Adamski (Primera parte)

CANTATA A DOS VOCES O ADAMSKI CONTRAPUNTEADO[1]

La mejor descripción del caso de George Adamski es la que apareció en 1954 en la revista carioca O Cruzeiro, hecha por Joao Martins. En ella se narran los primeros detalles de la historia y en la voz de Adamski se dice que

“Todo comenzó con la lluvia de meteoros que se batió sobre la región la noche del 9 de octubre de 1946. Hasta entonces, yo creía en la pluralidad de los mundos habitados, pero no había pensado en la posibilidad de los viajes planetarios; las distancias a vencer me parecían enormes. Durante la lluvia de meteoros, yo miraba al cielo, desde el Monte Palomar, como casi todo el mundo en el Sur de California. Cuando el espectáculo de las estrellas fugaces era más impresionante, vi a simple vista un gran aparato oscuro, parecido a un gigantesco dirigible. Estaba inmóvil en el cielo sobre las montañas, en dirección a la ciudad de San Diego. Pensé que era un aparato del gobierno que estaba observando desde gran altura, y con finalidades científicas, la lluvia de meteoros. Mientras lo miraba, levantó la punta hacia arriba y se trasladó rápidamente por el espacio, dejando una estela luminosa, la cual todavía fue visible durante unos cinco minutos. Me sorprendió oír después por la radio que un aparato en forma de cigarro, de origen desconocido, había sido visto por millares de personas en San Diego.

“Esto espoleó mi curiosidad y me dediqué a observar el cielo con más frecuencia. En el verano de 1947 empezaron a surgir las primeras noticias sobre discos voladores. Tuve que esperar hasta agosto de aquel mismo año para que mi paciencia fuera recompensada. Un viernes por la noche asistí al famoso “desfile” de bolas luminosas. Cruzaban el cielo de Este a Oeste, en fila india, en grupos de 32. Algunas paraban en el aire para dar la vuelta en dirección contraria. Cuando se detenían podíamos observar, yo y las cuatro personas que me acompañaban, que tenían una especie de anillo luminoso rodeando a un cuerpo central. En total contamos 184 de aquellos extraños objetos.

“Un día lluvioso de 1949, dos hombres que yo ya conocía, entraron en el restaurante. Se trataba de J. P. Maxfield y G. L. Bloom, ambos del Point Loma Navy Electronics Laboratory, próximo a San Diego. Estaban en compañía de otros dos hombres, desconocidos para mí, que vestían uniforme oficial. Conversamos un poco sobre los discos volantes y ellos me dijeron que iban al Observatorio para solicitar la cooperación de su plantilla de astrónomos en la observación de los objetos no identificados. Al mismo tiempo me pidieron mi ayuda, ya que con mis instrumentos pequeños tendría mayor facilidad de maniobrar que con los enormes instalados en Monte Palomar. Con mi telescopio de 6 pulgadas puedo apuntar como si se tratase de una escopeta para caza de patos en vuelo.

“Volví a ver al señor G. L. Bloom algún tiempo después, el día en que la radio anunció que un platillo se había estrellado cerca de la Ciudad de México[2]. Oímos el noticiario de las 4 p.m. de la KMPC, de Beverly Hills, California. El señor Bloom comentó: “No han dicho toda la verdad. Hubo bastante más que eso”.

“Para entonces yo ya había conseguido dos fotografías de objetos moviéndose por el espacio cuando observaba la Luna. Entregué estas fotos al señor Bloom”.

ADAMSKI, EL HOMBRE

Para algunos de sus biógrafos George Adamski nació en Polonia el 17 de abril de 1891, pero de acuerdo con un memorando de la oficina de gobierno de los EU, nació el 12 de marzo de 1883 en Aubride; Hungría. Sus padres emigraron a Estados Unidos en 1893. Creció en Dunquerque, un pueblo cercano a Buffalo, New York. Su educación formal se limitó sólo a la primaria. El escaso presupuesto familiar le hizo trabajar desde pequeño.

En su adolescencia se interesó por las doctrinas esotéricas y la filosofía oriental. En la biblioteca pública leyó varios libros y revistas sobre esos asuntos. Estaba especialmente familiarizado con las obras de Madame Elena Petrovna Blavatsky, iniciadora del Movimiento Teosófico, y con las de Alice Bailey, quien “canalizaba los conocimientos” del Gran Maestro de Sabiduría Djwal Khul, un adepto de la Escuela Transhimaláyica responsable en parte de la transmisión de La Doctrina Secreta a través de la Blavatsky. El polaco-húngaro se compenetró tanto con estas ideas que frecuentemente citaba trozos de estos escritos en sus propias obras sobre los platillos volantes o en sus conferencias.

Trabajó como vigilante y pintor en el Parque Nacional Yellowstone. De 1913 a 1919 sirvió en el Ejército de los Estados Unidos, en el 13° Batallón de Caballería, en la frontera con México. Esto es algo que frecuentemente se olvida, y es la razón por la cual fue enterrado en el cementerio de Arlington. Para esa fecha (1917) ya estaba casado con Mary A. Shimbersky, lo que no le impidió que se dedicara a vagabundear, tal vez debido a la sangre gitana que corría por sus venas.

Su primera conferencia la dio en 1921 en California, y fue sobre filosofía oriental. Adamski fundó el monasterio de la “Orden Real del Tíbet” en Laguna Beach en 1934, en donde enseñó las “Leyes universales” y “El cristianismo progresivo universal”.

Años después seguía dando conferencias, las mismas conferencias. Pero esta vez ya no eran los maestros lamas tibetanos quienes le transmitían sus enseñanzas, sino los “Hermanos del espacio”. El investigador belga Frank Boitte, publicó una copia de una página extraída de un boletín publicado por Adamski en los años treinta. Esta firmado “por profesor G. Adamski”. En la portadilla se puede leer The Royal Order of Tibet borrada y substituida por Space Brothers.

Una anécdota interesante y poco conocida es la que cuenta el también contactado y ufólogo Ray Stanford quien fuera antiguo seguidor de Adamski durante muchos años. Stanford afirma que en 1958, cuando él tenía 15 años, visitó Palomar Terraces con su hermano Rex Stanford. Una mañana Adamski comenzó a recordar el pasado:

“Durante la prohibición yo tenía la Real Orden del Tíbet. Era un frente. Escucha esto, yo podía hacer vino. Tú sabes, se suponía que para tener ceremonias religiosas, hacíamos vino para ellas y las autoridades no podían interferir con nuestra religión. Demonios, hice el suficiente vino para la mitad del sur de California. De hecho, muchachos, yo era el distribuidor más grande de los alrededores. Si no hubiera sido por ese hombre Roosevelt[3], no habría tenido que meterme en toda esta basura de los platillos.

“Ray, escucha. Yo no he tenido que salir al espacio para saber de las naves espaciales. Diablos, sabía sobre las naves espaciales y lo que había en ellas desde hace años… Pioneers of Space[4] te puede contar todo, justo como Inside the Spaceships. Todo lo que hice fue proyectar mi conciencia a los seres allá afuera y podía verlos y saber qué había en sus naves”.

El ufólogo inglés Timothy Good también habla sobre este asunto, pero da información adicional altamente interesante. Al igual que muchos abducidos modernos, Adamski afirmó en privado que sus contactos con extraterrestres comenzaron desde niño. Dijo que fue instruido en el Tibet para prepararlo para su misión de adulto. Con respecto a los contactos “mentales”, Good dice que Adamski, en una carta a uno de sus lectores de Los platillos volantes han aterrizado, que también había leído Pioneers y comentaba el gran parecido entre ambas obras, le explica:

“…físicamente no he entrado en contacto con ninguno de ellos, pero ya que has leído Pioneers of Space puedes ver cómo consigo mi información sobre esta gente y sus patrias”.

En 1930 se comenzó a interesar por la astronomía y leyó algo al respecto. Estos conocimientos y sus frecuentes lecturas de misticismo le sirvieron para dar clases y conferencias de “Filosofía y Ciencias Cósmicas”, a partir de 1939. Es por eso que se autotitula “filósofo y profesor”, títulos que seguirá usando en su etapa platillista.

Se establece en Laguna Beach y comienza transmitir sus conferencias por varias estaciones de radio. En 1940 se muda a Valley Center, a una especie de granja. Nuevamente, ese mismo año, cambia su residencia y se muda con su esposa y seguidores a Palomar Gardens, en la cuesta sur del Monte Palomar.

Escribe diversos artículos que le son publicados en revistas de California, lo que hace que se expanda su círculo de influencia. También escribe cuentos y novelas de ciencia ficción (que luego transformaría al relato de sus viajes espaciales y su encuentro con Orthon).

En 1944 con las ganancias de sus conferencias, clases y artículos, compra 20 acres de tierra justo a la mitad de la vertiente Sur del Monte Palomar, célebre por su telescopio de 5 metros, perteneciente al Observatorio de Hale. En ese lugar reunió en torno a él, a un grupo de estudiantes que iban a discutir sobre metafísica y filosofía.

La verdad sea dicha, Adamski no era un simple vendedor de salchichas, como han escrito algunos autores. Dentro de sus terrenos construyó un restaurante Palomar Garden’s (Palomar Terraces, Star Route, Valley Center, California) para dar servicio tanto a sus alumnos como a los miembros del California Institute of Technology que operaban el telescopio. Adamski era el gerente del restaurante, y tenía una pequeña escuela de filosofía.

Era de estatura media, cerca de 1.67 metros de altura, fuerte, cabellos entrecanos, maneras simples, inteligente, de palabra fácil y ojos tristes, negros, soñadores y ligeramente estrábicos. Se decía que con su labia era capaz de convencer al más incrédulo. Todas estas características le daban cierta ascendencia sobre las mujeres; poder que supo aprovechar y muy bien, como lo veremos a lo largo de estas páginas.

En su etapa platillista establecería otro tipo de contactos más mundanos con representantes del sexo débil: además de su esposa Mary A Shimbersky (muerta en 1954 y reencarnada en Venus), Adamski mantuvo relaciones con Alice K. Wells, Lucy McGinnis (Los Angeles), Madeleine Rodeffer (Maryland), Olga Orlik (Los Angeles), C. D. Pettit (Salt Lake City), Marha Ulrick (California), Melinda Aich (Hungría), Susanne Berthaud (Francia), May Morlet Flitcroft (Bruselas), Lou Zinsstag (Basilea), Cristina J. de Rueda (México), Edith Nicolaisen (Italia) Charlotte Blodget (California) Laura Mundo (EU), etcétera. Esta última escribiría las siguientes líneas que son una clara muestra de la fascinación que despertara Adamski en las mujeres.

“Adamski no sólo es un hombre atractivo y singular, sino que las finas facciones de su rostro reflejan su absoluta integridad”.

LAS PRIMERAS FOTOGRAFÍAS

“La historia de la caída en México se desmintió posteriormente, pero en 1951 yo supe que era verdadera.

“Volviendo a las fotos, en marzo de 1950 el reportero Samford Harrell, del San Diego Journal, difundió la historia. El Union y el Tribune también fueron a verme y yo les confirmé que había mandado las fotografías al Point Loma Navy Electronics Laboratory, para su análisis. Los periodistas fueron al laboratorio, donde negaron rotundamente haber recibido tales fotos. Esta negativa no me hizo perder la calma, pues conservaba los negativos; sólo había entregado copias al señor Bloom. Los periodistas pidieron información al Pentágono, donde también negaron todo conocimiento sobre las fotografías.

“Esto incrementó aún más mi interés por el asunto. Durante varios años, de día y de noche, en verano y en invierno, con frío o calor, me dediqué a observar los cielos. Los resultados que obtuve fueron fruto de la perseverancia. Hasta la primavera de 1951 no hice grandes progresos. Conseguí sólo algunas fotos de puntos luminosos en el espacio, que no convencían a nadie, a pesar que para ello había gastado más de doscientos clisés. Pero yo había ejercitado mis ojos y lo que había visto me daba la certeza de que en el cielo había objetos extraños que se movían como bajo un gobierno inteligente. En el verano de 1951 y el año 1952, los resultados fueron mucho mejores. Parecía haber más objetos en movimiento; era como si las naves del espacio se aproximasen con más frecuencia a la Tierra. Durante este tiempo, tomé más de quinientas placas y conseguí unas doce fotos de aparatos en forma de cigarro y de discos luminosos que aquellos parecían lanzar al espacio. Envié una colección de estas fotografías a Wright Patterson Air Force Base.

“El fotógrafo que revela mis fotografías y saca copias de ellas es el señor D. J. Detwiler, que vive en la ciudad de Carlsbad, casi a 65 kilómetros de distancia de donde vivo. Hay quien dice que mis fotografías son un truco publicitario para atraer turistas al restaurante; sería más sencillo y más barato hacer propaganda de otro modo. Llegan incluso a desvirtuar declaraciones mías: cuando digo que impresioné más de setecientas placas para conseguir apenas veinte fotografías, entienden que afirmo tener “más de setecientas fotos de discos voladores”… a decir verdad, creo que nadie ha invertido tanto tiempo, esfuerzo y dinero para conseguir tales resultados. Las fotos de discos que se han obtenido, fueron resultado de la casualidad. Además, ocupo un puesto privilegiado para realizar esta clase de observaciones. Desde aquí, a 1,000 metros de altura, tengo una vista amplia y clara en todas direcciones.

¿HOMBRES DE NEGRO?

Adamski poseía una personalidad megalómana. No sólo quería ser reconocido como el primer hombre en tener contacto con seres extraterrestres sino como el primero en haber visto platillos voladores. Si Kenneth Arnold había observado sus nueve discos el 24 de junio de 1947, él, Adamski, los había visto antes: el 9 de octubre de 1946.

Dos de sus más cercanos colaboradores y seguidores, Carol A. Honey, de Anaheim, y Lucy McGinnis, han escrito sobre el enorme ego de Adamski. Más adelante nos extenderemos sobre este punto.

George sentaría precedentes no sólo en la forma en que debían ser los contactados; también fue el origen de muchos mitos ovni, como el de las naves nodrizas en forma de puro.

Sobre todo lo anterior, Adamski era un mentiroso. No tuvo empacho en inventar una historia tan complicada como su contacto, mucho menos en crear dos personajes ficticios (Maxfield y Bloom) que iniciarían la saga de los Men in Black y el UFO Cover Up. Esta historia es falsa, nunca existieron esos dos personajes y mucho menos estaban en la nómina del Point Loma Navy Electronics Laboratory.

Adamski hizo correr el bulo en el San Diego Journal, Samford Harrell no se molestó en ver las fotografías (que nunca existieron), pero sus competidores del Union y el Tribune sí trataron de conseguirlas, cosa con la que no había contado Adamski. Si las fotos hubieran existido, Adamski hubiera podido proporcionar una copia a los periodistas ya que, como él afirmaba, contaba con los negativos originales. Pero las fotos no existían por eso nunca se llegaron a conocer.

Sin embargo esta experiencia sería rápidamente capitalizada por el contactado. Este tipo de errores no los volvería a repetir en el futuro, ¡tenía que prepararse con fotografías de platillos voladores para mostrarlas a los periodistas!

La anterior fue la razón de que en los laboratorios, sorprendidos, negaran la historia. Lo mismo ocurrió con el Pentágono y la Fuerza Aérea, quienes el 29 de marzo, a través del intermediario del Copley Press Leased Wire, de Washington, declararon que no sabían nada de dichas fotografías.

La historia había calado en la opinión pública. El 4 de abril el Tribune Sun de San Diego publicó un largo artículo con el título “¿Se ha extraviado o no? una fotografía, enviada por el astrónomo amateur George Adamski al Navy Electronics Laboratory, con el fin de saber si se trataba de una nave del espacio”.

Si la historia fuera cierta y los militares le hubieran robado sus fotografías, entonces no se entiende la actitud de Adamski de volver a enviar “una colección de estas fotografías al Wright Patterson Air Force Base”.

EL PRIMER ENCUENTRO

“En 1951 y en 1952 recibí muchas noticias acerca de aterrizajes de discos en los desiertos de California, a una distancia no muy grande de Monte Palomar. Siempre quise establecer un contacto directo con estos aparatos y descubrir de dónde venían y qué se proponían. Comencé a realizar excursiones por el desierto, invocando en mi ayuda a la suerte. Durante mucho tiempo no conseguí el éxito. Más, al final, llegó el momento. A las doce y media del jueves 20 de noviembre de 1952, en el desierto californiano, a 16 kilómetros de Desert Center, en dirección a Parker (Arizona), estuve por primera vez cara a cara con un ser de otro planeta. Veamos Los antecedentes de este hecho memorable.

“Pocos meses antes conocí a dos matrimonios, el señor Alfred C. Bailey y su señora Betty Bailey, de Winslow, Arizona; y el doctor George Hunt Williamson (Michel d’Obrenovic) y su esposa Betty Hunt Williamson, de Prescott, también Arizona. Los cuatro sentían el mismo interés que yo por los discos volantes. En noviembre organizamos una excursión. El día 20 salí rumbo al desierto en compañía de las señoras Alice K. Wells y Lucy McGinnis, la primera propietaria de Palomar Garden’s y la segunda mi secretaria. Encontramos a nuestros amigos en la carretera que pasaba cerca de una base aérea abandonada. Algo me impelía en esa dirección, una especie de intuición o presentimiento. Hace mucho tiempo que me he acostumbrado a seguir esta clase de impulsos subconscientes. Pasamos por Desert Center y tomamos a la derecha, por la carretera que iba a Parker. Después de recorrer cerca de 18 kilómetros, nos paramos para mirar a nuestro alrededor. Yo continuaba experimentando una extraña premonición, que me advertía que algo iba a acontecer. La región era de piedra volcánica sin vegetación. Eran las once de la mañana cuando nos detuvimos. Perdimos mucho tiempo andando de acá para allá y también mirando el cielo azul y sin nubes. Por último volvimos a los automóviles. Era mediodía y comimos un almuerzo frugal que Alice había traído. Pasó a gran altura un bimotor y lo acompañamos con la vista hasta que se perdió en la distancia. Fue poco después de esto cuando vimos el objeto. A mucha altura, silenciosa, plateada, surgió una nave alargada, como un hueso o un cigarro. Con los dos gemelos que habíamos traído, vimos que era anaranjada en toda la extensión de su parte superior. El doctor George Williamson, que había pertenecido a las Fuerzas Aéreas durante la Guerra, observó una marca oscura en el lado, como una insignia, pero totalmente distinta a todo cuanto él había visto en sus tiempos de militar.

Continuará…


[1] Una versión resumida de este artículo se publicó originalmente en la edición especial número 4 de Contacto OVNI, México 1994.[2] Ver la historia en Marcianitos verdes http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/el-primer-marcianito.html

[3] Roosvelt terminó con la prohibición, autorizando el consumo de alcohol.

[4] Se trata del primer libro de Adamski, una novelita de ficción cuyo título completo es Pioneers of Space. A Trip to the Moon, Mars and Venus, ver más adelante.

10 pensamientos en “Adamski (Primera parte)”

  1. Luis, sabes que me caes muy bien y que leo frecuentemente tu blog y me gusta hacerlo, pero verdaderamente vas a pensar que soy un molon, una persona muy molesta, disculpame pero de verdad que las letras oscuras que pusiste ahora se pierden con el fondo negro, podrias poner un color diferente para que el texto contraste como lo deseas pero sin lastimar a la vista ni perderse en el fondo y disculpa a este lector que te da tantas molestias pero en verdad que esta muy interesante el articulo de Adamski y que mejor que leerlo a gusto, saludos y gracias…

  2. No había tenido oportunidad de leer algo interesante acerca de un “ícono” de los “contactees”… Por supuesto que el fenómeno ovni existe, pero no en la forma que los creyentes en “superiores extraterrestres que nos salvarán de la destrucción” lo divulgan… Me ha gustado este artículo. Siga adelante por favor, felicidades.

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