The Top Secret UFO Project

La película Boggy Creek Monster inspiración para documental cómico sobre los ovnis

Charles B. Pierce no puede ser un cineasta que se pueda comparar con el gran Orson Welles, pero su primera película hizo mucho más dinero que el “Ciudadano Kane.” En 1972, Pierce, un ejecutivo de publicidad de Texarkana, hizo “The Legend of Boggy Creek”, un documental, medio en serio, medio enbroma sobre un monstruo tipo Bigfoot que vagaba por las áreas que rodean Fouke, un pequeño pueblo de Arkansas. La película, ahora una obra clásica de culto, es el tema a parodiar en “The Top Secret UFO Project”, el cineasta R. J. Thomas fue el productor de docudramas de bajo presupuesto de los años 70 en general y en particular de ovnis.

“Esos documentales de suspense de los años 70 siempre prometían la respuesta a algún gran misterio, que podía ser los ovnis, Bigfoot, o el monstruo de Loch Ness”, dijo Thomas. “Eran baratos, pero divertidos, especialmente si eras un adolescente”.

Basado en la novela de Thomas de 2004 del mismo nombre, “The Top Secret UFO Project” relata acontecimientos relacionados con los ovnis experimentados en Jasper, una pequeña aldea al Sur de Denver, Colorado. Según la película, el pueblo se enfrenta a un acontecimiento inusual en el verano de 1956. Después que un granjero viera una nave espacial volar sobre su casa, los científicos llegaron a Jasper para investigar, los reporteros llegaron en busca de historias, y los oficiales del gobierno se presentaron para ocultar el secreto al mundo.

Thomas interpreta a un cineasta de documentales que, en 2003, descubre (por accidente) algunas películas altamente secretas del gobierno referente al incidente de 1956 en Jasper. Esto le inspiró a hacer un documental sobre la historia del ovni de Jasper, y a descubrir la verdad detrás de lo que realmente sucedió ese verano misterioso en Colorado.

“The Legend of Boggy Creek” puso Fouke en el mapa, y la ciudad lo lleva en el corazón. Hay camisetas del monstruo y muñecas rellenas a la venta y una festividad anual llamada “Monster days” para celebrar los avistamientos de la criatura misteriosa. En “The Top Secret UFO Project”, la ciudad de Jasper se aprovecha de su propia leyenda mita verdad mitad broma, con los negocios locales trabajando temas de ovnis en su comercialización y festividades anuales que honran el extraño encuentro.

En 1972, Charles B. Pierce hizo “The Legend of Boggy Creek” con una cámara fotográfica de 16mm prestada, un puñado de estudiantes de secundaria, y algunos actores locales. Él estrenó la película en Texarkana, y su popularidad instantánea lo llevó a distribuirla por todo el país y a ganar $22 millones.

“Mi película es un tributo a Charles B. Pierce y gente como él”, dijo Thomas. “Vi “The Legend of Boggy Creek” s los 15 años en un cine lleno de adolescentes y todos gritaban, especialmente las muchachas”.

Thomas visitó Fouke al año siguiente, divertido por todos los artículos de noticias sobre avistamientos del monstruo fijados al tablón de anuncios de la gasolinera local. El dueño de la estación dijo al padre de Thomas, en un tono muy serio, que habían visto al monstruo la semana anterior cerca de la iglesia de la ciudad.

¿Pero Thomas cree en el monstruo de Fouke o en los ovnis? “Oh, no. Pero a todos les gusta el misterio”, dijo Thomas. “Cada ciudad desea su propia leyenda”.

http://www.pressbox.co.uk/detailed/Entertainment/Boggy_Creek_Monster_Film_Inspiration_for_UFO_Mockrumentary_84733.html

Se puede ver un video promocional en esta dirección

http://video.google.es/videoplay?docid=5417917063843471318&q=%22The+Top+Secret+UFO+Project%22

Vampiros (2)

LA ESTIRPE DE DRACULYA

En 1969 dos catedráticos de la Universidad de Boston, Raymond T McNally y Radu Florescu, visitaron Transilvania en busca de mayor información sobre Draculya. Después de varios siglos Draculya todavía inspira pavor entre los campesinos de aquellas tierras, y ese sentimiento es transmitido de padre a hijo. Por su parte el profesor Florescu descubrió su parentesco personal con el conde.

Fruto de la investigación de estos profesores fue el libro Drácula, una biografía de Vlad el empalador[1].

Parece que aún quedan descendientes de Draculya (no sólo el profesor Florescu). Por lo menos eso es lo que dice Lily Sullos, una graciosa viejecita políglota (siete idiomas) y amante de los gatos. Ella afirma ser descendiente directa de Draculya.

La señora Sullos ejerce la profesión de “experta en estadísticas planetarias”, como prefiere ella denominar a la astrología, y vive actualmente en la República de Argentina. Su apellido materno es Bathory, apellido relacionado también con el vampirismo. El escudo de armas de la familia Bathory se distingue por tres dientes de dragón. Uno de los antepasados de la señora Sullos fue el conde Vela Bathory, padre de Istvan, que fue príncipe de Transilvania y rey de Polonia. El conde Vela, que vivió en el siglo XV, era un hombre extraño que trabajaba como alquimista en las catacumbas de su gran castillo[2].

ELIZABETH BATHORY

Pero quizá el antepasado más famoso de la señora Sullos (excluyendo a Vlad Tepes o Draculya) lo fue la condesa Erzsébet o Elizabeth Bathory –eso si creemos en la genealogía que presenta la señora Sullos.

Esta princesa húngara nació en 1560. Su familia era harto “curiosa”. Su abuelo, el conde Vela, era aficionado a coleccionar murciélagos que luego mataba en sus experimentos alquimistas. Uno de sus tíos fue un conocido satanista practicante de magia negra. Su hermano era un sátiro, y su tía predilecta una lesbiana no menos famosa. La misma Elizabeth presentaría poco después inclinaciones lésbicas.

Al cumplir 15 años, en 1575, fue desposada con el conde Ferencz Nadasdy, mejor conocido como el “Héroe Negro” por sus varias victorias en contra de los turcos. Elizabeth tuvo que dejar las comodidades de la corte para irse a recluir al castillo de Csejthe, en las solitarias colinas del Noroeste de Hungría.

Su esposo, que era más afecto a las batallas que a las mujeres, pronto partió a la guerra dejando sola a Elizabeth. Se dice que por ese entonces Elizabeth tuvo una aventura con un joven noble con fama de vampiro. Pero estas relaciones heterosexuales la hastiaron pronto. Comenzó a coquetear con sus sirvientas. Primero fue un juego inocente que luego se transformaría en ceremonias de vampirismo llenas de sadismo.

Su criado Thorko, su nodriza Ilona Joo y el mayordomo Ujvary, la iniciaron en la magia negra. Pero Elizabeth no pudo dar rienda suelta a sus instintos sádicos hasta 1600, fecha en que murió su marido. Fue entonces cuando Elizabeth expulsó del castillo a su suegra y mandó a sus cuatro hijos con unos parientes.

Ayudada de sus sirvientes comenzó a reclutar jovencitas de los campos prometiéndoles contratarlas en el castillo. Pero la realidad era otra; las mantenía prisioneras en las mazmorras del castillo, torturándolas y desangrándolas mediante cortes en las venas. ¡Elizabeth se bañaba en la sangre de esas desdichadas!

Su fama de vampiro trascendió los muros del castillo y los campesinos pidieron ayuda al rey. Se le ordenó al conde Gyorgy Thurzo, primo de Elizabeth, presentarse sorpresivamente para investigar el asunto. El conde llegó al castillo de Csjthe la noche del 30 de diciembre de 1610. Se encontró con una escena que lo horrorizó: una doncella, dentro de una jaula y por encima de la condesa, se desangraba, y con su sangre, cual si fuera una ducha, Elizabeth se bañaba desnuda.

Fueron hallados más de cincuenta cadáveres bajo el castillo, sin contar los que habían sido arrojados fuera de él. Los 16 miembros de la servidumbre fueron capturados y juzgados. Catorce de ellos fueron decapitados e incinerados; dos, Thorko e Ilona Joo, fueron quemados vivos.

La condesa, debido a su condición noble, fue emparedada en su dormitorio, dejando sólo una pequeña ranura para permitir el paso de agua y comida. Allí sobrevivió durante cuatro años[3].

GILLES DE RAIS

Gilles de Rais[4] nació en la Torre negra del castillo de Champtocé, en Anjou, Francia, en el otoño de 1404. Hijo de Guy II de Laval, barón de Rais, y la dama Marie de Craon. Sus dos padres pertenecían a las familias más acaudaladas y poderosas de Francia. Tuvo sólo un hermano, René de Rais y ambos fueron creados por tutores e institutrices. Su educación fue esmerada y pronto aprendieron a leer y escribir en latín y griego.

Los jóvenes quedaron huérfanos a edad muy temprana. Gilles sólo había cumplido los 11 años cuando su padre fue atacado por un jabalí, durante una cacería. Guy murió dos días después en medio de dolores atroces. Gilles presenció toda la agonía. Durante el proceso que se le instauró en 1440 se señaló que el origen de su crueldad se podía rastrear hasta este momento de su vida.

Marie de Craon murió un mes después, pero se desconoce los motivos de su muerte. El abuelo materno, Jean Craon, tuvo que hacerse cargo de los niños. Este Jean Craon era un hombre violento y enérgico, y Gilles le tenía más que respeto, pavor. Años más tarde Gilles de Rais se referiría a su abuelo en estos términos:

“Me enseñó a beber, inculcándome desde muy niño a extraer placer de pequeñas crueldades. Nada más lejos de lo que otros hombres han pensado, sentido, imaginado o incluso hecho… Bajo su custodia aprendí a despegarme de los poderes terrenos y divinos, con lo que creí que era omnipotente”.

Jean era también un buen administrador que supo incrementar la fortuna de sus nietos. Una de sus estrategias fue casar a Gilles con una de sus primas lejanas, Catalina de Thouars, para incrementar su fortuna. Esto ocurrió cuando de Rais tenía 16 años. No es muy claro, pero parece que raptaron a Catalina para luego celebrar una boda clandestina. En 1429 la pareja tendría una niña: Marie de Rais.

Gilles recibió la orden de caballero a la edad de 14 años. En la ceremonia se le entregó una bella armadura blanca milanesa. Parecía que se destino era la carrera militar. Era muy hábil con las armas y su complexión, de más de 1.80 metros de altura, le permitía destacarse en el combate.

Al cumplir los 20 años, en 1424, solicitó se le concediera el dominio absoluto de su patrimonio y entró al servicio de Carlos VII, el delfín de Francia. Cinco años después los ingleses y borgoñeses estuvieron a punto de impedir la llegada al trono de Carlos VII. Surgió la figura de Juana de Arco, aquella modesta campesina que aseguraba oír voces que le ordenaban defender y ayudar a coronar al delfín.

Gilles de Rais fue comisionado de escoltar y proteger a la doncella para levantar el sitio de Orleáns, último bastión fiel a Carlos VII. El barón de Laval se enamoró de la doncella de Orleáns:


“Cuando la vi por primera vez parecía una llama blanca. Fue en Chinon, al atardecer, el 23 de febrero de 1429. Desde el principio fui su amigo, su campeón. En el momento en que entró en aquella sala un estigma maligno escapó de mi alma y, ante el escepticismo del delfín y la corte, yo persistí en creer en su misión divina. En presencia de ella y por ese breve lapso de tiempo, yo iba en compañía de Dios y mataba por Dios. Al sentir mi voluntad incorporada a la suya, mi inquietud desapareció”.

1429 fue el año de la liberación de Orleáns, del nacimiento de Marie de Rais y de su condecoración como Mariscal de Francia. Gilles se había convertido en el hombre más poderoso de Francia y uno de los más ricos de Europa. Parecía que todo le sonreía a de Rais.

Pero luego Juana de Arco fue capturada y quemada por los británicos, ante la impasibilidad del monarca francés, Gilles aseguró que la “pureza” había muerto. Su mundo se vino abajo: renunció a ser Mariscal de Francia; se separó de su esposa y se marchó a su castillo de Tiffauges, negándose a tener contactos sexuales con ninguna mujer. Pronto cayó en un abismo. No comprendía porqué Dios había permitido que Juana fuese torturada y quemada.

Para olvidar sus penas y encontrar un poco de diversión comenzó a dilapidar su fortuna en grandes y lujosísimas fiestas o en obras de teatro en las que se representaba el sitio de Orleáns. Pero no olvidó su religión: mandó construir una iglesia dedicada a los Santos Inocentes, con paredes, techos y retablos recubiertos de oro puro y piedras preciosas. Sus excesos eran conocidos por toda Europa, tanto que el mismo Papa de Aviñón lo llamó al orden. Tal fue el derroche que tuvo que vender algunas de sus posesiones. Comenzó por las periféricas, y a finales de 1438 sólo le quedaban unas pocas propiedades en Bretaña.

Preocupado por la pérdida de su patrimonio, en lugar de parar los gastos intentó obtener dinero por medios sobrenaturales. Conoció a un clérigo de nombre Blanchart, iniciado en artes alquímicas, quien le presentó a un colega, el sacerdote italiano, Prelati. Estos charlatanes le hicieron creer que podían obtener la piedra filosofal y transmutar el plomo en oro. Construyó un laboratorio y trajo magos y alquimistas de toda Europa para trabajar en él. Pero el oro nunca llegó y las arcas estaban cada vez más vacías. Despidió a los alquimistas y sólo se quedó con Blanchart y Prelati. Estos le persuadieron de realizar misas negras para pedir la ayuda del diablo.

Este fue el origen de su primer crimen. La desdichada víctima se llamaba Bernard Lecamus de Douardenez , y tenía 15 años de edad. En la macabra ceremonia Gilles firmó un documento en el que le dejaba su castillo al diablo, pero resguardaba su vida y su alma. Según la leyenda, en las escrituras del castillo de Tiffauges figura como dueño el mimo diablo. Luego comenzó la misa negra. Gilles le cortó las muñecas, sacó los ojos y el corazón de Lecamus. Pero el diablo no apareció, ni tampoco el oro. Lo único que se presentó fue la lujuria. Gilles había descubierto sus bajos instintos: la tortura, la violación y el asesinato de niños.

EL PROCESO

Pronto comenzaron a desaparecer niños y niñas de las localidades cercanas; Bourgneuf, Tiffauges, Machecoul, Nantes, etc. Los desaparecidos tenían entre 8 y 17 años. Todos ellos huérfanos o hijos de campesinos y siervos, o los pequeños mendigos que pedían limosna frente al puente levadizo. Se estima que entre 1431 y 1440 desaparecieron en aquella zona no menos de 1.000 niñas y niños. Los niños eran retenidos contra su voluntad por sus servidores, violados y desmembrados posteriormente. La sangre y otros restos se conservaban para propósitos mágicos.

En su proceso, Gilles relató que le gustaba visitar la sala en donde eran colgados los niños en ganchos. Simulaba y fingía sentir horror ante sus lamentos, súplicas y contorsiones. Cortaba las cuerdas y los bajaba de los ganchos. Tiernamente los trasladaba a una enorme cama al fondo de los calabozos. Enjugaba sus lágrimas y curaba sus heridas. Luego, cuando había obtenido la confianza del infante, sacaba de entre sus ropas una daga con la que les cortaba el cuello. Se sentaba sobre ellos mientras se convulsionaban y se masturbaba. Finalmente, con la ayuda de sus criados, les cortaba la cabeza y violaba los cadáveres, al mismo tiempo que los cubría de besos y lamía su sangre.

A los cuerpos se les extraían las entrañas para ser usadas en hechizo alquímicos. Los restos eran quemados, pero las cabezas eran guardadas para una última ceremonia. Pasaba la noche dormido en la cama con las sábanas empapadas en sangre. A la mañana siguiente sus sirvientes habían “embellecido” las cabezas: se les pintaba los labios y las mejillas, y se les peinaba. Durante el desayuno eran exhibidas ante sus amigos e invitados, quienes votaban por la más “bella”. Gilles se llevaba la cabeza “ganadora” para propósitos necrofílicos.

Tras las numerosas desapariciones de niños, los aldeanos comenzaron a sospechar del señor del castillo. Acusaron al barón pero sus voces no fueron oídas, antes bien fueron acalladas con amenazas. Parecía que nada se iba a hacer y que todo continuaría igual. Pero sucedió algo que cambiaría el curso de los acontecimientos.

Gilles de Rais continuaba gastando a manos llenas. Llegó el punto que sólo le quedaron un castillo propio, algunas tierras y dos castillos propiedad de su esposa Catalina. Antes de eso su familia solicitó la protección del rey y éste prohibió a los nobles que compraran ninguna propiedad a Gilles, pero el Duque de Bretaña y su Canciller Jean de Malestroit, el Obispo de Nantes, se saltaron esta orden y le compraron varias propiedades. Cuando llegó la prohibición del rey, el Duque de Bretaña quiso aprovechar la ocasión y se negó a pagar por una propiedad en St. Etiénne. Entonces Gilles de Rais la recuperó por las armas y, de paso, torturó al párroco de la iglesia, que casualmente era el hermano menor del Duque. Éste último habló con el rey y se ordenó que Gilles de Rais regresara la propiedad, además del pago de una multa exorbitante, so pena de ser confiscadas todas sus propiedades. Pero Gilles aún contaba con un poderoso ejército y era recordado como el héroe de Orleáns y antiguo Mariscal de Francia. No era conveniente enfrentarlo por las armas.

El Obispo de Nantes, Jean de Malestroit, recordó las recientes acusaciones de los campesinos. Era la excusa perfecta para llevarlo ante el Tribunal del Santo Oficio. Rápidamente el Duque de Bretaña ordenó una investigación.

Durante la primavera y el verano de 1440 el obispo investigó los casos de desapariciones en la comarca, y presentó más de 140 testimonios ante la Inquisición. En una torre del castillo de Tiffauges se encontraron más de 40 esqueletos de pequeños, y un montón de cabezas en el castillo de Champtocé. Se ordenó su detención. Cuando fue detenido el 13 de septiembre en Machecoul, los soldados se encontraron con el espectáculo de 50 cadáveres de niños mutilados en los sótanos de ese castillo. El 29 de septiembre de aquel año compareció ante el tribunal. Allí se le acusó de “hereje, reincidente, brujo, sodomita, conjurador, espíritu malvado, adivino, asesino de inocentes, apóstata, servidor de fetiches desviado de la fe y su enemigo, además de vaticinador y maestro brujo que era y es”.

Blanchart y Prelati fueron los principales testigos de los cargos de adoración al diablo y herejía. Ellos declararon que Gilles ofrecía los niños a un demonio llamado Barón. Junto a ellos fueron juzgados dos de los sirvientes, Poitu y Henri y una anciana proxeneta. Los primeros se encargaban de secuestrar a los niños y luego de limpiar el castillo; la segunda proporcionaba las niñas. Extractos de las declaraciones durante el juicio:


“Poitu declaró que tuvieron que pasar la noche en una residencia a las afueras de Nantes. Cuando a su señor Gilles le dio la “apetencia” el que declara junto a Henri salieron a buscar entre los pequeños mendigos que dormían en las calles uno rubio y de rostro angelical que satisficiera a su señor. Una vez encontrada la víctima adecuada, de unos 10 años, lo metieron de tapadillo en la mansión, pues el anfitrión no debía enterarse de lo que aquella noche iba a suceder.


“Taparon la boca del pequeño para que sus gritos no alertaran a los que allí vivían, y atándole las muñecas con una soga lo colgaron de una de las vigas del techo. Gilles de Rais frotó su miembro con el cuerpo del niño colgado y lo sodomizó.


“Una vez terminada la aberrante copula, Poitu y Henri se llevaron al niño a las caballerizas, y allí lo asesinaron cortándole la cabeza. Para deshacerse del cadáver lo arrojaron a la letrina, guardando la cabeza para su señor”.

Gilles no fue sometido a tortura, dada su condición de noble, pero aceptó todos los cargos cuando se le amenazó con excomulgarle. Parte de su confesión:

“Recuerdo que desde mi infancia los más grandes placeres me parecían terribles. Es decir, el Apocalipsis era lo único que me interesaba. Creí en el infierno antes de poder creer en el cielo. Uno se cansa y aburre de lo ordinario. Empecé matando porque estaba aburrido y continué haciéndolo porque me gustaba desahogar mis energías. La muerte se convirtió en mi divinidad, mi sagrada y absoluta belleza. He estado viviendo con la muerte desde que me di cuenta que podía respirar. Mi juego por excelencia es imaginarme muerto y roído por los gusanos”.

En octubre de 1440, después de un tumultuoso juicio, Gilles fue declarado culpable del asesinato de entre 140 y 200 niños, aunque se dijo que pudieron ser muchos más. Al amanecer del 26 de octubre fue llevado a un descampado, cercano a la ciudad de Nantes, junto con Potiu y Henri. Por ser noble y haberse arrepentido de los cargos de herejía, se le concedió ser ahorcado, para posteriormente ser enviado a la hoguera.

Sus esbirros Poitu, Henri y la proxeneta fueron quemados directamente en la hoguera sin más trámite previo. Por su colaboración, Blanchart y Prelati fueron condenados a cadena perpetua.

En el patíbulo pidió perdón a los padres de sus víctimas, instando a todos los presentes a no seguir su ejemplo. Murió aferrándose desesperadamente a su fe cristiana.

Accediendo a las súplicas de algunos de sus parientes, el cuerpo, parcialmente quemado, fue retirado de la hoguera y enterrado en una iglesia de las carmelitas en Nantes.

Los bienes de Gilles de Rais fueron embargados por el Duque de Bretaña para el pago de la exorbitante multa, las familias de los niños asesinados no vieron ni un céntimo y la esposa e hija del barón de Laval quedaron en la miseria.

Durante años se fueron tejiendo leyendas en torno a este personaje al que pronto se le bautizó como Barba Azul. A finales del siglo XVII, el escritor francés Charles Perrault recogió esas leyendas, y las anexó a su inmortal obra Cuentos de Mama Oca.

LO ABSURDO Y LO RIDÍCULO EN LAS HISTORIAS DE VAMPIROS

Las historias de vampiros no sólo son terroríficas, sádicas y con alto contenido sexual. También las hay ridículas, absurdas y hasta cómicas. Como ejemplo podemos citar las siguientes.

En enero de 1973 fue encontrado el cuerpo de Dmitris Myiciura, refugiado polaco que vivía desde la Segunda Guerra Mundial en el pueblo de Stoke-on-Trent, Inglaterra.

Su muerte no tendrá nada de particular a no ser que Myiciura era conocido en el barrio como un tipo excéntrico que tenía gran temor por los vampiros. Su casa estaba completamente tapizada con dientes y manojos de ajos.

El comisario John Pye, que levantó el acta correspondiente, encontró miles de ajos regados por la cama y los mubles. Myiciura los usaba para espantar y alejar a los vampiros, pero paradójicamente fueron los ajos los que causaron su muerte. Como todas las noches, Myiciura se había introducido un diente de ajo en la boca al ir a dormir. El diente se le atragantó y terminó por asfixiarlo[5].

El antropólogo inglés Esthelbert Forbes Skertchley fue el primero en hablar de los Berbalangos, vampiros que habitan la pequeña isla de Cagayan Sulu, en el archipiélago filipino.

“Son vampiros que de vez en cuando han de comer carne humana, pues si no la comieran morirían. Se les reconoce de inmediato, porque sus pupilas tienen forma de rendijas, como las de los gatos. Cuando deben comer, abren las tumbas e ingieren las entrañas de los cadáveres”[6].

A los berbalangos se les puede mantener alejados con un talismán de “perla de nuez de coco”, una piedra parecida al ópalo. Algunos campesinos rocían las tumbas con jugo de lima para impedir que los berbalangos devoren los cadáveres que se encuentran en ellas.

En Europa se usaba otro método para abolir el vampirismo: embotellando vampiros. Montague Summers, cronista de los vampiros, decía que había personas que se dedicaban a esto obteniendo buenos dividendos.

El hechicero, armado con la foto de algún santo y unas gotas de sangre fresca dentro de un frasco, buscaba a un vampiro hasta que lo arrinconaba. Cuando el vampiro se encontraba indefenso, el hechicero, con la ayuda de la fotografía, lo obligaba a entrar en la botella donde había un poco de sangre. Cuando el vampiro entraba se le arrojaba un crucifijo y rápidamente se tapaba con un cordón. Luego se le arrojaba al fuego para hacer desaparecer al vampiro[7].


[1] Florescu Radu & McNally T. Raymond, Drácula, una biografía de Vlad el empalador, Editorial Diana, México, 1976.

[2] Anónimo, Descendiente de Drácula en Argentina, Duda, No. 339, México, 28 de diciembre de 1977, Pág. 1.

[3] Anónimo, Los poderes desconocidos, Selecciones del Reader’s Digest, México, 1983.

[4] Bataille Georges Michel, Le procès de Gilles de Rais, J. J. Pauvert, Paris, 1965.

Bataille Georges Michel, Gilles de Rais, Mercure de France, Paris, 19 de septiembre de 1972.

[5] Doreste Tomás, Grandes temas de lo oculto y lo insólito, Ediciones Océano, S. A., Tomo III, Barcelona, 1983.

[6] Forbes Skertchley Esthelbert, Cagayan Sulu: habits, legends and superstitions, Journal of Asiatic Society of Bengal, 1896.

[7] Summers Montague, The vampire in Europe, University Books, Inc., London, 1911.

Summers Montague, The vampire: his kith and kin, Rotledge & Paul, London, 1928.

Más globovnis

Ovni” que vuela sobre Shangai es un globo

Gu Jia

Varias personas reportaron ver un ovni en el cielo sobre Shangai alrededor de las 7:30 P.M. de ayer. Sin embargo, un experto dijo que era solo un globo.

Uno de los observadores, un hombre apellidado Zhang, dijo a las noticias de la tarde de Xinmin que vio el “Ovni” en el cielo sobre la parte norte del Distrito de Baoshan y dijo que fue visible por cerca de 15 minutos.

“Caminaba con mi esposa y mi hijo cuando lo vi repentinamente en el cielo”, dijo Zhang. “Tenía forma de un lavabo y emitía luces rojo, amarillo y verde alternadamente.”

Zhang dijoo que algunos peatones también notaron el “Ovni”.

Sin embargo, la explicación para el avistamiento de un experto local en meteorología fue decepcionante.

“El objeto no identificado del ayer por la noche, el octavo informe que el periódico ha recibido sobre ovnis este mes, pudo ser un globo o una cometa que destellaba”, dijo el experto.

“La oficina meteorológica del Districto de Baoshan lanza un globo a las 7:30 P.M. todos los días para explorar la temperatura y la humedad. El globo estallará automáticamente después de que envía la información vía ondas de radar”, dijo el experto.

“No emite ninguna luz pero pudo estar rodeado por las luces reflejadas de los edificios próximos”, dijo el experto

http://www1.shanghaidaily.com/art/2006/10/31/295758/_UFO__flying_over_Shanghai_is_a_balloon.htm

Críptidos de verdad

Una bola gelatinosa misteriosa ha desconcertado y fascinado a los investigadores después que el fotógrafo submarino Rudolf Svensen la fotografió mientras buceaba en la boca del fiordo Matre en Hordaland, Noruega occidental.

El 1 de octubre Rudolf y su hermano Erling estaban buceando cuando él vio el extraño objeto.

“Era de unos 50-70 centímetros (19.5-27.5 pulgadas) de diámetro y parecía una enorme pelota de playa. Era transparente pero tenía una especie de cuerda gruesa, roja en el centro. Era un pedacito de ciencia-ficción”, contó Svensen al web site del periódico Bergens Tidende.

Los Svensens contactaron al profesor asociado Torleiv Brattegard de la universidad de Bergen, y fueron notificados otros expertos para intentar solucionar el misterio.

Brattegard se convenció que el objeto era orgánico, y posiblemente una especie desconocida en Noruega.

“Puede ser un animal, los restos de algas, algo que ha estado vivo, o una acumulación misteriosa de microorganismos”, fueron algunas de las teorías iniciales de Brattegard.

El viernes Brattegard dijo a NRK (radiodifusora de Noruega) que el misterio pudo haber sido solucionado.

Su colega Arne Fjellheim, que trabaja en el Museo Stavanger, dijo a Brattegard que el organismo se asemeja a una fotografía de Nueva Zelandia que él había visto. Un profesor experto en zoología y calamares de Nueva Zelandia lo corroboró por email -la peculiar bola gelatinosa era un gran saco de huevos de calamar.

“El saco gelatinoso contiene varios huevos fertilizados. Esto no es común verlo, porque los calamares son algunos de los animales más inaccesibles que se conocen”, dijo Fjellheim a iBergen.no.

Fjellheim dijo a Aftenposten.no que los calamares se encuentran en tales números a lo largo de la costa noruega que son capturados comercialmente, y utilizados sobre todo como cebo. A pesar de esto, se sabe extremadamente poco sobre su biología.

http://www.aftenposten.no/english/local/article1511398.ece

Vampiros (Primera parte)

VAMPIROS

Las leyendas de vampirismo, como las de licantropía, se fundan en temores ancestrales y en pocos hechos concretos. Esos temores comprenden el miedo patológico a ser enterrado vivo o el miedo a que los suicidas, que por este hecho fueron excomulgados y enterrados sin los ritos de rigor, regresen de su tumba.

Las tradiciones sobre los vampiros varían de región en región y, en ocasiones, se confunden con las leyendas de los hombres-lobo. Al igual que éstos, los vampiros tienen el poder de metamorfosearse, siendo capaces de transformarse en animales. Originalmente se transformaban en búhos, gatos, perros y principalmente lobos. En muchos cuentos, los vampiros, no sólo se transforman en lobos sino que dirigen manadas de estos animales, tal como en el caso del conde Drácula que tuvo una manada de lobos a su mando.

Para algunos, los vampiros son muertos a los que se les ha introducido un espíritu maligno. Poseen poderes hipnóticos y son capaces de poner a su víctima en trance, como si durmiera. Para otros, se trata de espectros de excomulgados que se aparecen en la noche. Para sustentarse necesitan alimentarse del más vital de los líquidos: la sangre.

Para librarse de la funesta influencia de los vampiros, el único método eficaz es desenterrar el cuerpo del espectro, hundirle una estaca en el corazón, y quemar los restos ensangrentados del cadáver hasta reducirlos a cenizas, después de haber recitado sobre él algunas oraciones.

Parece ser que la palabra “vampiro” es de origen húngaro (vampir) y que se incorporó a la lengua inglesa en 1743.

En toda Europa central existen tradiciones sobre los vampiros. En Polonia se les llama “Upiros”. Los griegos los conocen como “Brucolacos” o “Vroucolaques”. León Allatius escribía en el siglo XVI sobre estos monstruos asegurando que si un brucolaco llama a una persona y ésta contesta, muere al cabo de algunos días. Paul Ricaut, que viajó por Levante en el siglo XVII, añade que los turcos temen tanto como los griegos a los brucolacos. Los rumanos hablan de los muertos que abandonan su tumba para chupar sangre y los designan con los nombres de “Strigoiu” y “Moroiu”. Los romanos los llamaban “Striges” y los describían como unas aves nocturnas que robaban niños y les chupaban la sangre. Más tarde se dio este nombre a las brujas que, durante la noche, hacían uso de sus maleficios. Estas Striges son las mismas “Empusas” de los griegos.

Petronio (siglo I) en El Satiricón pone las siguientes palabras en boca de Trimalción:

“En el tiempo en que todavía tenía pelo largo, pues desde niño llevé vida de sibarita, se murió el favorito de mi amo, por Hércules, una alhaja de chiquillo, perfecto en todo. Estaba su pobre madre llorándolo, y todos nosotros con ella acompañándola en su duelo, cuando de pronto, las estriges se pusieron a aullar de manera inimaginable; hubiérase dicho que se trataba de un perro persiguiendo a una libre. A la sazón vivía con nosotros un tipo de Capadocia, grandote, de muchas agallas que no tenía miedo a nada ni a nadie y que tenía fuerza para levantar en vilo a un buey enfurecido. Nuestro hombre desenvainó la espada al oír los aullidos y, después de liarse el manto al brazo izquierdo, salió como un rayo y atravesó a la primera bruja que halló al paso, como por aquí (salva me sea esta parte). Oímos un gemido angustioso; pero, si he de decir verdad, a las estriges no las vimos. Nuestro mozo volvió a la habitación y se dejó caer sobre un lecho. Tenía todo su cuerpo amoratado, como si le hubiesen apaleado, y era que le había tocado la mano maléfica. Nosotros cerramos bien la puerta y volvimos nuevamente a nuestra triste misión; pero, cuando la madre, en un transporte de dolor, fue a abrazar el cuerpo de su hijo, sólo halló un muñeco relleno de paja. No tenía corazón, ni entrañas, ni nada. Las brujas habían robado a la pobre criatura y habían puesto en su lugar aquel monigote de paja. Por favor, debéis creerme, hay mujeres sabihondas, hay hechiceras nocturnas, que ponen boca abajo lo que está boca arriba. En cuanto a nuestro capadocio, después de este suceso nunca más recobró su color normal; es más, poco después moría como un loco furioso”[1].

Fuera de Europa existen tradiciones vampirescas, como la de las brujas mexicanas que se “chupan a los niños”. Del otro lado del mundo, los habitantes de la pequeña isla de Cagayan Sulu, en el archipiélago de las Filipinas, hablan de los berbalangos[2]. También en la literatura árabe encontramos vampiros llamados Golos, Gul, Algol o Lamias. En Las mil y una noches[3] (episodio correspondiente a la noche 538) se cuenta cómo un algol con apariencia de carnero blanco, trata de devorar a la hermosa Dalal. La desdichada invoca a una santa musulmana, quien envía en su ayuda a una genio, que acepta salvarla a cambio de un beso. Esta extraña historia de vampirismo y lesbianismo termina cuando la genio mata al algol de un puntapié en los testículos.

EL MURCIÉLAGO VAMPIRO

Como decíamos más arriba, los vampiros tenían el poder de metamorfosearse en animales. Lo curioso es que no fue sino hasta principios del siglo XX en que se habló de transformaciones a murciélago. La razón era que no fue sino hasta ese entonces cuando algunos centroeuropeos oyeron historias de un mamífero que habitaba las selvas de América. Era un murciélago pequeño y feo, que por las noches se posaba sobre el ganado que dormía, en los borregos o en los hombres, y les chupaba la sangre, y luego se retiraba a las cuevas y lugares oscuros del bosque para descansar y digerir lo comido. La coincidencia con las leyendas era muy buena para dejarla pasar. A ese murciélago se le bautizó como vampiro y las leyendas se ajustaron para que de desde ese entonces en adelante los vampiros se transformaran en murciélago-vampiro.

Los murciélagos-vampiro son mamíferos del orden quiróptero, familias desmodóntidos y filostomáticos. Los verdaderos vampiros pertenecen a la primera familia. Son murciélagos de pequeña talla, sin cola, que viven exclusivamente en América. Están provistos de un par de incisivos que utilizan para practicar pequeños cortes sin producir dolor. Lamen la sangre de la herida (no la succionan por los colmillos como dice la leyenda) y pueden transmitir gérmenes patógenos. Comprenden algunas especies de los géneros Desmodus y Diphylla. El más común es el Desmodus rotundus, de 7 centímetros de longitud, que vive desde México hasta Argentina.

Impropiamente, también se denomina vampiros a otras especies de la familia de los filostomátidos, como el “vampiro espectro” (Vampyrus spectrum) y el “vampiro de hierro (Phyllostomus hastatus), de gran tamaño, aspecto repulsivo y alimentación frugívora, distribuidos por América del Sur.

La costumbre de alimentarse con sangre no es exclusiva de los vampiros. El doctor Hans Banziger, entomólogo suizo que trabajó en Malasia, descubrió una mariposa nocturna que pica la piel y chupa la sangre. Es la Calyptra eustriga que se alimenta con la sangre de búfalos, ciervos, tapires y antílopes que habitan Malasia[4]. Finalmente están las pulgas, piojos, mosquitos, jejenes y otros animales que se alimentan de sangre.

LOS VAMPIROS EN LA LITERATURA

Además de las referencias del Satiricón y Las mil y una noches, existen varias alusiones a los vampiros en diversas obras. Varios autores les han dedicado algunas páginas.

William de Newburgh en su “Historia Rerum Anglicarum” nos cuenta que en 1196, durante el reinado de Ricardo I, apareció un vampiro en el condado de Buckingham:

“Un cierto hombre que murió de muerte natural, estuvo bajo el cuidado de su esposa y recibió las atenciones de su entierro en la víspera del día de la Ascensión”[5].

El vampiro estuvo atormentando a su esposa tratándole de morder el cuello.

“Habiendo sido rechazado por su esposa, procedió de la misma manea para molestar a sus hermanos que vivían en el mismo pueblo”.

Tampoco esta ocasión tuvo suerte. Sus hermanos lo corrieron a palos. San Hugo, obispo de Lincoln, al enterarse de los sucesos escribió una cédula de absolución, misma que le envió al archidiácono Stephen, ordenándole colocarla sobre el pecho del difunto. Hecho esto, el vampiro no volvió a aparecer.

Dos años después, en 1198, ocurrió un hecho similar en el pueblo de Berwick a orillas del río Tweed, en el extremo Norte de Inglaterra. Un hombre que en vida había sido tan malvado como rico se había convertido en vampiro. Atacó a varias mujeres antes de que su cuerpo fuera exhumado, cortado en pedazos y quemado.

La epidemia de peste que azotó al pueblo fue atribuida a la destrucción del vampiro quien así se vengaba de sus enemigos.

Los brotes de peste, crímenes en masa no resueltos y otros sucesos similares, eran a menudo atribuidos a una invasión de vampiros.

Dom Agustín Calmet, benedictino del siglo de las luces que murió en 1757, que era un conocido comentarista de las Sagradas Escrituras, publicó en 1734, en Leipzig, un “Tratado sobre la mordedura y absorción de sangre de los muertos de las tumbas”, al que le siguió su “Traité sur les apparitions des spirits et sur les vampires” y “Vampires de la Hongrie et de ses alentours” y la “Dissertation sur les apparitions des esprits et sur les vampires et revenants”, publicado en dos volúmenes en 1746.[6].

Unos cuarenta años antes, en 1706 Karl F. von Schertz publicó “Magia Póstuma”, en Olmütz. “De masticatione mortuorum in tumulis” (Sobre los muertos que comen en sus tumbas) se debe a la pluma de Miguel Raufft (siglo XVIII).

“Los vampiros –escribía en 1733 John Heinrich Zopftsalen de sus tumbas de noche, atacan a las personas que duermen tranquilamente en sus lechos, les chupan la sangre y los destruyen”.

Otras obras famosas sobre vampiros son la novela de Sheridan Le Fanu, “Carmilla” y las novelas por entregas de Thomas Preskett Prest, “El valle de los vampiros” y principalmente el bestseller “Varney el vampiro o festín de sangre” (868 páginas llenas de truculencias), publicada en 1847.

BRAM STOKER

Ese año de 1847 es muy importante dentro de la historia de los vampiros, pues no solo se publicó la novela de Prest, sino que fue el año del nacimiento del escritor irlandés Bram Stoker, a quien se debe la mayor divulgación de la leyenda de los vampiros a través de su novela “Drácula”.

El origen de la novela fue la amistad entre Stoker y el profesor húngaro Arminius Vambery, de la Universidad de Budapest. Vambery contó a Stoker todo cuanto sabía sobre las leyendas de los vampiros que abundan en los Balcanes. Le contó también sobre el príncipe Vlad Tepes apodado “Draculya” que había vivido en el siglo XV en Transilvania. Este Tepes fue tan famoso por su crueldad que casi todas las historias de vampiros surgieron a partir de él.

Los relatos que le contara Vambery hicieron que Stoker se interesara cada vez más en la historia, folklore, geografía y supersticiones de Transilvania. Se convirtió en un asiduo visitante del Museo Británico en busca de mayor información.

Stoker estaba tan empapado de las leyendas y tradiciones válacas que una noche, después de haber comido mucho, tuvo una terrible pesadilla producto de una mala digestión. En esa pesadilla se reproducían los aspectos generales de lo que más tarde sería la novela. Al despertar sólo tuvo que ordenar sus pensamientos para escribir el clásico y escalofriante libro de Drácula.

El más famoso de los relatos de vampiros fue publicado en 1897. Su autor murió en 1922. De acuerdo con la leyenda, la última palabra que Stoker pronunció fue “Strigoiu”, vampiro en rumano.

EL DRÁCULA HISTÓRICO

Perdido en el corazón de los cárpatos rumanos, el castillo del conde Drácula, en Transilvania, sobre el valle del río Argo, a 160 kilómetros de Bucares, despierta temores y aviva las supersticiones. Allí, en la ciudad de Sighisoara (Scassburg) nació en 1431, Vlad Tepes, segundo hijo de Vlad II “Dracul” (dragón), rey de Valaquia desde 1436, luego de liderar una violenta revuelta[7].

La madre de Vlad Tepes fue la hija del rey de Moldova. Vlad II debía pagar tributo tanto a cristianos como a musulmanes. Por un lado estaba el rey de Hungría, Ladislas Posthumus, y el voivoda de Transilvania (Juan Hunyadi), y por el otro el sultán Murad II. En 1442 los trucos invadieron Transilvania y Vlad II permaneció neutral. Al termino de la guerra los húngaros lo acusaron de traición y lo expulsaron de Valaquia. Vlad II pidió apoyo a los turcos para recuperar su territorio. Luego de ser reinstalado tuvo que pagar un alto precio: debía enviar diversos contingentes de jóvenes para que pasaran a formar parte de las tropas de jenízaros de Murad II, y entregar como rehenes a sus dos hijos: Vlad y Radu Tepes. Fue así como su padre lo entregó a los turcos como tributo, y fueron ellos quienes enseñaron al niño todas las técnicas de la tortura[8].

En 1444 Ladislas decide reunir todas sus fuerzas para expulsar a los turcos de Europa. Le ordena a Vlad II que prepare sus ejércitos. Como sus hijos aún se encontraban en Adrianópolis, en poder de los musulmanes, Vlad II envía a su primogénito Mircea Tepes, mientras él permanece en su castillo. La empresa resulta en fracaso y Hunyadi acusa a Vlad y Mircea de los resultados. Los boyardos (nobles rumanos) derrocan a Vlad y lo ejecutan junto a su hijo Mircea. Sube al trono el voivoda Vadislao II, apoyado por Hunyadi. Los musulmanes quisieron imponer a Vlad Tepes “Draculea” o “Draculya” (hijo de Drácula o hijo del Dragón), apoyándolo para que recuperara el trono; pero Draculya huyó y se dirigió a Hungría para pedirle ayuda al rey Ladislas. Mientras tanto, Vadislao II, comienza a tener una política de acercamiento a los turcos, por lo que Ladislas apoya a Draculya para que recupere el trono de su padre. A la muerte de Hunyadi, durante la batalla de Belgrado, en 1456, Draculya, que entonces tiene 25 años, llega finalmente al trono de Valaquia.

Su primer acto público consistió en ofrecer un banquete a los boyardos. Se dice que estando en los postres los mandó empalar para colgarlos después alrededor del castillo de Trigoviste. Con eso evitaba cualquier futura disputa al trono. Desde entonces se le apodó como “El Empalador”.

El empalamiento consistía en atravesar los cuerpos de las víctimas en diferentes partes, principalmente el corazón. Lo que también era común era forzar a que las víctimas abrieran las piernas, con la ayuda de caballos, para poder empalarlos. Vlad sentía una morbosa atracción por los moribundos. Atravesaba con una estaca a sus enemigos para torturarlos hasta morir.

Guy de Bechtel y Jean-Claude Carrière escriben sobre este asunto[9]:

“Hizo cortar en trozos a los prisioneros, hervir juntos a madres e hijos… Practicó todas las torturas clásicas de su tiempo: hacer que los caballos tiraran de los miembros de las víctimas, cremarlas, privarlas de agua, poner sal en sus heridas, arrancarles las uñas…”

Hubo varios levantamientos en contra del tirano. Uno de ellos fue dirigido por Dan III (Dan-Ciul), pero el mismo Draculya lo decapitó y la aldea de Almas, que había sido el refugio de Dan, fue borrada del mapa y todos sus habitantes empalados.

En una ocasión, cuando varios embajadores turcos lo visitaron y se negaron a quitarse el turbante como señal de respeto; Draculya ordenó a sus soldados que clavaran los sombreros en las cabezas de los turcos para que jamás se los pudieran quitar.

Trató de reunir a todos los gitanos que vivían en sus dominios. Logró capturar a trescientos. Seleccionó a tres y los asó vivos. A los demás les dio a escoger entre comérselos o enrolarse en su ejército.

En otra ocasión invitó a todos los enfermos y pobres de su feudo a un banquete únicamente para prenderle fuego al comedor con ellos en el interior. De esa manera se aseguraba la erradicación total de la pobreza en su reino.

Tal era el terror que su pueblo tenía por Vlad III que una taza de oro que mandó colocar en la plaza central de Tagorviste, nunca fue ni siquiera tacada durante el periodo de su reinado.

Otra anécdota muy parecida cuenta que un vendedor trashumante, conociendo la fama de honestos de los habitantes de Tagorviste, dejó sin descargar su carreta. Al día siguiente descubrió que le faltaban 150 ducados. Rápidamente fue a poner su queja con Draculya. El Empalador le ofreció su castillo para que pasara la noche, mientras se hacían las investigaciones. Mandó anunciar que, en caso de que no aparecieran los 150 ducados arrasaría con todo el pueblo y empalaría a todos sus habitantes.

Por otro lado ordenó a uno de sus sirvientes que colocara 150 ducados en el carro de mercancías. Al día siguiente el vendedor encontró dos bultos con 150 ducados cada uno. Lo informó a Vlad III, quien ya había capturado al ladrón y se disponía a empalarlo. Cuando ya estaba en la estaca, se lo señaló al vendedor y le dijo que de no haber informado sobre la cantidad extra, en ese mismo momento estaría haciéndole compañía al ladrón.

Después de la victoria de Brasov, mandó empalar a docenas de nobles de la ciudad. Luego ordenó un banquete en medio del bosque de empalados. Uno de los boyardos invitados a la comida se tapaba la nariz para no inhalar el repulsivo olor. Vlad III pensó que esa era una delicadeza inadmisible en un militar, por lo que ordenó se le empalara en una estaca más alta, donde no llegaran los olores.

Se cuenta que a lo largo de seis leguas había constantemente dos hileras de estacas con húngaros, moldavos y válacos. Era el llamado “bosque de los empalados”. Draculya acostumbraba comer en medio del “bosque”[10]. Esta escena fue inmortalizada en un grabado alemán del siglo XVI.

EL REINADO DE DRACULYA

Cierta vez que vio en sus campos a uno de sus súbditos que vestía un caftán que le quedaba muy corto, ordenó traer al campesino y a su mujer. A ella le recriminó el no atender bien a su marido; aunque él le dijo que estaba contento con el trabajo de su esposa, Vlad III la mandó empalar mientras le proporcionaba otra mujer, no sin antes aclararle que debía ser más diligente o de lo contrario sufriría la misma suerte que su antecesora.

Vlad Tepes, además de todos sus otros “atributos”, era misógino. Empalaba a las mujeres adúlteras, no sin antes amputarles los senos y los genitales. Si las mujeres tenían hijos, éstos acompañaban a sus madres: no quería tener problemas de venganzas en el futuro. Desconozco si tenía algún castigo para los hombres adúlteros. Tal vez porqué él mismo era un adúltero. Tenía una amante en las afueras de Targoviste. No se sabe qué motivo a esta mujer a decirle que esperaba un hijo suyo. Draculya envió a las comadronas para que la revisaran. No encontraron ningún síntoma de embarazo. Entonces el propio Draculya tomó un cuchillo y se lo introdujo desde la vagina hasta la parte superior del pecho para cerciorarse del embarazo. Al no encontrar nada, dejó a la pobre mujer gritando de agonía.

En 1462 un poderoso ejército turco fue testigo de una de las más feroces carnicerías de Draculya. Más de veinte mil súbditos fueron empalados ante sus atónitos ojos. Era su mayor prueba de crueldad y sadismo. En una crónica contemporánea podemos leer:

“El ejército del sultán se encontró con un inmenso campo de estacas, muy largo y muy ancho, en el que podían verse unos veinte mil cuerpos empalados de hombres, mujeres y niños”.

Se calcula que Draculya mató a unas cien mil personas durante su reinado de terror[11]. Cuando Matías Corvino, hijo de Hunyadi, subió al trono de Hungría, Vlad solicitó su ayuda para combatir a los turcos. Envió una carta y un paquete. En la carta dirigida a Matías, Vlad III escribe:

“He matado a hombres y mujeres, a viejos y jóvenes, desde Oblucitza y Novoselo, donde el Danubio entra en el mar, hasta Samovit y Ghigen. Hemos matado a 23,884 turcos y búlgaros, sin contar aquellos a los que quemamos en sus casas, o cuyas cabezas no fueron cortadas por nuestros soldados…; 1,350 en Novoselo, 6,840 en Silistria, 343 en Orsova, 840 en Vectrem, 630 en Tutrakan, 210 en Marotim, 6,414 en Giurgiu, 343 en Turnu, 410 en Sistov, 1,138 en Nicópilis, 1,460 en Rahovo…”

En el paquete se encontraban varias cabezas, narices y orejas, de turcos asesinados por sus tropas. Era la prueba de lo que afirmaba.

A la muerte de su esposa, Draculya se casó con la hermana de Corvino. En 1476 su hermano Radu se alió a los turcos para tratar de arrebatarle el trono, pero fue asesinado por los húngaros. Vlad se enfrento al sultán Mehmet II. Dice una crónica de Eslavonia que durante una batalla a las afueras de Bucarest:

“Su ejército había hecho una carnicería con las tropas turcas. Draculya se dirigió al campo de batalla para ver cómo se retorcían de dolor sus enemigos. Alejado de sus hombres y amigos, uno de sus propios soldados lo tomó por un turco y lo hirió con una lanza. Él logró defenderse pero fue rematado por varios de sus soldados”.

Al término de la batalla, los turcos recuperaron el cadáver. El sultán ordenó que lo decapitaran. Su cabeza fue llevada a Constantinopla por uno de los turcos victoriosos. El cuerpo ensangrentado de Draculya, destrozado y sin cabeza, fue descubierto por unos monjes del monasterio de Snagov, una isla cercana a Bucarest, y secretamente enterrado en la cripta frente al altar de la iglesia principal. Estos cuidados se debían a que, paradójicamente, este monstruo sádico y engendro de crueldad era profundamente religioso y había mandado construir muchas iglesias y monasterios, entre otros el de Tismania y el de Snagov.

Los campesinos que lo odiaban, y que lo consideraban como el dios-vampiro de las viejas leyendas magiares, acudieron a su tumba para vengarse en los restos de todas las crueldades recibidas. Exhumaron el cuerpo de Draculya y al igual que él siguieron su costumbre y lo empalaron: le clavaron una estaca en el corazón (curiosa manera de decir “ojo por ojo…”). Sus restos fueron quemados y su cenizas arrojadas al pantano. De aquí es de donde parten los ritos para destruir a los vampiros.


[1] Petronio, Satiricón, Editorial Origen, S. A. y Editorial OMGSA, S. A., Colección Historia Universal de la Literatura, No. 47, México, 1984.[2] Arteaga Federico, Los vampiros reales de Filipinas, Duda, No. 565, México, 28 de abril de 1982, Págs. 2-4.

[3] Anónimo, Las mil y una noches, Editorial Porrúa, S. A., Colección Sepan Cuantos, No. 136, México, 1971.

[4] Banziger Hans, Nocturnal vampire-butterfly, Journal of Edmonton, Canada, 13 de diciembre de 1968.

[5] 29 de mayo.

[6] Citado por Keller Werner, Ayer era milagro, Editorial Bruguera, S. A., Barcelona, 1974.

[7] Vignati Alejandro, Drácula: el otro conde, Mundo desconocido, No. 3, Barcelona, agosto de 1976.

[8] Cevallos Edgar, Historia universal de la tortura, Editorial Posada, Colección DUDA, no. 10, México, 1972.

[9] De Bechtel Guy & Carrière Jean-Claude, Le livre des Bizarres, Robert Laffont, paris, 1991.

[10] Chávez Peón Luis, ¿Existió realmente Drácula el hombre vampiro?, Duda, No. 288, México, 5 de enero de 1977, Págs. 1-22.

[11] Cevallos Edgar, Vampiros vivos y vampiros muertos, Editorial Posada, Colección Duda, No. 13, México, 1972.