Reporte de avistamientos
Periódico de poesía
Una publicación editada por la Universidad Nacional Autónoma de México
abril 2026
Antonio J. Íñiguez
David Anuar, niño alien, México, Universidad Autónoma de Nuevo León, 2026, 82 pp.
Me fue imposible leer niño alien sin recordar, en muchos momentos de mi lectura, ese Antonio que fui durante los primeros 10 años de vida, antes, mucho antes de que la figura de mi padre se desvaneciera y de que yo, plenamente consciente de lo que estaba sufriendo, escapara de la Ciudad de México —en compañía de mi madre y mi hermano— hacia el Cancún de principios de la década de los 2000.
Desde entonces han pasado 26 años, pero el fantasma de esa “agrietada familia” que habita una triste casa a orillas de la ciudad, me sigue visitando hasta estos días; el universo que construí para que aquellos años turbulentos también los recordase aún con un velo de nostalgia.
Leer este entrañable poemario —quizá el más biográfico en la obra de David Anuar (Cancún, Quintana Roo, 1989)— me hizo no sólo volver a encontrarme con ese universo particular, sino también descubrir a aquel imaginado por el poeta cancunense; uno que, además de ser similar al mío, seguramente también lo es de tantos lectores.
Ganador el año pasado del Premio Iberoamericano de Poesía Minerva Margarita Villarreal con este libro, Anuar decide, por primera vez en su obra, “arreglar cuentas” con su padre, profundizar en la influencia que ha tenido en su vida y escarbar en conceptos como el machismo, visto desde un enfoque plural.
Compuesto por cuatro segmentos —“avistamientos”, “vínculos”, “diagnóstico” y “esto también es infancia”—, el volumen nos coloca desde su primer poema —“niño que sueña con extraterrestres”— en la voz de un “pequeño Altazor”, desbordado por la imaginación, indefenso y, sobre todo, sensible a cualquier actividad enemiga supeditada al padre —ese “sol enfurecido”.
Tal vez por su anhelo de vivir en un tiempo mejor a ese presente caótico por la presencia de un padre fuera de sí, el infante de estos primeros poemas encuentra en la ciencia ficción —invocada en referencias a películas como Alien: el octavo pasajero y E. T.— su forma de cantar y observar el dolor, el miedo, la enfermedad. “Tercer avistamiento”, uno de los poemas de apertura, así nos lo dice:
ciencia ficción y enfermedad
nos revelan formas no previstas de existencia’
acomodos¨ lo que usted tiene’
me repite’ casi en broma’
es un cuerpo de mujer
en la quinta década de la vida
ovni de ternura celeste’ soy mi madre
En el fondo de ese universo que el infante utiliza para mostrarnos sus visiones metafóricas, la obra enseña, por un lado, a una inquebrantable figura paterna, amante de las ciencias exactas, incapaz de reconocer una emoción ante el hijo, y por el otro, a un niño frágil, fantasioso, que se dobla ante el dolor y siente compasión por los seres indefensos.
Al notar este contraste de personajes, pude advertir, mientras pasaba las páginas, que si bien el libro no está estructurado en forma seriada, se ofrece como un conjunto de “poemas independientes” que, a lo largo de sus cuatro segmentos, exhibe una evolución no sólo dramática, sino también espacial y emocional.
En ese sentido, nuestro personaje pasa de describir el mundo que lo rodea (casi de forma faulkneriana) a cuestionarlo con “ojo de cirujano”. El niño y el padre se convierten, así, en otros: el primero ya no teme reprimir sus emociones porque ha aprendido a llorar, y el segundo ha dejado de ser esa presencia temible y espectral para convertirse en un hombre común, renuente a los chequeos médicos y aferrado a sus ideas machistas.
Los poemas del primer segmento destacan por su rabiosa ternura y voluntad lúdica; sin embargo, los siguientes logran que niño alien alcance sus mejores momentos, al volcarse hacia un discurso más confesional y biográfico.
En los poemas de “vínculos”, “diagnóstico” y “esto también es infancia”, la voz que nos habla proviene en algunas ocasiones de un adolescente, y en otras tantas, de un joven adulto que sigue sin sentirse integrado a las ideas que rigen el mundo. Desde esa falta de sentimiento de pertenencia, el hablante lírico profundiza en los defectos heredados de su padre, con la finalidad de entenderlos y no repetirlos, como nos parece decir el autor en “No se trata del padre”:
No se trata del padre,
sino del sable o la tijera,
su largo diente blanco,
el patrón tejido de su corte,
la herida táctica, decir, esto soy yo
y comenzar
a desarmarlo.
El hablante lírico no se limita a esto: aborda, además, su papel en las relaciones de pareja y los roles de género tradicionales (en poemas como “Andrea” y “Ely”), así como sus conflictos con la virilidad durante la adolescencia, en pleno descubrimiento de la sexualidad.
El autor, a través de estos planteamientos sobre la vida cotidiana, propone una visión más amplia de la masculinidad. Poemas como “Niño en rosa” y “Hombre con perro” ejemplifican lo anterior:
El hombre, aún más musculado que su perro,
contempla una flor en la jardinera del parque
—a veces las cosas no son lo que parecen—
la corta con la delicadeza
de quien acaricia un rostro amado
o cuida un racimo de fresas
del extremo calor o la crueldad del frío
y coloca sobre su sien el tallo:
hombre lleno de flor
pasa junto a mí
como un dios con su galgo.
Los poemas de niño alien, como mencioné párrafos atrás, no son piezas dispersas; por el contrario, están colocados de manera que funcionan unitariamente como una historia compuesta por varios flashbacks. Por ello, en su parte final, el libro dibuja un padre que poco a poco se resquebraja ante el hijo, mientras experimenta las enfermedades y los dolores de la vejez.
El niño alienígena que aprendió a llorar a escondidas de aquellos que lo podrían juzgar, finalmente se convierte en un testigo del llanto de su padre; un acto que se parece más a una rendición antes que una liberación:
Ahora yo conduzco mientras tú lloras en el asiento del copiloto, te digo que no lo hagas, que sólo es una posibilidad remota, un esturión deslizándose en el agua, un esturión fosilizado, aceite de esturión fosilizado con pequeños residuos fecales. Pero el mar de fondo te desborda, y me dices que necesitas hacerlo río. Me aterra el llanto en tus mejillas. Un mar también se rebalsa dentro de mí, ¿qué pasaría, padre, si me hubieras enseñado a ser menos Caspio y sí más río, esturión deslizándose en el agua?
II
En su anterior libro, Alguien hunde mi cabeza (ganador del Premio Nacional de Literatura Joven Salvador Gallardo Dávalos 2025), Anuar realizó un giro en su obra poética al acercarse más al tono confesional y narrativo, a fin de abordar distintos matices de la enfermedad —un tema que, según confesó en entrevistas, siempre le pesó personalmente, pero que por alguna razón no había tratado a fondo en sus primeros trabajos.
Con niño alien, Anuar no se aleja de esa voluntad de comunicar con transparencia, sin escatimar en su propia biografía. Quizá por ello, al acabar de leer este nuevo poemario, tuve la sensación de presenciar un extraño atributo: la reafirmación de un estilo.
niño alien me hizo reencontrarme con ese progenitor necio, torpe de emociones, que no logra entender del todo al hijo, aunque insista en hacerlo en su afán de recuperar el tiempo perdido.
Los buenos libros de poesía son también un espacio de reencuentro con esos fantasmas personales, con los que uno —al igual que los lectores de David Anuar— aprende a dialogar.
*
Tres poemas de niño alien
exploración cuerpoespacial
desterrados del planeta de papá’ algo crece dentro de mí’
me habla en clave morse con la ternura de un lenguaje insecto’
de las pulgas estelares y las atmósferas zumbonas
que pinchan mi costado izquierdo’ esa fricción
de las heridas bicheriles que persisten
y palpitan un código de electricidad e irritación’
como si un mar de ronchitas o un ejército de orugas
con su melena de alfileres y noches muy largas sin cerrar los ojos
me caminaran por la piel de la cadera
adentro’ muy abajo’ un poquito a la izquierda’ algo
se mueve’ y me hago bolita más allá de la luna y los asteroides’
cochinilla interestelar’ pongo mi oído sobre mi cuerpo
y le digo¨ bicho mío’ cómo llegaste hasta ahí?
segundo avistamiento
los hospitales son fríos como naves espaciales’
la doctora dice que me acueste’
explica el procedimiento’ la mecánica de las ondas
que atraviesan la materia y nos devuelve su dibujo¨
sonograma del tejido tierno relativo a la zona irritada’
fibras que se unen para articular el movimiento
pedestre conexión al mundo’
alterada desde aquella noche
de astros y cuadrúpedas estrellas paternales’
E.T. nunca llegó a salvarnos’
la doctora esparce un gel frío sobre mi cadera
y por acto del transductor se duplica en la pantalla
la sonografista revela un objeto musculotendinoso no identificado’
la imagen borrosa y granulada’ una galaxia
en blanco y negro’ y yo sólo pienso
en el televisor de la sala de mi infancia’
sus largas antenas para sintonizar
esas viejas películas de ciencia ficción
o los programas especiales con fotografías de maussan’
platillos voladores’ vacas estelares y abducciones a las 3 de la mañana¨
sonograma del cielo en la pantalla de la doctora
ella dice irritación de la bursa en la cabeza superior del trocánter
y yo sólo escucho una transmisión de otro planeta¨
hay un alien creciendo en mi cadera
cuarto avistamiento
madre nos despierta en Zeta II Reticuli¨
donde antes se quebraba la costilla de una bestia
o se echaban los dientes de algún mamífero en el cuenco
donde antes los beduinos leían la escápula de una oveja
o el arúspice indagaba en el intestino de los bueyes
ahora se proyecta frente a mí la película alien¨ el octavo pasajero’
aquella escena donde aparece el sistema madre
un cuarto de lucecitas resplandecientes
una interfaz para teclear en el disco duro de las respuestas¨
comando¨ por qué nos despertaste
madre escribe entre paréntesis
) hay una señal de auxilio (
) un radiofaro acústico a 12 intervalos (
comando¨ de dónde proviene
) systemerror¨inside (
comando¨ de dónde proviene
) systemerror¨inside (
comando¨ qué significa esto
) reboot¨reboot¨reboot (
una señal que se tuerce
un sistema que ha probado su propia falla
y augura’ como esos bueyes de barriga abierta’
el final poco atractivo de una película de ciencia ficción
que tuvo mucho presupuesto
y ahora nos parece
terriblemente
barata
Autor Antonio J. Íñiguez
Cancún, Quintana Roo, 1991. Escritor y editor. Fue becario del PECDA Quintana Roo 2018 y 2023, en la especialidad de poesía, y ganador del Premio Nacional Universitario de Poesía José Emilio Pacheco 2023. Ha publicado en revistas literarias como La Noria (Cuba) y Río Grande Review (Estados Unidos). Es autor de Nueva tierra (2018) y Radiografía border (2020). Codirige el fanzine Cracken, la editorial Tang Ping y es integrante del consejo editorial de TROPO.