El costo de la “libertad duradera”

ESCRUTINIO

El costo de la «libertad duradera»[1]

Juan José Morales

Creo que nadie con dos dedos de frente se alegrará de que Estados Unidos esté desde hace más de una década empantanado en Afganistán en una guerra que no puede ganar pero de la cual «”según Obama»” se va a desentender en 2014 mediante el sencillo expediente de retirar sus tropas de combate de aquel país y dejar que el gobierno afgano «”impuesto por Estados Unidos»” se rasque con sus propia uñas. El único apoyo que le brindarán será mediante ataques con aviones sin piloto teledirigidos desde una cómoda consola de control en Estados Unidos.

Digo que nadie con un mínimo de sensatez puede alegrarse de ello, porque tal como están las cosas, una derrota norteamericana en aquel rincón del mundo significaría el retorno al poder de los llamados talibanes, fanáticos fundamentalistas religiosos cuya mentalidad y forma de proceder quedaron de manifiesto hace unos días en el escalofriante video que recorrió el mundo y en el cual se muestra la ejecución en público y a sangre fría, acribillada a balazos por la espalda, de una infeliz mujer acusada de haber violado la ley islámica por mantener relaciones sexuales fuera de matrimonio.

clip_image002La traducción del texto de esta caricatura, publicada en un diario norteamericano sería: «Tu puedes tener los relojes, pero nosotros tenemos el tiempo (antiguo proverbio afgano)». Alude al estancamiento que por más de una década han sufrido el ejército norteamericano y sus aliados en Afganistán, de donde deberán retirarse dentro de dos años sin haber podido lograr la victoria contra los talibanes.

Ese es el tipo de ley y de gobierno que sufrieron los afganos durante los años que fueron gobernados por los talibanes y que restablecerían si nuevamente conquistan el poder. Y lo grave del caso es que se sienten capaces de lograrlo, pues «”como hemos señalado en esta columna»” ese movimiento es una especie de Frankenstein creado y fortalecido por los propios Estados Unidos en tiempos de la guerra fría para derrocar al gobierno revolucionario que tomó el poder en 1978 y trató de desarrollar y modernizar aquel atrasado país con apoyo de la Unión Soviética.

No vamos a entrar en detalles sobre cómo finalmente los talibanes, tras triunfar en 1996, se volvieron contra el gobierno de Washington ni cómo éste tuvo que invadir Afganistán en 2001 para derrocarlos. El hecho es que a diez años de la invasión, y tras haber gastado 400 mil millones de dólares en la aventura, el ejército norteamericano no ha podido acabar con ellos. Ni podrá hacerlo el ejército afgano, al cual quiere encargarle la tarea.

El problema es doble: por un lado, ese ejército nativo está minado por la corrupción, la incompetencia, el analfabetismo «”80% de los soldados no saben leer ni escribir o lo hacen a duras penas»”, las deserciones «”uno de cada cuatro abandona las filas cada año»” y la drogadicción. Ello sin contar con que está infiltrado por los talibanes. Por otro lado, la superioridad en armamento, equipo y municiones del ejército norteamericano y el afgano, de nada sirven frente a las constantes emboscadas y los cada vez más frecuentes ataques con primitivas pero eficaces bombas elaboradas a base de fertilizante, madera y viejos explosivos tomados al enemigo o remanentes de los que durante años Estados Unidos suministró generosamente a los propios talibanes para atacar a las fuerzas del gobierno apoyado por los soviéticos.

Y por si todo eso no fuera suficiente, el gobierno afgano, impuesto por Estados Unidos a través de unas elecciones todavía más sucias que las mexicanas «”lo cual ya es mucho decir»” es totalmente incompetente y corrupto.

Se estima que millón y medio de afganos han muerto ya en esta interminable guerra. Si se considera que el país tiene menos de 30 millones de habitantes, ello equivale a que en una situación similar en México tuviéramos cinco millones de muertos. Y no hay la menor esperanza de que la carnicería vaya a terminar, porque ni los talibanes ni el gobierno afgano tienen posibilidades de triunfar, como no pudieron lograrlo el ejército norteamericano y las tropas de 37 países que lo acompañaron en la invasión de 2011, pomposamente denominada Operación Libertad Duradera.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 25 de julio 2012. Reproducción autorizada por Juan José Morales

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