Nazca (3)

UNA TEORÍA UN TANTO CURIOSA

Otra teoría debida a William (Bill) F. Spohrer, explorador norteamericano residente en Perú, parece no menos inverosímil que la de los antiguos astronautas, pero reviste particular atractivo. Spohrer supone que los antiguos nazcas pudieron elevarse en el aire por medio de globos de aire caliente. Para probar su teoría Spohrer ha presentado las siguientes pruebas indirectas:

– Los tejidos de algunos ponchos precolombinos que son más ligeros que el material sintético utilizado en los globos modernos.

– La costumbre entre muchos grupos indígenas de soltar pequeños globos llenos de aire caliente durante las fiestas religiosas.

– La existencia de piedras ennegrecidas encontradas en grandes formaciones circulares al extremo de muchas de las líneas. Al parecer eran enormes hogueras que bien pudieron utilizarse para calentar el aire del interior de enormes globos atmosféricos[1].

Bill Spohrer, miembro de la International Explorers Society (IES) de Miami, y piloto de las aerolíneas TAN, de Honduras, persuadió al grupo de IES para que investigaran el misterio de las “pistas” de Nazca.

Michael Debakey, hijo de un famoso cardiocirujano, y director del IES, aprobó el proyecto de investigación e las líneas. Los miembros del IES que intervinieron en esta aventura fueron:

Julian Nott, aeronauta británico de 31 años, campeón mundial de altura en globos cautivos (45,000 pies), mismo que le valió la medalla Royal Aero Club. Este premio también lo obtuvieron en su momento los hermanos Wright y Niel Armstrong, entre otros.

Jim Woodman, aeronauta estadounidense de 41 años. Fue copiloto ejecutivo de una línea aérea comercial, y fundador de la compañía Air Florida.

EL CONDOR I

El IES, después de haber logrado el apoyo del Ministerio de Turismo Peruano y el de la línea aérea nacional Aeroperú, emprendió la construcción de un costoso globo de gran tamaño. De unos 30 metros de alto, por 25 de ancho, con una forma poco común de trapecio o tetraedro (pirámide invertida), y volumen aproximado de 5,751,700 litros.

Se mandó confeccionar el globo a las Industrias Raven, de los Estados Unidos, supervisando la operación el Instituto Textil Peruano.

Luego de construido el globo (operación que duró tres años), le fue colocada una canastilla de mimbre o carrizo seco. La canastilla tenía forma de una media luna con los bordes levantados al estilo de las antiguas balsas de totora con las que los pescadores del Titicaca, el lago más alto del mundo, que se encuentra a uno 4,000 metros de altura y a unos 500 kilómetros a vuelo de pájaro de las pampas. Esas balsas de totora surcaban hace siglos (y aún ahora), el lago Titicaca, en la frontera entre Perú y Bolivia.

La góndola era una especie de barquilla de unos 2,5 metros de longitud fabricada con totora, una planta de tallo hueco parecida al bambú o al mimbre rojo, que nace en las márgenes del lago Titicaca y en la costa norte del Perú. Fue hecha por los mismos artesanos que construyó la balsa Ra para Thor Heyerdahal, Paulino Esteban, José Juan y Demetrio Limachi. En la canastilla cabían dos personas.

La cubierta tejida fue pintada por el artista Tommy Thomson, con una doble espiral, un Sol y un cóndor planeando, imitando los dibujos sobre la pampa. Las cuerdas que unían la canastilla con el globo eran de fibras vegetales.

La nave fue tejida con algodón peruano. La tela resultante tenía una estructura parecida a la de los finos textiles que habían sido encontrados en las tumbas del litoral, que datan de hace unos 3,000 años. Se procuró que la porosidad, solidez y resistencia de la tela fuera igual a la del tejido nazca.

La nave así construida recibió el nombre de Cóndor 1. Su velocidad de elevación era de unos cinco metros y medio por segundo.

LOS MANTOS NAZQUENSES

Los nazcas utilizaban mantos tan maravillosamente tejidos que parecían hechos por un hada. Estos atavíos, de valor incalculable, son extremadamente escasos. Apenas se puede contar una docena de ellos registrados oficialmente en los museos.

Son una especie de cobijas rectangulares hechas de hilo de algodón bordado en punto largo, de lana o de alpaca, y a veces de vicuña, en una gran variedad de colores finos y delicados. Los especialistas han llegado a detectar 190 tonos y reflejos. Sus bordadores inventaron un punto que imita y utiliza la técnica del crochet. Los bordados, a veces, llevan hilos de oro, de plata, lentejuelas, algunos motivos elaborados con cabellos humanos, pelo de murciélago o de vizcacha (una especie de gran chinchilla de los Andes, de pelo gris extremadamente ligero y fino como pluma). Las diversas técnicas de brocado, gasa o red que son de una finura inconcebible, hacen de estos mantos una artesanía de belleza superior a los gobelinos y los textiles bordados de Beauvais.

Uno de los mantos más hermosos es el de Paracas. Bordado todo alrededor con una franja que tiene 300 figuras de hombres, animales y plantas.

Esta exquisitez hace de los mantos nazquenses un artículo locamente buscado por los coleccionistas. Sin incluir el valor de antigüedad, el valor objetivo de uno de estos mantos fue calculado en dos millones de dólares (en 1970).

La tela de tales ropajes de nobles patricios puede tener hasta 400 hilos por pulgada cuadrada. Según algunas opiniones autorizadas en la materia, se necesitaban por lo menos dos años para tejer y bordar tales obras de arte[2].

El tejido utilizado en los mantos nazcas es tan fino que ninguna de las medias que utilizan las mujeres modernas lo iguala. El ingeniero Ken Te Krony, de las Industrias Raven, la empresa más importante del mundo especializada en la fabricación de globos y paracaídas, al analizar uno de los mantos dijo:

“Después de 1,500 años, la tela está en fabulosas condiciones. El tejido es superior a los producidos en la actualidad. En las fábricas contemporáneas se usan de 85 a 150 tramas (hilos) por pulgada. Las fibras incas tienen más de 250”.

La antropóloga Ruth Karen, autora de El reino del Sol, ha encontrado tejidos incas hechos de lana de vicuña tan delgados como la seda, y de unos 2,500 tramas por pulgada.

Las pruebas a las que fue sometido el manto demostraron que es aún más compacto que el empleado en los paracaídas.

LA TÉCNICA

Los habitantes de Nazca fundaron una cultura sumamente avanzada que floreció entre los años 300 a. C. Al 700 d. C.

Los dibujos de Nazca fueron hechos siguiendo un modelo previamente diseñado sobre “pequeñas parcelas de 1.8 por 1.8 metros”, según indica María Reiche. Una vez trazada esta “maqueta”, los nazcas la fraccionaban y reproducían a continuación cada una de las fracciones a la escala deseada. Semejante técnica les permitía elaborar dibujos gigantescos sin necesitar una visión del conjunto.

“Es de suponer que si los autores no podían volar –escribió María-, y solo en la imaginación podían percibir el aspecto de sus obras, deben haberlas planteado y dibujado de antemano en una menor escala…”

Para trazar las líneas rectas tendían cuerdas entre dos estacas. Algunas, todavía clavadas, han sido datadas por el método del carbono 14 y se remontan aproximadamente al año 550 d. C.[3]

Las líneas curvas las hacían clavando una estaca como pivote, unida a una cuerda a modo de compás.

Poseían, además, un instrumento llamado Huaypa, consistente en una cuerda con una piedra a guisa de plomada. El Tupu, una pequeña placa de madera o metal que tiene un orificio central, que servía como catalejo. Se ha encontrado una especie de teodolito compuesto por un tubo de madera o de barro cocido del que pende un hilo con piedra para dar cuerpo a la vertical.

Utilizaban también una pértiga, poste de madera plantado perpendicularmente al suelo. Con ella se podían marcar la sombra proyectada en el momento de la salida o puesta del Sol o de la Luna. Tomando en cuenta lo largo de esta sombra en relación a la altura del astro en el cielo, los sacerdotes podían determinar los meses, las estaciones y los años.

Los instrumentos de medición de los antiguos peruanos nos reservan varias sorpresas. La más extraordinaria –de resultar cierta la suposición-, la debemos a un descubrimiento fortuito del arquitecto Fernando Belaúnde Terry, expresidente de Perú. Al visitar uno de los museos de Lima, le intrigó la insólita y extraña forma de una pieza de cerámica. Con una altura de 11 centímetros (una de las unidades básicas de la pampa), la cerámica terminaba en un corte circular de 7 centímetros de diámetro. Apenas hueca, pero lo suficiente para contener el líquido de un “nivel de agua”. El tubo vertical que la sostiene está provisto de perforaciones en forma de cruz, colocadas a ambos lados, pero a distintos niveles. Si se sostiene el instrumento en la mano, sobre un poste fijo en el suelo, y se mira a través de las cruces que tienen marcas centrales en el punto de encuentro, se logra obtener una línea de mira a distancia para poder realizar trazos en ángulos rectos. En resumen, se trata de un goniómetro.

Esta pieza de cerámica provenía de la costa y no llevaba ninguna otra referencia. Luego se fueron descubriendo más piezas de este mismo estilo, esta vez en el área de Nazca. Los objetos de Nazca, en lugar de cruces, muestran círculos. En ellos hay pequeños pedazos de roca que suenan como cascabeles. Se pueden ver varios ejemplares de estos aparatos en el Museo de la Universidad de San Marcos, en Lima[4].

EL VUELO DEL CONDOR 1

Rechazando las “hipótesis no académicas y las especulaciones anticientíficas”, varios miembros del IES, de Coral Gables, en Florida, decidieron probar que los antiguos nazcas tenían la técnica adecuada para construir las famosas líneas.

“Nazca es uno de los enigmas arqueológicos más impresionantes de Sudamérica y una de las obras de arte más hermosas del mundo–señaló Jim Woodman-. Los nazcas pudieron haber volado aquí, pues contaban con todo el material necesario”[5].

“Los peruanos antiguos –declaró Debakey-, poseían los elementos adecuados para construir artefactos más ligeros que el aire. Tenían el intelecto, la organización social, los textiles y el conocimiento de los principios de vuelo que facilitarían aún más sus propósitos”[6].

El viernes 28 de noviembre de 1975, alrededor de las tres de la mañana, unos veinte invitados de la IES se reunieron alrededor de una de las legendarias líneas. Prendieron una hoguera en uno de los hoyos cercanos a las líneas y comenzaron a llenar el globo con aire caliente.

A las cinco de la mañana, el globo estaba listo, pero el viento cada vez más violento amenazaba con lanzar el intento por la borda. Pilotos, técnicos, periodistas y curiosos que habían acudido al lugar se agarraron con todas sus fuerzas a la tela, naturalmente María Reiche en primer lugar, intentando detenerlo.

Al despuntar el alba y en medio del júbilo general, el globo empezó su ascenso. Montados en la canastilla, con las piernas colgando, iban Julian Nott y Jim Woodman.

Unos minutos más tarde, liberado de amarres, los espectadores pudieron contemplar al Cóndor 1, que se elevó como lo habían previsto los organizadores. Al alcanzar la altura de 250 metros, el Cóndor 1 se estabilizó antes de empezar a planear horizontalmente. Después, repentinamente, una ráfaga de aire sacudió el globo. Los dos aeronautas alcanzaron a tirar rápidamente el lastre, aminorando la caída. El Cóndor 1 tocó tierra mientras los tripulantes saltaban al suelo. Libre de su excesiva carga, el aerostato volvió a elevarse en las alturas, alcanzando más de 500 metros. Estuvo en el aire 18 minutos, recorriendo unos tres kilómetros antes de posarse sobre el suelo de la pampa.

El principal enemigo había sido el peso. Dos adultos altos, pesando cada uno 80 kilos, representan gran diferencia de los indios de estatura baja.

“Fue un vuelo fantástico –exclamó Jim Woodman-. Estoy completamente convencido de que los nazcas efectuaban vuelos similares hace 2,000 años”[7].

Julian dijo: “La vista extensa de los dibujos de la pampa desfiló como un tapiz mágico”[8].

La primera que llegó a felicitarlos “fue la reina sin corona del desierto de Nasca, María Reiche”, según escribió Miloslav Stingl[9].

William “Doc” Crane, miembro del equipo del Cóndor 1, declaró a la prensa:

“Si los nazcas hubieran hecho sus globos con tejidos oscuros y no claros, la acción del Sol los habría transportado sobre el Pacífico, una vez que se hubiesen elevado a una altura de 600 metros. Es posible que los nazcas se hubiesen elevado en el mismo punto. Todo concuerda tan bien. Según las leyendas, cuando los dioses concluían su trabajo, volaba hacia el Sol”[10].

Pero para Miloslav Stingl no hay duda, los antiguos nazcas no volaron sobre las pampas:

Todos los peritos en la historia y la cultura de la América coinciden en afirmar que los indios de épocas precolombinas no conocieron el misterio de los vuelos aéreos. No obstante, las figuras de la pampa de Nasca provocan enseguida una predisposición a creer lo contrario. Por esto no es sorprendente que, después de que la galería del sur del Perú provocara de repente el interés general de la opinión pública mundial, viniera a la pampa de Nasca un hombre llamado Jim Woodman, quien empezó a seguir las huellas de los indios, pero no sobre la tierra, sino en el aire, tratando de demostrar que los primigenios habitantes de esa región no sólo habían sido capaces de realizar inmensos dibujos, sino también de elevarse hasta las nubes para contemplar su país desde una perspectiva panorámica. El proyecto de Woodman, denominado sencillamente Nasca, en recuerdo del valle cuyo desierto circunvecino está cubierto con las conocidas figuras, no logró persuadir a los expertos en culturas americanas antiguas sobre las hipotéticas capacidades aeronáuticas de los indios. El proyecto “Nasca” es, sin embargo, tan interesante que a pesar de todas las reservas que provoca, justificadas por lo demás, merece que le dediquemos una parte de nuestro libro.


“En su proyecto Woodman se propuso dos objetivos: primero, determinar qué aparato de vuelo había sido usado por aquellos indios, y rastrear, asimismo, todos los indicios que pudieran llegar a fundamentar la realidad de un tal aparato aeronáutico. Y segundo, reconstruirlo.


“Con respecto al aparato con el que pudieron haber volado los indios en el antiguo Perú –contando naturalmente con que efectivamente hayan podido volar— el equipo de Woodman desarrolló una inesperada respuesta: ¡un globo dirigible inflado con aire caliente! De este modo, a las sucesivas experiencias de Kosok y su pequeño avión, de María Reiche y su helicóptero, y a los hipotéticos “platillos voladores extraterrestres”, se sumaba ahora la de un aparato aeronáutico más: el globo”.

La experiencia del vuelo en globo fue repetida, años después, para la cadena de televisión japonesa TV-Asahi.

Continuará…


[1] Woodman Jim, Nazca: The Flight of Condor 1, Pocket Books, New York, 1977.[2] Levillier J., A Contribution to the Stydy of Preincaic Textiles in Ancient Peru, 1928.

O’Neale M. Lilia, Tejidos del periodo Paracas, Revista del Museo Nacional de Lima, Tomo I, No. 2, Lima, 1932.

[3] Waisbard Simone, El enigmático mensaje de los nazcas, en Los últimos enigmas, Selecciones del Reader`s Digest (editores), México, 1977.

[4] Weisbard Simone, Las pistas de Nazca, Editorial Diana, México, 1981.

[5] Woodman Jim, New Mysteries in Ancient Peru, Braniff Place, Vol. 4, No. 5, 1975, Págs. 31-33 y 42.

[6] Fernández Lanch Manases, Los dibujos de Nazca: enigma resuelto, Lima, 1976.

[7] Woodman Jim, Nazcas Journey to the Sun, Simon and Schuster, New York, 1977.

[8] Salzberg F. Ruth, Solving the Mystery of the Nazca Lines, Saga, Vol. 52, No. 2, mayo de 1976, Págs. 32-33, 56-60 y 62.

[9] Stingl Miloslav, Templos, fortalezas, observatorios y otros enigmas del Perú, Mosca Azul Editores, Lima, 1984.

[10] Anónimo, Nazca ballonist?, Time, 15 de diciembre de 1975, Pág. 50.

Un río «misterioso»

Científicos estudian el misterioso río

Por John Hollenhorst

Imagine una corriente prístina que corre y se detiene por intervalos de unos pocos minutos. Aunque usted no lo crea, hay un Río Misterioso no lejos de aquí, uno de los únicos dos que existen en el mundo.

Ahora, científicos de la Universidad de Utah tiene nueva evidencia que puede explicar cómo funciona el fenómeno.

No es un río grande. Es una corriente helada de la montaña. Pero pocos minutos más tarde, se ha ido. Y algunos minutos después, regresa.

Gerald Vanbrunt, un turista de Arkansas: “Esto es tan bueno justo como el Old Faithful”.

La noticia completa se encuentra en

http://www.ksl.com/index.php?nid=148&sid=654826

Nazca (2)

OTRAS HIPÓTESIS

Según el arqueólogo y matemático húngaro Zoltan Zelko, las líneas de Nazca conforman un mapa gigantesco trazado en el suelo, de la cuenca del lago Titicaca.

“Estamos a punto de realizar un gran descubrimiento en materia de lenguaje simbólico –dijo-. Los gigantescos dibujos reflejan la realidad existente en el Lago Titicaca de aquel entonces”.

Zelko afirma que ha logrado identificar en las líneas de Nazca a la mayoría de las ciudades, poblados y accidentes geográficos de la región. Dice que tanto las líneas de Nazca como la piedra de Chavín, la estela de Raimondi y otros monumentos preincaicos, son mapas geográficos.

Hans Horkheimer considera que “las figuras de las pampas, magistralmente estilizadas son reproducciones sagradas, dedicadas principalmente al culto totémico y trazadas para servir como escena a las coreografías totémicas”.

En lo concerniente a los trazos geométricos, comulga con la opinión que afirmaba que estaban dedicados al grandioso culto funerario: senderos sagrados que eran recorridos en las ceremonias religiosas. Después de escuchar algunos de los relatos de los habitantes de la región de Nazca, llegó a saber cosas bastante inesperadas hasta entonces: que podría tratarse de fantasmagóricos “caminos de ánimas”. Según los nativos, “el alma de los difuntos visitaba, a lo largo de los trazos, los lugares sagrados en los que cada clan se reunía en determinadas fechas para llevar a cabo la celebración de un culto teatral del recuerdo”[1].

En esta tradición secular y en los fantasmagóricos “diablos del polvo”, las trombas de arena que bailan sobre las pampas, los nativos supersticiosos ven la manifestación tangible de estos espíritus que están condenados a errar por el desierto para siempre.

Algo similar propuso Tony Morrison. Las líneas eran senderos sagrados, los enormes trapecios eran zonas que servían para reuniones sagradas y las figuras de animales estaban relacionadas al culto a los muertos[2]. Morrison calculó que todos los geoglifos se pudieron construir en no más de tres emanas de trabajo utilizando unos 1000 trabajadores. Si bien conviene que los geoglifos fueron hechos a través de un largo periodo de tiempo (varios siglos), y que fueron construidos por relativamente pequeños grupos de personas durante épocas de poca actividad en el ciclo agrícola.

El profesor Anthony Aveni, de la Universidad de Lima, sugiere una comparación entre las líneas de Nazca y el sistema Ceque de Cuzco[3]. Está de acuerdo en que las primeras pudieron haber sido utilizadas para la celebración de ceremonias y ritos, pero no en que fueron pistas de carreras. Los Ceques eran rayas, términos, lindes, que sirven, según nos cuenta Fernando Silva Santiesteban “para ser caminados por los miembros del grupo. En efecto, en todas las figuras se advierte claramente una entrada y en algunas un corredor de entrada, como en la parte posterior del Perro, debajo de la cola del Mono y en la tercera pata derecha de la Araña”[4].

¿OLIMPIADAS EN AMÉRICA?

Georg A. Von Breunig, quien nació en München, Alemania, el año de 1934, tiene otra teoría sobre las líneas de Nazca.

Von Breunig se graduó como ingeniero eléctrico en 1957 en el Technische Houchschule de München. Obtuvo su doctorado con una tesis sobre física de bajas temperaturas en Grenoble, Francia. De 1960 a 1964 trabajó en el U. S. Naval Weapons, y en la Universidad de Las Américas, de Washington, D. C. De 1975 a 1977 trabajó en Río de Janeiro, Brasil. Fue aquí donde supo de la existencia de las líneas de Nazca, por lo que se trasladó al Perú para estudiarlas.

Con base en las medidas que tomó in situ, Breunig descubrió lo que parecía ser una distribución asimétrica de las líneas, misma que, en su opinión, sólo podía explicarse suponiendo que los habitantes de la zona hubiesen utilizado las líneas como pistas de carreras por largos periodos de tiempo, lo que probablemente hiciera desplazar el suelo hacia el borde externo del camino en las curvas pronunciadas. Los grupos de piedras que había en las curvas de las “pistas” indicaban los puntos de partida de la carrera[5].

Recordemos que ya antes Kosok había apuntado la posibilidad de que los constructores de las líneas de Nazca las hubieran utilizado en carreras ceremoniales.

Para Johan Reinhard[6] las líneas estaban relacionadas con el culto a la fertilidad, al agua y a las montañas. En una zona desértica el agua es lo más importante para una sociedad agrícola. Los antiguos nazcas tenían varios mitos que señalan a montañas y cerros como dioses que controlan la lluvia y fertilidad de los campos. En esta circunstancia, los Ceques servían para dirigir los pasos, como senderos sagrados, hacia cerros y elevaciones en donde se realizaban ceremonias de culto a las montañas. En los grandes rectángulos y triángulos se elevaban pequeños altares de piedra y se colocaban conchas de mar (“Hijas del mar”) como ofrenda para solicitar el agua. Incluso las espirales eran representaciones de esos caracoles, que simbolizaban el agua; mientras que los zigzag representaban a los ríos o los relámpagos

Debajo de algunos de esos cerros, en donde confluyen varias líneas se encuentran una serie de canales subterráneos de filtración construidos por los nazcas. Estas obras fueron mucho más difíciles de construir que las líneas. Las leyendas locales indican que el agua de estos canales proviene de una laguna en el interior del Cerro Blanco.

Al término de las cosechas se hacían trabajos de limpieza y restauración de estos canales subterráneos. Era la época de las festividades.

LA “TESIS” DE VON DÄNIKEN

Una de las hipótesis que ha suscitado más polémicas es la formulada por primera vez en 1968 por el escritor suizo Erich von Däniken en su libro Chaiots of the Gods? (Erinnerungen an die Zukunft)[7].

En esta obra (edición Corgi, reimpresión de 1975, páginas 31 y 32) el autor dice:

“Los arqueólogos consideran que (las líneas de Nazca) son caminos de los incas, pero, ¿por qué habrían de usar éstos caminos que corren paralelos?

“Vistas desde el aire, se tiene la clara impresión de que las 37 millas de planicie son de un aeropuerto”.

Este último párrafo dio origen al mito del “aeropuerto extraterrestre”.

Una de las equivocaciones fundamentales de Däniken consiste en su afirmación de que las líneas de Nazca fueron hechas por los incas, pues según se sabe, las trazaron culturas anteriores a ellos: los nazca.

Por otra parte, también “es falso que las figuras de Nazca sólo puedan apreciarse desde gran altura, ya que pueden verse desde los cerros circundantes”, según explica el mayor Luis Mazzotti Pretell.

Ya en el siglo XVI, Pedro Cieza de León, uno de los cronistas españoles de mayor renombre en la conquista del Perú incaico, mencionó esto brevemente. Probablemente a fines de 1537, cuando Francisco Pizarro, el célebre conquistador, se dirigía hacia Cuzco, la antigua capital monolítica, fue cuando Cieza de León vio los trazos. De León notó “señales en algunas partes del desierto que circunda Nazca… para que las comunidades (indias) puedan encontrar el camino que debe seguir”[8].

En la misma época, un soldado español, Francisco Hernández de Ávila, acampó durante varias semanas en Nazca. En su “diario” manifiesta especial interés en las particularidades geográficas de la región y sólo hace una ligera alusión a que “los indios trazaban grandes líneas en el suelo”[9].

Un año más tarde, en 1586, el corregidor de Soras y Rucanas Luis de Monzón, menciona en uno de sus informes dirigidos al virrey don Francisco de Toledo, algunos hechos ambiguos. Relata que “antes de que los españoles dominaran a los incas, en tiempos antiquísimos, un pequeño grupo de otro tipo de gente, a la que llamaban los viracochas, llegó a estas tierras. Obedeciendo a sus sugerencias, los indios los siguieron e hicieron caminos que hasta ahora se pueden ver largos como una calle, a cuyos lados construyeron muros bajos”[10].

Aunque es posible que esta última cita se refiera a los caminos de los incas, que cruzaban los Andes y tenían unos tres metros de ancho y miles de kilómetros de longitud. Hoy día estos caminos atraviesan lo que es Ecuador, Bolivia, Perú y Chile, y algunos de ellos todavía son utilizados.

Varios pueblos precolombinos –entre ellos los mayas y los aztecas- construyeron diferentes caminos. Existe un camino maya que va de Cobá a Yaxuma, y que se extiende unos 95 kilómetros en línea recta a través de la selva.

¡NO ES UN AEROPUERTO!

“Es una tontería sugerir que las líneas de la planicie de Nazca son un aeropuerto. Cualquiera que las vea comprobará que esto es imposible. Von Däniken probablemente las vio desde las alturas, como se infiere de sus libros, pero su hipótesis no debe tomarse en serio, por absurda. Las líneas constituyen un misterio; los científicos que las han estudiado no han sabido a ciencia cierta cuál era su fin, pero existen muchas otras teorías mucho más atendibles que las de Däniken”[11].

Esta es la opinión del reverendo Donald Bond, un misionero que reside en Perú, y que ha visitado en muchas ocasiones el valle de Nazca para estudiarlo.

Ciertamente, desde un aeroplano las líneas parecen pistas; sin embargo, después de medirlas, la teoría de Däniken resulta insostenible. La mayoría de las líneas tiene un grosor de 10.16 centímetros, por lo que Bond se pregunta: “¿Es que acaso se intentaba jugar con cochecitos de juguete?”

Las líneas ciertamente no son anchas; hay algunas de 91 centímetros, y muy pocas de 61 metros (sólo dos conocidas), pero éstas tienen sólo 91 metros de longitud. Otras tienen unos quince metros de ancho por 91 de longitud. “En realidad parecen campos de fútbol”, dice Bond. Hay varias figuras de animales: un cóndor estilizado volando con alas extendidas que abarca 60 metros; una araña casi simétrica que llega a los 45 metros; un mono del tamaño de dos canchas de fútbol, con la cola enroscada en espirales perfectas[12].

Trato de imaginar (una escena bastante cómica, por cierto), cómo un supuesto astronauta de la antigüedad aterrizaría sobre la cola del mono. Si lo logra hacer, que lo dudo, terminaría con el estómago revuelto.

Las tomas de la película Recuerdos del futuro, enfocan sobre todo a sectores más anchos de estos bien conservados surcos, que dan realmente la sensación de pistas de aterrizaje. Pero, ¿por qué no aterriza realmente el avión en que viaja el cineasta Harald Reinl? ¿No sería eso la mejor demostración? No lo hace porque sabe muy bien que el suelo que alguna vez despedraron los indios es blando, y que el polvo levantado probablemente ahogaría tanto a los aviadores modernos como a los supuestos astronautas de la antigüedad. Además, las líneas conforman tres áreas separadas por sendos valles, y suben y bajan por las colinas, por lo que es imposible que un avión pueda aterrizar en ellas.

Uno de los monumentales trapecios lo atestigua plenamente: después de apuntar en una dirección hacia una colina escarpada, esta figura geométrica escala la pendiente en línea recta para volver a descender por la otra pendiente y proseguir su camino. ¿Porqué y cómo unos supuestos vehículos espaciales habrán estado jugando a saltar las colinas sobre innumerables pendientes accidentadas de las pampas que, además, ya estaban cubiertas con alineamientos en todas direcciones?

En su libro Return to the Stars[13] von Däniken nos cuenta su teoría:

“En el pasado, inteligencias desconocidas aterrizaron en una planicie no habitada cerca del actual pueblo de Nazca y construyeron un aeropuerto improvisado para operar en la vecindad de la Tierra”.

Ronald Story[14] atacó a Däniken diciendo que una nave especial no necesita una pista para aterrizar. Fue entonces cuando Däniken modificó su teoría sobre el espaciopuerto:

“El argumento de que los extraterrestres no necesitan espaciopuertos debido a que despegan y aterrizan verticalmente es obsoleto por dos razones. Primero, yo no he dicho que los extraterrestres hayan construido las pistas de Nazca. Yo sólo dije que las pistas eran el resultado de algún tipo de culto de los nativos. Y segundo, ¿acaso no ha construido la NASA una pista en California para sus naves espaciales como el Space-Shuttle?”[15]

Nuevamente Däniken volvía a mentir. En la página 118 de su Return to te Stars establece claramente que los extraterrestres construyeron las pistas. Por otra parte, ¿podría el Space-Shuttle aterrizar sobre las colinas que suben y bajan por las pampas de Nazca?

También hay que considerar la Garúa, la niebla del invierno austral peruano, que está presente de mayo a septiembre en la costa. En el lugar reina la bruma durante unos 260 días al año.

El mejor punto de observación no es a miles de kilómetros donde uno supondría que estaría orbitando una nave espacial, sino a 150 metros sobre el terreno, aunque, como ya lo hemos dicho, son perfectamente visibles desde tierra. Es más, Toribio Mejía Xesspe, Fred Hoyle, Paul Kosok, María Reiche, así como otros arqueólogos realizaron sus estudios sobre el terreno, y fue mucho tiempo después cuando se intentó estudiarlas desde el aire.

A mediados de la década de los setenta el satélite Erts de NASA tomó un par de fotografías sobre la zona de Nazca. Las fotos llevan los números 81501142925A000 y 8164514255A000-5.

Los impresionantes acercamientos fotográficos que Eros Data Center de Sioux Falls (Dakota del Sur) ofreció a la revista de astroarqueología belga Kadath, muestran que a pesar de los objetivos espaciales Questar y las más avanzadas técnicas de detección óptica y filtraje del relieve geológico de la región, no se puede observar ninguna huella de pista o de línea cualquiera, que sea visible desde el espacio. Todo lo contrario, se distinguen con perfección sobre las mismas placas, los lechos de los ríos Nazca e Ingenio, que forman los límites del área de los dibujos. Esto lleva a Robert Dehon , fundador de la Association Fort de la Crèche y fundador de la misma revista Kadath, a la conclusión: “que una dirección artística desde las alturas es imposible”, y anota que “sólo la observación desde alturas bajas permite observar perfectamente las figuras gigantescas”[16].

Continuará…


[1] Horkheimer Hans, Las plazoletas, rayas y figuras prehispánicas en las pampas y crestas de la hoya del Río Grande, Revista de la Universidad Nacional de Trujillo, Época II, No. 1, Trujillo, 1947, Págs. 46-63.[2] Morrison Tony, Pathways to the Gods. The Mystery of the Nazca Lines, Andean Air Mail and Peruvian Times, Lima, 1978.

[3] Aveni Anthony, Report on the Analysis of Data Obtained on the Nazca Project, National Geographic Society, Washington, D. C., 1982.

Aveni Anthony, Tha Nazca Lines: Patterns in the Desert, Archaeology, Vol. 39, No. 4, 1986, Págs. 32-39.

[4] Silva Santiesteban Fernando, Las líneas de Nazca: otra interpretación, La Insignia, Perú, junio del 2005.

[5] Breunig A. Georg von, Nazca: A precolumbian olympic site?, Interciencia, Vol. 5, No. 4, julio agosto de 1980, Págs. 209-219 y 259.

Breunig A. Georg von, The Nazca lines, Interciencia, Vol. 6, No. 1, enero febrero de 1981, Págs. 6-7.

Breunig A. Georg von, The Nazca lines, Interciencia, Vol. 6, No. 3, mayo junio de 1981, Págs. 6-7.

[6] Reinhard Johan, Las líneas de Nazca. Un nuevo enfoque sobre su origen y significado, Boletín de Lima, Lima, 1987.

[7] Däniken Erich von, Chariots of the Gods?, Corgi Books, London, 1975.

[8] Cieza de León Pedro, Grandeza de los Incas (1553), Fondo de Cultura Económica, México, 2003.

[9] Hernández de Ávila Francisco, Dioses y hombres de Huarochiri, (1585), Siglo Veintiuno Editores, México, 1975.

[10] Jiménez de la Espada Marcos (compilador), Relaciones geográficas de Indias, 3 tomos, Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1965.

[11] Wilson Clifford, The Chariots Still Crash, Signet Book, New American Library, New York, 1976.

[12] Wilson Clifford, Crash go the Chariots, Lancer Books Inc., New York, 1972.

[13] Däniken Erich von, Return to the Stars, Corgi Books, London, 1974, Pág. 118.

[14] Story Ronald, The Space-God Revealed, Harper & Row, New York, 1976.

[15] Däniken Erich von, Why do Critics Ignore the Positive Arguments for Ancient Astronauts, Second Look, No. 13, enero de 1979.

[16] Dehon Robert, Nazca, Kadath, No. 16, Bruselas, enero-febrero de 1976.

Centellas en el laboratorio

Profesor del estado de Texas prueba el fenómeno de las centellas

Por Maria R. González

El profesor de ingeniería Karl Stephan de la Universidad San Marcos del estado de Texas condujo un experimento diseñado para ayudar a descifrar la naturaleza enigmática de las centellas, la investigación se publicó en la revista Physical Review E.

El interés de Stephan en hacer este experimento a mano creció cuando leyó sobre los investigadores en la universidad de Tel Aviv que podían crear objetos con las mismas características que la centella. Él trabajó conjuntamente con el profesor John A. Pearce de la Universidad de Texas, en Austin, que también dirige el Process Energetics Laboratory en el UT’s Pickle Research Campus.

La centella difiere del relámpago ordinario en que toma la forma de una bola que brilla intensamente en tamaños que van de una pelota de béisbol a una bola de playa y dura varios segundos o más. Este fenómeno de la naturaleza se ve durante las tempestades y tiene a menudo la capacidad de volar, flotar por las chimeneas, pasar a través de ventanas cerradas y desaparecer en silencio o en una explosión repentina.

Stephan encontró que él podía producir las “bolas de fuego” uniendo dos barras de soldadura de tungsteno y separándolas con energía de microondas aplicada al sistema. Cuando se separan las barras, el efecto produce una bola de fuego que persiste mientras se aplique la energía de microondas y desaparece cuando se apaga la fuente de energía. La importancia de este experimento que puede explorar las condiciones necesarias para que un objeto en forma de centella exista en el aire, contribuye a la comprensión de este fenómeno misterioso.

El artículo que describe la investigación de Stephan fue publicado en el número de noviembre de 2006 de Physical Review E y fue colocado en el Web site de la American Physical Society en http://link.aps.org/abstract/PRE/v74/e055401. Dos películas que muestran las bolas de fuego pueden ser vistas en la Reference 11 y siguiendo las instrucciones. Para información adicional, contactar con Karl D. Stephan del Department of Engineering and Technology en la Texas State University-San Marcos al (512) 245-3060.

http://talbot.mrp.txstate.edu/currents/fullstory.jsp?sid=935