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Vampiros (1)

VAMPIROS

Vicente Quirarte Instituto de Investigaciones Bibliográficas Universidad Nacional Autónoma de México

A la memoria de Enrique Moreno Menéndez (1977-1994), cazador de vampiros.

En un lugar discreto pero visible, los autores del libro Vampire. The Masquerade advierten a los lectores sobre el peligro de creer que son verdaderos los elementos que conforman esta nueva especie de Decamerón, donde los jugadores arman historias a partir de un número limitado de elementos, características y situaciones verosímiles y lógicas desde el punto de vista narrativo, siempre alrededor del universo de los muertos en vida. Mark Rein, principal artífice del denominado Juego de Horror Personal subraya: “Para decirlo claramente, los vampiros no son reales. La creciente afirmación sobre su existencia se halla en función de lo que pueden enseñamos sobre la condición humana y sobre la fragilidad y esplendor de lo que llamamos la vida”.

La advertencia es apenas leída o francamente pasada por alto por quien entra en el juego con la plena convicción de que los vampiros existen, pero ilustra la fascinación que continúan ejerciendo en el imaginario de nuestro fin de siglo. Dicho de otro modo: nadie puede experimentar la sensación de horror y placer que provoca el vampiro si no cree, al menos mínimamente, en su existencia. Como Pegaso o Klaus Kinski e Isabelle Adjani en Nosferatu de Werner Herzog.

Las sirenas, los vampiros se han vuelto familiares a base de convivir con ellos: su existencia en el inconsciente colectivo es una necesidad que evidencias en contra no pueden combatir. Los ajos, las espinas de rosa, el crucifijo, el agua corriente, la estaca de madera son elementos que forman el arsenal básico de cualquier cazador de vampiros que se respete, pero a cada uno de esos objetos lo apoya un poderoso sostén ideológico, como habremos de examinar en el presente artículo.

En nuestra vida cotidiana, el vampiro forma parte de una mitología que aun los niños conocen. El Conde Pátula, el cereal del Conde Chócula, Chiquidrácula, El Hombre Murciélago, el jugo donde el betabel da la coloración roja que le otorga el nombre de Vampiro, son para ellos elementos familiares y menos agresivos que el horror que los acecha. En la película Los muchachos perdidos (1987)[1] de Joel Schumacher, únicamente los niños creen en la existencia de los vampiros y sólo ellos, como detentadores de la fantasía, pueden buscar las armas para combatirlos. Paradójicamente, la domesticidad de los vampiros, el comercio que con ellos establecemos, no ha eliminado su carácter siniestro. Saber más sobre su estructura no clausura el asombro, el miedo y las prevenciones que deben tenerse contra ellos. El niño protagonista del cuento para adolescentes Ma y Pa Drácula de Ann Martin concluye, tras enterarse de que sus padres son vampiros, que debe aprender a aceptarlos, pero también a cuidarse de ellos. Metáfora y concreción, depredador repulsivo o personaje romántico, al vampiro es preciso aproximarse con las alas de la imaginación y las armas del conocimiento científico.

Temprano, toda historia de vampiros llega a la que niega, categóricamente, su existencia. La historia y nuestra cordura necesitan de esa convicción. Si la fuerza del vampiro consiste en que nadie cree en él, los cazadores de vampiros reales y los amantes de sus historias exigen a sus monstruos que sufran sucesivas metamorfosis, pero que no abandonen su sintaxis original. Quien se aproxima al territorio de los inmortales lo hace con una condición: que el vampiro esté constituido por un número limitado de elementos, de tal modo ordenados que su existencia resulte verosímil. La retórica de los tratados de vampiros es más convincente cuando no se detiene a poner en duda las afirmaciones sino expresa objetivamente y ordena de manera orgánica el material sobre su existencia y sus apariciones. Un libro como el de Manuela Dunn Mascetti, Vampire. The Complete Guide to the World of the Undead, parte de la base de que el lector cree en los vampiros o al menos tiene la disposición para iniciarse en los misterios de esa estructura donde la vida y la muerte disputan sus poderes.

Antes de dar el siguiente paso en sus exploraciones, el cazador de vampiros debe saber qué es exactamente lo que busca. De ahí que su primera e inevitable pregunta sea: ¿Qué es un vampiro? Al igual que otras realidades culturales, el vampiro ha sido víctima de usos y abusos, de torpezas lingüísticas y apreciaciones superficiales. Para reivindicar su buen nombre están los grandes escritores que han sabido interpretarlos. Como El Vampiro de Londres se conocía a John Haig, el asesino que bebía la sangre de sus víctimas, y que fue ahorcado por sus crímenes en 1948, una vez consumado el horror de la Segunda Guerra, donde otros vampiros humanos consumieron la sangre de muchos más. En nuestro ámbito latinoamericano, al siempre adelantado Horacio Quiroga se debe “El almohadón de plumas”, narración plausible y hasta cierto punto lógica sobre un insecto monstruoso, succionador de sangre. Julio Cortázar y Severo Sarduy han explorado el tema de los vampiros como una metáfora de esas criaturas que se alimentan del intelecto de los otros. En el sentido peyorativo, la palabra vampiro se utiliza del mismo modo en que lo hacemos con el término parásito, aunque el daño que el primero causa tenga efectos más espectaculares y su estructura alcance mayores grados de complejidad y sofisticación. Si la sangre es la vida, de acuerdo con el conocimiento científico y según las palabras del Deuteronomio, un ser que se alimenta exclusivamente con la sangre de los otros, reúne las características para actuar en los escenarios de la realidad, la leyenda y el arte.

En el sentido más estricto, la palabra vampiro procede de la voz serbia wampira (wam = sangre, pir = monstruo) (Dudley Wright, 1993:4, Manuela Dunn Mascetti, 1992:17), y designa al muerto que, de acuerdo con leyendas de la Europa Central, regresa a alimentarse con la sangre – y, según ciertas variantes, con la carne – de los seres que en vida estuvieron más próximos a él. De esa raíz se dan las siguientes denominaciones: vampyr en holandés; wampior o upior en polaco; upir en eslovaco; upeer en ucraniano. En el diccionario Webster de principios de este siglo, el vampiro aparece definido como: “Espectro succionador de sangre o cuerpo reanimado de una persona muerta; el espíritu o el cuerpo reanimado de un muerto. Se cree que vuelve de la tumba y merodea extrayendo la sangre de personas dormidas, causándoles la muerte” (Cit. por Dudley Wright, 1993:1) J.L. Bernard (1971:334) lo define como una “persona atormentada por una necesidad mórbida de sangre y que la absorbe orgánicamente, sea bebiéndola en la arteria misma, sea por un proceso sutil”. La definición de Bernard supone de entrada que el vampiro es un ser cuya estructura fue alguna vez humana. Sus dos formas de vampirización – por la arteria o de manera sutil – aparecen ilustradas en dos instantes de la literatura de vampiros: desde su título Varney the Vampire Or The Fest of Blood (1845), James Malcolm Rymer ya anuncia lo que será su novela, donde la sangre, el sadismo y las descripciones tremendistas campean en sus demasiadas páginas. En el ocaso del siglo, un año antes de la publicación del Drácula de Bram Stoker, Mary Elizabeth Braddon publica el cuento “Good Lady Ducayne” (1896), debajo de cuyo contenido manifiesto late un poderoso contenido latente: una dulce y generosa anciana se alimenta con la sangre de las jóvenes que le hacen compañía en sus viajes por Italia, sangre que les es extraída durante el sueño con la intervención de un siniestro médico que acompaña a Lady Ducayne

Fernand de Villeneuve (1971:78) define al vampiro como “el individuo, muerto o vivo, que por radiación o por ósmosis aspira la vida de otro individuo para asimilarlo, sea con un fin puramente egoísta, sea con un fin altruista”. Villeneuve menciona las teorías de Darwin y Lombroso, según las cuales en los reinos animal y vegetal existen numerosos casos de vampirismo, como en la planta Drosera. “Otros animales son verdaderos vampiros, como el Desmodus refus y la Diphylla ecaudata”. Para quienes están familiarizados con las alas de los grandes murciélagos que baten la densa niebla europea, les parecerá desilusionante saber que el pequeño murciélago vampiro, el Desmodus rotundus murinus, orden Chiroptera, familia Desmondontide, cuya dieta es exclusivamente de sangre, solamente existe de este lado del Océano, desde Nuevo León hasta Yucatán, por la costa del Golfo, y desde Sonora hasta Chiapas, por la del Pacífico; y por el centro, de Morelos a Panamá. De ahí se extiende hasta América del Sur. Quincey, uno de los tres caballeros del Drácula de Bram Stoker, menciona haber visto en Argentina a un grupo de murciélagos vampiros desangrar a un potro hasta la muerte.

El término, propio de un ser humano bestializado, o de una criatura que alguna vez perteneció a nuestra especie, pasó al dominio de una zoología más real que fantástica: se llama vampiro al único animal que se alimenta exclusivamente de sangre, el murciélago hematófago. Como señala José Emilio Pacheco en su poema “Indagación sobre el murciélago”, este pequeño animal que alcanza los 50 gramos de peso, nada sabe de su prestigio literario. Murciélago vampiro o simplemente vampiro es el nombre que se da al único mamífero que vuela y se alimenta íntegramente de sangre humana. Sus hábitos vespertinos – recuérdese la inclusión del murciélago en el grabado Melancolía de Alberto Durero – y su habitación en lugares oscuros – abadías, cavernas, sitios alejados de la luz – lo convirtieron en el animal emblemático del hombre convertido en vampiro. Otro animal asociado al vampiro es el lobo, depredador natural del cordero, símbolo de la Iglesia cristiana. De acuerdo con Raymond Mac Nally y Radu Florescu (1973:147), Hernán Cortés informó haber visto murciélagos vampiros en el acto de alimentarse con la sangre de otros. Por su parte, William López-Forment (1990:11) señala que en 1526, Oviedo y Valdés fueron los primeros en guardar registro de la existencia de estos animales. En su viaje alrededor del mundo en el velero Beagle, Charles Darwin los vio alimentarse de sangre, tanto de las bestias de tiro que lo acompañaban como de algunos humanos.

Aunque existen leyendas de vampiros desde las culturas asiria y babilónica, el vampiro orgánicamente establecido como criatura literaria, es un recién llegado a nuestra cultura. Sin embargo, con sus menos de 200 años de existencia ha alcanzado tal prestigio y tal grado de evolución, que ha obligado a poetas, novelistas, artistas plásticos y cineastas a enriquecer y, paralelamente, justificar las modificaciones de la criatura. Como ha demostrado Erwin Panofsky, un mito evoluciona en la medida en que una comunidad centra en él sus necesidades. La tradición de la Iglesia ortodoxa sostenía que la muerte era un proceso lento, y el abandono de este mundo llevaba a un muerto pasar por diversas etapas; de ahí que fuera necesario tener buen cuidado al prepararlo para el adecuado descanso de su espíritu. Quienes murieran con el alma en desasosiego – los niños sin bautizar, los blasfemos, los suicidas, los hechiceros, los adúlteros – eran más susceptibles de regresar a este mundo bajo la forma de vampiros. Stephen King lleva al monstruo de Salem’s Lot a apoderarse y vampirizar primeramente a los pobladores del pueblo más proclives a caer en la tentación: los viciosos, los inseguros, los desamparados.

Si, para ofrecer la imagen de la ballena como el Leviatán mítico, Herman Melville abre su novela maestra con una larga lista de epígrafes en tomo al gran animal, la historia natural de los vampiros ha obligado a una sistematización análoga. Así lo ha hecho Alan Ryan en The Penguin Book of Vampire Stories, cuyo primer texto es de 1816 y aparece firmado por Lord Byron. Cierra el libro un texto publicado en 1984, “Bite-Me-Not or Fleur du Feu” de Tanith Lee. En nuestro ámbito de lengua española, Marcos Fingerit publicó Vampiros. Una antología de los maestros del género y en fecha más reciente Jacobo Siruela ha hecho una nueva sistematización, acompañada de inteligentes comentarios a cada una de las obras incluidas. El vampiro Lestat de Anne Rice tiene su propia escala de muertos en vida, y el citado juego Vampire. The Masquerade los clasifica de acuerdo con tribus, generaciones, gustos y debilidades.

El renacimiento del vampiro literario coincide con la liberación de las fuerzas interiores producto de la caída de la Bastilla, y el surgimiento de nuevos modos de decir y contar el tiempo. A Rousseau y Voltaire, los grandes faros de la Filosofía de las Luces, se deben textos donde el vampirismo aparece bajo un objetivo científico. Rousseau lanza un verdadero desafío al afirmar: “Si ha habido en el mundo una historia garantizada, es la de los vampiros. No falta nada: informes oficiales, testimonios de personas atendibles, cirujanos, sacerdotes, jueces: ahí están las pruebas”. (Fingerit, 1961:26) Una sociedad que nacía al mismo tiempo a la sacralización de la Diosa Razón y al conocimiento objetivo de la realidad, necesitaba justificar científicamente sus intuiciones. Con seguridad, Rousseau pensaba en el Informe médico sobre vampiros enviado en 1755 por el protomédico Gerard van Swieten a su majestad la emperatriz María Teresa. Con la objetividad y el lenguaje científico que el siglo siguiente utilizará Edgar Allan Poe en “El entierro prematuro”, ensayo sobre la catalepsia y sus derivaciones, Van Swieten hace un frío análisis de la causa judicial emprendida contra unos cadáveres por la creencia de que se trataba de vampiros culpables de varias muertes y epidemias en el pueblo. Por su parte, Voltaire dedica páginas de su Dictionaire philosophique al estudio de los vampiros, a partir del trabajo cimero sobre el tema, escrito a la mitad del siglo XVIII. Su composición se debe a la pluma del padre Dom Augustin Calmet, quien en 1751 da a la luz su libro Dissertation sur les revenants en corps, les excommuniés, les oupires ou vampires, brucolaques etc, más conocido como Tratado sobre los vampiros y vertido a nuestro idioma por Lorenzo Martín del Burgo. El trabajo de Dom Calmet, hecho para demostrar que todo lo contrario a la voluntad divina es una aberración, constituye uno de los más sistemáticos y objetivos que existen: en él se encuentran los testimonios y las pruebas que anunciaba Rousseau, presentadas por un hombre que verdaderamente creía en la existencia del monstruo. Villeneuve (1971:99) menciona otros compendios de la época: los libros de Léonne Allacci (Colonia, 1745), Gioseppe Davanzati (Nápoles, 1774) y Louis-Antoine de Caraccioli (París, 1771), abundancia que explica el interés que en el siglo de la Razón despertaban los muertos en vida.

Es en el siglo XIX cuando el vampiro adquiere su plena carta de naturalización literaria, desde el enigmático Lord Ruthven de William Polidori hasta la figura histórica de Vlad Tapes en la obra de Bram Stoker. Cada escritor añade sus propios elementos al mito, pero es a fines del siglo XIX cuando los elementos adquieren estructura en una de las obras cimeras de la literatura de horror. En 1897, el irlandés Bram Stoker, secretario particular de sir Henry Irving, uno de los grandes actores finiseculares, publica la novela Drácula, que inmediatamente se convierte en un éxito de librerías y desde entonces nunca ha estado fuera de circulación. Es el tiempo de las invenciones y la decadente expansión colonialista de Gran Bretaña, ante la emergencia de las economías alemana y estadunidense. Tiempo de emociones en­contradas, al decir de Jean-Pierre Rioux (1991:21), sacudido por “el terror de la deuda pública, la sífilis protuberante, el vampirismo de los burócratas (sic), el neokantismo y la seudorreligión de la ciencia, el alcoholismo de los pobres y la morfinomanía de los ricos, el salvajismo socialista acampando a las puertas de la ciudad, la moda escandalosa de la cremación de los difuntos”. Tiempo de moral ambivalente, donde se mantienen con disciplina militar los modos de conducirse en el hogar mientras un asesino de nombre Jack descuartiza mujeres en una ciudad de 80 mil prostitutas, amparado por la espesa niebla londinense, donde un detective llamado Sherlock Holmes habrá de desentrañar los misterios de la ciudad y convertirse en cruzado del bienestar de quien puede pagar para salvaguardarlo.

Tres son los elementos que vuelven aterradora, inolvidable y emblemática la novela de Bram Stoker: estar inspirada en un personaje histórico, que sus hechos se desarrollen en fechas precisas y contemporáneas a la fecha de la publicación y la verosimilitud científica que objetiva la obra. En su exploración de la figura del vampiro, Stoker sistematiza los elementos del monstruo y los vuelve plausibles. Ubicar su acción en Transilvania, en el centro geográfico donde confluyen los mitos en tomo a los vampiros y el retorno de los muertos, es un triunfo de verosimilitud narrativa que hace de los Cárpatos el sitio de peregrinación obligado del iniciado en los misterios de la novela y del vampirismo, como lo revelan, entre otros muchos trabajos, Leonard Wolf en su edición anotada de la obra, y las investigaciones histórico-antropológicas de Raymond Mc Nally y Radu Florescu en su libro In Search of Dracula. De acuerdo con ellos, aun en nuestros días, los habitantes de Transilvania pueden ignorar el prestigio del Drácula histórico y su relación con el vampiro, pero nunca dejarán de creer en los mitos ancestrales de su comunidad.

Aunque en Drácula no tiene lugar la primera actuación literaria del vampiro, a partir de Stoker surge una escuela interdisciplinaria que prolonga, parafrasea o modifica los principales elementos de la novela original. El libro fundador crea discípulos en ambas direcciones temporales: los antecesores adquieren nueva vida y los sucesores enfrentan el desafío textual. Obra maestra de fin del siglo XIX, poderosa metáfora del deseo, termómetro de los valores manifiestos y latentes de la literatura y la sociedad victorianas, Drácula es a la literatura de vampiros lo que Don Quijote a la novela de caballerías, lo que Moby Dick a las narraciones de aventuras marinas.

En la edición conmemorativa The Essential Dracula, Leonard Wolf incluye no sólo el texto de la novela, sino testimonios de quienes han sido marcados de manera definitiva por ella. Julio, el extraño niño del cuento “Bebe mi sangre” de Richard Matheson, decide ser un Vampiro a raíz de la lectura que hace de Drácula hasta memorizarla. Matheson debe su justa fama a la novela Soy leyenda (1954). En ella, el personaje narrador es el último sobreviviente no infectado en un mundo donde el resto de los habitantes son vampiros. A la inversa, Julio, el niño solitario e incomprendido del cuento que citamos, evoca la otredad del monstruo en un mundo regido por el sentido común y la prudencia. En su versión de Nosferatu (1979), Wemer Herzog pone en labios de Klaus Kinski, el más melancólico de los vampiros, una frase ilustrativa de esta condición de víctima en lugar de victimario. Ante el estremecimiento de Jonathan Harker al escuchar el aullido del lobo, el vampiro exclama: “Nadie piensa que se trata del animal acosado”. De igual modo, Julio es un perseguidor perseguido, un niño extraño, pero ¿qué niño sensible no es ajeno en un mundo no hecho a su medida? Escrito con las frases breves y concisas de su novela mayor, el cuento “Bebe mi sangre” (1951) imita el estilo de los textos escolares donde aprendemos las primeras letras. Gracias a la sintaxis dislocada y reiterativa, propia de la cosmovisión infantil, vemos, olemos y sentimos de manera más inmediata las vivencias de Julio. La acumulación de acciones, la biografía del niño entregado a sus fantasías, permiten que el texto de Matheson pueda ser leído como un puro cuento de terror y como una conmovedora metáfora de la condición humana, siempre en busca de lo que no tiene.

Drácula es, hasta la fecha, el vampiro, aunque Louis haga mofa de él en la novela Entrevista con el vampiro (1981) de Anne Rice y se refiera a él como producto de la imaginación de un irlandés delirante. Si a algún novelista corresponde haber realizado la primera sintaxis del vampiro, es a Bram Stoker. Con todo, en la exploración que hace del ser maligno por antonomasia no se hallaba solo. El primitivismo como amenaza al mundo civilizado era un tema debatido en todos los niveles del conocimiento; el año de publicación de Drácula es también cuando se acuña la palabra psicoanálisis (Daniel Pick, 88:7l). Al estudiar lo primitivo, Freud halla un camino para comprender el origen de nuestros miedos, tótems y proyecciones. El propósito del novelista es otro, pero resulta tan poderosa la metáfora, tan vasto el número de contenidos latentes en el contenido manifiesto, que el terror en Drácula trasciende al universo victoriano donde surgen los problemas de la herencia y la degeneración aparecen en numerosas obras de la época. Un hombre experimenta con la vida en animales y seres humanos en La isla del Doctor Moreau de H.G. Wells. Igualmente, su novela La guerra de los mundos expresa el terror ante la irrupción de uno ajeno. Los límites entre el alma y la animalidad pura y la confrontación con el doble son trazados por Robert Louis Stevenson y Oscar Wilde en El extraño caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde y El retrato de Dorian Grey, respectivamente. Joseph Conrad lleva a sus lectores a un viaje al Corazón de las tinieblas, para convencemos de que la cordura y la demencia son vecinas.

La aparición de Abraham Van Helsing – Doctor en Medicina, Filosofía, Literatura y Derecho – en la novela de Bram Stoker modifica radicalmente la manera de concebir a los vampiros. Para establecer la oposición entre universo mágico y conocimiento científico Stoker enfrenta dos concepciones del mundo: la Inglaterra orgullosa de su pujante industria y el Oriente plagado de primitivismo. Los personajes de la novela hacen uso del fonógrafo, la máquina de escribir, los ferrocarriles y sin embargo deben acudir al pensamiento mágico para convencerse de la existencia de la Otredad, para luego pensar en su aniquilamiento. El peligro de Drácula es real, pero también, entre líneas y siempre con esa sobriedad victoriana que es el mejor de los terrenos tanto para el psicoanalista como para el investigador literario, el implacable Conde representa el imperio del instinto, la supervivencia del instinto sobre la organización social que el mundo de Occidente ofrece como promesa de bienestar. Las víctimas naturales del vampiro son las mujeres, pero en esa metáfora del deseo late una poderosa comprobación sociológica. Como ha demostrado Bram Dijkstra (1986:235), “el simple pensamiento de que existía una mujer fuerte con voluntad, de mente y deseos propios, era suficiente para debilitar la musculatura de una personalidad alimentada con la hierba amarga del beneficio económico. El ardor del deseo del poder masculino parecía encogerse hasta la insignificancia ante el homenaje tumescente que rendía su cuerpo a la maravilla de una mujer radiante de vida e insensible a las exigencias del dinero”. Naturalmente, eso no lo sabía Bram Stoker ni lo sabía el conde Drácula. Lo notable es que con la lectura entre líneas que el tiempo nos permite hacer sobre el vampiro, éste aparece como el elemento desencadenador de los impulsos inconfesables. No es casual que Drácula elimine primeramente a la coqueta Lucy Westenra – en cuyo apellido muchos críticos han visto un símbolo del mundo occidental (West) – y la verdadera amenaza – siempre latente, nunca manifiesta – para la sociedad masculina finisecular sea Mina Harker, independiente, trabajadora, rival de la autoridad varonil. Como bien hace notar Fred Saberhagen, son los hombres y no el vampiro quienes clavan una estaca en el corazón y decapitan el cadáver de Lucy, dando con ello fin, simbólicamente, al deseo que amenaza a la respetabilidad burguesa.

Van Helsing es el científico abierto a todas las manifestaciones de lo natural, pero que tampoco descarta el poder de lo sobrenatural. Stoker pertenecía a un círculo iluminista, y su nombre Bram es una abreviatura de Abraham. Con semejante alter-ego, el autor de Drácula centra la figura analítica, que reúne elementos a lo largo de los primeros capítulos de la novela, hasta llegar a su conferencia magistral sobre vampiros, que, en la estructura narrativa del conjunto, aparece transcrita en taquigrafía – otra escritura de la modernidad – por la industriosa e indómita Mina Harker:

Los vampiros existen… algunos de nosotros lo sabemos por experiencia. Y aunque no hubiéramos tenido la prueba de nuestra propia desgracia, las enseñanzas y las narraciones antiguas son concluyentes para cualquier persona sensata… El nosferatu no muere, como la abeja, cuando pica una vez. Por el contrario, se hace más fuerte, y tiene por ello más poder para hacer el mal. Este vampiro que está entre nosotros tiene la fuerza de veinte hombres; es más astuto que los mortales, pues su sagacidad ha ido creciendo con los siglos; puede utilizar la necromancia, que es, como indica su etimología, la adivinación por los muertos, y todos los de esta condición a los que puede acercarse están a su servicio; es brutal y más que brutal; es un demonio de crueldad, no tiene corazón; puede aparecer a voluntad cuando y donde quiera, en cualquiera de sus formas; es capaz de dirigir los elementos en cierta medida: la tormenta, la niebla, el trueno; puede dar órdenes a todos los seres maléficos: la rata, el búho, el murciélago, la polilla, el zorro y el lobo; puede aumentar y disminuir de tamaño, y a veces puede desaparecer y pasar inadvertido.

Sin embargo, ante esta omnipotencia del vampiro existe una serie de armas familiares a sus cazadores. Pasemos a detallar cada una de ellas y a buscar su simbología y las causas de su prestigio. El ajo es la primer arma preventiva que Van Helsing aplica a los aposentos de las víctimas en potencia. En la novela no se explica detalladamente el motivo es a Van Helsing lo que el doctor Watson a Sherlock Holmes. Van Helsing y Holmes siempre saben más de lo que dicen y de lo que sus interlocutores y sus lectores sabemos, pero, como el vampiro, también necesitan de un testigo lo suficientemente iniciado como para compartir sus iluminaciones. Antes de Drácula no hay propiamente tal estirpe de cazadores, que alcanza su expresión más alta en La danza de los vampiros (1975) de Roman Polanski, donde el profesor Ambrosius dedica sus mejores esfuerzos a conocer y destruir el reino de los insepultos y discute con su siniestro anfitrión en torno al libro, de la autoría de Ambrosius, The Mysteries of the Bat. Aunque Polanski plantea su película como una comedia, hay en ella algunas escenas antológicas, como el lento descenso del vampiro a la tina de Sharon Tate o la danza propiamente dicha donde los monstruos regresan a este mundo.

En historias y películas de vampiros, es el científico quien articula la descripción objetiva de la bestia. Es él quien da orden al material disperso en testimonios de primera mano. En Drácula, Van Helsing es quien encuentra el hilo para unir las perlas negras: el diario de Jonathan Harker durante su pesadilla en Transilvania, el diario de Mina Harker, las anotaciones de Lucy Westenra y las grabaciones del doctor Seward. Si la escritura es el recurso supremo para no naufragar en la locura, si el conocimiento científico precisa, como subraya Van Helsing, cruzar “las aguas amargas para llegar a las aguas dulces”, la novela Drácula es un conjunto de procesos iniciáticos. Jonathan Harker, un promisorio corredor de bienes raíces, abandona la civilización de Londres y se interna en el Oriente. El tiempo se altera. Su única manera de estar en el tiempo de los hombres es el Diario donde deja testimonio de su personal temporada en el infierno. Desde las primeras manifestaciones de otredad entre los personajes de la novela, aparece en escena el doctor Van Helsing, quien sólo revelará los secretos del vampiro cuando esté seguro de que sus compañeros en la atroz aventura están plenamente convencidos del Horror que enfrentan.


[1] En el presente artículo aparecen en español los títulos de libros y películas a las que se hace referencia, cuando existe la traducción. En caso contrario, se cita en el idioma original.

Las fotografías Rhodes (7)

Investigaciones Civiles de Rhodes

Por Don Ecsedy

Mayo de 2012

Esta sección contendrá reportes de investigaciones del Incidente # 40 por ufólogos que entrevistaron a Rhodes o tuvieron acceso a las impresiones de sus fotos.

Hasta ahora, he obtenido

Fate Magazine, vol. 1 Número 1, primavera de 1948

UFO Reports Magazine, octubre de 1978, Hayden Hewes

Voy a revisar lo anterior en este sitio en un futuro próximo.

Otros materiales que conozco, pero no he localizado: la correspondencia del Dr. McDonald con Richard Hall en 1967 con respecto a la entrevista de McDonald de Rhodes; Los materiales recogidos de Rhodes por The Sign Historical Group, y su entrevista grabada de Rhodes alrededor de 2000; la entrevista de Linda Howe en 1999.

El estudio fotográfico en el artículo de Hewes fue realizado por Ground Saucer Watch. No sé si se escribió en su boletín, ni sé si Bill Spaulding escribió algo al respecto.

Hay el problema de las fotografías de Rhodes proporcionadas a Kenneth Arnold por la Fuerza Aérea, según el Dr. McDonald, así como la cuestión de Brown y Davidson dibujando el objeto de las fotos de Rhodes para Kenneth Arnold mientras estaban en Tacoma durante la investigación de Maury Island.

Si alguien puede proporcionar información sobre los materiales anteriores o si alguien sabe de otras investigaciones, por favor proporcione la información para donarla en este sitio web.

http://www.foreshadower.net/rhodes-civilian-investigations/

Y los ufólogos dan vueltas y vueltas

Y los ufólogos dan vueltas y vueltas

3.7.17

UFOsReframingTheDebateRobbie Graham (editor) UFOs: Reframing the Debate. White Crow Books, 2017.

Peter Rogerson

Estoy empezando esta crítica el 24 de junio de 2017; el septuagésimo aniversario de la observación de Kenneth Arnold de nueve objetos extraños sobre las montañas Cascade, que puso en marcha el pánico social que comenzó la era ovni. Este libro, una colección de quince ensayos, coincide con ese aniversario y busca presentar nuevas y diferentes perspectivas sobre la ufología.

Si por “ufología” se entiende lo que el editor Robbie Graham llama la “Megaiglecia” de la creencia irreflexiva en la realidad de los ovnis como naves espaciales extraterrestres, cuyos habitantes van secuestrando gente de mala gana y que el gobierno de los Estados Unidos tiene acceso a esta “verdad” y debe ser presionado a “revelar” esa verdad, entonces ciertamente este libro ofrece nuevas perspectivas. Sin embargo, si por ufología se entiende toda la historia del asunto, entonces hay poco que sea verdaderamente nuevo aquí.

Los contribuyentes se dividen en dos grandes categorías; como el veterano ufólogo canadiense Chris Rutkowski junto con Micah Hanks, Jack Brewer y Curt Collins que buscan una “ufología científica”, despojada de sus numerosas acreencias culturales. Hanks, por ejemplo, hace referencia al UFO Handbook de Allan Hendry (1979). Es un acercamiento tipificado de la demolición minuciosa de las supuestas diapositivas del supuesto extraterrestre de Roswell por Curt Collins. La proposición central es que si la ufología sólo pudiera ser liberada de los cultistas, o más cortésmente, una visión del mundo casi religiosa, entonces los científicos apropiados tomarían interés en el tema.

Sin embargo, esto es exactamente lo que la ufología estaba luchando por cuarenta o incluso cincuenta años atrás. Temas como estos se pueden encontrar en ediciones tempranas de MUFORG Bulletin y MUFOB. Incluso Flying Saucer Review publicó artículos bastante científicos sobre el entonces tema candente de la ortotenia. Se escribieron libros serios y sobrios.

A la inversa, otros contribuyentes a este volumen argumentan exactamente lo contrario de que el material marginal es una parte integral del asunto y, de hecho, la ufología debe ampliar su alcance para abarcar todo tipo de experiencias personales anómalas, con la suposición general de que tales experiencias son evidencia de alguna exótica realidad externa. Joshua Cutchin cree que esto desafiará la ciencia “materialista” y que la ciencia “materialista” caerá en algún tiempo pronto, pero la gente ha estado diciendo eso por más de 150 años sin efecto. Susan Demeter-St Clair sostiene que la ufología está conectada con la parapsicología. Alguien que se llama a sí mismo “Red Pill Junkie” vincula el tema, al igual que Cutchin con la magia o más bien “magick”. Greg Bishop argumenta que de alguna manera co-creamos “The Phenomenon”. Experiencers como Mike Clelland argumentan que las experiencias anómalas son mucho más frecuentes y frecuentemente mucho más extrañas de lo que normalmente se supone. Por supuesto Clelland todavía piensa en términos del folklore ovni, describiéndose a sí mismo como un abducido en lugar de alguien que ha tenido algunas experiencias muy inusuales.

Esta línea de pensamiento también se remonta a cincuenta años, a los escritos de John Keel, y el texto citado es Invisible College de Vallee, escrito hace 42 años. Temas en esta línea se pueden encontrar en los números de MUFOB que se remonta a la década de 1960. De hecho mucho de la escritura en este libro tiene una sensación muy sesentera. Algunos de los temas aquí se pueden encontrar en los escritos de Tom Comella alias Peter Kor en la revista Flying Saucers de Ray Palmer en los primeros años de esa década.

Otro tema que atraviesa una serie de contribuciones es que de algún modo la ufología fue creada y mantenida por el gobierno de los Estados Unidos por varias razones oscuras, tal vez para hacer que los soviéticos creyeran que los estadounidenses tenían acceso a diversas tecnologías no totalmente agradables, o un mecanismo de control social en caso de crisis. O tal vez más plausiblemente como una tapa para probar varios aviones experimentales.

El problema que la mayoría de los contribuyentes tienen es que poseen por lo menos una creencia residual que hay algún estímulo exótico hacia fuera allí que pudo ser el núcleo del “fenómeno ovni”. La probabilidad más posible es que mientras una pequeña minoría de informes ovni podría ser generada por fenómenos naturales no catalogados o por acontecimientos neurológicos raros, el verdadero “fenómeno ovni” es una construcción social y cultural más que física.

Si el fenómeno ovni es esencialmente un producto de nuestra imaginación, también lo son los tipos de ideas inventadas para explicarlo, lo cual podría ser una de las razones por las que las mismas ideas siguen apareciendo una y otra vez. Otra razón es que en la era de Internet estamos perdiendo gradualmente nuestra historia.

Esto es bastante divertidamente demostrado por un artículo de M J Banias que sostiene que la ufología es una especie de movimiento de protesta anticapitalista que es ignorado por el establecimiento porque no pueden ganar dinero con ello. Esto podría parecer plausible en la era de los sitios de Internet gratuitos y de la autoedición, pero en su apogeo la ufología era una empresa capitalista alimentada por el deseo de vender libros, revistas y periódicos. Los editores sólo publicaron libros sobre el tema con el fin de ganar dinero y a juzgar por el número de libros publicados en los años 1960 y 1970 tuvieron bastante éxito en esto. La verdad es que los ovnis han sido una mercancía vendible desde Kenneth Arnold en adelante.

Lo que me impactó también sobre este libro es que como mucho de lo que critica es abrumadoramente Americocéntrico a pesar de que su editor sea británico. Sólo hay referencias pasajeras a Hilary Evans, David Clarke, ninguna a Peter Brookesmith, Nigel Watson, Andy Roberts o incluso a Charles Bowen. Ninguna mención de Fortean Times ni de Magonia, ni de Bertrand Méheust, de Jacques Scornaux, de Maurizio Verga, de V. J. Ballester Olmos, de Clas Svahn, ni de los pioneros europeos como Aime Michel.

Dicho esto, vale la pena leer particularmente para los recién llegados al tema, y sacar a la luz lo que parece ser una división entre los que ven las experiencias ovni en términos científicos estrictamente seculares y aquellos que las ven como experiencias esencialmente religiosas, una versión moderna de la distinción entre los sistemas de creencias “ovni” y “platillo volador” que he observado en “Revisionist History of Ufology”: http://mufobmagazine.blogspot.co.uk/2014/03/revisionist.html

http://pelicanist.blogspot.mx/2017/07/framing.html

Encuentros cercanos: ¿Por qué los ovnis están teniendo un momento?

Encuentros cercanos: ¿Por qué los ovnis están teniendo un momento?

Una nueva biografía sobre el científico Dr. J. Allen Hynek muestra que podríamos estar al borde de otro grupo de informes de avistamiento de ovnis

rs-close-encounters-1c394986-b23a-47f6-9b89-ac72e17d2df0Una nueva biografía del Dr. J. Allen Hynek, un científico que se convenció de que realmente no podíamos identificar algunos objetos en nuestros cielos, abre nuevas preguntas sobre los ovnis. Everett

Por Annaliese Griffin

Cuando el giro modesto de la frase “objeto volador no identificado” fue acuñado en la década de 1940, se pretendía sugerir que los objetos en cuestión no eran nada más misterioso que un globo meteorológico pícaro o un avión desconocido. Los ovnis se han convertido en sinónimo de extraterrestres, desde los platillos voladores de dibujos animados hasta las historias de secuestros, hasta las teorías de la conspiración de X Files. En la imaginación popular se ha resuelto su misterio, los ovnis son iguales a los extraterrestres. Esta asociación inquebrantable llegó a ser a pesar del trabajo diligente del Dr. J. Allen Hynek, un científico que se convenció de que realmente no podíamos identificar algunos objetos en nuestros cielos, y seguía presionando a lo largo de su vida por una explicación científica, manteniendo abierta toda posibilidad, algunas de ellas mucho más allá que los marcianitos verdes.

Close Encounters Man: How One Man Made the World Believe in UFOs, un nuevo libro de Mark O’Connell, sirve como una biografía tanto para el fenómeno ovni moderno como para Hynek, un astrónomo y profesor de la Universidad Northwestern que murió hace más de 30 años, pero cuyas ideas lo convierten en una de las figuras científicas más sorprendentes del siglo XX. El libro revela un académico comprometido con un estudio riguroso y metódico, pero cuya profunda curiosidad intelectual también alberga un lado místico, intrigado por el concepto de “conocimiento suprasensible” de Rudolf Steiner y la idea de un universo compuesto de muchas dimensiones. Al momento de su muerte en 1986, estaba mucho más interesado en la idea de que los ovnis podrían ser evidencia de superposición interdimensional o prueba de una conciencia colectiva junguiana, que el concepto comparativamente cotidiano de que son vehículos que transportan visitantes de planetas lejanos.

 

La lucha de Hynek para informar adecuadamente al público a través de una dedicación al método científico, al mismo tiempo que abarca los límites de lo que es posible golpea un acorde de hoy, en una época llena de profunda desconfianza del gobierno y de la ciencia convencional. Las teorías de la conspiración se han movido de lo marginal desde que dejamos de convenir en lo que constituye un hecho científico básico, y hay más que unos grandulones involucrados en la futura llegada alienígena y, por supuesto, la NASA, que se encuentra en la intersección de la ciencia, el gobierno y el espacio.

La semana pasada, un portavoz de la NASA dijo a The Daily Beast, con toda seriedad, que la agencia no tiene niños esclavos trabajando en Marte, en respuesta a un segmento de InfoWars que afirmaba lo contrario. El movimiento Disclosure cree que los gobiernos de todo el mundo ya han estado en contacto con la inteligencia extraterrestre y han suprimido esta información del público, y no, Trump no estaría twitteando sobre ello porque el Presidente se mantiene fuera del circuito en este escenario, dice O’Connell. Esto es materia profunda del estado. Incluso la siempre pragmática Hillary Clinton prometió publicar información clasificada sobre ovnis y extraterrestres mientras se entrevistó con Jimmy Kimmel el año pasado durante su campaña. Lo desconocido y cómo vamos a saberlo está muy en nuestras mentes como cultura.

A pesar de que estaría consternado al ver que la ortodoxia de la creencia personal en la cara de la evidencia científica al contrario ha perseverado, incluso florecido en el siglo 21, Hynek sin duda encontraría nuestro apetito actual por la conspiración y polarización del debate familiar, los negadores del cambio climático y anti-vacunas en la multitud de Disclosure. Durante su larga carrera aprendió que “es muy, muy fácil decepcionar a la gente diciéndoles la verdad”, dice O’Connell a Rolling Stone. “Todo el mundo quiere creer que el siguiente caso es el grande, el que finalmente demuestra que son naves espaciales de otro mundo y desafortunadamente, hasta ahora eso nunca ha sido el caso, pero la esperanza simplemente no muere”.

Nacido unos días antes de que la Tierra pasara por la cola del cometa de Halley en 1910, Hynek murió pocos meses después de viajar por la estela del cometa en 1986. Pasó los años intercediendo como un astrónomo que cambió el campo de la imagen celeste desarrollando un Telescopio de alta altitud y video telescopio, fundó el Observatorio Corralitos en Nuevo México, dirigió un equipo que ideó el primer sistema de rastreo de satélites antes de que hubiera objetos artificiales en órbita, y tranquilizó a un nervioso público estadounidense después de que los rusos lanzaran el Sputnik en 1957, que lo puso en la portada de la revista Life.

Hynek fue también uno de los primeros científicos en evaluar avistamientos de ovnis para la Fuerza Aérea estadounidense, trabajando en una serie de proyectos clasificados en los años 50 y 60. Aunque comenzó como un escéptico, él fundó el Allen Hynek Center for UFO Studies, aterrizando un cameo en el hit de 1977 Close Encounters of the Third Kind de Steven Spielberg después de ponerse en contacto con el director cuando se enteró de que el título de trabajo de la película se extrajo de su trabajo.

Incluso más de 30 años después de su muerte, Hynek sigue siendo una figura controvertida en la ufología, principalmente debido a su negativa a elegir un lado. O’Connell, un guionista y experto en historia ovni que escribe el blog High Strangeness, ya ha tenido algo de legado de Hynek en su propia reputación, que él toma como una señal de que está siguiendo los pasos de Hynek como un imparcial, en lugar de escribir para un campo u otro.

“Basándome en lo poco que algunas personas saben sobre el libro y las entrevistas que he estado haciendo, ya tengo algunas figuras del UFO establishment que me acusan de ser un escéptico, que es una palabra realmente sucia en los círculos ovni”, dice. “El etiquetado ya ha comenzado”.

Hynek resultó ser una espina al lado del gobierno cuando se trató de investigar informes de ovnis, negándose a descartar lo inexplicable como el producto de la histeria en masa o testimonios de testigos no confiables. De hecho, un gran número de avistamientos del siglo XX que convencieron a Hynek de que los ovni merecían un mayor estudio implicaban testigos muy creíbles, incluidos pilotos aéreos y militares, agentes del orden y Delbert Newhouse, un fotógrafo naval que captó un objeto en película en el desierto de Utah en 1952. Hynek, sin embargo, se negó a decir que la extrañeza de los ovnis y los avistamientos de ovnis demostraron que eran naves espaciales extraterrestres, lo que también lo hizo impopular en el otro lado del debate. Un intelectual independiente, terminó atrapado entre el gobierno, que exigía explicaciones mundanas para avistamientos a veces fantásticos, y un público convencido de que los alienígenas caminaban entre ellos.

“La incapacidad para que exista la ambigüedad es una fuerza poderosa en la investigación ovni”, dice O’Connell. “Tienes que ir de una manera u otra, no hay un término medio”.

A lo largo del apogeo de los avistamientos ovni, incidentes significativos, incluyendo el contacto informado con entidades extraterrestres y sus naves, apareciendo frecuentemente en grupos, conocidos como “flaps” por Hynek. Aunque el último flap ocurrió después de que los Encuentros Cercanos del Tercer Tipo debutaron en 1977, los ovnis están teniendo un momento ahora mismo, también. Este año la película de Spielberg celebra su 40 aniversario y el avistamiento de “platillos voladores” de 1947 sobre las montañas Cascade en el noroeste del Pacífico por el piloto Kevin Arnold, que es ampliamente conocido como el comienzo del moderno fenómeno ovni, marca 70 años de intriga celestial . The History Channel acaba de recoger una serie de giones sobre Project Blue Book, el proyecto de investigación ovni que Hynek dirigió para el gobierno en los años 50 y 60, con Robert Zemeckis como productor ejecutivo. Y, por supuesto, está la cuestión de los esclavos secretos de la NASA en Marte. ¿Nos dirigimos hacia un nuevo flap?

O’Connell no está tan seguro. “Se podría pensar que este sorprendente avance en la tecnología, en la imagen de foto nos habrían entregado la foto ovni perfecta por ahora”, dice. “Se podría pensar eso, pero no ha sucedido y es difícil decidir exactamente por qué. Usted definitivamente puede argumentar que hay más gente mirando el cielo con cámaras en la mano que nunca en la historia humana”.

Lo que más le interesa, más allá de ver a Martin Freeman interpretar a Hynek -aunque se divertía con la idea de que David Duchovny se puso la barba del profesor- es un abrazo del equilibrio de rigor y curiosidad de Hynek. Al igual que el propio Hynek, O’Connell quiere reposicionar la conversación sobre los ovnis, así como un acuerdo para adherirse al método científico en sí, de vuelta a la corriente principal y aplastar lo que podría ser posible, en lugar de tratar de probar, o refutar la existencia de extraterrestres.

Él encuentra algo de la embriagadora combinación de rigor científico y misticismo de Hynek en el trabajo de la física cuántica y los astrónomos que están trabajando en exoplanetas en este momento. “Ambos campos implican, en mi opinión, saltos de fe, saltos de intuición”, dice. “Hemos cambiado muy dramáticamente de esta idea de que la vida en otros planetas debe ser extremadamente rara a este espacio donde ahora estamos hablando en términos de vida en el universo es increíblemente abundante porque seguimos encontrando todos estos planetas dorados con nuestros telescopios espaciales de alta potencia. Esas son las dos áreas donde veo que el mismo tipo de pensamiento que el mismo tipo de enfoque de la ciencia vuelve a la forma en que Hynek vio las cosas”.

http://www.rollingstone.com/culture/dr-j-allen-hynek-and-why-ufos-are-having-a-moment-w491124