Incidente estilo Roswell en Australia

Globo espacial se estrella con un coche en Alice

Por Jano Gibson, Anna Henderson y Kirsty Nancarrow

29 de abril 2010

Alice Lo que quedó de la carga útil después del accidente (ABC Local: Emma Sleath)

Video: Space balloon wipes out car (ABC News)

Audio: Co-ordinator of the launch Eric Bellm speaks to the ABC in the aftermath of the crash (ABC Alice Springs)

Un globo científico espacial de varios millones de dólares se estrelló al despegar en Alice Springs, destruyendo su carga útil, chocando con un coche y haciendo que los observadores corrieran por sus vidas.

El globo fue programado para ser lanzado alrededor de las 8 am, pero a pesar de las condiciones de calma algo salió mal en el aeropuerto de Alice Springs.

Un testigo dijo que vio el globo, que transportaba una carga pesada de equipo científico, estrellarse contra una cerca antes de golpear un coche parado.

«Volteó el coche de costado», dijo.

«Fue entonces cuando se estrelló en la tierra y (la carga) se rompió en mil pedazos».

Dijo que el globo fue visto entonces extendido parcialmente inflado por encima de un prado «como un blanco Uluru».

Una pareja de Alice Springs, Stan y Betty Davies, estaban viendo el lanzamiento del globo espacial.

Ellos pensaban que iban a morir cuando la carga útil se estrelló contra la tierra justo al lado de ellos.

«Estábamos sentados en el coche y nos disponíamos a salir de en medio y en realidad estuvimos a un pie de ser eliminados», dijo la señora Davies.

«Creo que así habría ocurrido de no haber sido por el coche de otro caballero que estaba allí.

«Estábamos esperando ser aniquilados».

El director del Centro de Lanzamiento de Globos, el profesor Ravi Sood, dice que no hubo heridos.

Pero él dice que los científicos involucrados en el proyecto patrocinado por la NASA fueron aplastados.

«En los vuelos en globo, esa es la manera que sucede en ocasiones, pero es muy decepcionante. Desgarradora realidad», dijo.

El Balloon Launching Centre todavía planea seguir adelante con otro lanzamiento antes de finales de mayo.

El estudiante de Doctorado Eric Bellm de la Universidad de California dice que han estado recogiendo las piezas y evaluando los daños al instrumento científico que se estrelló.

«Inicialmente creí que fue asombro», dijo.

«Obviamente hemos estado preparándonos desde hace mucho tiempo para esta campaña y estábamos emocionados por la ciencia que estábamos dispuestos a hacerlo.

«Así que ver cómo llegó a su fin tan de repente fue como un shock».

A principios de este mes, el grupo del Profesor Sood estuvo involucrado en un exitoso lanzamiento de un globo similar que llevaba equipo diseñado para llevar a cabo experimentos astrofísicos de alta energía.

Ese globo era tan grande como el Melbourne Cricket Ground cuando estaba completamente inflado, llevaba una carga de dos toneladas y viajó al borde exterior de la atmósfera a 50 metros por segundo.
Con el tiempo, aterrizó con éxito cerca de Longreach en Queensland.

http://www.abc.net.au/news/stories/2010/04/29/2885563.htm

El misterio de las centellas (169)

El misterio de las centellas (169)

Sí, es un recuerdo para toda la vida. Fui testigo de una centella cuando tenía diez años en Fort Wayne, Indiana. Recientemente he escrito mis memorias en prosa y quintillas y el siguiente es mi capítulo sobre las centellas.

¿Centellas? ¿Quién ha oído hablar de eso?

Sí, esta es una historia sobre las centellas. ¿Quién ha oído hablar de las centellas? Yo nunca lo escuché hasta después de ver una, que casi nos engulló, cuando tenía 9 o 10, y nunca más volví a ver otra. Siempre hemos tenido muchas lluvias y relámpagos en verano. Nunca hemos tenido ningún tornado y algunas personas dicen que es porque hay tres ríos rodean Fort Wayne, que nos protegen. No sé si es verdad. Los tres ríos son el río St. Marys y el río San Joseph y que se unen y forman el río Maumee. No sé por qué a ese río no se le llama el río Niño Jesús, ya que se forma de los otros dos ríos, José y María, pero el asunto es que no se llama así. Lo llamaron el Maumee. De todas formas, me estoy desviando de nuevo… Así, durante esta tormenta hubo grandes relámpagos y se apagaron las luces en la casa y escuchamos un terrible zumbido de tono bajo y gente afuera gritando para que saliéramos a ver. Había una gran bola de fuego rodando muy lentamente a lo largo de las líneas de energía viniendo hacia el poste de los transformadores en frente de nuestra casa, y detrás de la bola todos los alambres crepitaban con fuego y humo negro. Ahora, si quieres asustarte, entonces no puedes pedir nada mejor para hacerlo. Esa cosa era increíble y estuvo como a unos quince metros delante de nuestras narices. He visto muchas de esas películas novedosas con sonido digital y todo eso, pero no hay nada como una cosa real para asustarte. Si hubiera viajes en el tiempo me gustaría volver a ese día y ver la bola haciendo sus cosas de nuevo. Fue absolutamente increíble.

Una centella «rodando» a lo largo del cable… Suponga que nos hubiera quemado. Una gran bola de fuego, lo juro por su nombre, nos iba a engullir… luego vimos que se desvanecía.

Pero no desapareció. Llegó hasta el transformador, que estalló en mil pedazos, y luego se convirtió en humo. Y ese fue el final. Nada quedó por debajo del humo en el viento. Y la lluvia cayó a cántaros. No recuerdo cuánto tiempo tuvimos que usar velas antes de que el pueblo tuviera luz, ya que todos los cables se quemaron. No sé cómo se mantenía. ¿De donde provenía su suministro de energía? ¿Creen que estaba aspirando la energía de esas líneas de alta tensión? Ahora que soy adulto he escuchado de otras personas que han visto la misma cosa pero no sé si los vieron también sólo en las líneas de energía. No las puedo imaginar solo rodando a lo largo del tejado del granero o rodando por el suelo. De todos modos, la bola fue como un relámpago, un eclipse total de Sol o alguna otra cosa, difícil de encontrar… si las ves una vez en tu vida son como un milagro. Vi un eclipse total de Sol hace unos años, pero se que nunca voy a volver a ver otro. Sucedió en Costa Rica, pero eso es otra historia que no voy a contar aquí.

Dick Burgoon

USA

Julia Ecklar & Anne Harlan Prather. Space Heroes and Other Fools

Space Heroes and Other Fools – Julia Ecklar & Anne Harlan Prather

Side A

· Thoughts On Strange Visitors – by Leslie Fish, performed by Julia Ecklar and Anne Prather.

· Ballad to a Spaceman by Leslie Fish, performed by Julia Ecklar.

· Helva’s Song – written and performed by Anne Prather.

· Space Hero – by Leslie Fish, performed by Julia Ecklar and Anne Prather

· Iron Mistress by Leslie Fish, performed by Julia Ecklar.

· Hero’s Lullaby – written and performed by Anne Prather.

· Hymn to Breaking Strain – lyrics by Rudyard Kipling, music by Leslie Fish, performed by Julia Ecklar and Leslie Fish. .

· Darkness – by Jordin Kare, performed by Julia Ecklar.

Side B

· Pushing the Speed of Light – by Jordin Kare

· Silver – by Julia Ecklar, performed by Julia Ecklar and Leslie Fish

· Syble’s Song – written and performed by Anne Prather.

· Cold Dreams – by Cynthia McQuillin, performed by Julia Ecklar.

· Hanrahan’s Bar – by Cynthia McQuillin, performed by Julia Ecklar and Anne Prather.

· Crystal Singer – written and performed by Anne Prather.

· Homecoming – by Julia Ecklar, performed by Julia Ecklar and Anne Prather.

· Thoughts of a Homeless Alien – written and performed by Julia Ecklar.

Viaje aVenus en un plato volador. La increíble historia de Salvador Villanueva (8)

VIAJE A VENUS EN UN PLATO VOLADOR

YO ESTUVE EN EL PLANETA VENUS (TERCER ACTO)

Más arriba comentamos que Villanueva había tenido otro encuentro con los extraterrestres. Esta vez se había dado justo en plena Ciudad de México. El siguiente es el relato de ese encuentro poco conocido y nos ocupamos de él aún antes que se haya presentado el Segundo Acto:

«Este negocio lo monté a sólo cien metros de don­de vivía, cuando tuve una nueva experiencia con los espaciales.

«En una ocasión en el mes de agosto de 1965, se paró frente a la entrada del taller un coche Mercedes de color negro brillante. Estaba al volante un individuo que portaba uniforme del ejército mexicano y lle­vaba en el hombro derecho tres pequeñas barras de metal que lo acreditaban como capitán.

«Como era mi costumbre, me acerqué para pre­guntarle si podía servirle en algo. Como el hombre ni siquiera me tomó en cuenta, me puse a observarlo. Sus facciones eran como las de nuestros viejos an­cestros, habitantes naturales de México.

«Era moreno. Su pelo estaba pulcramente recor­tado alrededor de las orejas, su gorra militar colo­cada correctamente y pude observar que las venta­nas de su recta nariz temblaban ligeramente como si estuviera nervioso.

«Observando a este hierático militar, que me re­cordaba a los guardias del Castillo de Chapultepec cuando la disciplina militar era férrea, no se me ha­bía ocurrido mirar al asiento trasero donde dos per­sonajes me miraban curiosos y risueños.

«Eran pequeños y de hermosas facciones. Sus ojos brillantes y el color marfilino de su piel trajeron a mi memoria aquella escena que tuvo lugar años atrás en la carretera a Laredo, donde conocí a dos personas con sus mismas facciones.

«Sólo que en esta ocasión las personas a que me refiero traían el pelo recortado igual que el militar que estaba al volante del Mercedes.

«Vestían elegantes trajes color azul claro, pero haciendo caso omiso de las nuevas características del traje y corte de pelo, las facciones eran las mismas de los dos hombres que me invitaron a la nave en la carretera a Laredo. Por un momento me quedé absorto, contemplándolos como hipnotizado, tratando de reconocerlos, pero como mi familia y yo había­mos sufrido tanto a consecuencia de aquella experiencia, al parecer yo estaba traumado y por un mo­mento sentí un estremecimiento a lo largo de mi co­lumna vertebral.

«Traté de alejarme del coche, pero sólo caminé unos pasos hacia la entrada del taller cuando una fuerza misteriosa me hizo volver al coche, esta mis­ma fuerza ya la había sentido antes, cuando en aque­lla ocasión memorable, caminaba tras ellos, rumbo al lugar donde tenían estacionada su nave.

«Descubrí que a ellos no se les pegaba el lodo del camino en los zapatos. En cambio los míos y hasta las piernas del pantalón, iban sucios de lodo.

«Así que cuando sentí esa sensación, volví, me aso­mé de nuevo al interior del coche y uno de ellos, triunfante, me dijo ¿Nos recibes aquí en tu taller o nos llevas a tu casa?

«Por un momento dudé, pero recordé que entre el taller y mi casa había a esas horas gran cantidad de vagos, de los que se pasaban el día jugando y mo­lestando a todos los que tenían necesidad de pasar cerca de ellos y de paso me recordé que dentro de mi casa estaba mi suegra, una anciana culta, inteli­gente y de mente abierta, que siempre apoyó mi de­cisión de publicar todo lo referente a mi experien­cia, así que les dije a mis visitantes que fuéramos caminando a mi casa. Ellos aceptaron y cuál no sería mi sorpresa al ver que aquellos vagos ni siquiera nos miraron y mi suegra sólo contestó el saludo, sin darles importancia. Empezó a revolotear en mi mente la idea de que estos seres aparecían a los ojos de los demás como querían, pues era curioso que ni mi suegra ni ninguno de los vagos que formaban el grupo hubieran advertido la diferencia física que había en­tre mis acompañantes y yo.

«Los pasé a una pequeña sala donde sólo había dos modestos muebles, un sofá y un viejo sillón.

«Les indiqué el sofá en el que tomaron asiento y yo me senté en el sillón.

«Yo no tenía nada que preguntar. Ni siquiera sa­bía cómo iniciar una conversación. Fueron ellos los que la iniciaron empezando por felicitarme por haber logrado establecerme por mi cuenta, diciendo que estaban contentos de mi éxito y me aseguraron que se­guiría progresando, pero que debía mantenerme fir­me, ¿Firme, pensé, pero sobre qué? No atiné a pre­guntarles, pues como la vez anterior me mantenía expectante en su presencia y no lograba abrir la bo­ca.

Héctor Escobar Héctor Escobar Sotomayor.

«Por fin, de seguro para confundirme o para ha­cerme sentir su superioridad, o bien para hacerme entender que no me habían llevado a ningún planeta que no fuera este mismo[1], al que llamamos nuestro y que al final vamos a descubrir que es de ellos y que nosotros no somos más que descendientes de huma­nidades venidas de otros mundos, lejanos o cercanos.

«¿Por qué tratar de ignorarlo? Quizá ellos regu­lan la población humana igual que nosotros nos da­mos el lujo de regular la de algunas especies de animales. ¿O no les parece sospechoso que de repente un individuo trastornado en su siquismo, engreído y estúpido, se apodere de la mente de millones de humanos y los lancé unos contra otros en una espan­tosa carnicería y destrucción material?[2]

«Pues bien, de repente uno de ellos me preguntó a quemarropa si recordaba a alguien con cariño, a al­guien que hubiera significado mucho en mi vida. Inmediatamente vino a mí la imagen de mi madre muer­ta hacía diez años y la de mi padre, al que había perdido cuando era niño, pero que dejó su fuerte per­sonalidad saturando todo mi ser. Cuando esto pasó, en vez de mis entrevistadores vi a mi padre y a mi madre frente a mí, tal como yo los había conocido y admirado. Por un momento creía haber dejado de existir, ya que no entendía lo que estaba pasando.

«Caí de rodillas en el mismo momento en que mis padres desaparecían para aparecer otra vez mis hués­pedes, que ante mi consternación se apresuraron a aclararme que sólo querían que viera lo fácil que es retroceder en el tiempo o vivir en el futuro y para volver más mi cerebro en la confusión me dijeron: Ahora te vamos a llevar a dar un paseo por el futuro de tu patria, vamos a ir a zonas que progresarán en poco tiempo y serán el nacimiento de una gran na­ción. Cierra un poco los ojos… Así lo hice y cuan­do los abrí no estábamos en la sala, ni sentados en mis destartalados muebles, estábamos en aquella nave maravillosa en que nos levantamos allá cerca de Ciu­dad Valles. Yo estaba mudo de asombro y tampoco atinaba a comprender lo que estaba pasando ahora, pero mi mente estaba lúcida y empecé a tratar de recordar para encontrar un paralelismo entre esta vi­sión que estaba viviendo y la que viví la vez anterior y encontré que la diferencia era absoluta».

YO ESTUVE EN EL PLANETA VENUS (SEGUNDO ACTO)

Ahora regresemos al libro de Villanueva y vallamos al Segundo Acto de esta obra. Acto que nos habíamos saltado para conocer un poco más sobre la vida de este contactado. Nuevamente adelantemos algunas páginas y vallamos a la parte medular del relato. La parte en que regresa a la Tierra y desciende del platillo.

«XI

«¦

«Bajamos lentamente, hasta sentir que habíamos tocado tierra. Mis amigos me hicieron prometerles que la experiencia que me habían concedido la daría a conocer en todas partes y por todos los medios a mi alcance y fue entonces cuando les advertí que mi preparo intelectual era nulo y ellos me prometieron su ayuda.

Villanueva12MV Dibujo de las calles de Venus, basado en la descripción de Villanueva.

«Momentos después me encontraba corriendo hacia la carretera, pues ellos me dijeron que mientras no me alejara lo suficiente no podrían elevarse porque ponían en peligro mi vida.

«Cuando llegué al borde de tierra dirigí la vista al lugar, esperando ver cómo la nave se elevaba; pero esta se mecía majestuosamente a unos 500 metros de altura, como despidiéndose de mí. Luego dio un tirón tan fuerte que desapareció de mi vista, pudiendo localizarla cuando solo era un pequeño óvalo de seis o siete pulgadas.

«De nuevo mi mente se volvió confusa. Fijé mi vista en las piernas de mi pantalón y estaban completamente limpias, lo contrario de como quedaron al atravesar el lodazal 5 días[3] antes en que atravesamos desde la carretera hasta la nave. Estuve un buen rato reconociendo el terreno y cavilando sobre aquella fantástica aventura y, cosa rara, estaba seguro de que todo el mundo me creería cuando la contara, ya que podría contestar cuanta pregunta me hicieran relacionada con este fantástico viaje. Sólo me intrigaba cuánto tiempo había pasado[4].

«Vi venir un coche en dirección al sur, crucé la carretera y sin atreverme a pararlo éste se detuvo frente a mí. Dicho coche traía placas del Estado de México y estaba ocupado al parecer por una familia. Venía al volante un señor gordo; a su lado una señora bien vestida y atrás dos jovencitos[5].

«El señor me preguntó que sí iba al pueblo subiera, que me traería. Pensó el hombre que yo sería de por allí, y como traía dificultades con el motor creyó que le podía indicar algún taller mecánico; pero yo desconocía el pueblo y sus moradores. Me limité a aconsejarle que nos paráramos en la primera gasolinera[6]. Allí tuvimos la suerte de encontrar un mecánico petulante y medio ebrio, que inmediatamente pronosticó el desperfecto, engatusando al dueño del coche para que lo siguiera, puesto que éste manejaba una carcacha. Yo me quedé en la gasolinera. Poco después llegó en la misma dirección un gran camión de carga a cuyo chofer le pedí que me trajera. El hombre que lo manejaba accedió a traerme pues se dirigía a la Ciudad de México. Por mi parte me sentía rebosante de optimismo. Recordaba perfectamente todos los incidentes del viaje y estaba seguro de que nadie me confundiría. Le pregunté al compañero qué día era. Al contestar me dirigió una mirada, con cierta mezcla de extrañeza y de burla; pero venía yo tan optimista que no le di importancia. Hice cuentas de los días que llevaba fuera de mi casa y me dispuse a contarle a mi compañero mi aventura.

«Me oyó calmadamente, sin dejar de dirigirme miradas de desconfianza, quizá pensando que estaba loco; pero que era un loco pasivo, sin peligro. Por fin, cuando estuve seguro de que no corría ningún peligro en mi compañía y que le había inspirado la confianza necesaria, me dijo:

«-Mira, hermano, la hierba es mala cuando uno la fuma pura. Ya verás cuando la guisas[7]. Si te contara lo que he visto, te quedarías maravillado. Aquello me apenó. ¿Sería verdad que aquel hombre pensaba que yo estaba mariguano? Así que todo el trayecto me lo pasé dormido[8], pues de repente vi con claridad la magnitud de mi experiencia y perdí todo deseo de hacerla pública. Pero recordaba la promesa que había hecho a mis amigos de hacer pública la oportunidad que ellos me habían proporcionado, así que de allí en adelante tenía que luchar para vencer aquel complejo que echó profundas raíces cuando se la conté al compañero chofer que me trajo. Fue por esta causa que durante año y medio no lo conté a nadie y solo me arriesgué cuando se empezaron a leer con frecuencia en los periódicos relaciones de personas que aseguraban haber tenido oportunidad de admirar estas fantásticas naves espaciales.

«Como decía al principio de este libro, he pasado tantos sinsabores desde que me decidí a contarlo que he acabado por considerar increíble la aventura y justificar a las personas que se burlan de mí, pues tienen derecho a no creer lo que ellos no hayan visto o vivido. Así, cuando me topo con una persona que me pregunta en son de guasa, acabo por decirle, que solo fue un viaje que hizo mi mente en alas de la imaginación, y con eso lo dejo satisfecho, pues casi siempre infla el pecho y dice:

«-Ya decía yo que esto era imposible. A mí nadie me engaña. Así los dos quedamos tan contentos.

«Ahora, cuando encuentro a una persona exenta de petulancia y de «˜sabiduría»™, casi siempre lo cuento todo y con mucho gusto nos ponemos a discutir lo factible y lo no factible y, pongamos que no lo crea, pero queda con la duda y, además, se divirtió, cosa que a mí me satisface.

«Muchísimas personas me asediaban preguntándome de qué planeta procedían aquellos hombres y esto me mortificaba a tal grado que acabó obsesionándome, pues resultaba estúpido no habérseme ocurrido preguntarlo a los que me hubieran sacado de la duda.

«Uno de esos días en que más me mortificaba esta pena, empecé a sentir una presión mental insoportable que por momentos se hacía más pesada al grado de que tuve que dejar de trabajar, pues me resultaba peligroso.

«Me dirigí a mi casa a eso de las tres de la madrugada y, aunque no tenía sueño, me tendí en la cama.

«El cuarto estaba a obscuras. No quería despertar a mi esposa y por lo tanto me abstuve de prender la luz. Estaba, lo recuerdo perfectamente, despierto y en actitud pensativa y revoloteaba en mi mente el reproche que me hacía de no habérseme ocurrido hacer tan importante pregunta. De repente el lugar se iluminó inundándose de luz, pero la luz que yo había visto en aquel planeta. Traté de incorporarme sin lograrlo y ante mi asombro desapareció todo lo que de familiar había a mi alrededor y me ví participando en una escena en que aparecían mis dos amigos dándome una conferencia de astronomía.

«Pintaban en algo colocado en una de las paredes, lo que debía ser un diagrama de nuestro sistema solar.

«Reconocí el sol y nueve planetas de diferentes diámetros, habiendo treinta y siete lunas en total, distribuidas treinta de ellas entre los cinco últimos planetas y las siete restantes entre el nuestro y el sol.

«Cuando estuvo todo distribuido, simplemente trazó el que hacía de profesor, que no era otro que el hombre más delgado de los dos primeros, una cruz sobre el segundo planeta a partir del sol.

«Luego, el mismo hombre volvió la cara a donde me encontraba y me dijo en su reconocible voz: -¿Te acuerdas cuando entrábamos en nuestro planeta, que preguntaste si era el sol lo que veías y te contestó uno de nuestros superiores que no pero que sí estábamos entrando en nuestro planeta por la puerta del sol, o sea por la parte en que siempre está alumbrando nuestro astro rey?

«Y a fe mía que no recordaba aquellas palabras, pues entonces estaba yo tan asustado ante lo que tenía a mi vista, que no se me grabaron.

«Terminado este interrogatorio, desapareció la luz, mis amigos y todo lo que acababa de ver, y de paso ya no pude conciliar el sueño hasta el nuevo día»¦»

Continuará…


[1] Aquí se ve que Villanueva, ya enterado de los nuevos conocimientos sobre el planeta Venus, comienza a cambiar su versión sobre su «viaje espacial». En ese sentido Héctor Escobar Sotomayor comentaba:

«Desgraciadamente para Adamski, Villanueva, Menger y demás cuartes de los venusinos, pocos años después las sondas soviéticas Venera descubrirían que Venus era un infierno de azufre y gas carbónico y no el paraíso tropical pletórico de mares y plantas que la ciencia ficción -barata- de la época planteaba. Hoy en día Villanueva -nada tonto- niega haber estado en Venus ofreciendo una versión más acorde, en la que aduce que seguramente fue hipnotizado por los seres extraterrestres para hacerle creer que viajó a otro planeta».

(Escobar Sotomayor Héctor, 500 años de ovnis en México, Vol II, Corporativo Mina S.A. de C.V., México, 1995.)

[2] Hasta me parece estar leyendo algún libro de Salvador Freixedo, pero recordemos que Villanueva publicó esto en 1976 y aunque el exsacerdote publicó sus primeros libros sobre el tema ovni en 1971 y 1973 (Extraterrestres y creencias religiosas y El diabólico inconciente, respectivamente), sus «ideas» más delirantes vendrían años después (La amenaza extraterrestre, 1982, y ¡Defendámonos de los dioses!, 1983) En estos últimos libros las ideas de los dos Salvador confluyen en un mismo cauce. Freixedo no menciona a Villanueva en los dos primeros libros, pero en los siguientes se ocupa tangencialmente del contactado mexicano. Yo creo que el ufólogo español tomó estas ideas del contactado mexicano (entre otros).

[3] Aquí Salvador sabe perfectamente cuántos días han transcurrido desde que subió a la nave. Nuevamente entra la duda de por qué preguntó al chofer sobre el día y el mes en curso. Pero en el mismo párrafo vuelve sobre la cuestión del tiempo transcurrido. Al parecer no se da cuenta de la incongruencia.

[4] Han pasado 5 días. Lo acaba de decir tan sólo unas líneas más arriba. Si eso no es una muestra de que estaba mintiendo, entonces no se que pueda ser.

[5] Esto no concuerda con sus otras versiones, en las que Villanueva regresa a la Ciudad de México a bordo de un camión de carga. El lector nos podrá decir que más adelante aparece el citado camión, pero el hecho es que las versiones son diferentes.

[6] En la otra versión es al camión de carga al que deja justo en una gasolinera.

[7] Nuevamente en la otra versión el chofer le dice que la mariguana es mala cuando está «guisada», y aquí ocurre todo lo contrario.

[8] Había dicho que el trayecto lo había pasado con un terrible dolor de cabeza, pero claro, eso fue en la otra versión.

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El extraño silencio. Paul Davies

Los marcianitos verdes y los platillos volantes están tan Passé: nuevas ideas sobre extraterrestres

Por Dwight Garner

20 de abril 2010

eerie_silence El proyecto científico conocido como SETI – Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre – comenzó en serio hace 50 años, cuando un astrónomo llamado Frank Drake apuntó un radiotelescopio hacia unas pocas estrellas cercanas y comenzó a escudriñar en la estática. Medio siglo más tarde SETI ha madurado y sigue siendo una empresa animada, a pesar de que ya no recibe financiamiento del gobierno y aunque ET, si está por ahí, no parece tener la Tierra en su marcación rápida.

The Eerie Silence

La renovación de nuestra búsqueda de inteligencia extraterrestre

Por Paul Davies

Ilustrado. 241 páginas. Houghton Mifflin Harcourt. $ 27.

El nuevo libro de Paul Davies, «El extraño silencio: La renovación de nuestra búsqueda de inteligencia extraterrestre», es una tarjeta de cumpleaños para SETI, una evaluación y reconocimiento del interesante (quijotesco) trabajo que el proyecto ha hecho hasta ahora. Es también una llamada de despertador. El Sr. Davies cree que el SETI ha crecido conservador en sus métodos. Él piensa que estamos buscando vida extraterrestre en todos los lugares y en todos los caminos equivocados.

El Sr. Davies es un físico y cosmólogo nacido en Gran Bretaña, un divulgador al estilo de Carl Sagan. Ha escrito más de 20 libros y ha realizado documentales de la BBC radio y televisión australiana con títulos como «Los grandes interrogantes». Él es el director de Beyond, el Center for Fundamental Concepts in Science, de la Universidad Estatal de Arizona, que según sus Sitio Web (beyond.asu.edu), busca «crear nuevas y emocionantes ideas que empujan los límites de la investigación un poco más allá». Parece el tipo de lugar donde no te avergonzarías de poner un poco de la música del espacio de Jean Michel Jarre en tu iPod.

Más silencioso, para los efectos de este libro, el Sr. Davies es presidente del SETI Post-Detection Taskgroup, dedicado a pensar en cómo podrían reaccionar los terrícolas, y cómo debemos reaccionar, a una señal del más allá. Él es un pensador interesante y a veces divertido sobre este tema.

«Una sola declaración de un político o líder religioso», en respuesta a la transmisión extraterrestre, escribe, «es demasiado horrible de contemplar» – una imagen de pesadilla de Al Sharpton o Pat Robertson hablando el intercomunicador celeste.

Si llega el caso, el Sr. Davies es un pensador interesante acerca de casi todos los aspectos de nuestra búsqueda de otras formas de vida inteligente en el universo. «El extraño silencio» puede repetir el material de sus libros anteriores y apoyarse en la labor de los pensadores futuristas como Freeman Dyson y Raymond Kurzweil. A veces, también se vuelve moderadamente «escalofriante». Pero el señor Davies es lo suficientemente inteligente como para convencerte lentamente de su opinión, desde donde la vista se convierte en genialidad y reflexión.

El problema con SETI como es concebida en la actualidad, en opinión del Sr. Davies, es que ha sido ofuscada por el antropocentrismo, la hipótesis de que seres extraterrestres tengan algo de nosotros. Él cita el biólogo británico JBS Haldane, quien remarcó que «el universo no es sólo más extraño de lo que suponemos, sino más extraño de lo que podemos suponer».

Debemos «echar por la borda tanto equipa mental como sea posible», aconseja el Sr. Davies.

«Olvídese de los marcianitos verdes, enanos grises, platillos voladores con ojos de buey, círculos de las cosechas, bolas brillantes y espeluznantes secuestros nocturnos», continúa. Tire los DVDs de los «Archivos X» y aléjese de eso lentamente.

Es ligeramente loco buscar señales de radio, enviadas intencionadamente o no, de lo que pudiera ser una civilización muy avanzada, escribe, porque la producción de radio propia, incluso de la Tierra ya está empezando a desvanecerse. Las señales de radio son tecnología obsoleta, casi tan descolorida por el sol como un viejo tema de la revista Omni. (los ET seguramente tienen cable ahora.) Y ya que incluso una civilización extraterrestre cercana estaría probablemente a unos 1.000 años luz de distancia, la conversación es casi imposible. Aunque esta civilización lejana pueda espiarnos, esto es lo que vería en este momento: la Tierra en 1010, mucho antes de la Revolución Industrial.

Los alegatos del Sr. Davies en «El extraño silencio» son múltiples y muy ángulos, y difícil de resumir aquí. Pero entre otras cosas, piensa que tenemos que prestar tanta atención a la Tierra como lo hacemos con el cosmos. Si somos capaces de encontrar pruebas que la vida empezó de cero más de una vez en nuestro propio planeta – una génesis «de segunda» – aumentaría en gran medida las probabilidades de que el universo está lleno de vida. Lo que es más, porque lo más probable es que civilizaciones extraterrestres visitaron la Tierra hace millones de años que el mes pasado, puede ser que ya han estado aquí, y hemos perdido los rastros.

Cuando se ven las estrellas, hay que entrecerrar los ojos a cosas que, en palabras del Sr. Davies, «se ven locas» o fuera de contexto. En otras palabras, debemos tratar de «identificar las firmas de la inteligencia a través del impacto que la tecnología extraterrestre hace en el medio ambiente astronómico».

En caso de los extraterrestres en realidad lleguen a la Tierra, olvidar el «llévame a tu líder». De cara al futuro de la inteligencia humana, el Sr. Davies proyecta y sostiene que la vida extraterrestre probablemente sería postbiológica.

«En un millón de años, si la humanidad no desaparece antes de eso, la inteligencia biológica será considerada simplemente como la partera de la «inteligencia real» – el poderoso, escalable y adaptable, inmortal tipo que es característico del reino de las máquinas».

Del mismo modo, añade, «¿Debemos hacer contacto con ET?, no sería similar a la comunicación con los humanoides Mekon, pero con un sistema muy superior, diseñados con un propósito de procesamiento de información». No es exagerado, el Sr. Davies escribe, que el ET se conectará a Internet. Llévame a tu lugar de acceso WiFi.

Las mejores secciones de «El extraño silencio» son los que tienen que ver con el efecto que una señal de otra civilización podría tener en los seres humanos. Acerca de esta señal, el Sr. Davies pregunta: «¿Cómo y quién sería evaluado?» Y «¿Cómo el público llegará a enterarse de algo?» (De TMZ o WikiLeaks, ¿no te parece?)

Y continúa: «¿Habrá disturbios sociales, incluso de pánico? ¿Qué harán los gobiernos? ¿Cómo reaccionarán los líderes mundiales? ¿Podría considerarse la noticia de miedo o sorpresa? Y en el largo plazo, ¿Qué significará para nuestra sociedad, nuestro sentido de identidad, nuestra ciencia, la tecnología y las religiones?»

Con razón, teme a nuestra primera respuesta instintiva. «Los seres humanos han luchado entre sí durante miles de años por pequeñas diferencias en raza, religión o cultura», escribe. «Imagínese cómo va a reaccionar la mayoría de la gente con seres que son realmente exóticos» Y agrega, «Mi mensaje personal a ET es ¡Cuidado defiéndanse a sí mismos, antes de entrar en el avispero de nuestra sociedad militarista!».

Si, por desgracia, no resulta haber vida en otras partes del universo, es una razón más para cuidar mejor de nosotros mismos y de nuestro planeta, para lavar detrás de las orejas morales y ecológicas.

«Sería una tragedia de proporciones cósmicas, literalmente, si logramos aniquilarnos», observa, «la única especie inteligente en el universo entero».

http://www.nytimes.com/2010/04/21/books/21book.html