver cómo se retorcían de dolor sus enemigos. Alejado de sus hombres y amigos, uno de sus propios soldados lo tomó por un turco y lo hirió con una lanza. Él logró defenderse pero fue rematado por varios de sus soldados”.

Al término de la batalla, los turcos recuperaron el cadáver. El sultán ordenó que lo decapitaran. Su cabeza fue llevada a Constantinopla por uno de los turcos victoriosos. El cuerpo ensangrentado de Draculya, destrozado y sin cabeza, fue descubierto por unos monjes del monasterio de Snagov, una isla cercana a Bucarest, y secretamente enterrado en la cripta frente al altar de la iglesia principal. Estos cuidados se debían a que, paradójicamente, este monstruo sádico y engendro de crueldad era profundamente religioso y había mandado construir muchas iglesias y monasterios, entre otros el de Tismania y el de Snagov.

Los campesinos que lo odiaban, y que lo consideraban como el dios-vampiro de las viejas leyendas magiares, acudieron a su tumba para vengarse en los restos de todas las crueldades recibidas. Exhumaron el cuerpo de Draculya y al igual que él siguieron su costumbre y lo empalaron: le clavaron una estaca en el corazón (curiosa manera de decir “ojo por ojo…”). Sus restos fueron quemados y su cenizas arrojadas al pantano. De aquí es de donde parten los ritos para destruir a los vampiros.


[1] Petronio, Satiricón, Editorial Origen, S. A. y Editorial OMGSA, S. A., Colección Historia Universal de la Literatura, No. 47, México, 1984.[2] Arteaga Federico, Los vampiros reales de Filipinas, Duda, No. 565, México, 28 de abril de 1982, Págs. 2-4.

[3] Anónimo, Las mil y una noches, Editorial Porrúa, S. A., Colección Sepan Cuantos, No. 136, México, 1971.

[4] Banziger Hans, Nocturnal vampire-butterfly, Journal of Edmonton, Canada, 13 de diciembre de 1968.

[5] 29 de mayo.

[6] Citado por Keller Werner, Ayer era milagro, Editorial Bruguera, S. A., Barcelona, 1974.

[7] Vignati Alejandro, Drácula: el otro conde, Mundo desconocido, No. 3, Barcelona, agosto de 1976.

[8] Cevallos Edgar, Historia universal de la tortura, Editorial Posada, Colección DUDA, no. 10, México, 1972.

[9] De Bechtel Guy & Carrière Jean-Claude, Le livre des Bizarres, Robert Laffont, paris, 1991.

[10] Chávez Peón Luis, ¿Existió realmente Drácula el hombre vampiro?, Duda, No. 288, México, 5 de enero de 1977, Págs. 1-22.

[11] Cevallos Edgar, Vampiros vivos y vampiros muertos, Editorial Posada, Colección Duda, No. 13, México, 1972.

La Física y las Matemáticas refutan a los vampiros

El profesor de física de la UCF, Costas Efthimiou y Sohang Gandhi, graduado de la UCF que ahora estudia en la Universidad de Cornell, utilizando las leyes de la física y las matemáticas, demostraron que los fantasmas no podrían caminar y pasar a través de las paredes. Las matemáticas básicas refutan la leyenda de los seres humanos que se transforman en vampiros después de ser mordidos, explica Efthimiou, porque habrían limpiado a la población humana entera de 1600 en menos de tres años.

En películas tales como “Ghost”, con Patrick Swayze y Demi Moore, los fantasmas caminan como seres humanos, pasan a través de las paredes y toman objetos. Pero esa representación no puede ser exacta, dice Efthimiou. Para que los fantasmas tengan la capacidad de caminar como los seres humanos, necesitarían ejercer una fuerza sobre el piso, que a su vez ejercería sobre ellos una fuerza igual y opuesta. Pero la capacidad de los fantasmas de pasar a través de las paredes demuestra que no pueden aplicar ninguna fuerza.

Para refutar la existencia de los vampiros, Efthimiou utilizó un principio básico de las matemáticas conocido como progresión geométrica. Efthimiou supuso que el primer vampiro llega el 1 de enero de 1600, cuando la población humana era 536.870.911. Si se supone que el vampiro se alimentó una vez al mes y sus víctimas a su vez se transforman en vampiros, habría dos vampiros y 536.870.910 seres humanos el 1 de febrero. Habría cuatro vampiros el 1 de marzo y ocho el 1 de abril. Si esta tendencia continuara, todos los seres humanos originales se harían vampiros en dos y medio años y la fuente de alimento de los vampiros desaparecería. Las tazas de natalidad y mortalidad cambian muy poco este cálculo.

“A largo plazo, los seres humanos no pueden sobrevivir bajo estas condiciones, aunque nuestra población se duplicara cada mes”, dijo Efthimiou. “Y duplicar la población esta claramente más allá de la capacidad humana de reproducción”.

Efthimiou J. Costas & Gandhi Sohang, Ghosts, Vampires and Zombies: Cinema Fiction vs Physics Reality, http://www.eurekalert.org/pub_releases/2006-10/uocf-upd102306.php

Las piedras de Ica

LA EXTINCIÓN DE LOS DINOSAURIOS DE ICA

“Comencé la colección de mis piedras en 1966 –declaró el doctor Javier Cabrera Darquea al escritor francés Robert Charroux en 1974-. Las primeras fueron encontradas por huaqueros o buscadores de cerámica.

“Mis piedras provienen de las civilizaciones de los primeros hombres cultos de nuestra tierra. Por razón desconocida, quizá un cataclismo natural, esa civilización desapareció, pero los hombres de la antigua Ica quisieron dejarnos un testimonio indestructible, o al menos susceptible de superar los peligros del tiempo. Esos archivos pertenecen a un pueblo culturalmente próximo a nosotros, pero heredero por línea directa de los conocimientos de nuestros grandes antepasados.

“Se puede pensar lógicamente que esos antepasados son atlántidos, huidos al hundimiento de su continente, y que llegaron a la región de Ica, donde dejaron sus ‘piedras parlantes’.

“Erróneamente se fecha la aparición del ‘Homo sapiens’ dos o tres millones de años antes de nuestra era. El hombre es mucho más antiguo de lo que se cree, y sin duda ha conocido a los grandes monstruos que implantaron su dictadura en el reino viviente de la era Secundaria.

“Puedo atestiguar que esos monstruos (plesiosaurios, diplodocos, iguanodontes, etcétera) vivieron a finales de la era Secundaria, sobrevivieron la terciaria, hasta una época en que los hombres lo conocieron y entablaron con ellos la lucha por la supremacía del mundo”.

La anterior es una declaración de principios que no tiene desperdicio. En ella vemos las mismas ideas “atlantófilas” de Waldemar Julsrud[1]; y se formula la “hipótesis” de que los dinosaurios convivieron con el ser humano. Esas ideas tal vez no serían extrañas en un jinete dedicado a la ferretería, pero en el director de la sección de Investigaciones de la Universidad de Perú, médico del Hospital Obrero de la ciudad de Ica, miembro del jurado del Concejo Regional y miembro correspondiente del Colegio Internacional de Cirugía, eran poco ortodoxas, por decir lo menos.

En 1966 el doctor Cabrera Darquea, que vivía en la pequeña ciudad de Ica, en la costa Sur del Perú, a unos 350 kilómetros de Lima, recibió como regalo de cumpleaños una pequeña piedra, un canto rodado, con el dibujo grabado de un ser extinto hacía millones de años: un pterosaurio. Fue su amigo Félix Llosa Romero quien le entregó la pieza inicial de su colección.

En 1955 los hermanos Carlos y Pablo Soldi, campesinos de Ocucaje, encontraron unas piedras extrañas un día que paseaban por la ribera del río Ica, que se había desbordado e incluso cambiado un poco de curso. Advirtieron de pronto, en el nuevo lecho del río, varias piedras negras, sobre las cuales aparecían dibujos de animales. Esas piedras fueron vendidas posteriormente a Cabrera poco antes de su muerte: Carlos murió en 1967 y Pablo en 1968 y a partir de ahí toda su colección pasó al Museo de Piedras Grabadas, situado en la planta baja de la casa de Cabrera, en la Plaza de Armas de Ica.

El relato de la forma en que fueron descubiertas las piedras de Ica es una copia fiel de la historia de Waldemar Julsrud y las figurillas de Acámbaro. Desde mi muy particular punto de vista nos estamos enfrentando no sólo a un fraude arqueológico, sino también a un plagio.

Aunque propiamente no es un plagio si es una gran mentira lo que afirma nuestro viejo conocido J. J.. Juan José Benítez dice que él fue quien mostró al mundo este fabuloso “enigma”. La verdad es que el primero en darlo a conocer fue Robert Charroux quien, en 1974, en compañía de su editor Robert Laffont y Francis Maziere visitó el lugar y luego publicó L’Enigme des Andes en ese mismo año[2]. Benítez publicaría su libro al año siguiente[3] y aprovechó que la traducción al español del libro de Charroux se hizo hasta 1976. Ese afán de protagonismo es normal en J. J. y en sus retoños, los ufólogos de tercera (generación) españoles.

Luego, de nuevo siguiendo a Cabrera, en 1962 se encontraron más piedras con dibujos e inscripciones en la Hacienda de Ocucaje, Cayando, Cerro Blanco, Chiquerillo, La Banda y Paraya. Según Cabrera las piedras se encontraban en las tumbas correspondientes a las culturas Ica, Inca, Nazca, Paracas y Tiahuanaco.

Antes de esa fecha no se habían encontrado piedras similares y los arqueólogos desconfiaron. Era muy raro ya que esas zonas habían sido ampliamente investigadas y excavadas. Además, los motivos no correspondían, en su mayoría, a estas culturas, sino que era una mezcolanza de diseños de culturas diferentes. Era evidente que habían sido fabricadas recientemente por personas con escasos conocimientos de las culturas prehispánicas.

Los campesinos vendían las piedras por muy pocos soles. Incluso el Museo Regional de Ica tenía algunas arrumbadas en las bodegas. Los arqueólogos las consideraban artesanías modernas.

En 1963 el comandante Elías, Director del Museo Naval de Callao, puesto que ocupó hasta 1973, compró algunas piedras para el museo. Elías enseñó su colección a Alejandro Pezzia Assereto, Director del Museo Regional de Ica, quien las daría a conocer a los periodistas. Dos años después el arqueólogo peruano Herman Buse de la Guerra les dedicaría algunos párrafos de su libro Introduccion Al Peru[4].

Probablemente uno de los primeros artículos publicados sobre el tema fue el de la revista Dominical del periódico El Comercio, en cuyo número del 11 de diciembre de 1966[5] se dice que el arquitecto Santiago Agurto Calvo, rector de la Universidad Nacional de Ingeniería Civil, de Lima, y el profesor Pezzia, arqueólogo del Patronato Nacional de Arqueología de Perú, habían conseguido tres piedras supuestamente extraídas de tumbas precolombinas en Max Uhle y Toma Luz. En las piedras se podían ver flores y pájaros estilizados.

Santiago Agurto llevó las piedras con los ingenieros Fernando de las Casas y César Sotillo, de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Ingeniería Civil, en donde fueron analizadas. El reporte de estos ingenieros dice:

“Todas las piedras son andesitas fuertemente carbonatizadas, a pesar de que por su coloración y textura externas parecen ser entre sí de distinta naturaleza.

“Las piedras proceden de capas de flujos volcánicos correspondientes a series del mesozoico, características de la zona.

“La acción del intemperismo ha atacado la superficie de las piedras, cambiando los feldespatos en arcilla, debilitando por tanto su grado de dureza externa y formando una especie de cáscara que rodea la parte interior.

“La dureza exterior corresponde en promedio al grado 3 de la escala de Mohs, llegando a ser hasta 4.5 grados en la parte interna no atacada por el intemperismo.

“Las piedras pueden ser trabajadas prácticamente con cualquier material duro, como huesos, conchas, obsidianas, etc., y, naturalmente, con cualquier instrumento metálico prehispánico”.

Estas conclusiones, entre otras cosas, implican que las piedras fueron grabadas recientemente y no hace más de 65 millones de años, antes de la extinción de los dinosaurios. El mismo Cabrera declaró[6]:

“Hay que señalar que las piedras son de andesita, con una edad de 80 millones de años, y son resultado de la desintegración del macizo andino en el Mesozoico, y presentan fuerte pátina de oxidación que, como hemos dicho, recubre las incisiones, asegurando así su autenticidad.

“Yo he podido reunir once mil piedras, pero existen muchas más y deseo enriquecer al máximo la colección. Si se revela el lugar donde se encuentran las demás, curiosos, aficionados y turistas irán y harán de aquello un desastre, arruinando así la posibilidad de completar la biblioteca. Por tanto, antes que nada hay que reunir a los especialistas: luego, el gobierno peruano debería garantizar la conservación de los lugares, implantando una guardia permanente”.

Pero esas eran sólo palabras ya que Cabrera nunca permitió que verdaderos especialistas se involucraran en el asunto y nuca dio a conocer los sitios en donde supuestamente se encontraban las piedras.

“En mi colección –continúa Cabrera-, podemos ver reproducciones de estegosauros y otros animales antediluvianos como el triceratops, tiranosaurio y pterodontes cabalgados por seres humanos”.

Lo curioso es que estos saurios “voladores”, por lo que se sabe, solamente planeaban lanzándose desde acantilados ayudados por las corrientes de aire, ya que eran incapaces de volar y, por lo tanto, sería prácticamente imposible que pudieran volar con un hombre colgado a sus espaldas.

Otro detalle curioso es que en las piedras sólo aparecen animales conocidos en esa época (1960-1970) y no los dinosaurios encontrados recientemente, como el Albertosaurio, Anatosaurio, Anchiosaurio, Brachiosaurio, Carnotaurus, Chubutisaurio, Dacentrurus, Eoraptor, Fabrosaurio, Gallimimus, Heterodontosaurio, Kentrosaurio, Lambeosaurio, Megalosaurio, Hadrosaurio, Nodosaurus, Oviraptor, Patagosaurus, Saltasaurus, Ultrasaurio, Velociraptor, Xinosaurio, Zaphyrosaurio y otros.

Además, no aparecen representaciones de Anatosaurio, Brontosaurio, Hadrosaurio y Vulcanodon, cuyos restos fosilizados se han encontrado en el Perú; mientras que sí hay piedras con “dibujos” del estegosaurio que es originario de lo que posteriormente formaría Europa; del Triceratops, de Asia y Estados Unidos. Animales que de hecho nunca habitaron lo que hoy es Perú, o al menos no se han encontrado fósiles de los mismos.

SE DESCUBRE EL FRAUDE

Probablemente el primero en manifestar que todo se trataba de un fraude fue el arqueólogo americano John Rowe, quien no dudó en afirmarlo, después de analizar algunas de las piedras.

Roger Ravínez, miembro del Instituto Nacional de Cultura de Perú llegó a la misma conclusión. El 25 de enero de 1975 publicó un artículo sobre el asunto en El Correo de Lima. En él informaba que las piedras no poseían ningún sentido estilístico. Había mezcla de motivos nazca, mochica, tiahuanaco, etc. Tampoco había ninguna asociación con algún estrato, con lo cual era imposible tratar de fecharlas.

“Cabrera nunca ha querido mostrar el depósito o yacimiento de donde proceden estas piedras. Si lo hiciera, quizá pudiéramos averiguar la verdad y, por los posibles restos que hubiera en la zona, fechar la antigüedad de los grabados.

“Sólo conozco una piedra grabada que puede ser auténtica. El resto, todos esos miles y miles, son falsas”, afirmó.

“La única vez que estuve en Ocucaje hablé con la mujer que las graba, una tal Irma, quien me confesó que no tardaba ni una hora en trabajarlas”.

Ese mismo año la publicación suiza 24 Hebdo publicó otro artículo mencionando el posible fraude.

Así estaban las cosas cuando la revista peruana Mundial, publicada en Lima, decidió hacer una investigación sobre el asunto. Los reporteros descubrieron que habían varios lugareños que se dedicaban a fabricar las piedras, entre ellos, Basilio Uchuya e Irma Gutierrez de Aparcana. Mundial publicó un largo artículo (13 de las 62 páginas de la revista)[7] demostrando que las piedras eran una falsificación.

Basilio declaró la revista:

“Yo he hecho las 11,000 piedras del doctor Javier Cabrera. Mi técnica se basa en grabar las piedras después de haberlas calentado con estiércol de burro o caballo”.

Basilio declaró que durante diez años había grabado todas las piedras que componen el museo del doctor Cabrera. Mundial publicó nueve fotos que mostraban al artesano labrando las piedras. Uchuya decía que la inspiración la obtenía de los dibujos de revistas y libros de estampas de niños. La mayoría de estos mostraban dibujos de dinosaurios y dibujos médicos de operaciones. Las piedras quedaban negras porque después de horneadas con bosta de animales se les embarraba ¡betún de zapatos! Basilio era todo un artista. Hacía estas piedras para los turistas y nadie estaba tan enojado como él, porque su trabajo había sido deliberadamente distorsionado. Basilio confirmó que él y su familia proveyeron al museo local de casi todas las piedras que posee. Es más, tenía una carta firmada por el dueño del museo agradeciéndole su labor.

Los autores del reportaje informaron que la esposa de Uchuya les dijo:

“Hace varios días mi esposo y la señora Aparcana fueron llevados por el PIP[8] para que declararan si las piedras eran auténticas o falsas. Si las habían grabado o las habían encontrado. Mi esposo les dijo que todas las piedras que le había vendido al doctor Cabrera las había grabado él mismo. Que él no las había desenterrado. La señora Aparcana dijo lo mismo”.

Basilio negó que las hubiera encontrado y afirmó que eran falsificaciones que él y su esposa habían creado. No fue castigado, y siguió vendiendo las piedras a los turistas como baratijas. Basilio e Irma mostraron a los reporteros el lugar en donde sacaban las piedras, “un promontorio situado a unos dos kilómetros de sus casas”.

“Al llegar al sitio vimos dos perforaciones. Cada una de unos dos metros de diámetro y un metro de profundidad, más o menos. Después de media hora de escarbar, Irma Gutiérrez de Aparcana logró hacer un hoyo de un metro de diámetro y unos 50 centímetros de profundidad, y en ese punto dijo ‘Aquí hay una’. Era una piedra de unos 500 gramos, del tamaño de una mandarina. ‘¿Eso es todo? Preguntamos. ‘Ya les dije que son difíciles de encontrar, dijo, limpiándose el sudor de su frente”.

Irma informó que producía una 20 a 25 piezas por semana. Basilio dijo que había comenzado a fabricar piedras diez años atrás (en 1965), aunque los dos últimos años no había hecho ni una.

Javier Cabrera dijo que nadie era capaz de hacer 11,000 piedras por si sólo. Pero es cuestión de hacer números. Consideremos el número más bajo: Si Irma puede hacer 20 piedras por semana, trabajando 52 semanas al año, por 10 años, habría fabricado 10,800 piedras (prácticamente la cantidad en la colección de Cabrera). Si Basilio hizo otro tanto, y lo mismo Pedro Huamán y Aparicio Aparcana, entre otros, en tan sólo diez años tendremos más de 40,000 piedras de Ica rodando por todo el mundo en colecciones privadas. Cabrera siempre afirmó poseer 11,000 cantos rodados y decía que podía haber unas 50,000, aunque nadie vio tal cantidad: sólo la colección de Cabrera y unas cuantas más que vendían los artesanos citados a los turistas. En 1975 Marino T. Carcelan dijo a La Prensa haber exportado unas 600 piedras desde 1973[9]. Aún siendo cierto el número de 50,000, trabajando al ritmo de 25 piedras por semana esos cuatro artesanos pudieron haber fabricado más de esa cantidad. ¡Y no eran los únicos!

LA BBC CONFIRMA EL FRAUDE

En 1977 la BBC de Londres envió un equipo de producción de televisión para hacer el documental The Case of the Ancient Astronauts. Entre lo miembros del equipo se encontraban varios científicos: arqueólogos y antropólogos. La recepción que les dio Javier Cabrera fue todo menos calurosa. Parecía tener miedo de ser descubierto. Negó su permiso para que fotografiaran su colección y aún evitó discutir sobre su “extraordinaria evidencia científica”. Después de mucho insistir los ingleses consiguieron que Cabrera les proporcionara una piedra, misma que fue enviada al Institute of Geological Sciences en Londres, encontrando que se trataba de un fraude. El instituto reportó, luego de un atento examen al microscopio:

“Los bordes de los grabados son rectos y relativamente limpios, lo que es prácticamente imposible que se presente en piedras que han estado enterradas o expuestas al medio ambiente durante miles de años, como se nos quiere hacer creer”.

Nosotros añadimos que no solo son miles sino millones de años los que barajan los astroarqueólogos.

En cuanto a la capa superficial externa de las piedras, que se ha oxidado adoptando un color café oscuro intenso, el reporte de laboratorio dice:

“Se analizó la capa superficial de las piedras encontrando que fueron trabajadas después de que esta capa se formó por intemperismo, es decir, los grabados son modernos”.

El programa fue presentado en la televisión inglesa el 25 de noviembre de 1977.

Cabrera se defendió diciendo que, por pura coincidencia, se analizó una piedra trucada, pero que él tiene piedras auténticas. Sin embargo no ha permitido que se analicen estas piedras. Su argumento es que aunque en ninguno de los cantos rodados se ha podido constatar la oxidación de surcos, existen otros, que no han sido analizados, que sí presentan dicha oxidación. Lo único que hubiera podido avalar sus palabras hubiera sido que presentara tales piedras; pero eso nunca lo hizo.

Los productores de la BBC Tony Morrison y Ray Sutcliffe luego publicarían el libro Pathways to the Gods. Mencionan que, por un lado encontraron que Cabrera, otrora una de las figuras prominentes en la sociedad de Ica, en el momento de su visita se encontraba segregado de la sociedad, incluso su esposa lo había abandonado. Por el otro informaron que Basilio poseía “gran sentido del humor y logró hacer una “piedra de Ica” en pocos minutos horneando un canto rodado con estiércol de vaca que luego fue grabado con un taladro de dentista y terminado con betún de zapatos para darle la patina de antigüedad”. Basilio grabó las palabras BBC TV.

Más recientemente, en 1996, Neil Steede un arqueólogo que investigó las piedras de Ica para Los Misteriosos Orígenes de Hombre, un programa de corte creacionista, no encontró ninguna capa de corrosión química sobre los grabados, aunque las rocas sí que la tuvieran, sugiriendo que los grabados eran realmente más recientes que las rocas.

Basilio Uchuya, le fabricó una “auténtica” piedra de Ica con el taladro de un dentista y añadió la capa exterior cociendo la piedra en un horno con estiércol de vaca, todo ello en un tiempo récord.

EL TIRO DE GRACIA

Por si fuera poco ver a seres humanos conviviendo con dinosaurios, el extremo de lo ridículo comenzó a gestarse a principios de los noventa. Comenzaron a aparecer piedras con el tema de las relaciones homosexuales y el posible contagio de enfermedades de naturaleza sexual: una clara referencia al SIDA.

También se encontró una serie en donde se mostraba que los dinosaurios provenían de huevos, de los cuales salían larvas, que finalmente se metamorfoseaban para convertirse en tiranosaurios y otros dinosaurios.

Lo que se ha mantenido en el mayor secreto es una serie que muestra la última cena y la crucifixión de Cristo, de un Cristo con enorme cabeza típica de las figuras de Ica. Se dice que esta serie era guardada por Cabrera en una cuarta habitación a la que muy pocos han tenido acceso.

En 1991 Basilio mostró al periodista argentino Alejandro Chionetti algunos dibujos que el doctor Cabrera le había proporcionado como modelos para las piedras

Al comienzo de 1994 el español Vicente Paris comenzó a investigar las piedras de Ica y sus resultados constituyen el tiro de gracia para las piedras de Ica. Escribe Paris[10]:

“En efecto, no faltan en Ica quienes afirman haber visto al doctor entregar en mano a algunos campesinos del lugar los dibujos que éstos le devolverían grabados en los cantos”.

Vicente Paris dice que Irma Gutierrez de Aparcana le declaró lo siguiente:

“Al principio fue el propio Cabrera quien nos daba los dibujos para que se los grabásemos en piedras. Pero después, cuando vio que yo decía la verdad a la gente, dejó de darme trabajo y empezó a decir que yo estaba loca. A partir de entonces sólo encargó trabajos a Basilio”.

Paris consiguió llevar algunas piedras a España para que fueran analizadas. No obstante que dichos análisis fueron hechos por un grupo de aficionados a los fenómenos paranormales, los resultados son interesantes y, a la vez, contrarios a las afirmaciones del doctor Cabrera.

“Entre las diversas personas que examinaron las muestras fue José Antonio Lamich, fundador del Grupo Hipergea, el que nos dio la pista más importante. En su informe, este arqueólogo nos hizo notar la presencia de varios gránulos de papel de lija en las grietas de una de las piedras”.

No sólo se encontraron rastros de papel de lija, sino huellas del uso de sierras y fresas mecánicas, así como de ácidos. Además se alcanzaban a ver rastros de tinta que delineaban los dibujos. Paris se lamentaba que las rocas que habían sido analizadas hubiesen sido proporcionadas por el propio Basilio y no pertenecieran a la colección de Cabrera. El doctor podría decir simplemente que eran falsas, pero continuaría negándose a proporcionar una piedra de su colección. Por un momento Vicente Paris pensó en sustraer una de las piezas de la colección de Cabrera, pero se abstuvo de hacerlo.

“Pero otras personas si lo han hecho antes. Entre ellas dos geólogos de la universidad de Tucumán (Argentina) quienes, enfrentados a la misma situación, decidieron finalmente “tomar prestada” una de las piedras de Cabrera para analizarla en su facultad. El resultado fue concluyente: los grabados habían sido realizados con instrumentos modernos”.

Lo anterior sería suficiente para que cualquier persona medianamente inteligente se diera cuenta de que todo se trata de un fraude. Sin embargo existen personas con una sorprendente incultura científica (saludos J. J. Benítez) que aún incluyen las piedras de Ica como “sus enigmas favoritos”. Estas personas se quedan con unas cuantas piedras falsificadas y dejan de lado el impresionante peso de años de investigación en ciencias.

Recientemente se publicó en un sitio de internet[11] una fotografía de una pieza que se supone pertenece a la colección de Cabrera, pero no es una piedra y más bien se trata de una figura al estilo Acámbaro. Nuevamente encontramos esta correlación que apunta a que la posible fuente de inspiración de las piedras de Ica lo fueran las figurillas de Acámbaro.

Javier Cabrera Darquea murió en diciembre de 2001. Su hermana María Isabel Cabrera Darquea, y su hija, Eugenia Cabrera de Claux, continúan a cargo del museo de las piedras.

REFERENCIAS

Agurto Calvo Santiago, Las piedras magicas de Ocucaje, El Comercio, Lima, 11 de diciembre de 1966.

Anónimo, El mensaje de otra gran humanidad, Expreso de Lima, ediciones de diciembre 21 a 26, 1974.

Anónimo, Exportador de gliptolitos dice que son artesanía, La Prensa, Lima, 7 de enero de 1975.

Anónimo, Las hizo Basilio Uchuya, Mundial, No. 6, 17 de enero de 1975.

Anonimo, The Amazing Ica Stones, The Peruvian Times, August, 25, 1972.

Benítez Juan José, Existió otra humanidad, Editorial Plaza & Janés (Col. Otros Mundos), Barcelona, 1975.

Benítez Juan José, Mis enigmas favoritos, Editorial Plaza & Janés (Col. Los Jet, Nº 238-8), Barcelona, 1994.

Buse de la Guerra Herman, ¿Misterio arqueológico o superchería?, El Comercio, Lima, 6 de enero de 1972.

Buse de la Guerra Herman, Introduccion Al Peru, Lima, 1965.

Cabrera Darquea Javier. El Mensaje de las Piedras Grabadas de Ica, Inti Sol editores, Lima, 1976.

Carroll Robert Todd, The Ica Stones, en: The Skeptic’s Dictionary (skepdic.com/icastones.html), 2002.


Charroux Robert, L’énigme des Andes, Editions Robert Laffont, Paris, 1974. Hay traducción al español: El enigma de los Andes, Plaza & Janés S. A., (Col. Otros mundos), Barcelona, 1976.

Däniken Erich von, La respuesta de los dioses, Ediciones Martínez Roca (Col. Fontana Fantástica), Barcelona, 1978.

Drum Ryan, The Cabrera Rocks, Info Journal, No. 17, May, 1976, pág. 10.

Gamez Luis Alfonso, El legado de los picapiedra, Magonia, 7 de octubre del 2003.

Jiménez del Oso Fernando, El hombre del Mesozoico, Más Allá, Nº 9, Madrid, Noviembre de 1989, Págs.18-28.

Jiménez del Oso Fernando, Ica, Producciones Culturales (Col. El Imperio del Sol, Nº 1), Video, 1989.

Paris Vicente, Las piedras de Ica son un fraude, Año Cero, 1998.

Pezzia Asserto Alejandro, Ica y el Peru Precolombino, Volumen I, Ica, 1968, pág. 25.

Piedras blandas de Ocucaje, La Voz de Ica, 19 de noviembre de 1973.


Ruiz Noguez Luis, La verdad sobre el mito von Däniken, Eso me interesa, Vol. I, No. 1, México, 1984, págs. 58-64.

Santiago Agurto Calvo, Las piedras mágicas de Ocucaje, El Comercio (suplemento), 11 de diciembre de 1966.

Sierra Javier, Las piedras grabadas de Ica: un enigma a debate, Más Allá, Madrid, Monográfico Nº 10, Septiembre de 1994, Págs. 102-104.

Story Ronald D., Guardians of the Universe?, St. Martin’s Press, New York, 1980.


[1] http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/10/los-dinosaurios-de-acmbaro-primera.htmlhttp://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/10/los-dinosaurios-de-acmbaro-2.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/10/los-dinosaurios-de-acmbaro-3.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/10/los-dinosaurios-de-acmbaro-final.html

[2] Charroux Robert, L’énigme des Andes, Editions Robert Laffont, Paris, 1974. Hay traducción al español: El enigma de los Andes, Plaza & Janés S. A., (Col. Otros mundos), Barcelona, 1976.

[3] Benítez Juan José, Existió otra humanidad, Editorial Plaza & Janés (Col. Otros Mundos), Barcelona, 1975.

[4] Buse de la Guerra Herman, Introduccion Al Peru, Lima, 1965.

[5] Agurto Calvo Santiago, Las piedras magicas de Ocucaje, El Comercio, Lima, 11 de diciembre de 1966.

[6] Cabrera Darquea Javier. El Mensaje de las Piedras Grabadas de Ica, Inti Sol editores, Lima, 1976.

[7] Anónimo, Las hizo Basilio Uchuya, Mundial, No. 6, 17 de enero de 1975.

[8] PIP: Policía de Investigaciones del Perú.

[9] Anónimo, Exportador de gliptolitos dice que son artesanía, La Prensa, Lima, 7 de enero de 1975.

[10] Paris Vicente, Las piedras de Ica son un fraude, Año Cero, 1998.

[11] http://www.labyrinthina.com/ica-update.htm