The ET-Human Link (7)

The ET-Human Link (7)

Parte I

Parafraseando un antiguo refrán chino, los místicos entienden las raíces del Tao, pero no sus ramas; los científicos entienden sus ramas, pero no sus raíces. La ciencia no necesita al misticismo y el misticismo no necesita la ciencia, pero los hombres y las mujeres se necesitan uno a la otra.

Fritjof Capra

The Tao of Physics (1987)

Jonah: A Novel

Jonah: A Novel

JonahCuando Jonah Mahoney oró por una nueva esposa, en realidad no esperaba una respuesta, y mucho menos una visita nocturna de una extraterrestre. Una aventura fuera de este mundo cargada de peligro, intriga y amor.

Érase una vez, la Tierra, también conocida como Gaia, era la contraparte femenina, en una pareja de mundos de hombre y mujer, del reino utópico de Geshlama. Luego, los malvados arcontes rompieron su vínculo místico, usando “webcoils” de fuerza para bloquear los vórtices que conectan los mundos. La profecía afirma que los hermosos hijos de Geshlama, que viven del amor y la luz, pueden volver a iluminar la propia luz de Gaia y recrear el antiguo matrimonio. Pero cuando la profecía sale mal y Zion, una niña hermosa, queda atrapada en la Tierra, se necesita la intervención humana no solo para salvarla, sino también para derrotar a la oscuridad invasora de los arcontes. La tarea de ayudar a la hada perdida hace mucho tiempo recae en el solitario Jonah Quiller Mahoney, un hombre de negocios que lo dejó todo para mudarse al aislado Apple Valley, en algún lugar al noroeste del Gran Cañón, y criar a su hija, Coral Kay. Aunque Jonah le promete a la gente de Zion que no se involucrará románticamente con Zion, no puede evitarlo. Como era de esperar, su debilidad resulta ser parte del gran plan. Mientras que Redfield (Ezekiel’s Chariot; Summoned: Encounters with an Alien Intelligence) llena su última fantasía New Age con experiencias extracorporales, sueños proféticos, cambiaformas, extraterrestres telepáticos y metáforas del Antiguo Testamento, a veces se burla de la dimensión esotérica de la aventura. Tales momentos realistas son refrescantes en medio del misticismo a menudo caótico. Los lectores que no se preocupan por la sobrecarga de otro mundo pueden disfrutar de la novela y su mensaje típicamente reconfortante de la Nueva Era: “Todos viven a la luz de la Unisfera. Sonrían. El amor brilla en todas partes”.

Jonah es un padre soltero de un pueblo pequeño cuya vida cambia para siempre cuando la dueña de su casa, Zion, aparece en su puerta después de su divorcio. Sin embargo, Zion es en realidad una entidad de un plano superior que está atrapada en la Tierra y lucha por recordar su existencia pasada; Jonah la ayuda a recuperarse y ayuda a otros a prepararse para los próximos cambios milenarios. Redfield, autora de un relato de no ficción sobre su propia experiencia de abducción extraterrestre (Summoned), es buena en la caracterización, pero falla en la tarea fundamental de la ficción: mostrar, no contar. Los largos pasajes descriptivos están escritos en tiempo presente en lugar del tiempo pasado estándar, lo que distrae al lector de una historia cada vez más confusa impregnada del lenguaje de las abducciones extraterrestres, los órdenes mundiales de la Nueva Era y las historias del Antiguo Testamento. No recomendado.

-Devon Thomas, Hass Assocs., Ann Arbor, MI

Redfield Dana, Jonah: A Novel, Hampton Roads Publishing Company, Inc., Charlottesville, VA, 2000, 318 páginas.

Kenneth Arnold y los contactados

Kenneth Arnold y los contactados

TheComingOfTheSaucersFue gracias a una invitación del editor de Amazing Stories (una revista pulp de ciencia ficción), Raymond Palmer, que Kenneth Arnold comenzó a investigar casos ovni. De hecho fue el primero en hacer esto. Palmer le envió $200 para financiar la investigación de un suceso que había ocurrido en el puerto de Tacoma, Washington, en donde, supuestamente, habían caído fragmentos de un platillo volador. La historia la cuentan Arnold y Palmer en su libro The coming of the saucers[1].

Pero no fue el único caso que investigó Arnold. También indagó sobre el misterio de las “luces fantasma de Nevada”[2]; el meteorito de Nyassa, Oregón[3]; el incendio de Salmon River[4]; y otros. Uno de los más curiosos fue el caso del primer contactado de la historia. No, no se trata de George Adamski sino de Samuel Eaton Thompson.

Arnold conoció la historia de Thompson a través de una nota en el periódico The Centralia Daily Chronicle[5], de Centralia, Washington, en su edición del 1 de abril de 1950. La fecha es importante pues se trata del día de los inocentes para los países de habla inglesa.

Arnold, en compañía de su esposa Doris Arnold se dirigieron a Centralia para entrevistar a Thompson. La entrevista fue grabada y Arnold le envió una copia a Palmer, con el fin de que fuese publicada en la revista Fate, de la que Palmer también era editor. El carrete quedó archivado y no fue sino hasta que el ufólogo e historiador de los ovnis Jerome Clark la encontró en los archivos de Clark Publishing Company, cuando se convirtió en el nuevo editor de Fate, que la historia salió a la luz[6].

Clark menciona que la historia era tan ridícula que en partes de la grabación se puede notar que los Arnold a duras penas logran soltar la carcajada mientras Thompson relataba sin rodeos los detalles improbables del episodio. Señaló que los Arnold pensaban que era sincero, pero que en realidad no creían que lo que él contaba fuera fáctico. Clark evaluó el testimonio como probablemente “una experiencia visionaria, que se inspiró y se basó en el folclore ovni y las historias bíblicas[7].

Samuel Eaton Thompson

SamuelEatonSamuel Eaton Thompson fue un hombre alto, corpulento, con ojos marrones y cabello castaño oscuro. Nació el 4 de septiembre de 1895 en Northfield, Rice, Minnesota. Hijo de Irvin Thompson y Emma Hawkins. Fue empleado como carpintero para Great Northern Railroad en St. Cloud, condado de Stearns, MN. A los 21 años se registró para el reclutamiento de la Primera Guerra Mundial, en junio de 1917. Sirvió como soldado raso en el ejército de los EE. UU., a partir del 29 de abril de 1918. Uno de sus primos de la familia Quinn escribió en una carta que el primo de su madre, Samuel Thompson, fue “chofer privado del general Jack Pershing en la Primera Guerra Mundial” y que “Sam estaba en el Batallón Perdido y resultó gravemente herido”. Esta tradición familiar no se ha confirmado a partir de los registros de servicio reales de Samuel.

En el momento del censo de EE. UU. de 1920, Samuel Thompson se había casado con Mabel I Thomson, de 18 años, y se había mudado al otro lado del río Mississippi, a Sauk Rapids en el condado de Benton, MN. Tenía 24 años y operaba una tienda de puros. Tuvieron un hijo, Melvin Thompson. En ese momento Otto Rasmusson también vivía en su hogar, según el censo.

Según el periódico Nashua Reporter de Nashua, Condado de Chickasaw, Iowa, del 26 de enero de 1927: “Samuel E. Thompson de Nashua ha presentado una demanda de divorcio contra su esposa, Mabel I. Thompson. Pide una sentencia de divorcio por crueldad y trato inhumano y abandono alrededor del 11 de noviembre de 1926, alegando que ella ‘buscó la compañía de otro hombre’ y dejó el hogar provisto para ella y sus hijos sin justa causa o excusa. El demandante alega problemas de salud. Pide divorcio absoluto, custodia de cuatro hijos menores y permiso para volverse a casar en el plazo de un año. W. G. Henke, abogado del demandante”.

El 23 de octubre de 1929, el mismo periódico anunció: “Durante la semana pasada, el juez Eichendorf ha escuchado cuatro casos de divorcio. Concedió el divorcio de Mabel Thompson, de Samuel Thompson, también el divorcio de Elizabeth Thompson de Charles Thompson, y John E. Berry de Gertrude Berry. El caso de Richard Stolz vs Emma Stols estaba en manos del juez pero hasta ayer por la tarde no había dado su decisión, parece que no hay dudas sobre el divorcio, pero hay una disputa sobre la pensión alimenticia”.

Mabel Thompson se casó con Andrew A. Johnston el 9 de abril de 1930 según el Nashua Reporter.

Cuando se realizó el censo de EE. UU. de 1930, Samuel E. Thompson, un “viudo” de 34 años, y sus cuatro hijos vivían en Port Angeles en el condado de Clallam, Washington. No tenía ocupación en ese momento. Sus hijos eran Melvin (12 años), Chester (8), Burr (7) y Verna (5). La madre de Samuel, Emma O. Wright (apellido de su segundo esposo), viuda de 75 años, también vivía en la casa de los Thompson.

Samuel Thompson se había mudado a Centralia en el condado de Lewis, WA, en el momento del censo de EE. UU. de 1940. Tenía 44 años, era viudo [sic] y era asistente en un boliche. Dos de sus hijos todavía estaban en casa con él: Burr V. (17) y Verna A. Thompson (15). Samuel y sus hijos vivieron en Centralia desde al menos 1935, según este censo. Al parecer vivió en ese lugar, por lo menos hasta 1950, donde en ese momento vivían las familias de varios de sus primos Quinn.

Thomson fue trabajador ferroviario y murió el 12 de diciembre de 1987, a los 92 años, en Salem, Marion, Oregón, y fue enterrado en Willamette National Cemetery, Portland, Multnomah, Oregón[8].

Contacto con venusinos

Pero regresemos al asunto del contacto. Según Thompson, la noche del 28 de marzo de 1950, conducía entre las ciudades de Morton y Mineral, Condado de Lewis, en el estado de Washington: había estado visitando a familiares en Markham y se dirigía a su casa en Centralia. Cansado y necesitado de un descanso, Thompson detuvo su vehículo a un lado de la carretera en un área densamente arbolada y caminó por un sendero forestal cercano.

Cuando llegó a un claro entre los árboles, Thompson vio frente a él un objeto grande, en forma de globo, con un borde alrededor de su sección media, que medía alrededor de 24 metros de ancho, 10 metros de alto, y flotaba muy ligeramente por encima de la superficie del suelo del bosque. El objeto estaba hecho de una “sustancia brillante del color del Sol similar al plástico”. Cerca de esta nave había dos niños parecidos a humanos, desnudos y muy bronceados por el Sol, jugaban felizmente cerca de la entrada de la nave, a la que se podía acceder a través de una pequeña rampa.

imageThompson no estaba asustado, sino “tan emocionado que no sabía qué hacer”. Se acercó a la nave y cuando llegó a unos 15 metros de esta, sintió mucho calor; momento en el que varios adultos, humanoides, “atractivos” y también desnudos, aparecieron en la puerta del extraño objeto y se quedaron en los escalones mirando a Thompson como si estuvieran asustados. Cuando Thompson logró convencerlos de que no pretendía hacer daño, lo invitaron a bordo de lo que rápidamente dedujo que era una nave espacial extraterrestre; pero no sin antes ser obligado a quitarse los zapatos y los calcetines.

Más tarde le dijeron que el calor que emanaba la nave se usaba en la propulsión de esta y también para mantener con vida a sus ocupantes. Este calor se sentía como los rayos del Sol, lo que explicaba las pieles bronceadas de los niños, pensó Thompson.

imageThompson afirmó haber pasado cuarenta horas con los venusinos y en el interior de la nave, tiempo durante el cual aprendió mucho. En el interior de la nave había varias habitaciones. Todas tenían forma cuadrada, y la mayoría de ellas brillantemente iluminadas. Las que estaban en la parte inferior de la nave eran transparentes alrededor de la nave, dejando ver el exterior en cualquier dirección. Una habitación servía como lugar para bañarse. Thompson dijo: “Simplemente entras en esta habitación y llueve allí de la misma manera que llueve afuera… Atraen la humedad del aire… y ahí es donde te bañarás… Y luego en la habitación donde guardan la fruta y cosas así, es una habitación fresca, a cierta temperatura”. Había habitaciones para dormir en donde los venusinos simplemente se acostaban en los asientos o en el suelo o en cualquier lugar para dormir. No supo si había baños ya que siempre que tenía que hacer sus necesidades, salía.

Thompson se enteró por la tripulación, que hablaba un “inglés sin educación”, que había veinte adultos (10 hombres y 10 mujeres) y veinticinco niños (de entre 6 y 15 años) a bordo de la nave, y que venían del planeta Venus. Thompson informó que aunque los venusinos sabían qué palancas tirar y qué botones presionar para operar su nave, todo lo hacían como loros, y sin ninguna comprensión real de sus acciones. Los comparó con animales: Los venusinos parecían operar “más por instinto que por intelecto”. “Incluso sabían muy poco de sí mismos. No sabían quién construyó sus naves, que les servían de morada incluso cuando estaban en Venus, y solo tenían una vaga idea de cómo se alimentaban”. Carentes de curiosidad, los venusinos nunca se sentían tentados a hacer nada malo. No tenían sentido del tiempo.

imageLos venusinos eran pacíficos. Tenían miedo de los terrestres porque los aviones terrestres habían derribado sus naves espaciales en varias ocasiones. Pero tenían más miedo de aterrizar en Marte que en cualquier otro planeta. Los marcianos son incluso más malos que la gente de la Tierra

Decían que existían doce planetas habitados en el sistema solar, cada habitante nacía bajo el signo del planeta en el que nacía, excepto la Tierra, cuyos problemas se derivan del hecho de que cada persona nacía bajo un signo diferente, mientras que todos los venusinos nacían bajo el signo de Venus; las personas amantes de la paz que vivían en los otros mundos del sistema solar también nacían bajo el signo del planeta que habitaban. El propio Thompson nació bajo el signo de Venus, un hecho que los venusianos reconocieron “‘en el momento en que me acerqué a esa nave’. Si viviera una vida lo suficientemente buena, se reencarnaría como venusino. Thompson supo que todas las personas que cumplen su ‘misión’ regresan al planeta de su signo cuando mueren”.

Los venusinos vivían largas vidas porque comían bien, evitando la carne y comiendo sémola, hierbas, alcachofas, manzanas y nueces como “crecen en Minnesota y esos lugares”, aunque su comida se cultivaba en el propio Venus. Las plantas de Venus son muy parecidas a las de la Tierra, y Thompson comió un poco mientras estaba en la “nave espacial”, la palabra que los venusinos usaron para su nave. Ninguno de los alimentos estaba cocinado: los venusinos no comen alimentos cocinados, solo verduras y frutas crudas “‘en la forma natural’. Debido a sus hábitos dietéticos ejemplares, nunca se enferman. Cuando mueren, es de vejez”.

Los venusinos le dijeron a Thompson que han estado viniendo a la Tierra durante muchos años, pero nunca antes habían contactado a nadie. La gente del espacio no camina físicamente entre nosotros porque nuestro ambiente impuro los enfermaría o incluso los mataría. Él fue el primero de muchos terrícolas que conocerían a los venusinos. Esperaban contactar a otras personas de la Tierra de una en una. A través de este lento proceso, eventualmente establecerán la paz en este planeta. Y que después de que la humanidad hubiera visto la sabiduría de los caminos venusinos, Jesucristo regresaría en el año 10,000 d.C.

Hace mucho tiempo, los terrícolas y los venusinos eran iguales, compartían “‘la primera religión jamás conociday hablaban el mismo idioma. Pero la ‘corrupción’ destruyó la fibra moral de los terrícolas y finalmente se lanzó una maldición sobre el mundo, que se convirtió en un lugar donde los venusinos y otros habitantes de los planetas pacíficos fueron enviados en misiones para hacer el bien. No se envían físicamente aquí; están reencarnados”. Aparentemente, todos los terrícolas han vivido vidas en otros planetas antes de ser exiliados en la Tierra. Thompson, era nada menos que un venusino reencarnado y de pleno derecho.

Thompson pasó la noche en una silla en uno de los dormitorios de la nave y luego pidió permiso para ir a casa a buscar una cámara. Los venusinos no sabían lo que era una cámara, así que él les explicó y estuvieron de acuerdo, pero le pidieron que no trajera a nadie más. Thompson afirmó que se fue a su casa y regresó solo con su cámara. El experimento fotográfico fracasó, ya que era “como tratar de tomar una foto del Sol”, le dijo a Arnold. “Tiene un brillo. Esa película estaba en blanco. Quería colocar algunos de ellas directamente en el suelo para tomar algunas fotos de ellos, pero no salían”.

imageThompson dejó a los venusinos el 30 de marzo, un jueves, dos días después de haberlos conocido. Los venusinos le dijeron que podía contactarlos en cualquier momento que quisiera, pero que tenía que guardarse cierta información para sí mismo. “Si les dijera todo lo que sé”, comentó a los Arnold, “nunca podría volver a ver la nave. Me vigilarían cada minuto”. Los venusinos le prometieron a Thompson que podría viajar en su nave, pero “no podía quitarme la ropa… tendría que broncearme por completo… antes de poder subir a esa nave y soportar… lo que sea de tiempo”.

La noticia de su historia extraordinaria apareció en la edición del 1 de abril de 1950 de The Centralia Daily Chronicle. El domingo 2 de abril Kenneth Arnold, con su esposa Doris, entrevistaron y grabaron a Thompson, un día después del reportaje de su presunto encuentro, y nuevamente un mes y medio después.

Algunos dijeron que lo que Thomson había encontrado era una colonia de nudistas. Cuatro días después, el 3 de abril, regresó al sitio con su hijo y no encontró evidencia de una nave espacial cerca del aterrizaje. Quería demostrarles a sus amigos que no se había “unido a una colonia nudista… y tuvo una idea fantástica”.

1950-03-28-usa-centralia-dc2La historia de Thompson casi se olvidó. Solo en 1967 apareció una breve nota en The Centralia Daily Chronicle[9], con ligeros cambios con respecto a la versión original: ahora la nave no tenía forma de globo sino de dos platillos fusionados; había asientos que rodeaban por completo el interior de la nave, hechos de una sustancia suave, lo mismo que el piso; los tripulantes hablaban inglés, “pero su vocabulario no era tan grande como el nuestro y usaban algunas palabras que me eran extrañas”.

TheDailyChronicle-Centralia-Washington-25-3-1967En en 1981 Jerome Clark escribió sobre este caso. Luego, en la década de 2000, algunos ufólogos que desconocían las reuniones de Thompson con los Arnold, dijeron que debió haber sido una broma de April Fool, ya que apareció el 1 de abril en el periódico. Muchos de ellos fecharon erróneamente el caso al 1 de abril de 1947[10]. Pero no hay duda de que fue el 1 de abril de 1950. Un artículo del Centralia Daily Chronicle que reseña los eventos del año 1950, se refiere al caso de Thomson en estos términos: “1 de abril: Samuel Eaton Thompson, de Centralia, cuenta la historia de la extraña vista de un enorme platillo de plástico, completo con habitantes, que vio en el Este del condado de Lewis”.

La referencia más completa es el artículo de Jerome Clark en Fate[11] de enero de 1981. Aquí está una traducción:

Fate-January-1981La llegada de los venusinos

Por Jerome Clark

La historia más extraña en la historia temprana de los ovnis es prácticamente desconocida. En el momento en que supuestamente ocurrió, atrajo poca atención, incluso en la prensa local, que publicó un breve artículo al respecto y dejó pasar el asunto, aparentemente avergonzada por su carácter salvajemente extravagante.

Y la historia es extravagante. Pero Samuel Eaton Thompson, el hombre que la contó, parecía creer sinceramente que había pasado 40 horas a bordo de una nave espacial con 10 familias venusinas. Kenneth Arnold (bien conocido por los entusiastas de los ovnis como el piloto privado cuyo avistamiento de “platillos voladores” sobre las Montañas Cascade el 24 de junio de 1947 atrajo por primera vez la atención del público sobre los ovnis), quien entrevistó a Thompson un día después del presunto encuentro y nuevamente un mes y medio después, dice que el hombre era tan poco imaginativo que “no podría haber imaginado un sándwich de jamón si lo hubieras sostenido justo frente a él”.

Thompson, un hombre con poca educación de unos 70 años que vivía en Centralia, Washington, afirmó que había ido a visitar a amigos y familiares en la parte occidental del estado. El 28 de marzo de 1950, Thompson dejó Markham, WA, para regresar a casa. En el camino atravesó un área boscosa y decidió detenerse. Como explorador aficionado, no pudo resistir la tentación de seguir un antiguo sendero maderero para ver a dónde lo llevaba. Hizo retroceder su automóvil por el sendero, salió y siguió a pie. Unos minutos más tarde se encontró con algo que luego describiría como “algo inaudito”.

El algo inaudito no era la gran nave en forma de globo que flotaba justo encima de un claro en los árboles. Después de todo, ese era un platillo volador clásico, especialmente con el borde que rodeaba la sección media del objeto, y mucha gente lo había informado. Thompson estaba naturalmente sorprendido de verlo, pero estaba más sorprendido de ver a la gente, la gente desnuda.

Estaban jugando en los escalones que conducían desde una puerta en el costado de la nave hasta el suelo. Eran “más o menos del tamaño de un niño promedio, solo que tenían rasgos más finos. Eran simplemente hermosos”. Tenían un bronceado oscuro y un hermoso cabello rubio oscuro que les llegaba hasta la cintura.

Thompson no estaba asustado, solo “tan emocionado que no sabía qué hacer”. Se acercó a la nave y cuando llegó a 50 pies comenzó a sentir el calor que emanaba de ella. Thompson aprendería más tarde que este calor no solo se usaba en la propulsión de la nave, sino que también mantenía vivos a sus ocupantes. El calor se sentía como los rayos del Sol, lo que explicaba las pieles bronceadas de los niños, pensó Thompson.

Cuando llegó al final de los escalones, adultos, hombres y mujeres desnudos, bronceados, hermosos, se acercaron a la puerta y se pararon en los escalones mirándolo como si estuvieran asustados. Cuando les aseguró que no pretendía hacer daño, lo invitaron a subir a la nave, donde Thompson pasaría la mayor parte de las próximas 40 horas. Le dijeron que se quitara los zapatos y los calcetines antes de subir las escaleras.

La gente era de Venus. Hablaban un tipo de inglés “sin educación”. Eran extrañamente ignorantes; sin embargo, “parecían las personas más felices y alegres que jamás hayas conocido”. Incluso los niños eran amables en su juego, “sin rudeza ni volteretas ni cosas por el estilo”, y no era necesario decirles cómo comportarse o pensar.

Los venusinos eran totalmente benévolos. “Su idea no es destruir a la gente”, dijo Thompson a Ken y Doris Arnold. “Es para hacer buena voluntad entre la gente”. Sin embargo, la gente de la Tierra los asustaba porque en varias ocasiones los aviones terrestres habían derribado sus naves espaciales. Los problemas de la gente de la Tierra provienen del hecho de que nacen bajo diferentes signos planetarios, mientras que todos los venusinos nacen bajo el signo de Venus; las personas amantes de la paz que viven en los otros mundos del sistema solar también nacen bajo el signo del planeta que habitan. Marte, sin embargo, es un mal signo bajo el cual nacer; los marcianos son incluso más malos que la gente de la Tierra. Los venusinos tienen “más miedo de aterrizar allí que cualquier otro planeta”.

El propio Thompson nació bajo el signo de Venus, un hecho que los venusinos reconocieron “en el momento en que me acerqué a esa nave”. Si viviera una vida lo suficientemente buena, se reencarnaría como venusino. Todas las personas que cumplen su “misión” regresan al planeta de su signo cuando mueren.

Los venusinos, observó Thompson, viven vidas largas porque comen bien, evitando la carne por sémola, hierbas, alcachofas, manzanas y nueces como “crecen en Minnesota y esos lugares”, aunque la comida es de Venus mismo.

Aparentemente, las plantas de Venus son muy parecidas a las de la Tierra. Mientras estaba a bordo de la nave espacial, comió con sus amigos del espacio y la comida sabía “simplemente genial”. Ninguno de los alimentos estaba cocinado: los venusinos no comen alimentos cocidos, solo verduras y frutas crudas “en la forma natural”. Debido a sus hábitos dietéticos ejemplares, nunca se enferman. Cuando mueren, es de vejez.

Thompson pensó que los venusinos son algo así como “animales”, al menos en el sentido de que todo lo que hacen es instintivo. Saben muy poco, incluso sobre sí mismos. No saben quién construyó sus naves (que les sirven de morada incluso cuando están en Venus) y solo tienen una vaga idea de cómo se alimentan. Tal como lo entendió Thompson, la propulsión tiene algo que ver con corrientes de aire caliente disparadas a través de chorros; el calor desprendido por este proceso mal definido también calienta el interior de la nave, que está a 80 grados de temperatura[12]. Cada nave tiene cuatro conjuntos de controles, que consisten en poco más que palancas para hacer que la nave ascienda, descienda, acelere o desacelere. Son tan simples que cualquiera puede operarlas.

Carentes de curiosidad, los venusinos nunca se sienten tentados a hacer nada malo. No se les ocurre la idea de cometer un acto “prohibido”. No tienen sentido del tiempo; de hecho, todo el concepto de tiempo es extraño. Sin embargo, según Thompson, “Son realmente más inteligentes de lo que pensamos que son. Tienen un don que es mucho mayor que el nuestro y no hay comparación”.

Han estado viniendo a la Tierra durante muchos años, pero nunca antes habían contactado a nadie. Thompson fue el primer terrícola con el que hablaron. Hace mucho tiempo, ellos y la gente de nuestro planeta habían sido iguales, compartían “la primera religión jamás conocida” y hablaban el mismo idioma. Pero la corrupción destruyó la fibra moral de los terrícolas y finalmente se lanzó una maldición sobre el mundo. Se convirtió en un lugar donde los venusinos y otros habitantes de los planetas pacíficos fueron enviados en misiones para hacer el bien. No se envían físicamente aquí; están reencarnados. Aparentemente, todos nosotros vivimos vidas en otros planetas antes de nuestro exilio aquí. La gente del espacio no camina físicamente entre nosotros porque nuestro ambiente impuro los enfermaría o incluso los mataría.

Los venusinos le dijeron a Thompson que esperaban contactar a otras personas de la Tierra de una en una. A través de este lento proceso, eventualmente establecerán la paz en este planeta. Sus esfuerzos culminarán con el regreso de Cristo en el año 10.000 d.C.

Thompson dijo que la nave espacial (y “nave espacial” era la palabra con la que los venusinos llamaban a su nave) tenía una sola puerta, la que conducía al exterior, aunque había varias habitaciones en el interior. Estas habitaciones, la mayoría de ellas brillantemente iluminadas como por la luz del Sol, tenían forma cuadrada. Las que estaban en la parte inferior de la nave eran transparentes alrededor de la nave, lo que permitía al espectador ver en cualquier dirección.

Una habitación servía como lugar para bañarse. Como dijo Thompson: “Simplemente entras en esta habitación y llueve allí de la misma manera que llueve afuera… Atraen la humedad del aire… y ahí es donde te bañarás… Y luego, en la habitación donde guardan la fruta y cosas así, es una habitación fresca, a cierta temperatura. [En otra] habitación donde duermen, está bastante oscura pero no totalmente oscura. Simplemente entras allí y puedes acostarte en los asientos o en el suelo o en cualquier lugar… e irte a dormir”.

Cuando se le preguntó si la nave espacial tenía baño, Thompson dijo que no sabía. Siempre que tenía que hacer sus necesidades, salía. No tenía idea de cómo los venusinos lidian con esta función física porque el tema no había surgido en la conversación. Pero dijo que si lo hubiera hecho, los venusinos, que nunca se avergüenzan de nada, habrían discutido el tema sin rodeos.

Thompson durmió durante la noche en uno de los asientos del “dormitorio” de la nave espacial. A la mañana siguiente, afirmó: “Les pregunté si podía ir a casa a buscar mi cámara y no sabían a qué me refería. Dije que volvería y me preguntaron si traería a alguien más conmigo”. Dije: ‘¿Les importa?’, y no querían que trajera a nadie. Tenían miedo de que alguien les echara el aliento o algo y tratara de destruirlos”.

Thompson se fue a casa y regresó solo con su cámara.

Desafortunadamente, de hecho, tratar de fotografiar a los venusinos y su nave fue “como tratar de tomar una foto del Sol”. Hay un resplandor. Esta película estaba en blanco[13]. Quería poner algunos de ellos directamente en el suelo para tomarles fotos, pero no salían”.

Thompson y los venusinos se separaron el 30 de marzo, un jueves, dos días después de que él se encontrara con su nave en el claro. Los venusinos le dijeron que podía contactarlos en cualquier momento que quisiera, pero que tenía que guardarse cierta información para sí mismo. “Si les dijera todo lo que sé”, comentó a los Arnold, “nunca podría volver a ver la nave. Me vigilarían cada minuto”. Los venusinos le prometieron a Thompson que podía viajar en su nave, pero “no podía quitarme la ropa… tendría que broncearme por completo… antes de poder subirme a esa nave y soportar… lo que sea de tiempo”.

Sabemos muy poco sobre Samuel Eaton Thompson.

Arnold no investigó su afirmación más allá de las dos entrevistas que realizó con el hombre y la cobertura periodística de la historia fue superficial. Sin embargo, al escuchar las cintas de las entrevistas, uno comprende por qué Arnold cree que Thompson era perfectamente sincero. A diferencia de los contactados profesionales que iban a seguirlo, Thompson no intentó publicitar ni sacar provecho de la supuesta experiencia. Además, como un hombre sencillo aparentemente sin sentido del humor, no se dio cuenta de cuán absurda, incluso hilarante, sonaba su historia para quienes la escuchaban. Los Arnold, por ejemplo, lucharon (no siempre con éxito) por no reírse a carcajadas mientras Thompson relataba con franqueza los detalles cada vez más extraños e inverosímiles del episodio.

No es de extrañar que Thompson no encontrara evidencia de una nave espacial a punto de aterrizar cuando regresó al lugar cuatro días después, el 3 de abril, con su hijo. Thompson quería demostrarles a sus amigos que, como especulaban, no se había “unido a una colonia nudista… y se le ocurrió una idea fantástica”. Pero no había nada en el claro que sugiriera que un platillo volador había estado allí recientemente.

Probablemente nunca sabremos la naturaleza precisa de la “experiencia” de Thompson. Es posible que el hombre fuera un mentiroso patológico que podía contar una historia sin hechos mientras daba toda la apariencia de sinceridad. Esa explicación es menos probable, en mi opinión, que otra: que la de Thompson fue una experiencia visionaria, un sueño despierto tan vívido que le pareció un evento real.

Ciertos elementos en la historia apoyan esta interpretación.

Puede ser significativo que los venusinos, que se parecen mucho a los niños, coman las plantas con las que Thompson estaba familiarizado cuando era niño y crecía en Minnesota e Iowa. Hablan un tipo de inglés rural “sin educación”, tal como lo hizo Thompson. Estos detalles sugieren que Thompson, quizás en un nivel inconsciente, creó “venusinos” que de alguna manera se reflejaron en sí mismo.

Al mismo tiempo, es cierto que, en su relato, Thompson describe conceptos ocultos como la astrología y la reencarnación con los que aparentemente solo estaba vagamente familiarizado. De hecho, en ningún momento de sus conversaciones con los Arnold utilizó las palabras “astrología” y “reencarnación” o cualquier otra frase indicativa de interés en lo esotérico. Menciona, sin embargo, que había visto columnas astrológicas en varios almanaques, aunque “nunca lo pensé”. Aún así, dicha información podría haberse registrado en su mente inconsciente y puede haber resurgido para desempeñar un papel en una experiencia onírica elaborada.

La historia de Thompson no se parece en nada a esos informes que los ufólogos llaman “encuentros cercanos del tercer tipo”. En el CEIII típico, el testigo observa brevemente entidades parecidas a gnomos, poco comunicativas, cuya vista lo asusta muchísimo. Incluso en aquellos casos en los que se alega comunicación (principalmente en los casos de abducción), los mensajes no se parecen en nada a los que informó Thompson, ni tampoco los ocupantes de los ovnis.

Jerome Clark también se refiere a este caso en su UFO Encyclopedia[14]:

JeromeClark-TheUFOEncyclopediaVenusinos y platillos voladores

En una historia poco conocida publicada en un periódico de Washington, Centralia Daily Chronicle, el 1 de abril de 1950, un anciano relató su reciente encuentro, pocos días antes, con la tripulación de una nave espacial venusina. Independientemente de las apariencias inmediatas que puedan haber sugerido lo contrario, no fue una broma del Día de los Inocentes. Poco después, Kenneth Arnold (cuyo avistamiento en 1947 sobre el Monte Rainier trajo platillos voladores a la conciencia pública) y su esposa, Doris, entrevistaron al reclamante, un anciano trabajador ferroviario jubilado llamado Samuel Eaton Thompson, y grabaron su relato.

Thompson, un hombre poco sofisticado y con poca educación, regresaba de una visita a unos familiares cuando se detuvo para tomar un descanso en una zona boscosa entre Morton y Mineral, Washington. Mientras caminaba entre los árboles, llegó a un claro en el que una gran estructura en forma de globo flotaba justo por encima del suelo. Observó varios niños sorprendentemente hermosos que jugaban en los escalones que conducían desde una puerta en el costado de la nave. Tenían una apariencia profundamente bronceada y cabello largo y rubio que les llegaba hasta la cintura. Estaban desnudos. Pronto, adultos de apariencia similar llegaron a la puerta y lo observaron, aparentemente inquietos por sus intenciones. Thompson logró persuadirlos de que no pretendía hacer daño.

Terminó, dijo, pasando unas 40 horas (incluida una noche) en su compañía durante los siguientes dos días, interrumpido solo por un viaje rápido a casa para una cámara (que no registró nada excepto un brillo intenso como si fuera sobreexposición). Los venusinos eran tan inocentes que parecían haber salido de un Jardín del Edén interplanetario, sin pecado, sin vergüenza, ni siquiera conocimientos tecnológicos; todo lo que sabían de su nave era que sus cuatro botones llevaban uno hacia arriba o hacia abajo o hacia la Tierra desde Venus o al revés. Los venusinos habían venido a difundir la paz y la buena voluntad, aunque no la habían recibido de los terrícolas, cuyos aviones habían disparado contra su nave. Todos los planetas del sistema solar están habitados, le dijeron los venusinos, pero sólo los marcianos son más belicosos que la gente de nuestro mundo. Los compañeros de Thompson solo consumían nueces, verduras y frutas, y sus hábitos dietéticos ejemplares les impedían sufrir alguna enfermedad; sólo morían de vejez. No vivían por intelecto sino por instinto, pero “son realmente más inteligentes de lo que pensamos que son. Tienen un don que es mucho mayor que el nuestro que no hay comparación”. Según ellos, Jesucristo regresará en el año 10.000 d.C.

Los Arnold no creían que Thompson tuviera un encuentro físico literal. Kenneth Arnold, que consideró absurda gran parte de la historia hasta el punto de la comedia, pensó que se trataba de algo así como un sueño vívido o una alucinación. Sin embargo, no dudaron de que Thompson creía cada palabra que decía. Es probable que cualquiera que escuche la entrevista grabada esté de acuerdo. Es difícil exagerar la ingenuidad de Thompson, evidenciada por ejemplo en su lucha por describir conceptos (vegetarianismo, reencarnación y signos solares) para los que carecía de vocabulario.

Después del artículo del periódico y la entrevista de los Arnold (cuyo contenido no se publicó hasta tres décadas después), Thompson desapareció de la historia, su visión, posiblemente tanto literal como metafórica, de los visitantes venusinos no ensombreció los cuentos de platillos que surgiría en los próximos años. A diferencia de Thompson, los venusinos del movimiento contactado serían tecnológicamente sofisticadas y científicamente avanzados.

Ninguna evidencia indica que George Adamski (1891-1965) haya oído hablar alguna vez de Thompson, […]

Reflexiones finales

Si bien es cierto que la historia de Thompson solo se publicó en un periódico local en un estado donde Adamski no residía, eso no demuestra que el contactado más famoso de la historia no le haya plagiado parte de su historia a Thomson. Hay muchos elementos que nos hacen suponer que hubo plagio.

Están, por ejemplo, los temas esotéricos y de New Age, como la reencarnación y la astrología. Esos tópicos estaban presentes hasta en el más humilde periódico de los Estados Unidos de aquella época (y aun hoy los podemos encontrar). La Teosofía y movimientos afines con sus “Superiores Desconocidos” y “Maestros Ascendidos” que secretamente guían a la Humanidad con benevolencia, simplemente se han convertido en venusinos que viajan en platillos voladores, pero el resto es esencialmente lo mismo. El nudismo también estuvo presente en algunas tradiciones “esotéricas”.

El saber “oculto y secreto” que sólo les es dado a ciertos iniciados está presente en el relato de Thomson. Aquí son los “hermosos” hermanos espaciales de Venus son los encargados de transmitir esas enseñanzas y solicitar que se guarde el secreto so pena de no volver a tener contacto.

Los temas de astrología, religión, vegetarianismo, reencarnación, la benevolencia de los “hermanos del espacio” también están presentes en la historia de Thompson. Luego, a partir de Adamski, se difundirán en casi todas las historias de los “contactados”. Todos hijos bastardos de los movimientos “esotéricos” como la Teosofía, con la que se relacionaron algunos “contactados” como el propio Adamski.

Al igual que las demás historias de contactados que siguieron a Thomson, la suya estaba llena de tonterías. Los detalles “técnicos” sobre la propulsión de las naves, por ejemplo, eran una mezcla de vaguedades y jerga pseudocientífica. Todos los contactados, sino la mayoría, hablaban de numerosos planetas habitados del sistema solar, que pertenecían a una “Confederación de planetas”, cuyos habitantes venían a salvarnos de que destruyéramos nuestro propio planeta. La falta de educación de Thompson, por ejemplo, explica muy bien que no supo inventar nada creíble sobre la propulsión de la nave. Tampoco es sorprendente que los venusinos coman vegetales que Thompson conoce y, como él, hablan un inglés poco sofisticado.

Como se dijo más arriba, la historia de Adamski es muy similar a la de Thomson en todos los aspecto citados, pero además de la historia en sí, está el detalle de la parte de la nave espacial que es “transparente” por dentro, aparentemente opaca por fuera. Esto también apareció en la historia de Adamski.

Todas estas cualidades extravagantes e incluso absurdas hicieron que Arnold especulara que había pasado por algún tipo de experiencia “psíquica”. Aunque la hipótesis más sencilla es que Samuel Eaton Thomson simplemente fue un contador de cuentos.

Referencias:

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[1] Arnold Kenneth y Palmer Ray, The coming of the saucers: a documentary report on sky objects that have mystified the world, Boise, Idaho, and Amherst, Wisconsin, edición privada, 1952. 192 p.

[2] Arnold Kenneth, Phantom Lights in Nevada, Fate, Fall 1948, pags. 96-97.

[3] Arnold Kenneth, The Flying Saucer As I Saw It, edición privada, 1950. 16 p.

[4] The coming of the saucers.

[5] Anonimo, “Centralian Tells Strange Tale of Visiting Venus Space Ship in Eastern Lewis County”, The Centralia Daily Chronicle, Centralia, Washington, April 1, 1950.

[6] Clark también fue editor del International UFO Reporter, la revista de The Center for UFO Studies (CUFOS), Joseph Allen Hynek.

[7] Clark Jerome, “The coming of the Venusians”, Fate, Volume 34, #1, Chicago, Illinois, January 1981. pp 49-55. Este artículo se reprodujo en The World’s Strangest True Stories, by Phyllis Galde and the Editors of Fate magazine, Digital Parchment Press, Lakeville, Minnesota, 2015.

[8] Ver: https://web.archive.org/web/20200902150950/https://wc.rootsweb.com/trees/110702/I1009/-/individual

[9] Olson Elmer J., Sam Thompson Saw ‘Em — Saucer People”, The Centralia Daily Chronicle, Centralia, Washington, March 25, 1967. p. 6.

[10] González Manso Luis Reinaldo, Catálogo de los primeros casos de humanoides clasificados por países (FIRSTHUMCAT), Fundación Anomalía, España. 2004. Disponible en internet en: https://anomalia.hypermart.net/fhc_en.pdf

[11] The Coming of the Venusians.

[12] Aproximadamente 27°C. Nota de LRN.

[13] En realidad la película debería haber quedado toda negra si es que se estaba fotografiando una fuente de luz intensa. Las impresiones son las que debieron salir en blanco. Nota de LRN.

[14] Clark Jerome, The UFO Encyclopedia: The Phenomenon from the Beginning, Volume 2, L-Z, Detroit: Omnigraphics, 1998 (2nd edition, 2005).