La versión de Valentina

EXTRATERRESTRES ANTE LAS CÁMARAS, VOL 4[1]

CAPÍTULO 1

LA VERSIÓN DE VALENTINA

ValentinaDanzandonew5Hoy en día Valentina vive en Argentina, donde está la sede de la secta. De los seis detenidos, dos están en prisión, tres huyeron (se sospecha que uno de ellos está muerto) y Valentina fue exonerada.

La vidente escribió un nuevo libro «Memorias», en el que da su versión de los hechos. Se trata de su autobiografía contada en 40 capítulos que van desde su ingreso a una escuela de monjas hasta su salida de prisión. La parte esencial se plantea en las primeras páginas:

 

«Hechos diversos

 

«Sinopsis

 

«A principios de Julio (1992) estábamos en preparativos para viajar, cuando me horrorizo al ver por televisión un hombre confesando un crimen cometido, por él y otros, en un ritual macabro en El que sacrificaron a un niño. ¿Dónde? en Guaratuba, playa en La cual habíamos estado después Del acontecimiento.

 

«Los medios se ocupaban del asunto y divulgaron la barbarie, también por ser los acusados la esposa e hija del intendente de la época, y me parece que cuatro más.

 

«Me avisan que la policía Civil había invadido nuestra residencia»¦ ¡Se iniciaban las perversas y manipuladas persecuciones!

 

«Digo por teléfono que retornaríamos de inmediato»¦ El abogado es categórico en que no lo hiciéramos pues nuestras vidas no estaban garantizadas.

 

«Un grupo de personas, liderado por el sacerdote de una iglesia situada cerca, en conjunto con beatas seguidoras de los 10 nuevos Mandamientos de ellos (así me confesó una arrepentida) organizaron una marcha frente a mi hogar, cargando carteles, gritando ¡MALDITOS ASESINOS! BRUJOS DESGRACIADOS, pidiendo nuestras muertes y arrojando bombas caseras que casi incendian la casa, donde sabían que había personas que corrían en pánico pidiendo socorro.

 

«Un alucinado dispara tiros que perforan vidrios, paredes y piezas del caro mobiliario que conservo como prueba del atentado.

 

«Y los noticieros hicieron que el escándalo se volviese titular sensacionalista en los medios de comunicación donde directamente nos denominaron BRUJOS, ASESINOS y más, atribuyéndonos las bestialidades cometidas en Guaratuba»¦ Y por si fuera «poco», inventaron un epíteto: SECTA SATÁNICA[2].

 

«Nunca tantos hablaron tanto y tan mal»¦ de inocentes.

 

Valentina2«Aún sacudidos por los trastornos y humillaciones sufridas, en 1993 fuimos alertados por rumores que surgían de Altamira y Belém, envolviendo mi nombre bajo infundadas acusaciones de que yo había asesinado niños en Altamira.

 

«Los abogados trabajaban incansablemente en combatir las calumnias, mientras que yo, mis familiares y amigos sufríamos nuevas desesperaciones y tribulaciones. En marcha de la causa, más de diez largo años se arrastraron, donde mi tranquilidad dejó de existir, acrecentada por la viudez. Tiempo después me casé nuevamente.

 

«Fui citada por el tribunal de Belém para notificarme de la fecha del juicio, viajando entonces con mi marido. En el camino nos hospedamos en un Hotel de Sao Paulo.

 

«Delante del juez respondo las preguntas de rigor, e imaginen mi asombro al escuchar (no recuerdo las palabras exactas): por haberse hospedado con nombre falso e intento de fuga; decreto su prisión.

 

«El «˜falso»™ nombre era el apellido de mi marido, y la fuga tampoco existió. Así a los 71 años de vida, comprobadamente digna, estuve durante meses confinada en un calabozo. Me abstengo aquí de comentarios acerca de los horrores vividos.

 

«Fui transferida a un presidio masculino bajo pretexto de que, quedándome a solas en una sala, podría prepararme para el juicio. Mis abogados y mi marido desconocían el hecho. Allá, de entre tantas ya acumuladas agresiones psicológicas, alguien profiere:

 

«Quiero verlos (a los abogados) si consiguen deshacer las pruebas contundentes que existen contra usted»»¦ «˜¿Va a decirme que no tuvo nada que ver con aquellos niños?»™»¦ Hubo fuerte tentativa de impedir mi comparecencia al juzgamiento, lo que vehementemente repudié. ¿Parece un contrasentido? Se trataba de una trampa.

 

«Al inicio Del juicio oral y público (que duró 17 días) me es dado el derecho de hablar. Con toda la sinceridad de una inocente, en voz alta y clara, hice el juramento: «˜Nunca más quiero ver a mi marido, hijo o amigos, a no ser en féretros, si tuviera algo que ver con lo que me acusan»™.

 

«En realidad, ignoraba la extensión de las acusaciones, que me dejaron pasmada cuando supe. Omito detallarlas, salvo la inexistencia de cualquier indicio, prueba material o testimonial; mientras que a mi favor figuran más de 20,000 hojas, varios testigos, videos y documentos que también comprueban que durante años fui rigurosamente investigada por las Policías civiles, Militar, Federal, SICRIDE, INTERPOL y SIDE. Obviamente, NADA CONSTA en detrimento de mi persona.

 

«Exhausta por El cúmulo de las perversidades que sufrí, momentos antes de ser dictada la sentencia, frente a un oficial y mirando hacia lo alto, digo con precisión: «˜PADRE, NO TE PIDO MILAGRO Y SÍ: ¡JUSTICIA!»™

 

Valentina3«Enjugué las constantes lágrimas, respiré hondo, e irguiendo la cabeza, entré. Pregunto ahora: ¿Alguien que fuese culpable, pediría por JUSTICIA? ¿O pediría perdón y ayuda?

 

«Y SE HIZO JUSTICIA.

 

«05-12-2003»


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[2] Correctas o erróneas las sospechas, no iba a perderme la oportunidad de que, ya que esta vez no eran noticia extraterrestre, sino policial, pudiera desquitarme de unas cuántas cosas. Cosas que me habían llevado a hacerles severas advertencias cuando estuve, cuando me estaba por ir y cuando ya me había ido. Entonces, en la Argentina y en Brasil declaré a la prensa y a la policía todo lo que pudiera ser útil. Algunos de mis aportes no venían al caso de lo que la justicia quería esclarecer, pero a mí me servían para alertar a la gente sobre la inconveniencia de entrar en esa secta (era previsible que se declarara inocente a esta gente y que pudieran valerse de eso para seguir captando adeptos, así que mi testimonio al menos terminaría sirviendo para prevenir a muchos). Pero al no haber aportado datos que inculparan a Valentina como secuestradora y asesina de niños, una periodista brasileña me preguntó por qué la defendía, no entendiendo que mis acusaciones eran muy claras, pero en otra dirección, no precisamente la que la prensa brasileña y la policía pretendían seguir, desviando hacia el L.U.S. la culpabilidad en los casos criminales en cuestión. Poco antes de haber ido a investigarlos in situ, donde llegué a hablar con la madre del niño desaparecido Leandro Bossi, charlando con policías en Curitiba, me recomendaron que no fuera al balneario, porque como mi cara era conocida allí por las notas periodísticas, yo podría peligrar. Fui de todos modos, y no me explicaba cómo podría estar en peligro un denunciante que va a la prensa y a la policía a testificar. Pero la cosa me quedó muy clara cuando fui a uno de mis lugares habituales de negocios en Brasil desde hacía años: los que me conocían bien seguían siendo amables, pero me advertían que otras personas sospechaban que yo estaba involucrado en los crímenes. En la puerta del cuarto que rentaba puse una guadaña que había encontrado tirada, con un papel que decía «Sangue» (me hice un corte para mancharlo) y «Cabello de uma vitima», con un mechón pegado, que me corté. Aunque algunos niños quedaron perplejos, ni la dueña del lugar ni los vecinos parecieron horrorizarse, sino que más bien hubo risas, dadas mis habituales bromas y excentricidades. Pero no me daba cuenta de que con ese mensaje terminaría por convertirme en sobreviviente a un posible linchamiento popular. Cuando ya me iba, una nena con varios amiguitos se me acercó, varios pasos delante de ellos, diciendo: «Ellos te tienen miedo, porque dicen que»¦» e hizo un gesto de degollar. Saqué un cuchillo de la mochila y salieron todos corriendo, menos ella; hasta creo que le causó gracia. Luego saqué una cámara que pareció asustarlos más todavía: no fuera cosa que los pinchara con alfileres en la foto. En ella registré unos niños alejándose a la carrera. Dejé de frecuentar la ciudad por dos años, la cosa se calmó, pero todavía al tercero algo había quedado: vi parada a diez metros una mujer resguardando de mí a su hijo. Saqué una navaja fingiendo limpiarme las uñas y le sonreí a la señora con gesto malvado. El pánico se apoderó de su mirada, y yo disfrutaba: ya me hartaba la ignorancia llevada hasta ese punto. Y todavía hay quienes dicen que me fui de Sudamérica huyendo por todo aquel asunto, que a esas fechas era caso cerrado con los culpables presos y el L.U.S. declarado ajeno a la cuestión. Qué bueno sería que así como fallidamente volvieron contra Valentina cuando yo ya estaba en México, reabrieran todas las causas criminales terminadas en amnistías, absoluciones, excarcelaciones y «prescripciones» de terroristas asesinos de los años «™70, que hoy gobiernan la Argentina y que son enaltecidos en círculos académicos europeos. (Nota de Clomro).

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