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General Acha (LP): Un accidentado aterrizaje (2)

GENERAL ACHA (LP): UN ACCIDENTADO ATERRIZAJE

Roberto Banchs

LA REVISIÓN DEL CASO

El informe es realmente interesante, no sólo por su antigua data, sino también por el gran parecido hasta en los menores detalles a muchos otros casos reportados. Estos motivos han conducido a nuestro minucioso colaborador Richard W. Heiden, de Wisconsin, a rastrear desde 1981 todas las referencias posibles y reunir las noticias publicadas sobre el episodio argentino. Muchas de ellas han servido para este artículo. Algunos años después, el polemista ufólogo Willy Smith, de Florida, expuso ciertas contradicciones y detalles extravagantes del caso, proponiendo su estudio y discusión. En fecha más reciente, diciembre de 1996, Bruno A. Molon, de Indiana, junto a otros, vuelve a desarrollar y comentar el caso en un artículo para el MUFON UFO Journal, pero su única fuente parece haber sido una conversación con Stringfield.

(3) Gral Acha 1950 Camino a Hidalgo, provincia de La Pampa, entrando por la ruta provincial 18.

Teniendo en cuenta que no existen referencias provenientes de Argentina, donde el incidente tuvo lugar, nos propusimos reexaminar el caso, conocer sus detalles e intentar aportar datos que sirvan para formarnos una opinión más firme sobre el asunto.

Ha sido preciso cotejar en primer lugar las diferentes versiones, las cuales prácticamente se reducen a las de Lorenzen, Stringfield (ambas, en parte, por vía de González Ganteaume), y Flachaire (por vía directa de Caratenuto Bossa). Desde luego, se dispone de otras fuentes, ofreciendo versiones ligeramente distintas, pero es probable que se hayan basado en aquellas (v.g.: F. Aniceto Lugo, H. Rocha). Todos estos investigadores tenían una opinión favorable respecto al caso, aunque no han cerciorado los datos más obvios, y defendían fervorosamente la idea que éramos visitados por una civilización extraterrestre[1]. Sólo el periodista londinense David Wightman, de la revista inglesa Uranus, parece haber advertido en aquella época las aparentes discrepancias del relato y ha señalado que el caso flaquea o es poco verosímil en algunos puntos.

PlatillosVoladoresSobreVenezuela Platillos voladores sobre Venezuela, de Horacio González Ganteaume.

A riesgo de cierto arbitrio, hemos concedido una prerrogativa al reproducir la carta dirigida por el testigo a la publicación suiza (traducida y presentada a sus lectores por M. Flachaire), confrontando con las otras versiones apenas fragmentos significativos, sin abundar en detalles. No obstante, al margen de gruesos errores, las contradicciones no provienen únicamente de ese cotejo, sino que aparecen en su propio contenido. Llamativamente, todas muestran la misma debilidad.

Sobre el testigo

Se ha dicho que el arquitecto italiano gozaba de una buena condición social y reputación profesional, y un carácter serio y tranquilo. Pero, en realidad, a pesar de nuestros esfuerzos por conocer acerca de él y de su vida, poco se ha sabido hasta la fecha. Inclusive, se llegó a sospechar erróneamente que sería un personaje imaginario, inventado, sólo conocido por las cartas recibidas, una conversación telefónica y la información dada por el ufólogo venezolano H. González.

Para más, desde el anonimato inicial su nombre suscitó siempre confusiones, entre erratas y seudónimos (Botta, Bessa, Bossa o Botha, según las referencias). También parece evidente que, a pesar de haber ocurrido el incidente en Argentina en 1950, el testigo estaba residiendo en el exterior en la época en que su historia se hizo pública.

En efecto, en 1953 se fue a radicar a Venezuela. A consecuencia de un caso de humanoides en las afueras de Caracas ocurrido a fines de 1954, toma contacto con González Ganteaume y narra su historia, siendo entonces LeonardStringfield publicada por El Universal, de Caracas. En una carta escrita en «mal inglés» y dirigida a Leonard Stringfield, del 25 de octubre de 1955 (infelizmente extraviada en vida del veterano ufólogo norteamericano), le habría confiado: «debido a mi entrenamiento técnico, y a los hechos del incidente argentino, me he dedicado al estudio serio» (sic) del tema. El 1º de noviembre de ese mismo año, Carotenuto Bossa escribe a la revista suiza Le Courrier Interplanétaire un extenso informe relatando su extraordinaria experiencia. En 1956 compareció ante la «Assemblée Mondialiste Interplanétaire», celebrada en París. Y en noviembre de 1957, habría estado en Texas por motivos de negocios, desde donde telefoneó a Coral Lorenzen.

El ufólogo Cristián Vogt nos ha comentado que, en los años sesenta, encontrándose en Caracas se dirigió a la representación diplomática de Suiza, ubicada en un edificio de oficinas y descubrió por azar que allí estaba la residencia de E. Carotenuto Bossa. En esa oportunidad aprovechó para conocerlo, pero su esposa le informó que su marido se hallaba ocasionalmente en Puerto Rico. Años después, Vogt regresó a Caracas y vuelto al edificio, observó que ya no figuraba más el nombre del arquitecto, despreocupándose por localizarlo. Con posterioridad, nada se supo de él.

(4) Gral Acha 1950 Transponiendo el paso a nivel del FF CC Sud, en Macachín, vista sur.

Orientada nuestra búsqueda de datos acerca de su paso o estadía en Argentina, habida cuenta que -según manifestó Carotenuto- estuvo dedicado a un proyecto de construcción de viviendas, tras una minuciosa investigación (focalizada en los padrones municipales, diarios y revistas locales, y la consulta a viejos moradores, constructores e historiadores de la zona) comprobamos que no se conservan registros ni se tiene memoria de la presencia del arquitecto E. Carotenuto Bossa en General Acha, donde supuestamente habría estado trabajando. Tampoco en localidades vecinas. Ello resulta significativo pues, como se nos indicó, su estancia en esas pequeñas poblaciones no habría pasado desapercibida ni olvidada. A su vez, requerida información a los Consejos Profesionales de Arquitectura e Ingeniería de las provincias de Buenos Aires y de La Pampa, la consulta en los padrones también arrojó resultado negativo.

En un lugar de las pampas

Sin embargo, suponiendo que se trataba de un hombre culto, conocedor de la zona (puesto que habría estado trabajando durante un tiempo más o menos prolongado), su descripción del lugar debería ajustarse a la realidad y no habría dudas que, al menos, allí estuvo por esos años.

Recorriendo el texto de su carta hallamos datos aparentemente contradictorios relacionados con la geografía política y física de la región:

(5) Gral Acha 1950 Señal de Ferrocarril Sud, vista al sur, próximo a Macachín, La Pampa.

a) En primer lugar, señala que se encontraba «en la ciudad de Bahía Blanca, capital de la provincia de La Pampa«, lo cual es doblemente incorrecto. La provincialización del territorio nacional se efectúa recién en 1951 (La Pampa era por entonces Gobernación); y la capital es Santa Rosa, y no Bahía Blanca, que pertenece a la provincia de Buenos Aires[2].

b) Luego nos dice que empleó «una ruta de verano, no utilizable en invierno». Sorteando la dificultad de establecer qué otros caminos pudiere haber utilizado, no parece necesario emplear rutas alternativas u opcionales por cambios de temporada (la invernal comienza en junio). Además, llama la atención que omita datos esenciales, tales como especificar cuál era la ruta, camino o senda, y la hora precisa del encuentro.

c) Siguiendo el texto, indica que «hay algunas piedras graníticas, y en el fondo muchas montañas de unos 1.000 m de altura«. Muy diferente al paisaje descrito, la gobernación o actual provincia de La Pampa se incluye en la prolongación de la llanura pampeana. Ofrece un relieve básicamente llano, en el que se alternan algunas formaciones medanosas, depresiones o bajos salinos, y suaves elevaciones. En la zona oriental se encuentran los valles y algunas lagunas con depósitos de sal y sulfatos. Los únicos afloramientos rocosos de La Pampa apenas superan los 500 m, y son de carácter basáltico (6) Gral Acha 1950 (vale decir que no hay granito, ni alturas de 1.000 m). El sistema montañoso más cercano es el de Ventania, en la provincia de Buenos Aires, bastante lejos de allí para ser visto.

Camino de tierra paralelo a las vías del Ferrocarril Sud.

d) Corotenuto Bossa dice que el incidente ocurrió cuando se encontraba «cerca de los 68º al oeste de Greenwich y a 37º de latitud sur«, después de haber «recorrido 280 km. desde Bahía Blanca«, y hallándose la localidad de General Acha a «cerca de 200 km. del lugar». Ateniéndonos a estos datos, resultan totalmente inconciliables.

Dichas coordenadas están lejos de cualquier ruta, al oeste de la provincia, y a mucha mayor distancia de las localidades citadas (a más de 500 km. de Bahía Blanca y a casi 300 km. de Grl. Acha, medidas en línea recta), las cuales están distanciadas entre sí -según cartografía de la época- unos 264 km., siguiendo la principal ruta pampeana, la nacional nº 35.

La versión que nos ofrece L. Stringfield es discrepante. El episodio habría ocurrido a 64º longitud oeste de Greenwich y a 37º 45″™ latitud sur, indicando que el testigo se hallaba conduciendo a unas 75 millas (120,7 km.) de su (7) Gral Acha 1950 hotel. Localizado relativamente próximo a la ruta nº 35 y a General Acha, también encontramos dificultades insoslayables, pues las distancias tampoco concuerdan.

Vista hacia el sur desde la ruta provincial 18, camino hacia Hidalgo, pequeño paraje próximo a Macachín.

Ajustándonos a esas coordenadas, se hallaría en una división de tierras, sobre un desolado camino de tosca (actual ruta provincial nº 20, «Dr. I. Amit») que une Alpachiri y la nacional nº 35. Lugar donde se encuentra emplazada la escuela pampeana nº 190, única edificación existente a orillas del camino en más de cincuenta kilómetros.

En cambio, si el automóvil (posiblemente un Fort A modelo 1930) se desplazaba por la ruta nº 35, pudiere quizás estar situado entre las localidades de Epú Pel y Bernasconi. Pero esta composición es conjetural y, como se advierte, en ambos casos las coordenadas son inconsistentes.

Probable localización

Expuestos a un posible error de cálculo de las coordenadas por parte del testigo, adoptamos el criterio de reconstruir el presunto itinerario conforme a las distancias y relieve descrito.

(8) Gral Acha 1950 Vista hacia las Salinas Grandes, La Pampa, proximidades de Macachín e Hidalgo.

Tratándose de una región provista de una limitada red caminera, las vías alternativas que condujeran a Carotenuto Bossa desde Bahía Blanca hasta General Acha, ofrecían pocas opciones. Desde luego, el modo más directo es mediante la ruta nacional nº 35. Pero Carotenuto dice haberse dirigido por «una ruta de verano», quizá refiriéndose a los atractivos turísticos y no a las dificultades de tránsito, siendo probable que haya reiniciado el periplo por la ruta nacional nº 33.

Supuesto así, habría salido de Bahía Blanca hacia el norte (Gral. Acha se localiza al N.O.) por la ruta nac. nº 33, hasta A. Alsina (Est. Carhué), paralelo a las vías del Ferrocarril Sud (actual F.C.G. Roca), siendo notoria la presencia en ese tramo del sistema montañoso de Ventania, de 170 km. de longitud y alturas que alcanzan los 1.000 m, constituido por dos cordones bien definidos, sobresaliendo el granito entre las rocas de aplicación. Luego, dejando atrás el bello paisaje serrano, debió tomar al oeste por la ruta bonaerense nº 60, traspuesto el límite provincial -ahora ruta pampeana nº 18- pasando por Rivera y Macachín hasta Atreuco, después virado al sur por la ruta 3 (ex 2) hasta el empalme con la ruta nac. nº 35 en Abramo, y llegando por ésta a su destino final, General Acha. Una localidad de 5.000 habitantes situada a 216 (9) Gral Acha 1950 m. sobre el nivel del mar.

En primer plano, las vías del FF CC Sur. Más atrás, el antiguo camino Comp. «C» que pasa por Macachín, en la ubicación del automóvil. Vista hacia el norte.

Sin admitir demasiadas variantes, una vez trazado el mencionado itinerario sobre la vieja cartografía, hallamos que a unos 280 km de Bahía Blanca se encuentra la localidad de Macachín, proximidades de la Estación Hidalgo, siendo su ubicación aproximada longitud 63º 65″™ O y latitud 37º 15″™ S[3]. Y a unos 200 km más adelante de este pueblo pampeano, siguiendo el antiguo camino, se llega a General Acha.

A pesar de la pobreza de datos, la visión que habría tenido Carotenuto Bossa, a la izquierda de la ruta, resulta concordante en algunos aspectos, aunque omita mencionar datos esenciales. Por ejemplo, el nombre del camino por el que transitaba, el de la localidad más cercana, y accidentes geográficos obvios, como la existencia de vías ferroviarias a metros de allí. Por el contrario, indica que desde el lugar del siniestro veía montañas, cuando lo único que existe en esa amplia región pampeana son montecillos de arena formados por la acción del viento.

Precisar el lugar donde habrían ocurrido los hechos narrados, no implica (10) Gral Acha 1950 establecer su autenticidad. En todo caso, apenas pueda tornar posible que Carotenuto haya conocido la zona de la cual nos habla, sin soslayar todas sus desprolijidades, omisiones y contradicciones.

Acceso a Macachín por ruta provincial n° 1, a 1 km. de Macachín y a 37 km de Alpachiri.

El día del encuentro

La fecha es también discrepante de acuerdo a las distintas versiones. Según C. Lorenzen el fantástico incidente se produjo un día de abril de 1950, para L. Stringfield tuvo lugar el 10 de mayo, mientras que M. Flachaire, en Le Courrier Interplanétaire, lo sitúa el lunes 15 de mayo de 1950.

Desestimando el impreciso dato de Lorenzen como una posible errata, la fecha correcta debía ser aquella que se ajustara a las condiciones del tiempo descritas por el testigo. Recuérdese que al día siguiente del hallazgo de Carotenuto -cuando decidió regresar a la mañana temprano- se desató «una violenta tormenta» que demoró su llegada hasta pasado el mediodía, arribando en momentos en que «el cielo estaba cubierto a medias».

Al respecto, los diarios informaron que la lluvia iniciada el 14 de mayo abarcó una extensa zona del país y en menor escala el territorio pampeano. Cercana a la medianoche del 15 (fecha del hallazgo), «con intermitencias, comenzó a (11) Gral Acha 1950 llover y al promediar la mañana (del 16), en algunos puntos cesaba la lluvia y comenzaba a aclarar el cielo» (Zona Norte, Grl. Pico, 15 y 16 mayo 1950, p. 1).

Entrada a Alpachiri, Prov. de La Pampa.

El cuadro era general en todo el territorio, inestable y lluvioso. La precipitación se extendía al oeste bonaerense. A las nueve de la mañana (hora en que Carotenuto debía estar circulando hacia el lugar del estrellamiento) General Acha y Macachín registraban 3 mm. de lluvia caída, aunque los niveles a esa hora alcanzaron en otras 26 mm. (La Reforma, Grl. Pico, 16 mayo 1950, p. 3).

En consecuencia, tomando las fechas contenidas en los relatos de Carotenuto y ateniéndose a las condiciones meteorológicas señaladas, sólo resulta aceptable el lunes 15 de mayo de 1950.

ContinuarỦ


[1] González Ganteaume murió aferrado a la idea de que las nuevas generaciones recibirán la sorpresa de poder confirmar el hecho de que «seres inteligentes procedentes de otros planetas vigilan la Tierra» desde sus platillos voladores. Lorenzen no halló motivos para desconfiar que el hombre tuvo una extraordinaria experiencia. Stringfield fundó la sugerente Civilian Research Interplanetary Flying Objects, CRIFO. El editor de Le Courrier Interplanétaire, Alfred Nahon, había fundado la Association Mondialiste Interplanétaire destinada a prepararnos para futuros contactos con los visitantes celestes, provocada por nuestras irreflexivas experiencias atómicas, estimando que el gran número de platos voladores que han sobrevolado la Tierra, muestran que es inminente el contacto con una civilización extraterrestre

[2] Comentado a modo de curiosidad, en esas fechas un movimiento instaló en Bahía Blanca el debate para que esa ciudad sea capital de una nueva provincia, la que estaría constituida por el territorio de Río Negro y parte de La Pampa (La Reforma, Gral. Pico, 7 y 14 julio 1950). La idea no prosperó, pero con su provincialización, La Pampa pasó a denominarse durante algunos años Provincia Eva Perón.

[3] Macachín (alt. 140 m) es una estación del F.C. Sud en el ramal de Rivera a Doblas, en cuya proximidad se ha formado un pueblo que lleva el mismo nombre y es cabecera del departamento de Atreuco. Se trata de una región agrícola ganadera, aunque especialmente se explota la sal en el paraje llamado Salinas Grandes (estación Hidalgo, del F. C. Sud).

Es pertinente señalar que una de las alternativas para llegar a General Acha consistía en recorrer 192 km. por las rutas 18, 3 y 35 (pasando por Abramo), y otra era haciéndolo por las rutas 18, 35 y 152, un camino arenoso pero más frecuentado, pues permitía reducir la distancia a 112 km. (unas 70 millas).

General Acha (LP): Un accidentado aterrizaje (primera parte)

GENERAL ACHA (LP): UN ACCIDENTADO ATERRIZAJE

Roberto Banchs

Las historias de ovnis accidentados son tan antiguas como las primeras apariciones de platos voladores. Apenas se habló de los primeros discos en 1947, empezaron a circular en los Estados Unidos rumores de que uno de ellos se había estrellado y lo estaban examinando secretamente.

El gran número de platillos que al parecer sobrevolaban el planeta, llevó a pensar que tratándose de objetos sólidos como cualquier aeronave terrestre sería probable que, expuestos a un fallo mecánico o humano, alguno pudiera sufrir un accidente o una avería, o simplemente ser derribado.

scully En 1950 el humorista de una revista de variedades Frank Scully pretendió establecerlo como un hecho real y publicó el libro Behind the flying saucers (Tras los platos voladores). Convertido en un best seller sensacional, afirmaba haberse estrellado tres discos en el desierto de Nueva México y que la Fuerza Aérea tenía en su poder cadáveres de humanoides pequeños de origen extraterrestre. Dos años más tarde, el libro de Scully fue denunciado como una fábula.

Behind the Flying Saucers, de Frank Scully.

La ausencia de pruebas, los datos contradictorios y faltos de base, y las fantásticas especulaciones tejidas con ellos, llevaron a considerar tales versiones como una invención del periodismo sensacionalista o bien la proyección de ideas paranoicas. Pero la leyenda no fue destruida definitivamente y otros relatos semejantes le siguieron. Uno de ellos, que se encuentra entre los primeros informes sobre estrellamientos de ovnis reportados fuera del territorio norteamericano, es el que aquí nos ocuparemos.

¿UFO-CRASH EN ARGENTINA?

El hecho habría ocurrido en proximidades de General Acha, provincia de La Pampa, Argentina. La inusitada observación se produjo cuando un arquitecto italiano viajaba en automóvil por una región desolada, topándose con una nave discoidal posada a 50 m de la ruta y se atrevió a penetrar en ella, descubriendo entonces tres pequeños seres humanoides al parecer sin vida, sentados en torno a los instrumentales del aparato. Al día siguiente, volvió con unos amigos y en su lugar halló un cúmulo de cenizas, al tiempo que divisaron sobrevolando una nave en forma de cigarro de la cual salieron dos platillos, consiguiendo tomar unas fotografías durante el vuelo.

(1a) Gral Acha 1950

La noticia original publicada en El Universal, de Caracas, Venezuela, el sábado 7 de mayo de 1955.

La primera noticia fue publicada cinco años más tarde en el diario El Universal, de Caracas, Venezuela, el 7 de mayo de 1955. En ella no se menciona la fecha ni el lugar («años atrás…en Bahía Blanca»), ni tampoco la identidad del testigo («un arquitecto italiano que reside en Venezuela»), aunque da un apartado postal y se lo ve fotografiado con sus gruesos cristales oscuros -de intenso color verde- junto al «reportero especial del Este» que, en apariencias, se trata del ufólogo, astrónomo amateur y personaje central de la televisión venezolana Horacio González Ganteaume, principal investigador del caso, fallecido en 1971.

(1b) Gral Acha 1950 Enrico Carotenuto Bossa entrevistado por el cronista del diario venezolano.

Curiosamente, el episodio no tuvo hasta ahora repercusión alguna en la Argentina, pero fue bastante difundido y comentado en los Estados Unidos y Europa. Inclusive, los informes del caso han sido traducidos en los años cincuenta a varios idiomas (inglés, francés, portugués) y publicados en libros y revistas del tema. Conviene citar especialmente a The APRO Bulletin (Alamogordo, N.M., august 1955), que dedica varias páginas al incidente (el testigo es presentado como el «Dr. B.»), y a Le Courrier Interplanétaire (Laussane, Suisse, nº 15, Paques 1956) editado por Alfred Nahon (m. 1983), el cual ofrece una versión directa y más detallada, pero también más embellecida, señalando que se trata de Enrico Bossa. En diciembre de 1958 Coral E. Lorenzen (m. 1988), de la organización ufológica APRO, en un artículo publicado en la revista de Ray Palmer Flying Saucers, comenta haber hablado con el testigo y que está en condiciones de revelar su verdadero nombre: Enrique Carotenuto Bossa, o más apropiadamente, Enrico Carotenuto Bossa*.

Al parecer, Carotenuto Bossa era de nacionalidad italiana, ex-piloto de guerra, de profesión arquitecto y con un doctorado en ingeniería aeronáutica, que se desempeñaba en una conocida compañía de Caracas.

Todas las narraciones ofrecidas durante esos años contienen contradicciones e inconsistencias. Sin embargo, es posible -como señala G. Vanquelef– que algunas de ellas se deban a omisiones o errores de traducción de una lengua a otra, siendo la carta escrita directamente por mano de E. Carotenuto Bossa a la revista suiza la versión que, suponemos, debería tenerse más en cuenta. La misma reproducimos a continuación:

EL RELATO DEL TESTIGO

«En el período abril-mayo 1950, me encontraba en la ciudad de Bahía Blanca, capital de la provincia de La Pampa, para construir un cierto número de casas. Tenía por costumbre, de tanto en tanto, para distraerme hacer largas excursiones con mi vehículo en la provincia en cuestión. Estos paseos eran, en general, viajes de 300 a 400 km. de ida y otros tantos de regreso y que se (2) Gral Acha 1950 hacían en tres días. La ruta era una ruta de verano no utilizable en el invierno (que allí comienza en mayo), en una región casi llana, desértica, con una vegetación magra. Hay algunas piedras graníticas, y en el fondo muchas montañas de unos 1.000 m de altura. El terreno de la ruta se encontraba a alrededor de 300 m sobre el nivel del mar.

Itinerario llevado por los testigos. Plano de época.

«El 15 de mayo de 1950, yo efectuaba uno de esos viajes, y había recorrido 280 km. desde Bahía Blanca; me encontraba cerca de los 68º al oeste de Greenwich y a 37º de latitud sur. Cielo claro, bastante limpio. Yo conducía solo mi coche, algo distraído y pensando en mis asuntos, cuando, de improviso, un objeto plateado sobre el suelo llamó mi atención. No le daba mucha importancia a la cosa, que se veía a la izquierda de la ruta a una distancia de 300 m.

«A medida que me aproximaba, notaba detalles extraños, como de tragaluces y una cúpula translúcida. A 50 m del objeto, me detuve y observé con atención el interior del vehículo, y pensé en los restos de un avión caído. Pero la forma extraña del objeto me hizo abandonar esta idea. Las nubes que pasaban interceptando el Sol producían sobre el objeto un efecto extraño. Pensé en dejar el coche y acercarme a pie. A 10 m de distancia, me di cuenta (20) Gral Acha 1950 detalles de la nave al fin que se trataba de un «plato». Por un efecto de mi subconsciente, me sentí feliz como un niño y, con el espíritu audaz que se adquiere en esas condiciones, no dudé en aproximarme y entrar al interior del objeto, cuya puerta estaba abierta.

Detalles de la nave. A la derecha, dibujo trazado por el testigo.

«Antes de entrar, comencé a examinar el objeto en detalle. Tenía un diámetro aproximado de 10 m, estaba formado por dos partes: una abajo en forma de platillo invertido (campana), y otra, arriba, cilíndrica (torre) y cubierta por una cúpula. Sobre la cúpula, una extraña linterna redonda. Su altura total sería de unos 4 metros. Un cierto número de ventiluces, que no he contado, de forma rectangular, con los ángulos largamente redondeados. El objeto estaba posado sobre el suelo, con una inclinación de aproximadamente 20º, apoyado en un relieve del terreno. Había un extravagante color cromo de un pulido magnífico en el cual se reflejaba mi imagen y la del cielo. Parecía una cosa muerta: nada de vida, ni de ruido, ni de vibraciones. Busqué la puerta que estaba abierta y precisamente al pie de la torre. Pensaba tener alguna dificultad para subir al borde de la campana, pero me di cuenta que en este lugar esta última estaba fuertemente despulida y rugosa como papel de vidrio (n: de lija). Me di cuenta que el objeto no era nuevo, porque el borde inferior de la campana estaba un poco deteriorado y picado en algunos lugares.

«Puse los pies en el metal rugoso y como desde ese punto hasta la torre había una distancia de dos metros sin punto de apoyo, debí ponerme en cuclillas para trepar hasta la puerta cuyas dimensiones aproximadas eran de 1,20 m por 0,90 m. Puse la cabeza en el interior sin ver gran cosa a causa de una cierta oscuridad que allí reinaba, y sentí un fuerte olor de ozono y de ajo. Salté inmediatamente al interior cuyo piso estaba a una profundidad de alrededor de 60 cm. El espectáculo que vi era tan extraño que sobrepasaba la imaginación.

b «El piso era una plataforma que me dio la sensación de hundirse lentamente bajo mi peso. La cabina era perfectamente circular, de una altura de 2,10 m, de color oscuro. Alrededor de la pared se encontraba una serie de tragaluces, muy gruesos, guarnecidos de un material transparente, pareciendo ser de plexiglás.

«Mis ojos se estaban acostumbrando a la iluminación, la escena que vi era horrible. En el centro de la cabina, que medía alrededor de 3,50 m de diámetro, se encontraba un asiento extraño ocupado por un hombre de 1,20 m a 1,40 m de altura, vestido con una combinación gris plomo; su cabeza redonda, con ralos cabellos claros, estaba inclinada sobre su pecho. Las manos, bien formadas, de un color tabaco claro, se apoyaban nerviosamente sobre dos empuñaduras (palancas) que salían de una caja negra que se hallaba a algunos centímetros de su cuerpo. Su rostro, del mismo color que sus manos, la nariz bien formada y derecha, los labios sin bigote, las mejillas sin pelos. Los ojos eran grandes, muy dilatados y vidriosos. Las formas del cuerpo por lo que se podía adivinar eran perfectamente humanas y no se notaba ningún indicio de especie animal. Parecía un adolescente de 15 años, pero con los rasgos de un hombre. No era un enano. Toqué un brazo que estaba rígido y la figura estaba fría. La combinación (over-all) le cerraba el cuello estrechamente y lo mismo en las muñecas. Los pies estaban ligeramente apoyados sobre dos tubos fijados al piso sirviendo de apoyo. La combinación parecía estar hecha de cuero duro y estaba inflada en los hombros, dando al piloto el aspecto de un jugador de rugby. El hombre no estaba sujetado. La butaca era de una forma adecuada a su cuerpo y de un color rojo bermellón. Estaba soportado por un eje central. La caja negra que el piloto tenía delante de él parecía un tablero de a bordo, midiendo alrededor de 1 m de altura por 0,80 m de ancho, en el cual se veían dos «˜ojos de gato»™, de esos que se ve en ciertos aparatos de radio. Por debajo de este tablero y un poco más arriba de los pies se veía una ancha banda horizontal con una aguja vertical y ciertos signos extraños que, sin duda, significaban números. A la derecha del piloto, un poco adelante del tablero se encontraba un disco semiopaco como una pantalla de televisión apagada.

(21) Gral Acha 1950 Croquis del interior del plato, según la pluma del testigo E. Carotenuto Bossa.

«El espectáculo más impresionante era otros dos hombres idénticos, que yaciendo sobre dos amplias butacas confortables, de cada lado del piloto y contra la pared, parecían igualmente muertos. Ellos no estaban atados y no se veía ninguna correa.

«Sus ojos estaban abiertos y aterrados, las bocas entreabiertas y un poco infladas. Pero, ¿por qué la tercera butaca estaba vacía?. Yo la toqué y constaté que era de un tejido muy suave. La desaparición del cuarto miembro de la tripulación, evidentemente salido dejando la puerta abierta comenzó a preocuparme. Mi atención fue atraída por dos regletas, de sección rectangular y de 4 cm de altura, colocadas sobre el piso y yendo del centro a la periferia, donde terminaban a cada lado de la puerta. Noté igualmente, encima de la caja de instrumentos de a bordo, una esfera transparente de 25 cm de diámetro rodeada de un anillo plano inclinado a 40º sobre la horizontal y parecido exactamente al planeta Saturno tal como se lo ve con telescopio. ¿Era un calculador automático de latitud o de colatitud?

«Levantando los ojos, noté que la cabina no se continuaba por el techo sino que tenía en la junta con el techo un muy marcado relieve circular, con agujeros rectangulares de 60 cm de ancho y 20 cm de alto. Esta moldura perforada se repetía de la misma manera alrededor del piso. Un plafonnier (n: globo de luz, aplicado al techo) luminoso y parpadeando lentamente emitía una luz blanco-anaranjada. Pensé en ese momento que la energía de la máquina estaba todavía en acción y mil ideas me pasaron por la cabeza… un pánico loco se apoderó de mí y fue necesario un sobresalto de sangre fría para reencontrar mi calma. Di un último vistazo a la cabina y salí deslizándome sobre el borde rugoso de la campana. Apenas en el suelo, sufrí un vértigo y respirando de nuevo nuestro aire, me di cuenta entonces cómo el aire de la cabina era pesado y penoso para respirar.

«Furioso por no haber llevado conmigo mi máquina fotográfica, pensé en ir rápidamente a General Acha, localidad situada a cerca de 200 km. del lugar, para buscar algunos amigos ingenieros que allí se encontraban. Me apuré hacia mi coche y constaté que, contrariamente a lo habitual, el motor arrancó con mucha dificultad, funcionando apenas y dando la impresión que las baterías estaban descargadas a pesar de que estaba seguro que ése no era el caso. Una vez en marcha, todo comenzó poco a poco a volver a la normalidad a medida que me alejaba del aparato.

(22) Gral Acha 1950 Dibujo de un PV con ocupantes. Las caídas y aterrizajes de platos voladores eran comunes en esa época.

«Llegado a General Acha, me puse en contacto con mis amigos, a los cuales les conté la aventura. Después de haber sido convencidos con mucha dificultad, aceptaron acompañarme y nos decidimos a partir el día siguiente a la mañana temprano, porque era ya demasiado tarde para llegar de día. Partimos entonces al alba llevando una máquina Kodak Retina 2 con telémetro, pero, a causa de una violenta tormenta llegamos al lugar a las 12,45 horas. El cielo estaba cubierto a medias con cúmulos-nimbos sobre las montañas. Buscamos el aparato y no pudimos encontrarlo.

«Las expresiones irónicas comenzaban a mostrarse en el rostro de mis amigos, cuando llamó nuestra atención un montón de cenizas de aproximadamente 2 m de altura y 5 m de diámetro que se hallaba exactamente en el lugar donde había visto el platillo. Las cenizas tenían un color rojo plateado y humeaban ligeramente. Puse la mano y noté que la temperatura era de unos 40º C.

(1c) Gral Acha 1950 Una de las dos fotografías tomadas por los testigos. Aquí la reproducida por el diario caraqueño.

«En este momento uno de nosotros levantó los ojos al cielo y observó un plato idéntico al que yo había visto, que nos sobrevolaba a una altura estimada en 600 m. Saqué inmediatamente una foto, en el momento preciso en que tomó altura. Sobre la nave se veía otro objeto en vuelo idéntico al primero. Y todavía más arriba, se veía un cigarro inmóvil a una cierta distancia de nosotros. Los dos platos se dirigieron hacia el cigarro en subida oblicua, inclinados hacia adelante en el sentido de su desplazamiento. En el transcurso de su aceleración los platos pasaron del color plata al color rosa. En algunos segundos los dos platos se reunieron con el cigarro, en el cual ellos desaparecieron e inmediatamente el cigarro arrancó a una velocidad fulminante que nosotros estimamos en 12.000 km./h.

«Caracas, 1º de noviembre de 1955.

Enrico Bossa».

(1d) Gral Acha 1950 Detalle de la imagen. Modelo «˜50.

El artículo aparecido en Le Courrier Interplanétaire, en abril de 1956, finaliza con una nota al pie indicando que el autor de este informe, el arquitecto italiano de 44 años que firma como Enrico Bossa, pidió en esa ocasión no dar su nombre principal (Carotenuto) porque su vida ha sido muy dura en Argentina y Venezuela, y ha perdido uno de sus empleos «por haber creído en los platos voladores» (sic).

Según las otras versiones, durante una entrevista personal que mantuvieron el «Dr. B.» con González Ganteaume, durante algunas semanas el testigo presentó un estado febril o de alta temperatura y su piel estaba cubierta con ampollas. Aún cuando dice haber consultado a varios especialistas, ninguno fue capaz de formular un diagnóstico, ni aliviarlo, y esos síntomas se fueron después de un tiempo. También, habiendo usado anteojos al entrar al disco, le apareció alrededor de los ojos, en el contorno de las lentes, una marca roja. Un médico lo habría testeado con un contador para determinar si estuvo expuesto a radiación, pero no encontró vestigio alguno. No obstante -continúa- eran visibles en su piel manchas verdosas, las cuales desaparecieron con la aplicación de un medicamento.

ContinuarỦ


* En la década del setenta, Leonard H. Stringfield, un veterano investigador de Cincinnati dedicado a reunir pruebas de que el gobierno norteamericano tiene ovnis y ocupantes en su poder, fallecido en 1994, publica en su libro Situation Red: The UFO Siege (eds. 1977, 1978) que el testigo se llamaba Enrique Caretenuto Botta, pero -acostumbrado a proteger la identidad de los testigos- hizo una variación del verdadero, sin mencionar que se trataba de un seudónimo, trayendo cierta confusión. Además, su versión basada en los informes que le habrían proporcionado H. González Ganteaume y el mismo testigo, en una carta de 1955 (ambos documentos extraviados en vida del ufólogo) no deja tampoco de introducir errores, imprecisiones y discrepancias.

Noctámbulos seres en General Rodríguez

NOCTÁMBULOS SERES EN GENERAL RODRÍGUEZ

Roberto Banchs

Gral Rodríguez (1) Plano ubicación del Partido A 55 kilómetros de la Capital Federal, en la Parada Barrio Raffo, del Partido de General Rodríguez, frente a la ruta nacional n° 7, y paralelo a las vías del Ferrocarril D. F. Sarmiento que corren de este a oeste, se hallaba la parrilla «Namuncurá», sociedad de Teodoro Lamenza y Juan Damonte. Allí, en la madrugada del jueves 9 de marzo de 1972, se presentó un camionero oriundo de Carmen de Areco, Buenos Aires, de nombre Luis Ezequiel Bracamante (o Bracamonte), denunciando un extraño encuentro con un ovni y tres ocupantes, ocurrido momentos antes en las inmediaciones.

Plano de ubicación del Partido.

Amparándose en la agencia de noticias SIC (Servicio Informativo Continental), en una crónica de Mauricio Zelman Grinberg, varios medios periodísticos del interior del país reprodujeron la sensacional noticia[1].

El articulo dice lo siguiente: «La casualidad quiso que este cronista, de vacaciones en Luján, acompañase a Alberto Fuentes, editor del semanario «˜Aquí Luján»™, ya su colaborador, señor Mussi, en una visita al restaurante Namuncurá, sito en el paraje conocido como (El) Granadero, no muy lejos de General Rodríguez. En ese momento estaban finalizando la remodelación del local, y se hallaban presentes el encargado, Teodoro Lamenza, y un electricista de apellido Lutscher, más un par de parroquianos ocasionales.

«Eran las primeras horas de la madrugada del jueves pasado. El Namuncurá está situado sobre la ruta nacional 7, y esa noche Lamenza no esperaba gran movimiento debido a los cambios que se estaban efectuando en el local, pero de pronto ingresó al mismo, después de estacionar un pesado camión, un individuo alto y delgado que llamó la atención de los presentes por los claros signos de ansiedad que evidenciaba su comportamiento, por otra parte completamente normal. Era, como supimos más tarde, el nombre Bracamante, quien solicitó, aproximándose al mostrador, un vaso de té y un sedante.

«Lamenza le explicó que, por causa del cambio de instalaciones y de los arreglos que efectuaba Lutscher, no podía prepararle la infusión, y le ofreció en cambio una bebida espirituosa. Nerviosamente -continúa el artículo de M. Zelman Grinberg-, el camionero la rechazó, alegando que no acostumbraba beber. Como se le preguntara por la causa de su ansiedad, replicó que ya le iba a pasar y se encerró en un obstinado silencio, del que logró arrancárselo sólo después de reiteradas tentativas, y no sin resistencia: «˜no… no… van a creer que estoy loco o borracho»™.

Gral Rodríguez (2) Croquis del Partido de Gral RodríguezCroquis del Partido de General Rodríguez.

«Finalmente, en forma algo deshilvanada, como para liberarse de un profundo sentimiento de angustia ante un suceso absolutamente inconcebible, relató que venía por la ruta 7, procedente de Olavarría, con una carga de cemento y piedra para la Capital Federal cuando, pocos kilómetros antes del Namuncurá, vio aparecer sobre el campo una especie de neblina rutilante que, en un primer momento, le pareció un mero efecto del cansancio de la vista. Por lo tanto, decidió detener el vehículo en la banquina y descendió para descansar. La neblina fue reemplazada por una luz intensísima que por poco lo ciega, y cuando abrió los ojos distinguió, a unos cien metros, en un potrero, lo que en un principio tomó por un avión, pero que resultó ser un gran aparato oblongo, de color opaco, con rebordeen la parte superior y anchas salientes en la interior.

«»˜Vi salir a tres… Eran como hombres, pero de hombros muy anchos y formas angulosas y caminaban con dificultad, como si estuvieran apunados. Los rostros eran como de chinos o mongoles, más aguzados en los rasgos. De eso sólo me dí cuenta cuando nos acercamos… me quedé helado, porque no puede haber en el mundo personas de ese aspecto, de hombres tan desmesurados. No podía ni pensar»™.

«¿No sería una alucinación? (preguntó el autor de esta crónica, quien dice haber escuchado el relato del curioso episodio de labios de Bracamante).

«»™No, no… yo estaba bien despierto. Eran de carne y hueso. Uno de ellos me tocó y yo, sin saber por qué, también lo hice. Me tomó del codo, como un saludo. Me hablaron, los tres a la vez. Me asusté. Hablaban un idioma extraño, pero alcancé a entender que no debía temerles, que a su aparato no te ocurría nada, y algo sobre las luces lejanas y la ruta. Nada más. Después, uno de ellos sacó del pecho una placa con dos signos brillantes, que me mostró»™.

«Del resto, Bracamante, que dudó bastante en proporcionamos su nombre, manifestó no recordar nada en el momento, pero pudo reproducir en un papel, algo tosca y nerviosamente, los extraños signos. Ahora, otras personas Gral Rodríguez (3) Antigua ruta nacional n 7 Por allí circulaba un pesado camión conducido por Bracamantedeclaran haber visto insólitas luces, y escuchado curiosos zumbidos esa misma noche».

Antigua Ruta Nacional No. 7. Por ahí circulaba un pesado camión conducido por Bracamante.

Así concluye el artículo del periodista Mauricio Zelman Grinberg.

LA ENCUESTA

En la entrevista efectuada a Raúl José Mussi, ese mismo año, el colaborador del semanario Aquí Luján, manifestó que se hallaba bebiendo un aperitivo con Alberto Fuentes en la parrilla Namuncurá, de General Rodríguez. «Esta parrilla no estaba aún inaugurada, porque recién se estaban haciendo las instalaciones eléctricas, preparando las mesas, la cocina y demás necesidades, cuando llegó a nuestro lado un camionero con un tremendo susto, creyendo que lo íbamos a tomar por loco.

«A requerimiento de nuestro administrador (Fuentes), el hombre atinó a decir: «˜Ustedes no me van a creer, yo no estoy loco, soy una persona que no toma, que no bebe, soy consciente de mi trabajo (de camionero). Pero me ha ocurrido algo; no se lo puedo decir»¦»™.

«Después, tratando de calmarlo y sonsacar aquello que le había sucedido, nos dijo que había visto algo así como un plato volador, una cosa extraña bajar en las cercanías del tugar cuando venía viajando en su camión. Fue todo lo que nos explicó hasta ese momento. Luego de escuchar su relato no hicimos mucho eco. Como cualquiera, no hubiese dado crédito a lo que él decía y entonces me retiré, un poco alejado de donde estábamos, y no pude precisar lo que hablaba.

«El camionero no especificó el lugar exacto donde descendió el objeto, pero está dentro de la zona de General M. Rodríguez. Pudo haber sido a 2 ó 3 Km. de la parrilla. Sólo dijo que lo vio desde la ruta en un campo[2].

«Conozco a los camioneros. En cierto momento daba de sospechar el modo de expresarse. Parecía ebrio o cualquier cosa, pero no era así, ya que desde el primer momento nos dijo que no bebía e incluso, para calmar su nerviosidad, lo invitamos con un aperitivo, algo fuerte, que no aceptó, pero después lo persuadimos acompañado de un café».

Gral Rodríguez (4) El disipado horizonte y la oscuridad permiten sorprender al viajeroEl disipado horizontey la oscuridad permiten sorprender al viajero con relatos maravillosos.

Cabe aquí un breve comentario. La exposición de Mussi no se destaca, precisamente, por la denominada «˜curiosidad periodística»™. Pone de relieve una desaprensiva actitud hacia aquel testimonio que, muy pronto, iría a ser noticia en los diarios. Incluso, llega a apartarse de la tertulia -según dice- debido a las «sospechas» que le despertaba.

En 1986 encuestamos a otro de los parroquianos, al electricista Andrés Lutscher, quien se hallaba trabajando entonces para el diario Nuestra Acción, de General Rodríguez.

Ante nuestra requisitoria se mostró inquieto y evasivo. Manifestó «no recordar nada, en absoluto». Ni los rasgos, ni las palabras del camionero, ni siquiera quiénes se encontraba con él esa madrugada (le reiteramos la pregunta). Pero se acordó de inmediato del episodio, y fue cuando no quiso extenderse por más tiempo.

Sólo insistía en dar su opinión: «Lo tomé como mentira». En un instante de memoria, agregó que le restó importancia al hecho, al igual que Teodoro Lamenza, el dueño de la parrilla. Reconoció que, cuando apareció el hombre, él se hallaba «tomando unos vinos, unas copas de más» y que al principio no tomaron en cuenta lo que decía, pero luego se pusieron a pensar si había sucedido o no, aunque terminó creyendo que era mentira. Por otra parte, asegura que el circunstancial visitante era camionero, pese a que no lo conocía ni alcanzó a ver el vehículo en que viajaba. Finalmente expresó que todos los que allí se hallaban eran amigos.

Localizamos también a Teodoro Lamenza, uno de los socios de la parrilla Namuncurá, presente aquella noche. Y mantuvimos una conversación en la que aparece nuevamente cierta renuencia al diálogo, esta vez, encubierto por una pseudo-disposición a colaborar con nuestra tarea.

«Aquella noche -dice Lamenza., vino el camionero y nos contó lo que le había ocurrido. Yo tenía allá una parrilla, en cuya vivienda vivía la familia de Juan Rodríguez (su esposa Isabel y su hija). Recuerdo que con unos amigos nos habíamos quedado hasta la madrugada; porque no estábamos nunca, no había trabajo. Y estábamos esperando por si alguna de esas cosas… De pronto, entró un hombre de mediana edad; estaba desesperado, como pensativo. Bebió algo en el mostrador y se calmó. También pidió una aspirina. Luego tomó asiento y se quedó hasta las 2 ó 3 Gral Rodríguez (5) Aproximación al lugar donde habría concurrido Ezequiel Bracamantede la mañana. Inclusive cenó en nuestra mesa y todo. Es gente de ruta, que aparece esporádica mente, aunque a ese hombre no volví a verlo».

Aproximación al lugar donde habría concurrido Ezequiel Bracamante para narrar su experiencia.

Al preguntársele respecto a los cambios y reapertura del negocio, Teodoro Lamenza no es muy explícito y da la impresión de querer cerrar la entrevista diciendo: «Tengo que ir a buscar los datos y dárselos en unos días. En una semana puedo juntar todo, hacerle un resumen a máquina, las fotocopias de todo». Le manifestamos nuestra sorpresa por tan empeñosa disposición, por otra parte excediendo la solicitud.

«No me cuesta nada -respondió T. Lamenza-, lo vamos a hacer y decir lo que sabemos. En ese sentido quédese tranquilo. Otra cosa que vamos a hacer es ir a ver al diario. Fuentes es quien hizo un diario con nosotros y se llamaba Juventud… Yo soy una persona que si toma un compromiso… es seguro que le vaya cumplir. Sea para lo que sea. Cuenten conmigo. En una semana van a tener todo lo que les digo. Esperen que van a tener una satisfacción de lo que sepamos y muy pronto, ¡eh! Si Dios quiere y la Virgen. Quédense tranquilos».

Allí terminó la entrevista, con su vehemente deseo para «quedarnos tranquilos». Como era de sospechar, no tuvimos ninguna noticia de Teodoro Lamenza. Sin embargo, dejamos transcurrir unos dos meses antes de escribirle al domicilio que nos indicó, a modo de recordatorio. La respuesta no se hizo esperar: la carta enviada regresó con un sello y un breve texto del correo: «Se mudó. No dan razones».

En enero de 1990 la indagación continuaba. Entrevistamos a Alberto Fuentes, administrador del semanario Aquí Luján.

A pesar de los años, recordó enseguida el episodio «por comentarios que le hicieron», aunque por momentos algunos aspectos pasaban al olvido. Por ejemplo, al preguntársele si estaba presente aquella noche en la parrilla Namuncurá, lo negó reiteradas veces. Tampoco supo decimos quiénes se encontraban en esa oportunidad.

Ante su constante negativa de lo que sabíamos por obvio, procedimos a «˜recordarle»™ que su nombre, junto al de su colaborador R. Mussi, aparecía en una nota referida al caso publicada en varios periódicos. Su comentario fue que no recordaba incluso quién era Mussi, pero en cambio nos habló de los sándwich de Lamenza. En un diálogo imposible que parecía eludir una y otra vez el eje central de nuestra conversación, le preguntamos en forma terminante: «En definitiva, ¿usted estaba o no en el restaurante Namuncurá?». A lo que pudo responder: «Estábamos ahí comiendo, ¿vio?, pero no estuvimos en la presencia del hecho… Ahora algo así recuerdo.

Gral Rodríguez (6) Frente a la otrora parrilla Namuncura, donde se tejió el relatoFrente a la otrora parrilla Namuncura, donde se tejió el relato.

«Yo le voy preguntar a Lamenza; el episodio no lo recuerdo mucho, le digo». «˜Y dígame, ¿dónde está Lamenza?»™: «Ahora no sé donde está, está en San Juan (NdR: ¡a más de 1.100 Km. de Gral. Rodríguez!), en una fábrica… A quienes va a tener que buscar son a Lamenza y a Zelman Grinberg. Él estaba presente ahí, era un muchacho que trabajaba en el diario…».

Fuentes agrega que tampoco conocía a Bracamante. «Son camioneros que pasan por ahí; es una parrilla de ruta, ya no existe más». Nada original añade a lo que se conoce, exceptuando su impresión sobre el caso: «Algo de cierto hubo, porque ese día, a la mañana, muchos dijeron haber visto un plato volador desde el tren. Pero eso yo no lo vi». En la época del episodio, algunos ufólogos que tuvieron ocasión de dialogar con Mauricio Zelman Grinberg, recuerdan que sus comentarios se han ceñido a lo publicado por él. No obstante, en fecha más reciente intentamos vanamente localizarlo, siguiendo los consejos de A. Fuentes. Es que el periodista había fallecido hace mucho tiempo atrás[3].

CONSIDERACIONES SOBRE EL CASO

En cuanto a la identidad del camionero lo único que se logró en las entrevistas con los parroquianos, es el supuesto nombre y lugar de donde sería oriundo, ratificando que nadie conocía ni volvió a ver al ignoto hombre de la ruta.

Sin embargo, al año de ocurrido el caso, Emilio F. Caldevilla realizó algunas interesantes indagaciones (1). Como el camionero habría dicho que era de Carmen de Areco, intentó ubicarlo en esa localidad bonaerense. En la Unión de Camioneros no lo conocían, tampoco en la policía, ni en el correo (habiendo consultado los padrones).

Así las cosas, debía considerarse con fundamento la posible inexistencia de Luis Ezequiel Bracamante (o Bracamonte), al menos con ese nombre[4].

Luego constató que si alguien viajara de Olavarría a Buenos Aires, no lo haría por la ruta nacional n° 7, o sea, pasando por General Rodríguez. Salvo que hubiere pasado antes por Carmen de Areco, por ejemplo. En efecto, es posible advertir que iría por la ruta nacional n° 3, ya que Olavarría se encuentra al sudoeste de Luján-Gral. Rodríguez, mientras que la ruta 7 proviene del noroeste.

Por otra parte, la ruta nacional no 7, a la una de la mañana es un lugar regularmente transitado y, aunque ninguno pudo precisar dónde se produjo el aterrizaje, no estaría a más de 60 Km. de la Capital Federal. Además, el casi-desapercibido restaurante Namuncurá estaba habitualmente cerrado y si el camionero no lo hubiese conocido, sería muy improbable que haya notado su presencia.

La circunstancia en que el desconocido camionero llegara pidiendo un té y una aspirina para reponerse, en el preciso instante en que se hallaban varios periodistas, casualmente reunidos en la madrugada de un día jueves, al modesto restaurante de la ruta 7, ofrece algunas aristas.

Si seguimos el relato del periodista M. Zelman Grinberg, parece poco creíble que «a causa del cambio de instalaciones y de los arreglos que efectuaba (el electricista) Lutscher» en el local, Teodoro Lamenza no podía prepararle una simple infusión de té[5]. Claro está que, según recuerdan los parroquianos, se habría sentado a cenar en la misma mesa y tomar un aperitivo con café junto a los periodistas y demás amigos. No alcanzamos a comprender, entre tanto, que la agudeza de los hombres de prensa no haya ido tan lejos como para cerciorarse del lugar del descenso del extraño aparato, ocurrido momentos antes a escasos 2 ó 3 Km. de la parrilla, y conocer algo más de la identidad del presunto testigo. La opción fue quedarse a departir unas copas y escuchar su relato.

Como consecuencia significativa .más allá de la supuesta presencia del camionero en «Namuncurá», el autor del articulo periodístico obtuvo su rédito con la venta de su nota y, por otra parte, la flamante parrilla o restaurante habría de lograr atraer a muchos curiosos y potenciales clientes, con la reiterada advertencia que el negocio estaba en plena remodelación, próximo a su reapertura. Además de indicar su ubicación exacta, tres veces menciona el nombre de la parrilla, y otras tres que estaba en proceso de remodelación. Una propaganda seguramente muy bien recibida. La probable inexistencia de Luis Ezequiel Bracamante y las incongruencias señaladas, abren conjeturas difíciles de verificar. No obstante, disponemos de una información insuficiente para avalar el caso y sí, en cambio, para suponer un origen «terrestre» que no ha podido -de ninguna forma- trascender las fronteras de la letra impresa en un periódico y del mutismo, indiferencia u olvido de quienes han sido testigos de un incierto testigo.­

REFERENCIAS

(1) Comunicación personal del 17 de marzo de 1978.

(2) von Daniken, Erich. Recuerdo del Futuro. Plaza & Janés, Esplugas de Llobregat, 1974, Págs. 54/56.

Dr. Roberto Banchs

Buenos Aires ARGENTINA


[1] A modo de ejemplo, citemos a los diarios La Unión, de Catamarca (del 22 de marzo), y El Tribuno, de Salta (del 30 de marzo). El contenido es el mismo, indicando que ocurrió en «la madrugada del jueves anterior», pero como la información apareció en semanas distintas, produjo una confusión al precisar la fecha del evento.

[2] Al sur, del lado de las vías férreas, existe una cuneta y un cerrado alambrado de púas para evitar el paso de animales y personas, suponiendo que debiera tratarse entonces del sector norte, donde hay amplios campos, muchos de ellos sin vallas.

[3] En una comunicación personal del 22 de enero de 1990, José Gobello -quien fuera jefe de redacción de la agencia SIC, me informa de su muerte y lo recuerda como un hombre de talento y de espíritu bohemio.

A su vez, nos indica que aquella agencia que actuaba como «Servicio Informativo Continental» (SIC), no guarda relación alguna con una homónima actual bajo el nombre de «Servicio Integral de Comunicaciones» (SIC).

[4] Así también, resultó llamativo la peculiar ortografía con la cual el periodista M. Zeman Grinberg, inscribe el segundo nombre del testigo: Exequiel (con x), cuando lo usual y correcto es Ezequiel (con z), como el profeta bíblico. La «Neoarqueologla» atribuye a Ezequiel haber tenido un encuentro con los tripulantes de una nave extraterrestre (2).

[5] Aunque, desde luego, el alto y delgado camionero dijera que «no acostumbraba a beber», rechazando «una bebida espirituosa».

Un aterrizaje en la avenida General Paz

UN ATERRIZAJE EN LA AVENIDA GENERAL PAZ

Roberto Banchs

Gral Paz (1) Plano del sector

«Todo se inició cuando la noticia, candente y nerviosa, afirmaba que en la Avenida General Paz había descendido un ovni. La versión trajo seguidamente un agregado aún más sensacional: un automóvil se habría llevado por delante al objeto volador extraterrestre posado en la referida arteria».

De esta manera, el diario Crónica, de Buenos Aires, en dos ediciones del 4 de septiembre de 1968, se hacía eco del sorprendente acontecimiento presuntamente ocurrido en una de las arterias que rodean y delimitan a la Capital Federal. Una zona densamente poblada que enmarca un episodio constituido en la asombrosa primicia informativa.

«Pero para que la conmoción fuese subiendo hasta provocar una psicosis que hizo que grupos numerosos de personas recorriesen la Gral. Paz guiados por la curiosidad y también por el miedo, agregaba que dos de los seres tripulantes del «˜plato volador»™ habían sido apresados. Las llamadas telefónicas a diarios, radios, agencias noticiosas, el ir y venir de, hasta instantes antes, pacíficos vecinos, las preguntas, la nerviosidad llevada a dimensiones que ya configuraba lo fantasioso, causó al promediar la mañana un verdadero caos colectivo de inquietud», señala el popular diario porteño.

La noticia provocó la rápida movilización del periodismo, llevándolo a recorrer la avenida, «pero nada anormal pudimos observar sobre lo que se anunciaba. Todo ocurrió sin que nadie supiera cómo» se produjo, pero centenares de Gral Paz (2) Av Gral Paz y Av De los Constituyentes, en una foto de épocacuriosos y periodistas se había trasladado hasta allí.

Avenida General Paz y Avenida de los Constituyentes, en una foto de època.

La necesidad de confirmar y ampliar detalles de la versión, les llevó a comunicarse con las fuentes de información adecuadas para esta clase de noticias.

En las bases aéreas militares de Morón y El Palomar, las actividades se desarrollaron con normalidad y se respondió que nada tenían que informar, ya que desconocían el hecho. Las autoridades policiales afectadas en la zona tampoco pudieron dar explicaciones «de algo que no existe». También la Policía Federal, extraoficialmente, informaba que no habían recibido, en ningún momento, información al respecto. Algunos entusiastas platillistas optaron por asegurar, en cambio, que la negativa de las autoridades obedecía al secreto que sobre la cuestión mantenían celosamente.

En la Casa de Gobierno -agrega Crónica- se vio llegar al ministro de Defensa, Emilio Federico van Peborgh, que mantuvo una entrevista con el presidente de la Nación. Al salir del despacho del jefe del Estado, van Peborgh fue abordado por 105 periodistas, a quienes les señaló que la reunión con el presidente de facto Tte. Gral. Juan Carlos Onganía era la habitual de los miércoles.

Al ser consultado sobre la presencia del ovni en la Avenida Gral. Paz, el titular de Defensa respondió: «Es la Fuerza Aérea la que se ocupa de los aspectos técnicos de los ovnis. Simplemente puedo decirles que me gustaría ver uno de esos objetos para tener una impresión directa sobre el asunto, del que en los últimos tiempos se habla con mucha insistencia. De cualquier forma, ni Gral Paz (3) Vista aérea de la avenida que circunda la Capital Federalpersonalmente ni en el ministerio a mi cargo, tenemos conocimiento sobre lo que anuncia esa versión».

Vista aérea de la avenida que circunda la Capital Federal.

Mientras tanto, la conmoción iba decreciendo paulatinamente. «Es evidente -sentencia Crónica- que una psicosis colectiva impera en la capital argentina con respecto al desplazamiento y aterrizaje de aeronaves desconocidas. O quizás algún chistoso que, aprovechando las notas periodísticas que informan objetivamente sobre las apariciones de ovnis en distintos lugar del país, en especial Mendoza (NdR: recuérdese el resonado caso del 31 de agosto 1968), a la que se ha dado en llamar «˜la preferida de los ovnis»™, haya lanzado un falso y molesto llamado a los medios periodísticos[1], para que muy pronto la Capital se viera convulsionada por el fantástico anuncio: un extraño aparato volador había descendido en algún punto de la avenida General Paz». Más adelante irá a reiterar: «Entre tanto, una larga caravana de ávidos curiosos trataba de dar con el inexistente «˜Plato Volador»™, creado quizá por la fantasiosa mente de algún gracioso, envuelto en la psicosis de los ovnis».

Un largo silencio le siguió al caso. No obstante, las indagaciones que efectuamos permitieron concluir lo siguiente:

1º) Que las autoridades militares, policiales y de Defensa, en ningún momento tuvieron conocimiento de los pormenores del episodio al que se refiere la información periodística.

2º) Que los hechos aludidos han sido objeto de la investigación correspondiente, sin que existan indicios que hagan verosímiles las versiones Gral Paz (4) Circulando por la avenida se habría producido el inusitado encuentropublicadas sobre la presencia del ovni y sus ocupantes en la avenida General Paz.

Circulando por la avenida se habría producido el inusitado encuentro.

SIN EMBARGO, 18 AÑOS DESPUÉS…

…Una circunstancia fortuita nos permitió conocer en detalle el modo en que se generó la sensacional noticia.

Hallándonos en la redacción del diario La Razón en noviembre de 1986, el experimentado periodista Eliseo Castiñeira de Dios, nos refirió espontáneamente la génesis del caso de Buenos Aires. El valioso testimonio, a su vez, lo ratificó en forma didáctica en julio del año siguiente, del cual extraemos sus conceptos fundamentales:

«De acuerdo a la estructura básica de la comunicación, hay un emisor, un mensaje y un receptor. Pero existe también un retorno de ese mensaje, que se produce cuando el receptor vuelve al emisor.

«Esto es lo que ocurrió realmente en el diario La Razón, allá por 1968, cuando por una circunstancia anecdótica, interna al manejo de la información y de la responsabilidad sobre la misma, se suscitó un hecho de dominio público y determinó que se hablara sobre un hecho totalmente inexistente.

«Fue así como el entonces secretario general de redacción, Félix Hipólito Laiño, pidió alrededor de las 10 de la mañana -esto es, una hora antes del cierre del diario-, que de las distintas áreas donde se cubre la información en puntos fijos, le enviaran de inmediato todo el material, pues necesitaba cerrar la edición más temprano. Sin darle ni serle requerida explicación alguna, se lo comunicó al secretario de turno, el mendocino Antonio Villacián Gral Paz (5) Imagen típica de la Av G Paz y Cosntitiuyentes, con su depósito de gas al fondoBurgos, quien procedió a llamar a todas las áreas.

Imagen típica de la avenida General Paz y Constituyentes, con su depósito de gas al fondo.

«Habiendo cierta confianza, por los años de trabajo en común, con los responsables de dichas áreas -dice Castiñeira de Dios- no es fácil explicar algún inexplicable, de modo que siempre había que dar una información. Comunicándose telefónicamente con el periodista acreditado en la Casa de Gobierno, Sixto Vila Ruiz, le transmite la urgencia del pedido. Le acompañaban David Busto Abad y Faustino Altamirano.

«Al asombro inicial le siguió la inquietud del periodista de saber porqué. Y como Villacián Burgos, desde luego, no podía responderle adecuadamente, atinó a decirle -muy frescos los sucesos ovni de su provincia natal- que «˜lo que pasa es que un plato volador aterrizó en la Avda. Gral. Paz, allá van todos los medios, y por eso quieren cerrar temprano la edición»™». Sentado muy cerca, en su lugar de trabajo, Eliseo Castiñeira de Dios escuchaba atento la conversación.

Vila Ruiz debía hacer su trabajo rápidamente y enviarlo a La Razón. En la sala de periodistas de la Casa de Gobierno estaban los hombres de prensa reunidos, todos juntos en un mismo recinto, hasta que se deslizó el motivo de tal apresuramiento. Un colega de otro diario porteño consulta a su medio sobre la novedad que, obviamente, nada sabían y de inmediato destinan un cronista al lugar de la supuesta aparición. El periodista de Canal 11 de televisión, allí presente, pasa también la información a su medio y envían un camarógrafo.

Gral Paz (6) Batallones de Arsenales y Logístico del Ejército, sobre la Av Gral Paz, a pocos cientos metrosBatallones de Arsenales y Logístico del Ejército, sobre la Avenida General Paz, a pocos cientos de metros.

Eliseo Castiñeira de Dios trabajaba circunstancialmente en esa emisora y, al llegar por la tarde para el noticiero «Reporter Esso», advierte que en el material filmado por la mañana, se hallaba una nota referida a un plato volador aparecido en la avenida Gral. Paz. Las imágenes que recuerda eran las de una joven pareja sentada en un talud verde de la avenida (comunes a lo largo de la misma), mostrando un círculo de tierra calcinada que no sabían de qué se trataba. «Evidentemente -dice nuestro entrevistado- había sido de una fogata, hecha unos días atrás». Explicaron que sólo venían a tomar el Sol y estar juntos, que nada sabían del plato volador, aunque tal vez el cuidador del parque sabría informarles. A él fueron las cámaras de la emisora de televisión, y éste supo decir que a medianoche escuchó un ruido, pero pensó que se trataría de la frenada o colisión de un automotor (accidentes que son muy frecuentes en esa arteria).

El cuidador añadió que salió a ver y que había unas fuertes luces. Entonces -siguiendo el testimonio de Castiñeira de Dios- el cronista le dijo: «Entonces debió ser el plato volador», a lo que el humilde trabajador respondió: «¿No me diga?, ¿un plato volador, acá?, pues yo no lo vi». Pero eso determinó que las cámaras llegaran hasta una estación de servicio situada en la Gral. Paz y avenida de los Constituyentes, donde alguien habría visto en la madrugada un resplandor por esa zona.

Gral Paz (7) SAla de Prensa de la Casa de Gobierno, 1968Sala de prensa de la Casa de Gobierno, 1968.

Pasado el mediodía, un lector llama al diario reclamando un cronista, pues en la avenida Gral. Paz y de los Constituyentes estaban todos los medios, menos La Razón. Entonces Villacián Burgos, se ve obligado a enviar unos periodistas, a mandar a su propia inocente mentira, impedido de echarse atrás con lo que se inició con una respuesta irónica, hasta humorística[2]. Como los demás diarios habían dado su propia información, el diario tenía que darla también, pues sino quedaría como que el diario «no estaba en la información». Aunque, felizmente, la ausencia de confirmación de las versiones que rodaron y las crecientes sospechas públicas de que se trataría de una superchería, habrían eximido a La Razón de incluir en sus páginas el rumor.

«Y así siguió toda esta novela que en los medios de difusión tuvo un amplio espacio, y que se extendió por varios días. En muchos casos nosotros sabemos, como profesionales -dice E. Castiñeira de Dios, que la información no es seria, no es genuina, pero que es una información que el lector necesita. Hay un ingrediente para preparar una masa de información que debe resultar de interés para el lector. Y lo científico siempre atrae por algún tema. Por eso el «˜plato volador»™ va a estar siempre como noticia. Si el hecho ocurrió o no, no importa, porque nos posibilita salir un poco de la rutina informativa y entrar con otras cosas, y que la gente le haga pensar, soñar o conmoverse. Este es el motivo fundamental de nuestra profesión: conmover a la gente con algo, no exagerarlo, pero conmoverlo con algo para que su paso por este mundo sea un poco más interesante», cierra el maestro del Gral Paz (8)periodismo.

Lo reunido aquí, en forma condensada, permite concluir que el caso del aterrizaje de un ovni y sus dos ocupantes en la avenida General Paz, ha consistido en un rumor generado por los mismos medios periodísticos, y por consiguiente, no pudiéndose atribuir al fantástico episodio verosimilitud alguna. Sólo el transcurrir del tiempo parece haber permitido decantar la realidad, el trasfondo de un informe ovni. El caso queda, a vista de lo expuesto, cerrado.


[1] Incluso la prensa extranjera, como el Chicago’s American, del 29 de septiembre de 1968, reprodujo la noticia.

[2] Antonio Villacián Burgos, ya muy anciano, eludió en tres ocasiones mantener un diálogo sobre el asunto, al mencionárselo telefónicamente. Tampoco respondió a un posterior requerimiento epistolar.

El polimorfo ovni de San Lorenzo (SF)

EL POLIMORFO OVNI DE SAN LORENZO (SF)

Roberto Banchs

j Una de las más grandes oleadas mundiales es la manifestada en 1968. Un año pródigo en noticias de avistamientos de ovnis con ocupantes, registrándose en la Argentina 12 informes de esta clase, comprendidos en un período aún menor, entre junio y noviembre.

El 6 de julio el diario Crónica, de Rosario, informa a sus lectores que en la víspera se presentó en la redacción el padre de la joven Olga Rosell de Montironi, denunciando que su hija había visto un inusual elemento aéreo desde su vivienda en la localidad santafecina de San Lorenzo, a unos 35 Km. de Rosario. Trasladados al lugar, recogieron su testimonio:

«Eran las 4,30 de la mañana -dice la Sra. Olga- cuando mi esposo salió de casa a su trabajo. Instantes después, advertí un ruido extraño. Abrí la ventana del dormitorio, pues noté un zumbido extraño y mucha claridad. Me encontré que sobre una vivienda retirada a no más de 50 m. cruzaba una especie de nave espacial del tamaño de un automóvil. Era luminoso y en su interior alcancé a divisar algo así como personas con vestimentas…».

«Al preguntársele si el fenómeno fue visto por otras personas, nos dijo que sí. «˜Claro que sí; las señoras Irma Gómez y Luisa Acosta, también lo vieron»™». Estas explicarían luego haber sido testigos del fenómeno ante la llamada de auxilio de Olga.

«La nave espacial -agrega- se trasladó hacia el norte, justo sobre el cementerio de San Lorenzo. Allí estuvo detenido durante más de 15 minutos, volví a asomarme y comprobé que la nave estaba en el mismo sitio. Pero pude observar que, tras breve descenso, se desprendieron como filamentos rojizos. Finalmente se desprendió un objeto menor y redondo, que emprendió raudo vuelo, mientras «˜la nave»™ se desplazaba hacia el sur. Durante un instante el cielo tenía el aspecto de una puesta de Sol. Eran las 5 de la mañana…».

Conocido el episodio, a través de las fuentes periodísticas, escribimos a Olga Rosell de Montironi (nacida el 8 de diciembre de 1944), requiriendo de ella mayores datos, para lo cual adjuntamos una planilla de información técnica. Diecinueve días después de ocurrido el caso -esto es, el 24 de julio de 1968-, la testigo nos remitió su pormenorizado informe, quedando dispuesta para cualquier nueva consulta (¡la cual se produciría 16 años más tarde!).

k Una síntesis de lo expuesto es la siguiente: «En momentos de la observación el cielo se hallaba despejado, con una visibilidad escasa, debido a que no había Luna y aún era de noche», declara la testigo. Hacía frío y se registraron heladas, aunque Olga reconoce haber sentido en esos momentos calor, presa de un estado de nervios[1].

«El plato volador -dice- se desplazaba de oeste a este y al llegar a unos 500 m. de donde lo veía, se elevó a unos 1.000 metros, desvió al sur y observé que se detenía y bajaba otro muy pequeño por un «˜hilo»™ muy rojo y de igual luminosidad. Así estuvieron flotando en el aire 3 a 4 minutos, hasta perderse muy alto, hacia el oeste».

La velocidad de los objetos era muy lenta, excepto el mayor cuando se perdió en el horizonte sur, siendo muy parecido a una puesta de Sol. Este tendría muchos metros de longitud. Comparado con la Luna, su tamaño visual era «˜más grande»™, y su forma «muy similar a las que se ven en diarios y revistas» (sic).

Ambos eran intensamente rojos y blancos, luminosos, produciendo variaciones mientras se desplazaban. La duración total estimada del avistamiento fue de unos 15 minutos.

Es importante consignar que la forma del primer objeto fue modificándose paulatinamente. Al principio, se lo observaba como una masa informe, de unos 3 m. de diámetro, con luminosidad roja. Al elevarse, fue elongándose y adquiriendo una coloración blanca en la zona central y sus extremos rojos. Finalmente, al recorrer parte del cielo hasta perderse, su forma era plana en su base con unas protuberancias arriba, en tanto que su coloración mudó al blanco, salvo su borde superior que presentaba una suerte de «luminosas ventanillas» rojas.

Cuando se alejaba, Olga Rosell salió a la calle y desde la esquina pudo observarlo mejor, por tratarse de una zona de pocas y bajas edificaciones.

En ningún momento del relato hizo referencia a la percepción de los presuntos ocupantes que mencionaba la versión periodística, así como otros detalles.

A pesar de tal omisión, en noviembre de 1984 nos propusimos tomar contacto personal con la testigo.

Bien dispuesta para la entrevista, su narración fue la siguiente:

m «Desde hacía varios días atrás del caso, venia escuchando en horas de la madrugada, junto con mi esposo Ángel P. Montironi, un zumbido en el interior de nuestra vivienda (sito en la calle W. Morris al 2.300), sin poder determinar su procedencia. Inspeccionábamos dentro y fuera de la casa, y nada. Una mañana -una de las tantas en que él se iba a trabajar-, persistí en la idea que podría venir de afuera, y entonces -a eso de las 4 ó 4,20 horas- levanté la cortina de la ventana del dormitorio que da al oeste y veo del sector sur como una puesta de Sol, anaranjada, que venía subiendo. Venía agrandando y achicando su tamaño, era como una pelota de fútbol. Siempre en color anaranjado, como un Sol, pero no iluminaba.

«Subía por aquella casa -señalando una vivienda vecina-, pero por la vegetación no lo podía observar demasiado. Así que largué todo y fui hacia el patio. Una vez ahí, comprobé que ya estaba achicando y tomaba la forma de un sombrero, aproximadamente del ancho de un automóvil, un metro y pico. Las plantas de los fondos seguían entorpeciéndome la visión. Entonces corriendo, salí a la calle, crucé la de la esquina a un descampado y estaba el «˜sombrero»™ ese, detenido en el espacio y de ahí bajaban dos más, luminosos, con luces azules y reflejos anaranjados. Bajaron como si lo hicieran por un hilillo de color azul, un celeste bien visible, luminoso, con otro platillo más pequeño, y otro hilo también, con otro platillo por debajo. Quedaron flotando un instante en el aire, no se cuántos minutos.

«Había quedado muy transpirada, tenía un camisón, aunque esa mañana cayó una helada. Pensé que sería por un calor que irradiaba la tierra, o si era debido a mis nervios, mi ansiedad por ver todo lo que estaba presenciando. Nunca dejé de mirar el cielo. Es así que grité a unos vecinos, pero sin detenerme, seguí mirando.

«Cuando estuvieron unos minutitos, así, flotando, fueron bajando lentamente hacia el sur, perdiéndose en la distancia. No se si los pequeños platillos, de más abajo, subieron por sí mismo o si era efecto de la distancia que yo no los vi más. Continuaba viendo al grande hasta que se fue formando otra vez todo el redondel anaranjado, el de la entrada de Sol, el que yo había visto al salir. Ahora se iba poniendo».

Finalizada su exposición fue conveniente cercioramos de la exactitud del informe que nos remitiera la testigo en 1968, con respecto a los presuntos ocupantes. Procedimos entonces a formularte unas preguntas:

RB.- ¿Usted llegó a observar ventanillas?

OR.- «Si, eran algo así como ventanillas luminosas. Se veía como una luz, luces que se movía adentro. No era una luz quieta, como la que reflejaba alrededor».

RB.- ¿Qué llegó a observar a través de las ventanillas?

OR.- «No, nada. Una lucecita así, como que titila…».

RB.- ¿Llegó a ver siluetas?

OR.- «No. En ningún momento… La información que le habían comunicado a un diario contenía muchos errores».

RB.- ¿De dónde surgió entonces la versión de que había «˜ocupantes»™?

OR. «“ «Bueno, la versión había salido en el diario Crónica, de Rosario. Pero a la distancia que había estado eso… Era imposible haberlos visto.

RB.- ¿A qué distancia estaba?

OR.- «…Puede haber sido una distancia como a estas nubes que se ven ahí arriba. Una distancia así».

En el atardecer nuestra encuesta a la testigo Oiga Rosell de Montironi, realizada en el mismo patio de su vivienda[2], iba llegando a su fin. Una vez más, la comprobación personal en el lugar de los hechos resultó un procedimiento valioso para verificar las informaciones proporcionadas, en particular, por los medios de prensa.

ALGUNAS CONSIDERACIONES

San Lorenzo (1) Uno de los aspectos más interesantes por mencionar sea, quizá, la discrepancia entre las versiones del diario Crónica, el informe testimonial que nos remitió la testigo a pocos días de ocurrir el avistamiento y la suministrada durante la entrevista personal mantenida con Olga Rosell en noviembre de 1984.

Aunque inexacta, la información periodística nos permitió acceder a un hecho más de los que venía denunciando la sensibilizada población de San Lorenzo[3].

A causa de algún involuntario giro literario, de interpretación, o de la deliberada inventiva de un periodista, se pone en palabras de la testigo que el fenómeno «era luminoso y en su interior alcancé a divisar algo así como personas con vestimentas…». Afirmación que ella desmiente de inmediato. Sin embargo, es posible suponer que había derivado de alguna expresión semejante.

Nótese, por ejemplo, su respuesta cuando le preguntamos si llegó a observar ventanillas: «Sí, eran algo así como ventanillas luminosos. Se veía como luz, luces que se movían adentro». ¿No será que se hayan mal interpretado sus palabras a partir de una declaración como ésta?

Olga Rosell de Montironi resulta honesta en sus manifestaciones y no creemos que hubiere un intento de darse publicidad. Asimismo, la aparente corroboración brindada por otros testigos, vecinos del barrio (aunque en la actualidad no residan allí y no han sido vueltos a localizar), indicaría que se trató de un estímulo perceptual, externo.

No obstante, se advierten algunas contradicciones entre los dos informes que nos ofreciera la principal testigo, en 1968 y en 1984. Obvia decir que el transcurrir del tiempo y sus características emocionales e intelectivas, habrían desempeñado funciones decisivas en su memoria retrógrada, o de evocación de los recuerdos. Así pues, en 1968 nos refiere la observación de 2 objetos de coloración blanca y roja unidos por un hilo muy rojo, vistos durante unos 15 minutos. En 1984 hablará de 3 objetos de coloración anaranjada, unidos por dos hilos azules, o celestes, avistados durante un tiempo imposible de calcular.

«No podemos aceptar ciegamente a los testigos ovni como instrumentos libres de error -dice Allan Hendry. Son, simplemente, gente normal sujeta a distorsiones de la percepción, memoria y autoexpresión» (1).

A pesar, hay algunos datos relativamente estables en ambos informes. En particular señalemos aquellos que se refieren a la velocidad, forma y consistencia del fenómeno descrito.

Hay coincidencia en cuanto se trataba de una masa moviéndose lentamente y que variaba, no sólo su tamaño, sino también su forma (dice la testigo: «venía agrandando y achicando su tamaño, (… su forma) fue modificándose paulatinamente…».

Esto nos indica ciertamente la inconsistencia de su materia constitutiva que, de no tratarse de un efecto óptico ­bajo condiciones meteorológicas que le eran propicias (temperatura, humedad), correspondería al estado gaseoso, antes que a un objeto sólido, como podría ser una formación nubosa (donde el viento calmo justifica incluso su permanencia en el cielo), algún curioso fenómeno atmosférico o, más bien, algún desprendimiento fabril. Al respecto, San Lorenzo y sus periferias constituyen una zona altamente industrializada: la destilería y planta petrolífera de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), activas industrias de cerámicas, molineras, petroquímicas y otras instalaciones fabriles. A su vez, a 10 Km. se encuentran dos emplazamientos militares (Batallón de Arsenales 121 y Fabricaciones Militares)[4].

Desde luego, quizá no sea posible emitir una conclusión definitiva, pero tampoco omitir estos datos, claramente evidentes y susceptibles de investigar, antes de signarlos de imposibles o descartables como fuente motivadora de la observación.

REFERENCIA

(1) Hendry, Allan. The UFO Handbook, Doubleday & Co., Inc. Garden City, New York, 1979.


[1] Habiendo solicitado al Servicio Meteorológico Nacional la situación sinóptica y/o los registros de las estaciones más cercanas, para las horas 04,00 y 05,00 del día 5 de julio de 1968, se nos informó, respectivamente: Temperatura: -2,4° C/-3,1° C; Humedad relativa: 91%-96%; Estado del cielo: Despejado; Viento: Calmo; Presión: 1022,7 hPa; Visibilidad: Superior a 10 Km. No habiéndose registrado fenómenos significativos (como precipitaciones, tormentas u otros). La obtención de los datos meteorológicos resultan sumamente útiles al momento de evaluar las condiciones en que se desenvolvió el episodio.

[2] La vivienda se encuentra en el sector noroeste de San Lorenzo, en el actual Barrio Capitán Bermúdez. Esta localidad está emplazada a orillas del Río Paraná y contaba en 1968 con una población estimada en 25.000 habitantes. Fue fundada por misioneros franciscanos en 1792.

[3] En efecto, el 26 de junio un operario fabril se vio envuelto de improviso en una fuerte luz de ignoto origen; el 30 de junio un joven vio por las calles, a las 4 de la mañana, dos seres de gran estatura vestidos con una especie de armadura metálica luminosa (la sensación calórica y el zumbido también presentes); y el 2 de julio varios testigos observaron el veloz desplazamiento de un objeto circular de coloración rojo-anaranjada (vs.: La Razón, Córdoba y La Capital, Rosario, Julio 4, 1968; y para el episodio del 30 de Crónica, Rosario Julio 1, 1968 y Clarín, Julio 2, 1968.

[4] Para dar una dimensión de los fenómenos que pudieron estar involucrados, mencionemos a modo de ejemplo el episodio ocurrido precisamente al día siguiente, 6 de julio, en La Plata (Pvcia. de Buenos Aires). Alrededor de las 22,00 horas un clima de tensión se creó en toda la ciudad y en las zonas aledañas, llegando en algunos casos a incontenible temor, cuando unos «˜extraños zumbidos»™ fueron escuchados. «Toda la ciudad hasta pensó en un ataque en masa de habitantes de otro planeta piloteando platos voladores», señala un diario. Finalmente se pudo saber que se trataba de un escape de vapor de considerable presión utilizado en la planta de YPF, cercana al puerto, para probar cañerías de nuevas instalaciones mediante la inyección de vapor a descomunal presión el que, al terminar su recorrido, escapaba a la atmósfera produciendo dichos efecto (v.: La Razón, Buenos Aires, Julio 7, 1968).