La conspiración de las “quimioestelas”

ESCRUTINIO

La conspiración de las “quimioestelas”[1]

Juan José Morales

Sin duda ha visto usted las estelas que dejan los aviones a reacción al volar a gran altura. Son de vapor de agua que se condensa debido a las bajas temperaturas que hay en la alta atmósfera. Pero, ojo, no sea tan confiado ni se deje engañar. Quizá algunas de ellas no son tan inofensivas como parece, sino que en realidad se trata de mortíferas sustancias que atacan al sistema nervioso y son responsables del incremento en los casos de Mal de Parkinson y otras enfermedades neurodegenerativas.

Al menos esa es la escalofriante advertencia contenida en ciertos mensajes que circulan por Internet y cualquier día de estos pueden llegarle a su correo electrónico. Pero no los tome en serio. Son absolutamente falsos.

clip_image001Uno de los mensajes que circulan por Internet alertando sobre el supuesto peligro de las “chemtrails” o quimioestelas. Los aviones que se ven en las fotos, sin embargo, son aeroplanos comerciales comunes y corrientes que, como todos los que vuelan a gran altitud, dejan una traza de vapor de agua que se condensa.

Según tales versiones, ciertos misteriosos aviones que no llevan pasajeros y no se sabe quién les ordenó hacerlo, se la pasan día y noche arrojando aerosoles que se confunden con las estelas ordinarias de los aeroplanos comerciales pero contienen ciertos peligrosísimos compuestos biológicos y tóxicos, y su dispersión por todo el mundo forma parte de una no menos misteriosa conspiración organizada por unos anónimos y enigmáticos personajes, con propósitos igualmente misteriosos. A esa malévola actividad en la estratósfera, y no el envejecimiento de la población, se debe —según los autores de tal patraña— que cada vez haya más personas con Alzheimer y otros padecimientos neurodegenerativos semejantes.

Como fuente de tan truculentas aseveraciones se cita un artículo titulado “Chemtrails, Nano-aluminio y los efectos neuro-degenerativos y del neuro-desarrollo”, publicado por el Dr. Russell Blaylock, en la revista de la Federación Nacional de Salud, Health Freedom News. (Lo de chemtrails es la abreviatura en inglés de chemical trails o estelas químicas.)

Todo esto suena muy impresionante y convincente. Se atribuye la información a alguien que ostenta título de doctor, autor de un artículo cuyo encabezado tiene un tono muy científico, aparecido en una revista sobre salud, editada por lo que parece ser una institución médica de carácter nacional, presumiblemente de Estados Unidos. A mayor abundamiento, en los mensajes se añade que —como corresponde a toda conspiración digna de ese nombre— aunque “los gobiernos no reconocen la existencia de las quimioestelas, ni reconocen que sean una amenaza, su existencia sale ocasionalmente en los medios de comunicación”. Y para que no quepa duda, se mencionan reportajes sobre el tema difundidos por una televisora de Los Ángeles y un diario de Las Vegas, en Estados Unidos.

Por lo demás, el caballero en cuestión, el tal Dr. Russell Blaylock, no solamente advierte sobre las horribles amenazas que nos llegan del cielo. También ha estado alertando sobre otros graves peligros. Dice, por ejemplo, que no se debe vacunar a los niños porque las vacunas no evitan ninguna enfermedad sino, por el contrario, provocan autismo, daño cerebral, mal de Parkinson y un grave trastorno del sistema nervioso llamado esclerosis lateral amiotrófica. O bien, asegura que tanto las amalgamas dentales como el flúor que se añade al agua potable para prevenir la caries, y hasta los utensilios de cocina hechos de aluminio, son peligrosísimos para el ser humano y hay que evitarlos a toda costa.

A primera vista, tal sarta de disparates se antoja producto de una mente ociosa o de algún deschavetado. Pero el asunto tiene cola monetaria. Si bien Blaylock es doctor en medicina, es también un vulgar charlatán cuyo negocio principal consiste en vender una supuesta cura milagrosa de su invención. Difundir ideas alarmistas le sirve para impulsar la demanda de su producto, un compuesto al cual llama Brain Repair Formula y del cual asegura que tiene propiedades rejuvenecedoras, mejora el funcionamiento del cerebro y evita el Alzheimer y el Parkinson, aunque no está registrado como medicamento sino sólo como complemento alimenticio, y tampoco ha sido sometido a las rigurosas pruebas clínicas que se exigen a las medicinas de patente. O, para decirlo más llanamente, es uno de tantos productos milagro.

De modo, pues, que si por ahí se encuentra algún artículo sensacionalista o recibe un correo electrónico alertándolo sobre la aterradora amenaza de las “quimioestelas” o cosa parecida, no pierda su tiempo leyéndolo.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 7 de marzo de 2013

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