Pulgas para el perro más flaco

MEDIO AMBIENTE

Pulgas para el perro más flaco[1]

Juan José Morales

Según la economista británica Hannah Stoddart, asesora de la organización Oxford Committee for Famine Relief o Comité Oxford para Aliviar la Hambruna, mejor conocida como Oxfam, a la fecha las grandes empresas transnacionales productoras de biocombustibles han adquirido en los países del Tercer Mundo más de 200 millones de hectáreas para destinarlas a ese fin.

clip_image001Tras esta idílica escena, presentada como signo de modernidad y progreso, se esconde la historia de 14 comunidades indígenas a las que se arrojó a la miseria para favorecer a empresas transnacionales.

María Josefa Macz seguramente no está enterada de ello. Es una indígena kekchí analfabeta, cuyo mundo informativo se reduce al pequeño ámbito de su aldea en el valle de Polochic, en el departamento de Alta Verapaz en Guatemala. Pero lo que sí sabe es que en marzo de 2010, ella, su familia y sus vecinos fueron atacados por más de mil policías, agentes privados de seguridad y fuerzas paramilitares, apoyados por helicópteros, que los echaron de las tierras que por generaciones habían cultivado y de las que, en una no muy clara operación avalada por el gobierno, se apropió una de esas compañías transnacionales para —decía solemnemente la revista económica digital Central América Data con base en los comunicados oficiales de la empresa y el gobierno— “dinamizar un área vulnerable que tiene índices de pobreza de 84.1 por ciento y 41.2 por ciento de pobreza extrema.”

María Josefa, su familia y las de cientos más que fueron desplazados de 14 comunidades del valle, viven ahora realmente en la miseria, hostigados constantemente por los guardias de la empresa, esperando que el gobierno cumpla las recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre su caso, a la vera de los campos donde antes cultivaban maíz, frijol y otros alimentos, campos ahora ocupados por interminables hileras de caña de azúcar para producir etanol destinado a los motores de combustión interna.

Lo grave de todo esto, es que no se trata de hechos aislados, sino de una política generalizada en los países en desarrollo, alentada e impulsada por los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea, que en su afán por obtener combustibles baratos y reducir su dependencia de las importaciones de petróleo, promueven el uso de los llamados combustibles verdes obtenidos de materia vegetal. El resultado es que sabanas, selvas, pastizales y otros tipos de vegetación son arrasados para cultivar palmas oleaginosas, caña de azúcar y otras fuentes de biocombustibles. Al mismo tiempo, una creciente proporción de granos antes destinados al consumo humano se desvían hacia la producción de “combustible verde”.

clip_image001[5]Uno de los carteles con los que las organizaciones sociales de Guatemala denunciaron la violenta expulsión de los campesinos indígenas del valle de Polochic para destinar sus tierras a la producción de biocombustibles.

Ya, según cifras de 2010, el 40% del maíz cosechado en Estados Unidos —el mayor productor mundial— termina en los motores de los automóviles, y a la fecha sin duda porcentaje es ya mucho mayor, pues la grave sequía que azotó a ese país redujo la cosecha. Eso significa que no sólo se encarecerá el maíz, sino también el trigo, pues a falta del primero habrá mayor demanda del segundo para engordar animales.

Las perspectivas, por lo demás, son bastante sombrías. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) pronostica que dentro de menos de diez años, en 2021, el 14% de la producción mundial de maíz, el 16% de la de aceites comestibles y el 34% de la de caña de azúcar, servirán para producir biocombustibles. Esa mayor demanda de productos agrícolas para mover motores —añade el informe de la OCDE— se podrá cubrir por dos caminos: un aumento en la producción y una “reducción en el consumo humano”. O, para decirlo sin eufemismos: los habitantes del Tercer Mundo tendrán que pasar más hambre para que los habitantes de Estados Unidos y Europa puedan seguir moviéndose a gusto en sus automóviles.

Y por si todo eso fuera poco, tenemos como añadido el cambio climático, que ocasiona sequías y veranos extremadamente calurosos en gran parte del mundo, lo cual repercute negativamente en la agricultura. Un informe de James Hansen, director del Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la Nasa, indica que la frecuencia de veranos desusadamente cálidos ha ido en aumento durante las últimas décadas. Entre 1951 y 1980, señala, ese fenómeno afectaba sólo a entre el 0.1 y el 0.2% de la superficie terrestre del planeta. Actualmente, en promedio se observa en el 10%.

clip_image001[7]La Comisión Interamericana de Derechos Humanos conoció del caso y pidió al gobierno tomar medidas cautelares en favor de los campesinos, pero aún siguen esperándolas.

Evidentemente, la solución al problema de la escasez y carestía de combustibles derivados del petróleo no estriba en quitarle el pan de la boca a los pobres, sino en adoptar una serie de medidas como mejorar el transporte público para reducir los desplazamientos en automóvil, estimular y facilitar el uso de la bicicleta o proyectar las nuevas zonas habitacionales para permitir los recorridos a pie. Pero como todo ello va en contra de la poderosa industria automotriz, se prefiere sacrificar a los que menos tienen.

Y cuando se dice sacrificar, hay que tomarlo al pie de la letra. La política de las naciones industrializadas de impulsar la producción de biocombustibles tiene como resultado no sólo precios más altos para los alimentos básicos sino también una creciente escasez de ellos. Un estudio del gobierno británico indica que si la Unión Europea cesara de impulsar la producción de biocombustibles, la disponibilidad de aceites vegetales para consumo humano en los mercados mundiales se elevaría 20% y la de trigo 33%, con la consecuente reducción en los precios, que como decíamos, son cada vez más elevados.

Pero, según reza el dicho popular, al perro más flaco se le cargan las pulgas.

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[1] Publicado en la revista Gaceta del Pensamiento, de Quintana Roo. Núm. 18. Nov-Dic de 2012.

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