Predicciones de ayer y hoy

PREDICCIONES DE AYER Y DE HOY[1]

Juan José Morales

Una de las mayores dificultades a que me enfrento cuando intento escribir relatos de ciencia ficción situados en alguna época futura, es que me resulta extraordinariamente difícil predecir cuáles serán los avances técnicos y científicos de los años venideros. Ya no digamos del siglo XXIII ó XXIV, sino simplemente de mediados o fines del presente.

Pero como el usual consuelo de muchos, está el hecho de que incluso mentes incomparablemente más brillantes que la mía han tropezado siempre con la misma piedra.

clip_image002A fines del siglo XIX, por ejemplo, una o dos décadas solamente antes del inicio de la aviación, la mayoría de los científicos estaban convencidos de que en el siglo XX la navegación aérea sería a base de globos dirigibles. Julio Verne, pese a todo su genio, no llegó a imaginar las computadoras electrónicas. Vaya, tampoco la radio, la televisión o tan siquiera los aviones. Y Pierre-Eugène Berthelot, el famoso químico francés, sin duda se sonrojaría de poder leer hoy lo que escribió en 1894 (y que habría horrorizado a los naturistas de hoy): “El año 2000 no habrá ya agricultura, ni pastores, ni labradores, pues la química habrá por entonces dado al traste con el antiguo modo de producir los alimentos por el cultivo… todo el mundo llevará consigo un bote lleno de productos químicos, del que surtirá su estómago con la cantidad necesaria de albúmina, grasas e hidratos carbónicos… a la tierra no la desfigurarán las figuras geométricas de la actual agricultura, sino que vendrá a ser un jardín en que crecerán las flores y las hierbas, las matas y los árboles según el gusto de sus moradores, que vivirán en la fabulosa abundancia de la edad de oro.”

Y, continuando con tan idílica visión, añadía: “Las aduanas, las guerras, las fronteras fortificadas y ensangrentadas pertenecerán al mito; la navegación aérea, que empleará las materias químicas como productoras del movimiento, habrá suprimido esas rancias instituciones.”

Mis pronósticos de 2004

Sin embargo, tampoco me considero del todo incapaz de hacer ciertas predicciones. A fines de 2004 escribí en la revista Contenido algunos pronósticos para el futuro inmediato. Confieso que no pude en esa ocasión pronosticar que en menos de diez años la gente podría llevar la oficina en el bolsillo. Porque a fin de cuentas, eso es el celular, que sirve como agenda, grabadora de voz, cámara fotográfica y de video, computadora, libreta de apuntes, reproductor de música, reloj, mapa de calles y carreteras, sistema de navegación, periódico, radiorreceptor, correo electrónico, calendario, mensajero… ¡ah!, y también como teléfono. Pero creo haber atinado en algunas predicciones. Invito a los lectores a revisarlas para ver si en sólo una década ya se han cumplido o empiezan a cumplirse. Decía en aquel artículo:

La mayoría de los científicos descartan ideas como las que estuvieron en boga hace 25 años acerca de vacaciones en la Luna, colonias en Marte o grandes estaciones espaciales pobladas por miles de personas. Consideran que los grandes progresos científicos y tecnológicos que habrán de cambiar la vida del ser humano, se darán en la electrónica y el manejo del código genético. Y es que en las últimas décadas ha habido avances increíbles. Las computadoras actuales son diez mil o quince mil millones de veces más poderosas —e incomparablemente más pequeñas— que las primeras, de hace 50 años. Y el progreso continúa en progresión geométrica, pues la capacidad de las computadoras se duplica cada 18 meses. Además —y esto es lo más importante— cada día son más compactas y baratas. Recuerdo que las primeras calculadoras con funciones científicas —seno, coseno, tangente, etc.— de principios de los 70 costaban mucho más que una lap top actual. A lo anterior, hay que sumar la incesante miniaturización. En el curso de la vida de un hombre se ha pasado de los enormes y engorrosos bulbos electrónicos al transistor, los circuitos integrados, los chips y los microchips, y estamos ya en los albores de los minimicrochips moleculares. Paralelamente a ello, sigue aumentando vertiginosamente la capacidad de transmisión de información. Mucha gente no se percata, por ejemplo, de que alrededor del mundo ya se ha tejido, y cada día se hace más densa, una telaraña de líneas de fibra óptica para la transmisión de voz, imágenes y datos en volúmenes inimaginables. De hecho, el problema ya comienza a ser el exceso de información. Por una de las fibras ópticas ahora disponibles, se puede enviar en una fracción de segundo, y a cientos de miles de destinatarios simultáneamente, una cantidad de información equivalente al total de la Enciclopedia Británica.

Placas multiusos

Como resultado de la mayor capacidad de procesamiento, la miniaturización y el continuo abaratamiento, el uso de computadoras y todo tipo de sistemas electrónicos se generaliza cada vez más, y para el futuro inmediato podemos pensar en aparatos electrodomésticos que respondan a órdenes verbales y libretas electrónicas de bolsillo semejantes en tamaño a las de papel —y tan desechables como éstas— en las que se podrá garrapatear anotaciones, dibujos y croquis que el aparato convertirá en textos perfectamente legibles y sin errores ortográficos, y en impecables dibujos; incluso tridimensionales si se desea.

La versión para el hogar de estos aparatos serán grandes placas multiusos fijadas a la pared que servirán indistintamente como pantallas para video, televisión, Internet o videoteléfono, tableros de anuncios o cambiantes obras de arte.

La televisión tridimensional es otro de los avances tecnológicos que muchos expertos vaticinan, y algunos se atreven incluso a pronosticar, aunque de esto se viene hablando desde hace mucho, que antes de 25 años se habrá logrado la fusión nuclear controlada —el proceso de liberación de energía que ocurre en la bomba de hidrógeno—, con lo cual se resolverá en gran medida el problema de los altos precios del petróleo y del abastecimiento de energía.

Aunque el dinero no desaparecerá del todo, su uso se reducirá a un mínimo, porque será cada vez mayor la tendencia a sustituir el uso de papel moneda, cheques y demás documentos bancarios por transacciones electrónicas. Más todavía: las tarjetas de débito-crédito servirán no sólo como una suerte de microbancos de bolsillo para todo tipo de transacciones —pago de llamadas telefónicas, acceso al transporte público, compras en tiendas y máquinas vendedoras, parquímetros y estacionamientos, etc.— sino también como tarjetas de identidad que contengan toda la información sobre la persona: historial médico, pasaporte, registro fiscal y de seguro social, códigos de acceso a oficinas y otros sitios y un sinfín de datos más.

Es muy probable que esas tarjetas funcionen en combinación con los teléfonos celulares, de los que ya ahora hay en México mayor cantidad que los tradicionales de línea —los usan ya hasta los niños— y que dentro de sólo 15 ó 20 años serán muchísimo más abundantes, baratos y técnicamente avanzados.

Órganos sobre pedido

En medicina, además de que seguirán creándose nuevos y más eficaces medicamentos y continuarán los espectaculares avances en materia de microcirugía o cirugía no invasiva —que permite operar a través de pequeñas perforaciones con auxilio de minicámaras de video— el gran avance será el uso de técnicas de clonación y manipulación genética para reparar y sustituir órganos y sistemas dañados y curar enfermedades del metabolismo. Incluso, es de prever que los trasplantes de órganos —difíciles, complicados, caros y no siempre exitosos— pasen a la historia porque será mucho más fácil y económico implantar en los enfermos células madre tomadas de embriones y a partir de ellas inducir la formación de nuevos hígados, riñones o corazones que serían perfectamente tolerados por el organismo del paciente.

El conocimiento detallado del genoma humano permitirá que con el examen de una gota de sangre, se determine si el paciente padece alguna de las cinco mil enfermedades genéticas conocidas o corre riesgo de desarrollar alguna, y recomendar así, con años de anticipación, medidas preventivas.

También es muy posible que con los avances de la ingeniería genética se creen nuevas especies de plantas y animales con mayor contenido de alimento y más adecuadas para la agricultura y la ganadería en zonas frías, áridas, excesivamente cálidas o con suelos pobres y salinos.

Pero el gran desafío para la humanidad de 2025 ó 2030 será sin duda el mismo que en nuestros días: lograr que el bienestar y las maravillas de la ciencia y la tecnología lleguen a los miles de millones de seres humanos que carecen hasta de lo más elemental para vivir y que en muchos casos nacen, crecen, se reproducen y mueren sin poder consultar jamás a un médico.


[1] Publicado en el N° 31 de la revista Gaceta del Pensamiento. Cancún. Marzo/Abril de 2015.

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