Otro "chupacabras". Esta vez en Alburquerque

Extraña criatura evoca al chupacabras

Noviembre 9, 2007

ALBUQUERQUE – Para los creyentes entre ustedes, chupacabras es la misteriosa criatura que ataca y se dice que chupa la sangre de cabras y otros animales de granja.

Las descripciones han variado mucho desde el primer avistamiento informado hace casi 20 años en Puerto Rico.

Desde entonces, han sido reportados en varias partes de América Latina, México, los Estados Unidos, incluso Rusia y, ahora, quizá, también en Alburquerque.

Un misterioso animal ha estado acechando en las calles de una subdivisión noroeste de Alburquerque, y ha sido muy difícil para las personas que viven allí averiguar lo que es.

La zona se encuentra muy cerca de Coors Boulevard NW al sur de Learning Road cerca de Bosque School.

Algunas personas se apresuraron a identificar al animal, pero otros no están tan seguros.

“Su cola es muy ligera y delgada”, dijo Wendy Kalberg a KRQE News 13. “Pienso que es como nada que hubiera visto”.

“Es un animal extraño, y sólo quiero saber lo que es”.

Es un animal que es muy difícil de reconocer, Kalberg y su vecina, a quien llamaremos Mary, sólo pueden hacer conjeturas.

“Es que esas orejas son tan extrañas”, dice Mary.

El animal fue descubierto a principios de septiembre en la subdivisión de La Luz justo fuera de Coors.

Mary tenía una cámara cuando vio de nuevo el animal alrededor de una semana más tarde.

“Parece que alguien pensó que el animal que fue muerto en Texas era un chupacabras”, dijo.

Los informes de noticias de Texas describen un animal que Phyllis Canion dijo había estado acechando alrededor de su rancho durante años.

“Las abría, les sacaba la cabeza”, comentó a un reportero. “Chupaba la sangre de los pollos, los dejaba secos en la jaula”.

Hemos venido siguiendo la historia de Texas desde finales de julio, desde que Canion, quien tiene un rancho al sureste de San Antonio, mostró el cuerpo de un animal que no pudo identificar.

Los expertos en animales de Texas primero dijeron que era un zorro gris, pero Canion insistió en que era algo más.

Las pruebas de ADN revelaron la semana pasada que el animal era sólo un coyote con sarna.

Pero ¿qué pasa con el animal de aquí?

“Él estaba de aproximadamente a 10 pies de distancia, y detuve el coche y comencé a tomar fotografías”, dice Mary.

“Tiene llagas o cicatrices”, añadió Kalberg. “Hemos enviado las imágenes al zoológico”.

Los funcionarios del zoológico se apresuraron a echar un vistazo.

¿Qué mejor lugar para enviar las fotos que el zoológico de Rio Grande? Pero el director del zoológico y antiguo curador de mamíferos Rick Janser dijo que cuando vio por primera vez las fotos, tampoco supo lo que era el animal.

“Esto es aterrador”, dijo Janser. “Esto me recuerda el personaje de un Hombre-Lobo Americano en Londres”.

“Definitivamente extraño. Realmente un hocico alargado y puntiagudo.

Las largas orejas, la falta de pelo, la piel de color extraño.

Janser no sabía exactamente qué era. Él sospechaba que era una especie de perro, y dijo que él tenía razón.

“Se verificó, y es una raza criada específicamente en México”, dijo a KRQE News 13.

Janser dijo que el zoológico está 95 por ciento seguro de que el animal que asombró a Kalberg y su vecina es un Xolotzcuintli.

“Es una especie de Xolo que en malas condiciones”, dijo Janser. “Si lo veo en la noche a la luz de la luna, me iría a otro lado”.

Janser dijo que él no culpa Kalberg y Mary por ser tan curiosas e interesadas.

El animal ha hecho que investiguen y hagan muchas preguntas.

“También he leído acerca de esa criatura de Texas”, dijo Kalberg. “Todo el mundo que la ha visto ha dicho, ‘¿Se trata de un chupacabras?’”

Kalberg dijo que aún no creen que existe el chupacabras, pero su vecina no está tan segura.

“Desde el momento en que leemos las descripciones del chupacabras y qué tan vicioso es, dejamos de caminar”, dice Mary. “No me importa lo que la gente piensa que es.

“Ahora que tenemos imágenes del mismo pueden tomar sus propias conclusiones”.

Los oficiales de control de animales de Alburquerque están conscientes del misterioso animal.

Pero, a diferencia del zoológico, su mejor estimación es que simplemente es otro coyote con sarna.

A pesar de todos los avistamientos, los animales y los científicos expertos insisten en que el chupacabras es sólo una leyenda.

Reportero: Tim Maestas

http://www.krqe.com/Global/story.asp?S=7334863

No entiendo esta fascinación de los gringos por el chupacabras. Creo que no hay que ser experto para vr que se trata de un perro enfermo y sucio. Pero está peor la ufóloga mexicana Rossana Tejeda López, quien dijo que los resultados obtenidos en la prueba de ADN del «chupacabras» de Cuero eran falsos y con eso trataban de engañar a la gente.

Esta señora realmente es un caso patético.

Preguntas y respuestas del NASA Astrobiology Institute

Pregunta:

Millones de los denominados expertos (que no están de acuerdo en que estamos siendo visitados por extraterrestres y ovnis) no pueden ser expertos en algo que ellos no han estudiado de forma exhaustiva y en serio, ya que no se puede probar una negativa. Si bien los expertos son, sin duda, afortunados por haber obtenido altos niveles de logros académicos, me parece lamentable que la inteligencia de este país este tan ansiosa de pasar por alto esta importante cuestión como la vida extraterrestre. Y más en concreto, sus visitas a la tierra como se ha visto y / o informado por millones de personas, incluyendo militares altamente capacitados, pilotos, personal de seguridad de alto nivel nacional, etc.

Respuesta:

La denominada evidencia de ovnis y de las visitas de extraterrestres es débil y poco convincente para un científico. Tal vez usted cree que estas cosas porque quiere, pero los científicos están entrenados para buscar pruebas. Es fácil ver qué tan débiles son las pruebas para los ovnis cuando las comparamos con otras cosas que cada vez son mejor documentadas. Por ejemplo, la proliferación de cámaras de vídeo hogareñas ha dado lugar a excelentes imágenes de tornados que ahora vemos con frecuencia en la televisión, algo inaudito 25 años atrás – pero no ha habido un flujo comparable de buenos videos de ovnis o extraterrestres. También ahora se han automatizado millones de cámaras de vídeo para sistemas de seguridad, y estas algunas veces registran meteoros brillantes – pero no ovnis. También hay varios cientos de miles de astrónomos aficionados que miran el cielo de la noche, y tienen un tremendo registro de cometas y novas y todo lo que cambia (como el notable estallido del muy débil cometa Holmes hace dos semanas) – pero nunca reportan ovnis. Esto son pruebas bastante concluyentes contra los ovnis, a menos que esté tan enamorado de la idea de las visitas de extraterrestres que en su opinión estos extraterrestres están evitando cuidadosamente a todos los astrónomos aficionados, las personas con cámaras de vídeo, los sistemas de video de seguridad.

David Morrison

http://nai.arc.nasa.gov/astrobio/astrobio_detail.cfm?ID=2545

Estatuillas Dogu: ¿Jomon Jedi?

ESTATUILLAS DOGU: ¿JOMON JEDI?

Kentaro Mori

Mucho antes de la invención de la agricultura o la domesticación de los animales, los japoneses ya vivían en aldeas y cocinaban sus alimentos en ollas. Diez mil años antes de la era cristiana, posiblemente antes, los habitantes del archipiélago oriental habían desarrollado el arte de la cerámica, que sólo surgiría en la “Horquilla de la civilización”, al Oeste de Asia, tres mil años después. Motivo para decir “¡Banzai!” –que significa justamente “diez mil años”. Tales cerámicas antiquísimas marcan el Jomon Jidai, una clasificación propia de la arqueología nipona: Jomon (léase “djoumón”), “estándar de cuerda”; y jidai (“djidái”), periodo o era.

La palabra Jidai se haría más conocida en una corrupción creada por el cineasta George Lucas, en la serie Star Wars. Con sus caballeros espaciales de rígidos códigos de honor, Lucas se inspiró en los “jidai geki”, romances de época japoneses que hablaban de los samurais. De ahí sus caballeros Jedi.

Nuestro interés aquí es algo que de forma semejante une la prehistoria japonesa a la fantasía espacial moderna. Más allá de vasos, los artefactos de cerámica Jomon Jidai incluyen algunas estatuillas, llamadas Dogu (“estatuas de barro”). De apariencia enigmática, altamente estilizadas, algunas de ellas posteriormente fueron entendidas por algunos como “escafandras espaciales”, pruebas de contactos con seres extraterrestres en la Antigüedad. Eran los adoradores de los Dioses Astronautas.

ESCAFANDRAS

La idea de dioses astronautas antecede en décadas a su más conocido promotor, el hotelero suizo Erich von Däniken. Podemos localizar la asociación de las estatuillas Dogu japonesas con “escafandras espaciales” en fechas más tempranas en un artículo de Viatcheslaw Zaitsev publicado en la revista soviética Spoutnik en junio de 1967. Ese artículo es también el origen del fraude de la figura rupestre de “Fergana” y también uno de los principales vehículos en la génesis de la leyenda de los “Dropas”.

Curiosamente, los trajes espaciales reales nunca fueron muy semejantes a las estatuillas Dogu. Construidos de partes flexibles, como una ropa de muchas capas, no se parecen a las formas aparentemente rígidas y redondas que pueden ser vistas en las estatuillas japonesas. Las ropas de astronauta que conocemos tienen algo muy común: dobleces y pliegues.

Trajes Gemini, Apollo y del autobús espacial

Todavía más curioso es que los trajes espaciales futuros bien pueden volverse más semejantes a las figuras de barro de miles de años. Ese cambio no es solamente estético. Los trajes del futuro pueden tener revestimientos completamente rígidos, de articulaciones sofisticadas, garantizando una mayor protección para los hombres y mujeres que pisarán Marte. Son efectivamente armaduras. La semejanza entre tales conceptos de trajes y las figuras japonesas es notable, considerando que el prototipo AX-5 fue realizado en 1985, décadas después del artículo de Zaitsev.

Prototipos de trajes espaciales rígidos y Traje de buzo rígido para grandes profundidades (JIM, Newtsuit)

Trajes por trajes, y hablando de escafandras, los trajes de buzo rígidos para grandes profundidades también son muy similares a las estatuillas Dogu. De la misma forma que los trajes espaciales rígidos, las formas redondas no son arbitrarias. Como deben soportar grandes presiones, el uso de formas esféricas capaces de distribuir mejor la presión es una solución de ingeniería. El diseño de las juntas articuladas también explica la apariencia peculiar de tales armaduras.

Antes de buscar respuestas en el espacio o en el océano profundo, sin embargo, será sensato buscarlas con las personas que moldearon tales estatuillas, los Jomonjin.

CABELLO Y TATUAJES

No se sabe tanto como se quisiera sobre los Jomonjin, el pueblo Jomon. Aunque sabemos que usaban un peinado parecido al de la princesa Léia de Star Wars (¿o será lo contrario?), no sabemos exactamente para qué servían las estatuillas Dogu, por qué motivo eran fabricadas o lo que representaban. Pero tenemos buenas pistas.

Imagen de la princesa Léia y de Jomonjins

Una ojeada a la variedad de estatuillas Dogu basta para que se comprenda que no son representaciones naturales. Podemos ver toda una continuidad de representaciones, desde la figura más fiel a la imagen humana, hasta la más estilizada, de proporciones alteradas y formas geométricas.

Serie de imágenes de estatuillas Dogu

Podríamos terminar nuestro texto aquí, pero entender que son estilizaciones no significa que no correspondan a algo real. ¡Podemos estar razonablemente seguros de que representaban figuras humanas! Y, aunque están modificados, diversos otros elementos también pueden ser identificados con alguna seguridad.

La característica más trivial de las estatuillas es que representan claramente pezones, senos. El lector puede dar un segundo vistazo a las estatuillas, en caso de que no halla percibido los senos de inicio: están siempre ahí. Combinándolos con la forma estilizada, aparentemente de pelvis larga y formas redondas, la interpretación común es que las estatuillas tenían relación con un culto de fertilidad. En otras palabras, no serían extraterrestres, y sí grandes matronas.

Estas otras estatuillas Jomon son más evidentes como objetos de culto a la fertilidad. La “Venus” de la derecha es especialmente bella.

Las estatuillas poseen también intrincados patrones que cubren el cuerpo. Tal vez representan los patrones usados en las ropas de la época, pero tal interpretación parece tener conflicto con los senos expuestos. Nuevamente, aquí podemos recordar la estilización, pero otra posibilidad es que tales patrones también representen nada menos que tatuajes. Principalmente sobre el rostro de las figuras, los patrones podrían indicar el estilo de tatuajes usados por los Jomonjin.

Trajes Jomon y tatuajes Maori

La sugerencia puede sorprender, pero que sean representaciones de tatuajes es tal vez una de las más sólidas interpretaciones al respecto de las estatuillas. La más antigua referencia conocida del Japón, un manuscrito chino del siglo III, Gishiwaiinden, habla de los “hombres de Wa”.

“Los hombres de Wa tatúan sus caras y pintan sus cuerpos con patrones. Ellos aprecian bucear en busca de peces y conchas. Hace mucho que decoran sus cuerpos para protegerse de los peces grandes. Posteriormente tales diseños se convirtieron en ornamentales. La pintura corporal varía entre las grandes tribus. La posición y tamaño de los diseños es diferente de acuerdo con el status de los individuos”.

La tierra de “Wa” es el Japón. Se debe recordar aquí que los “hombres de Wa” no son el mismo pueblo que hoy conocemos como japonés, en donde el tatuaje adquirió otros significados y usos. Pero ese estilo de tatuaje tribal continuaría en otros pueblos del Pacífico, como los Maori de Nueva Zelanda. Las marcas faciales de las estatuillas Dogu que todavía son practicadas por tales comunidades fueron tema de un estudio realizado por Jun Takayama en 1969, que concluyó que las marcas Dogu realmente deberían ser tatuajes.

Y si todavía queda alguna duda, tal vez la siguiente imagen de otra figura de barro del periodo Jomon la lance a los confines del espacio.

Cara de barro Jomon

¿LENTES DE SOL?

El aspecto más intrigante de las estatuillas son sus grandes ojos de apariencia peculiar. La interpretación común para lo que tales ojos representan es sensacional: serían lentes de sol. De hecho, las estatuillas Dogu que abordamos en este texto son una categoría especial de estatuillas llamadas formalmente en la arqueología “Shakkoki Dogu”, o “¡estatuillas de barro con lentes de sol!”.

No son lentes o visores como los que conocemos, ciertamente. La interpretación se basa en los lentes de sol primitivos, como los usados por los esquimales Inuit. Son visores opacos, con una abertura en forma de una estrecha línea horizontal.

Equimal con visor

Esos visores funcionan bien al limitar la cantidad de luz que llega a los ojos, como todos hacemos instintivamente al cerrarlos cuando somos cegados. Pueden no ser muy sofisticados, pero tampoco nunca se empañan. A los esquimales, y se sugiere, también los Jomonjin, tales lentes de sol son necesarios en los grandes paisajes cubiertos de nieve blanca reflejando la luz solar. Sin tal protección, una persona podría ser afligida por ceguera temporal.

Los Inuit poseen tales visores, y es evidente que se parecen mucho a los ojos de las estatuillas Dogu. La interpretación, sin embargo, no es definitiva. ¿O qué pensar de las estatuillas de arcilla de Santarém, en la Amazonia?

Estatuillas de Santarém

Denominadas de cerámica inciso punteada, pueden datar de hasta dos mil años atrás. Sabemos todavía menos del pueblo de Santarém, pero la figura femenina, con las manos sobre el vientre y la representación peculiar de los ojos, ya debe ser familiar.

La primera idea que puede venir a la mente sería una vinculación directa entre las estatuillas japonesas y las amazónicas. Pero parece extraña cuando observamos con más atención una de las piezas más famosas de la arqueología del siglo XX, la máscara de Agamenon, recuperada por Schliever en lo que antes había sido la ciudad de Troya.

Máscara de Agamenon y máscaras africana

Nótese que los ojos, aunque no tan grandes, poseen el mismo estilo, parecido con a una semilla de café. Las otras máscaras de oro Micenas encontradas por Schliever tienen los ojos representados de la misma forma.

En verdad, se puede encontrar piezas de arte por casi todo el mundo poseyendo representaciones de ojos en este estilo peculiar. Aunque haya quien defienda la hipótesis de “ultra difusión”, según la cual hace miles de años ya había un intercambio cultural intenso en escala planetaria, la interpretación más común es que son estilos que surgieron de forma independiente. Cada uno de ellos puede ser rastreado en su evolución, y representar ojos cerrados de esa forma tal vez no sea tan especial.

BOTONES DE CONTROL

Objetos de culto a la fertilidad, tatuajes, ropas, lentes de sol, ojos cerrados, pasando por Troya y yendo hasta los extraños peinados de una galaxia muy distante, entre todas las incertidumbres la mayor conclusión que se puede sacar es que los artistas Jomon que criaron las estatuillas Dogu hace miles de años son los verdaderos merecedores de adoración.

Su arte instiga al sofisticado hombre moderno a todo tipo de especulación, llegando lo mismo a seres extraterrestres, especulación que en la opinión de este autor, parece la menos imaginativa de todas. Aunque sea la más divertida. Las palabras muy sobrias de un defensor de la idea de los dioses astronautas, “no son senos, son botones de control”.

Banzai

Bibliografia

«Dogu no Nazo», Shinji Kawasaki, capa, 103, 199, 200-201, 217, ano: 1975

«Deuses, Espaçonaves e Terra» (Beweise), Erich von Däniken, Melhoramentos, p. 126, ano: 1977

«Oomukashi no Seikatsu», Yuzo Sugimura, p. 108, ano: 1951

«Gendai Shinhyakajiten» (Enciclopédia contemporânea), Gakken, p. 375, ano: 1968

«Os primeiros habitantes do Brasil», Atual Editora, Norberto L. Guarinello, pp 28-29, ano: 1994

Olavarría (BA): A los tiros contra un ovni (Final)

OLAVARRíA (BA): A LOS TIROS CONTRA UN OVNI

Roberto Banchs

UNA CARTA DEL DIRECTOR DE “EL POPULAR”

Sin disponer de suficiente información, a principios de 1988 fuimos a Olavarría en búsqueda de mayores datos, los cuales -confiábamos- irían de iniciarse en el diario local. La ausencia de su director, en ésta, frustró nuestro propósito ante el posible recelo o desidia de quienes lo reemplazaban en esos momentos, motivo por el que debimos posponer dicha tentativa. Le siguió un llamado telefónico y la invitación de uno de los jefes de Redacción, Ernesto Ducuing, para que concurriéramos al diario a fin de brindamos la colaboración requerida. Hecho que no fue necesario en virtud de la gentileza del director, Julio Mario Pagano, quien el 2 de marzo de 1988 nos remitiera una extensa carta, de la que extraemos lo siguiente:

“En el caso sucedido en terrenos de jurisdicción militar (un amplio predio ocupado a escasos 2,5 Km. del centro de la ciudad, entre el camino vecinal que une a la locali­dad de Sierra Chica y el arroyo Tapalqué), las autoridades militares de aquel entonces (el jefe del Regimiento 2 de Caballería de Tanques Blindados 2 “Lanceros Gral. Paz”, era el teniente coronel Luis Máximo Premoli (VER FOTO), y el jefe del Escuadrón de Ingenieros Blindados I, era el mayor Tatavito) se negaron terminantemente a suministrar detalles so­bre lo acontecido, escudándose en el secreto militar. No obstante eso, pudo saberse (en ese entonces un fotógrafo de El Popular, Miguel Ángel Di Guilmi (h) estaba cumpliendo con el servicio militar en la citada guarnición) que algo raro sucedió. Y tanto fue así que se instruyó un sumario, también con carácter secreto donde constarían las declaraciones de los soldados que abrieron fuego contra algo desconocido. Y -según esos testimonios- ese algo (presumiblemente un ser con traje muy luminoso) lo­gró paralizar al cabo y a los dos o tres soldados que intentaban disparar sus ametralladoras livianas contra el extraño ser.

“Tal como usted podrá enterarse leyendo las crónicas respectivas, los oficiales de mayor graduación evitaron la requisitoria periodística y hasta el segundo jefe (mayor Julio César Cattani) intentó desmentir nuestra información con un comunicado. Dicho comunicado, que fue publicado por El Popular el 22 de julio de 1968 (6), en una nota que lleva sello del Ejército Argentino -C. 2-, pero sin firma, expresa lo siguiente:

Luis Máximo Premoli

“Con relación a los hechos supuestamente ocurridos en jurisdicción de Guarnición Militar Olavarría, cuyas versiones fueron publicadas por órganos periodísticos de la localidad, el Jefe de la Guarnición Militar Olavarría comunica a la opinión pública: l°) Que la autoridad militar a cargo de la Guarnición en ausencia de su jefe natural en ningún momento tuvo conocimiento de la requisitoria periodística a que se hace alusión en un matutino; 2°) Que los hechos mencionados han sido objeto de la investiga­ción correspondiente sin que exista el más mínimo indicio que hagan verosímiles las versiones publicadas respecto de un ovni y seres extraterrestres; 3°) Que esta Guarnición militar, acorde con su conducta habitual, mantendrá informada a la opinión públi­ca de todo asunto de interés rechazando la difusión de versiones alarmistas que aten­ten contra la tranquilidad de la población y la seriedad del Ejército.

“Al final de dicha nota El Popular agregaba la siguiente Nota de Redacción: El matutino que alude el comunicado en el apartado l° es evidente, El Popular. Podrá ser exacto que la autoridad militar no tuvo conocimiento de la requisitoria periodística; pero es absolutamente cierto que tal requisitoria existió, aunque -como se dejó aclarado en la información aludida- los principales jefes de la Guarnición no fueron localizados por el cronista -como se explica más abajo-.

“Como cuadraba en una emergencia como la relatada se procuró obtener una versión oficial y directa, lo que no pudo lograrse, por lo que recurrimos a la versión extrao­ficial: la obligación informativa así lo aconsejaba.

“En cuanto a los seres extraterrestres, en la información de El Popular no se habló de tal cosa: simplemente, la versión -redactada en forma condicional- aludía a extraños seres.

Vista desde el Arroyo Tapalqué hacia los fondos de la guarnición militar, exactamente donde se habría producido el estruendoso encuentro.

“Queremos aclarar expresamente que, al tomar conocimiento de la versión, el cronista -en la noche del viernes- recibió instrucciones de entrevistar a las autoridades militares para obtener una información directa y responsable del presunto suceso. En forma telefónica, el cronista pidió comunicación al Regimiento con el mayor Cattani, informándosele que no se encontraba presente. Concurrió luego al domicilio del citado oficial, donde el llamado personal no fue atendido, presumiendo el cronista que los o­cupantes de la finca habían salido. El periodista se trasladó entonces al domicilio del mayor Tatavito, cuya esposa le informó que el citado oficial se había ausentado de la ciudad. El sábado 20, el mismo cronista, Sr. Albano Luayza, concurrió en la mañana a la guarnición, donde tampoco encontró al mayor Cattani; fue atendido por el subteniente Leloir. Concurrió luego al domicilio del mayor Cattani, donde dos jovencitos le informaron que el nombrado jefe se encontraba ausente: el señor Luayza solicitó se le hiciera saber cuando regresara, que en nombre de El Popular había estado en su búsqueda. Queda establecido, en consecuencia, que la requisitoria existió, aunque la autoridad militar no haya sido, en definitiva, informada de ello.

“Por lo demás -con referencia al punto 3° del comunicado-, no advertimos por qué la publicación de una información sobre hechos producidos o presuntamente registrados en terrenos comprendidos en jurisdicción militar, como es el referido por el diario, pueda atentar contra la tranquilidad de la población y la seriedad del Ejército.

“Espero, doctor Banchs, que esas crónicas puedan servirle como antecedente de hechos ocurridos en Olavarría en 1968”.

Y en efecto, en 1980 (7) habíamos señalado que el comunicado debió expresarse en estos términos: l°) Que la autoridad a cargo de la Guarnición no tuvo conocimiento personal de la requisitoria periodística; 2°) Que no existen indicios que se trate de un ovni y seres extraterrestres; y 3°) Que esta Guarnición rechazará la difusión de he­chos alarmantes que considere atentan contra la tranquilidad de la población.

Vista desde el Arroyo Tapalqué hacia los fondos de la guarnición militar, exactamente donde se habría producido el estruendoso encuentro.

Los fundamentos del comunicado guarda curiosa relación con el emanado de la Policía de Mendoza (8), el 5 de septiembre de 1968, llegando a ser publicado incluso por el New York Times. El insólito comunicado de prensa[1], advertía:

“Con motivo de varias denuncias que últimamente se han producido en esta provincia y que han tenido amplia resonancia en los órganos de la prensa escrita, oral y televi­siva, relacionadas con la supuesta aparición de ovnis y de seres de apariencia extraña (…) la Policía de la Provincia previene a la población sobre estos hechos tendientes a alterar la tranquilidad pública e invita a la serenidad, justeza y mesura en la apreciación y divulgación de tal tipo de noticias. Asimismo, recuerda que el Código Penal sanciona con pena de prisión a quienes infundieren indebidamente un temor público, por lo que se procederá a instaurar los correspondientes procesos a las personas cuya con­ducta encuadrase dentro de la citada disposición legal”.

PROSIGUE LA INVESTIGACIÓN

A continuación tratamos de localizar a Miguel Ángel Di Guilmi (h), joven fotógrafo de El Popular que estaba cumpliendo el servicio militar y a través de quien se dio a conocer la sensacional noticia. Al preguntársele sobre el episodio en cuestión, respondió: “No se nada. Yo escuché en rueda del cuartel, de conscriptos, que había sucedido eso, y lo comenté en el diario”. Agregó que hubo descargas (de ametralladoras), pero que no sabía de quién se trataba. Lo comentó en el diario, en su laboratorio de foto­grafía en donde trabajaba junto a su padre, y fue entonces cuando los periodistas empezaron a indagar.

Vista desde el Arroyo Tapalqué hacia los fondos de la guarnición militar, exactamente donde se habría producido el estruendoso encuentro.

Parco en sus comentarios, quedamos en reanudar el diálogo. Hubo un largo silencio. Finalmente, su padre nos comunica que en mayo de 1990 falleció tras una penosa enfermedad a los 41 años.

No alcanzamos a conocer siquiera algo de su personalidad, pero recogimos la impre­sión de Mario Girella, un anciano profesor de electrónica que lo tuvo como alumno después del suceso: “Era muy imaginativo, de pocas palabras, en su modo de hablar, no despierto en intelecto, mediano al menos. No lo creo capaz de hacer historias. Fabulador no, no lo creo. Imaginativo sí”.

A pesar del animado interés que Girella posee por el fenómeno de los ovnis, respecto al caso tratado, resueltamente nos dice: “La idea popular era que estaban de parran­da, de jarana, que no pasó nada. Nadie vio nada. El comentario es que estarían achispados y dispararon unos tiros”.

Recién en agosto de 1992 tuvimos oportunidad de dialogar con el entonces teniente coronel Luis Máximo Premoli, jefe del Regimiento 2 de Caballería. Sobre el presunto aterrizaje del ovni en la guarnición militar nos manifestó: “Fue un episodio sin ninguna importancia. No tuvo ningún tipo de comprobación. Fue una cuestión interna. Se había tratado de una confusión con los faroles de noche…”.

Esta corta declaración adquiere especial interés. En primer lugar, porque el tiem­po transcurrido ha permitido que la máxima autoridad de esa unidad militar pudiera pronunciarse, sin riesgo de provocar una agitación pública, empezando por dar una larga­mente esperada explicación y rectificar -de algún modo- el polémico comunicado que pa­recía desconocer todo cuanto se había publicado. En segundo lugar, porque la elucida­ción del Tte. Cnel. Premoli coincide con una apagada interpretación que giraba en aquella época, indicando que se trataba de las luces de la pista de aviación (hoy inexistente); hipótesis que se bandeaba entre la genuina aparición de una nave extraterres­tre y la sistemática negativa oficial rechazando la ocurrencia de algún hecho inaudito.

Vista desde el Arroyo Tapalqué hacia los fondos de la guarnición militar, exactamente donde se habría producido el estruendoso encuentro.

Una visita más reciente al lugar, en enero de 1993, nos permitió conversar con algunos oficiales y suboficiales jóvenes que por razones obvias nada sabían del episodio y dando muestras de cierto interés histórico, procuraron orientarnos en el acopio de datos, facilitándonos inclusive el acceso y recorrido por las inmediaciones a la guarnición militar.

CONSIDERACIONES FINALES

Es posible que nada sepamos de los circunstanciales testigos. O sí. Lo cierto es que el caso parece fundirse entre versiones y conjeturas de la hipersensibilizada po­blación olavarriense. Pruebas de la importancia que había adquirido el problema ovni, son los informes producidos durante ese mes de julio y de los cuales el periodismo se hizo eco; también, la noticia (que acompañó en las ediciones del 20 y 21 de ese mes las notas sobre el ovni en la guarnición militar) referida a la creación en Olavarría de “una agrupación de vecinos interesados en el estudio y observación de los denominados ovnis” (9), que contaba entre sus activos fundadores al propietario de una importante emisora, un periodista, una religiosa y a otros influyentes vecinos.

Tanta ha sido la trascendencia de las apariciones en esa zona, que el equipo fílmico que realiza la serie televisiva “Los invasores” (cuyo argumento consiste en la supuesta invasión de alienígenas al planeta Tierra) anunció la decisión de viajar a la Argentina a fin de recoger elementos útiles para sus capítulos, debido a la continuada producción de informes proveniente de este país (10).

Es evidente que el caso que hemos expuesto está teñido por las dos condiciones básicas necesarias para hacer posible la transmisión de un rumor: importancia y ambigüe­dad[2]. Hemos visto que el asunto ha tenido cierta importancia, aunque más no sea por su notoriedad. En cuanto a la ambi­güedad, puede ser inducida por la ausencia o parquedad de noticias, o por su naturaleza contradictoria, que tornan al individuo incapaz de aceptar los hechos conforme a las comunicaciones oficiales. Y esto es precisamente lo ocurrido. El presunto secreto militar, junto con la natural confusión que propicia el tema, ayudan a crear una profunda ambigüedad en un problema que nos concierne a todos.

No obstante, en el rumor puede haber un meollo de verdad, pero en el curso de la transmisión se lo ha recargado de adornos, obra de la fantasía, que rinden aquella ba­se inicial irreconocible. La verdad acerca de ese meollo, originario, es la siguiente: Por regla general, la mayoría de los rumores parten del relato de un episodio real, esto es, de la experiencia perceptual de un acontecimiento que se la considera de interés para comunicarla a los demás. Luego, el tema central de un rumor es muy renuente al cambio, y podemos creer -según G.W. Allport y L. Postman- en líneas generales, que la versión que nos traen tiene algo que ver con el incidente que pretende referirnos (ll).

Finalmente, estamos de acuerdo en que estos hechos son -en el decir de Premoli- “internos”, en tanto ocurren en jurisdicción militar y con testigos de la propia fuerza, ­ pero en la medida en que los mismos trascienden, y se tornan de dominio público, una declaración no puede sofo­car su existencia.­

REFERENCIAS

(1) El Popular, Olavarría, 20 julio, 1968, p. 5.

(2) Ibíd., 21 julio 1968, p. 5.

(3) La Razón, Buenos Aires, 27 julio 1968, p. 2.

(4) Ibíd., 26 julio 1968, p. 1 (recogida de aquí por otras agencias).

(S) Gente y la Actualidad, Buenos Aires, ano 3, n° 158, 1 agosto 1968, ps. 40/41.

(6) El Popular, Olavarría, 22 julio 1968, p. 3.

(7) Banchs, Roberto E., Los ovnis y sus ocupantes, Tres Tiempos, Buenos Aires, 1980, p.80.

(8) Ibíd., ps. 91/92; New York Times, New York, 8 setiembre 1968.

(9) El Popu1ar, Olavarría, 20 y 21 julio 1968, p. 5; Gente y…, op. cit.; Nueva Era, Tandil, 24 julio 1968; et. al.

(10) La Razón, Buenos Aires, 27 julio 1968; El Popular, Olavarría, 29 julio 1968, p.3.

(11) Allport, Gordon W. y Leo Postman, Psicología del rumor (The Psychology of rumor), Psique, Buenos Aires, 1953, ps. xi, 1/2, 119, 150-154.


[1] A propósito del encuentro con ocupantes ocurrido en Mendoza el 31 de agosto de ese año, en cercanías del Liceo Militar Gral. Espejo, que alcanzó enorme repercusión.

[2] Allport y Postman proponen una fórmula para medir la intensidad del rumor, a saber: R = i x a. La re1ación entre importancia y ambigüedad es multiplicativa, puesto que con importancia o ambigüedad igual a cero, no hay rumor. A propósito, el rumor -en la acepción que adoptamos del vocablo -, es una proposición específica para creer, que se pasa de persona en persona, por lo general oralmente, sin medios probatorios seguros para demostrarla.