Archivo de la categoría: Cultura

Los niños salvajes (8)

LA NIÑA ESQUIMAL

En septiembre de 1731, una niña de entre 8 y 10 años de edad llegó al poblado de Sogny, cerca de Chalons-sur-Mame, en plena Champaña francesa. Estaba descalza y vestida con trapos y pieles de animales y con una calabaza a modo de sombrero. En una bolsa llevaba un palo y un cuchillo inscritos con caracteres indescifrables. Chillaba y chirriaba, y estaba tan sucia (o posiblemente pintada) que la confundieron con un niño negro. Sacó el garrote y el cuchillo de su bolsa y con ellos logró matar al perro que un campesino lanzó contra ella luego de encaramarse en un árbol. Hubo que tentarla con un pescado crudo para hacer que bajara.

Tras su captura la llamaron “la niña esquimal” por sus rasgos peculiares (tenía ojos orientales y la piel cobriza), y porque al aprender a hablar contó que la habían traído a la Champaña, en compañía de una niña “de piel negra”, desde un lugar en donde había unos grandes animales marinos que comían peces. Recordó haber cruzado el mar en dos ocasiones. La niña esquimal había matado a la niña de piel negra durante una pelea: le rompió el cráneo con su garrote. Dijo que siempre iban desnudas hasta que una mujer desconocida las recogió y les dio ropa. Pero tras la muerte de su compañera, la muchacha decidió huir. Todo ese proceso había durado unos dos años.

Si no era una impostura (que lo parece), la niña salvaje de Champagne probablemente había aprendido a hablar antes de su abandono, porque ella es un ejemplo raro de un niño salvaje que aprende hablar coherentemente.

La niña se alimentaba de los animales que podía atrapar (pájaros, ranas y pescados). Los comía crudos. También engullía las raíces y algunas ramas y hojas de los árboles. Cuando le dieron un conejo, ella lo peló y devoró inmediatamente. El cambio en los hábitos alimenticios hizo que perdiera todos sus dientes y que se enfermara con frecuencia.

Cuando la reina de Polonia, la madre de la reina de Francia, pasó por Champagne en 1737 para tomar posesión del ducado de Lorena, oyó hablar de la muchacha y la llevó de cacería, donde ella atrapó y mató conejos.

El famoso científico Charles Marie de la Condamine, describió sus manos: “Sus dedos y particularmente sus pulgares, eran extraordinariamente grandes…”. Ella decía que había utilizado sus pulgares para extraer raíces y para mecerse de árbol en árbol como un mono. Ella era una corredora muy rápida y tenía una fenomenal vista aguda.

Cuando pasó el interés por la niña fue ingresada en un convento parisino, en donde terminó el resto de sus días. Trabajaba haciendo flores artificiales y obtuvo algo de dinero contando sus memorias (escritas por Madame Hecquet). A su muerte fue enterrada bajo el nombre de Marie-Angelique Memmie LeBlanc.

En 1767 se dan dos casos de niños salvajes: el de Tomko de Zips, en Hungría, mencionado por Wagner en 1794; y el de la “niña osa” de Karpfen.

Tomko fue descubierta por unos cazadores del pueblo de Fraumark, Hungría. La encontraron en las montañas boscosas viviendo con los osos, cuando tenía 18 años. Era delgada y de piel morena. Atacó a los cazadores después de que estos habían disparado a su compañero oso.

La otra también fue descubierta a la edad de 18 años, y fue recluida en un asilo del pueblo de Karpfen ya que rechazaba vestirse y comer cualquier otra cosa que no fuera carne cruda, raíces y cortezas de árbol. Este caso es mencionado por Bonnaterre en 1800 (al parecer a raíz de la aparición de Víctor d’Aveyron). Para algunos se trata de la misma Tomko de Zips.

Continuará…

Los niños salvajes (7)

WILD PETER

El “Salvaje Peter”, también es conocido como Pedro de Hamelin (Hannover). Fue descubierto el 27 de julio de 1724 por un campesino llamado Jürgen Meyer, cuando corría por los campos completamente desnudo y sólo cubierto por una larga melena negra y restos de lo que había sido una camisa, enredados en su cuello. Lo describió como “una criatura desnuda, pardusca, de cabello negro”.

Parecía tener unos 12 o 13 años de edad. No hablaba. La piel la tenía bronceada a excepción de la parte que iba de la cintura a los muslos. Se pensó que había utilizado alguna especie de calzones. Trepaba los árboles con facilidad, vivía de las plantas y parecía incapaz de hablar. Aparentemente fue abandonado por su padre por esa discapacidad.

Jürgen lo pudo llevar hasta el pueblo mostrándole un par de manzanas. Al llegar al pueblo un grupo de chiquillos fue atraído por el extraño espectáculo. Rápidamente comenzaron a rodearlo, a tirarle de piedras y a burlarse de él. Hubo que meterlo en la cárcel. Finalmente se decidió enviarlo al asilo del Espíritu Santo.

Los sacerdotes le ofrecieron de comer pan, pero él sólo aceptó yerbas. Pelaba la corteza de las ramitas verdes y aspiraba la savia. También comía verduras, frutas y carne cruda. Todo lo devoró sentado en cuclillas. Al terminar intentó escapar. Fue sometido y encerrado en un cuarto. Trató de escabullirse por las ventanas, pero uno de los sacerdotes le dio dos palos. A partir de ahí, se tranquilizaba con sólo mostrarle la vara.

Un sastre ofreció hacerse cargo de él. Trató de vestirlo y de ponerle zapatos, pero Pedro se los quitaba. Lo que sí aceptó fue un sombrero, pero luego se puso a jugar con él en un estanque, como si fuera un barco.

Fue traído un médico para examinarlo. Declaró que el muchacho tenía alguna deformación en la lengua que le impedía hablar: era anormalmente gruesa y estaba pegada a ambos lados de la boca. Sin embargo tarareaba la música que escuchaba. Por el contrario, su oído y olfato estaban muy desarrollados. Era bastante peludo.

Menos de un año después de su captura fue enviado a Hamelín o Hannover (octubre de 1725) para que lo pudiera ver la familia real. En febrero del siguiente año fue enviado a Londres por Jorge I de Inglaterra, duque de Hannover, que acababa de acceder a la corona inglesa. Éste lo regaló a la princesa Carolina de Gales, que a su vez lo pasó a un tal doctor Arbuthnot.

En Inglaterra fue estudiado por Alexander Pope y Jonathan Swift, quien dijo que se trataba de un “descubrimiento más notable que Urano”.

“Esta noche vi al muchacho que desde que llegó aquí ha sido el tema de mitad de nuestras charlas durante toda esta quincena… (pero) difícilmente puedo pensar en él como el salvaje del que hablan”.

No era sordo. Muchos doctores intentaron enseñarle a hablar, pero nunca logró articular ninguna palabra. Aunque aprendió a vestirse y a dormir en una cama, no era más inteligente que los animales. Sus guardias le enseñaron a traspalar estiércol en un carro, pero tan pronto como llenaba el carro comenzaba a traspalar el estiércol hacia fuera a menos que lo pararan.

Fue enviado a Hertfordshire. Pasó los días ayudando en pequeñas labores del campo y la cocina. Comenzó a aficionarse por el licor, pero nunca se le vio ningún interés por las mujeres.

En 1746 se escapó y logró llegar a Norfolk. Fue atrapado y enviado de nueva cuenta a Hertfordshire, en donde murió en febrero de 1785.

Pasó 61 años en la sociedad, pero nunca aprendió decir nada excepto “Peter” y “rey George”.

Continuará…

Los niños salvajes (6)

MÁS ALLÁ DE LOS MITOS

Tal vez el primer caso registrado por un historiador es el de Aegisthus. Fue Procopio de Cesarea, historiador romano del siglo VI, quien refiere que en el año 550, durante la guerra contra los Góticos, una madre dejó abandonado a su hijo cuando su aldea fue atacada por los góticos. Cuando los aldeanos regresaron a sus casas encontraron al bebé siendo amamantado por una cabra por lo que le llamaron Aegisthus, en honor del dios griego que fue criado por una cabra. Procopio dice que él mismo conoció al niño.

Pasarían varios siglos hasta que en 1609 el médico alemán Phillipus Camerarius, informara sobre un niño que había sido creado por lobos y que fuera encontrado en Hesse en 1344. También se ocupó del niño becerro de Bamberg. Este último “tenía una flexibilidad extraordinaria en sus miembros y caminaba a gatas con gran agilidad. En esta postura él podía luchar con perros más grandes con sus dientes, y los atacaba tan intrépidamente que los arrojaba al aire. Él no era, sin embargo, de una naturaleza feroz”.

Uno de los “niños salvajes” más grandes fue Jean de Liege, encontrado en una fecha no determinada del siglo XVII, en la ciudad de Lieja, a la edad de 21 años. Es el último espécimen mencionado por Linneo. Sir Kenelm Digby, uno de los fundadores de la Royal Society, contó su historia en 1644. Digby entrevistó a quienes lo llegaron a conocer.

Durante las guerras religiosas La familia de Jean huyó al bosque cuando su aldea fue atacada. El niño tenía unos cinco años. Cuando los atacantes se retiraron y los aldeanos pudieron regresar se dieron cuenta que habían olvidado a Jean. El niño permaneció en el bosque casi 16 años.

Digby dice que Jean tenía los sentidos muy agudizados. Podía oler “frutas o raíces sanas” a gran distancia. Cuando finalmente lo capturaron a la edad de unos 21 años, estaba desnudo, “todo cubierto de pelo”, e incapaz de hablar. En la sociedad humana, aprendió hablar, sin perder su agudo sentido del olfato.

El primero en mencionar a los niños salvajes de los Pirineos fue Jean-Jacques Rousseau en su Discours sur l’Origine de l’Inégalité parmi les Hommes (Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres) de 1754. En el punto 7 dice:

“7. Los cambios que ha podido determinar en la conformación del hombre la larga costumbre de andar en dos pies, las semejanzas que se observan todavía entre sus brazos y las patas anteriores de los cuadrúpedos, y la consecuencia sacada de su modo de andar, han podido sugerir dudas sobre cuál podía ser en nosotros el más natural. Todos los niños empiezan por andar a gatas, y necesitan de nuestro ejemplo y de nuestras lecciones para aprender a sostenerse de pie. Hay incluso pueblos salvajes, como los hotentotes, que, abandonando casi por completo a sus hijos, los dejan andar tanto tiempo con las manos, que luego apenas pueden enderezarlos. Igual sucede con los hijos de los caribes. Hay además varios ejemplos de hombres cuadrúpedos, y yo puedo citar, entre otros, el de un niño hallado en 1344 cerca de Hesse, donde había sido alimentado por lobos, y que después decía, en la corte del príncipe Enrique, que si sólo hubiera tenido que contar con su deseo, hubiese preferido volver entre ellos que vivir entre los hombres. De tal modo se había habituado a caminar como aquellos animales, que fue preciso ponerle piezas de madera que le obligaban a tenerse derecho y en equilibrio sobre sus dos pies. Lo mismo ocurrió con el niño hallado en 1604 en los bosques de Lituania y que vivía entre los osos. No daba, dice Condillac, ninguna muestra de razón; andaba con pies y manos, carecía de lenguaje articulado y sólo profería unos sonidos que en nada se parecían a los de un hombre. El pequeño salvaje de Hannóver que hace varios años fue conducido a la corte de Inglaterra pasaba las penas del Purgatorio para acostumbrarse a caminar en dos pies, y en 1719 se encontró en los Pirineos a otros dos salvajes que corrían por las montañas como cuadrúpedos”.

Rousseau y el propio Emmanuel Kant consideraban que el ser humano es “bueno por naturaleza”, y los niños salvajes eran la prueba de ello. Éstos eran el claro ejemplo del “buen salvaje”, el hombre primitivo que pertenece a los pueblos no civilizados.

Carlos Linneo en la décima edición de su obra Systema Naturae de 1758, introdujo una nueva especie de hombre, el Homo ferens (hombre feral o salvaje) a sus ya conocidos H. americanus, H. europeus, H. asiaticus, H. afer y H. monstrosus. Linneo describiría sus tres características principales: hirsutus, tetrapus y mutus (hirsuto, cuadrúpedo y mudo) basándose en 10 niños abandonados amamantados por animales que sobrevivieron en la selva: Jean de Lieja, un niño oso lituano, el niño lobo de Hesse, el niño oveja irlandés, el niño becerro de Bamberg, la niña de Kranenburg, los dos niños de los Pirineos, Wild Peter de Hannover, y la niña salvaje de Champagne.

El término feral proviene del latín ferālis (“feroz, letal”), y éste de fera: “fiera, animal salvaje”. La Real Academia Española lo define como un adjetivo en desuso, que significaba “cruel”.

Para el traductor de la obra de Linneo Robert Kerr (1792), no existían tales niños ferales, todo eran simplemente imposturas y exageraciones.

J. F. Blumenbach, el padre de la antropología física, se ocupó del problema en 1811, y lo mismo hizo en 1830 el naturalista sueco K. A. Rudolphi, llegando a la conclusión de que todos los niños salvajes eran o ficticios o idiotas congénitos, concordando con el punto de vista de Sir Edward Tylor, el padre de la antropología social.

Según Claude Levi Strauss en 1949, “la mayor parte de estos niños sufrieron de un cierto defecto congénito, y su abandono se debe por lo tanto tratar como la consecuencia de la anormalidad que exhibían”.

EL PADRÓN DE LOS NIÑOS FERALES

En contra de lo que se dice en algunos foros de discusión y sitios de internet (en donde se habla de cerca de 340,000 casos), en los últimos 1,500 años se han registrado poco menos de 100 casos de niños ferales, la mayoría de ellos en Europa y Asia. Se conocen dos censos modernos de niños salvajes. El primero fue hecho en 1940 por el americano Robert M. Zingg y comprende 33 niños; el segundo lo hizo el profesor francés Malson en 1964 subiendo el número a 53 niños. Al final de esta serie anexaremos una nueva tabla.

Entre los animales que adoptaron a los niños se mencionan a lobos, osos, leopardos, panteras, leones, monos, ovejas, cerdos, ganado, varias especies de aves…

El Doctor Thope nos dice que la primera noticia de la existencia de estos niños salvajes data del año 1344. Se trata del niño capturado en una cueva de lobos, en el principado alemán de Hesse, y que fuera criado por una loba. Fue atrapado por unos cazadores mientras corría salvaje, a cuatro patas. Fue citado por Camerarius, Rousseaou y Linneo.

Camerarius dice que el niño tenía unos 7 años al momento de su captura y aparentemente había convivido con los lobos durante unos 3 a 4 años. Cuando apenas era un bebe de 3 años fue robado por una loba que lo alimentaba de los restos de sus cacerías. El cubil había sido acondicionado con hojas y ramas.

El muchacho era capaz de dar grandes saltos y buscaba la compañía de los lobos en lugar de la de los seres humanos. Murió poco después de su captura debido al cambio de dieta de alimentos cocidos.

Tres años después de la captura del niño de Hesse se encontró otro niño lobo en Wetteravie, según informó von Schreber en 1755. Este muchacho tenía 12 años y vivió hasta los 80 años.

Entre 1661 y 1694 aparecieron en Lituania tres niños-oso. El primero, citado por Linneo, rehusaba vestir ropas. Fue encontrado por cazadores viviendo entre un grupo de osos. Los cazadores lo atraparon a pesar de su resistencia: los mordió y arañó. Fue llevado a Varsovia, Polonia en donde se le bautizó con el nombre de Joseph. Ahí se le presentó al rey e Polonia quien lo dejó a cargo del Vice Chambelán de Posnan, con quien pudo adquirir un vocabulario limitado.

Nunca dejó el hábito de gruñir como oso y de comer yerbas. También le gustaban las manzanas, la savia de los árboles y la miel. Varias veces escapó hacia los bosques. En una ocasión un oso salvaje que había matado a dos hombres se le acercó para lamer su cara.

Rousseau y Etienné Bonnot de Condillac, en su Essai sur l’origine des connaissances humaines (1746) mencionan al segundo, aparecido en 1694, que también se arrancaba la ropa a mordiscos. Se dice que fue separado de su familia durante una de las invasiones de los tártaros.

El tercero es mencionado por el doctor irlandés Bernard Connor (1698), pero sin dar fecha de su captura. Connor lo conoció en persona y dijo que éste aprendió a mantenerse erguido y a hablar.

En 1607 apareció un niño becerro o niño carnero en, Bamberg, Irlanda. Linneo lo cita en su obra de 1758. Fue atrapado en una red de cazadores en las colinas al Sur de Irlanda. Tenía unos 16 años y había huido de su hogar de más niño. Durante todo ese tiempo había vivido con un rebaño de carneros salvajes. Era fuerte, sano y musculoso.

Después de su captura fue llevado a Holanda en donde fue dejado a cargo de Nicholaus Tulp, el doctor holandés retratado por Rembrandt en La lección de anatomía. Era indiferente al frío y prefería comer heno a cualquier cosa. Según Tulp:

“Se trajo a Ámsterdam… un joven de 16 años, que tal vez fue perdido por sus padres y fue criado entre las ovejas salvajes de Irlanda, había adquirido una clase de naturaleza ovina. Era rápido de cuerpo, ágil de pies, de cara feroz, de carne firme, piel quemada, miembros rígidos, frente huidiza achatada, pero con el occipucio convexo y nudoso, rudo, impetuoso, ignorante del miedo, y sin rasgos de suavidad. En otros respectos de buena salud. Sin voz humana balaba como una oveja, y repudiaba los alimentos y bebidas a los que estamos acostumbrados; sólo masticaba la hierba y el heno…

“Había vivido en las montañas y en lugares desiertos… le encantaban las cuevas, las guaridas y los lugares inaccesibles. Su aspecto era más el de una bestia salvaje que de un hombre; y sin embargo lo mantuvieron alojado, y lo obligaron a vivir entre los hombres, a lo que estaba muy poco dispuesto, y solamente después de un largo plazo perdió su carácter salvaje. Su garganta era grande y amplia, su lengua estaba sujeta a su paladar”.

El muchacho nuca aprendió a hablar y continuó balando como oveja durante toda su vida. Acostumbraba luchar con perros grandes. Camerarius y Linneo dicen que logró desarrollar ciertas habilidades mentales.

En 1717 descubrieron a la niña de Kranenburg en los bosques afuera de Zwolle en la provincia holandesa de Overyssel. La habían secuestrado de su hogar en Kranenburg a los 16 meses, y fue encontrada vestida con un saco y viviendo con una dieta de hojas y yerbas. No había evidencia de que los animales la hubieran cuidado. Después de su captura, ella aprendió el lenguaje de signos, pero nunca dominó el habla. Linneo menciona que la jovencita tenía 19 años cuando la encontraron

Los dos rapases de los Pirineos, que menciona Rousseau, fueron encontrados en 1719.

Continuará…

Los niños salvajes (5)

ROMULO Y REMO

Una loba, de acuerdo con la leyenda, habría criado a Rómulo y a Remo, los presunto fundadores de Roma, hacia el 800 a. C. De acuerdo con la mitología, el rey de Alba Longa fue destronado por su hermano menor. La hija del rey caído, la vestal Rea Silvia, dio a luz a dos hermanos gemelos, hijos del Dios Marte, señor de la guerra y el terror. El usurpador ordenó matar a los niños y estos fueron colocados en una cesta de mimbre y arrojados a las aguas del río Tiber. Los niños se salvaron milagrosamente gracias a que el río los depositó a unos 20 kilómetros de su desembocadura, al pie del que más tarde sería llamado el Monte Palatino. Allí los encontró una loba, que se hizo cargo de ellos, los cuidó y amamantó.

Más tarde, un pastor llamado Fáustulo halló a los gemelos, se los quitó a la loba y se los llevó a su humilde hogar, con su esposa Acca Larentia, quien los crió como hijos suyos, dándoles el nombre con el que hoy son conocidos.

Los gemelos, ya crecidos, fueron llevados ante Numitor, quien sospechó su identidad. Rómulo y Remo condujeron entonces una revuelta que expulsó al usurpador del trono y reestableció a su abuelo, el rey legítimo, como gobernante de Alba Longa. Luego dieron muerte a Amulio, el usurpador.

El carácter inquieto de los gemelos los llevó a querer construir una nueva ciudad para sí. Decidieron fundarla en las márgenes del Tiber, pero no se pusieron de acuerdo en su ubicación. Rómulo deseaba establecerla en el Monte Palatino, donde habían sido hallados por la loba; Remo propuso el Monte Aventino, a unos 800 metros al Sur.

Después de mucho discutir y no llegar a un acuerdo, decidieron dejarlo a la suerte: los dioses decidirían por ellos. Cada uno se colocó en el monte que había escogido y esperó los presagios celestiales.

Al amanecer Remo vio seis águilas que pasaron volando sobre el Monte Aventino. Rómulo tuvo que esperar hasta la puesta del Sol para descubrir doce águilas volando sobre el Monte Palatino.

Según la lógica de Remo, él había ganado porque sus aves habían aparecido primero; pero Rómulo advirtió que sus aves eran más numerosas. Nuevamente volvieron a discutir, pero esta vez llegaron a las armas y Rómulo mató a su hermano.

Luego, tomando el vuelo de los pájaros para establecer los límites de la nueva ciudad, Rómulo comenzó a construir en el palatino las murallas de la que llamó Roma en su propio honor (Rómulo significa “pequeña Roma”).

La fundación de esta ciudad ocurrió el 21 de abril de 752 a. C., de acuerdo con los cálculos de Catón, y según Varrón en el 753.

Cuentan las antiguas leyendas romanas que Rómulo gobernó hasta el año 716 a. C. Luego los dioses lo raptaron en medio de una tormenta para convertirlo en el dios de la guerra, Quirino. A su muerte, Roma se había expandido desde el Monte Palatino hasta el Monte Capitolino y el Monte Quirinal, al Norte. Con el tiempo Roma llegó a ocupar siete colinas, por lo que recibió el nombre de La Ciudad de las Siete Colinas.

Poco podemos extraer de estos relatos que están plagados de mitos, similares a las leyendas bíblicas de Moisés (los niños en la cesta de mimbre), de Caín y Abel (el fratricidio), y de Elías (el rapto en medio de una tormenta). Esto induce a dudar del pasaje de la loba amamantando a los pequeños. Sin embargo, la huella que dejó en la historia, en las artes y en el folklore, tuvo consecuencias indelebles dentro de la óptica de toda una cultura.

Continuará…

Los niños salvajes (4)

LOS MITOS GRIEGOS

La mitología antigua está llena de historias similares a la de Romulo y Remo.

Durante mucho tiempo los hermanos Thyestes (o Broteas) y Atreus estuvieron peleando por el trono de Micenas. Además, Thyestes tenía un romance con la esposa de Atreus, Aerope. En venganza, Atreus mató los hijos de Thyestes y se los sirvió de comer sin que lo supiera.

Al enterarse, Thyestes fue a pedir consejo al oráculo de Delfos. El consejo fue engendrar un hijo con su propia hija, Pelopia, y ese hijo mataría a Atreus.

Poco después, Atreus se casó con Pelopia, sin saber que ella era su sobrina y que estaba embarazada de su hermano.

Cuando nació Aegisthus (“fuerza de la cabra” – también trascrito como Aegisthos o Aigísthos), su madre que estaba avergonzada de su acto incestuoso, lo abandonó con unos pastores que a su vez lo dejaron con una cabra que lo crió y amamantó. Atreus, sin saber el origen del bebé, lo recogió y lo educó como su hijo. Cuando Aegisthus alcanzó la edad adulta, Thyestes reveló su verdadero parentesco, que él era su padre y abuelo, y lo empujó a matar a Atreus.

A la muerte de Atreus, Aegisthus y Thyestes gobernaron Micenas en conjunto, exiliando a los hijos de Atreus, Agamemnon y Menelaus a Esparta, donde el rey Tyndareus dio a su hija Helena, para que Menelaus la hiciera su esposa. A su muerte, Tyndareus dio su trono a Menelaus, que entonces ayudó a que Agamemnon derrocar a Aegisthus y Thyestes.

Tyndareus tuvo otra hija con Leda, llamada Clitemnestra, que por lo tanto venía siendo media hermana de Helena. Clitemnestra estaba casada con Tantalus, también hijo de Thyestes. Agamemnon asesinó más tarde a Tantalus así como al hijo de éste y de Clitemnestra. Luego procedió a casarse con Clitemnestra, así obtuvo el trono de Micenas.

Clitemnestra le dio cuatro hijos a Agamemnon: Electra, Orestes, Ifigenia, y Chrysothemis. Pero Agamemnon estuvo poco tiempo en el trono. Helena, la esposa de su hermano fue raptada por los troyanos.

Cuando Calchas decretó que Ifigenia debía ser sacrificada antes de que los griegos partieran hacia Troya, Clitemnestra se resistió pero finalmente Ifigenia fue sacrificada y la flota griega pudo partir. Clitemnestra nunca perdonó éste asesinato.

Después de que Agamemnon dejara Micenas para la guerra de Troya, Aegisthus cortejó a Clitemnestra. Agamemnon había dejado a Clitemnestra con un cantante; y mientras el cantante estuvo presente, Clitemnestra resistió a Aegisthus. Entonces Aegisthus llevó al cantante a una isla desierta, y Clitemnestra sucumbió ante los avances y fue seducida.

Al regreso del rey después de la guerra de diez años, Aegisthus conspiró con Clitemnestra para matar a Agamemnon, y a Cassandra. Ésta última insidiosamente fue presentada por Oeax, como la nueva concubina de Agamemnon. Hyginus, en su Fabluae, indica que Oeax hizo esto para “vengar las injusticias de su hermano”. Odiseo, no deseaba ir a la guerra de Troya, y se había fingido enfermo. Palamedes, hermano de Oeax, expuso el engaño de Odiseo y lo forzó a unirse a la guerra. Al hacer eso, Palamedes ganó la cólera de Odiseo. Para buscar venganza, Odiseo acusó a Palamedes de traidor, y Agamemnon ordenó que fuera lapidado hasta la muerte.

Hyginus también sugiere que Cassandra, de hecho, no fue llevada como concubina, sin embargo, Clitemnestra planeó los asesinatos con Aegisthus. Hyginus escribe:

“Clitemnestra, hija de Tyndareus y esposa a Agamemnon, había oído de Oeax, hermano de Palamedes, que Cassandra había sido traída como concubina de Agamemnon, ese (cuento) de Oeax fue fabricado para vengarse de las injusticias de su hermano. Entonces Clitemnestra sostuvo consejo con Aegisthus, hijo de Thyestes, para matar a Agamemnon y Cassandra”.

Aunque Aegisthus había planeado que Orestes, que en ese entonces era un niño, también fuera asesinado, Electra anticipó esto y le ayudó a escapar, llevándolo con Strophius, el novio de Astyochea, hermana de Agamemnon, a Phocis.

Clytemnestra dio a Aegisthus una hija, Erigone, que tendría más adelante un hijo, Penthilus. Clytemnestra y Aegisthus gobernaron Micenas por siete años.

Ocho años más tarde, cuando Orestes alcanzó la edad adulta, Apolo le ordenó que vengara a su padre. Volvió a Micenas con una urna llena de cenizas diciendo que eran las de Orestes. Cuando apareció Aegisthus para ver los restos de su rival, Orestes lo mató.

Clytemnestra, dándose cuenta que era su hijo Orestes que había vuelto, imploró por su vida. Pylades, compañero de Orestes, le recordó el decreto de Apolo, y Orestes también mató a su madre.

Mucho más tarde, cuando Orestes viajó a Crimea, el hijo de Aegisthus, Alete, asumió el control de Micenas. Orestes lo mató a su regreso.

Robert Bell indica que el adulterio de Clitemnestra fue porque “Clitemnestra ya estaba bajo la maldición de Afrodita, junto con sus hermanas Helena y Timandra. Una vez su padre había olvidado un sacrificio importante a Afrodita, y ella resolvió que sus tres hijas serían adulteras”. Bell sugiere que la cólera de Clitemnestra contra Agamemnon sobre el sacrificio de Ifigenia pudiera también haber sido una causa para su adulterio.

Clitemnestra es un personaje altamente polémico en la mitología griega. Aunque es verdad que ella cometió adulterio, se le puede echar la culpa a la maldición de Afrodita. Es también verdad que ella mató a su marido, aunque en su descargo se puede decir que Agamemnon mató a su hija y volvió con Cassandra. Lo que no se puede entender es la aprobación de Clitemnestra al plan para asesinar a su hijo, Orestes, ya que ella misma se había opuesto vehementemente al sacrificio de Ifigenia.

ATALANTA

Atalanta o Atalante (Ἀταλάντη = “balanceó”) es un personaje de la antigua mitología griega vinculada al ciclo arcaico. Existen distintas versiones en cuanto a su origen. Unos dicen que era hija de Esceneo, rey de Arcadia. También se mencionan los nombres de Iasus, Schoeneus y Árcade. Su madre fue Clímene. Para Eurípides y otros autores, su padre fue más bien Ménalo, de la isla del mismo nombre. Sin embargo, la versión más difundida, especialmente desde Hesíodo, es en la que Atalanta es hija de Atamante y Temisto, gracias a lo cual se relaciona con la cultura beocia. Según el historiador ateniense Apolodoro (168-88 a.C.), la heroína fue abandonada por su padre al nacer.

Su padre quería únicamente hijos varones y por eso al nacer Atalanta, desilusionado, la abandonó a su suerte en la cima del monte Partenio para que ahí muriera. Pero la diosa Artemisa le envió una osa que la amamantó y cuidó, hasta que unos cazadores la encontraron y decidieron educarla. Atalanta se convirtió así en la hija adoptiva de la diosa de la cacería, Artemisa. Decidió no casarse y mantenerse virgen para consagrarse a la diosa, a quien emulaba con sus acciones. Por ello, Atalanta vivía en el bosque en donde llegó a ser una gran cazadora y la corredora más rápida del mundo.

Además de su promesa, un oráculo le predijo que el día en que se casara, iba a ser convertida en animal.

En algunas versiones de la búsqueda del vellocino de oro, como la de Apolodoro, se menciona a Atalanta como parte del grupo de héroes de la antigüedad conocido como los Argonautas, que acompañó a Jasón en busca del vellocino. Fue la única mujer en hacer este viaje. Fue herida en la batalla en Colchis, pero fue curada por Medea. Otros dicen que los griegos eran bastante machistas y que Jason nunca hubiera permitido que lo acompañara una mujer en sus aventuras.

En otra ocasión Atalanta estaba cazando en Epidauro y se dio cuenta que no había llevado agua y no había ningún río cerca de ahí. Entonces tomó su jabalina y golpeó la roca, de donde de inmediato comenzó a fluir agua. Esta es la llamada fuente de Atalanta.

En Calidón vivía el rey Eneo quien tuvo un hijo con su esposa Altea. Al nacer Meleagro las tres parcas predijeron que la vida del niño duraría tanto como un tronco de árbol que estaba ardiendo en la chimenea. Entonces Altea sacó el tronco del fuego, lo apagó y lo guardó en un lugar secreto de su palacio. Meleagro creció fuerte y sano y llegó a ser el mejor lancero de Grecia.

Pasó el tiempo y un día Eneo se olvidó de hacer sacrificios a Artemisa. Entonces la diosa envió un enorme jabalí que arrasó los campos de trigo, destrozó las parras y los olivos, mató los rebaños y atemorizó a los granjeros que huyeron a refugiarse tras los muros de la ciudad.

Pronto la noticia llegó a todos los rincones de Grecia, y poco a poco los mejores héroes se reunieron en Calidón para dar muerte al jabalí. Entre ellos están: Acasto experto en jabalina, Anceo, Anfiarao, Cefeo, Eurypylus, el veloz Idas, Ificles (hermano gemelo de Heracles), el mismísimo Jasón, Leucipo, Linceo, Néstor, Peleo (esposo de Tetis, diosa del mar), Piritoo amigo de Teseo, el propio Teseo (el vencedor del Minotauro), y dos centauros llamados Hylaeus y Rhaecus. También estaban dos tíos de Meleagro: Plexipo y Toxeo, hermanos de Altea. Finalmente llegó la bellísima Atalanta, alta y delgada, armada de arco y flechas.

Al principio, Anceo y Cefeo se negaron a seguir en la cacería si se permitía que participara una mujer. Meleagro, que se había enamorado de la muchacha, les obligó a callar.

Finalmente, cuando sonaron los cuernos, todos penetraron al bosque en busca del jabalí. Los centauros aprovecharon la ocasión y trataron de violar a Atalanta. Ella los mató a los dos con sus flechas.

“Linceo vio al jabalí cerca de un arroyo y avisó a los demás. El jabalí al verse acorralado embistió y mató a tres de los cazadores. Néstor se salvó subiéndose a un árbol. El héroe Teseo lanzó su jabalina pero falló. Ificles sólo consiguió rozarle en un costado. Cuando el jabalí estaba a punto de arrollar a Anceo, Atalanta disparó una flecha que alcanzó al jabalí debajo de la oreja e hizo que desviara su trayectoria, salvando a Anceo.

“Pero Anceo, desagradecido, no quiso reconocer que Atalanta le había salvado la vida y le gritó:

“- ¡Mujer tenías que ser!, has estado a punto de alcanzarme con tu flecha.

“Cuando el jabalí volvió a embestir Anceo intentó darle un golpe con su hacha pero el jabalí lo despedazó con sus colmillos. Peleo le lanzó una jabalina pero también falló, la jabalina rebotó en un árbol y mató a otro de los cazadores. Anfiarao, con una flecha, alcanzó al jabalí en el ojo derecho. El jabalí, sintiéndose herido, se revolvió y acorraló a Teseo contra un árbol, entonces Meleagro se acercó al jabalí por el lado derecho por donde no podía verle y le clavó una lanza en el lomo, que le atravesó el corazón, matándole en el acto. Inmediatamente Meleagro le quitó la piel y se la dió a Atalanta diciendo:

“- Te la mereces porque tu flecha le habría causado la muerte muy pronto.

“Los tíos de Meleagro protestaron:

“- No es justo, Atalanta sólo provocó una herida, tú lo has matado.

“Meleagro respondió:

“- Callaos, ya he tomado la decisión de darle la piel a Atalanta.

“- Lo has hecho porque te has enamorado de esa chica, le respondió uno de sus tíos, piensa en lo que dirá tu esposa.

“- Pide disculpas o te mataré, gritó Meleagro.

“El otro tío dijo:

“- Mi hermano no tiene porque pedir disculpas, cualquiera puede ver que ha dicho la verdad.

“Entonces Meleagro, cegado por la ira, atravesó con su lanza a sus dos tíos.

Eurypylus insultó a Atalanta, culpándola de la muerte de Plexito y Toxeo, y Meleagro le mató.

“Cuando la madre de Meleagro se enteró que éste había matado a sus dos hermanos sacó el tronco que guardaba y lo arrojó al fuego.

“Meleagro sintió de repente un fuego interno y una gran quemazón y murió lentamente cumpliéndose así la profecía de las tres parcas”.

CIBELES

Iaso, rey de Arcadia y padre de Atalanta, al enterarse que su hija había ganado la piel del jabalí de Calidón se sintió muy orgulloso y decide reconocerla como hija legítima. Le pide perdón por haberla abandonado y decide buscarle un esposo. Atalanta se muestra reticente a contraer nupcias, pero no quiere contradecir a su padre. Atalanta pone como condición casarse con quién logre ganarle en una carrera a pie. Pero los perdedores debían morir.

Atalanta se sentía segura pues recién había ganado el premio a la carrera en los juegos fúnebres organizados en nombre de Pelias, donde compitió con Peleo, padre de Aquiles, el de los pies ligeros, héroe del ciclo troyano.

Durante uno o dos años ningún pretendiente logró derrotarla. Atalanta vencía a todos sus competidores. Sin embargo, a pesar del peligro, muchos lo intentaron e irremediablemente perecieron, porque era invencible, aún cuando les daba alguna ventaja al inicio de la carrera.

Entonces apareció Hipómenes (en otra parte llamado Melianón o Melanion), biznieto de Poseidón, que se había enamorado de Atalanta. En la versión Beocia de la leyenda, seguida por Ovidio (Metamorfosis, 10: 560 – 707), Hipómenes busca la ayuda de Afrodita, diosa del amor, ofreciéndole un sacrificio.

Afrodita le prestó a Hipómenes tres manzanas de oro que procedían del jardín de las Hespérides (en otras versiones se habla de membrillos), para que pudiera distraer a Atalanta durante la carrera. Hipómenes debía tirar las manzanas de oro, de una en una, para que Atalanta las recogiera. Cada vez que la joven le iba a dar alcance, Hipómenes dejaba caer una de las manzanas. Con esta estratagema el astuto Hipómenes pudo vencer a Atalanta y casarse con ella.

Atalanta sabe cual es el precio por casarse: se lo ha dicho el oráculo. Pero ella fiel a su palabra se casa y pierde al fin su tan preciada virginidad.

Parece que tantos años de castidad hicieron de Atalanta una mujer insaciable. Durante un tiempo vivió feliz con su pareja haciendo el amor en todas partes. Pero un buen día, la lascivia de los esposos llegó a tal punto que entraron en un templo de Zeus (o de Cibeles, en otras versiones) y se pusieron a fornicar en el recinto. Zeus o Cibeles, ofendidos, montaron en cólera por el sacrilegio y transformaron a la pareja en dos leones. Aparentemente, los griegos creían que los leones no se cruzaban entre sí y sólo podían aparearse con leopardos (los cachorros de león son moteados). De esa manera los condenaba a una vida separada. Finalmente los unció a su carro y los condenó a pasar el resto de la eternidad tirando de él.

Atalanta dio a luz un hijo, Partenopeo, que participó en la primera expedición de los Siete contra Tebas. A veces se dice que este niño fue fruto de su matrimonio, pero también hay leyendas que indican que es hijo de Ares o del mismo Meleagro.

Continuará…