Los niños salvajes (32)

RO CHOM H’PNGIENG

En 1988 Ro Chom H’pngieng, que en ese entonces tenía 8 años, estaba con su hermana más joven Ro Chom Noeung reuniendo sus búfalos en el borde de la selva en la lejana provincia de Rattanakiri, al norte de Camboya, a 350 kilómetros de la capital Phnom Penh, en las montañas cercanas a la frontera con Vietnam.

No se sabe cómo desaparecieron, pero esa fue la última vez que se les vio. Su padre pensó que los animales las habían matado.

Diecinueve años después, el sábado 13 de enero del 2007, un aldeano notó que faltaba algo de su alimento en su caja de almuerzo que había dejado en un árbol, cerca de su casa. Creyendo que era un animal, decidió atrapar al ladrón. Estacó el área y puso una trampa.

Recibió una fuerte impresión al ver una chica desnuda saliendo de la selva. Entonces llamó a otros aldeanos para que le ayudaran a atraparla. Estaba asquerosa, con el pelo largo, grasoso. Caminaba como un animal, gruñía y estaba muy asustada.

El jefe de la policía provincial Chea Bunthoeun dijo a Associated Press: “Él vio un ser humano desnudo, que parecía una persona de la selva, metiéndose furtivamente para robar su arroz”.

Mao San, jefe de la policía del distrito de Oyadao dijo que la mujer era “mitad-humana y mitad-animal” y que no podía hablar ninguna lengua inteligible.

Los rumores de que unos leñadores habían atrapado a una mujer desnuda llegaron a la aldea del policía de 45 años Ksor Lou y éste decidió viajar a la aldea de Rattanakiri para echar un vistazo.

“Cuando la vi, estaba desnuda y caminaba encorvada hacia adelante como un mono, exactamente como un mono. Tenía los huesos flacos.

“Ella estaba tomando los granos de arroz de la tierra para comer”.

Para su asombro la reconoció inmediatamente como su hija por una cicatriz en el brazo derecho, exactamente igual a una que su hija perdida había recibido con un cuchillo, debido a un accidente, antes de que desapareciera. Eso le convenció de que era su hija. Además, insistió, la joven se parecía a su esposa Ro Chom Soy.

La mujer estaba muerta de hambre, con el pelo llegándole debajo de la cintura hasta las piernas y un cuerpo ennegrecido por la suciedad.

“Se veía terrible, pero a pesar de todo eso, ella es mi niña.

“Estaba tomando los granos de arroz de la tierra para comer. Sus ojos eran rojos como los ojos de los tigres”.

Ksor Lou no es el único miembro de la familia que afirmó que Ro Chom H’pngieng había vuelto. Su hermano Ro Chom Khamphi, de 25 años, dijo que en el momento en que ella llegó a su casa con Ksor Lou fue a tomar su brazo derecho para comprobar si había una cicatriz. Eso le convenció que la mujer de la selva es su hermana.

“Vi la cicatriz enseguida y supe que ella es mi hermana. Entonces comencé a llorar. Ésa es la prueba. La recuerdo muy claramente -lo digo, porque fui yo quién causó la lesión”.

Sin embargo, a pesar de cierta semejanza física y de las cicatrices, la evidencia realmente es pobre, por lo que la policía planeaba enviar a la mujer a un hospital para un chequeo médico y un análisis de sangre. Ksor Lou y su esposa acordaron hacer una prueba de ADN para ver si empata con el de ella, y probar así si es o no su hija perdida.

Por otro lado, ya que la mujer no hablaba ninguna lengua inteligible, o que los aldeano pudieran entender, la comunicación con ella fue virtualmente imposible. Su larga ausencia y años pasados en la selva dejaron muchas preguntas por contestar y la falta de comunicación no ayudó a solucionar ninguno de los misterios que rodearon su desaparición por casi dos décadas.

La comunicación se limitaba a un lenguaje de signos y señales. Cuando tenía hambre o necesitaba ir al baño se acariciaba el estómago, y cuando tenía sed señalaba su boca. Sólo sabía decir tres palabras: dolor de estómago, padre y madre. Sin embargo gritaba o gruñía cuando alguien se le acercaba, incluso sus padres.

Pero Ro Chom Soy, la madre de 50 años, estaba alegre de ver a la que consideraba su hija perdida.

“Ella es realmente mi hija, soy muy feliz”, dijo, agregando que la mujer mostraba las marcas que reconocieron ella y su marido. Estaba desnuda y no podía hablar ninguna lengua inteligible, pero indiscutiblemente, insistió, ella era su hija perdida Ro Chom H’pngieng.

El reencuentro fue feliz para los padres, pero al parecer no para la hija. Le fue muy difícil reajustarse a la vida normal en la sociedad humana. Rechazaba usar ropas o bañarse. No quería comer con los palillos y prefería arrastrarse en lugar de caminar como los seres humanos. Intentó varias veces escaparse de nuevo a la selva.

Comía como un animal, “quizá es la forma en que lo hacía en la selva”, pero sólo aceptaba carne o fruta y rechazaba tocar el arroz o la avena, tal vez porque recordaba la forma en que la atraparon.

“Desafortunadamente, ella continúa gritando y desea ir de nuevo a la selva. No está acostumbrada a vivir con humanos. Tuvimos que vestirla. No es fácil pero la vida la está esperando”, dijo Ksor Lou.

Una semana después de ser encontrada apareció calmada, vistiendo una blusa larga, blanca de cuello alto y una falda azul, impresa con flores, para la prensa mundial. Pero Ksor Lou dijo que el día anterior se había quitado las ropas y parecía lista para volver a la selva. Quería abandonar la minúscula choza de madera en donde viven 12 personas de la familia de Ksor Lou.

Dijo que la familia se las arregló para detenerla y la llevó a un templo budista próximo donde un monje la bendijo con agua bendita, en un intento por expeler cualquier espíritu malvado que la pudo haber poseído.

Para los miembros del grupo étnico minoritario Jrai, de las colinas de Phnong -quiénes tradicionalmente son animistas que veneran la naturaleza en lugar de tener una religión organizada- el movimiento era inusual. Ellos creían que los espíritus malvados del bosque todavía poseían a la muchacha.

Muchos aldeanos creían que fue llevada como un sacrificio para los dioses de la selva quienes la devolvieron por sus propias razones. Por eso la llevaron con los sacerdotes budistas para limpiarla de los espíritus malvados. El jefe de la policía del distrito Mao San dijo: “Están rezando para que los espíritus de la selva terminen con la muchacha y permitan que ella permanezca aquí”.

“No adoramos ninguna religión, sino que tomamos el consejo de algunos viejos Khmer (etnia camboyana) para bendecir el agua y sacar las almas malvadas de su cuerpo”, dijo Ksor Lou, su hija a su lado, estaba inmóvil como una piedra.

Mientras tanto Ro Chom H’pngieng se la pasaba sentada o acostada en el piso, durmiendo o mirando fijamente con sus ojos vidriosos a los visitantes que iban a Gawk a la casa sucia, desvencijada de Ksor Lou. Le ha tomó el gusto a la colección familiar de videos y al karaoke.

“Ve fijamente ese vídeo sin pestañear. A ella le gusta mucho”, dijo su padre.

“Si no está durmiendo, sólo se sienta y echa un vistazo a la izquierda a la derecha, a la izquierda a la derecha”.

Pero no todos los vecinos se alegraron con el regreso de Ro Chom H’pngieng. Algunos expresaron su escepticismo de que la mujer pudiera sobrevivir por sí misma en la selva y dijeron que al parecer la encontraron con su pelo cortado recientemente.

“Si ella estuvo en la selva por 19 años, ¿porqué tenía el pelo corto? Debería haber sido largo a menos que alguien le cortara su pelo en la selva”.

En realidad le cortaron el pelo a la altura de los hombros después de bañarla para traerla a la aldea. Otra vecina, Cheat Ki, una comerciante de la aldea está muy asustada.

“Te juro… que cuando ella me miraba, no me atreví a mirarla y tuve que voltear mi cara.

“Estaba tan asustada. Asustada por los espíritus malvados que pudieron haber venido con ella. En la noche antes de que fuéramos a dormir, después de verla, les dije a mis niños que cerraran la puerta por el miedo de que cierto mal pudiera venir a estrangularnos”.

Y es que poco después de la captura de Ro Chom H’pngieng emergieron informes de un misterioso hombre desnudo, de cabellos largos, que había sido visto en su compañía, pero se escurrió cuando intentaron atraparlo. Según estos informes, cuando la atraparon, ella habría estado con un compañero, que estaba armado con un machete.

Ro Chom Chanthy, la hermana más joven, dijo el diario Cambodia Daily que los aldeanos estaban asustados por el “hombre salvaje”. Ella dijo: “Él tenía una espada larga y los aldeanos no pudieron capturarlo. Tenía tatuajes e hizo sus ojos muy grandes, por lo que los aldeanos estaban muy asustados”.

Como Ro Chom H’pngieng tenía marcas en su brazo, posiblemente por estar atada con una cuerda, algunos pensaron que ella pudo haber sido secuestrada y mantenida por años como esclava. Además, decían, su aspecto es el de una joven sana en lugar de una demacrada por haber pasado 19 años en la selva.

La región es una de las más alejadas de Camboya, hogar de las tribus de la minoría étnica, y tiene una larga historia de leyendas de gente que vive en el bosque, incluyendo hombres salvajes. La selva también proporciona abrigo a los refugiados del Khmer Rouge y de la guerra civil que siguieron a su caída.

Cuando la joven mujer desapareció la región estaba cubierta con bosques densos pero en los últimos años ha sido constantemente reducida para las plantaciones de anacardo y caucho, conduciendo a la especulación de que el hogar del “hombre salvaje” se está reduciendo y quizás lo esta forzando hacer incursiones para robar.

Algunos aldeanos pidieron que las autoridades tomen cartas en el asunto. Afirmaron que Ro Chom H’pngieng podría estar traumatizada por lo que ella describe como alguien de “ojos tristes” (aunque nadie aclaró cómo es que Ro Chom H’pngieng pudo describir eso, si no sabía hablar). La policía en el área respondió al caso con pasmo. El señor Mao, jefe de la policía del distrito, dijo a los aldeanos que podían buscar al hombre salvaje si deseaban a pero que no había planes para una búsqueda en la selva por parte de la policía.

Un criptozoólogo dijo: “¿Me estoy preguntando, si esta mujer fue secuestrada durante 18 años por el Nguoi Rung la gente salvaje de la selva vietnamita?”

Pero hay otra teoría que dice que las marcas en su muñeca son el resultado de años de estar atada, práctica común entre los aldeanos campesinos para hacer frente a la gente mentalmente enferma. Lo cual coincidiría con aquellos que dicen que fue llevada como un sacrificio para los dioses de la selva: una forma de deshacerse de una enferma mental.

A partir de aquí la familia comenzó a cerrar filas. Retiraron el permiso de tomar muestras de ADN para confirmar la identidad de la mujer, dijeron que querían que los dejen solos para compensar el tiempo perdido. Mao San, jefe de la policía del distrito de Oyadao ordenó a sus hombres proporcionar protección a la familia contra los curiosos. La policía colocó un cordón alrededor de su aislado hogar, en un esfuerzo de mantener a raya a los vecinos curiosos y los medios de comunicación mundiales.

Una gran cantidad de personas viajaron para verla y dejar sus donativos. Algunos sugirieron exhibirla en una jaula y llevar a los curiosos para que la vieran. Pen Bonnar, paladín de los derechos humanos ampliamente respetado en Camboya, llegó para determinar las necesidades de la mujer e intentar resolver los muchos rompecabezas que rodean su historia. Adhoc, una ONG establecida en la provincia, prometió conseguir ayuda psicológica para la mujer.

Guy De Launey, de la BBC en Phnom Penh, dijo que había otras posibilidades para su identidad.

Dijo que los miembros de las tribus vietnamitas de las colinas se cruzan a menudo a Camboya a través de las selvas. Muchos buscan asilo de la persecución religiosa y evitan el contacto con las autoridades.

En diciembre del 2004, cuatro familias en la misma provincia, que fue entrecruzada por las trayectorias de la marcha de Ho Chi Minh durante la guerra de Vietnam, emergieron después de 25 años de huir a la selva de la invasión vietnamita de 1979 del Khmer Rouge. Tal vez los “hombres salvajes” y la misma Ro Chom H’pngieng pertenezcan a estos grupos de refugiados.

La ayuda psicológica llegó del otro lado del mundo. El psicólogo español Héctor Rifá profesor de la Universidad de Oviedo y miembro de Psicólogos sin Fronteras, viajó al remoto pueblo de Oyadaw para asistir a los supuestos padres en la rehabilitación de la niña salvaje.

Rifá es experto en Metodología Observacional aplicada a los pueblos indígenas del país asiático. La primera indicación de Rifá fue ordenar que no la apartaran de su familia ni la internaran en un hospital.

“Habría sido muy negativo para ella y para quienes la van a tratar después. Tras tanto tiempo alejada de la vida en comunidad, es preferible observar cómo se comporta en un entorno familiar, como es el de su poblado, que en la fría habitación de un hospital y en una ciudad cuyo idioma no entiende”.

Coincide con él el psicólogo peruano David Jáuregui. “La mujer debe pasar por dos etapas. Primero debe recibir un buen diagnóstico que descarte si tiene un cuadro deficitario mental y permita ver las alteraciones que existen en los campos biológico, social y psicológico. Después, según los problemas que tenga, debe pasar por un tratamiento en el cual la familia debe cumplir un rol muy importante y por lo tanto no se le debe alejar de ella”, precisó Jáuregui a El Comercio.

El método de Rifá, al parecer, dió los primeros resultados. La joven comenzó a sonreír a comer con más regularidad y a comenzar a decir algunas palabras. Esto se logró con el uso de objetos familiares y un trato cariñoso. El psicólogo español empleó osos de peluche, espejos y música para que Ro Chom H’pngieng exprese sus emociones.

Para el filósofo español Fernando Savater “Es la hermana de Mowgli. En la imaginación, todos hemos sido niños salvajes en una época, la infancia, en que existíamos sólo nosotros y un exterior terrible, el mundo adulto. Todos hemos tenido que ser traídos del salvajismo a la civilización, de la oscuridad a la luz. Una reflexión básica que inspiran casos como el de esa chica camboyana o el del niño de Aveyron, del que hizo esa película sensacional Truffaut y del que por cierto hay un libro con prólogo de Ferlosio, es que la humanidad es una cosa que nos dan los demás, no es un mecanismo automático. En el útero social se produce nuestro segundo nacimiento, el que nos otorga verdaderamente carta de naturaleza humana. Los niños perdidos o arrojados fuera de la sociedad no pueden hacerse humanos, pierden la posibilidad de construirse un mundo, todo lo más un nicho ecológico”.

De lo que no hay pista es del destino de la segunda hija, Ro Chom Noeung, que tenía seis años cuando desapareció el mismo día. Su padre dijo que había creído que ambas habían sido devoradas por los animales salvajes en el bosque y hace mucho tiempo que las había dado por muertas.

Hace unas semanas Ro Chom H’pngieng escapó nuevamente a la selva.

Continuará…

2 pensamientos en “Los niños salvajes (32)”

  1. Me encantó esta historia nunca la había escuchado ni leido, qué tristeza que se haya ido otra vez, ojalá vuelva y pueda empezar a comuncarse, pues hubo mucho progreso al sonreir y comer .

  2. Realmente esta historia es una concecuensia de varias actos, que se relacionan o que forman parte de una gran incongnita, es decir al hablar de los refugiados en la selva por la guerra se habla de un gran problema social y no solo por eso, si no que actualmente hay personas viviendo ahi, en esos lugares y que ninguna autoridad no quiera hacer nada por ayudarlos regresarlos a la sociedad, lamentablemente por esto se seguira escuchando de mas casos como estos mientras las cosas no cambien en ese lugar, mientras no le tomen inportancia. . .

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