Un estímulo oficial para el saqueo

ESCRUTINIO

Un estímulo oficial para el saqueo[1]

Juan José Morales

El pasado viernes 24 de junio se inauguró el parador fotográfico de Puerto Morelos. Se decía que, dada la magnitud, importancia y trascendencia de la obra «”que tuvo un costo de 70 mil pesos»” acudiría a inaugurarlo el gobernador Roberto Borge Angulo en persona. Finalmente no fue así, por razones que los lectores podrán suponer. Pero lo que nos interesa por ahora no son la presencia o ausencia del gobernador, ni tampoco el costo de esas letras polícromas, sino el hecho de que su base tiene como ornamentación estrellas de mar de la especie Oreaster reticulatus, esa que, disecada, se vende como curiosidad a los turistas.

clip_image001Parador fotográfico de Puerto Morelos, decorado con ejemplares de la estrella marina Oreaster reticulatus, especie cuyas poblaciones están siendo objeto de intenso saqueo.

Contribuye así el gobierno de Quintana Roo a diezmar las poblaciones de ese equinodermo, del cual un renombrado especialista en la materia, el Dr. Alfredo Laguarda Figueras, de la UNAM, señala que su explotación para el comercio de «souvenirs» está poniendo en peligro sus poblaciones.

Así es efectivamente. Esta es la estrella de mar más conocida para el común de los mexicanos y los visitantes extranjeros. Casi podría decirse que es la estrella de mar por antonomasia y no requiere nombre especial para ser identificada. Es también uno de los equinodermos del Caribe más ampliamente estudiados y sobre los que más cosas han averiguado los biólogos.

Habita a lo largo de las costas de América, desde Estados Unidos hasta Brasil, y del otro lado del Atlántico en la costa occidental de África. Es un animal muy primitivo. Carece por completo de ojos o cualquier otro órgano sensorial y su sistema nervioso se limita a una red de finas células nerviosas distribuidas por todo el cuerpo. Unos pocos de esos nervios son un poco más gruesos y dirigen los movimientos de la estrella mediante los llamados podia o pies ambulacrales, una especie de tubitos musculares flexibles rematados por discos de succión que posee por centenares en la cara inferior del cuerpo.

La preferencia de los turistas por ella se debe sobre todo a su gran tamaño. Ninguna otra estrella marina del Atlántico es tan grande. Es usual encontrar ejemplares de 25 a 30 centímetros de diámetro, y los mayores pueden alcanzar medio metro. Además, es muy hermosa. Por sus dimensiones, forma y llamativos colores crema y café, así como por el hecho de que habita aguas bajas cercanas a la orilla y no se oculta entre la arena «”lo cual permite su extracción incluso en inmersiones de buceo libre»”, y por la facilidad para disecarla, se le extrae en enormes y cada vez mayores cantidades. Se corre así el grave riesgo de su extinción local. Es decir, que desaparezca casi por completo de aquellas zonas donde se le explota intensamente, como ocurrió con el caracol rosado Lobatus gigas (antes Strombus gigas) en aguas de Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

Por desgracia, sin embargo, la Oreaster reticulatus no está incluida en la norma oficial mexicana 059, que protege a especies raras, escasas, vulnerables, amenazadas o en peligro de extinción. Y ello permite que el saqueo de sus poblaciones continúe sin control. De hecho, se le puede colectar casi en cantidad ilimitada sin que exista impedimento legal para ello. Hace algunos años «”según comentamos en esta columna»”, en Quintana Roo la policía detuvo a una persona con un cargamento de cientos de ejemplares, pero hubo que dejarla libre porque no había violado ninguna ley o reglamento al colectarlos. Y para colmo, esa masiva depredación comercial es ahora alentada por las propias autoridades, que al usarla como elemento decorativo estimulan el interés de los turistas por adquirirla.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 27 de junio de 2016

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