Viaje a Venus en un plato volador. La increíble historia de Salvador Villanueva (3)

VIAJE A VENUS EN UN PLATO VOLADOR

UN ÉXITO EDITORIAL

En 1976 Villanueva publicó una nueva edición de su libro. De la obra original se hicieron varias reimpresiones en México[1] y se tradujo a varios idiomas (alemán[2], japonés[3], portugués[4]). En Alemania fue todo un éxito. A finales de la década de los cincuenta ya se habían vendido más de 80,000 ejemplares. En 1965 el periodista Guillermo Ochoa[5] menciona que ya se habían vendido más de 200,000 ejemplares. Dice que Villanueva pudo haberse hecho rico, pero rechazó todo beneficio económico. “Difundir lo que vi es un compromiso que contraje con ellos”, explica. “El libro mismo lo pude editar gracias a que obtuve un premio en la Lotería, pese a que no jugaba con frecuencia”[6].

GuillermoOchoa Guillermo Ochoa en su programa “Hoy mismo” de la década de los ochenta.

En la edición de 1976, además del relato de su viaje a Venus, publica algunas de las reseñas que obtuvo su libro, un texto, Los misioneros, de libro El quinto reino de Ramiro Garza[7], y la compilación completa de los artículos de M. Gebé sobre su caso, titulada Sobre la pista de los platillos voladores.

En lo que podría ser la introducción Villanueva nos informa:

“BUENO, AMIGOS… Me llegó la hora en que ten­go que contarles algo respecto a los escurridizos pla­tos voladores que todo el mundo sabe que otros vie­ron; pero si me perdonan vamos a hacer un poco de historia: recordarán ustedes que este servidor, a tiros y tirones, publicó un libro en el que hablaba de los espaciales, o sea de las personas que tripulan esas naves. El libro se llamó “Yo estuve en el Planeta Venus”. Fue editado allá por el año cincuenta y tan­tos y prefiero no recordar la fecha porque el haberlo publicado me dio muchos dolores de cabeza.

“Les decía que haríamos un poco de historia por­que a mi parecer no hemos aventajado nada en cuan­to a saber si esos seres vienen de otros mundos o viven en éste desde el principio de los tiempos en que nuestro planeta quedó en condiciones de ser ha­bitado.

Ramiro Garza Ramiro garza, uno de los fundadores del CIFEEEAC.

“Sentí deseos de volver a escribir cuando al re­visar algunos papeles de aquellos tiempos encontré algunas críticas que personas muy enteradas me hi­cieron el favor de escribir con respecto a ese libro. Estas honrosas menciones me llenaron de orgullo; pe­ro hay también otras razones que me obligan a es­cribir una vez más sobre el tema. Mi libro se sigue leyendo y muchos editores se han llenado los bol­sillos en algunos países de América y Europa; pero le han ido suprimiendo partes que quizás a ellos no les interesaban y me preocupa que llegue el día en que sólo vendan el título y mi nombre respaldándo­lo; pero lo más curioso es que en cuanto ejemplar he leído encuentro una advertencia: “Prohibida la Re­producción Total o Parcial”. ¡Qué desfachatez![8]

“Así que muchos de mis viejos lectores iban a mi taller, se quejaban y me regañaban por el descuido en que he tenido a mi libro. Un buen grupo de ellos se asociaron y reunieron algún dinero con el que van a hacer esta nueva edición y yo con mucho gusto les he dado toda mi ayuda y hasta vamos a incluir dos nuevas partes: ésta que está usted leyendo y una serie de reportajes publicados en el Magazine de No­vedades en 1956, en la que algo tuve yo que ver.

Villanueva4 Edición del libro de Villanueva de 1995.

“Naturalmente, les advertí a mis amigos que lo vendieran sin ganancia de ninguna clase, salvo la de las casas que lo distribuyan porque ahí sí ni mo­do y -naturalmente- el costo de la edición.

“Vamos, pues, a empezar con esas críticas de que hablaba y que tanto me gustaron. Una la escribió en El Universal aquel gran periodista ya fallecido y que fue maestro entre los mejores, don Rafael So­lana (padre) que en paz descanse. La otra fue es­crita por otro as del periodismo, don Raúl E. Puga que además, de pasadita, menciona otra cosa que es­cribí en un momento de desesperación adjudicándosela a un viejo amigo mío, revolucionario, sólo que cambiándole el nombre. No así los apellidos. Tam­bién él murió. Dios lo tenga en su Gloria. Yo, por mi parte, hace rato que vivo horas extras. Así que empezaremos con las críticas de que hablaba”.

“VIAJES A VENUS

“Por Raúl E. Puga.

“Parece ser que los viajes al planeta Venus están a la orden del día. Primero fue el tapatío Antonio Apo­daca[9] quien nos contó con detalles llenos de interés el viaje que según dice realizó a ese planeta y cuyo relato apareció en el Magazine de Novedades en una versión de nuestro entusiasta y distinguido colabo­rador el plativolista M. Gebé… y ahora es don Sal­vador Villanueva Medina quien ha escrito, en forma de libro, la narración circunstanciada de su experien­cia como viajero del espacio.

“Salvador Villanueva pretende haber tenido en México un contacto con los venusinos, quienes lo en­contraron en un paraje solitario de la carretera de Nue­vo Laredo y luego lo invitaron a que subiera a su nave.

“Villanueva nos habla de manera objetiva de la ciudad de los venusinos, de sus edificios, de sus ho­teles, de sus salones de espectáculos, de sus naves aéreas, terrestres y marítimas; de su flora y de su fauna, de sus costumbres y régimen social.

“Describe minuciosamente cómo se construye un platillo volador, cómo son las naves “madre” o bar­cos del espacio, cómo es la alimentación, de dónde procede, cómo se hace. Nos traza la figura de un venusino y hace la descripción de sus facciones, de su cuerpo, de su vestido, de los objetos que lleva. Nos informa de su manera de expresarse, del tono de sus voces y de cómo se desenvuelven en sus relacio­nes amistosas y familiares: Todas son noticias rápi­das, logradas en un instante, porque al parecer los venusinos no tenían mucho tiempo que perder y tra­taban de darle una impresión más o menos completa de la ciudad-mundo.

“Y esta fantasía de Villanueva Medina tiene, por lo menos, una ventaja sobre la fantasía “made in USA”: no está encasillada en las cosas convenciona­les de los narradores de las novelas de ciencia-ficción. Tiene espontaneidad. Nace de una nueva veta, qui­zás un tanto ingenua, pero llena de sugerencias por­que está aligerada de la literatura del cuentista pro­fesional, porque no hay malicia en el escritor, porque no existe ni el artificioso suspenso ni los finales ines­perados.

“Villanueva cuenta lo que vio (con los ojos de la imaginación)…

“Y estamos seguros de que él cree firmemente en lo que dice y que de verdad piensa que estuvo en Venus y con los venusinos”.

“YO ESTUVE EN EL PLANETA VENUS

“Por Rafael Solana Sr.

“(HABLEMOS DE VENUS: A VENUS SE ENTRA POR LA PUERTA DEL SOL Y DESPACITO) S.P.I. (COSMOS) México. 1958.- Extraño libro y extraña personalidad la de su autor, capaz de co­meter las más escalofriantes faltas de ortografía en la dedicatoria autógrafa; pero al mismo tiempo de escribir un relato que conquista la atención del lec­tor y que permite llegar al término de la lectura sin cansancio.

“No hay propiamente un novelista, pues la na­rración, como tal, adolece de gran debilidad y no tiene adecuado remate; pero hay un hombre de vi­gorosa imaginación, que cuando describe la vida en el planeta Venus hace gala de una cohesión de ideas y de una fantasía que hace recordar al inmortal Ju­lio Verne o aquel maravilloso libro, que tanto me gustaría volver a leer y que se llamaba “LA VIDA EN EL SIGLO XX” y que editó El Universal en el siglo pasado y cuyos pronósticos casi al pie de la le­tra he visto cumplidos, a medio siglo de distancia de la redacción de este libro.

Rafael Solana Rafael Solana.

“El asunto de la novela queda revelado en su título. El estilo es correcto y sencillo, sin llegar a ser nunca chabacano o adocenado; hay claridad en la exposición, curiosidad en el detalle, orden en la composición.

“¿Cómo el hombre que ha escrito este relato ama­ble y entretenido puede tener la sumaria cultura que revela grafológica y ortográficamente?[10]

“Recomendamos el libro como divertido; se deja leer, distrae por unas horas y revela a un autor de imaginación ardiente y fantasía muy rica, quizá muy aprovechable para otras disciplinas literarias”.

A continuación se publicaba el relato Los misioneros, del libro El quinto reino de Ramiro Garza. La tercera parte de esta nueva edición del libro de Villanueva era la compilación de artículos de M. Gebé, un total de ocho capítulos que reproducimos casi íntegramente[11]:

“SOBRE LA PISTA DE LOS PLATILLOS VOLADORES

“El Relato es Fantástico, Inverosímil… Pero yo lo Creo

“Por M. Gebé

“1956

Capítulo I

“¡Yo le creo a ese hombre!

“El relato es fantástico. Inverosímil

“El día 30 de diciembre de 1954 recibí la siguiente carta:

“’Sr. M. Gebé. Estimado señor:

“’Me es grato dirigirme a usted para relatarle algo que me sucedió y que hasta antes de leer sus artícu­los me parecía inverosímil. Se lo voy a relatar tal como sucedió y usted lo juzgará:

“’El día 20 de agosto de 1953, como a las 21.00 horas, cubriendo un turno en un coche de alquiler, trabajo al que me dedico desde el año de 1931, to­mé como pasajeros a una pareja de tejanos, hombre y mujer. El, de aproximadamente 50 años, de pelo entrecano, delgado, y como de 1.75 metros de estatura. Ella era también alta. Un poco más baja que él, delgada, y como de 40 años. Hablaba perfecta­mente el español. Ella, una mezcolanza de español e inglés.

“’Los tomé en el Zócalo para llevarlos al hotel Ox­ford, en la calle de Mariscal. En el trayecto, él me pidió que le recomendara un chofer para que les manejara un automóvil que tenían en un taller, dán­dole una checada y enderezando un ligero choque.

“’Como a mí me interesara el trabajo, quedé en verlos al día siguiente, a las 10 de la mañana, en el mencionado hotel.

“’Veinte minutos después de la hora indicada fui­mos a la calle de Ramón Guzmán, a recoger el co­che, que resultó ser un Buick modelo 52. Todo ese día anduve con ellos, llevándolos a Xochimilco, en donde pasearon en lancha; a la Ciudad Universi­taria, en donde se divirtieron tomando fotografías a más y mejor y como a las 15:00 horas, regresamos al hotel, dejando el coche en las afueras del mismo. Me recomendó que me fuera a descansar porque al día siguiente, a las 9.00 horas, saldríamos rumbo a Laredo. Por el trabajo de ese día me pagó 50 pe­sos y me ofreció que me pagaría 300 pesos, porque lo ayudara a manejar hasta la frontera.

“’Como habíamos acordado, estuve yo listo a las 9.00 horas del siguiente día, pero no salimos inme­diatamente. Fueron primero a desayunar a Sanborn’s, el que está a un costado del hotel del Prado. Des­pués quisieron comprar algunos rebozos y me pidieron que los llevara a donde fueran más baratos. Los llevé por la calle de Venustiano Carranza, en donde además de los rebozos, compraron algunas canastas y latas. Total: que salimos hasta las 12.00 del día, aproximadamente.

“’Llenamos el tanque de gasolina sobre Insurgen­tes Norte y la avenida Potrero, enfilando luego ha­cia el norte, a velocidad moderada, porque la señora iba sumamente nerviosa, pues me contó que cuan­do venían rumbo a México él había estado a punto de volcarse por “librar” un burro que se les atra­vesó en el camino.

“’Ya en la tarde, habríamos caminado unos qui­nientos y pico de kilómetros[12] cuando empezamos a sentir un ruido, al parecer proveniente de la caja de velocidades. Paramos para aseguramos de qué era lo que pasaba y efectivamente, me pareció peligro­so para el automóvil que siguiéramos caminando, y como no llevaba más herramientas que la indispen­sable para desmontar llantas, decidieron ir a alguna población en donde hubiera taller mecánico.

“’Para eso, en la carretera pararon un automóvil. Este era un Chevrolet nuevecito, con placas del Es­tado de México. Lo ocupaban una señora y 3 joven­citos y lo manejaba un señor al parecer muy gordo. Fue hacia ellos mi improvisado patrón y regresó poco después por su esposa y a recomendarme que los es­perara allí y que tuviera mucho cuidado con el co­che. Me dijo que me encerrara en él, porque el sitio era muy solitario y la zona le parecía peligrosa.

“’Luego que los ví perderse, saqué el gato del au­tomóvil y lo alcé de las ruedas traseras, echando a andar el motor, conectado para hacer girar la caja de velocidades.

“’Aún no oscurecía. Estaba yo debajo del carro, oyendo el ruido que producía, cuando sentí que al­guien se acercaba’.

“A continuación venía el relato. Un relato inve­rosímil, fantástico, pero sin embargo, me parecía sin­cero. Este relato será dado a conocer, a su tiempo, a los lectores de MAGAZINE NOVEDADES. El do­cumento, original en nuestro poder, es interesantísi­mo. Pero continuemos con nuestra narración.

“La carta terminaba así:

“’Al día siguiente, poco después de mediodía, llegaron los norteamericanos con un mecánico, que resultó ser adivino, pues antes de ver cuál era el da­ño que tenía el coche, les dijo a los dueños que se había descompuesto debido a un descuido mío, por no revisar el aceite en la caja de velocidades.

“’Discutimos, nos acaloramos, y de allí mismo me regresé en un camión de carga.

“’Se me ocurrió contarle mi aventura al chofer del camión y le doy gracias a Dios de que no me co­nociera, porque ya me imagino las burlas de que hu­biera sido objeto, pues se le ocurrió decirme que la yerba que yo había fumado estaba demasiado “guisada”.

“’Desde entonces no se lo había contado más que a mi esposa y a mis dos hijos mayores. Ahora he estado leyendo sus artículos y me atrevo a repetirlo y lo hago por la sencilla razón de que creo que us­ted si está seguro de la existencia de esos seres, y en segundo lugar, porque ni usted me conoce ni yo le conozco.

“’Le suplico me perdone que no mencione mi nom­bre y dirección, para evitar las burlas de que pueda ser objeto. Sólo le diré que soy un modesto chofer de coches de alquiler, con licencia 45504 del Dis­trito Federal’.

“Así terminaba la carta. No tenía firma.

“La narración del chofer número 45504 era alucinante, pero… ¿Y si todo era una broma? ¿Existía realmente ese chofer? ¿Había una posibilidad de que su relato fuera verídico?

“Para eso, era necesario dar con él.

Continuará…


[1] Hay una reedición de 1968 por Editorial Orión.

[2] Villanueva Medina Salvador, Ich war auf einem anderen Planeten, con un prólogo de Karl L. Veit, Ventla Verlag Schierstein, Wiesbaden, Alemania, 1961. 150 s., 4 tav. – ISBN 3-88071-028-7

[3] Villanueva Medina Salvador, わたしは金星に行った!!UFOは金星の都市に着陸した! (たまの新書) (新書) ¡Fui a Venus!, Michiko Abe de Neri (traducción), たま出版, Japón, 1995, 226 s. ISBN-13: 978-4884818180

[4] Villanueva Medina Salvador, Aventura no planeta Vênus, Editora Quarto Caminho, Brasil, 1973, 84 s.

Villanueva Medina Salvador, Eu estive no planeta Vênus, Karl Bunn (traductor), 1985.

[5] Quien fuera conductor del diario matutino “Hoy Mismo” de Televisa y que en 1965 trabajaba en Novedades.

[6] Este es un punto que consideraremos al final de este artículo. Aquí sólo resta anotar que el propio Salvador diría, poco después, “…de paso les diré que me piqué jugando cuanto centavo me sobraba, pero jamás me volví a sacar nada”.

[7] Fundador de CIFEEEAC (Centro de Investigación de Fenómenos Extraterrestres, Espaciales y Extraordinarios Asociación Civil)

[8] Peor hubiera sido el enojo de Villanueva si se hubiera enterado que su hijo, Salvador Villanueva Larios, publicó una nueva edición en 1995 (Villanueva Medina Salvador, Yo estuve en el planeta Venus, Corporativo Mina S.A. de C.V., México, 1995. 112 s.), pero cuyo copyright estaba a nombre de Enrique Mercado Orue, otro contactado mexicano que, no sólo le había robado el copyright, sino su misma historia, pues el relato de Mercado es muy parecido al de Villanueva.

[9] Sobre este Antonio Apodaca nos ocuparemos más adelante en este artículo. Se trata de un personaje “semificticio” inventado por el propio Villanueva. Por otra parte, Raúl E. Puga estaba equivocado al decir que el relato de Apodaca había aparecido antes del de Villanueva.

[10] Por lo visto no fuimos los únicos en darnos cuenta de esa extraña mezcla de imaginación y falta de cultura. Muchos ufólogos comentaban que el relato de Villanueva debía ser cierto, pues el taxista ni siquiera había hecho la primaria y a duras penas sabía leer y escribir. Por lo tanto, concluían, él no era capaz de inventar esta historia. Algo de verdad hay en esto. Pero eso lo veremos al final de este trabajo.

[11] Eliminamos partes que realmente no tenían nada que ver con este caso y en las que M. Gebé se extendió en sus artículos de la revista, partes demasiado aburridas que describen la vida en el planeta Venus, o partes que repetían datos ya conocidos. El lector las podrá identificar en donde pongamos los puntos suspensivos entre los párrafos. Hay otros puntos suspensivos que pertenecen al propio texto, que están al final de los párrafos. No los eliminamos, aún a riego de causar confusión, pues tienen que ver con el desenlace de este trabajo.

[12] Aquí no hablaba de los 484 kilómetros que aparecen en el libro.

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