Un breve recuento de matanzas

ESCRUTINIO

Un breve recuento de matanzas[1]

Juan José Morales

Comentábamos hace una semana en esta columna que las matanzas no son cosa nueva en México. Vienen ocurriendo desde hace tiempo «”mucho tiempo»”, a ciencia y paciencia del gobierno, que confía en que pronto sean olvidadas, tanto por la volatilidad de la memoria popular como por la frecuencia con que ocurren y que ha ocasionado que la gente comience a aceptarlas como hechos cotidianos, como parte de lo que podría considerarse la vida normal del país.

clip_image001La búsqueda de los 43 estudiantes desaparecidos ha hecho que escenas como esta se hayan vuelto cotidianas en México, pues por como resultado de las indagatorias, por todas partes aparecen cadáveres sepultados en fosas clandestinas en Guerrero. Pero uno se pregunta si hubieran sido descubiertos de no haber sido por esa circunstancia, y cuántas más de tales fosas existen en los demás estados azotados por la violencia.

Hoy «”aunque pueda parecer recuento de nota roja»” haremos un somero repaso de algunas de las más sonadas. Y no es necesario remontarnos muy atrás en el tiempo. No vamos a recordar la de Tlatelolco, cuyo saldo se desconoce pero fue probablemente de 200 muertos, ni la cometida por los «halcones» de Echeverría el 10 de junio de 1970, con alrededor de 100 muertos. Tan solo entre las registradas en los últimos 20 años pueden mencionarse las siguientes:

La matanza en el vado de Aguas Blancas el 28 de junio de 1995, cuando la policía de Guerrero, entonces gobernado por el siniestro Rubén Figueroa Alcocer, asesinó a 17 miembros de la Organización Campesina de la Sierra del Sur.

La matanza de Acteal «”22 de diciembre de 1997″” en esa población chiapaneca del municipio de Chenalhó. Cayeron bajo las balas de los sicarios paramilitares 45 muertos, inclusive niños y mujeres embarazadas. El gobierno de Zedillo «”que estaba detrás de los asesinos»” metió a la cárcel a unos cuantos chivos expiatorios que tuvieron que ser posteriormente liberados. Nunca se castigó a los verdaderos culpables.

La matanza de Villas de Salvarcar en Chihuahua, donde «”el 31 de enero de 2010″” una fiesta juvenil en que se habían congregado unos 60 estudiantes fue atacada por presuntos narcotraficantes. Saldo: 16 muertos y 12 heridos graves, todos ellos de entre 16 y 20 años de edad. El gobierno se lavó las manos atribuyendo el crimen a «un ajuste de cuentas» entre narcos. Tampoco se castigó a nadie.

Las tres matanzas de ese mismo año, 2010, en Torreón: la primera ocurrió también el 31 de enero en un bar, con saldo de diez muertos, la segunda el 16 de mayo en otro bar, con ocho muertos, y la tercera el 18 de julio en una fiesta de cumpleaños en el hotel Quinta Italia Inn, donde perecieron 18 personas y otras tantas resultaron heridas de gravedad. Lo increíble del caso es que posteriormente se supo que las tres matanzas habían sido cometidas por reclusos del Centro de Readaptación Social de la ciudad de Gómez Palacio «”aledaña a Torreón»”, que cuando les placía salían del penal con permiso de su directora, armados y en vehículos oficiales, para cometer sus fechorías y luego tranquilamente volvían al reclusorio, con lo cual tenían la coartada perfecta.

Las bestiales matanzas de San Fernando, Tamaulipas, ambas de indocumentados centroamericanos. En la primera, cometida el 23 de agosto de 2010, fueron asesinados 72. En la segunda «”descubierta en abril de 2011 cuando se hallaron los cadáveres en fosas clandestinas»” el total de víctimas sepultadas fue de 193. De más está decir que los criminales siguen gozando de total impunidad.

La matanza de Ruiz, población del estado de Nayarit, donde hubo 29 muertos. Oficialmente se dijo que habían caído en un enfrentamiento entre bandas rivales del narcotráfico. Nunca se investigó el asunto.

El hallazgo, el 12 de septiembre de 2008 en un paraje de Ocoyoacac en el estado de México, de 24 cadáveres. Todos eran de albañiles, habían sido ejecutados a balazos y presentaban el tiro de gracia. El crimen nunca se aclaró, aunque durante las investigaciones se habló de la presunta responsabilidad del comandante de la policía municipal de la cercana población de Huixquilucan, también en el estado de México.

La matanza del 30 de junio de 2014 en Tlatlaya, estado de México, con 22 personas acribilladas a balazos. Por estos hechos han sido sometidos a proceso soldados y oficiales del 102o batallón de infantería de la 22ª Zona Militar.

Y no hay que olvidar que después de la matanza de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa, han aparecido en la misma zona otros grupos de personas asesinadas, y durante la búsqueda de los jóvenes desaparecidos no cesan de descubrirse fosas clandestinas a veces repletas de cadáveres.

Como decíamos el martes pasado, difícilmente pueden Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto hablar de estabilidad social. Este es un país donde la violencia, la criminalidad y la impunidad van de la mano con la represión y la corrupción. Esa es la verdadera desestabilización de México, no las protestas ciudadanas por tal situación.


[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 2 de diciembre de 2014

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