No hay peor ciego que…

ESCRUTINIO

No hay peor ciego que»¦[1]

Juan José Morales

La actitud de los dirigentes del PRD ante situación del partido, que llevó a la renuncia de Cuauhtémoc Cárdenas y otros destacados militantes, trae a la mente aquel dicho de que no hay peor ciego que quien no quiere ver. El hecho real y concreto es que el partido atraviesa una grave crisis, y no por haber llevado a la presidencia municipal de Iguala a José Luis Abarca y a la gubernatura de Guerrero al ex priísta Aguirre, quien «”como otros muchos saltimbanquis de la política»” no tuvo empacho en vestirse de amarillo cuando no logró ser cobijado por el partido tricolor en sus pretensiones de llegar a la gubernatura.

clip_image001La caricatura, publicada en el periódico coahuilense Sin Censura, ilustra el maridaje entre la dirigencia del PRD y el gobierno de Peña Nieto, al cual contribuyó a legitimar, apoyó en la llamada reforma fiscal «”léase más impuestos para los sectores populares»” y dejó el camino abierto para imponer otras reformas a su gusto.

No. La crisis del PRD se ha venido gestando desde tiempo atrás, por la política acomodaticia y de arreglos cupulares de sus dirigentes con el gobierno federal y con los de algunos estados o municipios, y por seguir a menudo una política pragmática, convenenciera, de llegar al poder a toda costa, sin preocuparse por la calidad moral de los candidatos ni por su apego a la ideología y los principios de la izquierda.

Un buen ejemplo de ello fue el de Gregorio Sánchez, quien conquistó la presidencia municipal de Cancún bajo la sigla de una alianza encabezada por el PRD. De perredista, de hombre de izquierda o tan siquiera de liberal de ideas avanzadas, aquel personaje no tenía nada. Era tan solo un negociante que utilizó el poder para seguir haciendo negocios tan poco claros que terminaron envolviéndolo en una serie de conflictos legales, tanto en México como en el extranjero.

Bajo la sigla del PRD se cobijó también el empresario Gastón Alegre, quien aspiraba a la gubernatura de Quintana Roo pero ideológicamente tampoco tenía la menor afinidad con el partido, como lo demostró al mudarse sin tardanza al PRI cuando no logró su objetivo.

De igual manera, en diversos lugares del país, el PRD postuló a individuos arribistas de muy diverso tipo, ex priístas resentidos o frustrados, o personajes que únicamente buscaban usar al partido como escalón para arribar al poder.

Y no tuvieron empacho los llamados chuchos, Jesús Zambrano y Jesús Ortega, dirigentes del PRD, en firmar el llamado Pacto por México, que en esencia sólo sirvió para legitimar a Peña Nieto como presidente de la República, aunque bien sabido es que llegó a ese puesto mediante una descarada y abierta compra de votos.

Comprometidos por ese acuerdo, Los Chuchos apoyaron al PRI y al PAN en la llamada reforma fiscal, que se tradujo en un aumento de impuestos y en la escalada de incrementos de precios de los combustibles, con los desastrosos efectos sobre el costo de la vida que todos conocemos. Se abstuvieron también de luchar por verdaderas reformas constitucionales y dejaron la puerta abierta para que PAN y PRI hicieran de las suyas en ese terreno. Finalmente, se retiraron del pacto. Pero para entonces el daño ya estaba hecho gracias a esa política entreguista, de alineación abierta o embozada con el gobierno.

Incluso, han llegado legisladores y dirigentes perredistas, como la senadora Luz María Beristáin, a aparecer muy sonrientes exhortando a los televidentes a donar dinero al Teletón, ese gran distractor que desvía la atención de los problemas y sirve además para entregar recursos del erario público a las filiales de Televisa y fortalecer a este verdadero poder manipulador de las elecciones que fue decisivo en los fraudes electorales que despojaron del triunfo a López Obrador.

Con semejante política de naturaleza politiquera, no es de extrañar que gradualmente el PRD se fuera llenando de gente sin principios, ideología ni ética. Y los resultados están a la vista. Entre amplios sectores de la población se le mira con desconfianza y recelo y se le equipara al PRI y demás partidos gobernantes. Es una situación que hubiera parecido increíble hace algunos años, cuando era auténtica oposición.

Lo peor de todo es que el desprestigio que las acciones de sus dirigentes le han acarreado al PRD ha sido hábilmente aprovechado para generalizarlo a todos los políticos. Mañosamente, comentaristas, articulistas, locutores y demás plumíferos al servicio del gobierno, manejan ante la opinión pública la idea de que todos los partidos y todos los políticos son iguales. Pero como el espacio ya se acaba, dejaremos los comentarios sobre este asunto para otra ocasión.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 7 de enero de 2015

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