La especie que se salvó de la extinción

IMPACTO AMBIENTAL

La especie que se salvó de la extinción[1]

Juan José Morales

Mucho se habla de especies amenazadas de extinción, y mucho se habla también de especies que ya corrieron esa suerte, como los grandes mamíferos americanos «”mamuts, gliptodontes, tigres de dientes de sable, perezosos gigantes, gonfoterios, etc.»” que habitaron tierras del Mayab y desaparecieron casi en un abrir y cerrar de ojos hace apenas unos doce mil años, durante la gran extinción del Pleistoceno.

clip_image002Nuestros remotos ancestros en África, cuando vivían de la caza y la recolección. Tras un largo período de evolución, y cuando ya habían logrado el dominio del fuego y tenían características físicas muy parecidas a las del hombre moderno, se vieron expuestos a una grave e inesperada amenaza.

De hecho, la única especie que parece hallarse totalmente a salvo de ese peligro «”y, por lo contrario, multiplicándose más allá de lo que algunos consideran límites razonables»”, es el Homo sapiens, el ser humano, al cual incluso se atribuye la desaparición de muchas de las demás.

Pero imagine usted una situación en la que, en vez de siete mil millones de personas «”la población actual de la Tierra»” hubiera sólo cinco mil o diez mil individuos, pugnando además por sobrevivir ya que su número ha estado disminuyendo sin cesar.

Esta apocalíptica situación no es imaginaria. De acuerdo con un reciente estudio científico, ocurrió hace alrededor de cien mil años. La población humana, que hasta entonces había estado creciendo de manera lenta pero constante, comenzó de pronto a declinar aceleradamente, hasta quedar reducida a esos cinco o diez millares de individuos que vivían en África.

La investigación fue realizada por un equipo internacional de científicos encabezados por el Dr. Ajit Varki, de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en San Diego. Según ellos, en aquel entonces los humanos fueron diezmados por una serie de enfermedades debido a que entre sus genes había dos que facilitaban la acción de peligrosos microbios patógenos, como la conocida bacteria Escherichia coli K1, causante de infecciones gastrointestinales, y ciertos estreptococos que provocan septicemia «”una mortal infección generalizada que afecta a todos los órganos»” y meningitis en el feto, los recién nacidos y los niños de corta edad.

Esas constantes y extendidas enfermedades, al afectar sobre todo a los individuos de corta edad, impedían la reproducción normal de la población humana, y por ello llegó a estar al borde de la extinción.

Un poco más, y nuestra especie habría desaparecido para siempre, lo cual significa nada más ni nada menos, que no estaríamos escribiendo estas líneas ni usted leyéndolas mañana.

Pero «”dicen los investigadores»” cuando ya las cosas estaban llegando al límite, ocurrió una mutación. Algunos seres humanos no heredaron uno de esos peligrosos genes que los hacían vulnerables a las infecciones, con lo cual se hicieron más resistentes a las enfermedades pudieron sobrevivir. En cuanto al otro gen, sufrió una ligera modificación que lo hizo menos peligroso.

Los individuos que experimentaron esas benéficas mutaciones se las transmitieron a sus descendientes, la población comenzó a restablecerse, los humanos volvieron a ser abundantes, y de África se extendieron para colonizar el resto del mundo.

Ambos genes «”explican los autores del estudio»” todavía están presentes en su forma original en los chimpancés, que son los animales más parecidos al hombre por la estructura de su material genético.

De modo, pues, que al parecer los humanos nos salvamos por un pelito de correr la misma suerte que el 95% de las especies de plantas y animales que han existido en la Tierra desde la aparición de la vida y que se extinguieron como resultado de catástrofes o de otros factores menos espectaculares.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 10 de agosto de 2012. Reproducción autorizada por Juan José Morales.

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