Archivo de la categoría: Divulgación científica

Una brillante puesta de sol roja se torna repentinamente "verde" por un instante fugaz justo antes de desaparecer por completo

Una brillante puesta de sol roja se torna repentinamente «verde» por un instante fugaz justo antes de desaparecer por completo. Un fenómeno singular captado por la cámara en la bahía de Nago.

14 de noviembre de 2023

img_5ba8d2c63ab5ee1b82088700abb039c526079El 4 de noviembre se observó un destello verde en la bahía de Nago.

El 4 de octubre se observó un destello verde, un fenómeno considerado de muy baja probabilidad de ocurrir, en la bahía de Nago, prefectura de Okinawa. Un destello verde es un fenómeno en el que una luz verde aparece fugazmente justo antes de que el sol se ponga por completo o justo después de que salga.

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Rompiendo el cristal

Rompiendo el cristal

8 de noviembre de 2007

Evelryu

La ciencia es universal. Como nos recordó el astrónomo Carl Sagan, los físicos budistas trabajan con las mismas ecuaciones que los físicos musulmanes, hindúes, ateos o cristianos. «Todos descubren las mismas leyes de la naturaleza. De repente, ya no depende de la cultura local ni de la educación local. Lo que dicen los físicos parece ser cierto en todo el planeta Tierra. Y luego observas otros planetas, otras estrellas, otras galaxias, y las mismas leyes se aplican en todas partes».

En este preciso instante, las sondas espaciales Voyager y Pioneer viajan por el espacio interestelar. Ya se encuentran en el vasto vacío entre las estrellas, entre la que llamamos Sol y los miles de millones de otras estrellas de nuestra galaxia. Viajan audazmente a un lugar donde ningún objeto creado por el ser humano, y mucho menos un objeto creado por el ser humano, ha estado jamás. Y sus componentes electrónicos siguen funcionando, tal como fueron diseñados en nuestro planeta hace más de tres décadas. Lo sabemos porque aún recibimos señales de la Voyager 2. La ciencia sigue trabajando allí.

Igual que el juego de la ouija. El misterio fue resuelto por un físico inglés pocos años después de que se diera a conocer, hace más de 150 años. Hollywood, lamentablemente, no lo descubrió. Pero tú no solo puedes descubrir la verdad, sino también comprobarla por ti mismo. Haz clic aquí para leer el resto de «Rompiendo el cristal».

https://web.archive.org/web/20251114114128/https://www.ceticismoaberto.com/fortianismo/1054/quebrando-o-copo

¿Qué comerían los extraterrestres si llegaran a la Tierra mañana? Los científicos responden

¿Qué comerían los extraterrestres si llegaran a la Tierra mañana? Los científicos responden

Si los extraterrestres llegaran a la Tierra, ¿vendrían a conquistarnos, a estudiarnos… o quizás a comernos?

17 de junio de 2026

José Miguel Soriano del Castillo The Conversation

imageUn caza sigue a un ovni en un vídeo recién difundido por el Pentágono

Con el estreno de El día de la revelación, la nueva película de Steven Spielberg sobre extraterrestres, vuelve una pregunta tan vieja como la ciencia ficción: si los alienígenas llegaran a la Tierra, ¿vendrían a conquistarnos, a estudiarnos… o quizás a comer?

Conviene empezar con una advertencia. No existen pruebas científicas de que seres extraterrestres hayan visitado la Tierra, ni mucho menos datos sobre su alimentación. La NASA afirma que no hay datos que apoyen que los fenómenos anómalos no identificados (FANI) sean tecnología alienígena, y el Departamento de Defensa de Estados Unidos tampoco ha encontrado pruebas verificables de tecnología o actividad extraterrestre.

Ahora bien, “extraterrestre” significa, literalmente, “fuera de la Tierra”. En ese sentido amplio, los únicos extraterrestres cuya alimentación conocemos son, paradójicamente, humanos: astronautas que viven durante semanas o meses en el espacio. Su caso no nos dice qué comería un alienígena, pero sí recuerda que salir de la Tierra modifica la forma de alimentarse.

imageEs paradójico que la única alimentación “extraterrestre” (fuera de la Tierra) que conocemos es la de los humanos que viven en el espacio (Getty/iStock)

En microgravedad cambian el apetito, la percepción del sabor, la masa muscular, la salud ósea, la hidratación y el gasto energético. Incluso para nuestra propia especie, comer fuera del planeta exige adaptar menús, nutrientes, texturas, conservación de alimentos y control metabólico.

Por tanto, este artículo es un ejercicio completamente especulativo, pero no absurdo. La biología permite hacer preguntas razonables incluso sobre organismos imaginarios: ¿cuánto pesan? ¿Se mueven mucho? ¿Mantienen una temperatura corporal constante? ¿Respiran oxígeno? ¿Tienen cerebro grande? ¿Viven en gravedad similar a la terrestre? Con esas piezas podemos estimar no “la dieta alienígena”, sino el coste energético mínimo de un ser vivo hipotético.

De los ovnis a las calorías: lo que sí podemos calcular

La palabra “alienígena” no designa una categoría biológica. En la cultura popular aparecen seres “grises” o “reptilianos”, humanoides altos, criaturas luminosas o inteligencias mecánicas. Pero esas clasificaciones pertenecen al folclore ufológico y a la ficción, no a la zoología.

La ciencia sí tiene herramientas para estimar el metabolismo. En los animales terrestres, una orientación que se puede aplicar es que el gasto energético basal (la energía mínima que un organismo necesita en reposo para mantener funciones vitales) aumenta con la masa corporal, aunque no de forma proporcional. Un ratón consume mucha energía por cada gramo de cuerpo; un elefante, en cambio, gasta muchísimo en total, pero relativamente poco por kilo. Dicho de otra forma: cuanto más grande es un organismo, más energía necesita, pero cada kilo de su cuerpo suele ser energéticamente más “barato”.

Aplicado a un ser vivo hipotético, esto permite hacer estimaciones orientativas. Si imaginamos un organismo caliente, activo y parecido en su funcionamiento básico a un mamífero o un ave, un ser de unos 30 kilos podría necesitar cerca de 900 kilocalorías (kcal) al día solo para mantenerse en reposo. Una criatura de 70 kilos precisaría alrededor de 1,700 kcal diarias, una cifra próxima a la de un humano adulto en metabolismo basal. Y un alienígena de 150 kilos podría superar las 3,000 kcal diarias incluso antes de moverse demasiado.

La clave está en “reposo”. Esas cifras solo indican la energía mínima para sostener funciones básicas: respirar, mantener la temperatura corporal, reparar tejidos, hacer circular fluidos y conservar activo el sistema nervioso. A eso habría que añadir locomoción, estrés, reproducción, termorregulación, digestión, actividad cerebral y cualquier comportamiento propio de un visitante interplanetario.

Un alienígena que caminara, corriera, excavara, volara o atravesara medio planeta para abducir vacas necesitaría bastante más energía que la estimada por su metabolismo basal. En ese caso, la pregunta ya no sería solo cuánto pesa, sino qué hace, cómo se mueve y cuánta energía le cuesta existir en nuestro ambiente.

Grises, reptilianos y humanoides: una bioenergética imaginaria

Tomemos tres figuras clásicas de la imaginación extraterrestre.

  • El “gris” pequeño, de cuerpo delgado, cabeza grande y aparente baja musculatura, podría pesar entre 25 y 40 kg. Si fuera un organismo caliente, activo y con cerebro voluminoso, su gasto basal estaría entre 800 y 1,100 kcal diarias. Sin embargo, un cerebro grande es caro: en humanos, consume alrededor de una quinta parte de la energía en reposo. Si los grises fueran seres hiperencefalizados, su dieta tendría que ser energética y constante, salvo que hubieran desarrollado una biología muy eficiente o apoyo tecnológico.
  • El “reptiliano” plantea otro problema. Si realmente fuera reptiliano en el sentido fisiológico, quizá sería ectotermo: no gastaría tanta energía en mantener una temperatura interna constante. En ese caso, un ser de 100 kg podría necesitar menos comida diaria que un mamífero de igual tamaño, siempre que viviera en un ambiente térmicamente favorable. Pero si fuera un depredador inteligente, bípedo, musculoso y activo, su gasto podría subir a niveles comparables o superiores a los humanos. Un reptiliano de 150 kg endotermo quizá necesitaría 3,000 kcal diarias en reposo, y bastante más si realiza actividad física.
  • El humanoide alto, de 80 a 100 kg, sería el caso más fácil de imaginar. Si su fisiología resultara similar a la humana, precisaría entre 1,900 y 2,300 kcal diarias en reposo, y entre 2,500 y 4,000 con actividad. En una visita espacial, además, habría que considerar trajes, naves, gravedad distinta, microbiota, hidratación y adaptación al estrés.

Una cuarta posibilidad es la entidad postbiológica: inteligencia artificial, organismo híbrido o cuerpo sintético. Ahí la “alimentación” ya no serían proteínas, grasas o carbohidratos, sino electricidad, calor, combustible químico o energía nuclear. Un robot alienígena no comería paella: recargaría baterías.

¿Qué podrían comer en la Tierra?

Si un visitante extraterrestre estuviera basado en carbono, agua y química parecida a la terrestre, nuestro planeta sería un buffet peligroso. Hay agua líquida, sales, carbono orgánico, azúcares, grasas, aminoácidos y minerales, pero también toxinas, patógenos, alérgenos y moléculas incompatibles.

La Tierra no sería necesariamente comestible para ellos. Una proteína terrestre podría no servirles si usaran aminoácidos distintos. Nuestros azúcares podrían resultar inútiles si su metabolismo empleara otras formas quirales (versiones especulares de las muestras). Nuestras bacterias podrían no infectarlos… o podrían resultar devastadoras.

Esta última posibilidad ya fue desarrollada por H.G. Wells en su novela La Guerra de los Mundos (1898): los marcianos no son derrotados por las armas humanas, sino por los microorganismos terrestres, frente a los que no tienen defensas evolutivas. La novela convierte así la incompatibilidad biológica en el verdadero límite de la invasión.

En astrobiología se suele pensar que la vida necesita una fuente de energía, un medio líquido y elementos químicos adecuados. Pero eso no implica que todos los seres vivos del universo puedan compartir menú. En la Tierra, un koala vive casi condenado al eucalipto y una vaca necesita a su microbiota para digerir celulosa. La dieta no es solo energía: es bioquímica, microbioma y evolución.

Por eso, si vinieran, quizá no buscarían “comida” humana, sino materias primas: agua, nitrógeno, fósforo, hierro, sales, lípidos, biomasa microbiana o moléculas orgánicas simples. La vieja imagen de alienígenas robando ganado podría reinterpretarse, especulativamente, no como maldad cósmica, sino como muestreo nutricional. Poco tranquilizador para las vacas, en todo caso.

La nutrición extraterrestre como espejo de la nuestra

Este juego especulativo recuerda que la nutrición no es una lista de alimentos, sino una ciencia del intercambio energético entre un organismo y su ambiente. Comer es resolver un problema físico: obtener energía, construir tejidos, eliminar residuos y no intoxicarse.

En humanos, los dietistas-nutricionistas son importantes porque traducen esa ciencia en salud: ajustan energía, proteínas, micronutrientes, hidratación y hábitos a personas concretas. No ingerimos “calorías” en abstracto, sino que comemos dentro de una cultura, una microbiota, una enfermedad, una edad, un presupuesto y una biografía.

Si algún día contactáramos con seres biológicos no terrestres, no solo serían necesarias profesiones como la diplomacia, la lingüística o la ingeniería. También harían falta expertos capaces de preguntar qué moléculas toleran, qué energía necesitan, qué les intoxica, qué microorganismos transportan y qué recursos terrestres podrían usar sin destruir ecosistemas: los nutricionistas de alienígenas.

Porque, pensándolo bien, si alguna vez los ET llegaran a nuestro mundo, a lo mejor no vendrían a llevarse cosas, conquistarnos o revelar secretos cósmicos. Tal vez vendrían, simplemente, a comer mejor. Pero si de verdad quisieran entender nuestra nutrición, tendrían que aprender una última lección terrestre: aquí comer no es solo ingerir energía, es compartir tiempo.

Acerca del autor

José Miguel Soriano del Castillo es catedrático de Nutrición y Bromatología del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat de València.

Este artículo se publicó por primera vez en The Conversation y se publica bajo licencia Creative Commons. Puedes leer el artículo original aquí.

https://www.independentespanol.com/noticias/ciencia/extraterrestres-tierra-dia-revelacion-comida-b2997844.html

La anomalía del Atlántico Sur

La anomalía del Atlántico Sur

6 de noviembre de 2007

Kentaro Mori

i695636¿Qué representa la imagen de arriba? ¿Es una concentración de las obras de Paulo Maluf alrededor del mundo? En realidad no, y el título de la publicación probablemente lo reveló: se trata de la Anomalía Magnética del Atlántico Sur, una región donde los cinturones de radiación alrededor del planeta están más cerca de la superficie. Es exactamente lo que parece; el sureste de Brasil es, sin duda, una región especial en la Tierra. O al menos la región que se encuentra sobre el sureste de Brasil.

Los cinturones de radiación (más conocidos como cinturones de Van Allen; aviso: el enlace anterior proviene de Uncyclopedia) que rodean el planeta se crean por la interacción del campo magnético terrestre y la radiación espacial. La Anomalía del Atlántico Sur, por lo tanto, tiene que ver con el hecho de que el campo magnético del planeta es ligeramente más intenso en el hemisferio norte, además de estar desalineado con respecto al eje de rotación del planeta: los polos magnéticos difieren de los polos geográficos. Debido a todas estas desalineaciones, los cinturones de radiación sobre el planeta resultan asimétricos y se encuentran a menos de unos cientos de kilómetros de nosotros. Consulte el diagrama adjunto y observe cómo el cinturón está mucho más cerca de nosotros sobre la Anomalía del Atlántico Sur.

Normalmente, cabría esperar que algo así afectara al menos a toda la zona situada a la misma latitud; compartiríamos el honor de esta anomalía con todos los que se encuentran alrededor del Trópico de Capricornio. Pero como la anomalía se debe al cinturón de radiación, y este a su vez se debe al campo magnético terrestre, y el campo magnético terrestre gira junto con la rotación del planeta, la exclusividad es nuestra. Pero no del todo.

Estrictamente hablando, el campo magnético terrestre no gira exactamente a la misma velocidad que el planeta (así como, cabe reiterar, no tiene exactamente el mismo eje o «centro»). Esto provoca que la anomalía se desplace lentamente hacia el oeste. Dentro de unos milenios, su centro podría estar en algún lugar de Brasil. Esto también significa que hace unos milenios o millones de años, la anomalía no se encontraba sobre el sureste de Brasil. De hecho, con los numerosos cambios en los polos magnéticos terrestres, incluyendo múltiples inversiones, podemos suponer que la anomalía se ha estado desplazando prácticamente por todo el planeta.

Esto debería tranquilizar a algunos, ya que la anomalía no ha convertido al sur de Brasil en un lugar especial desde hace mucho tiempo. E incluso si lo hiciera, su único efecto relevante se da en objetos que atraviesan los cinturones de radiación, a cientos de kilómetros de altura. Como los satélites, que son, por lo tanto, más susceptibles a fallos en sus delicados sistemas electrónicos. Es decir, Brasil es realmente una región especial del planeta. No solo debemos tener cuidado con los robos de coches, que de todos modos no serían tan especiales, sino que también podemos sentirnos orgullosos de ser una zona de peligro para los satélites.

Consulta esta página seria con más detalles sobre la Anomalía del Atlántico Sur, en buen portugués.

[Consejo de Jaime en Ufolista]

https://web.archive.org/web/20251109034042/https://www.ceticismoaberto.com/fortianismo/1053/a-anomalia-do-atlntico-sul