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Un fascinante recorrido por el panteón maya

ESCRUTINIO

Un fascinante recorrido por el panteón maya[1]

Juan José Morales

La mayoría de los habitantes de estas tierras conocen a los principales dioses mayas: Itzamná, señor del cielo, la tierra y todas las cosas, Chaac, encargado de las lluvias, Yum Kax, dios del maíz, o Ixchel, a la que se encomendaban las mujeres para tener un buen parto. También quizá sepan de Ah Puch, dios de la muerte, Ek Chuah, patrón de los mercaderes, y hasta de Ixtab, la diosa del suicidio.

Pero en el panteón maya había muchas otras divinidades de muy diferentes tipos y categorías y de muy diverso talante, en su mayoría poco o nada conocidos, que además no se limitaban a existir pacíficamente y cumplir las funciones que les correspondían sin meterse en asuntos ajenos, sino que a menudo se enzarzaban en violentas conjuras y disputas, muy al estilo de los héroes y dioses del panteón griego.

clip_image001Portada del nuevo libro de Roldán Peniche. Por si su gran calidad literaria no fuera suficiente, está ilustrado por Juan Ramón Chan Alvarado, magnífico dibujante con quien el talentoso escritor ha formado una excelente mancuerna.

A esa pléyade de dioses y señores se refiere el más reciente libro de Roldán Peniche Barrera, prolífico escritor, gran conocedor de la cultura de nuestros ancestros prehispánicos. Dioses Mayas se titula la obra, y por subtítulo lleva Historias Mitológicas del Panteón Sagrado. A lo largo de sus 112 páginas, con su prosa a la vez ligera, profunda y amena, Roldán nos presenta la diversidad de singulares personajes que formaban aquel gran elenco divino y de los que tal vez muchos de nuestros lectores no tenían siquiera idea de su existencia.

Poca gente sabe, por ejemplo, quiénes fueron los doce señores del Lugar de los Muertos, entre los que destacan Xquiripat, el Tiende Tullidos, que golpeaba con saña a sus víctimas en brazos y piernas hasta paralizarlas, y luego se las arrojaba a Cuchumaquic, el Provocador del Vómito de Sangre, que las estrujaba de tan salvaje manera que las hacía vomitar toda su sangre.

Por aquellos siniestros rumbos rondaba también Ahalpuh, el Hacedor de Pus, quien —dice Roldán— “solía gastarse largas temporadas sumergido en los ríos de pus del infierno de Xibalbá, donde a veces nadaba y era feliz entre la podredumbre”.

Nos muestra Roldán las contradictorias facetas de Ixchel, querida y venerada por los antiguos mayas como inventora del tejido y protectora de las mujeres preñadas, a quienes garantizaba buen parto, y —en su calidad de diosa de la luna— era la dulce esposa del bondadoso dios Itzamná, Señor del Cielo y Dios del Sol. Pero a la vez podía ser cruel y despiadada, “como se ve en una representación suya en la que en compañía de una serpiente colosal arroja un torrente de agua” para inundar la Tierra y acabar con la humanidad, mientras “en su rostro se dibuja una maligna sonrisa, acaso de felicidad”.

A lo largo de este fascinante recorrido por el panteón maya aparecen no solamente los verdaderos dioses, sino también deidades espurias como Vucub-Caquix o Siete-Guacamayos, el falso dios que “se jactaba se ser la luz del mundo, esto es: la luna, el sol y las estrellas, cuando ni siquiera existían estos astros en la oscuridad del cielo”, y que engendró a dos hijos de mala entraña, gigantes ambos: Zipacná o Espolón de Gallo, a quien se “imputaba el asesinato de siete muchachos inocentes” y “presumía de haber creado la tierra y formar montañas”, y Cabracán o Gigante de la Tierra, quien “se jactaba de sacudir el cielo, de provocar temblores en la tierra y derribar montañas”, actividad esta última que constituía su pasatiempo favorito.

Dioses Mayas es, ciertamente, una obra de obligada lectura para conocer más sobre la cosmovisión de los antiguos mayas. Y para aquellos lectores residentes en Mérida que deseen conocer personalmente al autor, adquirir el libro y disfrutar de su agradable y siempre enriquecedora conversación: una buena noticia: pasado mañana, jueves 30 de abril, a partir de las diez de la mañana, estará presente como protagonista del primero de los diálogos literarios del café y restaurante Flores, en la calle 16 #198 bis entre Av. Colón y calle 23 de la colonia García Ginerés, a tiro de canica de la Secretaría de Cultura de Yucatán.

Ahí estaremos sin falta.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 28 de abril de 2015

El incontenible avance de un hermoso invasor

IMPACTO AMBIENTAL

El incontenible avance de un hermoso invasor[1]

Juan José Morales

Hoy tenemos más noticias sobre el pez león, Pterois volitans para los ictiólogos, ese hermoso pero indeseable y nocivo invasor llegado desde el otro lado del mundo, de los arrecifes del Océano Índico y el Pacífico, que desde hace algún tiempo viene causando estragos en el Golfo de México y el Caribe, donde —sin enemigos naturales al frente— se ha entregado alegremente a la tarea de darse un festín con las poblaciones de peces nativos.

Llevado a Estados Unidos por acuaristas como especie de ornato, al parecer fue liberado accidentalmente hace quizá unos 30 años o más durante tormentas y huracanes que destruyeron peceras próximas al mar en la costa oriental de aquel país. A partir de entonces comenzó a propagarse a lo largo del litoral, hacia el sur, en busca de aguas cada vez más cálidas, hasta llegar así al Golfo de México y el Caribe. Y la noticia que ahora tenemos es que, en su incontenible expansión, ha llegado hasta las costas de Brasil, como hace ya más de diez años predijeron algunos expertos.

clip_image001El pez león es doblemente peligroso: por su voracidad, que lo convierte en un temible depredador de las especies de peces nativos, y porque sus grandes son venenosas y constituyen una amenaza para los buceadores. Por otro lado, no tiene enemigos naturales que ayuden a mantenerlo bajo control. Por eso los biólogos lo consideran el peor invasor marino de todos los tiempos.

De la llegada del pez león a las costas brasileñas se informa en un artículo publicado en la revista Public Library of Science ONE (PLoS ONE) por un grupo de investigadores encabezados por Luiz Rocha, ictiólogo de la Academia de Ciencias de California. Al examinar ejemplares capturados en esa zona y determinar sus características genéticas, dice el artículo, se comprobó que están emparentados con los que han venido propagándose desde el norte, y que no se trata de una nueva liberación accidental o deliberada.

A juicio de algunos especialistas, en aguas brasileñas el pez león puede resultar mucho más dañino que en las caribeñas. La razón de ello es que en aquella zona del Atlántico, en Sudamérica, la fauna marina no es tan rica en especies como la del Caribe. Hay igualmente un alto número de especies endémicas, o sea exclusivas de esa región del mundo. En consecuencia, si una población de peces es diezmada por un activo depredador —como se teme que ocurra tras la llegada del Pterois volitans—, son mucho menores las posibilidades de que el equilibrio ecológico se restablezca en forma natural.

Por eso los autores del artículo consideran urgente iniciar un programa de monitoreo para determinar la magnitud de la invasión y emprender de inmediato —incluso sin esperar los resultados del monitoreo— el combate al pez león a fin de exterminar la mayor cantidad posible de ejemplares y atenuar su impacto.

Afortunadamente, su carne es firme, de aspecto agradable y buen sabor, con el atractivo adicional de que se trata de una especie exótica que puede atraer a los consumidores. Esto abre amplias posibilidades —como se ha hecho en Quintana Roo— de ofrecer en hoteles y restaurantes platillos a base de pez león, con lo cual su pesca con arpón puede ser un buen negocio para los pescadores e incluso un atractivo adicional para quienes practican el buceo turístico recreativo.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 27 de abril de 2015

El papel de la URSS en la Segunda Guerra Mundial

ESCRUTINIO

El papel de la URSS en la Segunda Guerra Mundial[1]

Juan José Morales

La semana próxima, el 8 de mayo, se cumplen 70 años del fin oficial de la II Guerra Mundial en Europa. Decimos oficial, porque un día antes, en la madrugada el 7 de mayo de 1945, el ejército nazi se había rendido, pero sólo ante los aliados occidentales, lo cual lo dejaba en libertad de seguir luchando contra el Ejército Rojo. Por eso el alto mando soviético exigió y logró una capitulación formal y explícita también ante sus fuerzas, lo cual se hizo la noche del día 8.

clip_image001El ejército hitleriano, el mejor del mundo en ese entonces, era apoyado además por los de sus aliados Italia, Hungría, Rumania y Finlandia, más divisiones de simpatizantes nazis de España y los países ocupados. Sólo había conocido victorias, y por eso, cuando, en junio de 1941, se lanzó contra la URSS, se pensó que pronto la derrotaría, sobre todo porque para entonces Alemania contaba con los vastos recursos de la industria y la mano de obra de las naciones ocupadas. Pero pronto fue detenido y obligado a retroceder hasta ser finalmente derrotado.

Ante la proximidad del aniversario, comienzan a aparecer artículos y reportajes en diarios, revistas y televisión que presentan la derrota de Hitler como resultado del desembarco anglo-canadiense-norteamericano en la costa francesa de Normandía en junio de 1944 en el llamado Día D, y su avance hacia Alemania. Se pretende así minimizar el papel de la Unión Soviética, a la que prácticamente no se concede mérito alguno en la victoria.

La realidad, empero, es que el Día D la URSS llevaba tres años luchando prácticamente sola contra Alemania y sus aliados. En ese lapso no sólo contuvo y derrotó a las puertas de Moscú a las entonces consideradas invencibles tropas nazis —que en sólo semanas habían ocupado Polonia, Checoslovaquia, Francia, Holanda, Bélgica, Noruega, Dinamarca, Yugoslavia y Grecia— sino que las hizo retroceder en una serie de épicas batallas, algunas famosas, como la de Stalingrado, y otras poco o nada conocidas pese a su colosal envergadura, como la de Kursk, que fue el mayor enfrentamiento de tanques de la historia, o la Operación Bagratión, en Bielorrusia, a mediados de 1944, en que los soviéticos lanzaron al combate 2.3 millones de soldados, 6 000 tanques y más de cinco mil aviones, barrieron 17 divisiones alemanas y diezmaron a otras 50. Por contraste, en la mayor batalla librada por el ejército norteamericano en Europa, la de las Ardenas en Bélgica, participaron 610 000 estadounidenses con unos 1 600 tanques.

Unas cuantas cifras más pueden dar idea de las diferencias en el papel que tuvieron en la II Guerra Inglaterra y Estados Unidos por un lado y la Unión Soviética por el otro.

El Ejército Rojo, por si solo, enfrentó durante toda la guerra a las dos terceras partes de las fuerzas armadas del Eje, a las cuales causó el 80% de sus muertos y heridos. En las batallas del frente occidental —es decir, contra la invasión anglo-norteamericana— murieron 200 000 soldados alemanes. En las batallas contra el Ejército Rojo, cuatro millones. Y si las tropas angloamericanas pudieron avanzar con relativa facilidad después del desembarco en Normandía, fue porque el frente occidental estaba guarnecido sólo por unos 400 000 soldados alemanes, ya que la casi totalidad de los demás —entre el 85 y el 90%— estaban tratando de contener el arrollador avance soviético en el frente oriental.

Y por lo toca a las pérdidas sufridas por cada país, Estados Unidos sufrió 300 000 muertos durante el conflicto. La URSS 30 millones, de los cuales más de la tercera parte soldados y el resto civiles.

Ciertamente, no puede decirse que Alemania haya sido vencida únicamente por las potencias occidentales.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 29 de abril de 2015