Los dinosaurios de Acámbaro (Final)

ACÁMBARO Y SUS “DINOSAURIOS”

La ciudad de Acámbaro se encuentra situada en el sureste del estado de Guanajuato, a mil 945 metros sobre el nivel del mar y a tan sólo 291 kilómetros de la ciudad de México. A sus pies se extiende un valle que estuvo inundado por un lago hasta hace unos 600 años. En esa época el río Lerma logró abrirse camino, drenó el lago y se formó un valle muy fértil.

En lengua tarasca Acámbaro significa “Lugar de magueyes” o “Lugar en donde crecen los magueyes”. La ciudad fue fundada el 19 de septiembre de 1526 por Don Nicolás de San Luis Montañés (un indio purépecha evangelizado), con el nombre de San Francisco de Acámbaro.

La población ha alcanzado notoriedad a nivel nacional a causa del exquisito pan que producen sus habitantes. Este pan es tan sabroso que se le conoce sencillamente como el “pan de Acámbaro”, y tiene muchas variedades como son las famosas acambarinas, el pan de huevo y el pan de leche. Parece ser que la tradición del pan surge después que quedaron obsoletos los hornos de las ladrilleras como los de San Miguel. Los artesanos tuvieron que cambiar la aplicación de sus hornos y en lugar de fabricar ladrillos y cerámica comenzaron a hacer pan. Luego, aquello de que en Acámbaro no existen hornos es un mito. Hay una buena cantidad de hornos de todo tipo. El nativo de la región tiene una antigua tradición cultural en la fabricación de figuras de barro cocido, que van de ollas a figuras antropomorfas o de animales. Odilón Tinajero seguramente tenía los conocimientos y las herramientas para hacer las figuras.

¿Que no existe una sola figura repetida y que Tinajero no tenía la capacidad de hacer esos diseños?, tal vez. Pero si vemos los actuales alebrijes[1], de los que se han fabricado no miles sino millones de piezas diferentes, podremos captar la creatividad artística de los artesanos mexicanos. Si bien es cierto que las ideas originales seguramente provinieron de Julsrud, lo demás salió de la mente de estos artistas. Eso explica, también, por qué sólo algunas figuras de dinosaurio representan figuras reales de animales que existieron hace millones de años.

Según Patton[2] y Swift, se han identificado muchos dinosaurios: Braquiosaurio, Dimetrodonte, Diplodocus, Estegosaurio, Gorgosaurio, Ictiornis, Iguanodonte, Leviatán, Maiasaurio, Monoclonius, Ornitolestes, Paleococincus, Plesiosaurio, Podokosaurio, Pteradononte, Rhamphorynchus, Rinocephalia, Strathiomimus, Tiranosaurio Rex, Tiranosaurio, Trachodon, Triceratops, y otros tantos aún sin identificar.

Pero para los escépticos sólo hay un verdadero dinosaurio, el apatosaurus (brontosauros), y todos los demás que quedan sin identificar son criaturas de fantasía, que seguramente nunca existieron. Las culturas antiguas hicieron toda clase de monstruos como el Leviatán de siete cabezas. Los egipcios colocaron toda clase de cabezas de animales sobre cuerpos humanos. Diferentes partes de animales se mezclaron para formar nuevos como la Esfinge.

Los escépticos no están tan equivocados porque la gran mayoría de los “dinosaurios” sólo tienen patas traseras: no existen las extremidades superiores. ¿Acaso son especies aún sin descubrir? Otras figuras muestran animales cuyas bocas son mucho más grandes que todo el cuerpo completo. Darius Plumford[3] ha encontrado una figurita que se parece a Dino, la mascota de Los Picapiedra. ¿Otra especie por descubrir? También tenemos seres demoníacos con cuernos: el diablo, cuyos restos fósiles seguramente se encontraran en los siglos por venir. También está el Bigfoot y otras criaturas acuáticas monstruosas, raras mezclas de animales con humanos, y muchas otras creaciones increíbles.

Una de las obsesiones de Julsrud, de la que nos habló Luis G. Durán en 1989, y de la que por pudor no quisimos mencionar en nuestros artículos, ya ha sido notada por otros autores. Algunas piezas muestran a los dinosaurios comiéndose a los humanos, pero otras muestran relaciones zoofílicas entre estas especies. A las figuritas le llamaban “la colección del loco”. Dicen que la familia lo resintió y prefirió no hablar más del asunto y dejar guardadas las figurillas.

Las mismas ideas de Julsrud sobre los continentes desaparecidos como la Atlántida, son fuente de otras figurillas. En la colección hay representaciones de negros, orientales y caucásicos barbados, lo mismo que motivos egipcios, sumerios y otras antiguas civilizaciones, que nunca tuvieron relaciones entre sí.

Decíamos que Julsrud pagaba un peso por las piezas pequeñas y hasta diez pesos por las más grandes. Según Patton, un peso por cada figurilla “resulta un precio irrisorio”[4]. Supongamos un precio promedio de dos pesos por pieza, lo que no es exagerado. Un campesino tendría que hacer unas cinco al mes piezas para ganar el salario mínimo de la época del presidente Ávila Camacho[5]. Hay que considerar que ese salario era para la ciudad, en el campo difícilmente se alcanzaba, aún en la época de cosecha.

Un buen artesano puede hacer unas 20 piezas diarias[6]. Considerando que la familia de Odilón Tinajero estaba constituida por él, su esposa y tres hijos. Esta sola familia podía fabricar casi 31,300 piezas por año. Pero no eran los únicos. Harry Möller, el editor de la revista México Desconocido, comentaba en 1977 que:

“… la gran mayoría le fueron entregadas por los vecinos del lugar, quienes decían encontrarlas en los cerros. Se dice que Julsrud estaba ya obsesionado por aumentar su colección y empezó a pagar uno o dos pesos por cada figura que le consiguieran; es indudable que algunos encontraron allí un modus vivendi”.

Es decir, Tinajero no era el único que comerciaba con las figurillas, por lo que podríamos suponer que las 37,000 piezas bien pudieron haber sido fabricadas en el plazo de no más de dos años, aún considerando una cuota de 10 piezas diarias por artesano.

Pero ni siquiera es necesario hacer 10 piezas de cerámica diaria por artesano. Muchas de las piezas de la colección tienen el estilo de la cerámica de Chupícuaro (800 a.C. a 200 d.C.). Varias de ellas, indudablemente pertenecen a esta cultura anterior a los tarascos (1000 d.C.). Otras piezas de la colección son puntas de flecha fabricadas de obsidiana, cuentas, conchas, huesos[7], dientes de caballo de la edad del hielo, fragmentos de cerámica y piedras. Incluso el mismo Patton, sin darse cuenta que eso iba en contra de sus conclusiones, señaló:

“Otra consideración que frecuentemente es ignorada en el debate de la autenticidad de estas piezas es que muchos de ellos están hechos de roca dura y no de cerámica. Estos objetos de piedra muestran todos los efectos de la erosión y los objetos de piedra son del mismo estilo que la cerámica y el factor de la erosión es imposible de falsificar”.

Aproximadamente una tercera parte de la colección está formada por este tipo de piezas. Dicho de otra forma, sólo unas 24,500 piezas son verdaderas figuras de barro (no pertenecientes a la cultura Chupícuaro), y de ellas sólo un diez por ciento muestra dinosaurios.

PRUEBAS EN CONTRA DE LAS FIGURILLAS

Los principales argumentos que se pueden exponer en contra de la veracidad de las figurillas de Acámbaro son:

a) La ausencia de pátina y la acumulación de sales de la tierra es inexplicable.

b) No existe un precedente para la casi perfecta preservación de piezas tan delicadas después de haber sido enterradas.

c) Los objetos no parecen pertenecer a ninguna cultura conocida.

d) Nunca antes en la historia de la arqueología se habían encontrado tantas piezas en un área tan pequeña.

e) La presencia de dinosaurios conviviendo con humanos.

El argumento (a) es justo lo contrario a la prueba (1) de los que sostienen la veracidad de las figurillas. Veremos este argumento. Continuaremos analizando las pruebas 1 a 5 de los creacionistas y regresaremos a los argumentos (b) a (c).

En general las piezas parecen nuevas, recién salidas del horno. No hay suciedad incrustada, sólo partículas de la misma arcilla con la que fueron fabricadas. El color del material va de café medio hasta un café oscuro. La manipulación de las mismas las ensucia muy fácilmente oscureciendo la arcilla.

Este punto preocupaba mucho a Patton y Swift, por lo que agradecieron el comentario de Herrerón, quien les dijo que entre él y Julsrud limpiaron los objetos que habían desenterrado en una de sus expediciones. Pero la cosa no es tan simple. Sabemos que Waldemar tenía conocimientos arqueológicos elementales. Es más que posible que supiera que las piezas antiguas necesitan cierto tratamiento y éste no incluye el lavado para eliminar la pátina. Julsrud sabría que eso le restaría puntos a su colección. Para los comerciantes de antigüedades es pecado mortal el eliminar la pátina.

Por otra parte, sin echar mano de los poderes de Superman, el lavar 37,000 piezas le debió consumir todos los días, durante dos años. Julsrud debió desatender todas sus actividades (su ferretería, la convivencia con su familia, el trato con sus vecinos…) con el único fin de hacer que unas piezas antiguas se vieran “como nuevas”.

Prueba 2 de los creacionistas.

Considero que, aunque no imposible, si sería muy difícil que Tinajero, solo, fabricara todas las piezas. Pero ya he apuntado que su familia (5 individuos) pudo haber fabricado buena parte de la colección. Recordemos que Tinajero era albañil. En particular, era fabricante de ladrillos y tenía un horno. Además, parece que no fue el único. Hay datos que apuntan a la existencia de varias familias dedicadas a la fabricación de este tipo de figurillas.

Los creacionistas señalan la finura artística de las figuras. No niego la creatividad, muy similar a la de los fabricantes de alebrijes, pero si comparo las figuras tipo Julsrud, con la alfarería de la cultura Chupícuaro, la diferencia es más que notable. La factura de las primeras denota un trabajo rápido y, en cierto sentido, burdo. La calidad de las segundas, el colorido, los detalles, la finura del terminado, incluso los materiales de construcción implican manos artesanas mejor calificadas y un trabajo más dedicado.

Con todo y que en teoría (de los creacionistas) las figuras de Julsrud son muchísimo más antiguas que las de la cultura Chupícuaro, éstas últimas se ven con más antigüedad.

Prueba 3 de los creacionistas.

Hemos mencionado que el área era, desde tiempos inmemorables, una zona dedicada a la fabricación de alfarería. Los hornos son abundantes. Actualmente se les utiliza para la fabricación de pan. Incluso gente que dio su testimonio indica que Tinajero fabricaba sus propios ladrillos, por lo que no sería raro deducir que contaba con un horno.

La prueba 4: falta de combustibles

No es necesaria tan enorme cantidad de combustible (“toneladas y toneladas”). Las ladrilleras, por ejemplo, generan una producción considerable de piezas sin consumir grandes cantidades de madera.

Las panaderías de Acámbaro, aún antes de consumir gas, abastecían el mercado local e incluso el nacional con sus productos. Lógicamente no necesitaron talar árboles. Existen muchos otros combustibles alternos que fueron utilizados en su momento: carbón, maguey, bostas, cañas… Además, Acámbaro no es un pueblo aislado. El comercio con otras regiones del país le puede suministrar los combustibles.

Testigos de las excavaciones. Prueba 5.

A los doce testigos que mencionan Patton y Swift se les puede sumar otros más: DiPeso, Hapgood, Gardner, Tinajero y Luis Durán. Muchos de ellos estaban relacionados con Waldemar, otros no. Pero el presenciar el desentierro de piezas tipo Julsrud no las valida. Los testigos que sabían, pudieron callar y ocultar el fraude. Los demás pudieron ser víctimas de un engaño.

Por otra parte, exceptuando a DiPeso, ningún arqueólogo profesional vio desenterrar, o lo hizo él mismo, alguna figura del tipo Julsrud. DiPeso estuvo presente en un desentierro, pero declaró que era un fraude. La comisión investigadora de 1954, organizada por el INAH, estaba integrada por arqueólogos experimentados en culturas prehispánicas (Noguera, Orellana, Salazar, Pompa, Perea, Simpson y Barber). No encontraron una sola figura de dinosaurios.

Previo al “descubrimiento” de Julsrud, debido a los trabajos de la Presa Solís, los más famosos arqueólogos mexicanos (Rubín, Piña, Arriaga, Estrada, Porter y Obregón) estuvieron trabajando en la zona. No encontraron piezas tipo Julsrud, a pesar de que las excavaciones no se limitaron a simples pozos: la maquinaria pesada removió grandes cantidades de terreno.

Patton y Swift demostraron su ingenuidad al creer la historia de Ernesto Navarrete, el policía federal. Difícilmente en México los policías son enviados a Scotland Yard a estudiar, mucho menos un policía perteneciente a un pueblo del interior. Navarrete pertenecía al destacamento del Municipio de Celaya, nada tenía que hacer en otro municipio, el de Acámbaro. La historia del contrabando de armas en Laredo, Texas, suena a película de acción. No hay una “Prisión Federal de la Ciudad de México”, al menos con ese nombre. Luis Mota difícilmente aceptaría unas piezas del tipo Julsrud, en custodia, por diversas razones: estaba convencido de la falsedad de las mismas y las rechazaba por completo; no era Alcalde de Acámbaro, sino director del Museo Arqueológico; las piezas de Julsrud no se guardaban en el museo, sino en el DIF.

Patton y Swift no saben que en México, desafortunadamente, la palabra de un policía judicial o federal no es muy de fiar.

Argumento (b): No existe un precedente para la casi perfecta preservación de piezas tan delicadas después de haber sido enterradas.

Las piezas de cerámica son muy delicadas. En México hay un refrán que dice: “Pareces jarrito de Tlaquepaque”. Y se refiere a que con cualquier movimiento se rompen. La gran mayoría de las piezas de la colección Julsrud son pequeñas de unos 10 a 20 centímetros de altura; pero las hay tan grandes como 2 metros. Considero increíble que piezas de barro pudieran permanecer intactas, enterradas, durante tanto tiempo. Yo tengo una pieza de las más pequeñas (11 centímetros) y a pesar del cuidado con que la trato, la cola ya se rompió.

c) Los objetos no parecen pertenecer a ninguna cultura conocida.

Las piezas de tipo Julsrud (dinosaurios y algunas figuras antropomorfas) no tienen parangón con culturas conocidas. Otras piezas de la colección pertenecen a las culturas Chupícuaro y Tarasco o Purépecha. Pero las cerámicas de dinosaurios son únicas de Acámbaro[8]. Las figuras antropomorfas muestran personajes de diversos tipos de razas y culturas. El artesano hizo un burdo trabajo de imitación de figuras egipcias, asirias y de otras partes del mundo.

d) Nunca antes en la historia de la arqueología se habían encontrado tantas piezas en un área tan pequeña.

En las excavaciones arqueológicas se pueden encontrar diversas herramientas y utensilios enterrados en los complejos arquitectónicos. Los objetos se encuentran diseminados y en ocasiones se pueden hallar varios en un solo punto. En los lugares que se utilizaron como cocinas, por ejemplo, se pueden encontrar platos, jarros, vasos y otros de uso común.

Pero en el caso de las figuras de Acámbaro, los desentierros mostraban cientos de piezas, sin relación alguna (pipas, dinosaurios, conchas, alfarería, cuentas, jarras…) en un solo hueco o pozo. Como si se hubiera enterrado a propósito. En este sentido, Julsrud o el que hizo el fraude, no tomó la precaución de diseminar las piezas. ¿Acaso fue flojera de hacer un mayor trabajo de enterrar una pieza aquí y otra allá?

e) La presencia de dinosaurios conviviendo con humanos.

Éste es el principal argumento en contra de las figuritas de Acámbaro. La extinción de los dinosaurios fue hace 65 millones de años y el ser humano apareció hace tan solo 3 millones de años. En el caso particular de Acámbaro, el sitio no existía hasta hace unos 25 millones de años. ¿Cómo pudieron vivir dinosaurios en un lugar que apareció 40 millones de años después de su extinción?

Los fabricantes de las figurillas no se dieron cuenta de otro enorme error de 89 millones de años. Las piezas muestran dinosaurios de la era Mesozoica, que se divide en los periodos Triásico (225 millones de años), Jurásico (190 millones de años) y Cretácico (136 millones de años). En ese tiempo aparecieron y desaparecieron diversas especies. Los dinosaurios no convivieron con los seres humanos, incluso no convivieron con otras especies de dinosaurios. Es una tontería el que en la colección aparezcan dinosaurios del cretácico conviviendo con otros del jurásico o del triásico.

Ya no en Acámbaro, en México en general, no existieron la mayoría de las especies mostradas en las figuritas.

El caso extremo de lo ridículo es creer que los dinosaurios no sólo convivieron con los seres humanos, sino que mantuvieron unas relaciones más íntimas (sexuales) con ellos. Ya me imagino a Patton, en el caso de que hubiera vivido en aquella época, tratando de hacerle arrumacos a una hembra de Gigantosauros, un enorme carnívoro de más de 15 metros de alto. El que los creacionistas crean este tipo de historias explica el porqué creen que el mundo fue creado hace poco más de 4,000 años, en tan sólo seis días.

La única pieza que pudiera ser auténtica es la que muestra a Dino: el único dinosaurio que convivió con los seres humanos (de caricatura).

Esta pieza de la colección de Julsrud muestra dos dinosaurios grabados en una piedra. La técnica es similar a la utilizada en algunas piedras de Ica. La fotografía de abajo, adjudicada erróneamente al museo de Ica, muestra otro animal hecho con la misma técnica. ¿Pruebas del plagio de un fraude?

Uno de nuestros artículos[9] ponía en el tapete de discusión la posibilidad de que las figuras de Ica hubiesen tenido un origen en los dinosaurios de Acámbaro. Luis Durán, uno de los principales colaboradores de Julsrud, nos comentó de la presencia de un doctor peruano, un tal Javier Cabrales, que bien podría ser el mismo Javier Cabrera Darquea. Al paso de los años vemos que Cabrera Darquea las menciona en su libro, lo que podría confirmar nuestra hipótesis ya que estas piezas, las de Acámbaro, no son tan conocidas. Sin embargo, en principio la “tecnología” para fabricar los cantos rodados de Ica parece ser diferente a la forma en que se hicieron las piezas de cerámica de Acámbaro. No obstante, con la nueva exhibición de las figuras de Acámbaro aparecieron unas piedras labradas en el más puro estilo Cabrera. Por otra parte, una fotografía adjudicada al museo de Ica, y que muestra un “dinosaurio” de gran pico y cuatro patas, pertenece en realidad a la colección de Julsrud. ¿Cabrera copió el fraude de Acámbaro? Parece que esta opción es la más cercana a la realidad. Pero eso es otra historia, y el inicio de una nueva investigación en ese sentido.

BIBLIOGRAFÍA


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Hapgood H. Charles, Mystery In Acambaro. Did Dinosaurs Survive Until Recently?, introdución de David Hatcher Childress, December 15, 2000, 256 paginas.

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Ruiz Noguez Luis, Las misteriosas figurillas de Acámbaro, Perspectivas Ufológicas, Año 2, No. 5, México, mayo de 1995, Págs. 35-40. Se volvió a publicar en La Nave de los Locos, Año 3, No. 20, Chile, enero del 2003, Págs. 35-38.

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Tierney H. John, Pseudoscientific Attacks On Acambaro Artifacts. The Ceramic Technology of Intellectual Suppression, World Explorer Magazine, Vol. 1, No. 4, pag. 52-61.

OTROS SITIOS EN INTERNET

http://www.acambaro.gob.mx/

http://www.bible.ca/tracks/tracks-acambaro.htm

El creador de los alebrijes http://www.angelfire.com/md/alebrijes/spanish.html

Museo Waldemar Julsrud http://www.waldemar.julsrud.us.tt/

En 1989 un ufólogo argentino y quien esto escribe estuvimos en las bodegas del Palacio Municipal de Acámbaro. Nos pusieron un vigilante: un policía que no tenía AK-47 (no siquiera pistola). ¿Patton y Swift tenían cara de delincuentes, o simplemente exageraron en su relato?

Durante años las figurillas estuvieron guardadas en cajas. Este es el aspecto de las bodegas del DIF de Acámbaro en 1989. (Fotos Noguez).

El ufólogo argentino Alejandro Chionetti. (Fotos Noguez).

Alejandro Chionetti y el autor de estas líneas. (Foto Noguez).

El autor admirando al antepasado del pájaro loco. (Foto Noguez).

Todas estas fotografías fueron tomadas en 1989. Nunca pensamos que no nos dejarían sacar las piezas. No se utilizó flash y el contraluz contribuyó a que salieran muy oscuras. Con las actuales técnicas se ha logrado aclarar, pero a cambio pierden en nitidez.

Muchas de las figuras presentan una forma extraña. Para Chionetti esta parecía al extraterrestre de Hopkinsville ¿?. (Foto Noguez).

Piezas de pretendido arte egipcio y de otras culturas de Europa y África. (Fotos Noguez).

La “Venus de Acámbaro. (Foto Noguez).

En sus páginas de Internet se puede ver a Patton posando con esta pieza. En 1992 informábamos que era la más grande que habíamos visto en la bodega del DIF. Indudablemente es una de las mejores de la colección. (Foto Noguez).

Todo un mundo de nuevas especies de dinosaurios por “descubrir”. (Foto Noguez).

Y también “nuevas” razas de indígenas. (Foto Noguez).

Dinosaurio con “espinas dérmicas” y pico de …¿?… Nueva especie por descubrir. (Foto Noguez).

¿El antepasado de la jirafa? ¿Saben los zoólogos si quedan restos de esas “espinas dérmicas” en las jirafas actuales? (Foto Noguez).

Un dinosaurio lucha por su vida con un humano. ¿Lograrán los dinosaurios de Acámbaro sobrevivir? (Foto Noguez).

Algunos ejemplos de alebrijes. Una muestra de la creatividad de los artesanos mexicanos.

Foto Mystery in Acambaro.

Estas escenas zoofílicas deberían ser motivo de excomunión para Patton y Swift ¡Cómo se atreven a mostrar estas figuras! Harían más dinero en el mercado pornográfico y no en una sociedad bíblica. (Fotografías de Patton).


[1] Monstruos policromos fabricados de cerámica y de papel mache.[2] Patton hace su comparación utilizando el libro de Robert Bakker, Dinosaur Heresies (1986).

[3] En su página muestra varias figuritas manteniendo relaciones zoofílicas.

[4] Patton dice que se pagaba unos doce centavos de dólar por pieza; pero también en la paridad esta equivocado. En el sexenio de Ávila Camacho la paridad era de 4.85 pesos por dólar. Es decir, el precio real por figurita era de veintiún centavos de dólar.

[5] 10.31 pesos al mes.

[6] De manera organizada la producción de ollas, por ejemplo, es de casi 100 unidades por día.

[7] Harry Möller mostró a los arqueólogos del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) un cráneo deformado, con una amatista incrustada. La pieza fue considerada un fraude porque ninguna cultura prehispánica utilizaba la amatista de esa manera.

[8] Las piedras de Ica, que yo considero tuvieron un origen intelectual en la colección de Julsrud, no son de cerámica. Javier Cabrera Darquea, en su libro El mensaje de las piedras, Capítulo El Misterio de Ocucaje, se refiere a las figuras de Acámbaro. Es decir, hay pruebas de que las conocía. En la colección de Julsrud existen unos cantos rodados que fueron labrados para mostrar figuras de dinosaurios. La misma técnica que se utilizó años después en Ica.

[9] Ruiz Noguez Luis, La extinción de los dinosaurios de Acámbaro. Segunda parte, Duda. Lo increíble es la verdad, Año XXI, No. 1105, México, septiembre 30 de 1992, Págs. 25.

5 Comments

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  1. MAURICIO
    MAURICIO enero 24, 2007 at 6:03 pm .

    SOY UNA PERSONA TOTALMENTE IMPARCIAL,PERO ¿COMO ADQUIRIERON,EN LOS CASOS DE LOS DINOSAURIOS QUE EXISTIERON,LA CAPACIDAD DE CREAR UNA COPIA FIEL?Y QUE ME PUEDEN DECIR DE LAS PRUEBAS DE LUMINICENCIA EFECTUADAS EN E.E.U.U. QUE ASEGURAN QUE LAS PIEZAS TIENEN UNA ANTIGUEDAD DE 3.500 AÑOS O MAS,CITADAS EN LA REVISTA “DUDA” N°474.
    DESDE YA MUCHAS GRACIAS¡

  2. alejandra
    alejandra enero 31, 2007 at 4:04 pm .

    esta muy padre pero saquen mas imaguenes espero su respuesta

  3. alonso robles
    alonso robles abril 22, 2008 at 3:31 am .

    quisiera queme explicaran bien el misterio de los craneos de cristal que se han encontrado y ademas de que e oido decir que en una de las figuras que dejaron la cultura olmeca que iene siendo un elefante con los que los ninos jugaban segun mi informacion yo tengo entendido que en mexico no habia elefantes y tambien me interesaria saber sobre el sombrero que utilizaban los olmecas que segun mi informacion es una auriola teletransportadora se los agradeceria mucho si me lo contestan. desde hermosillo sonora un saludo gracias.

  4. susi
    susi mayo 29, 2009 at 2:23 am .

    susper eeeee muy pa lo s q pasan d aqui los d la ora pico super pa eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee no c desepcionen

  5. [...] – Los dinosaurios de Acámbaro 1, Parte 2, Parte 3, y Parte 4 [...]

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