El estafador del espacio exterior

SpokesmanReview-21-5-1961aThis Week Magazine, The Spokesman Review 21 mayo 1961. Págs. 1, 8-9, 11

De los archivos del FBI… el extraño caso del estafador del espacio exterior… Página 8

Por J. Edgar Hoover

De los archivos del FBI:

EL ESTAFADOR DEL ESPACIO EXTERIOR

El estafador suave persuadió a la dama que acababa de regresar de Venus, con una invención que valía millones. Su historia puede sonar torcida, pero le proporcionó $ 60,000 – antes de que el FBI lo atrapara.

Por J. Edgar Hoover

Director, Federal Bureau of Investigation

Washington, D.C.

El crimen exitoso de un hombre de confianza depende de convencer a sus víctimas que pueden conseguir grandes beneficios sólo si se mantiene una estricta secrecía. Siempre hay una razón.

En el caso de Harold J. Berney y su “Estafa venusina” esa fue que, además de los ejecutivos de una altamente respetada corporación manufacturera, sólo la Casa Blanca y unos pocos altos oficiales del gobierno conocían la asociación de Berney con el planeta Venus. Hasta que un duplicado del inapreciable “Modulador” venusino pudiera ser construido en Pittsburgh, ninguna palabra se podía escapar de las negociaciones. La inversión literalmente se dispararía hacia el espacio una vez que la maravilla tecnológica estuviera en producción.

No hay vuelos a Venus

SpokesmanReview-21-5-1961bEl FBI supo de este fraude interplanetario el 28 de febrero de 1957, cuando la Policía Metropolitana de Washington nos contó que habían estado investigando un fraude perpetrado por un ex convicto llamado Berney. Parecía que él había violado una ley federal que prohíbe la transportación interestatal de propiedad robada valuada en $ 5,000 o más, y esto atrajo al FBI al caso. En efecto, Berney había estafado a una mujer de Washington que yo deberé llamar con el nombre ficticio de Pauline Eva Bock con al menos $ 40,000. En el curso de este juego de confianza él ciertamente viajó mucho, ¡aunque no creemos en esos dos aventureros vuelos a Venus!

La señorita Bock fue entrevistada por primera vez por el FBI el sábado 2 de marzo. Ella identificó fotografías de Harold Jesse Berney como el hombre con quien ella había estado haciendo negocios. Pero ella no había visto a Berney desde el 5 de octubre de 1956, cuando él dejó Washington rumbo a Pittsburgh donde, le dijo, la Westinghouse Corporation estaba al fin preparada para concentrarse en construir el Modulador.

Por supuesto, Berney nunca estuvo en contacto con ningún funcionario de Westinghouse, un hecho que la señorita Bock podría haber descubierto fácilmente llamando a las oficinas de la corporación. Pero ella había jurado secrecía y tenía confianza en el estafador, a pesar de su silencio por cinco largos meses.

Basados en esta primera entrevista y otros ángulos rápidamente descubiertos por la investigación, el 2 de marzo fueron enviadas comunicaciones a las oficinas de campo en Pittsburgh, Miami, Baltimore, Portland y Nueva Orleans, todas áreas en donde Berney había operado. Estas alertaban a esas oficinas de que Berney había regresado al negocio. Entonces regresamos a más entrevistas a Pauline Eva Bock. La historia que desplegó hace de este uno de los casos más extraños en los archivos del FBI.

Comenzó en el otoño de 1952, cuando la señorita Bock conoció a Berney. Para ese entonces Berney tenía 54 años, cinco pies de altura, un hombre delgado con ojos color avellana y cabello gris. De oficio él era un pintor de señales, pero era más artista de lo que esto pudiera indicar. Después de que llegó a Washington en su liberación de 1949, por una condena por malversación en Florida, estaba contratado para pintar el mural de un banco en la cercana Maryland.

Pero Berney no estaba trabajando como pintor de señales o artista cuando conoció a la señorita Bock. Él recientemente había formado la Aberney Corporation para fabricar una antena de televisión. Esta aparentemente era una empresa suficientemente honesta, y Berney indujo a la señorita Bock a invertir $ 500 en el negocio. El marzo siguiente, él formó la Telewand Corporation bajo la ley de Delaware para fabricar y vender antenas, televisiones, radios y equipo electrónico. La señorita Bock fue hecha secretaria y tesorera de estas dos corporaciones, aunque ella no realizó ninguna tarea.

SpokesmanReview-21-5-1961cBerney estaba casado y tenía dos hijos. La señorita Bock conoció a la esposa y supo que la familia planeaba vacacionar en Rehoboth Beach, Del. El siguiente verano de 1953. Nuestra investigación descubrió que Berney convirtió las vacaciones en un viaje de negocios rentable. Ese verano Berney probó el plan que había desarrollado en detalle colorido sólo para los oídos de la señorita Bock.

A una pareja de Rehoboth Beach, él les describió una patente que guardaba en “una caja que fabrica su propia energía atrayendo la energía de la atmósfera”. Él dijo, “Westinghouse está comprando el invento. Si ustedes invierten ahora, ¡triplicarán su dinero!”

Berney encantó rápidamente a la pareja para que le dieran $ 10,000 en efectivo; $ 10,000 más fue levantado al hipotecar su negocio. El enero siguiente ellos le dieron otros $ 2,000 “para ayudar a cubrir los gastos de negocio”, con Berney prometiendo que regresaría el dinero rápidamente. La pareja de Rehoboth Beach vio a Berney por última vez en el verano de 1956. Él todavía tenía sus $ 22,000.

Vuelo de fantasía

En el otoño de 1954 Berney necesito nuevamente dinero, y su imaginación vívida rápidamente tomó vuelo. Pronto comenzó a revelar confidencialmente que él estaba en términos amistosos con los dirigentes de Venus. Berney alimentó la historia en pedacitos a la señorita Bock en el invierno de 1954-55. Y en la primavera de 1955 él estaba listo para poner en movimiento la gran estafa venusina.

Ahora reveló a su ansiosa escucha que cuando partió de Washington, en enero pasado, él había hecho un viaje secreto a Houston, Texas, en compañía de un grupo de funcionarios de Westinghouse. En Houston ellos se habían reunido con dos hombres quienes los condujeron a una base aérea militar.

El grupo fue llevado a través de una serie de edificios, dijo, y emergió en el campo aéreo donde, estacionado a cierta distancia, estaba un gran platillo volador. Tenía forma como de una campana, de alrededor de 100 pies de diámetro y 30 a 40 pies de altura. En temor silencioso, caminaron hacia la nave espacial donde, Berney se ufanó, “debido a la alta consideración que me tienen los oficiales del Gobierno Federal, me pidieron que fuera el primero en entrar”.

La voz se hizo visible

SpokesmanReview-21-5-1961d“Dentro del platillo”, continuó, “escuché una voz. La voz dijo que yo había sido escogido como representante de la Tierra para el planeta Venus. Después de una breve conversación, la voz se transformó en un destello azul visible – y el destello azul cambió repentinamente a la forma de un ser humano”.

“Él se identificó como el Príncipe Uccelles. El príncipe dijo que su planeta deseaba crear una unión de amistad con los Estados Unidos, y Venus me había escogido para estar en medio. Uccelles prometió dar fórmulas tecnológicas de su planeta a los Estados Unidos a condición de que ellos las mantuvieran secretas. En este punto, dos muy altos oficiales de nuestro Gobierno – no tengo la libertad de decirte sus nombres – dieron un paso adelante y prometieron por nuestro país que cada deseo de Uccelles sería respetado”.

Después de este asombroso encuentro, Berney dijo a la señorita Bock que voló de regreso a Pittsburgh con los funcionarios de Westinghouse. Esa tarde, el Príncipe Uccelles se le reveló a Berney en su cuarto de hotel y le reveló los secretos del Modulador Venusino que Westinghouse iba a fabricar como la primera de una serie de maravillas del espacio exterior.

“Esta valiosa máquina funciona extrayendo energía de la atmósfera”, explicó Uccelles y en sus palabras había un sobre tono de la caja mágica que Berney había descrito a la pareja de Rehoboth Beach en 1953. “No sólo genera energía para iluminar y fabricar sino que por sí misma fabrica el producto que llamamos ‘flujo magnético’, una fuente de energía ilimitada. El Modulador puede suavemente elevar y bajar millones de toneladas en una fracción de segundo. Puede impulsar aviones y naves espaciales a la velocidad de la luz – o mantenerlos estacionarios en el cielo. Produce una energía potencial mucho más grande que cualquier cosa que su energía atómica pueda urdir”. En una confidencia personal, durante esta interesante conversación, Uccelles le dijo a Berney que ¡él tenía 600 años!

La locura platillo volador

Si esto parece tan increíble como para que alguien pudiera aceptar un cuento tan fantástico como este sin investigación, tenga en cuenta que por años la prensa ha publicado historias sobre platillos voladores. La Fuerza Aérea ha explicado la mayoría de ellas como observaciones erróneas de diversos fenómenos naturales. Para unos cuantos, todavía no se ha ofrecido una explicación fácil.

La señorita Bock fue atrapada – continua en la página 11

El estafador del espacio exterior

SpokesmanReview-21-5-1961eContinúa de la página 9

en la telaraña de la fantasiosa narrativa de Berney. Ella compró más y más acciones para ella y sus parientes de Telewand Corporation, Berney le aseguró que cosecharía enormes ganancias una vez que el Modulador estuviera en producción. Y además, al invertir su dinero ella estaba realizando un servicio patriótico para su país.

Entonces pareció golpear una desconcertante tragedia. Berney había dejado nuevamente Washington, y el 5 de abril de 1955, la señorita Bock estaba en casa cuando sonó el teléfono. Era una llamada de Texas, y el que llamaba se identificó como Uccelles. Él le dijo que Berney estaba críticamente enfermo y en estado de shock. La tarde siguiente hubo una segunda llamada. Esta vez fue un raro sonido de voz masculina diciendo que Berney había muerto en Venus. La señorita Bock actuó con rapidez. Recordando que la conexión de Berney con Venus era conocida sólo en los altos lugares, ella intentó ver al Presidente. Pero ella no pudo llegar hasta él.

Una carta misteriosa

Uccelles1Una semana más tarde ella recibió la primera de tres cartas supuestamente del Príncipe Uccelles. El sobre no había pasado a través del correo sino que había llegado a su escritorio misteriosamente, escrito con tinta verde con un instrumento ancho como una pluma. Esta ignoraba el mensaje telefónico de que Berney estaba muerto pero decía que necesitaba mucho dinero. “Yo seré capaz de darle unos $ 500 que pagarán sus cuentas pequeñas, pero él necesitará alrededor de $ 3,000 para las otras”, escribió Uccelles.

Pasaron cinco meses antes de que escuchara de Uccelles de nuevo. Entonces recibió una carta con matasellos de San Antonio, Texas, el 12 de septiembre y escrita con la misma clase de instrumento ancho. De nuevo, la carta solicitaba dinero, y la señorita Bock envió $ 4,500 a una dirección en Texas.

En estas primeras dos cartas, el Príncipe Uccelles se refería a Berney como Haluas, el nombre por el cual era conocido por los venusinos, e indicaba que el Hombre de la Tierra estaba recibiendo tratamiento en Venus.

Menos de un mes más tarde, la señorita Bock recibió una tercera carta – matasellada en Mineral Wells, Texas, el 4 de octubre. Le decía que “nuestro dignísimo amigo ha pasado ahora a través de un proceso completo de regeneración”. La carta cerraba con las noticias de que Berney sería regresado de Venus a la Tierra a Dallas, Texas.

Así que, en el otoño de 1955, Berney regresó a Washington. Él tenía grandes cuentos para contar. El viaje a Venus había sido hecho en una nave espacial de dos millas de largo, y había habido una pequeña parada en la Luna, una estación de paso con la que Venus comercializaba. A pesar de su enfermedad, Berney había sido recibido con ceremonia en Venus y, después de su recuperación, encontró una civilización avanzada mucho más allá de nuestros alcances tecnológicos. Describió departamentos y edificios de oficinas que empequeñecían el Monumento a Washington. El oro era tan abundante que se utilizaba para arreglos de plomería. En la primavera de 1956 él había puesto sus experiencias en un libro, y la señorita Bock estaba mecanografiando el manuscrito.

Viento en popa – ¡casi!

Y ahora su historia llegó rápidamente a un clímax y conclusión. Ese verano de 1956 el trabajo iba bien con el manuscrito cuando Berney recibió una llamada que lo llevó a Pittsburgh. Regresó pronto con noticias maravillosas, como le contó a la señorita Bock. “Las dificultades en el desarrollo del Modulador han sido eliminadas. Los técnicos de Westinghouse concentrarán toda su atención en él”.

Pero había nuevos problemas financieros: Berney había prometido a diez de los funcionarios de la corporación $ 1,000 a cada uno para terminar el Modulador en cierta fecha límite. Si la señorita Block pudiera proporcionar el dinero, él podría ponerla en la cuenta compartida que había establecido a sus nombres en un banco en Pittsburgh. Él regresó a Pittsburgh, y ella envió el cheque por $ 10,000 el 29 de agosto. Él escribió para agradecerle el siguiente día.

Entra el FBI

El FBI supo por primera vez de la actividad de Berney de la policía de Washington unos pocos meses más tarde.

Paso a paso, los agentes del FBI persiguieron su investigación mientras llevaban a cabo entrevistas con la señorita Bock. Ellos supieron que Berney de hecho había estado en Pittsburgh, aunque no había estado cerca de la Westinghouse Corporation. Él había salido de su hotel el 21 de octubre, después de sacar su Oldsmobile del servicio y comprar $ 600 en materiales para pintura de señales de un vendedor local. El cheque de $ 10,000 había sido debidamente depositado en la cuenta compartida y toda la cantidad fue retirada por Berney poco después. Él no le había contado a nadie a donde se iba a dirigir luego de dejar Pittsburgh.

Mientras tanto, el laboratorio del FBI había conseguido las cartas y los endosos de los cheques por Berney, así como las cartas extravagantes que supuestamente provenían del Príncipe Uccelles (ver arriba). A pesar de la caligrafía principesca, se determinó que estas cartas eran obra de Berney.

La señorita Bock había permanecido en contacto con la esposa de Berney, y la Sra. Berney fue capaz de proporcionar pistas valiosas. Su esposo debía haber ido a Texas, porque ella recibió un paquete matasellado el 13 de noviembre de 1956, en Eagle Pass. Contenía una cámara, la billetera de Berney con alrededor de $ 300 y papeles de identificación, su reloj, un par de mancuernillas y un pin de corbata con las iniciales “H. B.” También había una de esas cartas escritas – esta vez en pergamino – por el Príncipe Uccelles. Relataba la triste noticia de que Berney había muerto y su cuerpo reposaba en Venus.

La Sra. Berney no creyó la historia de Venus. Ella concluyó que la había abandonado. Entonces, a mediados de diciembre, su esposo la llamó desde una cabina telefónica de la Tierra en el Sur. Ella recibió una carta de él el 11 de enero de 1957, timbrada en Meridian, Miss., y hubo otra llamada telefónica el 6 de febrero. Él quería que su esposa dejara Washington y se reuniera con él, pero la Sra. Berney se negó.

El 8 de marzo, se emitió una orden federal en Washington para el arresto de Berney, y las Oficinas de Campo en Atlanta, Mobile, Nueva Orleans y Savannah fueron alertadas de que el viajero espacial podría estar operando – o escondiéndose – en Alabama, Georgia, Mississippi o Luisiana. Agentes a lo largo de todo el Sur ahora estaban en la caza.

Ningún lugar para esconderse

Con tal búsqueda masiva en progreso, el fugitivo no pudo permanecer oculto por mucho tiempo. El 21 de marzo, un agente asignado a la oficina del FBI en Mobile supo que un Oldsmobile 1955 había sido registrado en Alabama el 7 de noviembre pasado por un tal Hal Berney de North Craft Highway en Prichard, no lejos de Mobile. Los agentes fueron en coche. Una nueva compañía de pintura de señales ocupaba la dirección. Uno de los agentes se aproximó a un hombre trabajando cerca y le enseñó una fotografía de Berney. Seguro, Berney vive ahí, dijo el hombre. Probablemente él está en la casa de su novia en West Street.

Un agente comenzó a conducir hacia West Street y al llegar vio un Oldsmobile 1955 con un hombre al volante que correspondía a la descripción de Berney. Cuando el agente le indicó que se orillara, el conductor lo hizo de buena gana y, mientras Berney salía y permanecía esperando, la búsqueda del FBI había llegado a su fin.

Berney no negó su identidad pero dio un buen espectáculo de indignación cuando se le dijo por qué lo había detenido el FBI. “¿Viaje a Venus? ¡Qué, eso es ridículo!” se burló.

Berney seguía intentando

Bien, seguía, pero era un cargo que se había documentado en detalle durante su conversación con Pauline Eva Bock, y él lo había probado por las cartas del Príncipe Uccelles, cuya escritura concordaba con las firmas en los cheques que Berney había endosado. Cuando fue traído de regreso a Washington pareció darse cuenta que era fútil seguir protestando su inocencia. El 9 de abril comenzó a hablar libremente.

Berney permaneció en la cárcel hasta principios de otoño. Una vez más, en un impulso esperanzador, envió un mensaje a la señorita Bock. Deseaba que ella le ayudara a ganar su liberación y así ¡poder restablecer su contacto con Venus! Pero la señorita Bock no quería seguir siendo parte de los costosos paseos de Berney a través del espacio exterior.

El 3 de octubre de 1957, Harold Jesse Berney apareció en la Corte del Distrito en Washington y se declaró culpable del cargo de estafa a Pauline Eva Bock. Había sido el crimen perfecto mientras él pudo mantener la secrecía. Pero una vez que desapareció la niebla de la estafa de Venus, Berney encontró rápidamente que no hay lugar en la Tierra para ocultarse. Fue enjuiciado y sentenciado a servir por 20 meses a cinco años en prisión y enviado al Lorton Reformatory en Virginia.

El Fin

No puedes enterrar la verdad: “El estafador del espacio exterior” es el Caso No. 5 en nuestra serie especial por J. Edgar Hoover de los archivos del FBI. Busque el siguiente en la próxima edición.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.