Las falacias del charco y la lotería

QUE NO LE DIGAN, QUE NO LE CUENTEN

 

Las falacias del charco y la lotería[1]

 

Juan José Morales

Hace poco, en una conversación de naturaleza filosófica, escuché un argumento con el cual en los últimos tiempos, algunos creacionistas han intentado «probar» la existencia de dios y el mito de la creación (en su versión judeo-cristiana, pues como se sabe hay muchas otras): que las condiciones necesarias para el surgimiento de la vida son tan, pero tan improbables, que no puede haberse dado espontáneamente. Por lo tanto «”dicen»” tuvo que ser obra de un ser superior.

clip_image001Con muy pobre imaginación, los dibujantes casi invariablemente describen a los hipotéticos habitantes de otros mundos con rasgos humanoides, cuando en la Tierra hay una enorme diversidad de formas superiores de vida en cuyo aspecto se podrían inspirar.

En realidad, se trata de un argumento en extremo endeble, por dos razones. En primer lugar, porque la vida es tan versátil y adaptable que puede surgir y mantenerse en las más diversas condiciones, desde las altísimas temperaturas de aguas extremadamente ácidas y carentes de oxígeno de las profundas fuentes termales oceánicas, hasta las gélidas temperaturas de las regiones polares y los altos picos montañosos donde la atmósfera está sumamente enrarecida. Como resultado de esa gran adaptabilidad, la diversidad de formas de vida en la Tierra rebasa la más desbordada imaginación.

En segundo lugar, quienes piensan que las cosas improbables no ocurren por azar sino por alguna circunstancia especial, cometen lo que se conoce como falacia de la lotería. Como demuestra el cálculo de probabilidades, la probabilidad de ganar el premio mayor en un sorteo en el que participen 50 000 boletos y haya 100 premios en total (sin contar reintegros y aproximaciones), es de una en cinco millones. La probabilidad se obtiene multiplicando 50 000 por 100 ya que para que alguien gane «el gordo» se requiere que ocurran simultáneamente dos eventos: que su número salga del ánfora correspondiente al mismo tiempo que la bolita correspondiente al premio mayor de la otra ánfora. Pero, aun siendo tan baja la probabilidad, siempre hay un ganador. No por intercesión divina, sino por simple azar.

Igualmente, la idea de que la vida sólo puede existir en las condiciones que conocemos «”en un planeta a cierta distancia del Sol, que gira en una órbita estable, sobre un eje de cierta inclinación, dentro de un margen dado de temperaturas, en una atmósfera con determinada concentración de oxígeno, en ciertas condiciones de iluminación, etc.»” es otra falacia. Es lo que se conoce como falacia del charco de agua. Si ese charco tuviera conciencia, juzgaría como algo extraordinario o milagroso, como la obra de un creador o de una inteligencia superior, el hecho de que el agujero en que se encuentra tenga exactamente la misma forma que él.

Se estima que tan sólo en nuestra galaxia debe haber unos 20 mil millones de planetas parecidos a la Tierra. Sería demasiada presunción pretender que sólo en el nuestro hay vida. O, visto desde otro ángulo, sería un tremendo desperdicio por parte de cualquier dios hacer toda una galaxia con cien mil o 200 mil millones de estrellas «”sin contar los otros miles de millones de galaxias que conforman el Universo»” sólo para crear vida en un diminuto planeta de una de ellas.

Aparte los planetas que giran en torno a estrellas, por lo demás, hay otros planetas errantes, de gran tamaño, que vagan en la oscuridad del espacio, los cuales por compresión gravitacional generan suficiente calor como para permitir la existencia de seres vivos de un tipo que por ahora no podemos imaginar.

En realidad, es la vida la que se adapta al medio, no el medio a la vida. Como ha dicho irónicamente un científico, quizá en este momento, en algún planeta que gira en torno a un sistema estelar binario en algún distante lugar de la Galaxia, un ser inteligente está disfrutando de un día de playa bajo la luz de sus dos soles, a la orilla de un océano de metano, respirando un aire fuertemente cargado de dióxido de azufre, mientras lee un libro en el cual un creacionista de su mundo explica que es en ese planeta, y sólo en ese, donde una inteligencia superior estableció las condiciones necesarias para la vida, la cual no podría existir, por ejemplo, en un planeta lleno de agua y con su atmósfera cargada de mortífero oxígeno.

Comentarios: [email protected]


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 2 de junio de 2016

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.