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Canarias y los ovnis

Canarias y los ovnis

ElFenomenoOvniEnCanariasLas Islas Canarias son aún hoy, en cierta medida, un lugar exótico para quienes no viven en su territorio de siete pequeños trozos volcánicos. Y una forma de exotismo son los ovnis y sus numerosas manifestaciones en el archipiélago. Porque, tras décadas de propaganda por parte de periodistas infumables que no han aportado ni una sola prueba contrastable, Canarias acabó convirtiéndose en un “lugar mágico” por medio de una especie de resacralización petarda del terreno y la historia propiciada por gente abierta de mente y misteriófila. Se trata de individuos que, en general, parecen incapaces de distinguir entre el valor probatorio de una superstición local relacionada con alguna “casa encantada” para referirse a supuestos entes desencarnados, por ejemplo, y el de los restos fósiles de Fuerteventura como demostración de la presencia de fauna del cuaternario en la citada isla. Deben pensar que la publicidad lo puede todo y que los cuentos de vieja majadera y asustadiza, bien presentados, pueden encandilar a un concejal de cultura. Seguramente tienen razón.

Me centraré; porque yo, con permiso de Naukas, he venido a escribir de mi libro, que trata de ovnis. Cuando digo ovnis hay que entender relatos o historias personales sobre visiones de supuestos hechos o fenómenos que el testigo no supo identificar, y que bien éste, bien un periodista o un interesado etiquetó como tal. No es una definición muy precisa, como habrá notado el lector, pero eso es lo que hay. Si yo quisiera que quien me lee comprara esta moto mía le diría que en mi libro encontrará pruebas de visitas extraterrestres al planeta, al planeta canario, claro; o de indicios de fenómenos de “frontera”, “enigmáticos”, “apasionantes” y otros adjetivos de los que usan los poetastros del misterio. Pero ni de una cosa ni de otra tratan las 698 páginas que lo componen: tratan, como he dicho, de cosas o fenómenos no identificados por personas normales y corrientes –la gran mayoría, creo- que en un justo momento se dieron de bruces con algo de apariencia extraña para ellos, en el ámbito celestial o a escasa altura y distancia.

Según el común de los ufólogos (anglicismo que identifica -¡ough!- a quienes se preocupan por este asunto) esas historias se refieren claramente a un fenómeno que está ahí, ya sea extraterrestre según la mayoría, ya sea otra cosa (interdimensional, psíquico o lo que se les ocurra). Aquellos ufólogos que no son del común, como el autor, que ni siquiera sabe si eso de ser ufólogo realmente es algo, estos relatos son en gran parte creaciones de los testigos, en el sentido de que, aunque su origen resida en una percepción real, lo que llega al investigador es una versión que puede contener muchos elementos distorsionados. No estoy descubriendo pólvora alguna: es una completa obviedad que el testimonio es influido por numerosos factores. Pues, aun así, el periodismo de misterios ignora estas circunstancias deliberadamente y sobrevalora hasta extremos ridículos la palabra de quienes han visto algo “raro”, en particular la de profesionales de algunos ámbitos como la aeronáutica militar y civil y la astronomía, por razones simplonas que el lector se puede imaginar sobre la marcha.

La inmensa mayoría de los libros que sobre ovnis se publican aún hoy en día se componen de especulaciones, sugerencias e insinuaciones dirigidas a sorprender al lector. Son productos de consumo que subvienen a las necesidades culturales y emocionales de sus receptores. Son maravillas de diseño confeccionadas con retales del último medio siglo de la empresa del misterio. En El fenómeno ovni en Canarias. Desde el siglo XVIII a 1980 (Le Canarien Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 2017) no aparece material de este tipo. Mi interés por estos relatos y supuestos fenómenos lo he enfocado hacia la explicación de todo ejemplo que no superase mi capacidad. Es decir, deseo que aquellos sucesos que no he podido explicar (bólidos, estrellas fugaces, planetas, aviones en vuelo nocturno, reentradas de chatarra espacial, etc.) sean explicados por otro interesado más capacitado. Incluso si alguien lograra resolver alguno de los episodios como la aparición de extraterrestres en nuestro planeta sería un gran logro. Al fin y al cabo, es una explicación más, aunque escasamente probable. Pero no basta con la opinión, ni con la sensación, ni con afirmar públicamente la más acendrada e íntima creencia al respecto. Se necesitan pruebas, no palabrería periodística. Pero ¿para qué pedir pruebas si los aficionados creen que un vídeo fabricado por un chiflado en su desván o la parida publicitaria de un correcaminos de los ovnis lo son?

Afortunadamente, los ovnis son una leyenda intrascendente –para la salud personal y social- aunque muy significativa. Tiene una fuerte relación con cómo el gran público percibe la ciencia, la ciencia ficción, el cine y la exploración del espacio exterior, con el secretismo de los gobiernos y sus cortinas de humo, y con manifestaciones religiosas relativistas. No estamos ante proto-delincuentes como los anti-vacunas, los médicos alternativos o, en España, los fabricantes de historias regionales románticas y secesionistas, veneno cultural nada homeopático.

Ello no quita para que la ufología haya desembocado en la promoción de especies propias de manicomio, como los reptiloides, los cadáveres alienígenas guardados en la nevera del Congreso norteamericano, la astroarquología o los pactos secretos entre militares y extraterrestres. Pero el interesado puede estar tranquilo: en El fenómeno ovni en Canarias no hallará estas ocurrencias. Si acaso, algunas divertidas anécdotas sobre contactos con seres de Saturno y Urano en La Tejita, una bonita y extensa playa del sur de Tenerife al pie de Montaña Roja, junto a otras más de 300 historias cortas y largas, triviales o rebuscadas, ridículas o intrigantes. En este sentido, se trata de una obra clásica de ufología en forma de repertorio de lo que el autor conoce extraído de la prensa de los últimos setenta años, de revistas generalistas y especializadas, de la radio, de la televisión y de entrevistas personales con testigos. Como indico en la introducción, mi pretensión no es probar la existencia de ningún fenómeno inexplicable, de hecho, dudo que tal cosa exista; menos aún la furtiva presencia de seres allende el sistema solar. Ni cada una de estas anécdotas ni todas ellas juntas tienen la capacidad de probar nada, más allá de su propia naturaleza de relatos codificados en la prensa, en cuestionarios especializados y en grabaciones magnetofónicas transcritas que tienen el denominador común de haber sido etiquetados como “ovnis”. Es una muestra, lo más amplia posible, de cómo se manifestó hasta 1980 la creencia en estas islas, que no son nada mágicas, por cierto. Un segundo tomo futuro abarcará desde 1981 hasta 2015.

Como cualquier otro libro que no sea obra de periodistas mixtificadores su contenido podrá ser de interés para recopiladores del folclore contemporáneo e investigadores de las leyendas urbanas, y para toda persona que sienta curiosidad por este material cultural.

El fenómeno ovni en Canarias. Desde el siglo XVIII a 1980.

Ricardo Campo Pérez

Le Canarien Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 2017.

698 páginas.

ISBN: 978-84-947694-1-8

Puedes adquirir este libro en el siguiente enlace:

http://lecanarienediciones.com/tienda/home/160-el-fenomeno-ovni-en-canarias-desde-el-siglo-xviii-hasta-1980.html

La transmisión de energía eléctrica sin cables como medio para promover la paz

La transmisión de energía eléctrica sin cables como medio para promover la paz

Por Nikola Tesla

Electrical World and Engineer

7 de enero de 1905

La PAZ UNIVERSAL asumiendo que es confiable en todo su sentido, podría no requerir eones para su realización, por más probable que parezca, a juzgar por el crecimiento imperceptiblemente lento de todas las grandes ideas de reforma del pasado. El hombre, como masa en movimiento, es inseparable de la pereza y la persistencia en las manifestaciones de su vida, pero de esto no se deduce que cualquier fase pasajera, o cualquier estado permanente de su existencia, necesariamente deba alcanzarse a través de un proceso estataclítico de desarrollo.

Nuestras estimaciones aceptadas de la duración de las metamorfosis naturales, o cambios en general, han sido puestas en duda últimamente. Los mismos cimientos de la ciencia han sido sacudidos. Ya no podemos creer en la hipótesis de Maxwelliana de ondulaciones de éter transversales y la verdad literal de sus corolarios. La utilización práctica de las vibraciones eléctricas, este campo más importante de la actividad humana, particularmente en el avance de la filantropía y la paz, fue en gran medida retardada por esa fascinante ilusión, que desde hace mucho tiempo esperaba disipar. He observado con satisfacción las primeras señales de un cambio de opinión científica. El brillante descubrimiento de las sustancias excepcionalmente “radioactivas”, radio y polonio, por la Sra. Sklodowska Curie, también me ha proporcionado mucha gratificación personal, al ser una confirmación evidente de mis primeras demostraciones experimentales, de corrientes radiantes electrificadas de materia primaria o corpusculares emanaciones (Electrical Review, Nueva York, 1896-1897), que fueron recibidas con incredulidad. Nos han despertado del sueño poético de un transportador intangible de energía, éter sin peso y sin estructura, a la realidad palpable y llana de un medio pesado de partículas del curso, o portadores corporales de la fuerza. Nos han llevado a una interpretación radicalmente nueva de los cambios y las transformaciones que percibimos. Iluminado por este reconocimiento, no podemos decir que el Sol está caliente, la Luna está fría, la estrella es brillante, ya que todos estos podrían ser fenómenos puramente eléctricos. Si este es el caso, incluso nuestras concepciones del tiempo y el espacio pueden tener que ser modificadas.

Entonces, también, en lo que respecta al mundo orgánico, una revolución similar del pensamiento es claramente observable. En la investigación biológica y zoológica, las audaces ideas de Haensel han encontrado apoyo en descubrimientos recientes. Una creencia hereje en posibilidades tales como la producción artificial de agregados de materiales vivos simples, la creación natural espontánea de organismos complejos y el control voluntario del sexo, está ganando terreno. Todavía lo ignoramos, pero no con desdén pedante como antes. El hecho es que nuestra fe en la teoría ortodoxa de la evolución lenta está siendo destruida.

Así, un estado de vida humana definido vagamente por el término “Paz Universal”, aunque sea el resultado de un esfuerzo acumulativo a través de los siglos pasados, podría existir rápidamente, no muy diferente de un cristal que repentinamente se forma en una solución que ha sido lentamente preparada. Pero, así como ningún efecto puede preceder a su causa, este estado nunca puede ser provocado por ningún pacto entre naciones, por solemne que sea. La experiencia se realiza antes de formular la ley, ambos se relacionan como causa y efecto. Mientras seamos claramente conscientes de la expectativa de que la paz sea el resultado de tal decisión parlamentaria, siempre tendremos una evidencia concluyente de que no somos aptos para la paz. Solo entonces, cuando sentiremos que tales reuniones internacionales son meros procedimientos formales, innecesarios, salvo en la medida en que puedan servir para dar expresión concreta a un deseo común, se garantizará la paz.

A juzgar por los eventos actuales, debemos estar, todavía, muy lejos de esa dichosa meta. Es cierto que estamos avanzando hacia eso rápidamente. Hay abundantes señales de este progreso en todas partes. Las enemistades y los prejuicios raciales están decididamente disminuyendo. Un acto reciente de Su Excelencia, el Presidente de los Estados Unidos, es significativo a este respecto. Comenzamos a pensar cósmicamente. Nuestros sensores simpáticos alcanzan la tenue distancia. La bacteria del “Weltschmertz” está sobre nosotros. Hasta ahora, sin embargo, la armonía universal se ha alcanzado solo en una esfera única de relación internacional. Ese es el servicio postal. Su mecanismo está funcionando satisfactoriamente, pero ¡cuán remotos aún somos de ese respeto escrupuloso de la santidad de la bolsa de correo! ¡Y cuánto más lejos está el próximo hito en el camino hacia la paz: un servicio judicial internacional igualmente confiable que el postal!

La próxima reunión en La Haya, ahora indefinidamente pospuesta, solo puede considerar expedientes temporales. El desarme general, por el momento, está totalmente fuera de discusión, podría recomendarse una reducción proporcional. La seguridad de cualquier país y del comercio mundial depende no de la cantidad absoluta, sino relativa del material de guerra, este sería evidentemente el primer paso razonable para llevar hacia la economía y la paz universales. Pero sería una tarea desesperada establecer una base equitativa de ajuste. La población, la fuerza naval, la fuerza del ejército, la importancia comercial, el poder del agua o cualquier otro recurso natural, real o prospectivo, son estándares igualmente insatisfactorios a considerar.

En vista de esta dificultad, una medida sugerida por Carnegie podría ser adoptada por unos pocos países fuertes para asustar a todos los más débiles en la paz. Pero si bien por el momento tal curso puede parecer aconsejable, los efectos beneficiosos de este tratamiento homeopático de la enfermedad marcial difícilmente podrían ser duraderos. En primer lugar, una coalición de las principales potencias no podía dejar de crear una oposición organizada, lo que podría resultar en un desastre tanto mayor cuanto más se pospusiera. La caída definitiva de las naciones virtuosas que dictan la paz, tan cierta como la ley de la gravitación, debería ser aún más recordada, ya que sería extremadamente desmoralizante. De nuevo, de ninguna manera se demuestra que una combinación de unos pocos poderes tenga suficiente autoridad.

Conquistar por pura fuerza es cada vez más difícil cada día. La defensa es obtener continuamente la ventaja de ofensiva, a medida que avanzamos en la ciencia satánica de la destrucción. El nuevo arte de controlar eléctricamente los movimientos y operaciones de los autómatas individualizados a distancia sin cables pronto permitirá a cualquier país hacer sus costas inexpugnables contra todos los ataques navales. Es de lamentar, a este respecto, que mi propuesta a la Armada de los Estados Unidos hace cuatro años, de introducir esta invención, no haya recibido el menor aliento. También que mi oferta al Secretario Long de establecer comunicaciones telegráficas a través del Océano Pacífico por mi sistema inalámbrico fue arrojada al cesto de desechos navales en Washington, absolutamente sans facon. En ese momento ya había anunciado en la revista Century de junio de 1900, mi exitoso “anudamiento” del globo con impulsos eléctricos (ondas estacionarias), y mi “telautomata” había sido exhibido públicamente. Pero eso no fue culpa de los oficiales navales, porque entonces estos inventos míos fueron calificados como audaces y visionarios, más ruidosos por aquellos que desde entonces se convirtieron en Croesuses of Promise – en baterías “ligeras”, telefonía “Ocean” y “transatlántico” “Telegrafía inalámbrica, sin embargo, se mantuvo hasta el día de hoy – Sísifo de los logros. Si nuestra armada hubiera construido y adoptado solo algunos torpedos “telautomáticos”, la mera influencia moral de esto habría sido poderosa y beneficiosamente sentida en la presente complicación oriental. Por no hablar de las ventajas que podrían haberse obtenido mediante la transmisión directa e instantánea de mensajes a nuestras colonias distantes y escenas de los actuales conflictos bárbaros. Desde que avancé ese principio, he inventado una serie de mejoras, que permiten dirigir ese torpedo, sumergible a voluntad, desde una distancia mucho mayor que el alcance de la pistola más grande, con precisión infalible, sobre el objeto que se destruirá. Lo que es aún más sorprendente, el operador no necesitará ver el motor infernal o ni siquiera conocer su ubicación, y el enemigo no podrá interferir, en lo más mínimo, con sus movimientos por ningún medio eléctrico. Pronto se construirá uno de estos diablo-telautomata, y lo llamaré a la atención de los gobiernos. El desarrollo de este aparato debe inevitablemente detener la construcción de costosos acorazados y fortificaciones de tierra, y revolucionar los medios y métodos de guerra. La distancia a la que puede atacar, y el poder destructivo de una máquina tan cuasi inteligente que es ilimitada para todos los propósitos prácticos, el arma, la armadura del barco de guerra y el muro de la fortaleza, pierden su importancia. Uno puede profetizar con la confianza de Daniel que los hábiles electricistas resolverán las batallas del futuro cercano. Pero esto es lo menos. En su efecto sobre la guerra y la paz, la electricidad ofrece posibilidades mucho mayores y más maravillosas. Para detener la guerra solo por la perfección de los motores de la destrucción, podría consumir siglos y siglos. Se deben emplear otros medios para acelerar el final. ¿Qué son estos? Dejenos considerar.

Las luchas entre individuos, así como entre gobiernos y naciones, invariablemente resultan de malentendidos en las interpretaciones más amplias de este término. Los malentendidos siempre son causados por la incapacidad de apreciar el punto de vista de los demás. Esto nuevamente se debe a la ignorancia de los interesados, no tanto en los suyos, sino en sus campos mutuos. El peligro de un choque se ve agravado por un sentido de combatividad más o menos predominante, poseído por cada ser humano. Para resistir esta tendencia de lucha inherente, la mejor manera es disipar la ignorancia de los actos de los demás mediante una difusión sistemática del conocimiento general. Con este objeto a la vista, es muy importante ayudar al intercambio de pensamientos y relaciones sociales.

La comprensión mutua sería inmensamente facilitado por el uso de una lengua universal. Pero cuál será, es la gran pregunta. En la actualidad parece que el inglés podría ser adoptado como tal, aunque debe admitirse que no es el más adecuado. Cada idioma, por supuesto, sobresale en alguna característica. El inglés se presta a una expresión enérgica y concisa de los hechos. El francés es preciso y finamente distintivo. El italiano es probablemente el más melodioso y el más fácil de aprender. Las lenguas eslavas son muy ricas en sonido, pero extremadamente difíciles de dominar. El alemán no tiene igual en la facilidad que ofrece para acuñar y combinar palabras. Una respuesta práctica a esa pregunta trascendental debe ser forzosamente encontrada en los tiempos venideros, ya que es evidente que, al adoptar un lenguaje común, la marcha progresiva del hombre sería acelerada prodigiosamente. No creo que un brebaje artificial, como Volapuk, pueda encontrar una aceptación universal, por muy lenta que sea. Eso sería contrario a la naturaleza humana. Los idiomas han crecido en nuestros corazones. Prefiero buscar la posibilidad de una reversión de las antiguas lenguas maternas latinas o griegas, basándome en esta conclusión sobre la ley del ritmo de Spencer. Parece desafortunado que las naciones de habla inglesa, que ahora están más en forma para gobernar el mundo, mientras están dotadas de energía extraordinaria e inteligencia práctica, carecen singularmente de talento lingüístico.

Al lado del discurso, debemos considerar los registros permanentes de todo tipo como un medio para diseminar información general, o ese conocimiento del esfuerzo mutuo que es principalmente conducente a la armonía. Aquí los periódicos juegan con diferencia la parte más importante. Sin duda son más efectivos que las instituciones de aprendizaje, las bibliotecas, los museos y la correspondencia individual, todo combinado. El conocimiento que transmiten es, en general, superficial y a veces defectuoso, pero se vierte en una poderosa corriente que llega a todas partes. Sin tener en cuenta la fuerza de la invención eléctrica, la del periodismo es la más importante para instarnos a la paz. Nuestras escuelas son instrumentales, principalmente, en el fomento de un conocimiento profundo especial en nuestros propios campos, que es destructivo de la concordancia. Un mundo compuesto de groseros especialistas solo estaría perpetuamente en guerra. La difusión del conocimiento general a través de bibliotecas y fuentes de información similares es muy lenta. En cuanto a la correspondencia individual, es principalmente útil como un ingrediente indispensable del cemento de interés comercial, ese material vinculante más poderoso entre masas heterogéneas de la humanidad. Sería difícil sobreestimar la influencia beneficiosa del arte maravilloso y preciso de la fotografía, y tampoco se puede ignorar el de otras artes o medios de grabación. Pero una simple reflexión mostrará que la fuerza de pacificación de todos los registros permanentes, impresos u otros, reside no en sí mismos. Debe buscarse en otro lado. Esto también es cierto para el habla.

Nuestros sentidos nos permiten percibir solo una pequeña porción del mundo exterior. Nuestro tacto, gusto y olor requieren contacto real. Nuestra audiencia se extiende a una pequeña distancia. Nuestra vista se ve obstaculizada por cuerpos y sombras intermedios. Para conocernos debemos ir más allá de la esfera de nuestras percepciones sensoriales. Debemos transmitir nuestra inteligencia, viajar, transportar los materiales y transferir las energías necesarias para nuestra existencia. Siguiendo este pensamiento, ahora nos damos cuenta, por la fuerza suficiente para prescindir del argumento, que, de todas las demás conquistas del hombre, sin excepción, lo que es más deseable, lo que sería más útil en el establecimiento de relaciones pacíficas universales, es la completa ANIQUILACIÓN DE LA DISTANCIA.

Para lograr esta maravilla, la electricidad es el único medio. Ya se ha hecho un bien inestimable mediante el uso de este agente todopoderoso, cuya naturaleza sigue siendo un misterio. Nuestro asombro por lo que se ha logrado sería incontrolable si no fuera controlado por la expectativa de mayores milagros por venir. Ese, el más grande de todos, se puede ver en tres aspectos: diseminación de inteligencia, transporte y transmisión de energía.

Refiriéndose al primero, los sistemas actuales de comunicación telegráfica y telefónica tienen un alcance muy limitado. Los canales conductores son costosos y de poca capacidad de trabajo. Hay graves perturbaciones inductivas, y las tormentas vuelven inseguro el servicio, que, además, es demasiado caro. Una gran mejora se realizará colocando los cables bajo tierra y aislándolos artificialmente mediante refrigeración. Su capacidad de trabajo también podría incrementarse indefinidamente recurriendo al nuevo principio de “individualización”, que más recientemente he anunciado, que permite la transmisión simultánea de miles de mensajes telegráficos y telefónicos, sin interferencia, por un único cable. El público ya se estaría beneficiando de estos grandes avances si no fuera por la impasible indiferencia de las principales compañías dedicadas a la transmisión de inteligencia. Pero nuevas preocupaciones están surgiendo y el futuro cercano será testigo de una gran transformación a lo largo de estas dos líneas de invención. Los cables submarinos están sujetos a limitaciones aún mayores. Algunos obstáculos para la señalización rápida, a través de ellos, parecen insuperables. Los intentos de superar estos han sido numerosos, pero hasta ahora todos han demostrado ser inútiles. El célebre matemático, O. Heaviside, y varios electricistas hábiles siguiendo sus pasos, han caído en el error singular de que la telegrafía rápida e incluso la telefonía a través de cables oceánicos serían factibles mediante el uso de bobinas de inducción. Las inducciones pueden ser útiles en cierta medida en líneas comparativamente cortas con aislamiento de papel; en líneas largas aisladas con caucho o gutapercha, serían positivamente perjudiciales. Sin lugar a dudas, se realizarán mejoras, pero la gran capacidad electrostática y la inevitable pérdida de energía en el aislamiento y los conductores circundantes siempre restringirán la utilidad de estos delicados y preciosos nervios del comercio. Además de todo esto, la transmisión a través de conductores artificiales se limita necesariamente a un pequeño número de estaciones.

Por lo tanto, es evidente que la abolición de todos estos inconvenientes mediante el envío de señales o mensajes sin cables, como lo he emprendido en mi telegrafía y telefonía “mundial”, será el momento más importante en el fomento de la paz. La influencia unificadora de este avance se sentirá aún más, ya que no solo aniquilará por completo la distancia, sino que también posibilitará operar desde una única planta de telegrafía “mundial”, un número ilimitado de estaciones receptoras distribuidas por todo el mundo, y con la misma facilidad, independientemente de la ubicación. Dentro de unos años, un dispositivo simple y económico, fácil de transportar, le permitirá a uno recibir en tierra o mar las noticias principales, escuchar un discurso, una conferencia, una canción o tocar un instrumento musical, transmitido desde cualquier otra región del mundo. La invención también satisfará la necesidad urgente de transmisión barata a grandes distancias, más especialmente sobre los océanos. La pequeña capacidad de trabajo de los cables y el costo excesivo de los mensajes son ahora un impedimento fatal en la inteligencia de difusión que solo puede eliminarse mediante la transmisión sin cables.

Las deficiencias de la telegrafía hertziana han creado en la opinión pública la impresión de que los mensajes exclusivos o privados sin el uso de canales artificiales son impracticables. Como cuestión de hecho, nada podría ser más erróneo. Desde su primera aparición en 1891, he denegado las posibilidades comerciales del sistema de señalización por ondas hertzianas o electromagnéticas, y mis pronósticos han sido totalmente confirmados. Se presta poco para ajustarse aún menos a los artificios superiores de “individualización”, y la transmisión a distancias considerables está totalmente fuera de discusión. Hace tres años se hicieron afirmaciones portentosas para este método de comunicación, pero no han podido soportar la prueba dura y cruel del tiempo. Además, recientemente, a través de la principal revista eléctrica británica (Electrician, Londres, 27 de febrero de 1903), descubrí que algunos experimentadores han abandonado sus propios métodos y se han “convertido” a mis métodos y dispositivos sin mi aprobación ni mi oficio. Estaba asombrado y dolido, asombrado por la despreocupación y la falta de aprecio de estos hombres, dolido por la incapacidad exhibida en la construcción y el uso de mi aparato. Sin embargo, aún no me he dado cuenta de mis grandes esperanzas planteadas por ese excelente periódico, porque me he cerciorado de que Su Majestad el Rey de Inglaterra, Su Excelencia el Presidente de los Estados Unidos y otras personas de posiciones exaltadas no tienen, después de todo, me confirieron el honor imperecedero de ser gentilmente condescendiente con el uso de mis bobinas, transformadores y métodos de transmisión de alto potencial, pero he intercambiado sus augustos saludos por medio de un cable a la vieja usanza. Lo que se ha logrado realmente con la telegrafía hertziana solo puede conjeturarse.

Existen condiciones bastante diferentes en mi sistema en el que las ondas electromagnéticas o radiaciones están minimizadas, la conexión de uno de los terminales del circuito transmisor al suelo tiene, en sí, el efecto de reducir la energía de estas radiaciones a aproximadamente la mitad. Bajo la observación de reglas y artificios apropiados, la distancia es de poca o ninguna consecuencia, y mediante la hábil aplicación del principio de “individualización”, mencionado repetidamente, los mensajes pueden hacerse no interferentes y no interferibles. Esta invención, que he descrito en publicaciones técnicas, intenta imitar, de una manera muy cruda, el sistema nervioso en el cuerpo humano. Fue el resultado de pruebas prolongadas que demostraban la imposibilidad de satisfacer los requisitos comerciales rigurosos de mi sistema anterior, basado en una sintonía simple, en la que la calidad selectiva depende de una sola característica distintiva. En esta mejora posterior, la exclusividad y la no interferibilidad de los impulsos transmitidos a través de un canal común resultan de la asociación cooperativa de una serie de elementos distintivos, y pueden empujarse tanto como se desee. En la práctica real se encuentra que, al combinar solo dos vibraciones o tonos, se alcanza un grado de privacidad suficiente para la mayoría de los propósitos. Cuando se combinan tres vibraciones, es extremadamente difícil, incluso para un experto, leer o alterar señales que no están destinadas para él, con cuatro es una tarea vana, la probabilidad de que obtenga las combinaciones secretas en los momentos correctos y en el orden correcto, es mucho más pequeña que el de tener un ambón, terno o quaterno, respectivamente, en una lotería. A partir de hechos experimentales, llego a la conclusión de que la invención permitirá la transmisión simultánea de varios millones de mensajes distinguibles por separado a través de la Tierra, que, curiosamente, es en este aspecto muy superior a un conductor artificial. Este número debería ser suficiente para satisfacer todas las necesidades urgentes de la transmisión de inteligencia durante al menos un siglo por venir. Es importante observar que una sola planta de telegrafía “mundial”, como la que ahora estoy completando, tendrá una gran capacidad de trabajo que todos los cables oceánicos combinados. Una vez que se reconocen estos hechos, este nuevo aparato, que estoy inaugurando, barrerá el mundo con la fuerza de un huracán.

En el transporte, un gran cambio está sucediendo ahora. Las autopistas de carros se están extendiendo, la locomotora de vapor está haciendo lugar para el motor eléctrico. Los transatlánticos están adoptando la turbina. El automóvil está mejorando los viajes por tierra. Las cascadas están siendo aprovechadas y la energía utilizada en la propulsión de los automóviles. Las ventajas de generar electricidad por primera vez y luego aplicar la corriente para producir movimiento mecánico son cada vez más apreciadas. Para la mayoría, esto puede parecer una manera indirecta de hacer, pero en realidad es tan directo como conducir una polea de otro por un cinturón. La idea ya se está aplicando a los ferrocarriles, y los automóviles de este nuevo tipo están apareciendo. Los barcos del océano están obligados a seguir. Se abrirá así un campo inmenso y virgen para los fabricantes de maquinaria eléctrica. El esfuerzo para ahorrar tiempo y dinero es característico de todos los métodos modernos de transporte. En muchos de estos nuevos desarrollos, el aislamiento artificial de la red de alta tensión mediante refrigeración será muy útil. Sin embargo, paradójico, es cierto que mediante el uso de esta invención, la potencia para todos los fines industriales puede transmitirse a distancias de muchos cientos de millas, no solo sin ninguna pérdida, sino con una apreciable ganancia de energía. Esto se debe al hecho de que el conductor es mucho más frío que el medio circundante. La operatividad de este método está restringida al uso de un refrigerante gaseoso, sin un líquido conocido que permita alcanzar una temperatura suficientemente baja de la línea de transmisión. El hidrógeno es, con mucho, el mejor agente refrigerante para emplear. Por su uso, los ferrocarriles eléctricos se pueden extender a cualquier distancia deseada. Debido a la pequeñez de la pérdida óhmica, las objeciones al sistema multifásico desaparecen y se pueden adoptar motores de inducción con armaduras de bobina cerradas. Encuentro que incluso la transmisión a través de un cable submarino, como de Suecia a Inglaterra, de grandes cantidades de potencia es perfectamente practicable. Pero la solución ideal del problema del transporte llegará cuando la completa aniquilación de la distancia en la transmisión de la energía en grandes cantidades se haya convertido en una realidad comercial. Ese día invadiremos el dominio del pájaro. Cuando se resuelva el problema de la navegación aérea, que ha desafiado sus intentos durante siglos, el hombre avanzará con pasos gigantes.

Esa energía eléctrica puede ser transmitida económicamente sin cables a cualquier distancia terrestre. Lo he establecido inconfundiblemente en numerosas observaciones, experimentos y mediciones, cualitativas y cuantitativas. Estas han demostrado que es posible distribuir energía desde una planta central en cantidades ilimitadas, con una pérdida que no excede una pequeña fracción de uno por ciento, en la transmisión, incluso a la mayor distancia, doce mil millas, al extremo opuesto del mundo. Esta hazaña aparentemente imposible ahora puede ser ejecutada fácilmente por cualquier electricista familiarizado con el diseño y la construcción de mi “transmisor de aumento de alto potencial”, el aparato eléctrico más maravilloso del que tengo conocimiento, permitiendo la producción de efectos de intensidades ilimitadas en la Tierra y su ambiente ambiental Es, esencialmente, un circuito secundario de vibración libre de longitud definida, auto inducción muy alta y resistencia pequeña, que tiene uno de sus terminales en conexión íntima directa o inductiva con el suelo y el otro con un conductor elevado, y sobre el cual el oscilaciones eléctricas de un circuito primario o excitado están impresionados bajo condiciones de resonancia. Para dar una idea de las capacidades de este maravilloso artefacto, puedo afirmar que he obtenido, por su medio, descargas de chispa que se extienden a más de cien pies y transportan corrientes de mil amperios, fuerzas electromotrices que se aproximan a los veinte millones de voltios, químicamente activas serpentinas que cubren áreas de varios miles de pies cuadrados, y las perturbaciones eléctricas en los medios naturales superan a las causadas por los rayos, en intensidad.

Sea lo que sea que pueda traer el futuro, la aplicación universal de estos grandes principios está completamente asegurada, ya que puede tardar mucho en llegar. Con la apertura de la primera planta de energía, la incredulidad dará paso a la admiración, y esto a la ingratitud, como siempre. El tiempo no es distante cuando la energía del agua que cae será la energía de la vida del hombre. Hasta ahora, mi sistema de transmisión de corriente alterna solo ha aprovechado unos tres millones de caballos de fuerza. Esto es poco, pero corresponde, sin embargo, a la adición de sesenta millones de trabajadores infatigables, que trabajan virtualmente sin alimentos ni sueldos, para la población mundial. Los proyectos que me han llamado la atención, sin embargo, contemplan la explotación del poder del agua sumando algo así como ciento cincuenta millones de caballos de fuerza. Si se llevan a cabo en un cuarto de siglo, como parece probable a partir de las indicaciones actuales, habrá, en promedio, dos trabajadores incansables para cada individuo. Mucho antes de esta consumación, el carbón y el petróleo deben dejar de ser factores importantes en el sustento de la vida humana en este planeta. Debe tenerse en cuenta que la energía eléctrica obtenida mediante el uso de una cascada es probablemente cincuenta veces más efectiva que la energía del combustible. Como esta es la forma más perfecta de hacer disponible la energía del Sol, la dirección del futuro desarrollo material del hombre está claramente indicada. Vivirá de “carbón blanco”. Como un bebé al pecho de la madre, se aferrará a su cascada. “Danos nuestra cascada diaria” será la oración de las próximas generaciones. ¡Deus futurus est deus aquae deiectus!

Pero el hecho de que las ondas estacionarias son producibles en la Tierra es de especial y, en muchos sentidos, aún más importante en el desarrollo intelectual de la humanidad. Popularmente explicado, tal ola es un fenómeno genéricamente similar a un eco, un resultado de la reflexión. Proporciona una evidencia experimental positiva e incontrovertible de que la corriente eléctrica, después de pasar a la Tierra, viaja a la región diametralmente opuesta de la misma y, rebotando desde allí, vuelve a su punto de partida con una fuerza virtualmente no disminuida. Las corrientes de salida y retorno chocan y forman nodos y bucles similares a los observables en una cuerda vibrante. Para recorrer toda la distancia de aproximadamente veinticinco mil millas, igual a la circunferencia del globo, la corriente requiere un cierto intervalo de tiempo, que he determinado aproximadamente. Al ceder este conocimiento, la naturaleza ha revelado uno de sus secretos más preciados, de consecuencias inestimables para el hombre. Tan asombrosos son los hechos en relación con esto, que parecería que el Creador, él mismo, había diseñado eléctricamente este planeta solo con el propósito de permitirnos alcanzar maravillas que, antes de mi descubrimiento, no podrían haber sido concebidas por la imaginación más salvaje. Se dará un relato completo de mis descubrimientos y mejoras al mundo en un trabajo especial que estoy preparando. Sin embargo, en la medida en que se relacionan con los usos industriales y comerciales, se darán a conocer en la especificación de la patente más cuidadosamente elaborada.

Como lo mencioné en un artículo reciente (Electrical World and Engineer, 5 de marzo de 1904), desde hace algún tiempo estoy trabajando en el diseño de una planta de energía que debe transmitir diez mil caballos de fuerza sin cables. La energía se recogerá en toda la Tierra en muchos lugares y en cantidades variables. No debe entenderse que la realización práctica de esta empresa está necesariamente lejos. Los planes podrían finalizarse fácilmente este invierno, y si se pudiera realizar algún trabajo preliminar sobre los cimientos, la planta podría estar lista para funcionar antes del cierre del próximo otoño. Queremos tener a nuestra disposición una máquina única e invaluable. Solo este oscilador avanzaría al mundo un siglo. Su influencia civilizadora sería sentida incluso por el habitante más humilde del desierto. Millones de instrumentos de todo tipo, para todos los propósitos imaginables, podrían ser operados desde esa máquina. El tiempo universal podría ser distribuido por relojes económicos y sencillos que no requieren atención y funcionan con una precisión casi matemática. Stock-tickers, movimientos sincrónicos e innumerables dispositivos de este carácter podrían trabajarse al unísono en toda la Tierra. Se pueden proporcionar instrumentos para indicar el curso de un buque en el mar, la distancia recorrida, la velocidad, la hora en cualquier lugar en particular, la latitud y la longitud. De este modo, se pudieron obtener ventajas comerciales incalculables y se evitaron innumerables accidentes y desastres. Aquí y allá puede iluminarse una casa o algún otro trabajo que requiera un poco de poder de caballos. Lo que es mucho más importante que esto, las máquinas voladoras podrían manejarse en cualquier parte del mundo. Podrían hacerse viajar rápidamente debido a su pequeño peso y gran poder motriz. Mi intención sería utilizar esta primera planta más bien como medio de iluminación, para recolectar su poder en cantidades muy pequeñas y en tantos lugares como sea posible. El conocimiento de que hay un latido de la energía de la Tierra disponible en todas partes, ejercería un fuerte estímulo sobre los estudiantes, mecánicos e inventores de todos los países. Esto sería productivo de infinito bien. La manufactura recibiría un incentivo fresco y poderoso. Se producirán condiciones, como nunca antes existieron en el comercio. El suministro sería siempre inadecuado para la demanda. Las industrias de hierro, cobre, aluminio, alambre aislado y muchas otras, no podían dejar de obtener grandes y duraderos beneficios de este desarrollo.

La transmisión económica de energía sin cables es de una importancia que sobrepasa al hombre. Por sus medios ganará el dominio completo del aire, el mar y el desierto. Le permitirá prescindir de la necesidad de extraer, bombear, transportar y quemar combustible, y así eliminar innumerables causas de desechos pecaminosos. Por sus medios, obtendrá en cualquier lugar y en cualquier cantidad deseada, la energía de las cascadas remotas – para conducir su maquinaria, para construir sus canales, túneles y carreteras, para fabricar los materiales de su deseo, su ropa y comida, para calentar e iluminar su casa – año tras año, siempre y para siempre, de día y de noche. Hará que el glorioso Sol viviente sea su esclavo obediente y trabajador. Traerá paz y armonía en la Tierra.

Han transcurrido más de cinco años desde aquella providencial tormenta eléctrica del 3 de julio de 1899, de la que ya dije en el artículo antes mencionado, y mediante la cual descubrí las ondas estacionarias terrestres: casi cinco años desde que realicé el gran experimento que, en ese día inolvidable, el Dios oscuro del Trueno me mostró misericordiosamente en su vasto y aterrador laboratorio. Pensé entonces que tomaría un año establecer comercialmente mi plancha inalámbrica en todo el mundo. ¡Ay! mi primera planta de “telegrafía mundial” aún no se ha completado, su construcción ha progresado lentamente durante los últimos dos años. Y esta máquina que estoy construyendo no es más que un juguete, un oscilador de una actividad máxima de solo diez millones de caballos de fuerza, justo lo suficiente para arrojar a este planeta a temblores débiles, por señal y palabra, a telégrafo y teléfono. ¡Cuándo veré completada esa primera planta de energía, ese gran oscilador que estoy diseñando! ¡De la cual una corriente más fuerte que la de una máquina empuñando, bajo una tensión de cien millones de voltios, debe apresurarse a través de la Tierra! Que entregará energía a razón de mil millones de caballos de fuerza – cien Cataratas del Niágara combinadas en una, golpeando el Universo con golpes, que despertarán de su sueño, los electricistas más soñolientos, si es que hay alguno, en Venus o Marte… No es un sueño, es una simple hazaña de la ingeniería eléctrica científica, solo costoso: ¡un mundo ciego, débil y dubitativo! … La humanidad aún no está lo suficientemente avanzada como para estar dispuesta a guiarse por el penetrante sentido de búsqueda del descubridor. ¿Pero quién sabe? Tal vez es mejor en este mundo actual que una idea o invención revolucionaria, en lugar de ser ayudada y acariciada, sea obstaculizada y maltratada en su adolescencia, por falta de medios, por interés egoísta, pedantería, estupidez e ignorancia: que ser apegada y sofocada: que pase por amargas pruebas y tribulaciones, a través de la lucha despiadada de la existencia comercial. Entonces, obtenemos nuestra luz. Así que todo lo que fue grandioso en el pasado fue ridiculizado, condenado, combatido, reprimido, solo para emerger más poderosamente, y aún más triunfalmente de la lucha.

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